MODERNISMO Y MODERNIDAD: LA EVOLUCIÓN DEL MODERNISMO
LITERARIO EN ECUADOR
Anita María Campoverde Cabrera
Especialización en Literatura peruana y latinoamericana
Facultad de Letras y Ciencias Humanas- Universidad Nacional Mayor de San Marcos
[email protected]
a. Sumilla
La asimilación y desarrollo de la modernidad van de la mano con la evolución del
modernismo, por lo que es posible seguir esa ruta desde los precursores del movimiento
hasta el momento de madurez con la Generación decapitada. Las preocupaciones
literarias, los recursos, los estilos e incluso los temas pueden analizarse en paralelismo
con la instauración de la modernización en el país. El propósito central es, por tanto,
analizar la evolución del modernismo en sus dimensiones formales y sociales en la
medida en que se acentúa la nueva experiencia de los ecuatorianos ante la
modernización.
Para ello es necesario comprender primero cuáles son los nexos entre literatura,
modernismo, modernidad y modernización; es decir, indagar en referencias sobre el
contexto que se desarrollaba a fines del siglo XIX e inicios del XX. Posteriormente se
debe reconocer cómo son asumidos los deseos de renovación en los precursores del
movimiento y su aporte a ese propósito en la literatura ecuatoriana. Después se analiza
cómo los primeros autores conscientes y autodenominados modernistas intentan
promover las nuevas ideas, aunque su estilo no acompañe el contenido de su
enunciación y actitud. Finalmente se despliega la consistencia de los decapitados para
aunar en una sola expresión poética la incomodidad y reclamos a la vida moderna junto
con las nuevas formas expresivas trabajadas con suma naturalidad y como proyectos
personales.
Este trabajo participa así en el propósito de extender la comprensión del modernismo
hacia otras épocas y autores poco valorados por la crítica tradicional.
Si se sigue esa postura de análisis, es lo más adecuado renunciar a concepciones
universalistas, incluso regionalistas, y a tratar de encajar en un solo grupo las
periodizaciones del modernismo. Resulta mucho más apropiado —a pesar de lo
polémico que pueda parecer— recurrir a los propios precedentes coetáneos, observar la
cuestión del nacimiento y evolución del modernismo la individualidad de cada autor,
puesto que cada uno tuvo un desarrollo de la estética modernista a su manera, a su
propio ritmo y con sus propios ideales.
Hay, sin embargo, razones profundas que reafirman y revalidan esta manera de
proceder, y dichas razones tienen relación con el contexto de lo que se vivía durante el
desarrollo del modernismo: esto es, el surgimiento, arraigamiento y conflicto de la
modernidad.
b. Palabras clave
Evolución, modernismo, modernidad, literatura, Ecuador
c. Bibliografía
Brunner, J. J. (1992). América Latina: cultura y modernidad. Editorial Grijalbo.
Castillo, H. (1974). Estudios críticos sobre el modernismo. Madrid: Gredos.
De Zubiría Zamper, S. (2022). El debate modernidad y posmodernidad en América
Latina: Un diálogo con sus artífices:: Brunner, García Canclini y Martín-
Barbero. Universidad de los Andes.
Falconí Villagómez, J. A. (1959). Los precursores del modernismo en el Ecuador:
César Borja y Falquez Ampuero. Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana.
Perry, A . (1990). Modernidad y Revolución. Argumentos, 24, 68-88.
c. Introducción
En Ecuador, como en el resto de América Latina, la literatura modernista tuvo que ir a
la par de la modernización de las ciudades y de la nueva experiencia con la que era
vivida este proceso. El modernismo esencialmente nació como un movimiento de
renovación de la literatura, de independencia de las viejas maneras de creación colonial
y romántica. La modernidad, por otra parte, refiere a la experiencia del proceso
socioeconómico de transformación de las ciudades de acuerdo a los nuevos preceptos
del capitalismo. Que ambos procesos hayan convergido en la literatura ecuatoriana de
fines del siglo XIX significa que hubo una transición y evolución doble.
Los escritores que primero intentaron dar paso a nuevos estilos, como Falquez Ampuero
y César Borja, los primeros en traducir a los poetas franceses simbolistas y parnasianos
en el Ecuador, y quienes despuntaron también por su estilo que rompía con la tradición
precedente. En cuanto a la actitud respecto a la modernidad destaca el trabajo de
Joaquín Gallegos del Campo, precursor en posicionar a la literatura frente al nuevo
esquema de modernización. Por último, la evolución del modernismo llega a su
madurez cuando los decapitados unen el estilo renovador y la actitud frente a la
modernidad al mismo tiempo.
f. Temario
I Modernismo y modernidad: la evolución del modernismo literario en
Ecuador
a. Conexiones entre modernismo, modernización y modernidad
b. Los precursores: César Borja y Falquez Ampuero (1887 – 1895)
II La llegada del modernismo y primeros pasos
a. El modernismo como actitud (1886 – 1912)
b. Joaquín Gallegos del Campo
III La consolidación del modernismo: la incomodidad, el fracaso del progreso
(1913 – 1921)
a. Humberto Fierro
b. Arturo Borja
c. Ernesto Noboa y Caamaño
d. Medardo Ángel Silva
IV Conclusiones
g. Desarrollo de dos puntos del temario
Conexiones entre modernismo, modernización y modernidad
Para comprender el análisis poético es fundamental dejar antes claros los rasgos
contextuales de la época en que se desarrolla el modernismo y los límites de este
término. Para el caso específico de América Latina, los procesos sociohistóricos de la
época modernista se asocian de manera indisoluble a tres conceptos clave:
modernización, modernismo y modernidad (De Zubiría Zamper, 2022, p. 61). Al ser
indisolubles, no se puede entender el modernismo sin los otros dos. La modernización
es lo que designa el aspecto específicamente material y puede ser entendida como el
proceso de transformación en las estructuras y aspectos socioeconómicos que aparecen
a fines del siglo XIX y se acrecientan en el XX. El modernismo, al menos en su noción
básica, se refiere especialmente a su dimensión literaria y a su búsqueda de renovación,
de ruptura y de disolución del siglo XIX (Onís, 1934, p. xv). Por último, la modernidad
es el aspecto más difuso en la realidad latinoamericana y corresponde a la experiencia, a
la transformación de la experiencia cotidiana y las formas de sentir debidas a los
cambios en las condiciones históricas que atraviesa la vida de hombres y mujeres entre
los siglos XIX y XX.
Para Perry Anderson (1990, p. 73), la modernidad es el concepto eje porque cumple la
función de mediadora entre la modernización y el modernismo. La modernización se
percibe en lo tangible: a inicios del siglo XIX, en Ecuador es arduo el deseo irrevocable
de las élites de transformar las urbes al estilo de los grandes modelos europeos,
especialmente el caso de París (Hidalgo, 2014, p. 9). A fines del siglo XIX el Ecuador
vivió un impulso económico gracias al crecimiento en la exportación del cacao, y ese
impulso fue aprovechado por las élites gobernantes, en el contexto de la llegada y
arraigo del capitalismo y sus nuevas formas de estructurar la sociedad, para querer
transformar las ciudades según el ideal de las urbes capitalistas modernas: industriales,
burguesas, mercantilizadas, destinadas a la producción y consumo y con una sólida
necesidad de masificación.
Ahora, para Anderson (1990, p. 73), ya citado arriba, la modernidad debe diferenciarse
claramente de la modernización (ese afán de transformación económica-material) y del
modernismo (la expresión cultural, literaria), pues la modernidad constituye la
experiencia cruda, intangible, vivida en carne y hueso por los seres humanos que
experimentan los cambios de la modernización. Y esta diferenciación es clave para
entender el modernismo en tanto que este último es ya la transformación cultural y
artística de esa experiencia o vivencia.
Por esa razón el modernismo es indivisible de la modernización y de la modernidad,
pues constituye la expresión de la experiencia humana en ese contexto específico que
vivió la sociedad del siglo XIX en adelante. También por esa razón el concepto de
modernismo no debe reducirse únicamente a su dimensión literaria, a pesar de que en
América Latina esta haya sido su vía protagonista: también corresponde a todos los
“valores, visiones e ideas que acompañan este proceso de transformaciones, de
expansión socioeconómica y de la experiencia vital que estos producen” (Brunner,
1992, p. 79).
Como se mencionó antes, la modernización es más un proyecto que le interesa a las
élites que ocupan el gobierno y se basa en la rígida concepción de trasladar modelos de
urbes modernas, como París, a la realidad ecuatoriana. Por eso Brunner llama a esta
modernización un proceso artificial. Ahora, lo relevante de ese aspecto es la experiencia
que traerá sobre los individuos que experimentan esos cambios lejanos para su
tradición, donde a la vez que se produce una inevitable transformación de su vida
material surge un cambio económico sin precedentes que en muchos casos llegará a
chocar con las costumbres e historia locales.
Los precursores: César Borja y Falquez Ampuero (1887-1995)
Respecto a los periodos de evolución del movimiento modernista en el Ecuador,
diversos autores han intentado ampliar el lapso desde el cual se puede hablar de una
génesis o de un preludio dentro de las letras ecuatorianas muy anterior al año de 1896,
cuando se puede decir que el movimiento modernista empieza oficialmente en el
Ecuador a través de la revista América modernista. Jorge Carrera Andrade (1967),
Pesántez Rodas (1994) y sobre todo Falconí Villagómez (1959) fueron autores que
hicieron énfasis en este aspecto. En este apartado se analizan dos escritores que son
considerados de manera unánime como precursores de la poesía modernista: César
Borja y Falquez Ampuero.
En la literatura del siglo XIX, en América Latina y especialmente en Ecuador, siempre
estuvieron presentes dos formas estéticas que atraían hacia ellas los talentos literarios de
escritores jóvenes y consagrados: el clasicismo y el romanticismo. A pesar de ser
estéticas opuestas y esencialmente irreconciliables, la literatura ecuatoriana del siglo
XIX dio innumerables casos de cruces entre ambas; autores que no podían excluir a
ninguna de las dos de su escritura y, bien a nivel de estilo o bien a nivel de discurso,
ambas eran evidentes en sus textos. Puede ser uno de los casos más conocidos Juan
Montalvo, pero también sucedía con muchos otros escritores. Dentro de esa dinámica
debe comprenderse la renovación que los precursores de modernismo marcaron respecto
del estilo literario.
La llegada y primeros pasos: el modernismo como actitud (1896-1912)
Joaquín Gallegos del Campo
César Borja y Falquez Ampuero elaboraron gran parte de su producción antes de 1896 1,
eso quiere decir que fue antes de la aparición de la primera revista del modernismo en
Ecuador: América modernista. Por ese aspecto cronológico, por los rezagos del
romanticismo en su poesía y por su predilección mayormente orientada hacia los
parnasianos, es más acertado hablar de ellos como precursores y como introductores de
ciertos elementos de innovación formal y del sentir de la modernidad. Sin embargo, la
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Sus libros fueron publicados después de 1910, pero hay que tomar en consideración que para la
época solo los autores prácticamente consagrados llegaban a publicar en libros. En el caso de César Borja,
por ejemplo, su libro Flores tardías y Joyas ajenas recién salió a la luz al final de su vida.
expresión de la experiencia de la modernidad frustrada es aún muy vaga en ellos y se
presentará de manera mucho más definida en autores como los hermanos Gallegos del
Campo, fundadores de la revista América modernista.
Sin embargo, algo que se puede reprochar justamente a los escritores anteriores a la
década de 1910 son sus inevitables rastros de romanticismo. La estética modernista no
buscaba precisamente oponerse a la corriente romántica, sino que la rechazaba por
resultar ya monótona, repetitiva, agotada, carente de novedad. Los poemas de los
modernistas o de sus precursores, como el caso de muchos textos de César Borja y
Falquez Ampuero, resultaban una especie de descubrimiento cuando eran escuchados
por sus contemporáneos debido a que no replicaban la misma estructura métrica, la
misma rima o los mismos temas del romanticismo, una corriente que ya todos, en
cambio, estaban habituados a oír (Falconí Villagómez, 1959).
En el caso de los primeros partidarios del movimiento, por ejemplo, el caso concreto de
Joaquín Gallegos del Campo, existía ya una conciencia de lo que era el modernismo y
de su búsqueda de renovación. Sin embargo, tanto en él como en los demás escritores
comprendidos entre 1896 y 1910, el modernismo será más adoptado como una actitud,
como ideología y como discurso que como estilo poético. Es decir, el modernismo es un
contenido enunciativo, pero la forma de escribir aún estará bastante anclada al
romanticismo, como en el poema “Redemptio”:
Yo he sentido agitarse en mi cerebro
la fulgurante chispa de la Idea;
algo desconocido e impalpable
que flota de mi mente en las tinieblas;
algo que revelaba misterioso
incomprensible multitud de esencias;
un recuerdo de ambientes de jazmines
evaporado de sedosas trenzas;
una lluvia de besos de la aurora
cuando las rosas tímidas despiertan.
Resulta contradictorio cómo Gallegos del Campo habla de las nuevas ideas a través de
formas de expresión muy anticuadas para su tiempo. Prácticamente todos los versos
recurren a la abstracción y ubican en un plano totalmente inmaterial y subjetivo el tema
del poema. De igual manera en el aspecto temático se hace énfasis en la imaginación
como algo que altera la normalidad del individuo (idea romántica), se exalta lo
desconocido e incluso parece haber una cierta reminiscencia de lo sublime en el sentido
de que la voz poética está expresando una especie de arrobamiento producido por la
imaginación y lo abstracto.
De este poema hay que contraponer de manera obligatoria y rescatar en función de la
estética modernista solo los dos versos que mencionan: “un recuerdo de ambientes de
jazmines / evaporado de sedosas trenzas”. Como ya se anotó, para el modernismo es
fundamental el desarrollo y el protagonismo de lo sensorial mientras que lo subjetivo y
lo abstracto serán en la medida de lo posible excluidos del poema. En ese sentido, los
dos versos mencionados cumplen un rol más cercano a la estética modernista al
describir sensaciones táctiles y visuales.