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El Renacimiento es un movimiento cultural que transformó Europa en el siglo XVI, destacando la recuperación de la cultura clásica y el surgimiento del humanismo. En la literatura española, se distinguen dos épocas: la primera influenciada por Italia y la segunda marcada por la Contrarreforma, donde la lírica se centra en temas amorosos, la naturaleza y la mitología. Autores como Garcilaso de la Vega y Fray Luis de León representan esta renovación literaria, explorando la subjetividad y la búsqueda de la paz espiritual.
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El Renacimiento es un movimiento cultural que transformó Europa en el siglo XVI, destacando la recuperación de la cultura clásica y el surgimiento del humanismo. En la literatura española, se distinguen dos épocas: la primera influenciada por Italia y la segunda marcada por la Contrarreforma, donde la lírica se centra en temas amorosos, la naturaleza y la mitología. Autores como Garcilaso de la Vega y Fray Luis de León representan esta renovación literaria, explorando la subjetividad y la búsqueda de la paz espiritual.
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LA LITERATURA ESPAÑOLA DEL RENACIMIENTO

​ El Renacimiento es un amplio movimiento cultural -no solo artístico o literario- que


transformó la vida europea durante el siglo XVI. Este proceso de transformación, iniciado ya
en el siglo XV, no se produjo con la misma intensidad ni al mismo tiempo en todos los países:
mientras que en Italia las primeras manifestaciones renacentistas tuvieron lugar en el siglo
XIV, en España no triunfó hasta el reinado de Carlos I (1517-1556).
​ Con el término Renacimiento (de renacer: «volver a nacer») se hace referencia a la
característica fundamental de este movimiento: la recuperación, el resurgimiento de la cultura
clásica griega y latina, olvidada durante la Edad Media. El renacer de la cultura clásica, junto
con la valoración del hombre y del mundo, suponen el paso de la cultura teológica medieval a
una nueva cultura humanista. Esta nueva cultura humanista, difundida gracias a la aparición
de la imprenta, los descubrimientos geográficos y el desarrollo económico, marca el inicio del
mundo moderno.

​ El humanismo es una corriente cultural e ideológica que surge en Italia a finales del
siglo XIV y que se difunde pronto por toda Europa. Los humanistas eran hombres dedicados
a los studia humanitatis, al estudio de las lenguas clásicas griega y latina, especialmente de
esta última. Hacían una valoración entusiasta del mundo y del ser humano y orientaban la
cultura hacia el conocimiento de lo humano y lo terreno. El estudio de las lenguas clásicas
trajo consigo la difusión y la imitación de los escritores antiguos. El conocimiento es para el
hombre renacentista una manera de perfeccionar la condición humana. El reconocimiento de
la dignidad del ser humano supuso una nueva forma de entender la vida y el mundo, cuyas
notas más distintivas serían las siguientes:
​El mundo ya no es un simple lugar de paso para la otra vida, sino un lugar bello y digno de ser
gozado. El ser humano es el centro y la medida del mundo (antropocentrismo, frente al
teocentrismo medieval). La razón y la experiencia personal son consideradas las principales
fuentes del conocimiento. En la literatura, se multiplican los elementos realistas y los rasgos
de la lengua popular en las obras, proliferan las narraciones en primera persona y las
preocupaciones por los sentimientos íntimos, por la vivencia personal (del amor, de la
religión…).
​El ser humano se siente armónicamente integrado en la naturaleza, fuente de belleza y placer
de los sentidos. La perfección del ser humano no radica en el ejercicio de la virtud, sino en el
desarrollo equilibrado de todas sus facultades físicas e intelectuales. Por eso el tipo ideal de la
época es el cortesano, que debe cultivar a la vez las armas y las letras (armonización del
clérigo y el caballero medievales) y ejercitar y dominar actividades diversas, desde los juegos
físicos a las bellas artes.

TEMAS DE LA LÍRICA RENACENTISTA

​ Dentro de la amplia variedad de la lírica renacentista, los temas más frecuentes son:
​El amor. Sirve para expresar la subjetividad del poeta, sus sentimientos más personales. Por
influencia del gran poeta italiano Petrarca, no se canta un amor feliz y compartido, sino la
melancolía, el dolor o la nostalgia, sentimientos ocasionados por la no correspondencia o la
ausencia de la amada. Las perfecciones físicas de la amada, idealizada mediante un selecto
vocabulario, permiten al poeta participar de lo bello como reflejo de la divinidad (concepto
platónico de la belleza). Se canta también el amor místico, que solo puede expresarse
mediante símbolos.
​La naturaleza. La acción poética se sitúa normalmente en paisajes idealizados y eternamente
primaverales, con fuentes de agua cristalina, suaves brisas y arboledas y prados verdes
(tópico del locus amoenus o descripción idealizada de la naturaleza). Esta naturaleza
bucólica, partícipe en ocasiones de los sentimientos del poeta, es el marco adecuado para el
lamento amoroso y los refinados diálogos de unos pastores convencionales.
​La mitología. Los mitos clásicos griegos y latinos, despojados de significación religiosa, se
convierten en bellas fantasías o son utilizados como símbolos de las fuerzas de la naturaleza.
​Otros temas clásicos, como el carpe diem o invitación al goce de la juventud y de la vida, y
el beatus ille o elogio de la vida sencilla y retirada.
​Junto a estos grandes temas, surge, en la segunda mitad del siglo, el sentimiento religioso.

LA LÍRICA CASTELLANA EN EL RENACIMIENTO

​ Cronológicamente, suelen señalarse dos épocas en la evolución del Renacimiento


español.
​ La primera se sitúa aproximadamente en la primera mitad del siglo XVI, y viene a
corresponder con el reinado de Carlos l. En esta primera época, caracterizada por su
orientación europea, se asimilan las influencias italianas, se difunden ampliamente las ideas
de Erasmo y se introducen los nuevos temas y formas de la literatura (lírica amorosa de
inspiración petrarquista, naturaleza bucólica, etc.). Puede decirse que es una época de
optimismo, en la que escribe Garcilaso.
​ En la segunda época, que se corresponde con el reinado de Felipe II (segunda mitad
del siglo aproximadamente), España, a la cabeza de la Contrarreforma, se cierra a la
influencia europea para protegerse de las ideas protestantes. La cultura adquiere un marcado
signo católico y nacional, y la literatura de tema religioso se convierte en la principal
característica de este período (Fray Luis, San Juan y Santa Teresa).
​ La importante renovación que se produce en la lírica española durante el
Renacimiento se debe a la influencia de la cultura clásica y de la literatura italiana: Horacio,
Virgilio y Petrarca sobre todo. En el siglo XVI son numerosos los poetas que escriben
imitando el estilo del Cancionero de Petrarca, en el que se refleja el amor platónico del poeta
por su amada Laura, y se profundiza en el análisis del sentimiento amoroso, que hace sufrir al
enamorado. La renovación lírica afecta, por un lado, a la nueva actitud de intimismo y
melancolía y a los nuevos motivos (mitológicos y pastoriles) con los que se tratan los temas
más habituales: el amor, la belleza de la dama, la naturaleza.
​ El primer autor en introducir en la lírica castellana los temas y las formas
característicos de la poesía renacentista italiana (versos endecasílabos, sonetos, tercetos
encadenados, octavas reales…) fue el poeta barcelonés Juan Boscán, amigo de Garcilaso.
GARCILASO DE LA VEGA

​ Nació en Toledo en 1501, de familia noble. Participó en diversas campañas militares al


servicio del emperador Carlos I y viajó como diplomático por varios países europeos. En
1525 se casó con Elena de Zúñiga, pero un año más tarde conoció a la que sería su gran
amor platónico -pues no fue correspondido- y la musa inspiradora de sus poesías, la dama
portuguesa Isabel Freire (la Elisa de sus versos). Desterrado por el Emperador a una isla del
Danubio, regresó luego a Nápoles, donde entró en contacto con la cultura italiana. Murió en
Niza en 1536, a consecuencia de las heridas sufridas en el asalto a una fortaleza del sur de
Francia (la de Muy, en Provenza). Por su doble condición de guerrero y hombre de letras,
Garcilaso representa el ideal del perfecto cortesano renacentista.
​ La producción literaria de Garcilaso, exclusivamente poética y poco extensa, está
formada por: tres églogas, treinta y ocho sonetos, cinco canciones, una epístola, dos elegías
y ocho composiciones de tipo tradicional, en versos octosílabos.
Excepto las de tipo tradicional, las demás están escritas en metros italianos: endecasílabos y
heptasílabos.
​ Las obras de Garcilaso no fueron publicadas hasta 1543, año en que la viuda de su
amigo Juan Boscán publicó las poesías de ambos en un solo volumen.

– Églogas. Son composiciones poéticas, generalmente dialogadas, en las que unos pastores,
en medio de una naturaleza idealizada, hablan sobre temas amorosos.
– Sonetos. Sigue la huella de Petrarca, aunque el amor, la belleza femenina, los mitos y la
naturaleza están tratados con menos rigidez y de forma más intimista. Predominan los temas
amorosos, con elementos mitológicos.
– Canciones. Son de tema amoroso. Es especialmente famosa la quinta, titulada Oda a la flor
de Gnido, porque en ella utiliza por vez primera Garcilaso un nuevo tipo de estrofa: la lira (7a,
11 B, 7a, 7b, 11 B), nombre que proviene del primer verso: «Si de mi baja lira..»
De las dos elegías, escritas en tercetos, una está dedicada a Boscán y la otra al Duque de
Alba.
– La epístola, en endecasílabos, está dedicada también a Boscán, y en ella elogia su
amistad.

Los temas de la poesía de Garcilaso son:

​El amor. Casi toda su obra gira en torno al tema del amor. La exploración minuciosa de los
diferentes estados de ánimo por los que atraviesa, principalmente el dolor causado por la
indiferencia de la amada y después por su muerte, constituye el motivo central de sus
poesías. Recoge en este sentido la influencia del neoplatonismo de Petrarca, según el cual la
belleza material es reflejo de la divina y el amor tiene, por tanto, un componente espiritual. Por
eso la mujer está idealizada.
​La naturaleza. Es una naturaleza poéticamente idealizada, apacible y armoniosa (tópico del
locus amoenus), escenario y testigo del sufrimiento amoroso del poeta, y que participa en
ocasiones de sus sentimientos.
​La mitología. Usada unas veces como motivo estético y otras como expresión y proyección de
sus sentimientos personales.
_____________________________________
ASCÉTICA Y MÍSTICA
Literatura religiosa

​ El Renacimiento impone una división entre lo natural y lo sobrenatural, frente a la Edad


Media en que se mezclaban de una forma que Dios, la Virgen y los Santos intervenían en
todo tipo de asuntos mundanos con apariciones y milagros. En esta nueva época, hay
escritores mundanos, como Garcilaso de la Vega, y autores que únicamente expresan
sentimientos religiosos, tanto en verso como en prosa. En el Renacimiento se desarrollan y
manifiestan ampliamente estos sentimientos, fuertemente impulsados por la Contrarreforma,
lucha contra la Reforma protestante, en la que se empeñaron la Iglesia y la Corona
españolas.

Mística: Del griego MYEIN (Cerrado, misterioso). Hace referencia a fenómenos


sobrenaturales que algunos creyentes experimentan o creen experimentar al entrar en
contacto con Dios.
La mística aspira a conseguir la unión del alma con Dios en esta vida. Para llegar a esta unión
debe superar una serie de etapas que son los estados por los que el místico ha de pasar y
que constituyen el proceso místico. Todo este proceso parte del deseo de Dios y el despertar
del alma cuando presiente a Dios. Es un estado del individuo que pocos logran.
Etapas:
​Vía purgativa: etapa de trabajos, sacrificios (ascética) en la que se purifica el cristiano.
(PRINCIPIANTES).
​Vía iluminativa: contemplación y meditación, concentración del alma en Dios. Es la primera
fase del estado místico donde el alma goza ya de la presencia de Dios. (AVENTAJADOS).
​Vía Unitiva: matrimonio; tiene lugar la unión con Dios, mediante la entrega total del alma.
Tiene lugar un tipo de trance. (PERFECTOS).

Ascética: Del griego ASKESIS: Esfuerzo por alcanzar la perfección. Precede a la Mística en
el recorrido del alma hacia Dios. En síntesis, la ascética trata de los ejercicios que debe
practicar el cristiano para conseguir su perfección espiritual.
La instrospección que conlleva la ascética y la mística está muy relacionada con la época del
Humanismo. En esta época se valora el individuo en sí mismo y se anlizan sus sentimientos y
percepciones de la vida. (Es un primer paso hacia lo que luego será la psicología, frente al
colectivismo anímico medieval).A veces no es fácil distinguir la ascética de la mística. Ni
tampoco la mística heterodoxa de la ortodoxa. La ascética sería muy similar al primer estadio
de la mística.
Recursos muy habituales:

Aliteraciones con las que expresan estados de ánimo: “s” la soledad sonora. Los ríos
sonoros/ el silvo de los aires amorosos.
Contradicciones. Vivo sin vivir en mí/ Muero porque no muero.
Imágenes y símbolos: Muchas veces usan el campo semántico del erotismo, aunque
siempre muy sutil. Símbolos y metáforas de la lengua literaria moderna fueron concebidos
por Santa Teresa o San Juan de la Cruz y después pasaron a otras lenguas.
Podemos decir que realizaron una revolución literaria, aportando muchísimos elelmentos
nuevos con la finalidad de explicar los estados inefables.
En la lengua de los místicos, recibe el español clásico su forma definitiva, fundiendo lo vivo
de la lengua hablada con lo culto del latinismo renacentista y lo poético del estilo bíblico.
Menéndez Pidal ha señalado que en el período de los grandes místicos se crea una lengua
nacional que supera las normas de períodos anteriores (Nebrija, Garcilaso…).

FRAY LUIS DE LEÓN

​ Nació en Belmonte (Cuenca) en 1527, pero toda su vida aparece vinculada a


Salamanca, de cuya universidad fue profesor. A pesar de su condición de fraile agustino, en
1572 fue procesado y encarcelado por la Inquisición; se le acusaba de no cumplir las normas
de la Iglesia sobre comentarios y traducciones de la Biblia. Después de casi cinco años de
prisión, fue declarado inocente. Murió en el año 1591.
Obras en verso
​ Son treinta y cuatro poemas, ninguno de los cuales fue publicado en vida del autor (la
primera edición de sus poesías la hizo Quevedo en 1631). Él las consideraba «obrecillas a las
cuales me apliqué más por inclinación de mi estrella que por juicio o voluntad». Suelen
dividirse en tres grupos: traducciones de clásicos, algunas versiones de textos sagrados y
veintitrés poesías originales. En estas últimas, adopta las formas italianizantes, en la línea de
Garcilaso, pero sustituye la temática amorosa por unos contenidos morales y religiosos.
Fray Luis glosa pasajes bíblicos junto a temas de la antigüedad clásica, como el locus
amoenus, que toma de Vírgilio y de Garcilaso, o el beatus ille de Horacio, tópico que elogia la
vida alejada de todo lo mundano. En su poesía, funde la religión cristiana con el
neoplatonismo.
​ Casi toda su poesía gira en torno al tema del ansia de paz espiritual y de armonía, la
búsqueda de una serena felicidad, la aspiración a la paz interior y el rechazo de las
inquietudes mundanas (la huida de este mundo y la contemplación del más allá solo puede
conseguirse con una vida solitaria y austera, alejada de todo lo mundano, en el campo o
dedicándose al estudio.)
Pertenecen a este tema sus odas más famosas:
Vida retirada (o Canción de la vida solitaria: «¡Qué descansada vida…!»), inspirada en el
famoso poema Beatus ille… de Horacio. Resume la realidad vital del poeta, que vive en un
mar de luchas y aspira solo a la paz espiritual, la armonía y la unión con Dios.
Noche serena « A Francisco Salinas «El aire se serena…»), dedicada a un músico ciego,
amigo suyo. Expresa la idea platónica de que el arte –la música en este caso– sirve para
liberar el alma de las impurezas mundanas y elevarla a la contemplación del «bien divino».
La oda A Felipe Ruiz («¿Cuándo será que pueda…», que expresa el ardiente deseo del poeta
de conocer la Verdad pura y absoluta.
Además, Fray Luis fue un excelente traductor de varios poetas clásicos y algunos textos
bíblicos, como el Cantar de los cantares.

SAN JUAN DE LA CRUZ

​ Nació en Fontiveros (Ávila) en 1542. A los veintidós años ingresó en la orden de los
carmelitas (fue entonces cuando cambió su nombre, Juan de Yepes, por Juan de la Cruz).
Animado por Santa Teresa de Jesús, emprendió la reforma de la orden, lo que le supuso
numerosas incomprensiones e incluso la prisión durante ocho meses. Murió en Úbeda (Jaén)
en 1591.
​ San Juan de la Cruz conjuga la tradición lírica castellana de los cancioneros con la
tradición culta italianizante y con la tradición poética de la Biblia. En su lengua poética mezcla
elementos cultos con motivos de la lengua popular, sobre todo referidos a la naturaleza, al
amor o a la caza.
​ San Juan de la Cruz concebía la poesía como un medio de comunicarse con Dios. Por
tanto, sus versos son la expresión de la doctrina mística y de su experiencia personal en ese
campo. Escribió unos cuantos poemas de tipo tradicional (romances, villancicos, canciones,
glosas), pero lo más importante de su producción son sus tres grandes poemas místicos, en
los que emplea la lira:
​Noche oscura del alma. Describe simbólicamente el proceso de unión mística del alma con
Dios: en una noche oscura (símbolo de la oscuridad en que está sumida el alma), una
muchacha (el alma) huye de su casa (el cuerpo) para ir al encuentro del Amado (Dios); al
encontrarse, tiene lugar la unión mística.
​Cántico espiritual. Inspirado en el Cantar de los cantares bíblico y subtitulado Canciones entre
el alma y el Esposo, es el poema más extenso: cuarenta liras. En él, la esposa (el alma) sale
en busca de su Amado (Dios). Después de preguntar por él a las criaturas de la naturaleza, lo
encuentra reflejado en una fuente. Tras un diálogo bellísimo entre ambos, se produce la unión
amorosa, símbolo de la unión mística. En el poema aparecen descritas las tres vías místicas:
la vía purgativa, la vía iluminativa y la vía unitiva.
​Llama del amor viva. Breve poema de veinticuatro versos, repartidos en seis estrofas, que
describe en tono exclamativo el estado del alma abrasada en la llama del amor divino.
​ Al margen de su significación religiosa y su sentido simbólico, estos tres poemas
pueden ser considerados como ejemplos inigualables de poesía amorosa. La lírica de San
Juan de la Cruz constituye una de las cumbres de la literatura universal.
______________________________________________________________________
EL RENACIMIENTO EN ESPAÑA – POESÍA

​ Las relaciones políticas, guerreras, religiosas y literarias entre Italia y España desde la
mitad del siglo XV, hicieron que existiera un amplio intercambio cultural entre estos dos
países. El papado de dos ilustres valencianos, Calixto III y Alejandro VI, sirvió para estrechar
las relaciones culturales entre Castilla, el Reino de Aragón, Cataluña y Roma. En Italia se
editaban o traducían las obras literarias españolas de mayor relieve, como el Amadís de
Gaula, La Celestina, Cárcel de Amor o las composiciones poéticas de Jorge Manrique, así
como las compilaciones de producciones populares como los villancicos y los romances.
​ Estas relaciones hispano-italianas fueron muy importantes, ya que llevaron a la
Península las inquietudes y gustos que propiciaron el Renacimiento español.

Ideología

​ La mentalidad renacentista responde a la doctrina del humanismo, que se caracteriza


por:
​La valoración del mundo grecolatino, en el que se busca una nueva escala de valores basada
en el individuo.
​El antropocentrismo; el hombre es el centro del universo, capaz de dominar el mundo y crear
su propio destino.
​Se antepone la razón al sentimiento y prevalece el equilibrio, la mesura y la armonía (Aurea
mediocritas).
​El nuevo ideal del hombre es el de El cortesano de Castiglione, el perfecto caballero hábil
como poeta y guerrero.
​Un nuevo ideal de belleza; la naturaleza, la mujer, el amor se presentan idealizadas. Se
describe el mundo no como es, sino como debería ser.

El humanismo en España

​ A pesar de que en 1492 la Reconquista había finalizado con la toma de Granada, reino
musulmán, y los judíos habían sido expulsados de la península Ibérica con el Edicto de
Granada, seguían conviviendo las tres religiones; el judaísmo, el islam y el cristianismo, esta
última mayoritaria y ostentadora del poder político. Es así como la Inquisición pasa a ser un
órgano dependiente del Estado y no sólo de la Iglesia, y ejerce presión para que se termine
expulsando a los antes tolerados.
​ La situación de España siempre fue muy compleja pero aun así el humanismo logró
mantener su carácter innovador, a pesar de las interferencias que limitaron el estudio de los
clásicos.
​ Durante el gobierno de los Reyes Católicos cabe destacar la labor de Antonio de
Nebrija (1442-1522), autor de la primera Gramática castellana.
Por otra parte, el gran mecenas durante el humanismo fue el cardenal Gonzalo Jiménez de
Cisneros, lo que contrasta en parte con el resto de su prelado por su origen humilde y su
carácter austero y el haber puesto su mayor empeño en reformar las costumbres de
indisciplina entre las órdenes religiosas. La reforma tenía que ser fruto de una reforma a la
educación, y aunque no fuera erudito fue el máximo protector de los nuevos estudios. En
1498 fundó la Universidad de Alcalá de Henares, que superó en prestigio e influencia a todas
las demás excepto la de Salamanca, su mayor rival.
​ La orientación de su reforma coincidía en parte con las ideas de Erasmo en un
momento en que el erasmismo era la doctrina pujante en Europa y en España por supuesto,
protegida por el rey Carlos I.
También durante la época era común una obra como la de Pedro Mexía, quien recopiló
una Miscelánea de información científica. Es un ejemplo de la tendencia renacentista a la
idealización, pues se tenía la convicción de que la sabiduría puede extraerse de la gente
común, cuya pura tradición la ha conservado, porque el pueblo está y siempre estuvo cerca
de la naturaleza.
​ Dentro del idealismo y el humanismo del Renacimiento están muy bien representadas
las controversias de la actividad colonial de España en el nuevo mundo. El principal promotor
fue el fraile dominico Bartolomé de las Casas (1474-1566), quien tenía como principios
básicos: que la guerra es irracional y contraria a la civilización; que no debe emplearse fuerza
alguna contra los nativos, pues incluso la conversión forzosa al cristianismo es reprochable;
que la irracionalidad y la libertad del hombre exige que la religión y todo lo demás solo se
enseñe mediante una suave y amable persuasión.
​ El resurgimiento del nuevo espíritu se ve encarnado por Francisco de Vitoria
(1483-1546), teólogo dominico, profesor de Salamanca, que rechazó toda argumentación
basada en puras consideraciones metafísicas por estar a favor del estudio de los problemas
reales que planteaba la vida política y social contemporánea. Fue el primero en establecer los
conceptos básicos del derecho internacional moderno, basándose en la regla del derecho
natural. Afirmaba así las libertades fundamentales como la de palabra, de comunicación,
comercio y tránsito por los mares, siempre que las naciones y razas no se perjudicaran
mutuamente. Pero estas libertades eran inherentes a la sociedad humana, dentro de la cual
los indígenas no estaban considerados por pertenecer a comunidades subdesarrolladas, sin
organización política ni medios de comercio. En consecuencia Vitoria propugnaba un sistema
de mandato donde las etnias inferiores debían ser gobernadas por las superiores, doctrina
basada en el servilismo natural, por lo tanto si las naciones incivilizadas se negaban a
someterse voluntariamente, la guerra era moralmente legítima.
​ Con Erasmo en España muere el espíritu de tolerancia, pues no se llegó a ninguna
reconciliación ni compromiso entre protestantes y católicos, comenzaba la Contrarreforma;
una vez se perseguía la unidad religiosa, solo que ahora dentro del mismo Cristianismo, había
terminado el Renacimiento. Sin embargo la religiosidad española mantuvo sus propios
parámetros gracias a una nueva orden, la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de
Loyola (1491-1556). A España llegó procedente de Italia el neoplatonismo. Platón basó su
filosofía del amor en la elevación en la cual el espíritu es trasportado por su amor a la belleza.
​ El humanismo propone como tarea lograr la pureza auténtica del mensaje cristiano,
lograr la unidad de los mejores pensamientos humanos en torno a una filosofía de Cristo
donde el hombre moderno puede encontrar la alegría y la felicidad, pero Erasmo no pretendió
divinizar al hombre ni poner el Renacimiento al servicio de los hombres. Sí reconoce que el
hombre es razón y lenguaje, por eso su trabajo es el de reconocer la palabra como la mejor
parte de la naturaleza pues constituye el ser del hombre.

La poesía renacentista

​ La poesía de este período se dividió en dos escuelas: la Salmantina (Fray Luis de


León) y la Sevillana (Fernando de Herrera).
​ La Escuela Salmantina, tiene como rasgos distintivos:
​Concisión en el lenguaje.
​Llaneza en la expresión.
​Realismo en el pensamiento.
​Preferencia por la estrofa corta.
​La naturalidad y la sencillez.
La Escuela Sevillana, en cambio, es:
​Grandilocuente.
​Pule en extremo la forma.
​Su obra es más de meditación que de sentimiento, más de documentación que de
observación de la naturaleza y de la vida.
​Prefiere la estrofa larga y la composición extensa.
​Usa abundantemente los adjetivos y el ornato retórico.
​ No obstante, esta escuela sirvió de base inmediata y de puente necesario para enlazar
con los movimientos poéticos que en el siglo XVII se englobaron bajo la denominación
general de Barroco.
Orígenes
​ La lírica renacentista se origina a partir de la tradición, que perpetúa temas y formas
de la lírica medieval. Esta tradición se compone tanto de la lírica tradicional, oral y popular
(villancicos, canciones de amor…) y la lírica no-escrita que transmitía el romancero, como la
lírica culta (de autores como Juan de Mena o el Marqués de Santillana) y la lírica cortesana de
raíz trovadoresca recogida en los cancioneros, el más famoso de los cuales fue el de
Hernando de Acuña. Esta poesía tradicional está ligada al empleo del verso corto,
especialmente el octosílabo. La corriente innovadora de raíz petrarquista y, por tanto,
italianizante, que madurará gracias a Boscán y a Garcilaso. Esta corriente bebe en realidad
de las mismas fuentes que la anterior: la lírica provenzal. Manejan por tanto una misma
concepción del amor como servicio que dignifica al enamorado.
Características
​ En cuanto a la métrica utilizada, se adoptan versos (endecasílabo y heptasílabo), la
rima utilizada es consonante ya que a partir de la última vocal acentuada, todos los sonidos
coinciden. Las estrofas (lira, silva, octava real, tercetos encadenados, soneto) proceden de
Italia.
​ Asimismo, aparecen géneros característicos como la égloga (los protagonistas son
pastores idealizados), la oda (para asuntos graves) o la epístola (poema en forma de carta).
​ La lengua en esta época está dominada por la naturalidad y la sencillez, huyendo de la
afectación, del amaneramiento y de la frase rebuscada. Así el léxico y la sintaxis serán
sencillos.
​ Los temas preferidos por la poesía renacentista son, fundamentalmente, el amor,
concebido desde el punto de vista platónico; la naturaleza, como algo idílico (bucolismo); la
mitología, utilizada como tema central o como ornamento para un asunto amoroso y la
belleza femenina, siguiendo siempre un mismo ideal clásico.
​ En relación con estos temas mencionados, existen varios tópicos renacentistas,
tomados del mundo clásico algunos de ellos:
El Carpe Diem, cuya traducción sería «atrapa el día» o «aprovecha el momento». Con él se
aconseja el disfrute de la vida antes de la llegada de la vejez.
La Descriptio puellae, descripción de la belleza ideal de la mujer.
El Beatus Ille o alabanza de la vida del campo, apartado de lo material, frente a la vida de la
ciudad, con sus peligros e intrigas.
El Locus amoenus o descripción de una naturaleza perfecta e idílica.
La Aurea mediocritas, gusto y satisfacción por lo sencillo, lo que se posee… frente al deseo
desmesurado de riquezas.

Poesía amorosa

​ En la poesía lírica de la primera mitad del siglo XVI, la crítica reconoce varias
corrientes paralelas que confluyen en dos grandes líneas.
​ Tradicional: que perpetúa los temas y formas procedentes de la tradición medieval.
Recoge tanto la lírica tradicional (villancicos, cancioncillas de amor, etc.) como las de la
poesía de cancionero del siglo XV en su vertiente amorosa y didáctica moral. Ligada al uso
de metros cortos, especialmente el verso octosílabo.
​ Italianizante: más innovadora, introduce en España modelos poéticos de inspiración
petrarquista vigentes en la Italia del Renacimiento. Refleja el desarrollo de las innovaciones
de Juan Boscán y Garcilaso, según el patrón de la lírica culta italiana de su tiempo. Ligada al
empleo del endecasílabo, soneto y de diversas formas estróficas derivadas de la canción
petrarquista.
​ Los estudios de José Manuel Blecua y Rafael Lapesa demuestran la improcedencia de
toda rígida dicotomía entre las dos corrientes ya que ambos descienden de una fuente
común de la poesía provenzal. En la lírica española existía ya un clima “petrarquista”
procedente del fondo trovadoresco que los poetas del dolce stil nuovo habían recogido en
Italia. El surgimiento de la lírica italianizante tiene un fecha clave, en 1526 Navagero insta a
Juan Boscán a probar en lengua castellana sonetos y otras trovas usadas por los buenos
poetas de Italia. A su vez en Italia el entusiasmo por las letras grecolatinas repercute en el
resurgimiento del bucolismo, junto al sueño pastoril de la Edad de Oro y otros mitos clásicos
que pudieran servir para la comunicación del sentimiento amoroso.

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