por SweetHarumi
•• Taehyung es un chico joven e inteligente que trabaja como econometrista
ganando mucho dinero. No posee demasiada experiencia en el terreno
amoroso y eso se debe a que tiene Asperger, por ello se decide a contratar a
alguien que tenga la experiencia suficiente para que pueda ayudarlo.
Así acaba conociendo a Jungkook, un acompañante con el que comenzará
sus clases para aprender a besar y a mantener relaciones sexuales.
Con lo que ninguno de los dos contaba, era con que esas clases poco a poco
fueran convirtiéndose en algo más. ••
• ❀ Kooktae
• ❀ Pareja única
• ❀ Smut
• ❀ Adaptación del libro original escrito por H.H
◍ Harumi ◍
Todos los derechos reservados
◍ Lessons Of Love ◍
Taehyung es un chico joven e inteligente que trabaja como econometrista
ganando mucho dinero. No posee demasiada experiencia en el terreno
amoroso y eso se debe a que tiene Asperger, por ello se decide a contratar a
alguien que tenga la experiencia suficiente para que pueda ayudarlo.133
Así acaba conociendo a Jungkook, un acompañante con el que comenzará
sus clases para aprender a besar y a mantener relaciones sexuales.
Con lo que ninguno de los dos contaba, era con que esas clases poco a
poco fueran convirtiéndose en algo más.
❀○❀○❀
¡Hola! Soy Harumi3
Y sí, eliminaron mi cuenta, también la de respaldo. No sé si pueda
recuperarla, lo dudo mucho. Así que, estaré aquí apartir de ahora.
Mi cuenta había crecido mucho, eran más de 8k seguidores, pero no es
eso lo que me entristece, sino todas las personas que estaban leyendo
las historias y que no las pidieron terminar.34
Resubiré las historias lo más pronto que pueda, lo prometo, pero
necesito tiempo para organizar todo, además, tomaré ésto como una
oportunidad para editar y mejorar cosas con las que no me sentía
conforme.5
Si ven a alguien preguntar por las historias o la cuenta, les agradeceré
mucho si les informan los cambios, de verdad. Y, si hay alguien a quien
aún le aparecen las historias, ¿me podrían enviar un msj? Por favor.
Cómo dije, la cuenta había crecido mucho, pero empecé de cero, así
que no me molesta volver a comenzar. Gracias por su apoyo.
💜44
:)6
❀ Harumi ❀
◍ 01 ◍
—Sé que detestas las sorpresas, Taehyung. Por eso, con el fin de expresar
nuestras expectativas y de proporcionarte un tiempo razonable, deberías
saber que estamos preparados para conocer a tu novio.89
La mirada del pelirrubio abandonó de golpe su desayuno para clavarse en
el rostro de su madre, que envejecía con mucha elegancia. Un suave
maquillaje resaltaba esos ojos de color café que lo miraban con un brillo
acerado. Eso no auguraba nada bueno para Taehyung.
Tomando en cuenta que no tenía novio, debía suponer que su madre
esperaba que encontrara uno pronto. Y cuando a ella se le metía algo en la
cabeza, era como un tejón melero con ansias de venganza: beligerante y
tenaz, pero sin gruñidos ni pelaje. Sólo tenía que recordar su adolescencia,
cuando sus padres lo llevaban a cada reunión a la que asistían con la
esperanza de que conociera a alguna linda chica después de decirles que
los chicos le parecían más lindos.
—Lo tendré en cuenta —replicó Taehyung.
La sorpresa dio paso a una infinidad de pensamientos aterrados, porque
los novios significaban citas y las citas significaban… sexo.
Se estremeció.
—Tienes treinta años, Taehyung. Nos preocupa que sigas soltero. ¿Has
probado Tinder?165
Tomó el vaso de agua y bebió un buen sorbo, tragándose sin querer un
cubito de hielo. Habló tras carraspear. —No, no lo he probado.2
Solo con pensar en Tinder y en la correspondiente cita que el servicio
prometía conseguirle, comenzó a sudar. Detestaba todo lo relacionado con
las citas: la desviación de su cómoda rutina, la conversación tonta y a veces
desconcertante y, cómo no, el sexo...
—Me ofrecieron un ascenso —le dijo a su madre, con la esperanza de
distraerla.
—¿Otro? —le preguntó su padre, que bajó el periódico que leía de modo
que se veían sus gafas de montura metálica—. Te ascendieron hace menos
de dos trimestres. Es increíble —El pelirrubio se mostró más animado y se
sentó en el borde de la silla.17
—Un nuevo cliente, un vendedor online muy importante, nos proporcionó
unos conjuntos de datos increíbles y me pasé el día entretenido con ellos.
Diseñé un algoritmo para ayudar en algunas de sus sugerencias de compra.
Al parecer, está funcionando mejor de lo esperado.
—¿Cuándo se hará efectivo el ascenso? —Su padre quiso saber.
—La verdad… —La salsa holandesa y la yema de huevo de su pastel de
cangrejo se habían mezclado, de modo que intentó separar los líquidos
amarillos con el tenedor—. No lo acepté. Era un puesto de director de
departamento con cinco personas bajo mi mando y que requería mucha
más interacción con los clientes. Solo quiero trabajar con los datos —Su
madre se desentendió de sus palabras con un indolente gesto de la mano.1
—Te estás volviendo complaciente, Taehyung. Si dejas de ponerte desafíos,
no vas a mejorar tus habilidades sociales. Lo que me recuerda… ¿Hay
algún compañero de trabajo con quien te gustaría salir?69
El señor Kim dejó el periódico en la mesa y cruzó las manos por encima del
pecho.
—Sí, ¿qué me dices de ese hombre, Park Bogum? Cuando lo conocimos en
la última reunión de la empresa nos pareció bastante agradable —Su mujer
se llevó las manos a la boca con sorpresa.31
—Ay, ¿por qué no se me había ocurrido? Es muy amable. Y también es muy
guapo.
—Está bien, supongo —Taehyung limpió con los dedos la condensación de
su vaso de agua.
La verdad, había estado sopesando a Bogum. Era engreído y sarcástico,
pero hablaba claro. Le gustaba eso en los demás. Su madre le dio unas
palmaditas en la mano. En vez de volver a colocarla sobre su regazo
cuando terminó, la dejó sobre sus nudillos.
—Pues a lo mejor es buena pareja para ti, cariño. Puede que se muestre
comprensivo con tu Asperger.8
Aunque pronunció las palabras con un tono de voz muy normal, a
Taehyung le sonaron antinaturales y demasiado fuertes. Una miradita a las
mesas cercanas de la terraza exterior cubierta del restaurante le aseguró
que nadie las había oído, y luego clavó la vista en la mano que cubría la
suya, haciendo un esfuerzo consciente para no apartarla.
El contacto no solicitado lo irritaba, y su madre lo sabía. Lo hacía para
«aclimatarlo». Aunque lo único que conseguía era volverlo loco. ¿Sería
posible que Bogum lo entendiera?20
—Pensaré en él —replicó, y lo decía en serio. Detestaba mentir y dar largas
incluso más que el sexo. Y, en el fondo, quería que su madre se sintiera
orgullosa y feliz. Hiciera lo que hiciera, nunca terminaba de alcanzar el
éxito a ojos de su madre y, por tanto, tampoco lo conseguía a sus propios
ojos.48
Un novio lo ayudaría, estaba seguro. El problema radicaba en que era
incapaz de conseguir uno, ni aunque su vida dependiera de ello.30
—Excelente —La mujer sonrió de oreja a oreja—. La próxima gala benéfica
que voy a organizar será dentro de dos meses, y quiero que esta vez vengas
acompañado. Me encantaría que el señor Park te acompañara, pero si las
cosas no salen bien, te buscaré a alguien.18
Taehyung apretó los labios. Su última experiencia sexual fue con una de las
citas a ciegas que le preparó su madre. Era un hombre guapo, lo reconocía,
pero su sentido del humor lo había desconcertado. Dado que era inversor
capitalista y él, economista, deberían haber tenido muchas cosas en
común, pero el hombre no quiso hablar de su trabajo. En cambio, prefirió
hablar de la política de empresa y de las tácticas de manipulación,
dejándolo tan perdido que no le cupo la menor duda de que la cita fue un
fiasco.2
Cuando le preguntó a Taehyung sin rodeos si quería acostarse con él, lo
tomó totalmente desprevenido. Como detestaba decir que no, había dicho
que sí.
Se besaron, pero la experiencia no le gustó nada. El tipo sabía al cordero
que había pedido para la cena. A él no le gustaba el cordero. Su colonia le
provocó náuseas y, encima, lo tocó por todas partes. Como siempre le
sucedía en las situaciones íntimas, su cuerpo se quedó paralizado. Antes de
darse cuenta, el tipo había terminado. Tiró el condón usado en la papelera
que había junto al escritorio… algo que le incomodó, porque ya tendría
que saber que esas cosas iban al cuarto de baño, ¿no?; después, lo miró
con desprecio y simplemente se fue.102
Sabía que su madre no daría su brazo a torcer hasta que encontrara un
novio que fuera digno de su único hijo.5
—Tengo que irme a trabajar —Se puso en pie y tomó el bolso.
Aunque iba adelantado con el trabajo, la obligación que implicaban sus
palabras era correcta. El trabajo le fascinaba, canalizaba el ansia voraz de
su cerebro. También le resultaba terapéutico.
—Ese es mi hijo —dijo su padre, que se levantó y se alisó la camisa de seda
antes de abrazarlo—. Pronto serás el dueño de la empresa.
Mientras le daba un rápido abrazo, porque no le importaba que lo tocaran
si él daba el primer paso o tenía tiempo para prepararse mentalmente,
Taehyung aspiró el familiar aroma de su loción de afeitado. ¿Por qué no
podían ser todos los hombres como su padre? Lo creía atractivo y brillante,
y su olor no le provocaba náuseas.72
—Sabes que su trabajo es una obsesión malsana, Taesung. No lo animes —
Dijo la mujer antes de mirar al pelirrubio y soltar un suspiro muy típico de
las madres—. Deberías salir los fines de semana. Si conocieras a más
hombres, sé que encontrarías al adecuado.98
Su padre le dio unas palmaditas en la mejilla con cariño, después se acercó
a su madre y dejó que lo abrazara. El collar de perlas que siempre llevaba al
cuello se le clavó en el esternón al tiempo que lo envolvía una nube de
Chanel N.º 5. Toleró el asfixiante olor durante tres largos segundos antes de
apartarse.11
—Hasta el próximo fin de semana. Nos vemos.
Se despidió de sus padres con la mano antes de salir del elegante
restaurante, y caminó por las aceras flanqueadas por árboles y boutiques.
Después de tres soleadas manzanas, llegó a un edificio bajo de oficinas que
albergaba su lugar preferido del mundo: su despacho. La ventana de la
esquina izquierda del tercer piso le pertenecía.
La cerradura de la puerta principal se abrió con un chasquido cuando
acercó el bolso al sensor, y entró en el edificio vacío, disfrutando del
solitario eco de sus pasos sobre el suelo de mármol mientras pasaba junto
al mostrador de recepción vacío y entraba en el ascensor.
Una vez en su despacho, comenzó su más preciada rutina. Primero,
encendía el ordenador y metía la contraseña cuando se lo pedía la pantalla.
Mientras cargaba el software, dejaba el bolso en la mesa e iba a la cocina
para llenarse una taza de agua. Se quitaba los zapatos y los dejaba en su
sitio habitual, debajo de la mesa. Se sentaba.
Ordenador, contraseña, bolso, agua, zapatos, silla. Siempre en ese orden.8
El sistema de análisis de estadísticas, conocido como SAS por la empresa
que lo desarrollaba, se cargó automáticamente, y los tres monitores de su
mesa se llenaron con flujos de datos.3
Compras, clics, registros de inicio de sesión, tipos de pagos… cosas
sencillas, en realidad. Pero le transmitían muchas más cosas que las
propias personas. Estiró los dedos y los apoyó en el teclado negro
ergonómico, ansioso por sumergirse en el trabajo.
—Ah, hola, Taehyung, supuse que serías tú.
Miró por encima del hombro y se sobresaltó al ver a Bogum asomado a la
puerta. El corte de su pelo castaño acentuaba las facciones de su rostro, y
la camisa de manga corta se le ceñía al torso. Parecía pulcro, sofisticado y
listo… justo la clase de hombre que sus padres querían para él. Y lo había
encontrado trabajando por placer el fin de semana.
Se puso colorado y se subió las gafas por el puente de la nariz. —¿Qué
haces aquí?
—Vine a recoger algo que olvidé ayer —Sacó una caja de una bolsa de la
compra y la agitó delante del pelirrubio. Taehyung vio la palabra «Durex»
escrita en letras mayúsculas enormes—. Que tengas un buen fin de
semana. Yo sé que lo voy a tener.100
Rememoró el desayuno que acababa de tener con sus padres. Bogum, la
posibilidad de más citas a ciegas, tener éxito. Se humedeció los labios. Miró
la caja de condones con curiosidad.
—Extra largo… —Murmuró sin pensar. Quiso esconderse entre los
monitores en cuanto las palabras salieron de sus labios. El castaño esbozó
una mueca soberbia, pero la irritación que le causó quedó suavizada por
los dientes blancos que dejó al descubierto.27
—Estoy seguro de que voy a necesitar la mitad de la caja. La nueva
asistente del jefe me invitó a salir.8
Taehyung se sintió impresionado muy a su pesar. La nueva parecía muy
tímida. ¿Quién iba a decir que tenía tantas agallas?
—¿Por qué esperaste a que ella te invitara? ¿Por qué no la invitaste tú? —
Con gesto impaciente, el castaño metió la caja de condones en la bolsa de
la compra.
—Acaba de salir de la universidad. No quería que me acusaran de
asaltacunas. Además, me gustan las personas que saben lo que quieren y
que van por ello… sobre todo en la cama —Lo recorrió de los pies a la
cabeza con una mirada calculadora, y el pelirrubio se tensó, avergonzado—
. Dime una cosa, Taehyung, ¿eres virgen?89
Taehyung se volvió hacia los monitores, pero los datos se negaban a tener
sentido. El cursor en la pantalla de programación parpadeó.
—Aunque no es asunto tuyo… no, no soy virgen —Bogum entró en su
despacho, apoyó una cadera en la mesa y lo observó con expresión
escéptica. Él se colocó bien las gafas, aunque no le hacía falta.
—Así que nuestro econometrista estrella lo ha hecho antes. ¿Cuántas
veces? ¿Tres?7
De ninguna manera iba a decirle que lo había adivinado.119
—No es asunto tuyo, Bogum.
—Seguro que te quedas acostado y te pones a trabajar con ecuaciones y a
analizar datos mentalmente mientras el hombre hace lo suyo. ¿Acerté,
señor Kim? —Sonrió con altanería al ver que el pelirrubio desviaba la
mirada—. Te daré un consejo: practica un poco. Cuando aprendas, te
gustará más, y cuando te guste más, les gustarás más a ellos —Se apartó de
la mesa y caminó hacia la puerta, con la enorme bolsa de condones
oscilando con descaro a su lado—. Disfruta de tu interminable semana.50
En cuanto se marchó, Taehyung se levantó y cerró la puerta con más fuerza
de la necesaria. El portazo hizo que le diera un vuelco el corazón. Se alisó la
camiseta con manos húmedas mientras intentaba controlar la respiración.
Cuando volvió a sentarse a la mesa, estaba demasiado alterado como para
hacer algo que no fuera mirar fijamente el cursor parpadeante.1
¿Bogum tenía razón? ¿Le disgustaba el sexo porque se le daba mal? ¿La
práctica llevaría a la perfección?8
Qué concepto más intrigante. Tal vez el sexo era otro tipo de interacción
personal en la que necesitaba esforzarse más… como la conversación
casual, el contacto visual y los buenos modales.
Pero, ¿cómo se practicaba con el sexo? Las personas no se arrojaban
precisamente a sus pies, como parecían hacerlo con Bogum. Cuando
conseguía acostarse con alguien, a este le disgustaba tanto la triste
experiencia que una vez era más que suficiente para ambos. Además,
estaban en Ulsan. Los solteros disponibles seguro que eran tan ineptos
como él en la cama.5
Con la suerte que tenía, se acostaría con un par de tipos igual o más
desesperados que él y su único logro sería acabar con el trasero adolorido y
una ETS.4
No, lo que necesitaba era un profesional.
No solo tenían la garantía de no portar enfermedades, sino que contaban
con éxitos demostrados. Al menos, eso suponía, porque si él dirigiera ese
sector, eso sería lo que exigiría.
Las personas normales se sentían atraídos por cosas como la personalidad,
el sentido del humor y el buen sexo… cosas de las que él carecía. Los
profesionales se sentían atraídos por el dinero, y daba la casualidad que él
tenía un montón.13
En vez de trabajar en su flamante conjunto de datos, Taehyung abrió el
navegador y buscó en Google «Servicio de acompañantes en Ulsan».
◍ 02 ◍
¿Qué sobre debería abrir antes? ¿Los resultados del laboratorio o la
factura?12
Jungkook era un paranoico de la protección, así que debería abrir antes los
resultados del laboratorio. Según su experiencia, siempre había una mala
noticia. La única incógnita era saber cuál contenía la mala y la no tan mala.8
Abrió el sobre de la factura mientras tensaba los músculos a la espera del
golpe. ¿Cuánto sería ese mes? Ojeó el documento hasta llegar a la parte
inferior y localizó el monto final. El aliento abandonó poco a poco sus
pulmones hasta que lo soltó de golpe. No era tan malo.
Seguramente, eso significaba que tenía clamidia.74
Soltó la factura sobre el archivador metálico situado detrás de la mesa de
la cocina y abrió los resultados de la última analítica de enfermedades de
transmisión sexual. Todas negativas. Mierda, qué alivio.14
Otra vez era viernes por la noche, lo que significaba que tenía que trabajar.
Había llegado el momento de mentalizarse para follar. Algo nada sencillo
de hacer después de haber estado preocupado por las ETS y las dichosas
facturas.1
Por un momento, se permitió imaginar cómo serían las cosas si las facturas
dejaran de llegar. Por fin sería libre. Podría retomar su antigua vida y… La
vergüenza lo abrumó. No, no quería que las facturas dejaran de llegar. No
quería que eso sucediera. Jamás.39
Mientras atravesaba su apartamento en dirección al cuarto de baño y se
desnudaba, intentó recuperar el antiguo entusiasmo por el trabajo. El tabú
que lo rodeaba le había bastado en un principio; pero, después de tres años
trabajando como acompañante, ya había perdido lustre. Eso sí, la parte de
la venganza todavía lo satisfacía.
«Mira a lo que se dedica tu único hijo varón, papá.»14
Si su padre descubriera que practicaba sexo a cambio de dinero, sería un
tormento para él. Una idea satisfactoria. Pero distaba mucho de excitarlo,
eso sí. Para eso estaban las fantasías. Tras abrir la ducha, esperó a que el
vapor invadiera el cuarto de baño y después se metió debajo del agua
caliente.1
¿Cómo se llamaba el cliente de esa noche? ¿Taesoo? ¿Taejoo? No,
Taehyung. Apostaría veinte mil wons a que ese no era su nombre real, pero,
¿qué más daba? El tipo había elegido pagar con antelación. Así que
añadiría algo agradable.56
Mantuvo la mente ocupada con fantasías mientras acababa de ducharse, se
secaba y salía del baño para ponerse unos jeans, una camiseta de manga
corta y una chaqueta tipo americana negra de sport. Un rápido vistazo al
espejo medio empañado y un par de pasadas de las manos por el pelo
húmedo, y decidió que estaba presentable.1
Condones, llaves, cartera. La fuerza de la costumbre lo llevó a releer en el
teléfono la sección de comentarios especiales sobre la cita.
«Por favor, no te pongas colonia.»39
Sin problemas. Además, de entrada no le gustaba llevarla. Se metió el
teléfono en el bolsillo con lo demás y salió del apartamento. Poco después
llegaba al aparcamiento subterráneo del LOTTE Hotel Ulsan.6
Mientras entraba en el moderno y elegante vestíbulo, se aseguró de llevar
bajadas las solapas de la americana y se entretuvo con el jueguecito previo
a la presentación que siempre hacía y que consistía en imaginarse cómo
sería su nuevo cliente.
Tocaba noche de «más joven que el cliente», porque en el formulario ponía
treinta. Suspiró y subió la edad a cincuenta. Cualquier cifra inferior a
cuarenta siempre era mentira… a menos que fuera un grupo, y él no se
dedicaba a eso. Las fiestas de solteras y solteros dejaban mucha ganancia,
pero la idea no le agradaba para nada. A lo mejor era patético, pero quería
vivir en un mundo en el que las personas solo se acostaran con sus parejas.
Además, los grupos numerosos de personas cachondas lo asustaban. Era
imposible defenderse.
Taehyung podía ser un cincuentón caprichoso adicto a los dulces y a los
perros, que por tanto estuviera gordo y prefiriera que lo adoraran en la
cama… algo con lo que él no tenía el menor problema. O, lo que menos le
gustaba, un tipo occidental con malas intenciones que lo había elegido
porque se parecía mucho a algún idol de kpop.102
Una vez dentro del restaurante del hotel, echó un vistazo por las mesas,
tenuemente iluminadas, enbusca de un hombre de ojos cafés, pelirrubio y
con gafas. Dado que las cartas que había recibido por correo no le habían
dado el menor problema, se preparó para lo peor.2
Su mirada pasó por encima de las mesas ocupadas por varios empresarios
hasta posarse en un hombre extranjero con cabello rubio de
aproximadamente cuarenta años de edad que estaba indicándole al
camarero cómo quería que le prepararan el pescado. Al ver que sacaba
unas gafas de su chaqueta y se las ponía para observar mejor la carta que el
empleado le mostraba, se le cayó el alma a los pies. Caminó hacia él con
lentitud. Iba a ser una noche larga.92
Antes de llegar a su mesa, un hombre mayor se sentó enfrente del rubio y
compartieron un apretón de manos. Confundido, pero aliviado, Jungkook
retrocedió y recorrió de nuevo el restaurante con la mirada. No había
ningun hombre sentado solo… salvo un chico en el rincón del fondo.10
Pelo rubio y unas gafas apoyadas en el puente de una nariz muy linda. De
hecho, y por lo que veía de él, parecía haber elegido su atuendo para
disfrazarse de bibliotecario provocativo. Pulcros zapatos negros, pantalón
gris, una camisa blanca y abotonada hasta el cuello. Posiblemente tuviera
treinta años, pero parecía de veinticinco. Había algo juvenil y lozano en él,
aunque estaba ojeando la carta con el ceño muy fruncido.71
Jungkook miró por la estancia en busca de una cámara oculta o de sus
amigos, que estuvieran partiéndose de risa detrás de alguna planta
frondosa. No descubrió ninguna de esas dos cosas. Así que aferró el
respaldo de la silla situada frente al chico.1
—Disculpa, ¿eres Taehyung? —En cuanto esos ojos se clavaron en su cara,
Jungkook perdió el hilo de sus pensamientos. Esas gafas enmarcaban unos
ojos cafés espectaculares. Y sus labios… eran lo bastante lindos para ser
tentadores sin afectar el aura de dulzura que lo rodeaba—. Lo siento. Debo
haberme confundido de persona —añadió con una sonrisa que esperaba
que fuera algo más contrita y menos avergonzada. Era imposible que un
chico como ese hubiera contratado a un acompañante.57
El pelirrubio parpadeó y golpeó la mesa al ponerse de pie.
—No, soy yo. Tú eres Jungkook. Te reconocí por la foto —Le tendió una
mano—. Soy Kim Taehyung. Encantado de conocerte.20
Por un instante, Jungkook fue incapaz de hacer otra cosa que no fuera
mirar su expresión sincera y su mano tendida. Así no era como lo saludaban
los clientes. Normalmente lo invitaban a sentarse con una sonrisilla astuta
y un brillo especial en la mirada. Un brillo que indicaba que se creían
mejores que él, pero que estaban deseando probar lo que podía ofrecerles.
Taehyung lo saludaba como si fuera… su igual.73
Tras recobrarse rápido de la sorpresa, rodeó esa mano delgada con la suya
y aceptó el apretón.
—Keun Jungkook. Yo también estoy encantado de conocerte —Cuando lo
soltó, el pelirrubio señaló la silla con gesto torpe.73
—Por favor, siéntate.
Lo hizo y lo observó mientras se sentaba en el mismo borde de su asiento,
con la espalda recta. El pelirrubio lo miró a la cara con interés, pero al verlo
enarcar una ceja, sus ojos regresaron a la carta y se ajustó la posición de las
gafas frunciendo la nariz.
—¿Tienes hambre? Yo sí —Taehyung tenía los nudillos blancos por la fuerza
con la que agarraba la carta—. El salmón está bueno, y el bistec. A mi padre
le gusta el cordero… —Sus ojos lo miraron de repente, e, incluso a la tenue
luz, Jungkook lo vio ponerse colorado. Carraspeó—. O mejor dejamos el
cordero.47
—¿Por qué descartas el cordero? —preguntó, incapaz de resistirse.
—Creo que tiene un sabor un poco fuerte, y si… cuando estemos… —Clavó
la vista en el techo y respiró hondo—. Me pasaré todo el rato pensando en
ovejas, en corderos y en lana.165
—Entiendo —replicó con una sonrisa.
Al ver que el pelirrubio le miraba los labios como si fuera incapaz de
recordar lo que estaba a punto de decir, su sonrisa se ensanchó. Los
clientes lo elegían porque les gustaba su aspecto. Sin embargo, muy pocos
reaccionaban como el que tenía delante. Resultaba tan halagador como
gracioso.
—¿Hay algo que preferirías que yo no comiera o bebiera? —preguntó
Taehyung.
—No, me adapto a todo —contestó a la ligera mientras trataba de pasar por
alto la opresión que sentía en el pecho. Ardores, seguro. Que el chico fuera
tan considerado no le estaba afectando.12
Una vez que la camarera les tomó la orden y se marchó, el pelirrubio bebió
un sorbo de agua y empezó a dibujar figuras geométricas en el vaso,
empañado por la condensación, con las yemas de los dedos. Cuando se
percató de que lo estaba observando, retiró la mano y se sentó sobre ella,
tan sonrojado como si lo hubieran atrapado haciendo algo indebido. El
gesto tenía algo que resultaba adorable.10
Si no le hubiera pagado de antemano, sería imposible pensar que deseaba
hacerlo. ¿Por qué lo había contratado? Debería tener pareja… o estar
comprometido.
En contra del sentido común, porque era mejor cuando desconocía esos
detalles, le miró la mano izquierda, que descansaba sobre la mesa. No
había alianza. Ni marca de que la llevara.
—Quiero hacerte una propuesta —lo oyó decir de repente, al mismo tiempo
que lo atravesaba con una mirada que le resultó increíblemente directa—.
Voy a pedirte una especie de compromiso… durante los dos próximos
meses, supongo. Preferiría… que tus servicios fueran… exclusivos conmigo
durante ese tiempo. Si estás disponible.2
—¿Qué es lo que tienes pensado?
—Por favor, antes dime si estás disponible.
—Solo trabajo los viernes por la noche.
Eso era innegociable. Ejercer de acompañante una vez a la semana ya era
bastante malo de por sí. Si tenía que hacerlo más veces, se volvería loco y
no podía permitirse llegar a ese punto. Había mucha gente que dependía
de él. Además, nunca concertaba segundas citas con los clientes. Todos
tendían a encariñarse con él, y no podía soportarlo. Pero quería oír lo que
Taehyung tenía que proponerle antes de negarse.
—Entonces, ¿estás libre durante los próximos dos meses?
—Depende de lo que me propongas —El chico se subió las gafas por la nariz
y enderezó los hombros.
—Soy pésimo en… lo que tú haces. Pero quiero mejorar. Creo que puedo
mejorar si alguien me enseña. Me gustaría que tú fueras esa persona.87
La situación tenía tintes surrealistas. Taehyung afirmaba ser pésimo. En lo
referente al sexo. Y quería lecciones para mejorar. Quería que fuera su
tutor.
¿Cómo mierda se daban lecciones de sexo?40
—Creo que antes de concretar algo debemos hacer una prueba —replicó a
modo de evasiva. Era imposible que ese chico fuera pésimo en la cama, y ya
había pagado. Al menos, le concedería esa noche. El pelirrubio frunció el
ceño y asintió con la cabeza.
—Tienes razón. Deberíamos establecer unos mínimos.
—¿Eres científico, Taehyung?
—Ah, no. Soy economista. O, más concretamente, econometrista.
Para Jungkook, eso lo colocaba en la categoría de cerebrito, y sintió algo
extraño en la nuca. Mierda, siempre había sentido debilidad por las
personas listas. Por algo su fantasía preferida era la de «La profesora me
pone cachondo».137
—No sé lo que es eso.
—Uso la estadística y los cálculos matemáticos para emular sistemas
económicos. Por ejemplo, ¿has visto cuando, después de hacer una compra
online te mandan un mensaje de correo electrónico con recomendaciones
para futuras compras? Pues yo ayudo a formular esas recomendaciones.
Ahora mismo es un campo muy dinámico y fascinante —Mientras hablaba,
se inclinó hacia él para mirarlo con los ojos brillantes por la emoción.
Esbozaba una sonrisa, como si fuera a contarle un secreto. Sobre cálculos
matemáticos—. El material del que disponemos hoy es completamente
diferente de lo que usaba para dar clases en el posgrado.81
La extraña sensación de la nuca se intensificó. De alguna manera, la belleza
de Taehyung había aumentado durante la conversación. Ojos cafés de
largas pestañas, doble párpado en un solo ojo, labios en forma de corazón
y un lindo lunar en la nariz. Se imaginó desabrochándole la camisa.67
Pero, a diferencia de lo que sucedía siempre, no quería hacerlo rápido. No
quería pasar de inmediato a la parte del sexo puro y duro, acabar e irse a
casa. Ese chico era distinto. Había chispa en sus ojos. Quería tomarse el
tiempo necesario para ver si podía hacerlo brillar con otra emoción muy
diferente.1
Sintió que se le ponía dura por debajo de la bragueta, y eso lo devolvió al
presente. Sentía la piel acalorada y sensible, y el pulso, acelerado por la
excitación. Hacía mucho tiempo que no se ponía tan cachondo. Se recordó
que era trabajo. Que sus deseos y sus gustos personales no tenían nada
que ver. Esa cita era como cualquier otra y, cuando acabara, pasaría a la
siguiente. Tomó una honda bocanada de aire y dijo lo primero que se le
ocurrió.13
—¿Estabas en el equipo de matemáticas en el instituto? —Taehyung soltó
una risa risueña, con la vista clavada en el vaso de agua.
—No.
—¿En el club de ciencias? A lo mejor era en el de ajedrez.
—No y no —El pelirrubio tenía una sonrisa triste, aunque apenas podía
considerarse como tal, y eso lo llevó a preguntarse cómo habría sido su
paso por el instituto. Taehyung habló de nuevo mirándolo a los ojos—. A
ver si acierto. Tú… eras el quarterback del equipo de fútbol americano.1
—No. Según mi padre, el deporte es algo ridículo —Taehyung frunció el
ceño al oírlo.
—Me resulta difícil de creer. Tienes un aspecto muy… atlético.
—Me animaba a participar en actividades prácticas. Como la defensa
personal —Detestaba darle la razón a su padre en cualquier cosa, pero,
dado el negocio familiar y el hecho de tener que echar una mano en el
mismo, las técnicas de defensa personal le habían resultado útiles cuando
los matones del colegio se metían con él. Vio que una sonrisa iluminaba su
cara, como si hubiera descubierto algo.1
—¿Qué es lo que practicas? ¿Artes marciales mixtas? ¿Kung fu? ¿Jeet kune
do?
—He hecho un poco de todo. ¿Por qué tengo la impresión de que sabes de
lo que estás hablando? —La mirada de Taehyung regresó al vaso de agua.
—Me gustan las películas de artes marciales y esas cosas.
Jungkook sonrió, motivado por el rumbo que había tomado la charla. —
Veamos… ¿eres fan del kpop? —El pelirrubio ladeó la cabeza mientras
pensaba su respuesta.38
—He escuchado a algunos grupos.2
—No me parezco a ningún idol —repuso con rapidez.48
—No, eres más guapo que ellos.102
Jungkook se aferró con las manos al borde de la mesa y sintió que le ardía
la cara. Mierda, se estaba sonrojando. ¿Qué acompañante se sonrojaba?25
La habitación de sus hermanas estaba empapelada con fotos de distintos
idols, incluso habían establecido una escala de medición masculina
basándose en él. Entre ellas habían acordado que Jungkook era un ocho.
Aunque la opinión de sus hermanas le importaba un pepino, significaba
que el chico que tenía delante le había dado un once.25
La llegada de la comida lo salvó de tener que replicar al halago. Taehyung
había pedido salmón, así que él hizo lo mismo. No pensaba comer cordero.
El pescado estaba bueno, así que se lo comió todo. Sospechaba que todo
estaba bueno en ese lugar. El LOTTE era uno de los hoteles más exclusivos
de Ulsan y contaba con habitaciones que costaban más de un millón de
wons la noche. Al parecer, los econometristas ganaban muy bien.7
Sin embargo, mientras observaba a Taehyung picotear de su plato, se
percató de que destilaba naturalidad. No tenía perforaciones, tenía unas
manos bonitas y elegantes, y su ropa era sencilla pero de marca. Seguro
que se la habían hecho a medida. Lo vio soltar el tenedor y limpiarse la
boca sin haber acabado el salmón. Si se conocieran mejor, él acabaría de
comérselo. Su abuela siempre lo obligaba a comérselo todo, hasta el
último grano de arroz.10
—¿No vas a comer más?
—Estoy nervioso —admitió.44
—No hay ningún motivo para estarlo —Era un buen acompañante y lo
trataría bien.
—Lo sé. Pero no puedo evitarlo. ¿Terminamos con esto de una vez?1
Jungkook levantó las cejas. Era la primera vez que oía a alguien referirse de
esa forma a una noche con él. Cambiar la forma de ver las cosas de ese
chico iba a ser divertido.
—Bien —Dejó la servilleta encima de su plato vacío y se puso de pie—.
Vamos a tu habitación.
A diferencia de lo que sucedía durante la mayoría de sus citas, en esa
ocasión estaba deseando hacerlo.
◍ 03 ◍
Una vez abierta la puerta, Taehyung entró en la suite del hotel, con su
iluminación intimista, soltó el bolso en la silla situada junto a la puerta y
colocó los zapatos contra la pared, y casi suspiró cuando los pies descalzos
se le hundieron en la moqueta.
Jungkook lo miró con expresión divertida, y él clavó la vista en sus pies. Se
había quitado los zapatos de forma automática. Era una de sus rutinas.
¿Era de mala educación hacerlo cuando se tenía compañía? A lo mejor
debería volver a ponérselos. Se le formó un nudo en el estómago y el
corazón se le puso a mil por hora.
El pelinegro lo libró de tomar una decisión al quitarse los zapatos y dejarlos
junto a los suyos. Cuando terminó, se quitó la americana y la dejó en la
silla, junto a su bolso, dejando al descubierto una sencilla camiseta blanca
de manga corta. Se le ceñía al torso y a los brazos, y los jeans eran de
cintura baja, lo que resaltaba sus estrechas caderas. No pudo evitar mirarlo
embobado.6
Su cuerpo era puro músculo esculpido y perfecta coordinación. Sin duda,
era el mejor espécimen masculino que había visto en la vida. E iban a
acostarse esa noche.9
Tomó una desesperada bocanada de aire y fue al cuarto de baño, donde
apoyó las manos en el frío granito y se miró al espejo. Tenía los ojos un
poco más abiertos de la cuenta y la cara blanca como el papel, con los
labios secos. No se veía capaz de llevarlo a cabo.
¿En qué estaba pensando? Torció el gesto. No había pensado.
Después de estudiar perfiles de acompañantes durante horas, repasando
incontables caras y descripciones que se confundían unas con otras, le
había bastado un vistazo a Jungkook para saber que era el elegido. Fueron
sus ojos. Grandes y oscuros, parecían intensos… pero amables. Que todas
las opiniones le dieran cinco estrellas cimentó su decisión. Parecerse a una
versión más adulta de uno de los miembros del grupo de kpop más famoso
tampoco venía mal.29
En fin, salvo por ese momento, claro. Era muy probable que acabara
vomitando la cena en el lavabo.
A través del espejo, Taehyung lo vio aparecer por la puerta y apoyarse en el
marco. El gesto le resultó tan sensual que tuvo la sensación de que el
corazón le daba un vuelco y luego no conseguía latir como era debido. Su
cuerpo atlético y trabajado le daba un aura de imponencia. No tenía muy
claro que le gustara sentirse tan pequeño.
—¿Puedo acercarme? —Jungkook preguntó.27
Taehyung asintió con la cabeza una sola vez. En cuestión de segundos, el
pelinegro entró en el cuarto de baño y se detuvo tras él, mirándolo a los
ojos a través del espejo antes de pasarle los dedos por el pelo, acariciando
los mechones. Vibraba por la tensión mientras esperaba a que Jungkook lo
tocara de forma íntima y provocara que su cuerpo se tensara por los
nervios.
Iba a suceder, y entonces, el pelinegro vería con lo que tenía que trabajar.
Una marca negra en su bíceps le llamó la atención y se dio la vuelta para
examinarla de cerca. Levantó una mano para tocarla, pero se detuvo antes
de hacerlo. Nunca tocaba a los demás sin permiso.
—¿Qué es? —Jungkook esbozó una sonrisa lenta y torcida, dejando al
descubierto unos blanquísimos dientes grandes y perfectos.
—Mi tatuaje.72
Taehyung tragó saliva de forma involuntaria, y lo asaltó una oleada de
deseo. Nunca había entendido la necesidad de hacerse tatuajes. Hasta ese
momento. Jungkook con un tatuaje era lo más sensual que se podía
imaginar.1
Le ardían los dedos por el deseo de levantarle la manga de la camiseta, y
titubeó con los dedos sobre su brazo hasta que el pelinegro le tomó la
mano y se la pegó a la piel. Una descarga eléctrica le saltó de los dedos,
directa al corazón. Parecía perfecto, como esculpido en piedra, pero su piel
era cálida, firme pero tierna, viva.
—Puedes tocarme —le dijo—. Por todas partes.117
Aunque la invitación lo emocionó, también hizo que se frenara. Tocar a otra
persona era algo muy íntimo. No comprendía cómo Jungkook era capaz de
estar tan relajado con un desconocido.
—¿Seguro que esto te parece bien? —le preguntó. La sonrisa torcida
reapareció en todo su esplendor.
—Me gusta que me toquen —Al ver que el pelirrubio seguía titubeando, se
levantó la manga de la camiseta, dejando al descubierto las líneas negras
que le subían por el brazo, le envolvían el hombro y desaparecían debajo
de la camiseta.1
El tatuaje tenía que ser bastante grande, porque Taehyung ni siquiera
había empezado a atisbar la forma. ¿Hasta qué punto lo cubría? Sus
músculos lo distrajeron de seguir investigando. Nunca había tocado una
piel tan firme y dura. Quería tocarlo por todas partes. Y su olor… ¿Cómo era
posible que no lo hubiera captado hasta ese momento?1
—¿Te pusiste colonia? —le preguntó al mismo tiempo que aspiraba. El
pelinegro se tensó.
—No, ¿por qué?
Se inclinó hacia él y se acercó todo lo que pudo sin enterrarle la cara en el
cuello, por el afán de aspirar más de ese olor tan embriagador.10
—Hueles muy bien. ¿Qué es? —¿De dónde procedía ese olor? Parecía
cubrirlo por todas partes, pero era demasiado ligero. Necesitaba una dosis
más concentrada—. ¿Jungkook? —El pelinegro lo miró con expresión
curiosa.20
—Es mi olor corporal, Taehyung.13
—¿Tú hueles así de bien?
—Eso parece. Aunque eres el primero que me lo dice.
—Quiero este olor sobre mí.240
Nada más pronunciar las palabras, le preocupó haber dicho algo malo. La
confesión parecía demasiado personal, demasiado rara. ¿Se daría cuenta
de lo raro que era en realidad?
Jungkook se inclinó hacia el pelirrubio, de modo que sus labios quedaron a
un suspiro de su oreja. —¿Seguro que se te da mal el sexo? —Susurró.7
—¿Qué quieres decir con eso?
—Quiero decir que, de momento, se te da muy bien.17
Le clavó los dedos en el brazo y luchó contra el deseo de pegarse al
pelinegro como un pulpo pegajoso. Lo desconcertaba. Él no era ese tipo de
persona y, a diferencia de lo que le pasaba a Jungkook, el contacto físico lo
asqueaba. Sin embargo, anhelaba tanto la conexión que le dolía.1
—Aún no hemos hecho nada.
—Se te da muy bien la parte de las palabras.2
—He tenido relaciones sexuales antes. No hay una parte de las palabras —
«Por favor, que no haya una parte de las palabras», rogó mentalmente.
Sería una causa perdida para él si tenía que hablar.24
—Desde luego que la hay —En los ojos de Jungkook apareció un brillo
travieso.
Jungkook acercó su rostro y le besó la piel de detrás de la oreja. Fue algo
tan rápido que, cuando Taehyung se tensó, el pelinegro ya se había
apartado. Al ver que no hacía ademán de repetir la caricia, sus músculos
volvieron a relajarse. El punto donde lo había besado le ardía. Sin tocarle la
piel, Jungkook le acarició el pelo con los dedos con movimientos lentos y
medidos que bajaban por la coronilla y la nuca. Las caricias lo calmaron y,
al mismo tiempo, le pusieron los nervios a flor de piel.
—Creo que deberías besarme —le dijo Jungkook con voz ronca.7
A Taehyung se le encogió el corazón y sintió la piel muy tirante por el
pánico. Besar se le daba horriblemente mal. Sus torpes intentos seguro que
los avergonzaban a los dos.
—¿En la boca? —Dicha boca esbozó otra sonrisilla torcida.11
—Donde quieras. La boca suele ser un buen punto de partida.3
—Creo que debería lavarme los dientes. Puedo hacerlo ahora, mis… —El
pelinegro le puso un pulgar en los labios, silenciándolo, pero lo miraba con
expresión tierna. Esa caricia también desapareció antes de que su cerebro
terminara de asimilarla.49
—Vamos a probar otra cosa. ¿Quieres ver mi tatuaje?3
La mente del pelirrubio se aferró al cambio de rumbo y pasó del miedo a la
emoción.
—Sí.
Con una sonrisa entre la sorna y la burla hacia sí mismo, Jungkook se quitó
la camiseta y la dejó en la encimera. Taehyung se quedó boquiabierto
cuando sus ojos lo vieron por completo. La cabeza de un dragón, con las
fauces abiertas mientras rugía, cubría la mitad izquierda de un amplio y
musculoso torso. Las líneas del hombro y del brazo formaban una de las
garras de la criatura. Las intrincadas escamas de su cuerpo le recorrían los
abdominales en diagonal y desaparecían por la cinturilla de sus jeans.49
—Te cubre por completo —murmuró.
—Así es. Anda… —Le tomó la mano derecha y se la puso sobre el corazón—.
Tócalo.
—¿No te importa? —Al verlo negar con la cabeza, Taehyung se mordió el
labio y colocó con gesto titubeante la mano izquierda sobre su torso. Al
principio sus caricias fueron tímidas, pero, al ver que no protestaba, se
volvió más atrevido. Le recorrió el duro torso con las manos, disfrutando de
los marcados músculos y de la suavidad de su piel sin vello. Con el tacto,
era incapaz de diferenciar la piel tatuada de la que no lo estaba—.
Fascinante —murmuró. Le acarició el abdomen con los dedos y empezó a
contar entre dientes:—… Cinco, seis, siete, ocho —Llegó a la cinturilla de
los jeans con los dedos y los músculos de Jungkook se tensaron cuando
tomó una bocanada de aire—. ¿No podías tener una tableta normal? ¿Tenía
que ser extra?84
—¿Te estás quejando, Taehyung? —Sonrió con una ceja arqueada.
—No hay motivo de queja. No sabía que me gustaban los tatuajes hasta
este momento.10
—Entonces, ¿te gusta?
Creía que era evidente, así que no contestó. Además, empezaba a costarle
trabajo concentrarse. La visión de ese cuerpo atlético y perfecto y de su
enorme tatuaje, la sensación de su piel ardiente y su delicioso aroma, le
estaban abrumando los sentidos.
—¿Puedo quitarte las gafas? ¿Ves sin ellas? —El pelirrubio tragó saliva y
asintió con la cabeza.
—Tengo miopía, así que no veo bien de lejos, pero no pasa nada, porque…
—Ni siquiera había terminado de hablar cuando le quitó las gafas. Se oyó
un leve chasquido metálico cuando las dejó en la encimera, detrás de él. La
suite del hotel y todo a su alrededor se volvió borroso. Lo único nítido era
él. Su sólida figura contra sus manos lo mantenía con los pies en la tierra.60
—Tal vez te resulte más fácil besarme si me rodeas el cuello con los brazos
—le sugirió Jungkook.1
A Taehyung le ardían los dedos mientras los subía por la pecaminosa
extensión de su estómago y de su duro torso.
—Ya está —dijo después de rodearle el cuello con los brazos tensos.
—Más cerca —El pelirrubio se acercó un centímetro—. Más —Se acercó otro
centímetro, deteniéndose antes de que sus cuerpos pudieran tocarse—.
Taehyung, más cerca.
En ese momento, se le encendió la bombilla y se pegó a él. Se tocaban casi
por todas partes. Solo su ropa los separaba. Tenía los nervios a flor de piel y
el pánico amenazó con envolverlo, pero Jungkook no lo presionó. El
pelinegro permaneció inmóvil, observándolo con expresión paciente y
tierna. Para su absoluta sorpresa, Taehyung se relajó.
—¿Sigues conmigo? —preguntó Jungkook.5
El pelirrubio se movió un poco y alineó sus cuerpos hasta que… encajaron.
El corazón empezó a latirle con un ritmo frenético contra el esternón, pero
seguía controlándose… porque, como la persona tan lista que era,
Jungkook le había dado el control.
—Estoy bien.
Cuando Jungkook lo envolvió con los brazos con cuidado, su calor le llegó a
través de la camisa y se extendió por su piel. La presión de su abrazo, que
no le exigía nada, le llegó a lo más hondo, tranquilizándolo y deshaciendo
unos nudos que ni siquiera sabía que se le habían formado. Estaba mucho
mejor que bien. Pagaría gustoso la tarifa por sus servicios de acompañante
con tal de que lo abrazara de esa forma. Era maravilloso.47
Le enterró la cara en el cuello y aspiró su olor. Pasó las manos por esa piel
desnuda mientras intentaba acurrucarse más contra él. Quería que lo
abrazara con un poquito más de fuerza… Sintió algo duro bajo el abdomen
y se separó un poco.70
—Ignora eso —le dijo Jungkook.1
—Todavía no nos hemos besado. ¿Cómo es posible que…? —Lo miró con
los ojos entornados al tiempo que Jungkook le bajaba una mano por la
columna hasta dejársela en la base de la espalda. El calor de su palma
traspasó la ropa, y se le puso todo el vello de punta.
—Es una vía de doble sentido. Te gusta mi cuerpo. Y a mí me gusta el tuyo.21
Era una idea novedosa para Taehyung. La intimidad casi siempre había
sido algo unidireccional en su caso. Todos lo disfrutaban… más o menos. Él
no. Sin embargo, estaba disfrutando de eso. Hacía que se sintiera valiente y
osado. Volvió a clavar la mirada en sus labios, y por las venas le corrió algo
nuevo: expectación.
—¿Me enseñarás a besar bien?
—No tengo claro que no sepas hacerlo.
—De verdad que no —Tenía la boca del pelinegro a escasos centímetros,
pero era incapaz de obligarse a besarlo… aunque quería hacerlo. Nunca
había comenzado un beso. En el pasado, los hombres se habían limitado
a… acostarse sobre él—. ¿Puedo decirte dónde tienes que besarme? —le
preguntó. Jungkook esbozó una sonrisa lenta.17
—Sí.
—En… la sien.52
Su aliento le acarició la oreja, haciendo que se le erizara el vello de la nuca,
antes de que lo besara en la sien izquierda.
—¿Y ahora?
Pronunció las palabras en voz baja, contra su piel, y cada una fue como una
caricia.8
—En la mejilla.
La punta de la nariz le rozó la piel cuando descendió. Lo besó debajo del
pómulo.
—¿Y ahora? —le preguntó Jungkook de nuevo. Estaban muy cerca. El
pelirrubio casi no podía respirar.
—En la comisura de los labios.
—¿Estás seguro? Eso se acerca mucho a un beso de verdad.52
Lo abrumó una impaciencia impulsiva que lo instó a enterrarle los dedos en
las hebras oscuras para sujetarle la cabeza y besarlo con la boca cerrada en
los labios. Las sensaciones le atravesaron el pecho.
Después de la sorpresa y del titubeo inicial, volvió a besarlo, y Jungkook
tomó la iniciativa, enseñándole cómo se hacía, alargando los besos. Eso era
besar. Besar era glorioso.8
Cuando la lengua de Jungkook se coló entre sus labios, se quedó de piedra.
Ya no era glorioso. Su lengua. Dentro. En su boca. Sin poder evitarlo, se
apartó de golpe.
—¿Es totalmente necesario? —El pelinegro tomó una honda bocanada de
aire y frunció el ceño, desconcertado.
—¿No te gustan los besos con lengua?
—Es como si yo fuera un tiburón al que un pez piloto le estuviera haciendo
una limpieza dental —Era raro y demasiado personal. Jungkook lo miró con
un brillo travieso en los ojos y, aunque se mordió el labio, Taehyung vio una
sonrisa en ellos—. ¿Te estás riendo de mí? —Se puso colorado por la
vergüenza. Agachó la cabeza e intentó retroceder, pero se lo impedía la
encimera del lavabo, que se le clavó en la espalda.31
La presión de los dedos del pelinegro en la barbilla lo obligó a que volviera
la cara, indicándole que tal vez quería que lo mirara a los ojos. Hacerlo
implicaba unas reglas concretas que había tenido que aprender. Tres
segundos contados muy despacio mentalmente. Menos tiempo y podía
parecer que ocultaba algo. Más tiempo resultaba incómodo. Ya se le daba
más o menos bien el tema. En ese momento, en cambio, era incapaz de
hacerlo. No quería comprobar lo que pensaba de él. Cerró los ojos con
fuerza.
—Me reía de tu analogía. Eres muy gracioso.1
—Oh —Lo miró a los ojos y solo vio sinceridad. Eso mismo le decía la gente,
pero no entendía el motivo. No sabía cómo ser gracioso. Lo era por
casualidad.
—En vez de pensar en tiburones y limpiezas dentales, piensa en que te
estoy acariciando la boca. Concéntrate en lo que se siente. ¿Me dejas que te
lo demuestre?23
Taehyung asintió con la cabeza una sola vez. Al fin y al cabo, por eso estaba
allí. Jungkook se inclinó sobre él de nuevo y él cerró los puños contra su
torso y se preparó para el asalto.
En vez de meterle la lengua, volvió a besarlo como antes, largos besos con
los labios cerrados. Esos los llevaba bien. Esos le gustaban. Fueron como
un lento reguero de besos sobre su boca. Parte del nerviosismo lo
abandonó, y relajó los dedos.
Sintió algo húmedo y cálido en el labio inferior. Sabía que era su lengua,
pero los besos con los labios cerrados lo hicieron olvidar. Otro lametón, y lo
asaltaron unas sensaciones estremecedoras. Más besos. Entre caricia y
caricia de sus labios, la lengua de Jungkook jugaba con él, haciendo que le
ardiera la piel. En poco tiempo, su lengua lo sedujo, acariciándole el labio
inferior, el labio superior, jugueteando con la entrada.42
Quizá debería separar los labios. Quizá quería que Jungkook fuera más allá.
Los besos con los labios cerrados que tanto le habían gustado al principio
ya no bastaban.
Intentó capturar su lengua, introducirla en su boca, pero el pelinegro lo
esquivó. Jungkook le acarició los labios con lametones enloquecedores, le
metió la lengua en la boca durante un esquivo segundo antes de volver a
sacarla, y él le apretó los hombros, frustrado.3
Una y otra vez, Jungkook le regaló un efímero regusto ardiente y salado,
pero luego retrocedió. Sin decidirlo de forma consciente, Taehyung se pegó
a sus labios y le rozó la lengua con la suya. El sabor de Jungkook le inundó
los sentidos. Sintió un millar de mariposas en el estómago, que le corrieron
por las venas. Se le aflojaron las rodillas, pero los brazos del pelinegro lo
abrazaron con más fuerza e impidieron que se cayera al suelo.2
Jungkook le chupó el labio inferior y le lamió la sensible piel antes de
volver a apoderarse de su boca. La habitación empezó a dar vueltas y
Taehyung se dio cuenta de que ya no sabía ni cómo respirar. Se apartó en
busca de aire.
—Tu sabor… me encanta.
Por un instante, el pelinegro le miró los labios como si le hubiera
arrebatado algo que quería recuperar. Parpadeó hasta que la expresión
desapareció y una carcajada ronca se escapó de sus labios enrojecidos por
los besos, unos labios que Taehyung quería acariciar con los dedos.
—¿Siempre dices lo que piensas?
—O lo hago o me quedo callado —Daba igual lo mucho que lo intentara, era
incapaz de superarlo. Su cerebro no estaba preparado para la sofisticación
de las relaciones sociales.
—Me gusta oír lo que piensas. Sobre todo cuando te beso —Sin embargo,
en vez de besarlo de nuevo, se apartó y le dio un tironcito de la mano—.
Vamos. No quiero que te hagas daño con la encimera.3
En ese momento, Taehyung se percató de que el duro granito se le clavaba
en la espalda. Mientras Jungkook tiraba de él para sacarlo del cuarto de
baño, miró su borroso reflejo en el espejo. No reconoció al chico con las
mejillas ruborizadas y el pelo totalmente alborotado y despeinado, casi no
podía creer que hubiera besado a un hombre y hubiera disfrutado de la
experiencia.
¿Cabía la posibilidad de que también pudiera dominar lo que pasaría a
continuación?
◍ 04 ◍
Jungkook se frotó los labios para ocultar una sonrisa mientras Taehyung se
sentaba en el mismo borde de la cama con las manos unidas sobre el
regazo.
Si lo besaba en ese momento, el pelirrubio acabaría cayéndose al suelo. Era
de esos chicos que se debilitaban cuando se excitaban. Mierda, cómo le
gustaba eso. Todos los esfuerzos que había tenido que hacer para sortear
sus defensas habían valido la pena.2
Antes le había parecido lindo, pero en ese momento le parecía demasiado.
Tenía el cabello totalmente despeinado por sus caricias, el deseo iluminaba
esos grandes y bonitos ojos cafés, y tenía los labios hinchados por sus
besos. Era una vista espectacular. Casi deseaba poder verlo otra vez
después de esa noche.28
En vez de sentarse a su lado, Jungkook se estiró casi en mitad de la cama,
se apoyó en un codo y le dio unas palmaditas al colchón para indicarle que
se colocara a su lado. Tras el titubeo inicial, el pelirrubio gateó hasta él y,
después, se acostó junto a él, con el cuerpo rígido como el de un cadáver y
los ojos clavados en el techo. Notó que su cuerpo se tensaba como si
estuviera esperando el momento en que lo atacara.
—Voy a besarte otra vez —Y, como percibía que necesitaba un aviso,
añadió—: Con lengua.70
—Bien.
Se inclinó sobre el pelirrubio y lo besó, empezando con roces inocentes de
los labios y lametones traviesos antes de apoderarse de nuevo de su boca.
Era cierto que Taehyung no sabía besar, pero ser partícipe de su proceso de
aprendizaje resultaba divertido. El entusiasmo que demostraba
compensaba su falta de habilidad. Su lengua lo acariciaba sin pericia y
trató de seguirlo cuando intentó separarse de él para bajar la intensidad de
la luz. La experiencia le decía que el sexo le resultaría más cómodo con una
luz tenue.40
Intentó alcanzar el interruptor sin ponerle fin al beso, pero Taehyung le
enterró los dedos en el pelo. Si algo lo enloquecía, además de los orales,
era que le acariciaran el pelo. Sintió el roce de sus uñas en el cuero
cabelludo con la suficiente intensidad como para provocarle un escalofrío
en la espalda, y eso hizo que se olvidara de la luz.1
Exploró su cuerpo con una mano hasta detenerse en su pecho. Sintió la
dureza del pezón a través de la camisa. Quería pellizcárselo, prestarle
atención, pero la ropa se lo impedía. Lo besó con más pasión y el pelirrubio
arqueó el cuerpo. Deseaba tanto descubrir lo que la ropa ocultaba.
Se apartó de él y se llenó los pulmones de aire fresco mientras examinaba
su trabajo. Taehyung respiraba con los labios entreabiertos, rojos y
brillantes, y sus ojos eran puro deseo. Estaba listo para avanzar.
Acarició el botón que le cerraba el cuello de la camisa y, después, lo
desabrochó. Fue como pulsar un interruptor. Así de brusco fue el cambio.
De estar lánguido y relajado, su cuerpo pasó en un abrir y cerrar de ojos a
tensarse como una goma elástica estirada al máximo. La cara se le puso
blanca. Su expresión pasó de sensual a aterrorizada. Bajó las manos a
ambos lados del cuerpo y apretó los puños.
—¿Taehyung? —Lo vio respirar de forma entrecortada mientras se
desabrochaba la camisa.
—Lo siento. Ya lo hago.
Sus dedos se movían de botón en botón con torpeza. Jungkook le cubrió
las manos con las suyas para detenerlo.
—¿Qué haces?
—Desnudarme.
—No voy a hacer nada contigo si estás así —No estaba bien. Nunca había
practicado el sexo con alguien que no estaba seguro al cien por cien, y no
iba a empezar a hacerlo a esas alturas.20
El pelirrubio se puso de costado, dándole la espalda, y vio cómo su pecho
se estremecía. Mierda, estaba llorando. ¿Sus caricias lo ayudarían o lo
empeorarían? Vaya mierda. Tenía que hacer algo. No podía dejarlo llorar
así. Las lágrimas lo conmovían como ninguna otra cosa.72
Lo rodeó con todo el cuerpo. Al ver que intentaba zafarse, lo estrechó con
más fuerza. ¿Qué demonios había pasado? ¡Solo le había desabrochado un
botón!
—Lo siento. No lo dije con mala intención. ¿Qué te pasó? ¿Alguien... te ha
hecho daño alguna vez? ¿Por eso te pusiste tan tenso? —La idea de que
alguien hubiera abusado de él le provocó una rabia asesina y un subidón de
adrenalina que lo preparó para entrar en acción. Taehyung enterró la cara
entre las manos.
—Nadie me ha hecho daño. Así es como soy. Por favor, ¿puedes seguir para
que establezcamos el mínimo?
—Taehyung, estás temblando y llorando —Le apartó los mechones de pelo
húmedo de la cara. El chico se limpió las lágrimas y tomó una entrecortada
bocanada de aire.
—Ya no lo haré.
—¿Otros hombres se han acostado contigo estando así? —preguntó,
intentando suavizar el tono de voz, pero sus palabras sonaron bruscas. La
idea de que algún idiota se acostara con Taehyung mientras estaba así de
pálido y aterrado, despertó en él el deseo de agarrarse a puñetazos.42
—Tres.81
—Vaya mierda de… —Dejó la frase en el aire, porque el pelirrubio se volteó
para mirarlo con expresión dolida—. No, no me refería a ti. El problema no
eres tú. Son los tipos esos. Soy yo —Lo vio fruncir el ceño y se lo acarició
con un dedo—. Necesitas a alguien que vaya despacio contigo.1
—Tú has ido despacio. Los otros ya habrían acabado a estas alturas.58
—No quiero oír nada más sobre ellos —le soltó. Taehyung apartó la mirada
y se unió los extremos de la camisa sobre el pecho.
—¿Qué hacemos ahora?
Jungkook no tenía ni idea. Lo único que tenía claro era que debía ir
superdespacio. Echó un vistazo por la habitación del hotel en busca de
inspiración y se fijó en el enorme televisor colocado en la pared, enfrente
de la cama.
—Vamos a ver una película abrazados en la cama. Ya estableceremos el
mínimo después —El pelirrubio lo miró con gesto tristón y un leve
puchero.13
—No me gustan los arrumacos.4
—No creo que estés hablando en serio —A todos les encantaban. A él le
gustaban. Por lo menos, así era cuando empezó a trabajar como
acompañante. Hacerlo con un cliente era algo que toleraba en el mejor de
los casos, aunque el instinto le decía que Taehyung lo necesitaba.
—Supongo que a lo mejor me gustan contigo. Creo que por tu olor. Tu
cuerpo me declaró una guerra biológica.7
—¿Me estás diciendo que soy tu talón de Aquiles? —Le gustaba la idea.19
No volverían a verse después de esa noche, pero tal vez servía para que el
pelirrubio lo recordara después. Estaba seguro de que él no lo olvidaría.
En vez de sonreír, como había supuesto que haría, Taehyung lo miró a la
cara. Tras mirarlo un instante a los ojos, salió de la cama y fue al cuarto de
baño. Unos minutos después, volvió con las gafas puestas y con su
camiseta, pulcramente doblada. La dejó en la mesilla, tomó el control
remoto y se sentó en el borde de la cama, lejos de él, mientras encendía la
tele. Acto seguido, se dispuso a ojear la guía de programación con
expresión concentrada.
Tal y como estaba vestido, con ese atuendo tan profesional, bien podría
estar en una reunión de la junta directiva… salvo por el pelo, que tenía
alborotado.
—¿Qué quieres ver? —Taehyung preguntó.
Su repentino distanciamiento no debería molestarle. Pero lo hacía. Quería
que volviera a ser el mismo de antes.
—Que no sea un drama, por favor. Mis hermanas me obligan a verlos con
ellas para reírse de mí cuando lloro —Vio que su reserva se derretía al
sonreír, y todo volvió a ser como antes.18
—¿De verdad lloras?30
—¿Quién no lo hace? Siempre muere alguien. Hay malentendidos
descomunales. Y me acuerdo de uno en el que el protagonista, que era muy
simpático, muere de una enfermedad —La sonrisa de Taehyung se
ensanchó, aunque parecía un poco tímida.35
—Ese es uno de mis preferidos. ¿Qué te parece ver algo con más acción y
menos drama? —La página con la información de Ip Man, una de las
mejores películas de artes marciales de todos los tiempos, apareció en la
tele.4
—No tienes por qué verla solo por mí —Lo vio poner los ojos en blanco
mientras compraba la película—. Espera —dijo él, que le quitó el control
remoto y pulsó el botón de pausa—. Falta una cosa.
—¿Qué es?
—Tienes que desnudarte.52
Taehyung se aferró a los puños de la camisa mientras sentía que las
paredes de la habitación se cerraban sobre él.
—¿Por qué? —le preguntó.1
—¿Por qué no?
Porque prefería estar vestido, porque necesitaba la opresión de la ropa
para sentirse seguro. Porque no le gustaba su cuerpo. Porque, cada vez que
se desnudaba delante de un hombre, este acababa usándolo y
abandonándolo. Se humedeció los labios secos y contestó con la verdad
más absoluta.40
—Porque no estoy acostumbrado —Además, estaba agotado. Esa noche
habían sucedido muchas cosas nuevas y la impresión le estaba pasando
factura. Quería irse a casa, pero eso sería una cobardía por su parte. Tenía
una misión que cumplir. Una vez que se decidía a hacer algo, era tan
obstinado como su madre. Al ver que la única respuesta del pelinegro
consistía en arquear las cejas, le preguntó: —¿En serio crees que servirá de
algo?
—Sí —Jungkook levantó los almohadones, apartó el cobertor y se puso
cómodo.
Estaba tan guapo allí tendido en la cama que, por un instante, Taehyung
pensó que acababa de colarse en la portada de una revista. Las luces y las
sombras resaltaban sus increíbles facciones, la musculatura de ese cuerpo
tan masculino y el tatuaje con forma de dragón. Era difícil creer que había
sido él quien le había despeinado el pelo hasta darle ese aire tan erótico,
aunque más le costaba creer que ese lugar que había reservado a su lado
era para él.1
Cuadró los hombros, se puso de pie y empezó a desabrocharse la camisa
con dedos fríos. El corazón se le aceleraba a medida que liberaba los
botones. El silencio le atronaba los oídos como si fueran los motores de un
avión a punto de despegar. Se estremeció al quitarse la camisa.
Sentía la mirada del pelinegro clavada en él mientras trataba de
desabrocharse los pantalones. Tenía los dedos tan tensos que necesitó tres
intentos para conseguirlo. Los pantalones se deslizaron por sus piernas
hasta caer al suelo, en torno a sus pies, y se quedó tan solo con una
delgada camiseta interior de color blanco y unos calzoncillos del mismo
color. Clavó la vista en la pared.
—Tal vez debí haberme comprado algo para la ocasión. Todo lo que tengo
es así.
Jungkook carraspeó antes de hablar. —¿Toda tu ropa interior es del mismo
color?
—Es el más práctico —Dio un respingo al pensar en lo aburrido que parecía
y se atrevió a mirar a Jungkook, pero él no daba la sensación de estar
espantado por su ropa interior.
—Puedes quedarte así si quieres, Taehyung. Estoy aquí para complacerte.
Recuerda que eres tú quien tiene la última palabra en todo momento.
La tensión que se había apoderado de su estómago disminuyó un poco
mientras se colocaba mejor las gafas y asentía con la cabeza. Después de
dejar su ropa en la mesita, al lado de la camiseta del pelinegro, la cual se
había pasado todo un minuto oliendo en el cuarto de baño como si fuera
un pervertido, se metió en la cama y se sentó a su lado. Jungkook le pasó
un brazo por la espalda y lo acercó hasta que sus costados estuvieron
pegados.3
—Apoya la cabeza en mi hombro —En cuanto el pelirrubio obedeció, pulsó
de nuevo el botón de pausa. Los títulos de crédito aparecieron en la tele,
acompañados por la espectacular banda sonora.
Taehyung era incapaz de concentrarse, aunque estaba viendo a Donnie Yen
y, en su opinión, era mejor que Jackie Chan, Chow Yun Fat y Jet Li juntos.
Estaba a punto de hiperventilar, y se sentía más tieso que un ajo.20
Jungkook le pasó una mano por el brazo, que estaba cubierto de sudor, y lo
miró con gesto preocupado. —¿Tienes calor? ¿Quieres que ponga el aire
acondicionado?
—Lo siento. Puedo ducharme —Se inclinó hacia delante para levantarse,
pero el pelinegro lo detuvo rodeándolo con los brazos hasta sentarlo en su
regazo.1
Sus cuerpos se tocaban por todos lados, una mejilla contra su pecho, los
brazos de Jungkook en torno a sus hombros, su costado contra su torso, y
era muy consciente del sudor que lo cubría. Seguro que pensaba que era
asqueroso.
Cerró los ojos con fuerza mientras toleraba el abrazo. No sabía cuánto
podría soportarlo.1
—Taehyung, relájate —le susurró—. El sudor no me molesta, y me gusta
abrazarte. Sigue viendo la película. Está a punto de disputar su primera
pelea —Le tomó una mano, entrelazó los dedos con los suyos y le dio un
firme apretón.7
Mientras el pelinegro fingía prestarle atención a la película, porque de
alguna manera sabía que en realidad estaba pendiente de él, Taehyung
clavó la mirada en sus manos unidas y se percató del contraste de esa piel
blanca contra la suya. Al igual que el resto de su persona, sus manos eran
preciosas obras de arte, de dedos gruesos y venas marcadas. Frunció el
ceño mientras reparaba en la aspereza de los callos de su palma. Buscó su
otra mano y lo invitó a extender los dedos. Tenía un callo en la base de la
palma y otros tres más pequeños entre los dedos corazón, anular y
meñique. Acarició esa piel áspera con las yemas de los dedos.8
—¿De qué son? —No alcanzaba a entender de qué manera había acabado
con callos trabajando de acompañante.
—Del sable.4
—No hablas en serio —Lo vio esbozar una sonrisa torcida.
—Kendo. Aunque la lucha con sable en la vida real no es como en las
películas. No te emociones mucho.
—¿Se te da bien?
—No se me da muy mal. Solo lo hago por diversión.
Taehyung no se lo imaginaba luchando contra un contrincante con ese
rostro tan apuesto, pero debía admitir que la idea lo emocionaba.
—¿Puedes hacer un split?
—Es mi talento secreto.
—Cualquiera diría que tu talento secreto era la lucha con sable…
—Tengo muchos —replicó Jungkook, que le acarició la nariz con un dedo
antes de darle un suave pellizco en la barbilla.2
—¿Cuáles son? —El pelinegro se limitó a sonreír con la vista clavada en la
televisión.
—Presta atención. Estamos llegando a la parte en la que le asesta el golpe
final.
Taehyung estaba a punto de repetirle la pregunta, pero sabía que era de
mala educación. Jungkook no había querido contestarle. En ese momento,
se dio cuenta que no sabía nada de él. Durante la cena, le había dicho que
solo trabajaba los viernes por la noche. Eso le dejaba mucho tiempo para
llevar una vida diferente.
¿Qué hacía cuando no trabajaba de acompañante? Además de practicar
artes marciales. ¿O se pasaba el resto de la semana entrenando y
practicando?
A lo mejor era eso lo que hacía. No se conseguía un cuerpo como el suyo sin
ejercitarlo. Podía ser uno de esos hombres que se levantaban al amanecer,
se comían cinco huevos crudos y salían a correr, subiendo y bajando las
escaleras de los estadios de fútbol. Si lo hacía, había valido la pena…
aunque corriera el riesgo de enfermar de salmonella.4
Olvidó que estaba casi desnudo mientras lo imaginaba golpeando trozos
de carne congelada. Su respiración se relajó al mismo tiempo que lo hacía
su cuerpo. La presión de los brazos del pelinegro siguió siendo firme y
relajante, y, al final, los increíbles acontecimientos del día acabaron
pasándole factura.4
Su olor, los rítmicos latidos de su corazón y el volumen bajito de la
televisión mientras Ip Man golpeaba a sus oponentes, lo invitaron a dormir.
◍ 05 ◍
Taehyung abrió los ojos de golpe y recorrió con la mirada el iluminado
interior de la habitación de hotel. Después de tantear la superficie de la
mesita de noche, encontró las gafas. El reloj digital indicaba que eran las
9:24 am. El corazón le dio un vuelco.
Había dormido hasta tarde. Nunca dormía hasta tan tarde.11
Al sentarse en la cama, la sábana le cayó hasta la cintura y el fresco aire le
rozó la piel. Llevaba la ropa interior del día anterior. Una alarma sonó en su
cabeza cuando comprendió que se había saltado toda su rutina vespertina.
No se había pasado el hilo dental, ni se había cepillado los dientes, ni se
había duchado ni puesto el pijama. Había metido un cuerpo sucio entre
esas sábanas limpias… En fin, desde luego, a esas alturas eran sábanas
sucias. Menos mal que no tendría que volver a dormir en ellas.
Jungkook salió del cuarto de baño, recién duchado y con una toalla en
torno a la cadera. Su tatuaje se veía más sensual de lo normal a la luz del
día. Miró al pelirrubio con una sonrisa mientras se cepillaba los dientes.
—Buenos días.
Taehyung se tapó la boca con una mano. Seguro que le apestaba el aliento.
El pelinegro cruzó la estancia con paso tranquilo y rebuscó en una pequeña
bolsa de deporte que seguramente había sacado de su coche. No la había
subido la noche anterior.2
Mientras Jungkook sacaba ropa limpia de la bolsa, Taehyung observaba los
movimientos de los fuertes músculos de su espalda, y también admiraba
las hendiduras que tenía a ambos lados de la base de la columna. Deseó
acariciarlas con los dedos. Luego deseó quitarle la toalla y…
—Me llega al muslo derecho —dijo Jungkook, mirándolo por encima del
hombro.75
«¿Cómo? ¿A qué se refiere?»3
Taehyung parpadeó con rapidez para aclararse las ideas y luego se percató
de que el tatuaje se le enroscaba en la cadera, desaparecía bajo la toalla y
volvía a asomar por la corva. El dragón se había enroscado en su torso y en
una de sus piernas. Se imaginó haciendo lo mismo durante el transcurso de
su acuerdo… del que tenían que hablar.7
Abrió la boca para hacerlo, pero la tenía tan seca que fue incapaz. Saltó de
la cama y en ese momento recordó que estaba en ropa interior, de manera
que tomó la primera prenda de ropa que vio, la camiseta blanca de
Jungkook del día anterior, y entró corriendo en el cuarto de baño mientras
se la ponía a toda prisa. Una vez dentro, se abalanzó sobre el hilo dental y
se lo pasó por todos los dientes. Dos veces. Al ver que no salía nada
espantoso de entre ellos, suspiró con alivio y empezó a cepillárselos con
más tranquilidad.1
El pelinegro entró en el cuarto de baño y Taehyung se apartó para que
pudiera escupir en el lavabo, muy incómodo por toda la espuma que tenía
en la boca.
¿Por qué él no podía verse así de sexi como Jungkook cuando se lavaba los
dientes?43
Después de enjuagarse la boca y de secársela con una toalla de mano,
Jungkook se inclinó sobre él y lo besó en la mejilla. Olía al jabón del hotel, a
la pasta de dientes mentolada y… a él. Ese esquivo aroma seguía
impregnándolo. Supuso que le brotaba de los poros.2
Mientras Taehyung seguía lavándose los dientes, con la vista clavada en las
burbujas del lavabo, el pelinegro salió del cuarto de baño. Dejó de
cepillarse un momento y lo oyó: el frufrú de la ropa.1
Jungkook se estaba vistiendo. Lo que quería decir que estaba desnudo. Sin
el menor pudor, Taehyung se acercó corriendo a la puerta y se asomó.74
Se quedó sin aire en los pulmones cuando lo vio subirse los jeans limpios
por encima de los calzoncillos. Después, se puso una ceñida camiseta
negra de manga corta y se sentó para ponerse unos calcetines negros. Iba a
marcharse pronto.
Se apresuró a terminar de lavarse los dientes y lo sorprendió justo cuando
se ataba la segunda zapatilla.+
—Tenemos que hablar —le dijo Taehyung.
La expresión que vio en la cara del pelinegro cuando se enderezó en la silla
hizo que se le cayera el alma a los pies. Iba a echarse para atrás. La noche
anterior había sido un fracaso lleno de ataques de pánico y sudor nervioso,
y Jungkook ya no quería saber nada más de él.
Apretó los labios cuando empezaron a temblarle. Había sido una mala
noche, pero también tuvo sus momentos buenos. ¿Verdad? Había creído
que tenía una oportunidad.
—Tengo un compromiso a las diez al que no puedo faltar —Jungkook se
puso en pie, se colgó la bolsa al hombro y se acercó al pelirrubio con paso
ligero.
La expresión de esos ojos negros era abrumadora por su ternura cuando lo
miró. ¿O era lástima lo que veía? Taehyung detestaba la lástima.
—Necesito que me digas si vamos a continuar con las lecciones o no —El
pelinegro meneó la cabeza con una sonrisa triste.
—Me temo que no. Lo siento.147
A Jungkook se le encogió el corazón, pero era incapaz de arrepentirse de lo
de la noche anterior. Había conseguido que lo besara, que lo besara de
verdad, no que se quedara quieto, encogido por el pánico, mientras él le
metía la lengua en la boca.
—Te daré otra opinión de cinco estrellas.
—No me la merezco. No cumplí con mi parte del trato. La agencia no hace
reembolsos, pero estaré encantado de devolverte mi parte de la comisión.
Si me das tu cuenta…
—No, nada de reembolsos —lo cortó con firmeza—. Gracias, pero no. Estoy
seguro de que tuviste que esforzarte mucho más que con la mayoría de tus
clientes.
—No, la verdad es que no.
Taehyung entrelazó los dedos y clavó la vista en el suelo. No quería
preguntárselo, pero no le quedaba más remedio.
—Sé que tienes que irte, pero, antes, ¿podrías… recomendarme… a un
colega que creas que pueda trabajar conmigo?36
—Después de lo de anoche, ¿todavía quieres seguir adelante con esa locura
de las lecciones?
—No es una locura, pero sí, pienso seguir adelante —Se obligó a levantar la
vista y clavarla en su pétreo rostro antes de tomar una bocanada de aire—.
A lo mejor, si lo piensas unos días, recordarás a alguien que sea… paciente,
como tú, y que… y que no le importe el sudor ni… —Jungkook dio medio
paso hacia él y notó que su mandíbula se apretaba antes de hablar.2
—Las personas como tú no necesitan acompañantes. Las personas como tú
tienen pareja. Deberías sacarte esa idea de la cabeza.5
Una rabia candente se apoderó de Taehyung, paralizándolo. Jungkook no
sabía absolutamente nada de las personas como él.
—Eso es mentira. Las personas como yo asustamos a la gente. A las
personas como yo nunca las invitan a salir. Las personas como yo tenemos
que hacer nuestro camino, buscarnos nuestra suerte. He tenido que luchar
por cada éxito que he logrado en la vida y pienso luchar por esto. Voy a ser
bueno en la cama, y así por fin podré conquistar al hombre adecuado para
que sea mío.86
—Taehyung, las cosas no funcionan así. No necesitas lecciones.
—No estoy de acuerdo contigo. Por favor, ¿lo pensarás? Confío en tu juicio
—Corrió hacia donde estaba su bolso y sacó una tarjeta de visita, escribió
su número de móvil en el reverso y la puso en la mano del pelinegro—. Te lo
agradecería mucho. De verdad.
—¿Qué harás si no te doy un nombre? —Dijo al tiempo que metía la tarjeta
en su bolsillo trasero del pantalón de forma brusca. El pelirrubio se encogió
de hombros como respuesta.
—Mi proceso de selección fue bastante bueno la primera vez. Volveré a
repasar las listas de las agencias de acompañantes.
—¿Sabes cuántos locos hay ahí? No es seguro —Levantó una mano como si
quisiera tocarlo, pero apretó el puño y la apartó de él.1
—¿Me estás diciendo que la garantía de seguridad de tu agencia no sirve
para nada? —Jungkook gruñó, frustrado, y se pasó la mano por el pelo
húmedo, haciendo que se le despeinara.
—Hay un proceso de selección con exámenes psicológicos y comprobación
de antecedentes, pero es posible que alguien se cuele. No quiero que te
hagan daño —El chico levantó la barbilla.
—No soy tonto. Tengo una pistola Taser.101
—¿Que tienes qué? —El pelirrubio sacó una pistola Taser C2 azul del bolso y
se la enseñó—. Mierda, ¿sabes cómo usarla siquiera?8
—Pones el seguro hacia atrás, apuntas y aprietas el botón. Es muy sencillo.
—¿La habrías usado conmigo?
—No lo hice, así que, evidentemente, la respuesta es no —Al ver que el
pelinegro giraba el arma para mirarla con fascinación y espanto, decidió
quitársela de las manos—. ¡Nunca te apuntes! —Después de guardarla en el
bolso, se cruzó de brazos—. Como puedes ver, tengo la situación
controlada, pero te agradezco la preocupación.1
La idea de repasar una vez más los anuncios de acompañantes lo ponía de
los nervios. Ninguno de esos hombres le interesaba ya. Una vez que
tomaba una decisión, tenía que realizarla. Solo quería a Jungkook, pero
había metido tanto la pata que el pelinegro no soportaba volver a verlo.
¿Cómo se suponía que iba a mejorar, si su problema no dejaba de alejar a
las personas que podrían ayudarlo? Su amargura debió de reflejársele en la
cara, porque la expresión de Jungkook se suavizó.
—Taehyung, no repito con ningun cliente. De lo contrario, aceptaría tu
oferta.4
—¿Por qué? —le preguntó, soltando el aire frustrado.
—Antes lo hacía. Pero algunos se encariñaban y las cosas se salían de
control. La política de una sola cita nos ha ahorrado muchos problemas a
todos, a mí y a mis clientes.
—¿Estás diciendo que ya sabías de antemano que no ibas a aceptar? —La
oscuridad amenazó con extenderse por sus entrañas y ennegrecerlas.
Creyó que Jungkook era una posible solución a su problema. En ese
momento, parecía que solo había sido un rollo de una noche desde el
principio. El pelinegro asintió con un gesto seco de la cabeza—. ¿Y por qué
no lo dijiste anoche? Te dejé en claro desde el principio lo que quería.
Todos los… besos y las caricias, la ropa… lo hice para nada.55
Tenía tal nudo en la garganta que, al final, casi no podía pronunciar las
palabras. Se llevó las ardientes palmas de las manos a la frente en un
intento por contener la sensación de que lo había traicionado. El dolor y la
vergüenza lo asaltaron de forma tan repentina que le costaba respirar.
¿Por qué lo había obligado a hacer todo eso? ¿Había sido un juego para
Jungkook? ¿Le pareció gracioso?
¿Por qué no podía entender nunca a las personas?
—La verdad, no te creí —contestó Jungkook—. Como mucho, creía que
tenías un problema de confianza que desaparecería cuando estuviéramos
juntos. Además, pagaste por adelantado. No quería que pagaras en balde.
—Querías que me lo pasara bien.
—En fin... pues sí. Para eso me contratan.
—Pero yo no te contraté para eso —Se frotó el puente de la nariz y se subió
las gafas, sintiéndose vacío y agotado de repente—. Da igual. Deberías irte
si no quieres llegar tarde.
Como si viera la escena desde lejos, Taehyung fue consciente de que los
pies lo llevaban a la puerta y de que cerraba los dedos en torno al pomo
para abrirla. El pelinegro tomó aire como si fuera a hablar, pero acabó
cerrando la boca antes de poder decir nada. Pasó junto a él y se detuvo al
otro lado de la puerta para mirarlo.
—Siento mucho irme cuando las cosas se quedan así. Cuídate, ¿sí? —El
pelirrubio apartó la vista de él y asintió con la cabeza—. Adiós, Taehyung.6
El pelinegro se alejó por el pasillo y él cerró la puerta. La cerradura emitió
un chasquido seco. Debería ducharse. Sin embargo, cuando se tocó la ropa
que llevaba, se dio cuenta de que era la camiseta de Jungkook. Apoyó la
mejilla en el hombro para inhalar su aroma. Después de olerse los brazos y
el pelo, se dio cuenta de que lo impregnaba por completo.1
¿Qué iba a hacer? Le picaba todo el cuerpo por el deseo de ducharse, pero,
si lo hacía, desaparecería el preciado aroma.
Ansiaba tanto que lo abrazaran que tenía la sensación de que una
enfermedad le corroía los músculos y los huesos. Como era habitual, sus
brazos le proporcionaron un poco de consuelo. Se concedería cinco
minutos y, después, se prepararía para ir a trabajar. Solo era sábado por la
mañana y ya se había hartado del fin de semana. No encontraba la forma
de ocupar la mente, se hundiría en un pozo oscuro de desesperación… ya
se estaba hundiendo.3
Oyó tres golpes secos en la puerta, de modo que se levantó con
movimientos mecánicos. Seguramente fuera el servicio de limpieza para
saber si se había ido ya o no.
Abrió la puerta y se encontró a Jungkook mirándolo fija e intensamente.
Respiraba entre jadeos, como si hubiera vuelto corriendo desde el coche.42
—Tres sesiones. Es lo máximo que pienso hacer —dijo con firmeza.146
Taehyung tardó un momento en darse cuenta de que, al decir sesiones, se
refería a lecciones, pero cuando lo hizo, se le aceleró tanto el corazón que
se le entumecieron los dedos. Jungkook iba a ayudarlo.1
¿Bastarían tres sesiones para ser perfecto en el sexo?21
Tenía que aprender muchísimas cosas, se le daban mal muchísimas cosas,
pero, ¿qué alternativa tenía? Tal vez, si lo planeaban todo con detalle…
—Bien —Fue lo único que pudo decir debido a que la sorpresa lo había
paralizado. El pelinegro lo observó unos segundos, con la mandíbula
apretada.
—Si hacemos esto, tienes que prometerme que no te volverás loco al
final.82
—Te lo prometo —dijo, pese al ruido que le atronaba los oídos.
—Lo digo en serio. Nada de acosarme, ni de llamarme, ni de hacerme
regalos carísimos. Nada de eso —Sujetaba con fuerza la correa de la bolsa
de deporte mientras esperaba su respuesta, y su cara dejaba en claro que
hablaba muy en serio.74
—Bien.
Jungkook se bajó la correa de la bolsa y la dejó caer al suelo antes de dar
un paso hacia el pelirrubio, y no se detuvo hasta que lo tuvo pegado contra
la puerta abierta. Después, apoyó una mano en la puerta, junto a su rostro,
y se inclinó hacia delante. Bajó la vista de sus ojos a sus labios.
—Ahora voy a besarte.78
—Bien —Le había atontado tanto el cerebro que no le funcionaba, y parecía
que solo era capaz de pronunciar esa palabra.48
Los labios de Jungkook rozaron los suyos y el corazón le dio un vuelco por
el placer, que le descendió por los brazos y las piernas. Luego, el pelinegro
ladeó la cabeza y lo besó con pasión. Una vez. Dos. Y una vez más. Hasta
que Taehyung suspiró y se pegó a él, hasta que le enterró los dedos en el
pelo húmedo.1
Jungkook se apoderó de su boca con la lengua de un modo que le
resultaba novedoso y familiar al mismo tiempo. Taehyung le devolvió el
beso con fervor, intentando decirle todo lo que era incapaz de decirle con
palabras.
—Dios, Taehyung —jadeó contra sus labios, con la mirada desenfocada y
los párpados entornados—. Sí que aprendes rápido.68
Antes de que pudiera contestarle, el pelinegro se apoderó de su boca una
vez más. A Taehyung se le olvidó la hora, se le olvidó el trabajo, incluso se
olvidó de la ansiedad. El fuerte cuerpo de Jungkook se frotaba contra el
suyo y se arqueó hacia él, disfrutando de su cercanía.2
El móvil del pelirrubio empezó a sonar con el tono de llamada de su madre.
Jungkook se apartó de él de golpe, sonrojado y jadeante. Se chupó el labio
inferior mientras lo miraba fijamente a los ojos, como si estuviera a un paso
de besarlo de nuevo.
—Debo contestar —Entró en la habitación, se sentó en el borde del colchón
y aceptó la llamada con un dedo tembloroso—. ¿Diga?
—Taehyung, cariño, tu padre… Ah, espera un segundo.
La voz ronca de su padre se oyó de fondo, y Taehyung se apartó el móvil de
la oreja mientras sus padres hablaban de golf y de sus planes para el
almuerzo. Jungkook se acercó a él con movimientos rápidos.
—Tengo que irme, pero tenemos una cita para el viernes.
—El viernes —confirmó él con un gesto de cabeza.
En vez de irse de inmediato, tal como Taehyung esperaba que hiciera, el
pelinegro se inclinó y le dio un beso fugaz en los labios.85
—Adiós, Taehyung.
Lo observó marcharse con estupefacción. Iban a verse de nuevo. Dentro de
una semana.
—¿Quién era ese?14
Incluso con el teléfono despegado varios centímetros de la oreja, Taehyung
captó la sorpresa de su madre.
—Era… Jungkook —Un nerviosismo extraño, que le robaba el aliento, se
apoderó de él. Tal vez le gustara que su madre hubiera descubierto a su
acompañante.17
Se hizo un breve silencio, hasta que la mujer volvió a hablar.
—Taehyung, ¿pasaste la noche con un hombre?
—No es lo que crees. No hicimos nada. Sólo... besarnos —Los mejores besos
de su vida.
—¿Y por qué no? —El pelirrubio movió la boca, pero no le salió palabra
alguna—. Eres un adulto maduro capaz de tomar buenas decisiones. En fin,
háblame de este tal Jungkook.61
Taehyung sonrió, pero la sonrisa desapareció rápidamente. ¿Qué le iba a
decir? ¿Que Jungkook era un acompañante que había decidido contratar
para que le diera lecciones de sexo? Aunque, podía simplemente decir que
la idea de Tinder no era tan mala.1
En fin, ya pensaría en algo para poder saciar la curiosidad de su madre.
◍ 06 ◍
Destruir. Derrotar. Engañar.27
Jungkook examinó el cuerpo de su compañero, ataviado de negro, en
busca de debilidades de las que aprovecharse. Ese era el único momento,
durante el combate, en el que daba rienda suelta a los instintos más
básicos y egoístas a los que se enfrentaba en el día a día. Y era una jodida
maravilla.
Por más que luchara contra ellos, en el fondo era igual que su padre. Había
heredado la maldad.
Empujó a su contrincante e intentó darle un golpe en la cabeza. Al ver que
levantaba el sable para bloquear su ataque, puso el resto en un arranque
de velocidad y bajó el suyo trazando un arco. La punta del arma golpeó el
costado de su contrincante.
Un punto claro. El combate había terminado.
Todos inclinaron la cabeza y dejaron los sables en el tatami azul antes de
arrodillarse. Odiaba esa parte de la clase, no porque significara que el
entrenamiento había acabado, sino porque había llegado la hora de
quitarse la armadura y volver a la normalidad. Esa era la belleza del
atuendo.
Un traje transformaba a un hombre en cierto tipo de persona. Una
camiseta, en otro tipo de persona distinta. Una armadura negra con una
amenazadora rejilla metálica delante de la cara convertía a un hombre en
una persona diferente. El atuendo pesaba quince kilos, pero siempre se
sentía más ligero cuando lo llevaba puesto.8
Mientras se despojaba de las capas de ropa, el aire frío le rozó la piel y la
realidad se coló poco a poco en su cabeza. Los opresivos pensamientos
fueron apilándose unos sobre otros como si fueran ladrillos y lo
devolvieron a su agobiante realidad.1
Responsabilidades y obligaciones. Facturas. Familia. Su trabajo diario. Su
trabajo nocturno.
Después de que la clase acabara oficialmente, dejó sus cosas en su sitio, en
la estantería de la parte posterior. Había muy poco espacio en el vestuario
con cinco tipos allí dentro y no quería esperar, así que se quitó el uniforme
en el pasillo. No iba a enseñar nada que no hubiera visto ya la mitad de la
soltería de Ulsan.
Dos estudiantes de secundaria lo observaron descaradamente y entraron
en el vestuario de mujeres mientras soltaban risitas tontas y avergonzadas.
Jungkook puso los ojos en blanco mientras se ponía unos jeans encima de
los bóxers.
—Seguro que la próxima semana vendrán un montón de chicas nuevas —
dijo Yoongi, su primo y pareja de entrenamiento.54
—Dejaré que seas tú quien les enseñe lo básico —comentó mientras sacaba
una arrugada camiseta de manga corta de la bolsa de deporte y se
enderezaba.
—Se pueden llevar una desilusión.
—Qué más da —Se puso la camiseta al mismo tiempo que intentaba, en
vano, no mirar sus reflejos en el espejo de cuerpo entero de la pared.
A todos les gustaba Yoongi. Con su tez blanca, el cabello teñido de verde
menta y los abundantes tatuajes que le cubrían los brazos y el cuello, era la
viva imagen del mafioso que controlaba el negocio de las drogas. Era
imposible adivinar que se pagaba sus estudios de Ciencias Empresariales
ayudando a sus padres en el restaurante.106
Jungkook, al contrario, ofrecía la imagen del chico guapo. No podía
quejarse, porque, al fin y al cabo, gracias a eso pagaba las facturas, pero la
reacción de la gente le aburría. Bueno, salvo por la reacción de cierto
economista.22
La atracción que Taehyung sentía por él había resultado obvia, pero no lo
había mirado como si fuera un trozo de carne muy caro. Lo había mirado
como si no viera a nadie más. No podía olvidar su forma de besarlo una vez
que se ganó su confianza, el momento en el que se derritió y…
Al percatarse del rumbo de sus pensamientos, se dio un puñetazo
imaginario allí mismo. Taehyung era su cliente y tenía problemas. Estaba
muy mal si pensaba en sus lecciones de esa manera.1
—Si llegan alumnas nuevas, yo les enseñaré. No me importa —se ofreció
Hoseok, el hermano menor de Yoongi. Todavía llevaba el uniforme y estaba
practicando movimientos delante del espejo, con un ritmo rápido pero
constante, como si fuera una máquina. Yoongi puso los ojos en blanco.64
—Nunca le importa. Aunque se le avienten encima. Deberías haber visto a
la última. Lo invitó a cenar y él le soltó: «No, gracias, ya comí». Y ella siguió:
«¿Y el postre?» «No, no como postre después de las clases». «¿Café?» «No
podré dormir, y mañana tengo que trabajar».74
Jungkook no pudo contener una sonrisa al oírlo. Hoseok le recordaba un
poco a Taehyung. Mientras guardaba sus sables en una de las cajas de
almacén, Yoongi se acercó a él.16
—Buen combate. ¿Tuviste un mal día? —El pelinegro se encogió de
hombros.
—Lo típico de siempre.
Debería sentirse agradecido. Lo estaba, de hecho. Las cosas le irían mejor si
pudiera dejar de desear todo aquello a lo que había renunciado. No se
arrepentía de haber cambiado su antigua vida por la que llevaba en ese
momento; de hecho lo volvería hacer, pero el deseo de recuperar lo
perdido no lo abandonaba. Al contrario, iba a más. Porque era un maldito
egoísta. Como su padre.
—¿Qué tal está tu madre? —El menor se pasó una mano por el pelo antes
de responder.
—Bien, supongo. Dice que le gustan los medicamentos nuevos.
—Eso es bueno —Yoongi le dio un apretón en un hombro—. Deberías
celebrarlo. Sal conmigo el viernes. Abrieron un club nuevo en la ciudad.
Parecía una buena idea, y sintió una repentina emoción. Llevaba siglos sin
salir una noche si no era acompañado por un cliente. El recuerdo de su
trabajo lo hizo soltar un suspiro pesaroso.
—No puedo. Estaré ocupado.
—¿Cómo? —Su primo lo miró con curiosidad—. O más bien debería
preguntar: ¿con quién? Siempre estás ocupado los viernes. ¿Tienes alguna
novia o novio secreto y te da miedo presentárnoslo?
Jungkook resopló para sus adentros al pensar en presentarle algún cliente
a su familia. Ni de broma.21
—Qué dices, nada de eso. ¿Y tú? —Yoongi comenzó a reír, como si la
pregunta fuera absurda.
—Conoces a mi madre. ¿Crees que obligaría a alguien a pasar por eso?6
Jungkook sonrió al mismo tiempo que tomaba la bolsa de deporte y
comenzaba a caminar hacia la puerta. Pasó al lado de Hoseok, que seguía
practicando sus movimientos sin haber disminuido el ritmo en ningún
momento.
—Mira el lado positivo. Si alguien conoce a tu madre y no sale corriendo,
sabrás que no debes dejarla escapar.
Ambos se despidieron de Hoseok al llegar a la puerta; pero, como era
habitual en él, estaba demasiado ensimismado en lo suyo como para
devolverles el gesto. Una vez en el aparcamiento, Yoongi se subió a su
Ducati negra, se puso la chaqueta de cuero y se apoyó el casco en una
rodilla antes de mirar al pelinegro a los ojos.21
—Sabes que no me importa que te gusten también los chicos, ¿verdad? No
me molesta. Te lo digo para que lo sepas. No hace falta que me ocultes ese
tipo de cosas.
Jungkook tosió y se colocó mejor la correa de la bolsa de deporte en el
hombro mientras lo asaltaba un repentino calor que le abrasó el cuello y
las orejas.
—Gracias.
Eso era lo que pasaba cuando se guardaban secretos. Que la gente sacaba
sus propias conclusiones. Por un instante se preguntó si debía seguirle el
juego. Nadie estaba al tanto de su vida como acompañante ni de las
facturas que pagaba gracias a su trabajo como tal. Y quería que las cosas
siguieran así.
Tomó una bocanada de aire que olía a tubo de escape y asfalto, conmovido
por la actitud de Yoongi, pero también sintiéndose viejo y cansado.
—Te lo agradezco, de verdad, pero no es eso. Llevo un tiempo… saliendo
con… muchas personas. Pero no he conocido a nadie que pueda llevar a
casa —Dios, no—. Nadie especial.
Sin embargo, tan pronto como pronunció las últimas palabras, le dieron
ganas de retractarse. No sabía por qué, pero no le parecía correcto incluir a
su último cliente en esa categoría.8
—Pues, entonces, hazme el favor de decírselo a tu madre y a tus hermanas.
No dejan de hablar del tema con mi madre y mis hermanas, y me tienen
harto pidiéndome que averigüe algo. Siendo sincero, me dio un poco de
vergüenza confesarles que no sé lo que haces cuando desapareces.
Yoongi le dio una patada con gesto pensativo a una piedrecita que había en
el suelo y Jungkook supo que estaba rememorando el pasado, cuando lo
sabían todo el uno del otro. Bueno, en la medida que los chicos compartían
sus cosas, claro.
Sus madres eran hermanas y estaban tan unidas que vivían a dos bloques
de distancia, ambas compartían absolutamente todo. El resultado fue que
Jungkook y Yoongi estaban más unidos que si fueran hermanos. O lo
habían estado.
—He sido una mierda de primo, lo siento —se frotó la nuca, un poco
avergonzado.
—Lo has tenido muy difícil —replicó su primo con una sonrisa
comprensiva—. Primero con el idiota de tu padre y las demandas judiciales,
y luego con la enfermedad de tu madre. Lo entiendo. Pero las cosas van
mejor, ¿no? Deberíamos salir. Los viernes por la noche me vienen mejor
porque no trabajo ni tengo clases el sábado por la mañana. Podemos
quedar con tu «nadie especial» y yo buscaré a alguien. Ya me dices —Con
esas palabras, Yoongi arrancó la moto y se puso el casco.11
Cuando su primo dobló la esquina, Jungkook abrió la puerta de su coche y
arrojó la bolsa de deporte al asiento del copiloto. Las cosas iban mejor, sí,
pero no saldría con Yoongi los viernes por la noche durante una buena
temporada. No cuando se follaba a una persona distinta cada viernes por la
noche. Bueno, ese no sería el caso durante las tres siguientes semanas.
Estaban reservadas para Taehyung y sus lecciones sexuales.
Nunca había imaginado que interpretaría el papel de maestro en la fantasía
de «La profesora me pone cachondo», pero debía admitir que la idea lo
excitaba más de lo que se había imaginado.2
Sabía que era un error, pero estaba deseando que llegara el viernes por la
noche.
◍ 07 ◍
Cuando por fin llegó la noche del viernes, Taehyung era un manojo de
nervios. Le resultaba imposible detener el tamborileo de los dedos sobre la
mesa del restaurante mientras esperaba a que apareciera Jungkook.
Había concertado la cita a través de la aplicación móvil de la agencia. Con
la configuración tan excelente que tenía, era tan fácil como comprar
billetes de avión, pero sin acumular puntos. Le mandaron el mensaje de
confirmación a su bandeja de correo electrónico, pero ése fue el único
indicio que obtuvo de que la cita seguía en pie.1
La posibilidad de que Jungkook hubiera cambiado de opinión seguía
preocupándolo.
Ojalá tuviera su número de móvil, pero supuso que nunca se lo daba a sus
clientes. Era demasiado personal. Sobre todo si tenían la costumbre de
obsesionarse.
Algo que era una de sus mayores debilidades, y una característica
definitoria de su trastorno. No sabía cómo interesarse a medias por algo. O
se mostraba indiferente o… se obsesionaba. Y sus obsesiones no eran
pasajeras. Lo consumían y se convertían en parte de él. Las atesoraba y las
incorporaba a su vida. Como le pasaba con el trabajo.77
Debía irse con cuidado con Jungkook. Todo lo relacionado con él le
gustaba. No solo su aspecto, sino también su paciencia y su amabilidad.
Era bueno.2
También era una obsesión a punto de consumirlo.7
Con suerte, conseguiría mantener la cabeza fría durante las próximas
semanas. Tal vez fuera bueno que solo hubiera tres lecciones. Una vez que
terminaran, podría concentrarse en alguien a quien sí podría conseguir. Tal
vez en Bogum.30
Cuando el pelinegro entró en el restaurante del hotel, Taehyung se percató
de inmediato. Esa noche, llevaba un traje negro que le sentaba como un
guante sobre una camisa blanca. Sin corbata. Tenía el cuello abierto, de
modo que destacaba su nuez y la sensual curva de su cuello.27
Jungkook recorrió la estancia con la mirada hasta dar con él. Taehyung
bajó la vista a la carta, aunque no la podía ver, muy consciente de que
avanzaba muy lentamente hacia él.1
—Hola, Taehyung —Se sentó frente al pelirrubio y cruzó las manos sobre el
mantel.
Los pulmones de Taehyung consiguieron llenarse de aire muy despacio, y
así captó el leve aroma del pelinegro. Sintió un vuelco en las entrañas y
suspiró. Con sensación derrotada, lo miró a los ojos, contó hasta tres y,
luego, apartó la mirada.
—Hola, Jungkook.
—¿Ya estás nervioso? —El pelirrubio soltó una tímida carcajada.
—Llevo nervioso desde el sábado.
—Ahora que lo recuerdo… ¿Con quién hablabas por teléfono cuando me
fui?
—Con mi madre. Se llama Seungmin. Por cierto, ahora cree que eres mi
novio —Jungkook, que también sonreía, se llevó un nudillo a los labios.20
—Entiendo. Y eso... ¿será un problema?
—La verdad, creo que es algo bueno. Ahora que cree que tengo novio,
debería dejar de concertarme citas a ciegas.
—Ah, la madre que concierta citas a ciegas. La conozco muy bien.11
—¿Eso quiere decir que no tienes pareja? —Nada más pronunciar las
palabras, se arrepintió—. Lo siento. Olvida que te lo pregunté.
No tenía derecho a preguntarle por su vida privada, pero la curiosidad lo
quemaba por dentro. Quería saberlo todo de él. Y si tenía pareja, fuera
quien fuese la persona afortunada, la odiaba con todas sus fuerzas.
—No, no tengo —contestó, como si fuera algo evidente.+
—¿Con qué clase de personas intenta emparejarte tu madre?
—Con doctores. Y con enfermeras. A estas alturas, creo que mi madre ha
intentado emparejarme con todo el personal de la segunda planta del
centro médico de Ulsan.24
—Sí que está decidida —dijo con sorpresa.
—No sabes hasta qué punto. No conoces a mi madre.
Taehyung se obligó a sonreír y se concentró en la carta. ¿Qué decía de él el
hecho de que quisiera conocer a su madre? No, un momento, ya conocía la
respuesta. Decía que estaba loco. Las madres eran osas aterradoras en lo
referente a sus hijos, sobre todo con hijos como Jungkook.
Y él no era doctor.13
Se acabó. No estaba saliendo con Jungkook. Daba igual lo que su madre
pensara de él. No iba a conocerla en la vida. Tenía que concentrarse de
nuevo en lo importante.4
—Hablemos de mis lecciones —dijo con brusquedad, queriendo cambiar de
tema.
—Me parece buena idea.
Jungkook se reclinó hacia atrás en la silla, con aspecto relajado. Taehyung
intentó imitar ese aire relajado mientras sacaba tres folios doblados de su
bolso.
—Dado que vamos mal de tiempo, me tomé la libertad de hacer una
programación para las lecciones. No son puntos inamovibles. De hecho, te
invito a que sugieras cambios donde creas conveniente. No sé si lo que
escribí es plausible, pero me ayuda a que todo esté estructurado. No
reacciono bien a las sorpresas —El pelinegro adoptó una expresión
indescifrable.17
—Una programación para las lecciones.
—Así es —Apartó el salero y el pimentero, así como el candelabro. Después
de dejar los folios en el centro de la mesa, alisó los pliegues con las puntas
de los dedos y señaló la primera hoja, que tenía el título de «Primera
lección»—. Puse casillas de verificación al lado de cada punto para que
podamos tacharlas conforme los tratemos.8
Con la vista clavada en el folio, Jungkook abrió la boca para hablar,
contuvo la respiración y se dio unos golpecitos en los labios con un dedo.
—Dame un segundo…
PRIMERA LECCIÓN
• Teoría y demostración práctica de una masturbación60
• Práctica de una masturbación1
• Evaluación del rendimiento171
• Teoría y demostración de relaciones sexuales en la posición del misionero23
• Práctica de relaciones sexuales en la posición del misionero14
• Evaluación del rendimiento
143
Jungkook leyó y releyó la aséptica programación de la lección y la sorpresa
se tornó en sorna, antes de que esta se disipara conforme la frustración le
fue subiendo por la espalda y la nuca. Cerró los puños y contuvo el
repentino deseo de arrugar los folios de Taehyung en bolas de papel.1
Irritado. Estaba irritado. Mierda, y ni siquiera sabía por qué.
Con palabras como «teoría» y «demostración práctica», debería estar a mil.
Era justo como tener el papel de profesor en «La profesora me pone
cachondo», salvo que la parte de estar cachondo brillaba por su ausencia.30
—¿Quién va a verificar los puntos? ¿Tú o yo?
—Puedo hacerlo yo si no quieres hacerlo tú —se ofreció Taehyung con una
sonrisa.
Se imaginó al pelirrubio deteniéndose en mitad del polvo para ponerse las
gafas y anotar algo en un cuaderno. Como si él fuera un robot sexual o un
maldito experimento científico.83
—Me di cuenta de que no hay besos —replicó.
—Tenía la impresión de que ya habíamos pasado esa fase.
Levantó las cejas al oírlo. —¿Qué te hace pensar eso?
—Dijiste que había aprendido muy rápido, así que es mejor no perder el
tiempo con eso. Besarte hace que me cueste pensar, y de verdad que
quiero aprender bien. Además, parece que es algo que hace la gente
cuando está saliendo… y nosotros no estamos saliendo. Quiero que las
cosas sean profesionales y claras entre nosotros.34
Jungkook lo vió beber un sorbito de agua helada y después soltar el vaso,
dejando una capa húmeda y brillosa en sus labios… unos labios que él
tenía prohibido besar.3
Los besos de Taehyung ya no eran para él. Se suponía que tenía que follarlo
y hacer que aprendiera, pero iba a reservar esos dulces labios para otro. La
idea casi le provocó un arrebato de furia, y tuvo que aplastar esos
sentimientos.33
—Has visto Pretty Woman demasiadas veces. Besar no significa nada, y
siempre es mejor que no pienses demasiado cuando estás en la cama.
Hazme caso —le recomendó y lo vio apretar los labios con obstinación.24
—Es demasiado importante para mí como para no pensar. Preferiría no
besarte más, si no te importa.86
La irritación de Jungkook se multiplicó, de modo que se obligó a relajar las
manos antes de que le explotaran todos los vasos sanguíneos.
¿Cómo mierda se había metido en ese lío? Ah, sí, porque le preocupaba la
idea de que sus colegas de profesión se aprovecharan de él. Qué idiota. Su
vida ya era complicada de por sí sin tener que preocuparse de sus clientes.
Por eso mismo tenía la política de una sola cita.
Debería deshacer el trato.
Le tentaba la idea, pero se lo había prometido. Y él siempre cumplía sus
promesas. Era su forma de equilibrar el universo. Su padre ya había
incumplido promesas de sobra por los dos.
—Muy bien —se obligó a decir—. Nada de besos.
—¿Te parecen bien los demás puntos de la programación? —preguntó
Taehyung.
Jungkook se obligó a leerlos y le parecieron bastante similares, solo que
pasó de masturbaciones a orales y cambió las posturas. Le hizo gracia, muy
a su pesar.
—Me sorprende que no hayas usado términos como «a lo perrito» o
«amazona» —El pelirrubio se puso muy colorado antes de colocarse bien
las gafas.7
—Que no tenga experiencia no significa que sea tonto.
—Tu programación se olvida de algo muy importante —Le tendió una
mano, y el chico le puso el bolígrafo en la palma con gesto titubeante.
Taehyung ladeó la cabeza mientras lo veía escribir «PRELIMINARES» en la
parte superior de la programación de cada lección, así, en mayúsculas.
Después, como si se le hubiera ocurrido en el último momento, dibujó un
cuadradito delante de cada palabra con trazos firmes.
—Pero, ¿por qué? Tenía entendido que no hacía falta.
—A ti sí —replicó Jungkook con sequedad. El pelirrubio hizo un mohín con
la nariz y meneó la cabeza.
—No tienes que molestarte por mí.
—No es molestia —Entrecerró los ojos—. A casi todos nos gustan los
preliminares. A mí me gustan. Excitar a una persona es lo más satisfactorio
del mundo —Además, no pensaba acostarse con él si no estaba listo. Ni de
broma.
—Así que me estás diciendo que no tengo la menor posibilidad de mejorar.
—¿Cómo? No —Se devanó los sesos intentando averiguar qué lo había
llevado a decir algo así, pero no se le ocurrió nada.1
—Viste mi reacción. Y fue por un solo botón.
—Y luego dormiste conmigo toda la noche. Estabas prácticamente desnudo
y te pegaste a mí.
—¿Ya saben lo que van a pedir? —les preguntó la camarera. A juzgar por el
brillo travieso de sus ojos, había oído la última parte de la conversación. El
pelirrubio observó la carta, clavando las uñas en la tela que la recubría.
—Queremos el especial de la casa —contestó Jungkook.
—Buena elección. Los dejo solos —La camarera les guiñó un ojo, recogió las
cartas y se marchó.45
—¿Cuál es el especial de la casa? —preguntó Taehyung.
—No tengo ni idea. Espero que no sea cordero — Vio al pelirrubio torcer el
gesto mientras se inclinaba sobre la mesa con gesto titubeante, mirándolo
a los ojos por un brevísimo segundo.2
—¿A qué te refieres exactamente con eso de que dormí «pegado» a ti?
—Me refiero a que te gusta acurrucarte cuando duermes —Sonrió.23
—Oh.
Parecía tan espantado que Jungkook fue incapaz de contener una
carcajada.
—Confieso que me gustó.
Algo que era cierto, y nada habitual en él. Acurrucarse era algo obligatorio
que hacía con sus clientes porque comprendía que ellos lo necesitaban.
Normalmente, solía contar en silencio los segundos hasta que podía irse a
casa y ducharse. Abrazar a Taehyung no se pareció en nada a eso. Como no
hicieron nada, no hubo necesidad de ducharse, y la confianza con la que se
había acurrucado contra él hizo que sintiera cosas en las que prefería no
pensar. Sobre todo, cuando al pelirrubio le resultaba tan desagradable. Su
irritación aumentó todavía más.1
—¿Dónde nos deja eso con las lecciones? ¿Cómo avanzamos cuando mis
limitaciones son unos obstáculos tan insalvables? Al concentrarme en ti,
supuse que había encontrado la forma de sortear mis problemas.
—No vamos a sortear tus problemas. Vamos a enfrentarlos sin rodeos.
Taehyung cruzó los brazos por delante del pecho y empezó a tamborilear
un ritmo extraño sobre su codo.
—¿Cómo?
—Vamos a… desbloquearte.
Acababa de parecer un idiota arrogante, pero no había conseguido que sus
clientes lo puntuaran con cinco estrellas por casualidad. Cuando perdió la
virginidad a la avanzada edad de dieciocho años, descubrió que tenía un
talento natural para follar. Hacerse profesional había conseguido que su
habilidad alcanzara nuevas cotas.18
—No creo que sea posible —Taehyung torció el gesto, como si estuviera
oyendo a un vendedor de coches de segunda mano.
—¿Pensaste que te gustaría besar?
Estaba seguro de que al pelirrubio le había gustado… en cuanto se olvidó
de lo del pez piloto. Había esperanza para él. A las personas no se les
aflojaban las rodillas y se quedaban al borde del desmayo si no les gustaba
el sexo. Solo tenía que averiguar cómo hacerlo responder.
Su cliente golpeó suavemente con el dedo uno de los cuadraditos junto a la
palabra «preliminares».
—¿Qué pasa si lo intentas todo y no me gusta? Tenemos una limitación de
tiempo extrema.
—No creo que lleguemos a eso —Pero, de ser así, ya lo afrontarían a su
debido momento.
—Entonces… lo intentaremos a tu modo.
Jungkook sonrió con anticipación. Taehyung esperaba que él le enseñara
sobre el buen sexo, y ésa era una de sus mayores especialidades.
◍ 08 ◍
Una vez que entraron y cerraron la puerta de la habitación, Jungkook se
quitó los zapatos y se acercó al ventanal.4
Cuando descorrió las cortinas, descubrió una preciosa vista y, a lo lejos, se
alcanzaba a observar el hospital, que le recordó a su madre, las facturas,
sus responsabilidades y lo que ganaba como acompañante. Algo en lo que
no quería pensar en ese momento.
Corrió con brusquedad las cortinas y se dio media vuelta. Taehyung estaba
a los pies de la cama. Apartó la mirada de él y empezó a juguetear con el
papel que tenía en las manos. La programación. Se imaginó haciendo trizas
el papel. No sabía por qué, pero detestaba esas listas.
En vez de meterse de lleno en el papel de la fantasía, se acercó al
pelirrubio, le quitó los papeles de las manos y los dejó con cuidado en la
mesilla. En un cajón, descubrió un bolígrafo plateado que colocó sobre la
programación de la primera clase. Si Taehyung tenía la suficiente claridad
mental como para ir marcando casillas durante la noche, se vería obligado
a revisar su técnica. Bajó la intensidad de las luces situadas junto a la cama.
—¿Cómo debería…? ¿qué debería…? ¿y si…? —Se aferró el cuello de la
camisa—. ¿Tengo que desnudarme?
—No lo sé. No está en la programación de hoy —Se arrepintió nada más
pronunciar las palabras. Las listas de Taehyung le molestaban, pero no
tenía por qué humillarlo—. Siento…
—Tienes razón. No se me ocurrió incluirlo en la lista.48
Taehyung pasó a su lado y se acercó a la mesilla. Tras contemplar la lista un
instante, se inclinó y tomó el bolígrafo, mostrándole una de las razones por
las que no le agradaban del todo sus pantalones holgados: porque
escondían un perfecto trasero.
Jungkook tardó tanto en darse cuenta de que el pelirrubio no se había
enterado de nada. Taehyung no se había percatado de sus malos modales
ni de su sarcasmo. A lo mejor era uno de esos ratones de biblioteca que no
sabían relacionarse con los demás y estaba siendo demasiado duro con
él.37
—Si te dijera que tus programaciones me resultan insultantes, ¿qué harías?
—le preguntó en voz baja. El pelirrubio lo miró por encima del hombro con
expresión alarmada.
—¿Hay partes que debería redactar de otra forma? Las cambiaré ahora
mismo —Miró de nuevo la programación y recorrió las líneas con los dedos,
como si estuviera analizándolas despacio.49
La irritación que le atenazaba el pecho disminuyó. No podía enfadarse con
él cuando estaba claro que no lo entendía. Lo vio morderse el labio inferior
mientras tamborileaba con los dedos sobre la mesilla cada vez más rápido
antes de mirarlo de nuevo, nervioso.2
—¿Debería haber escrito otra cosa que no fuera «Evaluación del
rendimiento»? Espero que hayas entendido que me refería a mi
rendimiento. El tuyo no necesita evaluación alguna. Y, aunque ese no fuera
el caso, no sabría qué decir al respecto. No estoy cualificado para juzgar…
Jungkook lo interrumpió antes de que acabara provocándose otro ataque
de pánico. —Solo era una pregunta hipotética. Olvídala.
Taehyung pareció confundido un instante, pero la expresión desapareció
tras parpadear y soltar un suspiro aliviado.
—Ah, bien —Se subió las gafas por la nariz, se dio la vuelta para examinar
de nuevo los papeles y modificó el apartado, con letra clara, para que se
leyera «Evaluación del rendimiento de Taehyung».37
Fue un buen recordatorio. El fin era ayudar a Taehyung a enfrentarse al
sexo. Nada más. ¿Qué importaba que el pelirrubio no enfocara todo el
asunto como la realización de sus fantasías secretas igual que hacían otros
clientes? Debería aplicarse sus propios consejos y dejar de pensar.
Mientras el pelirrubio pasaba a la segunda página, él se quitó la americana,
la dejó en el brazo de un sillón y se desabrochó la camisa y los puños de
ésta. Se sentó en la cama, al lado de Taehyung, que lo miró de reojo y
acabó clavando la mirada en la zona de su cuerpo expuesta después de
desabrocharse la camisa. El bolígrafo se detuvo y se le cayó de las manos,
golpeando la mesilla.+
Jungkook sonrió, satisfecho. Ya no parecía tan objetivo.
Lo vio enderezar los hombros, tras lo cual el chico se llevó las manos al
cuello de la camisa y empezó a desabrochársela con una lentitud
desquiciante. La prenda cayó al suelo, seguida por los pantalones. Acto
seguido, el pelirrubio lo miró con gesto decidido mientras le permitía
mirarlo.
Y eso fue lo que Jungkook hizo, mirarlo a placer.
Por regla general, le gustaban las personas con caderas más voluminosas y
muslos más contundentes. Le gustaba su suavidad y poder acariciarlos a
manos llenas. Pero Taehyung no era así. En él todo era discreto.1
Llevaba una delgada camiseta interior blanca y unos calzoncillos del
mismo color, y su cuerpo estaba formado por unos hombros y unos brazos
elegantes, una cintura estrecha que daba paso a unas caderas de suaves
curvas y unas piernas torneadas. No era lo que siempre había pensado que
deseaba, pero era perfecto.
—Quítate la camiseta —dijo con más brusquedad de la que pretendía, pero
no pudo evitarlo. Se moría por ver el resto de su persona. Tal vez Taehyung
no hubiera fantaseado sobre las noches que iban a pasar juntos, pero él
sí.39
—¿Eso es necesario? No es mi mejor rasgo —preguntó, apretando los puños
a ambos lados del cuerpo.
—Sí, es necesario. Quiero verte —Y tocarlo. Dios, estaba desando tocarlo.7
El pelirrubio hizo una mueca, como si quisiera discutir con él. Cuando vio
que se llevaba las manos al borde inferior de la camiseta y la subía
lentamente, contuvo el aliento. Y, después, se mordió el labio mientras
sonreía.
Taehyung no parecía ser consciente, pero tenía el tipo de pezones con los
que todos soñaban. Areolas de color rosado y unos lindos pezones que, sin
lugar a dudas, se pasaban el día duros, ya hiciera frío o calor, lloviera o
hiciera sol.7
Kim Taehyung, el economista conservador, tenía unos pezones
irresistibles. Y él se moría por probarlos.
—¿Qué hago ahora? —preguntó Taehyung con un hilo de voz. Jungkook se
quitó la camisa y la arrojó hacia el otro extremo de la cama.
—Creo que ya puedes tachar una cosa de la lista —El pelirrubio apartó la
vista de su pecho y lo miró a la cara como si hubiera hablado en otro
idioma.
—Bien —dijo tras parpadear varias veces.
Se inclinó y marcó una de las casillas del principio de la lista. Después, se
subió las gafas por la nariz e hizo una pausa. Se quitó las gafas y movió las
manos de forma nerviosa. Esos bonitos ojos cafés de mirada vulnerable se
clavaron en Jungkook antes de desviarse hasta la pared que tenía al lado.
El pelinegro sintió que se quedaba sin aire en los pulmones mientras se
derretía por dentro y por fuera se ponía duro como una piedra.
Taehyung era precioso. Y estaba asustado. ¿Cómo podía calmar su miedo?2
—Deja que te abrace —El chico se acercó todo lo que pudo sin llegar a
tocarlo. Jungkook contuvo una sonrisa—. Me sería más fácil si te sentaras
en mi regazo —Tras morderse el labio, Taehyung separó las piernas y se
sentó a horcajadas sobre él.42
Mierda, demasiado cerca.
Esa parte de su cuerpo, totalmente abierta. Se le puso dura al instante,
pero se obligó a ir despacio. Lo importante era Taehyung. Esperaba que se
sentara tieso hasta que se le ocurriera algún tipo de hechizo que lo relajara,
pero se acomodó de inmediato sobre él y le apoyó una mejilla en un
hombro. En cuanto sus brazos lo rodearon, soltó un suspiro entrecortado y
se derritió contra él.27
Los segundos se convirtieron en minutos y Jungkook se permitió saborear
el momento: estar con una persona sin hablar, sin follar y sin hacer nada. El
silencio de la habitación era tal que oía el tráfico de la calle. La gente que
hablaba y se alejaba por el pasillo.
—¿Te estás quedando dormido otra vez? —le preguntó al pelirrubio,
rompiendo el silencio.
—No.
—Bien —Le pasó los dedos de una mano por el brazo y sonrió al ver que su
piel se erizaba. Después, le acarició el cuello con la nariz, inhaló su dulce
olor y le besó la zona situada detrás de la mandíbula. Sus labios lo
reclamaban, pero, en vez de dirigirse a ellos, le chupó el lóbulo de la oreja y
se lo mordió, arrancándole un trémulo suspiro.1
—¿Estos son los preliminares? —preguntó Taehyung con un hilo de voz que
le provocó una oleada de satisfacción.
—Sí —Aunque sabía la respuesta, se lo preguntó al oído—: ¿Te gustan?
Taehyung se estremeció y se acurrucó más contra su cuerpo mientras los
escalofríos se extendían por su piel.
—Sí, pero no es lo que esperaba.
—¿Qué esperabas? —El pelirrubio negó con la cabeza, quitándole
importancia—. Dime si quieres que pare o si tienes algo específico en
mente que quieres que haga —Mientras hablaba, le enterró los dedos en el
pelo y le echó la cabeza hacia atrás. Le dejó un reguero de besos en el
mentón, le mordisqueó la barbilla y le besó la comisura de los labios.
Demasiado cerca de la tentación que era su boca. Lo abrumaba el doloroso
deseo de capturar sus labios con un beso apasionado, y estuvo a punto de
sucumbir pese a todo. Llevaba toda la semana soñando con esa boca. Con
la sensación de estar nadando contra corriente, se obligó a besarle la
garganta—. Tócame —le dijo al mismo tiempo que lo tomaba de las manos
y se las colocaba en el pecho.4
Taehyung tanteó hasta dar con sus pezones. Como si su textura le
fascinara, se los frotó con los pulgares hasta endurecérselos. Jungkook
sintió que se le tensaban los músculos mientras se estremecía de placer.
—¿Así está bien? —preguntó Taehyung.
—Me gusta. Y esto también —Capturó sus pezones y se los pellizcó a modo
de ejemplo.
Taehyung contuvo el aliento y se miró el pecho. Sus manos blancas sobre
esa piel morena y esos pezones tan increíbles entre sus dedos
conformaban una estampa erótica, desde luego que sí. No pudo resistirse a
darle otro pellizco y a disfrutar de su jadeo.
—¿Por qué me gusta tanto que me hagas eso? —El asombro de su voz le
arrancó una sonrisa al pelinegro.3
—¿Quieres probar algo todavía mejor? —Una vez que el pelirrubio asintió
brevemente con la cabeza, Jungkook añadió—: Ponte de rodillas sobre mis
piernas.34
Jungkook sintió cómo se le tensaban los muslos mientras se levantaba
sobre su regazo. Tenso y con la respiración superficial, Taehyung le colocó
las manos sobre los hombros. Tal como había planeado, la nueva posición
dejaba los pezones del pelirrubio a la altura de su cara. Sonrió al pensar
que, como no tuviera cuidado, acabaría sacándole un ojo con uno de ellos,
sobre todo con lo duros que estaban. Solo en su profesión se corría el
riesgo de perder un ojo por asalto de un pezón.17
Aunque, para ser sincero, no tenía la impresión de estar trabajando. Su
cabeza no estaba repasando ninguna fantasía, y tampoco se estaba
diciendo una mentira cada quince segundos. Ese momento, ese chico y la
innegable atracción que sentía por él eran reales.9
Le recorrió la espalda con las palmas de las manos una y otra vez hasta que
lo sintió relajarse. Le besó las clavículas con lentitud. Taehyung tensó los
dedos y le clavó las uñas en la piel.
—¿Estás bien, Taehyung? —le preguntó tras apartarse de él. El pelirrubio
carraspeó.
—Dime qué estás planeando. Por favor.
—Voy a chupar estos bonitos pezones y a lamerlos con la lengua —Sus
manos se aferraron con más fuerza a sus hombros.17
—Tu respuesta fue más gráfica de lo que esperaba.
—¿Cómo lo habrías descrito tú? —Desplazó los labios de las clavículas
hasta el lugar donde la piel acaramelada daba paso a la rosada areola.
—No sé qué… —El pelinegro rodeó el pezón con los labios y se lo chupó—.
¡Jungkook!49
Oírlo pronunciar su nombre fue algo tan inesperado como estimulante. Lo
acercó aún más para poder darse un festín. Ningún hombre podría
conservar la cordura con semejante chico como él, en frente, al alcance de
su lengua.
Tras soltar el pezón, se dirigió al otro. El pelirrubio le enterró los dedos en
el pelo sin ser consciente de lo que hacía, mientras se retorcía y arqueaba
la espalda pidiéndole más. Estaba disfrutando del momento.7
Sin darse cuenta de lo que hacía, apartó los labios del pezón y trazó un
camino ascendente por su cuello en dirección a la boca. Se detuvo en el
último segundo y presionó la mejilla contra la del pelirrubio mientras se
reprendía mentalmente.1
Taehyung le había dicho que no quería besos, pero es que se moría por
besarlo.8
Sus labios se rozaron. La sorpresa le provocó una descarga eléctrica.
Taehyung le acarició el labio inferior con la lengua y sus instintos se
hicieron con el control. Reclamó su boca como si estuviera famélico. Su
sabor, su dulzura, el roce de sus uñas en el cuero cabelludo. Un beso tras
otro y tras otro.7
—Lo siento. Sé que dije que nada de besos —Lo besó de nuevo—. Pero no
pude resistirme. Me pasé toda la semana pensando en besarte.84
Las palabras de Taehyung lo atravesaron. Después de todo, Jungkook no
había sido el único.
—Y ahora parece que no puedo parar —añadió el pelirrubio con un
murmullo ronco que surgió de su garganta mientras lo besaba de nuevo.
—Pues no pares.39
Su lengua salió al encuentro de la de Taehyung, y lo sintió derretirse entre
sus brazos. El pelirrubio comenzó a mover las caderas contra su abultada
bragueta. No deseaba tanto a una persona desde…
¿Cuándo había deseado tanto a alguien?2
Se apartó de Taehyung y lo vio separar los labios, de los que surgían
trémulos suspiros de deseo. El pelirrubio tardó un instante en enfocar la
vista para mirarlo y, en ese momento, Jungkook supuso que se daría media
vuelta para marcar otra casilla de la lista. En cambio, le rodeó el cuello con
los brazos y lo estrechó con fuerza mientras le daba un beso en la sien. Lo
invadió la repentina impresión de sentirse querido.48
Taehyung no actuaba como si lo que sucedía entre ellos fuera un servicio
por el pago recibido. Actuaba como si en realidad significara algo, como si
le importara, como si él le importara.
Otra habitación de hotel, otra cama y otro cliente entre sus brazos. Una
noche de viernes normal y corriente. Solo que nunca se había sentido tan
expuesto, tan vulnerable, y eso que todavía llevaba puestos los dichosos
pantalones.
Se suponía que solo iban a follar. No había nada sentimental en el acuerdo.
No podía seguir adelante si había sentimientos de por medio. Porque eso
convertiría su trabajo de acompañante en una infidelidad, y se negaba a
serle infiel a alguien. Había llegado el momento de dejarse de tonterías y de
pasar a la acción.14
Jungkook lo acostó en la cama y se acomodó entre sus piernas, y Taehyung
sintió algo gélido que se extendía por sus entrañas, devolviéndolo a la
realidad. Algo metálico. La hebilla del cinturón.
Se habían salido del guión. ¿Qué se suponía que tendrían que estar
haciendo? Repasó la lista mentalmente. Una masturbación. Debería estar
aprendiendo a hacerlas.
El pelinegro dejó un reguero de besos en su cuello, de manera que tenía la
boca libre para hablar, pero para entonces apenas recordaba lo que había
estado a punto de decir. Sintió el roce de sus dientes en la piel y, al
instante, los escalofríos recorrieron su cuerpo. Se le endurecieron los
pezones hasta un punto doloroso, pero las cálidas manos de Jungkook los
aliviaron. Acto seguido, le lamió uno antes de chupárselo de nuevo,
provocándole oleadas de placer.
Una mano áspera descendió por su abdomen y se coló por debajo del
elástico de la ropa interior. Esos dedos tan diestros lo acariciaron sin
piedad. Lo estaba tocando allí. Donde más lo necesitaba, aunque no lo
hubiera descubierto hasta ese momento. Otros hombres lo habían tocado
antes, pero no había sentido lo mismo. Solo respondía de esa manera
cuando estaba solo, y jamás con semejante intensidad.
—Taehyung, estás tan excitado —Jungkook murmuró, y le acarició el
endurecido pezón con los labios entre sílaba y sílaba.
El cálido roce de su aliento chocando contra su piel hizo que se
estremeciera antes de que se llevara el pezón a la boca y lo mordiera con
delicadeza. Su cuerpo se tensó al instante, y lo hizo aún más cuando sintió
que lo penetraba con un dedo lubricado.10
En cuanto empezó a acariciar su miembro con movimientos lentos,
comenzó a temblar. Otro lametón al pezón antes de llevárselo al ardiente
interior de la boca y no necesitó más. El ascenso al orgasmo fue así de
rápido e intenso.
Y lo aterrorizó.23
—¡Para, para, no estoy preparado! —le clavó las uñas en la muñeca.39
Mientras Jungkook se apartaba, el pelirrubio clavó los talones en el
colchón y se alejó hasta el otro extremo de la cama, tomó una almohada y
se la puso delante del pecho para taparse. Su frialdad lo ayudó a atenuar la
excitación al mismo tiempo que tomaba hondas bocanadas de aire. El
orgasmo que había estado a punto de alcanzar se desvaneció.5
El pelinegro lo miraba boquiabierto, sin comprender nada. Taehyung
sentía las mejillas ardiendo y una opresión en el pecho por culpa de la
vergüenza. Seguro que era el peor cliente que había tenido en la vida.2
Jungkook intentó acercarse, pero a Taehyung lo invadió el pánico y se alejó
más de él, así que retrocedió.
—Taehyung, tranquilízate. No voy a… tocarte. No te tocaré si no quieres —
El pelirrubio abrazó la almohada.
—Lo sé. Lo siento. Es que…
—¿Qué hice mal?
—Nada —El pelinegro levantó las cejas, porque no le creía—. Nunca he
tenido un orgasmo con otra persona —confesó. Lo vio entreabrir los labios
y menear la cabeza. Abrió la boca para decir algo, pero al instante la cerró
de nuevo.36
—¿Eso significa que nunca has tenido un…? ¿Nunca?
Le ardía tanto la cara que, de haber tenido las gafas puestas, se le habrían
empañado los cristales.
—Sí lo he tenido. Pero solo.
—¿Y no te gusta? —le preguntó, asombrado.
—Me gusta —Soltó el aire con dificultad y ordenó sus pensamientos, en un
intento por ofrecerle una explicación coherente—. Es que me siento más
seguro si los tengo a solas. Y las veces que he tenido relaciones sexuales
han sido… horrorosas. Me pasaba el tiempo observando a los hombres
gruñir, sudar y moverse encima de mí. Si soy honesto, me daba mucho
asco. Quería que el sexo me acercara más a alguien, pero solo conseguía
distanciarme. No quiero que me pase eso contigo.65
—Ni de broma. Estaba a tu lado, disfrutando contigo —El pelirrubio soltó un
suspiro exasperado.
—Pero te pago para que digas esas cosas. Bueno, al menos eso es lo que tú
piensas. Pero eso no es lo que yo quiero.
—¿Te parezco asqueado? —Agitó una mano señalando en dirección a sus
caderas, donde se apreciaba sin dificultad la tremenda erección que tenía
detrás de la bragueta. Taehyung hizo un mohín, pero se mantuvo en
silencio. Si hablaba, era muy probable que acabara metiendo la pata.
Jungkook era un acompañante experimentado. Su cuerpo estaría
acostumbrado a aceptar las órdenes como si fuera un delfín en un
acuario—. Me tomas por un mentiroso.
En sus ojos apareció un brillo peligroso mientras gateaba sobre las sábanas
para acercarse a él. Taehyung retrocedió por instinto.
Y se cayó de la cama.70
—¿Estás bien? —le preguntó, asomándose por el borde de la cama.
—Estupendamente —contestó avergonzado, frotándose la cabeza. El
pelinegro contempló su cuerpo desmadejado y tirado en el suelo durante
un buen rato.4
—Creo que deberíamos dejarlo aquí.
Taehyung se incorporó hasta sentarse con la espalda apoyada en la pared y
se abrazó las rodillas. Las casillas que quedaban sin marcar eran un peso
en su conciencia, pero necesitaba comprender y desentrañar las
emociones que luchaban en el interior de su cabeza antes de seguir
avanzando.
Sin decir palabra, Jungkook se levantó, se puso la camisa y se la abrochó.
Taehyung contuvo una protesta mientras veía cómo desaparecían detrás
de la ropa esa piel y esos músculos que la preocupación y el desconcierto
no le habían permitido admirar como merecían.
Una vez que el pelinegro se puso los zapatos y la americana, Taehyung
recordó algo. Se puso en pie de un brinco y sacó la tablet del bolso.
—Un momento —Fue difícil dar con la página adecuada mientras sostenía
la almohada delante de su cuerpo con un brazo, pero al final la encontró y
le dio la tablet a Jungkook.
—¿Qué es esto?
—¿Podrías solicitar el alta de un número de teléfono alternativo, por favor?
Creo que es una buena idea poder estar en contacto durante la semana si
lo necesitamos. Por razones logísticas. Hablé con el servicio de atención al
cliente de la agencia y les sugerí que implementen un programa de
mensajería que sea anónimo, pero mientras lo hacen… —El pelinegro
esbozó una sonrisa mientras observaba la reluciente pantalla.
—Me diste tu número de teléfono real. Me sorprende que no esperes el mío
a cambio.
—Esto es mejor para ti, ¿no? —Porque para Taehyung era mejor, desde
luego.
Una vez que las clases llegaran a su fin, a ninguno le agradaría que
Taehyung se pasara los días llamándolo solo para que Jungkook le colgara.
No se veía actuando de esa forma tan desesperada, pero, claro, nunca
había estado obsesionado por una persona. Porque no lo estaba.
Todavía.37
La expresión del pelinegro le resultó inescrutable al responder.
—Tienes razón —Se sacó el móvil del bolsillo de la americana y navegó un
instante en ambos dispositivos a través de distintas páginas. Al cabo de un
momento, Taehyung oyó la vibración del móvil en su bolso—. Hecho —dijo
Jungkook con una sonrisa.
—Perfecto. Gracias —Se obligó a devolverle la sonrisa. Lo vio dar un paso
hacia la puerta, pero después se detuvo.
—Deberíamos hacer algo el próximo viernes. Ir a algún sitio.
Taehyung sintió que le daba un vuelco el corazón. —¿A algún sitio?
—¿A bailar? ¿A beber algo? ¿A un club? Me dijeron que hay un sitio nuevo en
Ulsan…
—Yo no bailo —Y tampoco bebía. Y, aunque jamás había pisado un club,
estaba seguro de que eso tampoco iba con él.
—Puedo enseñarte. Eso nos ayudará con las clases cuando nos pongamos
con ellas por la noche. Confía en mí.
«Confiar.»
Era la segunda vez que Jungkook le pedía que confiara en él. ¿Qué pensaría
si Taehyung le explicaba lo difícil que era para él hacer cosas como bailar o
beber? Se suponía que salir era divertido. Para él, era un trabajo. Un trabajo
difícil. Podía relacionarse con otras personas si quería, pero le costaba.
Unas veces más que otras.3
Dadas las circunstancias, ¿valdría la pena intentarlo?
—¿Cómo va a ayudarnos eso con las lecciones? —preguntó.1
—Piensas demasiado. Te ayudará a evadirte un poco, a relajarte. Además,
bailar se me da muy bien. Nos divertiremos. ¿Vamos?4
Se dijo que era la idea de «evadirse un poco», significara lo que significara,
y la de marcar unas cuantas casillas más lo que lo ayudó a decidirse. Pero,
en realidad, eso solo era una parte. Porque lo que lo motivó mayormente
fue el brillo ávido que vio en los ojos del pelinegro. Jungkook quería salir, y
quería que él lo acompañara. Era como una cita. Pero no lo era, claro. Sabía
que no era una cita.
—No te garantizo que sea capaz de bailar.
—¿Eso significa que te apuntas al plan? —El pelirrubio levantó la barbilla y
asintió en silencio. Jungkook sonrió, dejando a la vista esos dientes tan
blancos—. Genial. Yo lo organizo y luego te cuento. Estoy deseando que
llegue el viernes —Se inclinó hacia él, le dio un beso fugaz en la mejilla y se
marchó.
Taehyung corrió a ponerle el seguro a la puerta y regresó a la cama,
aturdido.
Se suponía que iban a ser unas sencillas lecciones de sexo. ¿Por qué se
estaban complicando tanto? ¿Por qué lo había traicionado su cuerpo? Y,
¿por qué quería complacer a Jungkook hasta tal punto que había aceptado
ir a un club con él? ¿Quién era?
Había llegado a un extremo en el que no se reconocía.
◍ 09 ◍
—No está nada bien tomar el postre primero —dijo Taehyung.21
Sabía que parecía pedante y aburrido, pero era incapaz de contener el
parloteo insulso que salía de sus labios. La ansiedad que le provocaba la
idea de salir había aumentado exponencialmente durante la última
semana.
Además, el pelinegro le había tomado la mano. Le sudaba tanto la palma
que no sabía cómo soportaba tocarlo, mucho menos comportarse como si
fuera lo más normal del mundo, pese a las miradas curiosas y los
murmullos de desaprobación.
Por raro que pareciera, había aguantado los preliminares mejor que eso, al
menos hasta la última parte, y eso que estaba desnudo. No podía echarle la
culpa de su reacción a la aversión que tenía al contacto personal. Le
gustaban las caricias de Jungkook.
Tomados de la mano, pasearon por las bulliciosas calles de Ulsan. La
mayoría de los transeúntes con los que se cruzaban les sonreían y otros
pocos los observaban con miradas juzgadoras. Un chico alto y castaño,
ataviado en una camiseta blanca y unos jeans oscuros, miró al pelirrubio y
le guiñó un ojo antes de mirar a Jungkook con evidente envidia.10
Al parecer, todos creían que Jungkook y Taehyung eran pareja. El
pelirrubio se habría reído de no tener la sensación de que estaba
participando en una farsa.
Un grupo de chicas, riéndose a carcajadas y con vestidos cortos, pasaron
junto a ellos y los observaron fijamente, llegando a detenerse incluso, antes
de soltar risillas tontas y ponerse a cuchichear entre ellas, tapándose las
bocas con las manos. Como si ellos fueran una de esas parejas famosas y
aclamadas de las revistas, y a Taehyung le encantó.37
—Llegamos —Jungkook le soltó la mano al pelirrubio y le abrió la puerta
para que pudiera entrar en la heladería retro. El suelo era como un tablero
de ajedrez de baldosas blancas y negras. Unos candelabros rosas
iluminaban las vitrinas llenas de helados y de coberturas—. ¿Qué sabor te
gusta más?4
—Fresa —contestó.
—¿De verdad? También me gusta ese. Pues voy a pedir otra cosa, para que
probemos algo nuevo —Le acarició la cintura con gesto distraído mientras
ojeaba los helados, y Taehyung sintió que se le caldeaba el cuerpo.25
—Un momento, ¿a qué te refieres con ese plural? —Una sonrisa traviesa
apareció en el rostro del pelinegro.
—¿No quieres compartir conmigo?
La dependienta, una universitaria, miró a Taehyung como si le hubiera
dado una patada a un cachorrito.21
—No, no es eso —No del todo. Después de todas las veces que se habían
besado, sabía que era una tontería preocuparse por la transferencia de
gérmenes. El hecho era que había realizado un análisis sistemático de los
diferentes helados y había llegado a la conclusión de que ese era el mejor
de todos los existentes—. Es que sé muy bien lo que me gusta.
—Ya veremos —Jungkook le dio un golpecito a la vitrina—. Fresa para él, y
té verde para mí.
Taehyung quería pagar, pero Jungkook se sacó unos billetes de la cartera
antes de que pudiera sacar su tarjeta de crédito.
Una vez sentados a la mesa de hierro forjado negra junto al escaparate,
Jungkook tomó una cucharada de su helado, lo probó y esbozó una lenta y
enorme sonrisa al tiempo que se sacaba la cuchara de la boca y tomaba
otro poco.
—Por favor, qué ridiculez —dijo Taehyung—. Parece que estuvieras en un
casting para un anuncio de Baskin Robbins. Nadie sonríe así después de
comer helado —El pelinegro soltó una carcajada.63
—Está muy bueno —dijo, sonriendo de oreja a oreja y, por Dios, ¿tenía un
hoyuelo?18
—Vamos, ahora tengo que probarlo yo —Acercó la cuchara al cuenco del
pelinegro.
—Ah, ah, ah —En vez permitirle que tomara una cucharada, Jungkook le
acercó la suya a los labios.+
Taehyung lo miró de repente, asaltado por una serie de pensamientos
contrapuestos. No debería hacerlo. Era un gesto demasiado íntimo. Era
cruzar una especie de línea. Hacía que se pareciera demasiado a una cita
de verdad… algo que no era.
Solo era helado. Solo era su cuchara. Jungkook podría considerarlo un
rechazo si no la aceptaba, y jamás de los jamases, ni en mil años, sería
capaz de hacerle daño, ni siquiera con un gesto tan insignificante.39
Al final, separó los labios y permitió que le diera el helado. El corazón le dio
tumbos por el pecho como una bola de pinball mientras el dulce té verde se
le derretía en la boca. El pelinegro observó su reacción, expectante, sin
percatarse del efecto que tenía sobre él.
—Bien, está bueno —Intentó que su voz sonara normal. No significaba
nada. No era una cita. Solo era otro de sus clientes. «Mantén la cabeza fría»,
se dijo. Clavó la cuchara en su propio helado.
—Te lo dije.
—Pero me sigue gustando más el mío —Se llevó una cucharada de su
helado a la boca. Los trocitos de fresa crujieron entre sus dientes. La
perfección.
—Deja que lo pruebe.
Taehyung le ofreció el cuenco, pero Jungkook no metió la cuchara. Le
recorrió el labio inferior con los dedos, después sostuvo su mentón con
firmeza y lo besó en los labios. Le metió la lengua en la boca, y el té verde
se mezcló con la fresa. No sabía si sentirse avergonzado, sorprendido,
excitado o todo a la vez.144
Con un último lametón al labio inferior, Jungkook se apartó y sonrió,
mirándolo con expresión intensa y los ojos algo desenfocados.
—No puedo creer que hayas hecho algo así —Aturdido, intentó tomar otra
cucharada de helado. La cuchara de plástico resbaló por la mesa. Hizo
ademán de atraparla, pero Jungkook le tomó la mano con las suyas.
Después, volvió a besarlo, con besos dulces y sin lengua que, de todas
formas, le parecieron escandalosos. Y demasiado deliciosos como para
resistirse.12
La heladería desapareció. La gente despareció. En ese instante, solo
estaban Jungkook y él, el sabor del helado y sus labios, que se caldeaban
poco a poco.
Cuando Jungkook introdujo la lengua entre los labios entreabiertos del
pelirrubio, la helada suavidad y el dulzor y acidez de la fresa de su boca lo
volvieron loco. Se olvidó de que lo estaba seduciendo. Incluso se olvidó del
motivo. Solo tenía presente su sabor y su cálido aliento. Quería devorarlo.14
¿Sabía Taehyung que estaba gimiendo mientras le devolvía los besos? ¿O
que sus fríos dedos se habían colado por el puño de la camisa y le estaban
acariciando la muñeca?57
Ansiaba subirle las manos por los muslos, acariciar su perfecto trasero y
volver a tocarlo. Pero la última vez que lo hizo, lo asustó. Porque Taehyung
no quería que él sintiera lo que había sentido con aquellos tres idiotas.1
Los clientes nunca se preocupaban por él de esa forma. ¿Por qué lo hacía
Taehyung? Ojalá dejara de hacerlo. Le estaba comiendo la cabeza.
—Respira, amigo —dijo una voz con deje burlón—. Que estás en un sitio
público —El pelirrubio se apartó y se llevó los dedos temblorosos a los
labios enrojecidos.70
Ese día, el pelirrubio lo había sorprendido al cambiar las gafas por las
lentillas y al dejarse la frente descubierta. Incluso se había puesto un
bálsamo labial, aunque él se lo había quitado todo. Mejor así. Estaba
demasiado lindo para ser real.1
Cuando el grupo de chicos que había en la mesa contigua empezó a
aplaudir y a vitorear, Jungkook esperó que Taehyung se pusiera colorado y
se avergonzara. No lo hizo. En cambio, agachó la cabeza con ese gesto
tímido tan suyo y comenzó a reír con los demás.63
Su dulce sonrisa y su brillante mirada, sin embargo, eran solo para él, y eso
le provocó la sensación de haber derrotado él solo a un ejército entero.18
Taehyung solo lo veía a él, solo le sonreía a él, a nadie más.1
Su plan para seducirlo y que olvidara la ansiedad estaba funcionando.
Estaba segurísimo de que, cuando por fin se lo llevara a casa esa noche,
Taehyung estaría preparado para marcar las casillas más importantes de su
programación.3
Debería haber hecho eso desde el principio. Todo el mundo sabía que para
echar un polvo no se empezaba en la cama. Para eso estaban la seducción,
el romanticismo, los paseos tomados de la mano y el baile. Para eso
estaban los besos helados. El problema era que también funcionaba con él.
Cuanto más tiempo pasaba con Taehyung, más crecía la atracción que
sentía… y no solo en el plano físico.27
Si era incapaz de marcar todas las casillas durante las siguientes dos
lecciones, se sentiría obligado a extender su acuerdo, y esa era una pésima
idea. Podría cometer una estupidez y enamorarse de él.17
Ni una sola vez había imaginado un final de cuento de hadas para
semejante situación. No solo eran polos opuestos, sino que Taehyung era
rico. Si llegara a enterarse de todas las mierdas que su padre había hecho
para conseguir dinero, jamás podría confiar en él. Había un motivo para
que la gente dijera cosas como «De tal palo, tal astilla».25
Luchaba contra ese impulso y odiaba a su padre por ello, pero albergaba en
su interior la misma maldad. Era una bomba de relojería, y no quería que
Taehyung estuviera cerca cuando se le acabara el aguante y explotara,
haciéndoles daño a todos los que estuvieran a su alrededor.7
El sexo era la forma de ponerle fin a todo. Marcar las casillas, terminar las
lecciones y pasar página. Solo que, después de haberlo conocido mejor,
quería hacer algo más que enseñarle para que se le diera bien el sexo.
Quería ofrecerle las mejores noches de su vida.2
Esa noche, iba a disfrutar de un espectáculo de fuegos artificiales.
◍ 10 ◍
Después de cenar en un restaurante de cocina fusión, Taehyung y
Jungkook pasearon por Dal-dong, donde se alineaban las tiendas y locales
de prestigio y se encontraban las discotecas, clubs y bares más concurridos
del distrito.
El tráfico peatonal, conformado por turistas, habitantes de la ciudad que
disfrutaban de su fin de semana y jóvenes arreglados que salían de fiesta,
congestionaban las aceras y se desparramaban por la calzada, por la cual
circulaban los vehículos a mínima velocidad.
Así era esa área, algo que Taehyung no se había molestado en
experimentar antes. Por sorprendente que pareciera, se lo estaba pasando
bien.
Como acompañante, Jungkook era excepcional. Genial dentro y fuera de la
cama. Sus besos en público deberían haberlo avergonzado; pero, en
cambio, le habían encantado.
¿A quién no le gustaría un beso de Jungkook delante de más personas que
acabarían admirándolo y sintiendo envidia?47
Lo tomaba de la mano siempre que podía y era fácil hablar con él.
Normalmente no le gustaba hacer cosas nuevas, pero con Jungkook se
sentía seguro. Con él a su lado, formaba parte de la ajetreada vida nocturna
de Ulsan, no era solo un espectador. Había algo novedoso y maravilloso en
el hecho de formar parte de una multitud sin sentirse solo.7
Se acercaron a una zona delimitada por una serie de cuerdas de terciopelo
rojo, tras las cuales hacían cola mujeres ligeras de ropa y hombres
trajeados. Un portero miró al pelirrubio de arriba abajo con expresión
gélida, haciendo que se acercara más a Jungkook.
—¿Este es el club? —Taehyung le preguntó al pelinegro, sintiendo que la
ansiedad regresaba. Jungkook lo rodeó con un brazo y asintió con la
cabeza mientras se acercaba al portero.
—Deberíamos estar en la lista. A nombre de…
—Adelante —El portero señaló la puerta con la cabeza. Llevaba un auricular
en una oreja.
Jungkook le dio un beso en la sien a Taehyung, aferró su mano con fuerza y
caminó hacia las puertas del club nocturno. Otro portero les abrió la puerta
para que entraran y saludó al pelinegro con un breve gesto de la cabeza.
—Nos dejaron entrar porque creen que serás bueno para el negocio —le
susurró al pelirrubio al oído.7
Taehyung se puso colorado e intentó que no se le subieran sus palabras a
la cabeza. Iba peinado y arreglado para la ocasión. Él no era así en
realidad.7
En el interior del club había bastante gente, de manera que apretó los
puños y se armó de valor. Había asistido a cenas benéficas y a galas
relacionadas con el trabajo. Así que no debería tener problemas.
Las conversaciones se mezclaban con los rítmicos acordes de la música
electrónica y le saturaban los oídos. Menos mal que el ruido no era
insoportable. Incluso podía pensar.
El interior era un espacio abierto decorado con un estilo minimalista, vigas
de metal expuestas y líneas rectas. La barra se encontraba en el extremo
más alejado y en la pared adyacente el DJ controlaba la música desde su
cabina. Los asientos eran escasos y consistían en sofás tapizados
dispuestos en torno a mesas metálicas bajas. Solo había cuatro mesas, y
dos estaban ocupadas.
—Quiero una de esas mesas —dijo con voz segura y firme, y eso aumentó su
confianza y deshizo el nudo que sentía en el estómago. Las cosas iban bien.
—No son gratis —El pelirrubio se sacó la tarjeta de crédito del bolsillo
trasero del pantalón y se la entregó. Jungkook deslizó una mano por su
espalda y lo acercó a él—. ¿Qué más llevas ahí? —preguntó, mientras lo
miraba con los ojos entornados.
—La licencia de conducir. No traje el bolso, así que dejé el móvil en casa
porque no me gusta llevar muchas cosas encima.+
—Podrías haberme dado las tarjetas y el móvil para que te los guardara.6
—No lo pensé.
Taehyung sintió que le introducía los dedos por el bolsillo del pantalón y,
sin querer, frotaba su trasero haciendo que el deseo corriera por sus venas
antes de que Jungkook encontrara la licencia de conducir y la sacara. A
juzgar por el brillo que vio en sus ojos, el tacto no había sido accidental.30
La expresión del pelinegro se suavizó mientras pasaba el pulgar sobre la
foto de la licencia. Era una foto antigua en la que parecía joven y muy
tímido. Una descripción adecuada del chico que era en aquel momento. Le
gustaba pensar que, desde entonces, había ganado en sofisticación. Solo
había que ver hasta dónde había llegado.
—Fue justo después del posdoctorado.3
—¿Cuántos años tenías?
—Veinticinco —Lo vio esbozar una sonrisa torcida.
—Aparentas dieciocho. Ni siquiera pareces mayor de edad ahora mismo.
—Permíteme demostrarte que lo soy bebiendo.6
Ebrio por el triunfo y la confianza que sentía, Taehyung caminó hacia una
de las mesas vacías y tomó asiento mientras buscaba a un camarero con la
mirada. El pelinegro se metió una mano en un bolsillo y se acercó a él
caminando con una elegancia digna de una pasarela. Todo él era digno de
una pasarela, aunque el traje añadía algo más. Parecía caro y muy bien
confeccionado, mucho más elegante que lo que acostumbraba a ver en
otros hombres.1
Jungkook se acomodó a su lado, lo bastante cerca de Taehyung como para
que sus muslos se rozaran, y el pelinegro extendió un brazo sobre el
asiento, por detrás de su cabeza. Eso le gustó. Mucho. Hizo que sintiera que
lo estaba reclamando.27
—¿De qué marca es el traje que llevas? Me encanta —Tras un breve titubeo,
pasó las manos por las solapas y los hombros de la chaqueta. Jungkook
buscó su mirada y, después, esbozó una lenta y preciosa sonrisa.
—Es hecho a medida.
—Pues felicidades a tu sastre —Le echó un vistazo al interior de la chaqueta
y le gustó todavía más no ver costuras abultadas debajo del forro de seda.
El acabado era el de un experto.7
—Se lo diré.
—A lo mejor debería cambiar el mío. ¿Dónde está su taller? ¿Estará muy
ocupado? —Mientras hablaba siguió acariciándole el torso con las manos,
encantado con la firmeza de su cuerpo bajo la almidonada camisa de
algodón.
—Muchísimo —El pelirrubio suspiró, decepcionado.
—Mi sastre no es malo, pero cree que estoy loco. Además, me pincha
mucho. Sigo sin creer que siempre sea por accidente —Sintió que los
músculos del pelinegro se tensaban debajo de sus manos, y se enderezó al
instante. Su voz tenía un deje acerado y furioso cuando habló.12
—¿Quieres decir que te clava los alfileres a propósito?
¿Estaba enfadado… por él? La idea le provocó una sensación burbujeante,
y cualquier rencor que Taehyung pudiera albergar contra su vengativo
sastre desapareció al instante.
—En su defensa, debo admitir que soy muy quisquilloso. Dice que soy un
cliente delicado —confesó.
—Eso no lo justifica. Debería controlar mejor los alfileres. No es tan difícil.
Cuando tenía diez años yo ya… —Apretó los labios y se pasó una mano por
el pelo—. ¿En qué sentido eres quisquilloso?40
—Ah, bueno… —Se llevó las manos al regazo y las unió para no empezar a
tamborilear con los dedos—. Soy muy exigente con todo aquello que vaya a
tocarme el cuerpo. Etiquetas, costuras abultadas y molestas, hilos que
queden sueltos, o partes demasiado ajustadas. No soy delicado. Solo soy…
—Delicado —replicó Jungkook con una sonrisa burlona. El pelirrubio
arrugó la nariz.4
—Bien.
Una camarera ataviada con una falda negra y un top estrecho blanco con el
logo del club estampado se acercó a la mesa. Jungkook le entregó la tarjeta
de crédito de Taehyung.
—Nos gustaría reservar la mesa para el resto de la noche. Agua para mí.
¿Taehyung?
¿Jungkook no iba a beber? Taehyung ya no estaba tan seguro de querer
hacerlo solo.
—Algo dulce, por favor —La camarera levantó una ceja, pero asintió de
forma profesional.
—Ahora mismo.
Una vez que la chica se fue, Jungkook le explicó: —Tengo que conducir.19
—Me gusta esta faceta tan responsable —Sonrió.
—Jungkook siempre lo es, ¿verdad, amigo?
Un desconocido había aparecido de repente, y Taehyung lo observó,
alucinado, mientras se sentaba en el sofá situado frente a ellos. Era más
bajo que Jungkook, pero eso no disminuía la presencia imponente que
brindaba. Intentó no mirar fijamente los intrincados tatuajes que le cubrían
los brazos y el cuello, pero le resultó difícil. Nunca había visto tantos
tatuajes tan de cerca.24
—Yoongi… —Jungkook se enderezó en el sofá, nervioso. Su primo lo miró
con expresión furiosa.
—No, lo entiendo. Seguro que perdiste el teléfono o algo —Miró al
pelirrubio—. Soy Yoongi, el primo preferido de Jungkook y su mejor amigo.1
Su primo. Su mejor amigo. Los nervios de Taehyung se pusieron en tensión.
Le tendió la mano por encima de la mesa.
—Kim Taehyung. Encantado de conocerte —El pelimenta le miró la mano
con sorna antes de darle un apretón y acomodarse de nuevo en el sofá.
—Así que, después de todo, tiene novio. A ver si adivino, eres médico.
Mientras Taehyung abría la boca para corregirlo doblemente, Jungkook le
pasó un brazo por encima de los hombros y lo pegó a su costado.
—Taehyung es econometrista.
Miró al pelinegro confundido hasta que comprendió que estaba
preocupado por la posibilidad de que le revelara a su primo su condición
de acompañante. Puso los ojos en blanco. Sus habilidades sociales eran
malas, pero no tanto.30
Yoongi lo sorprendió al inclinarse hacia él con una sonrisa deslumbrante.
—Eso está relacionado con la economía, ¿verdad?7
—Sí.
—¿Ya le presentaste a Somin? —le preguntó Yoongi a Jungkook.4
«¿Quién es Somin?», se preguntó Taehyung. Pero Jungkook no pareció oír la
pregunta de su primo. Estaba pendiente de la pelirroja sentada a la barra.
Cuando la vio darle unas palmaditas al taburete que tenía al lado, soltó una
maldición entre dientes y se puso en pie.
—Ahora vuelvo.37
Taehyung se quedó helado al verlo alejarse hacia la barra. Nada más
sentarse en el taburete, la pelirroja le acarició un brazo. Empezaron a
hablar, pero la música y el ruido de la creciente multitud le impedían oír la
conversación.
¿Cuándo había llegado toda esa gente? El número de personas se había
doblado desde que él entró. Y todavía seguían llegando más.
—¿Esa… esa es Somin? —preguntó.
—No sé quién es, pero no, no es Somin —Yoongi esbozó una breve sonrisa
después de mirar al pelirrubio a la cara—. Es evidente que Jungkook no
quería hablar con ella. No tienes por qué preocuparte.31
Pero a Taehyung no le parecía que no hubiera motivos para preocuparse.
La pelirroja rio por algo que dijo Jungkook y se inclinó hacia él, pegándole
al brazo unos pechos tan generosos que provocó que su estómago se
revolviera. Lo que pasara a continuación quedó oculto a su mirada por la
gente que se congregó en torno a la barra.2
—¿Es normal que haya tanta gente? —preguntó Taehyung.
—En realidad no —Se frotó la nuca y estiró el cuello a un lado y a otro—.
Esta noche toca un DJ muy famoso y por eso está más concurrido de la
cuenta. La acústica del local es muy buena. Así que prepárate para
quedarte sordo.4
Taehyung tragó saliva para deshacer el nudo que sentía en la garganta al
mismo tiempo que lo invadía un mal presentimiento. ¿Desde cuándo
quedarse sordo era algo bueno? A esas alturas, había cientos de personas
en el local. Muchas más de las que había imaginado.5
La irritante música electrónica empezó a sonar de repente por los altavoces
encastrados en el techo y Taehyung creyó que se le saldría el corazón por la
boca. Una luz roja invadió el local y al mirar hacia arriba vio que en el techo
habían llamas. La multitud rugió, excitada, mientras él intentaba respirar.
Láser y humo. La irritante música electrónica cesó y fue sustituida por unos
delicados acordes orquestales que flotaron sobre la estancia. Antes de que
pudiera siquiera intentar relajarse, empezó a escucharse un ritmo pesado
de fondo que fue ganando intensidad.
—No te asustes —gritó Yoongi por encima del ruido—. No es fuego de
verdad. Solo son luces led y proyectores.19
La camarera apareció de la nada de repente y colocó un vaso en la mesa.
Dijo algo, pero Taehyung no la oyó. En un abrir y cerrar de ojos, la chica
desapareció entre la multitud de cuerpos que no paraban de moverse. La
música se alzó en un crescendo hasta alcanzar el clímax y la gente se fue
excitando a medida que lo hacía.4
Taehyung tomó el vaso y le dio un buen trago. Limón, cereza y amaretto.
Deseó que fuese vodka o, mejor todavía, etanol puro. El efecto sería más
rápido de esa manera.25
Se oyeron unas sirenas ensordecedoras y luego el silencio reinó en el local
durante cinco segundos, tras los cuales una melodía surgió como una
cascada de los altavoces. Sin previo aviso, el bajo volvió a sonar con un
ritmo frenético que provocaba un subidón de adrenalina. La multitud
enloqueció. El corazón de Taehyung adoptó un ritmo atropellado, y el
miedo amenazó con apoderarse de él.
Demasiado ruido. Demasiadas personas.65
Embotelló sus emociones y las enterró en lo más hondo de sí mismo
mientras se obligaba a respirar despacio. Mientras pareciera relajado por
fuera, vencería. La música era vertiginosa, pero el tiempo parecía no
avanzar.
Los cuerpos se movieron y ante él apareció la barra. La pelirroja estaba
jugueteando con el cuello de la camisa de Jungkook, inclinándose hacia el
pelinegro más de la cuenta.
Y, después, lo besó.130
Para Taehyung fue como si le hubieran dado una bofeteada. Esperó que
Jungkook alejara a la mujer de un empujón. Esperó lo que le parecieron
años, esperó hasta que la multitud se movió de nuevo y ocultó la barra otra
vez.17
Sintió el sabor del amaretto acompañado por algo ácido en la garganta.
Necesitaba vomitar. Se obligó a internarse en la multitud, empujando
cuerpos que se agitaban a un ritmo enloquecedor. Se sentía bombardeado
por la música. Cegado por los haces de luz. Rodeado por los olores a
colonia, sudor y alcohol de los cuerpos. Sufrió empujones, codazos y
rodillazos.
¿Seguiría Jungkook besando a esa mujer?
Se le llenaron los ojos de lágrimas. Los cuerpos conformaron una jaula a su
alrededor. No podía moverse. No podía gritar pidiendo ayuda.39
Una mano se cerró en torno a la suya.
¿Jungkook? No, era Yoongi.3
El primo de Jungkook empujó a la gente que lo rodeaba. Una mujer lo
insultó porque le derramó la bebida. Un chico le dio un empujón. Yoongi se
limitó a apartarlo de un codazo y pasó a su lado. Todo ello sin soltarlo de la
mano, que aferraba con fuerza. Lo guió a través del gentío, abrió una
puerta y una bocanada de aire fresco le acarició la cara.82
La puerta se cerró a su espalda con un golpe seco y la música cesó. Alguien
estaba jadeando. Los haces de luz intermitentes desaparecieron. Taehyung
se tapó los ojos con las manos y se dejó caer sobre el frío cemento. Le
temblaban tanto las piernas que no lo sostenían.
—Gracias —se obligó a decir.
—¿Estás bien?
—Voy a vomitar —Arañó el suelo con las uñas mientras trataba de
encontrar un lugar donde poder hacerlo. No le llegaba suficiente aire a los
pulmones.
—Tranquilo, tranquilo. Respira despacio —Yoongi se acercó al pelirrubio,
pero, al ver que retrocedía, se detuvo—. Siéntate derecho. Así. Respira por
la nariz y expulsa el aire por la boca.
¿Quién estaba jadeando?, se preguntó Taehyung. El sonido lo estaba
desquiciando.
—Espera aquí. Voy por Jungkook.
—No —Lo agarró por la muñeca—. Estoy bien —Apoyó la espalda en la
pared y pegó la cara en ella. Agradeció sentir la frialdad en la acalorada
sien, porque lo distrajo de pensar en Jungkook con esa mujer. En Jungkook
besando a esa mujer.1
Tenía la boca casi pegada a la pared cuando oyó que los jadeos
aumentaban y comprendió que era él quien jadeaba. Apretó los dientes, los
puños, y tensó todo el cuerpo. Los jadeos cesaron.
—¿Necesitas algo? —le preguntó Yoongi.
—Estoy bien. Solo sufrí una sobrecarga sensorial —Ya se encontraba mejor,
aunque todavía sentía un dolor palpitante en las sienes.
Yoongi ladeó la cabeza. —Mi hermano también las sufre. Es autista.65
Taehyung sintió una opresión en el pecho al oírlo. No debería haber usado
la expresión «sobrecarga sensorial». La mayoría de las personas no la
usaba. ¿Por qué hacerlo? Al verlo entrecerrar los ojos, tuvo la sensación de
que presenciaba el momento en el que todo encajaba y en su mente
aparecía la pregunta. Contuvo el aliento y deseó que no la hiciera en voz
alta. Podía ocultar la verdad, pero nunca había aprendido a mentir.7
—¿Lo eres? —Taehyung encorvó los hombros y sintió la quemazón de la
vergüenza en la garganta. Se obligó a asentir con la cabeza—. Jungkook no
lo sabe, ¿verdad? No te habría traído aquí si lo supiera. Deberías decírselo.
Solo alcanzó a negar con la cabeza. Siempre que alguien descubría su
trastorno, empezaba a comportarse como si él fuera de cristal. Eso tensaba
la relación hasta que al final se rompía. Así que ya no se lo decía a nadie. Al
parecer, eso no bastaba para evitar que algunos lo averiguaran por su
cuenta.18
—¿Me prestas un poco de dinero, por favor? Quiero irme a casa —Y su
tarjeta de crédito seguía dentro.
—¿Te vas? Jungkook debe estar buscándote.
Lo dudaba. Porque estaba ocupado.8
Mientras se ponía en pie, se asombró de la desconexión que existía entre su
cuerpo y su mente. ¿Cómo era posible que sus extremidades acataran
órdenes cuando sentía la cabeza tan cansada y vacía?
—Te prometo que te lo devolveré.
—¿Es porque esa mujer lo besó? Espero que hayas visto a Jungkook
intentando quitársela de encima. Es un desastre a la hora de defenderse de
las mujeres.73
—¿De verdad? —La esperanza brilló de nuevo en su interior, por ridículo
que pareciera.
En ese momento, la puerta se abrió y la música tecno surgió del interior.
—Están aquí —Jungkook salió y la puerta se cerró tras él, silenciando la
música. Alternó su mirada de Taehyung a Yoongi hasta posarse en el
pelirrubio—. ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
—Necesitaba aire fresco.
Yoongi frunció el ceño como si quisiera hablar, y Taehyung contuvo el
aliento. «No se lo digas. No se lo digas. No se lo digas», suplicó
internamente. Jungkook cambiaría. Todo cambiaría. Y él no quería que eso
sucediera todavía.1
—Quería que le prestara dinero para el taxi. Te vio besar a esa pelirroja y
quería irse —dijo su primo, en cambio.161
Taehyung no sabía si relajarse o preocuparse por lo que Yoongi acababa de
decir. Sus palabras lo describían como una persona emocional y posesiva.
Ojalá no fueran ciertas.
—¿Ibas a irte? ¿Así sin más? —preguntó Jungkook, sin dar crédito. El
pelirrubio clavó la vista en la acera.
—Creí que esa mujer y tú… que tú…
—No. ¿Contigo aquí? ¿Me crees capaz? Por Dios, Taehyung —Jungkook alzó
la mano hacia el pelirrubio, deseando tocarlo, pero cuando la imágen de
aquella mujer besando al pelinegro apareció en su cabeza, Taehyung
retrocedió instintivamente, poniendo distancia entre ellos, confundido,
Jungkook dejó caer la mano antes de siquiera rozarlo—. ¿Quieres volver
dentro?
—¡No! —La adrenalina corrió por sus venas, tensando todos sus músculos
de nuevo. Y añadió, en el último momento—: Por favor.
—Está bien, entonces, vamos a casa.
◍ 11 ◍
Taehyung se mostró reservado mientras recorrían unas cuantas manzanas
hasta llegar a su Model S de Tesla blanco. En varias ocasiones, Jungkook lo
vio masajeándose las sienes, pero cuando le preguntó si le dolía la cabeza
el pelirrubio masculló algo ininteligible por respuesta.7
Cualquiera pensaría que se estaba haciendo el mártir para vengarse por su
supuesta infidelidad, pero no parecía ser su estilo.
No, su estilo era abandonarlo sin media palabra.45
Cuando Yoongi le contó que quería dejarlo en el club, fue como recibir un
puñetazo en el estómago. La última persona que lo abandonó fue su
padre.3
Claro que, mientras que su padre lo dejó con un problema enorme que
solucionar, Taehyung planeaba dejarlo con su coche y con su tarjeta de
crédito.11
¿Quién hacía algo así?2
Lo peor de todo era que no se lo merecía. Ninguna de las dos veces.
Esa noche había intentado evitar que una antigua clienta chiflada montara
un caos delante de Taehyung. Geumhee era una exagerada de cuidado y le
encantaba dar espectáculos, en todos los sentidos. Dado que por fin había
conseguido divorciarse de su millonario marido y que se había quedado la
mitad de su dinero, quería recuperarlo a él y estaba dispuesta a pagar lo
que hiciera falta.25
Lo había retenido durante varios minutos, ofreciéndole cifras desorbitadas
de dinero, pero se negaba a aceptar que Jungkook prefería aventarse de un
precipicio antes que volver a su cama.
El sabor a chicle de canela, tabaco y whisky quedaría en su boca por el
resto de la noche. Era muy distinto al de Taehyung, que sabía a… helado de
fresa.27
Se metieron en el coche y Taehyung encendió la calefacción de los asientos
antes de apoyarse en el reposacabezas y de clavar la vista por la ventana,
tamborileando con los dedos sobre la rodilla con gesto ausente. Jungkook
encendió la radio para ponerle fin al silencio, pero el pelirrubio se apresuró
a apagarla. Sus dedos empezaron a tamborilear de nuevo. Era hipnótico,
aunque también irritante. Él le dirigió una mirada elocuente, pero
Taehyung ni se dio cuenta.
Después de dejar atrás la ciudad y de incorporarse al fluido tráfico, no
aguantó más el aplastante silencio.
—Cuando te pones a tamborilear así, ¿tocas una canción? ¿Como si
estuvieras al piano? —El pelirrubio detuvo los dedos y se sentó sobre las
manos.
—Es el Arabesco de Debussy. Me gusta mucho la combinación de tresillos y
de octavas.11
—¿Eso quiere decir que tocas el piano? —Cuando lo recogió en su casa en
Yaeum-dong, fue imposible no ver el enorme piano negro que dominaba el
salón vacío. Si tenía talento, además de ser listo y bastante atractivo, y de
tener éxito, oficialmente era su chico perfecto en carne y hueso. Y, de
momento, estaba tan fuera de su alcance que daba risa.1
Aunque todo el problema de su padre no se interpusiera entre ellos, no
tenía nada que un chico como Taehyung pudiera desear. Tenía la cara y el
cuerpo, pero cualquiera podía tener algo así si pagaba lo suficiente. Tal vez
Taehyung se habría sentido atraído por su antiguo yo, el hombre que era
libre para perseguir sus sueños. Aquel chico tenía muchas cosas buenas. A
esas alturas, ya casi no lo reconocía.3
—Pues sí —contestó—. Empecé a tocar antes de hablar —Jungkook levantó
las cejas al oírlo. Al parecer, además de ser su chico perfecto, también era
Mozart—. No es tan impresionante como parece —añadió Taehyung con
una mueca burlona—. Tardé en aprender a hablar.13
—Me cuesta mucho imaginármelo. Me pareces perfecto —El pelirrubio
agachó la cabeza y soltó un largo suspiro, pero cuando quiso preguntarle
qué le pasaba, se percató del lento monovolumen que tenía delante.
Cambió de carril y aceleró para adelantar al otro vehículo sin hacer el
menor ruido.
«Como quitarle un caramelo a un niño.» Le encantaban los coches rápidos.+
Claro que, pensar en coches siempre le recordaba el que tenía en ese
momento, un reluciente BMW M3, y cómo lo había conseguido.
—Es una antigua clienta loca —le dijo a Taehyung, y sintió cómo clavaba la
vista en su perfil.
—La mujer del club —El pelinegro asintió. Taehyung se llevó una mano al
puente de la nariz. Al reparar en que no llevaba las gafas y no podía
subírselas, se llevó la mano a la nuca—. ¿Te gustó besarla?5
—No la besé. Ella me besó a mí. Y no, no me gustó.
—¿Puedes ser muy sincero y contestarme una cosa? —Jungkook asintió de
nuevo—. ¿Eres distinto cuando estás conmigo?
—¿Te refieres a que, si me tropiezo contigo cuando ya no seas mi cliente,
me voy a comportar como un idiota? —Cuando ya no fuera su cliente,
Taehyung seguramente estaría con otro. Torció el gesto por el mal sabor de
boca que le provocó esa idea—. No.
—¿Estás mintiéndome para que me sienta mejor?
—Taehyung, nunca te he mentido. Vas a tener que decidir si me crees o
no.21
No hablaron el resto del camino. Jungkook enfiló el camino de entrada de
su elegante casa reformada, con sus setos de romero y sus paneles solares
en el tejado, aparcó en el aséptico garaje para dos coches y apagó el motor.
—Estás en casa —Taehyung abrió los ojos despacio.
—Estoy tan cansado que no quiero salir del coche.
—Puedo llevarte en brazos —El pelirrubio lo miró con una sonrisa
somnolienta, creía que estaba bromeando—. Lo digo en serio.18
La idea de llevarlo en brazos a la cama se le antojaba muy apetecible en ese
momento. Le gustaba abrazarlo y, por raro que sonara, quería marcar
casillas. No había pasado tanto tiempo sin echar un polvo desde hacía tres
años, y ver a Taehyung con ese pantalón que se ajustaba a esas largas y
bonitas piernas le estaba provocando una erección muy dolorosa.
—No tengo fuerzas para una lección esta noche.
—No tiene por qué ser una lección —Le acarició un brazo con los dedos y la
piel de Taehyung se erizó. El pelirrubio tenía los párpados entornados y lo
miraba con expresión sensual. Precioso Taehyung—. Y puede hacer que te
sientas muy bien —deslizó los dedos hasta rozar su mano e hizo que
extendiera los dedos—. Ya pagaste por esta noche, Taehyung —El pelirrubio
cerró el puño y volvió la cara hacia la puerta del coche.3
—Quería hablar contigo de eso. Entra, por favor.4
Después de dejar los zapatos en su lugar correspondiente en el armario de
la entrada, Taehyung caminó descalzo hacia el salón para acercarse a su
querido Steinway, disfrutando de la frescura de la madera en los pies.
Jungkook lo siguió en silencio, y Taehyung temía que el pelinegro se
percataba de lo vacío que estaba todo. No había centro que adornara la
mesa del comedor. Tampoco había decoraciones recargadas. No había
nada. Taehyung pasó los dedos por la satinada superficie de la mesa de
madera mientras se dirigía al otro extremo, donde solía sentarse. Las sillas
que rodeaban la mesa eran las únicas que había en toda la casa.
—¿Acabas de mudarte? —preguntó Jungkook. El pelirrubio sacó una silla
para que él se sentara y se frotó el codo con incomodidad.
—La verdad es que no.
En vez de sentarse, el pelinegro fue a la cocina adyacente, con las manos en
los bolsillos, y Taehyung lo vio inspeccionar la cocina de gas, el frigorífico
de acero inoxidable y cualquier otra cosa que hubiera en el resonante
espacio.
Fría, gris y cavernosa, la cocina era el sitio que menos le gustaba de la casa.
Al menos, solía serlo. Con Jungkook dentro, le parecía muy distinta. El
ambiente se tornaba íntimo e incitante, y las luces bajas titilaban más
como estrellas que como lámparas led de bajo consumo. Ya no parecía
solitaria.
—¿Qué significa eso? ¿Que te mudaste hace un mes? —Lo miró con una
sonrisa traviesa—. ¿Hace un año?
—Hace cinco.
Jungkook se quedó de piedra y miró la casa con renovado interés.
—¿Me estás diciendo que te gusta así de vacía?
—Paso casi todo el tiempo en el trabajo, así que me da igual. Aquí tengo
una cama, una buena televisión y una conexión a Internet muy rápida.16
—Lo esencial —Sonrió.
—¿Te parece muy raro? —¿Tanto como tardar en aprender a hablar y tener
sobrecargas sensoriales?3
—No, creo que me gusta —contestó Jungkook con una sonrisa—. Pero te
vendrían bien unos cuadros, y alguno que otro sofá. Tal vez una mesa
auxiliar. No necesitas mucho más.
Se le formó un nudo en la garganta al oírlo. En ese preciso momento,
viéndolo en su cocina, en su casa, Taehyung tenía la sensación de que no le
hacía falta absolutamente nada más. Y el tiempo que iban a pasar juntos
llegaría pronto a su fin. No estaba preparado para que eso sucediera.5
—¿Te importa sentarte mientras hablamos? —le pidió.
El pelinegro asintió con la cabeza y gesto serio antes de rodear la enorme
isla de la cocina y sentarse en la silla que él le había sacado antes. Su
proximidad lo atraía como un imán, y se sentó antes de que pudiera hacer
algo que lo distrajera, algo como tocarlo. Necesitaba mantener la
concentración. Tal vez, si hablaba con elocuencia, Jungkook accedía a
llevar a cabo su nuevo plan.
Apoyó las temblorosas manos en la mesa y, en cuestión de segundos,
empezó a tamborilear con los dedos. Una cálida mano se posó sobre las
suyas y le dio un apretón.
—No tienes motivos para estar nervioso conmigo. Lo sabes, ¿verdad?
Al ver que Jungkook no apartaba la mano, Taehyung analizó cómo lo hacía
sentir. Era una caricia fortuita, que no había pedido, la clase de contacto
que solía rehuir. Sin embargo, en ese momento, solo registraba la calidez
de Jungkook y la textura de su piel, el peso de su mano. No lo entendía,
pero su cuerpo lo aceptaba. Solo a él. Ese hecho hizo que su mente se
centrara todavía más y se armara de valor.
—Voy a proponerte un nuevo acuerdo —El pelinegro ladeó la cabeza con
gesto comedido.
—¿Te refieres a que quieres prolongar nuestras clases más allá del próximo
viernes?
—Me refiero a que no quiero más lecciones. El tiempo que pasamos esta
noche juntos, tanto las partes buenas como las… no tan buenas, me
ayudaron a comprender unas cuantas cosas. Aunque se me da mal el sexo,
se me dan todavía peor las relaciones. Creo que me irá mejor si me
concentro en ese aspecto. Antes de hoy, nunca había compartido un
helado con otra persona ni había paseado por la acera tomado de la mano
con alguien. Nunca había mantenido una conversación durante la cena que
no estuviera plagada de incómodos silencios o de esos momentos
vergonzosos en los que insulto a la gente sin querer y la espanto.
Jungkook le acarició los nudillos con el pulgar antes de mirarlo fijamente.
—No he observado que tengas problemas con las relaciones… salvo
cuando intentaste dejarme tirado en el club. Claro que, si hubiera estado
besando a Geumhee de verdad, me lo habría merecido. Te portaste bien
esta noche.
—Porque estaba contigo —Jungkook sopesó sus palabras un momento
antes de hablar.
—Tal vez es porque te sientes al mando cuando estás conmigo. Como me
estás pagando, hay menos presión y puedes relajarte.
—Ese no es el motivo, en absoluto. Me relajo contigo por la forma en la que
me tratas, porque eres tú —le aseguró con firmeza. El pelinegro frunció el
ceño y se quedó inmóvil varios segundos.
—Taehyung, no deberías decirme esas cosas.3
—¿Por qué? Es la verdad.18
Las emociones hicieron que su expresión cambiara demasiado rápido
como para que Taehyung pudiera interpretarla. El pelinegro meneó la
cabeza y tragó saliva. En la comisura de sus labios apareció una sonrisa
antes de que apartara la mano de la suya y se frotara el mentón. Después
carraspeó, pero aun así la voz le salió ronca al hablar.
—Háblame del nuevo acuerdo.
Taehyung clavó la vista en el dorso de su mano, echando de menos la
calidez de su caricia.
—Quiero que me enseñes a tener una relación. No la parte sexual, sino la
parte de estar juntos. Como esta noche. Conversar y compartir cosas y
tomarse de la mano. Cosas nuevas que me asustan, pero que contigo
puedo soportar e incluso disfrutar. Quiero contratarte para que seas mi
novio de práctica a tiempo completo.55
Jungkook entreabrió los labios, pero tardó muchísimo en poder hablar.
—¿Qué quieres decir con eso de «no la parte sexual»?18
—Quiero eliminar el sexo de la ecuación.
—¿Eliminarlo? —espetó, sorprendido.57
—No quiero ser como esa mujer del club y obligarte a mantener relaciones
íntimas conmigo. Tengo la esperanza de que, si mejoro lo suficiente en la
parte de estar juntos, encontraré a un hombre al que no le importe trabajar
en la parte sexual conmigo.28
—¿Quién ha hablado de obligación? —le preguntó con los ojos
entrecerrados—. Todo lo que he hecho hasta ahora ha sido de forma
voluntaria.
Taehyung contuvo una mueca y entrelazó los dedos para no empezar a
tamborilear.
—La próxima vez que un hombre me bese, necesito que lo haga porque
quiere hacerlo. Sin un incentivo monetario —Después de ver a Jungkook
con su antigua clienta, todo lo que habían hecho hasta el momento le
había dejado un mal sabor de boca. Su razonamiento al contratar a un
acompañante para que le enseñara sobre sexo había sido muy simplista—.
Sé que al principio no te interesaba repetir sesiones, y mi nueva propuesta
requerirá mucho más tiempo cara a cara. Por eso, estoy dispuesto a
pagarte cincuenta millones de wons por el primer mes, por adelantado. A lo
mejor podríamos intentarlo durante tres o seis meses… ¿Con la misma
tarifa? ¿Es el tiempo apropiado para practicar una relación? Todo es
negociable, por supuesto. No sé qué es lo estándar en el sector para este
tipo de acuerdos.74
—Cincuenta millones… —Jungkook meneó la cabeza, como si le fallara el
oído—. Taehyung, no puedo…
—Antes de que te niegues, piénsalo —lo interrumpió con el corazón
desbocado—. Por favor —El pelinegro se apartó de la mesa y se puso en pie.
—Necesito tiempo.
—Claro —También se levantó y contuvo el aliento, nervioso, sin saber qué
hacer—. Todo el que necesites.
Jungkook tomó su mano y se acercó un poco a él. Se inclinó unos cuantos
centímetros hacia delante antes de detenerse. Con los ojos clavados en su
boca, le recorrió la comisura de los labios con la punta de los dedos,
provocándole escalofríos.
—Te daré una respuesta el viernes. ¿Sí?
—Sí, está bien —El pelinegro se mordió el labio inferior como si estuviera
pensando besarlo, y Taehyung sintió un cosquilleo en los labios a modo de
respuesta.2
—En ese caso, buenas noches, Taehyung.7
—Buenas noches, Jungkook.
Lo observó macharse, inmóvil y con la respiración entrecortada, hasta que
desapareció de su campo de visión.
◍ 12 ◍
Directo de izquierda, directo de izquierda, derechazo. Directo de izquierda,
directo de izquierda, derechazo. Derechazo. Derechazo. Derechazo.9
Le escocían los ojos por culpa del sudor y se secó la frente antes de golpear
de nuevo el saco de boxeo. Cada vez que los pensamientos volvían a su
cabeza, golpeaba con más fuerza.
Malditos pensamientos, malditas emociones, todo era demasiado.1
Directo de izquierda, finta, gancho. Directo de izquierda, derechazo.
Le ardían los brazos, y recibió con sumo gusto el dolor, que arrasó con todo
lo que tenía en la cabeza. No había nada más que la resistencia de la arena
del saco y el estremecedor impacto que le subía por el brazo y le bajaba por
la pierna.
Directo de izquierda, directo de izquierda. Más fuerte. Directo de izquierda,
derechazo, derechazo, derechazo. Más fuerte.
¿Sería capaz de descolgar el saco con los golpes?5
Derechazo, derechazo, derechazo, derechazo…
Unos fuertes golpes lo distrajeron cuando iba a asestar otro puñetazo y
fulminó la puerta con la mirada. Su irritación se transformó enseguida en
preocupación. Mierda, ¿sería el casero? Se colocó una toalla al cuello y se
acercó a abrir la puerta.
—¿Qué hay, Kook? —Yoongi pasó junto al pelinegro, dejó un paquete de
seis botellas de cerveza en la mesa auxiliar y soltó la chaqueta de cuero en
el sofá. Sin pararse a mirar a su primo, entró en la cocina y empezó a
registrar el refrigerador—. ¿Tienes algo de comer?
—Tú trabajas en un restaurante —contestó Jungkook mientras regresaba
junto al saco de boxeo. Todavía oscilaba por los golpes que le había dado, y
lo detuvo antes de asestar otro puñetazo en el desgastado cuero. Mientras
volvía a darle una paliza al saco, oyó una serie de pitidos, seguidos por el
zumbido del microondas.
—Me comeré tus sobras —gritó el pelimenta.5
Jungkook lo ignoró y siguió golpeando el saco. El microondas pitó y, poco
después, Yoongi se llevó el cuenco humeante al sofá, donde se sentó y
procedió a comerse la que iba a ser su cena. Haciendo mucho ruido.
Cuando le resultó imposible soportarlo más, dejó de dar puñetazos y lo
miró con el ceño fruncido.
—La mayoría de las personas come en la mesa de la cocina —Su primo se
encogió de hombros.
—Me gusta más el sofá —Se llevó los palillos a la boca y empezó a sorber y
masticar los fideos al mismo tiempo que miraba al pelinegro con las cejas
levantadas, como preguntándole qué pasaba. Jungkook apretó los dientes
e intentó recuperar el ritmo—. ¿Has estado haciendo pesas últimamente?
Porque tienes los brazos más grandes. Son como troncos.8
—¿Por qué viniste? —Sujetó el saco al preguntar.
—¿Te vas a disculpar o qué? Porque eres el peor primo del mundo,
Jungkook. De verdad que sí.
Cerró los ojos al oírlo y suspiró pesadamente. —Lo siento.
—Vas a tener que ser más convincente —El pelinegro se apartó del saco y se
dejó caer en el sofá, junto a él.
—Lo siento mucho. Es que las cosas son complicadas ahora mismo, y… —
Apoyó los codos en las rodillas y se cubrió la cara con las manos
vendadas—. Lo siento.
—No entiendo por qué mentiste con lo de tu novio. ¿Te da miedo que no le
guste la familia o algo? —preguntó con una mueca desdeñosa.
—No quiero hablar del tema —Jungkook contuvo las ganas de tirarse del
pelo.
—Vete a la mierda, Jungkook —Dejó el cuenco en la mesita, junto a la
cerveza, y agarró la chaqueta—. Me largo —Caminó hacia la puerta hecho
una furia.+
—Ha sido un día de mierda, ¿sí? —Empezó a quitarse las vendas de las
manos—. Todos mis días son una mierda, pero éste ganó por mucho. Creí
que mi madre estaba muerta. Cuando llegué, estaba inclinada sobre la silla
y no parecía estar respirando. Se me fue la cabeza —El pelimenta lo miró
con expresión preocupada.1
—¿Está bien? ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Fue como las otras dos veces,
cuando la encontraste en el cuarto de baño? ¿Está en el hospital ahora
mismo?
Jungkook se quitó una de las vendas y empezó con la otra mientras revivía
el miedo, el alivio y la vergüenza.
—Está bien. Solo se había quedado dormida. Al oírme gritar, se despertó y
empezó a regañarme por haberla asustado —La expresión de su primo
pasó del alivio a una divertida.14
—Eres un niño de mamá, lo sabías, ¿verdad?
—Mira quién habla —El pelimenta sonrió con burla y él puso los ojos en
blanco mientras enrollaba las vendas—. Después apareció un hombre
buscando a mi padre. Intentaba entregarle un citatorio. No sé si era la
misma persona de antes, los del fisco o alguien nuevo. Me hace gracia ver la
cara de la gente cuando les digo que sí, que soy su hijo. Empiezan a
analizarme, a suponer cosas. Y cuando les digo que no sé dónde está, que
ni siquiera sé si está vivo, vienen las dudas o la lástima. Mi madre se pasó el
resto del día contando anécdotas de lo canalla que es mi padre.
—Eres el único al que se las cuenta. Ni siquiera le habla a mi madre de esas
cosas, y eso que son uña y carne —Hizo un gesto con los dedos para darle
más énfasis—. Déjala que lo haga.3
—Ya, lo sé.
Sabía que era bueno para su madre hablar del tema y, la mayoría de las
veces, lo soportaba bastante bien. Pero, desde hacía un tiempo, se le hacía
más difícil. Porque era un maldito egoísta.2
De tal palo, tal astilla.
La idea de aceptar la propuesta de Taehyung lo tentaba, aunque el instinto
le decía que tenía que rechazarla. Le iría mejor si usaba su tiempo para
relacionarse con gurús de la tecnología o con premios Nobel, con gente que
de verdad encajara y fueran honestos con él, aunque no le pagara. No
como él.
Daría lo que fuera por poder eliminar el dinero de la ecuación, pero las
facturas no paraban de llegar, así que tampoco podía hacerlo.
—¿Quieres que me vaya o que me quede? —preguntó Yoongi desde la
puerta, donde se había quedado.
Jungkook sacó dos botellas de cerveza del cartón, abrió uno con la ayuda
del otro y dejó la botella abierta sobre la mesa auxiliar.
—Quédate.4
El pelimenta agarró la cerveza antes de sentarse a su lado en el sofá. Tras
beber un sorbo, soltó la cerveza para tomar el cuenco de fideos y empezó a
comer de nuevo como si nada, aunque ya no hacía tanto ruido. Jungkook
abrió su cerveza con el borde de la mesa, encendió la televisión y bebió en
silencio mientras cambiaba de un canal a otro.
—Bueno, en cuanto a tu chico… —comenzó Yoongi—. ¿Cuánto tiempo
llevas saliendo con él?
Jungkook bebió un buen trago. Necesitaba estar ebrio si iba a hablar del
tema. —Taehyung no es "mi chico". Solo llevamos unas semanas juntos.
—Lo que tú digas, amigo, pero eres un imán para las citas. Si quieres a
alguien, lo consigues —El pelinegro resopló y bebió otro sorbo.
—No quiero a alguien a quien le guste solo porque se me da bien el sexo —
Quería a alguien que lo quisiera por ser él mismo.
—Estuvo a punto de llorar cuando vio que la pelirroja te besó —Yoongi soltó
el cuenco vacío y volvió a agarrar la cerveza para darle un trago, y miró al
pelinegro con una sonrisa ladeada—. Está loquito por ti.57
El corazón de Jungkook amenazó con hacer un sinfín de piruetas
imposibles al oír a su primo, y se reprendió en silencio mientras clavaba la
mirada en la botella de cerveza. Seguramente no era lo que él creía. No
debía hacer suposiciones.12
—Qué bien.
—¿Qué bien? —Enarcó una ceja—. Deberías decir algo en plan: «Genial,
amigo, gracias por decírmelo». ¿Necesitas consejos sexuales? Porque tengo
unos cuantos.7
Jungkook fue incapaz de contener la carcajada que se le escapó del pecho.
—No, no es necesario, pero gracias.
Yoongi recorrió con un dedo las letras de la etiqueta de la botella
queriendo decir algo, pero pensó en la mejor manera de hacerlo. Tras mirar
a su primo con expresión abrumada, se decidió a preguntar.
—¿No te recuerda un poco a Hoseok? —El pelinegro esbozó una sonrisa.36
—Sí, pero solo un poco —Taehyung era tan inepto socialmente como
Hoseok, pero el pelirrubio era mucho más expresivo y sensible—. ¿Por qué
me lo preguntas? —Su primo enarcó las cejas y bebió un trago de cerveza.
—Por nada —Después de sopesarlo un momento, señaló a Jungkook con la
botella—. ¿Ustedes ya…? Ya sabes —El pelinegro bebió un buen trago.
—No.
—¿En serio? —Hizo una mueca—. ¿Es virgen? Mierda, ¿se está reservando
para el matrimonio? —Lo miró con pánico—. Huye como si mi madre te
persiguiera.43
—Necesita que vaya despacio. No me importa —Se encogió de hombros—.
La verdad... es que hasta me gusta.
Cada nueva respuesta que le arrancaba a Taehyung parecía especial, como
anunciaban en los antiguos anuncios de eBay. «Es mejor cuando lo ganas.»
tal vez, porque siempre le había resultado muy fácil.
—Mentiroso de mierda. Seguro que te masturbas diez veces al día
pensando en él.44
—Nunca dije que no lo hiciera —Su primo se incorporó en el sofá.
—No me jodas. ¿Estoy sobre los cojines en los que te corres?60
—¿De verdad quieres saberlo? —le preguntó con sorna.13
—Eres un cerdo. Lo sabes, ¿verdad? —Se levantó y se sentó en la mesa
auxiliar, sacudiéndose como si se hubiera contaminado.
Jungkook se echó a reír, tras lo cual los dos pasaron un rato con la vista
clavada en sus respectivas cervezas. Al cabo de un rato, habló, incapaz de
contenerse.
—¿Qué te pareció Taehyung? ¿Te agradó?2
Se preparó para la respuesta, y se dio cuenta de que le importaba la
opinión de su primo. Qué cosa más ridícula. Aunque aceptara la propuesta
de Taehyung, solo sería su novio de práctica. Su relación terminaría en
cuanto el pelirrubio consiguiera la confianza necesaria para iniciar una
relación de verdad con alguien mejor.2
—Sí, es lindo, mucho más dulce que las chicas por las que solías ir. Tu
madre se va a volver loquita por él.
Jungkook se terminó lo que le quedaba de cerveza. Ni de broma. Primero
tendrían que conocerse, y no se imaginaba que eso pudiera pasar.
—¿Cómo se apellida? —le preguntó Yoongi al tiempo que sacaba el móvil.
—¿Por qué?
—Porque quiero ver si tiene alguna red social. Se lo hago a todas las citas
de mi hermana. ¿No tienes curiosidad?
Sí, mucho.
—Kim. Kim Taehyung.
68
◍◌◍◌◍
Un persistente zumbido sacó a Taehyung de otro sueño tórrido provocado
por Jungkook. Durante la última semana, le había resultado imposible
dejar de pensar en él.
En el trabajo intentaba concentrarse en los datos, pero las palabras y los
números se convertían en partes del cuerpo que encajaban de forma
fascinante. Fantaseaba con sus manos, con su boca, con su sonrisa, con sus
ojos, con sus palabras, con sus carcajadas, con su mera presencia.
Cuando dormía, Jungkook lo atormentaba en sueños, unos sueños tan
intensos que los deseos de su cuerpo lo despertaban a horas
intempestivas.
No había dudas. Estaba oficialmente obsesionado con Jungkook.45
Y tal vez no volvieran a verse jamás. Ya había llegado el viernes y el
pelinegro aún no lo había llamado ni le había mandado un mensaje de
texto.
¿Era una de esas situaciones en las que el silencio significaba que no? La
tristeza lo invadió y sintió una gran pesadez física.
El infernal zumbido persistía, distrayéndolo. Tanteó la mesita de noche
hasta que encontró el móvil. Miró la pantalla con los ojos entrecerrados y
se dio cuenta de que se trataba de su ama de llaves. Tosió para aclararse la
garganta y eliminar cualquier rastro del sueño erótico.
—¿Diga?
—Señor Kim, no puedo ir hoy a trabajar. Mi hija está enferma y la guardería
se niega a aceptarla.
—Oh, tranquila. Gracias por llamar. Espero que se mejore pronto.
—¿Puedo recuperar el tiempo la semana que viene?
—Claro, sin problemas —Miró el reloj y casi se le paró el corazón. Eran casi
las ocho de la mañana. A esas alturas solía estar ya en su despacho. Estaba
a punto de cortar la llamada cuando la mujer habló de nuevo.1
—Ah, señor Kim, seguramente deba llevar la ropa a la tintorería, ya que yo no
podré hacerlo.
—De acuerdo. Gracias por recordármelo.
—De nada. Adiós.
Taehyung sopesó la idea de saltarse lo de la tintorería. Además de no tener
ni idea de cuál usaba, tampoco le gustaba tener que alterar su rutina
matinal añadiendo un paso extra. Era… irritante, y también le provocaba
ansiedad.6
Un lugar nuevo. Personas nuevas. Y, después del desastre en el club, su
tolerancia por las novedades se encontraba a un paso de llegar a cero.
Al final, la idea de tener el número erróneo de pantalones y de camisas en
el armario lo llevó a buscar en Google las tintorerías más cercanas. Se
decantó por una que tenía una valoración media más alta que las demás,
aunque se desviaba un poco de su camino. Con la rutina alterada y
aturullada por la falta de tiempo, condujo dejando atrás Yaeum-dong.
Unos cinco minutos después, enfiló el aparcamiento de un pequeño centro
comercial con un lateral entero de madera bien conservada y con la acera
principal flanqueada por robles. Unos letreros retro señalaban una
cafetería, un estudio de artes marciales, una cafetería especializada en
sándwiches y Tintorería y Arreglos Euphoria. Tomó el bolso y las bolsas con
la ropa y caminó por el asfalto hacia la tintorería.50
Una ancianita con la espalda encorvada, mofletes como los de una ardilla y
labios hundidos estaba delante de la puerta. Llevaba en la cabeza un
pañuelo cuadrado de cachemir, doblado en diagonal y atado debajo de la
barbilla. En la vida había visto una persona adulta más entrañable. Tenía
unas enormes tijeras de podar en las agarrotadas manos, y las blandía sin
mucha suerte delante del roble que había frente a la tintorería.
Cuando Taehyung se detuvo, alucinado y estupefacto por la escena, la
anciana estuvo a punto de cortarse una pierna al mover las tijeras para
ofrecérselas a él por el mango. Acto seguido, lo señaló y luego señaló el
árbol. Taehyung miró por encima del hombro, pero, tal como se temía, la
anciana se refería a él de verdad.
—No creo que… —La anciana señaló una rama baja del roble.
—Por favor.
Taehyung echó un vistazo por el aparcamiento, pero no había nadie más.
Subió a la acera y agarró las gigantescas y pesadísimas tijeras de podar. No
alcanzaba a entender cómo había conseguido la anciana sujetar las tijeras
de podar sin desencajarse todos los discos de la columna. Esas cosas
estaban diseñadas para provocar accidentes.
Con movimientos titubeantes, el pelirrubio se preparó para internarse
entre las plantas ornamentales que rodeaban el tronco del árbol a fin de
acercarse lo suficiente para poder cortar la rama. Levantó las tijeras de
podar por encima de la cabeza, las colocó alrededor de la rama y la cortó.
La rama cayó a la acera de cemento con un golpe seco. Al ver a la anciana
apoyar una mano en la rodilla para agacharse y recogerla, Taehyung se
apresuró a apartarse del árbol y agarrarla en su lugar.
La anciana sonrió mientras tomaba la rama y le daba unas palmaditas al
pelirrubio en el hombro. Luego vio la bolsa de ropa, abrió la cremallera
para echar un vistazo dentro y sujetó al chico de la parte inferior de la
camiseta que vestía para que la siguiera. La anciana abrió la puerta de
cristal con sorprendente fuerza. Después de que Taehyung entrara, la
anciana le quitó las tijeras de podar, se las escondió a la espalda, como si
nadie pudiera verlas allí detrás, y desapareció por la puerta que había
detrás del mostrador desierto.19
Taehyung echó un vistazo a su alrededor, y observó con atención los dos
maniquíes sin cabeza del escaparate, ataviados con un esmoquin negro
perfectamente confeccionado, y un vestido de novia ceñido de encaje. El
interior del establecimiento tenía las paredes pintadas de un relajante azul
grisáceo, con cortinas blancas y mucha luz natural. Estaban realizando una
prueba en una estancia adyacente. Una mujer de mediana edad de aspecto
respetable, ataviada en un overall blanco sin mangas, estaba sobre una
plataforma elevada delante de tres espejos.
El pelirrubio se quedó paralizado por la sorpresa al ver al chico que estaba
arrodillado a los pies de la mujer. Era Jungkook.44
Vestía jeans sueltos y una camiseta de manga corta blanca que se ceñía a
sus brazos, con aspecto perfecto, guapo, y transmitiendo la sensación de
que se sentía como pez en el agua. Llevaba una cinta métrica colgada del
cuello y en la muñeca lucía un pequeño alfiletero, con decenas de alfileres
clavados. Detrás de la oreja derecha, llevaba un lápiz de tiza azul.73
—¿Qué zapatos piensas ponerte con esto? —le preguntó Jungkook.
—Pues pensaba ponerme lo que llevo —La mujer se levantó un pernil del
pantalón para dejar al descubierto unos zapatos blancos de tacón medio.
—Deberías ir con zapatos abiertos, Youngmi. Y con un par de centímetros
más de tacón.
La mujer apretó los labios y movió el pie hacia un lado y luego hacia el otro.
Al cabo de un momento, asintió con la cabeza.
—Tienes razón. Y tengo los zapatos perfectos.
—Pues voy a sacarle dos centímetros al bajo. ¿Qué tal notas la cintura?1
—Es demasiado cómoda.
—Supuse que pensabas comer con esto puesto.
—Mi sastre piensa en todo —Se dio la vuelta y contempló el perfil de su
cintura agarrada con alfileres en los espejos.24
—Recuerda el pintalabios.
—Ya, ya, ¿cómo se me iba a olvidar? Carmesí. ¿Lo tendrás listo para el
viernes que viene?
—Sí, estará listo.
—Genial.
La mujer se fue a un probador con el overall, mientras Jungkook recogía
una prenda con estampado de flores del respaldo de una silla. Le ajustó los
alfileres y se quitó el lápiz de tiza de la oreja para marcar la tela, con mirada
concentrada y manos diestras.
En la cabeza de Taehyung empezaron a encajar las piezas que faltaban. Ese
era el estado natural de Jungkook. Eso era lo que hacía cuando no
trabajaba de acompañante.
Jungkook era sastre.
◍ 13 ◍
Taehyung vio al pelinegro sacudir la prenda que acababa de agarrar y
colocársela sobre un brazo antes de darse la vuelta al captar la presencia
de un cliente.4
—Estaré con usted ense… —Lo miró a los ojos y se quedó blanco. Inmóvil.
El pelirrubio se paralizó—. ¿Cómo es que…? —Miró por el escaparate,
confundido.7
A Taehyung le dio un vuelco el corazón. La cosa pintaba mal, mal en plan
de que parecía estar acosándolo. Era injusto, era muy injusto. Acababa de
darse cuenta de que estaba obsesionado con él. No había tenido tiempo de
acosarlo como un loco. Y acababa de echar por tierra la escasa
probabilidad de que el pelinegro aceptara un trato a tiempo completo.
—Me voy —Retrocedió un paso, dispuesto a irse. Jungkook atravesó la
estancia a toda prisa y lo retuvo sujetándolo de la muñeca antes de que
pudiera marcharse.
—Taehyung… —Su corazón se agitó en respuesta al contacto.
—Necesitaba llevar la ropa a la tintorería. No sabía que trabajabas aquí.
No… —tragó saliva—, no te estoy acosando. No es lo que parece —La
expresión del pelinegro se suavizó.50
—La verdad, es que parece como si tuvieras ropa que llevar a la tintorería —
Le quitó la bolsa con la ropa que llevaba en el hombro—. Deja que te
atienda.2
Jungkook se llevó sus cosas al mostrador y empezó a contar camisas con
mucha profesionalidad. Sin embargo, tenía un rubor inusual en las
mejillas.7
—¿Te resulta raro? —preguntó Taehyung, detestando la idea de
incomodarlo.
—Un poco. Aunque no lo creas, es la primera vez que un cliente de la
agencia viene a la tintorería —bajó la mirada—. Siete camisas. Supongo que
también hay siete pantalones —Los colocó mientras los contaba en un
montón aparte y lo miró a la cara—. ¿Trabajas todos los días? —El
pelirrubio asintió con un gesto rígido de la cabeza.
—Prefiero la oficina en fin de semana —El pelinegro esbozó una sonrisilla
torcida. No lo juzgaba, no lo criticaba, no le decía que era malo para su
salud y para su vida social. No creía que le pasara algo malo. Taehyung
sintió una sensación cálida en el pecho.
Jungkook se detuvo un momento y observó la última prenda con atención,
era el pantalón oscuro que unas noches atrás cubría aquellas largas y
suaves piernas, y que marcaban un gran y bonito trasero. Levantó la vista y
miró al pelirrubio con expresión ardiente.38
Taehyung se aferró al mostrador mientras los recuerdos del helado le
pasaban por la cabeza. Labios fríos y sedosos, fresa, té verde y el sabor de
los labios de Jungkook. Besos lentos en una estancia llena de gente.
—¿Tienes alguna preferencia para la ropa? —le preguntó al pelirrubio con
voz ronca. Taehyung parpadeó para alejar los recuerdos y se obligó a
aclararse la mente.
—Nada de almidón. No me gusta su tacto en…
—En la piel —terminó de decir por él al mismo tiempo que le acariciaba el
dorso de la mano con el pulgar.22
Taehyung asintió con la cabeza y se devanó los sesos en busca de algo que
decir. Sus ojos se posaron en el pantalón que había usado en la cita.
—Compré el pantalón porque me gustó el color y el tejido —El pantalón
negro ajustado hacía un gran contraste con el precioso y elegante traje de
Jungkook—. El traje —susurró—. ¿Lo hiciste tú? —El pelinegro entornó los
ojos y una sonrisa traviesa apareció en su cara mientras asentía. Se quedó
impresionado.1
«Si es capaz de hacer algo así, ¿por qué trabaja como acompañante?»,
pensó.7
—Mi abuelo era sastre. Al parecer, lo llevo en la sangre. Me gusta
confeccionar ropa.
—¿Me la confeccionarías a mí?+
—Tendrías que quedarte quieto mucho tiempo. No es muy erótico. ¿De
verdad quieres?7
Lo dijo con voz tranquila, aunque su mirada no decía lo mismo. Taehyung
tardó un segundo en darse cuenta de que veía vulnerabilidad en sus ojos.
¿Sería posible que Jungkook no creyera que alguien se interesara en él por
otro motivo que no fuera su cuerpo?
—Ya me han hecho ropa a medida antes, ¿recuerdas? Sé cómo es el
proceso. Considero que vale la pena. Tienes talento. Quiero tus diseños.
—Es verdad. Lo había olvidado —La sonrisa traviesa volvió a aparecer, casi
con timidez, y Taehyung deseó abrazarlo y no soltarlo en la vida.40
—Esperaba tener noticias tuyas —susurró. La sonrisa del pelinegro
desapareció y se puso serio.
—Necesitaba pensarlo.
—¿Vas a aceptar mi propuesta? —«Por favor, por favor.»
—¿Todavía está vigente?9
—Por supuesto —No se le ocurría un solo motivo por el que cambiar de
opinión.
—¿Nada de sexo? —El pelirrubio tomó una honda bocanada de aire y
asintió con la cabeza. Él se inclinó hacia delante y le preguntó en voz baja—
: ¿Porque así podrás estar seguro de que el próximo hombre que te toque o
te bese lo hará solo porque quiere?
—Sí —Murmuró y desvío la mirada esperando la respuesta, con tanto miedo
que casi no se atrevía a soltar el aire.
—Acepto.
—¿De verdad? —Le sonrió con un alivio deslumbrante—. Grac…
El pelinegro lo tomó de la nuca y lo acercó a él. Le miró los labios un
efímero segundo antes de besarlo. Una corriente eléctrica lo recorrió por
completo. De no ser por el mostrador, se habría caído. Gimió, incapaz de
contenerse y Jungkook le introdujo la lengua en la boca justo como él
quería que lo hiciera…74
La puerta que había al otro lado del mostrador se abrió y apareció una
persona.
Se separaron como dos adolescentes descubiertos. Jungkook carraspeó y
se afanó con la ropa que había sobre el mostrador. Taehyung apretó los
labios, captó el sabor del pelinegro en ellos y se limpió la humedad con el
dorso de la mano.
A juzgar por la expresión de la mujer que había aparecido, lo había visto
todo y… tenía curiosidad. Llevaba unas gafas de montura redonda en la
cabeza, colocadas en un ángulo que desafiaba las leyes de la gravedad, y el
pelo negro recogido en una coleta, aunque se le habían escapado varios
mechones alborotados. Iba vestida con un jersey de punto fino y unos
pantalones verdes de cuadros. Al igual que Jungkook, llevaba una cinta
métrica colgada del cuello.
La mujer sostuvo en alto una prenda a medio confeccionar y señaló un
trozo de costura. Se acercó a Jungkook y empezaron a hablar muy rápido
en un tono bajo. Mientras el pelinegro se inclinaba sobre la prenda con esa
expresión pensativa tan sensual en la cara, la mujer lo miró a él con una
sonrisa distraída y le dio unas palmaditas a Jungkook en el brazo.
—Le enseñé cuando era pequeño, y ahora él me enseña a mí.
Taehyung consiguió esbozar una sonrisa. ¿Acaso era la madre de
Jungkook? Intentó buscar el parecido entre ambos, pero no encontró nada.
Las facciones del pelinegro eran una equilibrada y maravillosa mezcla de
rasgos fuertes y suaves. De hombros anchos y cintura estrecha, delgado y
atlético, resultaba muy alto al lado de la delgada mujer.
Se subió las gafas por la nariz y se alisó la camisa con las manos, deseando
llevar una bata blanca de laboratorio y un estetoscopio.65
Al otro lado de la puerta abierta, vio un taller de costura atestado con
percheros en los que colgaban prendas en diferentes estados de
confección, y máquinas de coser industriales. Un perchero circular
mecanizado con ropa envuelta en bolsas de plástico ocupaba el extremo
izquierdo más alejado, e incontables carretes de hilo de todos los colores
imaginables se alineaban junto a las paredes. La ancianita de antes estaba
sentada en un desgastado sofá en el extremo derecho, viendo la televisión
en un antiquísimo televisor de tubo.1
—¿A qué te dedicas? ¿Eres médico? —le preguntó la mujer, que apenas
podía ocultar sus esperanzas.50
—No, soy econometrista —Taehyung entrelazó los dedos y clavó la vista en
la punta de sus zapatos, a la espera de la decepción.
—¿Eso es como la economía? —El pelirrubio levantó la vista, sorprendido.
—Pues sí, pero con más matemáticas.
—¿Tu novio ya conoce a Somin? —le preguntó a Jungkook. El pelinegro
levantó la vista de la prenda con expresión preocupada.
—No, mamá, todavía no conoce a Somin, y no es mi… —Dejó la frase en el
aire y apartó la mirada de su madre para clavarla en Taehyung.49
Su dilema era más que evidente. ¿Cómo se iban a referir el uno al otro en
situaciones públicas como esa?
—¿No es qué? —le preguntó su madre, desconcertada. Jungkook carraspeó
y se concentró en la prenda que tenía entre las manos.
—Aún no conoce a Somin.
La calidez se apoderó del cuerpo de Taehyung en inesperadas oleadas. No
había corregido a su madre. ¿Eso quería decir que iban a presentarse como
novios en situaciones públicas? Un anhelo desesperado lo consumió,
sorprendiéndolo por su intensidad.
—¿Quién es Somin? —consiguió preguntar. Recordaba haber oído el
nombre antes.3
—Somin es su hermana —La mujer adoptó una expresión pensativa antes
de sonreír y añadir—: Deberías venir a casa a cenar esta noche. Para hablar
con Somin de economía, ¿sí? Está estudiando economía e intenta
conseguir trabajo. Sus otras hermanas también querrán conocerte. No
sabíamos que tenía novio.49
Esas palabras disiparon la euforia de que lo hubiera llamado «el novio de
Jungkook». Casa. Cena. Hermanas. Las palabras resonaron en su cabeza,
negándose a adquirir sentido alguno.
—Tú ven, ¿sí? Jungkook puede preparar algo. Su comida es muy buena…
Se me olvidaba preguntar. ¿Cómo te llamas?2
—Taehyung. Kim Taehyung —Contestó aturdido.
—Llámame Yoosun —sonrió—. No comas nada antes de venir. Tenemos
mucha comida —Tras decir eso, se frotó las manos, como si hubiera
cerrado un trato, imprimió el recibo por la ropa del pelirrubio y se lo
ofreció—. Estará todo listo el martes por la mañana.
Preso del pánico, Taehyung metió el recibo en el bolso, le dio las gracias en
voz muy baja y caminó con rapidez hacia el coche. Mientras se sentaba al
volante de su coche, las palabras de Yoosun resonaron en su cabeza.
Casa. Cena. Hermanas.
La puerta de la tintorería se abrió, y Jungkook corrió hacia él. Taehyung
bajó la ventanilla y el pelinegro aferró la puerta con las manos.
—No tienes que venir si no quieres —Frunció el ceño mientras titubeaba—.
Pero, tal vez…
—Tal vez ¿qué? —preguntó.
—Tal vez es la clase de práctica que querías.
—¿Me dejarías practicar con tu familia? —El hecho de que confiara en él
como para presentarle a esas personas tan importantes de su vida lo
conmovió de un modo que no comprendía, lo desestabilizó. El anhelo que
había sentido antes lo abrumó de nuevo.
—¿Te portarás bien con ellas? —le preguntó con mirada inquisitiva.15
—Sí, por supuesto —Siempre se esforzaba por portarse bien con los demás.
—¿Y mantendrás nuestro acuerdo en privado? No saben… a qué me dedico
—Taehyung asintió con la cabeza. No hacía falta que se lo pidiera—. En ese
caso, me parece bien. Si quieres hacerlo, claro. ¿Quieres?
—Sí, sí quiero —Pero no porque quisiera practicar.5
—Pues hagámoslo —Clavó la vista en sus labios—. Acércate un poco —El
pelirrubio se inclinó hacia él, pero miró de reojo la tintorería.
—Podría estar miran… —Jungkook le dio un dulce beso en los labios. Uno
solo. Y se apartó.54
—Nos vemos esta noche.
Jungkook le sonrió. Una sonrisa que lo hacía temblar y que comenzaba a
colarse en su mente de manera constante.
◍ 14 ◍
Cuando Jungkook entró en la tintorería, su madre lo esperaba con los
brazos cruzados por delante del pecho. A través del escaparate tenía una
vista perfecta del Tesla blanco de Taehyung, que estaba saliendo del
aparcamiento.
Estaba seguro de que los había visto besarse. Por eso le había puesto fin
pronto al beso; aunque, en realidad, lo que quería era besarlo hasta que
perdiera el sentido.
El pelirrubio lo tenía tan aturullado que ni veía las cosas claras ni era capaz
de pensar, y lo había encontrado por sorpresa en la tintorería. Seguro que
por eso había aceptado su propuesta cuando ya se había convencido de
que debía hacer lo correcto y rechazarlo.
Taehyung no se había burlado de él ni se había reído. Se había sentido
impresionado por su trabajo y por él… por su yo real. Nadie quería a su yo
real. Solo Taehyung.58
En ese momento de debilidad, había arrojado todas las reservas al viento
de modo impulsivo. Le había dicho que sí por la sencilla razón de que
quería estar con él. Pero, en ese momento, las cosas se escapaban de su
control. Los límites se difuminaban y no distinguía su vida profesional de su
vida personal. Tal vez incluso no quisiera hacerlo.
Su madre pensaba que Taehyung era suyo de verdad, y eso lo satisfacía
demasiado para su gusto. Decirle que sí había sido un error mayúsculo. Ya
se arrepentía y tenía claro que se había equivocado, aunque no estaba
seguro del motivo. Claro que era demasiado tarde.
Solo sería un mes. Él era un profesional. Podría soportarlo durante un
mes.4
—Taehyung —dijo su madre, como si estuviera comprobando cómo se
pronunciaba su nombre. Jungkook recogió la ropa del pelirrubio y caminó
hacia el taller de costura. Ella lo siguió—. Me gusta mucho más que la
última relación que tuviste, aquella stripper con la que salías hace tres
años.73
—Era bailarina —repuso. La chica era joven, tenía un cuerpazo y sabía
moverse muy bien—. Hace mucho que terminé con ella.
De todas formas, entre ellos solo había sexo. Su padre había engañado a su
madre y, en vez de herir a la gente, Jungkook se había pasado la época
cercana a los veinte años intentando mantener relaciones impersonales. La
verdad, había sido divertido y se había dejado llevar un poco por la locura
al follarse a cualquiera que le demostrara interés. Sus recuerdos de aquella
época eran un arcoíris borroso de ropa interior.5
Cuando se produjo el desastre y se vio en la necesidad de conseguir dinero,
pensó: «¿Por qué no hacerlo para ganar dinero?».1
En su anterior línea de trabajo había tratado con muchas personas mayores
ricas que le hacían proposiciones de vez en cuando. Lo único que tenía que
hacer era aceptarlas. Además, era el bofetón perfecto para su padre… el
causante del desastre.1
—Taehyung tiene un coche caro —comentó su madre. Jungkook se encogió
de hombros, dejó la ropa del pelirrubio con las demás prendas que había
que limpiar en seco y se sentó a la máquina de coser—. Le gustas de
verdad. Tengo buen ojo para estas cosas.21
—¿A quién le gusta? —preguntó Sook, que estaba viendo por enésima vez
aquella novela antigua que tanto le gustaba.4
—A un cliente —contestó su madre.
—¿Al de pantalón gris?
—¿Lo viste?
—Mmm, le eché el ojo la primera vez que lo vi. Es un buen chico. Jungkook
debería casarse con él.125
—Sigo aquí —dijo Jungkook—. Y no voy a casarme con nadie.83
Era imposible si quería ejercer de acompañante. Todavía recordaba las
ocasiones en las que su padre se había ido cuando él era pequeño y su
madre se quedaba dormida llorando, destrozada, aunque intentaba
mantenerse fuerte delante de sus hermanas y de él, y sin faltar un solo día
al trabajo. Él jamás le haría daño a alguien con una infidelidad. Jamás.
Claro que Taehyung no querría casarse nunca con él.
De todas formas, ¿por qué mierda estaba pensando en eso? Ambos eran
hombres, por lo que no sería legal. Además, habían quedado tres veces.
Pero no habían sido citas normales, sino lecciones. Trabajo. Lo suyo era
una relación para practicar. No era real.5
—¿Yo te eduqué para que vayas por ahí besando a cualquiera? —le
reprendió su madre. El pelinegro puso los ojos en blanco, frustrado.2
—No.
—Jungkook, es lo bastante bueno para ti.
Qué ridiculez. Como si él fuera algo especial para Taehyung.27
—Y, además, es muy lindo —murmuró Sook en aprobación.4
Jungkook sonrío al oír a su abuela. Taehyung era lindo, pero no lo sabía.
También era listo, tierno, cariñoso, valiente y… Su madre rio y lo señaló.
—Mira qué cara pusiste. Ni se te ocurra decirme que no te gusta. Está más
claro que el agua. Me alegro de que por fin demuestres tener buen gusto.
Quédate con él.16
Sintió que se le congelaba la sonrisa. Tenían razón. Le gustaba Taehyung,
aunque desearía que no fuera así. Sabía que no podría estar con él.
47
◍◌◍◌◍
Taehyung aparcó en la dirección que Jungkook le había enviado en el
mensaje de texto, preocupado porque las flores y los bombones que había
llevado no fueran lo adecuado ni por asomo.56
Gracias a una búsqueda en Google sobre el protocolo que debía seguirse
para con las suegras, había descubierto que necesitaba llevar algo, aunque
las recomendaciones sobre lo apropiado eran un poco confusas y tan
dispares como fruta, algún postre o alcohol. El consenso generalizado
parecía ser algo comestible. De ahí los bombones Godiva que descansaban
en el asiento trasero.9
Pero, ¿y si no le gustaba el chocolate?
Había estado tentado de preguntarle a Jungkook, pero no hacía falta que
supiera lo neurótico que era o lo abrumador que le resultaba conocer gente
nueva. Y no iba a conocer a cualquiera. Era la familia de Jungkook, gente
importante, y quería causar buena impresión. De modo que se había
pasado todo el día sopesando posibles conversaciones, preguntas y
respuestas, para así minimizar la necesidad de mejorar su capacidad de
relacionarse con los demás, algo que casi siempre acababa mal.28
Si le preguntaban por su profesión, había preparado una explicación breve
y tenía listas las respuestas de las preguntas que podían hacerle a
continuación. Si le preguntaban por sus pasatiempos e intereses, estaba
preparado. Si querían saber cómo había conocido a Jungkook, le pediría a
él que lo explicara. Se le daba fatal mentir.8
Durante varios segundos durante los cuales se le formaron unos cuantos
nudos en el estómago, repasó la lista de recordatorios que siempre tenía
en cuenta antes de una reunión social: pensar antes de hablar (cualquier
cosa podía ser un insulto para alguien; en caso de duda, guardar silencio);
ser educado; sentarse sobre las manos para evitar moverlas demasiado y
estar tranquilo; mirar a los ojos; sonreír (sin enseñar los dientes, que eso
resultaba aterrador); no pensar en el trabajo; no hablar de trabajo (no le
interesaba a nadie); pedir las cosas por favor y dar las gracias; disculparse
con sinceridad.67
Una vez que tomó el ramo de gerberas y los bombones de chocolate negro
con trufa, salió del coche y contempló la casa de dos plantas situada en
Sinjeong-dong. Era color gris, con un camino de entrada agrietado, y un
pequeño jardín con diversas plantas y muchas flores.1
Mientras caminaba hacia la puerta, fijándose en los mosquitos y las polillas
que revoloteaban en torno a la brillante luz del porche, pasó una mano por
las ásperas plantas y disfrutó del fresco olor. Le encantaba que a la abuela
le gustara mantenerse ocupada.1
Llamó al timbre y esperó. Nadie abrió. Sintió un nudo en el estómago.
Llamó a la puerta.
Nada.
Llamó con más fuerza.
Nada.
Comprobó la dirección en el móvil. Estaba en el lugar correcto. El M3 del
pelinegro estaba aparcado en el camino de entrada. Antes de que acabara
volviéndose loco mientras decidía qué hacer, la puerta se abrió y un
sonriente Jungkook apareció.
—Justo a tiempo.
Taehyung aferró con más fuerza los regalos que había llevado mientras por
dentro lo consumía la inseguridad.
—No sé si traje lo correcto —El pelinegro le quitó de las manos las flores y
los bombones con una expresión extraña en el rostro.
—No hacía falta que trajeras nada, de verdad.
El pánico invadió a Taehyung.
—Ah, pues... me lo llevo de vuelta. Deja que lo lleve al… —Jungkook dejó
ambas cosas en la consola de la entrada y le acarició una mejilla con el
pulgar.58
—A mi madre le encantarán. Gracias —El pelirrubio soltó el aire, aliviado.2
—¿Y ahora qué? —Lo vio esbozar una sonrisa torcida.
—Creo que lo normal es saludarse con un abrazo.
—¡Ah! —Extendió los brazos de forma brusca y torpe hacia él, convencido
de que lo estaba haciendo todo mal. Hasta que Jungkook lo rodeó con los
brazos y lo estrechó contra su cuerpo. Su olor, su calidez y la solidez de su
persona lo rodearon. Eso sí que estaba bien. Cuando se apartó, Jungkook
lo miró con expresión tierna.
—¿Listo? —preguntó, y contuvo una carcajada al ver la mueca del
pelirrubio.
Taehyung respiró hondo. Mientras se preparaba para una noche
desquiciante de interacción social.
◍ 15 ◍
El pelinegro lo guio por el vestíbulo con suelo de mármol, atravesaron un
comedor formal y llegaron a la cocina, un espacio amplio y abierto a la sala
de estar contigua.
Se fijó enseguida en el enorme televisor. Un grupo de personas ataviados
en unos bonitos hanboks, la vestimenta tradicional coreana, cantaban
apasionadamente y con vigor, y tocaban en conjunto una sinfonía en los
instrumentos más tradicionales del país. La tierna ancianita aplaudió. A su
lado, sentada a la mesa de la cocina, estaba la madre de Jungkook, que
dejó de pelar fruta para expresar su admiración. Al verlos entrar, los saludó
con el pelador en la mano.
—Hola. No tardaremos en comer.
—¿Puedo ayudar? —les preguntó con una sonrisa, acercándose a ellas.
La madre de Jungkook sonrió de oreja a oreja y soltó el pelador y el plato
en el que estaba echando la cáscara del mango delante de la silla vacía que
tenía a su izquierda. Taehyung se desabrochó los puños de la camisa y el
pelinegro le sonrió mientras encendía uno de los quemadores de gas de la
cocina. Mientras se lavaba las manos en el fregadero, observó a Jungkook
calentar un wok enorme en el que echó aceite y varios ingredientes con la
facilidad y la precisión de las personas que sabían cocinar.4
Cuando se sentó al lado de Yoosun, en el aire flotaban los aromas de la
ternera, las especies y las verduras. Jungkook se había remangado la
camisa hasta los codos y no pudo evitar admirar esos brazos que parecían
esculpidos mientras removía el contenido del wok.6
Le costó trabajo concentrarse en el mango, y estaba empezando a pelar el
que la madre de Jungkook le había dado cuando oyó que alguien tocaba el
piano en algún lugar de la casa. Las primeras notas de «Para Elisa» se
enfrentaron a las voces y sonidos que surgían de la televisión y Taehyung
parpadeó bajo el asalto de los sonidos, ya que le dificultaba la tarea de
pensar.2
—La que toca es Somin —dijo Yoosun—. Es buena, ¿verdad? —Taehyung
asintió con la cabeza de forma distraída.
—Sí que lo es. Pero el piano está desafinado. Sobre todo el la bemol —Cada
vez que sonaba esa nota, se estremecía por dentro—. Deberían afinarlo. Es
malo para el piano si está mucho tiempo desafinado —La mujer levantó las
cejas con gesto interesado.
—¿Sabes afinar pianos?
—No —contestó con una leve sonrisa. La idea de intentar afinar
su Stenway era ridícula. Seguramente haría un desastre que acabaría
destrozando el instrumento—. No es bueno afinar un piano sin saber.6
—El padre de Jungkook era quien afinaba el nuestro —declaró con el ceño
fruncido mientras se concentraba en cortar la fruta del mango que acababa
de pelar—. Lo hacía bien. Decía que era malgastar el dinero cuando él sabía
hacerlo.
—¿Dónde está? ¿No puede afinarlo ahora? —La mujer se alejó de la mesa
con una sonrisa tensa.53
—Prueba esto que preparé. Espera que lo caliente un poco.
Mientras rebuscaba en el refrigerador, la abuela de Jungkook le ofreció el
cuenco de fruta ya cortado y pelado. Taehyung agarró un trocito de mango
y se lo comió, disfrutando del dulce sabor de la fruta. La abuela le sonrió
con ternura y siguió pelando el mango que tenía en las manos. Taehyung
soltó un pequeño suspiro mientras sentía cómo se relajaba su estómago.
La ancianita le causaba mucha ternura.10
«Para Elisa» acabó y la tensión que se había apoderado de su cabeza
disminuyó en cuanto las piezas musicales se redujeron a una. Una de las
hermanas de Jungkook, de aspecto juvenil, ataviada con jeans, camiseta
de manga corta y una coleta despeinada, entró en la cocina, tomó una
judía verde de un colador que descansaba en la isla central y se la llevó a la
boca. Al ver al pelirrubio, lo saludó con una mano.
—Eres Taehyung, ¿verdad? Yo soy Somin —Agarró otra judía verde del
colador, pero su madre le dio un manotazo y ella se apartó con un quejido.
Yoosun metió un cuenco en el microondas y la empujó hacia la mesa
mientas la regañaba. Somin se sentó enfrente del pelirrubio y esbozó una
enorme sonrisa, un tanto torcida… igual que la de Jungkook—. ¿Te gusta la
música? —Indagó, señalando con la cabeza el televisor. Taehyung se
encogió de hombros a modo de respuesta evasiva. La chica rio mientras se
llevaba a la boca un trozo de mango—. Mucho, por lo que veo, ¿eh?+
Antes de que Taehyung pudiera pensar qué responder, la madre de
Jungkook dejó en la mesa una fiambrera de plástico y la destapó. Del
interior surgió una voluta de vapor, procedente de un bizcocho que tenía
un color verde claro.
—Come, ¿sí? Está muy bueno.
Taehyung soltó el pelador y la fruta y extendió un brazo hacia la fiambrera,
momento en el que se percató de que era de plástico barato, como las que
solían usar los restaurantes que servían a domicilio.22
—No debería usar este tipo de recipientes con el microondas. Seguro que el
BPA pasó a la comida —En su opinión, era veneno, simple y llanamente. La
mujer se acercó la fiambrera a la nariz y olió el bizcocho.69
—No, está bien. Nada de BPA.
—El cristal o el Pyrex son más caros, pero más seguros —siguió él.2
¿Cómo era posible que nadie se lo hubiera dicho a la madre de Jungkook?
¿Querían que enfermara?
—Los uso siempre y no hay ningún problema —Yoosun se llevó la tapa de la
fiambrera al pecho, parpadeando con rapidez.29
—No se nota enseguida. Es la exposición continua a lo largo del tiempo. De
verdad, debería invertir en… —Somin agarró la fiambrera, la acercó de un
tirón y, tras agarrar un trozo del bizcocho venenoso verde, se lo metió en la
boca.1
—Son mis preferidos. A mí me encantan —Miró al pelirrubio con gesto
elocuente, y se comió otro trozo de bizcocho. Jungkook se acercó a la mesa
y le quitó a su hermana la fiambrera de las manos antes de que se pudiera
comer un tercer trozo.
—Es verdad, mamá. Estos recipientes son malos. No me había dado cuenta.
No deberías usarlos más —Acto seguido, lo tiró a la basura y su madre
protestó.58
¿Estaba molesta porque él no quería que comieran veneno?4
Somin se levantó de la mesa y salió de la cocina al mismo tiempo que otras
dos chicas entraban. Tendrían al rededor de veinte años, largas melenas
oscuras y la piel blanca, y eran delgadas y de piernas largas. De no saber a
esas alturas de la vida que a la gente le molestaba ese tipo de preguntas,
Taehyung les preguntaría si eran gemelas.
—Tonta, ¿por qué no me preguntaste antes de tomarlos y ensuciarlos de
vino? ¡Mientras te metías con mi novio! —gritó una de ellas.
Taehyung dio un respingo, y su ya ansioso corazón se encogió un poco
más. Las discusiones eran lo que menos le gustaba de todo. Cuando la
gente discutía, siempre tenía la impresión de que era un ataque personal
hacia él. Daba igual que solo fuera un espectador del momento.23
—Me dijiste que habían terminado y tenía curiosidad —replicó la otra chica,
también con la voz demasiado elevada.
La abuela agarró el control remoto negro y miró los botones entrecerrando
los ojos. Una línea de rayas verdes apareció en la televisión y, a medida que
el volumen subía, la música pasó de distraer al pelirrubio a molestarlo.27
—Se acabó. Devuélveme todos los jeans que te presté —gritó la primera
chica, hablando más alto que el volumen de la televisión.
—Vamos, llévatelos. Demuestra lo egoísta que eres.
La abuela murmuró algo y subió otra vez el volumen de la televisión.
Taehyung soltó el pelador con manos temblorosas e intentó respirar
despacio. La situación comenzaba a sobrepasarlo.32
Dos mujeres más entraron en la cocina. Una era más baja que las demás, y
parecía de la edad de Taehyung. La otra parecía una adolescente. Debían
de ser todas hermanas de Jungkook. Una, dos, tres, cuatro… y cinco. La
más baja señaló con un dedo a las gemelas.6
—Dejen de discutir ahora mismo —Ambas refunfuñaron y cruzaron los
brazos por delante del pecho de forma casi idéntica.
—Desde que te fuiste y nos dejaste con los problemas de mamá, perdiste el
derecho a darnos órdenes —protestó una de las gemelas. La más baja se
acercó a ella con mirada desafiante.
—Ahora que está estable llegó el momento de que yo pueda vivir mi vida. A
ver si aprenden a pensar un poco en los demás algún día.
—¿Así que las egoístas somos nosotras? —preguntó la segunda gemela—.
Tú disfrutando por ahí de las fiestas del trabajo y nosotras sosteniéndole el
pelo a mamá después de las sesiones de quimio.47
—Ahora mismo no le están dando quimio, ¿verdad? —La hermana más baja
miró a Jungkook en busca de confirmación.
Yoosun le quitó el control remoto a la abuela y puso el volumen al máximo
antes de irse a trastear al fregadero.1
Taehyung apoyó las palmas húmedas de las manos en la mesa de cristal.
En algún momento pararían. Solo tenía que aguantar un poco más.
—Estaba con quimio, pero no respondía bien, así que ahora la pasaron a un
ensayo clínico con un medicamento en pruebas —contestó Jungkook.
—¿Por qué no me lo dijo nadie?
—Pues porque estás ocupadísima con tus cosas, ¿por qué va a ser? Mamá
no quería que te estresaras más de lo que estás —abatió una de las
gemelas.
—Enterarme de esta manera es lo que me estresa.
—Vaya, por Dios, Eunmin —dijo la otra gemela.
Mientras las chicas seguían, sonó un pitido ensordecedor y Yoosun sacó un
recipiente con arroz del microondas. Usando una cuchara grande de
madera, sirvió un poco en un bowl y colocó los fideos y parte de la ternera y
verduras que Jungkook había frito en el wok. Acto seguido, colocó el bowl
delante de Taehyung y lo miró con una sonrisa educada.
—El japchae de Jungkook. Seguro que te gusta —El pelirrubio asintió con la
cabeza con brusquedad.
—Gracias… —De repente, le surgió la sospecha y miró el recipiente donde
estaba el arroz—. El recipiente es de plástico. Nadie debería comerse esto
—Yoosun se quedó petrificada y se puso roja como un tomate mientras
miraba primero el arroz y, después, a él.87
—Haré más arroz —Antes de que pudiera tocar siquiera el recipiente, el
pelinegro lo tomó.
—Yo lo haré, mamá. Siéntate.
Su expresión era tensa mientras quitaba de la mesa la comida venenosa y
Taehyung tuvo la horrible impresión de que había metido la pata, pero no
sabía de qué otra manera podía haber manejado la situación.19
La madre de Jungkook se sentó y miró a sus hijas, que seguían discutiendo
cerca del refrigerador. Suspiró y tomó el pelador para seguir pelando el
mango que había abandonado un rato antes.
Taehyung mantuvo la vista clavada en lo que tenía entre manos,
poniéndose más nervioso a medida que pasaba el tiempo. Era muy
consciente de la falta de conversación entre ellos, y el instinto le pedía que
le pusiera fin al silencio… si a lo que sucedía se le podía llamar «silencio».
Yoosun no hablaba, pero sus hijas sí, y la televisión seguía a todo volumen.
Cuando empezó a oírse otra vez el piano, sus nervios llegaron al límite. El la
bemol sonó una vez, dos, tres y cuatro. ¿Había algo más irritante?
—Deberían afinar el piano —dijo—. ¿Dónde está su marido? —Al ver que la
mujer seguía pelando el mango sin responder su pregunta, supuso que no
lo había oído. Así que le preguntó de nuevo—. ¿Dónde está?100
—Se fue —contestó con rotundidad.
—¿Eso significa… que murió? —¿Debía darle el pésame? No sabía qué decir.
Ella suspiró con la vista clavada en el mango.4
—No lo sé.
La respuesta intrigó aún más a Taehyung, que frunció el ceño con evidente
confusión.
—¿Están divorciados, entonces?
—No puedo divorciarme si no lo encuentro —El pelirrubio la miró,
estupefacto.4
—¿Qué quiere decir con eso de que no lo encuentra? ¿Sufrió un accidente
o…? —Una mano se posó en su hombro y le dio un firme apretón. Era
Jungkook.36
—El arroz ya casi está. ¿Comes espinacas? —El pelirrubio parpadeó por la
interrupción.
—Claro, no soy alérgico —Una vez que el pelinegro asintió y regresó a la
cocina, volvió a mirar a su madre—. ¿Cuánto tiempo tiene que se fue?
¿Denunciaron la desaparición en…?84
—¡Taehyung! —La voz de Jungkook se alzó por encima de la algarabía a
modo de reprimenda. Sus hermanas dejaron de discutir, y todos los ojos se
clavaron en él. El corazón empezó a latirle más alto que la televisión y que
el piano. ¿Qué había hecho?—. No hablamos de mi padre —dijo
Jungkook.54
Eso no tenía sentido.
—Pero, ¿y si está malherido, o…?
—Es imposible herir a alguien que no tiene corazón —lo interrumpió
Yoosun—. Nos dejó para irse con otra mujer. Quiero divorciarme de él, pero
no sé dónde enviar los papeles. Cambió de número de teléfono —Apartó la
silla y se puso de pie—. Mamá está cansada, chicos. Ustedes coman, ¿sí?
Pidan algo para el novio de Jungkook si no le gusta lo que tenemos.142
La mujer se fue y el piano se detuvo de inmediato. La abuela quitó la
música y la cocina se quedó en silencio tras el último chasquido de la
televisión. El repentino silencio fue un alivio, pero de algún modo le pareció
amenazador. Se le aceleró el pulso, empezó a palpitarle la cabeza y su
respiración se convirtió en continuos jadeos, como si hubiera estado
corriendo. O a lo mejor se estaba preparando para hacerlo.
Somin entró a toda prisa en la cocina. —¿Qué pasó? ¿Por qué llora mamá?
Nadie le contestó, pero siete pares de ojos acusaron a Taehyung.136
Era peor que el ruido de antes. Muchísimo peor. Había hecho llorar a la
madre de Jungkook. Se puso rojo por la vergüenza y la culpa mientras se
ponía en pie de un brinco.
—Lo siento. Tengo que irme —Agachó la cabeza y salió rápidamente.64
Jungkook miró al pelirrubio huir a toda prisa con la sensación de haber
visto un accidente de coche a cámara lenta. Una terrible mezcla de
emociones le corría por las venas. Furia, horror, vergüenza, incredulidad,
espanto.
¿Qué mierda acababa de pasar? ¿Qué hacía? El instinto le decía que fuera
tras Taehyung.7
—Será mejor que vayas a ver a mamá —le dijo Somin.
Tenía razón. Su novio falso acababa de hacer llorar a su madre. Qué hijo
más estupendo era.
Fue a buscarla sin mediar palabra. Subió la escalera con pies y corazón de
plomo, enfiló el pasillo y se detuvo al llegar a la puerta de la habitación de
su madre. Estaba entreabierta, así que se asomó y vio que su madre estaba
sentada en la cama. No hacía falta verle la cara para saber que estaba
llorando. La espalda encorvada y la cabeza gacha lo delataban. La imagen
lo destrozó.
Nadie le hacía daño a su madre. Ni su padre, ni sus antiguas relaciones. Ni
siquiera Taehyung.
—¿Mamá? —Su madre no se inmutó mientras entraba en la habitación y se
acercaba a ella.
—Siento mucho todo lo que dijo —Intentó hablar en voz baja, pero
descubrió que le salía muy alta—. El piano, la comida, papá…
No sabía cómo, pero en cuestión de minutos Taehyung había descubierto
todos los temas sensibles de su familia y no había parado de hurgar en
ellos. Sin pretenderlo. De eso no le cabía duda.
Mierda. Qué mal se le daba a Taehyung relacionarse con la gente. No se
había dado cuenta de lo mal que se le daba hasta esa noche. Cuando
estaban solos no se comportaba así.30
—¿Crees que tu padre está bien? —Le tomó una mano a su hijo.
—Estoy seguro de que sí —Torció el gesto al pensar en su padre, viajando
en un automóvil de lujo con su última mujer.
—¿Puedes enviarle un mensaje de correo electrónico?
—No —Jamás volvería a hablar con su padre. Su madre tomó una
entrecortada bocanada de aire y se tapó la cara con las manos.
—Taehyung tiene razón. Puede estar malherido. Es tan malo que nadie
querría ayudarlo, mucho menos su nueva mujer. Solo estará a su lado
mientras le dure el dinero.
Jungkook apretó los puños, mientras la conocida rabia se adueñaba de
todos sus músculos.
—Esa cantidad de dinero debería durarle mucho tiempo.
—No con el tipo de vida que lleva. Nada era lo bastante bueno para él,
¿recuerdas?
Otra vez no.
Jungkook apretó los dientes mientras su madre empezaba a contarle una
historia que él había oído miles de veces. Se sentó a su lado y la escuchó a
medias para poder hacer los sonidos apropiados cada vez que ella hacía
una pausa.
Sí que se le quedaron grabadas expresiones como «se aprovecha de la
gente», «mala persona» o «mentiroso», y no pudo evitar pensar en el hecho
de que en él podían aplicarse esas palabras. Solo había que fijarse en las
mentiras que contaba. En lo que hacía para pagar las facturas. Había
aceptado dinero de Taehyung por hacer lo que cualquier otro tipo haría
solo por…
El horror lo dejó helado. Por eso le había parecido tan mal aceptar la
propuesta del pelirrubio. Porque estaba mal. Se estaba aprovechando de
él. ¿Qué clase de persona aceptaba dinero de alguien inocente para
enseñarle a hacer cosas que podía aprender sin pagar?
Acababa de dar el último paso para convertirse en su padre. Eso no podía
estar bien. Él no era así. Era mejor. El acuerdo que tenían debía acabar en
ese mismo momento.
¿Dónde estaba Taehyung? Mierda, ¿lo estaría esperando fuera? Se puso en
pie de un brinco antes de que su madre llegara al final de la historia.
—Tengo que irme, mamá. Siento lo de esta noche, todo lo que pasó.
—No tienes por qué disculparte. Si lo quieres, nosotros también
aprenderemos a quererlo.27
La simple mención de esa palabra le provocó un repentino sudor que le
cubrió la frente.
—No lo quiero —Eso empeoraba sus actos, ¿verdad? Su madre agitó una
mano para restar importancia a sus protestas.9
—Tráelo otro día. Mamá no meterá el plástico en el microondas cuando él
venga.9
—No deberías hacerlo nunca.
—Bien, bien.
Lo dijo de tal manera que Jungkook supo que seguiría haciendo las cosas a
su manera pese a lo que le dijeran, y se juró que tiraría todos los recipientes
de plástico y los cambiaría por otros que fueran seguros. En cuanto hablara
con Taehyung.
—Buenas noches, mamá.
—Conduce con cuidado.
Salió de la casa en tiempo récord, pero se detuvo en seco nada más pisar la
calle.
Taehyung se había ido.
Se aferró a los pilares de madera del porche y tomó varias bocanadas de
aire para aminorar el ritmo cardíaco y permitir que su mente se aclarara. El
aire fresco, el zumbido de los insectos y el distante sonido de un motor.
Tal vez fuera mejor que el pelirrubio se hubiese ido. Necesitaba tiempo
para pensar en cómo despedirse de forma decente. Unas frases cortas,
pero bonitas. La culpa era suya, no de él y… Sin importar lo que dijera,
acabaría llorando. La idea le retorcía las entrañas. Pensaría que él tenía la
culpa. Por sus problemas en la cama y fuera de ella. Por el desastre
involuntario de esa noche.
Caminó hasta su coche y se subió. Una vez que arrancó, colocó las manos
en el volante. No sabía adónde ir. ¿A casa de Taehyung o a la suya? Tenían
que hablar, pero no estaba preparado para ver sus lágrimas después de
haber visto las de su madre.
La caja nueva de condones que descansaba en el asiento del copiloto llamó
su atención. Había comprado incontables cajas como esa a lo largo de los
últimos tres años. No había deseado abrir ninguna tanto como había
deseado abrir esa… porque Taehyung era distinto. Pero debía volver a
abrir la caja para usar el contenido con un sinfín de clientes los viernes por
la noche, ofreciendo un servicio por el que ellos pagaban un precio justo. Ni
le hacía daño a nadie ni se aprovechaba de ellos. Eso era mejor que lo que
hacía su padre. Podía seguir haciéndolo y ser quien era. Aunque fuera una
pena que no deseara a esas personas tanto como deseaba a Taehyung.
Tiró la caja al suelo para no verla antes de ponerse en marcha hacia su
apartamento.
Al día siguiente. Haría lo correcto al día siguiente.
◍ 16 ◍
Taehyung completó su rutina nocturna sumido en el entumecimiento. Sin
embargo, no empezó a llorar hasta que apoyó la cabeza en la almohada.79
Todo había terminado. Jungkook le había pedido que fuera bueno con su
familia y él había hecho llorar a su madre. No se podía subsanar algo así.1
El instinto le exigía que le contara la verdad al pelinegro. Aunque no estaba
al tanto de lo graves que eran, ya conocía algunos de sus problemas:
sensibilidad con los olores, con los ruidos y con el contacto físico; su
obsesión con el trabajo; su necesidad de una rutina; y su incomodidad con
otras personas. Lo que no sabía era que había etiquetas para eso, un
diagnóstico.2
Sin embargo, ¿era mejor la lástima que el odio? En ese momento debía
pensar que era un desconsiderado y un maleducado, pero seguía
considerándolo una persona normal con alguna que otra rareza. Con las
etiquetas tal vez fuera más comprensivo, pero dejaría de verlo como a Kim
Taehyung, econometrista raro a quien le encantaban sus besos. A sus ojos,
se convertiría en el autista. Sería… menos.50
Con otras personas, le daba igual lo que pensaran. Con Jungkook,
necesitaba con desesperación que lo aceptara. Tenía un trastorno, pero no
lo definía. Era Taehyung. Era una persona única. No había manera de
reconducir la situación. No había manera de conservarlo.14
De todas formas, tenía que disculparse con su madre. Nunca había hecho
llorar a nadie, y eso lo hacía sentirse fatal. Las evasivas de la madre de
Jungkook tenían sentido una vez que conocía la historia de su padre. Ojalá
lo hubiera podido comprender antes, pero solo podía controlar sus actos
futuros, no los pasados.
Conforme la noche fue pasando, compuso y recompuso una disculpa, la
repitió una y otra vez. Una vez que amaneció, se obligó a salir de la cama y
se preparó para enfrentarse al día que tenía por delante.
Condujo hasta el mismo centro comercial al que fue el día anterior y aparcó
delante de la tintorería. En cuanto le dieran la vuelta al cartel para indicar
que habían abierto, se disculparía y luego se marcharía.
Pasar la noche en vela le había dejado la cabeza hecha un lío, y el corazón
le dolía por la implacable presión de la ansiedad. Llevaba aferrando el
volante tanto tiempo que se le habían agarrotado los dedos. Estaba
exhausto y quería acabar con aquello para así ir a la oficina y zambullirse
en el trabajo.
A las nueve menos cinco, el cartel cambió de Cerrado a Abierto. Taehyung
inspiró hondo, tomó las cosas que había dejado en los asientos traseros y
salió del coche. Dentro de la tintorería, Somin estaba sentada al otro lado
del mostrador principal. Al verlo, levantó la vista del libro de texto que
tenía en el regazo y parpadeó por la sorpresa. A juzgar por la tensa mueca
de sus labios, no era una sorpresa de las buenas.
—Hola, Taehyung… Jungkook no trabaja los sábados.
—No lo busco a él —¿Para qué? Se había terminado—. Traje esto para tu
madre. ¿Está por aquí?
La expresión de la chica se suavizó al ver los bombones y la caja que el
pelirrubio llevaba en las manos.
—Sí, está aquí.
—¿Puedo hablar con ella, por favor?
—Está trabajando en el taller. Te acompaño.
Siguió a Somin a la parte trasera y se detuvo delante de una máquina de
coser industrial verde, donde Yoosun trabajaba guiando la tela por debajo
del prensatelas con rapidez y eficiencia, con las gafas en la punta de la
nariz. Sintió que se le tensaban los músculos y se le desbocaba el corazón.
Había llegado el momento de la verdad. Ojalá no metiera la pata. Ojalá
dijera lo que tenía que decir.
Somin murmuró algo al acercarse a ella y la mujer alzó la vista. Acto
seguido, apartó la mirada de su hija y la posó en Taehyung. El pelirrubio
tragó saliva y se obligó a hablar.+
—Vine a disculparme por lo de anoche. Sé que fui maleducado. No… no se
me da bien tratar con las personas. Quería agradecerle la invitación a
cenar. Traje esto —Le ofreció los bombones y la caja color crema—. Espero
que le guste el chocolate y que los recipientes de pyrex le sean de utilidad.
Ya no debe comer veneno.100
Somin agarró los bombones antes de que su madre pudiera tocarlos
siquiera. —A mí sí me gusta.
Yoosun aceptó la pesada caja y se quedó petrificada por unos segundos, sin
saber muy bien cómo reaccionar, pero finalmente terminó sonriendo de
forma sincera.
—Todavía queda mucha comida de anoche. Deberías venir otra vez.
Taehyung bajó la mirada. Jungkook se asustaría si lo viera esa noche en
casa de su madre.
—Tengo que irme. Siento muchísimo lo de anoche. Gracias de nuevo —Se
inclinó levemente hacia ella, y les dedicó una sonrisa triste antes de
abandonar la tintorería.
◍◌◍◌◍
Jungkook entró en el estudio y tiró la bolsa de deporte en el tatami azul,
junto a otras dos. Los luchadores que había en mitad de la estancia se
separaron, retrocedieron cinco pasos, se cambiaron el sable a la mano
izquierda e hicieron una reverencia.
—Mira quién viene ahí —dijo el luchador de la derecha.
Era Yoongi. Llevaba la cara cubierta por un casco, pero Jungkook lo
reconoció por la voz y también por el nombre que había bordado en su
ropa negra de combate. Además, Yoongi era más bajo que él y dos
centímetros más bajo que su hermano pequeño.
Hoseok lo saludo con una mano enguantada y pasó del combate a hacer
series de golpes usando el espejo como referencia. Diez rápidos golpes a la
cabeza, diez golpes a la muñeca, diez golpes a las costillas. Y volvía a
empezar.
Cuando Hoseok entrenaba, entrenaba de verdad. No había tiempo de
descanso entre series. Su concentración era impresionante. Y le recordó a
Taehyung. Soltó un hondo suspiro.48
—No sueles venir los sábados. ¿Qué pasa? —indagó Yoongi.
—Quería combatir un poco —contestó Jungkook al mismo tiempo que se
rascaba la nuca.
Solía pasar los sábados corriendo y haciendo pesas… cosas que podía
hacer en solitario, porque estaba harto de gente después de lo que hacía
los viernes por la noche. Ese día, en cambio, no quería estar solo. Sabía que
no iba a dejar de pensar ni un solo minuto en Taehyung.
Aunque había estado meditándolo toda la noche y casi todo ese día, seguía
sin saber cómo terminar con él sin hacerle daño. Claro que tenía que
hacerlo. Y pronto. Debería llamarlo después de la práctica y quedar para
verse. Hacerlo cara a cara era lo mejor.
—Pues vístete —replicó Yoongi—. La clase empieza dentro de una hora. El
profesor se tomó el día libre, así que el perdedor tiene que darla… Una
clase de niños pequeños.1
Era el incentivo perfecto para ganar. Los niños que asistían a entrenar
solían ser un dolor en el trasero. Cualquiera diría que los niños más
pequeños eran menos peligrosos, pero solían ser los peores. Daban vueltas
por el estudio como tornados en miniatura, golpeando por debajo de las
protecciones y dando en las pelotas, todo por accidente. No sabían hacer
otra cosa.3
Algo parecido a Taehyung en situaciones sociales.
Y a Hoseok.89
Mientras se preparaba, Jungkook observó a Hoseok, que seguía haciendo
sus series metódicamente, de diez en diez golpes. Siempre era el mismo
número, y siempre las hacía en el mismo orden. Si a Taehyung le daba por
practicar el Kendo, se lo imaginaba haciendo lo mismo.
Después de lo de la noche anterior, encontraba muchas más similitudes
entre su primo y Taehyung de las que había creído en un principio. Hoseok
tampoco controlaba los temas de conversación sensibles cuando hablaba
con los demás. Era tan sincero que daba miedo, creativo de forma muy
rara, y…
De repente, las sospechas hicieron que mirara a Yoongi.
—Me preguntaste si Taehyung me recordaba a Hoseok —El pelimenta se
desató las cintas que tenía detrás de la cabeza y se quitó el casco. Sus ojos
oscuros lo miraron fijamente—. ¿Te contó algo que yo debería saber? —
Recordó la noche del club, cuando salió y tuvo la impresión de haber
interrumpido algo.51
—Después de que terminara de hiperventilar por la sobrecarga sensorial.
Me contó algo.3
—¿Estaba hiperventilando? —se oyó preguntar. El estómago le dio un
vuelco y se quedó helado.
¿Qué clase de idiota era para no haberse dado cuenta y no haber estado a
su lado? Debería haber sido él. No Yoongi.17
—Demasiada gente, Jungkook. Demasiado ruido, demasiadas luces
parpadeantes. No deberías haberlo llevado a ese sitio.
Todo encajó de golpe.
—Es autista.119
—¿Decepcionado? —preguntó Yoongi con el ceño fruncido y ladeando la
cabeza.
—No —Contestó con voz ronca, y tuvo que carraspear antes de continuar—:
Pero me gustaría que me lo hubiera dicho.
¿Por qué no se lo había dicho? ¿Y por qué había permitido que lo llevara al
club? Taehyung debía de saber lo que le iba a pasar. Y lo de la noche
anterior… Mierda, seguro que fue espantoso. La televisión a todo volumen,
el piano, sus hermanas gritando, todas esas cosas nuevas…19
—Solo quiere gustarte.168
Esas palabras lo golpearon como un puñetazo en el estómago. Taehyung le
gustaba, y saber lo que era no cambiaba eso en absoluto. Seguía siendo la
misma persona. Salvo que ya lo entendía mejor. Al menos, de forma
consciente, lo hacía. De forma inconsciente, tenía la sensación de que
siempre lo había sabido.
Dado que se había criado con Hoseok, sabía cómo relacionarse con
Taehyung. Ni siquiera tenía que pensarlo. Seguramente por eso el
pelirrubio podía relajarse con él cuando era incapaz de hacerlo con otros…
Una extraña descarga lo recorrió, tensándole los músculos y poniéndole el
vello de punta.
Tal vez no tenía que terminar su relación. Tal vez aceptar la propuesta no
era aprovecharse de Taehyung. Dado que era autista, tal vez estaba bien
que tuviera una relación de práctica antes de embarcarse en una real. Tal
vez él era el hombre perfecto para que practicara. Tal vez podía ayudarlo
de verdad.2
No tenía que aceptar los cincuenta millones en su totalidad. De hecho, si se
ponía a pensarlo, no tenía que aceptar nada de dinero. Tenía tarjetas de
crédito. Podría compensar la diferencia el mes siguiente. Al ayudarlo sin
motivación financiera, por fin demostraría que no era como su padre.39
Se quitó las protecciones y las tiró al suelo sin muchos miramientos.
—Guárdalas, ¿sí? Tengo que irme.
◍◌◍◌◍
El móvil de Taehyung sonó, sacándolo del mundo de sus datos. Su
despacho se materializó, con la mesa, las pantallas del ordenador con el
comando del sistema y todo el código que había escrito, con las ventanas y
la oscuridad que había al otro lado.
«Hora de la cena» decía en la alerta del móvil.
Abrió un cajón de la mesa y sacó una barrita de proteínas. Su madre se
enfadaría si lo viera comerse una de cena, pero le daba igual. Solo quería
trabajar.25
Mientras mordisqueaba sin muchas ganas la barrita acartonada con
supuesto sabor a chocolate, hizo pequeños ajustes y cambios en el
algoritmo. Era bueno. Tal vez de lo mejor que había hecho.
El móvil vibró y en la pantalla apareció un mensaje de texto de Jungkook.
JK: ¿El despacho del tercer piso que tiene la luz encendida a las 6 de la tarde
aunque sea sábado es el tuyo?
26
Soltó la barrita de proteínas y se levantó para mirar por la ventana. Una
silueta que le resultaba familiar estaba apoyada en una farola del
aparcamiento. Se apartó enseguida de la ventana, demasiado humillado
para que lo viera.
El móvil vibró al recibir otro mensaje.
JK: Baja. Tenemos que hablar.
Se dejó caer en el sillón. Había llegado el momento. Estaba allí para
terminar con él. Le temblaron los pulgares mientras escribía una corta
respuesta.
TH: Dímelo por mensaje.82
JK: Quiero hablar contigo en persona.
Arrojó el móvil a la mesa y se cruzó de brazos. Estaba cansado y
avergonzado. No quería ser testigo de la disolución de su trato. ¿O querría
hablar de otra cosa? ¿Había metido más veces la pata?
A lo mejor no debería haberse disculpado con su madre llevándole los
recipientes de pyrex, tal vez con un ramo de flores bastaba. ¿Había sido un
gesto grosero y espeluznante? ¿Por qué no podía hacer las cosas bien?33
Se pasó las manos por el pelo e intentó controlar la respiración. ¿Tendría
que disculparse por haberse disculpado?9
El móvil vibró de nuevo, y lo abrió con la punta de un dedo tembloroso para
leer el mensaje.
JK: Pienso quedarme aquí hasta que bajes.
21
Se frotó la sien. Le dolía la cabeza, y el sudor hacía que la ropa se le pegara
al cuerpo. Necesitaba ir a casa y cambiarse. Acabaría con eso de una vez
por todas.
Tiró a la papelera la barrita, a la que solo le había dado un mordisco,
guardó el trabajo y apagó el ordenador. Tomó su bolso, apagó las luces y
salió del despacho. Los pasillos vacíos y las luces de cortesía que
iluminaban las mesas solían reconfortarlo. Esa noche, hicieron que se
sintiera solo y triste.
Mientras se dirigía al ascensor, se preguntó cuánto tardaría en desaparecer
esa sensación. ¿Una semana? ¿Un mes? Ojalá pudiera volver todo a la
normalidad… como era antes de conocer a Jungkook. Semejante montaña
rusa de emociones era agotadora.
El sonido de sus zapatos sobre el suelo del mármol resonó por la recepción,
y se obligó a abrir la puerta principal y salir a la calle. El pelinegro se
enderezó y se metió las manos en los bolsillos, tan guapo como siempre a
la luz de la farola.1
—Hola, Taehyung.
—Hola, Jungkook —Sintió una opresión dolorosa en el pecho. Empezó a
tamborilear con los dedos sobre un muslo hasta que lo descubrió
mirándole la mano.
—Mi madre me dijo que estuviste en la tintorería.
Era por eso. Había metido la pata de verdad. Se le cayó el alma a los pies y
le dieron ganas de llorar. Consiguió mantener una expresión tranquila a
duras penas.
—Lamento si no debí haberlo hecho. No soportaba la idea de haberle
hecho daño. Nunca quiero hacerle daño a la gente, pero siempre termino
haciéndolo. Estoy trabajando para corregirlo, pero es muy complicado y
yo… es que… es que…90
—¿De qué hablas? —preguntó, acercándose a él.
Taehyung clavó la vista en sus zapatos. Estaba muy cansado. ¿Cuándo iba a
terminar la escena para poder irse a casa y dormir?
—Estás enfadado. Porque fui a ver a tu madre. Fui un entrometido.
—No, la verdad es que no estoy enfadado.
Alzó la mirada y notó que Jungkook lo observaba con expresión triste. —
Pues no… no lo entiendo.
—Como tu novio de práctica, ¿no debería estar aquí? Se hace tarde —El
pelirrubio tomó aire, sorprendido.10
—Después de todo lo que dije en casa de tu madre, ¿todavía quieres
mantener una relación de práctica conmigo?
—Sí. Las cosas son complicadas en mi familia, y debería haberte preparado
de antemano. Siento mucho no haberlo hecho —Cuando le rodeó la cintura
con un brazo y lo pegó a él, Taehyung estaba demasiado sorprendido como
para hablar. ¿Jungkook se estaba disculpando?—. ¿Estás bien? Tienes cara
de estar a punto de desmayarte —El pelirrubio se tensó por su cercanía, sin
saber qué hacer.
—Estoy bien. No te preocupes.
—¿Cuándo fue la última vez que comiste?2
—No lo rec… Ah, me comí algo justo antes de tu primer mensaje.
—¿Qué cosa?
No pensaba decírselo. Seguramente se comportaría como su madre y lo
regañaría. Era lo último que le hacía falta en ese momento.
Jungkook le acarició el mentón con los dedos antes de sujetar su rostro
entre las manos. El más leve de los besos le rozó los labios.
—Hueles a chocolate —frunció el ceño—. ¿Te comiste una barra de
chocolate como cena, Taehyung?31
—De chocolate no. Una barrita de proteínas. Tienen vitaminas y más cosas.
—Vámonos ahora mismo. No discutas. Voy a darte de comer.18
Lo acompañó a su coche, que estaba aparcado cerca, pero a esas alturas
estaba demasiado cansado como para protestar. Las puertas se abrieron al
recibir la señal de la llave que llevaba en el bolso, y Taehyung se sentó en el
asiento del copiloto. Intentó abrocharse el cinturón de seguridad, pero
Jungkook se lo quitó de las manos y lo abrochó con gesto firme. Después,
rodeó el coche, se sentó al volante y salió del aparcamiento.
El movimiento del coche lo adormeció hasta sumirlo en un sueño ligero, y
pasaron varios minutos antes de que se diera cuenta de que el camino le
era conocido.
—¿Adónde vamos?
—A casa de mi madre.
Un subidón de adrenalina borró de un plumazo el sueño que lo embargaba
y se incorporó en el asiento, con los ojos muy abiertos.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Allí hay mucha comida. Mi madre me obligó a cocinar anoche para un
ejército.
Taehyung se colocó bien las gafas mientras su corazón se agitaba como si
fuera a despegar.
—Me gustaría mucho irme a casa.
—¿Tienes algo decente de comer ahí?
—Tengo yogur. Me lo comeré. Te lo prometo —El pelinegro negó con la
cabeza a la vez que soltaba un suspiro.32
—Te daré de comer rápido y luego te llevaré a casa.8
Antes de que tuviera tiempo de replicar, Jungkook ya enfilaba el camino de
entrada de la casa gris. Cuando abrió la puerta del coche, a Taehyung le
llegó el sonido de la misma música gracias al viento. Se aferró al cinturón
de seguridad como si fuera un salvavidas.4
—Hoy no soportaré la televisión —susurró con voz angustiada.
Después de lo de la noche anterior, la tolerancia habitual lo había
abandonado. Colapsaría y asustaría a todo el mundo. Jungkook cambiaría
de opinión acerca del acuerdo… Y todavía no se creía que no quisiera
ponerle fin. O tal vez empezaría a tratarlo como si fuera un objeto de cristal,
que sería mucho peor.14
—Espera un segundo.
Jungkook sacó el móvil del bolsillo y escribió algo. Al cabo de un momento,
la música dejó de oírse.
—¿Les pediste que apagaran la televisión? ¿No se molestarán tu madre y tu
abuela por no poder ver los programas que les gustan? —El cuerpo entero
le ardía por la vergüenza. Detestaba que la gente tuviera que hacer
cambios por él.1
—Solo es la televisión —sonrió.
—No me gusta que las personas tengan que comportarse de forma distinta
por mi culpa.32
—A nosotros no nos importa —Jungkook rodeó el coche, le abrió la puerta y
le tendió la mano—. ¿Entramos?
Taehyung dudó, porque lo último que quería era herir nuevamente a
alguien, así que, tomando una profunda y temblorosa respiración, tomó su
mano y la apretó con fuerza, rogando por hacer las cosas bien esta vez.
◍ 17 ◍
Cuando la delgada mano de Taehyung se posó sobre su palma, el enorme
nudo que Jungkook había sentido en el estómago se aflojó, aunque la bola
de culpabilidad y de tristeza seguía carcomiéndolo por dentro.8
El pelirrubio tenía un aspecto horrible. Llevaba el cabello muy despeinado
y el rostro demacrado. Sus ojos, que normalmente brillaban y eran muy
expresivos, estaban apagados, hinchados y ensombrecidos. Se le encogió
el corazón al darse cuenta de que debía de haber llorado mucho para que
estuvieran así. Él lo había hecho llorar.4
Ese no era su Taehyung.71
En fin, el sudor de su mano sí que era Taehyung. Le dio un leve apretón y lo
condujo a la puerta de la casa. Cuando abrió e hizo ademán de entrar, el
pelirrubio se tensó y se negó a moverse.
—Olvidé traer algo. Google dice que tengo que traer algo. Déjame ir
por…105
—No pasa nada, Taehyung —Le rodeó la cintura con un brazo y lo obligó a
entrar en la casa. Una vez en el vestíbulo, lo vio cerrar los ojos con fuerza
mientras tomaba una honda bocanada de aire. Se daba cuenta de que
estaba absorbiendo el silencio, sentía cómo el cuerpo de Taehyung se
relajaba contra su brazo—. Sabes que me puedes decir si algo te molesta,
en cualquier situación, ¿verdad? Como la televisión anoche… o el club la
semana pasada —El pelirrubio se mostró sorprendido y temeroso, pero, en
vez de mirarlo a la cara, clavó la vista a un lado, tenso de nuevo.
—¿Yoongi te dijo algo?17
Jungkook titubeó antes de contestar. Algo le decía que era muy importante
para el pelirrubio que no lo supiera, de modo que hizo lo que había
aprendido de su padre, por más que lo detestara. Mintió.
—Solo que el ruido y la gente fueron demasiado para ti. ¿Por qué no me lo
dijiste? Me hubiese gustado que me lo hubieras dicho.
—Ya te dije que no me gusta que la gente tenga que comportarse de forma
distinta por mi culpa.
—Podríamos haber hecho cualquier otra cosa —replicó él, exasperado. Lo
último que quería era hacerle daño o incomodarlo.
—¿Por qué hay naranjas aquí? —le preguntó Taehyung, señalando el plato
con naranjas que había junto a una urna de incienso.26
—No cambies de tema —El pelirrubio suspiró.4
—Bien. Me avergüenza. Mucho.
Toda esa autoflagelación… ¿por qué Taehyung se avergonzaba de admitir
que era distinto? Lo derritió por dentro, de modo que le tomó la mano y le
dio un apretón.
—¿Me vas a decir ahora lo de las naranjas? —Jungkook sonrió por la
terquedad que demostraba.
—Es una ofrenda para los difuntos. Se supone que tienen hambre en el más
allá —contestó, y se encogió de hombros, algo incómodo. Con el cerebro
tan científico que el pelirrubio tenía, seguro que le parecía una tontería. A
él también se lo parecía, pero era algo que les gustaba hacer a su abuela y a
su madre.27
Una sonrisa asomó en los labios de Taehyung.
—¿También les ofrecen otra comida? Yo me cansaría de comer fruta a todas
horas. ¿Qué tal una barra de chocolate? —Jungkook soltó una carcajada al
oírlo.44
—Ya agotaste tu cupo de chocolate por hoy.
—¿Qué hacen con la fruta una vez ofrecida? Porque supongo que los
muertos no se levantan de las tumbas para comérsela…
—Nos la comemos nosotros. No tengo muy claro cuánto tiempo hay que
esperar, pero creo que al menos un día o dos.
—Mmm...
El pelirrubio examinó el altar y las pequeñas fotografías que había ahí, con
la cabeza ladeada para poder ver lo que había detrás. A juzgar por su
expresión, estaba fascinado. No parecía condescendiente, aburrido ni
importunado.+
—¿Nunca habías visto un altar?
—No, nunca lo hicimos en casa —contestó de forma distraída.
Taehyung tomó la caja de incienso oculta tras las fotografías, y se la llevó a
la nariz, pero la arrugó al sentir el fuerte olor. Jungkook sonrió con
ternura.5
—Vamos a saludar a mi madre y a mi abuela, y luego comeremos. ¿Bien?
—Bien.
El pelirrubio lo siguió por el comedor para llegar a la cocina, donde Minju y
Yujin estaban llenando unos cuencos grandes con fideos de arroz, caldo, y
ternera. Parecía que otra vez se hablaban. Teniendo en cuenta que eran
enemigas un día y mejores amigas al siguiente, estaban siguiendo su pauta
normal. Su abuela y su madre estaban cortando un montón de fruta en la
sala de estar donde comían siempre, ya que la mesa del comedor solo
estaba de decoración. La abuela llevaba su cárdigan negra preferida,
mientras que su madre llevaba un jersey con estampado navideño, aunque
todavía no era la época.16
—Hola, abuela, mamá —Su madre lo saludó con un gesto de la cabeza
antes de mirar a Taehyung.
—Bienvenido de nuevo. La cena estará lista enseguida. Te sientas y comes,
¿sí?
Taehyung estaba sonriendo, pero le apretaba la mano con mucha fuerza.
—Claro, gracias. Se ve muy bien.
—Estas dos son Minju y Yujin. No son gemelas —le dijo Jungkook, mientras
conducía al pelirrubio hacia la isla de cocina, que estaba atestada con
recipientes nuevos de Pyrex—. Minju, la que lleva una mecha roja en el
pelo… —frunció el ceño—. Dios, ¿cuándo te la pusiste? —resopló,
regresando su atención al chico—. Minju es decoradora de interiores, y
Yujin es fisioterapeuta.19
—Hola, Taehyung —lo saludaron las dos al unísono. Su madre tenía que
haberles contado lo de la disculpa del pelirrubio, porque parecían
dispuestas a hacer borrón y cuenta nueva. Taehyung las saludó con un
tímido gesto de la mano.
—Hola.
—¿Está Eunmin por aquí? —les preguntó Jungkook.3
—No. Cosas del trabajo —contestó Yujin.
—En sábado —añadió Minju con una mueca burlona.
—Porque la gente trabaja…
—En sábado…
—A todas horas —Las hermanas se miraron con expresión elocuente.3
—Llevan acabando las frases de la otra desde pequeñas —Susurró en el
oído del pelirrubio—. Creo que son extraterrestres —Sus labios temblaron
de nuevo hasta esbozar otra sonrisa, y se inclinó hacia él. Se veía tan
tímido. Su familia debía de resultarle abrumadora, y ni siquiera estaban
todos. Le dio un apretón en la mano y contuvo el deseo de besarlo. Esa
forma de pegarse a él en busca de refugio satisfacía una necesidad atávica
que Jungkook no sabía que tenía. Carraspeó antes de hablar—. ¿Dónde
están Somin y Heejin?3
—Arriba, estudiando. Bajarán cuando tengan hambre. Las dos tienen
exámenes pronto.
—Son las pequeñas —le explicó a Taehyung—. Heejin es la menor de todas.
Está en su segundo año en la universidad.
—Se me van a olvidar los nombres.63
Parecía tan preocupado… que Jungkook se derritió un poco. ¿Por qué le
importaba a Taehyung eso? Esas personas no podían ser especiales para él.
Solo eran sus familiares.4
—Tranquilo. Ojalá se me olvidaran a mí.11
—Muy gracioso, Jungkook —replicó Yujin, poniendo los ojos en blanco, y
luego se dirigió al rubio—. Tú acuérdate de mí y ya está. Soy fisioterapeuta,
así que, si tienes síndrome del túnel carpiano o algo, ya sabes a quién
acudir. La postura lo es todo.40
—¿Y por qué no pudiste hacerte doctora, Yu? —le preguntó su madre—.
Solo quería un médico en la familia, y ninguno quiso darme el gusto.
—Taehyung es doctor —dijo Jungkook con una sonrisa. El aludido abrió los
ojos con sorpresa.
—No, no lo soy.
—Sí que lo eres. Tienes un doctorado. Eso te convierte en doctor. Y fuiste a
la Universidad de Seúl. La mejor —Tal como sabía que iba a suceder, su
madre miró al pelirrubio con interés.
—Es fantástico.
Taehyung se ruborizó, haciendo que su cara recuperara un color que le
hacía mucha falta.
—¿Cómo es que…?
—Acoso a través de Google —Los ojos de Taehyung se clavaron en los suyos
y una sonrisa sorprendida apareció en sus labios.37
—¿Me estuviste acosando? —Jungkook se encogió de hombros. Le tocaba a
él sentirse incómodo.
—Muy bien, tortolitos, la cena está lista. A comer —anunció Minju mientras
colocaba un cuenco lleno de fideos que había cortado con tijeras, y
finísimos trozos de carne delante de la abuela, y la besó en la sien como
besaría a un niño pequeño.1
Una vez que se sentaron a la mesa, Jungkook observó cómo Taehyung
imitaba el ritual de preparación de la comida de Minju a medida que iba
añadiendo salsa de chili, nabo y zanahorias encurtidas, brotes germinados
y salsa de pescado a su cuenco de fideos, verduras y ternera.
—Prueba este plato —Le dijo al pelirrubio. Taehyung asintió con la cabeza
con gesto distraído mientras lo mezclaba todo y lo probaba. Abrió los ojos
con sorpresa y sonrió antes de taparse la boca.
—Cocinas muy bien.
—Jungkook es muy bueno con las manos —aseguró su madre con un gesto
orgulloso de la cabeza. Minju puso los ojos en blanco antes de esbozar una
sonrisa traviesa.92
—¿Estás de acuerdo, Taehyung? ¿Es «bueno con las manos»? —Su madre la
miró con el ceño fruncido, pero el pelirrubio se limitó a sonreír y a asentir
con la cabeza.29
—Sí, es muy bueno.158
Minju levantó las cejas y miró a su hermano con estupefacción. Jungkook le
sonrió de forma burlona.37
A medida que avanzaba la cena, Jungkook fue cambiando su forma de ver
a Taehyung gracias al descubrimiento que acababa de hacer. No lo notaba
tanto cuando estaban solos, pero Taehyung tenía problemas para
mantener el contacto visual. Rara vez le hablaba a alguien a menos que le
hicieran una pregunta directa, que contestaba con respuestas cortas y
concisas. En cambio, cuando prestaba atención, usaba la misma
concentración que usaría para sus complejos problemas económicos.
Fruncía el ceño y escuchaba cada palabra como si fuera de vital
importancia. Su familia le importaba porque era importante para él.
—¿Dónde creciste, Taehyung? —preguntó Yoosun después de terminar de
cenar.
—En Suam-dong. Mis padres siguen viviendo allí —contestó. La mujer
levantó las cejas al oír el nombre de uno de los barrios más ricos de Ulsan.
—¿Te gustan los bebés?1
—Mamá… —Habló con voz ronca y horrorizada. Su madre se encogió de
hombros con expresión inocente—. No tienes que contestar —le dijo al
pelirrubio. Taehyung lo miró a los ojos. Sus facciones se relajaron, pero no
así la intensidad de su concentración. Su precioso cerebro estaba
concentrado en él. Jungkook tuvo que admitir que le encantaba.1
—No sé si me gustan los bebés —dijo Taehyung—. No me he relacionado
con muchos. Aunque mis padres desean nietos. Mi madre, en especial.
—Qué entrometidas son las madres… —Al oír su comentario, el pelirrubio
sonrió, y le brillaron los ojos. A Jungkook se le olvidó de qué estaban
hablando. Como no pudiera besarlo pronto, se volvería loco.7
—Cuando llegues a mi edad —dijo Yoosun, cruzándose de brazos—, querrás
bebés con los que jugar. Es natural.
Minju se puso en pie de un salto. —¿Me ayudas con los platos, Taehyung?
—Claro, me encantaría ayudar —contestó—. ¿Sigues un método en
particular?1
—Lo justo para que queden limpios.2
Yujin recogió la mesa mientras Minju y Taehyung metían las cosas en el
fregadero. Su madre y la abuela miraban a Jungkook con seriedad. El
pelinegro se preparó para algo malo.
—Me conquistó hoy en la tintorería —confesó—. Es importante saber
admitir que te has equivocado, y él lo hizo. Aún si en realidad no hizo nada
malo —sonrió—. Me gusta. Me gusta mucho.54
Jungkook sonrió ante las palabras de su madre, pero después negó con la
cabeza y apretó los labios. —No es tan sencillo.
—¿Por qué?
—Somos demasiado distintos. Él es muy listo y gana un montón de dinero.
—Tú eres listo —protestó su madre. Puso los ojos en blanco al oírla—. No
eres como tu padre quería, pero eso no quiere decir que no seas listo. Y no
ganas tanto porque estás muy ocupado ayudándome en la tintorería. Ya te
dije que no te necesito. Dejas escapar muchas oportunidades por mi culpa.
No quiero eso para ti, Jungkook, y tampoco quiero que pierdas a este
chico. Quédatelo.22
—No es tan sencillo.
—Lo es. Le gustas. Y a ti te gusta.7
Si tuviera menos control, le habría recordado la relación que mantuvo con
su padre, pero sería un golpe bajo. Su padre la quería… a su manera. Pero
también le encantaba ser infiel. Nunca comprendería por qué su madre lo
perdonaba siempre.7
—Prométeme que lo intentarás al menos, ¿de acuerdo? Él me gusta —le
pidió Yoosun.
Jungkook se habría reído. De todas las personas que había llevado a casa,
le gustaba la única a quien no podía tener. Su cliente. Su rico, educado y
precioso cliente, que le estaba pagando para que le enseñara cómo
conseguir a alguien mejor.
—Lo dices porque está lavando los platos.21
Jungkook sabía cuál era la forma de conquistar a su madre, y no era la
comida. Era la limpieza, lavar los platos. Él no tenía que lavar los platos
porque cocinaba. Por algún motivo, ninguna de las mujeres de la casa
cocinaba. Él había aprendido por mera supervivencia.15
—No le molesta trabajar —replicó su madre—. Eso es importante —La
abuela asintió de acuerdo con ella.
Durante unos segundos, los tres observaron a Taehyung mientras lavaba
los platos, los enjuagaba y se los pasaba a Minju para que los secara. Se
había remangado la camisa y trabajaba con gran concentración,
escuchando y sonriendo con gesto distraído mientras Minju charlaba con
él.
—Llévalo a casa —le dijo la abuela—. Se ve cansado.
Jungkook se levantó de la mesa y se acercó al pelirrubio para rodearle la
cintura con los brazos. Como era incapaz de resistirse, le recorrió la nuca
con los labios hasta que lo sintió estremecerse. El estropajo enjabonado
dejó de moverse, y Taehyung lo miró por encima del hombro con expresión
desconcertada. Le deslizó una mano por el antebrazo y le quitó el
estropajo. Terminó de fregar la sartén y el resto de los platos con el
pelirrubio delante, deteniéndose de vez en cuando para besarlo en la oreja,
en la nuca o en el mentón.125
Su hermana lo miró con cara de «busquen una habitación» cuando él le
ofreció el último recipiente de plástico, uno de los tantos que había
obligado a prometer a su madre que no metería en el microondas, y se dio
cuenta de que Minju se moría por hacer algún comentario sarcástico, pero
se contenía porque no quería avergonzar a Taehyung.
Taehyung tenía los párpados entornados y había clavado las uñas en las
baldosas de la encimera mientras intentaba, sin éxito alguno, no responder
a sus caricias.1
—¿Listo para volver a casa? —susurró en su oído. El pelirrubio asintió con la
cabeza. Se despidieron de la familia y se metieron en el coche de Taehyung,
que procedió a arrancar pulsando el botón. Antes de que Taehyung pudiera
abrocharse el cinturón, él le preguntó—: ¿Qué condiciones tienes para el
tema de dónde vamos a vivir y de la frecuencia de las visitas?12
—¿Qué suele hacer la mayoría de las parejas cuando mantienen una
relación estable?
—Viven juntos y se ven todos los días. ¿Eso es lo que quieres? —Le resultaba
raro pronunciar las palabras en voz alta. Eso era lo que llevaba evitando
toda su vida de adulto, pero con Taehyung tal vez estaba preparado para
vivirlas. Si también las quería.3
—En ese caso, lo quiero. Tengo una habitación de invitados que puedes
usar. Pero si no te sientes cómodo viviendo conmigo, lo entenderé. No
todas las parejas comparten casa.3
—¿Y si quiero compartir tu cama, Taehyung? —le preguntó en voz baja.63
Pese a lo mucho que quería ayudarlo y demostrar que no era su padre, no
estaba seguro de poder hacerlo si el sexo estaba fuera de la ecuación. Lo
deseaba demasiado. Además, la mayoría de los problemas de Taehyung
radicaban en su falta de confianza. La cama era un lugar magnífico para
tratar esos temas.
—No tienes por qué hacerlo —contestó el pelirrubio.
—Esa es la cuestión. Sé que no tengo que hacerlo.
—Tienes acceso a mi cama siempre que quieras —dijo, con la vista clavada
al otro lado de la ventanilla—, pero ya sabes en qué punto están mis
habilidades al respecto. No han cambiado desde nuestro último encuentro.
Jungkook sonrió al oírlo. Parecía preocupado por complacerlo. Algo que a
sus clientes nunca les había importado.
—Pues cerremos el trato.
—De acuerdo —Le tendió la mano.
—Vamos a formar una pareja de práctica. Creo que deberíamos cerrar el
trato con un beso.64
El pelirrubio lo miró fijamente a los ojos a la vez que entreabría los labios, y
él no necesitó más invitación. Se inclinó sobre el cuadro de mandos entre
los dos asientos y lo besó. La idea era que fuese un beso seductor, incitarlo
despacio, pero el suspiro que Taehyung soltó lo volvió loco. Se apoderó de
su boca con ansia y le introdujo la lengua. Taehyung le enterró los dedos en
el pelo y después los bajó para arañarle el torso y el abdomen, antes de
meterlos en la cinturilla de sus jeans.
¡Sí! Por fin podrían volver a marcar casillas…7
Alguien golpeó con los nudillos la ventanilla del conductor. Una voz
amortiguada dijo algo ininteligible.41
Jungkook se reclinó en el asiento antes de bajar la ventanilla. Minju tenía
los brazos cruzados por delante del pecho y golpeaba el suelo con un pie
descalzo, luego se inclinó hacia delante, entrecerró los ojos y masculló un
claro «pervertido».1
—Mamá quería que te dijera que la luz de los faros está entrando en el
dormitorio de la abuela y que así no puede dormir.
—Lo siento. Ya nos vamos a casa —Su hermana se inclinó un poco hacia
delante.
—Buenas noches, Taehyung. Espero que vuelvas pronto.
Taehyung se apartó los mechones alborotados que tenía sobre la cara y
carraspeó para poder hablar. —Buenas noches, Minju.
Su hermana le dirigió otra mirada de reproche antes de entrar en la casa.
Pocos segundos después, el móvil de Jungkook se iluminó al recibir varios
mensajes de texto seguidos de Minju.
"Jungkook, tranquilízate un poco."
"Vas a asustarlo, y nos cae muy bien."2
"¿De verdad? ¿En el coche delante de casa?"
"¿Cuántos años tienes? ¿13?"
103
Jungkook se atragantó por la risa y le mostró el móvil a Taehyung para que
pudiera leer los mensajes. El pelirrubio miró la pantalla con los ojos
entornados mientras leía y luego una sonrisa tímida apareció en sus labios.
—No me asustas.
Jungkook se pasó una mano por el pelo, inspiró hondo y se ajustó la
dolorosa erección que presionaba contra la cremallera.
—Mejor te llevo a casa.
Condujo con un evidente desprecio por los límites de velocidad a través de
las calles desiertas del barrio residencial mientras se imaginaba
arrancándole esa ropa de bibliotecario y pegándolo a la pared o al suelo, le
daba igual el sitio.28
Iba a ser genial con Taehyung, incluso espectacular. Iba a…
Lo miró de reojo mientras decidía qué iba a hacer primero, y sus
esperanzas se hicieron añicos. Iba a meterlo en casa y a acostarlo en la
cama.27
En los pocos minutos transcurridos desde que salieran de casa de su
madre, Taehyung se había quedado dormido. Tenía la cabeza ladeada y las
gafas torcidas sobre la nariz. Ni se inmutó cuando la puerta del garaje se
abrió con un chasquido, ni cuando las ruedas chirriaron sobre el suelo de
resina. Aunque intentó despertarlo, no reaccionó. Su respiración
permaneció profunda y regular, y su cuerpo relajado.
Con un suspiro, lo sacó en brazos del coche y caminó hacia la habitación de
Taehyung… la de ambos, a partir de esa noche.
◍ 18 ◍
Taehyung se despertó poco a poco. Se percató de que el sol le daba en la
cara, del ladrido distante de algún perro en el vecindario y del delicioso
olor de Jungkook. Lo rodeaba por completo, tan agradable y tan
concentrado, y se acurrucó entre las sábanas con un suspiro de contento.62
No podía tirar de la sábana para envolverse con ella porque algo pesado se
lo impedía. Frunció el ceño. ¿Qué era? Levantó la sábana y contempló,
horrorizado, el brazo que tenía sobre la cintura. Había dormido solo con la
camiseta interior y en calzoncillos. Y se había saltado la rutina nocturna. Se
sentía sucio.2
¡La boca! Seguramente se había formado en su interior un ecosistema de
bacterias resistentes a los antibióticos. Se incorporó en la cama, dispuesto
a salir corriendo al cuarto de baño.
Hilo dental, cepillo de dientes, ducha y pijama. Hilo dental, cepillo de
dientes, ducha y pijama.
Jungkook tiró del pelirrubio para que regresara a la cama y lo besó en la
nuca. —Todavía no.7
—Estoy asqueroso. Tengo que lavarme. Tengo que… —Jungkook le dio un
chupetón en el cuello y tiró hacia atrás de sus caderas mientras movía las
suyas hacia delante, logrando de esa manera que fuera dolorosamente
consciente de la parte de su cuerpo cubierta por los bóxers que acababa de
sentir en la parte posterior de los muslos.85
Su cuerpo sufrió un fallo sistémico. Se le aflojaron las extremidades. El
deseo le provocó un hormigueo entre los muslos. Era tan intenso que lo
asustaba y lo avergonzaba. Necesitaba tener el control de su mente y de su
cuerpo. Pero lo había perdido.1
—Buenos días —La voz de Jungkook era ronca y baja, y le provocó un
escalofrío en la espalda.
—Buenos… buenos dí… —Una mano se coló por debajo de su camiseta y se
colocó en su pecho. Jungkook le acarició el pezón hasta que lo tuvo
adolorido y duro, y las sensaciones se extendieron hasta su miembro. Acto
seguido, dicha mano descendió por su torso hasta el abdomen, haciendo
que se le contrajeran los músculos.5
—Quiero tocarte aquí —Le cubrió el pubis con descaro y el calor de su mano
traspasó el algodón de la ropa interior, abrasándolo. Taehyung lo agarró
por la muñeca con la intención de alejarlo, pero descubrió que su mano se
negaba a cooperar. Sentía la firmeza de los músculos de su brazo, la
suavidad de su piel, y eso lo distraía muchísimo—. ¿Eso significa que me
das permiso? —susurró Jungkook.25
Le había dado permiso la noche anterior. Quería hacerlo, pero no sabía
cómo manejar esa faceta de sí mismo. Su cuerpo le pedía que contestara
de forma afirmativa. Pero la mente le decía lo contrario.2
Su cuerpo ganó la batalla, de manera que levantó las caderas para
presionarlas contra su mano. El pelinegro le quitó la ropa interior de un
tirón y le besó el cuello mientras acariciaba su erección. Taehyung soltó el
aire de golpe. Se sentía dividido entre el pánico y el placer.
—Taehyung, estás tan exitado. Eres como un Lamborghini. Pasas de cero a
cien en dos segundos y siete décimas.211
—¿Te gustan los Lamborghini? —Intentó aferrarse con desesperación a un
pensamiento coherente. Necesitaba pensar en todo momento, analizar sus
actos y sus palabras.
Cuando se dejaba llevar, siempre cometía errores. Siempre metía la pata,
siempre le hacía daño a alguien, siempre acababa mortificado.13
El pelinegro siguió acariciándolo con suavidad, creando un suave vaivén
que al mismo tiempo resultaba enloquecedor. Le mordisqueó el cuello
antes de darle un lametón y un beso. Lo asaltó una miríada de escalofríos.
—Sí, me gustan. Pero no me compres ninguno —contestó.12
—¿Por qué no? —Le acarició las espinillas con las plantas de los pies al
mismo tiempo que le clavaba las uñas en el brazo.
«Aléjalo. Acércalo. Recupera el control. Déjate llevar.» se repetía
constantemente en su cabeza.+
—No va con mi estilo de vida y mi madre tendría mucha, muchísima
curiosidad por saber cómo lo conseguí —Enfatizó la palabra «muchísima»
con unas cuantas caricias sobre la punta. Los espasmos sacudieron al
pelirrubio y se quedó al borde del orgasmo. Jungkook le besó el lóbulo de
la oreja—. Estás a punto de correrte, ¿verdad? No te hace falta más.
—Porque llevo desde el viernes fantaseando contigo —¡Por Dios! Pero, ¿qué
acababa de decir?128
Jungkook dejó de acariciarlo y se incorporó hasta sentarse en el colchón.
Lo miró con expresión tierna mientras le apartaba unos mechones de pelo
de la cara.
—¿Y qué hace el Jungkook de tus fantasías?20
—De todo —El pelinegro rio y, después, sus ojos adoptaron una mirada
intensa.
—¿Te provoca un orgasmo con la boca? Porque el Jungkook real quiere
hacerlo.107
Taehyung se retorció, dividido entre la necesidad de complacerlo y las
inhibiciones. Esa era una de las cosas que el Jungkook de sus fantasías no
había hecho.
—Me interesa más aprender a practicar el sexo oral que experimentarlo en
mi persona.
—Tal vez deberíamos ponerlo en práctica —dijo con un tono de voz
resignado, algo extraño en él—. No soy el único al que le encanta darle
placer a las personas.
Taehyung se mordió el labio inferior y aferró la sábana con fuerza.
«Personas». En plural. Si fuera un hombre normal podría pensar en un
número del uno al diez, quizá veinte incluso. Pero, tratándose de
Jungkook… podrían ser cientos. Incluso Miles. La ansiedad lo abrumó de
repente. ¿Podría estar a la altura de todos los clientes con los que había
estado?
—No quiero asquearte.
—No lo harás.
—¿Qué hago para que a ti te guste? ¿Hay algunos que lo hacen mejor que
otros mientras les practican el sexo oral? ¿Qué hacen? —Quería hacerlo
bien. Quería superar a todos los demás. Pero… ¡eran tantos!10
—¿Qué está pensando ese cerebro tan bonito que tienes? —preguntó
Jungkook, desconcertado.2
—Es que… Quiero… Necesito… Creo que…
—No pienses más —le ordenó mientras le colocaba un dedo sobre los
labios.
Acto seguido, lo acarició desde los hombros hasta las muñecas, entrelazó
los dedos con los suyos y le dio un apretón. Taehyung se tensó,
preocupado por la posibilidad de que no estuviera respondiendo de la
forma adecuada.2
¿Qué se suponía que debía hacer? Seguro ya de que lo que Jungkook
buscaba era darle placer, su afán era que él también lo sintiera. Quería que
fuera feliz.
—Taehyung, te estás tensando —Sus ojos lo miraban con expresión
preocupada.
—Lo siento —Sintió el sudor entre sus manos, entre sus dedos, y dio un
respingo. Se le aceleró el corazón. Estaba arruinando el momento.
Jungkook lo rodeó con los brazos y lo estrechó mientras le pasaba una
mano por el pelo con suavidad.
—¿Todo esto es por el sexo oral? No tenemos por qué hacerlo —Taehyung
le pegó la frente al cuello y aspiró su olor. Poco a poco, se relajó entre sus
brazos.
—Soy muy competitivo —El pelinegro le dio un beso en la sien.
—Bien, pero, ¿qué tiene que ver eso ahora?
—Pues que quiero complacerte más que el resto de tus clientes.
—Taehyung, aquí soy yo quien recibe dinero a cambio de complacerte.
—Pero ya no te pago para acostarte conmigo, ¿no lo recuerdas?
Jungkook soltó un gruñido frustrado y lo abrazó con más fuerza.
—¿Qué hago contigo? Te tengo excitado en la cama y todavía no estás
preparado.
Taehyung suspiró y se relajó contra él. Comenzó a trazar con gesto
distraído los contornos del dragón sobre el bíceps.
—Podríamos usar el hilo dental y el cepillo de dientes, darnos una ducha y
ponernos el pijama —El pelinegro apartó las mantas.10
—Vamos a hacerlo.
23
◍◌◍◌◍
—¿No tienes ropa informal? —Le acarició el pelo húmedo y le besó el cuello
mientras el pelirrubio contemplaba el contenido de su armario e intentaba
elegir la ropa que iba a ponerse ese día.
—No la necesitaba cuando empecé a trabajar, así que la doné —contestó.
—Pero tenías, ¿no? ¿O también eran camisas y pantalones holgados de
secretario? —Le rodeó la cintura con un brazo por encima del albornoz y lo
pegó a su torso desnudo.
Taehyung no sabía si relajarse o tensarse. Sospechaba que Jungkook
buscaba seducirlo. Y lo estaba consiguiendo. Le costaba pensar, aunque
eso era bueno. Porque lo estaba distrayendo del dolor de cabeza y del
hecho de haberse saltado por completo la agenda del día, algo que, por
regla normal, lo irritaba y frustraba, hasta el punto de empezar de cero
para hacer las cosas bien.
—Eran camisas y pantalones. ¿Cómo es que me conoces tan bien? —Sintió
la abrasadora caricia de su aliento en la oreja cuando le contestó con
sorna.
—Últimamente eres mi rompecabezas preferido. Quiero verte con
pantalones cortos, Taehyung.17
—No tengo ninguno.
—Es domingo. Podemos ir de compras.2
Se dio la vuelta, abrumado por la ansiedad al pensar en aparecer en
público, en ir a un sitio nuevo y en lo peor de todo: probarse ropa áspera e
irritante que seguramente hubiera estado en contacto con heces de rata en
el suelo de algún almacén.46
—¿Puedes hacérmelos tú? Cuando te dije que quería diseños firmados por
Jungkook, hablaba en serio. De todas formas, cualquier cosa que me
compro tengo que arreglarla de arriba abajo antes de ponérmela.5
En vez de contestar, Jungkook agarró una camisa azul de una percha y
examinó las costuras interiores.
—Costuras francesas. La tela es… —La frotó entre los dedos—. Algodón.17
—Me encanta el algodón. Y la seda. También soporto algunos tejidos
sintéticos como el acrílico o la licra, siempre y cuando sean suaves, pero no
soporto la tela denim tiesa, la lana de cachemira ni la angora.30
Jungkook esbozó una sonrisa satisfecha mientras seguía examinando la
confección de la camisa. —Mi novio de práctica tal vez sepa más de tejidos
que yo. Impresionante.39
Su cumplido le provocó una sensación cálida y burbujeante, pero su mente
se centró en la expresión «novio de práctica». No le gustaba, más
concretamente la parte de «de práctica», pero sabía que debía ser realista
sobre lo que podía tener y lo que no. Era mejor pensar en la ironía de que
su aversión por los tejidos ásperos les había proporcionado un interés
común. Tenía que controlarse para no leer sobre los tipos de tejidos y sus
características, cual enciclopedia.3
El pelinegro colgó de nuevo la camisa en la percha y se puso delante de él,
colocándole las manos en las caderas.
—Taehyung, de verdad que quiero verte con pantalones cortos. Me
encantan tus pantalones holgados. Me resulta adorable verte en esas ropas
anchas, pero son una tortura constante.
—¿Cómo? ¿Por qué?
—Porque ocultan estas largas, suaves y apetecibles piernas.28
Lo miró con expresión apasionada mientras le subía el albornoz. El roce
contra sus jeans provocó un frufrú a medida que le dejaba las piernas al
aire. Le acarició la cara externa de un muslo con la palma de una mano que
se detuvo al llegar a la cadera y después se trasladó a su trasero desnudo
para darle un apretón. El deseo se apoderó de él al instante.
Su parte baja quedó totalmente expuesta, y vio que Jungkook lo miraba
con avidez. Sin preguntar, sin titubear y sin darle tiempo para pensar,
deslizó una mano por su cadera hasta llegar al pubis. Acto seguido, esos
atrevidos dedos lo exploraron y acariciaron la parte superior de su
miembro. Las caricias le abrasaron la piel y le aflojaron las rodillas. Se
apoyó en los hombros de Jungkook.
—Este es mi chico —susurró mientras se inclinaba para besarlo.102
El sabor a limpio de su boca era delicioso y Taehyung se oyó emitir un
sonido gutural, pero agudo, que surgió desde el fondo de su garganta
cuando le devolvió el beso. Intentó besarlo tan bien como Jungkook le
había enseñado, pero no podía concentrarse. Sus dedos le estaban
haciendo algo diabólico. Bastante tenía con seguir en pie y le estaba
costando mucho. Cada caricia de sus dedos lo derretía un poco más.
Sin apartarse de sus labios, el pelinegro lo levantó en brazos y lo llevó a la
cama. El contacto con las sábanas lo devolvió a la realidad. Por fin iban a
hacerlo. Sexo. Sin programación, sin planes. Iba a hacerlo mal, y Jungkook
tendría que decirle qué debía cambiar, qué debía mejorar, e intentaría
asumir las críticas de forma objetiva, aunque le resultara humillante…15
Estaba comenzando a temblar de la anticipación.
◍ 19 ◍
🔞
233
Cuando dejó al pelirrubio en la cama y le abrió el albornoz, Jungkook se
relamió los labios ante la exquisita imagen. Rápidamente su boca se
apoderó de un pezón, que chupó con avidez. Taehyung arqueó la espalda
al mismo tiempo que soltaba un jadeo que se transformó en un gemido
cuando Jungkook volvió a tocarlo entre los muslos. Tensó esa zona de tal
forma que incluso le resultó doloroso.1
—Tranquilo —le dijo Jungkook contra el pecho.
Un dedo largo y húmedo lo penetró, y Taehyung emitió un sinfín de
suspiros y murmullos agradecidos. Eso era lo que necesitaba. Jungkook
añadió un segundo dedo, y la sensación hizo que echara la cabeza hacia
atrás.57
No, eso era lo que necesitaba.
Hundió los talones en el colchón mientras tensaba los músculos internos
en torno a sus dedos, que salían y entraban, y frotaban para aumentar el
placer hasta dejarlo sin aliento. Emitió una protesta cuando los dedos lo
abandonaron.5
—Jungkook, más… quiero…9
Jungkook se llevó los dedos a la boca y los chupó. La intensidad de su
mirada, sumada a la diabólica sonrisa que esbozaba, hizo que Taehyung se
aferrara a las sábanas y que su parte baja se tensara.68
Al cabo de un segundo, Jungkook retomó las caricias con un ritmo
lánguido. Le gustaba, pero no lo estaba tocando donde él lo necesitaba.
Movió las caderas mientras intentaba aliviar el creciente malestar.
Jungkook apartó los dedos por segunda vez y él bajó las manos por su
abdomen acicateado por la frustración, pero descubrió que sus propias
caricias no lo excitaban en absoluto.
El pelinegro le aferró las rodillas y se las separó hasta tener su entrada a la
vista. Lo vio tomar aire tan hondo que se le hinchó el pecho y vio cómo el
tatuaje parecía aumentar de tamaño. Acto seguido, tragó saliva.
—Debería haber imaginado que tendrías un precioso…92
—Jungkook, no lo digas —lo interrumpió al instante. El pelinegro lo miró
con un brillo travieso en los ojos.
—¿Te refieres a…? —Taehyung sintió un calor abrasador apoderarse de su
cara y deseó poder refugiase en sí mismo. Cuando Jungkook esbozó una
sonrisa torcida, el rubor se extendió por el cuello y pecho, llegando a todas
partes—. Precioso… —Tras mirar sus partes íntimas con expresión voraz, lo
penetró brevemente—. Y tiene tantas ganas de que lo acaricie con la boca
que parece aprisionar mis dedos. Compadécete de los dos y déjame
probarte. Si no te gusta, me detendré.51
En ese momento, Taehyung se dio cuenta de que Jungkook deseaba
hacerlo. Con él. Le gustaba lo que veía. Ese deseo desinhibido por sus
partes íntimas era real. Y sucio. Y… excitante. Un Taehyung secreto se agitó
en su interior, se despertó, atraído por Jungkook y sus palabras.
—¿Te llevarás una decepción si no me gusta y no respondo como los
demás? —Quería que le gustara, quería correrse con sus labios como tantas
otras personas habían hecho y, por culpa de esa ansia, la excitación se
evaporó poco a poco mientras la ansiedad por lo que debía hacer ocupaba
su lugar.
—Si no te gusta, seguiremos con otra cosa.
Jungkook le acarició la cara interna de los muslos con las palmas de las
manos y los separó más. Después se inclinó hasta casi rozarlo con la boca,
lo que aumentó el nerviosismo de Taehyung hasta un punto enloquecedor
y se vio obligado a respirar hondo.
Taehyung sintió un beso suave en su entrada y se tensó de la cabeza a los
pies. Eso no se lo esperaba.31
—¿No te gusta? —preguntó Jungkook.
—Es…+
Otro beso, seguido de un lametón. Jungkook murmuró para expresar su
aprobación sin separarse de él y, después, lo acarició con los labios y con la
lengua. Todo con delicadeza, suavidad y ternura. Taehyung sintió que su
cuerpo se relajaba por completo mientras el deseo se adueñaba de él.
—Veo que no te gusta —murmuró Jungkook—. Veré si así… —Lo penetró
con la lengua, después lo besó y chupó antes de penetrarlo de nuevo...56
Taehyung ladeó la cabeza contra la almohada mientras el placer se
extendía por su cuerpo. La lengua del pelinegro lo acariciaba con maestría,
pero el orgasmo lo eludía. Todo era demasiado novedoso. Su cuerpo
estaba en estado de shock por culpa de las sensaciones que lo
bombardeaban. Jungkook se detuvo y él estuvo a punto de llorar.
Lo penetró con dos dedos y Taehyung aferró las sábanas con fuerza.
Empezó a penetrarlo con un ritmo estable mientras prestaba atención a su
miembro desatendido con la lengua, y no pudo evitar levantar las caderas
para salir a su encuentro. Dios, estaba moviéndose contra su mano y
frotándose contra su cara. Eso debía de estar mal. Se ordenó detenerse.
Pero no pudo.
Sin saber cómo, acabó enterrándole las manos en el pelo. La tensión se
había adueñado de él. Los dedos de Jungkook estaban tan lubricados que
oía el sonido que hacían cada vez que lo penetraba.
—Voy a detenerme, Taehyung. Está claro… —Su lengua lo acarició con
fuerza y precisión y Taehyung tensó los músculos aprisionando sus dedos—
. Está claro que detestas el sexo oral.57
—¡Jungkook! —Desconocía esa voz desesperada y extrañamente aguda
que salía de su garganta.6
Taehyung frotó esa parte de su cuerpo tan necesitada contra la lengua de
Jungkook y jadeó cuando él lo chupó de nuevo. Lo hizo con la presión
adecuada y se corrió entre increíbles estremecimientos. Jungkook
exprimió el placer al máximo con las livianas caricias de su lengua.
Cuando los estremecimientos cesaron, le dio un beso de despedida y se
colocó sobre él, cubriéndolo como si fuera una manta. Taehyung le enterró
la cara en el pecho, sintiéndose más expuesto y vulnerable que nunca.
Le había permitido que le hiciera eso. Había emitido todos esos sonidos,
había perdido el control por completo.
—Te corriste contra mi boca como un profesional, Taehyung. Estuve a
punto de correrme encima.1
—¿Tardé mucho? ¿Te di mucho… trabajo? —Le incomodaba pensar que
había sido el único que había disfrutado del acto. Prefería ser él quien
provocara placer.5
—Lo retrasé a propósito —Lo miró con una sonrisa ladeada—. Fue muy
erótico verte —Se alejó del pelirrubio para sentarse sobre los talones y se
sacó un preservativo del bolsillo—. ¿Quieres?35
Taehyung se incorporó hasta sentarse y el albornoz se le bajó por los
hombros. Contuvo el impulso de cubrir su desnudez, pero fue incapaz de
mirarlo a los ojos. El corazón le latía sin control.
Se limitó a asentir. Le quitó el sobre metálico de las manos y rasgó el
envoltorio con dedos temblorosos. El pelinegro se bajó de la cama para
desabrocharse los pantalones. Taehyung vio cómo sus músculos se
contraían con cada movimiento y el dragón le guiñó un ojo mientras se
quitaba los pantalones con elegancia. Ese era Jungkook en toda su gloria
masculina. La perfección. Incluso esa parte de su cuerpo.26
Dios, sobre todo esa parte de su cuerpo. Erecta, gruesa y con venas,
perfectamente proporcionada con el resto de su precioso cuerpo. Acababa
de experimentar el orgasmo más intenso de su vida, pero quería más.
Quería hacerlo, aunque no tenía experiencia en felaciones.13
Cuando lo vio arrodillarse en la cama y tomarle una mano para que se la
tocara, se quedó sin respiración. La tenía muy caliente y su tacto era suave,
pese a la rigidez. «Lo deseo. Lo deseo. Lo deseo.» De cualquier manera.
Como a él le gustara.1
—Taehyung... —murmuró Jungkook con voz ronca, y guio su mano hacia su
falo para que lo tocara—. Este es mi pene. Cuando lo quieras, cuando lo
necesites, esa es la palabra que quiero que uses.182
Incapaz de hablar, el pelirrubio asintió con la cabeza. Al Taehyung secreto
le encantaba la idea de exigir su… pene y de que Jungkook se lo diera,
aunque no se creía capaz de pronunciar esa palabra en voz alta.
—¿Quieres ponérmelo? —preguntó Jungkook, refiriéndose al olvidado
preservativo que Taehyung tenía en la otra mano. El pelirrubio se lamió los
labios y carraspeó antes de hablar.
—Sí.
Como le temblaban las manos, al final acabaron poniéndoselo los dos
juntos. Una vez que acabaron, el pelinegro lo atrajo hacia su cuerpo, y
Taehyung se estremeció por el contacto. Sintió el roce de su miembro
contra el suyo. Jungkook le acarició la espalda de arriba abajo mientras
ladeaba la cabeza, intentando buscar su mirada.
—¿Por qué no me miras?2
Taehyung clavó la vista en el hueco de su garganta y encorvó los hombros.
—Me da vergüenza.
—Los dos estamos desnudos.
No sabía cómo explicar que se sentía desnudo por dentro. Si Jungkook lo
miraba a los ojos, lo vería de verdad. Vería a la persona que llevaba oculta
en su interior. Y nadie quería verla. Esa experiencia debería ser divertida y
educacional, no tan reveladora.
Jungkook lo instó a echar la cabeza atrás poniéndole un dedo en la
barbilla, y atisbó la expresión tierna de sus bonitos ojos cafés antes de que
los cerrara con fuerza.9
—Bésame, por favor —le suplicó Taehyung.
Unos labios cálidos rozaron los suyos y reconoció en ellos su propio sabor,
el de Jungkook y el del sexo. Sus manos comenzaron a acariciarlo con
avidez. Jungkook le aferró un muslo y lo invitó a rodearle la cadera,
exponiéndolo por completo. Después, comenzó a moverse justo sobre su
miembro. La fricción hizo que el deseo corriera por sus venas.
—Taehyung… —susurró. El pelirrubio le rodeó el torso con los brazos y
pegó los labios a su cuello.
—Estoy listo.
Jungkook lo acostó sobre la cama y lo cubrió con su cuerpo. Después, le
frotó el mentón y la oreja con la nariz y dejó una lluvia de besos sobre su
mejilla, los labios y la comisura de estos.
—Tienes que hablarme, ¿sí? Si te duele, si no te gusta algo, si quieres más o
si es perfecto. Dímelo todo.21
—Lo… lo intentaré —Contestó con los ojos aún cerrados. De repente y sin
esperárselo, el pelinegro lo giró sobre el colchón, dejándolo apoyado sobre
las manos y las rodillas.
—Creo que te dará menos vergüenza si estás así.28
Taehyung abrió los ojos y los clavó en la almohada arrugada y en el
cabecero de madera. Tenía razón. Así era mejor. No podía verlo. Se relajó
de inmediato.
—¿A ti te gustará así? —Los otros hombres con los que había estado habían
preferido la postura más común.
—Me va a encantar.
Taehyung sintió el roce de sus manos en la espalda, masajeándolo con
movimientos sensuales. Después, pegó el torso a su cuerpo al apoyarse con
una mano sobre el colchón, al lado de la suya. Con la otra mano empezó a
acariciarle la cara interna de un muslo hasta llegar a su entrada y
penetrarlo con los dedos. Lo torturó hasta que Taehyung comenzó a mover
las caderas, momento en el que sus dedos se trasladaron a su miembro
para acariciarlo con suavidad.
—Jungkook…
—Taehyung —replicó el pelinegro, y su aliento entrecortado le rozó la oreja.
Sintió algo duro en la entrada de su cuerpo, algo que lo penetró
lentamente. Dejó de respirar. El sexo en el pasado había sido doloroso,
pero en ese momento solo sentía una deliciosa invasión que no cesó hasta
que Jungkook estuvo enterrado en él. Intentó tragar saliva, hablar. No
pudo. Sus cuerpos encajaban a la perfección.31
Jungkook se mantuvo inmóvil durante un buen rato. Consciente de la
tensión de su cuerpo, Taehyung lo miró por encima del hombro.1
—¿Jungkook? —Tenía el rostro desencajado, como si algo le doliera.
—Llevo mucho tiempo esperando este momento. Es fantástico. Eres… —
Soltó el aire—. Como me mueva, adiós.90
Taehyung no pudo contener una sonrisa. Al parecer, no era el único que se
sentía de esa manera.
—Muévete —Arqueó la espalda y se movió contra él, haciendo que lo
penetrara un poco más, hasta el fondo. Oyó el gemido que brotó desde su
garganta.
—Taehyung, lo digo en serio. Necesito un momento para relajarme. Es
nuestra primera vez. Quiero que veas los fuegos artificiales.115
«Nuestra primera vez.»68
Dicho así era como si Jungkook pensara que iba a haber muchas veces
más. La idea le provocó a Taehyung tanta felicidad que sintió como si el
corazón le fuera a estallar en pedazos. No necesitaba fuegos artificiales,
solo lo necesitaba a él.21
Sintió un reguero de besos húmedos en el cuello, acompañados de algún
que otro mordisco y lametón. Los dedos del pelinegro acariciaron su
miembro. La primera caricia sobre la punta hizo que se tensara en torno a
él y le arrancó un gemido.
Solo entonces empezó a moverse. Salió de él y lo penetró de nuevo, hasta
adoptar un ritmo constante. El doble asalto de sus dedos y de la
penetración hizo que su cuerpo estallara en llamas, que se fueron
extendiendo poco a poco bajo su piel.
—Taehyung —Murmuró con voz ronca—. Mi dulce Taehyung.134
Sus palabras lo calmaron y lo excitaron a la vez. Intentó hablar, tal como él
le había dicho, pero lo único que salía de sus labios eran suspiros y gemidos
de placer. Así que se comunicó con el cuerpo. Separó más los muslos y
empezó a moverse al ritmo de sus embestidas.
¿Le gustaba eso a Jungkook? En ese momento, el pelinegro le cubrió una
mano con la que tenía sobre el colchón y entrelazó sus dedos.27
—Así —susurró Jungkook—. Genial.7
Taehyung se tensó en torno a él. Por un instante, se mantuvo al borde del
abismo, incapaz de respirar, sintiéndose amado, poseído. El orgasmo llegó
poco después y se estremeció alrededor de Jungkook mientras seguía
penetrándolo una y otra vez. Él intentó acompasarse al ritmo de sus
caderas, pero los intensos estremecimientos afectaban su coordinación.
Los labios de Jungkook ascendieron por su cuello hasta posarse en su
mentón y, cuando él volvió la cabeza, el pelinegro capturó su boca y le
introdujo la lengua. Las caricias entre sus muslos no cesaron, y antes de
que el primer orgasmo acabara sintió que se acercaba otro. Sus músculos
internos se tensaron de nuevo en torno a su miembro y estalló una vez
más. Jungkook dejó escapar un gemido ronco y se hundió en él por última
vez.3
Mientras le frotaba la mejilla y el cuello con el mentón, instó a su
tembloroso cuerpo a acostarse en la cama, abrazándolo como si fuera
suyo. Taehyung acarició con torpeza el brazo que le rodeaba la cintura y lo
abrazó a su vez.
Hasta que recordó que el sexo no significaba nada para Jungkook y que, de
alguna manera, él había perdido el control de la situación. Jungkook
disfrutaba de la intimidad física. Nada más.91
De cualquier forma, la emoción le provocó un nudo en la garganta. Si eso
era la práctica, no quería conocer la realidad.
¿Cuánto tiempo podría vivir en una fantasía?
◍ 20 ◍
Mientras abrazaba a un débil y satisfecho Taehyung, Jungkook tenía la
impresión de que el corazón se le detendría en cualquier momento de tan
fuerte que palpitaba.50
Lo que acababan de hacer no había sido un polvo de práctica ni uno
gratuito por su parte para demostrar que era mejor que su padre. Había
follado con cientos de personas, pero nunca se había sentido tan
sincronizado con el cuerpo de alguien más. Nunca se había sentido tan
desesperado por complacerlo, ni tan emocionado al oírlo gritar su nombre
y correrse una y otra vez.22
No sabía cómo definirlo, pero estaba convencido de que eso no había sido
un polvo sin más.
Taehyung lo abrazó con más fuerza, le besó el hombro y el cuello, y lo sintió
sonreír contra su piel. Trazó una serie de arabescos sobre su pecho, un
gesto que al parecer no siempre era una mala señal, y sintió unas cosquillas
terribles. Cubrió esa mano con la suya sobre su corazón para detener los
movimientos e intentó adoptar una actitud profesional.2
—Mírate. Espero otra crítica de cinco estrellas.
—De seis.1
La sonrisa del pelirrubio se ensanchó y esos ojos del color del chocolate
relucieron y se olvidaron de apartarse de los suyos, permitiéndole verlo por
primera vez esa mañana. Jungkook tuvo la impresión de haber ganado
algo de valor incalculable, y lo dejó sin aire en los pulmones.8
—Eres malo para mi ego. Ya es bastante grande de por sí —se obligó a decir
con despreocupación.
—No creo que seas egocéntrico. Eres modesto, pero seguro. Esa es una de
las muchas cosas que me encantan de ti.20
¿Eso era una confesión de amor?67
Jungkook sintió una dolorosa punzada en el pecho. Taehyung no podía
enamorarse de él. Lo tenía clarísimo. El amor requería de confianza, y solo
un tonto confiaría en él. Era hijo de aquel hombre.33
Pero podía demostrar que era mucho más si hacía las cosas bien. Eso era lo
único que pedía. Le echó un vistazo al reloj y se sorprendió al comprobar
que ni siquiera eran las diez. Tenía la impresión de que los acontecimientos
de la mañana le habían cambiado la vida, y solo llevaban dos horas
despiertos.
—Me muero de hambre, y necesito café —dijo—. También tengo que ir por
mi coche. Toda mi ropa limpia está en él.
Pero, sobre todo, necesitaba espacio. Taehyung estaba demasiado cerca, y
necesitaba poner distancia entre ellos.114
Salió de la cama y se puso los jeans, consciente de su mirada de
admiración. Se sintió un poco ridículo, pero era posible que se hubiera
vestido más despacio de la cuenta. A lo mejor, incluso flexionó los bíceps y
los abdominales mientras se subía la cremallera y se abrochaba el botón de
los pantalones. Porque, en fin, ponerse unos pantalones requería mucho
músculo.57
—Date prisa y vístete, Taehyung —El pelirrubio frunció el ceño.2
—¿Por qué?
—Porque iremos de compras. Eso es lo que hacen las parejas los domingos.
19
◍◌◍◌◍
Taehyung torció el gesto mientras se miraba en el espejo. Jungkook
acababa de mostrarle todo un nuevo estilo de vestuario.
No le gustaba la ropa que se ajustaba a su cuerpo, pero los pantalones no
resultaban molestos en absoluto y eso que eran ceñidos. Y lo mejor era que
le resaltaban las piernas y el trasero.15
—Sal para que te vea —le dijo el pelinegro, que lo esperaba fuera del
probador.
Taehyung se mordió el labio para disimular su nerviosismo, abrió la puerta
y salió. Jungkook esbozó su sonrisa torcida en toda su gloria, y ese hoyuelo
que rara vez se veía apareció.
—Lo sabía.+
—¿Me veo ridículo? —Preguntó tímidamente, abrasando su cuerpo
inconscientemente.8
Jungkook se levantó de la silla y se acercó mientras admiraba su cuerpo. Le
pasó una mano desde el cuello hasta un hombro y, después, bajó por la
manga de la camiseta hasta entrelazar sus dedos.1
—Te ves precioso.
—La ropa es cómoda, pero me siento un poco raro —Jungkook le pasó un
brazo por la cintura y lo atrajo hacia su cuerpo.8
—Eso es porque no estás acostumbrado a usar ropa que te haga ver tan
sexi —Lo besó en los labios y, después, le dejó una lluvia de besos por el
rostro hasta llegar a la oreja y al cuello, haciéndole cosquillas, de manera
que Taehyung tuvo que obligarse a contener una risa tonta, que no era
nada provocativa.24
Taehyung vio de reojo a una dependienta que los observaba con ternura.
La chica movió los labios y pronunció un: «Son tan lindos», él sonrió,
aunque tenía sentimientos encontrados.72
Nada de eso era real. Estaba pagando por un servicio. No le importaba el
gasto, en realidad. Porque Jungkook valía cada centavo.1
—Supongo que lo vas a comprar, ¿no? —El pelirrubio asintió con una
sonrisa—. Me niego a que te lleves el verde fosforito. Es un dolor para la
vista —dijo al mismo tiempo que hacia una mueca.
—Bien, nada de verde.25
Cuando se detuvieron a almorzar en una pequeña panadería francesa
llevaban tres enormes bolsas que ocupaban el espacio entre sus pies.
Jungkook afirmaba que el establecimiento vendía los mejores bocadillos
de todo Ulsan.
Aunque esperaba que los panecillos estuvieran a rebosar de deliciosos
manjares, lo que Jungkook llevó a la mesa eran unas sencillas baguettes
con pavo, queso y mantequilla. Al menos, le había comprado un cruasán de
almendra… Así que se llevó una sorpresa cuando dio el primer bocado y
descubrió que estaba buenísimo.1
—El secreto es buen pan y buena mantequilla. Los elementos básicos son
esenciales —le dijo Jungkook, guiñándo un ojo, y Taehyung tuvo la
sensación de que no solo se refería a la comida.49
Mientras contemplaba cómo iba disminuyendo el tráfico a medida que la
tarde avanzaba y el sol brillaba entre las copas de los árboles, Taehyung
decidió que a lo mejor podía repetir la experiencia otro día. Su rutina
estaba bien establecida, pero no le cerraba la puerta a la posibilidad de
crear una nueva para el fin de semana. Podía adaptarse a las
circunstancias, sobre todo en lo referente a Jungkook.7
Ataviado con unos pantalones informales y una camisa blanca remangada
hasta los codos, Jungkook parecía el modelo de una portada de una
revista… como siempre. Taehyung se dio cuenta de que habían pasado
toda la mañana comprando cosas para él. Qué egoísta por su parte, y qué
poco considerado.
—¿Quieres comprar algo para ti? —Le echó un vistazo a las tiendas de los
alrededores y se preguntó si alguna le gustaría. El pelinegro negó con la
cabeza y esbozó una sonrisa extraña.
—No, gracias.
—¿Seguro? ¿Me dejas que te regale algo? —Al ver que su expresión se
tornaba incómoda, Taehyung sintió que se le aceleraba el pulso e intentó
quitarle tensión a la situación—. Ya que no me dejas regalarte un
Lamborghini —Jungkook lo miró con gesto serio.38
—¿De verdad me regalarías un Lamborghini si quisiera? —El pelirrubio bajó
la vista hasta las migas que se habían quedado en el envoltorio del
bocadillo y asintió con la cabeza.
—Puedo permitírmelo, si eso es lo que quieres. En realidad, no sé cómo
hablar sobre dinero, pero gano mucho y no hay muchas cosas en las que
quiera gastármelo. Así que me encantaría regalarte un coche. Sobre todo
si… —Dejó la frase en el aire antes de decir algo que pudiera enfadarlo.
—¿Si qué?
—Prefiero no decirlo. Estoy seguro de que metería la pata —Jungkook
ladeó la cabeza y su expresión se volvió inescrutable.8
—Me gustaría oírlo.
—Iba a decir… —Respiró hondo, incómodo—. Que, sobre todo, si otra
persona te regaló el que tienes ahora.34
Jungkook se concentró en doblar el envoltorio del bocadillo hasta
convertirlo en un cuadrado perfecto.
—¿Me estás preguntado si mi coche fue un regalo?
Taehyung estaba seguro de que lo era, y eso lo enfurecía.
—Sí.
—Lo fue —Confesó.
—Te lo regaló la pelirroja del club.
—¿Cómo lo sabes? —frunció el ceño.2
—Ella es la clienta que no te dejaba tranquilo.
El recuerdo del beso que le dio esa mujer pasó por su mente, y se molestó
todavía más. No solo eso, además había mantenido relaciones sexuales
con ella… en múltiples ocasiones. Clavó las uñas en la mesa de cristal
mientras se le aceleraba la respiración. El pelinegro se las cubrió con las
suyas y su pulso recuperó poco a poco la velocidad normal.
—No me gusta recibir ese tipo de regalos. No lo hagas, por favor.
—Está bien —Sin embargo, no pudo evitar pensar que Jungkook se había
quedado con el coche porque le gustaba la mujer que se lo había regalado.
¿No era eso lo que se hacía cuando alguien significaba algo? Las cosas que
esa persona regalaba se conservaban.2
Quería que Jungkook tuviera algo que él le hubiera dado. El hecho de que
no le permitiera regalarle nada le provocaba mucha desesperación.1
—Taehyung, vas a tener mucho trabajo si empiezas a ponerte celoso de mis
antiguos clientes —comentó él con gesto y voz serios, como si el trabajo de
acompañante fuera una triste realidad que tuvieran que aceptar.29
Las preguntas se le amontonaron en la punta de la lengua. Si no le gustaba,
¿por qué se dedicaba a eso? Tenía mucho talento con la ropa. ¿Por qué no
diseñaba y confeccionaba más en vez de limpiarla en seco y hacer arreglos?
¿En qué se gastaba el dinero que ganaba trabajando como acompañante?
¿Tendría alguna adicción secreta? ¿Estaría en peligro? ¿Por qué no podía
ser suyo de verdad?17
Mientras acababan el almuerzo, la última pregunta siguió dando vueltas en
el fondo de su mente.
¿Por qué no podía ser suyo? Solo se le ocurría un motivo: Jungkook no lo
quería.63
Sin embargo, ese tipo de cosas no eran definitivas. Cuando comenzó esa
aventura, él estaba preparado para aprender habilidades que lo ayudaran a
seducir a un hombre, a Park Bogum quizá. Pero, ¿por qué conformarse con
Bogum cuando tal vez podía conseguir a Jungkook? ¿Podía usar lo que le
enseñara para conquistarlo a él?81
¿Sería capaz de seducir a su acompañante?
◍ 21 ◍
Se suponía que tenía que estar trabajando. El proyecto de venta de ropa
interior online era interesante. Normalmente, lo habría terminado a esas
alturas. Sin embargo, era incapaz de mirar ropa interior, de pensar siquiera
en el concepto de «ropa interior», y no pensar en Jungkook.32
El cajón donde guardaba el móvil lo tentaba. Quería mandarle un mensaje
de texto. ¿Estaba permitido? Salvo por la noche aquella de su despacho,
solo se habían mensajeado por temas logísticos.
Tamborileó con los dedos sobre la mesa antes de cerrar el puño. ¿Cómo se
suponía que iba a seducirlo si ni siquiera era capaz de reunir el valor
necesario para mandarle un mensaje de texto? Sacó el móvil.
15
«Hola.»
Borró el mensaje antes de enviarlo.
«Te extraño.»
Ver esas palabras bastó para que le sudaran las palmas de las manos.
Demasiado directo. Borrado.
«Quería confirmar nuestros planes para esta noche.»
5
Le dio a enviar y soltó el móvil en la mesa mientras clavaba la vista en los
monitores del ordenador sin ver nada. La pantalla del móvil estaba en
negro por falta de actividad. Seguramente, Jungkook estaba ocupado.
El móvil vibró, pero en vez de vibrar una sola vez para indicar que había
llegado un mensaje de texto, siguió haciéndolo. Era una llamada. Miró la
pantalla y el corazón le dio un vuelco al ver que era Jungkook. Esperó unos
segundos antes de contestar.1
—¿Diga?
—Hola, Taehyung —De fondo, su madre parloteaba y se oía el ruido de una
máquina de coser—. Necesito las manos libres, así que preferí llamarte en
vez de un mensaje. Sigue en pie lo de esta noche. En el restaurante tailandés.
—Bien, nos vemos allí.
—Perfecto.
La máquina de coser se detuvo y se hizo el silencio en el espacio virtual que
los separaba. Taehyung lo instó sin palabras a hablar. Quería oír su voz de
nuevo.
—Recuerda llevar ropa. Para mi casa. A menos que no quieras quedarte allí.
No tienes por qué hacerlo —le recordó al pelinegro a toda prisa.
—No, me parece bien. Pero se me había olvidado. Gracias por
recordármelo —Jungkook rio y Taehyung aferró con más fuerza el móvil. Lo
extrañaba mucho, muchísimo, y eso que solo había pasado un día desde la
última vez que se vieron. Su madre dijo algo y Jungkook suspiró—. Tengo
que dejarte. Estoy deseando que llegue esta noche. Te extraño. Adiós —
Taehyung se quedó sin aliento al escucharlo.90
—Yo también te extraño —Susurró, pero Jungkook ya había colgado, así
que pronunció las palabras para sí mismo.
¿Cómo soportaban los demás seguir con sus vidas cuando se extrañaba
tanto a otra persona? Quería verlo.6
Se dejó llevar por la impulsividad y le mandó otro mensaje.
TH: Quiero una foto tuya para el móvil. Por favor.
78
Esperó.
Ya había perdido la esperanza de que le respondiera y había soltado el
móvil en la mesa cuando lo oyó vibrar. Era un primer plano de la cara del
pelinegro con una ceja levantada. Estaba haciendo una mueca graciosa,
pero se veía muy lindo. Suspiró y tocó la pantalla con un dedo, deseando
tocarlo.43
El móvil vibró con más mensajes de Jungkook.
JK: ¿Dónde está la mía?
JK: Te quiero con un aura natural.
Taehyung soltó una carcajada al leerlo.
+
TH: ¿En serio?
JK: Despeinado. Foto. Ya.
JK: Y desabróchate los dos primeros botones de la camisa.
142
Solía peinarse el cabello por que si no lo hacía los mechones se le iban a la
cara y era incómodo. Se sentía tonto, pero se llevó la mano a la cabeza y
comenzó a despeinar los mechones con los dedos, quitando la crema para
el pelo. Después se desabrochó los dos primeros botones de la camisa.
Su cara le devolvía la mirada desde la pantalla del móvil, pero parecía…
distinto. No parecía el Taehyung de siempre. Parecía el Taehyung secreto,
el hombre que iba a ver a su amante esa noche.47
Pulsó sin querer el botón para hacer la foto, capturando su cara en el
momento preciso en el que asimilaba ese pensamiento. Porque eso eran.
Eran amantes. Le gustaba cómo sonaba, le gustaba mucho.
Le envió la foto al pelinegro. Y el móvil vibró casi al momento.
JK: Mierda, Taehyung.
JK: ¿Tienes idea de lo que ésta foto puede provocarme? Un infarto. Eso.
116
Se le escapó una carcajada al leer el mensaje y estuvo tentado de mandarle
algo provocativo de verdad. Claro que no tenía la menor idea de cómo
hacerlo. Seguramente la clave estaba en el ángulo de la cámara y en la
postura del cuerpo, y su despacho estaba rodeado de ventanas. No quería
que sus compañeros acabaran viendo más de la cuenta.
Soltó el móvil, derrotado, y se obligó a concentrarse en el trabajo, que
todavía le encantaba.
Mientras repasaba los datos, encontró un detalle muy interesante: en la
gran mayoría de parejas casadas, uno de ellos no compraba ropa interior.
Lo hacía el otro. Mientras filtraba y dividía los datos, repasando todos los
años que le habían proporcionado, descubrió que los hombres dejaban de
comprar ropa interior incluso antes de que hubiera registro público del
anuncio de su boda.
¿Qué pasaba? ¿Qué clase de fenómeno antropológico tenía delante?25
La emoción de un nuevo rompecabezas le corrió por las venas y lo capturó.
Contrastó los datos con diferentes variables; analizó las curvas y los
gráficos que, a simple vista, parecían dispersos; comprobó las estadísticas.
Era incapaz de resolverlo. Le encantaba no poder resolverlo.
El móvil vibró y leyó en la pantalla: «Cena con Jungkook».
Miró con añoranza los monitores del ordenador, pero no permitió que sus
manos regresaran al teclado. Para él, nunca eran «cinco minutos más». Si
volvía al trabajo, la siguiente vez que apartara la vista de los datos ya sería
pasada la medianoche. Por eso programaba las alarmas.12
Además, Jungkook era tan interesante como los datos y también lo hacía
reír. Su olor era maravilloso, sus caricias eran maravillosas, su sabor era
maravilloso y… Se abrazó mientras sus pies bailaban sobre la moqueta. Era
casi demasiado perfecto todo. Trabajo emocionante de día. Jungkook
emocionante de noche. Quería eso todos los días, para siempre.60
Guardó el trabajo, apagó el ordenador y recogió sus cosas. Recorrer el
pasillo mientras quedaban personas en sus mesas era algo que hacía muy
pocas veces, pero sus compañeros no solían prestarle atención. Esa noche,
en cambio, la atención tan poco habitual al pasar junto a ellos lo
desconcertó.
Los jefes de departamento dejaron fórmulas a medio escribir en las
pizarras de sus despachos. Los analistas más jóvenes lo miraron
sorprendidos desde sus mesas.
Al pasar por delante del despacho de Bogum, el castaño levantó la vista de
los documentos que tenía delante y se quedó estático. Lo saludó con un
gesto de la mano y se acercó a los ascensores. Justo cuando las puertas se
cerraban, Bogum se metió de un salto.15
—Hoy sales pronto del trabajo —le dijo.31
Cuando empezó a colocarse bien las gafas, se dio cuenta de que no había
vuelto a peinarse el cabello. Por eso todo el mundo se comportaba de
forma tan rara. Puso los ojos en blanco. Solo era cabello.
—Quedé con alguien para cenar —Los ojos de Bogum lo recorrieron de los
pies a la cabeza.
—¿Con un hombre?26
Intentó inútilmente peinar los mechones con los dedos. —Sí.
—Ya veo que seguiste mi consejo, ¿eh? —le soltó con su habitual mueca
burlona.
—Pues la verdad es que sí. Gracias —El castaño parpadeó y levantó las
cejas.
—Me sorprendes, Taehyung, y te queda muy bien el pelo así.
La admiración de sus ojos lo incomodaba muchísimo, tanto que se moría
por abrocharse de nuevo los dos primeros botones de la camisa.
—Gracias.
—Bueno, ¿quién es? ¿Lo conozco? ¿Va la cosa en serio? —Taehyung empezó
a tamborilear con los dedos sobre su muslo.1
—No creo que lo conozcas. Espero que vaya en serio. Va en serio para mí.
—No le pidas algún tipo de compromiso demasiado pronto, ¿bien? Eso
asusta a muchos —El pelirrubio lo miró con el ceño fruncido. Bogum
carraspeó—. Lo siento, eso sonó mal. Tú ve despacio. A eso me refería.4
El ascensor pitó y se abrieron las puertas, Taehyung salió, con la esperanza
de que su larga zancada le permitiera dejarlo atrás, pero Bogum apretó el
paso para caminar a su altura.
—¿Adónde van a ir?59
—A un restaurante tailandés —Vio su coche en el aparcamiento y deseó
poder teletransportarse al interior. No pensaba volver a peinarse así en el
trabajo.
—Así que te gusta la comida picante…16
—Pues sí. Ya te diré si el restaurante es bueno, así podrás llevar a Chaesoo,
la recepcionista.
—Ya no salgo con Chaesoo. La verdad es que es demasiado joven para mí.
No tenemos nada en común.
—Entiendo.
—Tú y yo tenemos muchas cosas en común —A juzgar por la expresión de
sus ojos, Bogum hablaba en serio. Parecía verdaderamente interesado en
él.85
—Las tenemos —Su madre creía que eran perfectos el uno para el otro. Si
no lo hubiera inspirado para que buscara ideas distintas con el consejo tan
tonto que le dio, tal vez correspondería su interés. Al menos, tal vez hubiera
dejado que se convirtiera en su cuarto encuentro sexual desastroso. Ya no.
Ahora solo deseaba a Jungkook—. Tengo que irme o llegaré tarde —Bogum
retrocedió.
—Que te lo pases bien, Taehyung. Bueno, no demasiado bien. Nos vemos
mañana.67
Después de meterse en el coche y de abrocharse el cinturón de seguridad,
vio cómo Bogum se metía en su coche. Un flamante Lamborghini rojo. En
absoluto su estilo. Habría detestado el coche nada más verlo de no ser
porque a Jungkook le encantaban.
Suspiró y arrancó para reunirse con el pelinegro. El trayecto fue rápido y
tardó poco en entrar en el húmedo restaurante. Jungkook lo esperaba en
una mesa para dos junto a la ventana. Estaba muy guapo con unos
pantalones de pinzas negros, una camisa negra de raya diplomática y un
chaleco de seda negro que se le ceñía a la estrecha cintura.1
Sus ojos relampaguearon mientras se daba unos golpecitos en los labios
con el índice al tiempo que lo observaba sortear las mesas hasta llegar a él.
Cuando llegó a la mesa, se levantó y lo abrazó con fuerza, pegándole los
labios al cuello mientras le peinaba los mechones con los dedos.18
—Mi Taehyung está muy guapo esta noche.96
Taehyung aspiró su aroma y se pegó al pelinegro. La sensación de que todo
era como tenía que ser se apoderó de él, y su determinación se cimentó.
Iba a seducirlo. Si conseguía averiguar cómo hacerlo.
—Olvidé peinarme de nuevo después de mandarte la foto. Todo el mundo
en el trabajo me miraba raro, como si fuera un stripper —Jungkook soltó
una carcajada. El camarero se acercó y tuvieron que separarse a
regañadientes para tomar asiento.
—Pues podrías hacerlo, ¿sabes?
—Los stripper son musculosos, yo no lo soy.
—Tienes muchas más cosas que ofrecer —le dijo con una sonrisa traviesa.
—También bailan. Con la mala coordinación que tengo, acabaría con un
chichón en la cabeza —Jungkook tuvo el buen juicio de no opinar acerca de
su coordinación—. ¿Es otro original de Jungkook? —le preguntó al
pelinegro, señalándole el chaleco.
—Por supuesto. Y, a juzgar por tu expresión, te mueres por tocarlo. Mi
trabajo ha terminado —Fue en ese momento cuando Taehyung se dio
cuenta de que estaba extendiendo el brazo por encima de la mesa, hacia él.
Apartó las manos y se sentó sobre ellas, y se subió las gafas frunciendo la
nariz—. Podrás examinarlo más de cerca después.1
Jungkook dejó la mano sobre la mesa, con la palma hacia arriba, y ladeó la
cabeza, a la espera, y Taehyung se percató de que quería tomarle la mano.
¿Cómo iba a seducirlo si él lo estaba seduciendo de forma tan efectiva?4
Levantó una de las manos y la colocó encima de la de Jungkook. Él cerró
los dedos en torno a los suyos y le acarició el dorso de la mano con el
pulgar.
—¿Cómo... como estuvo tu día? —En cuanto pronunció las palabras, se dio
cuenta de que era la primera vez que se lo preguntaba. No era la primera
vez que había sentido curiosidad por el tema. ¿Era demasiado personal?
¿Podía preguntarle cosas así?
—Es temporada de bailes de graduación —Torció el gesto y esbozó algo
entre una sonrisa y una mueca—. No es mi época preferida.
—¿Muchos arreglos de ropa?
—Y adolescentes chillonas.
—Seguro que todas se enamoran de ti al verte —Eso tenía que ser agotador.
—Mi madre se encarga de casi todas las pruebas, así que no está tan mal.
Pero me estoy quedando bizco por culpa de tanto tirante fino. Tu foto fue
el mejor momento del día.
Eso sonaba espantoso para Taehyung. Su foto ni siquiera era buena.4
—¿Eso quiere decir que te gustaría dedicarte más a la ropa masculina? —La
idea de que no estaba haciendo lo que más le gustaba fue como si le
clavaran algo en el costado. Él no soportaría trabajar todos los días en algo
que odiara.
Jungkook se encogió de hombros, pero adoptó una expresión pensativa. —
Prefiero el lado creativo del trabajo, crear algo nuevo. No me molesta tener
que confeccionar la prenda y hacer arreglos, pero no supone un desafío.4
—¿Has pensado en crear tu propia línea de ropa? —Indagó—. Podrías
participar en uno de esos concursos de moda. Seguro que ganarías —
Jungkook miró sus manos unidas con una sonrisa, pero no era de felicidad.
—Hace tres años me eligieron para participar en uno. Creo que les gustó
más mi cara que mis diseños, pero da igual. Una oportunidad es una
oportunidad. Pasaron cosas y mi madre enfermó. Tuve que rechazar la
propuesta —Taehyung se quedó blanco al mismo tiempo que el corazón se
le hacía añicos. Pues claro que haría algo así por su madre. Cuando
Jungkook lo miró, su expresión se volvió tierna—. No estés tan triste. Ahora
está muy bien.1
—¿Es… cáncer? —Recordó haber oído a sus hermanas hablar de quimio
mientras estaban discutiendo, pero en aquel entonces estaba tan
abrumado que no asimiló del todo la información. ¿Cómo había podido
pasarlo por alto? ¿Qué clase de persona era?
—Cáncer de pulmón en estado cuatro, incurable, inoperable. Nunca ha
fumado. Solo tuvo mala suerte. Pero el último tratamiento parece que
funciona. Las cosas han estado mejorando —le dijo con una sonrisa para
animarlo.5
Taehyung le dio un fuerte apretón en los dedos mientras lo miraba. ¿Sabría
Jungkook lo maravilloso que era en realidad?
—¿Quieres que pida yo? —Le preguntó al pelirrubio cuando el camarero
apareció de nuevo. Al verlo asentir con la cabeza, pidió una serie de
distintos platos del menú—. ¿Y qué tal tu día? —le preguntó.
—Bien —El pelinegro sonrió y le pellizcó la barbilla.6
—Detalles, Taehyung.19
—Ah. En fin… encontré un rompecabezas muy interesante en el trabajo.
Hay un fenómeno fascinante que no puedo expli… ¿Por qué me miras así?
—Jungkook había ladeado la cabeza y lo miraba con una sonrisa
especialmente tierna.27
—Estás muy lindo y sensual cuando hablas de trabajo.
—Esos dos conceptos no puede ir juntos —Jungkook soltó una carcajada.
—Contigo sí. Sigue, rompecabezas fascinante.
—Ya te lo contaré cuando haya encajado las piezas. Bueno, ¿qué más? Ah,
mi jefe me está presionando para que contrate a un asistente de práctica. Y
hoy me tomé mi primera foto —Se calló todo lo referente a Bogum. No
había necesidad de mencionar ese encuentro tan incómodo.2
—¿Tu jefe cree que trabajas demasiado? —El pelirrubio se encogió de
hombros.
—¿Quién no lo cree?
—No es demasiado si te encanta. Como a ti.
—Eso mismo. Por favor, díselo a mi madre.
—Si la veo, se lo diré —le aseguró. Pero, a juzgar por su tono de voz,
Jungkook creía que la probabilidad de conocer a su madre era muy baja.
—Lo harás dentro de un mes, en la gala benéfica que está organizando. Si
quieres acompañarme, claro. No tienes por qué hacerlo —se apresuró a
añadir. El pelinegro apretó los dientes mientras lo miraba fijamente.2
—¿Quieres que te acompañe? —Taehyung asintió con la cabeza.
—Me amenazó con prepararme una cita a ciegas si no llevo a alguien —Y él
solo quería estar con Jungkook. Con nadie más.1
—Muy directa, ya lo creo. ¿Cuándo es?
—Un sábado por la noche. Atuendo formal. Aunque eso no debería ser un
problema para ti —Jungkook esbozó una sonrisa, pero la tensión de sus
ojos no desapareció.
—Muy bien, lo señalaré en el calendario. Me encantará ir.
—¿De verdad?
—Sí.
Taehyung se mordió el labio, titubeó, pero luego decidió arriesgarse y le
preguntó: —¿Me harías el traje? —Jungkook lo miró fijamente a los ojos un
buen rato.
—Está bien.
—Te pagaré, por supuesto…
—Espera a verlo antes —Se llevó su mano a los labios para besarle los
nudillos.5
—Me va a encantar.
—Creo que sí —Sonrió con seguridad.
Llegó la cena y la conversación, pero conversación de verdad, continuó de
forma fluida mientras comían. Le preguntó a Jungkook por sus diseñadores
preferidos, y descubrió que había asistido a clases de diseño en Seúl.
Jungkook le preguntó cuándo descubrió su pasión por la economía, que
fue en el instituto, y cuándo tuvo su primer novio… Nunca. Jungkook salió
en serio con una niña en cuarto de primaria, a la que veía en el autobús
escolar. Taehyung comió más de lo acostumbrado. Quería alargar la
velada.
Cuando les llevaron la cuenta, hizo ademán de agarrarla, pero Jungkook le
dio al camarero su tarjeta de crédito con un gesto rápido. Taehyung
entrecerró los ojos. No era la primera vez que insistía en pagar cuando
estaba con él, y le incomodaba mucho. Esa clase de gastos eran
insignificantes para él, y sabía que Jungkook tenía problemas de dinero.
¿Por qué no le permitía pagar? ¿Cómo podían llegar a un acuerdo en ese
tema? No tenía ni idea de cómo hablar de dinero sin insultarlo.
—Tengo que pasar por mi departamento y tomar algo de ropa —Le informó
al pelirrubio mientras salían del restaurante—. Lo había olvidado.
—¿Eso significa que puedo verlo? —¿O estaba pasándose de listo al suponer
que iban a pasar la noche juntos?
—Si quieres… Pero no es nada del otro mundo —Jungkook se frotó la nuca
y puso una cara de incomodidad muy tierna.
—No puede ser peor que la mía.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Mi casa está vacía y resulta… aburrida —Los demás decían lo mismo de él
cuando creían que no podía oírlos. El pelinegro le acarició la mejilla.
—Solo necesita muebles. Anda, vamos. Está muy cerca de aquí.
Con «muy cerca», se refería a que vivía en el edificio de apartamentos de al
lado. Podría haberse ahorrado el tener que buscar estacionamiento.2
Después de dar unas cuentas vueltas por el estacionamiento sin encontrar
un hueco libre, el pelinegro le dijo que usara su lugar. Jungkook estacionó
en la otra punta de la calle. Lo tomó de la mano y lo condujo por las
escaleras exteriores hasta su apartamento, situado en el tercer piso.
—No limpié antes de irme, así que prepárate para lo peor. No quiero que te
dé un infarto, ¿bien?
—Está bien.
◍ 22 ◍
Jungkook contuvo la respiración mientras veía a Taehyung quitarse los
zapatos, que dejó en la entrada junto a los suyos, y entraba en su
apartamento de un dormitorio. No estaba sucio, porque era una persona
muy organizada, pero tampoco era una maravilla.22
Intentó ver el espacio a través de los ojos del pelirrubio. Un pequeño sofá
marrón estaba junto a una de las paredes del salón, al otro lado de un
modesto televisor de pantalla plana. Al fondo de la estancia estaba su
banco de musculación y un soporte con varias mancuernas. El saco de
boxeo colgaba al lado, en un rincón, en flagrante violación de su contrato
de alquiler.
La cocina era un espacio muy reducido con encimera de formica, una
vitrocerámica y una mesita de madera con cuatro sillas a juego. Tenía una
maceta como centro de mesa para darle color, porque, sí, le gustaban esas
cosas. Había un archivador metálico pegado a la pared del fondo, con
facturas y cosas encima que todavía no había organizado.
Taehyung soltó el maletín en el sofá con gesto descuidado mientras
inspeccionada los DVD que se alineaban en el mueble de la televisión. Se
inclinó para echarles un vistazo más de cerca y le ofreció una vista
fantástica de su maravilloso trasero.27
—Los organizas por orden alfabético —Jungkook fue incapaz de contener
una sonrisa. Taehyung nunca se comportaba como él esperaba—. ¿Qué es
esto? —Abrió la puerta de cristal y sacó la gruesa caja con los DVD.
—Solo mi colección de los mejores animes de la historia.87
Taehyung levantó la vista de la caja con los labios entreabiertos, con cara
de haber descubierto algo fenomenal, y a Jungkook le costó la misma vida
no sonreír de oreja a oreja. Nadie de sus antiguas relaciones tomaba a bien
al escuchar el término anime, mucho menos compartían su afición.
—Te los presto si quieres —Taehyung se pegó su tesoro al pecho.49
—Gracias.
—Pero ten cuidado. Son muy adictivos, y algunos tienen muchos episodios
—Se borró la sonrisa de los labios con los dedos y luego se llevó la mano al
pelo—. Puedes dar una vuelta por la casa mientras tomo mis cosas.14
Sin embargo, en vez de quedarse fuera cuando él entró en el dormitorio, el
pelirrubio lo siguió y se sentó en el borde de la cama, sonriéndole
dulcemente antes de inspeccionar el sencillo espacio con mirada curiosa.
Vestido con su cara ropa de trabajo, parecía tan fuera de lugar en su barato
apartamento que se preguntó por qué demonios lo había llevado.8
Para atormentarse, seguramente.
Era un lugar donde no entraban ni clientes ni personas en general, un lugar
en el que se refugiaba para recuperar la normalidad en su cabeza. ¿Cómo
iba a aclararse las ideas cuando terminaran las cosas entre ellos si tenía el
recuerdo de verlo sentado en su cama, esperándolo, sonriéndole como
solo le sonreía a él?41
Escapó a su armario y miró los trajes y las camisas que tenía, dejando que
le recordaran una época en la que no había vivido con una soga al cuello.
Escogió las prendas que se iba a llevar y sacó una bolsa de deporte negra
del estante superior. De camino, agarró más calcetines y calzoncillos de la
cuenta. Si era para una semana, debería…
Taehyung se había acurrucado con sus sábanas y estaba frotando la cara
contra su almohada con una expresión de puro éxtasis. Era jodidamente
raro. No debería excitarlo. Pero lo hizo.83
Soltó la bolsa en el suelo y se inclinó sobre él.
—Ahora que tienes mis sábanas, ya no me necesitas. ¿Verdad? —le susurró.
Taehyung abrió los ojos de golpe y se ruborizó.
—Huelen muy bien.7
—¿No te preocupa que estén sucias? —El pelirrubio abrió mucho los ojos,
con pánico, y se apartó las sábanas del pecho. Parecía a punto de vomitar,
casi como si lo hubiera traicionado. Antes de que pudiera ponerse a
hiperventilar, Jungkook se acostó en la cama y lo abrazó contra su
cuerpo—. Aquí solo duermo yo, Taehyung. Estaba bromeando. Y me ducho
por las noches.
Tenía que ducharse para desprenderse del olor de sus clientes antes de
dormir. Ni de broma los metería en su cama. En fin, salvo por ese cliente en
concreto. Ninguna de sus reglas era válida para Taehyung.11
El pelirrubio le golpeó el pecho con los puños, aunque sin fuerza alguna.
—No fue gracioso, Jungkook.
—Lo siento —Le apartó el pelo de la cara y le colocó bien las gafas para que
él no tuviera que hacerlo—. Solo estaba bromeando. Y no pensé en… los
otros… hasta que reaccionaste así.
—¿De verdad nunca has traído a nadie?
¿Estaba celoso? ¿Quería que Taehyung estuviera celoso? Mierda, sí, lo
quería.20
—Nunca —El pelirrubio frunció los labios como si se estuviera mordiendo
por dentro.
—Debería irme. Me invité solo, ¿verdad? Gracias por enseñarme tu casa. Me
gusta. Debería comprar una planta.38
Estaba preparado para levantarse y Jungkook se dijo que tenía que dejarlo
ir. Ese espacio no era para clientes, y él no necesitaba más recuerdos de
Taehyung en su cama.
«Déjalo ir.»
Sus brazos se negaron a hacerle caso. Lo abrazaron con más fuerza de
modo que sus cuerpos encajaron a la perfección, como si estuvieran
hechos a medida.
—En mi cabeza no te comparo con ellos, Taehyung.27
—¿No?
Taehyung lo miraba con una expresión tan esperanzada que Jungkook no
pudo contenerse y cerrar la boca.
—No. Para mí, no eres un cliente más.73
—Lo dices como algo bueno, ¿no? —le preguntó con una sonrisa
temblorosa.8
—Como algo estupendo —Le acarició el pelo y Taehyung cerró los ojos para
disfrutar de la caricia, demostrándole una confianza que lo desarmó.
Cuando le quitó las gafas y las dejó en la mesita de noche, el pelirrubio
abrió los ojos y tragó saliva, haciendo que Jungkook se concentrara en el
pulso que le latía, desaforado, bajo la barbilla. Taehyung se había
ruborizado. Lo deseaba. Nunca le había gustado tanto ver que lo deseaban
de esa forma.
—Eres precioso, Taehyung —Le acarició el labio inferior con el pulgar, y
Taehyung suspiró y se lo besó antes de sorprenderlo al metérselo en la
boca y chupárselo. Le lamió el dedo antes de darle un mordisco,
provocándole una ráfaga ardiente que lo puso duro al instante—. ¿Dónde
demonios aprendiste a hacer eso? —Taehyung le soltó el dedo.77
—Solo quería hacerlo. Pero mañana pienso investigar sobre los mordiscos
eróticos en los dedos.29
—Sabes que puedes preguntármelo a mí, ¿no? —Se llevó su mano a los
labios y le mordisqueó la base de la palma.
A Taehyung le hormiguearon los dedos y soltó el aire con un suspiro largo y
entrecortado.
—Quiero saber todo lo que te encanta hacer.
El pelirrubio le tomó la mano y se la llevó a la boca. Sus blancos dientes le
mordisquearon la piel, y Jungkook sintió que se le erizaba el vello del
cuerpo entero.
—Me encanta besarte —admitió. Taehyung le acarició los labios con las
puntas de los dedos.7
—¿Eso quiere decir que puedo besarte?
—No tienes que pedirme permiso —Taehyung era el único que lo había
hecho. Tal vez por eso lo tenía tan loco.
—¿Tengo permiso para besarte donde quiera?7
El chico le estaba mirando la boca como si lo que había dicho fuera
demasiado bonito para ser verdad.
—Sí.
Taehyung unió sus bocas y lo besó como si él fuera oxígeno y le faltara el
aire. Jungkook le bajó las manos por la espalda hasta las caderas, y luego le
apretó el precioso trasero y lo pegó contra él, haciendo que sus erecciónes
se rozaran. Taehyung se afanó por pegarse todavía más y le enterró los
dedos en el pelo mientras se entregaba al beso.23
Muy dulce, todo Taehyung era dulce. Pero estaba cubierto por la ropa. A él
le encantaba la ropa, pero en ese momento la ropa lo mantenía alejado de
sus manos. Jamás había sentido el impulso de arrancar botones como lo
sentía en ese momento. Interrumpió el beso y le tomó una mano para
desabrochar el puño que se ceñía a su muñeca.
—La ropa fuera —gruñó.7
Después de desabrocharle los puños, Taehyung empezó a desabrocharle a
él la camisa, y Jungkook se dio cuenta de que era la primera vez que lo
desvestía. Lo habían desvestido cientos de personas distintas. En ese
instante, no recordaba una sola de sus caras.4
Solo veía a Taehyung.27
Los dos se pusieron manos a la obra, sus brazos se cruzaron mientras
desabrochaban las camisas y el chaleco del pelinegro. Taehyung le acarició
el pecho con las manos y le arañó los pezones con las uñas, abrasándole la
piel.
Jungkook le recorrió la clavícula con los dedos para después bajar por el
tórax y continuar por el ombligo hasta llegar a la cinturilla del pantalón.
Después le desabrochó el botón del pantalón y bajó con pasirmonia la
cremallera.
—Pantalón fuera, Taehyung. Me volveré loco si no puedo tocarte —
Necesitaba tocarlo, necesitaba saborearlo.11
El pelirrubio se quitó el pantalón antes de dejarlo sobre la mesita de noche.
Lo miró con los párpados entornados al mismo tiempo que se sentaba
sobre las piernas y jugueteaba con los puños de la camisa, una camisa que
ocultaba parcialmente su ropa interior y su sedosa piel.
—Todavía llevas demasiada ropa encima —le dijo Jungkook.
Taehyung se quitó la camisa con un movimiento tímido de los hombros, y
la dejó a un lado del resto de su ropa. Jungkook estuvo a punto de gemir al
ver sus endurecidos pezones. Mierda, lo ponía a mil, y Taehyung no tenía ni
idea.
—Los siento arder cuando me miras así —susurró Taehyung.45
—¿Cómo? —le preguntó con voz ronca, sin saber si iba a contestarle.
—Como… como si quisieras…
—¿Lamerlos? ¿Chuparlos? —El pelirrubio se puso colorado, pero asintió con
la cabeza—. Ven aquí.
Taehyung se acercó a él gateando y se pegó a su torso antes de acariciarle
el cuello con la nariz y de meterle las manos por debajo de la camisa para
aferrarse a su espalda. Sintió la respiración entrecortada de Taehyung en el
cuello antes de que lo mordisqueara.
—Tú tienes más ropa que yo, Jungkook.
—Pues quítamela.17
Al pelirrubio le brillaron los ojos y sus labios esbozaron una sonrisa. Tal
como había supuesto, a su Taehyung le encantaba la idea de desnudarlo.
Le pasó las manos por la seda negra del chaleco antes de quitárselo y
dejarlo en la mesita de noche con mucho cuidado… porque era una
creación suya y lo respetaba. Un gesto bastante sencillo que, sin embargo,
lo instaba a abrazarlo con fuerza y a no dejarlo ir en la vida.61
Le quitó la camisa, que también dejó sobre la mesita de noche, y cuando
volvió a mirarlo, Taehyung perdió la concentración por completo. Le
recorrió los brazos, el pecho y los abdominales con dedos ansiosos, dibujó
con los dedos su tatuaje. Besó el ojo del dragón, le dio un lametón.
—Me gusta tu tatuaje.
—No pareces ser muy de tatuajes.
—Es tuyo, Jungkook —se limitó a replicar Taehyung.1
Jungkook tiró de sus caderas para pegarlo a su cuerpo, de modo que
notara el efecto que tenía sobre él. Taehyung echó la cabeza hacia atrás
cuando sus erecciónes se rozaron y su cuerpo se relajó. Jungkook se
consideraba un buen amante, pero nunca lo había sido tanto. Era como si
Taehyung estuviera hecho para él, diseñado especialmente para responder
a él. Y solo a él. La idea le provocó un intenso afán posesivo.12
Empezó a acariciarlo con creciente ardor, pegándolo a él al mismo tiempo
que se apoderaba de su boca. El beso fue una caricia apasionada, con
dientes y lengua, pero el pelirrubio no protestó. En cambio, le devolvió la
pasión y lo besó hasta que empezó a jadear.
Jungkook no estaba preparado cuando Taehyung acarició su erección. El
placer lo recorrió como una oleada ardiente. Sintió que se le ponía más
dura, y se le escapó un gemido gutural. Se le tensaron los abdominales
mientras intentaba recuperar el aliento.10
—Me encanta esta parte de ti —susurró Taehyung, acariciándolo de
nuevo—. Enséñame qué te da placer.78
Una especie de instinto de supervivencia le dijo que rechazara su petición,
le avisó de que no debería darle las armas que lo llevarían a su destrucción;
pero, como era habitual, fue incapaz de negarle nada. Se desabrochó los
pantalones y dejó a la vista el miembro erecto, y casi perdió la cabeza
cuando vio que a los ojos de Taehyung asomaba un deseo descarnado.5
—Así —Le tomó la mano y se la cerró en torno a su erección, y con un
gemido le enseñó qué ritmo le gustaba más, qué presión lo volvía loco, le
enseñó cosas que nunca les había enseñado a sus clientes. Porque solo se
preocupaban por sí mismos.
Taehyung era distinto. Todo su ser se concentraba en darle placer. ¿Lo
hacía porque quería aprender y hacerlo con otra persona o porque él le
importaba como ningún otro? Sabía la respuesta. Pero lo deseaba de todas
formas.36
Le acarició la espalda con las manos hasta llegar a la ropa interior e
introdujo los pulgares bajo el elástico para bajárselos por los muslos. Su
miembro estaba completamente erecto. Tal vez Taehyung le estuviera
dando placer como parte de su educación sexual, pero también lo estaba
disfrutando al máximo. Era imposible fingir su excitación.
Después de instarlo a acostarse en la cama, le quitó los calzoncillos de un
tirón e hizo una bola con ellos.
—Me los voy a quedar.86
—¿Qué? Pero...
Jungkook tomó el tubo de lubricante que había a un lado de la cama, le
separó los muslos y se deleitó ante aquella perfecta vista. Sus dedos lo
acariciaron por voluntad propia, y lo penetró. Mierda, esa estrechez… Era
perfecto para él. Su cuerpo se convirtió en una adolorida masa de deseo.
—Taehyung, no tienes ni idea de lo que me hace tu…24
—Jungkook —protestó el pelirrubio, que dobló las rodillas, inquieto—, no
lo digas.
Jungkook se quedó callado. Con la boca le decía que no, pero con el
cuerpo… Taehyung respiraba entre jadeos y se cerraba en torno a los
dedos con los que lo penetraba.
—Creo que te gusta que te diga cosas sucias —le susurró. Taehyung negó
con la cabeza, frenético.
—Me da vergüenza.4
—Tu cuerpo no piensa lo mismo. Me estás estrujando los dedos, Taehyung
—Se los apretó todavía más en respuesta y arqueó las caderas contra su
mano, haciendo que lo penetrara todavía más.1
—Son tus… tus dedos. Me encanta cuando me tocas —Taehyung cerró los
ojos y se frotó la mejilla con la sábana.1
Con la mano libre, Jungkook acarició el miembro del pelirrubio en un
vaivén lento y firme. Taehyung se llevó el dorso de una mano a los labios y
se tensó alrededor de sus dedos. Pero no con tanta fuerza como antes.
Al pelirrubio le gustaba que le hablaran. Mucho. No había problema. A él le
gustaba hablar.
—Creo que son las palabras —dijo mientras seguía acariciándolo con las
manos—. Es una pena que no puedas verte ahora mismo. ¿Tanto te gusta lo
que te estoy haciendo? —El pelirrubio arqueó la espalda y se aferró a las
sábanas con ambas manos mientras gemía su nombre. Se fijó en sus
pezones y se le hizo la boca agua al recordar su sabor—. ¿Te duelen? —Los
señaló con la cabeza.
Taehyung asintió, levantó la cadera contra su mano y, acto seguido, deslizó
las manos por el abdomen hasta sus pezones. Un gemido atormentado
brotó de su garganta cuando se los pellizcó. Después, dejó caer las manos a
los costados.2
—Solo me gusta cuando lo haces tú.
Porque necesitaba que le sedujeran la mente al mismo tiempo que el
cuerpo y, al parecer, a su supercerebro le gustaba mucho lo que él le decía.
Él solo era su novio de práctica, pero respondía a sus caricias como no
había respondido a nadie más.2
Jungkook acabó con la tortura para ambos al inclinarse y chupar un
endurecido pezón.
—Eres como una golosina, Taehyung. Dulce, dulce, dulce —El pelirrubio se
movió contra sus manos con frenesí—. ¿Ya te vas a correr? Ni siquiera he
probado tu... —Un gemido brotó de los labios de Taehyung y su expresión
se tensó. Se quedó tan rígido que creyó que había echado por tierra el
momento, pero tras un tenso silencio, sus músculos se relajaron—. Tal vez
tengo que llamarlo de otra manera —le susurró mientras dejaba un reguero
de besos por su estómago.
Sus músculos internos se contrajeron en torno a sus dedos y su miembro se
tensó aún más. Jungkook supo que estaba cerca del orgasmo.
Taehyung se mordió el labio inferior al mismo tiempo que echaba la cabeza
hacia atrás y tomaba una honda bocanada de aire. Jungkook le dio un
lametón juguetón a la estrecha entrada antes de mirarlo de reojo.
—¿Es… el sin luz? —El pelirrubio sonrió tímidamente contra las sábanas.118
—No.
—¿Es el… endereza bananas?109
La sonrisa de Taehyung se ensanchó antes de negar con la cabeza.
Jungkook le dio otro lametón antes de chuparlo con tiento, y el pelirrubio
se arqueó contra su boca.
Taehyung seguía al borde del clímax, justo donde él lo quería.
—Ya sé —Le besó la cara interna del muslo—. Es tu… —Remarcó cada
palabra con un beso—. Ardiente. Precioso. Afila espadas.149
Taehyung rio, y las carcajadas lo envolvieron y se le metieron hasta lo más
dentro, haciéndolo arder hasta que el fuego crepitó. Le encantaban sus
carcajadas. Le encantaban sus sonrisas. Le…
Dejó la idea a medias, antes de cristalizarla en su mente. No era el
momento de pensar. Era el momento de sentir.
Chupó su erección, y las carcajadas del pelirrubio se convirtieron en un
largo gemido. Taehyung le enterró los dedos en el pelo y comenzó a
embestir su boca, y Jungkook se sumergió plenamente en su sabor, en su
olor, en los gemidos sensuales que emitía y en la piel que tocaba su lengua.
Nada era tan bueno como eso.
Cuando Taehyung lo sujetó por los hombros y empezó a tirar de él,
Jungkook levantó la vista, confundido.
—Jungkook, lo deseo. Lo necesito. Ahora. Por favor —suplicó Taehyung
entre jadeos.
—¿Cómo? —Mierda, ¿Taehyung iba a empezar a decirle cosas sucias?
El pelirrubio siguió dándole tirones en su intento porque se pusiera encima.
—Me muero por ti, Jungkook.77
Al final resultó que era demasiado tímido, pero sus palabras lo golpearon
con el mismo efecto. Tuvo que pararse un momento para concentrarse en
la respiración a fin de no correrse en las sábanas; después, se bajó de la
cama, lo instó a ponerse bocabajo y tiró de él hasta que sus caderas
estuvieron al borde del colchón. Eso era lo que Taehyung necesitaba. Era
demasiado personal para el pelirrubio hacerlo cara a cara. Tal vez con el
siguiente hombre sí podía…18
Consiguió desentenderse de esa horrorosa imagen acariciándole el
magnífico trasero. Tal vez solo fuera una relación de práctica para
Taehyung, pero ese momento, ese preciso instante, era real.1
—Me encanta tu cama, Taehyung, pero es demasiado baja. La mía es
perfecta para una cosa —El pelirrubio enterró la cara en las sábanas.1
—Ya, por favor.
Sin embargo, al meter la mano en el bolsillo del pantalón, lo encontró
vacío. Gimió con incredulidad.
—No tengo condones.65
Era un acompañante, mierda, y se le habían olvidado los condones. Había
estado demasiado ansioso por ver a Taehyung y no había repasado su
habitual lista de preparativos antes de una sesión.1
—No me tortures así, Jungkook.
Taehyung arqueó las caderas y se restregó contra él. ¡Dios! Tenía tantas
ganas de penetrarlo que dolía.
—No es tortura. Dejé la caja en el coche —El pelirrubio lo miró con gesto
atormentado—. Vuelvo enseguida.
Tras decir eso, consiguió ponerse como pudo los pantalones y cubrirse la
dolorosa erección, y salió corriendo del apartamento.
◍ 23 ◍
Taehyung suspiró pesadamente antes de desplomarse sobre la cama de
Jungkook.18
Después de sus tres primeras experiencias sexuales, estaba convencido de
que el sexo no le gustaba. Era algo sucio, doloroso y muy incómodo. Sin
embargo, en ese momento, era incapaz de pensar en otra cosa.1
Le palpitaba y le dolía el cuerpo por la fuerza del deseo, por el anhelo de
sentirlo en su interior, de que lo abrazara y… de que le hablara.
Sonrió al recordar lo que Jungkook había dicho. ¿Se reían otras personas
mientras tenían sexo?22
Tamborileó con los dedos sobre la cama mientras esperaba, pero la
paciencia nunca había sido una de sus virtudes. Era una persona de acción.
Odiaba perder el tiempo. Y no había acabado de explorar el apartamento.
Bajó los pies al suelo, agarró las gafas y se puso la camisa del pelinegro,
sonriendo al ver que le quedaba un poco holgada por la diferencia de
musculación. Ambos medían casi lo mismo, por lo que la camisa no cubría
por completo su trasero, y dejaba al descubierto la parte baja de los
glúteos. Las costuras, que no eran francesas, le resultaron ásperas, pero su
olor compensó la irritación. Además, Jungkook no tardaría mucho en
regresar.5
Una mirada al interior del armario le provocó una gran alegría. Sí, era una
maravilla. Todos sus preciosos trajes y camisas, perfectamente colgados y
organizados por color, tipo de tela y tamaño de la raya diplomática. Pasó
los dedos por las mangas de las chaquetas antes de girarse para mirar la
cómoda. Quería abrir los cajones y ver cómo guardaba los calcetines, pero
le parecía muy indiscreto.
¿Y si lo descubría husmeando? ¿Pensaría que estaba buscando algo?
¿Estaba buscando algo en realidad? Tal vez sí, pero no buscaba nada en
concreto. Solo quería entenderlo mejor.
Atravesó la habitación descalzo, pasó junto a la televisión, ya había visto
casi todas las series que había, pero había guardado algunas otras en el
maletín. Acarició con las yemas de los dedos la fría superficie de las
mancuernas, ordenadas por tamaño junto al banco de musculación, tras lo
cual golpeó con un puño el saco de boxeo y acabó frotándoselo porque le
había dolido.35
Un vistazo al refrigerador le indicó que Jungkook cocinaba con frecuencia.
Estaba lleno de condimentos, de productos frescos y de todo tipo de
productos saludables, tantos que él no sabría por dónde empezar.
Mientras se acercaba a la mesa del comedor para admirar la planta que
había encima, se fijó en los papeles que descansaban sobre el archivador
metálico. Facturas, por lo que parecían. Jungkook tenía problemas
económicos.7
Miró de reojo la puerta del apartamento, pero seguía cerrada. Agudizó el
oído por si oía sus pasos. Nada. El corazón le latía con fuerza. Sabía que
sería una violación de su privacidad. No debería hacerlo.18
Desdobló la primera factura y la leyó tan rápido como pudo. Solo era la
factura eléctrica. Menos de cien mil wons al mes. Estaba a punto de
doblarla de nuevo cuando se percató del nombre.
Jeon Jungkook.
Un extraño dolor le atravesó el pecho. Jungkook no le había dicho su
verdadero nombre.75
Claro, si no sabía quién era no podría acosarlo después, cuando todo
acabara. Torció el gesto. Dejó la factura tal y como la había encontrado;
pero, aunque se sentía mal, no pudo evitar mira la segunda. Una factura
médica emitida por la Fundación Médica de Ulsan. Sin embargo, no iba
dirigida a Jungkook.2
Estaba a nombre de Jeon Yoosun.
La agarró y leyó la pormenorizada lista de pruebas médicas: TAC,
resonancia magnética, rayos X, extracción de sangre, análisis de sangre,
etc. El costo total ascendía a 10,974,574.76 wons.
¿No se suponía que un seguro médico cubría todas esas pruebas? Se llevó
una mano temblorosa a la frente.+
¿La madre de Jungkook había enfermado sin contar con un seguro médico?
¿Estaba Jungkook pagando las facturas? ¿Cómo estaba pagando las…?
Empezó a respirar de forma superficial mientras sentía un nudo en el
estómago y se le caía el alma a los pies. Jungkook no era adicto a las
drogas ni al juego. Solo quería a su madre.
Se le llenaron los ojos de lágrimas y empezó a verlo todo borroso. Colocó
las facturas tal cual las había encontrado y tragó saliva para deshacer el
nudo que tenía en la garganta. Se había acostado con todas esas personas,
con él, porque su madre estaba enferma.64
Se llevó un puño a los labios mientras se acurrucaba en el sofá. La puerta se
abrió en ese momento. Jungkook lo miró y corrió hacia él.9
—¿Qué pasa?1
Taehyung abrió la boca para hablar, pero no fue capaz de articular palabra.
Jungkook lo tomó en brazos, se sentó en el sofá y lo estrechó con fuerza
mientras lo besaba en la frente y le limpiaba las lágrimas de las mejillas.
Después, le acarició la espalda.
—¿Qué sucede, Taehyung?
¿Qué hacía? ¿Cómo solucionaba ese problema? No sabía cómo curar el
cáncer. Tal vez debería haber estudiado Medicina después de todo.89
Enredó los brazos alrededor de su cuello y lo besó. El pelinegro intentó
alejarse.
—Tienes que decirme…
Taehyung lo besó con más pasión. Jungkook se rindió y le devolvió el beso
durante un vertiginoso segundo, antes de apartarse de sus labios.
—Dime qué te pasa —le dijo con voz firme—. ¿Por qué lloras? ¿Otra vez fui
demasiado rápido? ¿Hice algo para lo que no estás preparado?
No sabía cómo explicar lo que estaba sintiendo. El pecho le iba a estallar
por culpa de las emociones. Era demasiado, todo era demasiado intenso…
aterrador.
—Jungkook, estoy obsesionado contigo —le confesó—. No quiero pasar
contigo una noche o una semana o un mes. Quiero estar a tu lado a todas
horas. Me gustas más que el cálculo, y eso que las matemáticas son la base
que integra el universo. Cuando me dejes seré ese cliente desquiciado que
te persigue para poder verte, aunque sea de lejos. Voy a llamarte hasta que
te veas obligado a cambiar de número. Te compraré un coche de lujo,
cualquier cosa que se me ocurra, para poder sentirme unido a ti. Te mentí
al prometerte que no me obsesionaría contigo. Yo soy así. Tengo…150
Jungkook capturó sus labios y el frenesí de su beso lo abrasó. Lo abrazó sin
muchos miramientos, pero a Taehyung le dio igual.2
Taehyung forcejeó con su bragueta hasta que logró desabrocharle los
pantalones y sacar la dura erección. Después, se apartó de sus labios y
descendió por su cuerpo hasta metérsela en la boca.177
Chupó y lamió con torpeza. No sabía lo que estaba haciendo, pero al
pelinegro no parecía importarle. De hecho, Jungkook empezó a mover las
caderas, para enterrarse aún más en su boca con movimientos sinuosos.
Taehyung le acarició el tatuaje y esos muslos tan fuertes. La tensión de su
cuerpo, lo rápido que se movía y los gemidos roncos que se le escapaban le
indicaron que estaba a punto de correrse. Eso aumentó su excitación e hizo
que apretara los muslos, sufriendo por sus propios deseos.
—Quiero hacerlo —dijo Jungkook mientras intentaba que se apartara de él.
Pero Taehyung no quería parar. Necesitaba sentirlo en la boca, necesitaba
saborear su orgasmo.
Jungkook gimió mientras Taehyung resistía sus intentos por apartarlo.
Cuando por fin cedió y permitió que se la sacara de la boca, lo besó con
ferocidad y lo colocó de espaldas en el sofá. El pelinegro se sentó para
sacarse algo del bolsillo. El pecho le subía y le bajaba con cada respiración
mientras rompía el envoltorio metálico con los dientes y se lo ponía.35
Después se acostó sobre él y lo besó en la boca, en el mentón y en el cuello.
Hundió sus dedos en él una última vez para cerciorarse de que estaba listo
para recibirlo. Taehyung sintió la dureza de su erección en la entrada de su
cuerpo. Mientras lo penetraba, sus miradas se encontraron de forma
accidental. El pánico lo invadió.14
Demasiado visceral, demasiado expuesto.
Intentó apartar la vista hasta que comprendió que la vulnerabilidad que
sentía era la de Jungkook. Esos ojos oscuros lo atravesaban por completo y
veían su verdadero yo mientras él veía el del pelinegro.
Sus cuerpos adoptaron una cadencia animal. Sus caderas se movían, se
acercaban y se alejaban, entregaban y exigían. Jungkook introdujo la mano
entre ellos hasta poder tocar su erección desatendida. Un placer ardiente
se apoderó de él mientras la tensión crecía y crecía cada vez más. Empezó a
gemir mientras arqueaba la espalda.
Sus miradas no se separaron en ningún momento. Jungkook lo veía todo,
lo oía todo. Se habría sentido avergonzado de no ser por su sonrisa y por su
mirada llena de ternura al entrelazar los dedos de la mano libre con los
suyos. Taehyung se sintió querido, y le resultó increíble.48
Y justo entonces llegó al orgasmo. Los espasmos le impidieron moverse,
hablar o pensar. Jungkook le dio un apretón en la mano que le aferraba con
fuerza y aumentó el ritmo de sus embestidas. Tras hundirse en él hasta el
fondo por última vez, se dejó llevar por el orgasmo.
El mundo se detuvo.
Se hizo el silencio, que solo rompían los latidos de sus corazones mientras
intentaban sincronizarse.
El pelinegro salió de su cuerpo mientras susurraba su nombre y lo besaba
con ternura, y lo llevó a la habitación. Lo dejó en la cama y lo arropó hasta
la barbilla. Después, entró en el cuarto de baño y abrió un grifo. Antes de
que Taehyung pudiera sentir su ausencia, volvió y se metió en la cama, de
manera que quedaron cara a cara.2
Le pasó los dedos por la mejilla y Taehyung tembló ante la caricia.
—¿Mi Taehyung quiere quedarse o prefiere irse a casa?130
Sintió que aparecía una sonrisa en sus labios. ¿Desde cuándo lo llamaba
así? «Mi Taehyung.» ¿Jungkook sabía que no había nada que deseara más
que ser suyo? Ansiaba preguntarle qué quería decir con ese posesivo, pero
tenía miedo de que dejara de usarlo.2
—¿Puedo quedarme esta noche aquí? —¿En su apartamento, en su cama,
donde no atendía a sus clientes? ¿Estaba tomándole cariño? Tal vez había
esperanza. Tal vez Jungkook pudiera ser suyo.
—Si quieres, quédate. Pero no tienes tus cosas. Tendrás que usar mi cepillo
de dientes, y no tienes pijama. Tendrás que dormir desnudo —añadió
Jungkook al mismo tiempo que levantaba una ceja con gesto sugerente.20
Esas cosas le molestaban, cierto. Seguramente dormiría fatal y estaría
irritado al día siguiente. Pero valía la pena con tal de estar con Jungkook. Y
de dejar su marca en su apartamento tal como hacían los animales… tal
vez incluso como un tejón.20
—Quiero quedarme.
Solo por verlo sonreír ya valía la pena.
◍ 24 ◍
Jungkook aprendió los ritmos de Taehyung a lo largo de la siguiente
semana.35
En la cama respondía mejor cuando iba despacio y le susurraba cosas
sucias al oído, pero si quería algo más intenso, fuera lo que fuera, el
pelirrubio participaba de buena gana, siempre dispuesto a complacer. No
podía pedir mejor amante que Taehyung. Así que era consciente de la
ironía de la situación.12
Fuera de la cama, Taehyung funcionaba espléndidamente si había una
rutina. Se levantaba todos los días a la misma hora; se duchaba para
librarse de la evidencia del polvo matinal… porque a él le encantaba
empezar con buen pie; desayunaba un licuado de fresas; y se quedaba en el
trabajo hasta las seis de la tarde.
Las noches le pertenecían a Jungkook. Cuando no se comportaban como
un par de adolescentes hormonales, dedicaban su tiempo a largas cenas,
conversaciones interminables y silencios amistosos que jamás había
experimentado con una pareja real.23
El sábado por la noche, después de pasarse el día recorriendo uno de los
museos de Ulsan mientras se turnaban para hacer ridículos comentarios
sobre las obras de arte expuestas, vieron otro episodio de una de las series
que Jungkook le había prestado, ambos acostados en la cama. Bueno, el
pelirrubio lo vio. Él se dedicó a contemplar a Taehyung mientras le pasaba
los dedos por el pelo.23
Le había apoyado la cabeza en un hombro sin quitarle ojo a la enorme
televisión colocada en la pared de la habitación. De vez en cuando, el
pelirrubio jadeaba o se tensaba como reacción a lo que pasaba en la serie y
movía las piernas desnudas, cubiertas parcialmente por una gran sudadera
negra. Una sudadera que era suya, pero de la que Taehyung se había
adueñado desde la primera noche que pasaron juntos.61
No sabía cómo describir lo que sentía al verlo vestido así, consciente de
que el pelirrubio había guardado su sudadera y de que la había estado
usando como pijama todo ese tiempo, pero le gustaba lo que sentía. Y
llevaba ya un tiempo experimentando dicha sensación. Cada vez que
Taehyung sonreía, le pedía un beso o atravesaba la estancia para acercarse
a él, pero también cuando no estaban juntos. Llevaba una semana entera
así, sonriendo por el simple motivo de que estaba pensando en Taehyung.
Y ya no tenía ninguna duda.1
Estaba enamorado como un idiota.160
Sabía que era algo temporal, que no era real, que seguramente no acabaría
bien, pero había hecho lo que ningún acompañante debía hacer:
enamorarse de su cliente.11
—Así que ella le salvó la vida y ahora se esconde de él. ¿Él la verá algún día?
—le preguntó Taehyung, devolviendo la atención de Jungkook a la tele—.
¿Es ella de la que se enamora?7
—¿De verdad quieres que te lo diga?
Taehyung frunció el ceño y meditó la respuesta durante unos segundos
antes de asentir con la cabeza.
—Sí. Dímelo.
Jungkook rio mientras lo pegaba a su cuerpo y lo besaba en la sien. Tan
reflexivo y serio, pero también tan excéntrico. Le encantaba eso de él.
—Lo siento. Tendrás que seguir viendo la serie para descubrirlo —Sin poder
evitarlo, le besó el mentón y le mordisqueó la oreja. Dios, le encantaba
sentirlo cerca. Había nacido para quererlo.16
—Pero, ¿por qué se esconde de él? Está claro que le gusta —El pelirrubio se
cruzó los brazos.1
—Porque sabe que nunca podrán estar juntos.54
—¿Por qué no?
—Su padre es un villano —Un detalle que a Jungkook le recordaba a sí
mismo y al idiota de su padre, y que le hacía trizas las entrañas.
—Pero ella no es mala —insistió Taehyung con obstinación—. Pueden
conseguir que funcione.30
Jungkook guardó silencio. La heroína de la serie no era mala persona; pero,
en su caso, el jurado no había llegado a una conclusión. Él intentaba ser
bueno, pero cuando las cosas se ponían difíciles y sentía que la vida lo
estrangulaba, se le pasaban cosas horribles y muy tentadoras por la
cabeza. Atajos, caminos sencillos para obtener la libertad, recursos
maliciosos. Conocía a gente. Sería fácil aprovecharse de Taehyung. Había
pocas cosas que le impidieran hacerlo: un tambaleante código ético y el
deseo de no seguir los pasos de su padre.3
Si fuera una mejor persona, le contaría su pasado y dejaría que Taehyung
tomara las precauciones necesarias, lo dejaría ir. Pero no era capaz de
dejar que las cosas acabaran así. Quería más de él, no menos.10
Día a día, veía cómo aumentaba su confianza, cómo sonreía, cómo reía e,
incluso, cómo bromeaba. Pronto Taehyung decidiría que estaba preparado
para avanzar. Hasta entonces, estaba decidido a disfrutar de cada
momento que pasara a su lado.5
Le frotó el cuello con la nariz al mismo tiempo que le acariciaba un sedoso
muslo con una mano que acabó colándose por debajo de la sudadera.3
—¿No llevas ropa interior? ¿Intentas decirme algo, Taehyung? —le susurró
al oído, encantado al verlo estremecerse. Nunca rechazaba sus avances. Lo
deseaba en la misma medida que él lo hacía.25
—Siempre la tiras por ahí y tardo un montón en encontrarla. Pensé que lo
mejor era… —Jadeó cuando el pelinegro acarició su miembro, y apoyó de
nuevo la cabeza en su hombro.12
—Sigue viendo el episodio para no perderte nada —Lo siguió acariciando
hasta que notó el miembro del pelirrubio endurecerse. Cuando Taehyung
soltó un gemido tembloroso, Jungkook sintió su propia erección doler por
debajo de los jeans, como si llevara semanas sin echar un polvo, en vez de
horas.
Lo deseaba de nuevo. Deseaba esa conexión, ese placer tan increíble y
arrollador. Era imposible saciarse.
Taehyung intentó obedecerlo, siempre lo hacía, pero no tardó mucho en
darse por vencido y girar la cabeza para besarlo con frenesí. Un beso llevó a
otro, y a otro y a otro… Cuando miró de nuevo la televisión, solo se veía el
menú principal. El DVD se había reproducido por completo mientras ellos
estaban ocupados con otras cosas.3
Después de lavarse y de apagar la televisión y las luces, Jungkook se metió
en la cama. Taehyung murmuró cuando lo estrechó contra su cuerpo, y le
dio un beso adormilado en el cuello. Jungkook sintió un afán posesivo
mezclado con una oleada de ternura mientras le apartaba el pelo de la cara
y recorría con los dedos un suave hombro iluminado por la luz de la luna.
Su Taehyung… De momento.31
Hasta que Taehyung decidiera que la práctica había llegado a su fin. O
hasta que descubriera lo de su padre.
37
◍◌◍◌◍
Cuando Taehyung llegó a casa del trabajo a mediados de la siguiente
semana, la encontró vacía. Jungkook le había enviado un mensaje de texto
diciéndole que llegaría tarde, así que se lo esperaba. Lo que no se esperaba
era la tristeza que lo engulló, la gélida soledad.
Solo llevaban una semana y media inmersos en esa relación de práctica,
pero ya se había acostumbrado a él. Jungkook ya formaba parte de su
rutina, parte de su vida, y su ausencia le provocaba un malestar interior.
Cuando todo acabara, solo le quedaría ese vacío.
Si acababa, claro.3
Si fracasaba en su afán de conquistarlo. Ya no quedaba nada de su plan
original de recibir clases. Ni una sola lección. Lo había comprobado. Había
llegado el momento de ponerse en plan seductor.43
Deseó que Jungkook pudiera enseñarle también cómo hacerlo, porque no
tenía la menor idea de cómo empezar. Las búsquedas en Google le habían
proporcionado consejos opuestos y que no resultaban útiles en una
situación como la que ellos tenían, una especie de relación monógama. Un
artículo aconsejaba que concentraran todos sus esfuerzos en mejorar su
aspecto físico.1
Él era incapaz de ponerse lentes de contacto o maquillaje, salvo para las
ocasiones especiales. Teniendo en cuenta el incansable apetito sexual de
Jungkook, estaba claro que no le importaba su aspecto físico.
Su cuerpo se tensó y se estremeció al recordar lo que le había hecho esa
mañana… cómo lo había besado y acariciado y las cosas que le había
dicho. Ansioso, acarició con una mano su propio cuerpo y deseó que fuera
Jungkook quien lo tocara en ese momento. Pero, aunque se acostaran otra
vez, seguiría deseándolo.
La faceta que conocía de Jungkook afuera de la habitación lo atraía tanto
como su faceta de amante, si no más. Lo hacía reír y lo escuchaba, aunque
no estuviera diciendo nada particularmente interesante. Parecía estar
cómodo con él, y eso hacía que él estuviera cómodo con Jungkook. A
veces, incluso quería pensar que las etiquetas que lo definían no
importaban. Solo eran palabras. No cambiaban quién era en realidad. Si
Jungkook las descubría, tal vez no le importaban.
Tal vez.
Por costumbre, caminó hasta el piano. Se sentó en la banqueta y levantó la
tapa. La frescura de las teclas en los dedos lo tranquilizó. Durante años, la
música había sido su método para lidiar con las emociones; con las buenas,
con las malas y con las intermedias.9
De las cuerdas surgían notas musicales, arrancadas del instrumento gracias
a la memoria, y se dejó llevar por la música, vertió en sus dedos todo lo que
estaba sintiendo. Cuando la canción acabó, mantuvo las manos sobre las
teclas y escuchó cómo las últimas notas se desvanecían.
—Sabía que tocabas, pero no sabía que lo hicieras así —le dijo Jungkook,
que estaba justo detrás.
—Volviste —Taehyung no pudo evitar sonreír cuando lo miró por encima
del hombro.
En una fracción de segundo, todo se había arreglado. La frialdad había
desaparecido. Las piezas que faltaban habían regresado a su lugar.7
—¿Qué canción era? —Esbozó una sonrisa cansada que se reflejó en sus
ojos—. Creo haberla oído antes.
—«Claro de luna» de Debussy. Es mi canción preferida —Jungkook colocó
las manos sobre sus hombros y le dio un beso en la nuca.48
—Es bonita, pero muy triste. ¿Sabes tocar algo más alegre?
Triste. Los labios de Taehyung esbozaron algo que no le parecía una
sonrisa. Ese era un tema común en su repertorio musical.
—Bueno, esta quizá.
Se mordió el labio y empezó a tocar una melodía muy conocida,
preguntándose si eso era lo que el pelinegro entendía por «alegre».
Taehyung se sorprendió al ver a Jungkook sentarse a su lado en la
banqueta.
—Creía que «Heart and Soul» era un dúo —El pelirrubio se encogió de
hombros.
—Siempre la he tocado solo —El pelinegro capturó su mano derecha y se la
colocó en el regazo. Esbozó una lenta sonrisa mientras señalaba el teclado
con la cabeza—. ¿Tocas? —le preguntó.
—Un poco, pero esta me la sé.22
Taehyung se quedó sin respiración. Los dedos del pelinegro no lograron
tocar bien las primeras notas, pero después se adaptó al ritmo sin
problemas. Las notas bajas se repetían en secuencia y las repeticiones eran
algo natural para él.1
Al ver que Jungkook interpretaba la melodía a la perfección con su
acompañamiento, lo invadió una placentera calidez que se extendió desde
la espalda hasta el resto del cuerpo. Nunca había tocado un dúo con otra
persona que no fuera su maestro de piano, y siempre para hacer ejercicios
técnicos, para nada especial.3
—Se te da bien esto —comentó, mirándolo mientras seguían tocando. La
sonrisa de Jungkook se ensanchó, pero mantuvo la vista clavada en sus
dedos.
—Como éramos seis y queríamos tocar a la vez, tuvimos que aprender a
compartir. Además, nunca aprendimos a tocar con una sola mano la parte
que estás interpretando tú. Eres muy bueno.
—Solo es cuestión de práctica —«Y de necesidad», pensó.
Ver sus manos juntas sobre las teclas lo hipnotizaba. El contraste de la piel
y el tamaño de sus manos era precioso. Tan distintas, pero perfectamente
sincronizadas. Estaban creando música. Juntos.25
La canción llegó a su fin, y Taehyung apartó los dedos de las teclas a la vez
que desviaba la vista. Volvía a sentirse desnudo. Jungkook lo besó en el
cuello y le pasó los dedos por el mentón antes de instarlo a girar la cabeza
para que lo mirara a los ojos. Pensó que iba a hablar, pero no lo hizo. El
pelinegro se limitó a sonreír.
Taehyung quería preguntarle si le gustaba estar con él, si le gustaba lo que
compartían, pero reunir el valor para hacerlo requería un gran esfuerzo. ¿Y
si su respuesta era no?2
—¿Tienes hambre? Vamos a comer —dijo Jungkook, y el momento pasó.1
Ya se lo preguntaría más adelante. Después de que hubiera tenido la
oportunidad de seducirlo en condiciones.
◍ 25 ◍
Una semana después, Taehyung seguía sin saber lo que estaba haciendo
con respecto al plan de seducir a Jungkook. La verdad es que parecía
contento, y él sabía que lo estaba, pero el final de su primer mes juntos se
acercaba y no estaba seguro de que el pelinegro quisiera continuar más
tiempo.37
Esa noche, Yoosun lo había invitado a cenar otra vez. Se devanó los sesos
en busca de formas inteligentes de pedirles algún consejo sobre Jungkook.
Si alguien lo conocía, era su familia. Pero, ¿cómo iba a preguntarles sin que
sospecharan que había algo raro en su relación? Todas pensaban que
estaban saliendo de verdad.
Taehyung entró en la casa y se quitó los zapatos, que dejó en la entrada, al
lado de los de Jungkook. Ver sus zapatos juntos lo hizo sentir de una forma
extraña. Sus estilos eran tan diferentes. Los suyos eran unos Brogue color
cafe, y los de Jungkook eran negros estilo Combat. Sintió una gran
satisfacción en lo más hondo.7
Colocó una caja de fruta en la consola y, al oír una serie de resoplidos y
gruñidos procedentes del comedor situado a la derecha, miró en esa
dirección. Se acercó y vio dos cuerpos entrelazados sobre la moqueta, al
lado del piano. Al parecer, eran Jungkook y una chica.35
—Ríndete y dilo —masculló Jungkook.
—No, te estoy haciendo una llave, pero te estás librando porque abusas de
los esteroides.
—No tomo esteroides, y solo pudiste hacerme la llave porque no quiero
aplastar tus… virtudes.
—La próxima vez iré por tus pelotas.
Taehyung se acercó y vio que ambos se aferraban por el cuello. Como si
fueran anacondas en una lucha a muerte. Y ninguno parecía dispuesto a
separarse.33
—¿Podemos dejarlo en empate? —sugirió el pelirrubio.1
—Hola, Taehyung —lo saludó la chica con voz alegre. Su cara estaba
cubierta por una cortina de pelo oscuro, así que no sabía cuál de ellas era—
. Jungkook, tu novio está aquí. Ríndete.
—La cena estará lista dentro de diez minutos —Le avisó el pelinegro, tenía
la cara colorada, lo que resultaba algo preocupante—. Estaré contigo en un
momento.38
—Solo si te rindes. ¿Quién es mejor que tú? —le preguntó su hermana
mientras flexionaba el impresionante brazo con el que le rodeaba el cuello.
—¿Una mocosa? No me hagas reír.
Giraron sobre la moqueta, dándose patadas y agitando las piernas.9
—Voy a saludar a tu madre y a tu abuela —Anunció Taehyung.
Habría preferido que Jungkook lo acompañara para saludarlas, pero lo que
se traía entre manos con su hermana parecía que iba para largo. Ninguno
de los dos replicó. Seguramente no podían malgastar el oxígeno hablando.9
Atravesó la casa, que era enorme, aunque desde afuera no lo pareciera. La
madre y la abuela de Jungkook estaban sentadas en la sala de estar,
pelando fruta de sus respectivos montones mientras hablaban de cosas
que él no entendía. En la televisión, que estaba silenciada, había dos
hombres disfrazados, uno de mono y otro de cerdo, que volaban de un lado
para otro.
—Hola… ¿Abuela…? —Se inclinó hacia la abuela con gesto torpe. La
ancianita sonrió y le hizo un gesto para que se sentara a su lado en el
desgastado sofá de piel. Como era habitual en ella, llevaba un pañuelo en
la cabeza, atado debajo de la barbilla. Una abuelita muy tierna. Saludó a la
madre con una inclinación de cabeza. Después, se sentó en el lugar
indicado, con un nudo en el estómago y el cuerpo en tensión.9
—Bienvenido.
Aunque a esas alturas ya había visto varias veces a la madre de Jungkook,
seguía poniéndose muy nervioso cuando la tenía cerca. Debía pensar cada
palabra antes de pronunciarla, debía pensar cada acto. No quería meter la
pata otra vez. Ella era la madre de Jungkook, la mujer más importante de
su vida. La ansiedad borró de su mente la idea de pedir consejos sobre él.
Yoosun le ofreció un cuenco lleno de gajos de pomelo ya sin piel. Tomó un
trozo y se lo llevó a la boca. En cuanto mordió el gajo, el dulce sabor
explotó sobre su lengua, libre del amargor de la piel. Se tapó la boca,
sorprendido.27
—Está muy rico —Admitió. La mujer le sonrió y le dejó el cuenco en el
regazo.
Ese día, Taehyung llevaba una camisa estampada con flores y unos
pantalones blancos. Se había colocado las gafas sobre la cabeza, y las tenía
ladeadas.37
—Mamá, ¿cuándo estará la comida? —preguntó Somin, que entró en la
estancia y se detuvo con una sonrisa al ver al pelirrubio—. Hola, Taehyung.3
—Hola —le sonrió—. Jungkook dijo que dentro de diez minutos —La chica
se dejó caer en un sillón y colocó una de las piernas, enfundadas en unos
jeans, sobre el reposabrazos.
—Me muero de hambre, y para almorzar solo comí unas cuantas galletas
saladas. Llevo estudiando desde esta mañana —Taehyung le ofreció el
cuenco con los pomelos pelados mientras su madre la miraba con el ceño
fruncido.
—También necesitas descansar —Sentenció con voz firme y Somin se limitó
a disfrutar de la fruta en silencio.
—Jungkook ha estado muy contento durante este mes —comentó la chica
de repente—. Tanto que da miedo verlo. La opinión generalizada es que tú
eres el culpable.33
—¿En serio? —El pelirrubio se quedó sin aliento.1
—Sí. Y cuando está contento, es insoportable.45
Taehyung se mordió el labio para ocultar una sonrisa. Tenía la impresión
de que le iba a estallar el pecho por las emociones que se agitaban en su
interior, y de que le brotaría un arcoíris y purpurina.
—Nunca es insoportable —Lo defendió, y Somin resopló.
—Seguro que no te obliga a oler sus calcetines —Taehyung se atragantó de
la risa.46
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Jungkook desde el vano de la
puerta.8
Tenía el pelo de punta, totalmente despeinado, y todavía estaba colorado
por la pelea con su hermana. Llevaba una camisa blanca arrugada, una
camiseta de manga corta debajo y unos jeans desgastados.
—Le estoy contando lo de los calcetines, tonto —contestó Somin al mismo
tiempo que esbozaba una sonrisa malévola. Su madre la miró con los ojos
entrecerrados y ella se encogió en su lugar—. Oppa, quería decir —
murmuró.
—Exacto. Respétame —Jungkook sonrió con gesto de superioridad,
altanería y… como si fuera insoportable. A Taehyung le encantó—. Vamos,
la cena está preparada.12
Una vez en la cocina, la madre de Jungkook sirvió fideos de arroz en
cuencos gigantescos a los que después añadió caldo. Somin agarró el
primer cuenco y lo llevó a la mesa a la que ya se había sentado la abuela,
que estaba cortándolo todo en trocitos pequeños con unas tijeras.
Jungkook tomó al pelirrubio de la mano, lo llevó hasta el comedor y lo
atrapó contra la pared.
—Hola —Lo recorrió de arriba abajo con la mirada y le pasó las manos por
la espalda, acercándolo un poco más a él—. Te extrañé —Dijo, siendo
consciente del efecto que sus palabras tenían sobre el pelirrubio.43
—Yo también —Confesó Taehyung.
Jungkook aferró su cintura con las manos, después las deslizó y cubrió su
trasero, apresando la suave carne, y haciendo que Taehyung jadeara y que
su cuerpo se derritiera al instante.
—Alguien pude venir —Intentó apartar al pelinegro, pero descubrió que las
manos se aferraba su camisa, impidiéndole alejarse.
—No me importa. Me moría por besarte —Murmuró con voz ronca y se
inclinó para besarle la sien, la mejilla y, por último, la boca. Apenas un roce
de labios que dejó a ambos insatisfechos.15
Taehyung introdujo las manos por debajo de la camiseta para acariciarle
los abdominales. Jungkook lo besó de nuevo, en esa ocasión de forma
apasionada y lenta, y se apartó con los ojos entrecerrados por el deseo.
Acarició su trasero de tal forma que se le aflojaron las piernas.
—Me encanta cuando se te aflojan las piernas por mi culpa, Taehyung.71
Capturó sus labios y le introdujo la lengua en la boca. Después le pegó las
caderas a su cuerpo para que notara lo que provocaba en él, Taehyung
sintió que un ardiente deseo le corría por las venas, y sintió su cuerpo
reaccionar. No debería experimentar esa ansia de nuevo. Habían tenido
una mañana especialmente acrobática, y le había faltado poco para llegar
tarde al trabajo.2
Se relajó cuando sintió un reguero de besos en el cuello. El pelinegro
deslizó con pasirmonia la mano que aferraba su cintura hasta llegar a una
de sus piernas, Taehyung notó que se la elevaba.
—¡Waa! ¡Busquen una habitación! —dijo una de sus hermanas, que pasó
junto a ellos en ese momento. Jungkook se apartó de Taehyung con una
expresión divertida y la cara colorada.45
—Estás enfadada porque no ganaste.
—Tonto —replicó Heejin.2
Después de que su hermana entrara en la cocina, Jungkook le pasó los
dedos por el pelo, intentando arreglar su cabello despeinado.
—¿Estás bien? ¿Te avergüenza que nos hayan descubierto?
Taehyung negó con la cabeza. Le daba igual que los descubrieran, siempre
y cuando fuera con Jungkook. El pelinegro apoyó las manos en la pared y
se pegó a él. Sus cuerpos encajaban a la perfección.1
—Me tienes tan mal, Taehyung.51
Sus labios se unieron en otro tórrido beso.
—¡Santo Dios! Busquen una habitación.48
Taehyung dio un respingo al escuchar el brusco comentario de Minju, y
Jungkook soltó una carcajada mientras se apartaba de él. Sin mirarlos
siquiera, Minju pasó junto a ellos en dirección a la cocina.
—Vamos a comer —Tomó al pelirrubio de la mano y lo guio hasta dos sillas
que aún estaban desocupadas en la mesa de la cocina.
Al ver que todas lo miraban con expresión elocuente, Taehyung se puso
colorado y clavó la vista en la comida. Vio rodajas de tomate y algunas
hierbas aromáticas flotando sobre un caldo de color naranja. Minju le
ofreció un bote que contenía algo de color marrón.
—¿Quieres?
—¿Qué es? —Preguntó alargando un brazo, pero Jungkook se lo quitó al
instante y lo dejó en la mesa.
—No, Minju. Si lo huele se desmayará. Taehyung tiene un olfato muy
sensible.28
—Apesta, pero está buena —Minju se encogió de hombros—. Es salsa de
gambas.
—Me gustan las gambas —admitió.
—No creo que este tipo de gambas te guste. Ni siquiera yo soy capaz de
comerla.
—Deja que la pruebe —Yoosun colocó el bote delante del pelirrubio.
Taehyung agarró el bote y se lo acercó a la nariz. Nada más captar el olor se
le llenaron los ojos de lágrimas. Olía a pescado, a marisco, muchísimo.
Aspiró un par de veces más y, de alguna manera, el olor dejó de parecerle
tan fuerte.3
—¿Tengo que ponerlo en el caldo? —La madre de Jungkook puso una
cucharada en su cuenco.2
Mientras Taehyung agarraba los palillos y la cuchara para probar el caldo,
Jungkook lo miró con los ojos de par en par y expresión contrita. Taehyung
lo mezcló todo bien, agarró algunos fideos con los palillos y los puso en una
cuchara, donde había un poco de caldo, y después lo probó. Sabía… bien.
Un poco salado, un poco dulzón, un poco ácido. Sonrió mientras preparaba
otra cucharada.3
—Me gusta.1
—Está bueno, ¿verdad? —Inquirió Minju—. Choca esos cinco.
Taehyung chocó los cinco con la hermana de Jungkook, sintiéndose
ridículo, pero también con la sensación de haber reparado la mala
impresión que dio al negarse a comer la comida contaminada con BPA.
Yoosun sonreía, la abuela lo miró con aprobación, y Somin y Heejin
empezaron a cuchichear entre ellas.5
—Se niegan a probarlo así —dijo Yoosun, señalando a sus dos hijas
menores.
—Huele a bicho muerto —replicó Somin. Heejin asintió con fervor. Su
madre las regañó y las chicas se encogieron en sus asientos.
Jungkook le dio un apretón en la pierna por debajo de la mesa. Después, se
inclinó hacia él para susurrar en su oído.
—¿De verdad te gusta? No tienes por qué comértelo. Puedo prepararte otra
cosa.
—Me gusta, de verdad —De todas formas, se lo comería, aunque no le
gustara. La madre de Jungkook parecía orgullosa y contenta. Y, además, la
comida no estaba envenenada.5
El pelinegro le dio un beso fugaz en los labios antes de separarse de él, tras
lo cual tosió y soltó una carcajada. Después sonrió y le acarició la mejilla
con ternura.8
—Hueles a salsa de gambas.
A juzgar por su mirada, Jungkook lo habría besado de nuevo si su familia
no los hubiera estado mirando… y Taehyung no oliera a salsa de gambas y
a bichos muertos.5
—Qué asco, deja de desnudarlo con la mirada —protestó Minju.26
—Quita esa cara de bobo —añadió Somin y sonrió con picardía—. Taehyung
te tiene dominadito, ¿no?91
Taehyung sopesó la idea de meter la cabeza en el cuenco de caldo. El
pelinegro se limitó a negar con la cabeza y a sonreír. Después, le pasó un
brazo por los hombros y lo besó en la sien.4
El pelirrubio tuvo la sensación de que la cena pasaba en un suspiro, entre
conversaciones amenas y las bromas que lanzaban las hermanas de
Jungkook, de las que él no entendía nada. Yoosun intervino de vez en
cuando para mediar con firmeza o para mirarlas con gesto serio, pero le dio
la impresión de que la mujer estaba contenta.
Una vez que todos acabaron de comer, Yoosun les ordenó a Somin y a
Heejin que quitaran la mesa y lavaran los platos. Jungkook tomó a
Taehyung de la mano, preparado para irse a casa, pero su madre les hizo
un gesto para que entraran en la sala de estar.
—Taehyung, quiero enseñarte una cosa.
Taehyung fue consiente de cómo el rostro de Jungkook se llenó de pánico y
vergüenza. La curiosidad lo atrapó de inmediato.
◍ 26 ◍
—Mamá, por favor, no —Suplicó.51
—¿Qué es? —preguntó Taehyung con curiosidad.
—La próxima vez, ¿sí? —insistió Jungkook.
—Era tan lindo —dijo Yoosun.
—¿Fotos de cuando era un bebé? —Taehyung se estaba emocionando—.
Jungkook, quiero verlas.66
Jungkook resopló con resignación y lo siguió a regañadientes mientras
Taehyung lo obligaba a entrar en la sala de estar. Yoosun le entregó al
pelirrubio un grueso álbum de fotos y madre e hijo se sentaron en el sofá,
uno a cada lado de Taehyung.1
Taehyung pasó los dedos por la tapa de terciopelo del álbum. Era casi
idéntico al que su madre tenía con sus fotos, de aquellos con las páginas
cubiertas con una hoja de plástico transparente que se pegaba y se
despegaba.
En la primera página se veía una ecografía de mala calidad y la foto de un
recién nacido con la cara tan arrugada que parecía tener mil años por lo
menos. Sin embargo, Jungkook mejoró según avanzaban las páginas.28
Había fotos en las que estaba en los brazos de la abuela, otras en las que
estaba aprendiendo a caminar, y otra en la que intentaba levantar una
sandía. En una, un Jungkook regordete que ya caminaba llevaba un traje
diminuto, ¿sería su primer traje?, y posaba entre una pareja. La mujer era
una versión muy joven y muy guapa de Yoosun, ataviada en un vestido
blanco de seda. El hombre tenía que ser su padre. Alto, cabello negro y con
la misma sonrisa torcida de Jungkook.1
—Me encanta la tela del vestido —dijo Taehyung mientras pasaba los dedos
sobre el vestido.
—Todavía la tengo. Si quieres, llévatela esta noche a casa.
—¿En serio puedo llevármela?
—No la necesito, y las hermanas de Jungkook no la quieren. Solo se
peleaban por las joyas, pero hace mucho que desaparecieron —contestó la
mujer con voz triste mientras sus ojos se posaban sobre la cara del hombre
en la fotografía—. Este es el padre de Jungkook. Muy guapo, ¿verdad?6
Jungkook pasó la página sin decir palabra.2
El niño regordete no tardó en convertirse en un adolescente tierno y muy
guapo. Con aquellas ondas en el pelo que le daban un toque adorable.
Sonreía mucho, y parecía lleno de vitalidad y alegría. Había muchas fotos
en las que estaba con sus hermanas, rodeados por una muchedumbre de
primos.
Había fotos de Jungkook en la adolescencia jugando al ajedrez con su
padre, con el ceño fruncido por la concentración; otras en las que fruncía el
ceño mientras trabajaba en distintos proyectos de ciencias; otras en las
que iba vestido con la armadura de kendo y con su apellido estampado en
mayúsculas en la parte delantera: «JEON».
Al ver que el pelinegro se apresuraba a pasar la página y le dirigía una
mirada alarmada, Taehyung mantuvo una expresión relajada y fingió no
haberse percatado del detalle. No se le daba bien mentir, pero sabía cómo
fingir que estaba bien. Llevaba haciéndolo desde que era pequeño.42
Pero odiaba tener que hacerlo.
¿Tan importante era para Jungkook que él no supiera su verdadero
apellido? ¿Qué creía que iba a hacer con esa información? La certeza de
que no confiaba en él mermó la sensación de calidez que le había
proporcionado la velada. ¿Era tonto al pensar que podía hacerlo suyo?39
Cuando volvió a realidad, dejando atrás sus pensamientos, y se fijó de
nuevo en las fotos, casi habían llegado al final del álbum. El Jungkook de
las fotos casi era un adulto, tan guapo que no pudo contener un suspiro.
Estaba al lado de su sonriente padre, con un trofeo que había ganado
jugando al ajedrez; con un trofeo después de un combate de kendo; con
otro trofeo después de haber ganado con un proyecto de ciencias.
—Cuántos trofeos —comentó.+
—A mi padre le gustaba que ganara, así que me esforzaba mucho.
—Jungkook pronunció el discurso de despedida cuando celebraron la
graduación en el instituto —dijo su madre, mirándolo con un amor infinito.4
—Sabía que eras listo —Taehyung le sonrió.
—Me esforzaba mucho. Descubrí cómo sacar buenas notas en los
exámenes. Tú eres mucho más listo que yo, Taehyung.3
Taehyung intentó descifrar la expresión de su rostro y se preguntó por qué
rebajaba sus méritos de esa manera.2
—Yo no pronuncié el discurso de despedida durante la graduación. Solo se
me daban bien las matemáticas y las ciencias.
—Mi padre habría preferido eso —Jungkook avanzó hasta la última página.4
La foto de graduación de la Universidad de Moda en Seúl. Con los hombros
erguidos y una expresión decidida. Sus padres también estaban en la foto.
Yoosun a punto de reventar por el orgullo y la alegría. Su padre, como si lo
hubieran obligado a posar. Tenía el pelo casi blanco y, aunque seguía
siendo atractivo, parecía cínico y mal conservado. La sonrisa torcida había
desaparecido.5
—No quería que estudiaras Diseño de Moda —El pelinegro se encogió de
hombros.6
—No era decisión suya —replicó sin inflexión en la voz, y con una mirada
apagada en esos ojos que normalmente brillaban de alegría. Taehyung le
cubrió una mano con la suya y le dio un apretón. Jungkook le dio la vuelta
para entrelazar sus dedos y se lo devolvió.
—Jungkook tiene mucho talento. Cuando se graduó, recibió cinco ofertas
de trabajo. Trabajó en Seúl para un gran diseñador antes de que lo
necesitáramos en casa porque su padre se fue —Yoosun parecía perdida en
sus recuerdos, con un rictus amargo en los labios, aunque parpadeó y miró
a su hijo—. Pero me alegro de haberte pedido que volvieras. Eras un
desastre, Jungkook. Demasiadas relaciones pasajeras. No necesitas cientos
de personas a tu lado. Solo a alguien que sea bueno —Le dio unas
palmaditas a Taehyung en la pierna, y el pelirrubio sintió que un anhelo
terrible crecía en su interior.2
En ese momento, Yoosun lo consideraba un buen hombre. ¿Qué pensaría si
descubriera las etiquetas que llevaba colgadas? ¿Se volvería de repente
inadecuado para su hijo? ¿Qué tipo de madre quería un yerno autista?50
Y, ¿desde cuándo pensaba él en matrimonio? Ambos eran hombres.
Jungkook y él no tenían una relación verdadera. ¿Saldría Jungkook con él
si no necesitara el dinero? Si fuera libre para estar con quien quisiera, ¿lo
elegiría a él?33
—Bien —dijo Yoosun de repente—. Ya no hay más fotos. Jungkook, ven a
ayudar a Mamá a buscar la tela —El pelinegro soltó un suspiro pesado y se
puso en pie.
—¿Puedo seguir mirando las fotos? —preguntó Taehyung.
La mujer sonrió y asintió con la cabeza, pero solo le dio tiempo a mirarlas
un par de minutos antes de que Somin entrara en la estancia con un
voluminoso libro de texto en las manos.
—¿Es verdad que eres economista? —le preguntó la chica, que fue
moviendo los pies descalzos sobre la moqueta hasta que tuvo las piernas
pegadas.
—Es verdad. Estás cursando tercero, ¿no? —Taehyung recordó que la
madre de Jungkook quería que hablara con ella sobre su trabajo—. ¿De qué
es el libro? ¿Necesitas ayuda con algún tema?
La chica se pegó el libro al pecho y se sentó en el sillón en el que se había
sentado antes.
—Esperaba más bien… —Respiró hondo—. Esperaba que me ayudaras a
conseguir un contrato en alguna empresa. Que le enviaras mi currículo a
gente que conozcas y que estén contratando personal y eso. Me está
costando mucho conseguir entrevistas de trabajo. No tengo experiencia,
obviamente, y el primer año tuve unas notas pésimas. Mi nota media no se
ha recuperado. Pero lo tengo claro. Esto es lo que quiero hacer.17
—¿Tienes alguna copia de tu currículo a mano?
Tan pronto como lo preguntó, quiso retractarse. Parecía haberse puesto en
modo entrevista, y Somin tenía cara de estar nerviosa. La vio sacar una
hoja del libro de texto, que era un volumen sobre macroeconomía
internacional, y se la entregó.
En el currículo presentaba de forma concisa su pasión por la teoría
económica y describía los distintos proyectos que había realizado, así
como sus habilidades, y también detallaba su nota media. Un 3,5 en la
especialidad. Un 2,9 en el total. Definitivamente, no eran las cifras que
necesitaba para conseguir trabajo en alguna empresa de renombre,
aunque se graduara en una buena universidad.
—¿Puedo preguntarte qué te pasó durante el primer año? —Le preguntó
con delicadeza. La chica clavó la vista en el libro de texto.
—Fue cuando mi madre enfermó. Todos lo pasamos mal. Teníamos que
turnarnos para cuidarla y hacernos cargo del negocio, y además estábamos
agobiadas con lo de la separación y sus consecuencias. No supe gestionar
bien el tiempo. La verdad, en aquel momento los estudios me importaban
poco, aunque fue una idiotez, porque es bueno y estábamos necesitados
de dinero.3
Un momento, ¿por qué necesitaban dinero? ¿Por algo relacionado con el
padre de Jungkook? Desde fuera, a la familia parecía irle bien. El negocio
parecía rentable. Tenían esa casa en propiedad.2
Ansiaba preguntarle el porqué, tanto que tuvo que clavar las uñas en los
bordes del álbum de fotos, pero sería una grosería. Aunque tuviera la
impresión de conocer a esas personas, hacía muy poco tiempo que
formaba parte de sus vidas.
Y la última vez que preguntó algo personal, la madre de Jungkook acabó
llorando. No quería hacer llorar a nadie más.
—Entiendo —respondió.
—¿Crees que con esas notas puedo tener la oportunidad de conseguir un
contrato? ¿Puedo mejorar mi currículo de alguna manera?2
Dadas sus notas, su currículo era fácil de pasar por alto. Sin embargo… una
idea empezó a tomar forma en su mente y ladeó la cabeza, mirando a
Somin desde una nueva perspectiva.
—¿Te interesa la econometría?
◍ 27 ◍
Taehyung había rellenado la mitad de los formularios para crear el puesto
de asistente en su departamento, un departamento en el que él era el único
integrante, cuando oyó que el móvil vibraba. Lo sacó del cajón y sonrió al
ver el mensaje de Jungkook.
35
JK: ¿Qué está haciendo mi Taehyung?
69
«Mi Taehyung». Sintió un estremecimiento recorrer su cuerpo.
TH: Papeleo.
JK: ¿Puedo invitarte a un almuerzo largo?
Se llevó el móvil al pecho e hizo girar la silla en un círculo completo antes
de contestar.
70
TH: Sí.
Le dio igual el almuerzo que acababan de entregarle, y que seguía junto al
teclado sin haberlo tocado. Podía guardarlo en el refrigerador para el día
siguiente. Su respuesta hizo que sonriera con más ganas.
JK: Ve a la tintorería cuando puedas.
Recogió los formularios, los apiló y se preparó para salir. Era la hora del
almuerzo del viernes y todos se habían marchado a algún restaurante del
centro. Recorrió los pasillos y entró en el ascensor, esperando salir sin que
lo vieran. Bogum se coló entre las puertas cuando empezaban a cerrarse.
—¿De verdad vas a salir a comer? ¿Te importa si te acompaño? —le
preguntó el castaño.31
—Voy a comer con alguien.
—¿El mismo tipo? —El pelirrubio asintió con la cabeza—. Qué suerte tiene.42
Taehyung clavó la vista en el indicador de pisos, deseando que bajara del
tres al uno mucho, muchísimo más deprisa.
—Me enteré que piensas contratar a un asistente en prácticas.
—Así es.
—Mi amigo es el candidato ideal.33
Apartó la vista de los números y la clavó en el rostro de Bogum.
—Ya tengo a alguien en mente —El castaño se metió las manos en los
bolsillos y se encogió de hombros.
—Entiendo.
—Espera… —Suspiró—. Envíame el currículo de tu amigo.2
Por más que quisiera contratar a Somin, tenía que ser justo en el proceso.
Eso era la integridad profesional. El lugar tenía que ocuparla el candidato
más calificado. Jungkook lo entendería. No había dejado que su hermana
ganara la pelea solo porque era más joven, más pequeña y más débil. Debía
seguir el proceso de selección al pie de la letra.
Sin embargo, tenía la sensación de que Somin era su chica. Cuando algo
gustaba mucho, tanto como a Somin y a él les gustaba la economía, se era
bueno en esa materia. Y si no se era bueno al principio, se acababa
siéndolo.
Bogum soltó un suspiro socarrón. —Bien, gracias.
El ascensor pitó y Taehyung atravesó el vestíbulo. Se sintió frustrado al ver
que Bogum lo seguía hasta el coche.1
—Vas a asistir a la gala benéfica de mañana, ¿verdad? —preguntó Bogum.
—¿Cómo lo sabes?
—Tu madre y la mía están en el comité organizador. Lo sé, el mundo es muy
pequeño, ¿no? La cosa es que me preguntaba si tenías pareja. Mi madre me
buscará una si no la consigo yo primero —Sonrió y encorvó los hombros de
tal forma que pareció más cercano que de costumbre.
—La mía me amenazó con lo mismo.
—Oye, Taehyung, sé que estás saliendo con alguien, pero… Antes dijiste
que esperabas que fuera en serio, como si no estuvieras seguro. ¿Es tu
novio o no? —El pelirrubio clavó la vista en el asfalto del aparcamiento.
—Es complicado.+
—¿Y eso qué quiere decir?
—Tengo que irme. No quiero llegar tarde —Tomó el tirador de la puerta del
coche. Bogum bajó la mano hacia la suya, pero se detuvo antes de tocarlo.
¿Se había dado cuenta de que necesitaba espacio? A lo mejor sí lo entendía
de verdad.
—¿Eso quiere decir que solo se están acostando? Porque mereces algo
mejor. Espero que lo sepas. Todas las cosas que te dije de necesitar
práctica y demás… eran tonterías. Eres increíble, así que intentaba que me
vieras como más interesante. Es una estupidez. Lo único importante es
conectar con la persona adecuada. Creo que puedes ser esa persona para
mí, Taehyung. Me gustas desde hace mucho.148
—¿Por qué me lo dices ahora? Llevamos años trabajando juntos —No daba
crédito a lo que oía. ¿Le gustaba desde hacía mucho? ¿Él?
—Porque cada vez que te veo me pongo muy nervioso, mi lengua se enreda
cuando estoy contigo y solo me salen estupideces, como si fuera un idiota.
Esperaba que tú me invitaras a salir porque soy muy inseguro, pero ahora
te lo estoy pidiendo. La idea de que estés saliendo con otro que no te
valora me vuelve loco. Para mí eres un diez, Taehyung.122
¿Bogum creía que era un diez? Alguien creía que él era un diez. El corazón
le dio un vuelco, y sintió que le escocían los ojos.3
—No soy un diez, Bogum. Tengo… problemas.
—Lo sé. Tu madre se lo contó a la mía. Y ella a mí. También tengo
problemas. Podemos lidiar con ellos. Somos perfectos el uno para el otro.
Sigues siendo un diez para mí.69
Sin embargo, Bogum no era su diez perfecto. Aunque tal vez lo habría sido
si todo fuera distinto. Hubo un tiempo en el que le habría interesado
explorar la posibilidad de que albergara a un buen hombre en su interior.
No podía culparlo por parecer condescendiente cuando a él solía pasarle lo
mismo.
Además, él quería que, tras la fachada, fuera bueno de verdad. La idea le
daba esperanzas para sí mismo.
—Lo siento, Bogum. Ya le pedí que me acompañe a la gala benéfica. No
puedo retractarme ahora. Es más, no quiero hacerlo. Estoy obsesionado
con él.32
—Las obsesiones se pasan —Rebatió con expresión terca.3
—En mi caso, no.5
—Te aseguro que solo es una fase. No estás enamorado —replicó él, muy
convencido.47
Taehyung entreabrió los labios. ¿Enamorado? ¿Era eso lo que sentía?
¿Estaba enamorado de Jungkook?25
—¿Por qué estás tan seguro de que no estoy enamorado?
—Lo sé porque yo soy de quien te vas a enamorar. ¡Yo! —insistió.153
—Bogum, no sé lo que estás haciendo, pero déjalo.
—Tienes que darnos una oportunidad —Tras decir eso, dio un paso al frente
y se inclinó hacia él.14
Taehyung intentó retroceder, pero tenía el coche justo detrás, cortándole
la escapatoria. Giró la cabeza. Bogum no llevaba una colonia fuerte, pero
su olor estaba mal. Intentó empujarlo, pero Bogum se apretó más contra él.
Su cuerpo le parecía mal.11
No era Jungkook.
Bogum pegó los labios a los suyos. Piel seca contra piel seca. Una húmeda
lengua se coló en su boca y a Taehyung se le detuvo el corazón. Su cuerpo
se quedó petrificado. Era como los tres primeros encuentros sexuales que
había tenido.45
Estaba mal, mal, mal…
Se retorció para apartarse y se limpió la boca con la manga. Unas
emociones sucias y oscuras le corrían por la piel, por dentro y por fuera.
Bogum hizo una mueca y apretó los dientes antes de cerrar los puños.
—Solo tienes que acostumbrarte a mí, Taehyung. Te acostumbraste a ese
tipo.42
Bogum se inclinó de nuevo, pero Taehyung lo apartó de un buen empujón.
—¡Ni se te ocurra volver a hacerlo!8
Con el corazón en la garganta y las manos temblorosas, se metió en el
coche. Cuando por fin llegó a la tintorería, se había calmado casi del todo,
pero la sensación de estar sucio persistía. Quería lavarse los dientes.7
Una vez dentro, localizó a Jungkook, que estaba agachado en la zona de
probadores a los pies de un hombre, tomándole el bajo de los pantalones.
Llevaba unos jeans y una camiseta negra de manga corta. Le encantaba
verlo con ropa de trabajo. Seguro que vestía así cuando diseñaba en Seúl,
dibujando patrones en mesas de dibujo bien iluminadas y envolviendo con
telas a maniquíes.3
Como si hubiera presentido que estaba allí, el pelinegro alzó la vista, lo vio
y sonrió. Taehyung quiso devolverle la sonrisa, pero el mal sabor de boca le
recordó lo que había pasado en el estacionamiento.
¿Y si Jungkook lo besaba en ese momento? Lo impregnaría de Bogum.
«¡Qué asco!», pensó.
—El baño. Necesito ir al baño.
—Está al fondo —Jungkook se levantó con el ceño fruncido por la
preocupación.
Taehyung corrió hacia el fondo, vio la puerta del cuarto de baño y se lanzó
hacia el lavabo. Después de abrir el grifo, se enjabonó las manos y se frotó
los labios y la lengua. Se llenó la boca de agua, se enjuagó y escupió, y
repitió el proceso una y otra vez.27
Jungkook abrió la puerta del cuarto de baño y vio que Taehyung se
enjuagaba la boca como si hubiera comido algo asqueroso. ¿Estaba
enfermo? Se le formó un nudo en el estómago cuando su mente imaginó el
peor escenario posible, uno que conocía demasiado bien.
La puerta se cerró tras él mientras acortaba la distancia entre ellos para
recorrerle la tensa espalda con las manos.
—Taehyung, ¿qué pasa? —«Por favor, dime que estás bien.»4
Durante un buen rato, en el cuarto de baño solo se escuchó el ruido del
agua en el lavabo. Taehyung observaba cómo el agua desaparecía por el
desagüe con el ceño fruncido. Cuando sus ojos se encontraron a través del
espejo, Taehyung cerró el grifo.
—Un compañero de trabajo me besó.54
El cuerpo de Jungkook se paralizó por completo y una gélida rabia empezó
a correrle por las venas. Con su adiestramiento, no era la clase de persona
que podía ir por ahí buscando pelea. Pero, mierda, bien que podía
acabarlas. Iba a disfrutar poniéndole fin a esa. Le crujieron los nudillos
cuando cerró los puños.
—¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Dónde lo encuentro? —Las preguntas
salieron de su boca con un tono brusco y seco. Ese hijo de puta iba a
disfrutar de unas vacaciones en el hospital.84
Taehyung se dio la vuelta rápidamente para mirarlo a la cara, con los ojos
muy abiertos.
—¿Por qué?
—Nadie puede forzarte, Taehyung.6
—¿Piensas hacerle algo? No quiero que te metas en problemas.
—Llevas un minuto entero lavándote la boca. Ahora voy a lavársela yo a él
—Con sangre.77
Taehyung se retorció las manos mientras intentaba encontrar las palabras
adecuadas.
—Estoy bien, Jungkook.
—Si no estuvieras bien, sería hombre muerto —masculló.
—¿Podemos olvidarnos del tema? ¿Por favor?
Jungkook negó con la cabeza sin dar crédito a lo que oía. Alguien lo había
tocado, lo había besado, le había metido la puta lengua en la boca.
—¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¿Querías que te besara?11
—No, pero… —Apartó la vista—. Tal vez hubo un tiempo en el que sí lo
quise.17
Una idea espantosa surgió en la cabeza de Jungkook.
—¿Por eso me contrataste? ¿Querías practicar para ese tipo? —Vio cómo su
rostro se tenía de rojo.53
—¿Tal vez? Me pareció un buen candidato entonces. Pero ya no lo quiero,
por irónico que parezca, porque… —Se interrumpió con una mueca.
—Porque ¿qué?
—Hoy me dijo que le gusto desde hace mucho tiempo, que… soy un diez
para él —Lo miró con expresión interrogante al decir—: Me dijo que no le
importa que yo sea distinto.3
Jungkook fue incapaz de contenerse y lo pegó contra su pecho. Él no le
había dicho algo así, pero eso no implicaba que no lo sintiera.
—Porque eres un diez, Taehyung. Y todas las cosas que te hacen distinto
también te hacen perfecto.22
—No soy perfecto, Jungkook. De verdad que no —protestó Taehyung con
voz triste.
Jungkook se mordió la lengua para no decirle que sabía por qué decía eso,
pero que no estaba de acuerdo.
—¿Le devolviste el beso? —El pelirrubio negó con la cabeza.
—No.
—¿Te gustó cuando te besó? —¿Por qué quería saber eso.5
—Claro que no —susurró.
—¿Por qué? ¿Qué hizo mal? ¿No sabe besar?
—Me pareció que estaba mal.
—¿Por qué?
—Porque no eras tú.243
Su mirada tierna lo destrozó. Haría cualquier cosa para que Taehyung lo
mirara así. Cualquier cosa.
Oh Dios. Estaba tan, tan jodido.
◍ 28 ◍
Lo instó a echar la cabeza hacia atrás con una mano en la barbilla,
queriendo ser tierno pese a los celos que le corrían por las venas.37
—Voy a besarte —Tenía que hacerlo. Si no lo besaba, se volvería loco.15
—No. Lo tengo en la boca. Todavía noto su sabor. Soy incapaz de sacármelo
—El pelinegro soltó un gruñido.3
—Lo necesito, Taehyung —Cuando el pelirrubio asintió con un breve gesto
de la cabeza, se apoderó de su boca y lo besó con pasión. Necesitaba
erradicar todo rastro de ese idiota, necesitaba marcarlo como suyo.
Taehyung se amoldó a su cuerpo y se sometió, y lo abrazó con fuerza,
acariciándolo con frenesí—. ¿Todavía notas su sabor? —le preguntó con voz
ronca contra los labios.14
—No —contestó Taehyung con un jadeo.
Le desabrochó el pantalón y le metió las manos en la ropa interior, y casi
gimió cuando sus dedos se encontraron con la dura erección.35
¿Por quién estaba así? ¿Por su compañero de trabajo o por él?58
—Jungkook…1
Oír su nombre de sus labios apaciguó algo en su interior, y el ansia viva de
oírlo una y otra vez se apoderó de él.
Le bajó los pantalones y la ropa interior entre tirones, hasta que cayeron al
suelo, en torno a sus pies, y le levantó una pierna para que le rodeara la
cadera al mismo tiempo que lo pegaba a la pared.24
Ante su mirada deseosa y anhelante, lubricó los dedos con saliva y, sin
apartar los ojos de él, hundió un dedo en su interior. El pelirrubio jadeó
ante la invasión y le enterró las uñas en los hombros. Le dio unos segundos
y, cuando su respiración se calmó, comenzó a moverse.16
Empezó con movimientos suaves, no quería lastimarlo, pero Taehyung
parecía querer más, así que no tardó en añadir un segundo dedo. Tampoco
eso parecía ser suficiente. Se abrió la cremallera de los jeans para sacar su
erección. Después, se sacó un preservativo del bolsillo, lo abrió como pudo
y se lo puso. Taehyung gimió, impaciente.
—No me atormentes, Jungkook. Te necesito.26
Besó su frente mientras lo penetraba con lentitud, hundiéndose en él. El
pelirrubio se quedó sin respiración y pronunció su nombre con un gemido.
Mierda, podría venirse sólo con oír su voz temblorosa por el deseo. Le
acarició cada milímetro de la boca con la lengua, apoderándose de su
cuerpo.1
La forma en la que su cuerpo se aferraba a él, su dulce boca, sus piernas
alrededor de las caderas, su aliento en el cuello… eran la perfección.
Disfrutaba de cada parte de Taehyung. El corazón le latía a mil por hora y la
sangre le corría por las venas. Cuando Taehyung llegó al orgasmo y se
tensó a su alrededor sin control, lo penetró con más ardor.9
Le aferró las caderas, los muslos, y pegó sus frentes de modo que pudiera
ver esos preciosos ojos nublados por el deseo mientras lo penetraba una
última vez, llenándolo con todo lo que guardaba en su interior,
perdiéndose en él. Mientras la respiración brotaba entre jadeos de su boca,
lo abrazó con fuerza. No quería soltarlo jamás.
Cuando por fin reunió la fuerza necesaria para separarse, lo dejó en el suelo
y se alejó para tirar el condón. Lo limpió, consciente de la admiración en los
ojos de Taehyung mientras lo observaba, disfrutándolo. No miraba a nadie
más de esa forma. Solo a él.2
Después de convivir con el pelirrubio durante casi un mes, podía asegurarlo
sin lugar a dudas. Había partes de Taehyung, muchas partes, las mejores,
que solo compartía con él, y eso lo ayudaba a olvidar que su relación no era
real. Sin embargo, necesitaba recordarlo.
Taehyung no deseaba el beso de ese compañero de trabajo, pero, de
haberlo deseado, no había motivos para que no lo correspondiera. No eran
monógamos. Él no era su novio, ni su prometido ni nada. Taehyung era su
cliente, y él era… su proveedor. Sonaba repugnante, pero era la verdad. No
tenía derecho a defenderlo ni tampoco tenía derecho a sentir ese afán
posesivo. Taehyung le pagaba para que lo ayudara, o eso era lo que el
pelirrubio creía, y él tenía que guardar las distancias y mantener la
profesionalidad.6
Era una pena que se hubiera enamorado de Taehyung. Cuando por fin se
separaran, acabaría destrozado. Pero Taehyung saldría ganando. Sabría
cómo ser él mismo con otra persona y qué esperar de una relación, qué se
sentía cuando lo querían. Ojalá que nunca se conformara con menos.34
Usó sus años de experiencia como acompañante y esbozó una sonrisa
antes de hablar.
—Voy a tener que comprarte otros.
Cuando el pelirrubio lo miró desconcertado, Jungkook señaló con un gesto
de la cabeza la costura lateral rota de los calzoncillos, que había recogido
del suelo. Taehyung sonrió tímidamente.
—No pasa nada. Lo haré yo.
—No me importa. En las parejas es normal regalar ropa interior —El
pelirrubio ladeó la cabeza y lo miró.10
—¿Por qué? —Jungkook se encogió de hombros antes de contestar.
—Creo que es porque les gusta cuidar a sus seres queridos —Nada más
pronunciar esas palabras, el pelirrubio jadeó, sorprendido. Fue como si se
le encendiera una bombilla antes de que desenfocara la vista y se
concentrara en algo que pasaba en su cabeza—. ¿Adónde te fuiste? —
Jungkook agitó una mano delante de su cara hasta que volvió a mirarlo con
atención. Era algo tan propio de Taehyung que sonrió pese al vacío que
tenía en el pecho. Le encantaba lo inteligente que era. Todo lo que hacía lo
maravillaba. Absolutamente todo—. Estás pensando en el trabajo, ¿verdad?
Yo hablándote de comprarte unos calzoncillos para reemplazar los que te
rompí por echar un polvo en el cuarto de baño y tú en tu mundo
econométrico.16
—Lo siento —Se enderezó las gafas frunciendo la nariz—. No siempre puedo
evitarlo. Intento mantenerme en el presente, pero…
—Estoy jugando. Me encanta tu supercerebro —admitió. Y como era
incapaz de contenerse, aun estando triste, le besó los dulces labios una
vez, dos, y una última vez—. Vamos, la abuela seguramente tenga que usar
pronto el baño, y quiero enseñarte una cosa.6
Entre risas y castos besos, Taehyung se vistió, Jungkook acomodó su ropa y
se arreglaron el cabello, que tenían por completo despeinado, y salieron
del reducido espacio hacia la tienda.
Taehyung contuvo un jadeo cuando Jungkook descolgó una percha de un
gancho que había en la pared y descubrió un traje blanco confeccionado
con una suave tela.
—¿Es para mí?
—Tuve que adivinar tus medidas, así que tal vez no te quede del todo bien.
¿Te lo pruebas para que te lo vea?21
Taehyung miró el traje, maravillado. Su propio traje hecho por Jeon
Jungkook.1
Después de encerrarse en el probador sin espejos, se desnudó deprisa. Por
supuesto, el traje era palabra de honor, el interior estaba forrado de seda.
No había una sola costura vista que pudiera irritarle la piel. Se moría por
ver cómo le quedaba. Se puso los pantalones y el saco, y salió del
probador.1
Los labios del pelinegro le rozaron la nuca mientras le acomodaba el cuello
en un momento tan íntimo que le provocó un escalofrío. Parecía sentarle
como un guante. Cuando se dio la vuelta, Jungkook lo examinó con ojo
crítico y esos sensuales brazos cruzados por delante del pecho.6
—¿Puedo verme?
Los labios de Jungkook esbozaron una sonrisita antes de que le indicara
con un gesto de la cabeza la plataforma elevada que había delante de los
espejos, donde él hacía las pruebas.
Taehyung subió a la plataforma y sintió que el corazón se le detenía, se
reseteaba y volvía a ponerse en marcha. El traje era una inmaculada prenda
de marfil que seguía las líneas de su cuerpo, desde los tobillos hasta el
cuello y las muñecas.8
Era perfecto. Sencillo. Discreto, pero atrevido.
Jungkook carraspeó. Cuando se subió a la plataforma, le pasó los dedos
por los costados.
—Me gusta cómo te sienta. Mis manos sabían tus medidas.46
—Me encanta. Gracias, Jungkook.
—Es mi regalo. Por todos los cumpleaños durante los que no te conocí.
¿Cuándo es tu cumpleaños?53
Una calidez burbujeante le corrió por las venas, como el champán. Un
regalo. De Jungkook. Uno que había creado con sus propias manos. Cada
costura, cada puntada, cada trozo de tela había sido escogido solo para él.
—El treinta de diciembre. ¿Y el tuyo?1
—El uno de septiembre. Pero soy dos años más pequeño que tú.2
—¿Te importa que sea mayor que tú? —El pelinegro sonrió.1
—Claro que no. Cuando era adolescente me gustaban mayores. Todavía
recuerdo a la señorita Shin con aquella falda corta que siempre vestía.27
—¿Quién era? —Una emoción muy desagradable se apoderó de Taehyung.5
—La profesora de Química de segundo. Espero que estés celoso, porque así
ya sabes lo que sentí yo por el beso del «besucón» —dijo Jungkook con
expresión pensativa mientras le recorría el brazo con los dedos.45
—¿Besucón?
—A lo mejor se llama Bakcho. El nombre le pega a la clase de hombre que
me imagino.4
—No te lo imagines.
—Chunmin —El pelirrubio rio al escucharlo.6
—No.
—Yangyul.
—Jungkook…
—No me digas que se llama Jungkook.64
—No, no se llama así. Tú eres mi único Jungkook. ¿De verdad quieres saber
cómo se llama? —El pelinegro se quedó callado un momento antes de
soltar un suspiro pesaroso.4
—Será mejor que no lo sepa. Porque no querrás que le dé una paliza de
muerte a ese idiota —Al ver que Taehyung se tensaba por su forma de
hablar, Jungkook esbozó una sonrisa agresiva.7
Taehyung se quedó sin aliento, sin saber qué decir. No le preocupaba
Bogum. Su preocupación era Jungkook. Si iba por Bogum, podría haber
consecuencias espantosas. Demandas, cárcel, reclamaciones de daños y
perjuicios. Aunque le habría gustado verlo en acción, no merecía correr ese
riesgo por un beso repulsivo.
—Me alegro de que te guste el traje —dijo Jungkook con una expresión más
tierna—. Me muero por vértelo puesto mañana.
30
◍◌◍◌◍
Después de almorzar Japchae con acompañamiento de arroz, Taehyung
corrió de vuelta al trabajo. Quería repasar los datos.3
Bogum lo saludó con un gesto de la mano cuando pasó por delante de su
despacho, pero no tenía tiempo para lidiar con él. Llegó a su despacho a
toda prisa, soltó el maletín en el cajón de la mesa y se sentó, tras lo cual
empezó a hacer clic en las diferentes pantallas hasta llegar a la función que
había formulado para modelar el patrón de compra en lo referente a
calzoncillos de diseñador. Era una ecuación elegante con cinco variables
clave que incluía cosas como la edad, el nivel de ingresos y varias variables
menores.
Había reducido la finalización de la compra de calzoncillos a una sola
variable binaria, ß, y había encontrado marcadores que conducían a su
activación, cosas como el aumento del gasto en cenas caras y regalos de
lujo. Le había parecido ilógico que, durante una época en la que se reducía
la sensibilidad al precio de las cosas, muchos que tenían pareja, dejaran de
repente de comprar su propia ropa interior. Además, los calzoncillos de
marca tampoco eran tan caros.7
En ese momento, mientras repasaba las matemáticas y los números, las
palabras de Jungkook resonaron en su cabeza: «Les gusta cuidar de sus
seres queridos». De alguna forma, de alguna manera, había usado los datos
de mercado, las matemáticas y la estadística para cuantificar el amor en
una sola variable.1
ß era el amor.
ß era cero o uno. Sí o no.7
Y estaba íntimamente ligado al momento en el que muchos dejaban de
comprar su propia ropa interior. No era un absoluto, por supuesto. Las
personas eran personas, y detestaban ser del todo predecibles. Pero era un
indicativo sólido. Se podía apostar con esos datos y ganar más que perder.
Si en una pareja alguien le compraba ropa interior al otro, eso implicaba
que lo quería.4
Él era más que capaz de comprar ropa interior.1
Ese día salió antes del trabajo para ir de compras. Cuando volvió a casa con
su compra, la envolvió con un lazo rojo y la escondió en el fondo del cajón
del que Jungkook se había apropiado para su ropa interior.44
Si Jungkook dejaba de comprar ropa interior en ese momento, significaba
que también lo quería. Si lo quería, sus etiquetas no importarían. Y él se lo
contaría todo.
◍ 29 ◍
Jungkook se pasó una mano por el pelo mientras miraba los trajes que
tenía colgados en el vestidor del pelirrubio e intentaba decidir cuál se
pondría esa noche para la gala benéfica. Iba a conocer a sus padres. Los
nervios le decían que iba a ser espantoso, pero de todas formas pensaba
asistir. Taehyung le había pedido que lo acompañara.34
—¿No te decides por uno? —Taehyung se asomó por la puerta, sonriendo.
—Elige tú —Con timidez, Taehyung entró en el vestidor. Llevaba el traje que
él le había confeccionado.
—¿Me acomodas antes el cuello? —Sin poder resistirse, Jungkook le besó la
nuca y le dio un tierno chupetón al tiempo que aferraba su cintura y le daba
suaves caricias. Cuando bajó las manos y le dio un apretón a su trasero, el
pelirrubio emitió el jadeo más erótico que había oído en la vida—. Vamos a
llegar tarde si sigues así.23
—Todo el mundo llega tarde a estas cosas.6
Le mordisqueó la nuca mientras le deslizaba una mano por el abdomen y
se preparaba para desabrocharle los pantalones. Le encantaba tocarlo allí,
le encantaba cómo respondía Taehyung.
—Mis padres nunca llegan tarde. Quieren conocerte.10
Jungkook detuvo la mano al oírlo. Incapaz de decir que quería conocerlos,
porque, ¿por qué iba a querer conocer a alguien que lo miraría por encima
del hombro?
—Va a ser interesante.
—Gracias por acompañarme. Sé que preferirías hacer otra cosa.
Preferiría estar haciendo las pruebas de los vestidos para los bailes de
graduación, pero no se lo dijo.3
—Sabes lo mucho que me gusta ponerme un traje —Al menos, eso era
verdad. Retiró la mano que mantenía sobre su estómago y le acomodó el
cuello de la camisa.
—Un tres piezas. Me encanta verte con un tres piezas.5
—Pues el negro. Quedará muy bien al lado de tu traje —Taehyung sonrió y
se giró para mirarlo.
—Cualquier cosa queda bien con mi traje. La gente me preguntará de
dónde lo saqué. ¿Puedo decirles que es un original de Jeon Jungkook?133
Jungkook titubeó al oír su nombre de los labios de Taehyung.18
—Conoces mi verdadero nombre —El pelirrubio entornó los párpados.49
—Estaba en tu factura eléctrica y en el uniforme de tu foto. ¿Estás molesto?
—¿Y tú?
¿Había buscado en Google información sobre él o sobre su familia? Había
artículos en la prensa local que detallaban todos los perjuicios que había
causado su padre. ¿Los había leído? No, era imposible. No lo miraba con
recelo mal disimulado. Aunque era cuestión de tiempo. Se le cayó el alma a
los pies y sintió que le ardía la piel.26
Tictac, tictac.
Sin embargo, el reloj no marcaba los segundos hasta el momento en el que
explotara y les hiciera daño a los demás. En ese instante, marcaba los
segundos hasta el momento en el que Taehyung lo descubriera todo y lo
que había entre ellos llegara a su fin.
El pelirrubio se encogió de hombros, pero no lo miró, ni tampoco replicó.
—Estás molesto —dijo él, en cuanto se le encendió la bombilla.
—«Molesto» no es el término correcto.
—¿Y cuál es?
—No lo sé. Tengo la sensación de que no confiabas en mí —Bajó la cabeza—
. Como si quisieras asegurarte de que no podría encontrarte cuando
acabara todo entre nosotros.
—No, confío en ti. Es que… —Le daba miedo perderlo—. Detesto mi
apellido —Eso también.10
—¿Por qué?
—Es el de mi padre —El pelirrubio lo miró fijamente, con el ceño fruncido.
—¿Por qué odias a tu padre? ¿Porque abandonó a tu madre?
Jungkook tragó saliva con dificultad. Si contestaba la pregunta con
sinceridad, lo perdería esa noche, en ese preciso instante. La maldad que
albergaba en su corazón le aconsejó mentir. Sería muy fácil mentir sin más.
Eso era lo que siempre hacía su padre.12
—Lo siento —se apresuró a decir Taehyung, que parpadeó deprisa y se
colocó bien las gafas a la vez que se frotaba un brazo—. Es demasiado
personal, ¿verdad? No debí preguntar.
—Taehyung, puedes hacerme preguntas —dijo Jungkook con una opresión
en el pecho que se le extendió por todo el cuerpo. No era una relación si no
podían hablar el uno con el otro—. Lo odio por cómo se fue, porque es un
mentiroso y una mala persona. Llevo años sin verlo, pero estoy seguro de
que sigue engañando a las personas, haciéndoles daño, abandonándolas
de la peor manera posible. Es lo que hace siempre.7
—¿También te abandonó a ti? —le preguntó Taehyung con expresión triste.
—Sí, y a mis hermanas.
Su madre le había dicho que no le tuviera en cuenta a su padre lo que le
había hecho, que lo perdonara, pero, ¿cómo se perdonaba a alguien que ni
siquiera estaba allí? En lo referente a padres, mientras no fueran
maltratadores, un mal padre era mejor que ninguno. Él no tenía padre. E
intentar en solitario mantener la familia unida lo estaba destrozando.5
Taehyung lo envolvió en sus brazos y lo abrazó con fuerza y cierta torpeza,
sin decir nada, y él lo besó en la frente. Con cada aliento que tomaba, su
suave olor le llegaba más adentro, calmándolo. Lo necesitaba.2
Cuando la gente se enteraba de lo de su padre, lo maldecía y luego se
compadecían de su madre. Nadie pensaba en lo que significaba para él.
Nadie salvo Taehyung. Sabía que tenía que contarle la otra parte de la
historia sobre su padre, pero era incapaz. Todavía no lo había amado lo
suficiente.32
Tomó una bocanada de aire y apartó al pelirrubio con un esbozo de
sonrisa.
—Deberíamos darnos prisa.
◍◌◍◌◍
La gala benéfica se celebraba en un exclusivo club en Jung, entre pistas de
tenis iluminadas, campos de golf y relucientes piscinas.
Jungkook aparcó el Tesla de Taehyung delante de un edificio de estilo
moderno. Después de salir del coche, Taehyung clavó la vista en las
ventanas del club. Su nerviosismo era evidente, pero el resplandor dorado
del interior le confería una belleza mística.2
—¿Te importa interrumpirme si empiezo a hablar de trabajo? —Jungkook le
tomó una mano y le dio un apretón, y así sintió el sudor frío que le cubría la
palma.
—¿Por qué? Tu trabajo es interesante.
—Me dejo llevar y me apropio de la conversación. Eso molesta a la gente.3
—Me gusta cuando te dejas llevar —En esos momentos era cuando
resultaba más atractivo, cuando le chispeaban los ojos. Jungkook se llevó
su mano a los labios para besarle los nudillos. A Taehyung le temblaron los
labios hasta que esbozó una trémula sonrisa al tiempo que lo miraba a los
ojos.6
—Esa es una de las cosas que te hacen ser tan maravilloso.
—Me alegro de que lo sepas —El pelirrubio rio mientras él lo conducía a la
puerta.
Una vez dentro, el murmullo de cientos de conversaciones los envolvió. La
sala de banquetes estaba a rebosar con la flor y nata de Ulsan, y un grupo
tocaba jazz melódico desde una plataforma, al fondo. Una pared de
cristaleras dejaba ver la piscina y el campo de golf iluminado que había en
el exterior.
—¿Cómo te sientes con todo este ruido? —El pelirrubio se giró para mirarlo
con sorpresa.
—¿A ti también te molesta?
—Estoy bien. Eres tú quien me preocupa —No quería que acabara afuera,
hiperventilando, de nuevo.3
—El ruido no está tan mal. Me preocupa más la distribución de las mesas. A
mi madre le gusta rodearme de gente nueva. Estoy mejorando en la
conversación, pero todavía me cuesta mucho.
Jungkook ladeó la cabeza mientras asimilaba sus palabras. Para él,
entablar conversación era… solo eso, hablar. No había que esforzarse.27
—Le das demasiadas vueltas.
—Tengo que darle muchas vueltas cuando hablo. Si no lo hago, acabo
diciendo cosas hirientes y espanto a la gente.10
—Eso es porque eres sincero.2
—A la gente no le gusta la sinceridad. Salvo cuando dices cosas buenas.
Averiguar qué consideran los demás que es algo bueno es muy difícil, sobre
todo si no conoces a la persona. Eso convierte la conversación en un campo
de minas.8
Una mujer que solo podía ser la madre de Taehyung se acercó a ellos,
ataviada con un collar de perlas y un holgado vestido blanco que le dejaba
un hombro al aire y le caía hasta la mitad de la pantorrilla. Llevaba el pelo
oscuro recogido en un moño. La mujer abrazó a Taehyung y luego se apartó
para admirarlo con orgullo maternal.
—Taehyung, cariño, estás muy guapo —Desvió la mirada hacia Jungkook y
sonrió—. Y aquí está. Me alegro mucho de verte, Jungkook. Soy Kim
Seungmin, la madre de Taehyung.
Le tendió la mano con los nudillos por delante, y él se la llevó a los labios
para darle un beso fugaz. Sabía que estaba entre la flor y nata de la
sociedad cuando el saludo habitual era besar la mano de una mujer.5
—Lo mismo digo, señora Kim.
—Y también tiene una voz preciosa. Taehyung, este traje es perfecto. ¿De
dónde lo sacaste? Pareces un modelo —Taehyung la miró sonriendo de
oreja a oreja.
—Jungkook es diseñador. Es una de sus creaciones.33
¿No sonaba eso maravilloso de sus labios? El único problema era que no
había diseñado mucho en los últimos tres años y tampoco se veía
diseñando a corto plazo. Su madre le decía que no lo necesitaba en la
tintorería, pero, con su enfermedad, no podía dejarla. Ya la había
encontrado dos veces inconsciente, en el cuarto de baño. De no haber
llegado a tiempo, no sabía lo que habría pasado.9
La ambición podía esperar. Madre solo había una.49
Si se sentía acorralado y sofocado en la prisión que era su vida, era
problema suyo. No sería así para siempre. No quería que su madre muriera.
La amaba. Pero era una verdad inevitable que su muerte sería una
liberación. El amor era una cárcel. Atrapaba y cortaba las alas. Ponía
cortapisas, obligaba a ir a sitios donde no se quería estar… como ese club
al que él no pertenecía.7
—Oh, y es perfecto para ti, Taehyung —Seungmin se acarició las perlas—.
¿Lo confeccionó él? —Revoloteó alrededor de su hijo, comprobando la tela
e incluso mirándole las costuras internas—. Costuras ocultas. Sin etiquetas.
Y es muy suave —Seungmin lo miró con ojos vidriosos antes de susurrarle
algo a su hijo al oído y besarlo en la mejilla, haciendo que Taehyung se
ruborizara—. En fin, vamos, te presentaré a su padre.11
Seungmin se colgó del brazo de ambos chicos y los condujo hasta una
mesa medio vacía lejos del grupo de música.
Un hombre esbelto de mediana edad, con el cabello castaño salpicado de
blanco y gafas de montura metálica estaba sentado a una mesa con cuatro
sillas vacías. Mantenía una animada conversación con un sujeto que no
tenía mal aspecto.
Ese elegante y atractivo cincuentón sería Taehyung dentro de veinte años.
La futura pareja de Taehyung era un idiota con mucha suerte.54
—Taesung, te presento a Jungkook. Jungkook, te presento a Taesung, el
padre de Taehyung.4
El susodicho se levantó y se estrecharon las manos. Fue un apretón
amistoso, firme pero sin una lucha por establecer la dominancia; aunque
los ojos que lo miraron tras las gafas lo examinaron como si fuera un
espécimen de laboratorio de origen desconocido. Jungkook tuvo la
sensación de que estaba en la noche del baile de graduación conociendo al
padre de su cita por primera vez, de que tenía que haber llevado su
currículo y una analítica para descartar enfermedades de transmisión
sexual.2
Reprimió el impulso de sacudir las manos y los pies, como hacía antes de
un combate de competición.2
—Encantado de conocerlo —le dijo Jungkook.
—Un placer —replicó el padre de Taehyung con una sonrisa tensa que le
recordó mucho a su propio padre… En fin, si su padre hubiera sido
medianamente normal, claro.2
—Este es Park Bogum —dijo Seungmin, que señaló al castaño—. Bogumie,
te presento a Jungkook, el novio de Taehyung.99
Bogum se levantó y se enderezó la chaqueta negra del traje, que se le ceñía
al torso atlético de tal forma que cualquier sastre se sentiría orgulloso.
—Encantado de conocerte, Jungkook —Le tendió la mano con gesto
amable. Sin embargo, cuando Jungkook se la estrechó, le apretó los dedos
con mucha fuerza. ¿Qué mierda? Los ojos oscuros de Bogum lo miraron con
dureza de arriba abajo—. Taehyung me ha hablado de ti en el trabajo.18
¿En el trabajo? Jungkook miró a Taehyung y el pelirrubio apartó la vista,
incómodo.
El beso.28
Ese tipo era el idiota que había besado a la fuerza a su Taehyung. Le soltó la
mano antes de ceder al impulso de estamparlo contra la mesa.25
—Bogum —replicó con voz tersa.
Ese cerdo le había metido la lengua en la boca a Taehyung. No era ni
mucho menos como se lo había imaginado. Debería ser más delgado, con
la espalda encorvada y menos músculos. Además, debería llevar gafas,
unas buenas gafas ridículamente redondas que parecieran casi
prismáticos.11
Ajena, al parecer, a la tensión que crepitaba en el ambiente, Seungmin
siguió presentándole a las personas bien vestidas que había sentadas a la
mesa: un soltero que encajaba a la perfección con la idea que Jungkook
tenía de Bogum y que encima era el dueño de una conocida empresa
tecnológica; una pareja americana con muchos estudios; y una mujer ya
mayor, con un traje de chaqueta y falda de color lavanda, que tenía las
orejas, el cuello y los dedos llenos de enormes diamantes.
Jungkook se desabrochó la chaqueta y se sentó entre Taehyung y el último
asiento libre de la mesa con el aplomo que le habían proporcionado tres
años como acompañante.
—Bueno, Jungkook, háblame de ti —dijo el señor Kim, que se cruzó de
brazos y se echó hacia atrás en la silla, mientras lo miraba con expresión
interrogante.20
Ajá, igualito que la noche del baile de graduación. Jungkook sabía muy
bien lo que iba a pasar.
—¿Qué quiere saber? —le preguntó él.
—Para empezar, ¿a qué te dedicas?
Bogum lo miraba con hosco interés. Su padre quiso que fuera astrofísico o
ingeniero. Poco antes de que se fuera, se conformó con que fuera
arquitecto. Eso seguía siendo respetable.
—Soy diseñador.
—Ah, qué interesante. ¿Qué diseñas? ¿O tu nivel de seguridad te impide
contar en qué trabajas?32
Una vez que comprendió a qué se refería, casi se echó a reír.
—No, no soy un contratista de defensa. Diseño ropa.
—Diseñó el traje de Taehyung, cariño —dijo Seungmin con una sonrisa
amable—. Tiene muchísimo talento.
Taesung torció el gesto, disgustado, pero después se recompuso y le
otorgó a Jungkook el beneficio de la duda.
—Debe ser un sector difícil para triunfar. ¿Trabajas para uno de esos
diseñadores de Seúl?
—Ahora mismo no.
—Seguro que estás creando tu propia línea. Es emocionante —dijo
Seungmin.
—La verdad, me tomé un respiro.
El pelirrubio hizo ademán de hablar, pero Jungkook le tomó una mano y
negó con la cabeza con disimulo. No le hacía falta que esas personas se
enteraran de que lavaba, planchaba y hacía arreglos todo el día. Ya era
bastante malo que fuera la realidad.22
No, no era malo. No se avergonzaba. Era un trabajo honrado y… ¡a la
mierda! ¿Qué sentido tenía mentirse a sí mismo? Sentado a esa mesa, al
lado de esas personas con sus licenciaturas y su exorbitante riqueza, sí, se
avergonzaba. No era la clase de hombre que podían emparejar con
Taehyung.12
—Eso quiere decir que… ¿no haces nada? —preguntó Bogum, incrédulo.
Jungkook lo miró con expresión neutra y se encogió de hombros.33
—Más o menos —La enfermedad de su madre no era asunto suyo, mierda, y
no quería que toda la mesa lo mirara con lástima.
Sendas muecas cruzaron por las caras de Taesung y de Bogum, y Jungkook
apretó los dientes. Seguramente creían que quería estar con Taehyung por
su dinero. ¿No sabían que Taehyung era demasiado listo para esas
tonterías? Cuando se enamorara, lo haría de un hombre que sería su igual.
—Yo me volvería loco del aburrimiento —La expresión de Bogum se volvió
pensativa mientras miraba al pelirrubio—. Tú no soportas la inactividad,
¿verdad, Taehyung? Estás entregado a tu trabajo y te gusta saber que tiene
impacto real en el mundo. Por eso nos llevamos tan bien.1
—Es verdad. Me gusta trabajar —convino Taehyung, pero miró con
preocupación al pelinegro.
—Taesung, deberías haber visto lo que hizo en el último proyecto en el que
trabajamos juntos —continuó Bogum—. Enfocó el problema de un modo
que nunca había visto antes, y él solo revolucionó la forma de contacto de
los vendedores online con sus clientes.
—Estoy seguro de que no podría haberlo hecho sin tu ayuda, Bogum —El
señor Kim le dio un apretó al castaño en el hombro.72
¿Eso quería decir que ya se conocían? ¿Eran pareja de golf o algo así?5
Quince formas distintas de dejar seco a un hombre le cruzaron de repente
por la cabeza. Además, ¿qué era eso de que Taehyung necesitaba a Bogum?
Taehyung no necesitaba a nadie. Ni siquiera a él, ya no. No estaba seguro
de que lo hubiera necesitado en algún momento.
—Eso es verdad. Trabajamos bien juntos —Una sonrisa genuina asomó a
los labios del pelirrubio.15
En serio… Detestaba la idea de que trabajara con el tal Park y le gustara
algo del proceso. Ese idiota debería irritarlo tanto como lo irritaba a él.
Sintió el infantil deseo de besarlo en público y reclamarlo para sí, y le soltó
la mano antes de que pudiera hacerlo. El pelirrubio no se dio cuenta.
Seguía sonriéndole a Bogum… Una sonrisa real, la que solía reservar para
él. Mierda, eso le dolía como si le estuvieran arrancando las pelotas.40
—Taehyung es una de las pocas personas capaz de tolerarme. Sé que soy
un idiota. Pero tengo principios, y no soporto la vagancia ni la ineptitud —
Bogum le dirigió al pelinegro una mirada elocuente.62
Jungkook tomó una honda bocanada de aire y la soltó despacio. Examinó
las paredes del salón en busca de un reloj. ¿Cuánto tenía que aguantar?13
La conversación en la mesa tomó el rumbo de la teoría económica y la
estadística avanzada, y él observó con un nudo en el estómago cómo
Taehyung se abría y empezaba a hablar. Le había dicho que lo
interrumpiera si se ponía a hablar de trabajo, pero estaba disfrutando.
Saltaba a la vista que era su pasión. No quería negársela. Bogum, aunque
se había proclamado un idiota, se mantuvo a su altura de un modo del que
él jamás sería capaz.
Recordó lo del beso. Taehyung le dijo que no le había gustado y que Bogum
era irritante, pero desde luego que no le molestaba relacionarse con él en
ese momento.
No pudo evitar percatarse de que Bogum y Taehyung hacía una pareja
estupenda. Con intereses comunes y de orígenes parecidos, eran tan
perfectos el uno para el otro que daban ganas de vomitar. Recordó que fue
Bogum quien indujo a Taehyung a contratar a un acompañante. Su
intención era la de conquistar a Bogum.6
Tal vez… Mierda, detestaba tener que admitirlo, pero tal vez debería
hacerlo.4
Al fin y al cabo, lo que había entre ellos era físico. No conectaban a nivel
intelectual, y sabía lo importante que era mantener estimulado el cerebro
de Taehyung. Le jodía admitirlo, pero no era lo bastante bueno para
Taehyung. En varios aspectos. Nunca podría enamorarse de él. Solo valía
para estar de práctica.63
A medida que continuaba la conversación sobre economía, la sensación de
que lo estaban desgarrando por dentro lo abrumó. Todo parecía estar mal.3
—Oh, me alegro de que la madre de Bogum haya podido llegar —dijo
Seungmin.6
Una uña roja se apoyó en el respaldo de la silla que Jungkook tenía al lado,
y lo asaltó una combinación conocida de olores. Canela y tabaco. Los
cubitos de hielo tintinearon antes de que alguien dejara un vaso medio
lleno de whisky en la mesa.100
—Buenas noches. Siento llegar tarde —Una mujer menuda con una larga
melena tintada de rojo oscuro y un ceñido vestido negro de cóctel se sentó
en la silla vacía. Aunque estaba de perfil, Jungkook la reconoció. Había
besado esa barbilla—. Tuve que pasar un momento por… —Ella se giró y
adoptó una expresión sorprendida al verlo—. Vaya, vaya, vaya. Hola,
Jungkook.177
—Hola, Geumhee.11
Qué maravillosa ocasión para encontrarse con la antigua clienta que
menos le gustaba
◍ 30 ◍
Taehyung estaba a punto de vomitar. La mujer del club era la madre de
Bogum. La que le había regalado el coche a Jungkook. El coche que
conducía todos los días. El que no quería que él reemplazara con otro.68
—¿Se conocen? Qué bien —dijo Seungmin, uniendo las manos.
Jungkook se apoyó en el respaldo de la silla con una sonrisa distante en la
cara y expresión relajada, como si estuviera cómodo.
—Desde hace mucho —Contestó el pelinegro. Geumhee soltó una carcajada
ronca y le acarició un brazo.
Al ver que Jungkook ni siquiera se encogía por el contacto, Taehyung sintió
un nudo en la garganta. A Jungkook le gustaban las mujeres mayores;
dicho por él mismo. Y Geumhee era la personificación del sexo con un
busto generoso, una figura delgada, esa voz sensual y su estilo sofisticado.
Tuvo que recordarse que el pelinegro había decidido alejarse de ella. Que
no era a Geumhee a quien le había provocado tres orgasmos gloriosos con
la boca antes de hacerle al amor como si no pudiera saciarse.35
—Dime, ¿con quién viniste? —Geumhee recorrió la mesa con la mirada y se
detuvo un instante al llegar a Seungmin, antes de mirar de nuevo a
Jungkook.
—Está conmigo.
Taehyung se acercó a Jungkook y le cubrió una mano con las suyas.
Esperaba que el pelinegro hiciera lo de siempre, que girara la mano para
entrelazar sus dedos. Al ver que no reaccionaba, se le cayó el alma a los
pies.90
¿Qué significaba eso?4
—Vaya, qué buen aspecto tienes —Geumhee agarró su whisky y lo miró por
encima del borde del vaso—. Tu hijo es muy guapo, Seungmin. Ahora
entiendo por qué le gusta tanto a Bogum. Es una pena que no esté libre.1
Taehyung vio que su madre sonreía, pero se percató de que el gesto
irradiaba cierta tensión, lo que delataba que estaba preocupada.
—Gracias, Geumhee. Parecen muy felices, así que, de pena, nada.33
Taehyung le dio un apretón Jungkook en la mano mientras contemplaba
su perfil. Hasta ese momento, habían sido muy felices. ¿Qué estaba
pasando? El pelinegro seguía impasible, con la mirada clavada en
Geumhee. Aunque lo estaba tocando, Jungkook parecía encontrarse a
kilómetros de distancia.
—Así que, ¿van en serio? —Geumhee miró a los padres del pelirrubio antes
de soltar una risita burlona y mirar a Jungkook con gesto socarrón—.
¿Ahora te presentan a los padres, Jungkook? ¿Habrías conocido a los míos
por el precio adecuado?217
—¿A qué te refieres? —Bogum miró a su madre con los ojos entrecerrados y
después miró a Jungkook. Sus ojos fueron varias veces del uno a la otra. La
mujer bebió un generoso trago de whisky y sonrió de forma sensual.
—Es que hubo un tiempo… en el que Jungkook y yo estuvimos saliendo.24
—Estás bromeando —Bogum miró al pelinegro con asco—. ¿Te acostaste
con mi madre?38
—No exactamente —contestó Jungkook con una sonrisa tensa. Geumhee
rio entre dientes.37
—Si no recuerdo mal, acostarse, lo que se dice acostarse, no.1
—¡Por el amor de Dios! Necesito una copa —El señor Kim se levantó de la
mesa.79
—Ya que vas, tráeme otro whisky con hielo, guapo —le dijo Geumhee
mientras agitaba su vaso.4
—Ya bebiste suficiente —replicó el hombre, que se alejó con mucha prisa
hacia la barra situada al fondo de la estancia.
La risa ronca de Geumhee flotó sobre la mesa antes de que se terminara el
líquido ambarino y soltara el vaso. —Nunca es suficiente.
Como Taehyung estaba sentado muy cerca del pelinegro, vio que la mujer
le acariciaba el muslo con las uñas pintadas de rojo. Jungkook no se movió.
Se limitó a mirarla mientras su mano ascendía lentamente, acercándose
poco a poco a la bragueta.72
¿Por qué no la detenía? ¿Quería que lo tocara?
De repente, Jungkook se puso en pie con la mandíbula tensa.
—Voy a tomar un poco de aire fresco. Disculpen.
Antes de que la pelirroja pudiera perseguirlo, Taehyung se levantó de un
brinco y lo siguió hasta la puerta trasera. El aire de la noche olía a hierba
cortada y a cloro, y la frescura traspasó las telas de la ropa, provocándole
un escalofrío.
—Jungkook —lo llamó. El pelinegro se detuvo junto a la piscina, que relucía
con un brillo azulado.4
—Deberías regresar, Taehyung.
Se acercó a él. La distancia que percibía entre ellos le estaba provocando
un pánico atroz. ¿Qué hacía para sentirlo cerca de nuevo? Lo tomó de la
mano mientras se pegaba a él.
—Pero te extrañaré —La mirada del pelinegro se suavizó mientras pasaba
un brazo por su cintura y lo estrechaba. Taehyung suspiró y le apoyó una
mejilla en el pecho, aspirando su olor. Si lo abrazaba así, las cosas entre
ellos seguían bien.18
—Lo estabas pasando bien hasta que mi pasado se sentó a la mesa —
comentó mientras sus manos le acariciaban la espalda arriba y abajo.
—Preferiría haberme quedado contigo en casa —Se acercó aún más a él y lo
besó en la garganta—. ¿Por qué dejaste que te tocara? Me molestó
mucho.36
—¿Ah, sí? —Le acarició el mentón con los labios, dejando una lluvia de
besos sobre esa piel tan sensible.
—Sí —contestó.
—Desde el punto de vista profesional, no está bien montar una escena con
un antiguo cliente. Aunque en el momento no lo agradezcan, tal vez más
adelante sí lo hagan. Intentaré ofrecerte la misma cortesía a ti en el
futuro.62
En el futuro. Después de que se separaran.
—No quiero —Jungkook formaba parte de su vida, una de sus mejores
partes. No podía irse.
—Eso me facilita las cosas —repuso Jungkook.
—No, no me refiero a eso.
—¿Qué es lo que quieres, Taehyung?
—Quiero… —Se humedeció los labios y respiró hondo.
¿Podía decir que lo quería a él? ¿Podía decir que lo amaba? Le pasó las
manos por el torso y lo aferró por los hombros mientras el pelinegro lo
miraba, cautivado.30
Deseó ser mejor con las palabras. Deseó poder dejar que su cuerpo hablara
por él. Su cuerpo siempre sabía cómo comunicarse con el de Jungkook sin
problemas. Incluso en ese momento, se descubrió respondiendo a su
proximidad, apoyándose en el pelinegro, amoldándose a la perfección. Vio
que se le movía la nuez al tragar saliva mientras se alejaba de él.
—Vámonos, entonces. A tu casa. A menos que quieras hacerlo en el coche.
—¿De qué estás hablando?
—De sexo, Taehyung —contestó Jungkook de forma concisa y brusca.69
Taehyung sintió tal opresión en los pulmones que apenas podía respirar.
—No iba a decir eso.
—En ese caso, tendremos que ponerle fin a esta farsa. Porque no tengo
nada más que ofrecerte.105
—Sí que lo tienes. Me escuchas, hablas conmigo y…
—Nunca podré hablar contigo al nivel que lo hace ese imbécil de ahí
dentro. Ni siquiera quiero hacerlo. Soy demasiado idiota como para que me
gusten las matemáticas y la economía.32
—Eso no es verdad. Eres listo.
—No he conseguido nada. No he llegado a ningún sitio. Tengo sexo por
dinero, y cuando eso no es suficiente… —Lo miró a los ojos con expresión
seria—. He pensado en robar. Lo he planeado mentalmente, a quién
robarle, las mentiras que diría, cómo cubrir el rastro… Porque me parezco
a mi padre —Taehyung negó con la cabeza. ¿De qué estaba hablando?
Jungkook nunca robaría. No le cabía la menor duda—. Querías saber por
qué lo odio. Pues te lo contaré todo —Tras un tenso segundo de silencio,
añadió—: Es tan bueno engañando que se hizo famoso. Hace poco salió en
las noticias. ¿No lo recuerdas? Jeon Jungwon.38
—No… —Sin embargo, el nombre le resultaba conocido y empezó a
recordar. Jadeó de repente—. El estafador. Seducía a las mujeres y…3
—Les robaba. Le decía a todo el mundo que tenía una empresa de software
informático. Hacía muchos «viajes de negocios». Mi madre sabía que la
estaba engañando, pero siempre volvía. Hasta hace tres años, cuando
desapareció y un día su otra esposa apareció en la puerta de la casa de mi
madre, buscándolo. Resultó que todo el dinero que decía ganar procedía
de alguna mujer engañada. Mi madre es la más estafada de todas. Antes de
que se fuera la última vez, mi padre sacó todo el dinero de las cuentas del
banco y firmó unos préstamos enormes a su nombre. Así que se vio
obligada a hipotecarlo todo para poder pagar las deudas, pero ni siquiera
eso bastó. Iba a perder el negocio y la casa si no lo solucionaba. Mi
hermana tendría que dejar la universidad porque, de repente, era un costo
que no se podía permitir.24
Le dio la espalda al pelirrubio y empezó a desabrocharse la corbata a
tirones.
—El trabajo que tanto me gustaba, por el cual tuve que irme a otra ciudad
pensando que mi familia estaba segura con mi padre, me daba tan poco
dinero que tuve que dejarlo. No tenía otras habilidades que me
proporcionaran dinero rápido, no soy como tú. Así que me aproveché de la
herencia genética de mi padre, de este cuerpo que es tan alto como el suyo;
de mi sonrisa, que es igual que la suya; y lo vendí. Me follé a media ciudad
con él, día y noche durante meses, y con ese dinero conseguí solucionar las
cosas. Pero para entonces, mi madre ya estaba enferma y...42
La corbata cayó al suelo y se desabrochó los botones superiores de la
camisa como si lo estuviera asfixiando. Se tapó los ojos con las manos y
empezó a respirar de forma superficial.
Taehyung se acercó a él, titubeante. Le colocó una mano en la cara, y unas
abrasadoras lágrimas se la mojaron. Tenía un nudo en la garganta que le
impedía hablar, así que lo rodeó con brazos temblorosos y lo estrechó con
fuerza. Jungkook le enterró la cara en el cuello y le devolvió el abrazo.
—Tú no tienes la culpa de que tu padre hiciera algo tan horrible. No te
pareces en nada a él, Jungkook —susurró. ¿Cómo era posible que creyera
algo así?18
—Si hubiera estado en casa, me habría dado cuenta de lo que estaba
haciendo y podría haberlo impedido.
—Tranquilo —Lo confortó Taehyung, pasándole las manos por el pelo—.
Aunque hubieras estado en casa, no habrías descubierto lo que pasaba
hasta que fuera demasiado tarde. Engañó a mucha gente. Esa era su
especialidad —El pelinegro lo estrechó con más fuerza y lo besó en la
mejilla. Cuando habló, lo hizo con voz ronca, baja e íntima.
—Lo más espantoso es que, después de todo lo que ha hecho, de lo
avergonzado que me siento de él y de lo mucho que lo odio, lo extraño. Es
mi padre. Mi padre es un delincuente mentiroso que estafa a la gente, y yo
lo quiero.64
Taehyung no tenía palabras que ofrecerle a esas alturas, así que siguió
abrazándolo. ¿Qué se le decía a alguien tan dolido? Solo atinó a pegarse a
él para que sus corazones latieran juntos, y a compartir su sufrimiento.
Después de una eternidad y un poco más, Jungkook se apartó del
pelirrubio. Mientras limpiaba las lágrimas que humedecían las mejillas de
Taehyung.
—Acepté tu propuesta porque quería ayudarte con tus problemas, y está
claro que los hemos superado. Estás preparado para mantener una
relación real. Si algún idiota no te quiere porque eres autista, no te merece.
¿Me oyes? No tienes nada de qué avergonzarte.91
Taehyung sintió que la sangre se le helaba en las venas y que se le detenía
el corazón de repente.
—¿Lo sabes? —El pelinegro curvó ligeramente los labios.1
—Lo supuse después de la primera noche en casa de mi madre.
¿Lo había sabido durante todo ese tiempo? ¿Eso era bueno o malo? No lo
sabía.
—¿Quieres irte? —Taehyung se atrevió a preguntar.
—Llegó la hora de pasar página, Taehyung. No nos estamos dando todo lo
que necesitamos.23
Taehyung entendió al instante que se refería a él. Él no era suficiente para
Jungkook. Por quien era y por lo que era. Por sus incapacidades y sus
excentricidades. Por su etiqueta. La desesperanza lo engulló. Había sido
tonto al creer que podría seducirlo. Empezó a temblarle la barbilla, pero se
mordió el interior del labio para detener el temblor.64
—Entiendo —El pelinegro le acarició la mejilla con las yemas de los dedos.
—Necesitas algo más que sexo, y yo no puedo dártelo.9
Taehyung clavó la mirada en sus zapatos. Tal vez para Jungkook solo era
sexo, pero a él le había parecido amor, por patético que resultara.20
Las cálidas manos de Jungkook descendieron por sus brazos hasta tomar
sus manos y darles un apretón.
—Gracias por todos estos meses. Fueron especiales para mí.
«Pero no lo suficiente.»
—Gracias, Jungkook. Por ayudarme con mis problemas de ansiedad.
—Prométeme que, después de esto, no contratarás a más acompañantes.
—Nada de acompañantes. Te lo prometo —Solo había un acompañante
que él deseara.
—Bien —Le dio un beso en la frente—. Me voy.
—Puedo llevarte en coche a casa —se ofreció Taehyung, porque no quería
que se separaran todavía.
—Prefiero llamar a un taxi. Quiero recoger mis cosas de tu casa, y es mejor
que no estés allí mientras lo hago. Cuídate, ¿sí?41
—Si.
—Adiós, Taehyung.
—Adiós, Jungkook.164
Lo observó alejarse, inmóvil como una estatua. Sintiendo su corazón
romperse en pedacitos tan pequeños, y el dolor que sobrevino a ello.
◍ 31 ◍
Habían transcurrido unos minutos desde que Jungkook se había ido, pero
para Taehyung habían pasado horas. Aún seguía ahí, de pie, mirando el
punto exacto dónde lo había visto desaparecer. Y cuando comprendió que
no volvería, dio media vuelta y regresó al interior.53
Preferiría irse a casa, pero Jungkook quería recoger sus cosas con
tranquilidad. Cualquier otra vía de escape estaba vetada también. La idea
de cruzarse con él en el estacionamiento o en la calle hizo que se le
llenaran los ojos de lágrimas. Lo mejor era regresar a la cena. Aunque fuera
el último lugar donde quería estar en ese momento.
Tras ir al cuarto de baño para lavarse la cara y tratar de ocultar la evidencia
del llanto, regresó a la mesa y se sentó.
—Taehyung, cariño, ¿dónde está Jungkook? —le preguntó su madre en voz
baja.
—Se fue. Acabamos de terminar.78
Bogum soltó una risita burlona. Geumhee lo miró con lástima desde el otro
lado de la silla vacía de Jungkook y le colocó una mano en el hombro.36
—Los hombres como él necesitan ser libres, cariño.5
Taehyung apartó la mano de la mujer sin replicar. Su padre lo miró con los
ojos entrecerrados, contrariado. Sabía que no le gustaban los malos
modales. Por raro que pareciera, su madre no supo qué decir, se limitó a
mirarlo con preocupación.
—Puedes encontrar a alguien mucho mejor —declaró Bogum. Su mirada le
dejaba en claro que por ese «alguien mucho mejor» se refería a sí mismo.50
Taehyung apretó las manos con tanta fuerza sobre las rodillas que se le
quedaron los nudillos blancos. Sentía las emociones en ebullición dentro
del pecho, luchando por salir, pero las contuvo.
—Estoy de acuerdo —replicó su padre—. No vi nada bueno en ese tipo.57
La punzada que le atravesó las entrañas fue tan dolorosa que su
autocontrol se esfumó.
—Eso significa que no viste con mucha atención. Porque no es un hombre
sin ocupación. No es un vago. Pero, a veces, hay cosas más importantes
que la pasión o que la ambición.45
—¿Qué quieres decir? —Su padre quiso saber.
Taehyung dudó, porque era la vida privada del pelinegro y él no tenía
derecho a contar algo tan personal. Pero por otro lado… por otro lado ellos
ya no estaban juntos, ya no volvería a verlo. Y no iba a permitir que lo
siguieran ofendiendo.8
—Detuvo su carrera profesional para poder cuidar a su madre, que se está
muriendo de cáncer. Es el tipo de persona que daría cualquier cosa por sus
seres queridos, cualquier cosa. Es un hombre bueno por encima de todo.
Y no lo quería.41
—En ese caso —su padre lo miró con expresión furiosa—, ¿por qué no lo
dijo?
—¿Por qué iba a querer compartir esas cosas con gente que lo mira con
desprecio?64
—Yo no lo…
—Taesung, ya basta —lo interrumpió su esposa—. Lo que pensabas era
evidente. Quieres que Taehyung esté con un hombre centrado en su
carrera profesional, con alguien que lo mantenga. No pareces entender que
él ya tiene su propia carrera profesional y que no necesita de nadie —
Sentenció con voz dura y firme—. Taehyung, cariño, vámonos. No soporto
tanto ruido.185
Su madre le tendió la mano y Taehyung la aceptó, dejando que lo guiara
hasta el exterior, hasta una zona con asientos que estaban desocupados.
En la mesa auxiliar, había un enorme ramo de calas y ramas de sauce.1
Taehyung acarició el borde de una de las flores antes de sentarse y cerrar
los ojos. Allí afuera no había tanto ruido, y parte de la tensión que sentía en
la cabeza desapareció. Pero el dolor de su corazón no se atenuó en
absoluto. Al contrario, se extendió y aumentó hasta llenarlo de
desesperanza y abatimiento.
Sintió el suave peso de la mano de su madre en una pierna y abrió los ojos.
Ella lo abrazó, rodeándolo con la frialdad de las perlas de su collar y con el
olor a Chanel N.º 5. El perfume no le gustaba porque era muy fuerte, pero
en ese momento la familiaridad del aroma lo tranquilizó. Se relajó y dejó
que lo abrazara como cuando era pequeño, sin darse cuenta de que estaba
llorando hasta que ella empezó a mecerlo entre sus brazos.2
—Lo siento mucho, cariño. Siempre deseé que encontraras a un artista,
alguien sensible que te antepusiera a todo lo demás. Ya idearemos una
estrategia para que encuentres al hombre perfecto. Deberías probar con
Tinder, en serio.75
Su madre seguía importunándolo incluso en ese momento. No se rendía
jamás. Taehyung soltó un suspiro largo y entrecortado.
—Ese hombre era Jungkook.19
—Taehyung, no seas obstinado. Hay miles de millones de personas en el
mundo, y no puedes obligar a alguien a quererte. Si te lo propones,
encontrarás a un hombre que encaje mejor contigo.1
Taehyung guardó silencio. Jungkook era como el helado de fresa para él.
Podía probar otros sabores, pero siempre sería su preferido.58
Sus diferencias siempre tenían el mismo efecto. Lo aislaban cuando estaba
rodeado de gente. Normalmente, le daba igual. No necesitaba a nadie. Era
mucho más feliz cuando disponía del tiempo y del espacio para
concentrarse en las cosas que le interesaban. Jungkook le interesaba, y no
se sentía solo cuando estaba con él. Al contrario. La certeza de que no le
correspondía era muy dolorosa.1
—Mamá, ¿crees que podrías dejar la conversación sobre encontrar al
hombre adecuado por una temporada? Quiero hacerte feliz, pero ahora
mismo estoy cansado —Ella lo estrechó con más fuerza.
—Claro. Vamos a olvidarnos de todo eso. No quería presionarte. Solo
quiero que seas feliz.15
Taehyung suspiró y cerró los ojos. Le daba igual lo de ser feliz. Lo único que
ansiaba en ese momento era no sentir nada.
◍◌◍◌◍
En casa del pelirrubio, el silencio era absoluto. Le resultó gracioso no
haberse percatado antes de ese detalle. Siempre estaba tan ocupado
hablando con él, escuchando sus ingeniosos comentarios, cocinando en su
enorme cocina o dándole de comer, besándolo, haciéndole el amor…10
Extrañaría esa casa. Extrañaría a Taehyung. Mucho. Ya lo extrañaba. Estaba
hecho polvo por lo mucho que le dolía.21
Aunque ponerle fin a su acuerdo había sido lo correcto. Ya no necesitaba
más su ayuda y se merecía a alguien mejor que él. A alguien más inteligente
que no tuviera a un delincuente por padre. Alguien que pudiera
impresionar a sus padres y que no se encontrara con sus antiguas clientas
cuando salieran a cenar.7
Eso le recordó que debía retomar su trabajo de acompañante el viernes por
la noche. La idea no le agradaba en lo más mínimo. Ni siquiera estaba
seguro de poder estar con otra persona a esas alturas. Solo deseaba el olor
de Taehyung, su sabor y su piel. Su cuerpo se había amoldado al suyo, y no
quería otra cosa.3
Las antiguas fantasías que antes le interesaban le parecían tontas y
aburridas. Había desarrollado una nueva, protagonizada por un hombre
tímido que soñaba despierto sobre economía.
Se sentó en la cama de Taehyung y enterró la cara en las manos. Esa sería
la última vez que se sentaría allí. Mierda, otro hombre se acostaría pronto
en esa cama.
Experimentó una sensación espantosa. Taehyung era suyo para besarlo,
para tocarlo y para quererlo. Ansiaba arrancar las sábanas de la cama y
hacerlas pedazos. Si él no podía acostarse en ella, que no se acostara
nadie. Que se comprara otra maldita cama.74
Apretó los puños y se obligó a acercarse al vestidor antes de destrozar el
dormitorio. Metió sin muchos miramientos las camisetas de manga corta y
los jeans en la bolsa de deporte y, después, fue en busca de la ropa interior
al cajón. Quería acabar pronto para poder irse. Guardó los calcetines en la
bolsa, seguidos de los calzoncillos. En el fondo del cajón, vio una caja sin
abrir. La marca y la talla que él usaba, aunque normalmente él los
compraba oscuros y esos eran rojos. La caja tenía un lazo.40
Taehyung le había comprado ropa interior.38
Era el primer regalo que le hacía. Qué gracioso. ¿Había pensado que los
suyos estaban muy desgastados? Tal vez lo estaban.94
Arrojó la caja al interior de la bolsa de deporte y la cerró con la cremallera.
No eran muy caros. Taehyung se los había comprado, así que se los
llevaba.18
Mientras salía de la habitación, se sacó la cartera del bolsillo, agarró un
papel doblado y lo dejó en la mesita. Allí estaba, la prueba de que no era
como su padre. Aunque tal vez no fuera por ese motivo por lo que se sentía
tan bien haciéndolo. Tal vez le parecía lo correcto porque estaba
enamorado.6
Atravesó la casa vacía, apagando las luces a su paso. Una vez que cerró con
llave la puerta, dejó las llaves debajo del tapete de la entrada y, tras un
silencioso adiós, se fue.
◍ 32 ◍
Cuando Taehyung tanteó para agarrar las gafas a la mañana siguiente, sus
dedos dieron con un trozo de papel. Frunció el ceño, lo agarró y se lo
acercó a los ojos hinchados e irritados de tanto llorar.61
Un cheque. El suyo. De cincuenta millones de wons.
Se sentó en la cama y acarició con dedos temblorosos el papel. ¿Qué quería
decir eso? ¿Por qué no se lo había quedado Jungkook y lo había cobrado?
Las palabras que le dijo la noche anterior resonaron en su cabeza.
«Acepté tu propuesta porque quería ayudarte.»1
No porque quisiera estar con él, ni siquiera por dinero, sino porque le tenía
lástima. Porque era autista.126
Una emoción horrorosa se apoderó de él como si fuera un veneno, y se
tapó la boca para acallar los sonidos que brotaban de su garganta. Creía
que empezaba a gustarle. Creía que era especial. Creía que Jungkook
podría corresponder su amor. Pero siempre que estuvieron juntos fue por
caridad. Todos los besos, todos los momentos… caridad. Y como Jungkook
ya había terminado con su buena acción, pasaba página.44
El dolor lo abrumó y lo desgarró, destruyéndolo por dentro. Él no era una
buena acción. Era una persona. De haber sabido lo que Jungkook sentía,
nunca le habría propuesto el acuerdo. No era una obra de caridad. Su
dinero era tan bueno como el de cualquier otro. ¿Por qué no lo había
aceptado sin más?5
Se secó las lágrimas con rabia y se dijo que era fuerte. No iba a
derrumbarse porque un hombre no lo quisiera.62
Arregló la cama con movimientos furiosos y entró en el cuarto del baño
para lavarse los dientes. Se pasó el hilo dental mentolado con tanta fuerza
que le sangraron las encías. Cuando cerró los dedos en torno al cepillo de
dientes, un impulso lo llevó a soltarlo y a meterse en la ducha. Con suma
deliberación, ejecutó su rutina al revés, lavándose de los pies a la cabeza.
No era un robot ni un autista discapacitado. Era él mismo. Era suficiente.23
Podía ser lo que quisiera. Podía obligarse a ser cualquier cosa. Demostraría
que todos se equivocaban.19
Cuando salió de la ducha, respiraba entre jadeos. Iba a hacerlo, e iba a
hacerlo bien. Cuando terminara, se habría reinventado y estaría fenomenal.
Se merecía esas cosas.
Se secó con movimientos bruscos y pasó junto al cepillo de dientes sin
hacerle caso antes de entrar en el vestidor, donde sacó unos jeans negros y
una camisa oscura con un estampado parecido al cachemira. La camisa era
un poco transparente, pero se negó a usar una camiseta interior. Que
mirara el que quisiera mirar.91
Se observó en el espejo que había sobre el lavabo una vez que se permitió
cepillarse los dientes y descubrió que los ojos le brillaban por la
determinación. Tenía el pelo alborotado, pero no pensaba peinárselo. No
estaba para controlar sus emociones. Otras personas permitían que sus
emociones dictaran sus actos y cambiaran sus rutinas. Él haría lo mismo.2
Después de tragarse como pudo una rebanada de pan, echó un vistazo por
su casa vacía. ¿Y qué hacía luego?5
Sentía la abrasadora necesidad de moverse, de cambiar, de hacer algo
violento. Ese día no podría trabajar. Las personas no trabajaban los
domingos. Saldrían a comprar cuando abrieran las tiendas. Tendrían citas.
Harían cosas juntos. Ya no habría más juntos para él.
Se sentó delante del brillante Steinway negro y levantó la tapa. De forma
automática, tocó los primeros acordes de Claro de luna, pero la canción era
demasiado lenta y romántica, y le recordó a Jungkook. Cambió de melodía
tras el primer crescendo. En vez de dejar que la música fluyera hasta un
remanso de ternura, la llevó más arriba, derramó toda su angustia en ella.
Sintió un nudo en la garganta, y su corazón se derramó en las notas.
No era suficiente.1
Le dio al piano toda su rabia. Golpeó las teclas con rapidez, como el mar
embravecido golpeaba los acantilados durante una tormenta. Ola tras ola
tras ola de rabia. Seguía sin ser suficiente.2
Hizo algo que no había hecho nunca. Siempre había sido amable. Hablaba
en voz baja. No les hacía daño a los demás de forma intencionada. Le
encantaba la música, el orden y los patrones.
Golpeó las teclas con ambas manos, produciendo un montón de notas
discordantes. Un caos absoluto. Cada vez más alto, ensordecedor. Una y
otra vez, hasta que le dolieron las palmas de las manos, le castañetearon
los dientes y el cuerpo le tembló por la sobrecarga sonora. Llegado a ese
punto, golpeó las teclas con más saña, luchando contra el ruido y contra sí
mismo.27
Algo se partió en el interior del piano y el chasquido resultante le corrió por
los dedos y los brazos. Solo entonces permitió que sus manos temblorosas
se apartaran de las teclas. Levantó el pie del pedal y eso amortiguó las
vibraciones residuales de las cuerdas. El doloroso latido de su corazón le
resonaba en los oídos.
Había que afinar el piano.
Ya se preocuparía por eso después. Las tiendas abrirían pronto y él quería ir
de compras. Y por perfume.
15
◍◌◍◌◍
La tintorería cerraba los domingos, pero algo instó a Jungkook a ir. Abrió la
puerta y entró. Después de atravesar la zona de probadores vacía, entró en
el taller. Una vez allí, miró el perchero mecanizado donde se colgaba la
ropa que se lavaba en seco, las paredes llenas de hilos de todos los colores
y las máquinas de coser industriales de color verde.
Ese lugar era el modo de vida de su madre, y se sentía muy orgullosa de ser
la dueña de un negocio tan rentable. Era una de las pocas personas de su
extensa familia que más éxito tenía. En fin, lo habría sido, de no ser por su
padre.
Para él, ese lugar era una cárcel. No quería verse obligado a hacer los
aburridos arreglos, ni tener que tomar medidas, ni lavar ropa en seco.
Quería crear algo desde cero.3
Se acercó al escritorio emplazado al fondo del taller y sacó el cajoncito que
reservaba para sus cuadernos de dibujo. El primero lo sintió frío y familiar
bajo los dedos; y el papel, suave. Se sentó a una de las mesas de trabajo y
abrió el cuaderno por una página en blanco antes de apoyar la punta del
lápiz en el papel.
Normalmente empezaba diseñando el cuello y los hombros de las prendas;
a veces, la cintura, si era la base del diseño. La cara solía ser apenas una
impresión, un perfil, la curva de la barbilla. Las manos y las piernas eran
rápidos trazos, ideas vagas. Ese día, empezó con la cara. Era lo único que le
ocupaba la mente.
Los ojos grandes y bonitos y las largas pestañas. Las cejas pobladas. La
nariz. Los labios tan besables. Cuando terminó, Taehyung lo miraba desde
la página. Había capturado su esencia a la perfección. Sus manos se
conocían todas y cada una de sus curvas.31
El parecido era tal que sintió un nudo en la garganta, y sacó el móvil del
bolsillo en busca de mensajes o de llamadas perdidas.
Nada. Como las otras noventa y nueve veces que lo había mirado ese día.
Taehyung le había dicho que lo acosaría y lo llamaría, y él estaba tan mal
que quería que lo hiciera. Si solo podía ser su obsesión, quería se empleara
a fondo. Cuanto más drama, mejor. Tal vez así no les quedaba más remedio
que volver.13
La pantalla del móvil se apagó y la cruda realidad se abrió paso en su
mente. La obsesión de Taehyung no fue lo bastante fuerte para resistir el
pasado criminal de su familia, sumado al resto de sus inconvenientes. Solo
había sido para practicar y por el sexo.117
El móvil vibró por una alerta de la aplicación de la agencia. Alguien había
contratado sus servicios para el viernes. Por un segundo, creyó que podía
ser Taehyung, y la felicidad más absoluta lo inundó. Aun sabiéndolo todo
de él, seguía queriéndolo. Pulsó la pantalla todo lo rápido que pudo, pero
cuando se cargó la aplicación vio que se trataba de un cliente nuevo. Se le
cayó el alma a los pies.3
Hubo un tiempo en el que le encantaba la variedad que le proporcionaba
su trabajo como acompañante. En ese momento, se le revolvía el estómago
al pensar en tocar a alguien más, mucho menos besarlo o acostarse con él.
Se sentía… emparejado de por vida, como un maldito cisne. Con la
salvedad de que el cisne con quien había elegido emparejarse no le
correspondía.30
¿Por qué iba a corresponderle?
Solo había que ver a toda la gente con la que se había acostado. ¿Qué había
conseguido en la vida? ¿Qué había hecho en realidad? Limpiar un montón
de ropa, nada más. No era nada. Estaba bien para dar una vueltecita, pero
no para llevárselo a casa.
Debería sentirse orgulloso de haber subido la confianza de Taehyung y
haber demostrado que era mejor que su padre, pero era un idiota egoísta y
solo quería tener más de él.
En un futuro bastante cercano, el pelirrubio le daría placer a otro hombre, a
ese cerdo de Bogum, con esa precisión que a él lo volvía loco. Las manos de
Taehyung tocarían otro cuerpo, su boca…
Se cubrió los ojos con las manos y respiró hondo para contener las arcadas.
Si Taehyung iba a follar con otro tipo, él también follaría con otros. Lo haría
en ese preciso instante.116
Hizo ademán de levantarse, pero se quedó parado. Era domingo por la
mañana. No era momento de salir a ligar.
Y, físicamente, era incapaz.
Tocar a otra persona en ese momento lo haría vomitar. O, peor todavía,
haría que comenzara a llorar como un niño pequeño.
Ya le estaba costando la misma vida mantenerse de pie. Le escocían los
ojos, le quemaba la garganta y le dolía todo el cuerpo. Nada de citas. A
menos que la persona en cuestión tuviera los ojos cafés, una sonrisa dulce
y cuadrada, le gustara la economía y emitiera los jadeos más increíbles
mientras lo besaba y…3
Mierda. Se acabó.
Se revolvió el pelo tirando de los mechones con brusquedad e intentó
sacarse la imagen de Taehyung de la cabeza.
Estaba harto de ese trabajo. Llevaba haciéndolo tres interminables años.
Estaba atrapado en ese lugar, atrapado en esa vida, atrapado en una deuda
impagable. Atrapado por el amor. Ese era su problema. Siempre quería
demasiado. Si pudiera arrancarse el corazón y dejar de sentir, sería libre.5
Una especie de locura desatada se apoderó de él mientras miraba el
cuaderno de dibujo.
Mientras se disculpaba mentalmente, arrancó el dibujo del pelirrubio y lo
rompió por la mitad antes de hacerlo pedacitos. Los trozos de papel
flotaron hasta el suelo como las hojas de un árbol seco. Después, abrió el
cuaderno por la primera página.
Las mañanas llenas de luz con Taehyung habían inspirado el traje blanco
de esa página. Era su preferido. Arrancó la hoja y la destruyó. Y el siguiente
diseño, también. Y el siguiente. Todos los diseños. Fue hasta el escritorio,
agarró todos los cuadernos de dibujo y los tiró a la basura.38
Abrió el cajón inferior, donde guardaba los proyectos en los que había
estado trabajando en secreto. Apretó los dientes y desgarró la tela, costura
a costura, prenda a prenda, sueño a sueño.59
Cuando por fin destruyó todo lo que se podía destruir, contempló el
desastre que había en el suelo y que sobresalía del cubo. Había funcionado.
Ya no sentía nada.
Se acercó a la máquina de coser que solía usar, se sentó y examinó el
montón de prendas inacabas que había al lado. Unos pantalones
necesitaban que les remataran el bajo, había vestidos a los que había que
meterles en las costuras y también una chaqueta con un desgarro en el
forro.
Eran prendas que había diseñado otra persona. La visión de otra persona.
Bien podía acabarlas. Tal vez así podía darle a su madre más tiempo libre
esa semana.3
Empezó a coser.
◍ 33 ◍
Minju se había quedado en la tintorería con la abuela, mientras Jungkook
llevaba a su madre al médico para la revisión mensual y la analítica de
sangre.39
El trayecto era corto, pero a él se le hizo eterno porque su madre se lo pasó
con los brazos cruzados por delante del pecho, atravesándolo con la
mirada. Así que puso la música a todo volumen y se concentró en la
carretera.
Al cabo de unos minutos, Yoosun apagó la música.
—Ya no lo soporto más. Te pasas el día como un gato moribundo. No
hablas. Asustas a la clientela. Y trabajas como si te fueras a morir.
Jungkook, dile a mamá lo que está pasando —El pelinegro aferró el volante
con más fuerza.24
—No pasa nada.
—¿Cómo está Taehyung? Dile que venga el sábado. Había mucha fruta en
oferta, así que tenemos bastante —Jungkook guardó silencio—. No soy
tonta. ¿Terminaste con ese muchacho?
—¿Y cómo sabes que no fue al contrario? —Taehyung lo habría dejado en
algún momento. Cuando decidiera que ya había aprendido lo suficiente.7
—Su amor por ti es apasionado, tan claro como el agua. No te dejaría.64
Jungkook apretó los dientes para luchar contra una repentina e inoportuna
emoción. Sabía que Taehyung se sentía atraído por él, pero el único sitio
donde se había mostrado «apasionado» era en la cama.58
—Conocí a sus padres.
—Ah, y, ¿son buenas personas?
—Su padre no me cree lo suficientemente bueno para él —contestó con un
rictus amargo en los labios.
—Claro que no.
Jungkook apartó la mirada de la carretera y la clavó en el perfil de su
madre.
—¿Qué significa eso? —Era su único hijo. Nunca había hablado así de él.
—Eres demasiado orgulloso, como tu padre. Debes mostrarte comprensivo.
Solo quiere lo mejor para su hijo. Es su único hijo, ¿verdad? ¿Cómo crees
que fueron las cosas cuando me casé con tu padre?
—Los abuelos te quieren.
—Sí. Ahora. Pero, al principio, no lo aprobaron. ¿Por qué iban a querer que
su hijo se casara con una chica sin estudios y que, según ellos, no tenía
educación ni modales? Se negaron a asistir a la boda, hasta que tu padre
los amenazó con cortar todos los lazos con ellos. Tuve que esforzarme
mucho para ganármelos. Las cosas no pasan de la noche a la mañana. Pero
valió la pena.7
—No lo sabía —Esa información hizo que contemplara a sus abuelos bajo
una perspectiva nueva y poco favorecedora.
—Jungkook, cuando quieres a alguien, luchas por esa persona con uñas y
dientes. Si te esfuerzas, su padre acabará aceptándote. Si tratas bien a su
hijo, él te querrá.25
—Creo que sería egoísta por mi parte luchar por él. Hay hombres más
adecuados que yo. Más ricos, con mejor educación y más… —Dejó la frase
en el aire mientras su madre se giraba despacio para mirarlo, con los ojos
entrecerrados y expresión asesina.5
—¡Te pareces a tu padre! Si no soportas estar con alguien que tiene más
éxito profesional que tú, déjalo tranquilo. Estará mejor sin ti. Si de verdad
lo quieres, reconoce el valor de ese amor y comprométete. Es lo único que
Taehyung necesita de ti.61
—¿Crees que soy como papá? ¿Me crees capaz de hacer lo que hizo él? —
Las palabras de su madre lo habían arrojado a un lago helado y le habían
paralizado los pulmones. Mierda, que su propia madre pensara así…
—Sé que nunca harías algo así —contestó al mismo tiempo que agitaba la
mano para restarle importancia al asunto—. Él no tiene corazón. Tú sí, y te
lleva en la dirección correcta. Pero crees que necesitas ser mejor y hacerlo
todo por ti mismo. Tu padre y tú tienen ese mismo problema.+
—No, yo no…
—Entonces, ¿por qué sigues trabajando en la tintorería? Y, ¿por qué haces
todos los arreglos que tendría que hacer yo? ¿Crees que esta mujer no es
capaz de hacer una costura derecha? —le preguntó, exasperada.10
—No es eso lo que...
—No puedo seguir más en la casa. Sé que no coso tan rápido como lo hacía,
pero sigo cosiendo bien. Me encuentro mejor. La medicación está
funcionando. Tienes que dejarme salir de casa y tú tienes que dejar de ir a
la tintorería. No quiero verte más por allí, mucho menos si sigues de tan
mal humor. No eres bueno para el negocio.
—Mamá, no puedo dejarte sola y no quieres contratar a alguien ajeno a la
familia.
Era una verdad de la que no podía escapar, pero que había acabado
aceptando como uno de los barrotes de la celda en la que vivía de forma
voluntaria. Porque quería a su madre.
—¿Crees que eres el único de la familia que sabe coser? ¿Cuántos primos
tienes? ¿Y Yoongi? El sábado vino a la tintorería para arreglarse la
cremallera de una chaqueta con la máquina de coser. Sabía lo que hacía y
no le gusta trabajar para su madre. Grita mucho.
Jungkook dio un respingo y se removió en el asiento mientras su cerebro
trataba de asimilar lo que había oído.
—¿Dejarías que atendiera a la clientela? ¿Con todos esos tatuajes? —Su
madre le señaló el brazo en el que se veía el inicio del tatuaje negro por
debajo de la manga de la camiseta.10
—Tú también tienes. No creas que no me he dado cuenta. No sé por qué los
jóvenes de ahora se hacen cosas así —El pelinegro apartó la mano
izquierda del volante para bajar el brazo y quitarlo de su vista.2
—A muchos les gusta.
—¿A mi Taehyung le gusta?66
—Pues sí —Había besado tantas veces el dragón que era probable que a
esas alturas extrañara al pelirrubio tanto como lo hacía él. De repente, se le
ocurrió que Park Bogum seguramente estuviera tan blanco como un bebé
debajo de la ropa. En sus labios apareció una sonrisa satisfecha. Por cierto,
¿desde cuándo se había apropiado su madre de Taehyung?—. No es tan
inocente como crees —añadió, intentando mitigar la desilusión que
acabaría llevándose su madre.31
Ella lo miró de reojo con cara de: «¿Te estás burlando de mí?» y, después, se
giró para mirar los edificios frente a los que pasaban.
—Como si alguien pudiera ser inocente durante mucho tiempo estando con
mi hijo —Suspiro—. Por cierto, quiero tener nietos. Podrían adoptar.46
Jungkook se ahogó por la sorpresa y tosió. No contestó. Su madre dejó el
tema y él ya no quería seguir pensando en Taehyung.2
Después de unos minutos de trayecto, la dejó en la entrada del hospital y él
se alejó para dejar el coche en el estacionamiento subterráneo del
complejo. Su mente era un hervidero de pensamientos mientras subía por
el ascensor y caminaba hacia la sala de espera de oncología para buscarla.
Su madre le había dicho que el corazón lo guiaba en la dirección correcta y
que no lo creía capaz de hacer lo que su padre había hecho. Quería que
luchara por Taehyung. Creía que el amor bastaba. Pero el amor no bastaba
si solo lo sentía uno.60
Su recepcionista preferida, Haseul, le hizo un gesto en cuanto lo vio.8
—Tu madre ya entró. Antes de que vayas a buscarla, necesito que firmes
unos documentos —Jungkook se acercó al mostrador de recepción con un
mal presentimiento. En su experiencia, el papeleo no era nada bueno. Las
facturas eran papeles—. Ya que tienes un poder notarial, firma aquí y aquí
—le dijo la chica.
Miró los papeles con el ceño fruncido. No parecían documentos médicos en
absoluto.
—¿Qué es esto?
—La fundación acababa de comenzar un programa de ayudas para los
enfermos que no están plenamente cubiertos por su seguro médico y a los
que se les denegó la ayuda federal o estatal por distintos motivos. Tu
madre fue una de las pocas afortunadas elegidas para cubrir todos sus
gastos. Es un gran alivio, ¿verdad?110
Jungkook agarró los papeles y empezó a leer la letra diminuta tan rápido
como pudo. Cuanto más leía, más pasmado se quedaba. La incredulidad le
estaba provocando un hormigueo en la piel.
—¿Esto es real? ¿Todos los gastos están cubiertos?15
—De verdad de la buena. Solo tienes que firmar, Jungkook.
La mirada de Haseul era cariñosa y comprensiva, y él no supo cómo
reaccionar. Era demasiado bueno para ser verdad.
No más facturas médicas. No más facturas. Adiós a las facturas. ¿Sería
posible? Él nunca había tenido ese tipo de suerte. Siempre le pasaban
cosas malas. La vida para él consistía en seguir hacia delante pese a los
puñetazos que recibía. Seguro que era un fraude.10
—¿Cómo nos seleccionaron? —Apenas si oía su voz por culpa de los
desesperados latidos del corazón. La chica negó con una sonrisa.6
—Desconozco los detalles del proceso de selección, pero el programa ya
hizo felices hoy a unas cuantas familias. Es oficial y está en marcha —Le dio
un apretón en la mano antes de ofrecerle un bolígrafo con una margarita
de plástico en el extremo.12
Leyó los documentos una vez más y se detuvo en expresiones como
«existencia de dificultades económicas» y «cobertura médica completa». No
había nada que hiciera saltar las alarmas, no había exigencia de pagos, ni
contingencias, ni cláusulas confusas. Era legal. El instinto le decía que era
legal.3
Colocó la punta del bolígrafo en el lugar donde tenía que firmar, resaltado
en amarillo.
—¿Cómo se financia este programa? —quiso saber.
—Es financiación privada. Ya conoces la Fundación y todas las
organizaciones filantrópicas que se mueven alrededor. Vamos, fírmalo. Me
estás poniendo nerviosa.
El corazón dejó de latirle tan rápido, la mano dejó de temblarle y, por fin,
firmó en la zona resaltada de las distintas páginas, llenas de verborrea
legal. Haseul recogió todos los papeles, entró en su oficina para llenarle un
vaso de agua y se lo ofreció.
—Bebe. Tienes mala cara. Y ahora ve a buscar a tu madre y dale las noticias.
Está en la sala de reconocimiento.7
Jungkook se bebió el agua y entró en la sala de reconocimiento,
dirigiéndose a la segunda habitación desde el fondo. Su madre estaba
acostada en la camilla, y una serie de cables salían de debajo de su jersey
mientras le realizaban un electrocardiograma. Había un enfermero
controlando los resultados y anotando algo en un portapapeles, tras lo cual
ayudó a su madre a incorporarse y le quitó los sensores del pecho.
—¿Cómo está? —le preguntó Jungkook mientras ella se sentaba.
—La doctora hablará con ustedes en cuanto venga —contestó el enfermero
con una sonrisa, recogió sus papeles y se marchó.
—Van ser buenas noticias —Su madre se alisó el jersey lila de cachemira
que conjuntaba con los pantalones blancos que llevaba—. Mamá se siente
bien.4
Eso sería tener demasiadas buenas noticias en el mismo día, pero su madre
tenía buen color de cara y las ojeras ya no eran tan oscuras.2
—¿Subiste de peso? —le preguntó.
—Un kilo y medio.
La respuesta alivió en parte la tensión que se había apoderado del cuerpo
de Jungkook.
—Genial.
—Deja de preocuparte y confía en mí.
Alguien llamó a la puerta y entró la doctora de su madre. Una mujer
voluptuosa con el pelo claro hasta los hombros y una actitud que
tranquilizaba de inmediato a todo aquel con el que hablara.
—Bueno, tenemos buenas noticias. Jungkook, tu madre va fenomenal —
dijo con una sonrisa antes de mirar a Yoosun—. Las últimas pruebas dan un
resultado estable, así que vamos a espaciarlas un poco más. Las dosis
seguirán siendo las mismas, y la analítica de sangre seguirá siendo
mensual. Por supuesto, si hay algún cambio, queremos verte de inmediato,
pero no lo veo probable.27
—Dígale a mi hijo que no pasa nada si trabajo un poco más. Sus hermanas y
él intentan mantenerme encerrada en casa —La doctora miró a Jungkook
con una sonrisa comprensiva.
—Si tu madre quiere trabajar, que trabaje. Mantenerse activo es saludable,
tanto desde el punto de vista físico como mental —El pelinegro cruzó los
brazos por delante del pecho.
—A lo mejor, en vez de trabajar, podría empezar a salir con hombres.
—Ah, no, no, no y no. Se acabaron los hombres para mí —Su madre movió
las manos con énfasis y meneó la cabeza—. Ni uno más.2
—Tu hijo tiene razón —La doctora levantó las cejas con gesto pensativo—.
Podrías empezar a salir, Yoosun. Puede ser divertido.3
Su madre lo miró, enfadada, y Jungkook no pudo evitar soltar una
carcajada.
Poco después, salieron de la sala de reconocimiento y pasaron por delante
del mostrador de recepción. Haseul les sonrió con afecto y su madre la
miró con gesto distraído.
—¿Está en shock? —quiso saber Haseul. Yoosun frunció el ceño.
—Quiere que me busque novio. ¡Yo! A mis casi sesenta años.5
—Nunca es tarde para encontrar el verdadero amor, señora Jeon.
—Bah. Yo solo quiero trabajar. El dinero es mejor que los hombres. Quiero
un bolso de Hermès.113
—Bueno, tal vez ahora te lo puedes permitir —comentó Haseul con una
sonrisa de oreja a oreja.
Jungkook instó a su madre a salir antes de tener que explicarle por qué
podía permitírselo. Cuando entraron en el coche y salió del
estacionamiento al sol del exterior, deseó poder hablarle del programa de
ayudas; pero si lo hacía, tendría que confesarle las mentiras que le había
contado sobre el fantástico, pero inexistente, seguro médico del que
disfrutaba y que había sido él quien se había estado haciendo cargo de las
facturas médicas todo ese tiempo.17
El único que podría entenderlo sería Taehyung, pero se había ido. No, tenía
que guardarse las noticias para él solo.
20
◍◌◍◌◍
Taehyung apoyó la frente en una mano y repasó metódicamente los rasgos
de su carácter que asociaba a su trastorno: hipersensibilidad sensorial, ya
fuera al sonido, al tacto o al olor; necesidad de establecer rutinas; torpeza a
la hora de manejarse en sociedad; tendencia a la obsesión.3
A lo largo de la última semana había trabajado en todas ellas salvo en las
dos últimas. No sabía cómo enfrentarse a ellas. Podía escuchar música
horrible mientras trabajaba, ponerse perfume, descoser las costuras
francesas de las camisas y destrozar sus rutinas, pero no podía ponerse a
hablar con la gente de repente, y tampoco podía dejar de obsesionarse con
algo que le encantara.5
Su mente siguió girando y girando, mientras trataba de encontrar la
solución a su problema. Aunque lo de hablar no se le daba bien, había
mejorado mucho con los años. Si se concentraba y pensaba todo lo que
decía, era capaz de relacionarse con la gente sin incomodar a nadie… más
o menos. Así que solo quedaba la obsesión.1
¿Cómo no obsesionarse por algo maravilloso? ¿Cómo era posible que algo
gustara hasta un punto razonable? Siendo realista, debía admitir que en su
caso era un imposible. No podía gustarle algo a medias. Lo había
intentando con Jungkook y había sido un estrepitoso fracaso. ¿Eso
significaba que tenía que abstenerse por completo de todas las cosas con
las que disfrutaba?
Suponía que podía dejar el piano, las películas de artes marciales y el
anime. Pero, ¿qué hacía con su pasión más importante?2
La econometría.
Dejarla sería la mejor muestra de su compromiso. El trabajo era una parte
esencial de su vida y, si renunciaba a él, todo cambiaría. Sería una nueva
persona.36
Dejó las gafas sobre la mesa y se tapó los ojos con una mano, para dejar de
prestarles atención a las cifras del monitor. Su mente estaba demasiado
saturada como para concentrarse. Si era incapaz de hacer su trabajo,
debería renunciar.
Tal vez debería dedicarse a hacer algo más beneficioso para la sociedad.
Algo en el campo de la medicina. Podría ser médico si se lo proponía. No le
gustaba la fisiología ni la química, pero, ¿qué más daba eso? La mayoría de
los médicos seguro que se concentraban en el resultado final de su labor en
vez de en la realidad diaria de su trabajo. La verdad fuera dicha, era mejor
que el trabajo lo aburriera. Así no se obsesionaría con él.3
Eso era. Tenía que renunciar a su trabajo.73
Con dedos tensos y una determinación vehemente, empezó a redactar una
carta para su jefe.4
Querido Namjoon:43
Gracias por estos cinco años. Formar parte de tu equipo ha sido una
experiencia muy valiosa. Aprecio en gran medida la oportunidad no solo de
haber analizado datos económicos reales y fascinantes, sino también de
haber provocado cambios sustanciales en la economía mediante la
aplicación de los principios de la econometría. Sin embargo, debo irme
porque5
Porque ¿qué? Namjoon no entendería ninguna de las razones que le
pasaban por la cabeza. Era economista. Solo le importaba la economía.
Si le decía que era autista, le daría igual. Porque no afectaba de forma
negativa a su eficacia como econometrista. Al contrario, su tendencia
obsesiva a concentrarse de forma excesiva durante largos periodos de
tiempo, su amor por la rutina y por los sistemas y su mente
extremadamente lógica e incapaz de comprender una conversación
informal lo convertían en un buen econometrista.1
Era una pena que esas cualidades lo hicieran antipático.2
Alguien llamó con suavidad a la puerta, y miró el reloj antes de girar para
ver quién era. Somin entró puntual en su despacho. Se apresuró a
minimizar el documento con la carta de renuncia y se puso en pie para
recibir a su candidata.
Somin sonrió y, aunque le temblaban los labios por los nervios, el gesto le
recordó tanto a Jungkook que le dio un vuelco el corazón. Reaccionó un
poco tarde y la saludó con un apretón de manos.
—Me alegro mucho de verte. Por favor, siéntate.
La chica se pasó las manos por la falda del traje negro y se sentó. Golpeó el
suelo con las puntas de los pies varias veces antes de cruzar las piernas a la
altura de los tobillos.
—Yo también me alegro de verte, Taehyung.
Durante el incómodo silencio que siguió a su saludo, Taehyung se rascó el
cuello con gesto distraído. Las costuras abiertas de la camisa eran como
filas de hormigas moviéndose sobre su piel.
—¿Cómo estás? —le preguntó en un intento por distraerse del picor.
—¿Yo? Mmm… pues bien —Somin se había dejado el pelo suelto y se colocó
un largo mechón oscuro detrás de una oreja mientras clavaba la vista en la
carpeta de cuero que había dejado sobre la mesa del pelirrubio—.
Jungkook es el que no está bien.
Taehyung sintió una opresión en el pecho y un hormigueo en la cara.
—¿Por qué? ¿Qué sucedió? ¿Tu madre está bien?
—Mi madre está bien. No te preocupes —le contestó Somin al mismo
tiempo que hacía gestos con las manos para tranquilizarlo—. Bueno, está
molesta con Jungkook. Quiere que deje de ir a la tintorería, pero no le hace
caso. Además, últimamente está de un humor que no hay quién lo aguante
y no para de trabajar. Es como si estuviera poseído. Todas estamos
preocupadas y enfadadas.
—No… no entiendo por qué no es feliz —Era imposible que estuviera triste
por el mismo motivo que lo estaba él. La desesperanza se sumó a las
incómodas rozaduras de las costuras abiertas sobre la piel, y deseó poder
arrancarse la camisa.
—Es por ti. Te extraña.2
Taehyung negó con la cabeza. Eso era imposible. Oír en voz alta su mayor
deseo lo llenó de una amargura que rayaba en la ira.20
—¿Qué te parece si empezamos con la entrevista? —Agarró los documentos
que había preparado y se los dio a Somin. En vez de mirarlos, la chica los
colocó encima de su carpeta.
—¿Por qué terminaron?
Porque, para empezar, nunca estuvieron juntos. Porque solo había sido un
caso de caridad para Jungkook.5
Taehyung trató de disimular las lágrimas que le nublaban la visión
buscando algo en el cajón archivador. Tras parpadear con rapidez varias
veces, el peligro de comenzar a llorar pasó. Tragó saliva y carraspeó antes
de hablar.
—Eso no es relevante para la entrevista. Te daré cinco minutos para que
leas esos documentos y estudies el caso, y luego hablaremos.
—Creo que necesitan hablar.
—Tuvimos una larga conversación —Una que no quería repetir. Si volvía a
oírlo decir que no era suficiente, se desmoronaría.1
—Bueno —dijo ella—, estar separados es evidente que no funciona para
ninguno de los dos. Necesitan hablar otra vez.
Taehyung se frotó la sien, aspiró el perfume que se había puesto en la
muñeca y sintió que se le subía el almuerzo a la garganta. Se apartó la
mano de la cara y respiró varias veces por la boca.
—No puedo.
—Vamos, Taehyung. Sé que debió de meter la pata de alguna manera, pero
dale otra oportunidad. Está loco por ti.
—No fue Jungkook quien metió la pata. Fui yo —Había metido la pata al ser
él mismo.35
—Me cuesta mucho creerte. A Jungkook se le dan fatal las relaciones. Tiene
problemas.1
Eso sorprendió a Taehyung. El de los problemas era él. ¿No?
—¿Qué tipo de problemas?
—¿Estás bromeando? ¿No te lo contó? —Somin puso los ojos en blanco y
murmuró algo antes de añadir—: Mi padre hizo que se sintiera fatal por
rechazar todas las universidades que lo aceptaron para estudiar alguna
ingeniería. Dijo que Jungkook no llegaría a ningún lado, que sería pobre y
que tendría que ganarse la vida con su cara bonita porque no servía para
otra cosa. Dejó de mantenerlo y lo obligó a pagarse sus estudios de Diseño
de Moda. Jungkook tiene muchísimo talento y demuestra una actitud
segura. Pero tú eres el primero con el que ha salido que de verdad es bueno
para él.14
Una vez que Taehyung asimiló esa información y la guardó para analizarla
más tarde, se obligó a sonreír.1
—Bonito comentario. Te lo agradezco.2
—Por Dios, ¿tú también? Está claro que son tal para cual. Bueno, en ese
caso, mi motivo para venir a verte fracasó. Me voy —Somin hizo ademán de
ponerse en pie.5
—¿No quieres hacer la entrevista? —La chica se colocó el mechón de pelo
otra vez detrás de la oreja.
—¿No sería favoritismo al conocernos? —Taehyung sonrió.
—Tendrás que hablar con seis personas y la decisión de contratarte debe
ser unánime. Creo que eso debería eliminar tu preocupación de que puedas
tener un trato de favor. Además, aunque no te contratemos, creo que
podrás aprender algo si te sometes al proceso. Lee los documentos que te
di, ¿sí?
—Bien —Somin se encorvó sobre los papeles y los leyó con una expresión
concentrada que hizo que le recordara mucho a su hermano.
Somin fue superando preguntas según avanzaba la entrevista e incluso
demostró esa capacidad resolutiva tan fuera de lo común que la ayudaría
en el futuro. Aunque hubiera sufrido un bache durante el primer año de
universidad, era evidente que lo había superado y que tenía ganas de
progresar.
—Una última pregunta —dijo Taehyung—. Dime por qué estás interesada
en hacerte un futuro profesional en el ámbito de la economía y de las
matemáticas, y no en otros —Los ojos de la chica relucieron mientras se
inclinaba hacia delante.
—Muy sencillo. Las matemáticas son lo más elegante del universo, y la
economía es lo que mueve el mundo. Si se quiere entender a la gente desde
un punto de vista sofisticado, creo que la economía es la herramienta.12
—Pero, ¿por qué quieres entender mejor a la gente? Tienes una familia
numerosa y muchos amigos, supongo.
—Tengo muchos amigos y familiares —Se encogió de hombros—. Pero solo
son una minúscula parte de la sociedad, no conforman un mercado ni una
nación. Y, la verdad, no son tan interesantes. No me fascinan. No van a
provocar una crisis mundial. Daría mi vida por ellos, pero no puedo vivir por
ellos. Al contrario que por la economía. Es mi vocación, de la misma
manera que es la tuya.20
Con los ojos brillantes y emocionado por razones que no alcanzaba a
entender, Taehyung se puso de pie e intercambió un apretón de manos con
Somin.
—Creo que les vas a gustar a todos.
Somin sonrió, y Taehyung la acompañó hasta la siguiente entrevista y le
deseó suerte. Cuando regresó a su despacho, clavó la vista en la ultima
frase de su carta de renuncia: «Sin embargo, debo irme porque…»
¿Por qué estaba pensando en abandonar su vocación? Por Jungkook. Por
un hombre.40
Se pasó las manos por la cabeza, alborotando los mechones. No tenía
sentido intentar seducir a un hombre que no lo quería tal como era. Nadie
saldría beneficiado, mucho menos él. Era injusto y deshonesto. Él no era
así.2
La cruzada para arreglarse llegaba a su fin. No había nada roto en su
interior. Simplemente, veía e interactuaba con el mundo de una forma
distinta, pero así era él.31
Podía cambiar su forma de actuar, también podía cambiar sus palabras o
cambiar su aspecto físico, pero no podía cambiar quien era. En el fondo,
siempre sería autista. La gente lo llamaba «trastorno», pero a él no le
parecía tal. Para él, solo era su forma de ser.1
Y tenía que aceptar que Jungkook no lo quería, simple y llanamente.62
Cambiar para que lo quisiera era una ridiculez. Dejar su trabajo era una
ridiculez, y no lo haría. Apretó los dientes y cerró el documento con la carta
de renuncia sin guardarlo.4
Recogió sus cosas y se preparó para salir temprano. Necesitaba quitarse
esa camisa destrozada y ducharse para no oler a perfume. El
comportamiento que había demostrado durante las pasadas semanas lo
asqueaba.
Sí, estaba solo. Sí, tenía el corazón destrozado. Pero al menos se tenía a sí
mismo.
◍ 34 ◍
El tintineo de la campanilla de la puerta le advirtió a Jungkook que alguien
había entrado. Levantó la vista de la costura a tiempo para ver a Somin
entrar como un torbellino en el taller.43
—¡Tengo una oferta!
—¡Oye, qué bien! —felicitó Jungkook al tiempo que dejaba la costura a un
lado. Su madre gritó y corrió a abrazar a su hermana.
—Mamá está muy orgullosa. Buen trabajo.9
—Ni siquiera sabía que tenías una entrevista de trabajo —comentó el
pelinegro—. ¿Qué empresa es?
Un brillo beligerante iluminó los ojos de Somin mientras su madre le daba
unas palmaditas en la cabeza antes de volver a su máquina de coser.
—La empresa de Taehyung.16
El silencio fue ensordecedor.1
—¿Cómo?
—Le pedí que me ayudara a encontrar una empresa donde ofrecieran
contratos de prácticas y lo hizo. Empiezo dentro de unas semanas. Estoy
muy emocionada —Se puso a bailar de felicidad con una sonrisa de oreja a
oreja.1
—¿Taehyung te consiguió trabajo? —Debía de haber oído mal. Era
imposible que Taehyung le hubiera buscado trabajo a su hermana.52
—No me dijiste nunca que trabajaba para esa gran empresa. Hasta mis
profesores me envidian por haber conseguido entrar. Si les gustas, te
conceden una beca de investigación hasta el posdoctorado. Así que ya lo
tengo, si no meto la pata.
—Tienes que llamarlo para darle las gracias, Jungkook —le dijo su madre
con voz seria—. Esto es un gran favor.17
¿Eso hacía la gente cuando sus ex les conseguían trabajo a sus hermanos?37
Un momento. Era imposible que hubiera un precedente. Los ex no hacían
eso. Solo Taehyung. ¿Cómo iba a dejar de quererlo cuando hacía cosas
así?14
—En mi defensa, debo decir que fue pan comido —Somin alzó el mentón
orgullosa y se sopló las uñas—. Hablé con sus seis superiores, todos
econometristas, y la decisión para ofrecer un puesto a alguien tiene que ser
unánime.
Jungkook comprendió que Somin había visto al pelirrubio. Hacía poco
tiempo. Se le aceleró el corazón. Tenía que saberlo.
—¿Cómo está? —La mirada de la chica se endureció al oír la pregunta.
—Bien. La verdad es que tiene muy buen aspecto.
—Me… me alegro.
Aunque no se alegraba. Se sentía fatal. Debería alegrarse de que le fuera
bien, pero no era así. Quería que estuviera triste sin él, tan triste como él lo
estaba sin Taehyung. Había pasado página entonces. Mierda, una puñalada
en el costado sería mejor que eso.46
—Sí, yo también me alegro. Es bueno —replicó Somin.
Su madre la regañó con la mirada, pero la chica se limitó a cruzar los brazos
por delante del pecho y a levantar la barbilla. El pelinegro se levantó de la
máquina de coser.2
—Ya que estás aquí, yo me voy temprano —anunció Jungkook.
Se metió en el coche sin un destino concreto en mente. Lo único que tenía
claro era que tenía que salir de la tintorería.
Somin empezaría en su primer trabajo pronto. La salud de su madre era lo
bastante buena como para que empezara a salir con hombres. Taehyung
estaba pasando página.
Todo el mundo avanzaba menos él.14
¿Qué lo frenaba? Las facturas habían desaparecido y ya no necesitaba
trabajar como acompañante. Su madre quería que dejara de trabajar en el
negocio familiar. Todos los barrotes de la celda habían desaparecido, pero
seguía sentado en el mismo sitio, asustado por la idea de moverse.
Tal vez había llegado el momento de cambiar eso.+
Detuvo el coche en el estacionamiento de un restaurante especializado en
platos con fideos. El tintineo de la campanilla de la puerta anunció su
llegada. Yoongi estaba limpiando mesas con un paño húmedo y colocando
los platos sucios en los contenedores de plástico que llevaba en un carro de
servicio. La hora punta del almuerzo había pasado, y era el único en el
comedor del restaurante de sus padres, si no se contaba a los peces que
vivían en el acuario que cubría la pared del fondo desde el suelo hasta el
techo.
Yoongi miró de reojo al pelinegro, se detuvo un instante para observarlo y
soltó un suspiro pesaroso.
—Estás hecho un desastre.
—No duermo mucho últimamente —Se frotó la nuca.
Después de haber compartido la cama con Taehyung durante tanto
tiempo, le estaba costando trabajo acostumbrase a dormir solo otra vez. Y
cuando se dormía, soñaba con él… y se corría en las sábanas. Eso le
recordó que tenía que poner la lavadora… otra vez.78
—Hace mucho que no te veo. ¿Cómo van las cosas con tu chico? —
Jungkook se metió las manos en los bolsillos.
—Terminamos.
El brazo tatuado de Yoongi se detuvo con el paño húmedo, aunque no
había acabado de limpiar la mesa.6
—¿Por qué?
—No funcionaba.
—¿Por qué no, mierda?41
—A ver, vine para pedirte consejo sobre otro tema —El pelimenta levantó
las cejas.
—Así que por eso tienes tan mala cara. ¿Qué hiciste para que te mandara a
volar? No sé, ¿intentaste pedirle perdón, por ejemplo? ¿Enviarle flores?
¿Ositos de peluche? ¿Bombones? Sé que no es una chica pero… no debe
ser tan diferente, ¿no?3
—Fui yo quien terminó —Su primo arrojó el trapo húmedo a la mesa.
—Mierda, amigo. ¿Por qué?32
Jungkook se pasó una mano por el pelo y torció el gesto cuando sintió que
el puñal que llevaba en las costillas se retorcía.
Porque no era lo bastante bueno para él. Y aunque lo fuera, Taehyung no lo
quería. Había pasado página.50
Yoongi soltó el aire de golpe al ver la reacción de Jungkook. Prefirió no
seguir con el tema.2
—En fin, ¿con qué necesitas ayuda? ¿Pensaste en comprarte una moto por
fin?
—No, nada de motos. Quiero… quiero buscar un sustituto para la tintorería
—Decirlo en voz alta lo hizo sudar.
—Y me lo estás contando porque…
—Porque tú sabes coser, y… —Miró de reojo hacia la puerta de vaivén de la
cocina y bajó la voz para añadir—: Porque odias trabajar para tu madre,
pero te llevas bien con la mía. Y lo más importante: porque confío en ti. No
me puedo ir si mi madre no está en buenas manos.5
—¿Qué planeas hacer? ¿Vas a volver a Seúl?
—No, me quedaré aquí. Necesito estar cerca, aunque no trabaje en el
negocio familiar, ¿lo entiendes? Estoy pensando en diseñar mi propia línea
de ropa.83
Había sido su sueño desde siempre, pero se había visto obligado a
abandonarlo. Durante todo ese tiempo, las ideas y los conceptos habían
ido creciendo en su mente, haciéndose cada vez más grandes y más
difíciles de reprimir, pero a esas alturas…
—Ya era hora —Yoongi le dio un puñetazo en un hombro con una sonrisa.
—Entonces, ¿lo harás? ¿Trabajarás en la tintorería? —El pelimenta lo miró
con una mueca rara antes de hablar.
—Si lo necesitas, puedo hacerlo de forma temporal, pero no permanente.
Los arreglos me aburren. Pero Haeyoon está buscando trabajo y le gusta
coser. Mientras pueda llevar al niño, podría encargarse ella.4
Jungkook sintió que un alivio inmenso se adueñaba de su cuerpo.
—Me parece perfecto.
—Deberías haberlo dicho mucho antes. Siempre hay alguien en la familia
que necesita trabajo. Nadie entiende por qué te quedaste tanto tiempo en
la tintorería. Es evidente que lo detestas. No estás solo, lo sabes. La familia
te apoya.13
Mientras Jungkook contemplaba la expresión seria de su primo, se dio
cuenta de que jamás se le había pasado por la cabeza pedir ayuda hasta
ese momento. El problema con sus padres y la salud de su madre habían
sido su cruz personal.
¿Por qué había actuado así? ¿Porque se sentía culpable por haberse ido a
Seúl? A lo mejor sentía que debía expiar su egoísmo. O tal vez, igual que su
padre, era demasiado orgulloso.
—Tienes razón. Debería haber dicho algo mucho antes —Un tropel de ideas
llegó a su cabeza—. En realidad, podrías ayudarme con el diseño de mi
línea de ropa. Soy diseñador, no empresario, y sé que estás estudiando
Ciencias Empresariales…
Yoongi cruzó los brazos por delante del pecho y lo miró con mucha
seriedad.
—¿Me estás pidiendo que seamos socios? —El pelinegro le devolvió la
mirada seria.
—Si. Creo que sí. Al cincuenta por ciento —Su primo siguió limpiando
mesas.
—Tengo que pensarlo.
—Claro. Sí. Te mandaré los diseños.
—No hace falta que lo hagas —replicó Yoongi sin abandonar el trabajo.
—Ah, pues bien —Jungkook retrocedió un paso, un poco inseguro. A lo
mejor no debería haberle pedido eso a su primo. En el pasado habían
hablado sobre ser socios, pero tal vez eran solo eso, palabras.
—Jungkook —lo miró con gesto impaciente—, sé de lo que eres capaz de
hacer.
Jungkook soltó el aire que había estado reteniendo en los pulmones y pasó
de preocuparse por la desconfianza de su primo a preocuparse por la
posibilidad de que tuviera demasiada confianza.4
—Claro, redactaremos los documentos que hagan falta, contratos y demás,
para que no acabes jodido como acabó mi madre con mi padre —El
pelimenta puso los ojos en blanco mientras se enderezaba.
—¿Qué te parece un apretón de manos? —Le tendió la mano. Los ojos de
Jungkook volaron de su cara a su mano varias veces.
—¿Para qué? ¿Ya te decidiste? ¿Así de repente? Ni siquiera han pasado dos
minutos.3
—¿Quieres hacerlo o no?
Fue incapaz de contener la sonrisa mientras le daba un firme apretón a
Yoongi en la mano. Parecía que todos confiaban en él, menos él mismo.9
—Sí, lo haremos. Al cincuenta por ciento.
En vez de soltarlo, Yoongi tiró de él para darle un abrazo.
—Eres un mocoso, lo sabes, ¿verdad? Llevo mucho tiempo esperando a que
me lo pidas. Te costó mucho, ¿eh? —Confesó en una carcajada.
◍ 35 ◍
Taehyung se detuvo delante del despacho de Bogum, respiró hondo y
llamó. El castaño estaba de espaldas a la puerta, mirando los monitores, y
se giró al oírlo. En cuanto lo reconoció a través del cristal, se levantó para
abrir la puerta.41
—Hola, Taehyung —Sonrió, pero lo miraba con expresión cautelosa.
—Me voy ya. ¿Quieres ir a cenar conmigo?126
Lo último que quería era aguantar a Bogum, pero les había dicho a sus
padres que lo consideraría como opción y se tomaba sus promesas muy en
serio. A sus padres les gustaba. Tal vez a él también le terminaba gustando.
Además, estaba seguro al cien por cien de que no era el tipo de hombre que
estaría con él por lástima. Eso era importante.27
—Me encantaría —La sonrisa del castaño se volvió deslumbrante—. Dame
un segundo para guardar mi trabajo.10
Mientras recorrían las bien iluminadas aceras de camino al restaurante,
Bogum le colocó una mano en la base de la espalda. Aunque Taehyung
intentó pasarlo por alto, acabó aumentando la distancia entre ellos al cabo
de unos minutos. Apretó los dedos en torno a la correa del maletín.
—No estoy listo para eso —El castaño apartó la mano.
—Veo que sigues pensando en él.22
—Estoy intentando olvidarlo —Esa semana le había dado permiso al ama
de llaves para que lavara las sábanas. Ya no olería más a Jungkook.39
—Taehyung, se acostó con mi madre. Eso debería ayudarte a olvidarlo
rápidamente.46
El pelirrubio miró el perfil de Bogum con el ceño fruncido.
—Tú te acostaste con la recepcionista.48
—Ella no es… vieja.
—Tu madre tampoco lo es —Lo vio poner los ojos en blanco—. Por cierto,
no intentes nada con la chica nueva, te lo advierto. Prácticamente es una
niña. Además, es hermana de Jungkook.5
—¿Jeon Somin? ¿Esa linda chica es su hermana?
—Era la mejor candidata.
—Lo era —admitió a regañadientes—. Entendía a la perfección el análisis de
la regresión y la estadística. No puedo creer que sea su hermana.
Ya sentados en el restaurante, Bogum siguió murmurando sobre Somin.
—Bogum, hace solo tres años estaba en el instituto.
—¿Y?17
Taehyung soltó el aire, exasperado. Prefirió cambiar de tema antes de
comenzar a señalar lo hipócrita que era.
—Hablemos sobre pasatiempos. ¿Tienes alguno? ¿Cuáles son? —Eso
pareció alegrarlo al instante.6
—Me tomo muy en serio el golf. Además, no se me da mal. Y me gusta ir al
gimnasio.3
Taehyung bebió un sorbo de agua y recorrió con la mirada el elegante
interior del restaurante. Esperó a que le preguntara por sus pasatiempos.
Lo vio tamborilear con los dedos sobre la mesa, al ritmo de la música que
sonaba por los altavoces. Después, bebió más agua.
—Alterno entre natación y salir a correr —añadió el castaño.
—¿No te gustan las artes marciales?14
—En la universidad tomé unas clases de esgrima, pero me pareció ridículo
hoy en día.3
Eso significaba que Jungkook seguramente pudiera darle una paliza si se
enfrentaban. Le encantaría ver algo así.104
—A mí me gustan las películas de artes marciales —dijo.
—No va para nada contigo. Yo soy más de documentales.
Mientras Bogum parloteaba sobre el último documental que había visto,
Taehyung dejó que su mente vagara. Se descubrió imaginando una nueva
versión de la noche de la gala benéfica. En la suya, Jungkook no terminaba
con él. En cambio, le confesaba que estaba irremediablemente enamorado
de él. Furioso hasta un punto rayano en la locura, Bogum lo retaba a duelo
y ambos se enfrentaban junto a la piscina. Como no tenían sables a mano,
usaban palos de golf.118
Bogum interpretó como un aliciente que el pelirrubio sonriera a causa de
sus fantasiosos pensamientos, y comenzó a animarse cada vez más
mientras hablaba de su fascinación por los documentales de denuncia y de
crítica política.47
Taehyung se preguntó cómo sería un duelo entre un artista de kendo y un
esgrimista. Seguramente sería muy gracioso si usaban hierros y putters,
suponiendo que tuvieran suficiente control como para no matarse a
golpes.
Deberían poner alguna escena así en una serie. La vería mil veces. El
protagonista ni siquiera tenía que ganar. Solo tenía que luchar por su chico
para conseguirlo. Si perdía, él le daría un beso de consolación.18
Cuando salieron del restaurante a la concurrida acera, Bogum sonrió y le
tomó una mano.
—Taehyung, creo que nos entendemos muy bien. Deberíamos repetirlo —
Sonrió y se inclinó hacia el pelirrubio para besarlo.
106
◍◌◍◌◍
Mientras se dirigía con Yoongi hacia su restaurante de barbacoa coreano
preferido, Jungkook no pudo evitar buscar a Taehyung entre la multitud
que caminaba por las aceras. Su casa estaba a un par de manzanas de allí.
Aunque era poco probable que hubiera salido de compras tan tarde, era
posible.
De todas formas, no estaba preparado cuando lo vio salir de un restaurante
de comida italiana al otro lado de la calle. Tenía el cabello peinado al estilo
clásico como era habitual e iba vestido como de costumbre: camisa blanca,
pantalones holgados y zapatos Brogue. Su Taehyung, su inteligente, dulce
y…45
¿Ese era Park Bogum? ¿Y estaba a punto de besarlo?4
Lo vio todo rojo. Sus músculos se tensaron y se abalanzó hacia delante. Sin
embargo, el firme agarre de Yoongi lo detuvo.18
—Tranquilo, Kook.5
Antes de que los labios de Bogum pudieran tocarlo, Taehyung giró la cara y
retrocedió un paso. Se zafó de la mano que lo agarraba y dijo algo que
Jungkook no pudo oír a esa distancia, pero que estaba claro que era una
negativa.
En vez de tomárselo como un hombre maduro, Bogum se acercó al
pelirrubio con ademanes agresivos.57
—Bien, se lo ganó —dijo Yoongi al mismo tiempo que soltaba al
pelinegro.211
Jungkook atravesó la calle sin ser consciente de haber dado un solo paso.
Ni siquiera se percató de que hubiera coches. Tal vez incluso pasó entre
ellos. Antes de que ese idiota pudiera rozar con sus sucios labios la mejilla
de Taehyung, lo apartó de él y le asestó un puñetazo en un ojo.113
Mientras Bogum trastabillaba hacia atrás, Jungkook estrechó entre sus
brazos a un atónito Taehyung. Bajo la furia que latía en su corazón,
experimentó una sensación de bienestar. La presencia de Taehyung, su
olor… Era suyo.43
—¿Estás bien? —susurró. El pelirrubio parpadeó, sorprendido.
—¿Acabas de darle un puñetazo en un ojo?11
—Ese cerdo estaba a punto de besarte en contra de tu voluntad. Otra vez.
Nadie puede obligarte a hacer algo que no quieras. Nadie.34
Bogum apartó la mano del ojo, que ya empezaba a hinchársele, y lo señaló
con un dedo acusador.
—Esto es una cita, imbécil. No lo obligué a nada.
Taehyung se alejó de Jungkook y aferró con fuerza la correa del maletín.
—Me voy a casa. Solo. Buenas noches.
—Taehyung, espera...1
Bogum intentó seguirlo, pero Jungkook se interpuso en su camino.
—Ya lo oíste. Se va a casa solo.
Al ver que el castaño quería insistir, Yoongi se colocó junto al pelinegro. Su
pose era relajada, con los brazos al lado del cuerpo, pero se notaba que
estaba preparado para ejercer la violencia y lo miraba con frialdad.88
—¿Algún problema?2
Bogum contempló la barricada conformada por Jungkook y Yoongi, y
retrocedió. Movió los labios como si quisiera hablar, pero al final apretó los
dientes y, tras mirar con deseo hacia el lugar por el que se había alejado el
pelirrubio, se marchó.
—Gracias —Jungkook le agradeció a Yoongi dándole un apretón en el
hombro. Su primo esbozó una sonrisa e hizo un gesto con la cabeza en
dirección a Taehyung.
—Deberías ir a ver cómo está.
—Toma una mesa. Nos vemos en el restaurante.
Corrió en busca de Taehyung hasta alcanzarlo, pero, en vez de aminorar el
paso, el pelirrubio empezó a caminar más deprisa y mantuvo la vista
clavada al frente.
—Tenía la situación controlada. No olvides que tengo una pistola Taser.62
Su brusquedad y el tono impersonal con el que habló traspasaron sus
barreras y lo hicieron enojar muchísimo. Seguía soñando con él todos los
días y allí estaba Taehyung, saliendo con otros. Ni siquiera habían pasado
dos semanas.15
—Ya veo que no podías esperar para poner en práctica tus nuevas
habilidades —El pelirrubio aferró con fuerza la correa del maletín y aceleró
el paso. La acera acabó y se oyó el sonido de sus pasos sobre el asfalto
mientras recorría la calle peatonal que conducía a su casa—. Si querías
acostarte con él, deberías haber permitido que te besara. ¿Por qué no lo
dejaste? ¿Estabas nervioso?81
—Jungkook, vete.
—Quiero saber por qué no lo besaste. Él es lo que buscas. ¿No? —El
pelirrubio se quedó paralizado. Jungkook vio que su pecho subía y bajaba
con cada respiración, aunque mantuvo la vista apartada de él.1
—¿Por qué me sigues y por qué me estás hablando? No sé cómo
enfrentarme a esto. No sé cómo debo actuar o qué debo decir.16
—¿No podemos actuar como amigos? —Había pensado que al menos
serían eso, amigos.1
El pelirrubio enfrentó su mirada. Bajo la luz de las farolas y de la luna, sus
ojos brillantes lo miraron con intensidad. Aquellos bonitos ojos cafés que
tanto le gustaban, tan llenos de luz y dulzura, ahora parecían tristes y
vulnerables. Jungkook sintió su corazón encogerse.
—¿Somos amigos?1
—Eso espero.
—No me sirve —Taehyung se alejó de él con los dientes apretados y los ojos
entrecerrados. Jungkook creyó que estaba enfadado hasta que vio que
empezaba a llorar—. No quiero tu amistad por lástima.58
Ver sus lágrimas le provocó una opresión en el pecho y lo dejó sin aliento.
—¿Quién habló de lástima? —El pelirrubio se limpió las mejillas, pero la
barbilla siguió temblándole.
—Tú. Tú dijiste que me habías ayudado, pero que aun así yo no era
suficiente. Lo dijiste de verdad. No puedes retractarte ahora.11
—No me refería a ti. Me refería a nosotros —Tragó saliva, desesperado. Se
apresuró y se colocó enfrente de él para detenerlo—. ¿Nunca pensaste que
podía estar hablando de mí? ¿Que puede que yo no sea suficiente para ti?
—Esos ojos cándidos lo miraron, abiertos de par en par porque no lo
entendía.
—¿Por qué iba a pensar eso?
—¡Porque me prostituyo por dinero y mi padre es un delincuente!42
—Eso no me importa —Taehyung torció el gesto y retrocedió un paso—.
Nada de eso influye en quién eres ni en tu forma de tratarme. Estás usando
esas cosas como excusa, porque no quieres hacerme daño. Pero quiero que
sepas que soy capaz de enfrentarme a la verdad. Si no soy suficiente para
ti, es justo y lo acepto. Algún día conseguiré olvidarte. No quiero que me
protejan ni que me mientan por lo que soy. No necesito una amistad por
lástima.37
Con esas palabras, el pelirrubio pasó a su lado y se alejó por la calle.
Caminaba con rapidez y decisión. No parecía un modelo en una pasarela.
Su caminar no era elegante ni sofisticado. Pero a él le encantaba. Porque lo
quería. Y Taehyung estaba intentando olvidarlo.
Para olvidarlo, antes tenía que haberse enamorado de él. Taehyung estaba
al tanto de que se prostituía, de su situación económica y de su padre. Y,
aun así, lo quería.23
Eso lo cambiaba todo.30
Se sintió embargado por la determinación. Sus inseguridades lo habían
cegado hasta el punto de alejar a Taehyung y de hacerle daño, en vez de
luchar por él, que era lo que debería haber hecho.31
La lucha empezaba en ese momento. Si Taehyung era capaz de confiar en
él y de aceptarlo por lo que era, él también podía hacerlo. Taehyung se
merecía ese tipo de hombre.1
Por Taehyung, iba a convertirse en ese tipo de hombre. Lo haría por él, pero
también por sí mismo.13
Lo siguió a cierta distancia para asegurarse de que llegaba sano y salvo a su
casa, y después corrió en busca de Yoongi. Necesitaba ayuda para trazar un
plan de batalla.
◍ 36 ◍
Unos golpecitos en la puerta del despacho distrajeron a Taehyung del
nuevo algoritmo que estaba formulando. Cuando hizo girar el sillón, la
puerta se abrió y un enorme ramo de calas entró en el despacho. La
recepcionista principal, Hesook, una voluptuosa mujer de cuarenta y pocos
años, dejó el jarrón en la mesa y soltó el aire por la boca.102
—Esto pesa mucho. Parece que tienes un admirador.
Taehyung sacó una tarjeta de entre las flores. Reconoció la letra del
pelinegro enseguida.
Para mi Taehyung. Pienso en ti.
Con amor, Jungkook.
131
—No sé qué quiere decir esto —Clavó la vista en la tarjeta que tenía en la
palma de la mano. Hesook ladeó la cabeza para leer la nota de Jungkook y
sonrió.
—Jungkook es el bombón con el que sales, ¿no? Está muy guapo.35
—Terminamos —La sonrisa de la mujer se tornó traviesa.
—Pues parece que quiere regresar. ¿Vas a darle otra oportunidad?
Antes de poder contestarle, Bogum pasó por delante del despacho. Pasada
una milésima de segundo, retrocedió y fulminó el ramo de flores con la
mirada. Un impresionante ojo morado le adornaba la cara.1
—Qué hijo de puta.47
Bogum entró como un torbellino, directo por las flores. Taehyung se colocó
delante del ramo.
—¿Qué haces?
—Voy a tirarlas a la basura, donde tienen que estar.92
—No, no vas a tirarlas. Son mías —Eran las primeras flores que alguien le
regalaba.
—Te compraré un ramo mejor —masculló Bogum—. Esas tienen que
desaparecer.7
—No quiero que me compres flores.
—Estamos saliendo, ¿no lo recuerdas?131
—No estamos saliendo. Solo salimos a cenar, y no quiero repetir. No somos
compatibles en lo más mínimo.45
Hesook hizo un mohín con los labios y miró al castaño con las cejas
levantadas, claramente disfrutando del espectáculo. Bogum se acercó a
Taehyung con los hombros tensos y los puños apretados.15
—¿Y con él sí eres compatible?69
El pelirrubio cerró los dedos en torno a la tarjeta. ¿Podía llamarse
compatibilidad cuando solo lo sentía una de las partes?
—Era muy feliz cuando estábamos juntos. Me escuchaba. Se interesaba por
mí, por cómo había pasado el día, por lo que estaba haciendo, y…2
—A mí solo me importa si es bueno en la cama o no —lo interrumpió la
mujer.77
Taehyung se mordió el labio y se ruborizó antes de clavar la vista en la
moqueta. La palabra «bueno» no le hacía justicia a Jungkook. «Fenomenal»
se le acercaba más.15
—Qué suerte la tuya —añadió la mujer con una sonrisa pícara. Hesook se
giró hacia Bogum y lo agarró del brazo—. Anda, tigre, vamos a la cocina. Ese
ojo necesita un poco de hielo.29
«¿Tigre?», se preguntó Taehyung. El castaño masculló algo y miró las flores
echando chispas por los ojos antes de permitir que la mujer lo sacara del
despacho.
Mientras los dos se perdían por el pasillo, Hesook le puso al castaño una
mano en la base de la espalda que después deslizó hacia abajo para darle
un buen pellizco. Después, la mujer le apartó el pelo de la frente y
chasqueó la lengua mientras le miraba el moretón.
Eso era… interesante.+
Al parecer, a Hesook le daba igual que Bogum fuera un idiota de primera. A
Taehyung le parecía estupendo. Así no tenía que sentirse mal por no salir
con él de nuevo.4
Hizo girar el jarrón y jugueteó con los tallos de las calas. Las flores siempre
le habían parecido una tontería. Apestaban, se marchitaban y luego había
que limpiarlo todo. Sin embargo, esas flores se las había enviado
Jungkook.21
El móvil empezó a sonar con insistencia, y cuando lo sacó del cajón de la
mesa, vio que era él. Pensó en dejar que saltara el buzón de voz, pero su
pulgar pulsó el botón para aceptar la llamada por voluntad propia.2
—Diga.
—¿Las recibiste? —le preguntó el pelinegro.
—Sí… Gracias.
—¿Cómo tiene el ojo hoy el idiota de Bogum?
—Morado.
El pelinegro emitió un gruñido satisfecho, y él se imaginó la sonrisa
perversa en su cara. Casi suspiró como un adolescente. Su salvajismo no
debería complacerlo de esa forma.23
—Se pondrá verde dentro de un par de días —dijo Jungkook.
—No deberías haberle puesto un ojo morado —Pero le encantaba que lo
hubiera hecho. Porque lo hacía sentirse más especial que nunca. Era un
villano sanguinario.1
—Tienes razón. La próxima vez le daré también un puñetazo en las bolas. Si
alguien va a besarte, mejor que sea yo —Tras un incómodo silencio,
añadió—: ¿Quieres cenar conmigo esta noche?81
Su tonto corazón dio un vuelco por la idea de verlo de nuevo, pero lo
controló sin compasión. No comprendía por qué Jungkook estaba
haciendo eso, no confiaba en sus motivos.
—No.4
Se produjo un largo silencio al otro lado de la línea.
—Bien, me gustan los desafíos.2
—No intento desafiarte.
—Lo sé. Estás intentando olvidarte de mí, que es peor.9
—Jungkook…
—Tengo cosas que hacer. Hablamos luego. Te extraño —Cortó la llamada.21
Taehyung comenzó a caminar de un lado para otro de su despacho, preso
de los nervios. Jungkook no quería que se olvidara de él. Qué irritante.
¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Llorar por él toda la eternidad?
El arrebato de furioso cortejo comenzó justo después de que viera a Bogum
intentando besarlo, cuando él no quería. Jungkook intentaba asustar a
Bogum porque no lo creía capaz de protegerse solo.10
Todavía era su obra de caridad.102
Con la respiración alterada, hizo una bola con la tarjeta de las flores y la tiró
al cubo de la basura. Esa opinión sí merecía su lástima. Si quería olvidarse
de un hombre, iba a olvidarse de dicho hombre.2
Se sentó y releyó las últimas líneas de código en la pantalla del programa.
Su cerebro estaba demasiado distraído como para concentrarse. No dejaba
de pensar en Jungkook. Su cuerpo seguía ansiando sus caricias y las cosas
que le decía. Más aún, lo extrañaba a él, y también extrañaba las rutinas
que habían creado juntos. Seguro que Jungkook no quería recuperarlo de
verdad, pero sería maravilloso que quisiera hacerlo.
Cuando se percató del giro esperanzado de sus pensamientos, se reprendió
y se ordenó concentrarse en los datos. No funcionó. Con un gemido
frustrado, sacó la tarjeta del cubo de la basura, la alisó y la guardó en uno
de los cajones.
56
◍◌◍◌◍
El pelinegro lo llamó todos los días de esa semana y lo invitó a cenar. Él se
negó todos los días. No necesitaba ni quería su ayuda. Podía arreglárselas
solo muy bien.
El viernes por la noche, su mesa lucía el jarrón con las calas, que seguían
muy bien; otro jarrón con rosas en tonalidades desde el rojo sangre al rosa;
un montón de globos; y un suave osito de peluche negro con un kimono de
karate. Era demasiado mayor para animales de peluche, y verlo le daba
vergüenza. La extravagancia de Jungkook lo estaba convirtiendo en la
comidilla de la empresa. Tenía que averiguar cómo ponerle fin a aquello.28
Cuando llegó la hora de irse a casa, apagó el ordenador, agarró el maletín y
caminó hacia la puerta, aunque agarró al Oso Karateca de camino. No lo
quería, pero pensar que iba a quedarse allí solo en su despacho toda la
noche le rompía el corazón.114
Se metió el oso debajo del brazo, aplastándolo todo lo posible, y salió del
edificio. Nadie debía verlo con un peluche a cuestas.
—¿Te vas a casa?
La solitaria voz sonó a su espalda mientras cruzaba el estacionamiento
vacío, y el corazón casi se le salió por la boca.
Taehyung se dio la vuelta, con una mano en el pecho. Jungkook se apartó
de la fachada del edificio de oficinas, con los pulgares enganchados en los
bolsillos de los pantalones. Llevaba un chaleco ceñido sobre una camisa,
con los primeros botones desabrochados, y unos pantalones oscuros.32
Demasiado guapo.
Se obligó a apartar los ojos del pelinegro y se agachó para recoger el osito
de peluche de su abandono en el suelo. Lo sacudió.
—Esto se puede considerar acoso —le habló sin mirarlo a los ojos.
—Lo sé —Jungkook inclinó la cabeza con una sonrisita tímida.
—Tienes que parar.
—¿No te resulta romántico? No tengo mucha experiencia en esto del
cortejo, así que tendrás que perdonarme si me paso.23
Taehyung frunció el ceño. Con su rostro y su carisma, estaba seguro de que
normalmente le bastaba con mover un dedo para que todos corrieran
hacia él. Ya no quería ser uno de esos idiotas.
—Ya basta, Jungkook. Los dos sabemos que no me estás cortejando.
—¿Qué quieres decir? —preguntó tenso.
—Ya no tienes que protegerme de Bogum. Centró sus atenciones en la
recepcionista.
—Esto no tiene nada que ver con ese imbécil —Caminó hacia el pelirrubio
con paso firme, el ceño fruncido y los dientes apretados.
El instinto le decía a Taehyung que retrocediera ante su avance, pero la
terquedad lo instó a quedarse donde estaba. Levantó la barbilla. No
cedería.4
—Se acabó lo de ser tu obra de caridad. No quiero…
El pelinegro le tomó la cara entre las manos y lo besó. Las sensaciones lo
recorrieron como una corriente eléctrica, derribaron sus defensas antes de
levantarlas siquiera. Sus sedosos y cálidos labios sabían al paraíso.36
Cuando le metió la ardiente lengua entre los labios, su conocido sabor
salado lo embriagó. Se aferró a sus hombros y se pegó a él. Jungkook lo
rodeó con los brazos y lo amoldó a su cuerpo. El anhelo le derritió las
piernas.
—Mírate, te mueres por mí —murmuró Jungkook contra su boca—. No
sabes cuánto te extrañé —El pelinegro volvió a besarlo, lentamente,
saboreándolo, e hizo que un millar de mariposas le revolotearan en el
estómago y que suspirara contra sus labios. Taehyung se estremeció
cuando le enterró los dedos en el pelo—. Mi precioso Taehyung —susurró al
tiempo que le acariciaba los mechones—, puede que no se me dé bien lo de
cortejar, pero te beso de maravilla, ¿verdad?83
El comentario lo sacó de la nube en la que el beso lo había sumergido. Se
apartó de sus brazos y se limpió la boca con la manga.
—No me beses. No me toques. No quiero que hagas nada conmigo por
lástima.1
—¿Por qué insistes con lo de la lástima? Nunca dije que te tuviera lástima —
protestó Jungkook con el ceño fruncido.
—¿Y por qué no aceptaste mi dinero? —Sin esperar a que le respondiera,
volvió a recoger el peluche del suelo. Quería abrazarlo contra su pecho; en
cambio, se obligó a devolvérselo—. Lo de esta semana estuvo bien, pero ya
me cansé. Te pido que pares. Por favor.2
—¿Eso quiere decir que ya no sientes nada por mí?
Se le llenaron los ojos de lágrimas y le dio la espalda a Jungkook a toda
prisa.
—Tengo que irme.
—Porque yo siento mucho por ti.64
Se quedó helado, y sintió la mano de Jungkook cerrarse en torno a la suya
antes de obligarlo a darse la vuelta para mirarlo. Después, el pelinegro lo
instó a levantar la barbilla. Y, en ese momento, las lágrimas estuvieron a
punto de brotar de sus ojos.6
¿Lo había dicho de verdad? Seguro que no lo había oído bien, porque el
corazón le atronaba los oídos.
Jungkook respiró hondo, soltó el aire contenido y volvió a inspirar.
—No acepté tu dinero porque estoy enamorado de ti. Me convencí de que
me necesitabas, de que al ayudarte demostraría que no era como mi padre,
pero solo eran excusas para estar contigo. Tú no me necesitas, y yo no
tengo que demostrar que no soy como mi padre. Sé que no lo soy. Terminé
contigo porque estaba seguro de que no me querías. Pero cuando dijiste
que ibas a olvidarme, me diste esperanza.55
Taehyung sintió que le ardía el cuerpo: las manos, el cuello, la cara y hasta
las orejas se le pusieron coloradas. Jungkook no le tenía lástima. Lo quería.
¿Lo había oído bien? ¿Era verdad?
—¿Te importaría decir algo? —Jungkook tragó saliva, nervioso—. Cuando
alguien le confiesa al amor de su vida que lo quiere, no espera el silencio
por respuesta. ¿Es demasiado tarde? ¿Conseguiste olvidarme?53
—¿Llevas puesta la ropa interior que te compré? —El pelinegro soltó una
carcajada.63
—A veces no entiendo cómo funciona tu mente.
—¿La llevas? —Se colocó el peluche debajo del brazo y le metió los dedos
en la cinturilla de los pantalones, por encima del cinturón de cuero. Con
una sonrisa, Jungkook se desabrochó el cinturón y el botón de los
pantalones, y luego se bajó la cremallera.75
—Si nos arrestan por escándalo público, será mejor que nos dejen
compartir celda.79
Taehyung apartó la tela inferior de la camisa y, pese a la pobre luz de la
farola del estacionamiento, pudo ver la tela roja de sus calzoncillos. Lo
miró a los ojos y vio en ellos una efervescente calidez que lo inundó por
completo, llenándole el corazón y alcanzando hasta las puntas de los
dedos.
Lo quería de verdad. Y su teoría se veía confirmada. La ß de Jungkook había
cambiado de uno a cero. Por él.45
—Los llevas puestos.1
—Pues sí, no me gusta ir sin ropa interior. Por las rozaduras.45
Mientras intentaba contener una sonrisa tonta, Taehyung le colocó bien los
pantalones y le abrochó el cinturón.
—Las personas les compran ropa interior a sus parejas cuando los quieren.
Es economía. Los datos apoyan mi afirmación.42
—¿Me estás diciendo que me quieres, Taehyung? —El pelirrubio abrazó con
timidez el oso de peluche y asintió con la cabeza—. ¿No me lo vas a decir
con palabras?14
—Nunca se lo he dicho a nadie, solo a mis padres.
—¿Crees que yo voy por ahí diciéndole a todos que los quiero? —Tiró de él
hasta que sus frentes se tocaron—. Voy a obligarte a decir las palabras. Esta
noche.34
—¿Debería preocuparme?
—Sí.
—¿Qué vas a…? —La pasión que vio en sus ojos lo silenció.
—Vamos a casa.52
—Bien.1
En vez de enfilar calle abajo hacia la casa de Taehyung, Jungkook lo llevó
hasta un pequeño Honda Civic plateado y le abrió la puerta del copiloto.9
—Cambié de coche —le informó al pelirrubio al mismo tiempo que se
encogía de hombros con incomodidad.11
Taehyung se sentó y se abrochó el cinturón de seguridad mientras
observaba el interior del coche, limpio y sin cuero a la vista. No había nada
que le recordara a Geumhee.
—Este me gusta más.
—Lo suponía —Jungkook sonrió mientras se sentaba al volante—. Me
asocié con Yoongi para crear una línea de ropa, y necesito fondos para
financiar la empresa. Como dejé de ser acompañante, no tenía motivos
para conservar ese coche.
Por fin lo estaba haciendo: había dejado el trabajo de acompañante, estaba
arriesgándose e iba a hacerse un nombre. En ese momento, le resultó tan
perfecto para Taehyung que le entraron ganas de inclinarse sobre la
palanca de cambios y besarlo hasta dejarlo sin aliento.9
—Es genial. Me alegro mucho por ti, Jungkook —Pero la idea de que
vendiera el coche porque necesitaba dinero le preocupaba, sobre todo
porque había devuelto su cheque—. ¿Todavía tienes que pagar las facturas
médicas de tu madre? ¿El programa de ayudas de la fundación no las cubre
todas?80
Jungkook ladeó la cabeza y lo miró con el ceño fruncido.
—¿Cómo sabes lo de mi madre y lo del programa? —Tras un breve titubeo,
abrió los ojos con sorpresa—. ¿Fuiste tú? —El pelirrubio apartó la vista—.
Fuiste tú —repitió con voz asombrada—. ¿Cómo te enteraste de que mi
madre no tenía seguro médico?13
—La noche que estuve en tu apartamento vi las facturas y establecí la
conexión entre el costo de su tratamiento y tus tarifas como acompañante.
Creo… creo que fue cuando me enamoré de ti del todo —Una sonrisa
traviesa asomó a los labios del pelinegro.
—Iba a arrancarte esas palabras del modo más delicioso del mundo —Pero,
después, la sonrisa desapareció, reemplazada por una mueca pensativa—.
Debe de haberte costado una fortuna. Pusiste en marcha un programa
completo de ayudas para tratamientos médicos. ¿Cuánto dinero tienes?2
Taehyung se mordió el labio inferior mientras seguía abrazado al osito de
peluche.
—Ya no tengo tanto. En fin, sigo siendo rico. Depende de cómo lo definas.
Seguramente no te vaya a gustar. ¿Seguro que quieres saberlo?
—Suéltalo, Taehyung.
—Tenía un fideicomiso. Con unos quince millones de dólares —confesó al
mismo tiempo que se encogía de hombros—. Lo doné a la Fundación
Médica de Ulsan para poner en marcha el programa de ayudas.44
—¿Donaste todo tu fideicomiso? ¿Por mí?
—Es lo que se supone que se hace con esa clase de dinero, ¿no? ¿Donarlo?
Puedo mantenerme con mi sueldo. Solo es dinero, Jungkook, y no
soportaba la idea de que te vieras obligado a hacer de acompañante. Una
cosa es que quieras hacerlo. Pero, si no quieres... Estaba decidido a darte la
posibilidad de elegir —Meneó la cabeza—. Además, no lo hice solo por ti. Tu
madre ha sido buena conmigo. Toda tu familia lo ha sido. Y ahora también
ayudamos a un montón de familias. Es algo bueno.
—¿Ayudamos, en plural? —Se inclinó hacia él y lo besó en la mejilla, en la
comisura de los labios—. Lo hiciste tú solo. El dinero no era mío —Le dejó
una lluvia de besos en los labios—. Gracias por ayudar a mi madre. Gracias
por darme la posibilidad de elegirte a ti. Gracias por ser tú. Te quiero.64
En ese momento, Taehyung no pudo contener la sonrisa. No creía posible
llegar a cansarse de oírlo.
—Ahora ya puedo decir que mi novio es diseñador sin temor a mentir. Si es
que eres mi novio, claro. ¿Lo eres?41
En vez de contestarle de inmediato, Jungkook arrancó el coche y salió del
estacionamiento. Cuando habló lo hizo con un tono de voz muy tranquilo y
con la vista clavada en la carretera.
—Soy algo mejor que tu novio. Porque voy a pedirte que te cases conmigo
dentro de tres meses.221
Taehyung se quedó boquiabierto, y la sorpresa lo asaltó en oleadas que le
provocaron escalofríos.
—¿Por qué me lo dices? —El pelinegro esbozó una sonrisita mientras lo
miraba de reojo antes de concentrarse de nuevo en la carretera.
—Porque no te gustan las sorpresas, y supuse que necesitabas tiempo para
hacerte a la idea.78
En eso tenía razón, pero, antes de que pudiera darle muchas vueltas al
asunto, Jungkook quitó una mano del volante y tomó la suya, entrelazando
sus dedos, como siempre hacía. Sin decir nada, Taehyung dejó que el
momento se apoderara de él, la incertidumbre, la abrumadora esperanza,
la ansiedad y la burbujeante felicidad.
Ver sus dedos entrelazados lo complacía. Sus manos eran tan diferentes,
pero encajaban a la perfección. Le dio un apretón y Jungkook se lo
devolvió.1
Palma contra palma, dos solitarias mitades que encontraron consuelo
juntas.
◍ EPÍLOGO ◍
Cuatro meses después…
139
Taehyung caminaba por una tranquila acera, en un barrio discreto de la
ciudad donde se emplazaban varias firmas de moda. Tras abrir una puerta
sin ninguna placa ni identificación, entró en un edificio industrial con
paredes de acero, suelo de cemento y techos descubiertos.
En el extremo más alejado del lugar se estaba realizando una sesión de
fotos, y Taehyung sonrió al ver a los modelos vestidos con los últimos
diseños de Jungkook. El otoño aún no había empezado, pero llevaban
prendas de invierno. Había niños de corta edad y adolescentes posando,
ataviados con trajes de exquisita confección, chalecos con gorras a juego,
vestidos de punto y capas ribeteadas con piel.51
Yoongi fue el primero que se percató de su presencia.
—Hola, Taehyung —Lo saludó con gesto distraído y, después, siguió
manteniendo una animada conversación con la fotógrafa.
Jungkook estaba atándole a una niña el lazo dorado de un vestido de fiesta
de chiffon blanco, pero al verlo se detuvo y lo miró con una sonrisa.3
—Llegas temprano.
—Te extrañaba.47
La sonrisa de Jungkook se ensanchó mientras le daba a la niña unas
palmaditas en un hombro y le indicaba que se acercara al set, donde el
coordinador estaba colocando a los niños y los distintos elementos de la
composición.
El pelinegro caminó hacia él con las manos en los bolsillos y miró con gesto
de admiración su traje negro, consistente en un pantalón y una chaqueta y
el pañuelo que llevaba al cuello. Taehyung sabía que estaba admirando la
selección de ropa que había elegido para él, y apretó los labios para no
sonreír. Las cosas que lo hacían feliz…1
Cuando llegó a su lado, lo acercó para besarlo en la boca mientras sus
manos descendían por los brazos hasta tomarle las manos. Acto seguido,
se las llevó a los labios para besarle los nudillos y le acarició los dedos de la
mano izquierda con el pulgar, deteniéndose en el anillo con tres diamantes
incrustados que relucían en su dedo anular.153
—Aún no puedo creer que te hayas endeudado por comprarme esto —
comentó Taehyung.21
De todas formas, debía admitir que le encantaba todo lo que representaba.
Nunca le habían gustado las joyas, pero se descubría contemplando el
anillo más de lo que había pensado en un principio, y pensando en
Jungkook. Cuando sus compañeros de trabajo lo descubrían sonriendo sin
motivo aparente, ponían los ojos en blanco y murmuraban por lo bajo.8
—Necesitaba anunciarles a todos que no tenían ninguna oportunidad
contigo. Además, desde esta mañana pagué mis deudas. Yoongi consiguió
la financiación que necesitábamos. Antes de Navidad, habremos abierto
tres tiendas más.33
Taehyung calculó las cifras mentalmente y lo invadió una burbujeante
emoción.
—Qué rápido. Lo están haciendo todavía mejor que la trayectoria de
crecimiento que calculé.
—Pues sí. Tu análisis económico fue lo que convenció a los inversores.
—Seguro fueron tus diseños y la agresiva campaña de marketing.2
—Bueno, eso también pudo influir —replicó Jungkook con una carcajada,
pero con mirada tierna—. Tenerte a mi lado durante todo este proceso lo
ha sido todo para mí. Espero que lo sepas.21
—Lo sé —Ambos habían estado muy ocupados durante los últimos meses,
pero juntos habían logrado que funcionara—. Y te digo lo mismo —El
pelinegro adoptó una expresión seria.
—Me dijiste que hoy tenías la reunión con los socios de tu empresa. ¿Cómo
te fue?
—Me ofrecieron otro ascenso. Director de departamento. Cinco empleados
a mis órdenes, además de mi fantástica asistente.2
—¿Y?
Respiró hondo antes de contestar: —Lo acepté.69
Jungkook se quedó boquiabierto y, en un abrir y cerrar de ojos, lo estrechó
entre sus brazos con fuerza y le dio un beso en la sien.
—¿Te arrepientes?
Taehyung se acurrucó contra él y aspiró su olor. —No. Estoy nervioso, pero
sobre todo estoy muy feliz.
—Me siento muy orgulloso de ti.55
El pelirrubio esbozó una sonrisa tan grande que le dolieron hasta las
mejillas.
—El ascenso va acompañado de una prima considerable. Te advierto que
voy a comprarte un coche nuevo —Al ver que Jungkook se apartaba de él,
creyó que estaba enfadado. Fue incapaz de interpretar la expresión de su
cara cuando habló.
—Yo puedo comprarme un coche nuevo.17
Taehyung se mordió el labio para evitar fruncir el ceño, pero entendía que
quisiera ganárselo con su propio trabajo. No tenía por qué consentirlo,
pero quería hacerlo.
—Pero quiero el mismo modelo que tú tienes —continuó el pelinegro—. Y
me gusta en negro.
Taehyung ladeó la cabeza y tomó una lenta bocanada de aire.
—¿Eso significa…?
—Significa que, si quieres comprarme un coche, quiero conducirlo —En sus
labios apareció una sonrisa seductora y lo miró con expresión traviesa—. Si
quieres comprarme calzoncillos, quiero ponérmelos.21
Se sintió flotar de alegría y tuvo que tomarle una mano para no salir
volando de forma accidental.
—Eso significa que me quieres.36
Jungkook entrelazó sus dedos como acostumbraba a hacer y le dio un
apretón.
—Exacto. Te quiero. Es economía.
288
FIN