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Filosofía de Sócrates y Platón

La filosofía socrática es un modo de vida que busca la excelencia y el deseo de saber, donde Sócrates encarna esta filosofía hasta en su muerte. Platón, influenciado por Sócrates, desarrolla una visión política, religiosa y pedagógica de la filosofía, destacando la inmortalidad del alma y la búsqueda de la verdad a través del conocimiento de las Ideas. Aristóteles, por su parte, introduce la metafísica como la búsqueda de los principios del ser, criticando las divisiones platónicas y proponiendo conceptos como el ser en acto y en potencia para explicar el movimiento y la naturaleza de la realidad.

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Filosofía de Sócrates y Platón

La filosofía socrática es un modo de vida que busca la excelencia y el deseo de saber, donde Sócrates encarna esta filosofía hasta en su muerte. Platón, influenciado por Sócrates, desarrolla una visión política, religiosa y pedagógica de la filosofía, destacando la inmortalidad del alma y la búsqueda de la verdad a través del conocimiento de las Ideas. Aristóteles, por su parte, introduce la metafísica como la búsqueda de los principios del ser, criticando las divisiones platónicas y proponiendo conceptos como el ser en acto y en potencia para explicar el movimiento y la naturaleza de la realidad.

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Sócrates

La filosofía socrática es un modo de vida. Sócrates encarna la filosofía en


su existencia misma, hasta el punto de que su muerte se convierte en un acto
filosófico. Concibe la filosofía como una praxis basada en la excelencia y en el
deseo de saber cómo vivir una vida que valga la pena. Mientras la filosofía
busca establecer criterios sobre cómo se debe vivir, la mayoría de los seres
humanos viven de manera completamente distinta. En este contraste, la
filosofía queda desplazada, sin un lugar propio dentro de la sociedad. Sócrates,
abandonar la filosofía no es una opción viable. La filosofía no es solo una
actividad intelectual, sino su forma de existir. Su identificación con la filosofía
es tan absoluta que la coloca al nivel de la divinidad y de la identidad personal.
Según él, no ha sido su elección dedicarse a la filosofía, sino que es un
designio del dios Apolo. No solo ha necesitado la filosofía para vivir, sino
también para morir. Para él, morir con filosofía significa humanizar la muerte,
aceptarla y hacerla parte de la vida. La filosofía no solo le da sentido a su
existencia, sino que también le permite afrontar la muerte con dignidad y sin
temor.
Sócrates, la filosofía es su punto de sostén en la vida. No se trata de que
la filosofía le otorgue una identidad esencial, sino de que es lo que le permite
interactuar con los demás, mantener su firmeza en las conversaciones y en las
situaciones difíciles. Representa una filosofía que no es estática ni
complaciente, sino
•• 1 una fuerza de inquietud y transformación. La filosofía lo
••
mantiene en constante cuestionamiento, lo hace dudar, lo problematiza.
La filosofía no llena vacíos ni da tranquilidad, sino que mantiene viva la
inquietud. La filosofía no ofrece respuestas definitivas ni calma los espíritus,
sino que mantiene la incertidumbre y la inquietud. La invención de la filosofía
es también la invención de una pedagogía, que tiene por función «dotar a un
sujeto cualquiera de actitudes, de capacidades, de saberes que antes no
poseía y que deberá poseer al final de la relación pedagógica». En el «saber
que no se sabe» radica la infancia de la filosofía. En el «educar en el no saber»
y en el «cuidado de sí», la infancia de una filosofía que educa, la infancia de
una política que filosofa, la infancia, por fin, de una educación en, pero también
de, la filosofía.
Platón
El pensamiento de Platón es político (busca la justicia en el individuo y en la
sociedad); religioso (pretende reintegrar al hombre a su verdadera naturaleza, religarlo con
ella); pedagógico (esas metas sólo se logran a través de un proceso de formación, de
educación, que constituye un modo característico de vida): La receta de Platón será “vivir
en la filosofía”, y su modelo fue Sócrates. La conmoción espiritual que su presencia y sus
palabras producían, la integridad de conducta durante toda su vida, el dominio de sí
mismo, la serenidad con la que enfrentó la muerte, llevaron a Platón a sentir
inequívocamente que había algo en Sócrates que no podía morir. Era algo ajeno al tiempo,
al cambio, algo que permanecía idéntico a sí mismo y que, en Sócrates, había estado
siempre presente. Quizás Sócrates fuese un enviado de los dioses, pero quizás todos los
hombres tuviesen algo divino. Platón llegó así a concebir la existencia de un alma inmortal.
En Platón, por el contrario, se vuelve una afirmación fundamental. El alma del hombre,
piensa Platón, es semejante a los dioses y ha compartido con ellos la inmortalidad, en un
ámbito sin tiempo, deleitándose en contemplar la verdad, única y eterna. El alma inmortal
es prisionera de un cuerpo que nace y muere, y se halla sujeta a los deseos de ese
cuerpo, pues ha olvidado su origen divino. Su verdadero deseo, su más íntima aspiración -
aunque no lo sepa-, es abandonar este mundo en el que se encuentra exiliada, abandonar
el cuerpo, y volver a contemplar el brillo de la verdad en su lugar más propio, en compañía
de los dioses. El alma ya ha visto y posee en sí misma la huella de la verdad. La filosofía,
para Platón, nos ofrece esta posibilidad. La filosofía es «el diálogo del alma consigo
misma». •• 2
••
La filosofía, se nos dice, intenta liberar al alma de la cárcel del cuerpo y, para ello, la
invita a dejar de lado el testimonio de los sentidos y a que «se concentre y se recoja
consigo misma». Los sentidos nos ofrecen multiplicidad y cambio, pero no captan «lo real
como algo que es en sí». Luego vemos un tercer hombre y decimos que es mayor que el
primero y que, en consecuencia, ese primero es menor que el tercero. Nuestros ojos no
pueden responder la pregunta pues, según ellos, lo que es mayor en un caso es luego
menor en otro. Más aún, si preguntamos por qué es mayor el tercero y respondemos, por
ejemplo, por una cabeza, resultaría que algo es mayor a causa, justamente, de algo
menor. Para que estas palabras tengan algún sentido, lo mayor y lo menor deben hacerse
presentes en el pensamiento, no ya relativos a cada caso particular, sino en sí,
permanentes, únicos e idénticos consigo mismos, sin posible mezcla. Pues bien, Platón
piensa que en el alma existen cosas tales como lo mayor en sí, lo menor en sí, lo igual en
sí. Son las huellas que la contemplación de la verdad ha dejado en el alma del hombre.
Platón las llama «ideas» y de ellas nos dice que son «lo real».
Un texto de República nos permitirá presentar en pocas líneas el pensamiento del
filósofo. Y que, por otro lado, existe lo bello en sí y lo bueno en sí, y de igual modo, en
todas las cosas que determinamos como múltiples, declaramos que a cada una de ellas
corresponde su idea que es única y que designamos «aquello que es». Agregamos que las
cosas son vistas, pero no pensadas, y las ideas, por el contrario, pensadas, pero no vistas.
De esas cosas, hay muchas que distinguimos como bellas y otras que distinguimos como
buenas y, en consecuencia, así las designamos. «Designar», aquí, significa distinguir a
través del lenguaje, determinar con la palabra, con el logos. Por otro lado, existen ideas
únicas, lo bello en sí, lo bueno en sí, y cuando designamos cada multiplicidad, entendemos
que hay una correspondencia entre esa determinación y aquellas ideas únicas. Estas
últimas, las ideas, son así la posibilidad, el fundamento y la garantía de que podamos
distinguir cosas a través del lenguaje. Platón llama a la idea «aquello que es», poniéndola
en un nivel de realidad superior con respecto al de las cosas múltiples.
En su dominio las cosas son múltiples y variadas, nacen y mueren, como nosotros
mismos. Nuestros sentidos nos ofrecen un conocimiento tan imperfecto y mudable como
las cosas mismas. Platón llama «opinión», doxa, al conocimiento propio de ese ámbito. En
este ámbito existen las ideas, únicas e idénticas a sí mismas, y está dominado por una
idea suprema, superior a las demás en potencia y dignidad, la Idea del Bien mismo. El
verdadero conocimiento, episteme, propio de este ámbito, es dispensado al pensamiento
por la Idea del Bien,
•• 3como también la existencia y la verdad de las demás ideas. En el
••
ámbito inteligible Platón sitúa la realidad eficaz y jerárquicamente superior, causa de su
propio ser y de la realidad imperfecta y subordinada del ámbito sensible. Las cosas
sensibles «participan» de las ideas inmutables, son en algún sentido como copias impuras,
sujetas a los más y los menos, a los vaivenes del tiempo y la corrupción. Las ideas se
hacen presentes en el ámbito sensible y la palabra, como dijimos, puede ser el vehículo
para alcanzar la verdad. Pero para eso, el alma del hombre debe dar la espalda al cuerpo y
sus deseos –afines a lo visible- y dirigir su mirada hacia la Idea del Bien.
En el libro VII de su República, relata la “Alegoría de la caverna”: una cueva
subterránea muy profunda, en la que un grupo de prisioneros vinieron al mundo y han
pasado sus vidas enteras, sin jamás haber visto el mundo exterior, ni sospechar siquiera
de su existencia. Estos prisioneros se hallan encadenados a un muro muy sólido de
ladrillos, de un modo tal que, hagan lo que hagan, pueden solo mirar hacia el frente, hacia
una pared en la cual se proyecta la luz de una antorcha situada a sus espaldas. A espaldas
de los prisioneros pasan numerosos sirvientes, llevando a cuestas toda clase de objetos,
estatuillas y vasijas. Las sombras de los objetos se proyectan en la pared, donde son
percibidas por los prisioneros como si fueran cosas en sí mismas y no el reflejo de la luz a
sus espaldas. Es decir, los prisioneros creen que el mundo real consiste en esas sombras
y a través de ellas explican incluso su propia existencia. No conocen nada más. Hasta que
un buen día, uno de los prisioneros logra zafarse de sus ataduras y voltear hacia la
antorcha, descubriendo así una nueva realidad. De golpe, el prisionero entiende que las
cosas reales estaban fuera de su visión y que las sombras no son las cosas, sino apenas
un espejismo. Motivado por la curiosidad, el prisionero camina por la caverna hasta dar con
la salida y descubre el mundo exterior y todo lo que allí existe: árboles, lagos, personas, e
incluso el Sol. Deslumbrado con su nueva percepción del universo, el prisionero regresa de
inmediato a la cueva con la intención de liberar a sus compañeros. Sin embargo, al entrar a
la caverna, la deslumbrante claridad de afuera le impide ver bien, y llega dando tumbos
hasta sus compañeros. Estos últimos, al verle andar de ese modo, se ríen de él y de lo que
le cuenta respecto al mundo exterior, respecto a la luz y las sombras, y lo dan por loco o
por tonto. Enfurecido, el prisionero entonces decide liberar a sus compañeros, para que
entiendan que dice la verdad; pero estos, en su afán por defenderse y defender lo que
consideran verdadero, se ponen a pelear con él y, eventualmente, le dan muerte entre
todos.
Platón llama a este relato imaginario «alegoría». El contexto de la alegoría es una
cuestión político-pedagógica.
•• 4 Para ellos, educar es poner el conocimiento en el alma,
••
«como si se pusiera la vista en ojos ciegos». Para nuestro filósofo, en cambio, «en el alma
de cada uno hay el poder de aprender y el órgano para ello, y que, así como el ojo no
puede volverse hacia la luz y dejar las tinieblas si no gira todo el cuerpo, del mismo modo
hay que volverse desde lo que tiene génesis con toda el alma, hasta que llegue a ser
capaz de soportar la contemplación de lo que es, y lo más luminoso de lo que es, que es lo
que llamamos el Bien». La educación, paideia, es una técnica de conversión, arte de darse
vuelta, de cambiar de dirección la mirada, de dar la espalda al ámbito visible, donde el ser
y el no ser se confunden, y poner cara hacia otro lado, hacia el brillo del ser y la verdad,
hacia el Bien mismo.
En el alma inmortal –como en todas las cosas- anida un secreto anhelo de
perfección. Las Ideas son la meta de ese anhelo y ellas mismas buscan su perfección en la
Idea del Bien. El bien de una cosa es, para Platón y para cualquier griego de su época, su
excelencia, su perfección, en el sentido del cumplimiento de la función que le corresponde
por su naturaleza. El deseo del amor es llegar a contemplar, a recuperar, a poseer para
siempre el Bien mismo. Sólo unos pocos iniciados pueden reconocer la verdadera meta
del amor e intentar el difícil camino hacia ella. Sólo después de mucho conversar sobre el
tema y de toda una vida vivida en común, surge de repente en el alma, como la luz que
desprende una llamarada, y se mantiene por sí mismo a partir de ese momento.

Aristóteles
I Metafísica
Aristóteles define la metafísica como la "filosofía primera" o "sabiduría", cuyo
objetivo es determinar los principios y causas fundamentales del ser. A diferencia de la
ciencia, que se basa en la experiencia sensible, la metafísica busca verdades absolutas y
no puede probarse con métodos científicos. En su obra, Aristóteles intenta resolver el
problema del ser y la ciencia planteado por Heráclito y Parménides. Critica la solución de
Platón, quien postuló un mundo de Ideas inmutables separado del mundo sensible, lo que,
en lugar de resolver la cuestión, la complejiza al dividir la realidad en dos ámbitos.

Intentó dar una respuesta al monismo estático de Parménides, al movilismo de Heráclito y


al idealismo de Platón. Para ello, introduce las siguientes nociones:
a) Frente al concepto de ser uno, compacto, homogéneo e indiferenciado de Parménides,
Aristóteles opone la noción de la analogía del ser: "El ser se dice de muchas maneras".
b) Afirma la pluralidad de los seres, cada uno de los cuales constituye una sustancia
5
individual concreta•• que puede ser afectada de distintas formas por modificaciones
••
accidentales. El universo consta de individuos, por lo que nada impide que haya muchos
seres ni que estos se transformen.
c) La distinción entre ser en acto y ser en potencia le permite explicar el dinamismo de los
seres. Todos los seres, excepto Dios, están sujetos a algún género de cambio o
movimiento. Estas nociones las introduce Aristóteles para explicar el movimiento frente al
ser estático de Parménides.

Aristóteles introduce el concepto de ser en potencia como una situación intermedia entre el
ser en acto y el no ser, explicando el movimiento como el paso de la potencia al acto. En
todo ser físico existe un doble principio: algo en acto y algo en potencia, como el bloque de
mármol que puede convertirse en estatua. Frente al movilismo de Heráclito, Aristóteles
sostiene que en el cambio hay algo que permanece: la sustancia, mientras que los
accidentes varían.

Niega la existencia del mundo de las Ideas platónico y sostiene que la realidad está
formada por sustancias individuales (primeras), mientras que los conceptos universales
(sustancias segundas) son construcciones lógicas. Define diez categorías del ser, con la
sustancia como aquello que existe en sí mismo y los accidentes como atributos que
dependen de ella.

II El Hilemorfismo del mundo físico


La física en Aristóteles no es como la moderna, sino un conjunto de principios que
aplican los conceptos de acto, potencia y movimiento a los seres corpóreos. Para él, el
movimiento es esencial en la naturaleza, ya que esta es su causa y origen. Negar el
movimiento, como hicieron los eleatas, equivale a negar la naturaleza misma.

Hay dos clases de movimientos:


1. Las mutaciones sustanciales, que implican el cambio de una cosa a otra: pasan de
tener una determinada esencia o forma a tener otra. Este tipo de cambio se da en
los procesos de generación de una cosa y constituye la corrupción de otra.
2. Las mutaciones accidentales, que comportan una modificación de las
determinaciones accidentales de una cosa. Dentro de estas se distinguen tres
especies de cambio: la alteración o cambio de la cualidad, el aumento y la
disminución o cambio cuantitativo, y la traslación o cambio de lugar.

Distingue en•• el6 movimiento dos principios: algo que permanece y algo que cambia.
••
En los cambios accidentales, la sustancia permanece y varían sus accidentes (cualidad,
cantidad, lugar). En los cambios sustanciales, surge una nueva sustancia a partir de una
materia subyacente. Todo ser material se compone de materia y forma: la materia es el
principio permanente y la forma, el principio configurador que da esencia. La materia prima
es pura potencia sin determinación, mientras que la forma sustancial es el acto que define
al ser. El estudio del devenir lleva a la investigación de sus causas, ya que todo lo que
llega a ser depende de una causa, fundamento del conocimiento científico y metafísico.

Menciona cuatro causas del ser, dos intrínsecas y dos extrínsecas:


 Intrínsecas: La materia y la forma, que son los constitutivos esenciales de la
sustancia natural y constituyen su estructura hilemórfica.
 Extrínsecas: El agente y el fin. La causa final es el fin o la perfección del ser, el
término del proceso de realización, que de algún modo ya está presente desde su
inicio (teleología).

El principio de causalidad no lleva a una serie infinita de causas, ya que no todo ser
debe ser producido por otro. Dado que las sustancias del mundo físico están subordinadas
entre sí, debe existir un primer motor, causa y principio, que sea inmóvil, incausado,
perfecto y necesario. Este ser supremo es el fundamento último del conocimiento
metafísico en la filosofía primera

III Los seres vivos y los tipos de conocimientos


clasifica los seres del mundo físico en animados e inanimados, diferenciándolos por
su capacidad de automovimiento. En su Tratado sobre el alma, define el alma como el
principio vital y el acto primero de un cuerpo orgánico, responsable de su movimiento y
forma sustancial. Los seres vivos tienen una estructura hilemórfica, compuesta de cuerpo y
alma, que forman una unidad sustancial. Esta visión supera el dualismo platónico, ya que
Aristóteles sostiene que el ser humano es su cuerpo y alma unidos; al separarse, ocurre un
cambio sustancial que marca el fin de la vida.

Dependiendo de las funciones que realizan, los seres vivos pueden poseer tres tipos
de alma:
1. Alma vegetativa, que corresponde a las funciones más elementales como la
nutrición, el crecimiento y la reproducción.
2. Alma sensitiva, que, además de las funciones anteriores, incluye la percepción
•• 7
sensorial y el apetito
•• sensible.
3. Alma intelectiva, que, además de las funciones de los otros tipos de alma,
incorpora el conocimiento intelectual y el apetito racional. Este último tipo de alma es
exclusivo del ser humano, quien, a pesar de contar con una única alma, es capaz de
realizar todas las funciones vitales.

El alma humana es superior a otras porque posee conocimiento intelectual. Para


Aristóteles, conocer significa captar formas sin materia, asimilándolas a las reales en el
intelecto. Así, el sujeto se une al objeto conocido al actualizar su forma cognoscible. El
conocimiento inicia en los sentidos, que Aristóteles considera los principios inmediatos de
las operaciones cognitivas. Las facultades que posibilitan el conocimiento sensible se
denominan sentidos, y se dividen en:
 Sentidos externos, que corresponden a los cinco sentidos tradicionales.
 Sentidos internos, entre los cuales Aristóteles menciona el sentido común y la
imaginación, a los que, implícitamente, añade lo que siglos después se denominaría
memoria, reminiscencia y estimativa.

Mientras que la filosofía moderna, desde Descartes, duda de la validez de los


sentidos, Aristóteles los considera veraces. Para él, el error proviene del juicio de la
inteligencia, no de los sentidos.

El intelecto agente y el intelecto paciente captan inmaterialmente las formas


mediante la abstracción. El conocimiento comienza en los sentidos, se unifica en el sentido
común y es conservado en la imaginación como imagen o "fantasma", sobre la cual actúa
el intelecto. El intelecto agente genera conceptos universales al abstraer lo esencial de los
objetos, dejando lo accidental. Aristóteles lo compara con la luz que revela esencias sin
recurrir a un mundo de ideas trascendentes, como en Platón. El intelecto paciente es una
tabula rasa en potencia de conocer todo. Al adquirir conocimiento, se actualiza respecto a
ese objeto. Es inmaterial y separado del cuerpo, por lo que es inteligible por sí mismo. El
intelecto agente actualiza el intelecto paciente, igual que la luz hace visibles los colores.
Como acto puro, es inmortal, mientras que el intelecto paciente es corruptible y no podría
pensar sin el agente. Así como el deseo sigue a la percepción sensible, en el nivel
intelectual sigue a la razón. La voluntad, guiada por el bien práctico, es el principio del
movimiento racional en el ser humano.
•• 8
IV. Tipos de ciencias
•• y de métodos
Aristóteles concibe la ciencia como un conocimiento universal, necesario y cierto
que alcanza la esencia de las cosas. Avanza respecto a sus maestros al ofrecer una
reflexión más profunda y sistemática, definiendo la ciencia a través de definiciones y
explicaciones basadas en causas. De aquí se pueden extraer las características que debe
reunir todo conocimiento científico:
 Es un conocimiento de la esencia de las cosas.
 Es un conocimiento de las cosas por sus causas.
 Es un conocimiento necesario, es decir, permanente e inmutable.
 Es un conocimiento universal, ya que capta la esencia común a varios singulares,
partiendo de lo sensible y particular.
Aristóteles clasifica las ciencias en función de sus objetos y de los diversos modos
de ser. Distingue tres grandes grupos de ciencias, según el tipo de seres que estudian:
1. Ciencias teóricas o contemplativas: Su finalidad es la contemplación de la verdad,
por lo que no se orientan a la acción, sino al conocimiento por el conocimiento
mismo. Su fin se agota en ellas mismas, como ocurre, por ejemplo, con la resolución
de un problema matemático. Dentro de este grupo distingue:
o Física, que estudia los seres sujetos a movimiento.
o Matemática, que trata de los seres inmutables dotados de cantidad.
o Filosofía primera, que se ocupa de los primeros principios y las últimas
causas. Dios es uno de estos principios, por lo que también se la llama
Teología.
2. Ciencias prácticas: Su finalidad es la acción (praxis), que se diferencia de la
producción en que perfecciona a quien la realiza. En este grupo se incluyen:
o Política, que trata sobre el gobierno y el bien común de la sociedad.
o Economía, que estudia la administración del hogar.
o Ética, que se ocupa de la dirección de la conducta individual y la vida moral.
3. Ciencias poéticas o artes productivas: Su objetivo es la producción de algo que tiene
una realidad externa al productor. Un ejemplo de este tipo de actividad es la
construcción de una vivienda o la fabricación de utensilios. Este grupo, más que
ciencias, se considera un conjunto de artes, y es tan numeroso como variado. Entre
las disciplinas que menciona se encuentran la medicina, la música, la gimnasia y la
retórica. •• 9
••

Considera imprescindibles ciertas ciencias que sirven como herramientas para


desarrollar las anteriores. Entre ellas se destacan: la lógica (que es el instrumento
que permite conocer el proceso y el método racional de las demás ciencias) y la
gramática (que enseña la estructura y el orden de las palabras). Por encima de
todas las ciencias, Aristóteles sitúa la filosofía primera, que considera la ciencia más
perfecta, ya que es la más universal: estudia el ente en cuanto tal, así como sus
causas y principios. Por ello, todas las demás ciencias o conocimientos se
subordinan a ella.

V. La sabiduría como actividad vital en el Libro i de la Metafísica


La sabiduría, o filosofía primera, es el conocimiento más elevado, pues estudia los
primeros principios y últimas causas. Aristóteles sostiene que todos los hombres desean
saber, ya que el conocimiento es su perfección natural. El amor a los sentidos confirma
esta tendencia, especialmente a aquellos que brindan mayor conocimiento, como la vista.
Además, distingue a los animales de las plantas por su capacidad sensitiva y de
movimiento, señalando que el tacto es el sentido más básico y necesario, aunque el menos
cognoscitivo.

A su vez, los animales pueden tener tres niveles o formas de conocimiento:


a) Los que tienen sentidos, pero carecen de imaginación y memoria: como la memoria
sigue a la imaginación, estos animales son los menos perfectos, pues sin imaginación no
pueden conocer lo que no está presente ni moverse hacia ello.
b) Los que poseen memoria e imaginación: se dice que son "prudentes", aunque no en el
sentido racional humano, sino por un instinto natural que les permite estimar lo conveniente
y evitar lo perjudicial. Señala que los animales sin oído no pueden aprender, ya que el oído
es el sentido de la sucesión, y comprender una sucesión requiere memoria.
c) Los que poseen imaginación además de sensación: aunque tienen memoria e
imaginación, en ellos estas facultades son confusas. Como resultado, tienen poco
movimiento y "participan poco de la experiencia".

El conocimiento humano, para Aristóteles, es superior al de los animales y se


desarrolla en tres niveles:
a) Experiencia: Surge de la acumulación de observaciones almacenadas en la memoria. A
10
diferencia de los•• animales, el hombre puede universalizar el conocimiento obtenido de
••
experiencias particulares.
b) Arte (técnica): Nace de la experiencia y se orienta a la producción. Aplica conceptos
universales a casos concretos y, aunque pertenece a la vida práctica, es más cercano a
la ciencia porque busca causas. Sin embargo, no es ciencia, ya que se persigue por
utilidad o placer. Puede enseñarse mediante demostración y argumentación.
c) Ciencia: Es un conocimiento superior basado en conceptos universales, buscado por su
valor en sí mismo. No se orienta a la producción, sino a la contemplación teórica. La
ciencia principal es la metafísica, que estudia las primeras causas y principios de los
seres.
La ciencia como actividad suprema
Para Aristóteles, la ciencia es la actividad más elevada del ser humano, y lo justifica
con tres razones: la más admirable (es la expresión del deseo natural de saber),
desinteresada (se busca por sí misma, sin ser un medio para otro fin) y jerárquica (cuanto
mayor es el conocimiento de las causas, mayor es la sabiduría). Así, el experto supera al
que solo siente, el artífice al experto, y el arquitecto al obrero. Del mismo modo, las
ciencias contemplativas son superiores a las prácticas, y la sabiduría es el saber más alto
porque estudia las primeras causas.

La filosofía primera y los axiomas


La metafísica estudia tanto el ente en cuanto ente, es decir, la sustancia de las
cosas, como los axiomas, que son los primeros principios de la demostración. Aristóteles
sostiene que estos principios son evidentes en sí mismos y fundamentales en ciencias
como la matemática. Además, destaca que toda investigación requiere conocimientos
lógicos, ya que la ciencia demostrativa se basa en principios filosóficos. Por ello, el filósofo
debe analizar tanto la sustancia de las cosas como los fundamentos del silogismo, base de
toda demostración.

Vigencia del pensamiento aristotélico


Aún hoy, algunos problemas aristotélicos siguen vigentes, como la relación entre
ciencia y metafísica. Aristóteles consideraba ambas complementarias, necesarias para
trascender la mera experimentación sin rechazar la experiencia. Criticó a Platón por situar
las esencias en un mundo suprasensible, defendiendo que estas residen en la materia
misma. Su realismo prioriza el ser de las cosas, cuya esencia solo puede conocerse
11 abierta la cuestión de si el conocimiento impone condiciones a los
después. También ••sigue
••
objetos. Kant sostuvo que la percepción aplica formas a priori, impidiendo conocer la
realidad en sí misma. Aristóteles, en cambio, veía el conocimiento como intencional y
referido a la realidad, donde la verdad surge al descubrir la adecuación entre el intelecto y
el ser.

La ética Eudaimonista: de la felicidad al arte de la política


El concepto de virtud (areté) surgió en Grecia antes de Sócrates y estaba ligado a la
aristocracia como gobierno de los mejores. Representaba la excelencia y la vida noble,
basada en inteligencia, habilidad y conducta elegante, opuesta al vicio y el desenfreno.
Incluía valentía, dominio de sí y decoro, tanto individual como social, ya que en la Grecia
clásica la vida personal estaba estrechamente vinculada al reconocimiento social.
La virtud y la felicidad en los sofistas y Sócrates
Los sofistas distorsionaron el concepto de virtud, asociándola al poder político en lugar del
saber. Buscaban persuadir e influir, dejando de lado su dimensión individual. Para
Sócrates, en cambio, la virtud pertenece al alma y permite la armonía interior. Consideraba
que la vida buena consistía en ser justo consigo mismo y que la sabiduría conducía a la
virtud y la felicidad. Su sacrificio por la verdad marcó el inicio de la ética filosófica, basada
en la vida teórica como camino a la eudaimonía. Asimismo, Sócrates vinculó la vida buena
con la virtud y la ley. En la polis, el hombre solo es libre si lleva una vida virtuosa y la ley es
justa.

La virtud y la felicidad en Platón y Aristóteles


Platón, como Sócrates, ve la virtud en la interioridad del alma y no en el poder,
como los sofistas. Considera que es el camino para que el hombre sea fiel a su naturaleza
y se perfeccione, alcanzando el mundo de las ideas mediante esfuerzo y sacrificio.
Aristóteles, en cambio, sitúa la virtud en esta vida y la define como un hábito que permite al
hombre conducirse bien y alcanzar la eudaimonía. La virtud perfecciona el alma y la hace
libre al orientarla hacia la felicidad. Para Aristóteles, la eudaimonía tiene una dimensión
social: la virtud debe proyectarse en la polis y guiar las leyes. La vida buena exige una
buena ley, y la participación en la vida política es esencial para ser un buen ciudadano. Por
ello, el exilio era el peor castigo para un griego.

La felicidad o el fin de la ética aristotélica


•• 12se basa en sus ideas sobre el ser, la potencia y el acto, y la teoría
La ética de Aristóteles
••
hilemórfica. Influenciado por Sócrates y Platón, desarrolla un pensamiento sistemático
sobre la virtud en Ética a Nicómaco, Ética a Eudemo y la Gran Ética, mientras que en
Política profundiza en la ley.

El bien como objeto de la moral


La moral estudia la conducta humana en relación con el bien y el mal. Platón
concibe el bien como una realidad trascendente a la que el hombre se acerca mediante la
virtud, mientras que Aristóteles lo vincula con la naturaleza del ser, sosteniendo que
existen múltiples bienes según los distintos seres. Para él, el bien es el fin último hacia el
que todo tiende y no es relativo ni subjetivo. Cada acción humana busca un fin considerado
bueno, y el supremo es la felicidad o eudaimonía, objetivo central de la ética y la política.
Aristóteles distingue entre bienes inferiores, como el placer, la riqueza y la gloria, y el
auténtico bien supremo, que se encuentra en la vida intelectual y el ejercicio de la razón.
La felicidad plena radica en la contemplación de la verdad y la ciencia más elevada, cuyo
objeto es Dios, el Acto Puro. Además, vivir conforme a la razón implica llevar una vida
virtuosa guiada por la prudencia.

La virtud como hábito ético natural


Sócrates y Platón definen la virtud como una cualidad que mejora al hombre y lo
orienta hacia la felicidad mediante la razón. Aristóteles la clasifica en virtudes morales y
dianoéticas. En este mismo sentido, Aristóteles define la virtud con dos rasgos
fundamentales:
1. Son hábitos adquiridos y operativos: Se entiende por hábito operativo aquella
disposición permanente de alguna facultad del alma que la perfecciona o actualiza,
predisponiéndola a actuar de un modo determinado. Aristóteles sostiene que la
virtud no es innata, sino que se adquiere mediante la repetición de actos.
2. Son hábitos voluntarios buenos: Es decir, implican deliberación y elección,
interviniendo tanto el intelecto como la voluntad. Esto contradice el determinismo
intelectualista de la ética socrática, ya que no basta con conocer el bien para
practicarlo ni con saber el mal para evitarlo. Es posible incurrir en el mal a sabiendas
cuando el hombre decide subordinar el bien superior intelectual a otros bienes
inferiores o sensibles.

Las virtudes morales regulan los apetitos y las pasiones, mientras que las dianoéticas
•• 13
perfeccionan la inteligencia; buscan el equilibrio entre extremos y se determinan por la
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prudencia, basada en la razón y la experiencia. La virtud se fortalece con la práctica,
evitando excesos y defectos. Las distintas formas de actuar generan diversas virtudes
éticas. Tiene un fundamento objetivo, aunque considera las circunstancias individuales. Se
basa en la razón, no en el sentimiento, como afirmará Hume. La virtud no es mediocridad,
sino la máxima expresión del bien y el camino hacia la felicidad. Las principales virtudes
morales son:
 La templanza: Determina el justo medio en lo relativo a los placeres, es decir, entre
la insensibilidad y la intemperancia. Modera los placeres corporales, especialmente
los del gusto y el tacto. Regula el apetito concupiscible.
 La fortaleza o valor: Determina el justo medio entre los extremos de la cobardía y la
temeridad. Consiste en vencer el temor que producen los males o dolores. Es la
virtud que perfecciona el apetito irascible.
 La justicia: Consiste en dar a cada uno lo suyo, regulando las relaciones libres y
voluntarias entre los hombres. Aristóteles afirma que la ciudad es "anterior" al
individuo en importancia, pues su fin es la obediencia a las leyes y la regulación de
las relaciones entre ciudadanos en condiciones de igualdad.
 La prudencia: Determina el justo medio de las demás virtudes y regula el uso
práctico de la razón. Aunque no es una virtud ética sino dianoética, es el
fundamento de todas ellas, ya que su sujeto es la razón práctica, pero su materia
son las virtudes morales.
Las virtudes intelectuales son hábitos que perfeccionan la inteligencia y su
capacidad racional (dianoética). Se dividen en:
1. Virtudes relacionadas con la razón teórica o especulativa: ciencia (facilita el
conocimiento demostrativo de las cosas universales y necesarias), intelecto (mejora
el conocimiento intuitivo de los primeros principios empleados en la demostración
científica) y sabiduría (es el resultado de la unión del intelecto y la ciencia).
2. Virtudes relacionadas con la razón práctica: arte ("Cierta facultad de producir,
dirigida por la razón verdadera". Perfecciona el intelecto en orden a producir cosas
exteriores al sujeto que las produce), prudencia (perfecciona el intelecto en orden a
fijar el justo medio de las demás virtudes, regulando todas las virtudes morales).

La polis
Aristóteles considera a la sociedad como una entidad natural, ya que el hombre, por
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naturaleza, necesita vivir en comunidad para desarrollarse plenamente. La sociedad se
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organiza en tres niveles: familia, aldea y polis, siendo esta última la comunidad perfecta
que garantiza una vida plena y autosuficiente. Vivir fuera de la comunidad es antinatural;
solo los dioses o las bestias pueden prescindir de ella. El lenguaje es el vínculo que
permite la convivencia y el desarrollo racional. Aunque la polis no es anterior en el tiempo
al individuo y la familia, sí lo es en importancia. Aristóteles la compara con un organismo,
donde la separación implica corrupción y muerte. El hombre se perfecciona
individualmente mediante la virtud y socialmente a través de la justicia y la ley. La polis une
a sus ciudadanos en busca del bien común. La polis no solo permite vivir, sino vivir bien, es
decir, conforme a la virtud y la justicia, condiciones necesarias para alcanzar la felicidad. El
hombre necesita la disciplina de las leyes y la educación para alcanzar la virtud. El Estado
busca una sociedad moral y espiritualmente elevada. Solo los ciudadanos libres pueden
cultivar la virtud y participar en la política, mientras que esclavos y trabajadores quedan
excluidos. Aristóteles rechaza el comunismo de bienes, pero aboga por evitar la
concentración de riqueza. Individuo, familia y Estado poseen derechos que, aunque
subordinados al bien de la polis, no pueden ser anulados.

Clasifica los regímenes según el número de gobernantes, su competencia y su orientación


al bien común, siendo el mejor aquel gobernado por los más virtuosos. Distingue tres
formas de gobierno legítimas, que pueden corromperse cuando quienes gobiernan dejan
de ser los mejores o dejan de perseguir el bien común:
1. Monarquía: es el gobierno de uno solo, que puede degenerar en tiranía,
considerada por Aristóteles la peor forma de gobierno.
2. Aristocracia: es el gobierno de unos pocos, cuya corrupción da lugar a la oligarquía.
3. Politeia (república): es el gobierno de muchos, es decir, del pueblo, ya que todos los
ciudadanos son competentes para participar. Su degeneración es la demagogia.

Dentro de estas categorías fundamentales, Aristóteles distingue una notable


diversidad de formas derivadas. Como modelo ideal, propone un régimen intermedio entre
la monarquía, la aristocracia, la oligarquía y la democracia. Este sistema mixto sería el más
estable y duradero, pues contaría con un amplio sector social medio que equilibraría los
extremos entre los muy ricos y los muy pobres. Además, facilitaría la participación de un
mayor número de ciudadanos en diversos niveles del Estado.

El Arte de la Política en la Ética a Nicómaco


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En los libros I•• y II, se analizan las relaciones de dependencia recíproca entre la
práctica individual de la virtud y el disfrute común de la felicidad (eudaimonía), tal como lo
exige la política. Alrededor de este tema central, surgen otros asuntos colaterales que
Aristóteles no había perfilado en obras anteriores. La ciencia política tiene una función
rectora sobre las demás actividades humanas, ya que es capaz de conocer el fin último del
hombre, tanto en el ámbito individual como en el comunitario. Esto se puede justificar en
tres pasos:
1. Todos los actos humanos tienden a un fin último.
2. El fin último es lo bueno y lo mejor, de modo que no se busca por algo posterior,
sino por sí mismo.

No puede haber un proceso infinito de subordinación de fines, ya que, si así fuera, la


consecución de cualquier objetivo quedaría frustrada. Por ello, el hombre tiene Todos los
actos tienen un fin último, ya que la naturaleza no actúa en vano. Este fin es conocido de
algún modo por todos los hombres, pues influye en su voluntad y orienta sus acciones. La
política también posee un fin supremo: promover el máximo bien común, lo que le confiere
un rol arquitectónico al organizar y dirigir las demás ciencias y artes. Su propósito es
superior al de la ética, ya que abarca más aspectos de la vida humana y prioriza el bien de
la ciudad sobre el individual. Sin embargo, la política no puede lograrlo todo por sí sola,
pues depende de la voluntad de los individuos. Aristóteles distingue entre un conocimiento
profundo, propio de los más capacitados, y uno general, destinado a los ciudadanos
comunes.

¿Ética o Política? ¿Convicción o Responsabilidad?


Para Aristóteles, ética y política son inseparables, ya que la moral, orientada a la
felicidad, no puede desligarse de la polis. En contraste, algunas corrientes modernas
reducen la moral a lo privado, justificando así el oportunismo político. En la ética clásica, el
objetivo es el perfeccionamiento del hombre dentro de la sociedad, sin dicotomía entre
convicciones personales y responsabilidad pública, como plantea Max Weber. El ethos no
es solo un comportamiento individual o costumbres privadas, sino una armonía entre la
vida personal y comunitaria.

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