La Paleontología y los fósiles: conceptos básicos, geoquímica de fosilización, fósiles normales,
moldes e impresiones, huellas de actividad orgánica, yacimientos fósiles, zonas biológicas del
medio ambiente, clasificación de los medios ambientes (terrestre, aguas dulces, salobres,
marinos), influencia ecológica de la flora y la fauna.
La paleontología
es la ciencia natural que estudia e interpreta el pasado de la vida sobre la Tierra a través de los
fósiles.[1] Se encuadra dentro de las ciencias naturales, posee un cuerpo de doctrina propio y
comparte fundamentos y métodos con la geología y la biología con las que se integra
estrechamente. Se subdivide en paleobiología, tafonomía y biocronología,[2] y aporta
información necesaria a otras disciplinas (estudio de la evolución de los seres vivos,
bioestratigrafía, paleogeografía o paleoclimatología, entre otras).
Recreación de la cabeza de un dinosaurio basada en sus restos fósiles.
Filogenia y distribución temporal de los peces cartilaginosos en los tiempos geológicos, teniendo
en cuenta el registro fósil.
Intensidad de las extinciones a lo largo del Fanerozoico, según la diversidad de los géneros
marinos identificados en el registro fósil.
Los fósiles
Los fósiles. Son restos orgánicos de animales y plantas que se encuentran en los estratos de las
rocas sedimentarias, y sirven para datar las edades de los mismos. Esto se realiza a través de
los llamados fósiles índice, llamados así porque sólo existieron en una determinada Era o
Período geológico.
Geoquímica de fosilización :
FOSILES NORMALES
Los FÓSILES se pueden definir como restos de seres vivos y de su actividad biológica. También
podemos decir que son moldes de parte o de todo el ser vivo, conservados en rocas
sedimentarias (y pizarras).
Los restos que se han conservado suelen ser de partes mineralizadas, tales como caparazones,
conchas y huesos. No obstante, hay casos en que se mantiene el ser vivo completo, como
sucede con los invertebrados conservados en ámbar, los mamuts congelados de Siberia, o
animales y plantas hundidas en fondos de zonas pantanosas.9
En el proceso de FOSILIZACIÓN lo normal es que se produzca una mineralización de los restos
orgánicos en la que se intercambien, molécula a molécula, sus componentes orgánicos u
inorgánicos por otros minerales, normalmente de sílice, carbonatos, hierro, etc.. En ocasiones se
han mantenido detalles muy precisos del ser vivo, como es el caso de algunos huevos de
dinosaurio mineralizados hallados en Argentina. En ellos se han podido estudiar embriones y
fetos.
Los fósiles son el mejor medio para datar un estrato, ya que las diferentes especies han vivido
en determinados momentos. No olvidemos que algunos seres vivos han vivido casi desde los
primeros tiempos de aparición de los seres vivos, tales como las bacterias, algunos gusanos,
moluscos, erizos marinos, etc.. Otros, sin embargo, sólo vivieron en momentos muy concretos y
poco extensos, como los ammonites, los trilobites, los dinosaurios, etc...
Estos fósiles que perduraron en períodos muy concretos son los más interesantes para datar los
estratos en que se encuentran. Se les denomina FÓSILES GUÍA.
los fósiles no sólo permiten datar rocas. Los fósiles ilustran, mejor que nada, el ambiente en el
que vivieron y murieron, esto es, si era un fondo marino, una zona costera, de aguas cálidas o
frías, la profundidad, los climas, etc...
También se consideran fósiles los restos de las actividades de los seres vivos como, sus huellas
(ICNOFÓSILES), excrementos (COPROLITOS), piedras ingeridas para facilitar la digestión
(GASTROLITOS), etc. Por ejemplo, en gran cantidad de comarcas conocemos la presencia de
dinosaurios por las huellas que dejaron. Si quieres aprender más sobre las huellas de los
dinosaurios recorre la animación.
MOLDE E IMPRESIONES FOSILES
Los moldes e impresiones son otra manera en que los organismos pueden ser fosilizados. Un
molde es una impresión que queda de un organismo en una roca. Los restos del organismo se
descomponen completamente. ... Los moldes y las impresiones se forman generalmente en roca
sedimentaria
Las rocas que rellenan el molde se asemejan a los restos originales. El fósil que se forma en el
molde se llama impresión. Los moldes y las impresiones se forman generalmente en roca
sedimentaria. En la compresión , los restos de un organismo son presionados fuertemente
dentro de las capas de roca, lo cual deja una mancha oscura en la roca.
HUELLA DE ACTIVIDAD ORGANICA DE LOS FOSILES
El estudio de huellas y rastros
Las huellas fósiles se tienen que estudiar de día y de noche para que la luz y sombra del Sol no
interfieran. Durante la noche se alumbran con luz blanca, para ver más fácilmente su forma y si
son aisladas o corresponden a rastros del desplazamiento de algún organismo. Una vez
identificadas sus formas y las trayectorias que siguen, las huellas se marcan y se miden.
Las huellas de desplazamientos o rastros permiten medir el tamaño de la pisada (largo, ancho y
profundidad) y de la zancada. Con estos datos se han hecho fórmulas matemáticas que
permiten saber a cuántos metros por segundo avanzaba el organismo al caminar trotar o correr.
Para saber el tamaño relativo de la mano o el pie que dejó la huella del avance, se utiliza un
factor de conversión: según el organismo de que se trate, éste puede ser de 3.4 a 5.9 tomando
como media el 4. Al multiplicar el factor de conversión por el tamaño de la huella se obtiene una
aproximación del largo de la extremidad que la hizo.
Para estudiar huellas es muy útil obtener moldes y poder observar con detalle en el laboratorio
las características morfológicas. Los moldes se hacen con materiales diversos dependiendo del
tipo de roca en el que se vaya a trabajar, así como de la posición del afloramiento. Cuando las
pisadas están casi paralelas al sustrato, los moldes suelen ser de materiales plásticos fácilmente
manejables; por ejemplo, el caucho. En el caso de la pared de San Juan Raya, se emplean
materiales semisólidos como la plastilina de escultor.
A partir de las huellas se puede también saber si el organismo era grande o pequeño, si
caminaba en dos o cuatro patas, la forma de sus manos y pies, y el número de dedos que
tenían; y, en algunos casos, el peso del animal (ver ¿Cómo ves?, No. 71), además de inferir si el
organismo estaba en reposo, alimentándose, apareándose, criando o desplazándose en una
ruta migratoria, o si los organismos viajaban solitarios o en grupo. Incluso algunas veces se ha
llegado a saber que los saurópodos cuidaban a sus crías, al igual que los elefantes, pues se ha
observado que las pequeñas pisadas de las crías se encuentran al centro rodeadas de las
pertenecientes a los adultos que los estaban protegiendo.
YACIMIENTOS FOSILES
Un yacimiento paleontológico o fosilífero es aquella localidad en cuyas rocas se conserva, de
forma natural, una cantidad significativa de fósiles. La amplitud del yacimiento viene delimitada
en unos casos por la distribución espacial de la concentración de fósiles y en otros por
cuestiones prácticas propias del muestreo o la excavación. La disciplina que estudia la
formación de los yacimientos de fósiles es la parte de la Paleontología denominada Tafonomía.1
El término yacimiento paleontológico es algo ambiguo y su uso es más práctico que científico,
así puede hacer referencia a localidades en las que aparecen varias capas fosilíferas de
diferentes edades, cuyo estudio ha de afrontarse separando claramente cada nivel (en sentido
estricto cada capa sería un yacimiento diferente).
Para algunos yacimientos con una especial calidad de sus fósiles o con un elevado número de
restos se suele utilizar el término fossil-lagerstätte (del alemán Fossillagerstätte, «yacimiento de
fósiles»).
Los fósiles pueden aparecer en muy diversos tipos de rocas, principalmente sedimentarias, pero
en ocasiones también de origen volcánico (cenizas o coladas de lava).2
Los yacimientos de origen sedimentario suelen presentar características muy diferentes
dependiendo del medio de sedimentación, ya se trate de sedimentos de origen marino,
continental (fluviales o lacustres) o de transición. La estratificación en medios marinos suele
tener gran continuidad lateral y los fósiles distribuirse de forma más o menos dispersa por
grandes extensiones (p. ej. en las calizas de Solnhofen, en Alemania),3 mientras que los
sedimentos de origen continental, sobre todo originados en tramos altos y medios de los ríos o
en abanicos aluviales suelen ser más irregulares y discontinuos, con los fósiles concentrados
solo en algunas pocas facies, normalmente de relleno de cauce o dispersos en las de llanura de
inundación (p. ej. los yacimientos de Torralba y Ambrona en España).
Un tipo diferente de yacimiento continental son los hipogeos de origen cárstico, en los que la
circulación de las aguas subterráneas condiciona la redistribución, mezcla y acumulación de las
arcillas rojas de descalcificación y de los restos fósiles (p. ej. la Sima de los Huesos en
Atapuerca).
ZONAS BIOLOGICAS DEL MEDIO AMBIENTE
Existen otros factores que explican por qué el registro fósil es fragmentario, por ejemplo, el
medio de sedimentación; es más habitual que haya un mayor contenido de fósiles en zonas de
plataformas marinas tranquilas o en zonas lacustres que en zonas con una alta energía como
áreas de fuerte oleaje o en corrientes tractivas como un río. Existen también filtros biológicos
basados en el comportamiento y tamaño de las poblaciones de organismos del pasado. Hay
más probabilidad de preservación en el registro fósil de herbívoros (organismos que se
alimentan de vegetales) que de carnívoros (organismos que se alimentan de otros organismos)
pues los primeros son más abundantes. Otros factores que pueden implicar la pérdida de
registro fósil de la listosfera son procesos como el metamorfismo, es decir, cuando las rocas y
sedimentos son sometidos a elevadas presiones y temperatura.
Una cuestión sobre la que no existe un consenso es el tiempo que tarda el resto de un
organismo o de su actividad en producir un fósil. Los paleontólogos diferenciamos entre fósiles y
subfósiles. Fósiles son todos aquellos restos anteriores al final de la última glaciación
cuaternaria que terminó hace aproximadamente 11.000 años y dio comienzo al actual Holoceno.
Por tanto, aplicamos el término subfósil a todos aquellos restos de organismos o de su actividad
posteriores a los 11.000 años.
Cuando se analiza un fósil concreto, se puede hacer un ejercicio detectivesco y deducir los
pasos seguidos durante el proceso de fosilización, aunque es muy complicado determinar
cuánto tiempo tardó en producirse
Cuando analizas un fósil concreto sí puedes hacer un ejercicio detectivesco y deducir los pasos
seguidos durante el proceso de fosilización, aunque es muy complicado determinar cuánto
tiempo tardó en producirse. Por ejemplo, nosotros estudiamos un yacimiento de mamíferos
fósiles cuya edad es de aproximadamente 14 millones años y situado en el campus de
Somosaguas de la Universidad Complutense de Madrid. Sabemos que los restos óseos de
dichos mamíferos estuvieron expuestos a la intemperie durante más de tres años. En ese
tiempo, los materiales blandos desaparecieron; los huesos y dientes fueron arrastrados y
alterados por la acción de los agentes meteorológicos, el pisoteo de otros animales y la fricción
con las partículas del sedimento durante el arrastre en coladas de derrubios y finalmente se
enterraron. Lo que no sabemos con exactitud es cuánto tiempo pasó hasta que se produjo la
incorporación de esos materiales biológicos a la litosfera, es decir, la fosilización. Sí que
podemos hacer una aproximación en términos geológicos y se barajan cifras de entre miles y
decenas de miles de años para que tenga lugar este proceso.
En la actualidad también se están formando fósiles. Existen estudios en zonas naturales
controladas como por ejemplo el Parque Nacional de Doñana en Huelva o el Parque Nacional
de Amboseli en Kenia donde se estudia el proceso de fosilización en vivo y en directo.
Existen regiones de la Tierra que son conocidas por su particular riqueza en fósiles; por ejemplo,
las pizarras de Burgess Shale en la Columbia Británica de Canadá,[4] la caliza de Solnhofen o
los estratos ricos en dinosaurios de la Patagonia.
En España, destacan Atapuerca y Las Hoyas. El primero es un rico yacimiento del Pleistoceno
donde se han encontrado, entre otros, abundantes fósiles de homínidos. El segundo es
conocido por la presencia de Iberomesornis.
Tronco petrificado de Araucarioxylon arizonicum. Los materiales originales han sido sustituidos
por otros minerales, sin perder la estructura.
Los lugares que hacen posible una preservación excepcional (incluso a veces conservando
señales de tejidos blandos) son conocidos como Lagerstätten (lugares de descanso o
almacenamiento, en alemán)
CLASIFICACIÓN DE LOS MEDIOS AMBIENTE (TERRESTRE , AGUAS DULCES ,
SALOBRES,MARINOS)
Los ecosistemas terrestres han sido considerados tradicionalmente como superficies
dominadas por plantas, cuyos primeros registros datan del Fanerozoico temprano (< 550
Ma/millones de años). Sin embargo, la presencia de componentes biológicos mucho más
antiguos que las plantas en hábitats tan distintos como suelos, turberas, estanques, lagos,
arroyos y dunas, sugiere que los ecosistemas terrestres comenzaron a existir en la Tierra hace
al menos 2700 Ma. Los microbios fueron abundantes hace ~3500 Ma y sin duda se adaptaron a
vivir en condiciones subaéreas, en entornos intermareales y en zonas áridas y semiáridas, como
lo hacen actualmente los microbios terrestres, y que tienen una enorme y rápida capacidad de
adaptación a condiciones cambiantes. Todo ello está respaldado por el registro fósil. No
obstante, esta evidencia es inusual e indirecta en comparación con fósiles de ambientes
marinos, superficiales o profundos, y su registro ha sido poco atendido. En consecuencia, la
noción de que fueron comunidades microbianas las que formaron los primeros ecosistemas
terrestres no ha sido ampliamente difundido ni incorporado conceptualmente en la sociedad.
Hoy conocemos un amplio registro fósil de biota marina somera y lacustre a partir de los ~3500
Ma, así como microbios colonizando ambientes costeros desde hace ~3450 Ma y evidencia
indirecta de actividad biológica en paleosuelos de > 3400 Ma de edad. El tipo de ambientes, de
donde proviene esta evidencia, sugiere que la vida terrestre se produjo casi en paralelo con la
vida acuática en el Arqueano. Las rápidas adaptaciones observadas en microbios actuales, su
excepcional tolerancia a condiciones extremas y fluctuantes, su rápida y temprana
diversificación y su antiguo registro fósil, indican que los primeros ecosistemas terrestres fueron
exclusivamente microbianos. Es factible que los microbios contribuyeran en la formación de los
primeros suelos donde las plantas se desarrollaron más tarde. Comprender cómo la vida se
diversificó y adaptó a las condiciones terrestres es fundamental para entender su impacto en los
sistemas terrestres durante millones de años.
El registro fósil de los peces de agua dulce en México, si bien es escaso, se ha visto
incrementado durante los últimos años. Estos fósiles se conocen en 39 localidades, de las
cuales 4, ubicadas en el norte del país, son cretácicas y cuentan con restos de cf. †Melvius sp.,
Amiidae, Lepisosteidae y †Ceratodus sp., grupos que no vuelven a registrarse como fósiles en
periodos posteriores. Las demás localidades son cenozoicas (Oligoceno a Pleistoceno) y
poseen faunas modernas; se ubican principalmente en la Faja Volcánica Transmexicana y la
mayoría son pleistocénicas. La diversidad de peces fósiles incluye 12 familias y por lo menos 26
géneros y 39 especies, y de estas últimas, algunas únicamente son conocidas como fósiles. La
ubicación de las localidades cenozoicas con relación a los drenajes e ictiofauna actuales sugiere
eventos de cambios en la hidrología de algunas cuencas recientes. Para ampliar el conocimiento
sobre este grupo de peces se requiere realizar trabajo prospectivo activo en las zonas menos
exploradas, como los bolsones del norte y las cuencas tropicales del sur de México, aplicar
técnicas de recuperación y de estudio más finas, así como incorporar las nuevas técnicas para
análisis moleculares e isotópicos,
El análisis de unos fósiles de cocodrilos que habitaron durante el Cretácico hace 102 millones de
años en el noreste australiano sugieren que estos reptiles vivieron en deltas con aguas
salobres.
Científicos de la Universidad de Queensland (UQ) completaron un estudio forense
de fósiles de unos diminutos cocodrilos hallados en un delta salobre cerca del
antiguo mar Eromanga, que ocupó el interior del noreste australiano.
En el estudio, liderado por Caitlin Syme, los científicos compararon fósiles de los
cocodrilos prehistóricos con los de ejemplares modernos y se apoyaron en técnicas
tafonómicas -que estudia la muerte, deterioro, entierro y preservación de animales y
plantas- para predecir el movimiento de estos restos.
Hasta ahora se sabía que los restos de estos reptiles, del género Isisfordia duncani, terminaban
en estos deltas pero se desconocía si vivieron ahí o sus cadáveres fueron arrastrados por las
corrientes.
“Contamos qué huesos fósiles y cuántos de ellos estaban presentes, si éstos aún permanecían
unidos como cuando estaban vivos o si había rasguños o estaban rotos”, dijo Syme en un
comunicado de la UQ.
La experta explicó que cuando un cadáver flota en el agua, éste sigue deteriorándose,
provocando que partes del esqueleto se desprendan y se hundan, y señaló que si el ejemplar de
fósil estudiado tenía huesos rotos esto indicaría que fue arrastrado muerto antes de quedar
sepultado.
Si bien algunos de los Isisfordia duncani estudiados estaban incompletos, los investigadores
hallaron dos con una gran proporción de sus huesos conectados e intactos, lo que indicaría que
esos cocodrilos vivieron cerca del lugar en el que murieron.
El agua salobre es típica de los estuarios de todo el planeta y resulta de la mezcla del agua de
las lluvias, reunidas generalmente en cada río correspondiente, con el agua del mar. Es más
importante su aportación en grandes ríos tropicales, como el Mekong, el Congo o el Amazonas,
y puede hallarse en mar abierto, no muy lejos de las desembocaduras de ríos como estos.
También se encuentra agua salobre con sal de origen fósil en zonas interiores, en ciertos
acuíferos asociados con rocas salinas,se encuentra en los pozos.
AMBIENTE MARINO
los peces que viven en profundidades medianas, como el celacanto moderno, no tienden a
conservarse como fósiles. Los peces que viven en agua dulce, en arrecifes, en aguas costeras o
en cornisas continentales, tienen bastantes probabilidades de quedar sepultados en sedimentos
antes de que sus restos sean devorados o queden esparcidos. Lo mismo ocurre con los peces
que viven a grandes profundidades marinas. Pero los cuerpos de los llamados peces pelágicos
viven a profundidades medianas, o en alta mar, tienen un amplio camino por recorrer hasta
llegar al fondo y, en el intento, es probable que sus cuerpos sean devorados por otros
habitantes del mar.
Peter Forey, del Museo de Historia Natural de Londres, dice que la cantidad registrada de fósiles
de peces de alta mar es por lo general reducida. Muchas especies características de las
profundidades, como las monstruosas anguilas devoradoras, tienen unos huesos muy frágiles,
con pocas probabilidades de conservación. Por lo general, los paleontólogos tienen que
contentarse con dientes aislados que, a menudo, son imposibles de clasificar.
Pero si la cantidad registrada de fósiles de criaturas que habitan en profundidades medianas y
grandes es reducida, también lo es nuestro conocimiento de la fauna pelágica actual. Las
profundidades medianas son las más difíciles de explorar, pero abarcan un gran volumen de
agua que contiene muchos animales interesantes y poco conocidos, muchos de ellos -como el
celacanto- son muy grandes.
Hans Fricke cita al calamar gigante, que no se ve casi nunca. Hay especies de ballenas de alta
mar que -supuestamente- emergen en contadas ocasiones o muy lejos de la orilla y que sólo se
conocen por los cadáveres que quedan varados en las playas. Esto deja sin respuesta la
cuestión de qué otros animales, convencionalmente considerados extinguidos, podrían surcar
las profundidades del océano.
Pedí a tres paleontólogos expertos en fósiles que imaginasen qué fósiles vivientes les gustaría
ver aparecer en las redes de los pescadores. Los picnodontes obtuvieron el voto de Per Erik
Ahlberg, del Museo de Historia Natural de Londres. Estos peces, contemporáneos de los
dinosaurios, vivían en los arrecifes, donde utilizaban sus mandíbulas para romper objetos duros
como las almejas. Su papel fue usurpado por el actual pez tigre pero, ¿habrán sobrevivido quizá
unos cuantos picnodontos desterrados a las profundidades? No son imaginaciones, ya que hay
pruebas fósiles de oleadas de evolución y colonización de aguas poco profundas que tuvieron
como resultado la expulsión de antiguos linajes a aguas [Link] sueña con peces más
grandes, como los ictiodectiformes, depredadores gigantes como el Xiphactinus de cuatro
metros -una caballa gigantesca que se tragaba entera a su presa - y con paquicórmidos como el
Leedsichthys, un pez de terrible apetito, 15 metros de longitud, gran bocaza y enormes aletas
con forma de guadaña. Ambos grupos se extinguieron hace tiempo, pero... ¿quién sabe?
Ahlberg también cita a un misterioso grupo de peces llamados onicodontes, opción que apoya
Philippe Janvier, del Museo de Historia Natural de París. Por lo general, se considera que estos
peces son miembros de los sarcopterygii, los peces de aletas con forma de lóbulo entre los que
se encuentran los celacantos, los peces pulmonados y los antepasados de los terápodos,
vertebrados terrestres como ustedes y como yo. Pero la verdad es que son bastante poco
conocidos: sus afinidades pueden remontarse a etapas tempranas de la dispersión evolutiva de
los peces.
Otros grupos de peces aún más raros han aparecido y desaparecido, peces que tuvieron su
apogeo en el devónico -la llamada edad de los peces- y que ahora están extinguidos.
Los fósiles vivientes no se limitan a los peces. El más llamativo quizá sea la Neopilina, un
miembro de los monoplacóforos, un grupo de moluscos muy primitivo que se suponía extinguido
hace 350 millones de años, hasta que en 1952 se sacó uno de las profundidades. En vista de
este hecho, no sería una gran sorpresa que se descubriera cualquier otro grupo que, de no ser
por eso, consideraríamos extinguido. Fricke recibiría con agrado la supervivencia de los
trilobites, ese gran grupo de artrópodos marinos que surcaban los mares hace de 500 a 250
millones de años.
INFLUENCIA ECOLOGICA DE LA FLORA Y FAUNA
Los fósiles vegetales son restos de individuos que se han conservado en las rocas
sedimentarias por un proceso fisicoquímico denominado fosilización. Por lo general solo se
conservan las partes más duras, siendo excepcional que se conserven también las partes más
blandas, gracias a esto es posible que lleguen hasta nosotros algunas de las partes
indispensables a la hora de clasificar una planta, estas son: las hojas, parte de sus tallos,
semillas y resina fósil.
Debido a que la mayoría de los fósiles de plantas se conservan en rocas como partes
desarticuladas, es frecuente encontrar en el sitio una variedad de tipos de hojas, semillas, polen,
madera, etc. dispersos, lo que hace muy difícil el relacionar unas con otras, es por ello que los
paleobotánicos se basan en la morfología y anatomía de plantas actuales para completar el
rompecabezas. Por otra parte, la clasificación de cada elemento (raíz, tallo, hoja, etc.) se realiza
de manera independiente, como si fueran especies distintas. Las categorías —y por extensión
los componentes de las mismas— de esta sistemática paralela basada en elementos aislados
se denominan parataxones, para diferenciarlas de los taxones formales. Esta clasificación
parataxonómica se realiza de acuerdo a las reglas del ICBN (International Code of Botanical
Nomenclature).
Esta disciplina nos permite deducir el clima del pasado, su evolución y la influencia sobre otros
organismos.
Tipos de fósiles vegetales
Desde la perspectiva de la tafonomía vegetal los restos atraviesan las tres etapas de la
tafonomía clásica: necrobiosis, bioestratinomía y fosildiagénesis, y dependiendo de cómo se
hayan preservado en el sedimento una vez atravesados todos los filtros tafonómicos, es posible
diferenciar:
Impresiones y compresiones: este tipo de fosilización se da cuando los vegetales se imprimen
en el sedimento dejando su huella y el color del resto fósil es idéntico al de la roca portadora.
También se denominan improntas.
Moldes y contramoldes: sucede cuando las partes de las plantas con más volumen se entierran
en el sedimento. Si la materia orgánica se destruye quedará un espacio dejado por el tronco. Si
este hueco se rellena con sedimento se forma el molde y el sedimento que lo rodea constituye el
contramolde.
Permineralizaciones o mineralización: se dan cuando los tejidos quedan impregnados de
minerales como la sílice o el carbonato de calcio. Normalmente se impregnan las células luego
de la destrucción de su contenido. También encontramos frutos y semillas mineralizadas que
son objeto de estudio dentro de la disciplina conocida como paleocarpología.
Carbonización: al morir la planta o caer un resto de la misma en un ambiente pantanoso o
reductor, en un medio con poco oxígeno, los hidratos de carbono que constituyen la celulosa se
descomponen lentamente, desprendiendo metano y anhídrido carbónico. Esta forma de
fosilización tiene distintas etapas a través de períodos muy largos de tiempo, formándose
distintos materiales: turba, que es el carbón vegetal menos transformado, es una sustancia
negruzca de aspecto esponjoso, lignito, hulla, antracita, que es el carbón mineral que todos
conocemos.
Ambar y copal: resina fósil que puede contener en su interior diversos elementos de la flora o
fauna del momento previo a la fosilización.
Polen y esporas fósiles: células sexuales estudiadas por la paleopalinología.
Conclusión
Podemos observar que las concepciones relacionadas a Paleontología, como la designación de
fósiles, el proceso de la fosilización y los procesos diagenéticos relacionados a ellos, variaron
durante la historia de la humanidad debido al desarrollo del pensamiento del hombre, siendo
invariablemente influenciado por el contexto histórico y circunstancial donde fueron
desarrollados. Según PEDRINACI (1993), cada pensador es fruto de su tiempo, de las ideas de
su tiempo y de la circunstancia en que esta insertado.
Con eso concluimos que, los obstáculos epistemológicos en la concepción de estos términos,
están relacionados con las bases filosóficas que el mundo utilizó a cada tiempo de su evolución.
Actualmente sabemos que, el registro fosilífero es el principal instrumento para la investigación
de los acontecimientos pretéritos de la vida sobre la tierra (CAMPOS, 1999). Para la
comprensión de estos registros, es necesario la utilización de una gran gama de herramientas
científicas, pues no se trata apenas de analizar los restos fosilizados, mas sí, y principalmente,
conseguir extraer datos que puedan llevar la comprensión de los períodos de tiempo anteriores
al nuestro, sobre condiciones ambientales muy diferentes de las que conocemos. Sobre este
prisma de pensamiento, podemos decir que la Paleontología actúa como un vector de tendencia
ascendente para el desarrollo social, pues contribuye al progreso de las concepciones
científicas, con el compromiso de desvendar la delicada composición del desarrollo de la vida en
la tierra, permitiendo revelar a los ojos de la humanidad, la responsabilidad que la sociedad
tiene sobre sus interrelaciones con el medio ambiente y la vida.