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Monologos Masculinos

La obra 'Hombre Lobo' de Carlos Cazila narra la vida de Manuel Blanco Romasanta, un asesino serial español que se autodenomina hombre lobo. A través de monólogos, Manuel reflexiona sobre su vida, sus crímenes, su relación con el bosque y la maldición que lo transforma en lobo, mientras se encuentra recluido en prisión. La obra explora temas de soledad, culpa y la búsqueda de justicia en un contexto de sufrimiento y abandono.

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Monologos Masculinos

La obra 'Hombre Lobo' de Carlos Cazila narra la vida de Manuel Blanco Romasanta, un asesino serial español que se autodenomina hombre lobo. A través de monólogos, Manuel reflexiona sobre su vida, sus crímenes, su relación con el bosque y la maldición que lo transforma en lobo, mientras se encuentra recluido en prisión. La obra explora temas de soledad, culpa y la búsqueda de justicia en un contexto de sufrimiento y abandono.

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Cuatro monólogos masculinos: Hombre lobo,


El mundo mágico, Mar tenebroso, El sabio
ignorante.

HOMBRE LOBO

Obra registrada

Autor: Carlos Cazila

[email protected]
[email protected]

+54911-4172-8732 (móvil) +5411-4374-2841


ORIGEN: Argentina

Esta obra se basa en la vida de Manuel Blanco Romasanta, nacido en 1809,


primer asesino serial español y hombre lobo confeso, quien cometía sus
crímenes bajo esta condición y se cobró una notoria cantidad de víctimas,
vendiendo luego sus pertenencias.

La escena se desarrolla en un ámbito en el que hará su exposición. Dicho


ámbito pertenece al presidio donde se encuentra recluído. Podría tratarse
de la capilla. Como elemento fundamental, cuenta con una bolsa de donde
irá extrayendo algunos objetos.
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HOMBRE LOBO. Autor: Carlos Cazila [email protected]

MANUEL: (al comenzar se encuentra desanudando unos hilos que habían


pertenecido a un tejido) Antes que nada quiero agradecerles que estén hoy aquí, y en
primer lugar también quiero aclarar que no puedo dejar de hablar de todo lo que
siento por el bosque. Siempre he cruzado bosques, de un lado a otro, y he tenido
momentos gratos, y otros, no…De los árboles del bosque, el roble es el que más me
atrae, el más fuerte; se sabe que puede vivir mil años y sus hojas guardan formas que
me hacen acordar de los montes (las muestra) Las hojas del roble son las que más
amo y hasta me da placer tocarlas. Tengo mucho para decir acerca del bosque… Una
vez más, les agradezco que hayan venido hasta acá; los guardias dejan que me
exponga ante las miradas, a cambio de unas pocas monedas, para ellos, claro y a mí,
me hace bien hablar. Apartado del mundo en muchas de las prisiones por las que he
pasado, cada vez más lejanas e inciertas, he perdido casi todo contacto humano. Las
prisiones pueden ser los lugares donde la pena es mayor que el delito cometido. Así,
se siente el abandono, rogando que te den algún trabajo forzado como para poder
pasar las horas. En ese silencio peor que la muerte, caen todas las culpas sobre uno
mismo, y a veces en forma de voces que aterran y que llevan a golpear la cabeza
contra los muros hasta quedar sin sentido. Aquí, uno se acostumbra a hablar con
fantasmas y ya no sabe quién está muerto ni quien está vivo. Los guardias son más
criminales que nadie, y también responsables de los tormentos más feroces… A veces
el hambre y la sed nos hacen aullar como nunca, y a todo este castigo le llaman la
“pena del extrañamiento”. Por eso un milagro que los hayan hecho entrar, a no ser
porque con esas pocas monedas, dejo alguna ganancia…Sé que quieren saber de mí,
de cómo se puede llegar a esto. Les digo que si ellos me dejan conservar esta bolsa
con algo mío, no es por piedad, sino para que les muestre a ustedes, que pagan por
verme y escuchar mi historia. Antes, por cargar cosas me han llamado “el hombre de
la bosa”, y hasta con temor. Todavía conservo algo de lo que vendía; sé que algún día
me lo van a robar aquí mismo y por eso tengo más apuro en mostrar. (lo hace) Vean:
este es el manto de una mujer que vivía en la montaña; un día, al pasar por su morada,
se persignó nomás al verme, y es que ella gozaba del poder de la adivinación y dijo
no haber visto a nadie a quien le esperara un destino tan atroz como el mío. Me
ofreció de beber y vi su compasión; yo en agradecimiento le regalé un collar que
había hecho con semillas del bosque. También me dijo que conservara este manto
hasta el fin de mis días. Véanlo, es humilde pero tiene todo el calor de la piedad…Y
además, conservo esta vasija que me dio un carcelero de una lejana prisión. Un día se
acercó a mí y quiso saber todos los secretos del lobo, y es que temía que cayera ese
castigo también sobre él, y yo no tuve más que mentirle, le enseñé a preparar una
poción que le serviría para librarse del acecho. Al poco tiempo me dijo que gracias a
eso ya se sentía seguro y me ofreció beber a mí también. Claro que quiso
envenenarme. ¿De esta forma pagaba por mi ayuda?, pero el que murió fue él. La
vasija, mi trofeo…Nada conservo de mi niñez, sólo me acuerdo de la pobreza, ¿por
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qué no, decir, miseria?, hambre por todos lados, hambre feroz. En mi pueblo de
Orense, se comían hasta las raíces; después que pasó lo de la guerra, no quedó más
que eso… muchos hermanos, tenía… (se detiene a observar un medallón) Guardo
también este colgante, y juro que no lo he robado, lleva esta medalla con el rostro de
mis padres. Lo hizo el mayor de mis hermanos, que tenía las artes del dibujo y
también se daba maña con la orfebrería. Mi madre…no dejo de recordarla como
sumisa. Mi padre le gritaba y la castigaba, entonces ella se refugiaba en alguno de sus
otros hijos, nunca en mí; conmigo todos guardaban la mayor de las distancias, en
tanto que yo trataba de agradarles como pudiera; me preocupé por esmerarme, por
aprender a leer, escribir y todo lo que fuera necesario. Quiero decirles que esto fue
gracias al párroco de la aldea, gracias a él, les decía, fui aprendiendo y hasta comencé
por hacer los trabajos que fueran necesarios, tanto en tareas de mujeres como de
hombres, en la medida en que lo permitiera mi fuerza física, y es que los otros me
tenían que querer, fuese como fuese, pero dentro de mi hogar había algo en mí que no
podían aceptar. Como decía, me refugié en los de afuera, que supieron reconocer mi
simpatía y amor al trabajo, hasta que un mal día, alguien nuevo en la parroquia ganó
mi confianza y se ofreció para acompañarme a buscar leña; yo era incapaz de dudar
de él, pero cuando estuvimos alejados, me acorraló y usó de su fuerza y mi corta
edad, para ultrajarme. Esto fue lo que más daño me hizo y me causó más dolor que la
miseria. Sólo el párroco fue quien me brindó su compasión; hizo una ceremonia ante
el altar y me bendijo, rezó por mí y me pidió que no me olvidara que también existe la
gente noble. Trató de que yo también orara, pero eso es algo que nunca pude, no sé
por qué. El no insistió en eso de que rezara, pero no me pudo disuadir de mis deseos
de matar algún día a aquél que me hizo tanto mal y que finalmente se escabulló sin
que se supiera dónde… (se desplaza) Del bosque también rescato la hierba. La hierba
es una bendición que brota de la tierra, una vez que ha vuelto la primavera; la hierba
convierte al suelo en un lecho suave, sobre el cual es posible tenderse y dormir. Sus
flores pequeñas y su aroma ennoblecen el alma… (transición) Sin duda, el desapego
de mi familia, en gran parte tenía que ver con una maldición que pesaba sobre mí,
porque bien sabido era que una bruja me había condenado a que me convirtiera en
lobo, para coronación de mi desgracia. ¿Por qué a mí, si en realidad se trataba de
pagar la culpa de otros?, ¿por qué ser presa de un cruel designio ajeno? (mira,
imaginando el cielo) Según se sabe, bajo el influjo de la luna, uno puede convertirse
en sanador, o en hombre lobo. El sanador es aquél que lleva la paz y la salud a la
gente. A mí me tocó lo peor…La luna, la maldita luna, ahí, quieta, parece siempre
callada. Siempre callada, la luna llena, la luna que guía al caminante, la luna que
enamora a los seres que se amparan bajo su brillo…Ese brillo puede hacerse intenso,
blanco y enceguecedor, más filoso que un puñal que hiere el alma. ¡Maldita y adorada
luna!… El conjuro había caído antes que en mí, sobre mi pobre tío Ramón. Se decía
que por las noches, solía salir de la casa, y perderse. El, jamás quiso explicar nada de
sus desapariciones, pero una vez le seguí hacia el interior del bosque (se desplaza)…
Allí, en una cueva tenebrosa lo descubrí hecho bestia sobrenatural…. Yo sentía horror
por los lobos, ya que yo nunca podría dañar animales. Hasta entonces no toleraba, ni
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podía imaginar ver la sangre de los desvalidos bajo esas garras, y es que los
desvalidos son los más castigados… El bosque siempre me atrajo por sus pájaros…
salía a mirar sus colores y a escuchar sus cantos, todos los animales del bosque me
enternecían… (transición) La primera vez que me transformé fue en la montaña de
Ceuta. Me encontré ahí con dos lobos grandes, de aspecto extraño y marcadamente
feroz. De pronto, me caí al suelo, comencé a sentir convulsiones, me revolqué tres
veces sin control y en pocos instantes, yo mismo era un lobo, y a tal punto que estuve
así, seis días merodeando con los otros, hasta que volví a recuperar mi cuerpo, este
que ustedes ven. Anduve merodeando junto a ellos, decía, y ahí se hizo carne en mí,
la furia asesina. Al cabo de un par de días, esos dos, de lobos también volvieron a
convertirse en humanos. Eran valencianos. Uno se llamaba Antonio, y el otro don
Genaro; ambos sufrían una maldición igual a la mía. De esas primeras salidas terminé
por entender los instintos asesinos que en mí se estaban desatando, y toda esa
transformación que se había apoderado de mí, que me pedía que llevara a cabo mis
crímenes. Los otros dos me convencieron de que tenía que ser así, que la maldición
era irrefrenable pero que luego de algunos años sería otra vez libre, y tras de esa
esperanza fue como desistí de mis primeros intentos por quitarme la vida. Me fui del
pueblo, siempre he sido peregrino de pueblo en pueblo, siempre atravesando
bosques… Volviendo al roble, dicen que bajo su copa, los antiguos hacían justicia, y
yo sentía que necesitaba justicia por todo lo que estaba viviendo…(transición) En
Soutelo pude conocer a Francisca, la que fue mi primera mujer; ella era pequeñita,
algo temerosa, sus cabellos rojizos y recogidos. Ambos éramos muy jóvenes y
comenzamos por mirarnos de soslayo. Una mañana la seguí a la misa, y así fuimos
hablando. Desde un primer momento supe que ella consentiría mi presencia, nos
hicimos novios y después nos casamos. Pasábamos en el hogar, la mayor parte del
tiempo, en silencio. Hacíamos trabajos de costura, también tejidos, y con ella logré
sentir la calma, fueron tiempos de paz, hasta que un día, otro maldito día, ella cayó en
una fiebre que quemaba. Traté de hacer todo lo pude, pero ni yo, ni médicos ni
curanderos pudimos nada, y fue así que la perdí para siempre. Una tarde negra, y con
gran dolor la despedí en el cementerio de la comarca. Eso fue lo que terminó por
quebrar mi vida, y a partir de ahí me hice errante, me eché otra vez al monte, crucé
cerros y lagos, vendiendo baratijas por los pueblos, vendiendo, vendiendo,
ofreciendo: “Cómpreme usted, por pocas monedas, cómpreme bellezas pequeñas,
perfumes y alhajas, a precio tan regalado como nadie enseña, ¡compre usted! ¿nadie
quiere comprarme?”... Conocí todos los caminos, compraba y vendía, y así, un día
me vi en una deuda que no podía pagar. En consecuencia, el alguacil de León me
salió al encuentro porque quería embargarme los pocos bienes que eran mi mercancía.
“No sea usted injusto”, traté de rogaarle. “Sepa usted lo que es mi pobre oficio y lo
que me cuesta ganarme la vida, ¿de qué viviré sin esto?” “Además, me han hecho
contraer esta deuda a través de un engaño, considere usted, entonces!” El parecía
escucharme, pero se justificaba diciendo que tenía que cumplir con su mandato, no
obstante, fuimos tomando confianza y aceptó tomar unas copas conmigo. Salimos a lo
largo del camino, reímos y bebimos. Hasta anduvimos por el monte. Y así estábamos,
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ya entrada la noche, cuando se produjo algo alucinante, y es que a lo lejos, de entre


las sombras empezó a notarse una tenue luz que provenía de unas velas. Se trataba de
una procesión, que cuando estuvo más cerca se pudo ver a un grupo de encapuchados
que vestían de blanco llevando una cruz. “¡La Santa Compaña!”, grité. Aquél hombre
no sabía, y entonces le expliqué que la Santa Compaña es una procesión de almas en
pena que vienen a anunciar la muerte de quien se les cruce. El huyó aterrado y yo,
apenas pude salvar mi vida trazando una cruz sobre el suelo y colocándome sobre
ella… Después, nada supe de ese alguacil, hasta que apareció su cuerpo muerto y
destrozado. Esto generó gran revuelo en la comarca. En la investigación, su viuda
declaró habernos visto juntos poco antes de la desaparición, cosa que no pudo ser
afirmada por nadie más, y con este argumento pude defenderme, pero mi mala suerte
terció como para que también declarara la tabernera, mujer que nunca me quiso, quien
confirmó los hechos, y si bien apareció un papel que decía que la deuda ya estaba
saldada, me condenaron a diez años, pero yo ya me había ocultado en un paradero
lejano…(transición) El canto del ruiseñor es uno de los más bellos que he conocido,
lo acompaña a uno tanto de día como de noche, cuando la dicha del amor hace trinar a
las aves…El jilguero también me brindó su voz. Es un ave migrante, aún más
migrante que yo…¡Y los pinzones, y los mirlos, dueños de los aires del bosque…!
Conseguí por fin, establecerme en otro lugar, donde asimismo, me empeñé en
hacerme querer por la gente que allí vivía. También fue un párroco quien me brindó
albergue y yo me empeñé en ayudarle en las tareas que fueran necesarias, tales como
convocar feligreses, tañer las campanas… (realiza el movimiento y cree oírlas) Ese
sonar de campanas producía tal exaltación en mí, que no puedo explicar, ¡me sentía
volar y volar, junto con ellas! La gente del poblado comenzó a verme como a un
hombre bueno, afable, y amigo. Así, además de vender, me prodigué en todo tipo de
tareas, ya sea en la labranza o con el ganado, y hasta ayudaba a las mujeres en
algunos trabajos de fuerza, como ser acarrear el agua, y también en otros muy
distintos, de costura y de hilandería. Aunque estas eran ocupaciones propias de ellas,
¿no era mejor que se me viera con apariencia algo afeminada más que como criminal?
Y como sabía leer y escribir, fui necesario a muchos. Así logro un estrecho contacto
con la familia García Blanco. Familia numerosa, de muchas hermanas. La primera
que me cautivó con su mirada, fue Manuela, una de ellas, que me llevaba diez años y
tenía una hija de soltera. Era algo más alta, pero espigada, y lo cierto es que me
hechizaban sus grandes ojos azules. Me hizo saber de su vida en infortunio, al sentirse
sola y teniendo que trabajar duro para sobrevivir. Supe escucharla y le hablé de que
sin duda se merecía un futuro mejor y que estaba seguro de que yo podría ayudarla a
conseguirlo. Sólo se trataba de afincarse en un lugar más próspero, y por eso logré
convencerla de vender unas pocas cosas que tenía, que sólo le proporcionaban un
pasar muy estrecho. Esto encendió la luz de la esperanza en ella, y luego que hubo
vendido, le dije de viajar a Cantabria, y así, juntos, nos veríamos coronados por un
buen pasar. Ella lo aceptó, pero estando la niña de por medio, decidí que hiciéramos
dos viajes, uno con Manuela primero, y otro luego, con la joven Petra. De ese
segundo viaje con la niña, regresé tan sólo un día después; en realidad era muy poco
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tiempo, si se considera la distancia real, y también hubo alguien que dijo haberme
visto vagar solo, pero afortunadamente esto no llegó a alarmar a esa gente, a quienes
les dije haber conseguido un buen trabajo para las dos, en el seno de una familia
honrada; entonces se alegraron, a tal extremo de emocionarse, y concluyeron con que
yo era un emisario que Dios les había enviado para traerles fortuna…(transición)
Recuerdo el color de la malva florecida, ese color me eleva el alma; en un impulso fui
capaz de juntar un ramo de ellas y se lo ofrecí a Antonia, mujer cercana a la familia,
de quien me conmovían su dulzura, y su espíritu calmo. A poco de tratarnos, ya
sabíamos que éramos el uno para el otro, y tanto así, que planeamos casarnos.
Entonces pensé en un lugar ventajoso y se me ocurrió Castilla, ¿por qué no? Le hablé
de establecernos ahí, donde la dicha sería aun mayor para los dos y también la
convencí de que se deshiciera sus bienes. Antonia me confesó que la felicidad había
vuelto a renacer en su vida, luego de haberse quedado también sola con una criatura.
El domingo de Ramos marchamos con la pequeña de tres años bajo la cálida brisa y el
canto de las aves, esta vez con sus mejores trinos y colores. Al regreso de este viaje
encantado, tomé posesión de su casa, algo apartada de las demás. A quiénes me
preguntaban, les respondía que Antonia había quedado sirviendo a señoras pudientes
y que yo pronto iría a su encuentro… Ahora recuerdo que en el bosque, al volver,
padecí el terrible momento de encontrarme una vez más con la maldita procesión de
ánimas. Esta vez la luz de sus velas era aún más intensa y venían con cánticos que
parecían brotar del fondo de los mismísimos infiernos. Me sentí obnubilado, traté de
sacar fuerzas de donde pude y apenas logré sobrevivir, poniendo frente a ellos, la cruz
que había sido de Antonia. Pude regresar, así, dueño de mi alma, pero con el paso del
tiempo, hubo quienes se extrañaban al no recibir ninguna visita ni noticias de ella. La
más recelosa fue la hermana mayor. A esta mujer, anteriormente, le había regalado
unas ramas de muérdago (las extrae de entre su ropa), y le expliqué que quienes
acariciaran esas hojas quedarían ligados para siempre. El muérdago es la planta del
amor, y quería que la aceptara entre sus manos. Yo sentía en ella, todo el encanto de
las otras, pero, esquiva, se negaba a escuchar mis palabras, siendo que le había
dedicado quizá demasiado y la había ayudado hasta en coser sus ropas, tras lo cual me
respondió que con unas monedas me diera por pagado. Nunca quiso saber de vender
lo suyo y dijo que jamás se desprendería de nada, por lo cual terminé por aceptar su
rechazo… (transición) El canto del jilguero siempre me atrajo en sobremanera. Cierta
vez encontré a uno de ellos tendido, merced de animales que pudieran apresarlo,
entonces me apiadé de él y lo llevé conmigo. Era hermoso escucharlo. Me complacía
con su canto, pero tenerlo en una jaula no era vida para él y lo dejé partir nuevamente
al bosque… Volviendo a las mujeres, la opción que me quedaba era intentar con
Josefa García Blanco, tan bella y agradable como las otras, y los dos iniciamos una
hermosa relación; ella contaba con cincuenta años y en su historia, un hijo de padre
desconocido. También me trasmitía su desprotección, necesitaba un hombre a su lado,
pero no obstante, poco a poco comenzó a manifestar cierta reticencia, sin duda, luego
de escuchar el recelo de la mayor. Por este motivo necesité que tuviera plena
confianza en mí, y le enseñé una carta que dije haber recibido de sus hermanas. Con
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esto logré convencerla de emprender la partida. Ella aceptó mi plan que consistía en
que en un comienzo, yo trasladaría sólo a su hijo de diez años. Así fue, y luego del
viaje, regresé con el relato de que el pequeño decía encontrarse bien y en compañía de
sus tías. A partir de esto, Josefa no tuvo más dudas y el día de año nuevo, salió
conmigo rumbo a Santander, sin importarle atravesar el frío de los senderos, sólo con
el afán de encontrar a su niño e iniciar una nueva vida…(transición) De los pinares
admiro su condición de no perder nunca sus hojas, que son como agujas capaces de
luchar contra el viento y defenderse de las inclemencias. Los pinos, recios, allá arriba
saben mantenerse en pie, siempre en su verde …Después, como siempre, regresé al
lugar, pero esta vez el destino se empeñó en depararme una nueva y desagradable
sorpresa cuando supe que la hermana que quedó fue advertida de que yo andaba
vendiendo prendas y otros valores de sus familiares ausentes, y ahí entonces surgen
dudas acerca de que yo las pudiese haber robado. Eran acusaciones graves, ¿qué
podría hacer entonces? Lo primero que se me ocurrió, para disipar sospechas, fue
difundir noticias falsas y volví a redactar más cartas. (busca entre sus cosas. Lee) “Mi
más querida hermana, me alegro de que al recibo de ésta, te halles en la más completa
salud; la nuestra, gracias a Dios, es maravillosa y pronto sabrás más. Al momento,
nos hemos desprendido de ciertas cosas que no necesitábamos, y aquí todo parece tan
venturoso que bien quisiéramos tenerte entre nosotros…” Esto tranquilizó los ánimos,
pero mi necia tentación de seguir vendiendo, llevó a que se produjera lo inevitable, y
es que esta vez, un lugareño también reconoció valores de un familiar desaparecido,
que se encontraban en poder una vecina. Ella declaró haberme comprado esas cosas a
mí, y esto aumentó las sospechas acerca de la serie de extrañas ausencias. Entonces,
comenzaron a abundar los otros ambulantes, los pregoneros de injurias, esos que se
ganan la vida llevando cuentos de un pueblo a otro, (se desplaza imitándolos)…con
carteles infames donde contaban las historias más atroces. Yo pensaba en cómo
hacerlos callar, y esto se había convertido en una obsesión que me enloquecía. Pensé
en cazarlos del cuello a uno por uno, pero se lanzó una nueva orden de captura y una
vez más, volvieron a perseguirme. Para mí, no significaba nada nuevo, ya que
siempre he vivido huyendo, aunque esta vez, ayudado por el párroco; él creía
fervientemente en mi inocencia, y fue así que me aconsejó esconderme, y más aun,
me brindó los medios, ¡al bosque, una vez más entonces!..(transición) En mis ojos
perdura con fijeza el color de los sicomoros. Sus hojas, a veces se vuelven de un color
dorado intenso, otras veces rojas, como el color de la sangre… Huía de Reboredo tras
la persecución de todo un pueblo y de la guardia civil, y es así como alcanzo a llegar a
Villariño luego de haber conseguido un documento falso, dejando atrás todo rastro,
volviendo en mí la tranquilidad y nuevamente de aldea en aldea, pero la desgracia
esta vez quiso que en Toledo me vieran tres vecinos de mi pueblo que iban a realizar
el trabajo de la siega junto conmigo. Entonces, fui irremediablemente apresado y ya,
en la jefatura, niego fervientemente ser el asesino y defiendo a ultranza mi falsa
identidad, pero esta vez, entre mis cosas se hallaron las cartas que los desaparecidos
aparentemente habían escrito, y que había redactado yo mismo. También relojes,
sortijas y hasta un calendario lunar, tan atado que seguía a la Luna. Por todo esto fui
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trasladado a Galicia y fehacientemente reconocido, por lo cual no me quedó más que


confesar mi verdadera identidad…A partir de ahí, caí en un juicio que duró años. Los
médicos que me examinaron, me describieron como alguien que podía parecer un
rudo hombre de campo, altivo y violento, al mismo tiempo que una persona dulce y
serena, y concluyeron finalmente que estaban frente a un sujeto normal, alejado de
todo prototipo asesino, incapaz de cometer los crímenes que se me atribuían, Mi
defensor también argumentó que no había evidencias concretas como para
incriminarme, pero para sorpresa de todos, la acusación más contundente no provino
del pueblo ni de los allegados, sino de mí mismo. Y fue que me puse de pie y grité
con fuerza “¡Señoría toda la culpa la tiene la maldición que me ha convertido en lobo!
¡Me viene acechando desde un lejano día, y aún no la he podido arrancar de mí
mismo, por más que lo he intentado con todas mis fuerzas!” Me acusé de la muerte de
trece, aunque sólo me imputaron nueve. El resto eran cuatro que fueron hallados en
los bosques, atacados por lobos, y que ellos no creyeron que eran míos. En realidad,
no sé si fui yo. Ni yo sé cuántos fueron. ¡Admití mi culpa! No sólo mi culpa.
Reconoci haber estrangulado, y flagelado la carne de esos indefensos, no habiéndome
provisto de arma alguna, pues al convertirme en lobo, les desgarraba con las uñas y
dientes hasta que sólo quedaban los huesos, después de haber comido la carne, y todo
en medio de un hambre feroz. ¡A consecuencia de una maldición! ¡Consecuencia de
una maldición, digo!... ¡por lo tanto, no me considero culpable, sino maldito!.. y
quiero que entiendan que por eso, para mí representa un alivio, haber sido apresado.
(transición) “¡Proceso al demonio, proceso a la bestia!”, clamaban todas las voces y
por todos lados se publicaron carteles “¡Al lobo!” “¡Maténle, maten al lobo”! Declaré
que el hecho de convertirme en animal, hacía que brotaran mis instintos criminales.
Incluso brindé los datos precisos de dónde hallar las pruebas, y yo mismo los
acompañé al bosque para buscar palmo a palmo, y tan sólo se encontraron unos
pobres restos que no servían para probar nada, pero sólo esto les bastó para
condenarme, como yo bien quería. El juez llegó a pedirme que para creer en lo que
decía, me convirtiera en lobo ahí mismo, y lo intenté, mas no pude. En esa ocasión no
se hizo presente el influjo de la luna. Y después de dos mil setecientas páginas,
pudieron concluir el expediente y finalmente se me sentenciaba, pero las noticias del
juicio llegaron hasta lejanos parajes de Argelia, donde fueron leídas por un
catedrático, experto en los misterios de la mente, famoso él, por exaltar los métodos
de la hipnosis. Este profesor llegó a escribirle incluso a la reina, diciéndole que él
podría devolverme la salud, y explicándole que mediante el hipnotismo lograría
convencerme de que todo eso del lobo no había sido más una alucinación mía, ya que
soy ferviente creyente de la migración de las almas, de que el alma de un hombre
puede pasar a otro, incluso a un animal, y que bajo el influjo de la hipnosis, podría
liberarme. ¡Qué extraño me resultaba todo eso!... En el juzgado habían dictaminado
que no soy loco, ni imbécil, ni maníaco, y que en cambio, soy perverso, frío y sereno,
pero la reina Isabel leyó la carta del hipnotizador y se interesó por lo que proponía.
Sabido es que la reina se fascina por todo lo sobrenatural, el espiritismo y el
ocultismo, que asiste a sesiones de mesas giratorias y contactos con los seres del más
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allá. Su interés por todo lo que estuviera fuera de lo común logró que desde la holgura
de su palacio, y tan alejada de nuestra miseria, se prestase a interceder, declarando
que lo hacía motivada por la Ciencia…Nunca llegué a conocer al catedrático, pero
ella logró librarme de la muerte, porque el tribunal me había sentenciado a la pena del
“garrote vil”, que consiste en que te agarran, después te atan y te retuercen el cuello
con un torniquete, para hacerte saltar las vértebras… ¡Ella rebajó mi pena! La
audiencia y la fiscalía, indignados, escucharon el cambio de resolución, y todos
gritaban “¿Qué importancia tiene este condenado para Su Majestad, como para que
se cometa una injusticia tan atroz?... Finalmente, las voces se fueron callando, pero
empezó mi otro deambular, esta vez de celda en celda cada, vez más sórdida,
condenado a cadena perpetua, en esas prisiones de la peor calaña. Siempre las penas
son para los desvalidos.,,(transición) ¡El sol!¡Si pudiera ver el sol! (lo busca en la
imaginación)… Si pudiera volver a ver los montes, el color de los sicomoros…Si
pudiera sentir otra vez el perfume de la manzanilla, el verdor de las moras… Pero la
providencia también ha querido que se acerquen hasta acá, buenas gentes, que se han
persignado y que han implorado: (lee) “Encomiéndate a Dios y a Santa María y a su
hijo precioso que de ella proviene y a San Salvador y a los ángeles treinta y siete. Que
Dios líbrenos por siempre de alimaña y de serpe y que tu alma salve eternamente”. Y
lo que me ha servido en realidad, es escuchar voces presentes, porque de lo contrario,
en la noche se vuelven alucinaciones…(se cubre) Algunos se acercan hasta acá
porque los recibo con este paño sobre mí, y vestidos largos que he cosido. Dicen
también que quieren ver también mis senos abultados, y algo de razón han de tener
porque cuando nací me bautizaron como hembra… con el nombre de Manuela. He
sido Manuela en mis primeros años, hasta que decidieron que era más hombre que
mujer. Yo mismo lo he decidido, aunque siempre notaron en mí, rasgos afeminados y
me han visto realizar tareas tanto hombre como de mujer. A causa de esto se debió
seguramente el menosprecio de mi familia y por eso debí acercarme a los demás con
mi mayor gentileza, pero por dentro…el instinto asesino empezó a tallar. El hambre,
la miseria, hicieron también lo suyo, y pasó todo eso, de lo cual hoy me arrepiento y
pido a todos, perdón, perdón por todo lo que viví, perdón por mi destino. De lo único
que no me arrepiento es de haber dado muerte a quién me forzó a temprana
edad…Por lo demás, nunca logré ponerme a rezar, decía, pero aquí dentro, si ustedes
me ayudan, sé que podré…Ahora que la maldición ya no cuenta, ¿hay alguien que
quiera ayudarme?¿Nadie quiere ayudarme? ¡Ayudenme por favor, ayúdenme a
rezar!: “Padre nuestro que estás en los cielos, alabado y santificado sea tu
nombre…(su oración se va haciendo cada vez más apagada, en tanto acerca
lentamente la vasija hacia su boca) APAGON
FINAL, 2024 AUTOR: CARLOS CAZILA

[email protected] [email protected]

+54911-4172-8732 (móvil) +5411-374-2841 ORIGEN: ARGENTINA


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EL MUNDO MAGICO

(MONOLOGO)

Obra registrada

Autor: Carlos Cazila


[email protected]
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ORIGEN: Argentina

Personajes:
Él. (Entra en escena vendiendo diarios, en el ámbito de una plaza.
Un banco en el centro, una estatua a un costado.

Él: Diarios...últimas noticas, diarios...¡diarios!...¿nadie quiere comprar


un diario?... Y con razón. ¿Saben? A veces veo tanta gente trastornada
por lo que pasó, por lo que pasa o lo que va a pasar, -que en definitiva
es lo mismo-, que me pregunto por qué… Resulta que...¿les puedo
contar? Yo, desde siempre pensé que las cosas que tienen que pasar,
van a pasar de cualquier manera, por más que nos preocupemos y nos
hagamos mil planteos. Y no es que haya algo escrito, ni en la vida, ni
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en los diarios, ni en ningún lado. Yo creo que... y no se rían, no... yo


creo que hay que pensar en lo que llevamos adentro, en ese algo
mágico que no conocemos pero que es lo único, que hay que creer en
eso que tenemos, que es lo que nos va a salvar...¿Para qué
preocuparse, entonces, para qué? Toda la vida me acompañó este
pensamiento, que si bien muchas veces fue un aliciente para mí, otras
tantas, dio lugar a que me ignoraran los que decían que lo mío era nada
más que sentarme a esperar... (A la estatua) Así, como vos, estatua,
que te hiciste de piedra de esperar quién sabe qué, o aquel banco que
espera llenarse de palomas. Pero el mundo mágico no es eso. El
mundo mágico me dice que vos (A la estatua), vas a poder caminar
algún día y que la fuente va a volver a tener agua,
y las palomas, entonces...Entonces nos vamos a olvidar de la
ansiedad (Transición)...Ansiedad...Nos fundíamos estudiando para los
finales. ¡Los exámenes finales! ¿Los finales de qué? Los finales de la
carrera, ¿Carrera hacia dónde?...¡A apurarse, que hay que alcanzar la
meta! No sé qué meta había que alcanzar. La cuestión es que nos
pasábamos dos ó tres días tragando libros, empastillados hasta las
orejas, claro, ¿si no cómo? Aníbal repasaba conmigo y yo pensaba
en… Alma. Aníbal leía a toda máquina, y yo, en esas, me iba, viajaba
a no sé dónde, entonces, de un golpe de libro, él me bajaba a la
realidad. “Pensá que en dos días, vamos a festejar”, me decía. ¡En dos
días tan sólo, en dos días interminables, íbamos a ser felices! ¡Esfuerzo
por retener datos y cifras! ¡Examen de números y memoria!... Alma,
en cambio, frecuentaba algo diferente, ella había elegido otro mundo,
un mundo que tenía que ver con el arte… y Aníbal me tenía a librazo
limpio. Estudiaba conmigo porque parece que yo era más inteligente,
pero más vago, según decían. En esos días, él había empezado a salir
con una chica que Alma le presentó. Salíamos todos juntos. Alma,
aunque convocada por el arte, también era de las que querían que yo
tuviera un título, así como también mi madre, mi santa madre, y mi
padre...Bueno, de mi padre, mejor no hablar, porque no sé si quería o
no quería, en realidad, creo que nadie quería nada, aunque era yo, el
que pensaba que sí...Aníbal, como dije, siempre me empujaba, pero no
sólo con los libros. Como gran amigo que era, me alentaba en todo .
“¡Hay que desintoxicarse!”, también decía. “¡Todo el trabajo que
hacemos memorizando estos malditos nombres y números y más
números, por supuesto, contamina las neuronas!” “¡Hay que
entrenar!” “¡Correr!” “¡Correr!” “¡Correr!” “¡ Cien, doscientos,
cuatrocientos metros más!”...¡Querido Aníbal, no rompas más las
bolas!... (A la estatua) ¿Qué pasaría, si yo, al igual que vos, estatua...?
No, eso nunca, una estatua, nunca...¿Vos no esperás nada, no? No,
claro que no. Y ese fue siempre el miedo: No esperar nada. Por eso
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hice tantas cosas en la vida...¡Hice! ¡hice!...¡Diarios!...noticas,


diarios...(transición) El día del examen, estábamos Aníbal y yo,
trajeados, pálidos, con las ojeras hasta los pies. ¡Dos noches sin
dormir! Era un veintitrés de diciembre. Mi madre me dijo que no iba a
armar el árbol hasta que yo no rindiera: Doble cargo de conciencia…
Examen final, era el último examen final. Frente a la mesa
examinadora, una tómbola, atrás, el profesor, y en el momento de
sacar las bolillas, se me cayeron todas. Se rompió la tómbola...¡No
terminaba nunca de juntar bolillas!... Después se armó la timba otra
vez, puse a girar, y ¡bingo!, salió el trece. ¡El trece! El número que
siempre me trajo suerte. Entonces, me despreocupé y empecé a hablar.
Aníbal, como rezando, esperaba su turno. Arriba, a un costado,
asomada en una ventana, descubro a Alma, espiando. Al profesor se lo
veía aun más demacrado que yo; en realidad, no sé si me escuchaba,
pero yo tampoco sé qué le decía. Me pidió que hable de otra cosa, y
ahí, nomás, me cuelgo y me da por pensar en el arbolito de navidad,
¡Se me ocurrió acordarme de esas cosas de colores, de esas cosas que
brillan, y me bajé a los cinco años. De pronto me di cuenta de que
estaba desvariando; miro hacia la ventana: Alma rezaba. Yo le había
pedido que si aprobaba, no hubiera nada de harina ni huevos a la
salida, pero entré como en una nube y después vi los ojos
desconcertados del profesor, aunque había algo que me decía que él
también se había bajado de la realidad. “¿Y?”, me preguntó. Le pedí si
me podía repetir, y él, entonces, no alcanzó a recordar ninguna
pregunta y empezó a divagar también, me parece que algo del mundo
mágico lo había tocado, y cuando menos lo esperaba, me dijo: “Está
muy bien, vaya.” A la salida, Alma. Sentí su calor, la besé y le dije
“¡Por fin!¡Salgamos de acá!” “¿No vas a esperar a Aníbal?”, me
preguntó. ¡Cierto, Aníbal!, ¿cómo pude olvidarme de Aníbal? ¡Casi
paso por ingrato! ”Lo que vos necesitás, es un poco de descanso”, me
dijo. “¡Eso, eso mismo, Alma, te necesito a vos!”… “¿Y de tu vieja,
también te pensás olvidar?”, me preguntó. ¡Mi vieja, claro mi vieja! La
llamé y me contó que se había sentido segura y que el arbolito ya
estaba armado, y entonces, me recosté en los brazos de Alma. Fue un
momento feliz en mi vida… De lo que pasó después, no sé nada,
porque el efecto de las anfetas me bajó de golpe y habré dormido
como tres días. Sólo me acuerdo de la sonrisa de Alma...Alma, dulce
ser, hada buena...Como ya dije, empeñada en un futuro artístico...
(Transición) Le duró poco. Después de unos breves enchastres sobre
unas telas, decidió que lo mejor era administrar la empresa de su
padre. Alma se enfundó en traje sastre, corbata y anteojos, y a mí me
nombró...ordenanza. “Es importante que puedas crecer y servir de
algo”, me decía. “¿Quién te va a tomar con un título de especialista en
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insectos?” No sólo en insectos, le dije, también sé los nombres de


cuanta planta se te ocurra, de todos los árboles también...” Vegetal, eso
es lo que sos”, me contestó, y no recuerdo que fuera con amor, bueno,
a veces, sí, cuando se ponía tierna ¿Se volvía tierna alguna vez? Con
toda seguridad, que sí. Era una mujer única. Nunca se me ocurrió
dudarlo, y cuando dudaba, ahí estaba Aníbal, que me decía: “¡Boludo,
con Alma te sacaste la grande!” Y todos los demás repetían a coro
“¡Alma es única!” Seguramente era cierto, pero claro, había que
soportar la forma en que me degradaba “¡Porque te quiero, te
aporreo!”, decía. Me recriminaba mi “falta de espíritu de lucha”, y yo
trataba de explicarle que había cosas que.... y ahí nomás, me tapaba la
boca y me comparaba con Aníbal. ¿Qué tengo que ver con Aníbal, le
decía? “¡No estás ni a la altura de tus amigos! “¡Aníbal está creciendo,
está desarrollando negocios!”, y yo tenía que ver, desde la vereda de
enfrente cómo Aníbal fundaba negocios y cómo los fundía, con tal de
crecer. ¡Un hombre de empresa!, en la vereda de enfrente, claro. Y yo,
del otro lado, con Alma, que me decía que había que cruzar la calle, y
algo de eso, pasó (transición)… Alma organizaba cenas. Cenas de
amigos, para tratar de expandirse con gente influyente; por supuesto
que ahí siempre estaban Aníbal y su novia, convertida en empresaria.
Entonces se produjo lo inevitable: Había que cruzar la calle, sí. Alma
cruzó a la otra vereda y se casó con Aníbal. Pero esto no significó
ningún fracaso para mí. Alma no me entendía demasiado, Aníbal
merecía una mujer así, y yo, merecía sacármelos de encima a los dos.
No. No quise ningún dinero de ella. Y supe decir basta...Después,
hubo magia. Fue en esta plaza, cuando pusieron la calesita...(A la
estatua) ¿Te acordás? La vi girar por primera vez y vi los chicos en sus
caballitos, que querían sacar la sortija y dije: ¡Esto es magia! ¡Cómo
me gustaría subir! Pero tamaño grandote, jamás tendría derecho a una
cosa así, entonces, invité a todos los chicos que pasaban, para verlos
dar vueltas...(A la estatua) ¿Te acordás?...(Transición) Gregoria es la
dueña de la pensión en donde vivo. Es otra mujer adorable. Claro está,
cuida sus intereses. Siempre me pide que pague y en eso estaba hoy,
cuando se dio cuenta de que yo tenía fiebre. Una fiebre de esas que
hacen volar. Yo quería explicarle qué es el mundo mágico, y ella me
contestó que había entendido, pero que me vaya acostar y que después,
sin falta, le pague. En una de esas, escucho que golpean en la puerta, y
Gregoria me avisa: “Su señora quiere verlo”. ¿Señora? ¿Alma, mi
señora? No sé cómo la dejó pasar. Alma entró muy seria y decidida.
Me dijo que se había arrepentido, que Aníbal ahora estaba libre, pero
había caído preso varias veces y que venía a pedirme perdón.
“¡Gregoria!, sáquela de aquí, ¿cómo hace entrar a esta gente?” Y
Gregoria me preguntó qué hacía con los otros. ¿Los otros? Entonces
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pasaron mi madre, mi padre, y hasta el mismo Aníbal. Mi madre me


pedía perdón en nombre de mi padre, que no decía una palabra, y
Aníbal...quería que le saliera de socio en no sé que...Cuando desperté,
Gregoria opinó que yo había hecho bien en echarlos ¡Entonces no fue
un sueño, entonces fue el mundo mágico! Le agradecí mil veces y
salgo a trabajar, pero antes, Gregoria me dijo que había conseguido lo
que yo había pedido ¿Lo que yo había pedido?... “¡Mire!”, me
contestó, y me regaló un arbolito de navidad, chiquito, con cositas de
colores, que había armado; entonces, casi me pongo a llorar y ahí
nomás, agradecido, le di todo el dinero que tenía...Diarios...Diarios,
noticias, diarios…(sale lentamente)

FINAL
(2011)

AUTOR: Carlos Cazila


[email protected]
[email protected]

+54911-4172-8732 (móvil) +5411-4374-2841

ORIGEN: Argentina

(En la página siguiente se incluye el monólogo “Mar

Tenebroso”)
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MAR TENEBROSO

Obra registrada

Autor: Carlos Cazila


[email protected]
[email protected]

+54911-4172-8732 (móvil) +5411-4374-2841 (de línea)

ORIGEN: ARGENTINA

Protagonista:
Cristóbal Colón

La escena corresponde al ámbito del protagonista. Como


relevantes, merecen mencionarse la cabeza de una india y
un ave exótica, similar a un papagayo de variados colores,
que cuelgan en ambos extremos de la parte superior.

Cristóbal Colón: (Entra apresurado) ¡¿Viento a favor?!


¡¿Viento a favor!? ¡Desaten velas!...¿Viento a favor? (Se
moja el índice y lo expone. Luego se desconcierta) ¿Quién
gritó viento a favor?... (Al pájaro) Pajarraco falso, ya estoy
acostumbrado a tus burlas. Al fin y al cabo, ¡viento a favor!
¿por qué no? ¡Sí, viento a favor, la nave sigue andando!
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(Transición) ¿quién dijo que no? (A la india) ¡Sigue


andando, claro que sí!, hasta imagino un dulce balanceo...
y el día de hoy amaneció apacible, apacible, como lo
quise siempre, como yo bien lo merezco, y hoy me siento
otra vez el joven que fui. De muy temprana edad entré en
la mar navegando y desde entonces he sido feliz.¡De muy
temprana edad!, en aquel mar, al lado del telar de mis
padres, porque si fuese cierto eso que muchos dicen, que
he sido hijo de humildes tejedores genoveses, el mar tendría
que haber estado al lado del telar para que yo hubiera
podido entrar desde muy temprano a la mar navegando, y al
lado del telar, ahí mismo, las olas que se mecen... (Canta
y se entrega a una danza)...rapiñero...rapiñero ... (Cae sobre
un asiento) ¡Ay, malditas olas! (A ambos) ¿por qué se burlan?,
es tan sólo un percance. Ya he dicho que el día de
hoy amaneció apacible. Me voy a levantar de aquí cuando
se calmen las olas.¡Por supuesto que decreté que hay calma!
...¡Es una lástima haber perdido mi brújula! Sé que la
voy a encontrar cuando recupere el nombre de esta nave
(A la india) ¿Que no lo supe nunca? ¿Cómo no habría de
saber el nombre de mi nave?... El día de hoy amaneció
apacible, eso lo tengo que anotar en diario de a bordo.
¿También, anotar que perdí la brújula?, no, eso no. Dios
no dejará de guiarme, la aventura no termina nunca y
nunca se supo cuándo empezó. Del comienzo sólo recuerdo
mi primer incierto viaje en aquella lejana embarcación que resultó
finalmente atacada por piratas...¡piratas!, dícese pirata a todo
aquél que roba para la Corona... rapiñero, esa palabra
siempre me ha gustado más y la he creado yo. (A ambos)
¿Qué piensan?, ¿es acaso poca aventura haber sido un tierno
jovenzuelo que a causa del naufragio de aquella nave, se
vio de pronto en medio del oscuro y helado mar, obligado
a tener que luchar con él, y tan sólo aferrado a un remo?
Esto es lo que se dice. Nadie sabe bien qué pasó, qué mares
conocí ni cómo, en torno de ese trance, fui a parar a
Portugal. La historia dice que fue así, a nado, cuando yo
ni siquiera sé nadar (Al pájaro) no te rías, que sé flotar
muy bien. Flotando, a nado, o cómo quiera que haya llegado,
la verdad de cómo aparecí en Portugal, no habrá de saberse nunca
...¿Qué es lo que lleva a un hombre a desafiar al Mar Tenebroso?...
¡Mar Tenebroso, aquél, más allá de todo lo conocido y de
toda suerte, adonde oscuras sirenas nos atraen y nos
hacen hacia ellas enfilar nuestro rumbo, aun a riesgo de
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morir en el encuentro! ¿Qué es lo que lleva? ¡La aventura!


¡La aventura de los antiguos cruzados, de aquellos antiguos
templarios! (Al pájaro) ¿Cómo que no existieron? ¡No pretendas
ignorarlos, ave perversa! (A la india) Vos sí que lo sabés, india harpía,
no podés negar que hasta tus tierras arribaron esos cruzados... (A ella,
alelado)¿que primero llegaron los vikingos?, ¿pero qué te pasa,
todavía te dura la borrachera? ¿Acaso me traicionaste con
esos parias? (Al pájaro) ¡Mentiras! ¡Fueron nuestros santos cruzados y
templarios! (A la india) ¿A cuántas de tus congéneres fecundaron
esos templarios, para que finalmente terminaran naciendo indios
blancos? (Al pájaro) No te burles, loro del Averno, los templarios no
han sido aniquilados ni lo serán nunca. La codicia de aquél rey, a
quien todos llamaban Felipe el Hermoso y la ambición de un maldito
papa, los condenaron todos ellos a terminar en la hoguera, pero no
han podido borrarlos del libro de la vida. Los templarios
no perecieron, se lanzaron al Mar Tenebroso, se lanzaron
con sus blasones en alto, y algunos de sus oscuros secretos han
regresado hasta mí, y también, junto con sus mapas, la maldición
que ellos echaron a los cuatro vientos, la maldición que pesa sobre
todos los cristianos más sangrientos. Y a aquellos que niegan
que soy cristiano, puedo demostrarles
que he aprendido muy bien el padrenuestro, que he
logrado desempeñarme junto a majestades católicas y que
conozco muy bien todas las enseñanzas del hijo de Jehová. Con
Cristo, mi amigo infatigable, comparto nuestro afán de
grandeza y ese saberme único, que me llevó a persuadir a
aquellos que era imposible convencer para que apostaran
a la empresa que muchos otros antes temían y a la que nunca se
animaron… ¡Invasión! ¡Invasión! ¡Invasión a las tierras pródigas!...
¡Mar tenebroso, mar absolutamente oscuro y de lo desconocido!...
¿Qué es lo que induce a un hombre a lanzarse al Mar Tenebroso?,
¿tan sólo una palabra de tres letras?, ¿nada más que
eso? ¡No! ¡No! Hubo mucho más: ¡La claridad con que
Dios me iluminó, la claridad con que me dijo que efectivamente,
se trataba nada más ni menos que de una teta! (Al
pájaro) No te rías. En ocultos textos, yo siempre había leído que el
mundo, tierra y agua eran esféricos, y la autoridad y experiencia de
los antiguos sabios me hizo concluir que este mundo no es redondo
en la forma en que todos dicen ahora, sino de la
forma de una pera toda muy redonda, salvo allí donde
tiene el pezón, que sería su punto más elevado, como
quien tuviese una esfera, y más aun, una
teta de mujer allí puesta, y que esta parte del pezón sería
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la más alta y próxima al cielo (Al pájaro) ¿Te quedaste sin


palabras?¿Si no fuera por mi intuición genial, cómo sería
posible que hubiese llegado a la conclusión de que lo más
importante, en realidad es eso?, ¿cómo hubiese llegado a ser un
iluminado de la teta? (A la india) ¿Qué sabrás, hiena, si ya
no te queda ninguna?...Y hablando de tetas, hubo una
primera... (A la india) ¡Callate! Ya te dije que de eso, no te queda más
nada…¡Esplendor! Hubo esplendor en los pezones de aquella
mujer que amé en Portugal, y en esa unión se basan todos
aquellos que andan diciendo por ahí que soy de origen
portugués. Porque creen que yo, de lo contrario, no
podría haber accedido al amor temprano de esa joven portuguesa,y de
familia noble… Pero, ¿por qué habrían de decir que me
casé por interés?, ¿cómo habría de casarme por interés, si
ella fue la madre de mi primer hijo? De floreciente fortuna,
hija de un consagrado marino… padre marino y conocedor de
innumerables astucias, a través del cual pude aprender tantas artes
y secretos como para aventurarme allende el Mar Tenebroso...
Pero quiso Dios que al final y tristemente, esa teta
se extinguiera y fue así que el Supremo se la llevó consigo…
No, no hay motivos para sumergirse en llanto; hubo una segunda teta:
Beatriz de Arana. Y es que andaba yo de paso por Córdoba, cuando en
medio de la noche, despierto de mi sueño, a causa de una disputa de
espadachines que se desencadenaba abajo, en plena calle de la posada.
Entonces, me arrojo por la ventana en defensa de
aquél que a todas luces se veía acuciado por dos malandrines.
A este caballero ayudo a salir victorioso en la contienda, y una vez
ahuyentados los dos foragidos, vengo a conocer así a quien me diría
que es tu hermano, Beatriz, y fue él, quien te arrojó a mis brazos...
Beatriz, segunda teta que dejé a lo lejos, aunque con algún sentimiento
de culpa, pero ¿cómo habría de casarme con una mujer humilde que
siendo soltera se entregó a mí sin insinuar condiciones y que tan sólo
me dio como fortuna otro bien amado hijo? Digo bien amado,
porque a nadie amé con tanta desesperación como a
mis hijos, ambos vástagos de iluminado, aunque el tuyo,
Beatriz, fue tan sólo un hijo natural, pero para limpiar su estirpe, lo
coloqué como sirviente de la corte en España, para que
así fuera dignificado, por eso lo quité de tus brazos, para poder
entregarlo a los nobles, ¿acaso no fue un gesto sensato? Y sé
que allá lejos, Beatriz, siempre habito en tu pensamiento,
y yo...¿cómo iba a volver para verte y hacer otro bienamado
hijo, si existía el peligro de que me agarrara tu hermano
y el resto de tu familia?... ¡Viento, mucho viento!... Tan
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sólo una palabra de tres letras me llevó hasta los reyes


católicos, guiado tan sólo por tres letras, y acompañado
por el enorme secreto, los mapas que robé en
Portugal y que informaban acerca de tierras desconocidas
por la civilización. ¡Viento para un rapiñero, con viento se
llega...! (Al pájaro) Hablo del viento que me empujó a golpear
tantas veces en la puerta de los católicos. Aquellos
que sostienen que soy hijo bastardo de nobles españoles,
pariente de la reina y enterado de ocultos pormenores de ella,
dicen que esta fue razón más que suficiente como
para que no me echaran a la calle. ¡Una palabra de tan
sólo tres letras, y ocultas verdades que me unían a la corte
de la católica, de esa soberana, poco menos que una perra
en celo, que se enalteció luego, gracias a su afianzada fe y su amor
por…el exterminio!... Y aún así, con detalles como para
presionar a esa putana convertida en monarca, culpa de su desidia,
tuve que pasar siete años de miserias bíblicas, vendiendo baratijas
y paseando mi pobreza por los pueblos. ¡Claro!, los señores reyes se
habían consagrado a una obra impostergable: el exterminio de los
árabes; el exterminio de los judíos, el exterminio de todo aquello que
no condijera con su santa fe cristiana, y las arcas del reino estaban
empeñadas en eso, apenas si podían atender mi propuesta, la
propuesta de tres letras. El imperio católico bramaba en
guerra, el hambre se acrecentaba, y por una decisión de la pareja
soberana, todos los judíos debían abandonar el territorio en forma
inmediata y bajo amenaza de muerte, y ni aún así, con todo el capital
que esos católicos les habían despojado, decían tener suficientes
fondos y la falta de moneda hizo que me postergaran, una y otra vez,
a la decisión final de un consejo de eruditos que me humillaron
reiteradamente y con saña. Se reían de mí y de
mi empresa. Como todos bien lo saben, ese menosprecio
llegó inclusive a hacerse público, porque, ¿quién, con argumentos
que contradecían a las creencias de toda una
época podría doblegar el saber de esos necios ilustrados? Tras
uno y otro fracaso con tales ignorantes que presumían de sabios,
me vi obligado a confesar a los reyes el robo de los
mapas en Portugal y después, valiosísimos secretos de
templarios y asimismo, de todos los herejes devenidos a monjes que
hube de conocer en mi camino. Y como si esto fuera poco, también
confesé la última verdad que terminó por persuadir sus conciencias,
la verdad acerca del relato de aquel pobre marino, porque hubo un
pobre marino que la Providencia quiso que viniera hasta mí, sí, fue la
Providencia quien quiso que llegara, para morir finalmente en mis
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brazos. Había sido el último sobreviviente de una extraña expedición y


fue él, quien, antes de expirar, me confirmó detalles más que precisos.
¡Viento, mucho viento!...Mi brújula, ¿dónde está
mi brújula? Gracias a ella, gracias a la brújula que Dios
iluminó, no importa si Jehová o el dios de los cristianos, al
que he debido adorar para condescender a corruptos monarcas,
entré en la mar navegando, de muy temprana
edad...Mi brújula... el brillo divino hubo de orientar mi
brújula hacia el mar tenebroso...¡El brillo!, el brillo que
Dios puso en mí, el brillo, el brillo dorado del Sol...el
brillo dorado del Oro.¡Oro! Una palabra de tan sólo tres
letras y que no obstante, orienta toda brújula... ¡Oro!, la
palabra que enceguece, que guía, que da luz y significado
a toda existencia humana...en pos de él, hube de abandonar
mi familia, trastocar mi credo, mi idioma y mis
costumbres (A la india) y quisiera saber si hay algún insensato
que pretenda cuestionar el brillo y la nobleza del
oro. ¡Oro! “¡Hacia esos yacimientos has de enfilar toda vela!”,
me dijo desde temprano una extraña voz muy dentro
mío, ¿tiene acaso algo de malo que el oro haya orientado
mi existencia?¡El oro, la más clara evidencia de haber
acaecido a la gracia de Dios!, a tal punto, que ya se está gestando una
religión que florecerá en el extremo norte de las tierras conquistadas
y que dice que la señal más certera acerca de
que un hombre es amado por Dios, consiste en su riqueza
acumulada. ¡cuánto más amado por Dios, más rico serás,
y cuánto más rico te veas, ese será el incuestionable indicio
de que has sido elegido ante los ojos del Supremo. Y por supuesto que
el Supremo me iluminó. Hasta entonces, en torno al mundo, se habían
imaginado elefantes, tortugas y monstruos provenientes
de todas las mitologías, pero jamás una teta...¡Y a
la búsqueda del pezón de oro, me largué! ¡Viento, mucho
viento!... pero las pocas naves con que se contaba, habían sido
ocupadas por las multitudes de judíos condenados a errar,
y entonces, para conseguir embarcaciones, los monarcas,
guiados por santa astucia, decidieron extorsionar a sus propios
mercenarios, a esos que estaban fuera de la ley. Los amenazaron para
que así, acorralados, se vieran obligados a aportar al menos dos, dos
naves, a cambio de que no se los procesara por sus crímenes. Claro
que esto significó el primer gran paso. Igualmente emocionante,
resultó el empeño de la reina, que fue capaz de
donar dos anillitos, ¡dos!, para mi empresa, desprendimiento
tal, después de que yo le impartiera mis convicciones.
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¡Al fin y al cabo, la fe en el oro nos unía, y en


ese trance, ella no se fijaba si uno estaba circuncidado!...
¡Dos naves y una tripulación de cuatro presos condenados
a muerte, a quienes se les conmutaba su pena! ¡Grandiosa
flota como para empezar! ¡Claro que no alcanzaba!, ¿cómo
conseguir lo que faltaba? Entonces, no sé si para bien o
para mal, hube de dar con Pinzón. Enterado Pinzón de
mis planes, viajó al Vaticano, donde tuvo acceso a oscuros
secretos sobre las tierras que se podrían invadir. A su regreso,
y mal que me pese, gracias a sus endiabladas habilidades,
hube de contar con una embarcación más, y ese
inescrupuloso Pinzón pudo reclutar una considerable
cantidad de desesperados de hambre, engatusados por la
labia de ese aprendiz de rapiñero, mal socio, aunque bien
necesario para la empresa. A él y a todos sus miserables,
yo había prometido que finalmente cambiarían su desgracia
por dorada buenaventura cuando juntos por fin arribásemos
a las tierras de donde partieron los tres magos de
Oriente, y que ese lugar se trataba, sin duda alguna, de los
mismísimos jardines del Edén. En el Vaticano, Pinzón,
había sido informado acerca de las corrientes marinas que
más al norte de las Canarias nos llevarían con viento a
favor. ¡Viento a favor! Mi pasión sólo anhelaba enfilar hacia la China
y la India, a conquistar los territorios del inmenso emperador, el Gran
Khan, del cual se sabía que tenía la costumbre de lanzar sus ejércitos
para apresar a los visitantes que vinieran del mar y
comérselos cocidos en medio de un espectacular banquete
al que invitaba a sus más selectos parientes y amigos, y
que al devorar con gula, afirmaba una y otra vez que la
carne humana es más sabrosa que ninguna. ¡Pasión de
conquista, la mía, con nuestras cuatro lanzas, mis dotes
de espadachín y espejitos de colores como para seducir
imperios y arrebatarles riqueza! ¡Y hasta en mis sueños
soñaba con la cruzada que recuperaría el Oro del rey
Salomón! ¡Dos carabelas y una nao, la flota de los locos,
frágil chatarra, destinada a todas luces a hundirse en el
oscuro mar! ¡Solo un soñador, un iluminado por el espíritu
templario podría guiarlas con mil certezas! ¡Oro!... Y la
flota partió. ¡Proa al mar de lo incierto!...Poco después de
haber dejado las últimas islas cercanas al mundo conocido,
esos harapientos sintieron que en realidad no sabían
adónde iban, y pensando en que quizá jamás volverían a a ver
a los suyos, muchos lloraron. Y yo mismo lloré, pero
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estaba seguro de que la tierra se encontraba a setecientas


cincuenta millas de donde zarpamos; así lo indicaban los
mapas que llevaba, pero, claro, yo sólo conocía las millas
árabes y me equivoqué al sacar las cuentas y entonces... (A
ambos) bueno, me equivoqué...¡Un iluminado también se
equivoca en las cuentas!...Y sepan que si bien los días se
sucedían clamando viento a favor, era necesario seguir
adelante y ocultar cuánto llevábamos andado, porque
muchos, en la desesperación, ya pensaban en rebelarse...Y
en eso, Pinzón, el maldito Pinzón, me tuvo que ayudar
otra vez a mentir. Al fin y al cabo, ¿qué me haría una mentira más?
Pero no, en realidad, yo nunca he mentido, porque siempre he
creído en las mentiras que he dicho y eso dio por resultado
que desde mucho antes de zarpar, los reyes aceptaran nombrarme
Señor, Almirante y Virrey de tierras ignoradas... (A ambos)
Y no fue fácil, en determinado momento siento que el
viaje definitivamente me abruma y enloquece, y luego del
tres de octubre de mil cuatrocientos noventa y dos, temí
que nos hubiésemos perdido para siempre y dejado atrás
los lugares que yo pretendía encontrar. Y fue entonces que
hube de ver tres sirenas en la mar. ¡Sirenas en la mar! ¡Mágica
señal!...pero, ¡oh!, en realidad, no eran tan hermosas
como las pintan, ¡tenían forma de hombre en la cara y
con decepción comprobé que eran...¡focas! (Cubre sus oídos
para no escuchar burlas) Y cuando, finalmente extenuado,
me adormecí gimiendo, alcanzo a oír una voz piadosa que
me dice: “¡Oh, estulto y tardo en creer y servir a tu Dios!
¿Olvidas acaso qué hizo este dios por Moisés cuando sacó
a su pueblo de Egipto o qué hizo por David cuando de
pastor lo convirtió en rey? ¿Crees que tu dios hará menos
por ti? ¡No tengas miedo y confía, que todas estas leyendas
están escritas sobre las piedras, y con justa causa, también
estarán escritas sobre tu tumba!”...¡Dios! Hubo un motín de marineros
en mi propia nave. Y una vez más, por intermedio de
Pinzón y para salvaguardar mi vida, alcancé una prórroga
hasta el día nueve de octubre. Tuve que transigir otra vez
con Pinzón, pero quedó bien claro que yo sería quien me
encargaría de ejecutar a todo aquél que se sublevara. Y a
cambio, el mil veces maldito Pinzón, conocedor de los
secretos de esos vientos, me impuso navegar en la dirección
que a él le habían revelado. Finalmente, el plazo se me vencía,
y lo cierto es que tuve que pedir un día y una noche
más, y que si no hubiese tierra antes de que terminara
23

la mañana de ese mismo día, sin más miramientos, me


cortaran la cabeza ahí mismo... Noche negra de la tormenta,
el vendaval arrecia, la Santa María se hunde y en
medio de la horrenda zozobra, tu imagen, Beatriz, de
pronto vino a mí y entonces anoté una frase en tu memoria
y también escribí que me daba enorme pena pensar en
mis hijos y saberlos huérfanos. Escribí eso y todo lo vivido
y sin más, lo eché al mar, rogando que alguien, en la
infinita distancia lo encontrara y te lo llevase. Entonces cayó
del cielo una misteriosa lluvia y al día siguiente se levantó
la brisa implorada. ¡Viento a favor! ¡En la Niña, alguien
gritó “Tierra”! Tal fue lo que hizo el mal nacido Rodrigo
de Triana, el trece de octubre. Sí, fue el trece de octubre.
Izó banderas y disparó lombardas. No importa, igualmente pude
convencer al notario de que había sido yo el primero que anunció
semejante acontecimiento, y es que así debería
ser, y por lo tanto, sería yo el merecedor de la renta que los reyes
habían prometido al primero que gritase “¡Tierra!”. (Al pájaro)
Por supuesto que tuve que ser yo el primero, porque yo
creí haber visto luces durante la noche anterior, las luces
que el Señor me envió, y nadie osó reprocharme el haberme
quedado con lo que le hubieran dado a ese miserable
grumete. Por otra parte, ¿no es mejor que haya sido un
día antes, es decir, el doce de octubre, y no el trece? El
doce es festividad de Nuestra Señora del Pilar, fiesta que
llena de alegría a la pareja de reyes, y el trece, como todos
saben...trae mala suerte...¡Rapiñerito y olé!...¡Tierra! ¡Tierra!
Luego de mucho y muy largo tiempo, el día amaneció
apacible y había en esa tierra tanto verdor y en tanto grado,
como en el mes de mayo en Andalucía, y los árboles
eran tan diferentes a los nuestros como el día y la noche,
los peces tan distintos, de los más finos colores del mundo,
azules, amarillos, colorados y de todos los colores, y
otros pintados de mil maneras y los colores tan finos que
no había hombre que no se maravillase. Los nativos, en su
inocencia, tan desnudos como su madre los parió en el
mundo, y también las mujeres. Y convencidos de que nosotros,
recién llegados, no podíamos proceder sino del mismísimo
Cielo, apreciaban las cuentas de vidrio, bonetes y cascabeles que
les mostrábamos , dando por seguro que éramos gente que
descendía de allí arriba y nos ofrendaban a cambio
papagayos e hilos de algodón. ¡Que emoción por todo
ello! Pero, ¿dónde hay oro, clamamos al unísono?...También
24

en tierra firme, imaginé el recorrido que habría de hacer por los


pueblos de España, y que vieran los presentes que traía,
indios que habrían de ser los primeros trofeos... (A la india)
entre ellos a vos, inmunda aborigen con pretensiones
de princesa. Todavía sigo esperando que me reveles el secreto
de tu oro. Por culpa tuya retrasé mi regreso, y no te
lo perdono. En las ciudades de España me aguardaban
honores, gloriosas insignias y armas, lanzas de Granada,
corazas, espingardas, ballestas de Málaga, artillería, pólvora
y otras municiones como para seguir impartiendo la
fé, en Indias. ¿Cómo es que ustedes no entendían?, ¿cómo es
que pretendían desconocer ese documento que les mostrábamos en los
viajes que hicimos después, manifiesto al que todos llamábamos
Requerimiento? Ningún indio podía invocar el pretexto de que no
entendía El Requerimiento, porque fue redactado pensando en ustedes,
merced al trabajo de virtuosos eruditos para que en nuestro noble
idioma castizo se anoticiaran de que pasaban a ser súbditos de la
corona de España. ¿Qué cosa no entendían? El documento decía muy
claro: “Dios hizo el cielo y la tierra y engendró a una pareja
humana, Adán y Eva, de la que todos descendemos y dejó a San Pedro
para que fuese el superior en el linaje humano. San Pedro ahora
reside en Roma y se llama sagrado Papa y es quien ha
donado todas las Indias a los Reyes de Castilla, y así certificamos
que con la ayuda de Dios, yo entre poderosamente
contra vosotros y os haré guerra por todas partes y
manera en que yo pudiere y os sujetaré al yugo y obediencia
de la Iglesia y de sus Altezas y tomaré vuestras personas
y vuestras madres e hijos y os haré esclavos y como
tales, os venderé.” ¡Está clarísimo! ¿qué cosa no entendían?
¿cómo es que no querían entender la gloria
de un iluminado, de un embanderado en Dios? (A
ambos) ¿Qué dicen? ¿Pirata, aquél que evangeliza para la
Corona?...Rapiñero, he dicho yo... (A la india) Por eso
tuve que someterte a rigor, porque ni aún borracha como
te puse, querías saber que eras mi esclava en aberraciones,
y tuve que arrancarte la piel pedacito a pedacito, despellejarte
con calma y precisión, y te entregaste, borracha
y a la fuerza, te entregaste. Y ni aún así...¿por qué no creíste
que yo te amaba? ...¿qué es el mar tenebroso, qué es el amor
tenebroso, más allá del bien, más allá de toda suerte
y de toda la ley? ¡No grites!
¡Tendrías que saber que en libros sagrados siempre se ha hablado
de los castigos y designios de Dios! ¿quiénes acaso
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serían los elegidos para padecerlos?... Y un fraile franciscano,


antes de tu sacrificio, te ofreció la conversión
para que pudieras irte al Cielo, donde se te decía que reinaban
la paz y la alegría, y que si no recibías esa paz, tu alma recalaría en
el Infierno para sufrir eterno tormento. Muy vil preguntaste
si los españoles también van al cielo, y como él
te respondiera que sí...“¡Entonces prefiero ir al Infierno!”,
respondiste insensata. ¡No grites! Esa necedad
merece que se condene a todos los tuyos a mil sacrificios
más. ¡Oro: La gracia de Dios, del dios santo,
del dios de todos y de ustedes también!... Y tuve que desmentir
muchas cosas. Sí, hasta hubo algunos que habían empezado a decir
que supe llegar hasta allá porque yo había nacido en Indias ¡Infamia!,
yo, un iluminado, ¿de inmunda procedencia
indiana? ¡No grites, ya sé que es un disparate!... Y quiso el destino que
Pinzón, definitivamente enfermo, fuera a parar a Galicia, donde murió
al poco tiempo, y sus blasfemos descendientes iniciaron un juicio
hacia los míos y hacia mí, diciendo que su padre había sido
el verdadero avanzado y que no había otro héroe más
que él. Si eso fuera cierto, ¿por qué acaso no vivió para
contarlo? Es mentira que yo le suministré un veneno.
¡Mentira! (A la india) Fue Dios, quien siempre me acompañó;
no obstante, oscuros intereses se confabularon contra
mí cuando nombré Adelantado de esas tierras a mi
bienamado hermano, hermano de iluminado. Los canallas
inventaron la infamia de que mi familia había cometido
atrocidades contra los tuyos, siendo que eso, a la Corona jamás le
hubiese importado, pero lo cierto es que a partir de ese argumento,
se amotinaron y en consecuencia, fui degradado a… ¡Almirante
de los mosquitos! (A ambos) ¡No se rían! ¡Es el baldón más
atroz que pudiera imaginar contra mis insignias, y yo,
el gran elegido, he sido finalmente metido preso en un
barco y engrillado! (Deja ver cadenas que guardaba ocultas
dentro de sus mangas) Ya en España, no hube de exhibir
blasones ni trofeos, tan sólo arrastré cadenas a través de los pueblos y
ante los mismísimos reyes, que no pudieron menos que fingir
vergüenza. De ahí en más, me negué a que se me quitaran las esposas
para que se conservaran como presentes de tamaña ingratitud, y
más aún, pedí que me enterraran con ellas, testimonio
de mi humillación y del reconocimiento que me brindaba
la Humanidad ...Entonces pude ver que las
carabelas se perdían muy lejos... ¿Adónde conduce mi nave?...
A esta altura, caballero de los años y de incierto origen,
26

no puedo soportar que me digan que mi timón está de


más... Mi viaje es otro... y aunque nunca supe con certeza
de dónde provengo ni a dónde voy, ¿cómo podría explicar
que yo, almirante, caballero, virrey allende los mares,
haya perdido la brújula?... Sabré hacia dónde me lleva este
tenebroso viaje cuando recupere mi brújula... (Al pájaro)
y ya no puedo soportar tus burlas, ave siniestra, al amanecer
del séptimo día te daré muerte... (A ambos) Borraré
definitivamente todo rastro de ustedes, todo rastro en mi
memoria de todo ...Beatriz, a vos jamás podré
olvidarte, en realidad, has sido mi sueño más noble
y por eso me alejé, para que no te hundieras aún más,
y ruego que no rechaces el dinero que te envío, para descarga
de mi conciencia, porque todo lo vivido pesa mucho
sobre mi alma, y para que no te olvides de enaltecer
mi recuerdo ante quienes me van a heredar... mis hijos,
a ellos he amado más que a cualquier otro ser en el
mundo... ya sé que las carabelas quedaron atrás, desde
muy temprana edad entré en la mar navegando, y... esta
es, ha sido mi historia en el mundo en que vivimos, también
sé que en otras épocas, lejanas y futuras, habrá un
mundo mejor y más justo, donde las atrocidades serán de
otra estirpe y más solapadas. La dominación y el exterminio
apenas se inscribirán en la historia y se hablará de un
nuevo orden y el mundo será redondo y global...pero sopla
mucho viento, demasiado viento...¡Otra teta! ¡Pido
otra teta! ¡Que venga otra teta!

FINAL (2010)
AUTOR: Carlos Cazila

[email protected]
[email protected]

+54911-114172-8732 (móvil)
+5411-4374-2841 (línea)

ORIGEN: ARGENTINA OBRA REGISTRADA

En la pagina siguiente se incluye el monólogo:

“El sabio ignorante”


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EL SABIO IGNORANTE
(Obra registrada)

Autor: Carlos Cazila

[email protected]
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+54911-4172-8732 (móvil) +5411-4374-2841


Origen: Argentina
(Obra registrada)
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SINOPSIS:

Esta obra pretende reflejar algo de las contradicciones, ¿y por qué no, hipocresías? del
ser humano.
Albert Einstein, investigador físico que logra un premio Nobel en 1922 gracias a sus
aportes en el campo de la gravedad y la luz, alcanza fama espectacular luego de
publicar una teoría casi esotérica, que es llamada “de la relatividad”, y que en torno
de un marketing sin precedentes, es confundida por todos, ya que los desprevenidos
piensan que se refiere a lo relativo de las cosas de la vida.
Einstein además pregona un discurso en torno a la paz, la igualdad y la tolerancia del
pensamiento de todos quienes deseen expresarse. El antibelicismo fue su bandera.
Finalmente preocupado por lo que teme como un avance de las tropas alemanas, llega
a alentar y colaborar en el desarrollo de la primera bomba atómica que es arrojada en
Iroshima y Nagasaki.

Se sugiere la escenificación de una conferencia que él brinda en torno a su vida.


Einstein, con la apariencia payasesca con que se promocionó en su apogeo, comienza
relatando sus comienzos como niño atrasado en el lenguaje, hasta su final con el
cerebro embalsamado.

Se sugiere un pizarrón en el que encabeza la


inscripción: E: mc2 (el monto de energía es igual a la masa, multiplicado por la
velocidad de la luz al cuadrado), fórmula de su famosa teoría de la relatividad.
En el pizarrón además, figuran dos series de nombres, que él irá señalando mientras
nombra, una serie de nombres femeninos y otra, masculinos.
En la columna de femeninos figuran Mamita, Marie, Mileva, Anna, Elsa, Ilse, Betty
Neumann, Helen Dukas, y debajo de estas, “etcétera”
En la columna de masculinos: Hermann Einstein, Michele Angelo Besso, Doctor
Ostwald, Eduard Einstein, Thoman Harvey.
Los nombres citados podrán ser señalados mediante un puntero, u otro instrumento.
También puede hacer referencia a esos personajes a través de retratos.
Asimismo, se sugiere un escritorio con papeles que representan cartas, apuntes, libros,
una linterna, algún pito, matraca u otro objeto altisonante.

Autor: Carlos Cazila [email protected] [email protected]

ALBERT: ¡Tulum nucutú la lallilo la, apuba matacu tino! Estas fueron mis palabras,
sí, mis palabras hasta que tuve tres años de edad. Anoten, si quieren; las traigo para
comenzar así, con esta exposición. No sé si ese lenguaje decía mucho o poco, pero era
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lo que podía expresar un chico calificado de atrasado. Cuando me conecté bien con la
realidad, entendí que ya era momento para pensar en todo lo que no había podido
decir antes de superar mi tara. Bueno, en realidad, no sé si la superé nunca. Lo que
pasa es que no es lo mismo ser un tarado con fama que sin fama, je, je, je…Y para
continuar mi exposición puedo decir que todo empezó cuando me regalaron una
brújula. Una brújula, eso que como juguete, a muchos parece una porquería, sí;
seguramente por eso me la regalaron… La tomé en mis manos y vi que si me
colocaba en la almohada o si me movía a los pies de la cama, la aguja marcaba
siempre lo mismo, siempre hacia al norte (se desplaza)… Me pareció fascinante, y
entonces me digo: ¿Cómo es que no puedo entender esto? Es que, todavía estoy
idiota? ¿Tengo muchas cosas que aprender? Esto que a otros no interesaba ni medio, a
mi me iba a abrir la cabeza. Y seguía con la brújula en mis manos, (ahora señala en
el pizarrón) mamá, en cambio, ponía las suyas en el piano, y también en un violín
donde me enseñó a tocar a Mozart y otros grandes. Así, la música me transportaba a
un universo infinito. pero con la música no alcanzaba… (señala el nombre de
Hermann Einstein) Papá era un hombre respetable, uno de esos hombres que bien se
podría calificar como… pollerudo. Sí, mamá tenía bastantes años más y lo
dominaba… Pero mamá es un tema aparte, además de mi iniciadora en el violín
fue…¿cómo decirlo? Mamita fue única. Con ella, como diría Freud, me agarré flor de
Edipo: Primer mujer amada en mi vida y tocaba, tocaba, y yo también…tocábamos
tocábamos…Bueno, ya está bien. Papá quiso estudiar, tener un título. No hubo caso,
no pudo y yo vine a tapar ese bache. En ese momento estábamos en Alemania. Puedo
decir que tuve el gusto de odiar las costumbres alemanas, todo ese autoritarismo,
aquél culto por los militares…. Cada vez que había un desfile en la calle, los chicos
corrían a festejar… ¡un, dos, tres, un dos tres…! todos trataban de imitar a esos tipos
que marchaban como autómatas, ¡un, dos tres, un dos tres!; a mí me agarraba un
ataque de furia, y ahí nomás, en la calle… me daban flor de paliza, pero en casa
mamá tocaba, tocaba. Reconozco que eso me calmó, y la educación de Alemania me
reventaba. Todo tenía que ser como ellos decían, nada se podía preguntar, nada se
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podía contradecir. No sé por qué dicen que siempre fui un rebelde… Es el mundo, la
educación, la sociedad, la ciencia que quieren imponer, es lo que te lleva a rebelarte…
(Pausa) Pasó el tiempo, y por mucha libertad que quisiera, ya me estaban por
incorporar a esas gloriosas tropas. Toda una infamia. No es humano que a alguien se
lo prive de la oportunidad de crecer en la mente y en espíritu. La obediencia y la fe en
la autoridad es el peor enemigo de la verdad. Yo era insolente, reaccionaba, y por
supuesto, eso se no veía lindo. Tuve que pensar en otro lugar, y supe que en Suiza se
trataba a la gente como a verdaderos seres humanos y que se proclamaba el
pensamiento libre, a diferencia de esos alemanes de mierda.…Me fui para allá y me
alojé en la casa de una maravillosa familia, con una maravillosa hija, cosa que por
sobre todas las cosas, fue…maravillosa. (señala en el pizarrón) Marie, se llamaba.
Era algo mayor que yo, y bella, muy bella, nos amamos, y nuestras familias se
amaron también. El único problema es que me regaló una cafetera horrible, pero
puedo decir, en resumidas cuentas que Marie fue la segunda mujer amada en mi vida.
Recuerdo que le escribí: “Muchas gracias, cariño, por tu encantadora cartita que me
hace inmensamente feliz. Es dulce poder estrechar contra mi corazón ese trocito de
papel que antes habían contemplado dos ojitos tan queridos y sobre el que se habían
deslizaron tus deliciosas manitas. Ahora me doy cuenta, mi pequeño ángel, del
significado del amor, y… mamá también te lleva en el corazón… ¡Mi adorada
Marie!.. Usé como pretexto el asunto de la cafetera y así pude dejarla. Como
consecuencia cayó en depresión profunda, pero yo no podía detenerme en eso, no
podía perderme en conflictos humanos…Ya me rondaban en la mente teorías que me
apartaban de la realidad todo lo que yo quisiera. Me había prometido evitar el dolor
de los compromisos emocionales. ¡El arduo trabajo intelectual y la contemplación de
la naturaleza de Dios son los ángeles reconciliadores que siempre nos guían a través
de todos los problemas de la vida! Tenía ideas, cálculos que me trastornaban, y eso sí
que era la felicidad. En eso me acompañaba mi querido y gran amigo, Michelle
Besso, un futuro ingeniero bastante desorientado, pero no había nadie que estuviera
tan cerca mío. El pudo ver que cada vez que yo encendía un fósforo, una linterna
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(enciende una), o cuando miraba el sol, me fascinaba la luz. ¡La luz! Pensaba: “¡Qué
hermoso sería viajar en un rayo de luz!” ¡Viajar con la luz de las estrellas!... Michelle
Besso y yo estudiábamos en el Politécnico. Ahí conocí a (señala el pizarrón) Mileva,
tercera mujer amada, también algo mayor que yo. Me enamoré porque la encontré
parecida a mí. Además, su primer regalo fue tabaco y eso significó mucho más que la
cafetera de Marie… (por Mileva) Ella, como yo, soñaba conseguir el doctorado. Era
apasionada, impulsiva, algo tuberculosa, melancólíca y cada vez más depresiva. Era
renga y tan fea que la llamé muñeca. Se parecía a mí por su rebeldía y su infinita
bohemia….Claro, en casa no la aceptaban. Mis papis insistían en que una mujer con
esas condiciones físicas no era conveniente como para engendrar descendencia, y por
eso me encapriché más. Los dos vivíamos una vida distinta al resto, ella me ayudaba
en mis teorías, y eso hizo crecer mi amor. Puedo decir que lo nuestro fue intenso, pero
tenía que escribirle a mamita y en las cartas le negaba una y otra vez que
estuviéramos viviendo en pecado. En concreto, además del pecado, ella tenía miedo
de que la muñeca quedara embarazada. Sería una catástrofe genética para la familia,
familia que de paso digamos, no tenía nada demasiado bueno, y si no, fíjense: salí yo.
(risa grotesca). Había muchísimas cosas bellas en mi muñeca horrible, no puedo
olvidar su melancólica profundidad y su alma cautivadora. Nos amábamos más que
nada, cuando discutíamos el campo electromagnético…Eso sí, ni pensar en vivir
juntos porque sin duda, sería era mal visto. Quien como yo, que quería obtener la
nacionalidad suiza, debía transitar una moral intachable… pero eso no nos impidió
debatir física en condiciones de alta temperatura. Sí, quedó embarazada. (mira el
retrato) ¡No te preocupés y alegrate, querida! ¡Yo nunca te abandonaré y voy a hacer
que esto nos inunde de dicha…! Claro que ella no dudó, y entonces se fue hasta lo de
sus padres para dar a luz. ¡Luz!.. Poco después me escribió que había tenido una niña,
y entonces le contesto que no doy más de felicidad. ¡Una niña!¡Nuestra! La llamamos
Lieserl y le dije que sin verla, que ya la estaba amando. En realidad, eso de verla,
nunca se dio y debe ser que la muñeca, con tal de no comprometer mi reputación, se
la dejó a no sé quién y no supe más nada, aunque parece que la niña murió poco
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después. Yo, a esta altura, sólo podía pensar en conseguir la ciudadanía suiza, y en
ese momento tuve que dejar de lado mi disgusto con el ejército y decido presentarme
al servicio militar obligatorio, erguido y a paso firme; ¡todo un arrojo esa decisión!
¡un dos, tres, un dos tres, carrera march! Sí, todo un arrojo…pero me arrojaron debido
a pies planos ¡Ohhh!, y eso que me había costado tanto dar ese paso…plano…Pero no
quiero apartarme del tema de mi muñeca. En ese momento vuelvo a transmitirle que
no podemos casarnos porque mis padres insisten en que antes debía ganarme el
sustento y porque juzgan que ella no es sana; ella pareció aceptarlo debido a que yo
era hermoso, brillante…bueno, no sé si está bien que lo diga, o sí, ¿para qué pecar de
falsa modestia? (mira la foto) Jamás hubiera tenido el valor de casarme con una mujer
que no estuviera completamente sana, pero lo que pasa es que esta tenía una voz tan
adorable…cuando leía fórmulas matemáticas. En determinado momento, voy, y le
digo con firmeza a mamita “La muñeca va a ser mi esposa”; mamita aterriza en la
cama, entierra la cabeza bajo la almohada y se lanza a gritar, mientras pataleaba.
“¡Estás arruinando tu futuro y tus oportunidades, auugg, uhhh, grrurr!”, esas y otras
expresiones inentendibles porque la tapaba la almohada. Fue una de las tantas veces
que expresó lo que sentía por mí, pero tenía que entender que no podía dejarse llevar
por deseos incestuosos… A la boda no vino nadie, pero la celebramos en una cantina,
en plena noche bohemia, con mucho bullicio, música, música, música loca… Fueron
años difíciles para los dos, hubo pobreza, pero felices. Si bien ella nunca llegó a
conseguir el doctorado, se graduó como musa inspiradora, compañera, amante
y…enemiga. Ambos entendíamos muy bien el alma oscura del otro, tomando café y
comiendo salchichas…Y puedo decir que Suiza era tan maravillosa que no conseguía
un trabajo respetable. Es que los directores se acordaban de mí. Se acordaban de
aquel alumno descarado, y se gestó una confabulación para verme bien lejos, ya que
yo fui tajante a la hora de cuestionar a los dueños del poder en la ciencia. Ellos no
podían perdonar ningún ataque a las jerarquías. Entonces escribí a numerosos
institutos pidiendo ayuda, y nada. Por momentos, llegué incluso a adularlos y casi a
rogar. Gasté tinta, zapatos y mi precioso tiempo detrás de ellos. Todo por un puesto
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de profesor. Sentía que no era más que un mediocre estudiante del Politécnico que no
había sido capaz de conseguir respeto ni trabajo, y después me enteré de que papá
había intentado hacer algo por mí, que le escribió al prestigioso doctor Ostwald, y le
decía: (lee) Perdone por favor, a un padre tan atrevido como para dirigirse a usted,
estimado Herr Proffessor, en pos del interés de mi hijo. Quienes conocen a Albert,
admiran su talento, pero él se siente oprimido ante la idea de significar una carga para
nosotros, que somos personas de un pasar modesto. Dado que es a usted a quien mi
hijo admira y estima más que a ningún otro sabio, me dirijo con el humilde ruego de
que lea su último trabajo y le escriba, si es posible, aunque más no sea, unas pocas
palabras de aliento, a fin de que pueda recuperar su alegría de vivir y seguir amando a
la ciencia. Si además pudiera conseguirle un puesto de ayudante, mi gratitud no
tendría límites.” No consiguió nada, y cuando supe de que él se había humillado, me
cayó como un rayo. Yo nunca pensaba en él, y sólo después, cuando ya se moría,
viajé para estar en esos, sus últimos momentos. Sentí inmensa culpa por la distancia,
y ahí se hizo patente mi incapacidad para sostener un vínculo, más aún, cuando me
pidió que lo dejara morir solo en su habitación. Recordé que se había rebajado ante
ese perro del profesor Ostwald, que ni siquiera le contestó; pero, fíjense como son las
cosas de la vida; muchos años más tarde, ese prestigioso científico fue el primero que
tuvo que verse obligado a nominarme para el premio Nobel…(toma la foto de
Mileva) Y volviendo a mi muñeca, las cosas empezaban a andar mal. Me casé más
que nada, por sentido del deber, aunque, junto a ella, pude descubrir el efecto
fotoeléctrico. ¡El efecto de la luz! Ya a los dieciséis años empecé a delirar con un
rayo de luz. El solo hecho de imaginármelo, me trajo toda clase de trastornos
nerviosos y hasta me perdí durante semanas enteras, en estado de confusión. Por
suerte me fue bien, que si hubiera quedado con trastornos nerviosos y en estado de
confusión…hubiera seguido hablando mi idioma extraño en el manicomio. Tulum
nucutú la lallillo la… Pero mi muñeca se quebraba al sentirse postergada. De
científica a fregona…Nos acordamos de aquella pobre niña que abandonamos y se
nos ocurrió pensar en un hijo sustituto que pudiera tapar eso y darnos alegría y
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entonces, pusimos todos nuestros esfuerzos en…creo que se entiende… (Transición)


Y en cuanto a lo laboral, gracias a unos amigos, finalmente pude conseguir trabajo.
Conseguí un puesto, nada más ni nada menos que en…(muestra un pliego con un
título)…una oficina de patentes; no era de profesor, claro, pero para mí todo tenía un
costado divertido (ríe forzadamente) ¡ja, ja, ja! Había que reírse a la fuerza; ese
trabajo significaba algo de dinero; mi cabeza seguía trabajando en la ciencia, y hasta
tuve la felicidad de ver a través de la ventana de la oficina, algo maravilloso: pude ver
a hombre que se caía del techo; eso me inspiró y me hizo pensar con obsesión qué
pasaría si en vez de una casa fuera un ascensor, qué pasaría con una persona en un
ascensor que cae libremente. O sea, ya tenía como superar a Newton que fue feliz
cuando se le vino abajo una manzana, pero esa no iba en ascensor, ja, ja, ja… Cuatro
años después logré un título docente. (muestra otro pliegue) Así, ante mis nuevos
colegas, me di el gusto de exclamar: ¡Ahora yo también puedo decir que soy miembro
oficial del gremio de putas!” ¡ja, ja, ja!.. Parece que esto tampoco cayó bien, ni con
ascensor. Con ellos volví a tener los mismos problemas, pero fui muy claro al
expresar: “Las queridas gentes de Suiza pueden besarme el culo” (Sopla una
corneta)…A mi mujer se le ocurrió dar a luz a nuestro segundo hijo (señala el
nombre de Eduard Einstein)… quien lamentablemente fue desarrollando una
enfermedad mental que se agravaría con el tiempo, pero no podía ocuparme de eso.
Las ideas de la ciencia llenaban mi cabeza y me daban felicidad. Entonces me ocupe
de Anna, cuarta mujer amada. Le trasmití mi pasión a través de unas cartas subiditas
de tono, que lamentablemente fueron a parar a manos de la muñeca, quien se las
envió al marido, de manera que no me quedó otra que acordarme de mi prima,
(señala) Elsa Einstein, prima por partida doble. Con ella compartíamos juegos de
chicos; no puedo entrar en pormenores de cómo eran esos juegos, supongo que se
imaginarán… En esta exposición, Elsa debe considerarse como quinta mujer amada y
empecé a escribirle que por qué no venía de visita para vernos a escondidas. Mi
matrimonio se estaba yendo a la mierda, pero me sentía más feliz que nunca con mis
teorías. La muñeca no se quería divorciar y yo sólo pensaba en Elsa. Necesitaba a
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alguien distinta. (muestra el retrato) Elsa no era exótica, intelectual ni complicada.


De atractiva presencia, es decir, muy parecida a mí, más que nada, en la cara. Era
como yo con peluca, encantada de la vida hogareña; le gustaba cocinar, toda una ama
de casa, era, lo que se dice, una mamita segunda. (Dice, refiriéndose al retrato)
¡Primita! Cuando pienso en vos, el amor por la ciencia florece en mí, ya que me
elevás por encima de este valle de lágrimas que es mi matrimonio. Y no desesperares,
amada mía, sólo por estar cerca tuyo, me entregaré a una hazaña heroica, es decir,
sería capaz hasta de buscar un puesto de profesor allá, en Berlín. Además, te adelanto
una pregunta fundamental que no sé si me podrás responder, y esta pregunta consistse
en: ¿Qué pasa cuando los pasajeros de un ascensor caen al vacío? Y tampoco
desesperes, amada si todavía no tenés la respuesta a esto del ascensor, pero te
prometo que pronto voy a ir para allá y te regalaré un hermoso sombrero. Un
sombrero tan vistoso como no te podés imaginar. Primita: Deploro la guerra mundial
que se está desatando, soy de un pacifismo tan visceral, que incluso odio jugar al
ajedrez. Hablan de guerras justas y por eso mis colegas ensayan compuestos químicos
para hacer salir al enemigo, de las trincheras. Sin embargo, los generales deciden que
prefieren un gas mortal que les queme la garganta y los pulmones (transición)
Hablando de otro tema, la salud de mi hijo menor, cada vez se complica más. Es
imposible que se convierta en una persona plenamente desarrollada. Quién sabe si no
sería mejor que se fuera de este mundo antes de llegar a saber de verdad cómo es la
vida. Los espartanos dejaban morir a los niños enfermizos en lo alto de una montaña,
pero para seguir pensando en eso tendría que aprender alpinismo… Primita: Vos
querés que me divorcie porque nuestra relación ensucia la moral y la reputación de
tus hijas, pero tenés que saber que yo trato a mi esposa como si fuera una empleada
que no puedo despedir. Hasta tengo mi propia cama y evito quedarme a solas. Dicho
sea de paso, llegué a redactar una serie de condiciones, a saber: Número uno: No
esperarás ninguna intimidad de mí ni me harás ningún reproche. Número dos: Dejarás
de hablarme cuando te lo pida. Número tres: Saldrás de mi dormitorio y de mi estudio
inmediatamente, sin protestar cuando te lo ordene y etc, etc, etc… (a público) La
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muñeca comprendió que esto no daba para más. La muñeca se fue. Antes de
despedirme le di consejos para que mis queridos hijos no sufrieran por…déficit de
calcio… (transición) ¡Y aquí, en Berlín, yo, Albert Einstein comparezco ante su
excelencia el señor juez, declarando haber cometido adulterio! He estado viviendo
con mi prima, la viuda Elsa Einstein divorciada de Lowehthal durante cuatro años y
pico, en relaciones carnales con algunos descansos de por medio, y esa relación
íntima todavía da para más. Por lo tanto, solicito el divorcio de la muñeca. Y así fue.
Ahora tenía una segunda mamita. Madre de dos hermosas hijas que me miraban
encantadas; la mayor, hasta fue capaz de consultar con su amante para ver si se
casaba ella conmigo, o tendría que dejar que fuera su madre la que se case, ya a que a
mí, cualquiera de las dos me daba lo mismo, El amante le aconsejó que mejor que
fuera la madre, y ella lo entendió así, ya que reconoció que la progenitora tenía más
antigüedad en el asunto. En realidad, mi primita no tenía talento para en nada en
especial, salvo como esposa y madre. Su interés por las matemáticas se manifiesta
sólo al pagar las cuentas del mercado (transición) Y por fin llegó el día en que se
difundieron mis teorías y yo empezaba a sentirme acosado por la prensa y por cierta
gente barata que no me dejaba ni respirar. En realidad, me atraía la publicidad…y
también me gustaba quejarme de eso. Después de pensarlo, llegué a la conclusión de
que los científicos que se vuelven íconos, también tienen que ser actores como para
interpretar papeles que atraigan a la multitud. Yo, de aspecto extravagante, grandes
sombreros, pantalones payasescos, hacía de todo para llamar la atención, pero llamar
la atención me molestaba, y primita se ocupaba de ahuyentar a los que querían
verme…Y, sí, al sacármelos de encima podía permitirme salir a navegar y disfrutar de
la vida burguesa…Aunque claro, oficialmente, yo detestaba todo eso…Primita supo
entender muy bien que para solventar la paz del hogar tenía que negociar con unas
cuantas mujeres amadas: Además de su hija Ilse, hubo otra serie de mujeres, entre
ellas Betty Neumann, a quien le gustaba la geometría. Con ella empezamos por
formar un hermoso triángulo. Otra mujer amada fue la millonaria Mendel, sumada a
otras seis o siete mujeres amadas que generaron otras interesantes figuras
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geométricas, incluso Helen Dukas, memorable secretaria que me acompañó hasta la


hora de mi muerte. También hubo una espía rusa y la hija menor de Elsa cuando
estuvo más crecidita… Primita decidió que saldría ganando si cuidaba su matrimonio
todo lo que podía, en torno a ese harem de mujeres “honestas”. Y hasta llegó a
declarar: “Dios le ha dado una gran nobleza y yo lo encuentro maravilloso, aunque la
vida con él, resulte insoportable…Mejor que se vaya a navegar”…Yo no sé por qué
declaró semejante cosa. Eso sí, me parece que para ese entonces, le costaría un trabajo
bárbaro ponerse el sombrero… (transición) Y con mi hijo menor, las cosas andaban
cada vez peor, sus problemas emocionales se hacían más evidentes. Llegó a escribir
que a veces es difícil tener un padre como yo, porque se siente que no le importás y
las personas que dedican su tiempo al trabajo intelectual, traen al mundo hijos
enfermizos, e incluso idiotas. Me parecieron apreciaciones de un loco. También se le
dio por enamorarse de una mujer mayor que él, y cayó en depresión. Empezó a
alejarse de todo y a encerrarse. Yo no podía aconsejarle nada porque nunca me había
dedicado a esas cosas. Sé que después, intentó tirarse por la ventana, pero lo contuvo
su madre. Lo lamentable fue que no me pudo decir qué se siente en una caída libre...
Y lo bueno es que empecé a tener mucha prensa, aunque la fama genera envidias y
resentimientos, especialmente en los círculos académicos. Ahí, la publicidad que uno
mismo se hace, se considera una vergüenza, ¡se supone que uno no puede hacerse
autobombo, cosa que me parece un disparate.! …Y a los que decían que yo no tenía
ninguna capacidad de empatía y que nada me afectaba, les hice ver que la muerte de
mamita demostró que todo eso no era cierto: Tengo que admitirlo, y tomen nota de
esto: Einstein lloró como cualquier hombre, y pudo sentir que hubo alguien que sí, le
importaba. (Llora de manera bufonesca. Se reanima súbitamente) Dicho sea de paso,
en 1922 había que consagrar un premio Nobel. Les comento que al premio Nobel se
lo considera un premio explosivo, ya que fue entregado por primera vez al inventor de
la dinamita ¡Pumba!... No todos estaban de acuerdo en que me correspondía a mí. Las
principales justificaciones que argumentaban era que mi trabajo carecía de una base
experimental, que la relatividad no constituía ningún descubrimiento, que no había
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sido demostrada, que, en realidad, nadie había podido viajar a la velocidad de la luz,
etc, etc, etc. Pero pude hacer valer influencias y finalmente conseguí el premio, ¡qué
me importa que digan que lo mío era más bien un éxito publicitario, un resultado del
mismo autobombo que había atrapado a las masas…Y ya para ese entonces tenía
problemas con el nazismo… no me quedó otra que rajar de Berlín… ¡Gira, gran gira
mundial!... En Tokio abarrotaron las inmediaciones del Palacio Imperial para
presenciar nuestra llegada. Elsa se sumó al boato. ¡A mí, todo eso me resultó
divertido!: Entre nosotros, nadie merece la aclamación de miles de personas que
habían pasado la noche en vela con la esperanza de verme. Y puedo decir que de
todos los que conocí, los japoneses son los que más admiro, son modestos,
inteligentes, considerados, y saben apreciar el arte. “¡Muchísimas gracias, pueblo
japonés, aunque me temo que soy algo así como un estafador que va a terminar en la
cárcel!”… ¡Mi autobombo estaba dando un resultando genial!: ¡Las masas se rendían
ante la teoría de la relatividad mal entendida y se generó la frase de “todo es relativo”
que los volvía locos! En realidad, yo había querido explicar otra cosa. Yo había
querido decir que el Universo está diseñado en base a leyes de dios, pero agarraron
para el lado de los tomates. Después, nos mandamos derechito a Estados Unidos.
Estados Unidos es una nación que puede considerarse bella. ¡Es notable el respeto
que hay en ese ese país en cuanto la libertad de expresión! ¡Me mostraba payasesco,
exhibicionista, con una rama en la mano y en la otra, una funda de violín! ¡Esa
publicidad pegaba bien, les encantaba eso del sabio rebelde que creían que decía que
todo era relativo! (hace sonar una matraca) ¡Einstein superstar!: ¡Ya era hora!
Después del rechazo que viví en mis años de joven, era el momento de aprovechar lo
que viniera. ¡Fueron tumultuosas ovaciones, llevado en andas, ruidosos desfiles con
centenares de automóviles militares, veteranos de guerra, estandartes, banderas, el
destello de los flashes…! ¡La luz enceguecía mis ojos y mi mente! ¡Yo viajaba junto a
la luz y desataba histerias de masas! Los pacifistas exaltados gritaban ¡No a la guerra!
Se precipitaban para besarme y tocarme…A Elsa, no. No la tocaban ni la besaban...
¡Cientos de reporteros, cientos de cámaras!, y yo les respondía con chistes baratos, los
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mismos que ahora, que festejaban con carcajadas la misma estupidez. ¡Fui presentado
en la universidad de Columbia como el monarca de la mente, y teólogos y periodistas
caían como idiotas! ¡Era considerado un místico y enviaron mensajes a las iglesias
para que me incluyeran en los sermones!... A partir de ahí aprendí que el destino me
castigó por mi desprecio a la autoridad, convirtiéndome ahora a mí mismo en una
autoridad… Y proclamaba que la ciencia todavía se seguía empleando más que nada,
en hacer el mal. ¡La guerra no es un juego! Nuestra lucha debe ser contra la propia
guerra. El entrenamiento militar prepara a la mente y el cuerpo en el placer de matar.
Hay que terminar con la hipocresía de un acuerdo para humanizar la guerra, ¡La
violencia engendra violencia!... Simpatizo con la justicia por los oprimidos. Odio el
racismo. ¡Sólo la moralidad en nuestras acciones pueden dignificar y dar belleza a la
Humanidad!... ¿Lindas frases, no? ¿Cómo no iban a gustar? (transición) Y en cuanto
a lo familiar, me hacia fotografíar del brazo con mis hijastras; con los míos propios
había otra historia. La esquizofrenia del menor, sin duda, tuvo que ser genética y
heredada de la madre. Estaba seguro que no se podía hacer nada, sin embargo, viajé
para verlo. Se me ocurrió ir a tocarle el violín. De todo eso, sólo quedó una foto… (la
observa) con los dos sentados uno al lado del otro, incómodos, en la sala del
manicomio. Yo, de gesto sombrío, con el violín en la mano, y él, ajeno, mirando
hacia el piso. Dicen que fue patético. La última vez que lo vi. (rompe la foto) Por
suerte, todo lo demás me ofrecía paz, pero a causa de los nazis, corría el rumor de que
había una recompensa de cinco mil dólares por mi cabeza. ¡Nunca imaginé que esta
maceta con plantas pudiera cotizarse! Estamos en los años treinta y en el corazón de
Europa reside una potencia, Alemania, que obviamente se encamina hacia la guerra, y
a la que hay que aniquilar…Ahora quiero interrumpir con una digresión: Después de
mi muerte, hubo un médico patólogo del hospital de Princeton, el Doctor Thomas
Harvey; ese sí que me abrió la cabeza…con una sierra. Me extrajo el cerebro y lo
embalsamó. Nadie se hubiera enterado de esa hazaña. Pero al día siguiente, en el
colegio del nene del doctor Harvey, se difundió la noticia de que Einstein había
muerto. En medio de todo esto, el buen niño exclamó: “¡Mi papá lo tiene, mi papá
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tiene el cerebro!” Así, el Doctor Harvey se sintió descubierto y perseguido por gente
que pugnaba por mi anatomía, por lo cual, luego de negarse todo lo que pudo,
comprendió que compartir era un deber humano, y por lo tanto, hizo rodajitas que
guardó en su heladera de picnic para poder obsequiar a todos los que apreciaba, a lo
largo de un viaje de esparcimiento que emprendió en su auto. Así, mis pensamientos
pudieron viajar felices en la heladerita, atrás del coche Ford…(transición) Y les decía
que la belleza de Estados Unido reside en el respeto por las ideas, pero eso sí, me vi
en problemas cuando fui sospechado de comunista, acusado y acosado, cuando la
censura recrudeció y el sueño americano se empezó a podrir. Tuve que declarar mil
veces, que no tenía nada que ver con el partido ruso, hasta que se cansaron. A partir
de ahí, me dio por encerrarme más y más en mis ideas, en tanto proclamaba que las
ecuaciones matemáticas eran la mejor forma de explicar como Dios ha diseñado el
universo…Al final, los jóvenes me salieron con que el universo variaba y se
expandía. Fue la primera patada en el culo a mis teorías. y la nueva generación ya me
veía como a un anticuado. Sabía que empezaba a nadar contra la corriente y que me
agarraba al pasado, en solitaria carrera. Y así seguí, hasta el final de mis días. Atrás
quedó el bullicio y pasé veinte años más, en la búsqueda de una ley que explicara el
funcionamiento de todo el Cosmos, desde las galaxias hasta los misterios del corazón
del átomo. ¿Piensan que fui un iluso? El problema es que nunca supe demasiado de
matemáticas y los que me ayudaban resultaban bastante burros y no acertaban una.
Así me fue… Admití públicamente que al menos, por el momento estaba bloqueado.
El New York Times en su titular publicaba que Einstein se había desconcertado con
el enigma del Universo. Sí, acepté que pasaba el tiempo calculando como un loco sin
conseguir nada, que si los otros avanzan, no va a quedar nada de mi sueño de
espuma…En mis últimos años empiezo a ver que uno se siente llamado al infinito,
más o menos solo. Y ahora vuelvo a recordar a aquél amigo, Michele Beso. El partió
de este mundo, poco antes que yo. Eso no significa nada. Para nosotros, creyentes en
Dios, la distinción entre pasado, presente y futuro es pura ilusión. Mi error se basó en
creer que iba a encontrar la explicación de todo, y mi ignorancia consistió en no saber
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que no hay nada que se puede dar por seguro….Elsa ya no estaba, y mi fiel secretaria,
Hellen, ya vieja, llevó su cama junto a la mía, para poder humedecer mis labios
durante la noche, y aun en agonía pedí papel para seguir calculando (transición) A
través del tiempo, el doctor Harvey, y durante cuarenta años siguió regalando
muestras de cerebro a los investigadores que le resultaban simpáticos, mientras
disfrutaba de sus viajes, repartiendo rodajitas. De los estudios que hicieron en base a
esas muestras no pudo llegarse a ninguna conclusión. Para ir finalizando, puedo
decirles que la respuesta a mi ingenio no se podía encontrar entre los cristales del
microscopio… ¡Ah, pero me olvidaba de algo importante!: Se habían instalado
rumores acerca de que los alemanes podrían contar con medios suficientes como para
bombardear uranio pesado con neutrones. Yo sentí la necesidad de convencer al
gobierno estadounidense en desarrollar una bomba nuclear, ante la amenaza de que
esos alemanes se convirtieran en una raza dominante. Al principio, fui escuchado con
desconfianza pero finalmente logré imponer la idea de fabricar el explosivo, y hasta
me permitieron ayudarlos para solucionar algunas dificultades. En realidad, todo eso
fue inútil porque los alemanes se rindieron y era obvio de que no habían podido
fabricar nada… ¡Ah!, también les decía que el pueblo japonés se destaca por la
amabilidad y la belleza de sus ideas. Pero hubo un incidente en Pearl Harbord y
entonces los Estados Unidos eligieron Iroshima y Nagasaki… una bombita a cada
una y ¡¡¡PUMBA!!!

FINAL, 2024
AUTOR: Carlos Cazila
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ORIGEN: Argentina

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