TEXTO 1
Con la expresión vita activa me propongo designar tres actividades fundamentales: labor,
trabajo y acción. Son fundamentales porque cada una corresponde a una de las condiciones
básicas bajo las que se ha dado al hombre la vida en la tierra. Labor es la actividad
correspondiente al proceso biológico del cuerpo humano, cuyo espontáneo crecimiento,
metabolismo y decadencia final están ligados a las necesidades vitales producidas y
alimentadas por la labor en el proceso de la vida. La condición humana de la labor es la misma
vida. Trabajo es la actividad que corresponde a lo no natural de la exigencia del hombre, que
no está inmerso en el constantemente- repetido ciclo vital de la especie, ni cuya mortalidad
queda compensada por dicho ciclo. El trabajo proporciona un «artificial» mundo de cosas,
claramente distintas de todas las circunstancias naturales. Dentro de sus límites se alberga
cada una de las vidas individuales, mientras que este mundo sobrevive y trasciende a todas
ellas. La condición humana del trabajo es la mundanidad. La acción única actividad que se da
entre los hombres sin la mediación de cosas o materia, corresponde a la condición humana de
la pluralidad, al hecho de que los hombres, no el Hombre, vivan en la Tierra y habiten en el
mundo. Mientras que todos los aspectos de la condición humana están de algún modo
relacionados con la política, esta pluralidad es específicamente la condición -no sólo la
conditio sine qua non, sino la conditio per quam- de toda vida política.
TEXTO 2
La acción sería un lujo innecesario, una caprichosa interferencia en las leyes generales de la
conducta, si los hombres fueran de manera interminable repeticiones reproducibles del mismo
modelo, cuya naturaleza o esencia fuera la misma para todos y tan predecible como la
naturaleza o esencia de cualquier otra cosa. La pluralidad es la condición de la acción humana
debido a que todos somos lo mismo, es decir, humanos, y por tanto nadie es igual a cualquier
otro que haya vivido, viva o vivirá.
TEXTO 3
Estas tres actividades y sus correspondientes condiciones están íntimamente relacionadas con
la condición más general de la existencia humana: nacimiento y muerte, natalidad y
mortalidad. La labor no sólo asegura la supervivencia individual, sino también la vida de la
especie. El trabajo y su producto artificial hecho por el hombre, concede una medida de
permanencia y durabilidad a la futilidad de la vida mortal y al efímero carácter del tiempo
humano. La acción, hasta donde se compromete en establecer y preservar los cuerpos
políticos, crea la condición para el recuerdo, esto es, para la historia. Labor y trabajo, así como
la acción, están también enraizados en la natalidad, ya que tienen la misión de proporcionar y
preservar -prever y contar con- el constante aflujo de nuevos llegados que nacen en el mundo
como extraños. Sin embargo, de las tres, la acción mantiene la más estrecha relación con la
condición humana de la natalidad; el nuevo comienzo inherente al nacimiento se deja sentir en
el mundo sólo porque el recién llegado posee la capacidad de empezar algo nuevo, es decir, de
actuar. En este sentido de iniciativa, un elemento de acción, y por lo tanto de natalidad, es
inherente a todas las actividades humanas Más aún ya que la acción es la actividad política por
excelencia, la natalidad, y no la mortalidad, puede ser la categoría central del pensamiento
político.