¿Qué es la sexualidad humana?
“Hablar de sexualidad humana es hablar de la esencia
misma del ser humano” Maurice Merleau Ponty, 1975. Filósofo.
Sexualidad Humana Es una dimensión fundamental del ser humano porque es necesaria
para identificar al ser humano como tal, ya que está íntimamente relacionada con la
afectividad, la capacidad de amar y la aptitud para relacionarse con los demás.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la sexualidad humana se
define como: “Un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al
sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la
reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos,
fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones
interpersonales”.
Cuando se habla de sexualidad hay que adentrarse en las relaciones interpersonales, en los
sentimientos más íntimos de unos y otras y ver sus efectos en el desarrollo y autodesarrollo
del ser humano. Es una realidad de por si valiosa por el hecho de pertenecer a la intimidad
de lo humano, pero que influye en la calidad de vida de ambos géneros, de la familia.
(Ministerio de Cultura, s/a) “La sexualidad está vinculada orgánicamente a la personalidad,
es vida, placer, descubrimiento”, está ligada, además, como dijo el sexólogo brasileño
Malcolm Montgomery, “…al renacimiento, al desarrollo personal, a lo interaccional, a lo
lúdico, a lo comunicacional, a lo nuevo, a la magia, a la belleza y a la naturaleza, al amor y a
la salud”.
Conceptos básicos sobre sexualidad humana Sexo Se refiere al conjunto de características
biológicas que definen el espectro de humanos como hembras y machos.
Sexualidad
Es una capacidad que conforma a cada ser humano y que permite sentir, vibrar y
comunicarnos a través del propio cuerpo. Es algo que forma parte de lo que somos desde el
mismo momento en el que nacemos y que permanece en nuestras vidas hasta que
morimos.
Género
Es la suma de valores, actitudes, papeles, prácticas o características culturales basadas en
el sexo. Tal como ha existido de manera histórica, el género refleja y perpetúa las relaciones
particulares de poder entre hombres y mujeres.
Identidad de género
Define el grado en que cada persona se identifica como masculino o femenina o alguna
combinación de ambos. Es el marco de referencia interno, construido a través del tiempo,
que permite a los individuos organizar un Autoconcepto y a comportarse socialmente en
relación a la percepción de su propio sexo y género.
La sexualidad humana engloba una serie de condiciones culturales, sociales, anatómicas,
fisiológicas, emocionales, afectivas y de conducta, relacionadas con el sexo, genero,
identidades, orientaciones, que caracterizan de manera decisiva al ser humano en todas las
fases de su desarrollo. (Zamora). Orientación sexual
Es la organización específica del erotismo y/o el vínculo emocional de un individuo en
relación al género de la pareja involucrada en la actividad sexual.
Erotismo
Es la capacidad humana de experimentar las respuestas subjetivas que evocan los
fenómenos físicos percibidos como deseo sexual, excitación sexual y orgasmo, y que por lo
que general se identifican con placer sexual.
Vínculo afectivo
Es la capacidad humana de establecer lazos con otros seres humanos que se construyen y
mantienen mediantes las emociones.
Actividad sexual
Es una experiencia conductual de la sexualidad personal donde el componente erótico de la
sexualidad es el más evidente. Salud sexual Es la experiencia del proceso permanente de
consecución de bienestar físico, psicológico y sociocultural relacionado con la sexualidad.
Dimensión biológica
Comprende aquellos aspectos que desde el punto de vista físico y orgánico tienen que ver
con la expresión sexual. Se integran en ella, por tanto, distintos aparatos y órganos regidos
por el cerebro que, tras recibir información desde los órganos de los sentidos, elabora la
respuesta sexual humana. Los órganos de los sentidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto)
son parte esencial de esta dimensión así como la piel, que en su totalidad constituye el
mayor órgano sensorial sexual y es considerada, junto con las mucosas, un agente erógeno
de importancia capital. Los órganos genitales, que se integran en esta dimensión, a menudo
han monopolizado todos los aspectos placenteros de la sexualidad en detrimento del placer
proveniente de otras zonas corporales como la piel. Esto, que es muy evidente en el
hombre, no lo ha sido tanto para la mujer, en quien se reconoce una gran sensibilidad de las
zonas no genitales (piel y mucosas sobre todo), lo que la hace más sensible a estímulos
táctiles como besos y caricias.
La piel, en su totalidad, constituye el mayor órgano sensorial sexual y es considerada un
agente erógeno de capital importancia
Cuando el encuentro amoroso avanza y se llega a la fase de excitación, las sensaciones
provenientes de los órganos de los sentidos influyen de manera distinta en cada uno de los
sexos. Los estímulos auditivos favorecen la excitación sexual de la mujer sutilmente más
que en el hombre, mientras que en éste juegan mayor papel los visuales.
También se integran en esta dimensión biológica las cuestiones relacionadas con el
desarrollo sexual y sus diferentes etapas, que comprenden toda la vida. Desde el
nacimiento, la infancia, la pubertad, el tiempo en el que se inicia la capacidad de
procreación y hasta cuando ésta se pierde se sigue viviendo como ser sexuado. Integra
también los distintos aspectos relacionados con la respuesta sexual humana, que es posible
gracias a la implicación de diferentes sistemas de nuestro organismo (nervioso, endocrino y
vascular).
Dimensiones psicológica y social
Cada persona va perfilando a lo largo del tiempo una actitud propia sobre la sexualidad, que
será facilitadora o inhibidora de su expresión según sus propias experiencias, las referidas
por otras de su entorno, el ambiente social y cultural en el que está inmersa, su formación y
su información, sus creencias religiosas, etc. A la vez, y de forma inevitable, transmite a su
entorno una imagen basada en su conducta y en sus opiniones, que pueden ser
coincidentes o no con su íntima realidad. Desde la infancia, las primeras actitudes hacia el
sexo, que a menudo permanecen inalteradas, se basan en lo que oímos y percibimos de
nuestros padres, madres, educadores y educadoras, así como de compañeros y
compañeras. En definitiva, es indudable que el entorno social mediatiza de manera
importante tanto nuestra actitud como nuestra conducta hacia la sexualidad propia y ajena.
Cuando surgen problemas sexuales, por leves que sean, generan en el individuo reacciones
de ansiedad, inseguridad, miedo al fracaso, etc. y repercuten en la pareja, que puede
responder adoptando diversas actitudes -comprensiva, de colaboración o de rechazo o
irritación- pero que en general no suelen dejarla indiferente.
Así pues, la dimensión psicosocial de la sexualidad conjuga factores psicológicos
(emociones, ideas, actitudes personales) con factores sociales (influencia del entorno
social) y su evaluación es muy importante porque con ella se puede explicar el origen de
numerosos trastornos sexuales.
Dimensión medioambiental
En los últimos años, algunos expertos señalan una nueva dimensión en la sexualidad, la
medioambiental, movidos por la certeza de que los factores medioambientales influyen de
manera clara en ella. Estos cambios provocan modificaciones diferenciales en la sexualidad
de los seres vivos, y la interdependencia entre éstos y el ambiente es la base de la
evolución y de la biodiversidad.
Comportamientos sexuales responsables. Se expresa en los planos personales,
interpersonales y comunitarios. La persona que practica un comportamiento sexual
responsable se caracteriza por vivir la sexualidad con autonomía, madurez, honestidad
respeto, consentimiento, protección, búsqueda de placer y bienestar. Como unidad personal
sexuada, la vivencia humana de la sexualidad también ha de conducirse por las facultades
superiores que dignifican al ser humano; es decir aunque contamos con un sustrato
biológico natural, no son sólo los instintos quienes nos guían, sino una libertad inteligente
que es capaz de elegir el bien, y actuar por amor.