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El Choclo

Una mujer regresa a casa agotada por el calor y decide cocinar un choclo gigante que compró. Al prepararlo, descubre que está infestado de insectos, lo que la asusta, pero antes de poder reaccionar, se corta la luz y queda en la oscuridad, donde observa destellos fosforescentes en su mesa. La situación la lleva a una mezcla de sorpresa y temor ante lo desconocido.

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El Choclo

Una mujer regresa a casa agotada por el calor y decide cocinar un choclo gigante que compró. Al prepararlo, descubre que está infestado de insectos, lo que la asusta, pero antes de poder reaccionar, se corta la luz y queda en la oscuridad, donde observa destellos fosforescentes en su mesa. La situación la lleva a una mezcla de sorpresa y temor ante lo desconocido.

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El choclo

Ese día, el calor era abrumador y salía agotada del trabajo. La lluvia
de la tarde había transformado la ciudad en un vaho insoportable. No veía
la hora de llegar a su casa para refrescarse y descansar.
Al pasar por la verdulería de al lado del edificio donde vivía, vio un
cartel que decía "Choclos gigantes de granja agroecológica". No lo dudó ni
un instante: ¡le encantaban los choclos! Eran realmente enormes, y hasta
el verdulero le hizo la broma de que más que agroecológicos parecían
extraterrestres.
Al llegar a su departamento, quiso darse una ducha con agua fría.
Era tan alta la temperatura en el exterior, que el agua de las cañerías salía
caliente. Apenas salió del baño, prendió el ventilador de techo de la
habitación y logró enfriarse un poco.
Decidida a pasar un momento agradable, puso en la olla agua y
cocinó uno de los choclos. Lo tuvo que partir en tres pedazos porque era
enorme. Los dejó hervir solo dos minutos, ese era el tiempo ideal para que
quedaran tiernos y dulces. Los colocó en un plato y los untó con manteca.
Se sirvió una copa de vino blanco bien helado y se sentó dispuesta a
disfrutar de su cena. Tomó el tenedor para pinchar el choclo y vio que un
pequeño insecto se movía entre los granos. Gritó del susto y por instinto
se puso de pie, lista para escapar.
Enseguida se sintió absurda con semejante reacción por ese
minúsculo bichito. Lo tocó con la punta del tenedor y se le volvió a poner
la piel de gallina cuando vio que no era solo uno, sino muchos. Dio un paso
hacia atrás, respiró hondo, trató de calmarse y entender de qué se
trataba. Si ella lo había hervido: ¿cómo podían esos bichitos estar vivos y
moverse con tanta energía?
Buscó el celular; tenía que sacarles una foto. Hizo zoom y los enfocó
con la cámara, y en el momento justo en que estaba por apretar el botón,
escuchó un extraño zumbido. Antes de que pudiera reaccionar, se apagó
el ventilador, la heladera, todas las luces de su casa y del exterior, ¡y
también el celular! Quedó inmersa en un oscuro silencio. Se sintió
asustada y comenzó a buscar alrededor algo de luz. Por la ventana pudo
ver que las luces de la ciudad también se habían ido y las estrellas
resplandecían en lo alto. Y, conteniendo el aliento, vio que sobre su mesa
diminutos destellos fosforescentes danzaban, como si en la oscuridad el
choclo hubiese cobrado vida.

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