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Unidad 1

Lázaro de Tormes narra su vida desde su nacimiento en el río Tormes hasta su infancia marcada por la pobreza y la muerte de su padre. Tras la muerte de su padre, su madre se ve obligada a buscar sustento, lo que la lleva a una relación con un hombre que resulta ser un ladrón. Lázaro es finalmente entregado a un ciego, quien le enseña a sobrevivir en un mundo lleno de astucia y engaños.

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Unidad 1

Lázaro de Tormes narra su vida desde su nacimiento en el río Tormes hasta su infancia marcada por la pobreza y la muerte de su padre. Tras la muerte de su padre, su madre se ve obligada a buscar sustento, lo que la lleva a una relación con un hombre que resulta ser un ladrón. Lázaro es finalmente entregado a un ciego, quien le enseña a sobrevivir en un mundo lleno de astucia y engaños.

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LAZARILLO DE TORMES

TRATADO PRIMERO Cuenta Lázaro su vida y cuyo hijo fue

Pues sepa Vuestra Merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé
González y de Antona Pérez, naturales de Teja- res, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue
dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre (...). Pues siendo yo niño de
ocho años, achacaron a mi padre ciertas sangrías mal hechas en los costales* de los que allí a
moler venian, por lo cual fue preso (...). En este tiempo se hizo cierta armada contra mo- ros,
entre los cuales fue mi padre (que a la sazón es- taba desterrado por el desastre ya dicho), con
cargo de acemilero de un caballero que allá fue. Y con su señor, como leal criado, feneció su
vida*.

Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese, determinó arrimarse a los buenos por
ser uno de ellos, y vínose a vivir a la ciudad y alquiló una casi- lla y metiose a guisar de comer a
ciertos estudiantes, y lavaba la ropa a ciertos mozos de caballos del co- mendador de la
Magdalena, de manera que fue fre- cuentando las caballerizas.

Ella y un hombre moreno de aquellos que las bes- tias curaban vinieron en conocimiento. Este
algunas veces se venía a nuestra casa y se iba a la mañana. Otras veces, de día llegaba a la
puerta en achaque de comprar huevos, y entrábase en casa. Yo, al princi- pio de su entrada,
pesábame con él y habíale miedo, viendo el color y mal gesto que tenía; mas, de que vi que
con su venida mejoraba el comer, fuile queriendo bien, porque siempre traía pan, pedazos de
carne y en el invierno leños a que nos calentábamos.

De manera que, continuando la posada y conversa- ción, mi madre vino a darme un negrito
muy bonito, el cual yo brincaba y ayudaba a calentar. Y acuérdome que, estando el negro de
mi padrastro trebejando con el mozuelo, como el niño vía a mi madre y a mí blan- cos y a él no,
huía de él, con miedo, para mi madre, y, señalando con el dedo, decía:

-¡Madre, coco*!

Respondió él riendo:

-¡Hideputa!
Yo, aunque bien mochacho, noté aquella palabra de mi hermanico, y dije entre mí: "¡Cuántos
debe de ha- ber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mismos!".

Quiso nuestra fortuna que la conversación del Zai- de, que así se llamaba, llegó a oídos del
mayordomo, y, hecha pesquisa, hallose que la mitad por medio de la cebada, que para las
bestias le daban, hurtaba, y salvados, leña, almohazas, mandiles, y las mantas y sábanas de los
caballos hacía perdidas; y, cuando otra cosa no tenía, las bestias desherraba, y con todo esto
acudía a mi madre para criar a mi hermanico. No nos maravillemos de un clérigo ni fraile,
porque el uno hurta de los pobres y el otro de casa para sus de- votas y para ayuda de otro
tanto, cuando a un pobre esclavo el amor le animaba a esto.

()

Al triste de mi padrastro azotaron y pringaron*, y a mi madre pusieron pena por justicia (...).

(...)

En este tiempo vino a posar al mesón un ciego, el cual, pareciéndole que yo sería para
adestrarle, me pidió a mi madre, y ella me encomendó a él (...). Él res- pondió que así lo haría y
que me recibía, no por mozo, sino por hijo. Y así le comencé a servir y adestrar a mi nuevo y
viejo amo.

Como estuvimos en Salamanca algunos días, pare- ciéndole a mi amo que no era la ganancia a
su conten- to, determinó irse de allí; y cuando nos hubimos de 1 partir, yo fui a ver a mi madre,
y, ambos llorando, me dio su bendición y dijo: -Hijo, ya sé que no te veré más. Procura de ser
bueno, y Dios te guie. Criado te he y con buen amo te he puesto; válete por ti.

Y asi me fui para mi amo, que esperándome estaba.


Salimos de Salamanca, y, llegando a la puente, está a la entrada de ella un animal de piedra,
que casi tie- ne forma de toro, y el ciego mandome que llegase cer- ca del animal, y, alli
puesto, me dijo:

-Lázaro, llega el oído a este toro y oírás gran ruido dentro de él.

Yo simplemente llegué, creyendo ser asi. Y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra,
afirmó re- cio la mano y diome una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días
me duró el dolor de la cornada, y dijome:

-Necio, aprende, que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo.

Y rio mucho la burla.

Pareciome que en aquel instante desperté de la simpleza en que, como niño, dormido estaba.
Dije en- tre mi: "Verdad dice este, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar
cómo me sepa valer".

Comenzamos nuestro camino, y en muy pocos días me mostró jerigonza". Y, como me viese de
buen inge- nio, holgábase mucho y decía:

-Yo oro ni plata no te lo puedo dar; mas avisos para vivir muchos te mostraré.

Y fue asi, que, después de Dios, este me dio la vida, y, siendo ciego, me alumbró y adestró en la
carrera de vivir. (...)

Pues, tornando al bueno de mi ciego y contando sus cosas, Vuestra Merced sepa que, desde
que Dios crió el mundo, ninguno formó más astuto ni sagaz. En su oficio era un águila: ciento y
tantas oraciones sabía de coro; un tono bajo, reposado y muy sonable, que hacia resonar la
iglesia donde rezaba; un rostro hu- milde y devoto, que, con muy buen continente, ponía
cuando rezaba, sin hacer gestos ni visajes con boca ni ojos, como otros suelen hacer.
Allende de esto, tenía otras mil formas y maneras para sacar el dinero. Decía saber oraciones
para mu- chos y diversos efectos: para mujeres que no parían; para las que estaban de parto;
para las que eran mal- casadas, que sus maridos las quisiesen bien. Echaba pronósticos a las
preñadas si traían hijo o hija. (...)

Con esto andábase todo el mundo tras el, especial- mente mujeres, que cuanto les decía
creían. De estas sacaba él grandes provechos con las artes que digo, y ganaba más en un mes
que cien ciegos en un año.

Mas también quiero que sepa Vuestra Merced que, con todo lo que adquiría y tenía, jamás tan
avariento ni mezquino hombre no vi; tanto, que me mataba a mí de hambre, y asi no me
demediaba de lo necesario. Digo verdad: si con mi sutileza y buenas mañas no me su- piera
remediar, muchas veces me finara de hambre; mas, con todo su saber y aviso, le contaminaba
de tal suerte que siempre, o las más veces, me cabía lo más y mejor. Para esto le hacía burlas
endiabladas, de las cuales contaré algunas, aunque no todas a mi salvo. Él traía el pan y todas
las otras cosas en un fardel de lienzo, que por la boca se cerraba con una argolla de hierro y su
candado y llave; y al meter de todas las cosas y sacallas, era con tanta vigilancia y tan por
contadero que no bastara todo el mundo a hacerle me- nos una migaja. Mas yo tomaba
aquella lacería que él me daba, la cual en menos de dos bocados era despa- chada. Después
que cerraba el candado y se descui- daba, pensando que yo estaba entendiendo en otras
cosas, por un poco de costura, que muchas veces del un lado del fardel descosia y tornaba a
coser, sangra- ba el avariento fardel, sacando, no por tasa pan, más buenos pedazos, torreznos
y longaniza. Usaba poner cabe sí un jarrillo de vino cuando co- míamos, y yo muy de presto le
asia y daba un par de besos callados y tornábale a su lugar. Mas durome poco, que en los
tragos conocía la falta, y, por reservar su vino a salvo, nunca después desamparaba el jarro,
antes lo tenía por el asa asido. Mas no había piedra imán que así traje- se a sí como yo con una
paja larga de centeno que para aquel menester te- nía hecha, la cual, metiéndola en la boca
del jarro, chupando el vino, lo dejaba a buenas noches. Mas, como fuese el traidor tan astuto,
pienso que me sintió, y dende en adelante mudó propósito y asentaba su jarro entre las
piernas y tapábale con la mano, y así bebía seguro. Yo, como estaba hecho al vino, moría por
él, y vien- do que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del
jarro hacerle una fuen- tecilla y agujero sutil, y, delicadamente, con una muy delgada tortilla
de cera, taparlo; y, al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del
triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y, al calor de ella luego
derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destilarme en la boca, la cual
yo de tal manera ponía, que maldita la gota se perdía. Cuando el pobreto iba a beber, no ha-
llaba nada. Espantábase, maldecíase, daba al diablo el jarro y el vino, no sabiendo qué podía
ser.

-No diréis, tío, que os lo bebo yo-decía-, pues no le quitáis de la mano.


Tantas vueltas y tientos dio al jarro, que halló la fuente y cayó en la burla; mas así lo disimuló
como si no lo hubiera sentido Y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, no
pensando el daño que me estaba apa- rejado ni que el mal ciego me sentía, senteme como
solía; estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco
cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor, sintió el desesperado ciego que agora tenía
tiempo de tomar de mí venganza, y con toda su fuerza, alzando con dos manos aquel dulce y
amargo jarro, le dejó caer sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder, de
manera que el po- bre Lázaro, que de nada de esto se guardaba, antes, como otras veces,
estaba descuidado y gozoso, verda- deramente me pareció que el cielo, con todo lo que en él
hay, me había caído encima.

Fue tal el golpecilio, que me desatinó y sacó de sen- tido, y el jarrazo tan grande, que los
pedazos de él se me metieron por la cara, rompiéndomela por muchas partes, y me quebró los
dientes, sin los cuales hasta hoy noy día me quedé.

Desde aquella hora quise mal al mal ciego, y, aun- que me quería y regalaba y me curaba, bien
vi que se había holgado del cruel castigo. Lavome con vino las roturas que con los pedazos del
jarro me había hecho, y, sonriéndose, decia:

-¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud y otros donaires que a mi gusto
no lo eran. (...)

Y porque vea Vuestra Merced a cuánto se extendía el ingenio de este astuto ciego, contaré un
caso de muchos que con él me acaecieron, en el cual me pare- ce dio bien a entender su gran
astucia. (...)

Acaeció que, llegando a un lugar que llaman Almo- rox, al tiempo que cogían las uvas, un
vendimiador le dio un racimo de ellas en limosna. Y como suelen ir los cestos maltratados, y
también porque la uva en aquel tiempo está muy madura, desgranábasele el ra- cimo en la
mano. Para echarlo en el fardel, tornábase mosto, y lo que a él se llegaba. Acordó de hacer un
banquete, así por no poder llevarlo, como por conten- tarme, que aquel día me había dado
muchos rodilla- zos y golpes. Sentámonos en un valladar y dijo:

-Agora quiero yo usar contigo de una liberalidad*, y es que ambos comamos este racimo de
uvas y que hayas de él tanta parte como yo. Partillo hemos de esta manera: tú picarás una vez
y yo otra, con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva. Yo harė lo mismo hasta
que lo acabemos, y de esta suer- te no habrá engaño.

Hecho así el concierto, comenzamos; mas luego al segundo lance, el traidor mudó propósito, y
comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debería hacer lo mismo. Como vi que él
quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él, mas aún pasaba ade- lante: dos a dos y
tres a tres y como podía las comía.

Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano, y, meneando la cabeza, dijo:

-Lázaro, engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas tres a tres.

-No comí-dije yo; mas ¿por qué sospecháis eso?

Respondió el sagacísimo ciego:

-¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos bas.

A lo cual yo no respondí.

TRATADO TERCERO

Cómo Lázaro se asentó con un escudero y de lo que le acaeció con él

(...)

Andando así discurriendo de puerta en puerta, con harto poco remedio, porque ya la caridad
se subió al cielo, topome Dios con un escudero que iba por la calle, con razonable vestido, bien
peinado, su paso y compás en orden. Mirome, y yo a él, y díjome:
-Muchacho, ¿buscas amo?

Yo le dije:

-Si, señor.

-Pues vente tras mí me respondió, que Dios te ha hecho merced en topar conmigo; alguna
buena oración rezaste hoy.

Y seguile, dando gracias a Dios por lo que le oi, y también que me parecía, según su hábito y
continente, ser el que yo había menester.

Era de mañana cuando este mi tercero amo topé, y llevome tras sí gran parte de la ciudad.
Pasábamos por las plazas do se vendía pan y otras provisiones. Yo pensaba, y aun deseaba,
que allí me quería cargar de lo que se vendía, porque esta era propia hora cuando se suele
proveer de lo necesario, mas muy a tendido paso pasaba por estas cosas.

"Por ventura no lo ve aqui a su contento-decía yo, y querrá que lo compremos en otro cabo*".

(...)

En este tiempo dio el reloj la una después de me- diodía, y llegamos a una casa, ante la cual mi
amo se paró, y yo con él, y, derribando el cabo de la capa sobre el lado izquierdo, sacó una
llave de la manga y abrió su puerta y entramos en casa, la cual tenía la entrada oscura y
lóbrega, de tal manera que parece que ponía temor a los que en ella entraban, aunque dentro
de ella estaba un patio pequeño y razonables cámaras.

(...)

-Tú, mozo, ¿has comido?


-No, señor-dije yo, que aún no eran dadas las ocho cuando con Vuestra Merced encontré.

-Pues, aunque de mañana, yo había almorzado, y, cuando así como algo, hágote saber que
hasta la no- che me estoy así. Por eso, pasate como pudieres, que después cenaremos.

Vuestra Merced crea, cuando esto le oí, que estu- ve en poco de caer de mi estado, no tanto
de hambre como por conocer de todo en todo la fortuna serme adversa. Allí se me
representaron de nuevo mis fati- gas y torné a llorar mis trabajos; allí se me vino a la memoria
la consideración que hacía cuando me pen- saba ir del clérigo, diciendo que, aunque aquel era
desventurado y mísero, por ventura toparía con otro peor. Finalmente, alli lloré mi trabajosa
vida pasada y mi cercana muerte venidera. Y con todo disimulando lo mejor que pude, le dije:

-Señor, mozo soy que no me fatigo mucho por comer, bendito Dios. De eso me podré yo alabar
entre todos mis iguales por de mejor garganta, y así fui yo loado de ella hasta hoy día de los
amos que yo he tenido.

-Virtud es esa -dijo él, y por eso te querré yo más, porque el hartar es de los puercos y el
comer re- gladamente es de los hombres de bien.

"¡Bien te he entendido! -dije yo entre mí. ¡Maldi- ta tanta medicina y bondad como aquestos
mis amos que yo hallo hallan en la hambre!".

Púseme a un cabo del portal y saqué unos pedazos de pan del seno, que me habían quedado
de los de por

Dios. Él, que vio esto, díjome:

-Ven acá, mozo. ¿Qué comes?

Yo llegueme a él y mostrele el pan. Tomome él un pe- dazo, de tres que eran, el mejor y más
grande, y díjome:
-Por mi vida, que parece este buen pan.

-¡Y cómo agora-dije yo, señor, es bueno!

-Sí, a fe-dijo él. ¿Adónde lo hubiste? ¿Si es amasado de manos limpias?

-No sé yo eso le dije; mas a mí no me pone

asco el sabor de ello.

-Así plega a Dios-dijo el pobre de mi amo.

Y, llevándolo a la boca, comenzó a dar en él tan fie- ros bocados como yo en lo otro.

-¡Sabrosísimo pan está dijo-, por Dios!

Y como le sentí de qué pie cojeaba, dime prisa, por- que le vi en disposición, si acababa antes
que yo, se comediría a ayudarme a lo que me quedase. Y con esto acabamos casi a una. Y mi
amo comenzó a sa- cudir con las manos unas pocas de migajas, y bien menudas, que en los
pechos se le habían quedado. Y entró en una camareta que allí estaba, y sacó un jarro
desbocado y no muy nuevo, y, desque hubo bebido, convidome con él. Yo, por hacer del
continente, dije:

-Señor, no bebo vino.

-Agua es-me respondió. Bien puedes beber. Entonces tomé el jarro y bebí, no mucho, porque
de sed no era mi congoja.

(...)
La mañana venida, levantámonos, y comienza a lim- piar y sacudir sus calzas y jubón y sayo y
capa. ¡Y yo que le servía de pelillo! Y vísteseme muy a su placer de espacio. Echele aguamanos,
peinose y púsose su es- pada en el talabarte, y, al tiempo que la ponía, díjome:

-¡Oh, si supieses, mozo, qué pieza es esta! No hay marco de oro en el mundo porque yo la
diese; mas así, ninguna de cuantas Antonio hizo no acertó a ponelle los aceros tan prestos
como esta los tiene.

Y sacola de la vaina y tentola con los dedos, diciendo:

-¿La ves aquí? Yo me obligo con ella cercenar un copo de lana.

Y yo dije entre mi: "Y yo con mis dientes, aunque no son de acero, un pan de cuatro libras*".

Tornola a meter y ciñósela, y un sartal de cuentas gruesas del talabarte. Y con un paso
sosegado y el cuerpo derecho, haciendo con él y con la cabeza muy gentiles meneos, echando
el cabo de la capa sobre el hombro y a veces so el brazo, y poniendo la mano derecha en el
costado, salió por la puerta, diciendo: -Lázaro, mira por la casa en tanto que voy a oír misa, y
haz la cama y ve por la vasija de agua al río,

que aquí bajo está, y cierra la puerta con llave, no nos

hurten algo, y ponla aquí al quicio porque, si yo vinie-

re en tanto, pueda entrar.

Y súbese por la calle arriba con tan gentil semblan- te y continente que quien no le conociera
pensara ser muy cercano pariente al conde de Arcos, o, al menos, camarero que le daba de
vestir.

"¡Bendito seáis Vos, Señor quedé yo diciendo-, que dais la enfermedad y ponéis el remedio!
¿Quién encontrará a aquel mi señor que no piense, según el contento de sí lleva, haber anoche
bien cenado y dor- mido en buena cama, y, aunque agora es de maña- na, no le cuenten por
muy bien almorzado? ¡Grandes secretos son, Señor, los que vos hacéis y las gentes ignoran! ¿A
quién no engañará aquella buena dispo- sición y razonable capa y sayo? ¿Y quién pensará que
aquel gentil hombre se pasó ayer todo el día sin co- mer con aquel mendrugo de pan que su
criado Lázaro trajo un día y una noche en el arca de su seno, do no se le podía pegar mucha
limpieza, y hoy, lavándose las manos y cara, a falta de paño de manos, se hacía servir de la
halda* del sayo? Nadie por cierto lo sospe- chará. ¡Oh, Señor, y cuántos de aquestos debéis
Vos tener por el mundo derramados, que padecen por la negra que llaman honra, lo que por
Vos no sufrirán!". (...)
La novela picaresca: un nuevo género para una nueva realidad

Lazarillo de Tormes fue publicada en 1554 en España y se encuadra dentro del surgimiento de
un nuevo género, la novela picaresca. Este género irrumpe para mostrar la realidad más cruda
del Imperio español: la pobreza de las clases bajas, el descontento social, la mezquindad de los
más privilegiados, y los abusos del clero y la nobleza.

El género toma su nombre del protagonista, un picaro que logra sobrevivir por medio de su
ingenio y astucia en un medio social que le es adverso y marginal. Asi, el picaro se opone al
ideal del caballero que se habia destacado hasta entonces en la narrativa medieval. Veamos a
continuación otras carac- teristicas que definen al género:

* Carácter autobiográfico de la narración: el protagonista de la novela cuen-

ta su historia desde los origenes empleando la primera persona. Las circuns- tancias que narre
acerca de su vida le permitirán dar cuenta de aquello que el autor desea criticar de la realidad.
En el caso de Lozorillo de Tormes, el na- rrador en primera persona se dirige, mediante una
carta, a alguien de un nivel social más alto (la formula que utiliza es "Vuestra Merced"). Esta
estructura de carácter epistolar le dará unidad a las distintas situaciones vividas por el pro-
tagonista al servicio de distintos amos, y transformará el conjunto de historias en una novela

Verosimilitud: el aspecto autobiográfico y la descripción detallada de los diversos tipos


sociales, sus costumbres y los ambientes en los que estos se mueven hacen que la narración
resulte verosimil. Del mismo modo, el len- guaje llano empleado en el relato también
contribuye a la verosimilitud de la historia, ya que Lázaro es un personaje de baja extracción
social, no letrado (el lenguaje utilizado es acorde con su arigen humilde).

Sátira de vicios y costumbres: por medio de la critica o burla se ponen de manifiesto las
costumbres y vicios de la sociedad. Este procedimiento litera- rio se emplea para generar
humor y, en ocasiones, se recurre a el con un fin moralizante. La critica apunta a la corrupción,
la hipocresía, el "falso honor", la ambición, la avaricia y la falta de solidaridad por parte de los
estamentos sociales más privilegiados.

Sobre el autor..
El Lazarillo de Tormes ha sido transmitido desde sus orígenes de manera anonima. Según una
hipo- tesis, el autor habría permanecido oculto por la fuerte critica social que presenta. Lázaro
atraviesa por distintos amos, pertenecientes a diferentes estamentos y clases sociales, y todos
se muestran de manera descarnada. Maltrato, en- gaño, mentira, hambre, egoismo son
moneda corriente para Lázaro. Y, si bien se puede pensar que esas actitudes son las que
permiten ge- nerar los recursos para subsistir en ese medio hostil, muestran una mi rada muy
oscura de la sociedad de la época. Por otro lado, el empleo de la primera persona narrativa le
otorga un verosímil que, en la época, era difícil vincular con la fi- cción. Así, la obra fue
prohibida por la Inquisición y recién se permitió su distribución cuando fueron eli- minados los
pasajes más cuestio- nados por la Iglesia.

Algunas teorías han apuntado al poeta y diplomático español Diego Hurtado de Mendoza
(1503- 1575) como posible autor de la obra. En 2010, la paleógrafa espa- ñola Mercedes Agulló
manifestó haber legitimado este hecho al encontrar un documento del poeta con la siguiente
inscripción: "le- gajo correcciones hechas para la impresión de Lazarillo (...)".
Crisis social y realismo literario

Lazarillo de Tormes se constituyó en un éxito inmediato. Esto puede relacio- narse,


seguramente, con la crisis que atravesaba España en el momento de su aparición. Una gran
parte de los campesinos, sin trabajo, se trasladaban a las ciudades en busca de oportunidades,
pero terminaban mendigando ante la falta de estas. En este sentido, frente a los héroes
medievales de los más altos estamentos, generalmente nobles, que protagonizaban las obras
litera- rias de la Edad Media, el personaje del picaro se muestra como un antihéroe. La
picaresca instala al picaro, representante de las clases más marginadas, en el escenario de las
ciudades renacentistas para librar las peores batallas: aquellas que lo llevan a enfrentar el
hambre y el maltrato. Ya desde el prólo- go de la obra, Lázaro se refiere a aquellos que han
sido beneficiados con un apellido ilustre y una dote o herencia familiar y a los que, en cambio,
perte- necen a su misma condición: los desafortunados que no gozan de privilegios y deben
"salir a buen puerto a costa de su esfuerzo personal, soportando padecimientos físicos y
morales.

La sociedad española personificada en la novela estaba constituida por ocho estratos sociales:
la realeza, la nobleza, la aristocracia cortesana, los caballeros, el clero, la burguesia, los
letrados y militares, los campesinos, la plebe y los marginales. Casi todos ellos aparecen
encarnados en Lazarillo de Tormes a través de los amos a los que el protagonista debe servir
para lograr su subsistencia. La vida compartida con ellos será la excusa para que el autor nos
muestre el accionar de los representantes de cada uno de esos estratos.
Gris de ausencia

FRIDA (Con marcado acento español): Coño! Esta maleta es muy pequeñita. Debi haber co gido
la más grande. Siempre sucede lo mismo: retorno con más cosas de las que traje.

LUCÍA:-¿A qué lora sale lu avione?

FRIDA-Aún tengo tiempo. (Sorbe el mate). Madre: no quiero que vengas a despedirme. ¿Me
oyes!

LUCÍA:-Sai que no me pischeno la despedida.

FRIDA¡Vale! En cuanto llegue a Madrid te escribo. (Frida termina de tomar el mate y se lo


tiende a Lucia).

LUCÍA: -E cuándo va a retornar a Roma?

FRIDA: -No lo sé madre. En el verano, tal vez.

LUCÍA:Cosa é tal vez?

FRIDA:-Bueno... quiero decir a lo mejor. (Lucia la mira sin entender). Que no es seguro. Eso
quiero decir. Que no es seguro

LUCÍA:-Dentro de sei mese, e no é securo. ¿Qué hace osté a Madri? ¿Qué tene que hacer a
Madri que no pueda fachar a Roma?

FRIDA:-Mi lugar está en Madrid


LUCÍA: -Tu lucar... tu lucar... ¿Quié lo a deto? ¿Dio a deto que tu lucar está a Madri? ¿Dio a
deto que mi lucar está a Roma? ¿Que el lucar de Martín está a Londra? ¿Eh? ¿Dío lo a deto?
¿Qué é Dío? ¿Una ayencia de turismo?

FRIDA (Con cansancio): -Cada vez que vengo a Roma discutimos lo mismo.

LUCÍA: -Cada veche lo discutimo meno, entonche. Porque osté viene cada veche meno. Al
princhipio venía todo lo mese. Dopo cada tre mese. Alora, den- tro d sei... ¡E no é securo!

FRIDA: -Anda, madre: tráeme otro mate. (Lucía sale hacia la cocina con el mate). ¿Sabes,
madre? Le ense- ñé a Manolo a tomar mate. ¡Vieras cómo le gustó! Al comienzo creía que era
una droga... (Ríe). Pero oye, le dije... En mi país lo toman hasta los niños. ¡No lo podía creer!

(En ese instante ingresa Chilo, con un ejemplar del diario Clarín bajo el brazo, mascullando
insultos por lo bajo). [...]

CHILO (Leyendo el diario): -¡Oia! Mirá, papá. El do- mingo pasado estuvo de turno la farmacia
de don Pascual. (Lee). Sección 22, Almirante Brown 1302. Era la farmacia de don Pascual, ¿te
acordás?

ABUELO: -Entonce no va a venir a cucar al tute. Cuan- do está de turno no viene a cucar al tute
con me.

CHILO: ¿Qué se habrá hecho de don Pascual? Tenía tu edad más o menos.

ABUELO: -¿Cuánto ano tengo io?

CHILO: -Y ochenti... Déjeme pensar. Salimos de Bue- nos Aires en el... Tenés ochenta y cinco.

ABUELO: -Entonces don Pacual tene ochenta e tre. Cuando él e arrivato a la Aryentina tenía
diecioto anno... e io vente. Sempre le quievé due anno. (Se hace una pausa. El Abuelo toca).
"La Boca, cayecón, Vuelta de Rocha... Bodecón... Yenaro e su acor- deón..... ¿Así que don
Pacual está de turno oyi?

CHILO (Con cansancio): -No, papá, no.

ABUELO: -Lo diche el diario.

CHILO: -Pero este diario es del domingo pasado. Ya te lo expliqué. Aquí los diarios se leen
atrasados. (Para sí). ¡Qué tanos bestias! Además... vaya a saber qué se hizo de don Pascual. Por
lo menos la farmacia está.

ABUELO: -¿Cuándo vamo a volver a Buenosaria, Chilo?

CHILO: -Algún día, papá. [...]

CHILO: -Frida, qué linda estás. Los puntos se deben volver locos en Madrid, ¿no?

FRIDA: -¿Los puntos?

CHILO: -Los gallegos... los muchachos.

FRIDA (Rie): -Qué gracioso hablas tú. Me gusta escu- charte.

CHILO: -¡Qué churro! ¿Así te dicen?

FRIDA: -No... ¡Qué maja!

CHILO: ¿Maja? Es joda. (Ríe). Oíme... no te querrán decir eso de la maja en pelotas, ¿no?
FRIDA: ¡No! (Ambos rien).

CHILO: -Y en cuanto te dicen "qué maja, vos le decís, "soy argentina".

FRIDA: -Argentina... porteña y del barrio de la Boca.

CHILO: -Cómo te acordás.

FRIDA: -Siempre me lo decías. Frida: tú eres argentina, porteña y del barrio de la Boca. ¿Tienes
que gritárse- lo a todo el mundo!

ABUELO: -¿Quie?

FRIDA: -Soy yo, abuelo.

CHILO: -La Frida, papá.

ABUELO: -Credeba que era don Pacual.

CHILO:-¿Cómo don Pascual? ¿En Roma don Pascual?

ABUELO: -E cherto. Don Pacual está de turno oyi. Non pode venir a cucar al tute con me.

CHILO (A Frida-Don Pascual era el farmacéutico de al lado de casa. En la calle Almirante Brown.
Y venía todas las tardes a jugar a las cartas con papá.

ABUELO: Nunca me podía canar. ¡E che nocaba! (Rie). [...] Sempre íbamo a la piazza Venechia
con don Pacual, e cucábamos al tute baco lo árbole. (A Frida). En la piazza Venechia. Cherca de
casa.
CHILO: -Ese es el Parque Lezama, papá.

ABUELO: -¡ECO! El Parque Lezama. E mirábamo el Co- liseo.

CHILO: -¿Qué Coliseo? La cancha de Boca.

ABUELO:-ECO. Está tuta rota la cancha de Boca. (Toca).

"Pero sico aquí en la Boca, donde yoro mi concoca...

¡Soñé Tarento... con chien regreso!.... [...]

FRIDA: -¿Sabes tio? Casi no me acuerdo nada de Bue- nos Aires. Pero tengo una imagen: una
vez me lle- vaste a caminar por una calle llena de gente....

CHILO: -Sería la calle Florida. Siempre te llevaba a la calle Florida.

FRIDA: -Había mucha gente.

CHILO: Ja! La calle más linda del mundo.

FRIDA:-Florida. Tendrá flores.

CHILO: ¡Está llena de flores! Y árboles que se entre- cruzan por arriba... puentecitos...
gondolas... músi cos y poetas que recitan. Y la gente canta y baila.
FRIDA: ¡Qué hermoso! (En ese instante suena el teléfono. Aparece Dante y lo atiende).

DANTE: -Trattoria La Argentina, bonasera. ¿Qui e? (Grita). Quiamada da Londra.

(Ingresa Lucia agitada).

LUCÍA: -E Martinchito... Martinchito...

DANTE (Al teléfono): -Si, siñorina.

impotencia). Ma non ti capisco, figlio mio ¿Co Come? Mader? ¿Qui è mader? Ah... mader sono
io. ¡Mader! (Dirá todo lo que sigue, lorande parar). Ho nostalgia di te. ¿Quando verra a ve mi?
¿Fa molto freddo a Londra? (Escucha), ¿Come? ¿Cosa é "andertan"? (A Frida). Diche "no
andertan".

LUCIA (Le saca el tubo): -¡Martinchito!... Ah, si, siño- rina, aspeto.

(Frida va hacia ella y le saca el tubo).

(Se queda esperando. Dante va hacia el Abuelo).

DANTE: Papá póncase el poncho que lo prechiso. (Toma un poncho y ayuda al Abuelo a
ponérselo). La mesa de la finestra. Sono tre cliente molto impor tante. Tene que tocar osté. (El
Abuelo asiente). Ma non toca cuesta porquería de sempre. Toque la cumparchita. ¿Se ricorda?
(El Abuelo lo mira. Dante canturres "La Cumparsita"). "Ta-ra-ra-ra... Tarara-ra га-та-та-та..." (El
Abuelo saca unos acordes confusos, lejanamente parecidos a "La Cumparsita". Ambos van
saliendo hacia el salón. Dante le repite la tonada de "La

Cumparata"). "Cosi-cosi... Cosi, cosi, si-si-si-si-si LUCIA (Al teléfono):-¡Martinchito! Figlio mio.
¿Come vai? (Pausa). ¡Que come vai! (Escucha con un geste de
FRIDA: Martin? Soy yo, Frida. ¡Frida! (Tu ¿Cómo estás? ¡Que cómo estás! (Pausa). ¡Que h are
you, coño! Nosotros bien... ¡No-so-tros! (H un gesto de impaciencia). Noialtri... Noialtri go
¡Good, si, good!

LUCÍA:-Domándagli quando verrá a vedermi. FRIDA (A Martin) -Un momento. ¡Que un mothe
(Mira a Lucia).

LUCÍA (Nerviosa): ¡Che gli domandi quando ver vedermi!

FRIDA: -No te entiendo, madre.

Lucia: ¡Que gli domandi quando verrá a vederm

(Frida, con la mirada, busca el auxilio de Chile). CHILO:-No sé... dice que lo mandes a algún
lado. FRIDA (Al teléfono): -Dice madre... Mader diche... Ne

mader sei... Que te mande... Que te mande a ver! Coño: cómo se dice mandar a ver en inglés.
¿A quién quieres que vaya a ver, madre?

LUCIA (Histérica)-Domándali si fa freddo a Londra!

FRIDA:-Dice que vayas a ver a Fredy en Londres. (E- cucha). Fredy... Fredy. Okey... Okey.
(Cuelga. Lucía la

mira expectante). Dice que está bien. LUCÍA: ¿Que está bene, qué?

FRIDA:-Me dijo okey. Okey quiere decir que está bien. Va a ir a verlo a Fredy

(En ese instante ingresan Dante y el Abuelo. El Abuelo to cando).


ABUELO: "Soné, Tarento... con chien regresooo. Pero sico aqui en la Boca..."

DANTE (Lo zamarrea): -Le dique que tocara "La Cum parchita. A la yente no le piache cuesta
cosa italiana

que osté toca. ¡La cumparchita le piache a la yente! Cuesto e una trattoria aryentina. Va, va...
Practique la cumparchita. (A Lucia). ¿Qué ha deto Martinchi- tol

LUCÍA (Llorosa): -Que få molto freddo a Londra. DANTE: -Eh... Sempre fa freddo a Londra. (A
Chile).

Anota una tripa gorda para la sete e un postre viqui- lante a la nuove. (A la cocina). Bruno
marche do em- panada é tre locro a la camatarqueña

CHILO (Corrige):-Catamarqueña. Ca-ta-mar-que-ña

LUCÍA-Frida (Se acerca a ella). ¿Por qué no te quedá a Roma? ¿Por qué no te quedá?

FRIDA:-Madre... Ya lo hablamos.

LUCIA (La abraza llorando): -Quedáte a Roma... Que

dáte a Roma con me.

FRIDA:-No puedo, sabes que no puedo

LUCÍA: Ma por qué? (Prida ne contesta). E ese uomo,

¿no? ¡E ese uomo!


FRIDA: -Si. Es Manolo también. Pero no es solo él. LUCÍA:-Osté está enamorada de él.

FRIDA: Si. Y nos vamos a casar.

LUCÍA:-A casar? E un estranyero. Non e como noial-

tri! ;E un estranyero e te va a abandonar! ¡Porque lo estranyero sono cosi! (La mira con odio).
Vate! ¡Vate e no vuelva ma!

FRIDA: -Madre...

LUCIA: ¡Me a ascoltato! ¡No vuelva mal (Se aleja de ella llorando).

[]

ABUELO:-Agarrábamo por Almirante Brown con don

LECTURA

Pacual e no ibamo a la Vuelta de Rocha. ¿Te acorda de la Vuelta de Rocha, Chilo?

CHILO: -Si, papá, si

ABUELO: -E mirábamo el Tevere.

CHILO: -El Tiber, no. Eso es acá. El. (Se detiene). EL... (Se va asustundo). ¿Cómo se llama? El
ABUELO:-El Tevere CHILO (Furioso): No... eso es acá! E... el... (Hace un gesto de impaciencia).
¡Pero!... Frente a la Vuelta de Rocha... del otro lado está Avellaneda... los barcos...

Quinquela Martin (Contents). El arroyuelo ! ABUELO: Eco el Riachuelo... e dopo el Castello de

Santangelo...

CHILO: -El Riachuelo...

[] ABUELO: Cucá osté, don Pacual Spada e triunfo Ter menamo el partido e dopo no vamo a
piazza Venechia, ¿eh? Agarramo por Almirante Brown... cruzamo Paseo Colón e no vamo a
cucar al tute baco lo árbole. Cuan- do era cóvene, sempre iba al Parque Lesama. Con el mio
babbo e la mia mamma... Mi hermano Anyelito... Tuto ibamo al Parque Lezama... E il Duche
salia al bal- cón... la piazza yena de quente. E el queneral hablaba e no dicheva: "Descamisato...
del trabaco a casa e de casa al trabaco. E eya era rubia e cóvena. E no dicheva: "Cuidenlo al
queneral". E dopo el Duche preguntaba: "¿Qué volete? ¿Pane o canune?" E nosotro le gritába-
mo: "Leña, queneral, leña queneral (Toca acordes de "Canzoneta"). Ma dopo me tomé el
barco. E el barco se movia e el mio hermano Anyelito mi dicheva: "A la Aryentina vamo a fare
plata... mucha plata... E dopo volvemo a Italia (Rie). Asi dicheva mi hermano An yelito, que Dio
lo tenga en la Santa Gloria. Una tarde de sol se cayó del andamio. (Toca y canturrea). "Can-
zoneta gri de ausenchia, cruel malón de pena vieca escondida en la sombra de mi alcohol...
Soñé Tarento, con chien regreso. ¿Cuándo vamo a volver a Italia, don Pacual? ¿Cuándo vamo a
volver a Italia?

GLOSARIO

COSSA, ROBERTOо. Teatro/3. Buenos Aires,


Un encuentro "activo" con lo real

Como ya viste, hacer literatura realista implica, para los escritores, asumir un nur rol: pensar
en la función social. En oposición a otras miradas literarias, basadas más un ideal de belleza y
que servían para dar cuenta de los estados de ánimo del escritor evadirse hacia mundos
imaginarios sin establecer una relación con lo que existe furn del texto, la mirada realista parte
de esta relación: se propone captar y reproducir artie camente el mundo real, dar testimonio
de una época y expresar sus tendencias y latencia profundas. Su programa estético consiste en
reflejarla no tal como se nos presenta a les ojos sino como es verdaderamente, es decir,
descubrir y configurar las conexiones exs tentes en la realidad para iluminar su esencia, que
permanece oculta en el caos de la vidi cotidiana.

En los textos realistas nada es azaroso: cada detalle está al servicio de la totalidad contribuye a
darle forma. El objetivo es delinear el mundo que se presenta y, al mismo tiempo, imponer en
el lector el "efecto de realidad": aquello que aparece ante sus ojosm es otra cosa que la
realidad en la que vive.

Pero hay que agregar que esta literatura no intenta ser una fotografia exacta de la re lidad, con
lo que perderia su sentido como arte: entre los diversos elementos de lo reale escritor elige,
establece jerarquías, y sobre todo juzga desde su punto de vista, que es, pa supuesto,
subjetivo. Por eso "realismo" no significa "objetividad neutra", sino una relaciór entre el
mundo, independiente del hombre, y el modo en que el artista lo experimenta valorándolo en
las posibilidades y obstáculos que le impone a los hombres y mujero para vivir y realizarse. La
cosmovisión realista implica así la idea de un encuentro conl realidad, un encuentro que
implica la intervención de un sujeto y, por lo tanto, un reflej activo, una representación.

El realismo es, asi, un programa estético y un programa ético, ya que el escritorst propone,
desde su propio punto de vista, hacer consciente para los hombres la verdadera naturaleza de
su realidad y su posición dentro de ella, partiendo de la idea de que solo podemos modificar
aquello que entendemos plenamente

Distintos acercamientos a lo real

En nuestro país, con la llamada Generación del 80, los problemas que se planteaba el rea lismo
adquirieron trascendencia: se estaba constituyendo finalmente un proyecto nacional y había
que definir con claridad el tipo de sociedad que se pretendía establecer y quiénes tenían
derecho a integrarla. El problema del inmigrante, que no respondía a las pautas de ciudadano
que la clase dominante había elaborado, era acuciante. La literatura se propuso describir-a
partir de principios supuestamente cientificos (la teoría de la herencia y de la influencia del
medio)- a estos nuevos integrantes de la comunidad, a los que se veía como cuerpos enfermos
y se los acusaba de transmitir su enfermedad al resto del cuerpo social. Títulos como En la
sangre, de Cambaceres, Inocentes o culpables, de Argerich, e irresponsable, de Podestá (estos
dos últimos médicos) dan cuenta de esta función que se asigna la litera- tura, apelando a una
versión extremada del realismo, a la que se denomina naturalismo.

En el siglo xx, la realidad se hace mucho más confusa, heterogénea e inaccesible, di- ficil de
representar como totalidad. Por eso, surgen nuevos recursos que complementan los del
realismo. Los escritores se animan a incorporar elementos de otras formas litera- rias, que son
usados como herramientas para mostrar la complejidad de sus épocas. Por ejemplo, aparecen
rasgos de:

el grotesco, sobre todo en la exageración burlesca de ciertas caracteristicas de los

personajes;

el absurdo, particularmente en la presencia de los problemas de comunicación, cuando el


lenguaje no alcanza para comunicar, y

la literatura fantástica, presente, por ejemplo, en las rupturas de ciertas leyes fisicas y lógicas
que rigen nuestra experiencia.

Además, aun cuando no se proponga como realista, la literatura, y sobre todo el teatro, es
capaz de generar imágenes de la sociedad mucho más potentes que la realidad misma, porque
no intenta fotografiarla, sino metaforizarla, es decir, representarla simbólicamen- te. Por
ejemplo, la confusión de lenguas como metáfora de los problemas de incomuni cación entre
los hombres.

Según el filósolo hungaro Georg Lukács, el principal procedimiento dentro del programa
realista es el "tipo En la construcción de un tipo, el escritor combina las características
particulares de un personaje con las de su grupo social Un personaje es un tipo si se expresa a
si mismo como individuo y a la clase a la que pertenece (por ejemplo: campesinado, burguesia,
inmigrante) en conflicto con los

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