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4 Tonala 260224

El documento 'Tonalá: historia breve' de Jaime Olveda ofrece una visión concisa de la historia de Tonalá, Jalisco, desde su periodo prehispánico hasta la actualidad, destacando su evolución cultural y social. La publicación, parte de la colección 'municipios metropolitanos', busca proporcionar a los ciudadanos un recurso confiable sobre su identidad y patrimonio. Además, se enfatiza la importancia de comprender la historia local para abordar los desafíos contemporáneos en el área metropolitana de Guadalajara.

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El documento 'Tonalá: historia breve' de Jaime Olveda ofrece una visión concisa de la historia de Tonalá, Jalisco, desde su periodo prehispánico hasta la actualidad, destacando su evolución cultural y social. La publicación, parte de la colección 'municipios metropolitanos', busca proporcionar a los ciudadanos un recurso confiable sobre su identidad y patrimonio. Además, se enfatiza la importancia de comprender la historia local para abordar los desafíos contemporáneos en el área metropolitana de Guadalajara.

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Tonalá

Historia breve
Jaime Olveda

Colección municipios metropolitanos


Asociados Numerarios de El Colegio de Jalisco

Ayuntamiento de Guadalajara
Ayuntamiento de Zapopan
El Colegio de México, A.C.
El Colegio Mexiquense, A.C.
El Colegio de Michoacán, A.C.
Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías
Gobierno del Estado de Jalisco
Instituto Nacional de Antropología e Historia
Subsecretaría de Educación Superior-sep
Universidad de Guadalajara

Roberto Arias de la Mora


Presidente

Ixchel Nacdul Ruiz Anguiano


Secretario General
Tonalá
Historia breve

Jaime Olveda

Colección municipios metropolitanos


Esta publicación cuenta con una lectura aprobatoria avalada por el Consejo
Editorial de El Colegio de Jalisco, que garantiza su calidad y pertinencia académica.
La colección fue coordinada por la Dra. Angélica Peregrina.

972.35 M966 v. 4
Olveda, Jaime
Tonalá : historia breve / autor Jaime Olveda ; coordinadora de la colección Angélica
Peregrina ; presentación Sergio Armando Chávez Dávalos ; preámbulo Roberto Arias de la
Mora -- 1ª ed. -- Zapopan, Jalisco : El Colegio de Jalisco : Red de Investigadores en Gobiernos
Locales Mexicanos, 2023.
[81] páginas, 8 páginas en encarte : fotografías (algunas a color) ; formato PDF -- (Colección
Municipios Metropolitanos ; 4)
Incluye bibliografía: páginas [76-81]
ISBN (colección): 978-607-8831-54-8
ISBN (volumen): 978-607-8831-62-3
1. Ciudades y pueblos - Jalisco (México) - Historia - Siglos XVI-XXI. 2. Urbanismo - Tonalá,
Jalisco (México) - Siglos XVI-XXI. 3. Tonalá, Jalisco (México) - Historia - Siglos XVI-XXI. 4.
Área Metropolitana de Guadalajara - Población - Estadística - Siglos XVI-XXI.
I. Peregrina, Angélica, coordinadora de la colección. II. Chávez Dávalos, Sergio Armando,
presentación. III. Arias de la Mora, Roberto, preámbulo.

Clasificación thema: nhk

© D.R. 2023, El Colegio de Jalisco, A.C.


5 de Mayo 321
45100, Zapopan, Jalisco
© D.R. 2023, Red de Investigadores en Gobiernos Locales Mexicanos, A.C.
Prolongación Ángel Leaño 1554
45203, Zapopan, Jalisco
Primera edición, 2023
ISBN colección: 978-607-8831-54-8
ISBN volumen: 978-607-8831-62-3
Impreso y hecho en México/Printed and made in Mexico
Índice

Presentación. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6

Preámbulo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7

Los tiempos virreinales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12


Los reacomodos del siglo xix . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 40
El tránsito a la conurbación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 56
Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 76
Presentación

La memoria de los pueblos es un tesoro invaluable. Cada


reminiscencia de ser y estar en una época y sitio, a través de
su constante registro, nos da la oportunidad de conocernos a
nosotros mismos.
El texto que tienes hoy en tus manos es la suma de muchas
voluntades, no solo de los autores, sino de aquellos personajes
que han participado en el devenir histórico de nuestra
comunidad. Tonalá ha sido un pueblo de gran tradición, desde
su despertar prehispánico y conversión mestiza hasta nuestros
días: cada etapa y cada proceso ha coadyuvado a nuestro
crecimiento y a la transformación de lo que hoy nos identifica y
representa como tonaltecas. Es un verdadero privilegio contar
con un documento al cual los ciudadanos puedan acudir en
la búsqueda de información confiable, Tonalá, historia breve
engloba lo que como unidad cultural y social somos, una
comunidad en continua y constante transformación.
El corazón de Tonalá hoy late con más fuerza que nunca y es
gracias a que somos una tierra de patrimonio vivo.

Sergio Armando Chávez Dávalos


Presidente municipal de Tonalá 2021-2024

6
Preámbulo

El Área Metropolitana de Guadalajara (amg) se ha consolidado, al


día de hoy, no solamente como la segunda metrópolis más grande
de México y una de las más influyentes en materia de desarrollo
económico, influencia cultural e innovación tecnológica, sino
también como pionera en materia de planeación, gestión y
desarrollo metropolitano. A la fecha, seguimos siendo la única
área metropolitana en México que cuenta con el Sistema Integral
de Desarrollo Metropolitano, que a través de distintas instancias,
coordina los esfuerzos intermunicipales para asegurar que las
ciudades que la conforman se gestionen desde un solo enfoque,
para beneficio de sus ciudadanos.
Este esquema es un reflejo de siglos de integración entre
nuestras poblaciones y territorios, décadas de empuje y
presión social para reflejar en lo administrativo-gubernamental
las realidades físicas del amg, y años de desarrollo y diseño
institucional por parte de actores políticos y sociales clave
en la construcción de esta historia. La ciudadanía del amg
ha presionado constantemente para que las decisiones
político-administrativas reflejen la realidad vivida por sus

7
habitantes diariamente: límites territoriales prácticamente
imperceptibles, una sola ciudad unificada y cada vez más
conectada, por la cual sus ciudadanos transiten cruzando
varios municipios en el transcurso de un día normal.
Más allá de esto, también es el efecto natural de la historia
que indefectiblemente nos une como pobladores de los nueve
municipios metropolitanos y, consecuentemente, abona a
generar lo que hasta el día de hoy hemos construido. La
historia de nuestros territorios y ciudades, al estudiarla,
nos demuestra que siempre ha existido una dinámica inter-
territorial e intermunicipal, a partir de la creación de los
esquemas locales de gobierno. Podemos analizar en nuestros
documentos históricos e incluso ver en nuestro patrimonio
edificado los antecedentes valiosos de poblaciones que, desde
la época prehispánica, se asentaron en esta tierra y sin los
cuales no podríamos haber llegado hasta lo que hoy somos. Hay
una línea directa que conecta las experiencias de aquellos que
antaño empezaron, fueron y formaron Guadalajara, Zapopan,
San Pedro Tlaquepaque, Tonalá, Tlajomulco de Zúñiga, El Salto,
Juanacatlán, Ixtlahuacán de los Membrillos y Zapotlanejo, con
los que llegaron e impactaron en el desarrollo de los mismos, y

8
los que hoy en día seguimos sumando para la construcción de
mejores lugares.
Conocer entonces la historia de estos sitios y territorios
se vuelve fundamental para identificar las dinámicas y
antecedentes de los mismos y, por ende, entender cómo, de qué
manera, con qué ganadores y perdedores y bajo qué esquema
se generó y consolidó el desarrollo de nuestra metrópolis.
revertir dinámicas que afectan a nuestra población, como
la contaminación, la dispersión, la desigualdad, entre otras,
requiere de un entendimiento profundo de dónde vienen dichas
dinámicas, por qué se generaron y qué factores abonaron a
su consolidación. El mantenimiento y desarrollo de aquellas
que impactan de manera positiva requiere de un esfuerzo
similar. Como lo menciona el abogado, diplomático, escritor
e historiador mexicano de finales del siglo xix y principios del
xx, Carlos Pereyra, en su ensayo Historia ¿Para qué?: “Quienes
participan en la historia que hoy se hace, están colocados en
mejor perspectiva para intervenir en su época cuanto mayor
es la comprensión de su origen”.
La breve historia reflejada en estos textos que narran lo
ocurrido en cada uno de los nueve municipios del amg, nos

9
muestra precisamente los vínculos, conexiones y lazos entre
los distintos territorios que conforman nuestra metrópoli, que
llevan muchísimos años en proceso de gestación, evolución,
desarrollo y conformación. Nos enseñan lo que nos ha unido
a través de los años, cómo la fundación de la Guadalajara
actual hubiera sido imposible sin la existencia de un Tonalá
prehispánico, cómo ese mismo Tonalá tiene una histórica
relación con Zapotlanejo y la puerta que ha sido esta población
a los Altos de Jalisco, cómo nos unen las tradiciones y costumbres
que hicieron a estos territorios factores importantes en la
generación del México moderno y posrevolucionario, entre
muchos otros nexos. La identidad de nuestros pueblos está
conectada, por lo que, queramos o no, nuestros municipios
están ligados entre sí y hay vínculos intrínsecos entre todos
ellos que se han ido consolidando, como lo podrán comprobar
los lectores a lo largo de las siguientes páginas.
El esfuerzo metropolitano que se llevó a cabo en las últimas
décadas busca precisamente que la gestión pública y toma
de decisiones respecto a nuestra amg y su territorio exprese
estas interconexiones que históricamente tienen nuestros
municipios y sus identidades. Es, al final de cuentas, la

10
voluntad de mantener y fortalecer estos lazos en un contexto
de desarrollo y urbanización acelerada que empuja aún más
las relaciones entre nuestros pueblos y territorios. Estamos,
en dicho proceso, construyendo una historia adicional, que
respeta y reconoce los antecedentes que nos han llevado a
desarrollarnos de manera conjunta y, al mismo tiempo, que
busca construir una nueva realidad, en la cual lo que nos une
sea referente para la planeación y gestión de una sola área
metropolitana, con una identidad común.

Roberto Arias de la Mora


Presidente de El Colegio de Jalisco

11
Los tiempos virreinales
Cuando llegaron los españoles, capitaneados por Nuño
Beltrán de Guzmán, a la cabecera del reino de Tonallan, el 10
de marzo de 1530, la encontraron muy poblada. Ciertamente,
los recién llegados no tuvieron ante sus ojos grandes edificios
ni un urbanismo comparable con Mesoamérica, pero sí se
percataron de que era un centro político y religioso importante
que mantenía sujetos a Zapotlán de los Tecuejes, Cajititlán,
Cuescomatitlán, Tlaquepaque, Atemajac, Huentitán, Zalatitán
y Tetlán.1 Se trataba, además, de un asentamiento rodeado
de terrenos fértiles, aptos para la agricultura, con ríos
cercanos, con ricos bancos de tierra para fabricar cerámica
y con un clima favorable para vivir. Después de una reñida
batalla con los naturales, según algunos autores, el 25 de
este mes, en la que Nuño fue desarmado, cayó en poder de
los conquistadores.2 Guzmán permaneció aquí alrededor

1 Memoria histórica de los sucesos más notables de la conquista particular de


Jalisco por los españoles, que ofrece al estado F.F.F. jalisciense deseoso de la
ilustración. Guadalajara: Tipografía de S. Banda, 1879, p. 41.
2 Joaquín Romo de Vivar y Torres. Guadalajara. Guadalajara: Banco Industrial
de Jalisco, 1964, p. 3.

12
de veinte días, tiempo en el que recorrió los pueblos de la
demarcación, ordenó la construcción de una enorme cruz de
madera que fue colocada en la parte más alta del cerro de
la Reina y recibió la obediencia de otras comunidades.3 Este
conquistador quedó tan complacido de lo que vio, que se
reservó como encomiendas a Tonalá, Tetlán, Tlaquepaque y
Zalatitán.4
Al salir de esta cabecera para continuar su conquista, tomó
dos decisiones importantes: dejó como encargado de la pro-
vincia a Diego Vázquez de Buendía, con el auxilio de algunos
soldados, quien posteriormente le envió indios y alimentos;5
destinó una sección de su ejército a las órdenes de Cristóbal de
Oñate, para recorrer los pueblos ubicados al norte de Tonalá
hasta llegar a Xalisco, donde se reuniría con Pedro Alméndez
Chirinos que se internó hasta Zacatecas y con el propio Nuño

3 Matías de la Mota Padilla. Historia del reino de la Nueva Galicia en la América


septentrional. Guadalajara: INAH-Universidad de Guadalajara, 1973, p. 38.
4 Peter Gerhard. La frontera norte de la Nueva España. México: UNAM, 1996,
p. 194.
5 Antonio Tello. Crónica miscelánea de la sancta provincia de Xalisco.
Guadalajara: Gobierno de Jalisco-Universidad de Guadalajara, 1968, vol. I, pp.
119-120, 122, 203.

13
de Guzmán.6 Tras la salida de Nuño se procedió de inmedia-
to a la conversión religiosa, a cargo de fray Antonio de Sego-
via, fundador del convento franciscano de Tetlán, y de fray
Juan de Padilla, quien llevó a cabo los primeros bautizos de
los indígenas. Posteriormente llegaron otros doctrineros, los
frailes Ignacio de la Vega y Francisco Zamora, quienes que-
daron muy complacidos de que los tonaltecas fueran dóciles
y dispuestos a convertirse a la religión católica.7 Estos fran-
ciscanos fueron los primeros en difundir el culto a la Virgen
María y a Santiago.
Desde el inicio de la conquista, Guzmán entró en conflic-
tos con la Audiencia de México por cuestión de límites entre
el reino de la Nueva España y el territorio que estaba reco-
rriendo. Lo que se disputaba era el control y la explotación
de la rica zona agrícola, ubicada entre el lago de Chapala y el
río Grande de Santiago, así como la planicie costera del nor-

6 Memoria histórica…, pp. 42-43.


7 “Conquista berdadera del pueblo de Tonalan y merytos del gobernador
don Salbador Albardo, nombrado Mascarón Chytalpopoca”. José Refugio de
la Torre Curiel y Ethelia Ruiz Medrano. Conquista verdadera de Tonalá. La
escritura de una crónica local en defensa de la propiedad comunal indígena en
el siglo XIX. Zapopan: El Colegio de Jalisco, 2011, p. 101.

14
te de Colima. Dichos desacuerdos dieron lugar para que des-
de España se emitiera la orden a esta Audiencia, a mediados
de 1531, de nombrar un corregidor en Tonalá, quien dispuso
que, en lo sucesivo, los indios de esta provincia tributaran a
la Corona española y no a Nuño de Guzmán.8 Posteriormen-
te, cuando los oidores de este tribunal se enteraron de que
la Nueva Galicia tendría su propio gobierno, Hernán Cortés
envió a cien hombres armados, al mando de Luis de Casti-
lla, para dar cumplimiento a la real cédula que ordenaba la
restitución de las provincias conquistadas por sus capitanes,
las que Nuño había incorporado a su conquista por no haber
encontrado a ningún religioso encargado de la conversión de
los naturales, pero no logró sus propósitos porque después de
algunas entrevistas fue apresado por Juan de Oñate, uno de
los hombres más cercanos a Nuño.9
A mediados de 1533, los españoles que fundaron
Guadalajara en Nochistlán, en el sur de Zacatecas, después

8 Arturo Chávez Hayhoe. Guadalajara en el siglo XVI. Guadalajara: Banco


Refaccionario de Jalisco, 1953, p. 49; Thomas Hillerkuss (comp.). Documentalia
del sur de Jalisco. Zapopan: El Colegio de Jalisco-INAH, 1994, p. 195.
9 Gerhard, op. cit., p. 195; Memoria histórica…, pp. 58-59.

15
de haber sido atacados por los caxcanes, abandonaron el
lugar y llegaron a Tonalá con la intención de establecerla
en este sitio, por disponer de agua, pastos y de abundante
mano de obra, recursos indispensables para vivir. El acto
fundatorio tuvo lugar en los primeros días de agosto, tiempo
en que también nombraron cura al bachiller Antonio Tello.10
Desde un principio, las posibilidades de arraigo fueron muy
reducidas porque tal decisión se tomó sin el consentimiento
de Nuño de Guzmán, que en ese momento se encontraba en
Compostela; al saberlo, emprendió su viaje a Tonalá para
defender sus encomiendas y porque esperaba que el rey
lo nombrara marqués de esas tierras, como lo había hecho
con Hernán Cortés al adjudicarle el valle de Oaxaca.11 Pero,
además, la mayor parte de los vecinos se quedó a vivir en
Tlacotán y de los que pasaron a Tonalá, unos prefirieron
irse a Tetlán, seguramente atraídos por el convento que ahí
habían construido los franciscanos.12 Esta dispersión auguró
que Guadalajara no permanecería mucho tiempo en tal sitio.

10 Mota Padilla, op. cit., p. 78.


11 Tello, op. cit., p. 301.
12 Chávez Hayhoe, op. cit., pp. 47-48.

16
En este año, Nuño siguió siendo objeto de embestidas
por parte del gobierno de México, el cual, para mantener el
control de la zona, nombró a Gregorio de Saldaña corregidor
de Tonalá, pero tampoco pudo ejercer el cargo por la
resistencia que presentó dicho capitán al sostener que esas
tierras pertenecían a su conquista. Además, el ayuntamiento
de Guadalajara envió una carta al monarca español, el 4 de
septiembre de 1533, para quejarse del agravio que había
recibido con la designación de ese corregidor. En esta misiva,
el cabildo le hizo ver al rey que Tonalá había prestado
grandes servicios a la monarquía y que los conquistadores
e hijosdalgos que aquí vivían se sentían ofendidos con
dicho nombramiento, sobre todo, porque ellos estaban
llevando a cabo la conquista con sus propios recursos.13 Estas
confrontaciones influyeron mucho para que los vecinos de
Guadalajara optaran por mudarla a Tlacotán, al otro lado del
río Grande, a principios de 1535. Para entonces ya se había
nombrado párroco de Tonalá a fray Antonio Coello, quien

13 Francisco del Paso y Troncoso. Epistolario de Nueva España, 1505-1818.


México: Antigua Librería Robredo de José Porrúa e Hijos, 1939 (Biblioteca
Histórica Mexicana de Obras Inéditas), p. 128.

17
con el auxilio de los religiosos franciscanos continuó con la
evangelización de los naturales.14
Luego vinieron otras disposiciones para ir regulando el
orden que se estaba construyendo, conforme a las leyes de
Castilla: el otorgamiento del fundo legal, es decir, la dotación de
tierras con un radio de legua y media a la redonda, partiendo
del centro del pueblo, para ser distribuida entre los indígenas,
a quienes se les dio el derecho de dar permiso de fincar sus
casas a otros que posteriormente desearan avecindarse. El
rey Carlos V dispuso que al pueblo se le llamara Santiago de
Tonalá, quedando su nombre original –Tonallan– sepultado
en el olvido. Los tonaltecas también fueron autorizados para
que sus escudos llevaran la figura de un sol saliente entre
las ramas de un árbol y en el tronco un perro, en señal de
obediencia a la Corona española. Otra fuente indica que su
pendón tenía “un sol con rayos, y al pie un ciervo mirando para
el sol que quiere decir hijos estimados”.15 Este mismo monarca
los privilegió con un criadero de ganado menor (cabras y

14 Jaime de Anesagasti. Tonalá. Ayer y Hoy. Guadalajara: Dirección de Cultura del


Ayuntamiento de Tonalá, 1993, pp. 19-22.
15 “Conquista berdadera del pueblo…”, p. 103.

18
borregos) y cuatro caballerías de tierra para el sostenimiento
del hospital de indios que los franciscanos habían fundado, y
con una caja de comunidad, cuyos terrenos por el lado del sur
llegaban casi hasta donde se refundó la cuarta Guadalajara.16
Estas distinciones se debieron a los servicios que prestaron los
tonaltecas durante la conquista y a que siempre se mostraban
obedientes “a todo lo que se les era mandado”.17
Durante casi una década, entre 1531 y 1542, Tonalá fue el
lugar adonde llegaban capitanes y funcionarios porque era el
único asentamiento hispano importante, y el único “sitio de
las comodidades que todos habían visto”.18 Aparte de Nuño
que regresó de Compostela, como se ha dicho, aquí llegó
Diego Pérez de la Torre, quien lo sustituyó en el gobierno
de la Nueva Galicia. Tal funcionario recibió en este lugar el
mando de manos del gobernador interino, Cristóbal de Oñate,
pero estableció su residencia en Tetlán.19 De Tonalá también
salieron indígenas para auxiliar a Nuño en los desastres

16 Anesagasti, op. cit., p. 31.


17 “Conquista berdadera del pueblo…”, p. 103.
18 Mota Padilla, op. cit., p. 78.
19 Memoria histórica…, p. 63.

19
que causó a su ejército el ciclón de julio de 1531, cuando se
dirigía a Culiacán; y más tarde para sofocar rebeliones de
otros lugares, como la que estalló en 1538 en Magdalena,
Etzatlán, Ahuacatlán y Hostotipaquillo, combatida por el
gobernador Pérez de la Torre, en la que fue gravemente
herido. Este funcionario fue conducido a Tetlán, donde hizo
su testamento y dejó a Cristóbal de Oñate como encargado
del gobierno; posteriormente, aquí fue sepultado.20 Durante
su breve gobierno, concedió una estancia de ganado mayor
en la jurisdicción de Tonalá a los herederos de Francisco de la
Mora, vecino de Guadalajara.21
Oñate, siendo gobernador, también otorgó en encomienda
a Juan Sánchez Belmonte un conjunto de pequeños asenta-
mientos indígenas ubicados al borde del río Santiago.22 Sacó
de Tonalá y de Tlajomulco a 300 indígenas, “que eran los que
en todas ocasiones mostraban fidelidad”, para acompañar a

20 Mota Padilla, op. cit., p. 66; Memoria histórica…, p. 66.


21 François Chevalier. La formación de los latifundios en México. Haciendas y
sociedad en los siglos xvi, xvii y xviii. 3ª ed. México: fce, 1999, p. 481.
22 Salvador Álvarez. “La guerra Chichimeca”. Thomas Calvo y Aristarco
Regalado Pinedo (coord.). Historia del reino de la Nueva Galicia. Guadalajara:
Universidad de Guadalajara, 2016, p. 224.

20
un destacamento español, al mando de Miguel Ibarra, en un
recorrido por Nochistlán, Juchipila y otros puntos del sur de
Zacatecas, cuyos naturales, en franca rebeldía contra los es-
pañoles, se habían concentrado en el cerro del Mixtón. Tam-
bién Pedro de Alvarado arribó a Tonalá cuando se dirigía a
auxiliar a los españoles que combatían esta rebelión, entre
1541 y 1542. Los tonaltecas y los de Tetlán fueron tan fieles
a la Corona española que rechazaron la invitación de los su-
blevados para que se incorporaran a ellos. Al finalizar esta
insurrección, el virrey Antonio de Mendoza reconoció que los
tonaltecas eran “los tlaxcaltecas de la Galicia”.23
Los primeros privilegios concedidos a Tonalá fueron
anteriores al cuarto y último asentamiento de Guadalajara
en 1542. Con los indios dispersos de Juchipila y del Mixtón,
recuperó parte de su población, pero el establecimiento de
esta ciudad en el valle de Tonalá, en el área de Atemajac,24 la

23 Mota Padilla, op. cit., pp. 115-117, 129 y 154; Daniel Arana Rojas. Aspectos de
interés histórico, cultural y geográfico de Tonalá, 3ª ed. Tonalá: Ayuntamiento
de Tonalá, 2004, p. 40.
24 Tello, op. cit., vol. II, libro segundo, pp. 289 y 343. El valle de Tonalá era muy
extenso, al que pertenecía el de Atemajac. En 1586, Antonio de Ciudad Real
señaló que en un principio algunos llamaban Tonalá a la capital de la Nueva
Galicia. Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España. México:

21
afectó cuando menos en dos aspectos: que en lo sucesivo la
corona española privilegiara más a Guadalajara que a Tonalá
por estar habitada por españoles, y que el convento de Tetlán
se mudara al pueblo de Analco, muy próximo a esta ciudad,
lo que también motivó que un buen número de tetlaneses se
avecindaran en este nuevo asentamiento. Desde este lugar,
los franciscanos continuaron adoctrinando a los naturales
de Tlaquepaque, Tetlán, Mexicaltzingo, Tonalá y Zalatitán,
hasta la llegada del clero secular en 1548.25 Incluso, después
de la rebelión del Mixtón, los encomenderos de aquella zona
trajeron a sus encomendados a Zoquipan, Tonalá y Tlajomulco
para que sirvieran de mano de obra en la construcción de
las casas de Guadalajara. A pesar de esta reorientación, los
tonaltecas eran reconocidos como fabricantes de “loza fina y
olorosa” que tenía mucha demanda.26
Tonalá quedó separada tres leguas de Guadalajara. Desde
1550, los indios comerciantes de los pueblos cercanos acudían

unam, 1993, t. II, p. 93.


25 Refugio de la Torre Curiel y Laura Fuentes Jaime. “Fundaciones religiosas en
el siglo xvi: el clero secular”. Calvo y Regalado Pinedo, op. cit., p. 327.
26 Mota Padilla, op. cit., p. 155.

22
cada cinco días a dicha ciudad a vender sus productos.
Este fue uno de los argumentos en los que se apoyaron sus
autoridades para demostrar a la Corona española que se
mantenía mejor abastecida que Compostela, con la intención
de que el monarca español la designara capital del reino de la
Nueva Galicia.27
A partir de 1549, los corregidores de Tonalá fueron
nombrados por la Audiencia de la Nueva Galicia, asentada
en Compostela, primera capital de este reino. Quienes
desempeñaron este cargo eran vecinos de Guadalajara y, por
lo general, duraban un año con la fianza de un aval.28 Con el
tiempo no faltaron quienes fueron acusados de administrar
mal el corregimiento.29 La historia de la villa en la segunda

27 Colección de documentos históricos inéditos o muy raros referentes al


arzobispado de Guadalajara, publicada por el Ilmo. y Rvmo. Sr. Dr. y Maestro
D. Francisco Orozco y Jiménez. Guadalajara, t. I, núm.1, enero de 1922, p. 86.
28 En el siglo xvii, quienes fungieron como corregidores fueron Francisco de
Zúñiga y Mendoza (1671), José de Alarcón Barrionuevo (1673), Miguel Ibarra
(1684), Antonio Calderón Solís (1686), Diego López Picaso (1691 y 1692), y
Manuel Rosales Mejía (1694). Mayra Susana González Jaime y Alma Rosa
Hernández Silvestre. “Índice de los Libros de Gobierno de la Audiencia de
Guadalajara, 1670-1694”. Guadalajara: Universidad de Guadalajara, 1998, pp.
36, 59, 93, 104, 139, 149, 183, 209 y 266. [Tesis de Licenciatura].
29 Uno de ellos fue Agustín de Olarte. Ibid., p. 198.

23
parte del siglo xvi, como la de tantos otros asentamientos,
consistió en adecuar la vida y las costumbres de los indígenas
a la nueva normatividad española, originándose algunos
problemas derivados de la convivencia de dos grupos sociales
distintos. A partir de la conquista de Tonalá, los indígenas que
no fueron dados en encomienda, empezaron a pagar tributo
a la Corona española; en 1559, la cantidad recaudada por
este concepto ascendió a 230 pesos y cuatro tomines de oro
común.30 La Corona subastó cada año el cobro de los tributos
a particulares, los cuales fueron pagados en especie (maíz,
frijol, leña, fruta, pollos, etc.). Hay registros que indican que
desde 1558 los indios tonaltecas pagaban el tributo, y entre los
primeros encargados de recogerlo figuran los españoles Lope
de Cisneros, Luis Pérez, Pedro Sánchez Mejía, entre otros.31
Una fuente de 1582 consignó a 271 indígenas tributarios que
aportaban, cada año, 203 pesos y cinco tomines, 271½ fanegas
de maíz, y una cantidad igual de gallinas.32

30 Hillerkus, op. cit., p. 203.


31 Puede consultarse Woodrow Borah. Tendencias de precios de bienes de tributo
real en la Nueva Galicia, 1557-1598. Zapopan: El Colegio de Jalisco-El Colegio
de Michoacán, 1994.
32 Francisco del Paso y Troncoso (comp.). Papeles de la Nueva España. Relación

24
A partir de 1560, cuando Guadalajara se convirtió en la
capital de la Nueva Galicia, esta ciudad fue cobrando mayor
importancia y los pueblos aledaños, entre ellos, Tonalá,
Tlaquepaque y Zapopan, ratificaron su función de centros
complementarios de esta nueva cabecera política, la cual
empezó a reorganizar su espacio circundante. Entre la nueva
capital y Tonalá había varios ranchos y otros pequeños
asentamientos, cuya producción estuvo destinada al mercado
urbano de esta ciudad. Puede observarse con claridad que
desde ese año hubo una articulación entre estos dos puntos;
incluso, con el paso del tiempo, algunos tonaltecas obtuvieron
préstamos de los comerciantes de Guadalajara.33
En 1576, los franciscanos abandonaron la villa ante la
llegada de los frailes agustinos, provenientes de la provincia de
Michoacán, quienes construyeron la parroquia y un convento
anexo, que después fue el curato, por orden del obispo de

de los pueblos de su Magestad del Reyno de Nueva Galicia y de los tributarios


que en ellos hay. Guadalajara, Analco-Tetlán. México: Vargas Rea Editor, 1952
(Biblioteca de Historiadores Mexicanos, I), p. 33.
33 Por ejemplo, Ignacio Rafael de Ayón debía 472 pesos a Nicolás Gil, y para
garantizar el pago hipotecó 30 mulas y una casa que tenía en este pueblo. ahj,
Libros de Notarios. Protocolo de Tadeo Leyva Carrillo, t. I, fs. 386f-387f.

25
Guadalajara, Alonso de la Mota y Escobar. La edificación de
dicho convento fue financiada con el producto que redituaba
la renta de una canoa que transportaba mercancías y viajeros
de un lado a otro del río Grande.34 Poco después del arribo
de los agustinos, en 1577, se desató una epidemia que mató a
casi la mitad de la población de la Nueva Galicia, afectando,
naturalmente, a los tonaltecas.35 A esta orden religiosa también
se debió la fundación de las cofradías de Nuestra Señora de la
Soledad, Nuestra Señora de la Concepción y Nuestra Señora
de la Anunciación.36
Aunque Tonalá fue un corregimiento al que correspondie-
ron los pueblos de San Martín, Coyula, Tololotlán, Toluquilla,
San Sebastián el Chico, Santa María, San Gaspar y San Andrés,
y desde aquí los agustinos adoctrinaban a los naturales de la
zona, en la práctica se mantuvo supeditado a Guadalajara, al
igual que Zalatitán, Tlaquepaque y Analco-Tetlán. En un prin-

34 Chávez Hayhoe, op. cit., p. 33; René Acuña (ed.). Relaciones geográficas del siglo
xvi: Nueva Galicia. México: unam, 1988, p. 195.
35 Gerhard, op. cit., p. 196.
36 Zoraya Melchor Barrera. “La reforma en los cementerios. Tonalá, 1858-1878”.
Guadalajara: Universidad de Guadalajara, 2003, p. 33 [Tesis de Licenciatura
en Historia].

26
cipio los pueblos sujetos a Tonalá carecieron de autoridades
propias, pero después fueron autorizados para que tuvieran
su propio alcalde.37 En la cabecera cada año elegían dos al-
caldes-regidores, tres alguaciles y un mayordomo, aparte del
corregidor que nombraba la Audiencia de Guadalajara, quien
percibía un salario anual de 140 pesos.38
Cuando el oidor de la Audiencia de Guadalajara, Juan
Dávalos y Toledo, estuvo en la villa de Tonalá el 15 de octubre
de 1616, el corregidor era Rodrigo de Ojeda. El visitador fue
informado por el fraile agustino, Miguel Ladrón de Guevara,
vicario del pueblo, de que los indios acudían a misa de mala
gana y que el gobernador indígena, Francisco Luis, no cum-
plía fielmente con sus deberes, al igual que el resto del cabil-
do, compuesto por los alcaldes Francisco Vicente y Francisco
Luis, y los regidores Juan Miguel, Simón Gregorio, Francisco
Joseph, Gabriel Rafael, Juan Baltazar, dos que se llamaban
Alonso Martín, Pedro Sebastián y el escribano Martín Lucas,
quienes, a su vez, por medio de su intérprete, Bartolomé de
la Cruz, denunciaron que el español Antonio de Montion es-

37 “Conquista berdadera de los pueblos…”, p. 104.


38 Paso y Troncoso, op. cit., pp. 34-35.

27
candalizaba al vecindario porque vivía amancebado con una
mujer mestiza de nombre Catalina. Al oidor también se le
comunicó que alrededor del pueblo había tres estancias de
ganado; la primera pertenecía a Francisco Suárez Ibarra, dis-
tante dos leguas, la segunda a Juan Castillo, situada a legua y
media, y la de Zapotepec que correspondía a los agustinos, a
tres leguas, cuyos ganados ocasionaban muchos daños a los
sembradíos de los indios. En respuesta, el funcionario ordenó
a los dueños de estas propiedades retirar sus ganados de este
pueblo, cuando menos una legua y que los mantuvieran bien
vigilados para no dañar los sembradíos de los indígenas. En
esta visita, Dávalos y Toledo encontró en la caja de comuni-
dad un fondo de 228 pesos y cinco tomines de oro común.39
Según Domingo Lázaro de Arregui, en los pueblos de esta
jurisdicción no había nada de notable que llamara la aten-
ción, salvo un yacimiento de agua termal ubicado entre To-
nalá y el río Grande, conocido como “los baños de Tonalá”.40

39 Mario Gómez Mata. La pesquisa secreta del oidor Juan Dávalos y Toledo.
Guadalajara: Universidad de Guadalajara, cu Lagos, 2004, pp. 56-67.
40 Domingo Lázaro de Arregui. Descripción de la Nueva Galicia. Guadalajara:
uned, 1980, pp. 115 y 117.

28
De cualquier manera, estos lugares modestos ejercieron un
papel importante en el desarrollo de Guadalajara porque la
abastecieron de una gran variedad de productos alimenti-
cios. Al iniciarse el siglo xvii, Guadalajara, aunque de poca
extensión, contaba con esos pueblos que proporcionaban va-
rios artículos necesarios para vivir. En 1604, la villa de Tona-
lá tenía registrados a 219 indios tributarios.41 El 26 de marzo
1645, el rey Felipe II, al ser informado de que los naturales
de Santiago de Tonalá vivían pobres, les concedió otra gracia,
consistente en una dotación de tierras para que sembraran
cebada y trigo, recomendándoles que no admitieran a nadie
en sus terrenos y que construyeran templos a Dios.42
Entre 1608 y 1660 hubo un alarmante descenso de la
población en toda la jurisdicción tonalteca, pero de este
último año a 1776 se registró una significativa recuperación
demográfica, como podrá observarse en el siguiente cuadro.

41 Alonso de la Mota y Escobar. Descripción geográfica de los reinos de la Nueva


Galicia, Nueva Vizcaya y Nuevo León. Guadalajara: Gobierno del Estado de
Jalisco-Universidad de Guadalajara, 1993, p. 92.
42 Anesagasti, op. cit., p. 32.

29
Población indígena de la jurisdicción civil de Tonalá

Parroquia Parroquia Parroquia


Fecha de Tonalá de Analco de Zalatitán
Tonalá Analco* San Pedro Zalatitán Total
1530 11 000
1548 2 735 400 1 770 205 5 110
1570 2 450 500 1 750 350 5 050
1580 890 240 930 130 2 190
1608 725 175 780 60 1 740
1644 340 105 390 55 890
1660 385 110 345 70 910
1760 2 120 690 2 150 290 5 250
1770 2 440 590 1 910 420 5 360
1772 2 635 695 2 170 280 5 780
1776 3 570 730 2 120 280 6 700

*Sujetos únicamente a la jurisdicción civil de Tonalá.


Fuente: Peter Gerhard. La frontera norte de la Nueva España. México: UNAM, 1996, p. 196.

Una manera de paliar las crisis por las que atravesaban


los indios consistió en pertenecer a algunas de las cofradías
fundadas desde el siglo xvii, cuyo patrimonio sirvió para
auxiliarlos en momentos angustiosos. La de Nuestra Señora

30
de la Soledad, por ejemplo, disponía de ganado para cubrir
las necesidades de los cofrades.43
En 1765, Santiago de Tonalá contaba con 281 familias de
indios, que daban un total de 1,183 individuos de todas las
edades, y de 48 españoles y otros grupos que daban un total
de 232. Cabe aclarar que en la categoría de hispanos se incluía
a criollos y, a veces, hasta a mestizos. La ocupación principal
de la mayoría de los indígenas seguía siendo la fabricación
de loza que vendían en varios lugares, mientras que otros se
dedicaban a la agricultura, la arriería y la cría de ganado. Entre
el norte y el oriente se encontraba una hacienda ganadera,
San José del Potrero, en la barranca del río Grande, distante
un cuarto de legua de Coyula, propiedad de Juan Gallardo,
quien residía en Guadalajara. Al oriente se localizaban tres
ranchos, El Moral, San Nicolás y Santa Rita, pertenecientes a

43 En 1799 contaba con 56 cabezas de ganado mayor. Laura González Ramírez.


Vida y obras de Jaime Anesagasti y Llamas. Guadalajara: Ayuntamiento de
Tonalá, 2014, pp. 302-305. En este mismo año, San Gaspar tenía tres cofradías:
la que llevaba este nombre con nueve cabezas de ganado mayor, la de la
Concepción de Nuestra Señora con 25, y la de Nuestra Señora de la Soledad
con 16. Boletín Eclesiástico de la Arquidiócesis de Guadalajara. Guadalajara, 5
de mayo de 2008, núm. 5, p. 44.

31
los agustinos.44 Otras rancherías eran San Antonio, La Punta,
Populo, El Cajón, Castillo, Saucillo, Puente Chico y Nopales
Verdes.45 Los dueños de estas propiedades tuvieron conflictos
agrarios con los indígenas. Un padrón eclesiástico de 1770
arrojó una población de 1,951 individuos de ambos sexos y de
todas edades, en el que puede apreciarse que en un lustro el
crecimiento demográfico fue prácticamente imperceptible.46
De los pueblos pertenecientes a la jurisdicción de Tonalá
fue extraída la mano de obra requerida por las haciendas que
se habían formado en la segunda parte del siglo xvi, las cuales
estaban inscritas en la zona abastecedora de Guadalajara. Los
propietarios de estas fincas acudían entre abril y mayo de cada
año a la Audiencia para solicitar los trabajadores temporales.
Uno de los registros consigna en 1667, año en que Tonalá y
San Pedro estuvieron bajo el mando de un solo corregidor,
que salieron del primer pueblo 36 indios segadores y 10
pajareros para la hacienda de Toluquilla, y 60 segadores y 10

44 “Tonalá en 1765”. Estudios Históricos. Guadalajara, III ép., núm. 1, marzo de


1977, pp. 46-49.
45 Melchor Barrera, op. cit., p. 26.
46 Mateo Joseph de Arteaga. Descripción de la diócesis de Guadalajara. Manuscrito
localizado en la Universidad Autónoma de Nuevo León.

32
pajareros para trabajar en el valle de Zapotepec, propiedad de
José de Robles. En 1689 y 1701, los herederos de estos últimos
terrenos pidieron el mismo número de labriegos. También
los propietarios de la hacienda de Toluquilla solicitaron
indios segadores y chiquihuiteros para levantar la cosecha de
trigo, a lo largo del siglo xviii.47 Pero la función primordial
de Tonalá seguía siendo la fabricación de loza y figuras de
barro, gracias a sus magníficos bancos de tierra especial, los
cuales no existían en otras partes del mundo, como lo indicó
Mota Padilla, quien, además, comentó que hasta en Europa
preferían los objetos de barro tonalteca a los de cristal de
China.48
Aunque Tonalá no creció al ritmo de otras poblaciones,
fue un lugar que, por su proximidad a Guadalajara, atrajo
la atención de quienes deseaban ocupar un cargo público.
En 1707, Manuel Muñoz Baena, natural de Sevilla, España, y
vecino de la capital neogallega, solicitó ante la Audiencia el

47 Moisés González Navarro. Repartimientos de indios en Nueva Galicia. México:


Museo Nacional de Historia, inah, 1977, pp. 31, 32, 67 y 86.
48 Mota Padilla, op. cit., p. 44.

33
nombramiento de alcalde mayor de este lugar.49 Seguramente
esta villa redituaba buenos dividendos porque uno de los
corregidores, Pedro López Varaona y Galán, poseía varios
esclavos; en agosto de 1756 vendió una esclava llamada María
Gertrudis en 150 pesos a Ignacio Infante; dos años más tarde,
otorgó un poder especial a Bartolomé Morellan, vecino de
Querétaro, para que vendiera otro esclavo de nombre Juan
Lorenzo.50
Cuando el obispo fray Antonio Alcalde visitó Tonalá el 10
de enero de 1775, registró a 222 familias que dieron un total
4,033 feligreses que vivían en cuatro pueblos, en 14 ranchos
y haciendas, de los cuales confirmó a 1,678 de todas las
edades.51 Al día siguiente, el obispo reunió a los habitantes del
pueblo para explicarles los motivos de su visita y exhortarlos
a cambiar sus costumbres.52 El ritmo lento y monótono de vez
en cuando se rompía con algún acontecimiento inesperado,

49 Archivo de la Audiencia de Guadalajara (aag), Ramo Civil, caja 42, exp. 1,


progresivo 555.
50 AHJ, Libros de Notarios. Protocolo de Tadeo Leyva Carrillo, t. I, fs. 63v-64v y
423f-424f.
51 Visita pastoral del obispo fray Antonio Alcalde a la diócesis de Guadalajara,
1775-1776. Zapopan: El Colegio de Jalisco, 1992, p. 12.
52 Idem.

34
como cuando tres reos condenados, Juan Esteban García, José
Linos Quijas y Juan Nicolás de Amezcua se escaparon de la
cárcel de Guadalajara, el 19 de abril de 1779 y se refugiaron
en el interior de la parroquia de Tonalá.53
En 1786 hubo una nueva división política impuesta por
el rey Carlos III: el establecimiento de intendencias en lugar
de reinos. De acuerdo con esta ordenanza, el virreinato de
la Nueva España quedó dividido en 12 intendencias, una
de ellas fue Guadalajara, la cual se dividió en 32 partidos,
entre éstos, el de Tonalá, mismo que comprendía en 1793 los
siguientes lugares: Santiago de Tonalá, San Martín, Toluquilla,
San Sebastián el Chico, Santa María, San Pedro, San Andrés,
Zalatitán, San Gaspar, Coyula, Tololotlán, Rosario y Barrio de
Santa Cruz.54
Al recuperarse la población de Tonalá en el último
cuarto del siglo xviii, el fundo legal resultó insuficiente
para sostener a las familias indígenas, razón por la cual las

53 Rafael Diego-Fernández Sotelo y Marina Mantilla Trolle. La Nueva Galicia en el


ocaso del Imperio español. Guadalajara: El Colegio de Michoacán-Universidad
de Guadalajara, 2003, pp. 280-285.
54 Véase José Menéndez Valdés. Descripción y censo general de la intendencia de
Guadalajara, 1789-1793. Guadalajara: uned, 1980.

35
autoridades pidieron más terrenos para cultivar y satisfacer
sus necesidades. En 1778 manifestaron que tenían pocas
tierras para el cultivo y que la mayor parte de esos terrenos
eran pedregosos, por lo que habían pedido a los vecinos de
Coyula parte de las tierras que no necesitaran.55 La primera
vez que demandaron solares fue en 1779, la segunda en 1780,
logrando en este año que el fundo aumentara a casi ocho
caballerías, por las cuales pagaron 29 pesos y tres reales,56 y la
tercera en 1782. Los indígenas de Tlaquepaque lo hicieron en
este último año y los Tololotlán en 1806. En realidad, todos los
pueblos buscaron la expansión de sus terrenos disponibles en
el último cuarto del siglo xviii, lo que llevó a sostener largos y
complejos litigios. Entre 1780 y 1784 los habitantes de Tonalá
disputaron a los vecinos de San Pedro unos terrenos realengos
que medían 15 caballerías y media. El juzgado privativo de
tierras de la Audiencia de Guadalajara resolvió que la mitad
de esta extensión fuera adjudicada a cada uno de los pueblos

55 José Refugio de la Torre Curiel. “Tonalá en el contexto de la expansión


española y la desarticulación de las comunidades indígenas, 1530-1848”. De la
Torre Curiel y Ruiz Medrano, op. cit., p. 87.
56 Ramón María Serrera Contreras. Guadalajara ganadera. Sevilla: Escuela de
Estudios Hispanos Americanos de Sevilla, 1977, p. 330.

36
mencionados. Tonalá dispuso entonces de su fundo legal, de
las 7¾ caballerías que le correspondieron de este reparto y
dos caballerías más que habían comprado al convento de San
Agustín, de Guadalajara.57
Pero aun así, en 1805, el intendente de Guadalajara pudo
constatar que las tierras de los pueblos de la jurisdicción de
Tonalá eran insuficientes, lo que obligó a los indígenas de
Coyula y Tlaquepaque a comprar terrenos para cultivar.58
Este periodo fue en el que se registró el mayor número de
denuncias y litigios por la posesión de la tierra, unas veces
por falta de ellas y otras por despojo o invasión. De los once
pueblos que correspondían a la jurisdicción de Tonalá, en la
cabecera se registraron más casos.59 En 1792, los indios de
este lugar entablaron un juicio en contra de Pedro Echegaray,
vecino de Guadalajara, por haber afectado su fundo legal.60 De
las tres haciendas que había, Toluquilla o el Cuatro, El Rosario

57 De la Torre Curiel, “Tonalá en el contexto…”, p. 89.


58 Silvia Herminia Contreras Ojeda. “Las tierras de las comunidades indígenas de
Tonalá”. Jaime Olveda (comp.). Tonalá. Historia y alfarería. Zapopan: El Colegio
de Jalisco-Ayuntamiento de Tonalá, 1999, pp. 39-41.
59 Ibid., pp. 43-45.
60 aag, Ramo Civil, caja 425, leg. 14, progresivo 6923.

37
y Santa Cruz,61 la primera tuvo más conflictos derivados del
deslinde que hizo su propietario, Manuel García de Quevedo,
un rico empresario de Guadalajara, a partir de 1817. El pleito
que sostuvo este hacendado con los pueblos de Tonalá fue
largo y estuvo amañado. El dueño de la hacienda Calerilla,
a su vez, fue obligado a citar a los propietarios y colindantes
de esta finca para que unos y otros mostraran sus títulos de
propiedad.62Aparte de estos conflictos, los indios de Tonalá no
pudieron comprobar ser dueños de los terrenos de Santa Rita
y San Nicolás, situados al oriente de esta villa.63
Alrededor de 1793, vivían en los once pueblos, en las
tres haciendas, en los seis ranchos y en una estancia, 5,447
habitantes, de los cuales 293 eran españoles,64 4,793 indios,
267 mulatos y 148 correspondían a las castas, dedicados a
la agricultura, ganadería y a la fabricación de loza que era

61 Esta hacienda se había convertido en un pueblo. En 1811, el alcalde, el regidor


y los vecinos indígenas pidieron a la Audiencia que les dieran esta categoría,
después de haber dado un donativo a la corona española para gastos de
guerra, por lo que estaban libres del pago del tributo y sus tierras quedaban
aseguradas. AAG, caja 404, exp. 15, progresivo 6454.
62 aag, Ramo Civil, caja 425, leg. 14, progresivo 6923.
63 De la Torre Curiel y Ruiz Medrano, op. cit., p. 17.
64 Como ya se dijo, en este rubro se incluían a los criollos y mestizos.

38
“la mejor que se hace en el reino”, cuya venta redituaba 30
mil pesos anuales, lo que hacía que el pueblo fuera el “más
feliz de la intendencia” de Guadalajara. Entre 1771 y 1780
del distrito de Tonalá se exportaron 1,800 cabezas de ganado
mayor.65 Miguel del Portillo y Zurita era uno de los principales
ganaderos. También hubo indios que de manera individual
consiguieron licencia para criar ganado, entre ellos figuran
Miguel de la Peña, quien en 1686 obtuvo un permiso, Melchor
de los Reyes y Francisco Alonso en 169166 y José de Dios en
1791.67 En la cabecera moraban cinco españoles, cuyo caudal
oscilaba entre los 500 y 600 pesos, y 380 indios. San Pedro,
ya convertido en lugar de recreo de las familias ricas de esta
ciudad, superaba demográficamente a Tonalá: siete españoles,
15 mestizos, 11 mulatos y 956 indios.68 ■

65 Serrera Contreras, op. cit., pp. 107, 122 y 154.


66 González Jaime y Hernández Silvestre, op. cit., pp. 132, 179 y 183.
67 Serrera Contreras, op. cit., pp. 348-349.
68 Menéndez Valdés, op. cit., pp. 121-122.

39
Los reacomodos del siglo xix
Al iniciarse el siglo xix, a mediados de 1800, el presbítero Diego
Aranda, recién ordenado, se hizo cargo de la parroquia de Tonalá
durante los seis años siguientes.69 Vale la pena no olvidar que esta
villa contó desde la época virreinal con sacerdotes muy distingui-
dos que fueron estimados por las familias tonaltecas. Si durante la
guerra de independencia la villa se mantuvo tranquila por su cer-
canía con Guadalajara, custodiada celosamente por el comandante
y gobernador José de la Cruz, se registraron algunos cambios que
alteraron los esquemas establecidos; por ejemplo, en diciembre
de 1813, de acuerdo con la Constitución de Cádiz de 1812, fueron
electos los integrantes del primer ayuntamiento constitucional que
suplió a los cabildos indígenas que venían funcionando desde el si-
glo xvi, pero tuvo una duración muy corta porque al año siguiente
dicha Constitución fue suprimida por el rey Fernando VII, lo que
dio lugar para que los cabildos indígenas volvieran a instalarse.70

69 Anesagasti, op. cit., p. 42. Años más tarde, Aranda se convertiría en obispo de la
diócesis de Guadalajara.
70 Los alcaldes fueron Nicolás Martín del Campo y Manuel Feliciano López; y los
regidores Agustín Sánchez Vizcarra, Cleto Ramos, José Antonio Maestro y Juan
Antonio Coral. De la Torre Curiel, “Tonalá en el contexto…”, p. 71.

40
En 1818, en plena insurgencia, los vecinos principales de San
Pedro, perteneciente a Tonalá, acudieron ante la Audiencia para
demandar a José Tomás de Sandi, quien había sido subdelegado,
por haberlos agraviado durante diez años de su administración.71
Un registro de 1819 indica que la subdelegación de Tonalá se
componía de 12 pueblos (la cabecera, San Martín, Santa María
Magdalena de Toluquilla, San Sebastián el Chico, San Pedro,
San Andrés, Nuestra Señora del Rosario, Zalatitán, San Gaspar,
Coyula y Tololotlán), cuatro haciendas y algunas rancherías. Su
población ascendía a 8,000 habitantes, de los cuales una parte se
dedicaba a la fabricación de toda clase de vasijas de barro que les
redituaba lo suficiente para su subsistencia.72
Al iniciarse la etapa independiente en 1821, San Pedro ya
había superado demográficamente a Tonalá, pues contaba
con más habitantes y con mayor diversidad étnica, aparte
de haberse convertido en lugar de recreo de las familias
principales de Guadalajara y el punto donde se les daba
la bienvenida a los funcionarios civiles y eclesiásticos. Sin

71 aag, caja 426, exp. 10, progresivo 6934.


72 Antonio Gutiérrez y Ulloa. Libro de la Razón General de Hacienda Nacional de la
provincia de Guadalajara, hoy estado de Jalisco. Guadalajara: uned, 1983, p. 197.

41
embargo, la villa alfarera continuaba reteniendo el prestigio
de ser un centro artesanal de primer nivel, y mantenía a
San Pedro dentro de su jurisdicción. Como en el país estaba
vigente la Constitución de Cádiz, mientras se elaboraba la
propia, los pueblos que tuvieron mil habitantes contaron con
ayuntamiento, pero atravesaron por muchos problemas debido
a la escasez de fondos. En septiembre de 1822, el cabildo de
Tonalá comunicó a la diputación provincial de Guadalajara
que los demás ayuntamientos de su jurisdicción no tenían
dinero para suscribirse al periódico oficial que publicaba las
actas del Congreso general.73
Aunque era un pueblo modesto y tranquilo, los cambios
políticos registrados a partir de 1821 hicieron que sus
autoridades respaldaran o reprobaran las propuestas
planteadas por la clase política de Guadalajara. El 18 de mayo
de 1823, el ayuntamiento tonalteca, integrado por Toribio
Covarrubias, Francisco García, Juan Antonio Coral, José
María Morelos, José de la Rosa, José Francisco Briseño y Juan
Cleto Ramos, envió su voto al gobernador provisional de la

73 Beatriz Rojas (ed.). La diputación provincial de Nueva Galicia. México: Instituto


Mora-Universidad de Guadalajara, 2004, p. 202.

42
provincia de Guadalajara, Luis Quintanar, a favor de que el
país se constituyera en una República federal.74 Por su cercanía
con esta capital, los tonaltecas estuvieron bien informados
de lo que ocurría en el estado y en el país, a diferencia de los
pueblos alejados y sin comunicación, a los que las noticias o no
llegaban, o las recibían con mucho retraso.
Al convertirse la provincia de Guadalajara en el estado de
Jalisco el 16 de junio de 1823, hubo una nueva división territorial,
distinta a la de la época anterior. El Plan de División Provisional
del 27 de marzo del año siguiente, dividió el territorio jalisciense
en 26 departamentos. Uno de ellos fue Tonalá, cuya jurisdicción
comprendió las poblaciones que antes formaban el partido del
mismo nombre (los pueblos de Santa Cruz, Coyula y Tololotlán,
las congregaciones de Tateposco y Las Huertas, las haciendas
El Castillo y El Potrero, las estancias de ganado San Juan y San
Miguel, y once ranchos), con exclusión de algunos que fueron
incorporados a los departamentos de Guadalajara, San Pedro y
Tlajomulco; a cambio se le anexaron los pueblos de Zapotlanejo,

74 Voto general de los pueblos de la provincia libre de Xalisco denominada hasta


ahora de Guadalajara sobre constituir su forma de gobierno en república
federal. Guadalajara: Poderes de Jalisco, 1973, pp. 80-81.

43
Juanacatlán, Santa Fe y Tecualtitlán con las haciendas de
Zapotlanejo y Miraflores.75 Esta división territorial solo tuvo
vigencia ocho meses, porque la Constitución particular de
Jalisco de 18 de noviembre de 1824 dispuso que el territorio se
dividiera en ocho cantones y éstos en departamentos. De acuerdo
con dicha ordenanza, el departamento de Tonalá conservó su
nombre, pero la capital se trasladó a Zapotlanejo;76 además de
este departamento, Zapopan, Tlajomulco y Cuquío formaron
parte del cantón de Guadalajara.
El cambio de la cabecera del departamento a Zapotlanejo
no agradó a los tonaltecas. En los primeros meses de 1833, los
ayuntamientos de Tonalá, San Martín y Zalatitán, y el comisario
de policía del puente de Tololotlán, pidieron al Congreso del
estado que la capital departamental volviera a la primera villa.
Esta gestión no tuvo buenos resultados porque la legislatura,
después de analizar esta petición, resolvió reservarla para
cuando volviera a hacerse una nueva división del territorio

75 Colección de los decretos, circulares y órdenes de los poderes legislativo y


ejecutivo del estado de Jalisco. Guadalajara: Tipografía de Manuel Pérez Lete,
1874, t. I, pp. 171 y 305.
76 Ibid., p. 313.

44
jalisciense.77 Uno de los argumentos que expusieron los
tonaltecas fue el prestigio que tenía la villa de ser un centro
artesanal muy importante, cuya producción era conocida
dentro y fuera de la República. Una fuente consigna que cada
familia de Tonalá tenía en su casa un taller donde elaboraba
objetos de barro, en el que todos sus integrantes eran operarios.
Llamaba la atención la habilidad que mostraban los artesanos
al elaborar los búcaros y otras figuras, y la destreza con que
los pintaban o decoraban, utilizando colores naturales. Por eso
tenían una gran demanda en todo el país y en el extranjero,
como en España y en las Filipinas.78 Un viajero describió los
talleres de alfareros de esta manera:

Los moradores de Tonalá están exclusivamente dedicados a la fábrica


de loza, conocida dentro y fuera de la República. La habilidad que
manifiestan en la construcción de búcaros y otras figuras, el modo de
darles cocimiento, el arte que empleaban para pintarlos y dorarlos, y la
sencillez de sus hornos, son cosas que merecía ocupar algunas líneas en
nuestras observaciones estadísticas.

77 Ibid., t. VI, pp. 3-5.


78 Victoriano Roa. Estadística del estado de Jalisco. Guadalajara: uned, 1981, pp.
26-29.

45
Cada familia en Tonalá mantiene en su choza una fábrica de loza en la que
todos son operarios. El horno se halla dispuesto en esta forma: en un rincón
de su patio hacen un círculo de piedra y lodo que tendrá dos o tres varas
de diámetro; le disponen una oquedad cuadrada desde la superficie del
terreno, de tres cuartos de vara, la que sirve para introducir el combustible,
y para que pueda entrar el viento y extraer las cenizas. No usan parrilla;
el combustible arde en la inmediación del suelo; en el centro del círculo
colocan un pilarejo compuesto de una o más piedras; pero en lo general
solicitan un pedrusco de solo una pieza, que sirve de punto de apoyo…79

La República federal estuvo vigente hasta 1835, año en


que fue suprimida; de 1836 hasta 1846, el país adoptó el
modelo central. Esta modalidad trajo implícito el cambio de
la nomenclatura. Los cantones y los departamentos fueron
sustituidos por distritos y partidos, los cuales ya no contaron
con ayuntamientos, sino con juntas municipales, a excepción
de Guadalajara, Lagos, Tepic, Sayula, Zapotlán el Grande
y Compostela. Tonalá siguió perteneciendo al partido de
Zapotlanejo, que junto con los de Guadalajara, Tlajomulco,
Zapopan y Cuquío, formaron el primer distrito que llevó el

79 Hemeroteca Nacional, Fondos reservados, Estadística de Jalisco, t. III, Ms.


1129, fs. 163 v.-164 f.

46
nombre de la capital del departamento. En este periodo, en
1842, los jueces de paz enviaron a la junta departamental
de Jalisco una solicitud en la que pidieron autorización
para vender solares, construcciones arruinadas y muebles
comunales que manejaba el párroco, sin tener títulos de
propiedad y sin que beneficiaran a los habitantes. Con el
producto de la venta, los jueces proyectaban construir
una escuela adecuada, un mercado y pagar los salarios del
profesor de primeras letras. La junta no llegó a ninguna
resolución, tan solo pidió una relación exacta de esos bienes,
el precio y un presupuesto de lo que se pretendía edificar. 80
Tonalá siempre fue descrito por propios y extraños como
un pueblo indígena, tradicional y alfarero. Mariano Otero
escribió que en 1842 la villa se componía de frágiles chozas y
pequeñas casas recientemente construidas, y que no quedaba
ningún recuerdo físico ni moral de la grandeza que había
tenido en la época prehispánica.81 Desde luego que Tonalá no
era la misma, pero sí conservaba su esencia indígena y muchas

80 Colección de los decretos…, t. VIII, pp. 335-336.


81 Juan B. Iguíniz. Guadalajara a través de los tiempos. Guadalajara: Banco
Refaccionario de Jalisco, 1950, t. I, p. 173.

47
de sus tradiciones, aunque algunas, como la de sepultar a sus
muertos en el atrio del templo, fueron desapareciendo.
En 1843, la cabecera tenía una población de 2,476 habitantes
dedicados a la agricultura y a la elaboración de loza, “muy apreciada
en la república por su olor”. Contaba con un curato, dos juzgados,
una subreceptoría de rentas y una escuela municipal de primeras
letras. Su fondo de propios y arbitrios produjo 274 pesos y siete reales,
en 1840. Al curato de Tonalá pertenecían Tololotlán, Coyula, Santa
Cruz, Tateposco, puente de Tololotlán, Las Huertas y Zalatitán, y los
ranchos de San Nicolás, Santa Rita, Moral, Presa, Punta y Trojes.82
El crecimiento de la población y el índice productivo del país es-
tuvieron condicionados por las epidemias y los pronunciamientos
militares, factores que no permitieron una recuperación. Por ejem-
plo, la cabecera de Tonalá en 20 años, de 1838 a 1858, apenas tuvo
un incremento de 275 habitantes; o sea, de 2,476 que tenía en el pri-
mer año, pasó a 2,751 en el segundo.83 El siguiente cuadro muestra
el movimiento demográfico de toda la jurisdicción en el siglo xix.

82 Manuel López Cotilla. Noticias geográficas y estadísticas del departamento de


Jalisco. Guadalajara: UNED, 1983, pp. 48-50.
83 Longinos Banda. Estadística de Jalisco (1854-1863). Guadalajara: UNED, 1982,
p. 118.

48
Población de Tonalá, siglo XIX

Año Habitantes
1800 9 814
1818 8 000
1838 11 500
1851 23 528
1857 18 557
1885 10 638
1899 8 228

Fuente: Longinos Banda, op. cit., pp. 43, 48, 52 y 130; Gutiérrez Ulloa, op. cit. y
González Ramírez, op. cit.; Mariano Bárcena. Ensayo estadístico del estado de
Jalisco. Guadalajara: uned, 1983, p. 32.

Casi a mediados del siglo y a pesar del empuje del liberalismo


que promovía el predominio de la propiedad privada, los
indígenas de Tonalá iniciaron la búsqueda de sus títulos
primordiales u originales para defender sus tierras comunales,
amenazadas por los particulares. Para tal efecto, en 1848
contrataron los servicios del abogado Jesús Camarena, quien
encontró un título que contiene, además, una rica información
sobre la conquista, la evangelización, las dotaciones de tierra
y otros asuntos relacionados con la historia de la localidad.84

84 El documento se encuentra en De la Torre Curiel y Ruiz Medrano, op. cit.,


pp. 97-123.

49
Unos años después, como tantas villas y pueblos católicos,
los tonaltecas condenaron las leyes de Reforma por atentar
contra la propiedad comunal y la religión. El cura, por su
parte, se opuso al cumplimiento de la ley Iglesias del 11 de
abril de 1857, que prohibió el cobro obligatorio a los pobres
por los servicios parroquiales y aconsejó a sus feligreses
no hacer caso al gobierno porque era hereje.85 A su vez, el
código constitucional de 1857 fue maldecido por introducir la
tolerancia de cultos.86
Jaime de Anesagasti sostuvo que en 1860 a Tonalá se le
impuso el nombre de Antonio Rojas, el temible bandido-
guerrillero de filiación liberal que asoló parte de Jalisco durante
la intervención francesa.87 En esta década la jurisdicción
de Tonalá, según un informe de 1865, estaba integrada por
nueve pueblos (la cabecera, San Martín, Santa Cruz, Rosario,
Zalatitán, San Gaspar, Tololotlán, Coyula y la congregación del
Puente), cuatro haciendas (San Antonio, Arroyo de Enmedio,
Castillo y Potrero) y 22 ranchos (La Punta, San Nicolás, San

85 Melchor Barrera, op. cit., p. 53.


86 González Ramírez, op. cit., p. 307.
87 Ibid., p. 171.

50
Miguel, Mismaloya, Presa, Puerta, Moral, Santa Rita, Sauz,
Calabozo, Jauja, El Verde, Salto, Populo, Maravillas, Laureles,
Agua Blanca, Agua Amarilla, Cuartas, Laurel, Molina y San
José de Buenavista).88
A mediados de 1868 se terminó de construir el panteón,
ubicado en el lado norte de la villa, quedando el gobierno civil
a cargo de su administración.89 Una Descripción de este año
destacó que todos los hijos de este pueblo eran alfareros que
hacían loza apreciada en toda la República y en el exterior.
Contaba con un ayuntamiento integrado por un alcalde, un
síndico procurador y seis regidores. San Martín, Tololotlán,
Coyula y Santa Cruz figuran como comisarías dependientes.
La cabecera, dividida en cuatro cuarteles, tenía 1,066 familias,
y una escuela de primeras letras, atendida por un profesor
no titulado. En este año se registraron 302 nacimientos y
392 defunciones. Las fiestas religiosas eran las de la Divina
Providencia, Semana Santa, Natividad de María Santísima,
San Rafael, patrono del lugar, Natividad de Nuestro Señor
Jesucristo, la Purísima Concepción y la de la Virgen de

88 Melchor Barrera, op. cit., p. 21.


89 Ibid., p. 72.

51
Guadalupe. Las civiles eran el 16 de septiembre, el 5 y 15 de
mayo.90
El mismo documento proyecta un panorama agrícola no muy
satisfactorio. Señala, por ejemplo, que algunas tierras de labor,
por ser delgadas, no producían lo necesario para sostener a
sus propietarios, aun en los años de lluvias abundantes. Las ha-
ciendas de Arroyo de Enmedio, Castillo, San Antonio y San José
del Potrero tan solo producían un promedio de 170 fanegas de
maíz cada una, lo que no alcanzaba para pagar a los peones. En
cambio, en el pueblo de Coyula abundaban los árboles frutales
como naranjos, limones, toronjas, aguacates, tejocotes y horta-
lizas que daban sustento a sus moradores. El poblado de Santa
Cruz se distinguía por la fabricación de figuras de barro en mi-
niatura, de ollas tintoreras que se utilizaban en los talleres que
elaboraban rebozos en Guadalajara, de ladrillos para construir
viviendas y tubos para el drenaje de esta ciudad.
La incorporación de Tonalá al departamento de Zapotlane-
jo, aparte del disgusto de los tonaltecas, provocó algunas confu-

90 “Descripción geográfica de la Villa de Tonalá y su comprensión (1868)”. Jaime


Olveda (comp.). Tonalá. Historia y alfarería. Zapopan: El Colegio de Jalisco,
1999, pp. 59-69.

52
siones en el cobro de los impuestos. Por ejemplo, el 15 de abril
de 1882, el Congreso local ordenó al ayuntamiento de Tonalá
suspender la pensión que impuso al propietario de la hacienda
Colimilla porque tal contribución, que era de 2.50 pesos, debía
ser entregada a la tesorería de Zapotlanejo.91 Por fin, el 27 de
mayo de 1889, Tonalá se separó de esta cabecera, pero para
agregarse al departamento de San Pedro.92 Mariano Bárcena
ratificó en 1888 lo que ya se venía diciendo desde tiempo atrás:
que con el barro de Tonalá se fabricaban trastes y juguetes que
por su aroma y figura gozaban de mucho prestigio dentro y
fuera de la República, y que con este mismo material hacían
“ladrillos de jarro” para cubrir los pisos de las viviendas.93
Sin duda, dos de los principales bienhechores de Tonalá
fueron el párroco Antonio Galindo y Contreras, quien estuvo
a cargo de la parroquia de 1858 hasta su muerte, ocurrida en
1891, periodo en el que tuvieron lugar la guerra de Reforma,
la Intervención francesa, la Restauración de la República y la

91 Colección de los decretos…, 2ª serie, t. VIII, pp. 245-246.


92 Ibid., 2ª serie, t. XII, p. 447.
93 Mariano Bárcena. Ensayo estadístico del estado de Jalisco. Guadalajara: uned,
1983, p. 225.

53
primera fase del porfiriato; y Jaime de Anesagasti y Llamas,
quien permaneció en esta villa de 1885 a 1903, periodo en
el que dispuso la colocación de un monumento a la reina
Cihualpilli y otro del Papa Pío IX, ambos en 1887.94 También
fundó la archicofradía del Sagrado Corazón y un asilo para
niños, sobre las ruinas de lo que había sido el antiguo hospital,
y edificó la capilla de la Virgen de La Soledad y el santuario del
Sagrado Corazón, concluido en 1899. No menos importante fue
haber elaborado un catecismo histórico de Tonalá para uso de
los alumnos de las escuelas primarias y del asilo del Sagrado
Corazón de Jesús.
Al finalizar el siglo, la villa contaba, además, con cinco
fuentes de agua, de donde se abastecían sus habitantes: San
Elías, La Alberca, La Escondida, Galán y El Ocote. La plaza
pública se embelleció con la inauguración del quiosco, el 16 de
septiembre de 1897.95 ■

94 Agustín Chávez Botello. “Jaime de Anesagasti: pastor de Tonalá”. González


Ramírez, op. cit., pp. 19, 23-27, 157-174.
95 González Ramírez, op. cit., pp. 173-174.

54
Quiosco principal, Tonalá.
Fotografía: Christian Cantero.
El tránsito a la conurbación
Los cambios más profundos que afectaron la vida tradicional sur-
gieron en el siglo xx y principios de la centuria siguiente. En 1907
se dio un paso importante que reforzó el proceso de integración
de Tonalá con la capital jalisciense: el Congreso del estado dispu-
so la desaparición de los departamentos de Zapopan y San Pedro
Tlaquepaque, y su incorporación al de Guadalajara.96 Como ya se
ha visto, Tonalá desde mayo de 1889 había quedado incorporada
a San Pedro. Este decreto evidenció la expansión urbana que ha-
bía alcanzado la perla tapatía y el subsecuente reforzamiento de
los vínculos que la unían con los pueblos cercanos. El censo gene-
ral de 1910 atribuyó a la villa de Tonalá una población de 1,362
hombres y 1,378 mujeres, o sea, un total de 2,740 habitantes.97
En el transcurso de la primera mitad del siglo xx, el
crecimiento urbano y demográfico de Tonalá todavía fue
lento y su esquema ancestral era defendido ante el embate del
desarrollo capitalista.98 La comunidad indígena recibió la noticia

96 Organización municipal, p. 87.


97 Censo del Estado de Jalisco de 1910. s. p. i., p. 168.
98 “Todavía en 1969 Tonalá contaba con 13 ejidos”. El Informador. Guadalajara,
30 de enero de 1969, p. 23.

56
el 7 de febrero de 1922, por parte del Departamento Técnico de
la Comisión Local Agraria, de que en los días próximos recibiría
una dotación de tierras.99 Nuevos acontecimientos alteraron el
sosiego el 22 y el 23 de abril de 1925, cuando unos desconocidos
destruyeron la estatua de la reina Cihualpilli, uno de los iconos
representativos de la villa, ubicada en la cima del cerro situado
al sureste. Aunque no se trataba de una verdadera pieza de arte,
el vecindario se indignó por lo que representaba esa figura en
la historia del lugar.100 Meses más tarde, los vecinos volvieron
a conmoverse cuando se derrumbó una parte del tablado de
la plaza de toros durante las fiestas patrias, resultando treinta
personas heridas, entre ellas, los músicos que amenizaban la
fiesta taurina.101 Otro incidente sucedió a mediados de 1932, fecha
en que los vecinos pidieron al Congreso estatal la desaparición
del cabildo y el nombramiento de un consejo municipal,
debido a la irresponsabilidad del primer munícipe, Manuel
Coral.102 Tres años más tarde, los alfareros indígenas formaron

99 Ibid., 8 de febrero de 1922, p. 6.


100 Ibid., 24 de abril de 1925, p. 1.
101 Ibid., 25 de septiembre de 1925, p. 1.
102 Ibid., 14 de mayo de 1932, p. 1.

57
una asociación para vender directamente sus productos al
consumidor, la cual llevó el nombre de Cooperativa Mixta de
Ahorros e Inversiones.103
En comparación con otras poblaciones de Jalisco, Tonalá
contó con servicios públicos antes que otros municipios. Por
ejemplo, a mediados de 1927 ya disponía de una línea telefónica
que facilitó la comunicación, sobre todo, con Guadalajara.104
En 1929, Agustín Basave señaló que San Pedro Tlaquepaque
y Tonalá eran villas gemelas, pero que había grandes
diferencias entre ellas. La primera, más próxima a la capital
estatal, era más ruidosa, tenía mayor comercio, mejores casas
y un aspecto desenfadado; en Tonalá, en cambio, reinaba
el silencio, tenía tierras pobres, casas de adobe, incluso,
alrededor de la parroquia existían corrales con cuartos y
cobertizos para la fabricación de cerámica, pero su relativo
alejamiento de Guadalajara la mantenía más distanciada de
las costumbres citadinas y de la inseguridad. Basave describió
al tonalteco como un individuo contemplativo:

103 Ibid., 27 de marzo de 1935, p. 6.


104 Ibid., 14 de julio de 1927, p. 3.

58
Sabe ver con paciencia. Se deleita en la inspección lenta de una flor,
de un arbolillo, de un pájaro, de una avispa. Ha guardado en su retina
mil pequeñas impresiones. Sabe cómo revienta un capullo; cómo se
despliegan lentamente las hojas de una rosa; cómo encorva un gorrión el
cuello para beber agua, cómo lo alza para cantar…

Basave, como tantos otros, reconoció la admirable destreza


manual del artesano tonalteca para decorar con elegancia la
loza y otros objetos de barro. Relató que el trabajador se sentaba
sobre un petate con las piernas recogidas para dar forma, con
rapidez y seguridad, a cualquier pieza de barro. Destacó la
importante labor que estaba realizando una señora de apellido
Holms al haber organizado a un grupo de indígenas para que
trabajara en mejores condiciones, cuya producción la exhibió
en una exposición en la calle Madero 218 de Guadalajara;
además, había enviado a Londres un lote de botellones, tinajas,
cántaros decorados, floreros y tecomates, de los cuales la reina
de Inglaterra compró una parte. Llamaron tanto la atención
esas piezas que hasta la revista londinense The International
Studio les prodigó grandes elogios.105

105 Ibid., 27 de octubre de 1929, p. 9.

59
La imagen que proyectaba Tonalá en 1934 era aún modesta:

Es un pueblo de calles solitarias bien empedradas y con casas de aspecto


humilde. Su plaza principal, adornada con un jardín minúsculo, se
encuentra desierta aún en las horas que son de mayor actividad en otros
poblados del mundo. Se siente la impresión de un lugar deshabitado.
Sin embargo, en cada casa se trabaja dando forma y color al barro dúctil
y es de allí de donde salen las piezas más bellas de la llamada ‘loza de
Guadalajara’, la sorprendente policromía con fondo de ‘petatillo’.106

A partir de 1940, la villa fue cambiando su vieja fisonomía.


En este año, el presidente municipal, José María D. López,
gestionó ante la Secretaría de Comunicaciones y Obras
Públicas la reconstrucción de la red telefónica que se
encontraba dañada desde años atrás.107 Al año siguiente,
López fue depuesto por el cabildo y su lugar fue cubierto por
Severo Campuzano, pero la xxxv Legislatura dispuso, el 31
de marzo de 1942, el desconocimiento del ayuntamiento por
peculado y la designación de un nuevo cuerpo edilicio.108

106 Mario E. Bozzano. “Tonalá”. Olveda, op. cit., p. 87.


107 El Informador. Guadalajara, 15 de octubre de 1940, p. 2.
108 Ibid., 25 de abril de 1941, p. 1; 1 de abril de 1942, p. 1.

60
Como se ha podido apreciar, desde el siglo xvi la historia de
Tonalá giró en torno de la alfarería, labor a la que se dedicaba
buena parte de sus habitantes, y por la cual era reconocida en
México y en el extranjero. Podría decirse que esta actividad
marcó la vida de los tonaltecas; por eso, cualquier decisión
gubernamental que incidiera en la fabricación de objetos
de barro, afectaba profundamente a la población entera. En
abril de 1951, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público
dispuso que en lo sucesivo los exportadores de cerámica
tendrían que cubrir el 15% de impuestos, en lugar del tres
que venían pagando. Tal incremento hizo pensar a muchos
artesanos, como a los fabricantes de vidrio soplado de San
Pedro Tlaquepaque, que dicho acuerdo los arruinaría
porque tendría severas consecuencias en ambos lugares.
Los alfareros de Tonalá, representados por Juan Aldana,
José Palacios Norman, Henry Linhe, Enrique Cruz García y
Roberto J. Palacios, y Odilón Ávalos, de parte de los vidrieros,
acudieron a la Cámara de Comercio en busca de un respaldo
que los librara de ese acuerdo.109

109 Ibid., 19 de abril de 1951, pp. 1-2.

61
Otro personaje que incidió mucho en la fabricación de
cerámica fue Jorge Wilmot. Al lado de un notable artesano
de la loza de bruñido, Simeón Galván, en 1958 formó una
cooperativa para incrementar la producción, con el propósito
de mejorar el valor económico y artístico de la alfarería. A
esta agrupación se incorporaron Salvador Vázquez y los
hermanos Eusebio y Ernesto Ramírez. Al empezar a funcionar
la cooperativa cambiaron las formas tradicionales de las
piezas de bruñido. Como Wilmot se encargó de la venta en
el extranjero, permanecía parte del tiempo fuera, lo que dio
lugar para que la disciplina laboral no se mantuviera; cuando
se dio cuenta de estas irregularidades, despidió a todos los
trabajadores. Esta empresa duró alrededor de dos años y
medio. Una vez disuelta se asoció con Salvador Vázquez. En
1961, Wilmot conoció a Ken Edwdars, con quien formó otra
asociación en la que el estilo chino se combinó con los motivos
decorativos del bruñido tonalteca a la alta temperatura.110
En este mismo año se creó el Fondo para el Fomento de las
Artesanías, cuya función consistió en proporcionar créditos,

110 Ricardo Romo Torres. “Los alfareros”. Jaime Olveda, op. cit., pp. 117-125.

62
y asistencia técnica y administrativa a los fabricantes, lo que
redundó en la vida cotidiana de la villa alfarera, porque con
el impulso de esta actividad mejoraron las condiciones de
vida de sus habitantes. Por medio de un decreto del 23 de
febrero de 1965, el gobierno estatal declaró de utilidad social
la artesanía producida en Jalisco.111
Tonalá y Tlaquepaque, consideradas villas gemelas por
Agustín Basave, ciertamente estuvieron muy vinculadas
desde siempre. Incluso las familias se entrelazaron entre
sí y parte de los alfareros de la primera villa, en diferentes
momentos, se trasladaron a la segunda, donde continuaron
trabajando el barro en calidad de maestros. Poco antes de
llegar a la mitad del siglo xx, Tlaquepaque ya era considerado
“el centro alfarero por excelencia”, pero Tonalá conservaba
el reconocimiento de haber sido “la cuna de la cerámica
jalisciense” y el lugar donde se fabricaba “la loza de petatillo”.
Aunque ambas localidades llamaban la atención por su
producción de loza de barro, tanto fina como de uso común,
Tonalá destacaba por sus excelentes artesanos, entre ellos,

111 Horacio Hernández Casillas. La artesanía de Tonalá, Jalisco. México: inah,


1996 (Col. Regiones de México), pp. 88-90.

63
Panduro, Bernabé, Mateos y Juan Aldana; sin embargo, el
auge comercial de Tlaquepaque atrajo, además de una parte
de los artesanos tonaltecas, a los consumidores. Incluso, llegó
a reconcentrar la cerámica producida en otros sitios.
El incremento de la demanda hizo que el artesano
fuera abandonando poco a poco el estilo tradicional y
representativo. Al iniciarse la década de los sesenta hubo
un esfuerzo de los fabricantes tonaltecas por restituir el
prestigio artesanal a su pueblo y evitar la concentración de
la producción en Tlaquepaque.112 A mediados de febrero de
1966 hubo en París una exposición de artesanías mexicanas
en la Casa de América Latina, donde fueron exhibidas 700
piezas, entre otras, cerámica bruñida de Tonalá.113 Para
entonces la producción alfarera había alcanzado un nivel
muy alto. En septiembre del año siguiente, el Departamento
de Economía de Jalisco informó que los fabricantes de Tonalá
y Tlaquepaque producían diariamente 50 mil piezas de barro

112 Luis René Navarro. “Barro”. El Informador. Guadalajara, 31 de enero de


1965, pp. 19 y 21.
113 Ibid., 15 de febrero de 1966, p. 1.

64
con un valor de medio millón de pesos.114 La gran variedad de
piezas de barro era ofrecida al consumidor en el tianguis que
se realizaba los jueves y los domingos de cada semana, el cual
tenía una gran afluencia y constituía la principal fuente de
ingresos de los habitantes.115
Tonalá, como los demás municipios que rodeaban a la capital
estatal, empezaron a experimentar un rápido crecimiento
urbano y demográfico, el cual se intensificó en la década
siguiente. Cuando Guadalajara agotó su territorio habitable se
desbordó sobre Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá, municipios
que formaron parte del primer anillo metropolitano.116 Por
presiones más bien de la capital jalisciense, en los años
setenta la villa alfarera también expandió su zona urbana con
la apertura de un conjunto habitacional que llevó el nombre
de Loma Dorada. La construcción de casas en un área de
350 hectáreas con arquitectura moderna, contrastó con las
viviendas tradicionales de Tonalá. El nuevo fraccionamiento

114 Ibid., 27 de septiembre de 1967, p. 23.


115 Ibid., 16 de junio de 1968, p. 6.
116 Luis Felipe Cabrales Barajas. “Proceso de metropolización y segregación
social tonalteca”. Beatriz Núñez Miranda (coord.). Tonalá, una aproximación
a su estudio. Zapopan: El Colegio de Jalisco, 2000, p. 73.

65
Fraccionamiento Loma Dorada, Tonalá.
Fotografía: Beatriz Núñez Miranda.
que albergó a 200 mil habitantes, junto con Lomas de
Camichín y La Soledad, desbalancearon al municipio porque
los beneficios no repercutieron en favor de la cabecera.
A partir de entonces hubo también, como consecuencia
de esta urbanización, una notable especulación del suelo
urbano, y los dueños de las tierras cultivables, presionados
por la demanda de viviendas, comenzaron a fraccionarlas y
a vender sus terrenos. No hay que perder de vista que esa
expansión afectó los paisajes naturales y el medio ambiente,
de modo que muchas laderas, barrancas y otras depresiones
fueron rellenadas con escombros y basura generada por la
zona metropolitana.117
En comparación con otros municipios conurbados, el terri-
torio tonalteca fue “residencialmente pobre”, de acuerdo con
su economía tradicional, y como resultado de su cercanía con
Guadalajara y de la lógica del área metropolitana. Es impor-
tante tener en cuenta que la población que se avecindó, pro-
veniente de otros lugares, compró terrenos de bajo costo para
construir sus viviendas, sin que tuvieran, en la mayoría de

117 Jalisco. Territorios y problemas de desarrollo. Guadalajara: Gobierno de


Jalisco-Instituto de Información Territorial, 2013, p. 98.

67
los casos, los servicios urbanos necesarios, lo que contribuyó
a acentuar la desigualdad social.118 Detrás de todo el proceso
de metropolización está la fuerza estructuradora de la ciudad
central, Guadalajara, que al impulsar la expansión urbana,
subordinó a los espacios circundantes. En consecuencia, el
crecimiento demográfico y urbano de Tonalá no se debió a
exigencias internas, sino externas, es decir, a las que impuso
el núcleo central.119
A partir de 1970, la vinculación de Tonalá con Guadalajara
fue más estrecha, pero su base económica continuó siendo
la alfarería. Como ya quedó asentado, el agotamiento de la
reserva territorial de la capital jalisciense, propició que la
expansión urbana se orientara hacia el territorio tonalteca,
donde se construyeron los fraccionamientos mencionados.120
Según algunos cálculos, entre 1970 y 1995, el municipio de
Tonalá tuvo un crecimiento urbano del 350%, debido al arribo
de vecinos provenientes del interior de Jalisco y de los estados

118 Javier Rentería Vargas. “De la metropolización a la desigualdad socioespa-


cial: el caso de Tonalá, un municipio conurbado”. Núñez Miranda, op. cit.,
pp. 92-93.
119 Ibid., pp. 98-99.
120 Cabrales Barajas, op. cit.; Núñez Miranda, op. cit., pp. 73-75.

68
de Zacatecas, Michoacán, Guanajuato, Nayarit, Sinaloa y de la
capital del país; es muy significativo que después de 1990 haya
ocupado el cuarto lugar entre las municipalidades con mayor
índice demográfico.121 El siguiente dato es revelador: de 24,648
habitantes que tenía en 1970, en 1995 la cifra aumentó once
veces.122 Esta expansión también afectó a las delegaciones de
Zalatitán, El Rosario, San Gaspar y Coyula, donde también se
establecieron los inmigrantes por el bajo precio del suelo y
de las viviendas. Con el tiempo, estos pueblos acabaron por
convertirse en barrios de Tonalá. Más todavía, a partir de
1989, la basura del Área Metropolitana de Guadalajara fue
depositada en los rellenos sanitarios de Matatlán o Coyula
y San Gaspar, lo que intensificó los problemas tanto de las
autoridades como de los habitantes.123
Fue en marzo de 1991 cuando oficialmente Tonalá se integró
a la zona metropolitana. El alcalde Vidal Maestro Murguía

121 Arana Rojas, op. cit., p. 44; Patricia Arias. “Tonalá, ¿ámbitos vacíos o espacios
vividos?”. Estudios Jaliscienses. Zapopan: El Colegio de Jalisco, núm. 63,
febrero de 2006, p. 9.
122 Cabrales Barajas, op. cit., pp. 103-104.
123 Beatriz Núñez Miranda. “Tonalá y Guadalajara: una coexistencia difícil”.
Estudios Jaliscienses. Zapopan: El Colegio de Jalisco, núm. 32, mayo de 1998,
pp. 52-62.

69
anunció que esta incorporación se había hecho con respeto
a la autonomía municipal. También reportó la regularización
de 8,786 predios de 18 colonias, el cultivo de 2,687 hectáreas
de maíz y sorgo, y la creación de la Asociación Civil para
administrar la Casa de los Productores Artesanales.124 De
cualquier manera, dentro de esta zona, Guadalajara, Zapopan
y Tlaquepaque figuraron como los municipios principales; los
demás, Tonalá, El Salto, Juanacatlán, Tlajomulco e Ixtlahuacán
de los Membrillos, fueron catalogados como periféricos.
Cabrales Barajas afirma que de todas estas municipalidades
que exhiben una marcada segregación social, Tonalá es “la
parte más pobre” de la zona metropolitana.125 En 2011, la villa
alfarera tan solo comprendía 8% del suelo urbano de esta
área, lo que equivalía a 30% de su territorio.126
La conurbación también afectó la forma de vida de los
habitantes de la villa alfarera; cambió su forma de ser, sus
hábitos, tradiciones, su identidad, la percepción de la realidad
social y las relaciones con los municipios colindantes.

124 El Informador. Guadalajara, 15 de marzo de 1991, pp. 35-36.


125 Cabrales Barajas, op. cit., p. 78.
126 Ibid., pp. 92 y 121.

70
Este proceso complejo y envolvente los fue incorporando
gradualmente a la complejidad urbana. De haber sido un
pueblo que llevaba una existencia propia, pasó a formar
parte de un todo envolvente con grandes diferencias, lo que
creó nuevos problemas y tensiones de diversa índole.
En 1995, Tonalá figuraba como la cuarta ciudad más poblada
de Jalisco, con 250,068 habitantes, después de Guadalajara,
Zapopan y Tlaquepaque.127 En 1998 el municipio contaba con
212 colonias regulares e irregulares. Este desbordamiento
planteó la necesidad de crear la Comisión de Regularización
de Fraccionamientos Privados y/o Subdivisiones de Predios,
en mayo de 1996. Este mismo año, el 12 de septiembre, se
inauguró en Guadalajara el Primer Encuentro Artesanal,
organizado por la Secretaría de Turismo, que reunió a los
artesanos de esta ciudad, Tonalá y Tlaquepaque con el fin de
promover su producción.128
La expansión urbana y el aumento demográfico, resultados
directos de la conurbación, provocaron cambios sociales

127 Patricia Arias. “De villa alfarera a ciudad dividida”. Beatriz Núñez Miranda
(coord.), op. cit., pp. 14-16.
128 El Informador. Guadalajara, 14 de septiembre de 1996, p. 1.

71
nunca antes experimentados en los municipios que formaron
la zona metropolitana. Aparte de alterar las costumbres y el
comportamiento humano, Tonalá se convirtió, al finalizar
el siglo xx, en una “ciudad dormitorio” porque 49.8% de su
población salía a trabajar en otros lugares.129 Como esta área
integró pueblos con hábitos y tradiciones distintos, dio lugar
a numerosos problemas relacionados con esa incorporación
y al surgimiento de nuevos tejidos sociales. En el caso de
Tonalá puede observarse el abandono o el distanciamiento
de su organización antigua y tradicional, al agregarse
a la complejidad urbana y verse sometida a presiones
violentas impuestas por Guadalajara, la ciudad central.130 La
conurbación exigió inversiones significativas para resolver
los problemas derivados de ese proceso, pero la aplicación de
esos recursos no fue equitativa. La mayor parte se destinó a
Guadalajara, no obstante que los municipios conurbados han
sido soporte de esta ciudad. Así ocurrió a fines de 1977, cuando
se destinaron casi 259 millones de pesos para infraestructura
del área metropolitana, de los cuales la capital de Jalisco

129 Jalisco. Territorios..., p. 100.


130 Arias, op. cit., p. 16; Cabrales Barajas, op. cit., p. 65.

72
absorbió casi 175 millones; el resto fue distribuido entre
Zapopan y Tlaquepaque. Aunque Tonalá todavía no se incluía
en esta área, se menciona el caso para ilustrar la inequidad.131
Lo que no deja de llamar la atención es que en todos
los procesos por los que ha pasado Tonalá, la alfarería fue
ajustándose a esos cambios, siempre buscando su mejoría
y beneficiar a sus artesanos. Cabe recordar que, en 1977, J.
Cruz Pérez, presidente de este gremio, buscó el apoyo del
Instituto de Artesanías Jaliscienses y de Créditos Bancarios
para reconstruir el almacén que rentaban y financiar a los
artesanos. Para entonces, el presidente municipal, Hilario
Puga Decenas, comunicó que por acuerdo del cabildo, la
Unión de Artesanos recibiría un terreno de tres mil metros
cuadrados para construir el mercado artesanal.132
Las autoridades de la zona metropolitana atendieron el
desencadenamiento de los múltiples problemas que generó
el proceso acelerado de urbanización, entre ellos, la pérdida
de tierras que antes estaban dedicadas a la agricultura.
Zapopan, por ejemplo, dejó de ser la villa maicera, mientras

131 El Informador. Guadalajara, 24 de octubre de 1977, pp. 29-30.


132 Ibid., 6 de noviembre de 1977, p. 15.

73
que Tonalá perdió buena parte de los bancos de donde se
obtenía el barro para fabricar la cerámica, lo que también
afectó a los artesanos de Tlaquepaque.133
Nada pudo detener tales pérdidas. La demanda de viviendas
populares en la zona metropolitana acabó por absorber los
terrenos dedicados a otros usos. El gobierno federal, aparte
de las compañías inmobiliarias, ofertó casas de interés social.
El Fondo Nacional de Habitación Popular (fonhapo) invirtió
200 millones de pesos en puntos prioritarios de Jalisco como
Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá, Puerto Vallarta,
Autlán y Barra de Navidad.134 Los ayuntamientos de la zona
conurbada coincidieron en varias ocasiones en que debían
proceder de manera conjunta y coordinada para resolver los
problemas derivados de la inseguridad pública, la escasez
de agua y la generación de basura. Desde la década de los
ochenta, Tonalá empezó a recibir los residuos generados por
los municipios conurbados, primero en el sitio de San Gaspar
y, posteriormente, en Coyula y Los Laureles, lo que tuvo un

133 Ibid., 7 de mayo de 1987, p. 4.


134 Ibid., 17 de octubre de 1983, p. 27.

74
impacto en la contaminación del suelo de esos lugares.135 En
el año 2000, Tonalá fue reconocido como el más solidario de
los municipios conurbados en la captación de desechos.136
También la producción alfarera entró en crisis porque la afectó
el aumento del precio del gas, su principal insumo energético.
Un primer efecto fue despedir personal de los talleres, después
aumentar el precio y, finalmente, cerrar las puertas de algunos
centros de trabajo.137
Actualmente Tonalá sigue figurando como el municipio
pobre del Área Metropolitana de Guadalajara, y se ha
convertido en el albergue de una buena parte de la población
que no puede establecerse en otras zonas donde los terrenos o
las casas tienen un costo alto. Como se ha dicho, el acelerado
crecimiento urbano ha provocado la pérdida de una buena
parte de su esencia original, y que se encuentre subordinada a
las exigencias y presiones de esta zona.138 ■

135 Arias, op. cit., pp. 47, 49, 51 y 56.


136 El Informador. Guadalajara, 22 de diciembre de 2000, p. 31.
137 Ibid., 5 de enero de 2001, p. 57.
138 Cabrales Barajas, op. cit., pp. 78 y 85.

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Tonalá
Historia breve

se terminó de editar en agosto de 2023


en El Colegio de Jalisco, A.C., 5 de Mayo 321,
Centro, Zapopan, Jalisco

Mercedes Guadalupe González Sánchez


Fanny Enrigue
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Déborah Moloeznik Paniagua


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