Significado y Sentidos de la Educación Inclusiva
El discurso actual sobre la Educación tiene entre sus ejes fundamentales el
de la “Inclusión”, no puede haber "Calidad Educativa" sin ella ¿A qué se
refieren? ¿Es lo mismo que “Integración”? Los siguientes párrafos son
dedicados al tema.
Con frecuencia se piensa que la inclusión está relacionada con los estudiantes que viven en contextos
de pobreza y, sobre todo, con la participación de los alumnos con necesidades educativas especiales en
la escuela común. Es decir, se está asimilando el movimiento de inclusión con el de integración,
cuando se trata de enfoques con una visión y foco distintos que conducen a políticas y prácticas
educativas diferentes.
La UNESCO define la educación inclusiva como un proceso orientado a responder a la diversidad de
los estudiantes incrementando su participación y reduciendo la exclusión en y desde la educación.
Está relacionada con el acceso, la permanencia, la participación y los logros de todos los estudiantes,
con especial énfasis en aquellos que, por diferentes razones, están excluidos o en riesgo de ser
marginados, constituyendo un impulso fundamental para avanzar en la agenda de Educación para
Todos. Si bien hay diferencias entre países y escuelas, los más excluidos o discriminados son los
estudiantes con necesidades especiales, los que proceden de pueblos originarios o afrodescendientes,
los que viven en contextos de pobreza, los niños que viven o trabajan en la calle, los niños migrantes,
los que son portadores de VIH/SIDA o adolescentes embarazadas.
El foco de la inclusión es más amplio que el de la integración, ya que mientras la finalidad de esta es
asegurar el derecho de las personas con necesidades educativas especiales, u otros grupos
tradicionalmente excluidos, a educarse en las escuelas comunes, la inclusión aspira a ofrecer una
educación de calidad para todos, ampliando el foco desde algunos grupos a todos los estudiantes. Esto
significa que la inclusión tiene que ser un eje central de las políticas educativas y una responsabilidad
del sistema educativo en su conjunto.
El centro de atención es también de naturaleza distinta. En la integración, los estudiantes que se
incorporan a las escuelas comunes se tienen que “asimilar” a la escolarización disponible (currículo,
métodos, valores y normas), independientemente de su lengua materna, su cultura, capacidades o
situaciones de vida. Los sistemas educativos se mantienen inalterables y las acciones se centran más en
la atención individualizada a “los alumnos integrados” (programas, individuales, estrategias y
materiales diferenciados, profesores especializados, etc.) que en modificar los factores del contexto y
de la enseñanza que limitan el acceso, la participación y el aprendizaje de todos.
En la inclusión, sin embargo, la principal preocupación es la transformación de los sistemas educativos
y sus escuelas para que puedan acoger a todos los estudiantes de la comunidad y den respuesta a la
diversidad de sus necesidades de aprendizaje. Esto significa avanzar hacia “diseños universales”, en
los que la oferta educativa, los espacios de aprendizaje, el currículo, la enseñanza y la evaluación se
diversifiquen y den cabida a las necesidades de todos los estudiantes, en lugar de planificar pensando
en “un inexistente alumno promedio” (en cuanto a capacidades, necesidades, cultura o lugar de
residencia) y luego realizar acciones individualizadas o diseños especiales para dar respuesta a las
necesidades de aquellos estudiantes o grupos que no han tenido cabida en una propuesta educativa que
se inscribe en una lógica de la homogeneidad y no de la diversidad.
La inclusión es un medio fundamental para la construcción de
sociedades más justas, democráticas e igualitarias
¿Podemos pensar en una sociedad justa, sin una escuela inclusiva?
¿Cuál debe ser el papel de la “equidad”, al momento de hablar de
políticas educativas? ¿Podemos pensar en una mejor democracia? ¿En
qué consiste una redistribución equitativa de bienes culturales?
El desarrollo de sociedades más justas e igualitarias solo será posible si todas las personas, y no solo
quienes pertenecen a las clases y culturas dominantes, reciben una educación de similar calidad que les
permita aprender a niveles de excelencia, y si se favorece la interacción de estudiantes de diferentes
contextos sociales, culturas y con distintas capacidades y experiencias de vida. La verdadera igualdad
de oportunidades pasa por la igualdad de capacidades para actuar en la sociedad y por aumentar las
posibilidades de las personas para optar y decidir (Sen, A.); por ello es preciso avanzar hacia políticas
sociales que sitúen a las personas en el centro de un proceso de desarrollo humano sostenible,
garantizando unos beneficios mínimos para toda la población que les permitan vivir con dignidad,
valorando la diversidad y respetando los derechos de todas las personas con el fin de construir
sociedades más justas e igualitarias de forma estable.
El interés por la equidad como objetivo de las políticas educativas, a través de diferentes estrategias
como la focalización, la discriminación positiva o la acción afirmativa, adquirió mayor fuerza en la
década de los noventa, pero no fue la principal prioridad de los sistemas educativos, más preocupados
por la calidad en términos de eficacia y eficiencia, lo cual explicaría la persistencia de las
desigualdades y la segmentación de los sistemas educativos de muchos países de la región.
Las políticas de focalización, prolongadas en el tiempo, pueden terminar estableciendo un régimen
segmentado en la calidad de las prestaciones: educación y salud para pobres y para el resto (CEPAL).
Para avanzar hacia una mayor inclusión educativa y social es preciso que la equidad sea una
preocupación central en la toma de decisiones de las políticas educativas de carácter general y no
reducirse a medidas de carácter periférico orientadas a corregir los efectos secundarios de políticas que
no se inscriben en una lógica de justicia (García-Huidobro). Las políticas de focalización no han
logrado el impacto deseado dada la magnitud de las desigualdades en la región y su enfoque
homogeneizador. La equidad no significa tratar a todas las personas igual, sino dar más a quien más
necesita y, sobre todo, ofrecer a cada persona los recursos y ayudas que requiere para estar en igualdad
de condiciones de aprovechar las oportunidades educativas y lograr resultados de aprendizaje
equiparables. Para alcanzar este objetivo es preciso hacer una redistribución equitativa de los recursos
humanos, materiales, tecnológicos y financieros, estimando cuál es el costo de ofrecer una educación
de igual calidad en distintos contextos y a personas con diferentes necesidades, y prestando mayor
importancia a medidas de carácter preventivo, como la educación y cuidado de la primera infancia, y el
desarrollo de sistemas de apoyo para las escuelas y estudiantes con mayores necesidades.
Características del aprendizaje
Para poder llevar a la práctica la idea de una escuela donde todos tengan cabida de una forma natural,
armoniosa y sin conflictos significativos, y que además resulte exitosa a la hora de extraer el máximo
potencial individual de cada alumno o alumna, es necesario que se den las siguientes características:
El principio rector y filosófico de un proyecto educativo inclusivo debe basarse en
el concepto de NOSOTROS como sinónimo de COMUNIDAD.
Debe ser una escuela flexible en su currículo, evaluación, promoción y organización.
La escuela debe estar enfocada y prestar una gran atención a la diversidad de intereses,
capacidades, ritmos y necesidades de aprendizaje de cada alumno de manera individual.
Humanización, libertad, democracia, justicia e igualdad de oportunidades deben ser los
principales valores por los que se rijan las diversas actuaciones y actividades de la escuela.
A nivel metodológico, el enfoque ha de centrase en las características del alumno y no
tanto en los contenidos.
Para la UNESCO, la educación inclusiva debe caracterizarse por prestar especial atención a los
grupos marginales y vulnerables con una voluntad integradora, buscando la máxima calidad y el
desarrollo del máximo potencial de cada persona.
Factores contextuales
Un buen predictor ambiental de problemas de aprendizaje escolar es el bajo NSE y educacional de la
familia en que el niño se desarrolla, ya que de aquellos alumnos que necesitan ser colocados en cursos
de educación especial, tres de cuatro provienen de bajo NSE. Asimismo, el bajo nivel educativo de los
padres, la pobreza y las dificultades escolares de los hijos, son factores mutuamente relacionados.
El bajo nivel educativo de los padres incide negativamente en el rendimiento escolar de sus hijos. Está
relacionado con la pobreza, los hábitos de vida, los modelos de interacción familiar, la comunicación
lingüística al interior del hogar, y las expectativas educacionales para los hijos. Involucra la
adquisición de mínimos bienes, lo que influye en la no disponibilidad en el hogar de textos y
materiales de apoyo a la tarea escolar, como también en la utilización que se haga de ellos. Implica,
además, la baja calidad y la escasez de estrategias de aprendizaje que ayuden a los niños a tener éxito
en la escuela.
Las características de los hogares de bajo NSE influyen adversamente en el desarrollo cognitivo y
sicosocial de los niños, limitando su experiencia cognitiva, esencial para el aprendizaje escolar y
constituyen un ambiente propicio para la emergencia de factores que aumentan considerablemente el
riesgo infantil de presentar desarrollo sicobiológico, social y económico deficitario, lo que puede
explicar parcialmente la desventaja que los alumnos pobres presentan frente a sus pares de clase media
al enfrentar la tarea escolar, ya que el grado de desarrollo cognitivo alcanzado y la estrategia utilizada
por el niño para adquirir experiencias que involucren aprendizaje, es indispensable para la adquisición
de la lectura y la escritura, habilidades que se logran a través de experiencias que el niño adquiere
antes de ingresar a la escuela.
Los factores ambientales que influyen de forma más común en
el espacio de aprendizaje
En los entornos educativos, los factores ambientales pueden desembocar en cambios
metodológicos en el profesorado, pero también en una actitud positiva y un mayor compromiso
hacia el aprendizaje del estudiantado. En esta segunda entrega, revisamos, desde la investigación
científica, los factores y elementos que deben tenerse en cuenta al momento de diseñar un espacio
de aprendizaje o cuando se evalúa su calidad ambiental.
El diseño de los espacios de aprendizaje desde la innovación educativa y la investigación parte de una
doble constatación. En primer lugar, no existe un único modelo o experiencia que guíe la definición de
lo que es un buen espacio de aprendizaje, sino que cada espacio de aprendizaje debe dar respuesta a las
necesidades de docentes y alumnado y del contexto educativo en el que se enmarca. En segundo lugar,
cada diseño debe enlazar la dimensión pedagógica, la dimensión ambiental y la dimensión digital.
Del diálogo entre estas dimensiones surgen varios principios que deberían regir el diseño de cualquier
espacio de aprendizaje. En este artículo, nos centraremos en la dimensión ambiental.
Tanto en una nueva construcción como en el rediseño de espacios de aprendizaje es importante
considerar y cuidar al máximo los factores y elementos de influencia ambiental, ya que permitirán
aumentar el confort y adecuar el espacio de aprendizaje apropiadamente. Las persianas, la luz natural,
cortinas, ventilación con las ventanas y las puertas, no interrumpir las entradas de luz natural si no es
necesario, no bloquear la conexión visual con el exterior, música, son algunos de los factores
ambientales a los cuales debemos prestar atención y ser conscientes de las posibilidades que su
correcto funcionamiento brinda a la experiencia de aprendizaje.
Informes e investigaciones realizadas en las últimas décadas vinculan el bienestar general, las
funciones cognitivas y el estado emocional y por extensión, los resultados académicos, con diferentes
factores ambientales (Byers et al., 2018; Barret et al., 2015; Marchand et al., 2014; Barret y Zhang,
2009; Fisher, 2005). A continuación, revisamos estos elementos para exponer aquello que debe tenerse
en cuenta:
ILUMINACIÓN
La iluminación y la regulación de la luz son características que determinan la adecuación de un
espacio. En el aula, una correcta iluminación y control de la luz permitirá una correcta lectura y
escritura, visualizar correctamente la demostración en pantallas, regular la temperatura según la época
del año, etc. Disponer de una buena iluminación artificial, que permita cambiar el tipo de luz, la zona y
la intensidad de la misma, así como persianas y cortinas adecuadas y de fácil utiliza ción serán los
principales elementos que permitirán equilibrar la luz artificial y la natural para conseguir una
iluminación adecuada en cada momento.
ACÚSTICA
Cuando se proponen actividades en las que el alumnado debe ser protagonista y sujeto activo y, por lo
tanto, tiene un nivel de interacción mayor colaborando, hablando, moviéndose, modificando la
disposición del mobiliario, etc., seguramente generará un nivel de ruido también mayor que cuando se
da una clase magistral en la que únicamente habla el profesor. Pero antes que entrar en cuestiones más
técnicas, es importante entender que el confort acústico de un aula pasa en primer lugar por crear una
cultura de la actividad de aprendizaje adecuada, en la que, especialmente se cuide el tono de voz. A
partir de un adecuado comportamiento, el diseño acústico propiamente dicho ayudará también a
mejorar el confort.
Los efectos del ruido en niños/as y maestros/as (Shield y Dockrell, 2008) prueban que la exposición al
ruido (excesivo) tiene un efecto perjudicial sobre el desarrollo cognitivo de los/as niños/as de primaria
(incluida la reducción de memoria, motivación, capacidad de lectura…) así como efectos negativos en
los docentes. Cuidar la acústica del entorno disminuye el cansancio y la irascibilidad de las personas,
especialmente aquellas que presentan algún trastorno del comportamiento y a la vez permite mejorar el
nivel de comprensión durante la comunicación.
CALIDAD DEL AIRE
La calidad del aire, especialmente evitando la acumulación de dióxido de carbono (CO2) también es
importante. El recurso más sencillo para mejorar este parámetro es ventilar los espacios con frecuencia
mediante apertura de ventanas y puertas, si no se dispone de un sistema automático. También es
importante poner atención a los materiales y productos con los que se construye y decora el espacio y
los productos con los que se limpia, para evitar la presencia de compuestos orgánicos volátiles (Wall,
2016). Algunos edificios, por los materiales y las formas de construcción acaban resultando
perjudiciales para la salud debido sobre todo a la presencia de compuestos orgánicos volátiles
(síndrome del edificio enfermo) (Fard et al., 2018; WHO, 1983). Por esta razón es importante también
considerar una construcción sostenible y con materiales que respeten la salud de las personas. La
opción de incluir vegetación, que es una ayuda para mejorar la calidad del aire y absorber sustancias
tóxicas, así como mejorar la armonía estética, es una muy buena opción a ser utilizada en las escuelas.
TEMPERATURA Y HUMEDAD
Igual que los factores anteriores, la afectación de la temperatura en los procesos cognitivos
relacionados con el aprendizaje es otro de los factores también estudiados en diversos trabajos. Una
temperatura inadecuada en los espacios de aprendizaje afecta al bienestar y el rendimiento académico
del alumnado (Zeiler y Boxen, 2009). El espacio deberá tener un buen aislamiento, pero también será
importante que tenga un sistema de calefacción y refrigeración adecuados según el emplazamiento
geográfico del centro y la época del año. Poder controlar específicamente la temperatura en cada
estancia, ya sea mediante termostatos o sistemas de bloqueo del sol que incide directamente en épocas
de temperatura más alta, también posibilita mejorar el bienestar. Según el emplazamiento, la
orientación del edificio, el índice de ocupación y la actividad que se realice en cada espacio, la
temperatura puede variar notablemente. Aunque la humedad no es un parámetro demasiado importante
en algunas zonas geográficas, también puede resultar un factor de incomodidad.
ESTIMULACIÓN Y COLOR
La sobreestimulación visual puede resultar negativa para mantener el confort en un espacio.
Habitualmente, las aulas se sobrecargan de trabajos, posters y todo tipo de papeles colgados en las
paredes, sin mantener ningún criterio estético o armonía ambiental e incluso provocando distracción
visual, sin saber realmente las consecuencias psicológicas o en el aprendizaje que esto tiene. También
suelen asociarse colores vivos y estridentes a los espacios infantiles, cuando este hecho no deja de ser
una construcción cultural de los adultos. En general, las paredes claras y despejadas permiten mantener
una sensación de serenidad y orden y mejorar la focalización en la tarea de aprendizaje que se está
realizando. Por esta razón, no se recomiendan los colores estridentes o vivos porque provocan una
sobreestimulación visual y pueden ir en detrimento de la eficiencia en el aprendizaje (Fisher et al.,
2014; Jalil et al., 2012). Son recomendables los colores claros y cálidos, que evoquen tranquilidad y un
cierto equilibrio en la estimulación visual que provoca el espacio junto con todos los elementos que lo
componen, sin llegar a ser un espacio impersonal o aburrido (Barret et al., 2015).
FLUIDEZ Y DINÁMICA
La fluidez de movimiento y la dinámica de uso que permite un espacio serán el resultado, tanto de la
perspectiva pedagógica con la que se diseñan, como con el imaginario de uso de los espacios que se
proyecte cuando se piense en su estructuración y en qué elementos lo tienen que conformar. Así, será
importante pensar en que la organización del espacio debe permitir la fácil circulación y la conexión
entre las diferentes zonas del aula y/o las diferentes estancias del centro. La direccionalidad de los
subespacios y el mobiliario, así como su adyacencia y holgura afectará al desarrollo de las sesiones y
las actividades (Ching y Binggeli, 2019). Un espacio que permite la interacción fácil, el movimiento
fluido y dispone de las adyacencias correctas facilitará en mayor medida las actividades colaborativas
con diferentes configuraciones de grupos, la interacción entre iguales, la posibilidad de diferentes
agrupaciones, de aprendizaje competencial y globalizado, momentos de intimidad o de trabajo
autónomo y la conexión visual, entre otros (Hudson y White, 2020; Wall, 2016; Barret et al., 2015).
CONEXIÓN VISUAL
Los espacios de los centros educativos -especialmente las aulas- suelen ser estancias estancas, con muy
poca conexión con el exterior y el resto del centro. Pocos son los centros con aulas que tienen visión
directa con el pasillo o el distribuidor adyacente (Wall, 2016). A veces, incluso, aquellas escuelas que
tienen una visión exterior agradable con la naturaleza o la vecindad permanecen con las persianas
bajadas por una falta de cultura de bienestar durante el tiempo escolar. Sin duda, las dos formas
esenciales de crear estas conexiones entre espacios y con el exterior será optar por espacios más
diáfanos en la arquitectura escolar, conectar diferentes espacios mediante puertas o conexiones y
convertir las separaciones entre espacios en paredes transparentes de cristal o ventanales. Algunos
autores, como Tanner (2009) vinculan en su investigación la apertura y conexión visual de los espacios
con el exterior y con vistas agradables con unos mejores resultados en el aprendizaje.
FORMAS
Las formas redondeadas suelen generar un espacio más dinámico, vivo y orgánico y contrastan o
equilibran las formas que suele tener la estructura arquitectónica de los espacios (paredes, ventanas,
puertas, etc.). Mejoran también la interacción entre las personas, suelen ser más amables para la visión
y también permiten una mayor adecuación ergonómica y mayor seguridad en el uso cotidiano. En el
diseño, las formas redondeadas suelen usarse para transmitir interacción social y creatividad, mientras
que la formas más reticulares evocan más solidez y orden (Grimley y Love, 2019).
CANTIDAD Y TIPOLOGÍA DE RECURSOS
En los últimos años se ha avanzado en el diseño y ergonomía de los muebles escolares para que sean
más móviles y puedan agruparse de diferentes formas. Paralelamente, las organizaciones de los
espacios también se van modificando, configurándose en zonas, agrupaciones de mesas y sillas
diferentes que puedan responder a la naturaleza de cada actividad. Se van incluyendo ruedas para dar
más movilidad, no solo a sillas y mesas, si no también a los muebles de almacenaje que ofrecen una
mayor modularidad y múltiples usos.
Los espacios incluyen también otros elementos, como gradas, pantallas interactivas móviles,
bancos, pufs, alfombras para reuniones en el suelo, escritorios portátiles, etc. (Hudson y White, 2020).
Todo ello requiere una reflexión profunda respecto a dos cuestiones: en primer lugar, cómo debe
evolucionar el diseño de los diferentes elementos utilizados en el diseño de los espacios y, en segundo
lugar, cuál es el tipo y cantidad de muebles y recursos que se necesitan para desarrollar el proceso de
aprendizaje con actividades diversas basadas en un enfoque científico.
FLEXIBILIDAD DEL ESPACIO
Un diseño de espacio flexible es aquel que responderá a cualquier necesidad de aprendizaje, además de
que permitirá crear un ambiente cambiante y menos monótono. La flexibilidad dependerá de la
agilidad con la que docentes y alumnos puedan reconfigurar el espacio según lo vayan requiriendo.
Uno de los aspectos que permiten aumentar la flexibilidad de un espacio de aprendizaje es que posea
un mobiliario multifuncional, móvil y regulable y que pueda ser modificado de forma ágil durante las
actividades de aprendizaje (Hudson y White, 2020; Wall, 2016).
TECNOLOGÍA
Sin duda, en las últimas décadas la integración de la tecnología ha tenido un papel muy importante en
los movimientos de renovación metodológica en la educación formal. Merece especial atención cómo
integramos la tecnología en el espacio y como el espacio debe configurarse para responder a esta
integración para que permita compartir, sea móvil, se utilice solo en el momento que se requiera, etc. A
su vez, la presencia de esta tecnología requerirá poner especial atención a las instalaciones del espacio
(puntos eléctricos, correcta conexión, espacios de almacenaje, etc.).