Usufructo y Derechos Reales en Derecho
Usufructo y Derechos Reales en Derecho
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- Según Paulo, pueden incluirse aquí las mismas causas determinantes de la extinción de las
servidumbres prediales, y, además, las siguientes causas específicas de extinción del propio
usufructo:
- - Por muerte o pérdida de la capacidad jurídica del usufructuario. Por razón de su propia
naturaleza, el usufructo es un derecho temporal que se extingue por muerte de su titular o por
extinción de su capacidad jurídica.
- - Por cumplimiento del término (plazo), si el usufructo se hubiese constituido con
carácter temporal o, por cumplimiento de condición, si hubiese sido constituido bajo condición
resolutoria. Por consolidación, es decir, por reunirse en una misma persona la titularidad del
usufructo y de la nuda propiedad.
• Fiducia
Representa en general una institución por cuya virtud el deudor transmite el acreedor la propiedad de
la cosa objeto de la garantía, en virtud de la mancipatio o de la in iure cessio, obligándose el acreedor
a su devolución, en virtud de la remancipatio, si la obligación así asegurada fuese cumplida a su debido
tiempo. Esta figura jurídica representaba grandes ventajas para el acreedor, ya que como garantía del
pago de la deuda se convertía en propietario de la cosa con todas las facultades que el dominio
implicaba pero, en cambio, ofrecía ciertos inconvenientes para el deudor, por cuanto que al quedar
privado de la propiedad de la cosa lo estaba también de la percepción de sus posibles frutos.
• Pignus (prenda)
Por virtud de esta figura, el deudor no transmitía al acreedor la propiedad o dominio de la cosa, sino tan
solo su posesión, quedando con ello eliminados los inconvenientes de la fiducia. En un principio, la
constitución del pignus no atribuía al acreedor pignoraticio otra facultad que la de retener la cosa
mientras no fuese satisfecha la deuda.
Sin embargo, con posterioridad, la jurisprudencia de los Severos estableció que al constituirse la
prenda, tácitamente se sobreentendía el pacto, por cuya virtud se acordaba que incumplida la
obligación por parte del deudor, el acreedor gozaba del ius vendendi o del ius distrahendi, es decir, del
derecho de vender la cosa objeto de la prenda y de cobrarse con el precio obtenido el importe de su
crédito.
• La hypotheca
Dado que el pignus representaba todavía ciertos inconvenientes para el deudor, por cuanto que en
virtud de esta figura jurídica el deudor quedaba privado del uso de la cosa, se acudió finalmente para
remediarlos a la institución de la hypotheca, basada en el principio de que los bienes del deudor
pueden servir de garantía al acreedor mediante un simple acuerdo o convención y, sin necesidad de
traspasar ni su dominio ni su posesión.
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El origen de la hypotheca reside en los arrendamientos rústicos, en los cuales era costumbre que el
arrendador acordase con el arrendatario que los aperos de labranza, propiedad de este último,
garantizasen el pago de las rentas, es decir, el pago de un canon arrendaticio. A tal fin el pretor concedió
un interdicto posesorio, cuando existía entre ambos contratantes el pacto indicado. Dicho interdicto
fue el denominado interdictum salvianum.
La prenda y la hypotheca coexistieron en el derecho romano sin existir una precisa diferenciación entre
ambas figuras. A partir de Marciano (jurista de la época de los Severos, siglos II y III d. C.) se llamó
pignus, en un sentido estricto, a la garantía real que implicaba una transmisión de la posesión de la
cosa en favor del acreedor, mientras que la hypotheca representaba un vínculo constituido sin
desplazamiento posesorio.
A partir de Justiniano se empezó a referir el pignus especialmente a las cosas muebles, por oposición
a la hypotheca, relativa a los bienes inmuebles, pero sin llegar a hacer de esta característica un
requisito esencial o natural de la prenda.
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A partir de la Lex Poetelia Papiria del 326 a.C., la obligación dejaría de representar una sujeción material
para convertirse en un vínculo jurídico, es decir, es un concepto abstracto. También a partir de esta ley,
se sustituye la ejecución por incumplimiento sobre la persona del deudor por la ejecución limitada al
patrimonio del deudor.
Orígenes
Las figuras más antiguas de la obligatio fueron las siguientes:
- La sponsio: en un principio, estaba basada en la fuerza religiosa de un juramento realizado por
el promitente (el que hace la promesa) o sponsor ante los dioses. A partir de las XII Tablas, esta
vinculación religiosa, que conllevaba de incumplirse la promesa una sanción también religiosa,
se transformaría en un deber laico y civil reconocido por el ordenamiento y, cuyo
incumplimiento atribuía al receptor de la promesa incumplida la posibilidad de ejercitar una
actio contra el promitente incumplidor.
- El nexum: era una figura jurídica, por cuya virtud el deudor se mancipaba, es decir, se
autoentregaba al acreedor, entrando en su mancipium, es decir, bajo su ámbito de poder,
permaneciendo materialmente sujeto y obligado con respecto al acreedor mientras no pagase
su deuda o bien pagase otro por él. Como anteriormente hemos indicado, solo a partir de la Lex
Poetelia Papiria, del 326 a.C., la obligación se configuraría como vínculo jurídico.
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▪Imposibilidad jurídica: cuando la prestación fuese de imposible cumplimiento
por disposición del derecho, como por ejemplo, la obligación de dar cosa no
susceptible de tráfico o de lícito comercio (es decir, por ejemplo una res extra
commercium).
Ambas especies de imposibilidad (la natural, física o de hecho y la jurídica)
producen la nulidad de la obligación.
También permiten las fuentes hablar de:
▪ Imposibilidad objetiva o absoluta, cuando la prestación es imposible en sí
misma y para toda clase de personas como, por ejemplo, la obligación de
transferir una cosa o de transmitir una cosa que no existe. Este tipo de
imposibilidad impide siempre el nacimiento de la obligación.
▪ Imposibilidad relativa o subjetiva, cuando la imposibilidad solo es tal con
relación a la persona del deudor y que, en principio, no anula, sino que mantiene
la obligación.
Es un supuesto distinto del de imposibilidad el de mera dificultad para el
cumplimiento de la prestación. Si bien, cuando dicha dificultad fuese extraordinaria
puede, en ocasiones, ser equiparada a la imposibilidad liberatoria.
- La licitud
La prestación ha de ser lícita. Es ilícita la prestación que contraviene un precepto legal, es decir,
la prestación contraria a derecho o contra ius, así como la prestación contraria a la moral y a
las buenas costumbres, es decir, la prestación contra boni mores.
Podemos encontrar como ejemplo de prestaciones ilícitas contra ius, o atentatorias del orden
jurídico mismo, los pactos prohibitivos totalmente de la libertad del matrimonio, los cuales se
consideran nulos, estimándose lícito, en cambio, el pacto positivo que no limite la libertad
totalmente como por ejemplo: “te nombro heredero si te casas con Gala…”
- Otro requisito que los juristas romanos no llegaron a establecer de una manera clara y definitiva
y que fue propiamente elaborado por la Escuela Pandectista es el relativo a la patrimonialidad
de la prestación. Se exige que la prestación sea patrimonial, valorable, traducible en dinero.
Esta exigencia viene confirmada, en lo que al Derecho Romano se refiere, en el procedimiento
formulario, en el cual la condemnatio (condena) siempre es pecuniaria, lo que confirma la
existencia de que únicamente puedan ser objeto de obligación válida las cosas susceptibles de
conversión en dinero.
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que se distinguen también de la obligación jurídica civil por cuanto que de la obligación natural
no surge acción alguna dirigida a reclamar el cumplimiento de la obligación.
Se trata, en definitiva, de obligaciones cuyo incumplimiento no genera sanción alguna.
Estamos por tanto ante ciertos deberes morales y sociales que impulsan a su cumplimiento,
aunque el derecho no lo exija.
En Roma, las primeras manifestaciones de obligaciones naturales se dieron en torno a las
relaciones constituidas por esclavos e hijos de familia (personas sometidas a patria potestad),
por cuanto que, dada la incapacidad de estos para actuar en el mundo del Derecho,
técnicamente no podían los hijos de familia ni los esclavos crear obligaciones civiles, tuteladas
o protegidas con los medios judiciales ordinarios.
3) En atención al objeto de la obligación se distingue en: obligación divisible, cuando la
obligación fuese susceptible de fraccionamiento, como por ejemplo la obligación de pagar una
suma de dinero; y obligación indivisible, que es aquella cuya prestación no fuese susceptible
de cumplimiento parcial, debiéndose cumplir de una sola vez la prestación íntegra. Así sucede
por ejemplo, con la obligación de pintar un cuadro.
4) En cuarto lugar, y también desde el punto de vista del objeto, se distingue entre:
- Obligaciones específicas: son aquellas cuya prestación recae sobre una cosa
individualizada en todas sus propiedades y atributos y que únicamente se cumplen
entregándose una cosa determinada.
- Obligaciones genéricas: son aquellas en que el deudor se obliga a devolver o prestar, no
ya un objeto determinado, sino un género que se mide por cantidad, número o peso.
5) En quinto lugar, también en relación con el objeto, puede distinguirse entre:
- Obligaciones alternativas: aquellas que tienen por objeto dos o más prestaciones, de las
cuales el deudor se libera entregando una sola de ellas.
- Obligaciones facultativas: aquellas en que se faculta al deudor para liberarse entregando
una prestación diversa de la debida o convenida.
La diferencia de las facultativas con las alternativas reside en que, en las facultativas, si
desaparece el objeto que se previó como prestación principal, la obligación se extingue. En las
alternativas en cambio, la obligación se mantiene mientras subsista alguna de las diversas
posibilidades de la prestación, es decir, mientras quede alguna prestación de posible
cumplimiento.
6) Desde el punto de vista de los sujetos puede distinguirse entre:
- Obligaciones mancomunadas o parciarias: en este tipo de obligaciones, del lado activo,
cada una de las partes solo puede exigir su cuota, es decir, que de ser varios los acreedores,
cada acreedor solo puede pretender el cobro de su cuota o de su parte del crédito; y de ser
varios los deudores, cada deudor solo está obligado al pago de su parte en la deuda.
- Obligaciones solidarias: suponen que cada uno de los coacreedores puede pretender el
cobro de la totalidad del crédito; y de ser varios los deudores, cada uno de ellos, si fuese
requerido para el pago, estaría obligado a pagar la totalidad de la deuda.
Ambas modalidades de obligación tienen de común la existencia de varios sujetos, tanto
activos-acreedores-, como pasivos-deudores-.
12.3. LA MORA
En términos generales, la mora es el retraso en el cumplimiento de la obligación, pudiendo a estos
efectos, distinguirse entre:
- Mora debitoris (mora del deudor): Es el retraso imputable al deudor en el cumplimiento de
su obligación. Para que el deudor se constituyese en situación de morosidad era necesario
que se tratase de una obligación válida y exigible, y se requería además, tratándose de
obligaciones puras (las no sometidas ni a condición ni a término): a) la previa notificación,
por parte del acreedor al deudor, de su situación de morosidad; b) así como el
requerimiento de pago efectuado por el acreedor al deudor, judicial o extrajudicialmente.
En las obligaciones sometidas a término no era en cambio necesario dicho requerimiento
o interpellatio. La mora o retraso en el pago produce como efecto general la
responsabilidad por daños. La situación de morosidad se extinguía cuando el deudor
ofrecía al acreedor el cumplimiento de la prestación debida, con los eventuales intereses
de demora o intereses moratorios.
- Mora creditoris (mora del acreedor). Se producía cuando el acreedor se negaba a recibir la
prestación debida, en cuyo supuesto si la cosa perecía entre tanto en las manos del deudor,
el riesgo de perecimiento lo soportaba el acreedor, a menos que el deudor hubiese actuado
con dolo.
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Como consecuencia también de la mora del acreedor el deudor tenía derecho al reembolso
de los gastos que le hubiese ocasionado la custodia de la cosa, desde que el acreedor se
hubiese constituido en mora. Esta mora se extinguía cuando el acreedor se ofreciese a
aceptar la prestación y a abonar los gastos que le hubiese ocasionado al deudor su mora.
• EL PAGO
Supone la finalización natural de la obligación por su cumplimiento y consiste en el cumplimiento
de la prestación que constituye el objeto de la obligación.
Sujetos del pago
En ocasiones el pago ha de ser efectuado exclusivamente por el deudor, en atención a sus
particulares condiciones personales, como por ejemplo la obligación que corresponde a un artista
de realizar una obra. Pero, salvo estos casos, no solo el deudor, sino también cualquier extraño
puede realizar el pago.
El pago podía realizarse válidamente al acreedor, a su representante legal (tutor, curador, etc.), o
bien, al representante voluntario, al que denominamos procurator; o bien también al que llamamos
adstipulator.
La adstipulatio era un contrato verbal por virtud del cual, el deudor prometía a otra persona la
misma prestación debida al acreedor. La persona receptora de la promesa, que era la adstipulator,
podía, no solo recibir el pago, sino también reclamarlo con igual eficacia que el acreedor principal
y también condonar la deuda.
Locus solutionis (lugar del pago)
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Es ante todo el acordado por las partes al constituir la obligación y, en defecto de dicho acuerdo,
el pago debía efectuarse en el domicilio del deudor, salvo que se tratase de una obligación
consistente en la entrega de una cosa determinada, en cuya hipótesis la obligación debía
ejecutarse en el lugar en que se hallare esta.
Momento del pago
Como regla general, es la voluntad de las partes la que fija el tiempo/la fecha en que hubiese de
verificarse el pago, aunque si el plazo hubiese sido fijado en beneficio exclusivo del deudor, este
siempre podía renunciar al mismo y pagar antes de que llegase el momento establecido.
Si no se hubiese estipulado el plazo en que hubiere de efectuarse el pago, ni tampoco se dedujese
de la índole de la prestación, el pago debía verificarse inmediatamente después de surgida la
obligación.
Modo de realización del pago
Como regla general, el pago debía verificarse cumpliendo la misma prestación debida y no otra,
pero en ocasiones, esta regla sufre modificaciones por alguna de las siguientes causas entre otras:
- Puede ocurrir que el deudor, aunque solvente, carezca de aquellas cosas que deban ser
objeto del pago, pero se le permite que abone su deuda con la entrega de otras (supuesto
de la datio in solutum -dación en pago-).
- También puede suceder que a algunos deudores se les dispense de hacer un pago total,
cuando su patrimonio no alcance a satisfacer la totalidad de la deuda o, cuando fuesen a
quedar los deudores sin los medios indispensables para su subsistencia. En este supuesto
se les permite retener los bienes indispensables para subsistir (beneficium competentiae -
beneficio de competencia-).
Imputación de pagos
El problema de la imputación se plantea cuando el deudor que tuviese contraídas varias deudas
para con un mismo acreedor, hiciese un pago al acreedor. En este supuesto cabe que nos
preguntemos a qué deuda ha de ser imputado el pago realizado y, en definitiva, qué deuda debe
estimarse extinguida.
Aquí podemos indicar que, si el mismo deudor o, en su defecto, el acreedor no declarase a qué
deuda debe imputarse el pago, las fuentes establecieron las siguientes reglas:
1. Tratándose de obligaciones que produjesen intereses, el pago debía imputarse antes a los
intereses que al capital.
2. En cuanto a la imputación del pago al capital de las distintas deudas, debía atenderse a las
consecuencias de la inejecución de las diversas deudas, así como a la posible existencia
de garantías (prenda o hipoteca) y a la antigüedad del crédito.
• LA NOVACIÓN
Puede definirse como el acto por el cual se extingue una obligación precedente, sustituyéndola por
otra nueva. En efecto, una obligación puede quedar también extinguida cuando es reemplazada
por otra en la que resulta variado algún elemento de la obligación anterior.
Son requisitos necesarios de la novación los siguientes:
- La existencia de una obligación anterior válida de cualquier clase: natural, civil o pretoria.
Producida la novación, dicha obligación desaparece con todos sus accesorios (prendas,
hipotecas, etc.).
- Una obligación nueva creada para sustituir a la precedente, que también debe de ser válida
y un
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- Aliquid novi (algo nuevo): es decir, algo distinto que diferencie la nueva obligación de la
anterior, bien por variar la persona del acreedor o del deudor (novación subjetiva), o bien la
naturaleza de la obligación (novación objetiva).
• COMPENSACIÓN
Es un modo de extinción ope exceptionis (en virtud de excepción): consistente en la cancelación
de un crédito cuando el acreedor estuviese a su vez obligado respecto del deudor. Es un modo de
extinción de las obligaciones, por tanto, que tiene lugar cuando dos personas resultasen ser
recíprocamente acreedoras y deudoras una de la otra. La doctrina suele distinguir tres tipos de
compensación:
1. La convencional, que es la libremente acordada por los acreedores y deudores.
2. La judicial, que es aquella que el juez puede aplicar a solicitud de una de las partes.
3. La legal, que se produce por ministerio de la ley, es decir, por imperativo legal, quedando
extinguidos los créditos ipso iure, prescindiendo de la voluntad de las partes.
• EL CONCURSO DE CAUSAS: representa un modo de extinguir las obligaciones siempre que se
trate de dar una cosa cierta y determinada, y tiene lugar cuando el objeto en cuestión pasa a
ser propiedad del acreedor por causa distinta de la relación obligatoria y con anterioridad al
cumplimiento de la prestación.
• LA CONFUSIÓN: es un modo de extinción de las obligaciones que tiene lugar cuando se reúnen
en una misma persona la doble cualidad de acreedor y deudor y sin que haya lugar a la
compensación. (Ej.: una hija debe dinero a su padre, pero luego le hereda).
• LA MUERTE: en general no se considera causa extintiva de las obligaciones, por cuanto que las
obligaciones se transmiten, tanto activa, como pasivamente a los herederos. Las deudas se
heredan, salvo las de carácter penal.
Existen en efecto ciertas obligaciones tales como las derivadas del delito, no transmisibles y
respecto de las cuales, la muerte sí que se considera como un modo de extinción.
Finalmente, existen dos modos de extinción que se consideran por la doctrina como modos ope
excepcionis (en virtud de excepción), que son:
- La prescripción extintiva: tiene lugar cuando el acreedor hubiese dejado transcurrir el plazo
dentro del cual podía ejercitar la correspondiente actio (acción).
- El pactum de non petendo (pacto de no pedir): es aquel por cuya virtud el acreedor promete al
deudor no exigirle el pago de la obligación.
TEMA 13.-
13.1. LA IDEA DEL CONTRACTUS EN EL PENSAMIENTO ROMANO
En el Derecho moderno la noción de contrato representa un concepto abstracto que engloba cualquier
relación obligatoria entre las partes. Todo acuerdo de voluntades que no sea contrario ni a la Ley, ni a
la moral, ni a las buenas costumbres es un contrato. En este sentido se manifiesta el artículo 1255 del
Código Civil.
En cambio, en Roma, el concepto de contractus presenta un contenido mucho más restringido que en
el Derecho moderno. En Roma se desconoce la noción abstracta de contractus y se admiten tan solo
ciertos tipos singulares de contratos a los que se reconoce la virtud de generar obligaciones. En el
Derecho romano solo son contratos aquellos acuerdos típicos reconocidos por el ius civile.
La mayor parte de los romanistas reconoce que la noción de contractus evolucionó sustancialmente
desde el derecho clásico al derecho justinianeo y, que en dicha evolución, tiende a acentuarse cada
vez más la idea de conventio, es decir, de convención, de consentimiento, de acuerdo entre las partes.
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Podemos distinguir las siguientes fases en dicha evolución:
1) En la época clásica, el puro y simple acuerdo de voluntades respecto de algún aspecto no
contemplado en el ius civile, no era considerado como un contrato, sino como un simple
pactum.
El pactum (pacto) no engendraba una acción, sino tan solo una excepción. La acción nacía
únicamente de los contratos, es decir, de aquellas convenciones o acuerdos que fuesen,
además, acompañados de una causa o forma civil.
Originariamente, el vínculo obligatorio solo nacía como consecuencia de la realización de
ciertos actos solemnes, es decir, formales, preestablecidos por la Ley a los que tenían que
acomodarse las partes, las cuales no podían modificar ni su forma ni sus efectos. Este era el
caso del nexum y de la sponsio.
2) En una segunda fase, empieza a concederse un mayor relieve al acuerdo de las partes al surgir
la figura de los contratos reales, en los cuales, el vínculo obligatorio nace de la entrega por una
de las partes a la otra de una cosa para su ulterior restitución.
3) Posteriormente, en los denominados contratos consensuales es claramente el acuerdo de las
partes, siempre que estuviese basado en una causa preestablecida por el ius civile, el
determinante de la eficacia obligatoria de dichos contratos.
4) En el derecho posclásico, y sobre todo, justinianeo, el núcleo del contrato se encuentra
constituido por el acuerdo de voluntades. Esta es la concepción que ha pasado al Derecho
moderno.
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creaban directamente obligaciones y por eso no era tutelada su eficacia mediante acciones, sino que
todo lo más podía hacerse mediante excepciones.
Solo a partir del ius honorarium, y en virtud del Edicto de pactiis, quedan ya garantizados los pactos
convenidos siempre que no fuesen opuestos a las leyes, plebiscitos, senadoconsultos y decretos de
los emperadores, ni fuesen dictados en fraude de algunas de estas normas. Todavía en el derecho
clásico, el pacto no genera acción, sino excepción.
• EL MUTUO
Se le llama también préstamo de consumo. Es un contrato real unilateral por el cual una persona
conocida como mutuante o prestamista entrega la propiedad de una cantidad de dinero u otras cosas
fungibles a otra persona, conocida como mutuario o prestatario, el cual se compromete a devolver,
pasado un cierto tiempo, igual cantidad de cosas del mismo género y calidad.
Es un contrato real porque no existe hasta que el mutuante o prestamista entrega o traspasa las cosas
al prestatario o mutuario; y es unilateral, porque una vez perfeccionado el contrato mediante la
entrega de la cosa, solo surge obligación a cargo de una sola de las partes, que es el prestatario o
mutuario.
Son los requisitos del mutuo los siguientes:
1. Que el mutuante o prestamista sea propietario de las cosas prestadas, o al menos, que tenga
facultad para enajenarlas (trasmitirlas).
2. Entrega efectiva de las cosas.
3. Fungibilidad de las cosas, es decir, que sean sustituibles por otras.
4. Acuerdo entre ambas partes de que el mutuante o prestamista da o entrega para que se le
devuelva; y que el prestatario recibe para restituir.
La obligación del mutuario o prestatario es devolver exactamente la cantidad en que consistió la datio,
es decir, la entrega. No cabe en este contrato el acuerdo de abonar intereses. El préstamo romano es
un principio por sí sólo y por su propia esencia, gratuito.
La relación nacida del contrato de mutuo podía hacerse valer por medio de una exceptio. El supuesto
más claro de esta exceptio tuvo lugar en relación con el senadoconsulto Macedoniano, que prohibía
los préstamos efectuados en favor de los hijos de familia (filiifamilias). Este senadoconsulto toma su
nombre de un tal Macedón, un filiusfamilias que había asesinado a su padre para heredarle y pagar de
este modo las deudas que había contraído. Los hijos sometidos a patria potestas no tienen capacidad
para tomar dinero a préstamo.
• EL DEPÓSITO
Es un contrato real por el cual una persona, que es el deponente o depositante, entrega a otra, que es
el depositario, una cosa mueble a fin de que se la custodie gratuitamente y que se la restituya pasado
el plazo fijado o al requerimiento del depositante.
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Es un contrato real porque solo se perfecciona con la entrega efectiva de la cosa. Es, además, un
contrato bilateral imperfecto, porque si bien de ordinario solo surgen obligaciones a cargo del
depositario, eventualmente, durante la vida del contrato, puede suceder que dicho depositario haya
tenido que realizar ciertos gastos de conservación de la cosa depositada, que deban serle
reembolsados. En esta hipótesis, nacerían también obligaciones a cargo del depositante.
Es, además, un contrato esencialmente gratuito, porque si se pactara una cantidad de dinero para
realizar el depósito, ya no estaríamos ante un contrato de depósito, sino de arrendamiento de servicios.
Además de los requisitos generales de cada contrato, son requisitos peculiares del depósito los
siguientes:
1. La entrega de la cosa: basta con que el depositante que verifique la entrega ostente una mera
detentación (posesión de la cosa), sin que se precise que sea propietario de la cosa depositada.
2. Que la finalidad del depósito sea la custodia o conservación gratuita.
3. Que se acepte asimismo que la devolución de la cosa por el depositario se realice tan pronto
como la reclame el depositante.
El depósito estuvo al principio tan solo protegido por una actio in factum (acción de hecho), concedida
por el pretor, si bien con posterioridad, surgiría de este contrato una actio in ius ex fide bona (acción
jurídica basada en la buena fe).
En el derecho justinianeo nacerían del contrato de depósito dos acciones:
a) La actio depositi directa, a favor del depositante contra el depositario a fin de reclamarle la
devolución del depósito.
b) La actio depositi contraria, ejercitable por el depositario contra el depositante para
reclamarle en su caso el reembolso de los gastos que le hubiere originado el depósito.
Finalmente, podemos decir que existen ciertas figuras especiales de depósito y que son las siguientes:
1. El depósito necesario
Es aquel que se verifica con ocasión de alguna calamidad que implique un peligro inminente para las
cosas como el saqueo, ruina, incendio o naufragio, supuestos estos en los que el depositante se ve
obligado a depositar una cosa sin conocer las cualidades del depositario y sin poder elegir a la referida
persona.
2. El secuestro
Es aquella figura de depósito por virtud de la cual, varios depositantes entregaban una cosa en litigio a
una tercera persona de su confianza, denominada secuestratario, para que esta la custodiara y
restituyera a quien resultase ser vencedor en el litigio, o según las condiciones preestablecidas por los
depositantes.
3. El depósito irregular
Consistiría en un depósito de cosas fungibles, especialmente de dinero, en el cual el receptor, es decir,
el accipiens, adquiría la propiedad de las cosas con la obligación de restituir la misma cantidad a
requerimiento del depositante.
• EL PIGNUS
El pignus es el contrato de prenda. Es un contrato real y bilateral imperfecto por cuya virtud una
persona, que es el deudor pignoraticio entrega la posesión de una cosa a otra, que es el acreedor, en
garantía del cumplimiento de una obligación, obligándose el acreedor a su devolución cuando le fuese
satisfecho el crédito. Se trata de un contrato real porque la entrega de la cosa es necesaria. Este
contrato se contempla en los artículos 1869 y siguientes del CC.
Obligaciones del acreedor pignoraticio
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- Está obligado a conservar la cosa recibida sin usarla, salvo el posible pacto de anticresis,
recogido en la actualidad en el artículo 1881 CC, que da derecho a percibir los frutos de la cosa
pignorada. – - El acreedor asume respecto de la misma cosa pignorada una responsabilidad
por custodia.
Obligaciones del deudor pignorante
- El deudor pignorante, por tratarse de un contrato bilateral imperfecto, puede tener también,
eventualmente, ciertas obligaciones tales como las de resarcir los gastos necesarios,
efectuados en la cosa, o los perjuicios procedentes de los vicios ocultos de esta.
Del indicado contrato nacen dos acciones personales:
a) La acción pignoraticia directa, que es utilizable por el deudor pignoraticio contra el que
recibió la cosa (el acreedor), para reclamarle por ejemplo la devolución de la cosa
pignorada si hubiese satisfecho el crédito o bien en su caso, si el deudor no hubiese
satisfecho su deuda el exceso del precio obtenido en la venta de la cosa pignorada, con
respecto al importe de la deuda garantizada.
b) La acción pignoraticia contraria, que sería ejercitable en su caso por el acreedor
pignoraticio contra el deudor pignorante para reclamarle por ejemplo los gastos de
conservación efectuados en la cosa pignorada.
• EL COMODATO
El contrato de comodato se contempla en los artículos 1740 CC y sucesivos, y también se le denomina
préstamo de uso.
Es un contrato real bilateral imperfecto y gratuito, por cuya virtud una persona a la que llamamos
comodante o prestamista, entrega a otra, que es el comodatario o prestatario, una cosa no
consumible, mueble o inmueble, para que la use y la restituya después al comodante.
Son requisitos peculiares de este contrato los siguientes:
- La consigna o entrega de la cosa: como no se transmite la propiedad de la cosa, ni su posesión
jurídica, basta que el comodante sea un simple poseedor natural de la cosa.
- Que la cosa sea inconsumible, o al menos, que aun siendo por su naturaleza consumible,
como el dinero, se utilice tan solo ad pompam o ad ostentationem (para pompa u ostentación).
- Que la cosa se ceda gratuitamente, ya que, en otro caso, se trataría de un arrendamiento.
Contenido del contrato
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Al igual que el depósito, el comodato estuvo al principio tan solo protegido por una actio in factum
(acción de hecho), concedida por el pretor, si bien con posterioridad, surgiría de este contrato una actio
in ius ex fide bona (acción jurídica basada en la buena fe).
En el derecho justinianeo surgieron de este contrato las siguientes acciones:
1) Una actio commodati directa: ejercitable por el comodante o prestamista contra el
comodatario para reclamarle la devolución de la cosa prestada y
2) Una actio commodati contraria: a favor del comodatario o prestatario contra el comodante para
reclamarle, en su caso, el resarcimiento de los gastos realizados o la indemnización de los
perjuicios ocasionados.
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1) Podemos decir que en atención a la índole y extensión de los medios aportados se distingue entre:
- Societates rerum (sociedades de cosas): si se aportan bienes.
- Societates operarum: si se ponen en común obras, actividades.
- Societates mixtae: si se aportan ambas modalidades de cosas.
- Societates omnium bonorum (sociedades de todos los bienes): si los socios contribuyen con la
totalidad de su patrimonio. Se trataría de las denominadas sociedades universales.
- Societates lucri: son las sociedades en que se aportan únicamente los bienes adquiridos por
los socios a título oneroso. Se excluyen, por tanto, las herencias, donaciones y demás
adquisiciones a título gratuito.
- Societates unius rei (sociedades de una sola cosa): son aquellas en que se contribuye solo con
una única cosa. Estas son las sociedades particulares que se celebran para un solo negocio o
con un único fin. También se las denomina societates unius negotiationis.
2) En atención al fin, puede distinguirse entre:
- Societates non quaestoriae: si el fin perseguido no consiste en la obtención de un lucro o
beneficio de tipo económico.
- Societates quaestoriae: si se proponen obtener una ganancia.
Obligaciones y Derechos de los socios
Todo socio está obligado a efectuar la aportación a la que se hubiese comprometido. Si la aportación
consistiese en la transmisión de bienes, se acudirá al modo más adecuado para el traspaso de su
dominio: mancipatio, in iure cessio o traditio.
Salvo acuerdo en contrario, cualquier socio podía realizar por sí solo, sin consentimiento de los demás,
actos de mera administración (actos de menos entidad que de los de disposición), reintegrando a la
caja social todo lo adquirido, debiendo en su caso, ser resarcido de los gastos necesarios o útiles que
hubiese anticipado.
Respecto de extraños, la sociedad romana no da lugar a una persona jurídica. La responsabilidad del
socio que hubiese contratado con un tercero es puramente personal, a no ser que claramente aparezca
dicho socio como representante de los demás socios o que contraten con dicho tercero todos los
socios.
Para exigir las obligaciones correspondientes a todos los socios, el socio perjudicado en su caso por el
incumplimiento de los demás, podía ejercitar la actio pro socio (acción a favor del socio), caracterizada
por ser única y, por el respeto al socio condenado de un mínimo de medios económicos para su
subsistencia.
Extinción del contrato de sociedad
1. Por razón de la persona, la sociedad finaliza:
a) Por la muerte de alguno de los socios, si bien en ocasiones, puede pactarse que continúe la
sociedad entre los socios supervivientes, o bien
b) Puede terminar por la capitis deminutio, máxima o media de uno de los socios (pérdida
absoluta o media de la capacidad). Esta causa sin embargo no se aplicaba tratándose de la
societas publicanorum (sociedad integrada por los recaudadores de impuestos, que seguía
funcionando siempre).
2. También se extingue la sociedad por voluntad de los socios, o por separación de uno solo, con
excepción del supuesto nuevamente de la societas publicanorum.
3. En tercer lugar, también se extingue la sociedad por la:
- Bonorum venditio: es decir, por la ejecución sobre los bienes de uno de los socios y por la
- Bonorum publicatio: confiscación de los bienes de uno de los socios.
4. También se extingue la sociedad por perecimiento del patrimonio social, como, por ejemplo, por
un incendio.
5. Si se tratase de una sociedad constituida para un término o plazo, la sociedad se extingue por
cumplimiento del término.
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DERECHO PRIVADO
6. También se puede terminar la sociedad por alcanzar el fin para el que fue creada, así como por
imposibilidad sobrevenida o ilicitud del fin social perseguido.
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DERECHO PRIVADO
- El arrendador debe, así mismo, responder si un tercero privase al arrendatario de la utilización
de la cosa.
El arrendador está también obligado al pago de los gastos de conservación de la cosa arrendada. De
no hacerlo así, el conductor tiene derecho a una rebaja proporcional de la merces (merced) o al
reembolso de los gastos si los hubiese sufragado personalmente.
Obligaciones del arrendatario (conductor)
- La obligación principal del arrendatario es la de pago de la merced pactada o bien, abandono
de la cosa al arrendador si no quisiese pagar.
- El conductor está, así mismo, obligado a restituir la cosa a la expiración o finalización del
contrato en buen estado, siendo responsable de los deterioros causados por su culpa y no en
cambio, de los derivados del uso normal de las cosas.
Extinción del contrato de arrendamiento
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DERECHO PRIVADO
A partir de las Instituciones de Gayo puede establecerse la siguiente clasificación:
- Mandatum mea gratia (mandato a mi favor): si el encargo tiene interés exclusivo para
el mandante. En él, el mandatario se obliga a desarrollar su actividad a favor del
mandante, transfiriendo a este los efectos de su actividad.
- Mandatum aliena gratia: es el mandato en beneficio de un tercero. En él, el mandatario
deberá rendir cuentas de su gestión al mandante y no al tercero beneficiado por su
actividad.
- Mandatum tua gratia: se considera nulo porque es el establecido en interés exclusivo
del mandatario.
Derechos y obligaciones de las partes
Obligaciones del mandatario
- El mandatario está obligado a llevar a cabo la gestión encomendada según las
instrucciones recibidas o según lo que aconseje la naturaleza del asunto.
- Debe, así mismo, rendir cuentas al mandante y restituirle los intereses de los capitales
colocados y, en general, todas las adquisiciones que sean consecuencia del mandato.
- Aunque tal vez en el Derecho Clásico el mandatario no respondiese de los perjuicios
causados, si no cuando pudiese apreciarse dolo en su conducta, a partir, en cambio,
del Derecho Posclásico se admite su responsabilidad por culpa.
Obligaciones del mandante
- El mandante debe resarcir al mandatario de todos los gastos que la ejecución del
encargo le haya producido, así como de los intereses de las sumas propias del
mandatario que este hubiese empleado para la realización del mandato y de los daños
que como consecuencia directa de la gestión encomendada haya sufrido.
Para la reclamación judicial de todas estas obligaciones nacen del contrato dos acciones:
a) Actio mandati directa: que es la ejercitable por el mandante contra el mandatario.
b) Actio mandati contraria: que es la ejercitable por el mandatario contra el mandante.
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