0% encontró este documento útil (0 votos)
24 vistas24 páginas

Crítica al Estado y Políticas Públicas

El documento analiza el Estado moderno y su función en la formulación de políticas públicas, destacando cómo el sentido común liberal y socialcristiano influye en la percepción y expectativas sobre el Estado. Se discuten las teorías de pensadores como Hobbes, Locke y Weber, así como el impacto del neoliberalismo en la crítica al Estado y su papel en la economía. Finalmente, se menciona cómo la crisis del modelo neoliberal ha llevado a un resurgimiento del Estado en América Latina, promoviendo políticas alternativas frente al neoliberalismo.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
24 vistas24 páginas

Crítica al Estado y Políticas Públicas

El documento analiza el Estado moderno y su función en la formulación de políticas públicas, destacando cómo el sentido común liberal y socialcristiano influye en la percepción y expectativas sobre el Estado. Se discuten las teorías de pensadores como Hobbes, Locke y Weber, así como el impacto del neoliberalismo en la crítica al Estado y su papel en la economía. Finalmente, se menciona cómo la crisis del modelo neoliberal ha llevado a un resurgimiento del Estado en América Latina, promoviendo políticas alternativas frente al neoliberalismo.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

II.

El Estado y las Políticas Públicas:


sentido común y perspectiva crítica

Mariano Indart

(…) diferentes formas de acumulación de capital militar,


económico y simbólico son interdependientes y forman un todo,
y es esta totalización lo que hace a la especificidad del Estado.
P. Bourdieu (Sobre el Estado, 2015).

1- Presentación

Este trabajo se propone abordar sintéticamente algunas


conceptualizaciones en torno al Estado Moderno y su función,
con la intención de brindar elementos que permitan enriquecer las
interpretaciones acerca del origen y lógica de las políticas públicas.
El sentido común hegemonizado por la matriz liberal y algunas
versiones derivadas del pensamiento socialcristiano, predispone a
que se considere al Estado como un conjunto de instituciones que
de una manera o de otra se encargan, o deberían hacerlo, del bien
común de una población en un territorio determinado, ya que en
los dispositivos estatales estarían representados todos los ciudadanos
de esa nación. Uno de los motivos por los cuales se critica, desde
ese sentido común, al Estado –básicamente al gobierno y a la
administración pública– es que muy rara vez las políticas públicas
satisfacen las expectativas de la mayoría de la población. En ese caso
las críticas suelen dirigirse a la supuesta incapacidad o corrupción
propia de esos gobernantes y administradores. Llegados a este
punto, podemos preguntarnos si el fracaso de los gobiernos y la
administración del Estado es producto exclusivo de esas causas o
si el problema tiene relación con la perspectiva con que se mira al
Estado desde el mencionado sentido común, impregnado, entre otros
aportes teóricos que nutren al liberalismo, de positivismo ingenuo.
Aceptando que parte o gran parte del problema de la disconformidad
para con el Estado está en las perspectivas adoptadas respecto de
qué entendemos y consecuentemente esperamos del mismo y de sus
políticas, en el apartado siguiente abordaremos algunas de las teorías
más difundidas acerca del Estado y luego definiremos cuál es nuestra
posición al respecto.
No se desarrollarán aquí algunas temáticas que sería interesante
incluir pero que harían demasiado extenso este trabajo, como las
vinculadas a la Nación, las nacionalidades y las relaciones de y entre
estas cuestiones, de índole fundamentalmente cultural, con el Estado,
y que han sido de gran influencia para entender proyectos políticos
conservadores y reaccionarios, como el nazismo y el fascismo, pero
también proyectos progresistas nacional-populares y que sin duda
impregnan también el sentido común produciendo muchas veces un
entrecruzamiento entre los conceptos de Nación y Estado, aunque
consideramos que sería interesante desarrollar estas cuestiones en
otros trabajos posteriores.

2- El Estado para el liberalismo

Sería poco serio resumir el pensamiento liberal sobre el Estado en


pocas líneas; solo intentaremos bosquejar algunos aspectos que
permitan entender la perspectiva general. Para ello organizaremos este
apartado en tres: los primeros pensadores liberales que coincidieron
en plantear el llamado contrato social, el pensamiento de Max Weber
en relación al Estado y las novedades introducidas en la matriz liberal
desde el neoliberalismo.
2.1 - Los pensadores del contractualismo:
La ideología liberal fue naciendo en Europa a partir del siglo XVI,
si bien sus antecedentes pueden rastrearse en siglos anteriores. La
concepción del hombre y la sociedad parten del individualismo, la
igualdad jurídica, la pretensión de universalidad de sus principios
al hablar en nombre de la humanidad y la idea de progreso. Para
ejemplificar estos planteos nos remitiremos a Thomas Hobbes y a
John Locke.
Thomas Hobbes desde su obra El Leviatán (1651) afirma que la
sociedad no es un hecho natural, es el “producto artificial de un pacto

58 Mariano Indart
voluntario, de un cálculo interesado” (En Saborido, 2007). El Estado
se basa en un contrato, el que pactan individuos que deciden darse
un soberano; ese contrato, lejos de limitar la soberanía, la funda; el
origen del contrato es la preocupación por la paz; el Estado tiene la
función de salvaguardar el derecho natural de cada uno, y su poder
encuentra su límite absoluto en el derecho natural, no en algún otro
hecho moral. Ese Estado es el que fundamenta la propiedad, por lo
que todo ataque al mismo es un ataque a la propiedad. Hobbes es el
teórico del Estado Absoluto en los albores de la modernidad.
John Locke, pensador clave de la Revolución Gloriosa en la
Inglaterra de 1688, destaca también la importancia de la propiedad,
cuya garantía es justamente el objetivo de la creación del Estado.
Locke, a diferencia de lo que ocurre con el absolutismo de Hobbes,
concede una gran importancia al poder legislativo como representante
de las mayorías.

Cuando los hombres salen del estado de naturaleza y se unen


en una comunidad, debe entenderse que desisten a favor de la
mayoría de todo el poder que fuera necesario para conseguir
los fines que los llevaron a asociarse (a menos que determinen
explícitamente a cualquier grupo más numeroso que la simple
mayoría). Y esto se consigue cuando los hombres acuerdan
unirse en una sociedad política, acuerdo que resume en sí
todo el procedimiento contractual que se sigue o necesita
seguirse entre los individuos que entran a formar un Estado.
(Locke: Segundo Tratado sobre el gobierno civil-1690. Capítulo
VII- en Fayt, C. S., El Estado liberal moderno, Buenos Aires, Plus
Ultra, 1973, p. 153-188. Citado en Saborido, (2002), p. 39)

Faltaría agregar, para entender mejor estos planteos del


liberalismo político, que Adam Smith –fundador del liberalismo
económico– afirma que el mercado, regido por leyes naturales es
el espacio más justo para dirimir las desigualdades naturales. Allí
la competencia entre individuos premia y castiga sin injerencia
distorsionante, y el Estado debe ser el garante de que estos principios
se cumplan, sin intervenir en pos de una mayor igualdad artificial,

El Estado y las Políticas Públicas: sentido común y perspectiva crítica 59


ni creando empleo, lo que distorsionaría la Ley de Say, que dice que
a cada oferta se sucede una correspondiente demanda, por lo que el
desempleo solo puede ser producto de una decisión del individuo (de
aquí deriva el comentario del sentido común acerca de que “el que no
trabaja es porque no quiere”). Estos principios de mercado y Estado
garante van a ser fuertemente puestos en discusión luego de la crisis
de 1930 conocida como la Gran Depresión que abrió paso al modelo
denominado Estado de Bienestar.
Hay otros autores importantes para incluir aquí, como Rousseau,
aunque su pensamiento es más complejo y nos llevaría al tema de la
democracia y el poder comunitario, que no siempre coincide con los
planteos del liberalismo económico21, pero dejaremos ya el tema de
los planteos contractualistas para pasar a los aportes de Max Weber.
2.2- La obra de Max Weber (1864-1920)
Max Weber es un pensador insoslayable para entender la
conceptualización del Estado realizada desde el liberalismo. Define
al Estado como "... aquella comunidad humana que, dentro de
un determinado territorio (el "territorio" es elemento distintivo),
reclama (con éxito) para sí el monopolio de la violencia física
legítima". (Weber, 2009, p.p.83/84).
Para Weber, el poder es una relación que suele tomar la forma
de autoridad en el caso de vínculos de índole cotidiana y de dominio
para el caso de los territorios organizados políticamente, las naciones
constituidas en Estados. Los fundamentos del poder, en el caso de
que exista legitimidad, o sea consenso de los dominados, tienen su
origen en varias fuentes: el respeto a las autoridades tradicionales que
vienen desde tiempos remotos, en la admiración y el sentimiento que
despiertan personas estimadas consideradas extraordinarias, como en
el caso del carisma, y en el respeto a reglas estatuidas racionalmente,
dando origen a reglamentos, leyes y normas de existencia positiva,
que sería el caso del Estado Moderno.

21
Es interesante cómo en América Latina, a lo largo de la historia moderna, se han sucedido
golpes de Estado cívico-militares que desde el autoritarismo político (o sea eliminando la
democracia liberal) favorecen el liberalismo económico.

60 Mariano Indart
El autor considera que la modernización y el avance de la
democratización de distintas esferas de la vida social en una sociedad
cada vez más masiva, conduce inevitablemente a una creciente
burocratización de la vida social. Esta tendencia para el caso del
Estado llevaría a un crecimiento desmedido de la burocracia estatal
con el consiguiente peligro para la libertad individual, sometida a
crecientes reglamentaciones y sometimientos bajo quienes ejercen
los cargos administrativos del Estado, lo que sería inevitable en el
socialismo, con el monopolio de la administración estatal.
Weber avizora un futuro complicado y sombrío para las
sociedades modernas, seguramente afectado por su propia experiencia
como miembro de la burguesía alemana en los años de la Primera
Guerra Mundial. Propone como paliativo la posibilidad de que
los ciudadanos elijan líderes, políticos capaces, dotados de pasión,
responsabilidad y mesura, y que dichos líderes sean controlados por
una administración estatal eficaz. Debe salvaguardarse lo que queda
del individualismo amenazado por el crecimiento de la racionalidad
de la vida social, inevitablemente ligada a la modernización, y por
el peligro que desde su perspectiva tiene el avance del socialismo,
aspecto agitado constantemente por los medios masivos hegemónicos
y que se consolida como sentido común en la opinión pública.
2. 3- El pensamiento neoliberal
Para Adam Smith el gobierno debe ocuparse de algunas funciones
para que los individuos, como ciudadanos de un Estado organizado,
puedan alcanzar el mayor grado de libertad posible:

(...) De acuerdo con el sistema de libertad natural el soberano


solo tiene que atender a tres obligaciones, que son, sin duda,
de grandísima importancia pero que se hallan al alcance y
a la comprensión de una inteligencia corriente. Primera, la
obligación de proteger a la sociedad de la violencia y de la
invasión de otras sociedades independientes; segunda, la
obligación de proteger, hasta sí esto es posible, a cada uno de
los miembros de la sociedad, de la injusticia y de la opresión
que puedan recibir de otros miembros de la misma, es decir, la
obligación de establecer una exacta administración de la justicia;

El Estado y las Políticas Públicas: sentido común y perspectiva crítica 61


y tercera, la obligación de realizar y conservar determinadas obras
públicas y determinadas instituciones públicas, cuya realización
y mantenimiento no pueden ser nunca de interés para un
individuo particular o para un pequeño número de individuos,
porque el beneficio de las mismas no podrá nunca reemplazar
de su gasto a ningún pequeño grupo de individuos, aunque con
frecuencia reembolsan con gran exceso a una gran sociedad”.
(Smith, 1776, por Friedman, M. y R. en "Libertad de elegir",
Buenos Aires, Orbis/Hyspamérica, 1983, p. 49-56. Citado en
Saborido, 2002, p. 50-51)

Milton Friedman, uno de los pensadores centrales del


neoliberalismo, afirma que un cuarto deber del gobierno que Adam
Smith no mencionó explícitamente, es el de proteger a los miembros
de la comunidad que no pueden considerarse como individuos
responsables (Friedman, 1983). La libertad, desde la perspectiva
neoliberal, solo es un objetivo defendible para los individuos
responsables, no para los locos o para los niños. Asimismo considera
que el paternalismo es necesario para con los que el neoliberalismo
considera como irresponsables.
Con la crisis económica y política del Estado de Bienestar durante
la década del 70’ del siglo XX, esta filosofía neoliberal –que recupera
a los clásicos del liberalismo pero incorpora una visión aún más pro-
mercado que aquellos– se transformó en el argumento ideológico
que fundamentó los proyectos políticos de casi todos los países del
globo. El Estado es acusado de ineficiente, ineficaz, improductivo,
y es culpado por promover el adoctrinamiento, el clientelismo, la
amenaza a la libertad del individuo.
En el Cono Sur de América, estas políticas promulgadas desde
el llamado Consenso de Washington pudieron aplicarse luego de
fuertes dictaduras cívico-militares que dejaron enormes deudas
económicas y destrozaron el tejido social y la oposición política de
raíces o simpatías anticapitalistas. El modelo neoliberal se expandió
acompañando la llamada globalización, y se hizo hegemónico sobre
todo al caer el bloque de los llamados socialismos reales, durante la
última década del siglo pasado.

62 Mariano Indart
Desde el 2008, una fuerte crisis que se inicia en Estados Unidos
e impacta en casi toda Europa –y por ende repercute en la economía
mundial– hace que empiece a hablarse de pos-neoliberalismo y que
el Estado vuelva al centro de la escena, ya no para cumplir funciones
similares a las ejercidas durante el modelo benefactor, sino para
apuntalar y salvar empresas privadas por medio de deuda producida
por emisión monetaria de los tesoros norteamericanos y europeos,
con efectos a mediano y largo plazo todavía imposibles de predecir.
Distinto es el caso en América Latina, donde la crisis del modelo
neoliberal, a principios de este siglo, dió origen a proyectos políticos
nacional-populares, socialistas y neo-desarrollistas que llevaron
adelante políticas públicas en mayor o menor medida, y según el
caso, opuestas al neoliberalismo.
Existen otros enfoques como la teoría institucionalista y la teoría
sistémica del Estado que no vamos a desarrollar aquí. Solo diremos
que son perspectivas que abordan al Estado desde parámetros que
abrevan del funcionalismo y, por consiguiente, continúan bajo el
universo teórico de matriz liberal.

3- El Estado para el socialcristianismo

En la introducción afirmábamos que todas las variantes de origen


liberal ya mencionadas, sumadas a perspectivas derivadas del
cristianismo y que sostienen ideas relativas al bien común, constituyen
los fundamentos sobre los cuales se construye el sentido común
hegemonizado en relación a la naturaleza del Estado y su función.
En este punto, al igual que en el caso del liberalismo, solo vamos a
sintetizar algunas ideas que nos parecen fundamentales para entender
el enfoque general sobre el Estado derivado del socialcristianismo.
3.1 - El pensamiento cristiano en el Siglo XIX

Debe tratarse de contener al pueblo dentro de su deber,


porque si bien es permitido esforzarse (…) en mejorar la
suerte, sin embargo, quitar a otro lo que es suyo o en pro
de una absurda igualdad, apoderarse de la fortuna ajena, lo

El Estado y las Políticas Públicas: sentido común y perspectiva crítica 63


prohíbe la justicia y lo rechaza la naturaleza del bien común.
Es cierto que la mayor parte de los obreros quiere mejorar
su suerte a la fuerza de trabajar honradamente y sin hacer a
nadie injuria; pero también es verdad que hay –no pocos-
imbuidos de torcidas opiniones y deseosos de novedades que
de todas maneras procuran trastornar las cosas y arrastrar a
los demás a la violencia. Intervenga, pues, la autoridad del
Estado y, poniendo un freno a los agitadores, aleje de los
obreros los artificios corruptores de sus costumbres y de los
que legítimamente tienen el peligro de ser robados.

En estas líneas pueden percibirse las ideas de equilibrio social y


bien común propias de la perspectiva socialcristiana más conservadora,
dominante en la mayoría de las autoridades de la Iglesia Católica a lo
largo de su historia. El texto continúa:

Importa al bienestar del público y al de los particulares que haya


paz y orden (…). Una mayor duración o una mayor dificultad
del trabajo y la idea de que el jornal es exiguo dan no pocas
veces a los obreros motivo para alzarse en huelga y entregar
su voluntad al ocio. A este mal frecuente y grave debe poner
remedio la autoridad pública, porque semejante cesación del
trabajo no solo daña a los amos y aún a los mismos obreros,
sino que perjudica el comercio y los intereses de Estado…
(León XIII (1999), Rerum Novarum de 1891, Buenos Aires:
Ediciones Paulinas p. 33-42. Citado en Saborido, 2002, p. 30-31)

Puede apreciarse que la idea que se sostiene como trasfondo es


la del mantenimiento del orden social, entendiendo a la sociedad
como organismo, como un cuerpo, donde todos tienen una
función complementaria; los patrones y los obreros. El Estado es la
autoridad que debe intervenir para mantener el equilibrio entre las
partes, cuando alguna de ellas pone en riesgo el sistema, lo que sin
duda constituye un planteo conservador y poco proclive a grandes
transformaciones. En este sentido, se asemeja al posicionamiento del
positivismo cuando se habla de la necesidad de orden para asegurar
el progreso.

64 Mariano Indart
3. 2- El Cristianismo avanzado el Siglo XX
Durante el siglo XX, y cuando las luchas sindicales institucionalizaron
el conflicto social en muchos países capitalistas, surgen posturas menos
conservadoras. Toman fuerza los conceptos de pueblo y de poder
popular en los regímenes democráticos y dentro de las posiciones
derivadas del socialcristianismo. Un concepto de pueblo que lo
considera, nuevamente, como un todo orgánico. A continuación
presentamos una cita de cierta extensión pero importante para
explicitar este posicionamiento:

El segundo problema a estudiar es el del pueblo y el Estado (...)


Consideremos el caso del estado democrático. En él, la fiscalización
del Estado por parte del pueblo, incluso aunque el Estado
trate de eludirla, se halla inscripta en los principios y armazón
constitucional del cuerpo político. El pueblo dispone de medios
regulares, estatuidos por la ley para ejercer su vigilancia. Elige
periódicamente a sus representantes y, directa o indirectamente,
a sus funcionarios administrativos. No solamente el pueblo
destituirá a éstos de sus cargos en los comicios siguientes a su
elección, sino que a través de las asambleas de sus representantes
fiscaliza, supervisa y presiona a su gobierno durante el tiempo
que éste ejerce el poder (...). En segundo lugar, el pueblo cuenta
con los medios –cuando no los utilice directamente por sí – de
expresar la opinión pública a través de la prensa, la radio y otros
elementos, cuando son libres (...). En tercer lugar, está la presión
de los grupos sociales y otros medios no institucionales por cuyo
conducto actúan sobre los organismos gubernamentales algunos
fragmentos del cuerpo político, concluyamos, pues, en primer
término, que según el principio pluralista todo cuanto pudiera
lograrse en el cuerpo político merced a los órganos particulares o
sociedades de grado inferior al Estado y nacidas de la libre iniciativa
del pueblo, debería obtenerse por medio de dichas sociedades u
organismos particulares; segundo, que la energía política debe
surgir inagotablemente del pueblo, dentro del cuerpo político. En
otras palabras: el programa de conducta del pueblo no debería
brindarse desde arriba; al contrario: ha de ser elaborado por el
pueblo. (Maritain, J. (1984), El hombre y el Estado, Buenos Aires: Club
de Lectores p. 80-84. Citado en Saborido, 2002, p. 32-33)

El Estado y las Políticas Públicas: sentido común y perspectiva crítica 65


Es interesante el giro producido dentro del posicionamiento
socialcristiano original que aquí asume que el poder terrenal, político,
no deriva de Dios sino del pueblo. Si bien no aparece la idea de conflicto
ni de clases sociales –persistiendo la concepción de unidad dentro del
pueblo– los planteos que empiezan a gestarse, sobre todo luego del
Concilio Vaticano II, dan lugar para que surjan –aunque solo en algunos
sectores y sujetos– interpretaciones alternativas a las tradicionales.
Las mismas dan lugar a que asome una militancia religiosa de
carácter progresista, incluso revolucionaria y que aparezcan nítidas
críticas al capitalismo, dentro del pensamiento socialcristiano. Podemos
decir que en términos doctrinarios las mismas pueden rastrearse
en el mencionado Concilio. En la cita de Maritain persiste un
posicionamiento que coloca al Estado por “encima” del pueblo; en
este sentido la mirada coincide con la del liberalismo y la idea de
Estado Sujeto. Nótese que en la cita se afirma que el pueblo puede
actuar sobre el Estado llegado el caso, y en esto se continúa con la
matriz liberal que separa la sociedad política de la sociedad civil.

3.3- El socialcristianismo y la perspectiva crítica

Si bien este apartado se refiere a perspectivas hegemónicas sobre el


Estado, es necesario mencionar que luego del Concilio Vaticano II, en el
socialcristianismo surgieron corrientes y planteos como los de la Teología
para la Liberación, los de los Sacerdotes para el Tercer Mundo, los Curas
Obreros que se posicionan de manera crítica ante el sistema y el Estado
capitalista. En el caso de la Teología de la Liberación, por ejemplo, se
acepta en gran medida la explicación que brinda el materialismo histórico
para entender el desarrollo social, aunque se sostiene la creencia en Dios y
la religión, de manera mucho más relacionada con la historia concreta, la
realidad social de los pueblos y las clases oprimidas que en el cristianismo
tradicional. Una postura de este tipo es la que podemos encontrar en
Paulo Freire, que él mismo llamó radicalismo metafísico. Estas propuestas
se desarrollaron con intensidad en América Latina a partir de la década
del 60’ del siglo pasado, y tuvieron mucho que ver con el clima crítico y
subversivo previo a las dictaduras cívico-militares que asolaron la región
durante esa década y los 70’.

66 Mariano Indart
Es conocido también en la región y particularmente en nuestro
país el llamado Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.
Varios religiosos pertenecían y aún lo hacen a esta corriente que
interpreta el mensaje de Jesús como un llamado a la acción social y
política transformadora, trabajando fundamentalmente con sectores
populares, sus derechos y la necesidad de la toma de conciencia
y participación política. Muchos de sus integrantes lucharon
fuertemente contra las dictaduras cívico-militares y varios fueron
asesinados durante las mismas.
La variedad de estas y otras corrientes dentro del socialcristianismo
continúa y sigue dando lugar a enfrentamientos en el interior de la
Iglesia Católica. Un ejemplo de esto sería lo sucedido en nuestro
país durante la última dictadura, cuando miembros de la jerarquía
otorgaban su bendición a los genocidas mientras otros sacerdotes
morían perseguidos por el mismo régimen.

4- El Estado para la perspectiva crítica

Las perspectivas derivadas del liberalismo se nutren de las ideas


de individuo, competencia, igualdad jurídica, propiedad privada,
considerando como justo el premio y castigo que otorga el mercado,
ya que accionaría sobre los diferentes talentos y méritos de cada
individuo. En las mismas, la acción del Estado tiene que ver con
un árbitro o sujeto que debe intervenir imparcialmente y solo en
la medida de lo necesario para no coartar esa libertad individual y
garantizar la convivencia pacífica.
El socialcristianismo, salvo en las posiciones sintetizadas en
el punto 3.3 sostiene que el bien común debe estar por encima de
cualquier interés individual, pero siempre garantizando el orden y
la paz social. El Estado es otra vez un árbitro, un representante de
ese bien común y debe velar por una sociedad más justa pero dentro
del orden o debe ser intervenido por el pueblo, en nombre de la
democracia, entendiendo a este como un todo orgánico.
Ambas miradas colaboran para sostener el criterio predominante
en el sentido común hegemonizado en relación al Estado y su función

El Estado y las Políticas Públicas: sentido común y perspectiva crítica 67


social: la sociedad civil por un lado, la sociedad política por el otro y,
generalmente, esta última es la que se desvía de sus objetivos y debe
ser corregida por la gente que sería independiente y de alguna manera
estaría incontaminada de la política.
Muy distinta es la explicación de lo que es el Estado y lo que
representan las políticas públicas que construye la perspectiva crítica.
Los puntos que se desarrollan debajo y que representan versiones de
esta perspectiva son todos tributarios directa o indirectamente del
materialismo histórico de Karl Marx.

4.1- El Estado para el materialismo histórico

4. 1.1 - La teoría instrumentalista del Estado:


La primera versión conceptual del Estado que surge del materialismo
histórico y que presentamos es la que corresponde a la llamada teoría
instrumentalista del Estado, y lo haremos a partir de una cita de Lenin,
quien elabora su planteo en base a la interpretación que él y otros teóricos
realizan de la obra de Marx:

El Estado es una máquina para que una clase reprima a otra,


una máquina para el sometimiento a una clase de otras clases,
subordinadas. Esta máquina puede representar diversas formas
(...) Debemos rechazar todos los viejos prejuicios acerca de
que el Estado significa la igualdad universal, pues esto es un
fraude: mientras exista explotación no podrá existir igualdad.
El terrateniente no puede ser igual al obrero, ni el hombre
hambriento igual al saciado. La máquina, llamada Estado,
y ante la que los hombres se inclinaban con supersticiosa
veneración, porque creían en el viejo cuento de que significa
el Poder de todo el pueblo, el proletariado la rechaza y
afirma: es una mentira burguesa. Nosotros hemos arrancado
a los capitalistas esta máquina y nos hemos apoderado de
ella. Utilizaremos esa máquina, o garrote, para liquidar toda
explotación; y cuando toda posibilidad de explotación haya
desaparecido del mundo, cuando ya no haya propietarios
de tierras ni propietarios de fábricas, y cuando no exista ya
una situación en la que unos están saciados mientras otros
padecen hambre, solo cuando haya desaparecido por completo

68 Mariano Indart
la posibilidad de esto, relegaremos esta máquina a la basura.
Entonces no existirá Estado ni explotación. (Lenin, 1987, pp.
314 a 335.22 Citado en Saborido, 2002, p. 59-60)

En esta cita aparecen aspectos importantes que destacar: la crítica a


la versión liberal del Estado y que lo relaciona con la representación del
interés general y con la igualdad, como vimos en los puntos anteriores.
Lenin afirma que el verdadero sentido de la institución estatal tiene que
ver con su función represiva hacia el proletariado y también sostiene
la concepción de que ese instrumento burgués, ahora transformado
en el socialismo, va a desaparecer en el comunismo, cuando ya no exista
la necesidad de reprimir al haberse terminado las clases sociales y la
explotación, causas originarias. Pese a que esta visión del pensamiento
marxista en relación con el Estado es seguramente la más difundida,
existen interpretaciones alternativas, no derivadas de Marx sino de
Federico Engels (1820-1895). En una obra publicada con posterioridad
a la muerte de Marx, Introducción a La lucha de clases en Francia, Engels
dejó sentadas algunas ideas que implicaban un cambio en la estrategia
para lograr el fin del capitalismo: en lugar del camino revolucionario
aparece la posibilidad de utilización de la vía legal, de las instituciones
parlamentarias. Veamos la importancia de este párrafo de Engels (1871)
donde dice: “(los obreros) han utilizado el sufragio universal de modo tal
que ha multiplicado mil veces sus beneficios (...), el sufragio universal se
ha transformado de medio de engaño, como era hasta ahora, en medio
de emancipación” (p.9).
Esta afirmación y otras de similar carácter abrieron un debate
que persiste dentro del marxismo y el pensamiento crítico en
general, y que generó innumerables polémicas y acusaciones cruzadas
vinculadas al camino y sentido reformista o revolucionario y/o pacífico
o violento de muchas iniciativas críticas o transformadoras del modo
de producción capitalista. A los efectos de este trabajo simplemente

22
Lenin: Conferencia pronunciada en la Universidad Sverdlov, en Portantiero, J. C. y E. De
Ipola, (1987). La teoría del Estado de Lenin es mas compleja, aquí utilizamos esta cita para
ejemplificar la posición instrumentalista que nos interesa evidenciar. Para profundizar estas
cuestiones pueden rastrearse los trabajos de M. Thwaites Rey que recuperan el debate entre
autores marxistas como Miliband, Poulantzas, Laclau, etc.

El Estado y las Políticas Públicas: sentido común y perspectiva crítica 69


mencionamos la existencia de los mismos, y solo nos detendremos
en perspectivas que permitan evidenciar la mirada del Estado y las
políticas públicas que nos interesa explicitar y discutir.
4.1.2- El Estado Ampliado y la hegemonía
(Gramsci, 1891- 1937)
Mucho se ha escrito, difundido y debatido sobre la obra de Antonio
Gramsci y su vigencia para entender los fenómenos políticos y sociales
contemporáneos. Aquí nos interesa plantear su concepción de Estado
Ampliado y los alcances que tiene el concepto de hegemonía.
Gramsci posee una interpretación marxista del Estado pero que
se aleja de la visión instrumentalista que vimos en el apartado anterior.
Para él, el modo de producción capitalista puede interpretarse
teóricamente apelando a los conceptos de sociedad política y
sociedad civil23. El Estado en sentido estricto está integrado por
todos los dispositivos políticos conocidos visiblemente: gobierno,
ministerios, aparato legislativo, judicial, etc. Desde ellos se ejecutan
las políticas públicas a partir del control que ejerce la clase dominante
en el interior del mismo. Pero el Estado se prolonga, se amplía en la
sociedad civil, en los espacios donde los ciudadanos transcurren sus
vidas cotidianamente: familias, lugares de trabajo, por intermedio de
los medios de comunicación, en las escuelas, iglesias, etc. y donde
se crean y recrean las visiones del mundo del sentido común. La
acción estatal se convierte en hegemónica cuando logra conducir por
consenso activo a la sociedad civil, cuando la ideología de la clase
dirigente logra predominio sobre otras posibles visiones alternativas.
Es en el espacio civil donde la clase dominante se convierte en
dirigente. Logra conducir, instalar un discurso, compuesto de
dimensiones simbólicas y materiales, por sobre otros posibles, dar
sentido al mundo y al futuro logrando que una filosofía (que es
siempre una concepción del mundo, una ideología surgida de una
clase social) se convierta en sentido común predominante. El sentido
común es la forma más difundida de entender la vida y la moral que

23
Estos conceptos permitirían interpretar mejor el funcionamiento del modo de producción
que los de estructura-superestructura, que siempre vienen acompañados de alguna dosis, más o
menos atemperada, de determinismo económico.

70 Mariano Indart
una sociedad sostiene y que proviene de una clase particular que ha
logrado, como se viene afirmando, que sus intereses particulares sean
considerados como universales.
Una hegemonía nunca es completa ni total. Las clases subalternas
no son receptoras pasivas que incorporan una ideología de una vez y
para siempre, sino que negocian activamente su apoyo al proyecto,
mientras desarrollan sus vidas en la sociedad civil, donde se presentan
contradicciones a las ideas fuerza de la ideología de la clase dirigente,
producto de la naturaleza explotadora y la experiencia alienante
del trabajo en el capitalismo. Por ello, Gramsci sostiene que en el
sentido común de las clases populares, en el folklore, en la cultura del
pueblo, coexisten por un lado los principios y sentidos provenientes
del discurso hegemónico, y por otro las vivencias propias de la
experiencia de clase de los sectores populares, que contradicen ese
discurso. Esa parte del sentido común de las clases populares que
resiste a la invasión de hegemonía es denominada núcleo del buen
sentido.
Gramsci considera que la tarea revolucionaria en las sociedades
del capitalismo avanzado debe considerar la lucha en ambas esferas
del Estado Ampliado: por la toma del poder en la sociedad política,
la estrategia estrictamente política vinculada a los partidos y las
elecciones, en conjunto con el avance en las trincheras de la sociedad
civil donde debe potenciarse ese núcleo de buen sentido para que
se convierta en pensamiento crítico y contra-hegemónico. En cada
espacio de la sociedad civil se juegan concepciones del mundo y es
necesaria una tarea educativa que desnaturalice el sentido común
hegemonizado y permita la mirada de clase. La clase trabajadora
debe ser dirigente para poder ser dominante. Tomar el Estado y
sus instituciones, como podría suponerse desde la concepción
instrumentalista, no es suficiente sin un cambio de mentalidad en
la sociedad civil, sin un nuevo sentido común contra-hegemónico.
La transformación social es un desafío mucho más complejo en el
capitalismo avanzado, y las batallas por el control de lo que circula
en los medios de comunicación, por lo que se enseña en las escuelas,
en fin, por todos los espacios donde circulan valores y concepciones
del mundo, se convierten en estratégicas para que otra sociedad sea
posible.

El Estado y las Políticas Públicas: sentido común y perspectiva crítica 71


Por último diremos que Gramsci considera central el trabajo que
realizan los sectores auxiliares, las clases medias, que por su posición
estructural son muy vulnerables a la invasión de la hegemonía y
ocupan lugares estratégicos en el campo de la cultura y la educación.24
Desde la década del 70’ del siglo pasado existen trabajos teóricos
que se nutren de la obra de Gramsci e intentan enriquecer el análisis
de la actualidad del capitalismo. Uno que vale la pena destacar, por lo
polémico pero estimulante de sus planteos, son los de E. Laclau y C.
Mouffe25, quienes consideran que Gramsci fue quien ha llevado más
lejos el historicismo y la contingencia, es decir, quien ha permitido
salir del determinismo económico al materialismo histórico, al
introducir la noción de hegemonía, pero que, según ellos, no se
ha podido librar de la preponderancia de la clase social propia del
materialismo histórico, por sobre otras posibles sobredeterminaciones.
Laclau y Mouffe proponen una nueva interpretación de la noción de
hegemonía que considera que la conducción política de un proyecto
popular puede surgir de distintos y variados grupos de pertenencia
socio-culturales, y no de una clase o fracción de clase necesariamente.
Una lucha ecológica, de género, por ampliar derechos familiares,
de consumidores, etc. podrían ser el eje sobre el cual se monta un
proyecto nacional-popular y/o socialista y el rumbo de la historia no
se podría, entonces, anticipar. La contingencia es la constante en la
historia y el materialismo histórico, aun en su versión gramsciana, no
ha podido evitar ser en realidad una filosofía de la historia más que
un análisis sociológico para la acción política. Esta interpretación
de Laclau y Mouffe es vista por algunos marxistas, como Tamarit y
Meiskins Woods como una herejía y como un planteo teóricamente
incorrecto, ya que consideran que el uso del concepto de hegemonía
siempre supone la primacía de la clase por sobre otras variables, y que
su reformulación constituye una alteración arbitraria e indebida del
materialismo histórico. El debate sigue abierto.

24
Para profundizar el tema de la clase media desde el materialismo histórico ver Tamarit,
José, (2012), Clase Media: cultura, mito y educación: ¿quién educa al educador?, Buenos Aires,
Argentina: Miño y Dávila.
25
Son varios los trabajos de Laclau y Mouffe donde se exponen estos planteos. El que puede
citarse para introducirse en esta polémica es “Hegemonía y Estrategia Socialista”, que figura en
la bibliografía.

72 Mariano Indart
4.1.3 - El Estructuralismo marxista de Nikos Poulantzas (1936-1979)
N. Poulantzas pertenece al llamado estructuralismo, al igual que
L. Althusser, postura epistemológica que toma preponderancia
durante los años 60’ del siglo pasado y que sostiene, simplificando
seguramente en extremo sus aportes, que los sujetos no son los
protagonistas de la historia sino que son portadores de estructuras. Que
la sociedad no tiene necesidad alguna de los sujetos particulares, sino
de que se reproduzcan mecanismos sociales, económicos, políticos y
culturales determinantes (o condicionantes en su versión más atenuada)
para garantizar el funcionamiento social.
Dentro del materialismo histórico, Poulantzas sostiene,
lógicamente al igual que Gramsci y todos los teóricos del marxismo,
que el motor de la historia son las clases sociales, no los individuos
o las personas, como puede suponerse desde el liberalismo o el
socialcristianismo. Critica tanto a las concepciones de Estado
instrumento de Lenin proveniente también, como ya se ha desarrollado,
del materialismo histórico, como a las concepciones de Estado sujeto
y contractualistas de matriz liberal.
Poulantzas (1980) define al Estado como: “la condensación
material de una relación de fuerzas entre clases o fracciones de clase”
(p.154/159).
De esta definición, es interesante destacar la expresión fracciones
de clase ya que de esta manera se complejiza un tema que suele
simplificarse de manera excesiva en algunos enfoques marxistas que
reducen el conflicto social al antagonismo fundamental entre la clase
burguesa y el proletariado. Incorporar las fracciones de clase permite
entender cómo el interés objetivo de la burguesía, acumular capital,
suele complicarse en relación a sus intereses inmediatos, dado que
en general las políticas públicas no favorecen a todas las fracciones
de la misma manera. Por ejemplo: el valor del dólar que favorece
a la burguesía industrial puede ser diferente al que conviene a la
burguesía comercial, agraria o financiera. Y lo mismo ocurre en
la clase trabajadora: ser empleado de un banco que está creciendo
por ciertas políticas públicas que favorecen al sector y que mejora
el salario de sus empleados puede coincidir en el tiempo con otros
trabajadores que son afectados negativamente por pertenecer a una

El Estado y las Políticas Públicas: sentido común y perspectiva crítica 73


industria que está en crisis por las mismas políticas. Todo esto hace
que construir la conciencia de clase teorizada por Marx y base de la
acción política se convierta en una tarea política sumamente compleja
y atravesada por negociaciones constantes, marchas y contramarchas.
Volviendo a la definición de Estado, hablar de una condensación
material lleva a pensar que en el Estado confluyen, se sintetizan, se mezclan
varias corrientes existentes en la sociedad, y esa unión es material, es
decir, toma cuerpo en instituciones, dispositivos, mecanismos realmente
existentes. Los distintos ministerios, dependencias, edificios, legislaciones
y reglamentos, dan cuenta de esa materialidad.
Esa condensación material es de relaciones de fuerzas entre clases
o fracciones de clase, es decir que en el Estado la clase dominante
consigue unificar su fuerza y presentar un proyecto político particular
pero que ante la sociedad lo hace como si fuera universal. Nótese la
diferencia con el liberalismo: el Estado no es el representante de una
voluntad general, producto de un pacto entre individuos. Desde la
mirada de Poulantzas no hay tal pacto ni representación: el Estado
está conducido por intereses de clase y/o fracciones particulares que
logran presentarse como universales, que se muestran como producto
de una voluntad general que en realidad no existe, ya que no puede
haberla al existir las contradicciones y las luchas inherentes al modo
de producción capitalista.
El autor considera que las clases dominadas también están
presentes en esa condensación. Si bien como focos de oposición, no
son exteriores al Estado, ni lo atacan y presionan desde afuera. Así
como desde el origen del capitalismo están presentes –en conflicto–
burguesía y proletariado, dentro del Estado se vehiculiza y toma
cuerpo esa lucha y se hace visible en las políticas públicas.
Las políticas económicas, sociales, culturales, educativas, etc. no
serían producto exclusivo de una clase política y una administración
burocrática estatal –aunque Poulantzas habla de una autonomía
del Estado, necesaria para presentarse como representante de todo
el pueblo– sino el resultado de los intereses en conflicto dentro
del Estado, entre las distintas clases y fracciones. Las decisiones
que impulsan una política pública no nacen de individuos, de los
políticos de turno –como suele afirmarse desde el sentido común,

74 Mariano Indart
aunque la cara visible de las mismas sean miembros de la conducción
o la burocracia estatal– sino del poder que han logrado construir
dichas clases y fracciones para lograr sus objetivos.
Es interesante destacar también que para el autor el poder no
es una sustancia, ni se encuentra en algún lugar donde debe ser
buscado, rompiendo con otra concepción del sentido común que
sostiene que en el Estado está el poder, o de que tomando el Estado
se está adquiriendo poder. Para Poulantzas (1972, p.124) el poder
es: “la capacidad de una clase o fracción para realizar sus intereses
objetivos específicos”.
Aparece aquí la idea propia del materialismo histórico en
relación a que las clases tienen intereses y que estos son objetivos,
es decir que responden al posicionamiento estructural dentro del
modo de producción. El poder se construye, no se encuentra. Una
clase trabajadora que logra armar un sindicato construye poder, una
fracción empresaria que logra formar una cámara que los represente
tiene más poder que el que tenía previamente. Organización, unidad,
conciencia, son todos factores que permiten construir poder. Llegar al
Estado y conducir alguno de sus aparatos, tener espacios de decisión
dentro de las instituciones estatales, es también construir poder, al
tener la posibilidad de tomar decisiones desde la autoridad inevitable
y monopólica que posee el Estado en un territorio.
Poulantzas considera que el Estado no está organizado
jerárquicamente de arriba hacia abajo, sino que es un campo de lucha
complejo y estratégico. Que el lugar o dispositivo estatal desde donde
surgen, en un momento histórico, las políticas públicas que permiten
construir o afianzar mayor poder, no siempre es el mismo. En una
época puede que el Ministerio de Economía sea al lugar central para
ejercer el poder dentro del aparato estatal, en otra etapa puede ser el
Congreso, etc.
Es interesante el aporte que hace Tamarit a esta visión de
Poulantzas y que enriquece el análisis: sostiene que las clases populares
no solo están presentes en el Estado como focos de oposición en
el capitalismo, sino que muchas veces logran conducir el proyecto
estatal y gestionar las políticas públicas, y da como ejemplos lo

El Estado y las Políticas Públicas: sentido común y perspectiva crítica 75


sucedido en casos de la historia latinoamericana, como durante el
primer peronismo en Argentina.
Con el planteo de Poulantzas y el aporte de Tamarit se complejiza
el análisis de los Estados capitalistas y las políticas públicas. A modo
de ejemplo: el modelo llamado Estado de Bienestar podría ser
entendido como una forma estatal que se construyó como estrategia
burguesa, con componentes sociales que atenuaron el conflicto social
para salvar al capitalismo y enfrentar al modelo socialista soviético;
o, a la luz de los planteos de Poulantzas y Tamarit, como el resultado
de relaciones de fuerzas de un momento histórico donde las clases
trabajadoras organizadas pudieron arrancar al Estado capitalista una
serie de beneficios y derechos antes postergados, que fortalecieron a
dicha clase para ir “por más” y con esto tensar las relaciones sociales
y el orden capitalista. La crisis de los años 70’ del siglo XX permite
considerar que gran parte del ajuste neoliberal que se inició entonces
tuvo que ver no solo con sanear déficits económicos de ese Estado de
Bienestar, sino con disciplinar a una clase trabajadora que logró exigir
nuevas conquistas y demandas que hicieron peligrar (y en algunos
casos lograron quebrar)26 las relaciones de producción capitalistas.

4.1.4 - Neomarxismo latinoamericano: García Linera (contemporáneo)


El aporte de García Linera es central teniendo en cuenta que no solo
es teórico sino que, al estar ejerciendo la vicepresidencia de Bolivia,
da cuenta de una experiencia concreta. Podríamos decir que dicho
aporte es praxis, unión de teoría y práctica. Es en ese país donde se
está llevando a cabo un proyecto de transformación del capitalismo
hacia un socialismo plurinacional indígena campesino.
Linera comparte la matriz teórica de Gramsci y Poulantzas pero
agrega elementos para analizar un Estado en transición. Tomando
como ejemplo el caso de Bolivia analiza cómo se fueron dando los
siguientes pasos:

26
El caso del régimen socialista cubano que comienza en la década del 60’, la revolución
nicaragüense en los 70’, lo ocurrido en varios países de África, muestran casos de caídas del
capitalismo y el origen de diferentes proyectos no capitalistas.

76 Mariano Indart
1- Develación de la crisis.
2- El “empate catastrófico”.
3- La sustitución de las elites (representantes del nuevo proyecto
acceden al gobierno).
4- El “punto de bifurcación”.
5- La consolidación de una nueva estructura estatal (nueva
Constitución no capitalista, etc.)27
Estos momentos permitieron avanzar en la superación del
régimen capitalista, con sus tensiones, marchas y contramarchas.
El proceso de construcción de poder popular permite que hoy en
Bolivia se haya logrado establecer una nueva Constitución28 y que
se afiance el proyecto del Estado socialista plurinacional, que solo
podrá sostenerse, afirma Linera, si se logran alianzas y respaldos en
toda la región latinoamericana. Para ello es central la construcción
de una nueva hegemonía en la sociedad civil, con nuevos valores que
se opongan al liberalismo. Las batallas por el control de los medios
de comunicación y por la educación aparecen nuevamente como
centrales para la formación de un sentido común alternativo.
García Linera aporta elementos teóricos para entender que lo que
llamamos Estado (en sentido estricto, lo que para Gramsci es la sociedad
política) no es solo un conjunto de instituciones sino que además existe
una dimensión simbólica, que está poblada de relatos, de historia, y que
hace también al Estado en cuanto es lo que la sociedad ha incorporado
acerca del mismo y su significado. Es importante el relato de la historia,
desde donde se ha escrito, qué elementos se han destacado y cuáles no
aparecen en escena. No es lo mismo considerar que el Estado ha nacido
a partir de la lucha de héroes y patriotas, de los llamados próceres (en
nuestros países latinoamericanos fueron prácticamente todos militares),
que entender que han sido los pueblos quienes fueron los protagonistas de
esa construcción colectiva.

27
Para ver el desarrollo de cada una de estas etapas puede consultarse García Linera (2010)
La construcción del Estado. Conferencia Magistral, Facultad de Derecho, Bs. As., Argentina.
28
La actual Constitución de Bolivia ha sido reconocida por prestigiosos juristas como una de
las más avanzadas en lo que hace a la democratización, reconocimiento de derechos sociales y
respeto a la diversidad cultural.

El Estado y las Políticas Públicas: sentido común y perspectiva crítica 77


La tercera dimensión que García Linera contempla para definir un
Estado, coincidiendo con Poulantzas, es la correlación de fuerzas, que es
propia de todo Estado. Dicha correlación expresa el Estado de situación
de las fuerzas sociales y políticas de un país en un momento determinado
y se percibe en el signo de sus políticas públicas. Por último, como
cuarto aspecto, señala que el Estado es monopolio. Tanto de la fuerza
legítima en un territorio (tal como lo afirmara Weber aunque desde una
matriz liberal, considerando al Estado como Sujeto), como de recursos
económicos.
García Linera considera que no son correctos los análisis teóricos
que anuncian el fin del Estado en nombre de la globalización económica
y las fuerzas del mercado, como los que siguen planteando al Estado
como el centro del poder en las sociedades modernas. Afirma que los
Estados están siendo, en estas primeras décadas del siglo XXI, nuevamente
protagonistas, no solo en la región a partir de proyectos nacional-populares
y desarrollistas, sino en el resto del planeta interviniendo fuertemente
luego de la crisis que se inicia en el 2008 en EEUU. Sin embargo dicho
protagonismo no los coloca como centro de las decisiones –tal como
ocurría a mediados del siglo pasado– ya que existe una nueva e inédita
estructura de relaciones entre Estados, organizaciones supraestatales (como
la CELAC, el MERCOSUR, la ONU, etc.) y mercados globalizados que
hacen que las tensiones, luchas y negociaciones constituyan una nueva
complejidad. Por ejemplo: un proyecto político popular como el de
la Revolución Bolivariana en Venezuela no puede dejar de considerar
que gran parte de los recursos para llevar adelante las políticas públicas
depende del precio y la demanda del petróleo en el mercado mundial.
Estas y otras consideraciones nos permiten seguir introduciendo
variables de análisis para abordar el Estado desde la perspectiva crítica.
Linera considera necesaria una redefinición del concepto de
socialismo, que contemple los problemas reflejados en los intentos de
socialismos reales del siglo XX, e introduce la noción de socialismo
comunitario, haciendo hincapié en la necesidad de coexistencia de una
autonomía creciente de los espacios comunitarios de poder popular,
que a la vez no signifiquen una renuncia a interpelar el poder estatal
para conducir transformaciones profundas y genuinas a nivel nacional y
consolidar una nueva hegemonía de carácter público-popular.

78 Mariano Indart
5- Conclusiones

Nuestra perspectiva para entender al Estado y las políticas públicas


es la que construyen los planteos provenientes de la perspectiva
crítica en la versión derivada de Gramsci, Poulantzas y García
Linera (incluyendo también varios postulados del socialcristianismo
incluidos en el punto 3.3).
Tal como se señaló al inicio de este trabajo, la intención fue
recorrer algunas conceptualizaciones en torno al Estado y a las
políticas públicas, aunque sin duda no hemos desarrollado demasiado
esta última cuestión dado que el tema del Estado, en sentido estricto,
nos ha llevado toda la atención.
Sin embargo sería interesante, para ir concluyendo estas líneas,
introducir las consecuencias de algunos de estos análisis para
entender, valorar y criticar las políticas públicas. Tomando por caso la
educación, que es una de las principales, más visibles y tradicionales
de estas políticas que surgen del Estado, podemos reflexionar acerca
de cómo varían los juicios de valor al respecto, si uno se plantea las
cosas desde un punto de vista u otro.
Podríamos mirar desde la perspectiva neoliberal y considerar
que la educación pública es un mal necesario, inevitable para lograr
un mínimo de consenso que haga posible la vida en común, pero
que el mercado (en este caso representado por las escuelas privadas)
permitiría una mayor libertad y pluralismo para los individuos,
y evitaría el riesgo de adoctrinamiento que intenta ejercer todo
gobierno, sobre todo si es de signo nacional-popular y/o si el proyecto
político presenta simpatías con alguna de las versiones del socialismo.
El Estado siempre es ineficiente, ineficaz y los impuestos son siempre
para beneficiar a los políticos y la corrupción. Estas miradas son
habituales en los medios hegemónicos cuando escuchamos noticias
de lo que estaría ocurriendo en Venezuela, Bolivia o Ecuador en estos
primeros años del siglo XXI, y también en nuestro país durante los
gobiernos kirchneristas.
O por el contrario podríamos pensar la educación pública,
como nos sugiere la perspectiva de Poulantzas, como producto de la
correlación de fuerzas que en cada momento histórico constituye al

El Estado y las Políticas Públicas: sentido común y perspectiva crítica 79


Estado. Entonces podríamos apreciar que la educación en Argentina
no ha sido la misma en el neoliberalismo que caracterizó la década del
‘90, que lo que ha ocurrido durante el gobierno kirchnerista. Existieron
entonces otras correlaciones de fuerza en Argentina y en toda América
Latina. Distinto presupuesto destinado a educación, distintas políticas
vinculadas a inclusión, democratización y protagonismo indelegable
del Estado, entendiendo la educación como un derecho, distinta
concepción político-pedagógica acerca de lo que significa educación de
calidad, etc.
Cómo seguirá la historia, hacia dónde conducirán los próximos
proyectos políticos a la educación pública, lo decidirá el poder de las
diferentes clases, sus fracciones y organizaciones, no la voluntad de
los individuos; y, mirando desde esta posición, estamos obligados a
tomar partido, ya que no existe neutralidad posible.

80 Mariano Indart

También podría gustarte