2.
La oposición marginada del sistema
Creencias, ideas y mentalidades · Perspectiva de género · Identidades colectivas · Cultura democrática
Las bases del régimen moderado
La Restauración integró en el juego político a las facciones más acomodaticias de la oposición,
otorgándoles un reducido espacio en el Parlamento, pero marginó a la oposición real (republicanos,
carlistas, socialistas y regionalistas) que no consiguió nunca suficientes diputados para formar
gobierno o para contar con una fuerte minoría parlamentaria.
El liberalismo es pecado, ya se le considere en el orden de las doctrinas, ya en el orden de los
hechos. En el orden de las doctrinas es pecado grave contra la fe, porque el conjunto de las
doctrinas suyas es herejía, aunque no lo sea tal vez en alguna que otra de sus afirmaciones o
negaciones aisladas. En el orden de los hechos es pecado contra los diversos mandamientos de la
ley de Dios y de su Iglesia, porque de todos es infracción. (…) Procedamos por partes en la
demostración. El liberalismo niega los dogmas de la fe cristiana cuando afirma la independencia
absoluta de la razón individual en el individuo, y de la razón social o criterio público, en la
sociedad. (…) De este modo, niega la jurisdicción absoluta de Dios sobre los individuos o las
sociedades (...).
En el orden de los hechos (…) el liberalismo es todo inmoralidad, porque en su proceso histórico
ha sancionado como lícita la infracción de todos los mandamientos, desde el que manda el culto a
un solo Dios, hasta el que prescribe el pago de derechos temporales a la Iglesia (…).
Félix Sardá Salvany: El liberalismo es pecado, 1887.
El carlismo y los partidos integristas
PARTIDOS POLÍTICOS DURANTE LA
RESTAURACIÓN
Vencido militarmente, el carlismo
pretendió presentarse ante la opinión
pública como la única fuerza política
auténticamente católica. Pero el apoyo
explícito de una buena parte de la jerarquía
eclesiástica y del Vaticano a la dinastía
alfonsina dificultó el éxito de esta
operación. Buena parte del clero apostó por
la integración de los católicos en el sistema
canovista, como demuestra la
incorporación del grupo Unión Católica,
dirigido por Alejandro Pidal, en el Partido
Conservador.
En 1886, Vázquez de Mella lideró un
intento de modernización de la ideología
carlista, que quedó reflejada en el Acta de Loredan. Su propuesta mantenía su carácter católico y
tradicionalista, así como el compromiso con la recuperación de los fueros, pero aceptaba el nuevo
orden liberal. En el otro extremo, en 1888, sufrió la escisión del sector integrista liderado por
Ramón Nocedal, que optó por crear un Partido Tradicionalista definido, principalmente, por el
antiliberalismo y por la defensa a ultranza de la tradición y la religión católica.
A partir de la década de los 90, el carlismo optó por presentarse a las
elecciones, pero solo tuvo cierta fuerza en las provincias forales
(Álava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya) y en menor medida, en
Cataluña. A pesar de su progresiva integración en el sistema, algunos
carlistas continuaron manteniendo las jerarquías militares y
promovieron algunas insurrecciones armadas, con escaso éxito.
Carlos VII (1848-1909), nieto del
fundador de la causa carlista, siguió
reclamando su derecho al trono por
medios políticos y diplomáticos.
LA HUELLA DE LAS MUJERES
Elena Maseras fue la primera mujer que pudo matricularse oficialmente en la universidad
española sin tener que disfrazarse de hombre, cosa que sí tuvo que hacer Concepción Arenal para
estudiar Derecho. Maseras se matriculó en 1872 en la Facultad de Medicina, pero debió solicitar un
permiso especial al rey Amadeo I y seguir clases particulares durante tres cursos. En 1876, como
premio a sus buenas notas, se le permitió asistir con los hombres. Aunque en su licenciatura obtuvo
la calificación de Sobresaliente, las trabas burocráticas le impidieron ejercer.
Esta prohibición se reafirmó en 1882 cuando se acordó que "las mujeres no están capacitadas para
los estudios superiores de Medicina" y que tan solo se toleraría que se matriculasen en otras
especialidades, preferentemente en Filosofía y Letras. En 1888 se permitió a las mujeres
licenciarse en todas las carreras universitarias, pero se les prohibía asistir a las clases con los
hombres. Esta discriminación estuvo vigente hasta 1910, cuando se permitió a las mujeres asistir a
las clases si iban acompañadas de un hermano o de un profesor.
«Abrid las escuelas y se cerrarán cárceles.»
Concepción Arenal
LOS CONFLICTOS CARLISTA Y
El republicanismo
CANTONALISTA
El republicanismo, el gran vencido por
el golpe militar de 1874, debió
enfrentarse al desencanto de una buena
parte de sus seguidores, al descrédito
de la idea republicana después del
fracaso de la experiencia de 1873 y a las
divergencias doctrinales de las
diferentes tendencias. Una pequeña
parte del republicanismo, dirigida por
Emilio Castelar, fundó el llamado
Partido Republicano Posibilista y optó
por entrar en el juego político de la
Restauración.
Los núcleos más radicales formaron el Partido Republicano Progresista, encabezado por Ruiz Zorrilla,
quien desde el exilio protagonizó pronunciamientos en 1883 y 1886, pero sin contar con un apoyo
popular significativo. El resto del republicanismo unitario se organizó alrededor de Salmerón,
mientras los federales, que eran el grupo más numeroso, siguieron bajo la influencia de Pi y Margall,
su líder histórico.
En las elecciones de 1886 obtuvieron buenos resultados y, por primera vez, hubo una importante
minoría republicana en las Cortes. La introducción del sufragio universal masculino significó la
revitalización del republicanismo y estimuló su reunificación con la creación de Unión Republicana
(1893), que agrupaba federales, centralistas y progresistas –los posibilistas quedaban al margen–. Sin
embargo, el auge del movimiento obrero, que cada vez se identificaba más con el internacionalismo,
debilitó al republicanismo y este perdió gran parte de sus bases sociales y electorales.
A principios del siglo XX, el ascenso y fortalecimiento de nuevos sectores sociales y económicos
favoreció un cierto incremento del republicanismo. Los dos movimientos más característicos de este
nuevo republicanismo, implantado sobre todo en las ciudades, fueron el lerrouxismo, en Cataluña, y el
blasquismo, en Valencia.
Queremos, como hemos querido siempre, eliminar del Estado toda la Iglesia; (...). Hay para
nosotros en España dos necesidades que reclaman satisfacción urgente: la enseñanza y las obras
públicas. (…) No son verdadero poder unas Cortes que no puedan reunirse por derecho propio
(...). No lo son unas Cortes que el rey convoca, suspende y mata sin que se le pueda exigir
responsabilidad. (...). No vivimos bajo un régimen parlamentario.
Manifiesto del Partido Republicano Federal, 1894.
El obrerismo: socialismo y anarquismo
Tras la escisión y crisis de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), las corrientes socialista
y anarquista siguieron caminos separados. Los socialistas respaldaban los principios marxistas que
propugnaban la formación de un partido de la clase obrera, mientras los anarquistas negaban la
actuación política y defendían la acción revolucionaria.
La Nueva Federación Madrileña se transformó en 1879 en la Agrupación Socialista Madrileña,
fundada por Pablo Iglesias, núcleo originario del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). En 1888,
los socialistas impulsaron la creación de la Unión General de Trabajadores, organizada en
sindicatos de oficio, que combinó la política de negociación con la movilización obrera
(manifestaciones y huelgas). Partido y sindicato tuvieron en Madrid, Vizcaya y Asturias sus zonas de
mayor influencia, mientras que su presencia en Andalucía o Cataluña fue escasa.
El Partido Socialista declara que su aspiración es la abolición de todas las clases: la completa
emancipación de la clase trabajadora, la transformación de la propiedad individual de los
instrumentos de trabajo en propiedad colectiva, social o común y la posesión del poder político
por la clase trabajadora. Los medios inmediatos para la realización de este ideal son los siguientes:
libertades políticas, derecho de asociación y legalidad de las huelgas, reducción de las horas de
trabajo, prohibición del trabajo de los niños menores de nueve años, creación de escuelas
gratuitas (...), justicia gratuita y jurado para los delitos y servicio de armas obligatorio y universal.
Programa fundacional del PSOE, 9 de julio de 1879.
El PSOE se definía como un partido marxista, de orientación obrerista y partidario de la revolución
social. Se afilió a la Segunda Internacional, participó en la celebración del Primero de Mayo de 1890 en
defensa de las 8 horas de trabajo, protagonizó algunas grandes huelgas en Vizcaya y consiguió tener
concejales en varios ayuntamientos. En las elecciones de 1910, obtuvo su primer diputado en las
Cortes.
REPRESIÓN Y VIOLENCIA ANARQUISTA
1874-1877. Dos mil miembros de la FRT fueron deportados y centenares, encarcelados.
1883. Sucesos de la Mano Negra en Cádiz. Acusaciones, probablemente infundadas, a
anarquistas de cometer asesinatos.
1878. Atentado contra Alfonso XII.
1893. Bomba en la casa de Antonio Cánovas del Castillo. Atentado contra el general
Martínez Campos. Bomba en el Teatro del Liceo de Barcelona.
1896. Bomba en la procesión del Corpus en Barcelona. Procesos de Montjuïc contra
anarquistas con 67 acusados y 5 ejecutados.
1897. Asesinato del presidente del Gobierno Cánovas del Castillo.
Las corrientes anarquistas se mantuvieron en la ilegalizada sección española de la AIT y en 1881
cambió su nombre por el de Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) para
adaptarse a la legalidad vigente. La nueva organización, implantada sobre todo en Andalucía y
Cataluña, creció en afiliados y desarrolló una acción sindical reivindicativa. La constante represión
hizo que una parte del movimiento anarquista optara por la acción directa y protagonizara una serie
de atentados contra el Estado, los patronos y la Iglesia, a los que consideraba responsables del
capitalismo opresor.
[[ LA COMISIÓN DE REFORMAS SOCIALES
La Comisión fue una organización creada a instancias del gobierno liberal en
1883 para estudiar las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera y
proponer reformas de carácter legislativo para mejorarlas. Su objetivo era
fomentar la colaboración de clases para resolver los conflictos laborales
mediante la negociación de patronos y obreros. Si bien es cierto que su éxito
fue relativo, se considera que sembró la semilla del Derecho laboral en
España.
En la imagen, Jaime Vera (1858-1918), dirigente del PSOE, que presentó un informe
a la Comisión en el que denunciaba los horarios prolongados, el trabajo de mujeres y
niños y los bajos salarios obreros.