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El documento narra la llegada de un viajero y su criado a una casa de campo deteriorada donde pasarán la noche. A pesar de las condiciones precarias del alojamiento, el viajero se muestra resignado y entabla una conversación con la dueña, quien comparte su historia de prosperidad y posterior caída en desgracia. La descripción del entorno resalta la belleza del paisaje que rodea la casa, contrastando con su estado ruinoso.

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El documento narra la llegada de un viajero y su criado a una casa de campo deteriorada donde pasarán la noche. A pesar de las condiciones precarias del alojamiento, el viajero se muestra resignado y entabla una conversación con la dueña, quien comparte su historia de prosperidad y posterior caída en desgracia. La descripción del entorno resalta la belleza del paisaje que rodea la casa, contrastando con su estado ruinoso.

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Angelina - Carlos F.

Gutierrez
Cargado por Nimia Eybi López Valdez el Oct 25, 2022

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CAPÍTULO I
LA POSADA

C
on la usual frase “nos dan banco pernibrado, que allí contra la
posada” llegamos una tarde del pared había, mientras mi diligente
mes de noviembre, mi criado y criado ataba las bestias a cualquier
yo, al corredor tendido de una casa de tronco de árbol.
campo situada en el confín de una
meseta verde y sonriente, extendida a
La casa en donde pasaríamos aquella
los pies de una hermosa y elevada
noche, estaba más caída que parada.
montaña.
Las paredes completamente
desencaladas enseñaban su trabazón
Salió a nuestras voces extraña mujer, de raja carcomida, y el correaje que
alta y seca, quien después de haber por tantos años mantuvo sólidamente
examinado concienzudamente unido aquel endeble maderamen, roto
nuestra catadura, y satisfecha del ya en muchas partes, salía por los
examen, contestó a nuestra súplica negros agujeros tostado y podrido.
con el “mándese a apear” ordinario.

La teja roja y bien unida antes, estaba


Cansados y ya con la noche encima no negra y amarillenta; pedazos de techo
esperamos la segunda invitación. descubiertos, permitían ver jirones de
Presurosos abandonamos nuestras nubes voladoras, orladas por los
monturas; sentándome yo en un últimos rayos del sol poniente. Las
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puertas fuera de quicio, tenían sus placa argentada, del otro lado del
hojas inclinadas en opuestas monte se extendía.
direcciones; el empedrado del
corredor estaba casi destruido y los
Valles extensos alcanzaba la vista
carcomidos pilares sustentaban, a
desde el rededor de la meseta;
medias, el peso de aquella armazón
cañadas profundas y obscuras de
desencajada que no esperaba más que
donde el calor de los últimos rayos
un ligero impulso para desparramarse
solares levantaba en desmadejado
en ruinas sobre la verde sabana.
vapor, las humedades allí perdidas.

Pobre había de ser la comodidad que


Después de haber mandado las
tendríamos aquella noche; y hasta la
cabalgaduras a un buen repasto, de
garantía individual era dudosa; pero la
haber acomodado convenientemente
población más cercana estaba aún
arreos y vituallas y dispuesto la
muy lejos de nosotros, y tuvimos que
confección de nuestra cena, acostado
aceptar aquel miserable albergue con
en mi hamaca y obedeciendo a una
resignación y hasta con buena
vieja costumbre mía, trabé con la
voluntad.
dueña de la casa, conversación larga y
tendida.
Si el aspecto de la casa era triste y
desconsolador, en cambio la
Me dijo que allí había vivido durante
perspectiva del campo era magnífica.
cuarenta años; que cuando su marido
existía, la prosperidad fue habitual en
La montaña estaba a nuestro frente, su casa; que poseyó en aquellos
altiva, hermosa y exuberante de tiempos y aún mucho después
feracidad. Cintas de vapor blanco considerables bienes de fortuna;
cortaban el verde azulado de su cima; ganado vacuno y caballar, extensos y
e iluminada por esa luz blanca y clara fértiles terrenos y algún dinero
que hay durante la penumbra, se efectivo; pero que acontecimientos
percibía la arboleda con claridad inesperados le trajeron a menos, salud
admirable. Los troncos de los pinos se y fortuna, hasta dejarla en el triste
destacaban negros, firmes y sombríos, estado en que se encontraba. Se quejó
cortando a intervalos, la diáfana de su suerte, lloró sus infortunios y
blancura del espacio, que como limpia hasta me habló de ciertos proyectos
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