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Competencias y Naturaleza de la UE

El documento detalla la evolución y competencias de la Unión Europea desde su creación en 1992, destacando su estructura de pilares y la transición hacia una organización más unificada tras el Tratado de Lisboa en 2007. Se enfatiza la naturaleza intergubernamental de la UE, su doble legitimidad democrática e internacional, y los valores fundamentales que la sustentan, como la dignidad humana y la democracia. Además, se abordan los objetivos de la UE, que buscan promover el bienestar y la cohesión social entre sus Estados miembros.

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Competencias y Naturaleza de la UE

El documento detalla la evolución y competencias de la Unión Europea desde su creación en 1992, destacando su estructura de pilares y la transición hacia una organización más unificada tras el Tratado de Lisboa en 2007. Se enfatiza la naturaleza intergubernamental de la UE, su doble legitimidad democrática e internacional, y los valores fundamentales que la sustentan, como la dignidad humana y la democracia. Además, se abordan los objetivos de la UE, que buscan promover el bienestar y la cohesión social entre sus Estados miembros.

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TEMA 2: LA UNIÓN EUROPEA.

COMPETENCIAS DE LA UNIÓN
EUROPEA.
MARÍA MARCO VILLALBA, 2021-2022

1. ANTECEDENTES.

Mediante el Tratado de la Unión Europea, adoptado en Maastricht en 1992, los Estados miembros
de las Comunidades Europeas constituyeron entre si una Unión Europea.

El proyecto de Unión Europea se remonta casi a los orígenes mismos del proceso de la integración.
Pero, sin perjuicio de esos orígenes, el objetivo de transformar cualitativamente las relaciones
emprendidas en 1951 y 1957 se puede situar en el «Informe Tindemans» sobre la Unión Europea de
1975 el documento que preveía una evolución progresiva consolidando y desarrollando las
Comunidades Europeas y ampliándolas a nuevas políticas.

De la Declaración Solemne sobre la Unión Europea, adoptada por el Consejo Europeo de 1983 en
Stuttgart, se deducía que el concepto es una idea de síntesis: mediante la creación de la UE los Estados
miembros estaban decididos a alcanzar «una concepción común, global y coherente» del proceso.

El núcleo de la Unión Europea en esos años se situaba exclusivamente en las Comunidades Europeas;
se estimaba que se progresaría en la vía de la Unión en la medida en que se desarrollasen y se
profundizase en las políticas existentes así como se emprendiesen nuevas políticas de cooperación en
el marco de los Tratados de París y de Roma. La Unión Europea en 1983 era todavía exclusivamente
comunitaria.

El Acta Única Europea de 1986 (en vigor desde el 1 de julio de 1987) fue el primer texto de derecho
originario que recogió el objetivo de la Unión Europea.

Sin embargo, no se adoptó la decisión de constituir la Unión Europea si bien se acordó introducir, junto
al pilar comunitario, aunque completamente separado de éste, el pilar intergubernamental de la
Cooperación Política Europea (CPE). La Unión se perfilaba como un híbrido político.

La decisión de constitución cobró realidad en el primer artículo del Tratado de la Unión Europea de
7 de febrero de 1992 firmado en Maastricht (en vigor desde el 1 de noviembre de 1993).

La Unión Europea, tal como se ideó en el inicial Tratado de Maastricht de 1992, era un ente político,
era el todo basada en tres partes o pilares sobre los que se sustentaba el proceso en su conjunto: las
Comunidades Europeas y las dos formas de cooperación intergubernamental —la Política Exterior y
de Seguridad Común PESC y la cooperación judicial penal y policial.
Podríamos decir que la Unión Europea era un ente de la razón con fundamento in re
(en las Comunidades). Era un ideal político, que tiene una entidad política pero cuya
realidad —política, jurídica, económica, social— se sustentaba en las realizaciones
materiales conseguidas a través de las Comunidades Europeas.

Los tres pilares conducían a los objetivos últimos de la Unión y participaban parcialmente del sistema
institucional; pero se distinguían por utilizar instrumentos de integración diferentes y por el método
comunitario (basado, en breves palabras, en la iniciativa exclusiva de la Comisión y la aprobación por
mayoría cualificada en el Consejo y por mayoría en el PE).

Pero esta idea de una Unión Europea basada en las tres Comunidades (CECA-CEE-Euratom) como
pilar central comunitario, junto a los pilares o formas de cooperación intergubernamentales, resultó
muy compleja y difícil de entender por la ciudadanía y por los propios políticos que daban por
desaparecidas aquéllas. Tras la reforma introducida por el Tratado de Lisboa de 2007 al Tratado de
la Unión Europea desaparece formalmente la estructura de pilares; se extingue la antigua Comunidad
Europea (pero no su tratado que pasa a denominarse Tratado de Funcionamiento de la UE) y hace que
la renovada Unión Europea le suceda de forma unificada.

2. SIGNIFICADO Y NATURALEZA DE LA UNIÓN.

La Unión Europea no partía ex novo en 1992 ni es un proceso nuevo de integración tras la reforma
hecha en Lisboa en 2007; es una organización internacional que asume todo el acervo de integración
y sucede a la Comunidad Europea, continuando así el proceso iniciado el los cincuenta.

Por ello, el artículo 1 del Tratado de la Unión Europea (TUE), tal como está en vigor, declara que la
Unión «se fundamenta» en el Tratado de la UE y en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea
(TFUE), continuadores del proceso.

La realidad —política, jurídica, económica, social — de la UE se sustenta en las realizaciones


conseguidas mediante las «antiguas» Comunidades Europeas en más de sesenta años de integración
económica, social y política por medio del Derecho y en los avances a través de los dos antiguos pilares
intergubernamentales de la PESC y los asuntos de interior y justicia.
Los Estados (y, por medio de ellos, la ciudadanía) crearon la Unión Europea sobre el
edificio jurídico-político de las Comunidades Europeas. La Unión no es la meta misma
de la integración sino «una nueva etapa en el proceso creador de una Unión»

La Unión mantiene la idea y objetivo tradicional de una unión «cada vez más estrecha entre los pueblos
de Europa», que avanza lenta y continuamente hacia una mayor integración sin definir la meta final.

El compromiso de una «unión cada vez más estrecha» apareció originalmente en el preámbulo el
Tratado de Roma, 1957. En el Tratado CECA de 1951 no se utilizó, pero sí la idea de «más amplia
y profunda». Desde la entrada en vigor de la reforma de Maastricht en 1993, este enunciado se recoge
en el artículo 1 del Tratado de la UE.

Responde a la idea de progresividad; a la idea de que el futuro se construye poco a poco y entre todos,
que no hay nada acabado ni cerrado y que las generaciones futuras están llamadas a ser protagonistas
del proceso, condensando toda una filosofía política.

La Unión es una organización internacional sui generis que se constituye por Estados democráticos y
su ciudadanía, de los que recibe las competencias para alcanzar los objetivos comunes que aquéllos
quieren lograr.
Se enuncia así el principio básico y clásico de todos los Tratados constitutivos de organizaciones
internacionales: el principio de atribución de competencias (art. 5 TUE).
Son los Estados, y por medio de ellos los ciudadanos, quienes han dotado de competencias a la Unión.
La Unión Europea no ha sido ni es un poder originario creado a partir de un acto constituyente popular;
no es un Estado ni tiene como horizonte ser un Estado federal unificado

La UE no es un Estado federal, aunque sólo sea por el hecho de que ni tan siquiera es un Estado. Es
una organización internacional intergubernamental, una organización internacional original, única.

La UE es un ente jurídico-internacional y político atípico; esta asociación de Estados soberanos no


tiene en el horizonte sustituir a los Estados soberanos.

La creación de la Unión Europea no cambia los orígenes, sigue siendo una asociación voluntaria de
Estados soberanos a la que se dota de competencias concretas y limitadas que puede ejercer en las
condiciones establecidas en los TTII que la regulan.
La voluntad de los Estados es una condición sine qua non del sistema. Sin un pacto entre los Estados
no se da vida a normas originarias o constitutivas. Nuestros Estados, nuestros gobiernos
democráticos, son el poder constituyente intergeneracional constante.

El Tratado de la Unión deja claro que los Estados miembros, soberanos e independientes, permanecen
como tales y que esta entidad política internacional hunde sus raíces y sus límites en el Derecho
Internacional.

La verdadera naturaleza de la Unión Europea y su Tratado sigue anclada en el Derecho de las


Organizaciones internacionales.

En efecto, el TUE mantiene su carácter de organización internacional sin definir ni orientarse hacia
contornos políticos federales, máxime teniendo en cuenta las continuas ampliaciones, el fracaso del
Tratado constitucional de 2004, las tensiones de la globalización y la tendencia a un fuerte control
intergubernamental.

3. LA DOBLE LEGITIMIDAD DE LA UNIÓN.

El proceso de integración se fundamenta en la doble legitimidad democrática e internacional. Este


aspecto es lo que ha distinguido a las Comunidades Europeas de otras organizaciones internacionales.

Por así decirlo, el proceso de la integración europea contempla a los pueblos y les convoca a participar
en el mismo mediante la creación de órganos en los que los pueblos están llamados a colaborar.

Ya desde los años 60 era una Comunidad de pueblos y de Estados con doble legitimidad reconocida.

El consentimiento de Estados y pueblos, en acepción más contemporánea, ciudadanos, impregnó la


fundación de las Comunidades Europeas, no sólo por el hecho de que los Tratados constitutivos
requirieran entonces y hoy la ratificación de los Parlamentos nacionales (así como en las revisiones
posteriores y en el control del principio de subsidiariedad), sino por el hecho de que en su estructura
institucional misma y en el proceso de decisión se diera cabida a la ciudadanía de los Estados con su
presencia en el Parlamento Europeo, en el Comité Económico y Social.

Por ello, el respeto a la doble legitimidad se observa en el proceso decisorio y de revisión pues en
ambos tienen que confluir el acuerdo de instituciones dotadas de legitimidad internacional (el
Consejo, el Consejo europeo) y de legitimidad democrática (el Parlamento Europeo y los
Parlamentos nacionales) que encarnan las dos legitimidades para la aprobación de normas de
Derecho derivado y las normas nuevas de los Tratados.

Desde el origen del sistema de integración, el principal destinatario de las normas de la UE no son los
Estados miembros sino la ciudadanía y las personas jurídicas (principio del efecto directo, véase Cap.
18) por lo que disponen de un acceso directo o legitimidad activa al sistema jurisdiccional de la UE en
determinadas condiciones.

A su vez, se viene fomentando el sentimiento de ciudadanía compartida mediante un estatuto de


derechos ciudadanos y una común Carta de Derechos fundamentales; o mediante las disposiciones
sobre los principios democráticos y la participación en igualdad de la ciudadanía de la UE, además de
una apreciable preocupación por la implicación real ciudadana en el proceso de decisión mediante sus
sugerencias y respuestas a los libros «verdes» y en las iniciativas legislativas ciudadanas.

4. LA PERSONALIDAD INTERNACIONAL DE LA UNIÓN.

El Tratado de Lisboa declara expresamente en el artículo 47 TUE que la Unión Europea tiene
personalidad jurídica.

En efecto, la Unión se erige con expresa personalidad jurídica internacional y se responsabiliza de la


continuidad del proceso de integración.

Para lograr una mayor simplificación, el artículo 1 TUE declara que la Comunidad Europea es
sustituida por la Unión misma, de modo que ésta asume todos sus derechos, obligaciones y
procedimientos. No se extinguió el Tratado de la CE o de Roma, sino que se modifica por el Tratado
de Lisboa. Lo que se eliminó o desapareció es la Comunidad Europea como organización internacional
separada, si bien sus atribuciones, instituciones y procedimientos se asignan a la Unión Europea
misma.

Hay, pues, una personalidad internacional, la de la Unión que sucede a la Comunidad Europea. La UE
no es una nueva organización internacional, sino la «heredera» de la Comunidad Europea.

Los Estados miembros crearon la Unión como ente político en el Tratado de Maastricht de 1992. Las
normas atributivas de personalidad internacional son declarativas. La personalidad jurídica se tiene o
no se tiene en función de las competencias atribuidas por los Estados y realmente ejercidas en el orden
jurídico internacional.
Tras la reforma de Ámsterdam se reconoció a los dos pilares intergubernamentales competencia para
suscribir acuerdos internacionales (antiguo art. 24 TUE).

Lo que importa siempre para poder atribuir personalidad jurídica internacional a una organización
internacional es que estemos ante una asociación voluntaria de Estados, con base convencional, que
posea sus propios órganos, que traduzca una voluntad distinta de sus Estados miembros, y que tenga
competencias normativas y las ejerza efectivamente, además de en el plano interno, en el externo. En
efecto, la UE suscribe acuerdos internacionales, goza de privilegios e inmunidades, ejerce derechos y
asume obligaciones en el orden internacional y, por tanto, mantiene relaciones diplomáticas directas
con otros sujetos internacionales.

5. LOS VALORES DE LA UNIÓN.

El Tratado de la Unión, en su calidad de norma fundamental que articula un pacto político-social entre
pueblos y Estados, expresa los valores que nos unen. El fundamento último de la Unión o razón de ser
del sistema de integración es la existencia de unos valores comunes a la Unión y a sus Estados
miembros; esos valores supremos son la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad,
Estado de Derecho y respeto a los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas
pertenecientes a las minorías (art. 2 TUE).

Estos conceptos son los presupuestos esenciales del sistema en los que se inspira el proceso jurídico-
político y a los que se debe subordinar.

El respeto a estos valores esenciales es una obligación común para las Instituciones europeas y para
todo Estado miembro de la UE, en tanto que tal, exigible por el resto de Estados miembros y por las
Instituciones de la UE durante toda su permanencia en la organización internacional.

El artículo 2 TUE incluyó —como novedad en relación con el Tratado de Maastricht— la dignidad
humana (por otra parte, innecesario decir, dado que es el fundamento de todos los derechos humanos),
la igualdad y el respeto de los derechos de las personas pertenecientes a minorías.

El significado último del compromiso con unos valores es que la construcción europea no se limita al
progreso económico, sino que su objetivo es crear un espacio de paz, como ha reiterado en numerosas
ocasiones el Parlamento Europeo.

La obligación de respetar esos valores y de su activa promoción es una obligación jurídica expresa
desde la reforma de Maastricht y una condición esencial del éxito del proyecto europeo por lo que el
respeto a este precepto es un doble requisito expreso para alcanzar, por un lado, y mantener, por otro,
el estatuto de Estado miembro; como condición de ingreso en la UE.

Estos valores son exigibles también a la acción autónoma de los Estados miembros, pues se trata de
valores comunes y no propios o exclusivos de la UE. Son valores deseablemente universales.

6. OBJETIVOS.

En el art. 3 TUE se enuncian los objetivos generales de la UE que justifican su propia existencia y su
accion en beneficio de los ciudadanos. Son objetivos generales que se diferencian de los objetivos
específicos perseguidos por las diversas políticas de la Unión.

Estos objetivos justifican la atribución del ejercicio de concretos y limitados poderes soberanos
nacionales a favor de la Unión. Cada sociedad nacional renuncia a decidir unilateralmente y acepta
decidir en común a cambio de lograr esos objetivos y garantizar el respeto a los valores superiores.

Del artículo 3.1 TUE cabe destacar su enunciado de fines generales políticos propios de unas
sociedades comprometidas. La paz, la defensa de los valores de la dignidad humana y el bienestar son
también las coordenadas en las que se trabó la Declaración Schuman de 1950, desencadenante del
proceso. Son elementos fundamentales de la «ética» que ha guiado y debe seguir guiando el proceso
de integración.

La presión por una Europa más social, más próxima e implicada en las preocupaciones y problemas
de la gente se traduce en objetivos nuevos que no figuraban en los Tratados precedentes: el
compromiso de combatir (verbo que expresa un singular activismo) la exclusión social y la
discriminación; o el de fomentar la justicia y la protección sociales, la solidaridad entre generaciones
y la protección de la infancia.

El objetivo social se ve reforzado por la cláusula transversal del artículo 9 TFUE en la que se exige
que toda política de la Unión en cualquier ámbito vele por la consecución de objetivos sociales como
un nivel de empleo elevado, la protección social, la lucha contra la exclusión social, niveles de
educación, formación y protección de la salud humana.

El conjunto de objetivos representan en buena medida «valores meta» especialmente apreciados por
los europeos, como el espacio de libertad, seguridad y justicia, el crecimiento equilibrado, la
estabilidad de los precios, la economía social de mercado, la igualdad entre mujeres y hombres, la
lucha contra la exclusión social, la solidaridad entre las generaciones, la cohesión económica, social y
territorial, la diversidad cultural, la conservación del patrimonio y los valores que deben condicionar
la acción exterior de la UE.

Dado el carácter de metas a alcanzar por la UE, representan también una condición del ejercicio de las
competencias atribuidas en el sentido de que deben informar de toda la acción legislativa y políticas
de las Instituciones de la UE.

Estos objetivos forman parte de la legalidad de la norma legislativa europea o del acto jurídico europeo;
así, se podría impugnar la legalidad de una norma o acto, en cualquier ámbito, si se puede probar que
tiene un efecto negativo sobre los objetivos del artículo 3 o los objetivos especialmente protegidos con
las cláusulas de transversalidad de los artículos 7 a 14 TFUE.

Finalmente, la amplitud de objetivos no debe confundirse con una amplia atribución de competencias
normativas para lograrlos. El artículo 3.6 TUE advierte —en coherencia con la competencia limitada
y específica de toda organización internacional— que los objetivos se alcanzarán de acuerdo con las
competencias atribuidas en los Tratados. Hay que tener en cuenta que la UE no puede aprobar sin mas
normas para lograr esos objetivos.

El artículo 3 TUE no apodera por sí mismo a las Instituciones para adoptar las normas para lograrlos.
Estos objetivos no se pueden lograr de cualquier manera, sino por medios apropiados teniendo en
cuenta, caso por caso, las competencias específicas, limitadas y expresas que se prevén en el Tratado
de Funcionamiento. El artículo 3 no es un título competencial o base jurídica para motivar por sí solo
una norma de derecho derivado.

7. LOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE LA UNIÓN.

7.1. El Principio de la Democracia.

Se parte del compromiso democrático de los propios Estados miembros. La condición democrática es
un requisito para el ingreso y la permanencia en la UE con un sistema de control en caso de desviación
(art. 7 TUE).

La Unión se basa en la democracia representativa. La mayor democratización del proceso de


integración ha sido un objetivo constante desde la fundación y muy perceptible a partir de los años
setenta al adoptarse el Acta que permitió elegir el Parlamento europeo mediante sufragio universal
directo.
Tras la reforma de Lisboa, prácticamente se garantiza la igualdad entre el Consejo y el Parlamento
europeo, eliminando todo déficit democrático en el poder decisorio.

La UE es una democracia representativa, en la que los ciudadanos de los Estados miembros están
representados directamente en el Parlamento europeo, mediante elecciones cada cinco años por
sufragio universal directo, así como, indirectamente, en el Consejo Europeo por el Presidente del
Gobierno de cada país y en el Consejo por un miembro del Gobierno de cada Estado.

Tenemos derecho a participar en la vida democrática de la Unión (art. 10.3 TUE) eligiendo a nuestros
representantes en el Parlamento; a su vez, como ciudadanos que participamos en organizaciones socio-
económicas (sindicales, empresariales, medioambientales, de defensa de intereses diversos) también
estamos indirectamente representados en el Comité Económico y Social; o como vecinos de
municipios y regiones, estas organizaciones territoriales también pueden hacer llegar esos intereses
específicos ante el sistema de decisiones de la UE por medio del Comité de las Regiones.

La UE se compromete a abrir cauces de participación de la ciudadanía de la UE, como son los libros
verdes de consulta abierta a la ciudadanía y los libros blancos que sintetizan sus posiciones y las
opciones de la Comisión. Se prevé la posibilidad de la presentación de una propuesta legislativa a la
Comisión, en ámbitos de competencia de la Unión y de las atribuciones de la Comisión, mediante la
iniciativa popular de al menos un millón de firmas de ciudadanos de diversos Estados.

Como sistema democrático, se proclama la igualdad de los ciudadanos de la UE, cualquiera que sea su
nacionalidad; tendrán igual trato o atención por parte de las instituciones, órganos y organismos (art.
9 TUE).

7.2. El Principio del Respeto a los DDHH.

Se trata de un eje básico de las relaciones entre Unión-Estados-Ciudadanos. Este compromiso con el
respeto de los DDHH se reconoció por primera vez en el Tratado de Maastricht.

El TUE consagró solemnemente los «patrones» normativos que el Tribunal venía exigiendo desde
1974 a los actos de las Instituciones so pena de nulidad: todo acto de la Unión para ser conforme a
Derecho debe respetar los derechos fundamentales, tal y como se garantizan en el Convenio Europeo
para la Protección de los Derechos Humanos de 1950 y tal y como resultan de las tradiciones
constitucionales comunes a los Estados miembros como principios generales del Derecho de la Unión.
Se reconoce la obligatoriedad de la Carta de los Derechos Fundamentales para las Instituciones y los
Estados miembros, incluido el poder judicial.

La Carta representa la formulación jurídica mínima de esos valores y, además, permitirá examinar, sin
las ambigüedades políticas de los conceptos generales, la actuación de cada Estado miembro y de las
instituciones y organismos de la UE, así como decidir si vulneran o no su obligación de respeto a los
derechos humanos y del pluralismo político. Ya sea caso de riesgo, ya sea de vulneración, se trataría
de prevenir y sancionar en el caso de desviación democrática de un Estado miembro (art. 7 TUE).

El respeto a los derechos humanos y al principio democrático tiene una dimensión interna muy
importante. Es una exigencia para permanecer en la UE. El respeto a esos principios debe ser
continuado y para ello los Tratados alzan un sistema «operativo» para evitar que sus principios queden
relegados a la retórica política; si un Estado miembro se apartara de la senda democrática, la UE
dispone desde 1997 (reforma introducida al TUE por el Tratado de Ámsterdam) de medios jurídicos
para prevenir las violaciones a los derechos humanos por parte de sus Estados miembros y, llegado el
caso, sancionarlas.

El respeto a los derechos fundamentales y a la democracia se refiere en origen y de ejercicio. Además


de que no debiera limitarse a un cumplimiento formal de tales requisitos antes del ingreso, requiere
una democracia normalizada por la continuidad y la rendición de cuentas.

El respeto a este principio tiene, también, una doble una dimensión externa (art. 49 TUE): por un lado,
es una exigencia formal para el Estado que desee adherirse a la UE; por otro, debería ser tenido en
cuenta por la UE para condicionar sus relaciones convencionales económicas y comerciales con los
terceros Estados (art. 3.5 TUE).

7.3. El Principio de Igualdad de los EEMM.

Todos los Estados miembros de la UE, independientemente de su población o riqueza, de su


participación en la fundación del proceso integrador o de su contribución a la creación y financiación
de la UE, son iguales en derechos y obligaciones.

El Tratado lo introduce de forma expresa por vez primera (art. 4.2 TUE).

Igualdad significa que las normas de los Tratados se formulan de forma abstracta para todos los Estados
miembros al margen de consideraciones relativas a las características de cada Estado miembro. Ahora
bien, como en el orden interno y en el internacional, este principio, siendo importante, es de carácter
formal y general, y no impide estatutos diferenciados en situaciones objetivas aceptados por todos en
los Tratados mismos.

Igualdad debe haber entre los Estados miembros y la hay en la atribución de competencias internas:
todos los Estados ceden el ejercicio de los mismos poderes, independientemente de sus estructuras
internas de distribución del poder, aunque el impacto económico, social y jurídico no sea igual. La
cláusula de reciprocidad (o cumplimiento mutuo de las obligaciones) en relación con la Unión Europea
sólo tiene sentido en relación con la atribución de competencias que los Tratados exigen por igual a
todos los Estados. Los poderes y ámbitos de actuación de las Instituciones son fruto de una atribución
paritaria.

Igualdad debe haber entre los Estados miembros en la obligación de cumplir íntegramente los
compromisos jurídicos adquiridos. No se permite alegar normas internas como justificación del
incumplimiento de normas europeas, ni alegar el incumplimiento de otros Estados para excusar el
propio ilícito. Cada Estado miembro, por sí e individualmente, debe cumplir sus obligaciones; no cabe,
pues, el principio de reciprocidad -> Al aceptar los compromisos de los Tratados de la Unión, los
Estados en ningún precepto han condicionado, ni expresa ni tácitamente, sus obligaciones al
cumplimiento por otros o todos los Estados miembros. El Tribunal de Justicia jamás ha aceptado
exonerar de responsabilidad por infracción a un Estado que se excusa en el incumplimiento de otro.

Por otra parte, el principio de igualdad de los Estados no ha sido un principio rector del sistema
institucional europeo. Debe ser acogido con matices y con algunas derogaciones justificadas, debido
especialmente a que se trata de una organización internacional de características singulares en cuyas
Instituciones los Estados miembros siempre han participado en diferente medida. El principio de
igualdad requiere el derecho de todos los Estados a formar parte o estar representados por sus
nacionales en las instituciones en las mismas condiciones, pero su contribución a la decisión puede
variar (voto ponderado o proporcional a su población; número de representantes diferentes en el
Parlamento Europeo, CES, CDR, etc.).

Por ello, el principio de igualdad de los Estados se debe ponderar y compensar en ocasiones con el
principio de la democracia o con otras consideraciones (principio de eficacia, por ejemplo, en el ámbito
jurisdiccional y monetario), o en razón del carácter unipersonal de ciertos organismos (Defensor del
pueblo europeo, futuro Fiscal europeo).
7.4. El Principio del Respeto a la Identidad Nacional de los EEMM y a sus Funcionales
Esenciales.

Se respetan los elementos fundamentales de la identidad nacional: comprenderá las estructuras


políticas y constitucionales de los Estados, incluidas la organización de los poderes públicos en los
planos nacional, regional y local, sus funciones esenciales relacionadas con la defensa de su integridad
territorial, el orden público y la seguridad nacional, remachando que dicha seguridad es competencia
exclusiva del Estado miembro.

La pertenencia a la Unión no disminuye el derecho de autoorganización de cada Estado miembro. Todo


Estado miembro decide libremente sobre su constitución nacional, su forma de Estado, la organización
de sus poderes, su lengua o lenguas, su cultura, etc., con el lógico condicionante de que permitan al
Estado y a sus entidades subestatales seguir estando en condiciones de cumplir sus superiores
obligaciones con la UE; de lo contrario, el Estado miembro tiene la opción de la retirada (art. 50 TUE).

La personalidad política, lingüística, étnica y cultural de cada uno de los pueblos de la Unión tiene
cabida dentro de ésta. Un límite o condicionante a esa personalidad política y al ejercicio de las
funciones esenciales del Estado es que sus miembros deben respetar los valores que sustentan la Unión.

Esto no quiere decir un principio de no injerencia en los asuntos internos del Estado miembro.

La identidad nacional significa también la permanencia de los Estados en tanto que Estados soberanos
e independientes — comprometidos con sus obligaciones europeas— como una condición para la
existencia misma de la Unión. Esa identidad política es también un límite al sistema de revisión de los
Tratados (las revisiones deberán respetar esa personalidad definitoria de cada Estado) y se refleja en
la necesidad de la autorización de los Parlamentos nacionales (o su no oposición) antes de cualquier
reforma de los Tratados (revisión ordinaria, simplificada o flexible).

La UE se basa en la permanencia de sus Estados miembros como Estados independientes y soberanos


que han decidido libremente, con arreglo al Tratado, ejercer conjuntamente algunas de sus
competencias en el respeto a su identidad y a sus funciones como Estados soberanos. En efecto, el
artículo 4.2 muestra, una vez más, que la Unión es una asociación internacional de Estados
soberanos, que conservan sus prerrogativas y características internacionales de Estados.

Esos elementos de identidad nacional deberán respetarse por la Unión cuando ejerza sus competencias.
El principio forma parte de la legalidad de los actos de las Instituciones.
Sin embargo, el respeto a la identidad nacional y las funciones esenciales del Estado no debe ser
interpretado ni como una cláusula de excepción que permita disminuir la obligación que tienen los
Estados de respetar las disposiciones de los Tratados, ni como una reserva de competencias nacionales,
reconociendo que será el Tribunal de Justicia el que dilucide si las Instituciones vulneran un margen
razonable de apreciación.

No hay una identidad europea que deba respetarse y protegerse, pero sí una identidad nacional de
Estados singulares que debe ser respetada. El pueblo es un elemento constitutivo propio de cada Estado
y no es un elemento constitutivo de la UE.

El respeto a la identidad comporta el respeto a las funciones esenciales del Estado para garantizar su
integridad territorial y seguridad nacional. La Unión no es posible sin Estados soberanos que asuman,
entre otras funciones, garantizar la seguridad interior y exterior de su territorio, es decir, que creen y
aseguren las condiciones de paz y de justicia para que los derechos y libertades de las personas puedan
ser ejercidos y garantizado el cumplimiento del Derecho.

7.5. El Principio de Cooperación Leal.

El principio de cooperación leal (o colaboración leal) rige con carácter general la totalidad de las
relaciones entre los Estados y la Unión. Es un principio constitucional porque refleja la estructura
política, jurídica y económica de la UE y facilita la organización de los poderes.

El artículo 4.3 TUE es una expresión formal y limitada de ese principio. Este principio «se encuentra
en la base del sistema comunitario» y rige «las relaciones entre la UE y sus Estados miembros», así
como de éstos con las Instituciones. También se exige cooperación leal entre las instituciones entre sí
en sus relaciones recíprocas.

Los tres deberes generales que se derivan del artículo 4.3 TUE:

1) Colaboración activa o deber de adopción de todas las medidas generales o particulares


apropiadas para asegurar el cumplimiento del Derecho de la Unión (originario y derivado) ->
cada Estado miembro, de conformidad con el principio de autonomía debe ejecutar el Derecho
de la Unión en su territorio, adoptando la medidas necesarias para asegurar su plena eficacia y
garantizando la tutela de los derechos que reconocen a los particulares.
2) Deber de abstención de adoptar todas aquellas medidas que puedan poner en peligro la
realización de los fines de los Tratados -> impide a los Estados miembros adoptar disposiciones
contrarias a los compromisos asumidos.
3) Deber de facilitar a las Instituciones el cumplimiento de sus misiones -> obligación de los
Estados miembros de facilitar las informaciones que requieran las Instituciones para el
adecuado desarrollo de sus misiones.

Ej.:

— obligación de alcanzar los objetivos de la Unión: lograr una integración cada vez más estrecha
aceptando los principios de progresividad o evolutivo y profundización en la integración;

— el Estado debe contribuir con su presencia y participación en las Instituciones;

— los Estados tienen el deber de llegar a un acuerdo en las Conferencias Intergubernamentales;

— los Estados miembros no pueden ejercer sus competencias, incluso en ámbitos no atribuidos a la
Unión, si causan perjuicio a los intereses de ésta;

— la Comisión tiene el deber de facilitar la ejecución de las disposiciones de la Unión y colaborar con
los órganos estatales encargados de la aplicación del Derecho de la Unión;

— los Estados miembros tienen el deber de actuar como gestores del interés común.

7.6. El Principio de Solidaridad.

La solidaridad constituye un fundamento de la unión y un propósito. Subyace a esta obligación de


solidaridad la existencia de unos valores e intereses comunes, unos vínculos de interdependencia, unos
objetivos y proyecto de convivencia. La defensa de los intereses nacionales (en el Consejo o en el
Consejo europeo) es legítima y este principio no impide su defensa.

La insolidaridad se manifiesta cuando se defienden intereses nacionales perjudicando de forma


desproporcionada los objetivos comunes. Pero también si la actuación de un grupo de Estados
miembros o alguna Institución perjudicase sin motivo los intereses de un Estado miembro.

El principio de solidaridad (incluido el de coherencia y cohesión económica y social) es un principio


político fundamental, pero no es un principio del ordenamiento jurídico en el sentido de que se pueda
invocar para cuestionar la legalidad de una norma de la Unión.
El estado miembro, al pertenecer a un conjunto integrado política y jurídicamente, tiene derecho a la
solidaridad del grupo, de la Unión. La Unión y los Estados miembros «actuarán conjuntamente con
espíritu de solidaridad».

7.7. El Principio de Transparencia y proximidad.

El objetivo de una mayor transparencia en la toma de decisiones y su mayor apertura hacia la


ciudadanía se ha hecho insistente en esta década. Ahora esa idea se reforzó de forma programática tras
la reforma por el Tratado de Ámsterdam: así, el artículo 1 del Tratado de la Unión Europea añade que
las decisiones serán tomadas en la UE «lo más abiertamente posible», además de la forma más próxima
posible a los ciudadanos.

La exigencia de transparencia aparece como la condición para alcanzar una mayor democratización.
El Tratado de Maastricht proclama que «la transparencia del proceso de decisión refuerza el carácter
democrático de las Instituciones, así como la confianza del público en la Administración», y sugiere
medidas sobre el «acceso del público a la información de que disponen las Instituciones».

También facilita la transparencia y la proximidad al ciudadano la mejora de la calidad de la redacción


de la legislación.

Por otra parte, el Consejo celebra debates abiertos sobre los programas de trabajo de la Presidencia y
de la Comisión, sobre cuestiones fundamentales de interés de la Unión y sobre nuevas propuestas
legislativas de importancia.

8. LA UNIÓN EUROPEA “A LA CARTA”: LA COOPERACIÓN REFORZADA.

Desde hace años se viene hablando de la Europa a la carta, de varias velocidades, de geometría
variable, etc. Se simbolizan así diversas actitudes de los Estados miembros en relación con la
profundización en la integración, marcadas por el deseo de acelerar o de frenar el logro de los objetivos
de la Unión. Se ha comenzado a aceptar que algunos Estados miembros puedan y quieran avanzar más
que otros y que no se debe impedir esa opción.

Las cooperaciones reforzadas son «opciones a la carta» para avanzar; se le despoja de la perspectiva
negativa al enfatizar sobre los Estados miembros que desean integrarse más y que escogen aumentar
sus compromisos para avanzar y no para desmarcarse de los objetivos con estatutos derogatorios.
Aspectos positivos -> no caben vetos ante una revisión o una nueva iniciativa normativa cuando hay
una amplia y decidida voluntad en los restantes Estados miembros de seguir avanzando. Esto es, no se
deja a la UE parada.

Aspectos negativos -> se rompe la unidad de objetivos. El acervo común se hará difuso. La situación
jurídica de cada Estado miembro será atípica, de modo que los estatutos jurídicos de los Estados
miembros y de sus pueblos serán diferentes entre sí: los derechos y obligaciones serán variables, de
contornos irregulares y a discreción. Puede estimarse contrario al proceso de integración política.

La cooperación reforzada se reguló por primera vez en el Tratado de Ámsterdam y fue reformado su
régimen en el Tratado de Niza. Tras la reforma por el Tratado de Lisboa se confirma que es un
mecanismo de ejercicio de competencias atribuidas y un mecanismo de integración residual o
subsidiario. Pero en ningún caso es mecanismo de revisión simplificada.

Se establece un marco jurídico general para toda cooperación reforzada (art. 20 TUE) y unas
disposiciones específicas, además de preverse una cooperación «estructurada» en el ámbito de la
defensa (art. 46 TUE).

El marco general se refiere a la necesidad de impulsar los objetivos de la Unión, proteger y servir a
sus intereses y reforzar su proceso de integración, existencia de un umbral mínimo de Estados, ser un
último recurso, respetar la coherencia interna y externa y carácter abierto de la cooperación.

La cooperación reforzada tiene sus límites:

a) Respeto a los Tratados y al marco institucional


b) No debe sobrepasar la atribución de competencias (una cooperación reforzada solo se puede
iniciar en el ámbito de competencias ya atribuidas a la UE)
c) No puede perjudicar al mercado interior ni a la cohesión económica, social y territorial.
d) No debe constituir un obstáculo ni una discriminación a los intercambios ni provocar
distorsiones en la competencia entre los Estados miembro.

No está restringida a ámbitos que se aprueben por mayoría y no se limita «la facultad de recurrir a una
cooperación reforzada al supuesto de que uno o varios Estados miembros declaren que aún no están
preparados para participar en una acción legislativa de la Unión en su conjunto».

La noción de último recurso, se refiere a «las situaciones en las que sea imposible adoptar tal normativa
en un plazo previsible», debiendo el Consejo examinar con diligencia e imparcialidad los elementos
pertinentes a este respecto y si la conclusión a la que llegó está suficientemente motivada».
La posibilidad de desencadenar una cooperación reforzada es ante todo un instrumento de presión que
puede ser un arma útil en la negociación, «siempre que los compromisos asumidos por los Estados
miembros contratantes en el marco de tal acuerdo respeten el Derecho de la Unión», pues les «está
prohibido… [que] celebren entre sí un acuerdo que pueda afectar a reglas comunes o alterar el alcance
de éstas».

9. LA ADHESIÓN A LA UE.

Algunas de las condiciones son:

− El Estado candidato ha de ser un Estado europeo (Europa desde el punto de vista geográfico y
geopolítico)
− Debe ser un Estado democrático -> Desde la reforma de Ámsterdam, se han precisado unas
condiciones generales sobre el régimen político del Estado solicitante: debe respetar los valores
previstos en el artículo 2 TUE. También se han formulado requisitos más concretos en los
denominados «criterios de Copenhague»
− Existencia de una economía de mercado en funcionamiento, así como la capacidad de hacer
frente a la presión competitiva y a las fuerzas del mercado en el seno de la Unión.
− La capacidad de la Unión de absorber nuevos miembros, manteniendo al mismo tiempo el
ritmo de la integración europea.
La comprobación de la capacidad real de integración del candidato y la capacidad de absorción
de la UE (criterios de Copenhague) impiden los automatismos, dejando en la capacidad de
apreciación de la Unión la decisión última sobre el ingreso de un Estado candidato. El artículo
49, tras la reforma del Tratado de Lisboa, implícitamente remite a «los criterios de elegibilidad
acordados por el Consejo Europeo».

Proceso: Art. 49 TUE.

1. La petición de adhesión se dirige al Consejo.


2. Se informa de la petición al Parlamento Europeo y a los Parlamentos nacionales.
3. El Consejo solicita un dictamen a la Comisión en el que se ponen de relieve los problemas y
los efectos del ingreso para la UE y para el solicitante.
4. Si hay unanimidad en el Consejo, entonces se inician las negociaciones con el Estado o Estados
candidatos. Estas negociaciones son siempre complejas y a veces muy largas.
En la Conferencia negociadora lo que se discute en esencia es el cuándo y el cómo de
la aplicación del Derecho originario y derivado; en efecto, la obligación inicial del
Estado candidato es aceptar el «acervo comunitario» a fin de asumir los mismos
derechos y obligaciones que todos los demás Estados miembros.
No se discute el contenido obligacional, sino los plazos y modalidades para que el futuro
Estado miembro aplique íntegramente las normas de la Unión con las eventuales
excepciones o regímenes especiales.
5. La aceptación del Derecho adoptado con anterioridad a la adhesión se contempla siempre en el
Acta relativa a las condiciones de la adhesión y a las adaptaciones de los Tratados, cuyos textos
son básicamente concordantes en todas las ampliaciones. El resultado final de las
negociaciones de adhesión requiere el acuerdo entre los Estados miembros y el Estado
candidato y se plasma en el Acta de Adhesión.
El Acta incluye las adaptaciones institucionales necesarias (modificación del número
de los miembros de la Comisión, su cupo de diputados al PE, lenguas, etc.) para acoger
al nuevo Estado en las Instituciones.
6. El Consejo solicita la aprobación al PE —por mayoría absoluta de los miembros que lo
componen (todos los estados miembro sin excepción tienen su Derecho de Veto)—, una vez se
ha adoptado el Acta de Adhesión, de forma que el PE podría vetar el ingreso de un nuevo
Estado.
7. El procedimiento de adhesión consta, además, de una fase de control nacional o democrática
en el Parlamento del Estado candidato y en los Parlamentos de los Estados miembros.
En efecto, puesto que toda adhesión supone un nuevo Tratado que conlleva una revisión
de los Tratados constitutivos al ampliar la «base constituyente», es decir, el número de
Estados miembros, éstos y el solicitante deben recabar la ratificación interna conforme
a sus respectivas normas constitucionales de autorización y prestación del
consentimiento a este tipo de Tratados internacionales (en el caso de España el art. 93
de la Constitución española).

10. LA RETIRADA DE LA UNIÓN.

La retirada de la Unión está reconocida expresamente en el artículo 50 TUE y forma parte del estatuto
internacional de derechos de los Estados dentro de la UE. La retirada es un derecho que se reconoce
implícitamente a todos los Estados parte de una organización internacional.
Los antiguos Tratados CEE y Euratom, así como el vigente Tratado de la Unión, desde su versión
inicial de Maastricht, establecen que la integración y los tratados que la rigen tienen una duración
«ilimitada» (art. 53 TUE). Dicho de otro modo, no se han concluido por un tiempo determinado o a
determinar en el futuro. Tienen vocación de futuro en el tiempo, pero nada impediría que una Parte
pueda ponerles fin.

En los ámbitos atribuidos a la UE hay una limitación definitiva, no caben actos unilaterales concretos
contrarios a una norma europea por la primacía de aquélla. No se puede disponer a voluntad de
concretas competencias y seleccionar las obligaciones. Sólo cabría la retirada y así salir legalmente del
ámbito de aplicación de todo el derecho de la UE y de la Unión misma.

No ha habido precedentes hasta el triunfante referéndum británico de retirada de junio de 2016; el


Reino Unido amagó en 1975 decantándose de forma holgada por la permanencia.

La reforma introducida por el Tratado de Lisboa al TUE clarifica este derecho de los Estados, máxime
habida cuenta la intensidad y calidad de los compromisos que adquieren los Estados miembros y para
evitar cualquier superficial asimilación de la UE a la estatalidad. Hay pues un derecho de ruptura de la
membresía, que sería impensable en el seno de un Estado, y que confirma la naturaleza de organización
internacional de la UE.

Es, por tanto, una decisión unilateral del Estado que desea retirarse. Debe formalizarla conforme a lo
establecido en el artículo 50 TUE: se exige que la voluntad del Estado se haya formado según sus
propias reglas constitucionales; debe notificarse por conducto diplomático esa intención al Consejo
Europeo para abrir negociaciones sobre la forma y efectos de la retirada, así como la relación futura.

La fecha oficial de notificación será relevante, pues entonces se abre, desde el preaviso, un período de
dos años para una doble negociación muy vinculada entre sí: cómo se dejarán de ir aplicando los
derechos y obligaciones recíprocos adquiridos por ambas partes en los Tratados y derecho derivado,
al tiempo que sería deseable lograse el acuerdo para entablar la relación futura.

El acuerdo internacional que regula la forma y ritmo para dejar de aplicar las normas de la UE, así
como la relación futura, requiere la aprobación del PE (mayoría simple de sus miembros) y del Consejo
(por la mayoría cualificada reforzada del 72 por cien de los miembros, sin que pueda participar el
Estado que se retira, es decir, 20 votos sobre 27). Será un acuerdo internacional entre la Unión y el
Estado miembro que sea retirarse; no un acuerdo mixto ni un acuerdo entre los Estados
miembros con el Estado que se retira.
Si no se llegara a un acuerdo en dos años -> La falta de acuerdo en las negociaciones no será un
obstáculo para lograr la retirada, dado que es un derecho inherente a la condición de Estado miembro
y, por tanto, no depende de las condiciones a pactar:

a) La retirada entrará en vigor al cumplirse ese plazo desde la notificación oficial de la decisión;
no habría vacío jurídico total pues en ese caso las relaciones se regirían por las reglas de la
Organización Mundial de Comercio.
b) Si no se llega a un acuerdo en dos años, cabe también la opción de la prórroga del plazo de
negociación por unanimidad de los Estados que permanecen en la Unión.

11. COMPETENCIAS DE LA UNIÓN EUROPEA.


11.1. El Principio de Atribución.

El fundamento de las competencias de la Unión Europea reside en la atribución que hacen los Estados
miembros en favor de la UE por medio de los Tratados. La Unión no tiene competencias propias u
originarias. Son competencias derivadas. Las competencias que recibe la Unión Europea son
originariamente internas de sus Estados miembros. Las competencias que posee son fruto de un
apoderamiento que hace voluntariamente cada Estado miembro en el momento de la adhesión y con
ocasión de las reformas de los Tratados, aunque también los Estados pueden crear competencias y
derechos nuevos a favor de la UE; así, la competencia de armonización de legislación, o el derecho a
participar en las elecciones al Parlamento Europeo.

La Unión no puede ejercer competencias que no le hayan sido atribuidas por los Estados en los
Tratados constitutivos, es decir, competencias de las que los Estados no se hayan desprendido en favor
de las Instituciones. Por tanto, una competencia sólo corresponde a la Unión si se le ha atribuido
expresa y concretamente en los Tratados por los Estados miembros.

La atribución de competencias no puede hacerse, en modo alguno, a través de normas de derecho


derivado por las propias Instituciones. La Unión y sus Instituciones no tienen competencias conferidas
o definidas o atribuidas por el Tratado, sino en el Tratado dejando bien sentado que son los Estados
miembros, y no el Tratado mismo — que no son un acto constituyente—, quienes confieren las
competencias.

La UE es una organización internacional intergubernamental. La Unión Europea no goza de


soberanía, no hay un acto constituyente. El origen de sus competencias no es la soberanía europea,
sino que son los Estados mismos quienes confieren algunas competencias a la UE y lo hacen como
representantes de la ciudadanía organizada en Estados.

Por concretar:

— La UE no tiene competencias originarias o propias, ni se las confieren los Tratados. Las


competencias de la UE son derivadas de una atribución de quienes son titulares y las conservan, los
Estados miembros. Se atribuye el ejercicio de las competencias, no la titularidad, pues el titular de la
soberanía es el conjunto de la ciudadanía de cada uno de los Estados miembros.

— Son los Estados miembros quienes atribuyen a la Unión competencias para que ésta alcance los
objetivos asignados (art. 1 TUE). Los Estados renuncian a ejercer determinadas competencias
concretas y trasladan el ejercicio de la competencia a las Instituciones de la UE.

— La Unión habrá de perseguir los objetivos asignados sólo mediante las competencias atribuidas y
no de cualquier otra forma: no tiene competencias generales.

— La UE actuará sólo dentro de los límites de las competencias que le atribuyen los Estados en los
Tratados (arts. 1 y 5.2 TUE).

— Toda la competencia no atribuida a la UE en los Tratados corresponde a los Estados miembros


(poderes centrales o regionales, arts. 4.1 y 5.2 TUE).

11.2. Caracteres y estatuto de las competencias de la UE.

La Unión tiene derecho y obligación de actuar dentro de los límites de las competencias atribuidas, ya
sean exclusivas o compartidas, y de los objetivos asignados (art. 5.2 TUE). El artículo 13.2 TUE
formula, además, este principio de la atribución de competencia refiriéndolo a las Instituciones de la
siguiente manera:

1) Es una competencia expresa y limitada -> Las Instituciones de la UE sólo pueden ejercer las
competencias que les han sido atribuidas en los Tratados. Cuando adoptan un acto jurídico la
institución autora del mismo debe explicitar el fundamento o base jurídica. Es decir, debe dar
la prueba de que tiene competencia para adoptarlo indicando el precepto o preceptos de los
tratados que se la atribuyen y le permiten adoptar dicho acto.
2) Es una competencia especifica -> Las competencias de la UE son habilitaciones específicas
para hacer algo concreto. Nunca se ha utilizado la atribución por materias (es incompatible
conceptualmente con los entes de base funcional). Los Tratados prevén competencias para
hacer algo concreto, con qué objetivos y en qué ámbitos, por determinadas Instituciones,
mediante qué procedimientos y medios, así como las condiciones y los límites mediante una
clara remisión a las bases jurídicas del TUE o del TFUE tanto para las acciones y políticas
internas como las externas.
3) Es una competencia funcional -> Las organizaciones internacionales nacen para lograr
objetivos concretos y se les dota de competencias para esos objetivos. Lo importante en la
organización internacional es la función, más exactamente, la finalidad funcional y la
competencia o poder que se le otorga está limitado por aquélla. Las organizaciones
internacionales tienen una base funcional y competencias específicas, a diferencia de los
Estados cuya base es territorial y tienen objetivos generales y poderes igualmente generales.
4) Irreversibilidad y efectividad de la competencia de atribución -> IRREVERSIBLE porque
conlleva necesariamente la desposesión de los poderes de los Estados miembros en esos
ámbitos. Unilateralmente, los estados no pueden disponer o recuperar las competencias
atribuidas, aunque por unanimidad sí que pueden acordar una devolución parcial de
atribuciones mediante la reversión ordinaria del Tratado. / EFECTIVO porque lleva consigo la
correlativa desposesión de la competencia estatal y no el mero acto jurídico de la atribución de
competencias.

11.3. Competencia Estatal. (Clausula residual)

Los Estados han tenido siempre una competencia residual general implícita: todo lo que no está
regulado —con distinta intensidad— en los Tratados permanece bajo plena soberanía nacional.
(Clausula introducida expresamente por el Tratado de Lisboa).

11.4. Delimitación de las competencias.

En el Tratado de Lisboa vienen clasificadas y explicitadas las competencias:

- Define las categorías de competencias: exclusivas, compartidas y de apoyo, coordinación y


complemento.

- Establece los ámbitos que se incluyen en cada categoría.

Esta delimitación de competencias entre los Estados miembros y la Unión no varía por el hecho de
que algunos Estados miembros estén estructurados en regiones con competencias legislativas.
Todos los Estados miembros atribuyen las mismas competencias y éstas pueden proceder de los
poderes centrales o regionales.
-> Competencias Exclusivas

Solo puede legislar y adoptar actos jurídicamente vinculantes la UE. En estas materias solo actuara la
UE, pero ademas tiene obligación de actuar, aunque serán los estados los que ejecuten las normas,
pues la UE no tiene mecanismos de ejecución pormenorizados en cada estado. (Lista cerrada)

-> Competencias Compartidas

Tanto la UE como los estados coparticipan en su ejecución, ambos son titulares de las competencias y
concurren ambos a regularlas. En las competencias compartidas, la Unión y los Estados miembros
tienen potestad para legislar y adoptar actos jurídicamente vinculantes, pero los Estados ejercen su
competencia únicamente si la Unión no ha ejercido la suya o haya decidido dejar de ejercerla y sólo
en la medida en que no lo haya hecho.

Rige plenamente el Principio de Subsidiariedad -> Una vez que los estados demuestran que pueden
llevar a cabo esas competencias, podrán estos llevarlas a cabo. La forma de legislar típica en estos
casos es la Directiva.

-> Competencias de apoyo, coordinación y complemento

En estos ámbitos la acción de la Unión es complementaria de la de los Estados miembros y de fomento


de la cooperación. Quedaría excluida expresamente la competencia de armonización de las
disposiciones legislativas y reglamentarias de los Estados miembros.

12. EJERCICIO DE LAS COMPETENCIAS: PRINCIPIOS RECTORES.

El ejercicio de las competencias de la Unión está presidido por varios principios básicos:

1) Principio de subsidiariedad: si el ámbito de acción es compartido, entonces la Unión ejercerá


su competencia de forma limitada y subsidiaria en relación con la acción interna: en lo que los
Estados miembros no sean capaces de alcanzar de manera suficiente ni mejor.

Este principio viene recogido en el Preámbulo del TUE y en su artículo 5 al establecer la exigencia
de la proximidad de la toma de decisiones a los ciudadanos, de lo que se deduce que la instancia
europea debe actuar como una suerte de último recurso, es decir, con carácter subsidiario.

La subsidiariedad es un principio regulador del modo de ejercicio de las competencias compartidas


entre los Estados miembros y la Unión Europea.
Los Protocolos sobre «el cometido de los Parlamentos nacionales» y para «la aplicación de los
principios de subsidiariedad y proporcionalidad»9 prevén que los Parlamentos nacionales (y
regionales) puedan controlar su respeto por las instituciones de la Unión, es decir que la UE sólo
actuará en materias compartidas cuando haya un problema de dimensión o efectos a escala europea,
la acción de los Estados y sus regiones sea insuficiente y la UE pueda ser más eficaz.

Control político preventivo:

El Protocolo exige que todo proyecto de acto legislativo incluya una ficha con todos los
pormenores que permitan evaluar el cumplimiento de los mencionados principios, su impacto
financiero y, en el caso de una directiva, sus efectos en la normativa interna, local y regional, de
los Estados (art. 5). Todo ello es enviado a cada Cámara de los Parlamentos nacionales. Cada
Cámara nacional podrá emitir un informe (dos en los parlamentos de estructura bicameral) sobre
las propuestas legislativas que afecten al principio de subsidiariedad y para ello tendrá ocho
semanas.

Si una Cámara estima, autónomamente, que el proyecto legislativo europeo no respeta el principio
de subsidiariedad, entonces emite un informe motivando su posición.

Los principios de suficiencia de medios y el de proporcionalidad son de carácter general y afectan


al ejercicio de toda clase de competencias.

2) Principio de proporcionalidad: deben ejercer sus competencias, ya sean exclusivas o


compartidas o de complemento o fomento, cuidando los efectos que produzca su acción sobre
los ciudadanos, los operadores económicos y los propios Estados miembros. Ninguna acción
puede excederse de lo necesario para alcanzar los objetivos del Tratado. Supone que las
obligaciones impuestas en las normas europeas se limiten a la medida estrictamente necesaria
para alcanzar el objetivo buscado.
3) Principio de suficiencia de medios: la UE tiene derecho a dotarse de los medios necesarios
para alcanzar sus objetivos. Expresa el compromiso de la UE y de sus Estados miembros en
poner todo su empeño en la realización de los objetivos de los Tratados; por ello, la UE sólo
actuará en la medida necesaria pero con todos los medios necesarios.

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