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TPCW - Como Curar Un Corazon Roto

El libro 'Cómo curar un corazón roto' de Gaby Pérez Islas explora el proceso del duelo y la importancia de enfrentarlo de manera consciente para transformarlo en una oportunidad de crecimiento personal. A través de ejemplos y reflexiones, la autora enfatiza que cada pérdida, ya sea material o emocional, requiere un proceso de sanación que puede ser complicado y que a menudo se ve afectado por duelos no resueltos. La obra invita a los lectores a gestionar sus emociones de forma inteligente y a buscar apoyo cuando sea necesario.
Derechos de autor
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TPCW - Como Curar Un Corazon Roto

El libro 'Cómo curar un corazón roto' de Gaby Pérez Islas explora el proceso del duelo y la importancia de enfrentarlo de manera consciente para transformarlo en una oportunidad de crecimiento personal. A través de ejemplos y reflexiones, la autora enfatiza que cada pérdida, ya sea material o emocional, requiere un proceso de sanación que puede ser complicado y que a menudo se ve afectado por duelos no resueltos. La obra invita a los lectores a gestionar sus emociones de forma inteligente y a buscar apoyo cuando sea necesario.
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Gaby, Pérez Islas

Cómo curar un corazón roto. 10 aniversario / Pérez Islas Gaby. -


1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Diana, 2021.
240 p. ; 21 x 13 cm.

ISBN 978-987-1524-25-9

1. Autoayuda. I. Título.
CDD 158.1

© 2017, Gaby Pérez Islas

© 2021, Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C.V.


Bajo el sello editorial DIANA M.R.
Avenida Presidente Masarik núm. 111,
Piso 2, Polanco V Sección, Miguel Hidalgo
C.P. 11560, Ciudad de México
[Link]

Diseño de portada: Planeta Arte & Diseño / Estudio la fe ciega / Domingo Martínez
Imagen de portada: © iStock
Fotografía de la autora: © Blanca Charolet
Diseño de interiores: Guadalupe M. González Ruiz
Ilustraciones de interiores: Rebeca Hernández

Derechos reservados de esta edición

© 2021, Grupo Editorial Planeta S.A.I.C.


Publicado bajo el sello Diana®
Av. Independencia 1682, C1100ABQ, C.A.B.A.
[Link]

1ª edición: diciembre de 2021


1.600 ejemplares

ISBN 978-987-1524-25-9

Impreso en Latingráfica,
Rocamora 4161, Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
en el mes de noviembre de 2021

Impreso en la Argentina / Printed in Argentina


Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723

No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler,


la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por
cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización
u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor.
Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446 de la República Argentina.
I
La pérdida
y el duelo
¿Qué es el duelo?

Cuántas veces hemos escuchado de pérdidas ajenas, de catástro-


fes naturales, secuestros y suicidios. Basta encender la televisión
para convertirnos en testigos implícitos, pasivos, de cientos de
crímenes impunes y muertes que nos parecen sin sentido. Todo
esto nos toca, claro, somos seres emotivos y sensibles, pero jamás
comprenderemos lo que es un duelo a partir de los dolores ajenos.
Es hasta que algo pasa en casa o con nosotros mismos cuando
comprendemos la magnitud y también las bondades ocultas de
un duelo bien elaborado.
Pérdida es algo que teníamos y dejamos o vamos a dejar de
tener. Abarca desde algo simple y material, como las llaves del
automóvil o una joya, hasta la muerte de un ser querido, un divor-
cio, la pérdida de la salud o un cambio en las condiciones de vida.
Si ya perdimos al objeto de nuestro afecto, es un duelo en
proceso y si aún no ha llegado ese momento, se vive un duelo anti-
cipatorio, como cuando tenemos un diagnóstico de enfermedad

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Gaby Pérez Islas

terminal. El diagnóstico no es la sentencia, pero a partir de que lo


recibimos, empezamos a perder cosas, entre ellas el pensamiento
mágico de que la muerte o el dolor es algo que les ocurre a otros.
Pero pérdida es también algo que yo deseaba y nunca pude
alcanzar. Por ejemplo, si yo quería ser un pianista famoso y resulta
que soy un empleado en una tienda de abarrotes, estoy viviendo
una pérdida. También aquella mujer que quería ser madre y por
diferentes circunstancias no logra serlo, se enfrenta a un tremendo
duelo.
No siempre estas pérdidas tienen el reconocimiento y apoyo
social que requieren. Para esta situación en específico hay dos mil
libros sobre maternidad, pero ninguno te acompaña en el duro
trance de querer serlo y no conseguirlo. Citas, estudios, insemi-
naciones, fertilizaciones in vitro y todo el dolor y desgaste que
esto conlleva, son búsquedas en las cuales si no se obtienen los
resultados esperados, no se validan como caminos de crecimiento
en sí mismos.
Esta situación y otras por el estilo las encaramos como pro-
blemas por resolver y no como experiencias por vivir.

El caso de Marco

Soy el tercero de cinco hermanos, todos con carrera, todos


trabajando. Mi padre no opinaba mucho en la familia, la
que verdaderamente movía los hilos era mi abuela. Ella
aprobaba o desaprobaba nuestras elecciones de carre-
ra; como también pagaba las colegiaturas, imagino que

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Cómo curar un corazón roto

tenía ciertos derechos. Cuando le comenté que quería es-


tudiar arquitectura, se rio. Ella ya había considerado que
en toda buena familia debe haber un doctor, un abogado y
un sacerdote. Mis dos hermanos mayores estudiaban leyes
y yo no iba a meterme al seminario, así que adivinen cuál
camino me esperaba.

No voy a negar que el ser internista me ha dado grandes


satisfacciones, pero tuve que suplir la falta de vocación
inicial con mucha disciplina y fuerza de voluntad. Esta
profesión me ha permitido tener una vida cómoda y viajar.
En cada ciudad que visito, contemplo durante horas edi-
ficios y construcciones. Siento melancolía y nadie puede
entender este sentir. «Pero si eres exitoso», me dicen. «Si
te va muy bien», me comentan otros y no se trata de eso:
es simplemente que ahora me dedico a salvar vidas, pero
dejé morir al arquitecto que vivía en mí.

Una pérdida, sin importar lo que haya sido, te lleva a vivir un


duelo. Es un proceso que deberemos de atravesar en cinco etapas
que explico brevemente más adelante. La duración e intensidad
de cada una dependerá de nuestro apego al «objeto» perdido y
del grado de satisfacción que sintamos respecto de la relación.
Si nos roban una computadora, por ejemplo, nos dolerá e im-
plicará un gasto inesperado, pero no vamos a recordarlo durante un
año, al menos no con el mismo sentimiento. Sin embargo, ante
la muerte de un ser querido, pueden pasar uno o dos años y, por

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Gaby Pérez Islas

momentos, sentimos que el sufrimiento es igual de agudo o in-


cluso peor que el primer día. Con frecuencia, mis pacientes me
comentan, al pasar unos tres meses del suceso doloroso: «Estoy
peor que al principio» y esto es totalmente esperado y normal. Es
muy común que, justo a los tres meses, la familia vuelve a su rutina
y se quita un poco ese «marcaje personal» de llamadas de amigos
y familiares todo el tiempo, visitas y preguntas. Todos esperarían
que estuviéramos mejor, pero no es así.
No permitas que la gente te indique cómo vivir tu vida, ya
que, como por acto de magia, al sufrir una pérdida, las personas
a nuestro alrededor se vuelven expertas en el tema. Todos nos
aconsejan, todos saben qué nos conviene, pero, aunque puedan
ser bien intencionados, las vidas no son coches averiados a los
cuales podamos ajustarles una pieza y listo.

Hay comentarios que nos cargan


de culpa y otros que nos enojan
sobremanera; tenemos que desarrollar
un escudo protector que nos haga
impermeables a todos los mensajes
del exterior que tanto
nos confunden.

Esta es una ecuación mucho más complicada. Escucha solo


la opinión de quien admires y a quien le reconozcas congruencia
y triunfo en su propia persona.

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Cómo curar un corazón roto

El asunto es que un duelo puede ser una oportunidad de


llenarte de empatía y sabiduría, si optas por transitarlo peldaño
a peldaño, en conciencia; si extraes significados y eres honesto
contigo mismo y con lo que estás sintiendo. Pero un duelo eva-
dido puede llenarnos de basura emocional. Un ejemplo de esto
es cuando vamos manejando y, por descuido o error, la llanta de
nuestro automóvil toca la línea del carril siguiente. El conductor
de al lado quiere matarnos, toca el claxon, nos insulta y sobre-
rreacciona ante esta situación porque trae mucho enojo consigo
mismo. Nuestra acción poco contribuye a ello. Ahí vemos que
tiene sus duelos no resueltos y va como camión de la basura, con
la caja llena y solo esperando ver dónde puede depositar su carga.
Es muy difícil que alguien viva un duelo puro, siempre trae-
mos atrás algo que no quedó bien definido o resuelto y es hasta
que nos enfrentamos a otro golpe que ambas situaciones buscan
acomodarse en nuestra vida.
En México hay un dicho muy sabio y curioso: «Te jalan la
cobija y se te destapan los pies». Aplicado al duelo, yo diría que
aterriza un nuevo dolor y despierta al que ya tenías latente en ti.
Es como una ola que llega y revuelve la arena que ya se había
asentado bajo tus pies.

El caso de Vanessa

Mi mejor amiga murió hace un par de años, la lloré poco.


Sentía que si me ponía a llorar no iba a parar nunca y por
eso decidí no hacerlo. Estaba ocupada, tenía que acabar

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Gaby Pérez Islas

la carrera, titularme, buscar empleo y empezar a ganar


dinero. Eso hice y caí en mucha actividad, pero todo con
el afán de no sentir.

Hace unas semanas murió mi padre, un infarto cambió mi


vida y la de mi mamá para siempre. Entonces me cayó de
golpe el duelo por la muerte de Montse, mi amiga. Este
nuevo dolor reactivó lo que yo no había sanado en mi
pérdida anterior y ahora sí que fue como si me quitaran
el tapete bajo los pies. Imposible seguir actuando como si
nada hubiera pasado. No hay manera de escapar de lo que
duele. Me siento fatal porque algo dentro de mí me dice
que le estoy robando protagonismo a lo que le pasó a mi
papá. Tengo miedo, entonces, de sufrir su muerte en dos
o tres años, cuando algo más me ocurra.

Estoy asustada, desconcertada y quiero parar este ciclo de


cuentas o lágrimas pendientes. Recurro a una consejería
porque hoy veo que lo que estoy viviendo me rebasa y
necesito ayuda.

Gaby dice que la verdadera autoestima es expresar: «Yo lo


puedo todo, pero no puedo sola».

Estar en un duelo es como haberse subido a una montaña


rusa de emociones, no tienes el freno y tampoco sabes dónde
vendrá una curva o bajada. Es muy intenso y requiere de nosotros

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Cómo curar un corazón roto

un buen manejo de esto que sentimos. Utilizar las emociones de


forma inteligente es saber ejercer gobierno sobre nosotros mismos.

Mientras más conscientes seamos


de nuestra vida emocional,
más capaces seremos de dirigir
nuestra vida. Mientras más
inconscientes seamos de nuestra
vida emocional, estaremos siempre
en manos de los otros y de las
circunstancias.

Las emociones, en sí mismas, no son ni buenas ni malas,


simplemente son. Todo lo que sentimos está bien y es válido, pero
no todo lo que hagamos con lo que sentimos es permitido. La
emoción no se limita, la acción sí.
Por ejemplo, si yo estoy enojada con mi papá por haberse
ido de la casa, puedo sentir enojo y frustración, incluso deseos de
que alguien pague por todo este sufrimiento. Sentirlo está bien,
pero si yo lo insulto, lo trato mal y hago cosas para que él sufra,
eso solo irá en detrimento de mí misma. Las acciones tienen que
modularse; pensar antes de hablar, respirar, enfriarnos antes de
reaccionar y, sobre todo, hablar desde el amor y no desde el enojo.
Sí podemos frenar conductas que no sean positivas ni le aporten
nada a nadie.

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Gaby Pérez Islas

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