Revolución Rusa: Lenin y la NEP
Revolución Rusa: Lenin y la NEP
Rusia. También intentó continuar la guerra contra Alemania, lo que acabaría siendo su per-
dición.
Vladimir I. Lenin, el líder de la facción bolchevique de los partidos socialistas rusos,
que había pasado la mayor parte de su vida adulta en el exilio, volvió a Petrogrado en abril
de 1917 con la connivencia del gobierno alemán, que esperaba que contribuyera a la in-
quietud social y al caos político. ¡Poco podía imaginarse que llegaría a ser cabeza de go-
bierno! Lenin no tardó en dominar el soviet de Petrogrado y emprendió una campaña in-
cansable contra el gobierno provisional. Este último, dividido por las disputas internas e
incapaz de establecer su autoridad ni en el ejército ni en gran parte del país, ofreció poca
resistencia cuando una muchedumbre que se llamaba a sí misma la Guardia Roja ocupó el
Palacio de Invierno, la sede del gobierno, el 25 de octubre de 1917 (el 7 de noviembre se-
gún el calendario occidental, que la Unión Soviética adoptó el 1 de enero de 1918). Al día
siguiente, Lenin formó un nuevo gobierno, llamado Consejo de Comisarios del Pueblo.
A la Revolución de Octubre siguieron casi cuatro años de enconada rivalidad y guerra
civil. En marzo de 1918, el gobierno finalizaba la guerra con Alemania con el Tratado de
Brest-Litovsk (después invalidado por el Tratado de Versalles), pero tendría que enfrentarse
a una decidida oposición de varios de los llamados ejércitos «blancos», que estuvieron apo-
yados durante algún tiempo por los aliados occidentales, y en 1920 entraría en guerra con
la Polonia recientemente independiente. En sus esfuerzos por sobrevivir y mantenerse en el
poder, los bolcheviques, que pasaron a autodenominarse comunistas, introdujeron una drás-
tica política llamada «comunismo de guerra», que comprendió la nacionalización de la
economía urbana, la confiscación de la tierra y su distribución entre los campesinos, y un
nuevo sistema legal. Su característica más sobresaliente, sin embargo, fue la introducción
de un gobierno de partido único, la «dictadura del proletariado», con Lenin como portavoz.
En las largamente esperadas elecciones para la Asamblea Constituyente, los social revo-
lucionarios, oponentes de los bolcheviques, ganaron por gran mayoría. La Asamblea se reu-
nió brevemente en enero de 1918, pero Lenin envió tropas para disolverla tras una sesión.
Los social revolucionarios resucitaron entonces su tradicional táctica del asesinato y logra-
ron herir a Lenin en agosto de 1918. Los comunistas instauraron de inmediato el reinado
del terror, asesinando a sus oponentes políticos mientras mantenían el control del gobierno
central, situado en Moscú a partir de marzo de 1918.
Poco después de la Revolución de Octubre, el gobierno concedió la independencia a Fin-
landia. Durante la guerra civil, y después de ella, tuvo que afrontar las peticiones soberanis-
tas, o al menos de autonomía, también de otras regiones. Aunque accedió a estas demandas
en el caso de los estados bálticos de Estonia, Letonia y Lituania, se opuso a las de Ucrania,
Transcaucasia y otros lugares. La situación de las nacionalidades no rusas permaneció poco
clara durante los dos años posteriores a su reconquista. En 1922, en contra del consejo de
su especialista en problemas nacionalistas, José Stalin, un georgiano rusificado, Lenin de-
cidió crear una federación, al menos teórica. El 30 de diciembre de 1922 se constituyó la
Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Estaba formada por la República Fe-
deral Socialista y Soviética Rusa (RFSSR) —que comprendía la mayor parte de la Rusia
Europea más Siberia— y las repúblicas de Ucrania, la Rusia Blanca y Transcaucasia, a las
que después se adhirieron otras repúblicas de Asia Central y otros lugares; pero la realidad
era que el conjunto estaba dirigido desde Moscú por un pequeño grupo de hombres que
controlaban la maquinaria del Partido Comunista y del gobierno.
14. La desintegración económica internacional 401
En marzo de 1921, cuando el Tratado de Riga trajo la paz con Polonia, los comunistas
no tuvieron ya que enfrentarse con más oposición activa a su gobierno, ni dentro de su país
ni en el extranjero. Pero la economía estaba destrozada. La política del «comunismo de
guerra», con su fuerte componente de terrorismo, había valido para derrotar al enemigo,
pero era evidente que no podía servir como base a largo plazo para la economía. La pro-
ducción industrial había caído a menos de un tercio de su nivel en 1913 y la política agraria
del gobierno no produjo mejores resultados. Los campesinos, cuya posesión de la tierra ha-
bían legitimado los bolcheviques, se negaron a distribuir su producción al precio artificial-
mente bajo establecido por el gobierno. Ya en agosto de 1918, el gobierno había enviado
tropas y destacamentos de obreros industriales armados al campo para confiscar las cose-
chas, y proliferaba el mercado negro. A finales de febrero de 1921, un motín en la base na-
val de Kronstadt causado por las pésimas condiciones de los marineros persuadió a Lenin
de que era necesaria una nueva política.
Enfrentado con la paralización de la economía y la posibilidad de una revuelta campesina
mayoritaria, Lenin cambió su política radicalmente con la llamada Nueva Política Económi-
ca (NEP), un compromiso con los principios capitalistas de la economía que Lenin llamó
«un paso atrás para ir hacia delante». Un impuesto especial en especie sobre la producción
agrícola sustituyó a las requisas obligatorias, permitiendo a los campesinos vender sus exce-
dentes a precios de mercado libre. Las pequeñas industrias (que empleaban a menos de vein-
te trabajadores) volvieron a manos privadas y se permitió la producción para el mercado; los
empresarios extranjeros arrendaron algunas de las instalaciones existentes y obtuvieron con-
cesiones especiales para introducir nuevas industrias. Pero los sectores estratégicos de la
economía (las grandes industrias, el transporte y las comunicaciones, la banca y el comercio
internacional) permanecieron en manos del Estado. La NEP también comprendía un vigoro-
so programa de electrificación, el establecimiento de escuelas técnicas para ingenieros y di-
rectivos industriales, y la creación de una organización más sistemática de los sectores de la
economía de propiedad estatal. A pesar de algunas nuevas dificultades con los campesinos,
la producción aumentó tanto en la industria como en la agricultura, y en 1926 o 1927 los ni-
veles de producción anteriores a la guerra habían sido sustancialmente recuperados.
Mientras tanto, estaban ocurriendo importantes cambios en la cúpula del Partido Comu-
nista. En mayo de 1922, Lenin sufrió el primero de una serie de ataques de parálisis de los
que nunca se recuperaría del todo antes de su muerte en enero de 1924. A pesar de su po-
der, Lenin se abstuvo de designar explícitamente un sucesor. De hecho, en un «testamento
político» único, destacaba los puntos fuertes y los débiles de sus colaboradores más cerca-
nos y posibles sucesores.
Dos de los máximos competidores eran León Trotski y José Stalin. Trotski había sido
comisario de guerra y reivindicaba el reconocimiento de su victoria frente a los ejércitos
blancos durante la guerra civil. Orador consumado, tenía muchos seguidores tanto dentro
como fuera del partido. Pero su tardía conversión a la causa bolchevique (1917) y su afi-
ción a hacer comentarios carentes de tacto acerca de sus colegas le hicieron sospechoso
para la vieja guardia. Stalin, en cambio, era fiel seguidor de Lenin y de los viejos bolchevi-
ques. Aunque no fue considerado seriamente como sucesor inmediatamente después de la
muerte de Lenin, Stalin utilizó su posición de secretario general del Comité Central del
partido (que ocupaba desde 1922) para formar coaliciones dentro del partido y poder desem-
barazarse de sus rivales, en primer lugar de Trotski.
402 Historia económica mundial
número de cabezas de ganado había disminuido a una cifra entre la mitad y los dos tercios
del nivel alcanzado en 1928 (que no recuperó hasta 1957). Los costes, y en especial los hu-
manos, del Plan Quinquenal fueron enormes. Sólo en la colectivización de la agricultura,
millones de personas murieron de hambre o fueron ejecutadas.
En 1933, el gobierno inauguró el Segundo Plan Quinquenal, en el que se suponía que el
énfasis recaía sobre los bienes de consumo; en realidad, el gobierno continuó dedicando
una proporción extraordinaria de sus recursos a bienes de equipo y material militar. A pesar
del gran aumento de la producción industrial, el país seguía siendo en su mayoría agrario, y
la agricultura era su sector más débil. En 1936-1937 tuvo lugar una característica notable
del Segundo Plan Quinquenal: la Gran Purga. Miles de personas, desde trabajadores de cla-
se baja hasta altos dirigentes del partido y jefes militares fueron juzgados (o ejecutados sin
juicio) por supuestos crímenes que iban desde el sabotaje hasta el espionaje y la traición.
Naturalmente, esto tuvo un efecto significativo en la producción.
El Tercer Plan Quinquenal, lanzado en 1938, fue interrumpido por la invasión alemana
de 1941, y entonces la Unión Soviética volvió a recurrir a algo parecido al «comunismo de
guerra».
La Segunda Guerra Mundial fue con diferencia la más masiva y destructiva de todas las
guerras. En algunos aspectos representó una extensión e intensificación de características
que ya se habían manifestado en la Primera Guerra Mundial, tales como el aumento de la
confianza en la ciencia como base de la tecnología militar, el extraordinario grado de uni-
formización y planificación de la economía y la sociedad, y el uso complejo y refinado de
la propaganda tanto dentro del país como en el extranjero. En otros aspectos se diferenció
notablemente de todas las guerras anteriores.
Al ser verdaderamente una guerra global, implicó directa o indirectamente a las pobla-
ciones de todos los continentes y de casi todos los países del mundo. A diferencia de su
predecesora, que había sido sobre todo una guerra de posiciones, ésta fue una guerra de
movimiento, en tierra, en el aire y en el mar. Los combates aéreos, una característica episó-
dica de la Primera Guerra Mundial, se convirtieron en un elemento crucial en la Segunda.
Las operaciones navales, especialmente el uso de los portaaviones, se hicieron mucho más
importantes. La tecnología basada en la ciencia engendró muchas de las nuevas armas es-
peciales, tanto ofensivas como defensivas, del radar a los cohetes-bomba, los aviones a
reacción y las bombas atómicas. La capacidad económica, y en especial industrial, de los
contendientes adquirió nueva importancia. La simple superioridad numérica tenía menos
valor que nunca, aunque el tamaño aún representara un factor con el que evaluar el poder
relativo de los bandos. En el análisis final, las cadenas de montaje fueron tan importantes
como las líneas de fuego. El arma secreta definitiva de los vencedores consistió en la enor-
me capacidad productiva de la economía americana.
Los costes pecuniarios de la guerra se han estimado en más de un billón de dólares (po-
der adquisitivo de la época) en gastos directos militares, siendo esta una estimación a la
baja. No incluye el valor de los daños a la propiedad, que no se han estimado con exactitud
pero que son con seguridad mucho mayores, ni tampoco incluye el interés de la deuda na-
404 Historia económica mundial
cional producida por la guerra, las pensiones a mutilados y otros veteranos, ni —lo más
terrible y lo más difícil de evaluar en términos pecuniarios— el valor de las vidas perdidas
o destrozadas, tanto de civiles como de militares.
Cálculos aproximados sitúan el número de muertes relacionadas con la guerra en unos
15 millones de personas en Europa Occidental, 6 millones de militares y más de 8 millones
de civiles, incluyendo los entre 4,5 y 6 millones de judíos asesinados por los nazis en el ho-
locausto. Millones más resultaron heridos, quedaron sin hogar o murieron de hambre o en-
fermedades relacionadas con la desnutrición. En lo que respecta a Rusia, se calculan más
de 15 millones de muertos, más de la mitad bajas civiles. China sufrió más de 2 millones de
muertes en combate y un sinnúmero más de muertos civiles como resultado de la acción
enemiga y del hambre y la enfermedad producidas por la guerra. Los japoneses perdieron
más de 1,5 millones de personal militar y también millones de civiles; más de 100.000 per-
sonas murieron como resultado directo de las bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y
Nagasaki, y otras ciudades japonesas fueron igualmente devastadas por bombas convencio-
nales.
Los daños a la propiedad fueron mucho más extensos que en la Primera Guerra Mun-
dial, en gran parte debido a los bombardeos aéreos. Las fuerzas aéreas americanas se enor-
gullecían de sus bombardeos estratégicos, dirigidos a las instalaciones militares e industria-
les en lugar de a las concentraciones civiles, pero el Informe de Bombardeo Estratégico de
Alemania llevado a cabo tras la guerra mostró que sólo un 10% de las instalaciones indus-
triales habían sido totalmente destruidas, mientras que más del 40% de los hogares civiles
habían sido derribados. En julio de 1943 se lanzaron sobre Hamburgo unas 900 toneladas
de bombas, dejando arrasada prácticamente la ciudad. Lo mismo sucedió en Dresde hacia
el final de la guerra, dejando un número desconocido de víctimas. Muchas otras ciudades
de ambos bandos —Coventry, en Inglaterra, y Rotterdam, en los Países Bajos, por ejem-
plo— sufrieron destinos similares. Leningrado fue prácticamente destruida por el fuego de
artillería, pero nunca capituló.
Los medios de transporte, especialmente los ferrocarriles, puertos y muelles, resultaron
ser objetivos predilectos. Todos los puentes sobre el río Loira, que separaba el norte del sur
de Francia, fueron destruidos y también todos los del Rin salvo uno, la famosa cabeza de
puente de Remagen que permitió a los soldados aliados penetrar en el corazón de Alemania.
Todos los combatientes recurrieron a la guerra económica, una expresión nueva para
una táctica vieja. Igual que en la Primera Guerra Mundial, e incluso en las guerras napoleó-
nicas, Gran Bretaña (después ayudada por Estados Unidos) impuso un bloqueo al que Ale-
mania respondió con una guerra submarina sin restricciones. Además de sus productos er-
satz, como la gasolina obtenida a partir del carbón, Alemania pudo disponer de los recursos
de los países ocupados. En 1943 extrajo más del 36% de la renta nacional francesa, y en
1944 casi el 30% de su mano de obra industrial estaba formada por trabajadores no alema-
nes, esclavos prácticamente.
Al final de la guerra, el panorama económico de Europa era extremadamente desolador.
La producción industrial y agrícola en 1945 fue la mitad, o menos, de lo que había sido en
1938. Además de los daños a la propiedad y las víctimas humanas, millones de personas
habían sido arrancadas y alejadas de sus hogares y familias, y otras tantas se enfrentaban a
la perspectiva de morir de hambre. Para empeorar las cosas, el marco institucional de la
economía estaba gravemente dañado. La reconstrucción no sería fácil.
15. La reconstrucción
de la economía mundial,
1945-1973
Al final de la guerra Europa yacía postrada, casi paralizada. Todos los países beligerantes,
excepto Gran Bretaña y la Unión Soviética, habían sufrido la derrota militar y la ocupación
enemiga. Grandes zonas de la Unión Soviética fueron ocupadas por los alemanes en más de
una ocasión, luchando palmo a palmo en combates encarnizados. Aunque Gran Bretaña no
había sido ocupada (salvo por los americanos), sufrió graves daños producidos por los
bombardeos aéreos de sus ciudades, densamente pobladas, y la extremada escasez de ali-
mentos y otros bienes de primera necesidad. Sólo los pocos países europeos que permane-
cieron neutrales escaparon a los daños directos, pero también ellos sufrieron muchas caren-
cias ocasionadas por la guerra.
Antes de la guerra, Europa importaba más de lo que exportaba, productos alimenticios y
materias primas en particular, y pagaba la diferencia con las ganancias generadas por sus
inversiones en el extranjero, su comercio marítimo y sus servicios financieros. Después de
la guerra, con las marinas mercantes destruidas, las inversiones en el extranjero liquidadas,
los mercados financieros en desorden y los de ultramar para los productos europeos copa-
dos por los americanos, los canadienses y empresas nuevas de países antes subdesarrollados,
Europa tenía ante sí un sombrío panorama tan sólo para satisfacer las necesidades básicas
de su población. Millones de personas se enfrentaban a la amenaza de la muerte por ham-
bre, enfermedad y falta de ropa y cobijo adecuados. Vencedores y vencidos padecían las
mismas calamidades. Lo más urgente era atender las necesidades primarias de la población
y la reconstrucción de pueblos y ciudades.
La ayuda llegó principalmente a través de dos canales distintos, y en su mayor parte pro-
vino de América. A medida que los ejércitos aliados avanzaban a través de Europa Occi-
dental en el invierno y la primavera de 1944-1945, distribuían raciones alimenticias de
emergencia y medicamentos a las depauperadas poblaciones civiles, tanto del enemigo
406 Historia económica mundial
como de los países liberados. Como los aliados se habían comprometido a una política de
rendición incondicional, después del cese de las hostilidades tuvieron que asumir la carga
de atender a la Alemania derrotada, lo que supuso continuar abasteciendo de alimentos a la
indefensa población civil.
El otro canal de ayuda fue la Administración de Ayuda y Reconstrucción de las Nacio-
nes Unidas (UNRRA). En 1945-1946 gastó más de 1.000 millones de dólares y distribuyó
más de 20 millones de toneladas de alimentos, ropa, mantas y medicamentos. Estados Uni-
dos corrió con más de dos tercios del coste y los demás miembros de las Naciones Unidas
con el resto. En conjunto, entre el 1 de julio de 1945 y el 30 de junio de 1947, por medio de
concesiones de la UNRRA y otras ayudas urgentes, Estados Unidos puso a disposición de
Europa 4.000 millones de dólares y casi 3.000 millones más para el resto del mundo. Des-
pués de 1947, el trabajo de la UNRRA fue continuado por la Organización Internacional de
Refugiados, la Organización Mundial de la Salud y otros órganos especializados de las Na-
ciones Unidas, así como por parte de organizaciones oficiales y voluntarias nacionales.
A diferencia de Europa, Estados Unidos salió de la guerra más fuerte que nunca. Lo
mismo, aunque en menor medida, se puede decir también de Canadá, las demás naciones
de la Commonwealth y varios países de Iberoamérica. Exento de daños directos, sus indus-
trias y su agricultura se beneficiaron de la alta demanda en tiempo de guerra, lo que le per-
mitió una utilización plena de su capacidad, la modernización tecnológica y la expansión.
Muchos economistas americanos y funcionarios del gobierno temían que se produjera una
fuerte recesión después de la guerra, pero cuando se suprimió el racionamiento y los con-
troles de precios, que los habían mantenido artificialmente bajos durante la contienda, la
reprimida demanda de bienes que habían escaseado debido a la guerra creó una inflación
de posguerra que hacia 1948 había doblado los precios. A pesar de las privaciones que
acarreó la inflación a las personas que vivían de un sueldo fijo, mantuvo activa la maquina-
ria de la industria y permitió que Estados Unidos ampliase la ayuda económica necesaria
para la reconstrucción de Europa y de otras tierras devastadas por la conflagración y que se
hallaban sumidas en la pobreza.
Una de las tareas más urgentes a las que tuvieron que enfrentarse los pueblos de Europa
una vez que sus necesidades vitales habían sido satisfechas fue la de restaurar la ley, el or-
den y la administración pública. En Alemania y sus satélites, los gobiernos militares alia-
dos asumieron esas funciones hasta el establecimiento de los acuerdos de paz. La mayoría
de los países que habían sido víctimas de la agresión nazi formaron durante la guerra go-
biernos en el exilio en Londres. Estos gobiernos volvieron a sus respectivos países al ampa-
ro de los ejércitos aliados y pronto asumieron de nuevo sus funciones.
Su regreso, sin embargo, no implicaba una mera «vuelta a la normalidad», la quimera de
los años veinte. Los recuerdos del desastre económico de la década de 1930 seguían vivos
durante la dura prueba de la guerra y nadie quería repetir la experiencia. En el continente,
los líderes de la resistencia clandestina a la Alemania nazi desempeñaron un importante pa-
pel en la política de la posguerra, y la camaradería de esos movimientos, en los cuales
socialistas y comunistas habían figurado de forma destacada, ayudó mucho a superar los
15. La reconstrucción de la economía mundial, 1945-1973 407
La Unión Soviética, que no había sido consultada sobre la reforma monetaria, y que la
consideraba como una infracción del acuerdo de Potsdam (y en realidad lo era), tomó re-
presalias cerrando todos las carreteras y los enlaces ferroviarios entre las zonas de ocupa-
ción occidentales y Berlín Oeste. Con ello esperaba obligar a las fuerzas occidentales a re-
tirarse de Berlín, o al menos asegurarse concesiones sobre puntos en litigio; pero los
aliados occidentales respondieron rápidamente con un pasillo aéreo a gran escala de pro-
ductos estratégicos. En una extraordinaria operación que duró más de un año, las fuerzas
aéreas americanas y británicas hicieron casi 300.000 vuelos a Berlín, llegando a transportar
más de 8.000 toneladas de víveres diariamente. Los aviones no sólo abastecieron a las tro-
pas occidentales, sino también a los tres millones de habitantes de Berlín Oeste.
Mientras tanto, Alemania Occidental se iba integrando en el Programa de Recuperación
Europea. Al principio, en 1948, el gobierno militar americano era el que recibía y distribuía
la ayuda destinada a las zonas occidentales de ocupación. Posteriormente, se permitió que
los estados de Alemania Occidental eligieran representantes para una asamblea constitu-
yente, y en mayo de 1949 la República Federal de Alemania era una realidad. Para no ser
menos, la Unión Soviética estableció poco después la llamada República Democrática Ale-
mana. En septiembre se levantó el bloqueo de Berlín.
Con Alemania Occidental ahora totalmente integrada en la OECE y en el Plan Marshall,
la recuperación económica de Europa Occidental podía considerarse resuelta, pero todavía
no se había acabado todo. El Plan Marshall terminó en 1952; había superado las expectati-
vas de algunos de sus participantes e incluso las de algunos de sus creadores. No creó unos
Estados Unidos de Europa, como algunos habían esperado, y quedaban todavía problemas
serios por resolver. No obstante, aunque Europa Occidental había recuperado y superado
los niveles de producción anteriores a la guerra, la OECE y otras instituciones recién crea-
das permanecieron, estimulando a la economía europea a alcanzar cotas más altas.
Una de las más importantes de esas nuevas instituciones era la Unión Europea de Pagos
(UEP). Como se ha referido anteriormente, uno de los mayores obstáculos para la fluidez
comercial de los años inmediatos a la posguerra fue la escasez de divisas, especialmente
dólares, y la consecuente necesidad de equilibrar el comercio bilateral. Se habían hecho al-
gunos intentos por romper las restricciones, pero fueron torpes y no muy eficaces. Final-
mente, en junio de 1950, las naciones de la OECE, con la ayuda de una subvención de 500
millones de dólares procedente de Estados Unidos, fundaron la UEP. Este ingenioso dispo-
sitivo permitió un comercio multilateral libre dentro de la OECE; se llevaba una contabili-
dad precisa de todo el comercio intraeuropeo, y al final de cada mes los balances se cerra-
ban y cancelaban. Las naciones con déficit general se cargaban en la contabilidad central y
si sus déficits eran grandes tenían que pagar una parte en oro o en dólares; los acreedores,
por otra parte, recibían créditos de la contabilidad central; si éstos eran muy grandes reci-
bían una parte en oro o en dólares, lo que les permitía importar más de las áreas llamadas
de moneda fuerte (principalmente el área del dólar). Esto creaba en los países de la OECE
incentivos para incrementar sus exportaciones entre ellos y disminuir su dependencia de
Estados Unidos y de otros proveedores de ultramar.
Los resultados fueron espectaculares. En las dos décadas posteriores a la formación de
la UEP, el comercio mundial creció a una media anual del 8%, la más alta de la historia si
exceptuamos los años posteriores a los tratados comerciales de 1860. La mayor parte de
este crecimiento, por supuesto, tuvo lugar en Europa, tanto dentro del propio continente
412 Historia económica mundial
como en sus relaciones con las naciones de ultramar. La UEP tuvo tanto éxito que, junto con
el crecimiento general del comercio, los países de la OECE pudieron restaurar la libre
convertibilidad de sus monedas y el comercio multilateral total en 1958. En 1961 la propia
OECE se transformó en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos
(OCDE), a la que se adhirieron Estados Unidos y Canadá (y más tarde Japón y Australia):
una organización de países industriales avanzados para coordinar la ayuda a los países sub-
desarrollados, buscar un acuerdo en las políticas macroeconómicas y discutir otros proble-
mas de mutuo interés.
El cuarto de siglo posterior a la Segunda Guerra Mundial fue testigo del más largo período
de crecimiento ininterrumpido en los países industriales del mundo y los índices de creci-
miento fueron los más altos de la historia (figura 15.1). Tomando los países industriales
como grupo (OECE, Estados Unidos, Canadá y Japón), el crecimiento medio del producto
nacional bruto por trabajador de 1950 a 1973 alcanzó el 4,5% anual. Los índices de creci-
miento de los países específicos variaron entre el 2,2% del Reino Unido y el 7,3% de Ja-
pón. El crecimiento fue más rápido en aquellos países que tenían abundante mano de obra,
ya fuera a causa de la reducción de la población agraria (como, por ejemplo, Japón, Italia,
Francia) o por la afluencia de refugiados (Alemania Occidental). El crecimiento de Estados
Unidos, Canadá y Gran Bretaña, que habían tenido la renta per cápita más alta al final de la
guerra, fue más lento que el de Europa Occidental continental y Japón, pero más rápido
que en cualquier período anterior de su historia. Al mismo tiempo, los países con rentas per
cápita relativamente bajas dentro del grupo industrial —Italia, Austria, España, Grecia y
Japón— crecieron más rápidamente que la media.
El término «milagro económico», como se ha apuntado antes, se aplicó por primera vez
al notable esfuerzo de crecimiento de Alemania Occidental tras la reforma monetaria
de 1948. Cuando los altos índices de crecimiento se mantuvieron a lo largo de las déca-
das de 1950 y 1960, solía utilizarse para referirse a todo el período. Entonces se advirtió
que otras naciones, sobre todo Italia y Japón, tenían índices de crecimiento tan altos o
más que los alemanes. ¡Los milagros abundaban! ¿O no? Los altos índices de crecimiento
de la mayoría de los países industriales eran ciertamente notables, sin precedentes en la his-
toria, pero desde luego no eran milagrosos. Había sólidas razonas que los explicaban en
cada caso.
La ayuda americana desempeñó un papel crucial al encender la chispa de la recupera-
ción. Después, los europeos la mantuvieron con altos niveles de ahorro e inversiones. En
ocasiones, la competencia entre el consumo y los gastos en inversión originó fuertes pre-
siones inflacionistas, pero ninguna fue tan desastrosa como la hiperinflación posterior a la
Primera Guerra Mundial. Gran parte de la inversión se empleó en equipamiento destina-
do a nuevos productos y procedimientos. Durante los años de depresión económica y de
guerra se había producido una acumulación de innovaciones tecnológicas que sólo espera-
ban para ser utilizadas capital y mano de obra cualificada. Efectivamente, las economías
europeas estuvieron estancadas durante toda una generación. Además de haber perdido su
incremento de desarrollo potencial, funcionaban con un equipo anticuado e iban a la zaga
15. La reconstrucción de la economía mundial, 1945-1973 413
A. NÚMEROS ÍNDICES DE PRODUCTO NACIONAL POR PERSONA EN PRECIOS CONSTANTES (1963=100)
1950
Número
índice 1971 ª
150
100
50
0
Bélgica Francia RFA Italia Países Suecia Suiza Reino Estados
Bajos Unido Unidos
ª Datos para Francia, Italia y Países Bajos de 1970; datos para Suiza de 1969
4
2
0
Bélgica Francia RFA Italia Países Suecia Suiza Reino Estados
Bajos Unido Unidos
100
50
0
Bélgica Francia RFA Italia Países Suecia Suiza Reino Estados
Bajos Unido Unidos
ª Datos para Suiza de 1958
40.000
20.000
0
Bélgica Francia RFA Italia Países Suecia Suiza Reino Estados
Bajos Unido Unidos