EL RETO QUE PLANTEAN A LA FE LAS CRÍTICAS DE LA RELIGIÓN
DEL SIGLO XIX
INTRODUCCIÓN
En este tema que vamos a iniciar nos preocupa saber cuál es el reto que plantean a la fe los
grandes pensadores del siglo XIX, cuya filosofía está a la base de muchas de las concepciones del ser
humano que circulan en nuestras sociedades.
Estos pensadores que estudiaremos son hombres que con su reflexión han abierto los ojos a la
humanidad acerca de terminadas cuestiones. Su vida y su obra están íntimamente relacionadas. Es
su experiencia vital la que motiva su modo de ser, de sentir, de pensar y de escribir. De ahí el que no
nos conformemos al estudiar a estos personajes con conocer sus biografías como algo marginal e
independiente de su peculiar pensamiento. Sus biografías justifican y explican sus bibliografías, sus
filosofías y sus posturas ante el fenómeno religioso.
Veremos cómo su negación de la existencia de Dios, su crítica a la religión y a Dios son hasta
cierto punto consecuencias razonables de sus vidas. Y descubriremos cómo, aunque siendo
criticables sus críticas de la religión, el creyente que se precie no puede ni debe desatender el reto
que esas críticas le lanzan. Escuchar ese reto y encararlo con honradez va a contribuir a que la
religión se purifique y el ser humano creyente viva su fe sin tener que renunciar a su condición de
persona responsable, libre y comprometida con el ser humano y con su historia.
1. «El creyente debe considerar el reto de los grandes pensadores del siglo XIX».
2. Bajo el título «Ludwig Feuerbach: "Dios, una proyección del ser humano”» estudiaremos al
que está considerado como el padre del ateísmo moderno. Veremos cuál es el reto que
plantea al creyente.
3. Si Feuerbach representa la perspectiva filosófica del ateísmo, Marx nos muestra la
sociológica. Veremos cuál es su vida, su obra, su pensamiento acerca de la religión y su “reto”
en «Karl Marx: “la religión, suspiro de la criatura oprimida”».
4. La perspectiva psicológica nos la va a dar Freud, en «Sigmund Freud: "Dios, una ilusión
infanti1”».
5. El cuarto autor que estudiaremos será Nietzsche. Intentaremos desvelar el planteamiento
que hace respecto de la religión en «Friedrich Nietzsche: “Pregonero, de la muerte de Dios”».
6. A modo de balance: «¿Qué debe aprender él creyente de los retos planteados por las críticas
de la religión de estos grandes pensadores del siglo XIX?», será el título bajo el cual
sintetizaremos los retos planteados y veremos cuál es la lección a aprender por parte del
creyente.
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CUESTIONES DE ENTRADA
1. Si es evidente que Dios existe, ¿cómo se entiende que haya personas que se llamen ateas
negando su existencia?
2. Si hay un solo Dios para todos los ser humanos, ¿cómo es posible que las imágenes que de
él se ha hecho el ser humano a lo largo de la historia sean tan diversas e incluso
contradictorias?
3. ¿Puede justificarse en nombre de Dios la injusticia, el dolor, la guerra? Entonces, ¿por qué
en nombre de Dios, en ocasiones, se han cometido tantas atrocidades?
4. «El ser humano desea que Dios exista y lo crea, pero a su deseo no se corresponde ninguna
realidad, es pura fantasía». ¿Qué opinión nos merece esta afirmación?
5. ¿Puede Dios morir? ¿Qué sentido puede tener, pues, la afirmación de Nietzsche «Dios ha
muerto»?
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1. EL CREYENTE DEBE CONSIDERAR EL RETO DE LOS GRANDES
PENSADORES DEL SIGLO XIX
Para que el ser humano sea capaz de fundamentar críticamente su fe no puede desoír ni el reto
que le plantea el progreso científico y tecnológico con su nueva manera de comprender y vivir la
realidad, ni el reto que le plantea el pensamiento de ser humanos a los que, preocupándoles lo
religioso, al toparse con una religión carente de garra y minusvaloradora del ser humano, la han
criticado con dureza y han tomado postura frente a ella declarándose ateos.
Vamos a considerar el reto que plantean a la religión cuatro personajes que están en el origen
del pensamiento actual: Feuerbach, Marx, Freud y Nietzsche. Son cuatro ser humanos clave del siglo
XIX que han incidido con su forma de ver el mundo y al ser humano en los diversos humanismos
contemporáneos que serán objeto de estudio en el próximo Tema.
Valoraremos los interrogantes que plantean a la fe desde su crítica y veremos cuál es la
enseñanza que debe sacar el creyente de esas críticas.
2. LUDWIG FEUERBACH: «DIOS, UNA PROYECCION DEL SER HUMANO»
Nos interesa estudiar a Feuerbach por ser considerado el padre del ateísmo del siglo XIX y del
siglo XX. Su pensamiento acerca del ser humano, de Dios y de la religión está a la base de otros
tantos pensadores del siglo XIX que se hallan a la raíz de las diversas concepciones del ser humano
y del mundo que se han dado en nuestro siglo. Nos interesaremos por su vida, por su obra, por su
crítica de la religión y por el reto que para el creyente supone su crítica.
2.1. «DIOS FUE MI PRIMER PENSAMIENTO, LA RAZÓN EL SEGUNDO, Y EL SER
HUMANO, EL TERCERO Y ÚLTIMO»
Esta frase dicha por el mismo Feuerbach sintetiza el proceso de su pensamiento íntimamente
ligado a su vida. Veremos cada uno de estos pensamientos y haremos recorrido su biografía.
2.1.1. Dios es el primer pensamiento de Feuerbach
Feuerbach1 nace en 1804 en Alemania, en el seno de una familia protestante. Es bautizado en
la Iglesia católica si bien se le educa en el protestantismo. Desea ser pastor evangélico. Se entrega
al estudio del hebreo, del griego y de la Biblia. Inicia en Heidelberg sus estudios de Teología en 1823.
No queda satisfecho. Se interesa por la filosofía de Hegel. Se va a Berlín.
2.1.2. La razón es el segundo pensamiento de Feuerbach
De teólogo se convertirá en hegeliano. Acude a clases de Hegel en 1824. Queda entusiasmado
por su pensamiento. Dice de sus lecciones que le han ayudado a recomponer su cabeza y su corazón
y ha podido experimentar lo que es un maestro. Afirma al respecto: «Ya supe lo que debía y quería
1
En alemán significa «baño de fuego»
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hacer: ¡no teología, sino filosofía! ¡No desvariar ni fantasear, sino aprender! ¡No creer, sino
pensar!» En una única ocasión y en una taberna logra Feuerbach hablar con su maestro Hegel, sin
embargo, se puso tan nervioso que apenas pudo decirle nada.
En Berlín su estancia se le hace difícil y se va a Erlangen. En 1828 se doctora en Filosofía. Da
clases como profesor sobre los filósofos Descartes y Spinoza. En su interioridad empieza a desligarse
de Hegel.
2.1.3. El ser humano es el tercero y último pensamiento de Feuerbach
De hegeliano se convertirá en ateo. Para Feuerbach es preciso llegar hasta el final del camino
iniciado por Hegel. Es preciso llegar a la superación de la dicotomía entre el más acá y el más allá.
Pero no sólo en el plano del pensamiento, como ha hecho Hegel, sino también en el de la realidad.
Por eso es necesario que la humanidad se concentre en sí misma, en su mundo y en su presente. En
lugar de pensar en la inmortalidad en la vida del más allá, hay que crear las condiciones para
conseguir una nueva vida en el más acá. En lugar de ser humanos inmortales, lo que interesa a la
humanidad son ser humanos capaces, sanos de cuerpo y espíritu.
Se hace ateo a partir de su obra «Pensamientos sobre la muerte y la inmortalidad». En ella
ataca la idea de un Dios personal y la fe egoísta en la inmortalidad. El libro es prohibido y
secuestrado. Por él es buscado por la policía. Escribe a su hermana: «Vivo en olor de ser un
tremendo incrédulo, un ateo, más aún, el anticristo en persona». A causa del libro no llega a
encontrar cátedra en la Universidad. Se retira definitivamente en 1836. Piensa entonces que no ha
nacido para ser profesor de filosofía, sino que ha nacido para ser filósofo.
Una mujer, Berta Löw, con la que se casa, le brinda la posibilidad de dedicarse enteramente a
la filosofía. Se retira a la torre de un castillo situado en plena naturaleza. Desde su retiro se dedica
a reelaborar la historia de la filosofía moderna. En esa reelaboración descubre con toda claridad que
son irreconciliables razón y fe; Filosofía y Teología; Ilustración y Cristianismo.
Estudiando al filósofo Bayle (1647-1706) descubre las contradicciones dentro del catolicismo
(entre el espíritu y la carne) y dentro del protestantismo (entre la razón y la fe). No sólo rechaza con
pasión que la religión cristiana sea necesaria para la formación del ser humano, sino que también
niega la posibilidad de la Teología como ciencia.
En su «Crítica de la filosofía hegeliana» niega que la filosofía de Hegel sea la última y más
elevada filosofía y niega también que la especie humana se realice en plenitud en un único individuo:
Cristo, como afirma el cristianismo. Critica el que se haya hecho a la Filosofía el canon de la realidad
y postula el que sea la realidad el canon de la Filosofía. Esta obra la escribe en 1839; hacía ocho años
que había muerto Hegel (1831).
A la muerte de Hegel, sus discípulos se dividen en dos corrientes interpretativas de la
intencionalidad última de su maestro al especular sobre el cristianismo:
- La derecha hegeliana postula la conservación de la religión en la filosofía al creer que Hegel
intentó justificar racionalmente las verdades de la fe cristiana e interpretarlas en su más
profundo sentido especulativo para hacerlas aceptables, accesibles, inteligibles y
razonables para el ser humano moderno.
- La izquierda hegeliana, por el contrario, apuesta por la eliminación de la religión en la
filosofía en cuanto creen que Hegel intentó presentar las verdades de la fe cristiana como
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una forma intuitivo-representativa, provisional y deficiente de la auténtica verdad que es
la filosofía.
Feuerbach pertenece a esta última corriente: la izquierda hegeliana. Y serán sus propios
compañeros que forman el círculo de jóvenes hegelianos radicales quienes aplaudirán la obra de
Feuerbach escrita en 1841 «La esencia del cristianismo». En ella están contenidas las líneas
fundamentales de su ateísmo que luego estudiaremos.
En 1848 cuando estalla la Revolución se pone del lado de los revolucionarios, pero no acepta
coger las armas. Piensa que prestará un mayor servicio a la humanidad dando un curso sobre la
esencia de la religión en Heidelberg para el que ha sido solicitado. Al cabo de un semestre,
deprimido, regresa a su exilio en Bruckberg. A la vuelta encuentra que la fábrica en la que había
invertido toda su fortuna ha quebrado. Tiene que abandonar junto a su esposa e hija ese castillo
que había sido el refugio en el que había ido elaborando su pensamiento. A lo largo de 24 años ese
castillo había sido su mundo.
Vive sus últimos años de vida olvidado. Sobrevive gracias a los donativos que recibe. Le da un
primer ataque de apoplejía. A raíz del segundo, vive largo tiempo con una total apatía. Tras un
período de vida vegetativa, muere el 13 de septiembre de 1872 a los sesenta y ocho años. Es
enterrado en Nuremberg donde unas 20.000 personas le rinden un último homenaje. Ante el
féretro, un amigo suyo habla a los presentes del amor a la verdad como móvil que guió el
pensamiento de Feuerbach.
2.2. «DIOS ES UNA PROYECCIÓN DEL SER HUMANO» PARA FEUERBACH
2.2.1. El ser humano, suprema esencia del ser humano
Para Feuerbach el misterio de la Teología es la Antropología. La Antropología entendida en
sentido de lucha: como una llamada a internarse en una realidad más real que aquella que la
teología cristiana y la especulación idealista se creen obligadas a investigar. Esta es, según
Feuerbach, la «tarea de nuestro tiempo»: la realización y humanización de Dios, la transformación
y disolución de la Teología en Antropología. Ya no será Dios, sino el ser humano el punto de partida
de toda filosofía. «El primer objeto del ser humano es el ser humano». Pero no el ser humano
racional, arrancado de la naturaleza, abstraído de su sensibilidad, sino el ser humano verdadero,
real, entero, sensitivo, corporal. Valora al ser humano en relación con la totalidad de los ser
humanos. Para Feuerbach el, «Ser humano universal», el género humano, constituye la esencia
suprema y la medida de todas las cosas.
2.2.2. La idea de Dios no es más que una proyección del ser humano
¿Cómo surge la idea de Dios?, según Feuerbach. El ser humano saca de sí su esencia humana,
la ve como algo existente fuera de sí y separado de él, la proyecta al cielo como una figura autónoma,
la llama Dios y la adora. Así, pues, la idea de Dios no es más que la proyección del ser humano. Dios
aparece como un reflejo proyectado del ser humano. Tras ese reflejo en realidad no hay nada. Lo
divino es lo universal humano proyectado al más allá. En realidad, es el ser humano el Dios del ser
humano. Este es todo el misterio de la religión.
No es como dice la Biblia: «Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza», sino al revés: el
ser humano creó a Dios a su imagen y semejanza. Al decir de Dios que es un ser inteligente, en
realidad lo que hace el ser humano es proyectar en Dios su propio entendimiento, su propia
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inteligencia. Al decir que Dios es el ser moralmente perfecto, en realidad significa que el ser humano
ha proyectado en Dios su propia voluntad, su propia conciencia moral. Al decir que Dios es amor, en
realidad lo que ha hecho el ser humano ha sido proyectar en él su corazón, su amor. Dios no es más
que el potente reflejo, del ser humano proyectado al cielo, reflejo que no tiene otro ser que el del
mismo ser humano que lo proyecta.
2.2.3. El ser humano debe recuperar para sí lo que ha proyectado en Dios
La religión no es solamente como se pensaba en la Ilustración un artificio fraudulento inventado
por los curas. Según Feuerbach, la religión hay que entenderla con mayor profundidad: El principio,
el centro y el fin de la religión debe ser el ser humano mismo.
En la explicación de Dios como proyección del ser humano aparece claro que lo que ha ocurrido
ha sido que el ser humano ha sacado de sí todo lo mejor y lo ha remitido a un ser llamado Dios al
que ha adorado. El resultado ha sido el de que el ser humano se halla desgarrado, escindido,
enajenado, empobrecido.
Es preciso que Dios y el ser humano vuelvan a ser uno. Hay que llevar, para ello, a término un
proceso por medio del cual el ser humano recupere todas sus riquezas enajenadas y así
desaparecerá la división entre Dios y el Ser humano.
2.2.4. Por medio del ateísmo el ser humano recuperará lo que el teísmo le ha arrebatado
El ateísmo que formula Feuerbach más que negación es afirmación del ser humano que ha
proyectado en Dios lo mejor de sí. Es su ateísmo un verdadero humanismo. Por medio de este
ateísmo Feuerbach pretende que el ser humano recupere su verdadera dignidad divina que el
teísmo le había arrebatado.
El ateísmo de Feuerbach se resume en su siguiente pensamiento: En lugar de amor a Dios, amor
al ser humano; el lugar de fe en Dios, fe del ser humano en sí mismo; en lugar del más allá, el
absoluto más acá. El mismo Feuerbach resume en una frase el objetivo de sus escritos y de sus
lecciones y, por lo tanto, su programa: «... convertir a los ser humanos de teólogos en
antropólogos, de teófilos en filántropos; de candidatos del más allá en estudiantes del más acá;
de camareros religiosos y políticos de la monarquía y la aristocracia celestial y terrenal en
ciudadanos de la tierra conscientes de sí mismos».
2.3. CRÍTICA A LA CRÍTICA DE LA RELIGIÓN DE FEUERBACH
Hay que reconocer en Feuerbach la coherencia de su pensamiento al analizar el proceso que ha
dado origen a la religión y al plantear la necesidad de recuperar para el ser humano lo que es del
ser humano. De hecho, no es un personaje pasado de moda. No hay ateísmo que no se nutra de sus
argumentos. Nos interesa ahora preguntarnos si su crítica a la religión está realmente fundada.
2.3.1. El ser humano orientado hacia lo infinito
La orientación de la conciencia del ser humano hacia un infinito no dice nada determinante
sobre la existencia o no de una realidad infinita independiente de la conciencia.
Y, sin embargo, sabemos que para algunos teólogos esta orientación prueba la existencia de lo
divino fuera del ser humano, mientras para Feuerbach, esta misma orientación prueba la no
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existencia de lo divino fuera del ser humano. Lo cierto es que no dice nada contundente ni a favor
ni en contra.
Hay que decirle a Feuerbach que el ser humano individual, el ser humano real es a menudo
limitado, mortal y finito y no siempre bueno. Al hablar del ser humano universal, ¿no proyecta
Feuerbach fuera de sí algo que no se da en la realidad? Esa esencia humana universal de la que tanto
habla, ¿no es una pura proyección?
2.3.2. El ser humano, en cuanto ser dinámico y creador proyecta fuera de sí su propia realidad
El ser humano no es un ser pasivo. Es creador, dinámico y en cuanto tal, al captar la realidad,
al hablar de ella, al insertarse en ella... proyecta algo de sí. El hecho de que proyecte algo de sí al
referirse a Dios, al relacionarse con él, al imaginarlo... significa que pone algo de sí en esas palabras,
en esas imágenes, en ese diálogo, porque el ser humano es creador al relacionarse con Dios. Se
trata, pues, de una proyección no accidental, sino fundamental y vital, que brota del hecho de que
el ser humano es un ser activo, que no capta sin más la realidad.
2.3.3. El deseo del ser humano, en sí, no niega ni afirma nada acerca del objeto deseado
Feuerbach fundamenta su ateísmo, sobre todo, en razones psicológicas: la idea de Dios es
un producto de la psicología humana. Para él, todo lo que el ser humano echa en falta, eso es Dios:
«El ser humano convierte en Dios lo que él mismo desea ser». La religión aparece como producto
del instinto de conservación del ser humano, del egoísmo humano. Es la imaginación del ser humano
la que hace aparecer como real un ser que no es más que el objeto de las fuerzas e instintos,
necesidades, deseos e ideales. La religión hace que aparezca como real lo que no es más que el fruto
de la imaginación del ser humano.
Hay que aceptar de estas afirmaciones que el sentimiento de dependencia, los deseos y
necesidades del ser humano, el ansia de felicidad y el instinto de conservación desempeñan un papel
fundamental en la religión. Hay que reconocer también, como ya hemos dicho, que en todo conocer
entra en juego la imaginación humana, que las cosas y las personas son conocidas por el ser humano
a su manera poniendo o proyectando en ellas algo de sí mismo.
Sin embargo, debemos preguntarnos: la explicación psicológica, ¿agota la complejidad del
fenómeno de la fe en Dios?; ¿reconocer la importancia que desempeñan los factores psicológicos
en la fe en Dios lleva necesariamente a afirmar que el objeto al que apuntan esos factores no existe,
es irreal?
Hay que decir que quizá no responde objeto alguno a las diversas necesidades, deseos y
tendencias del ser humano; pero tampoco puede excluirse de antemano que a todas esas
necesidades, deseos y tendencias responda efectivamente algo real. Es cierto que una cosa no existe
porque yo la desee, pero no es exacto afirmar que porque la deseo deje de existir o de ser real. El
que tenga sed no prueba la existencia de una fuente; pero se puede dar la sed y la fuente. El deseo
no sirve ni para probar ni para desmentir. Del deseo no se puede pasar a la contundencia de la
existencia de Dios, pero es posible que sea compaginable el que al deseo de Dios le corresponda la
realidad Dios, si bien éste no es fruto del mero deseo.
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2.3.4. ¿Decadencia del cristianismo?
Feuerbach afirma que vivimos el período de decadencia del cristianismo. Dice que la
increencia ha sustituido a la fe, la razón a la Biblia; la política a la religión y a la Iglesia; la tierra al
cielo; el trabajo a la oración; la necesidad material al infierno; el ser humano al cristiano. El
diagnóstico de Feuerbach refleja una situación que se da en nuestra sociedad del siglo XXI. Pero
habría que indicar tres cosas:
- Hay que distinguir entre secularización y secularismo; es decir, entre el moderno proceso de
secularización y la mundanidad del mundo, por una parte, y el secularismo en cuanto ideología
que relaciona la mundanidad del mundo y de los órdenes terrenos con el ateísmo radical, por
otra.
- La profecía hecha hace más de cien años por Feuerbach sobre la desaparición del Cristianismo
no se ha cumplido. La fe en Dios se ha saneado, se ha hecho más razonada y razonable, y no ha
desaparecido.
- ¿Tienen necesariamente que estar enfrentadas fe y razón; política y religión; trabajo y oración;
cielo y tierra?
2.4. EL RETO QUE SUPONE PARA LA RELIGIÓN LA CRÍTICA QUE DE ÉSTA HIZO
FEUERBACH
El pensamiento de Feuerbach sobre la religión supone directa e indirectamente una crítica
seria, nada despreciable acerca de cómo la religión era o es vivida por el ser humano.
2.4.1. Hay que valorar la preocupación de Feuerbach por el ser humano
A menudo la Iglesia y la Teología han defendido a Dios a costa del ser humano, el más allá
en detrimento del más acá. No olvidemos, por ejemplo:
- La extensa tradición dualista del desprecio de la naturaleza, del más acá, del amor.
- La minusvaloración del ser humano como ser corporal, sensible.
- El espiritualismo enemigo de los sentidos, el desprecio y castigo del cuerpo, el rechazo de la
amistad, del eros, del sexo.
Es preciso valorar la preocupación radical de Feuerbach por el ser humano, mostrando su
grandeza y sus posibilidades. Por amor al ser humano desea que éste recupere para sí lo que cree
ha sacado de sí y atribuido a Dios.
Quiere que el ser humano sea Dios para el ser humano. Hay que reconocer el deseo de que
el ser humano se preocupe más por el más acá, que luche por construir una vida mejor en el aquí y
en el ahora. La religión en muchas ocasiones se ha olvidado de este aquí y ahora y ha sido utilizada
como evasión del compromiso por el ser humano.
2.4.2. Hay que desdeñar un Dios hecho a la medida de cada ser humano
Hay que reconocer el hecho de que, a lo largo de la historia, en ocasiones, el ser humano se
ha forjado un Dios a medida y le ha reducido a ser que satisface necesidades, anhelos,
preocupaciones. Dios ha sido cosificado, manipulado, manejado por intereses y antojos.
La crítica de Feuerbach de una religión egoísta e hipócrita basada en una falsa imagen de
Dios supone para la misma religión un estar en constante alerta para saber en todo momento si es
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fiel a los principios básicos de la misma o si se la reduce a objeto de las apetencias puntuales del ser
humano.
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3. KARL MARX: «LA RELIGIÓN, SUSPIRO DE LA CRIATURA OPRIMIDA»
Mientras Feuerbach nos daba una perspectiva filosófica del ateísmo pasando con ella a ser el
padre del ateísmo del siglo XIX y XX, Marx partiendo de las ideas de aquél, nos va a proporcionar la
perspectiva sociológica.
Marx desde su insistencia en la praxis y del dato de que son los hechos los que gobiernan la
historia e influyen en el desarrollo de las ideas, descubrirá y criticará una religión vivida como
«suspiro de la criatura oprimida» y utilizada como «el opio del pueblo».
Siguiendo el mismo esquema que utilizamos para estudiar a Feuerbach empezaremos
acercándonos a la vida y a la obra de Marx, luego nos introduciremos en su pensamiento en torno
a la religión, para seguidamente realizar una valoración crítica del mismo y acabar analizando el reto
que supone la crítica de la religión que hizo Marx.
3.1. «JUDÍO DE NACIMIENTO, EDUCADO EN CRISTIANO Y ATEO DE FORMACIÓN»
Desde la perspectiva religiosa éstas son las tres fases por las que atraviesa Marx: Nace en el
seno de una familia judía; se le educa en cristiano y a través del conocimiento de las ideas de su
tiempo y la realidad que él mismo palpa se declara ateo.
3.1.1. Judío de nacimiento, protestante de conveniencia paterna
Nace Marx en Treveris en el año 1818 en el seno de una familia de arraigada tradición judía. Su
padre es un abogado de talante liberal que para no ver comprometida su reputación profesional
abraza el protestantismo. A esta conversión que se produce poco antes de que nazca Karl Marx,
deberá sumarse éste cuando contaba sólo seis años de edad, su madre y sus hermanos. Extraño al
mundo represor del judaísmo, por ser judío; extraño al judaísmo no conveniente a los intereses
paternos, por protestante... Marx aprende de niño a sentir la religión como alienación, como algo
extraño y opta por reprimir, sublimar, racionalizar la cuestión religiosa como problema filosófico,
primero, y luego económico-social.
En la escuela y en el Instituto, siendo alumno superdotado y agresivo, no tiene muchos amigos,
se siente extraño. Para superar su reválida, entre otros, debe realizar un trabajo de religión. Son
ilustrativas de cómo concibe el cristianismo por entonces las últimas frases expuestas en él:
«Tan pronto como un ser humano alcanza esta virtud, la unión con Cristo, puede esperar
sosegada y calladamente los golpes del destino, afrontar valientemente la tormenta de la
pasión, aguantar impertérrito la furia del mal... Quién no va a soportar gustosamente el dolor
si sabe que por su perseverancia en Cristo, por sus obras, Dios mismo es glorificado ... »
A los diecisiete años comienza la carrera de derecho en la universidad de Bonn. En 1936 se
traslada a la de Berlín. Allí empieza a orientarse hacia la filosofía y hacia la historia estimulado por
los debates del «Club de Doctores» de la izquierda hegeliana.
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3.1.2. De protestante a ateo
Marx se vuelve ateo a raíz del contacto con el pensamiento de los jóvenes hegelianos de Berlín
pertenecientes a la corriente de la izquierda. En 1841 se doctora con el tema «Relaciones del ser
humano y el mundo en Demócrito y Epicuro». Como ateo regresa ese mismo año a su patria.
3.1.3. De ateo humanista a ateo político
Marx, a sus veinticuatro años, acepta la dirección de un periódico recién fundado. Desde él
empieza a tomar contacto con la cuestión social. Critica con dureza la sociedad y el gobierno
burgueses por utilizar el poder para salvaguardar sus intereses y propiedades. Las autoridades
clausuran el periódico. Se casa, por entonces, por la Iglesia con su amiga de la infancia Jenny von
Westphalen. Esta mujer, encantadora, comprensiva y eminente, se identifica totalmente con las
ideas de su marido. Con él deberá atravesar momentos precarios y difíciles.
Marx, al no ver ningún futuro en Alemania, emigra con su mujer a París en el año 1843. Allí
conocerá las ideas prerrevolucionarias del socialismo primitivo de Fourier, Saint Simon, Bakunin y
Proudhom. Contra la obra de este último, titulada «Filosofía de la miseria», Marx escribe: «Miseria
de la filosofía».
Fija por primera vez su atención en la miseria del proletariado industrial tras leer «Les mystéres
de París», de Sue. A raíz de su amistad con Engels empieza a ocuparse de la economía política. Es en
París donde Marx se hace socialista y comunista. Desde su mente utópica empieza a pensar en las
múltiples posibilidades de un movimiento, organizado de trabajadores. Se convierte en teórico del
proletariado.
Marx es, pues, ateo antes que comunista. El anticapitalismo lo que hace es confirmarle en su
ateísmo. Un ateísmo que de humanista se convierte en político. Ateísmo y comunismo constituyen
un nuevo humanismo. En su obra «Manuscritos económico-filosóficos» escrita en 1844 escribe
Marx:
«El ateísmo es el humanismo conciliado consigo mismo por eliminación de la religión; el
comunismo, el humanismo conciliado consigo mismo por eliminación de la propiedad privada.»
Esta obra es considerada como el punto de partida del llamado «Socialismo científico». Marx
se sumerge en la bibliografía económica convencido por Engels de la importancia de la economía
política. Obligado a salir de París, pasó a Bruselas donde vivió desde 1845 hasta 1848. En este año,
1848, publica en colaboración con su amigo Engels «Manifiesto del partido comunista». Esta obra
fue el inicio del despertar político de la clase trabajadora y contribuyó a elevar el socialismo del
terreno utópico al de la realización histórica.
La revolución de 1848 incita a Marx a trasladarse de Bruselas a Colonia y a París para colaborar
junto con Engels en la causa obrera. Tras el fracaso de la revolución se traslada definitivamente a
Londres, desde donde continúa inspirando y dirigiendo el movimiento obrero internacional. En
Londres, sufriendo a causa de su pobreza y su escasa salud, trabaja intensamente su gran obra: «El
capital». El primer tomo verá la luz en 1867. El segundo y tercero serán publicados por Engels
cuando Marx ya había fallecido.
La muerte de su mujer en 1881 y la de su hija mayor posteriormente y de forma repentina hacen
que el final de la vida de Marx esté jalonada de sufrimientos. El 14 de marzo de 1883 es encontrado
por Engels muerto en su sillón. En palabras de Engels ante la tumba de Marx: «El 14 de marzo, a las
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tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas lo
dejamos dos minutos solo, y cuando volvimos, lo encontramos dormido suavemente en su sillón,
pero para siempre».
3.2. «LA RELIGIÓN, SUSPIRO DE LA CRIATURA OPRIMIDA». «LA RELIGIÓN, OPIO
DEL PUEBLO»
Marx, para analizar la realidad social de la cual es testigo, toma de Hegel: la dialéctica; el
concepto de la historia; la valoración de la esencia social del ser humano; el valor del trabajo; y el
descubrimiento de la alienación del ser humano. Pero, por influjo de Feuerbach que acabamos de
estudiar, rechaza el idealismo de Hegel: el ser humano no es primariamente conciencia, sino ser,
materia, cuerpo; el mundo del ser humano no es un mundo mental abstracto, sino aquél en el que
se dan las relaciones sociales concretas.
3.2.1. Para Marx el ateísmo es algo natural
Marx toma como punto de partida para afirmar su ateísmo lo expresado acerca de la religión
por Feuerbach. Piensa Marx que el ateísmo es algo natural que no hay que discutir ni fundamentar.
Es evidente para él que:
- Dios es una proyección del ser humano.
- La religión es a la vez proyección y alienación del ser humano.
En sus famosas «Tesis sobre Feuerbach» Marx critica a éste algunos aspectos de su
pensamiento. Veamos alguna de las reservas de Marx allí expresadas:
- Mientras Feuerbach ve al ser humano como una esencia comunitaria y social, Marx intenta
comprender al ser humano desde la naturaleza de las relaciones sociales.
- Mientras Feuerbach, por mucho que quiera fijarse en el ser humano concreto sensitivo-
corporal, su ser humano se queda en un ser genérico fuera del mundo y de la historia, Marx
intenta comprender decididamente al ser humano desde la historia.
- Mientras Feuerbach espera que la transformación social llegue mediante la Ilustración, el
cambio de conciencia, la liberación de coacciones religiosas, y la restauración de las
relaciones humanas, Marx espera la transformación social de la revolución social, por eso
apela a la clase trabajadora para que luche contra quienes la explotan. Su emancipación se
plantea como práctica.
Marx arranca de Feuerbach, pero le critica el no haber respondido la cuestión importante:
¿Cómo se ha llegado a la autoalienación religiosa y cómo puede ser superada? Marx va a responder
desde su perspectiva sociológica a estas dos cuestiones.
3.2.2. ¿Cómo se llega a la alienación religiosa?
Para responder a esta cuestión Marx piensa que hay que tomar más en serio la incidencia de la
religión en la sociedad y en la praxis diaria del ser humano inserto en ella.
Para Marx, el hecho de que el ser humano proyecte de sí mismo todo lo mejor y lo sitúe en un
ser al que llama Dios se explica por la inversión del mundo social. Es la sociedad injusta, inhumana
la que produce la inversión de la conciencia, es decir, la conciencia religiosa del ser humano.
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Es preciso, según Marx, realizar una crítica práctica de las injustas e inhumanas relaciones
sociales que hacen que exista la religión y a las que la misma religión justifica y mantiene
prometiendo vanas esperanzas para después de la muerte.
«La miseria religiosa es, por un lado, expresión de la miseria real y, por otro, protesta contra la
miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin
corazón, el espíritu de situaciones sin espíritu» (Marx).
La religión nos distrae y consuela. Al hablarnos del más allá nos impide la transformación del
más acá. La religión actúa como sedante o narcótico que proporciona una felicidad ilusoria y nos
permite cerrar los ojos a la realidad: «Es el opio del pueblo».
La religión es expresión de una humanidad doliente, es el suspiro del ser oprimido que busca
consuelo.
La religión es utilizada por quienes se aprovechan de una situación injusta («opio del pueblo»)
para acallar a las gentes que padecen esa situación y tienen como único consuelo el suspiro de la
religión («suspiro de la criatura oprimida»).
3.2.3. ¿Cómo superar la alienación religiosa?
Si la alienación surge de las relaciones sociales y de la praxis, sólo a partir de ellas es posible
superar esa alienación. Si la religión es una ilusión ante una situación de opresión, es preciso, según
Marx, desechar la situación que precisa de ilusiones:
«La crítica de la religión concluye con la doctrina de que el ser humano es el ser supremo
para el ser humano, esto es, con el imperativo categórico de derrumbar todas las situaciones
en las que el ser humano es un ser humillado, esclavizado, desamparado, abyecto, situaciones
que con nada mejor se pueden describir que con la exclamación de un francés ante un
proyectado impuesto para perros: «¡Pobres perros! ¡Se os quiere tratar como a los ser
humanos! ... »
Para Marx, pues, la alienación religiosa será eliminada cuando vuelvan a ser transparentes y
razonables las relaciones de los ser humanos y estén basadas sobre un nuevo modo de producción.
Esas transparentes relaciones se lograrán eliminando la división del trabajo y suprimiendo la
propiedad privada. Preconiza, Marx, la dictadura del proletariado como fase intermedia hasta la
llegada de una sociedad sin clases en la que no habrá necesidad ni de Estado ni de religión.
3.3. CRÍTICA A LA CRÍTICA DE LA RELIGIÓN DE MARX
La crítica que en su momento hicimos a la crítica de la religión de Feuerbach es válida también
en sus aspectos generales a la crítica de la religión de Marx ya que éste parte de las ideas de aquél.
Sin embargo, conviene decir algo respecto a la perspectiva sociológica de la crítica de Marx.
3.3.1. La crítica de la religión de Marx es una teoría, no la explicación total, definitiva e irrefutable
de la religión
Hay que reconocer que el ateísmo de Marx es un humanismo: él afirma que contra las
inhumanas relaciones de la sociedad capitalista deben establecerse unas relaciones humanas de
verdad. Es preciso alcanzar un modelo de sociedad en el que todo ser humano pueda ser
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verdaderamente ser humano, libre, digno y autónomo y pueda desarrollar todas sus
potencialidades. Hay que acabar con la explotación del ser humano por el ser humano. La religión
es utilizada como instrumento para que todo continúe como está. La religión es vivida como
consuelo del ser humano que no puede escapar de esa realidad.
Lo criticable de esta teoría es su pretensión de ser explicación total de la realidad. La religión ha
funcionado en determinados momentos históricos tal como apunta Marx, pero la religión es otra
cosa. De hecho, sabemos que el mensaje de Jesús de Nazaret es un mensaje de liberación y no de
legitimación de situaciones injustas.
3.3.2. El ser humano se hace una idea de Dios, pero ello no significa que invente a Dios
Que el ser humano se haga una idea de Dios no significa que el ser humano invente a Dios
convirtiéndole en ser real ni que Dios sea un producto de la imaginación del ser humano. Dios no
existe porque el ser humano lo piense o lo imagine; pero tampoco deja de existir por ello.
3.3.3. Los factores sociales y económicos influyen en la religión y en la idea de Dios
Es indiscutible el influjo de los factores sociales y económicos en la religión y en la idea que el
ser humano se hace de Dios. Sin embargo, el que se dé esta influencia no autoriza ninguna
conclusión acerca de la existencia o no de Dios como pretende Marx.
3.3.4. La imagen que tiene Marx del ser humano es estrecha y parcial
Marx ve al ser humano como un ser producto de sus relaciones sociales, políticas y económicas.
Hay que decirle a Marx que el ser humano no, puede ser reducido a eso. Su imagen del ser humano
es, pues, estrecha y parcial. El ser humano es eso, pero no sólo eso. La riqueza y complejidad del ser
humano impiden que se le defina por un único de sus múltiples aspectos.
3.3.5. La idea que tiene Marx de Dios es deformada
El conocimiento que Marx tuvo del cristianismo fue muy parcial. De hecho, juzgó el cristianismo
por los abusos que vio. Hay que reconocer que el cristianismo real que conoció dejaba mucho que
desear. Su crítica alcanza esa imagen de Dios manifestada por ese cristianismo no muy fiel al
mensaje de Jesús; y alcanza esa religión que en ese momento concreto actuó como «opio» y como
«consuelo», «suspiro», y «alivio». Esa crítica no es válida para toda religión y en cualquier
circunstancia.
Por otra parte, es notoria la limitada formación teológica con la que contaba Marx al hacer su
crítica. Baste el ejemplo de que llegó a ver connotaciones de canibalismo en las celebraciones
eucarísticas de los cristianos.
Marx extrapola para toda religión y en cualquier lugar su análisis del papel que jugó la religión
en la sociedad burguesa capitalista del siglo XIX. Sin embargo, es preciso admitir el reto que supone
su crítica.
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3.4. EL RETO QUE SUPONE PARA LA RELIGIÓN LA CRÍTICA QUE DE ÉSTA HACE
MARX
Ninguna religión puede ignorar la crítica que Marx hizo de la religión.
3.4.1. Marx se preocupa por el ser humano oprimido
Hay que reconocer que Marx predicó el humanismo en una época en la que el cristianismo no
lo predicó. Se preocupó del ser humano, oprimido por unas relaciones sociales injustas e inhumanas,
cuando la Iglesia estaba aliada con la clase dirigente.
La crítica de Marx debe actuar como aguijón para que el cristianismo mantenga despierta su
conciencia social, para que esté del lado de quienes padecen situaciones de injusticia denunciando
estas situaciones y colaborando para que desaparezcan.
La religión puede y debe jugar un papel crítico e innovador que haga tomar conciencia al ser
humano de sus alienaciones y le motive para aspirar a liberarse de ella.
3.4.2. En la praxis debe mostrar la religión que no es opio
Hay que estar de acuerdo con la crítica de Marx al referirla a determinadas concreciones
históricas de la religión alejadas de su mensaje primigenio.
De poco sirven los argumentos a favor de la religión cuando ésta actúa de hecho como opio del
pueblo. La verdad de la fe en Dios tiene que acreditarse, mostrarse, verificarse en la praxis. Hay que
mostrar prácticamente que la religión, lejos de ser opio y estar al servicio de la clase dirigente,
supone una implicación liberadora del ser humano en la realidad para transformarla haciendo que
tenga día tras día un rostro más humano y más divino.
Marx ha ayudado a la Iglesia a ello, a ser más crítica consigo misma, a ser más fiel al mensaje de
Jesús de Nazaret, a evitar legitimar situaciones injustas, a apostar, como hizo Jesús, por los
marginados, los pobres, los parados, por los que no interesan.
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4. SIGMUND FREUD: «DIOS, UNA ILUSIÓN INFANTIL»
Si Feuerbach, padre del ateísmo moderno nos proporcionaba la perspectiva filosófica de éste,
y Marx la sociológica, el autor que vamos a estudiar ahora, Freud, nos ofrece la perspectiva
psicológica. Más concretamente: Freud dio a la crítica de la religión una nueva dimensión: la
psicoanalítica.
Mantenemos el mismo esquema de desarrollo utilizado para los dos anteriores autores:
biografía y bibliografía; crítica de la religión; crítica de su crítica y reto que plantea.
4.1. FREUD: DE JUDÍO A ATEO
4.1.1. Freud, familiarizado con las costumbres y fiestas judías
El 6 de mayo de 1856 nace en Freiberg de Moravia (hoy Checoslovaquia) Sigismund Freud. Una
vez aprobado el bachillerato hará llamarse Sigmund Freud.
Jakob Freud, su padre, tras morir su segunda mujer con la que tuvo dos hijos, a sus cuarenta
años y ya abuelo, se casa con una joven judía que apenas contaba con veinte años. Al, año de
casados trae al mundo a Sigmund que será hermano mayor de ocho hijos. De tal forma que, nada
más nacer, nuestro autor es ya tío y compañero de juego de un hijo de su hermanastro Emanuel
que es sobrino suyo y llama a su padre, abuelo.
El padre de Freud, Jakob es comerciante de tejidos y por problemas de negocios, cuando
Sigmund cuenta cuatro años, se traslada con su familia a Viena.
Su madre, Amalie es la que enseña a Freud la fe judía. Así lo recuerda él:
«Cuando yo tenía seis años y recibía la primera instrucción de mi madre, debía creer que
nosotros estamos hechos de tierra y por eso tenemos que volver a la tierra. Pero esto no me
satisfacía y yo ponía en duda la doctrina. Entonces mi madre se frotaba las palmas de las
manos... y me mostraba las negruzcas escamas de la epidermis, que se desprendían en la
fricción, como una prueba de la tierra de la que estamos hechos».
Freud desde niño está familiarizado con todas las costumbres y fiestas religiosas judías. La
lectura de la Biblia, que inicia tan pronto como sabe leer, va a influirle fuertemente:
«La temprana profundización en la historia bíblica, cuando apenas había aprendido a leer,
determinó, como pude descubrir mucho después la orientación persistente de mi interés».
Cuando sea adulto Freud va a caer en la cuenta de la neurosis en la que vivía cuando niño.
Inconscientemente sentía a su padre que encarnaba la autoridad, la coacción y la prohibición como
un rival al que odiaba, a la vez que sentía una gran pasión por su madre de la cual se sentía el hijo
preferido. A este fenómeno le llamó «complejo de Edipo».
4.1.2. Dos experiencias antirreligiosas: ritualismo y antisemitismo
Freud sufre dos experiencias que le llevan a albergar sentimientos de rechazo hacia la religión:
El ritualismo católico: Su niñera, anciana ella, inculca al pequeño Freud las ideas católicas
sobre el cielo y el infierno; y le acostumbra a asistir a la misa católica. A raíz de la aversión
que le producen las doctrinas y las ceremonias religiosas llega a calificar en su primer trabajo
sobre religión a ésta como «neurosis obsesiva universal».
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El antisemitismo católico: Freud, sintiéndose judío con ostensible orgullo, debe
experimentar por ello constantes marginaciones y humillaciones en la escuela. Le causa una
gran impresión la confesión de su propio padre de cómo éste, en cierta ocasión, fue
públicamente humillado por ser judío.
Estas experiencias van a ir haciendo mella en Freud. Sentirá pronto odio y ganas de venganza.
Piensa en la poca credibilidad que tiene el cristianismo.
4.1.2. Por el contacto con la ciencia Freud pasa al ateísmo
Al entrar en la Universidad, Freud elige la carrera de medicina sin tener especial vocación para
ella. La elige no tanto para ayudar a quienes sufren cuanto por un deseo de comprender los enigmas
del mundo y para colaborar en su solución. Le mueve, pues, su ansia de saber.
Freud aplica los principios de la ciencia físico-biológica a los procesos psicológicos que observa
en el tratamiento clínico. Entiende la psique humana como un «aparato anímico». Será central en
Freud el concepto de la «energía psíquica».
Se doctora en Medicina en 1881 tras, ejercer la misma más por necesidad material que por
verdadera vocación. Lo suyo es la investigación. Logra en 1885 ser profesor de neuropatología en la
Universidad de Viena.
Contrae matrimonio por el rito judío, siendo que le repugnan las ceremonias. Llega a tener tres
hijos y tres hijas.
Se interesa por la hipnosis y por la histeria. Pasa de la neurología a la psicopatología. En 1889
aprende las técnicas de la hipnosis que utiliza con sus pacientes. Por medio de ella éstos recuerdan
sus traumas olvidados, reprimidos y así logran curarse.
Descubre que, tras los fenómenos neuróticos, suelen estar latentes y actuar algunas
perturbaciones sexuales actuales o pasadas. El estudio de la vida sexual de sus pacientes
neuróticos le ocasiona la pérdida de algunos clientes, la crítica generalizada y la ruptura con un buen
amigo.
Si en la católica Viena no era bien visto el estudio de lo sexual, el análisis crítico que hace de la
religión le convierte en ella en sumamente sospechoso. Para Freud la fuerza de las representaciones
religiosas se halla, no en que sean resultados finales del pensamiento, sino en que son
«realizaciones de los más antiguos, intensos y apremiantes deseos de la humanidad; el secreto de
su fuerza es la intensidad de tales deseos». Deseos para Freud no conscientes, sino inconscientes.
Freud da con la dinámica de la psique humana al descubrir el inconsciente. Piensa que todo lo
psíquico es primero inconsciente. Convierte a éste en objeto de análisis metódico-científico.
Dice que los impulsos escandalosos son reprimidos en el inconsciente por la conciencia. La
terapia lo que pretende es liberar esos impulsos, hacerlos conscientes al individuo. Así aprende el
individuo a conocerse descubriendo su interioridad. A este proceso lo califica con el nombre de
«psicoanálisis».
Dos son los logros científicos importantes de Freud:
- su teoría del inconsciente y
- su teoría sobre la libido (energía de las pulsiones sexuales).
Freud descubre en 1895 la importancia de los sueños y de su interpretación en cuanto los
considera «una realización del deseo», de esos deseos reprimidos en el inconsciente. En 1900
publica «La interpretación de los sueños» y en 1904 «Psicopatología de la vida cotidiana».
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En 1905 publica «Tres ensayos sobre la sexualidad» en el que aporta sus averiguaciones sobre
la vida sexual del ser humano. Por entonces ya no se halla tan aislado como en sus primeros
momentos de investigador. En 1902 logra ser profesor extraordinario en Viena. En 1920 logrará ser
profesor ordinario.
Pronto aplica el psicoanálisis a los diversos campos del saber, entre los cuales se halla la
religión, convirtiéndolo no sólo en un procedimiento curativo, sino en instrumento de explicación
universal. El Freud psicoanalista retoma su ateísmo preocupándose por la religión al intentar
averiguar su origen y su esencia. Está preocupación y las ideas que surgen a raíz de ella serán el
objeto de estudio del punto siguiente.
En 1938 tiene que abandonar Viena a causa de la invasión nazi. Se establece en Londres, allí,
tras un largo sufrimiento debido al cáncer de paladar, muere a los ochenta y tres años, el 29 de
septiembre de 1939, después de que el médico de cabecera le alivie el tránsito inyectándole
morfina.
4.2 «DIOS, UNA ILUSIÓN INFANTIL» PARA FREUD
A Freud le preocupó siempre el tema de la religión. Ya conocemos las experiencias negativas
que tiene respecto a ella y los problemas de rechazo social que tuvo por ser miembro de una familia
judía. Al estudiar la religión no puede eludir estas experiencias ni su condición de médico
psicoanalista. Su ateísmo tendrá, pues, una explicación psicoanalítica.
4.2.1 Génesis de la religión: nostalgia del padre; necesidad de protección
El origen de la religión y su esencia son las dos cuestiones que más preocupan a Freud respecto
de la religión. Empezaremos estudiando su teoría acerca de cómo se originó la religión y,
posteriormente, veremos cuál es a su modo de ver la esencia de la misma.
De entrada, Freud se centra en cimentar la tesis que él plantea: los ritos religiosos se asemejan
a los actos obsesivos neuróticos que ha analizado en sus pacientes. Ello lo hace en su libro: «Totem
y tabú», escrito en el año 1912.
Planteada esta semejanza o afinidad, desea hallar la génesis psicológica de la religión y se fija
en el totemismo. En el libro «El retorno infantil del totemismo» intenta dar una explicación
psicológica de la religión, a partir del análisis de esta forma primitiva de religión.
Freud analiza el miedo que tienen los niños a los animales y descubre que no es más que el
reflejo del temor que tienen a su padre que lo proyectan en los animales, símbolos de aquél. El
niño quiere venerar y amar al padre, pero le teme. Ese temor es reprimido por la conciencia en el
inconsciente. Al reaparecer el temor surge bajo una forma distinta: el padre es reemplazado por el
animal. En los comportamientos del ser humano religioso respecto a los animales totémicos se
refleja un sentimiento similar al de los niños respecto a los animales. El animal totémico es símbolo
del padre de la tribu.
En definitiva, para Freud la explicación se halla en su conocida teoría del complejo de Edipo. La
muerte del padre celebrada ritualmente sacrificando el animal totémico es el punto de partida del
totemismo y, al considerar esta forma de religión como la primigenia, Freud cree descubrir en esta
muerte del padre la génesis de toda religión. La religión como tal se basa, pues, en el complejo de
Edipo de la humanidad entera. Veamos cómo lo formula en su «Autobiografía»:
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«El padre de la horda primitiva, cual déspota absoluto, reclamó para sí a todas las mujeres y
mató y ahuyentó a los hijos como rivales peligrosos. Pero un día estos hijos se unieron y,
juntos, vencieron, mataron y comieron al padre, que había sido su enemigo, pero también su
ideal. Tras hacer esto, no fueron capaces de recoger su herencia, pues se estorbaban unos a
otros. A consecuencia del fracaso, y movidos por el arrepentimiento, aprendieron a llevarse
bien unos con otros, se agruparon en un clan de hermanos mediante los estatutos del
totemismo, que excluían la repetición de una acción semejante, y, todos juntos, renunciaron
a la posesión de las mujeres por cuya causa habían matado al padre. En adelante tenían que
conformarse con las mujeres extrañas; tal es el origen de la exogamia, estrechamente
relacionada con el totemismo. La comida totémica conmemoraba la horrible acción, de la
cual no sólo surgió la conciencia de culpa de la humanidad (el pecado original), sino que
también arrancan la organización social, la religión y las restricciones morales.»
«Una vez que se abandonó la sustitución del padre por el animal totémico, el temido y
odiado, venerado y envidiado padre primitivo se convirtió en el modelo de Dios».
En 1927 escribe Freud su principal obra religioso crítica: «El porvenir de una ilusión». Con ella
inicia una serie de estudios en los que aborda la religión: «El malestar de la cultura» (1930) y
«Moisés y la religión monoteísta» (1939).
En «El porvenir de una ilusión» a la nostalgia de un padre, añade la necesidad de protección
que siente el ser humano frente a la prepotencia de la naturaleza como origen de la religión.
Según Freud, la religión surge en el ser humano cuando se encuentra desvalido entre las fuerzas
de la naturaleza. Su impotencia es la que crea de forma ilusoria a los dioses a los que ha de ganar
y temer para que le libren de la fuerza ciega de la naturaleza. Así lo expresa Freud:
«Cuando el individuo en maduración advierte que está predestinado a seguir siendo siempre
un niño necesitado de protección contra los temibles poderes exteriores, presta a tal
instancia protectora los rasgos de la figura paterna y crea sus dioses a los que atribuye el
cometido de protegerle. Así pues, la nostalgia de un padre y la necesidad de protección contra
las consecuencias de la impotencia humana son una misma cosa. La defensa contra la
indefensión infantil presta a la reacción ante la impotencia que el adulto ha de reconocer, o
sea, precisamente a la génesis de la religión, sus rasgos más característicos.»
4.2.2. Naturaleza de la religión
Freud analiza la religión no sólo como fenómeno histórico simplemente, sino como fenómeno
social contemporáneo. Y en ese análisis critica tres afirmaciones de las religiones acerca de las
creencias:
Hay que creer sin exigir pruebas.
Hay que creer porque creyeron nuestros antepasados.
Hay que creer porque contamos con pruebas procedentes de los tiempos antiguos.
Sin embargo, Freud reconoce la fuerza que tienen las ideas religiosas en los ser humanos y ello
es explicable desde la psicología. Las ideas religiosas son para Freud «ilusiones, realizaciones de los
más antiguos, intensos y apremiantes deseos de la humanidad; el secreto de su fuerza radica en la
intensidad de tales deseos». ¿A qué deseos se refiere? A esos deseos infantiles que se mantienen
latentes a lo largo de la vida del ser humano:
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Ser protegido de los peligros de la vida.
Que se haga justicia en una sociedad injusta.
Que la vida terrena se prolongue en una vida futura.
Saber algo sobre el origen del mundo.
El ser humano proyecta la consecución del objeto de sus deseos en la divinidad, pero esos
deseos -según Freud- no son más que el reflejo de los conflictos infantiles no resueltos por la
humanidad. La religión es, pues, un deseo, una ilusión; ilusión motivada por la necesidad de ver
cumplido su deseo. La religión es, por lo tanto, un producto de lo sensitivo-pulsional.
4.2.3. «Dejar el cielo a los ángeles y a los gorriones»
Tras estudiar el origen de la religión y su naturaleza, Freud plantea la salida del ser humano de
esa fase transitoria de pubertad dentro de la evolución humana que es la religión. El ser humano no
puede seguir siendo eternamente niño. Debe asumir la tarea de dominar la naturaleza por sus
propios medios y con la ayuda del progreso científico. Debe dejar el cielo a los ángeles y a los
gorriones y concentrarse en el más acá con todas sus fuerzas.
4.2.4. Freud reconoce a la religión su intento de dominar el mundo de los sentidos
Freud afirma que la religión es el peor enemigo que tiene una concepción científica del
mundo. ¿Por qué? Porque la religión «ha creado una concepción del mundo de incomparable
coherencia y armonía, que todavía hoy, aunque sacudida, sigue en pie». Y le reconoce tres
funciones:
La de explicar el origen del mundo.
La de asegurar protección y definitiva felicidad en las adversidades de la vida.
Ser guía de los pensamientos y acciones a través de los preceptos que defiende con
autoridad.
La religión es, por lo tanto, «un intento de dominar el mundo de los sentidos, en el que estamos
situados, por medio del mundo del deseo, mundo que hemos desarrollado dentro de nosotros a
consecuencia de necesidades biológicas y psicológicas».
4.3. CRÍTICA A LA CRÍTICA DE LA RELIGIÓN DE FREUD
Tras conocer qué dice Freud acerca de la religión, vamos a intentar analizar críticamente su
visión y su planteamiento respecto a la religión.
4.3.1. Afirmación no demostrada
Freud afirma que la religión es una ilusión y desarrolla toda una teoría para justificarlo; pero en
definitiva se trata de una teoría no de una demostración.
4.3.2. Los pacientes de Freud son personas enfermas, no creyentes sanos
Al afirmar que la religión es una neurosis obsesiva universal, Freud extrapola a todos los ser
humanos los datos que obtiene de su relación con sus clientes que son personas enfermas, no con
creyentes sanos.
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4.3.3. Sólo se fija en lo negativo de la imagen del padre
Freud al elaborar su teoría del complejo de Edipo y ver en ella la explicación del origen de la
religión sólo se fija en los aspectos negativos del padre; no destaca los positivos ni el importante
papel que juega la madre en el desarrollo evolutivo del niño.
4.3.4. Freud no puede librarse de sus traumas infantiles
Es claro que a Freud le obsesiona, a lo largo de toda su vida, el tema de la religión. Las
experiencias infantiles negativas y la marginación que tuvo que sufrir cuando niño, por ser judío,
marcaron individualmente la visión de la religión de Freud.
4.3.5. La historia de las religiones nos demuestra que no todas las religiones han pasado por el
totemismo como fase más primitiva
Freud parte de la idea de que en el origen de toda religión se halle el totemismo como
expresión menos evolucionada y primitiva de la misma. La Historia de las religiones nos demuestra
que esto no es así. Ni es la forma de religión más primitiva, ni está en el origen de todas las
religiones.
4.3.6. Si bien lo psicológico influye en la religión, ésta no se agota en lo psíquico
Hay que reconocer a Freud el mérito histórico de poner de relieve cómo el inconsciente
condiciona al ser humano y a su historia, y cómo la primera infancia, las primeras relaciones
paterno-filiales y el comportamiento sexual influyen en las actitudes y representaciones religiosas.
Pero el que se dé esta influencia nada dice acerca de la existencia o no de Dios. Ni justifica su
existencia, ni demuestra el que sea una mera ilusión infantil, como afirma Freud.
Es legítima y posible la interpretación psicológica de la religión, pero hay que decirle a Freud
que la religión no se agota en lo psíquico. La religión afecta a todas las dimensiones del ser humano
y no única y exclusivamente, la psicológica.
4.3.7. La religión puede ser ilusión, ¿pero tiene necesariamente que serlo?
La religión puede ser ilusión, deseo de consuelo. Pero, ¿tiene necesariamente que serlo? Más
aún, el que en la fe entren en juego aspectos psicológicos, ¿implica que deja de ser real el ser objeto
de esa fe? En definitiva, de que el ser humano desee a Dios no se sigue su existencia, pero tampoco
es una demostración irrefutable de que sea una mera ilusión infantil.
4.4. EL RETO QUE SUPONE PARA LA RELIGIÓN LA CRÍTICA QUE DE ESTA HIZO
FREUD
Hay que reconocer la honradez intelectual de Freud al tratar el tema de la religión. Sus escritos
son todo un alegato de honestidad en el trato con la misma. A su vez, sabe encajar como persona
las consecuencias derivadas de su ateísmo.
4.4.1. La crítica de la religión de Freud ayuda a purificar la fe del creyente
Asumir el reto que plantea al creyente la crítica que hace Freud de la religión implica descubrir
el infantilismo de algunas formas de comportamiento religioso que responden más a un
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sentimiento de miedo y al deseo de encontrar una seguridad que a la respuesta sincera, madura,
personal, libre y responsable a Dios.
Asumir el reto que plantea Freud implica superar dependencias, asumir el riesgo de la fe que
no es evidencia sino lucha, compromiso, confianza.
Asumir el reto de Freud implica ser conscientes de que Dios no puede ser, un ser marioneta,
manejado por los hilos de nuestros deseos.
Asumir la crítica de Freud implica aceptar el que las doctrinas religiosas no están excusadas de
las exigencias de la razón. Hay que sentir, pero también comprender. La fe no es ciega, supone
compromiso y adhesión responsable a lo divino y a lo humano.
4.4.2 Del reto de Freud se deriva una nueva manera de entender al ser humano
El enfrentamiento del creyente con la crítica de la religión de Freud conduce a aquél a
comprender y vivir al ser humano de forma nueva: entender al ser humano como ser libre, maduro,
implicado en lo real, seguro, capaz de aceptarse a sí mismo, a encarar su pasado y a vencer las causas
de su fracaso y de su culpa. El psicoanálisis puede ser un medio que contribuya a ello; pero es preciso
no confundir: la meta del psicoanálisis es la de hacer consciente y no el perdonar; es curar, no salvar.
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5. NIETZSCHE, PREGONERO DE LA MUERTE DE DIOS
Mientras Feuerbach, Marx y Freud nos han mostrado un ateísmo que a los ojos de Nietzsche es
considerado optimista, éste nos presenta la dimensión trágica del ateísmo. Nietzsche advierte que
el ateísmo frívolo no ha medido aún las consecuencias prácticas que en un futuro inmediato se
derivan del proclamar la muerte de Dios.
Seguimos interesándonos por la vida de cada uno de estos autores, porque en ella descubrimos
rasgos decisivos de su pensamiento y de su actitud frente a ella. En Nietzsche esto es clarísimo. El
fracaso existencial que va jalonando su vida va a marcar profundamente su filosofía.
5.1. NIETZSCHE: UNA VIDA JALONADA DE FRACASOS
5.1.1. Hijo de un pastor protestante, Nietzsche, tras la muerte de su padre, crece rodeado de
mujeres.
Friedrich Wilheim Nietzsche nace el 15 de octubre de 1844 en Röcken (Alemania) del
matrimonio formado por el pastor protestante Karl Ludwig Nietzsche y la hija de otro pastor
protestante.
Friedrich Nietzsche tiene sólo cinco años cuando fallece por enfermedad su padre, quedando
su familia reducida a mujeres. Tienen que trasladarse a Naumburg. En esta ciudad crece rodeado de
cuidados excesivamente femeninos. Ello va a afectar decididamente en la psicología del pequeño
Nietzsche. Su anticristianismo puede tener su raíz en la atmósfera familiar y en la educación recibida
de esas mujeres blandas y beatas: su joven madre; su hermana menor que lo idolatra durante toda
su vida; dos piadosas tías y su dominante abuela.
El cristianismo le es presentado a Nietzsche desde estas, cinco mujeres como lánguido, mujeril,
cansado, decadente. Estas mujeres quieren hacer de él un pastor protestante.
Desde pequeño manifiesta contar con grandes cualidades. Él es consciente de ello y el hecho
de sentirse, y ser considerado, una excepción va a ocasionarle el sentirse a menudo aislado.
5.1.2 Nietzsche se distancia de la fe tradicional recibida
Nietzsche tiene una gran formación humanista y filosófica. Es desde esta formación que
descubre que el cristianismo es algo poco digno de ser vivido. Se distancia de la fe tradicional
recibida.
A sus veinte años se inscribe en la Universidad de Bonn para estudiar filología y, por deseos de
su familia, teología si bien no llegó a cursarla nunca.
Sufre fuertes dolores de cabeza. Su salud va a ser quebradiza.
En esta época escribe la poesía en la que expresa su amargura por querer creer y no poder. Le
preocupa el problema de Dios. Tras leer la obra de Strauss «La vida de Jesús», en la que se afirma
que Jesús es un personaje inventado, imaginario, no histórico, Nietzsche va a regresar en vacaciones
a su casa transformado hasta el punto de no querer ir a la iglesia con su familia y plantear a ésta sus
problemas de fe y su crítica al cristianismo. Su. madre sumamente enojada le prohíbe hablar de ello
si bien, sin comprenderle, le permite seguir su camino. Esta actitud le causó un gran impacto.
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5.1.3 Desde la experiencia de fracaso Nietzsche sintoniza con el pensamiento de Schopenhauer
De Bonn se traslada a la Universidad de Leipzig. Allí cambia radicalmente de vida. El fracaso va
marcando su vida; de ahí el que sintonice pronto con el pesimismo vital de Schopenhauer.
La filosofía de Schopenhauer va a constituirse para Nietzsche en el sustituto de su religión. Será
este filósofo el que arrastre a Nietzsche de la filología a la filosofía.
Wagner va a ser otro personaje que va a influir decisivamente en Nietzsche. Va a entablar
amistad con él. Le considera, en el terreno de la música, lo que significa para él Schopenhauer en el
de la filosofía.
A los veinticinco años, por recomendación, es llamado para ser profesor en Basilea, sin contar
siquiera con tesis doctoral.
Nietzsche se enamora de la amante de Wagner que nunca va a corresponderle.
En el año 1872 escribe su primera obra: «El origen de la tragedia». En ella opone lo apolíneo (el
orden) con lo dionisiaco (el caos). Es una obra sarcástica que no va a caer bien entre sus colegas los
filólogos. Nietzsche quedará seriamente afectado por esta hostilidad y por lo ignorada que fue su
obra por el gran público.
5.1.4 Nietzsche se distancia de Schopenhauer y de Wagner y emprende su propio camino
En su juventud Nietzsche había contraído la sífilis. Al parecer vivió amargamente el no lograr
éxito con las mujeres. Tras romper con Wagner y con su amante Cosima, se enamora de Luu Salomé,
amante de otro amigo suyo, pero también fracasó con ella.
Se distancia de Schopenhauer, también. En «Humano, demasiado humano», escrita en 1878,
se encuentra a sí mismo como un ser liberado del idealismo, del cristianismo, de Schopenhauer y
de Wagner. A partir de aquí seguiría su propio camino como escritor y como pensador.
Contrae la difteria y la disentería al realizar un servicio voluntario de enfermero en la guerra.
5.1.5 El deteriorado estado de salud obliga a Nietzsche, a sus 35 años, a solicitar la jubilación
A los treinta y cinco años, y a raíz de su deteriorado estado de salud, tiene que solicitar de la
Universidad la jubilación.
En 1881 escribe «Aurora. Pensamientos sobre los prejuicios morales». Con esta obra inicia su gran
campaña contra la moral en cuanto tiene de prejuicio, decadencia, menosprecio de lo corporal,
despersonalización. Propugna una subversión de valores.
En un momento de euforia escribe «La Gaya Ciencia». En esta obra Nietzsche proclama la
muerte de Dios, como «el más grande acontecimiento de los últimos tiempos». En este libro
introduce la idea de su Zaratustra y plantea la esperanza del filósofo de poder conducir a la
humanidad hacia un nuevo destino.
En 1883-1884 escribe «Así habló Zaratustra». Es para él la antibiblia de la antirreligión en la que
se plantean dos grandes imágenes paradigmáticas:
- El superhombre.
- El eterno retorno.
«Más allá del bien y del mal», escrita en 1885, es la obra en la que Nietzsche critica la
modernidad.
Escribe varias obras contra la moral: En 1887 «Genealogía de la moral»; en 1888 «El anticristo»
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y «Ecce Homo» que, es una especie de autobiografía.
En «El anticristo» aparece el cristianismo como la gran maldición. Con esta obra Nietzsche
pretende la aniquilación del cristianismo. Se trata, dice, de una religión que, desde el primer
momento, no entendió e incluso traicionó a su fundador.
Al escribir «Ecce Homo» es consciente de su poder destructor. En este libro desarrolla lo que es
el nihilismo.
5.1.6 En 1889 Nietzsche sufre un arrebato de locura y en 1900 muere
El 3 de enero de 1889, tras observar cómo un cochero atizaba a su caballo, Nietzsche, en un
arrebato de locura, se agarra al cuello del animal y se pone a hablar con él y a besarle. Es internado
a raíz de este hecho en un hospital psiquiátrico. A partir de entonces vivirá momentos lúcidos,
seguidos de momentos críticos, pero ya no se recuperará de los trastornos que le abocan a su ocaso.
Muere el 25 de agosto de 1900 a los cincuenta y seis años de edad.
5.2 NIETZSCHE Y LA MUERTE DE DIOS
5.2.1 Aceptar la vida tal cual es
Según Nietzsche la vida es dolor, lucha, crueldad, destrucción, incertidumbre, error. Es, en
definitiva, pura irracionalidad. Ante ello sólo son posibles dos actitudes:
- Huida, evasión, renuncia. Actitud propia de la moral cristiana a los Ojos de Nietzsche.
- Aceptar la vida tal cual es. Esta es la actitud por la que opta Nietzsche ya que piensa que es la
que lleva a la exaltación de la vida y a la superación del ser humano. Su Dionisos, símbolo del
caos, va a simbolizar esta aceptación y Zaratustra será su profeta.
Esta aceptación transforma el dolor en alegría y conduce a la renovación de la escala de los
valores morales. Nietzsche cree que los valores que se hallan fundados en la renuncia y en la evasión
llevan al ser humano a empobrecer su vida y le sitúan por debajo de sí.
5.2.2 Exaltar lo terrenal, lo corpóreo, lo irracional
Nietzsche propugna una inversión de valores. Una inversión que supone una crítica radical al
cristianismo. Exalta, frente a la moral cristiana, lo terrenal, lo corpóreo, lo irracional, lo
antiespiritual. Y lo hace con la misma fuerza con la que esta moral lo condena.
La fe de Nietzsche en la cultura y en la modernidad se ha resquebrajado. Piensa que vive en un
tiempo de decadencia; de ahí la necesidad de la subversión de valores que plantea.
5.2.3 Un loco busca a Dios y no lo encuentra: Dios ha muerto
En el libro «La Gaya Ciencia» Nietzsche anuncia la muerte de Dios. En la parábola del ser
humano loco que anda proclamando con una linterna por doquier, y a plena luz del día, que no
encuentra a Dios porque Dios ha muerto, muestra Nietzsche el dramatismo de esta muerte.
Critica duramente el ateísmo frívolo, el de quienes no han medido las consecuencias últimas de
su ateísmo.
El loco se pregunta: ¿A dónde ha ido Dios? y él mismo se responde «¡Yo os lo voy a decir!
¡Nosotros lo hemos matado, vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos!» «¡Dios ha muerto!
¡Dios está muerto!» Con esta afirmación Nietzsche niega a Dios, a iodo Dios, y muy especialmente
al Dios cristiano.
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Las consecuencias de su constatación son tremendas y Nietzsche quiere que el ser humano
tome conciencia de ellas. Surge el caos, la nada. El nihilismo hace aquí su aparición como modo de
ver al mundo y al ser humano.
«Aún se cuenta que el ser humano loco entró el mismo día en distintas iglesias y entonó el
Requiem aeternam deo. Sacado afuera e interrogado, replicaba una y otra vez lo mismo: "Pues
¿qué otra cosa son estas iglesias, sino tumbas y sepulcros de Dios».
5.2.4 El superhombre y el eterno retorno, dos imágenes de la nueva antirreligión
En «Así habló Zaratustra», la antibiblia de la antirreligión, Nietzsche plantea dos grandes
imágenes paradigmáticas:
- El superhombre.
- El eterno retorno.
Zaratustra es un fundador religioso persa, anterior al cristianismo, al que Nietzsche sitúa como
personaje-eje de su obra. Él es quien se encarga de mostrar al superhombre. El término de la
evolución del ser humano no son ya Dios y su reino, sino el superhombre. Él es quien, tras la muerte
de Dios, debe ocupar su lugar. Desde él son cuestionadas todas las normas y valores tradicionales.
La segunda imagen paradigmática de Nietzsche en el «Zaratustra» es la del mito del eterno
retorno. Este es el destino del ser humano y del mundo. «Todo se va, todo retorna; la rueda de la
existencia gira eternamente. Todo muere, todo florece de nuevo; el cielo de la existencia se persigue
eternamente».
El eterno retorno supone voluntad de reafirmación. Según el, el mundo se acepta a sí mismo y
se repite eternamente. Esta doctrina es la fórmula central, cósmica, del filosofar de Nietzsche.
5.2.5 El cristianismo, la única gran maldición
En la obra «Más allá del bien y del mal», Nietzsche critica con dureza la modernidad. Su interés
es manifiesto: desea socavar todos los fundamentos, en que el saber humano se ha fundado,
demostrando que no son más que prejuicios de la fe.
Tras varias obras contra la moral, escribe la que será el resumen de las anteriores y su punto
culminante: «El anticristo». En ella aparece el cristianismo como «la única gran maldición, la única
máxima corrupción interior, el único gran instinto de venganza, para el que ningún medio es
venenoso, soterrado, lo bastante pequeño».
Con esta obra pretende Nietzsche la aniquilación del cristianismo. Asegura que se trata de una
religión que, desde el primer momento, no entendió a su fundador. «La Iglesia es exactamente
aquello contra lo que predicó Jesús y contra lo que enseñó a luchar a sus discípulos.» A su vez, en
esta obra critica con dureza la imagen de Dios que tiene el cristianismo.
5.2.6 La existencia no tiene consistencia
Nietzsche al escribir «Ecce Homo» es consciente de su poder destructor. Según él, tras
cuestionarlo todo, sólo queda la nada, el nihilismo. Desde hacía tiempo está convencido de la
decadencia de la civilización, la cultura, el progreso, la modernidad. Eso significa el nihilismo: que
los supremos valores se devalúan. La existencia no tiene consistencia.
El nihilismo es el convencimiento de la incoherencia, el sin-sentido y el sin-valor de la realidad.
El nihilismo no es sólo una forma de pensar; el nihilismo lleva a una praxis consecuente con este
modo de pensar.
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Sin embargo, toda la negación de Nietzsche es un pretexto, según él, para una nueva creación.
«Todavía no sabemos "adónde" somos arrastrados, después de habernos desarraigado de
tal suerte de nuestro antiguo suelo. Pero este mismo suelo ha implantado en nosotros la
fuerza que nos impulsa a la lejanía, a la aventura, que nos empuja a lo ¡limitado, lo no
experimentado, lo no descubierto. No nos queda otra elección, tenemos que ser
conquistadores, después de habernos quedado sin país donde poder sentirnos en casa, donde
poder "medrar". A ello nos arrastra un sí latente, que es más fuerte que todos nuestros noes.
Nuestra misma fuerza ya no nos aguanta en el viejo y podrido suelo: nosotros nos lanzamos
a tierras lejanas, nos arriesgamos: el mundo es aún rico, está aún por descubrir, incluso es
mejor perecer que emponzoñarse a medias. Nuestra misma fuerza nos obliga a salir a la mar,
a ir allí donde todos los soles anteriores se han puesto: sabemos de un nuevo mundo ... »
5.3 CRÍTICA A LA CRÍTICA DE LA RELIGIÓN DE NIETZSCHE
5.3.1 La tragedia que vive Nietzsche merece respeto
La postura que adopta Nietzsche frente a la vida, al ser humano y a la religión es consecuencia
lógica del cómo le ha tratado la vida, el ser humano y la religión. Ya veíamos cómo su existencia está
jalonada de fracasos siendo como era un genio, una excepción, un privilegiado. Su vida infunde
respeto.
Es honrado con su pensamiento ya que es consecuente con él, aun sabiendo las consecuencias
que se podían derivar de asumir sin miedo su manera peculiar de pensar: soledad, rechazos,
incomprensión. Es ignorado en vida. Deseoso de discutir acerca de sus puntos de vista se sintió
«pastor sin púlpito, profesor sin cátedra».
5.3.2 Nietzsche da por supuesto su ateísmo, no lo fundamenta
A Nietzsche no le preocupó fundamentar su ateísmo. Él lo da por supuesto y lo vive no sin
nostalgia, tormento y emoción. Quiere creer y no puede.
Afirma que «el Dios cristiano es inaceptable». Lo que se ha adorado como Dios no es más que
algo absurdo, deplorable y dañino. De hecho, ésta fue la imagen de Dios que recibió de esas cinco
mujeres que le educaron en el cristianismo y en su moral. Llega a afirmar: «Si hubiera dioses, ¡cómo
iba yo a soportar no ser Dios! Luego no hay dioses.»
5.3.3 Las verdades de Nietzsche son medias verdades
Las verdades de Nietzsche son a menudo medias verdades. De hecho:
- Sus conocimientos teológicos y de historia de la Iglesia no responden a la gravedad de sus
acusaciones.
- Predominan en algunas de sus obras los juicios globales descalificadores, su fanatismo
anticristiano.
5.3.4 Matiza Nietzsche su crítica hacia Jesús de Nazaret
Resulta sintomático el dato de que mientras critica al cristianismo y a la Iglesia volcando toda
una gran carga de odio, de rabia y de resentimiento, no ocurre lo mismo cuando habla de Jesús de
Nazaret. De hecho, hemos visto cómo critica al cristianismo su no ser fiel, ya desde el primer
momento, al mensaje de su fundador.
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5.4 EL RETO QUE SUPONE PARA LA RELIGIÓN LA CRÍTICA QUE DE ESTA HACE
NIETZSCHE
El cristianismo tiene que asumir la crítica que le hace Nietzsche de no ser fiel a su fuente: a la
actuación y al mensaje de Jesús de Nazaret.
A su vez, es preciso asumir el reto de la crítica a una religión entendida y vivida como recetario
de normas y comportamientos tendentes a evitar todo lo relacionado con el más acá en aras del
más allá. ¿No se ha presentado y vivido en muchas ocasiones a lo largo de la historia un cristianismo
decadente, mujeril, lánguido, sin garra, alejado de las realidades del ser humano y del mundo? ¿No
es contra este cristianismo contra el que va Nietzsche? ¿Qué Dios es el que anuncia que ha muerto?
El Dios de Jesús de Nazaret es el que llama al ser humano a serle fiel sin dejar de ser humano.
Para este Dios ser cristiano no lleva a renunciar a ser humano, sino que supone comprometerse
radicalmente por la causa del ser humano que es la causa de Dios. La crítica de Nietzsche no va
contra este Dios porque, de hecho y lamentablemente, no lo conoció ni le fue mostrado por los
creyentes de su tiempo.
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