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TFG - GM - 23-24 - Superficies de Riemann

El documento es una memoria presentada por Víctor Carrasco Yllanes para la obtención del título de Grado en Matemáticas, enfocándose en las superficies de Riemann y su clasificación. Se exploran conceptos clave como funciones analíticas, prolongación analítica y el Teorema de Uniformización, con el objetivo de establecer y probar dicho teorema para superficies simplemente conexas. La obra se basa en el libro 'A Primer on Riemann Surfaces' de A.F. Beardon y busca ofrecer una introducción accesible a este tema complejo.
Derechos de autor
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TFG - GM - 23-24 - Superficies de Riemann

El documento es una memoria presentada por Víctor Carrasco Yllanes para la obtención del título de Grado en Matemáticas, enfocándose en las superficies de Riemann y su clasificación. Se exploran conceptos clave como funciones analíticas, prolongación analítica y el Teorema de Uniformización, con el objetivo de establecer y probar dicho teorema para superficies simplemente conexas. La obra se basa en el libro 'A Primer on Riemann Surfaces' de A.F. Beardon y busca ofrecer una introducción accesible a este tema complejo.
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Superficies de Riemann

Víctor Carrasco Yllanes


Superficies de Riemann

Víctor Carrasco Yllanes

Memoria presentada como parte de los requisitos


para la obtención del título de Grado en Matemá-
ticas por la Universidad de Sevilla.

Tutorizada por

Prof. Tutor Juan Carlos García Vázquez


Índice general

English Abstract 1

Introducción 3

1. Superficies de Riemann 5

1.1. Superficies . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5

1.2. Superficies de Riemann . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8

1.3. Ejemplos de Superficies de Riemann: La esfera compleja y el logaritmo 9

1.3.1. La esfera de Riemann . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9

1.3.2. El logaritmo complejo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 10

1.4. Superficies Cocientes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12

2. Funciones analíticas 17

2.1. Funciones analíticas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17

2.2. El principio de extensión analítica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 18

2.3. El Teorema de la función abierta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19

2.4. Superficies conformemente equivalentes . . . . . . . . . . . . . . . . 20

2.5. Comportamiento local de una función analítica . . . . . . . . . . . . . 21


ii superficies de riemann

3. Prolongación analítica, gérmenes y superficies recubridoras 25

3.1. Prolongación Analítica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25

3.2. El espacio de los gérmenes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27

3.3. Prolongación a lo largo de curvas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 32

3.4. Superficies recubridoras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 32

3.5. El Teorema de Monodromía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35

3.6. Superficies Simplemente Conexas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 38

4. Funciones Subarmónicas 45

4.1. Funciones armónicas y conjugadas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45

4.2. Algunas propiedades de las funciones armónicas . . . . . . . . . . . . 49

4.3. La desigualdad de Harnack . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 51

4.4. Funciones subarmónicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 53

4.5. Familias de Perron . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57

4.6. El Problema de Dirichlet . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61

4.7. Funciones de Green . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65

4.8. Clasificación de la superficies de Riemann. . . . . . . . . . . . . . . . 71

5. Teorema de Uniformización Superficies de Riemann simplemente co-


nexas 77

5.0.1. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 89

Bibliografía 91
English Abstract

These notes are an introduction to the classic complex analysis object known as
Riemann surfaces. The ultimate goal of this dissertation is to state and prove the Rie-
mann Mapping Theorem. This result will allow us to classify simply connected Rie-
mann Surfaces, asserting that every such surface is equivalent to one and only one of
the following surfaces: the unit disc, the Riemann sphere or the complex plane.
With this aim in mind, first we will define Riemann Surfaces and give some exam-
ples. Then we will study differentiable functions over these surfaces as well as some
of their properties. We will stop to better understand analytic continutation and we
will learn about germs and covering surfaces, giving mayor results about these sub-
jets such as the Monodromy Theorem. Following that, we will dive into the world
of subarmonics functions, familiarizing ourselves with Perron families, the Dirichlet
problem in Riemann surfaces and Green’s functions. This last part will end with a
classification of Riemann surfaces, paving the way for the main result of this work.
Then we will finally be able to establish The Riemann Mapping Theorem and give its
proof, concluding this dissertation.
Introducción

El objetivo de esta memoria es introducir al lector a un objeto de estudio clásico


del análisis complejo: las superficies de Riemann.
Aunque Riemann concibió originalmente estas superficies como un objeto intrínseca-
mente conectado a las funciones analíticas, aquí nos resultará más conveniente defi-
nirlas primero de forma abstracta. De esta manera podemos dar ejemplos de las misma
sin necesidad de pasar primero por un estudio de funciones y prolongación analítica.
En este trabajo intentaremos hacer uso de la menor cantidad de resultados topológi-
cos posible, buscando que el lector se pueda familiarizar lo más rápido posible con
nuestro objeto de estudio.

La meta final de estas notas es enunciar y probar el Teorema de Uniformización


para superficies de Riemann simplemente conexas, obteniendo así una clasificación
de las mismas. Con este objetivo en mente, comenzaremos en el primer capítulo defi-
niendo y familiarizándonos con dichas superficies, y dedicaremos el segundo capítulo
a estudiar las funciones analíticas sobre estas.
En el tercer capítulo nos detendremos a entender mejor la prolongación de funciones
analíticas sobre superficies de Riemann e introduciremos y estudiaremos el espacio de
gérmenes de una función. Veremos la relación que existe entre estos últimos y las fun-
ciones analíticas, y estudiaremos como construir una superficie de Riemann a partir
de ellos. Terminaremos este capítulo estudiando superficies recubridoras y probare-
mos resultados importantes relativos a estas como el Teorema de Monodromía.
El cuarto capítulo esta dedicado al estudio de las funciones subarmónicas, que juga-
rán un papel clave en la demostración del resultado principal de este trabajo. Aquí
veremos varios conceptos importantes como el problema de Dirichlet (sobre nuestro
objeto de estudio) y las funciones de Green.
Finalizaremos el quinto capítulo enunciando y demostrando dicho Teorema.

Este trabajo sigue principalmente el libro A Primer on Riemann Surfaces de A.F.


4 superficies de riemann

Beardon ([1]) que al igual que nosotros, tiene como meta final llegar con la menor ex-
tensión y de la forma más autocontenida posible al Teorema de Uniformización para
superficies de Riemann simplemente conexas.
Sin embargo, además este libro demuestra el Teorema de Uniformización para toda
superficie de Riemann (sean o no simplemente conexas), objetivo que inicialmente
tenía también este trabajo, pero que por tiempo y extensión al final no incluiremos
aquí. No obstante, sí daremos el enunciado de este resultado así como todo lo necesa-
rio para poder comprenderlo.
Nuestra motivación para usar [1] recae en parte en que este hace uso en la menor me-
dida posible de los resultados de geometría diferencial sobre variedades, que nosotros
evitaremos totalmente.

Durante esta memoria usaremos, dándolos por conocidos, varios resultados y defi-
niciones vistos durante el Grado, como el Teorema de Liouville o el Teorema de Rou-
ché. La mayoría de los mismos pertenecen al campo del análisis complejo y se ven
en las asignaturas Funciones de Variable Compleja y Variable Compleja. Igualmente,
podemos encontrar todos ellos en [3].

Este estudio está motivado por la curiosidad de descubrir cómo un objeto que,
en principio, parece muy abstracto, general y difícil de abarcar, realmente tiene una
forma muy restringida y se puede clasificar en tres clases fácilmente distinguibles.
1 Superficies de Riemann

En este primer capítulo definiremos una superficie de Riemann a partir de una


superficie abstracta y daremos algunos ejemplos de las mismas. Terminaremos el ca-
pítulo explicando cómo construir superficies de Riemann tomando espacios cocientes.
Para este capítulo nos basaremos principalmente en [1, Ch 3], aunque también nece-
sitaremos algunos resultados topológicos de [1, Ch 2].

1.1 Superficies

Intuitivamente, una superficie 𝑆 es un espacio topológico tal que es localmente


homeomorfo a un abierto de ℂ. A pesar de que normalmente solemos pensar en las
superficies dentro de ℝ3 , la idea aquí va a ser definirlas por sí mismas, sin necesidad
de discutir la existencia de un espacio de dimensión superior que las contenga.
Definición 1.1 (Superficie). Definimos una superficie 𝑆 como un espacio topoló-
gico dotado de una familia de funciones  = {𝜙𝛼 ∶ 𝛼 ∈ 𝐴′ } que cumple las siguientes
propiedades:

1. 𝑆 es un espacio topológico Hausdorff conexo;


2. Cada 𝜙𝛼 es un homeomorfismo que va de un domino (conjunto abierto y conexo)
𝑈𝛼 ⊆ 𝑆 a un subconjunto abierto 𝐷𝛼 ⊆ ℂ;
3. {𝑈𝛼 ∶ 𝛼 ∈ 𝐴′ } es un recubrimiento abierto de 𝑆.

Decimos que la familia  = {𝜙𝛼 ∶ 𝛼 ∈ 𝐴′ } es un atlas de 𝑆. A veces será conveniente


escribir el atlas como {(𝜙𝛼 , 𝑈𝛼 ) ∶ 𝛼 ∈ 𝐴′ } mencionando el 𝑈𝛼 explícitamente.

Por comodidad, con frecuencia usaremos solamente 𝑆 para referirnos a la super-


ficie.
6 superficies de riemann

Si 𝑥 ∈ 𝑆, entonces 𝑥 pertenece a algún 𝑈𝛼 que es homeomorfo a un 𝐷𝛼 . Consecuen-


temente 𝜙−1
𝛼
lleva el sistema de coordenadas de 𝐷𝛼 a 𝑈𝛼 . De hecho:
𝑑𝛼 (𝑦, 𝑦′ ) = |𝜙𝛼 (𝑦) − 𝜙𝛼 (𝑦′ )| con 𝑦, 𝑦′ ∈ 𝑈𝛼
es una distancia en 𝑈𝛼 y por tanto localmente podemos dotar a 𝑆 de estructura de
espacio métrico.
Supongamos ahora que 𝑥 ∈ 𝑈𝛼 . Para cada 𝜀 > 0 lo suficientemente pequeño, el
homeomorfismo 𝜙𝛼 proyecta el conjunto:
𝑁 = {𝑦 ∈ 𝑈𝛼 ∶ 𝑑𝛼 (𝑦, 𝑥) < 𝜀} = 𝜙−1
𝛼
({𝑧 ∶ |𝑧 − 𝜙𝛼 (𝑥)| < 𝜀})
a un disco abierto en ℂ. Decimos que 𝑁 es un disco paramétrico abierto con centro
en 𝑥 y radio 𝜀. Los discos cerrados, definidos de la manera obvia, son subconjuntos
compactos de 𝑆.

Como 𝑈𝛼 es homeomorfo a un subconjunto abierto de ℂ, debe existir una sucesión


de discos paramétricos abiertos {𝑄𝑛 }𝑛≥1 con centro en 𝑥 ∈ 𝑈𝛼 tales que:

1. 𝑄𝑛+1 ⊂ 𝑄𝑛 ;
⋂∞
2. 𝑛=1 𝑄𝑛 = {𝑥};
3. Si 𝑥 ∈ 𝑈 ⊂ 𝑆 ⇒ 𝑄𝑛 ⊂ 𝑈 para todo 𝑛 lo suficientemente grande.

Llamamos regiones paramétricas de 𝑆 a los 𝑈𝛼 y cartas a los homeomorfismos


𝜙𝛼 .
Definición 1.2 (Funciones de transición). Si 𝑈𝛼 y 𝑈𝛽 tienen intersección no va-
cía, entonces llamamos función de transición al homeomorfismo 𝑡𝛽𝛼 = 𝜙𝛽 (𝜙𝛼 )−1 que
lleva 𝜙𝛼 (𝑈𝛼 ∩ 𝑈𝛽 ) en 𝜙𝛽 (𝑈𝛼 ∩ 𝑈𝛽 ) (ambos subconjuntos abiertos de ℂ).

Figura 1.1:
Función de transición entre dos cartas de una superficie de Riemann.
1. superficies de riemann 7

Podemos observar que 𝑡−1 𝛽𝛼


= 𝑡𝛼𝛽 y que además, si existe un 𝑈𝛾 tal que 𝑈𝛾 ∩ 𝑈𝛼 ∩
𝑈𝛽 ≠ ∅ entonces 𝑡𝛾𝛽 ◦ 𝑡𝛽𝛼 = 𝑡𝛾𝛼 .

A veces puede ser mas conveniente definir una superficie usando 𝜙−1 𝛼
en vez de
𝜙𝛼 . En estos casos requerimos de una familia {(𝜓𝛼 , 𝐷𝛼 ) ∶ 𝛼 ∈ 𝐴 } cumpliendo:

1. 𝜓𝛼 es un homeomorfismo de un subconjunto abierto 𝐷𝛼 de ℂ en un subconjunto


abierto de 𝑆;
2. {𝜓𝛼 (𝐷𝛼 ) ∶ 𝛼 ∈ 𝐴′ } es un recubrimiento abierto de 𝑆.

A 𝜓𝛼 lo llamamos carta inversa y decimos que {(𝜓𝛼 , 𝐷𝛼 ) ∶ 𝛼 ∈ 𝐴′ } es un atlas


inverso de S.

Dado un dominio 𝐷 contenido en la superficie 𝑆 podemos considerar 𝐷 como una


superficie con el atlas inducido {(𝜙𝛼 , 𝑈𝛼 ∩ 𝐷) ∶ 𝛼 ∈ 𝐴′ }. De esta forma, podemos ver
𝑆 como una extensión de 𝐷.
Teorema 1.1. Una superficie compacta no tiene extensiones no triviales.
Demostración. Sea D una superficie compacta. Supongamos que 𝐷 es un subcon-
junto compacto de un espacio Hausdorff 𝑆. Como 𝑆 también es conexo tenemos que
𝐷 = 𝑆 pues 𝐷 es cerrado y abierto a la vez, y por tanto 𝑆 es una extensión trivial de
𝐷.
Teorema 1.2. Una superficie es conexa por caminos.
Demostración. Sea 𝑥 un punto de 𝑆, definimos [𝑥] como el conjunto de los puntos
de 𝑆 que podemos unir a 𝑥 mediante una curva continua contenida en 𝑆. Ahora
para cada 𝑦 ∈ 𝑆, construyamos un disco paramétrico 𝑄 con centro en 𝑦. Tenemos
entonces que, o bien todos los puntos de 𝑄 se pueden unir a 𝑥 mediante una curva,
o bien ninguno puede. Por tanto [𝑥] y 𝑆 − [𝑥] son subconjuntos abiertos del espacio
conexo 𝑆 y por tanto 𝑆 = [𝑥] como queríamos probar.
Teorema 1.3. Sea 𝑆 una superficie. Las siguientes condiciones son equivalentes:

1. La topología de 𝑆 tiene una base numerable;


2. Existe una colección numerable de discos paramétricos abiertos que recubren 𝑆;
3. Existe una serie de subconjuntos compactos 𝐾1 , 𝐾2 , ... ⊆ 𝑆 tales que:
⋃∞
𝐾𝑛−1 ⊆ 𝐾𝑛 ∀𝑛 ≥ 1 y 𝑛=1 𝐾𝑛 = 𝑆
Demostración. (1) ⇒ (2)

Supongamos que {𝐵𝑛 }𝑛≥1 es una base numerable de la topología de 𝑆. Para cada
𝑗 ∈ ℕ escogemos, donde sea posible, un único disco paramétrico 𝑄𝑗 tal que 𝐵𝑗 ⊂ 𝑄𝑗
8 superficies de riemann

⇒ {𝑄𝑗 } es una familia numerable de discos paramétricos abiertos. Cada 𝑥 ∈ 𝑆 está


en algún disco 𝑄 (no necesariamente en uno de los 𝑄𝑗 ) y ha de existir algún 𝐵𝑗 tal
⋃∞
que 𝑥 ∈ 𝐵𝑗 y 𝐵𝑗 ⊂ 𝑄 ⇒ 𝑥 ∈ 𝑄𝑗 ⇒ 𝑗=1 𝑄𝑗 = 𝑆.
(2) ⇒ (1) Cada disco paramétrico tiene una base numerable al ser homeomorfo a
un disco de ℂ. Por tanto, si vamos tomando estas bases a través de los discos paramé-
tricos, la unión de estas forma una base numerable de 𝑆.
(3) ⇒ (2) Si se tiene (3), cada 𝐾𝑛 se puede recubrir por un número finito de discos
paramétricos y por tanto se tiene (2).
(2) ⇒ (3) Si 𝑆 tiene un recubrimiento abierto numerable de discos paramétricos,
podemos observar que cada uno de estos discos es unión numerable de discos para-
métricos compactos. Por tanto 𝑆 es la unión de una serie de conjuntos compactos
⋃𝑛
{𝐸𝑛 }𝑛≥1 . Si escribimos ahora 𝐾𝑛 = 𝑗=1 𝐸𝑗 , tenemos (3).

1.2 Superficies de Riemann

Una superficie se dice de Riemann si el cambio de un sistema de coordenadas a


otro es holomorfo. Formalicemos esta definición:
Definición 1.3 (Superficie de Riemann). Una superficie 𝑆 es una Superficie de
Riemann si las funciones de transición 𝑡𝛽𝛼 son holomorfas cuando están definidas.
Al atlas  de 𝑆 lo llamamos atlas analítico.

Podemos considerar un subdominio 𝐷 ⊂ ℂ como una superficie de Riemann to-


mando el atlas trivial formado por un solo elemento (la función identidad). Este es el
atlas estándar de 𝐷 y siempre consideraremos implícitamente 𝐷 con dicho atlas a
menos que digamos lo contrario.
No toda superficie es de Riemann, basta considerar una función de transición no ho-
lomorfa.
En general, definiremos conceptos relativos a las superficies de Riemann solo cuan-
do estos se mantengan invariantes mediante transformaciones biholomorfas. Como
ejemplo de esto, definiremos ahora el ángulo entre dos curvas diferenciables que se
cortan en un punto 𝑥 de una superficie de Riemann 𝑅.
Sean dos curvas 𝛾 y 𝜎 que se cortan en el punto 𝑥 ∈ 𝑅. Si 𝑥 ∈ 𝑈𝛼 podemos aplicarle
𝜙𝛼 y obtenemos así dos curvas imagenes, 𝛾𝛼 = 𝜙𝛼 (𝛾), 𝜎𝛼 = 𝜙𝛼 (𝜎) las cuales se cruzan
en el punto 𝑥𝛼 = 𝜙𝛼 (𝑥) ∈ ℂ. Las curvas 𝛾 y 𝜎 son lisas si 𝛾𝛼 , 𝜎𝛼 ∈  1 (son derivables
1. superficies de riemann 9

con derivada continua) y en dicho caso existe un ángulo bien definido 𝜃𝛼 entre 𝛾𝛼 y
𝜎𝛼 en 𝑥𝛼 . Si 𝑥 yace también en otra región paramétrica 𝑈𝛽 , podemos repetir el mis-
mo argumento usando 𝜙𝛽 . Por definición de Superficie de Riemann, las funciones de
transición son biholomorfas donde estén definidas. Por tanto, 𝑡𝛽𝛼 preserva los ángulos
en 𝑥𝛼 y en consecuencia 𝜃𝛽 = 𝜃𝛼 .
Se tiene entonces que el valor de 𝜃𝛼 no depende de la región paramétrica a la que
pertenezca 𝑥 que elijamos y que, por tanto, podemos definirlo simplemente como el
ángulo entre 𝛾 y 𝜎 en 𝑅.

Podemos darle la vuelta a esta idea. Sea una superficie 𝑆 en la que podemos definir
ángulos entre curvas de manera natural (Por ejemplo, si 𝑆 es una superficie lisa en
ℝ3 ). Si las cartas 𝜙𝛼 ∶ 𝑈𝛼 → 𝐷𝛼 preservan estos ángulos, entonces todas las funciones
de transición los preservan. Por tanto, las funciones de transición son holomorfas y
𝑆 es una superficie de Riemann. Concluimos de esta forma que una superficie es de
Riemann si podemos definir ángulos en esta de manera natural y las cartas 𝜙𝛼 los
preservan.

1.3 Ejemplos de Superficies de Riemann: La esfera


compleja y el logaritmo

En esta sección vamos a dar un par de ejemplos típicos de superficies de Riemann.

1.3.1 La esfera de Riemann

Primero, dotaremos a la esfera unidad 𝑆 = {(𝑥, 𝑦, 𝑡) ∶ 𝑥2 + 𝑦2 + 𝑡2 = 1} ⊂ ℝ3 de


una estructura de superficie de Riemann.
Si tomamos ℂ∞ (el plano complejo junto con el punto ∞ representando el infinito)
podemos construir un homeomorfismo entre este y 𝑆. Para cada 𝑧(= 𝑥 + 𝑖𝑦) ∈ ℂ,
podemos proyectar linealmente 𝑧 hacia 𝜁1 = (0, 0, 1) hasta que corte a 𝑆 en un punto
distinto de 𝜁1 al que denotamos 𝑝(𝑧). Además, definimos la imagen del infinito como
𝑝(∞) = 𝜁1 . Podemos calcular las ecuaciones de esta proyección explícitamente y nos
queda:
( )
2𝑥 2𝑦 |𝑧|2 − 1
𝑝(𝑧) = , ,
|𝑧|2 + 1 |𝑧|2 + 1 |𝑧|2 + 1
10 superficies de riemann

Figura 1.2:
Proyección de un punto del plano en la esfera sin su polo norte.

Observamos que 𝑝 es un homeomorfismo de ℂ en 𝑆 ⧵ {𝜁1 }. Esto implica que subcon-


juntos compactos de ℂ se proyectan a subconjuntos compactos de 𝑆 ⧵ {𝜁1 } , y por
tanto 𝑝 es un homeomorfismo de ℂ∞ en 𝑆.

Para ver 𝑆 como una superficie de Riemann, tomamos 𝑈1 = 𝑆 ⧵ {𝜁1 } y 𝑈2 =


𝑆 ⧵ {𝜁2 = (0, 0, −1)}. Definamos ahora los homeomorfismos 𝜙𝑗 en 𝑈𝑗 como:
𝑥 + 𝑖𝑦 𝑥 − 𝑖𝑦
𝜙1 (𝑥, 𝑦, 𝑡) = , 𝜙2 (𝑥, 𝑦, 𝑡) =
1−𝑡 1+𝑡
y dotemos a 𝑆 del atlas {𝜙1 , 𝜙2 }.
𝑥2 + 𝑦2
Como 𝜙1 (𝑥, 𝑦, 𝑡)𝜙2 (𝑥, 𝑦, 𝑡) = 2 = 1 cuando 𝑡2 ≠ 1, las funciones de transición
𝑡 −1
son de la forma 𝑧 → 1𝑧 en ℂ ⧵ {0}. Por tanto, 𝑆 es una superficie de Riemann con este
atlas.
Observemos ahora que 𝜙1 = 𝑝−1 , lo que nos permite trasmitir el atlas de 𝑆 a un atlas
de ℂ∞ . Obtenemos así el atlas:
⎧𝜓 (𝑧) = 𝜙 (𝑝(𝑧)) = 𝑧 ∀𝑧 ∈ ℂ,
⎪ 1 1
⎨ 1
⎪𝜓2 (𝑧) = 𝜙2 (𝑝(𝑧)) = ∀𝑧 ∈ ℂ∞ ⧵ {0}.
⎩ 𝑧
Llamamos a ℂ∞ el plano complejo extendido y con el atlas {𝜓1 , 𝜓2 } es una super-
ficie de Riemann homeomorfa a 𝑆.

1.3.2 El logaritmo complejo

Para construir una superficie de Riemann en la que podamos ver el logaritmo como
una función univaluada (le asigna a cada punto 𝜁 en la superficie un único valor de
1. superficies de riemann 11

log(𝜁)) necesitamos (al menos) tanta copias de 𝑧 como valores de log(𝑧) haya. Por
tanto tomaremos un número infinito numerable de copias de ℂ ⧵ {0} y procederemos
intuitivamente de la siguiente forma: "cortamos" estas copias a lo largo del eje real
negativo (−∞, 0] y las "pegamos" de tal forma que 𝑧 se mueva de manera continua a
través de la superficie creada. Así, la función log(𝑧) (definida acordemente) es continua
y univaluada sobre esta.
Para ser más precisos, llamaremos ℂ𝑛 (con 𝑛 ∈ ℤ) a las copias de ℂ ⧵ {0} y 𝑐 𝑛 y 𝑐𝑛 a
los lados "superior" e "inferior" respectivamente del corte hecho en ℂ𝑛 . Ahora unimos
𝑐 𝑛 con 𝑐𝑛+1 formando así una rampa en espiral, como podemos ver para 1 < |𝑧| < 2
en la Figura 1.3.

Figura 1.3:
Pegado de las copias del plano complejo.

Si 𝑧 está en ℂ𝑛 le damos a log(𝑧) el valor ln|𝑧| + 𝑖𝜃 donde 𝜃 es el único 𝑎𝑟𝑔(𝑧) tal


que −𝜋 < 𝜃 − 2𝑛𝜋 ≤ 𝜋.
Veamos ahora que nuestra construcción cumple los requerimientos para ser una su-
perficie de Riemann. Consideremos 𝑅 = {(𝑧, 𝑤) ∶ 𝑧 = exp(𝑤), 𝑤 ∈ ℂ} que como
subconjunto de ℂ × ℂ hereda su topología Hausdorff. Primero, definimos una función
𝜙 ∶ 𝑅 → ℂ dada por (𝑧, 𝑤) → 𝑧, que podemos ver como una proyección vertical de
la rampa al plano en la Figura 1.3. Sea ahora 𝐷𝑤 un disco abierto en ℂ centrado en
𝑧1 = exp(𝑤) tal que 0 ∉ 𝐷𝑤 . Entonces:

𝑑𝜁
𝐿𝑤 (𝑧) = 𝑤 + (con 𝛾(𝑧) una curva de 𝑧1 a 𝑧 en 𝐷𝑤 )
∫𝛾(𝑧) 𝜁

es una elección holomorfa y univaluada del logaritmo en 𝐷𝑤 , que toma el valor 𝑤 en


𝑧1 . Como (𝑧, 𝐿𝑤 (𝑧)) ∈ 𝑅, podemos definir 𝑈𝑤 = {(𝑧, 𝐿𝑤 (𝑧)) ∶ 𝑧 ∈ 𝐷𝑤 } que es un
entorno del punto (exp(𝑤), 𝑤) contenido en 𝑅.
12 superficies de riemann

Sea ahora 𝜙𝑤 la restricción de 𝜙 a 𝑈𝑤 , si consideramos las cartas {𝜙𝑤 , 𝑈𝑤 }, estas


nos permiten dar a 𝑅 estructura de superficie de Riemann. Dados dos puntos 𝜁𝑖 =
(exp(𝑤𝑖 ), 𝑤𝑖 ) = (𝑧𝑖 , 𝐿𝑤𝑖 (𝑧𝑖 )) ∈ 𝑅 (con 𝑖 = 1, 2) las funciones de transición de 𝑅 son
de la forma
⎧𝑧 = 𝑅𝑒𝑖𝜃 si 𝜁1 , 𝜁2 ∈ ℂ𝑛

𝑡2,1 (𝑧 = 𝑅𝑒𝑖𝜃 ) = ⎨𝑧 = 𝑅𝑒𝑖(𝜃−2𝜋) si 𝜁1 ∈ ℂ𝑛 y 𝜁2 ∈ ℂ𝑛−1
⎪𝑧 = 𝑅𝑒𝑖(𝜃+2𝜋) si 𝜁1 ∈ ℂ𝑛−1 y 𝜁2 ∈ ℂ𝑛

con lo que 𝑡2,1 realmente actúa como la identidad y es consecuentemente holomorfa.
Además, el logaritmo queda representado por la proyección 𝜑 ∶ (𝑧, 𝑤) → 𝑤 sobre
nuestra superficie.

1.4 Superficies Cocientes

En esta sección vamos a ver que las superficies de Riemann se pueden construir
como espacios cocientes 𝐷∕𝐺 donde 𝐺 es un grupo de homeomorfisimos de un sub-
conjunto abierto y conexo 𝐷 ⊂ ℂ∞ en sí mismo. Al final de este trabajo enunciaremos
un resultado afirmando que, de hecho, toda superficie de Riemann puede construirse
de esta forma.
Antes de poder dar el resultado que buscamos probar en esta sección, necesitamos
hacer un paréntesis topológico.
Definición 1.4. Sean (𝑋, 𝑇 ) un espacio topológico, 𝑌 un conjunto y 𝑓 ∶ 𝑋 → 𝑌
una función. Llamamos topología cociente 𝑇𝑓 inducida por 𝑓 a la dada por:

𝐵 ∈ 𝑇𝑓 ⇐⇒ 𝑓 −1 (𝐵) ∈ 𝑇

Definición 1.5. Dado 𝐺 un grupo de homeomorfismos de 𝑋 en sí mismo, llamamos


𝐺-órbita de un punto 𝑥 ∈ 𝑋 al conjunto:

𝐺(𝑥) = {𝑔(𝑥) ∶ 𝑔 ∈ 𝐺}

Además, definimos el conjunto de 𝐺-órbitas de 𝑋 como el espacio cociente 𝑋∕𝐺 en el que


dados 𝑥1 , 𝑥2 ∈ 𝑋, [𝑥1 ] = [𝑥2 ] si solo si existen 𝑥 ∈ 𝑋 y 𝑔1 , 𝑔2 ∈ 𝐺 tales que 𝑔1 (𝑥) = 𝑥1
y 𝑔2 (𝑥) = 𝑥2 .
Teorema 1.4. Sea 𝐺 un grupo de homeomorfismos de un espacio 𝑋 en sí mismo y
𝑓 ∶ 𝑋 → 𝑋∕𝐺 una proyección que manda cada punto de 𝑋 en su 𝐺-órbita.
Entonces f es continua, abierta y sobreyectiva.
1. superficies de riemann 13

Demostración. Si 𝐴 es un subconjunto abierto de 𝑋, entonces



𝑓 −1 (𝑓 (𝐴)) = 𝑔(𝐴)
𝑔∈𝐺

que es un conjunto abierto ya que cada 𝑔 ∈ 𝐺 es un homeomorfismo. Por tanto,


𝑓 (𝐴) ∈ 𝑇𝑓 y 𝑓 es abierta.
Teorema 1.5. Sea 𝑓 ∶ 𝑋 → 𝑌 una función sobreyectiva de un espacio 𝑋 a 𝑌
espacio dotado de la topología cociente inducida por 𝑓 . Entonces, para cualquier función
𝑔 ∶ 𝑌 → 𝑊 , (con 𝑊 otro espacio cualquiera) la composición ℎ = 𝑔 ◦ 𝑓 ∶ 𝑋 → 𝑊
cumple:

1. ℎ es sobreyectiva ⇐⇒ 𝑔 es sobreyectiva;
2. ℎ es continua ⇐⇒ 𝑔 es continua;
3. ℎ es abierta ⇐⇒ 𝑔 es abierta; 𝑓 y 𝑔 son abiertas ⇐⇒ ℎ es abierta;
Demostración. Empecemos observando que ℎ(𝑋) = 𝑔(𝑓 (𝑋)) = 𝑔(𝑌 ) ⊂ 𝑊 , con lo
que ℎ es sobreyectiva si solo si 𝑔 lo es y se tiene (1).
Como 𝑓 es continua, ℎ es continua donde lo sea 𝑔. Sea ahora 𝐴 un subconjunto abierto
de 𝑊 y observemos que ℎ−1 (𝐴) = 𝑓 −1 (𝑔 −1 (𝐴)). Si ℎ es continua entonces 𝑔 −1 (𝐴) ∈
𝑇𝑓 y 𝑔 es continua, lo que prueba (2).
Al ser 𝑓 sobreyectiva, si 𝐵 ⊂ 𝑌 se tiene que:

ℎ(𝑓 −1 (𝐵)) = 𝑔(𝑓 (𝑓 −1 )) = 𝑔(𝐵)

Consecuentemente, si tomamos como 𝐵 un subconjunto abierto de 𝑌 , vemos que si


ℎ es abierta también lo es 𝑔. Para concluir, observamos que si 𝑓 y 𝑔 son abiertas,
también lo ha de ser ℎ = 𝑔 ◦ 𝑓 .

Recordemos que una transformación de Möbius es un homeomorfismo de ℂ∞ en


sí mismo de la forma:
𝑎𝑧 + 𝑏
𝑔(𝑧) = con 𝑎, 𝑏, 𝑐, 𝑑 ∈ ℂ tales que 𝑎𝑑 − 𝑐𝑏 ≠ 0,
𝑐𝑧 + 𝑑
que tiene a lo sumo dos puntos fijos.
Nuestra construcción se basa en encontrar un grupo de transformaciones de Möbius
con ciertas propiedades y tomar cociente por este.
Teorema 1.6. Sea 𝐷 ⊂ ℂ∞ y 𝐺 un grupo de transformaciones de Möbius con las
siguientes propiedades:
14 superficies de riemann

1. 𝑔(𝐷) = 𝐷 ∀𝑔 ∈ 𝐺;
2. 𝑔 ∈ 𝐺 y 𝑔 ≠ id ⇐⇒ los puntos fijos de 𝑔 no pertenecen a 𝐷;
3. Para cada 𝐾 ⊂ 𝐷 compacto, el conjunto: {𝑔 ∈ 𝐺 ∶ 𝑔(𝐾) ∩ 𝐾 ≠ ∅} es finito.

Entonces el espacio de 𝐺-órbitas 𝐷∕𝐺 hereda de manera natural un atlas analítico de


𝐷. Consecuentemente, podemos darle a 𝐷∕𝐺 estructura de superficie de Riemann.
Demostración. Sea 𝑞 ∶ 𝐷 → 𝐷∕𝐺 la función que lleva 𝑧 en su 𝐺-órbita 𝐺(𝑧). Por el
Teorema 1.4, sabemos que si dotamos a 𝐷∕𝐺 de la topología cociente 𝑇𝑞 , 𝑞 es abierta,
continua y sobreyectiva. Como 𝐷 es conexo y 𝑞 continua, 𝐷∕𝐺 es conexo.
Veamos que 𝐷∕𝐺 es Hausdorff. Tomemos 𝑞(𝑤1 ), 𝑞(𝑤2 ) dos puntos distintos de 𝐷∕𝐺
con 𝑤1 ≠ 𝑤2 en 𝐷. Definimos
𝑟 𝑟
𝐴𝑛 = {𝑧 ∶ |𝑧 − 𝑤1 | < }, 𝐵𝑛 = {𝑧 ∶ |𝑧 − 𝑤2 | < }
𝑛 𝑛
con 𝑟 > 0 lo suficientemente pequeño como para que 𝐾 = 𝐴̄ 1 ∪ 𝐵̄ 1 ⊂ 𝐷.
Supongamos ahora por reducción al absurdo que 𝑞(𝐴𝑛 ) ∩ 𝑞(𝐵𝑛 ) ≠ ∅ ∀𝑛 ∈ ℕ. Esto
implica la existencia un 𝑎𝑛 ∈ 𝐴𝑛 y un 𝑔𝑛 ∈ 𝐺 tales que 𝑔𝑛 (𝑎𝑛 ) ∈ 𝐵𝑛 . Por tanto,
∅ ≠ 𝑔𝑛 (𝐴𝑛 ) ∩ 𝐵𝑛 ⊂ 𝑔𝑛 (𝐾) ∩ 𝐾.
Como 𝐾 es compacto, deducimos por (3) que el conjunto {𝑔1 , 𝑔2 , ...} es finito, y con-
secuentemente que para la sucesión {𝑔𝑛 }𝑛≥1 , existe un 𝑛0 tal que 𝑔𝑛 = 𝑔 ∀𝑛 ≥ 𝑛𝑜 .
Tenemos entonces
𝑤2 = ĺım 𝑔𝑛 (𝑎𝑛 ) = ĺım 𝑔(𝑎𝑛 ) = 𝑔(𝑤1 )
𝑛→∞ 𝑛→∞
y por tanto 𝑞(𝑤1 ) = 𝑞(𝑤2 ), contrario a nuestra elección. Podemos concluir entonces
que para algún 𝑛 nuestra suposición falla y 𝑞(𝐴𝑛 ), 𝑞(𝐵𝑛 ) son subconjuntos abiertos
disjuntos de 𝐷∕𝐺 que separan a 𝑞(𝑤1 ) y 𝑞(𝑤2 ).
Por último, debemos definir un atlas analítico para 𝐷∕𝐺, para lo que usaremos (2) y
(3). Para cada 𝑧 ∈ 𝐷 tomamos un disco compacto 𝐾 ⊂ 𝐷 centrado en 𝑧. Para cada 𝑔
yo puedo encontrar un 𝐾 entorno compacto de 𝑧 tal que 𝑔(𝐾) ∩ 𝐾 = ∅ porque 𝑧 no es
un punto de fijo de 𝑔 para ningún 𝑔 ∈ 𝐺 distinto de la identidad. Por (3) sabemos que
solo hay un número finito de 𝑔 ∈ 𝐺 tales que 𝑔(𝐾) ∩ 𝐾 ≠ ∅, con lo que si tomamos
un radio de 𝐾 lo suficientemente pequeño, podemos asumir que 𝑔(𝐾) ∩ 𝐾 = ∅ para
todo 𝑔 ≠ id. Usando estos dos puntos podemos tomar un entorno compacto 𝐾 de 𝑧
lo suficientemente pequeño para asumir que 𝑔(𝐾) ∩ 𝐾 = ∅ para todo 𝑔 ∈ 𝐺 ⧵ {id}.
Escogemos un 𝐾 de esta forma, llamamos a su interior 𝐾𝑧 y denotamos por 𝑞𝑧 a
la restricción de 𝑞 a 𝐾𝑧 , que es biyectiva y por tanto un homeomorfismo de 𝐾𝑧 en
𝑞𝑧 (𝐾𝑧 ) ⊂ 𝐷∕𝐺. Estos subconjuntos abiertos forman un recubrimiento de 𝐷∕𝐺 y las
proyecciones
𝑞𝑧 ∶ 𝐾𝑧 → 𝑞𝑧 (𝐾𝑧 )
1. superficies de riemann 15

conforman un atlas inverso para la superficie. Las funciones de transición son de la


forma (𝑞𝑤 )−1 (𝑞𝑧 ) con 𝑧, 𝑤 ∈ 𝐷. Si fijamos ahora un 𝜁 en el dominio de esta función,
se tiene que 𝜉 = (𝑞𝑤 )−1 (𝑞𝑧 (𝜁)) = 𝑔(𝜁) para algún 𝑔 ∈ 𝐺. Por tanto 𝑞 = (𝑞 ◦ 𝑔) en 𝐷
y como 𝑞 = 𝑞𝑧 cerca de 𝜁 y 𝑞 = 𝑞𝑤 cerca de 𝜉 se tiene que 𝑞𝑧 = (𝑞𝑤 ◦ 𝑔) cerca de 𝜁.
Podemos concluir entonces que (𝑞𝑤 )−1 (𝑞𝑧 ) = 𝑔 cerca de 𝜁 y por tanto es holomorfa.
Finalmente podemos concluir que 𝐷∕𝐺 es una superficie de Riemann.

Terminamos la sección y este primer capítulo ilustrando esta construcción con un


ejemplo:
Ejemplo 1.1: Sea 𝐷 = ℂ y 𝐺 = {𝑔 ∶ ℂ → ℂ, 𝑧 → 𝑧 + 𝑛𝜔1 + 𝑚𝜔2 } con 𝑛, 𝑚 ∈ ℤ y
donde 𝜔1 y 𝜔2 son vectores linealmente independientes sobre ℝ2 fijos. ℂ y 𝐺 cumplen
las hipótesis del Teorema 1.6, por lo que ℂ∕𝐺 es una superficie de Riemann. Veamos
que esta superficie es topológicamente equivalente a un toro.
Una forma de verlo es construir el paralelogramo 𝑃 de vértices 0, 𝜔1 , 𝜔2 y 𝜔1 +
𝜔2 . Observamos que para cada punto en los lados de 𝑃 , existe otro punto en el lado
opuesto que pertenece a la misma 𝐺-órbita. 𝑃 contiene al menos un punto de cada
órbita, por lo que intuitivamente podemos construir ℂ∕𝐺 pegando los lados opuestos
de 𝑃 (Como se ve en la figura 1.4)

Figura 1.4:
Construcción de un toro como superficie cociente.

Además de esta construcción intuitiva, vamos a dar una construcción más analítica
de esta superficie cociente.
Cada punto 𝑧 del plano puede expresarse de manera única como combinación lineal
de 𝜔1 y 𝜔2 : 𝑧 = 𝑎𝜔1 + 𝑏𝜔2 , con 𝑎, 𝑏 ∈ ℝ. Sean ahora 𝑆 ⊂ ℂ la circunferencia unidad
y 𝑆 × 𝑆 el correspondiente espacio producto. Existe una función de ℂ en 𝑆 × 𝑆 dada
por:
𝑎𝜔1 + 𝑏𝜔2 ←→ (𝑒2𝜋𝑖𝑎 , 𝑒2𝜋𝑖𝑏 )
16 superficies de riemann

De hecho, esta función es la composición de la función 𝑓 dada por 𝑧 → 𝐺(𝑧) con la


función 𝑔 que lleva la órbita 𝐺(𝑧) = {𝑛𝑎𝜔1 +𝑚𝑏𝜔2 ∶ 𝑛, 𝑚 ∈ ℤ} (donde 𝑎𝜔1 +𝑏𝜔2 ∈ 𝑃 )
en el par ordenado (𝑒2𝜋𝑖𝑎 , 𝑒2𝜋𝑖𝑏 ). Por los Teoremas 1.4 y 1.5 sabemos que ℎ = 𝑔 ◦ 𝑓
es un homeomorfismo y consecuentemente ℂ∕𝐺 es homeomorfo a 𝑆 × 𝑆. Un toro
puede ser parametrizado usando el espacio 𝑆 ×𝑆, con lo que ℂ∕𝐺 es topológicamente
equivalente a un toro.
2 Funciones analíticas

En este capítulo definiremos funciones analíticas entre superficies de Riemann y


discutiremos varias de sus propiedades. También nos pararemos a ver cuándo po-
demos decir que dos superficies de Riemann son conformemente equivalentes. Con
este objetivo, seguiremos principalmente el [1, Ch 4], aunque también necesitaremos
algunos resultados de [1, Ch 1].

2.1 Funciones analíticas

Sean 𝑆 y 𝑅 superficies de Riemann con los atlas {(𝜙𝛼 , 𝑈𝛼 )} y {(𝜓𝛽 , 𝑉𝛽 )} respecti-


vamente. Toda función 𝑓 ∶ 𝑅 → 𝑆 se puede expresar localmente como composición
de la funciones:
𝑓𝛽,𝛼 = 𝜓𝛽 ◦ 𝑓 ◦ (𝜙𝛼 )−1 (2.1)
Observemos que 𝑓𝛽,𝛼 está definida en 𝜙𝛼 (𝑈𝛼 ∩𝑓 −1 (𝑉𝛽 )) ⊂ ℂ. Además, si 𝑓 es continua,
este conjunto es abierto.
Definición 2.1. Sean 𝑅 y 𝑆 superficies de Riemann. Decimos que una función con-
tinua 𝑓 ∶ 𝑅 → 𝑆 es analítica en 𝑅 si cada 𝑓𝛽,𝛼 es holomorfa.
Teorema 2.1. Una función 𝑓 es meromorfa sobre un dominio 𝐷 de ℂ si solo si
𝑓 ∶ 𝐷 → ℂ∞ es analítica.
Demostración. Supongamos que 𝑓 es meromorfa en 𝐷. Para cada 𝑝 polo de 𝑓 , defi-
nimos 𝑓 (𝑝) = ∞ con lo que 𝑓 ∶ 𝐷 ←→ ℂ∞ es continua. Como 𝐷 es un dominio de ℂ,
𝜙𝛼 es la identidad en 2.1. Además, 𝜓𝛽 es la identidad cerca de los ceros de 𝑓 , 𝑧 → 1𝑧
cerca de sus polos y cualquiera de las dos para cada 𝑤 ∈ 𝐷 tal que 𝑓 (𝑤) ≠ 0, ∞, con
lo que 𝑓𝛽𝛼 siempre es holomorfa. Por tanto, 𝑓 ∶ 𝐷 ←→ ℂ∞ es analítica.
El reciproco es análogo.
18 superficies de riemann

Es importante distinguir entre las funciones analíticas en ℂ y en ℂ∞ , lo que motiva


nuestra siguiente definición:
Definición 2.2. Sea 𝑅 una superficie de Riemann:

1. Decimos que 𝑓 es holomorfa en 𝑅 si 𝑓 ∶ 𝑅 → ℂ es analítica.


2. Decimos que 𝑓 es meromorfa en 𝑅 si 𝑓 ∶ 𝑅 → ℂ∞ es analítica.
Observación 2.1: De la definición 2.1 podemos deducir que composición de funciones
analíticas es analítica. Además, la suma y el producto de funciones holomorfas en 𝑅
son holomorfos. Igualmente, si 𝑅 tiene un atlas {(𝜙𝛼 , 𝑈𝛼 )} entonces 𝜙𝛼 ∶ 𝑈𝛼 → ℂ es
holomorfa.
Para concluir, observemos ahora que si (2.1) es holomorfa para un cierto 𝛼 y 𝛽 con
𝑥 ∈ 𝑈𝛼 y 𝑓 (𝑥) ∈ 𝑉𝛽 , entonces es holomorfa para cualesquiera 𝛼 y 𝛽.

2.2 El principio de extensión analítica

Sean 𝑓 y 𝑔 dos funciones holomorfas en un dominio 𝐷 ⊂ ℂ tales que 𝑓 (𝑧𝑛 ) = 𝑔(𝑧𝑛 )


para una secuencia de puntos {𝑧𝑛 } cuyos puntos de acumulación están en 𝐷. Entonces
los ceros de 𝑓 − 𝑔 no son aislados y, por tanto, 𝑓 = 𝑔 en 𝐷. Sin embargo, si 𝑓 y 𝑔
son funciones analíticas entre superficies de Riemann, 𝑓 − 𝑔 no tiene por qué estar
definida, por lo que necesitamos expresar este resultado de otra manera.
Teorema 2.2 (Principio de prolongación analítica). Sean 𝑅 y 𝑆 superficies de
Riemann y supongamos que 𝑓 , 𝑔 ∶ 𝑅 → 𝑆 son dos funciones analíticas. Entonces o
𝑓 = 𝑔 en todo 𝑅 o bien 𝑓 = 𝑔 solo en puntos aislados de 𝑅.
Observación 2.2: Como consecuencia del Teorema, observamos que si 𝑓 = 𝑔 en un
abierto no vacío de 𝑅, eso implica que 𝑓 = 𝑔 en todo 𝑅. Además, si tomamos 𝑔 = 𝑤
con 𝑤 ∈ 𝑆 una función constante, vemos que si 𝑓 ∶ 𝑅 → 𝑆 es analítica y no cons-
tante, entonces los 𝑧 tales que 𝑓 (𝑧) = 𝑤 son puntos aislados de 𝑅. Concretamente,
los polos de una función meromorfa no constante son puntos aislados.
Demostración (del Teorema 2.2). Fijemos un 𝑧 ∈ 𝑅. Si 𝑓 (𝑧) ≠ 𝑔(𝑧) existen dos sub-
conjuntos disjuntos 𝑈 y 𝑉 contenidos en 𝑆 con 𝑓 (𝑧) ∈ 𝑈 y 𝑔(𝑧) ∈ 𝑉 . Por continui-
dad, existe un disco paramétrico 𝐷 centrado en 𝑧 tal que 𝑓 (𝐷) ⊂ 𝑈 y 𝑔(𝐷) ⊂ 𝑉 , con
lo que 𝑓 (𝑤) ≠ 𝑔(𝑤) ∀𝑤 ∈ 𝐷.
2. funciones analíticas 19

Supongamos ahora que 𝑓 (𝑧) = 𝑔(𝑧): tomamos las cartas (𝜙𝛼 , 𝑈𝛼 ) en 𝑧 y (𝜓𝛽 , 𝑉𝛽 ) en
𝑓 (𝑧) y seleccionamos dos discos paramétricos 𝐷1 y 𝐷2 centrados en 𝑧 tales que:
𝐷1 ⊂ 𝐷2 ⊂ (𝑈𝛼 ∩ 𝑓 −1 (𝑉𝛽 ) ∩ 𝑔 −1 (𝑉𝛽 ))
siendo este último conjunto abierto. Esta elección de los 𝐷𝑗 nos asegura que tanto 𝑓𝛽𝛼
como 𝑔𝛽𝛼 están definidas y son holomorfas en 𝜙𝛼 (𝐷2 ), con lo que el conjunto de puntos
del compacto 𝜙𝛼 (𝐷1 ) donde 𝑓𝛽𝛼 = 𝑔𝛽𝛼 o es finito o bien todo 𝜙𝛼 (𝐷1 ). Deducimos por
tanto que 𝑓 y 𝑔 o coinciden en todo 𝐷1 o solo coinciden solo en un subconjunto finito
de 𝐷1 .
Sean ahora 𝐴 un conjunto de puntos de 𝑅 para los cuales existe un entorno en el
que 𝑓 = 𝑔 solo en un número finito de puntos y 𝐵 ⊂ 𝑅 un conjunto de puntos que
poseen un entorno en el que 𝑓 = 𝑔 coinciden. Es fácil ver que 𝐴 y 𝐵 son subconjuntos
disjuntos de 𝑅 y que 𝐴 ∪ 𝐵 = 𝑅. En consecuencia, por conexión, o 𝑅 = 𝐴 o bien
𝑅 = 𝐵.

2.3 El Teorema de la función abierta

El Teorema de la función abierta para funciones analíticas no es más que una


extensión directa del caso plano.
Teorema 2.3. Sean 𝑅 y 𝑆 superficies de Riemann y sea 𝑓 ∶ 𝑅 → 𝑆 una función
analítica no constante. Entonces, si 𝐴 es un subconjunto abierto de 𝑅, 𝑓 (𝐴) es un sub-
conjunto abierto de 𝑆.
Demostración. Tomamos un 𝑤 ∈ 𝐴 (podemos asumir que 𝐴 ≠ ∅) y escogemos un
par de cartas (𝜙𝛼 , 𝑈𝛼 ) en 𝑤 y (𝜓𝛽 , 𝑉𝛽 ) en 𝑓 (𝑤). Seleccionamos ahora un disco para-
métrico 𝐷 centrado en 𝑤 tal que 𝐷 ⊂ (𝑈𝛼 ∩ 𝑓 −1 (𝑉𝛽 ) ∩ 𝐴).
La función 𝑓𝛽𝛼 es holomorfa y no constante en 𝜙𝛼 (𝐷) (de lo contrario, 𝑓 sería constan-
te en 𝐷, y en consecuencia en todo 𝑅 por el Teorema 2.2). Por tanto, por el Teorema
de la función abierta plano, el conjunto 𝑊 = 𝑓𝛽𝛼 (𝜙𝛼 (𝐷)) es un subconjunto abierto
de 𝜓𝛽 (𝑉𝛽 ).
Se tiene entonces que 𝑓 (𝐷) es un subconjunto abierto de 𝑆 y 𝑓 (𝑤) ∈ 𝑓 (𝐷) ⊂ 𝑓 (𝐴),
lo que prueba que 𝑓 (𝐴) es abierto.

Corolario 2.1. Sea 𝑓 una función holomorfa no constante en una superficie de Rie-
mann 𝑅. Entonces |𝑓 | no alcanza ningún máximo local ni ningún mínimo local posi-
tivo en 𝑅.
20 superficies de riemann

Observación 2.3: Si 𝑓 ∶ 𝑅 → 𝑆 es analítica y no constante y si 𝑅 es compacta,


entonces 𝑓 (𝑅) es un subconjunto abierto y compacto de 𝑆. Por tanto, como 𝑆 es
conexa, 𝑓 (𝑅) = 𝑆.
Corolario 2.2. Si 𝑓 ∶ 𝑅 → 𝑆 es analítica y no constante y 𝑅 es compacta, entonces
𝑓 (𝑅) = 𝑆 y consecuentemente 𝑆 es compacta.
En particular, si 𝑓 es holomorfa en una superficie compacta 𝑅 entonces 𝑓 es constante.
Finalmente, si 𝑓 es meromorfa y no constante en una superficie compacta 𝑅, entonces
𝑓 (𝑅) = ℂ∞ .
Observación 2.4: Notemos que el Corolario 2.2 nos da una prueba topológica para
el Teorema de Liouville. Si 𝑓 es acotada y holomorfa en ℂ, entonces 𝑓 (1∕𝑧) tiene
una singularidad evitable en el origen. Consecuentemente, 𝑓 se puede extender a
una función holomorfa en ℂ∞ . Como ℂ∞ es compacta, podemos concluir que 𝑓 es
constante.

2.4 Superficies conformemente equivalentes

En esta sección vamos a identificar las superficies de Riemann de dos formas: la


primera es trivial y no volverá a ser mencionada y la segunda es análoga a la identi-
ficación de grupos isomorfos y a la de espacios topológicos homeomorfos.

Un atlas sobre una superficie de Riemann dada no necesita ser maximal, pero no
resulta interesante distinguir entres dos atlas, uno de los cuales contiene al otro.
Definición 2.3. Decimos que dos atlas analíticos 𝐴1 y 𝐴2 sobre el mismo espacio
topológico 𝑅 son compatibles si 𝐴1 ∪ 𝐴2 es un atlas analítico de 𝑅.
Observación 2.5: Ser compatibles es una relación de equivalencia.
Llamamos estructura conforme en 𝑅 a cada clase de equivalencia de los atlas y
tomando la unión de todos los atlas pertenecientes a una misma clase de equivalencia,
obtenemos un atlas maximal para dicha clase.

De ahora en adelante, no distinguiremos entre atlas compatibles y los conceptos


que definamos para un atlas no dependerán del representante escogido dentro de la
misma estructura conforme. Por tanto, a partir de ahora siempre nos referiremos a
estructuras conformes en vez de a atlas.

La segunda identificación de superficies de Riemann surge de forma natural:


2. funciones analíticas 21

Definición 2.4. Dos superficies de Riemann se dicen conformemente equivalen-


tes si solo si existe una biyección analítica de 𝑅 a 𝑆.
Observación 2.6: Como la función inversa de una biyección analítica también es ana-
lítica, ser conformemente equivalentes es una relación de equivalencia.
Es trivial ver que las superficies conformemente equivalentes son homeomorfas, pero
el recíproco es falso.
Ejemplo 2.1: ℂ y el disco unidad 𝔻 son homeomorfos pero no son conformemente
equivalentes (con sus atlas naturales) porque sabemos que no existe funciones holo-
morfas no constantes de ℂ en 𝔻 (por el Teorema de Liouville).

Decidir cuando dos superficies son conformemente equivalente es la principal mo-


tivación de esta teoría.
Observación 2.7: Las dos identificaciones que hemos definido no son equivalentes.
Sean 𝐴1 y 𝐴2 dos atlas analíticos para el mismo espacio 𝑅 y notemos por 𝑅𝑗 a la super-
ficie 𝑅 con el atlas 𝐴𝑗 . 𝐴1 y 𝐴2 pueden no ser compatibles (con lo que escribiríamos
𝑅1 ≠ 𝑅2 ). Sin embargo, 𝑅1 y 𝑅2 son trivialmente conformemente equivalentes, ya
que la identidad es una biyección analítica entre ambas.

2.5 Comportamiento local de una función analítica

En esta sección estudiaremos como se comporta localmente una función analítica


entre superficies de Riemann, aunque primero recordaremos qué ocurre en el caso
plano.
Sea 𝑓 una función holomorfa y no constante en un dominio 𝐷 ⊂ ℂ y 𝑤 un punto de
𝐷. Podemos escribir 𝑓 en la forma

𝑓 (𝑧) = 𝑓 (𝑤) + (𝑧 − 𝑤)𝑣 𝑔(𝑧) (2.2)

donde 𝑔 es holomorfa en 𝐷 y 𝑔(𝑤) ≠ 0 y 𝑣 ∈ ℕ.


Definición 2.5. Llamamos valencia de 𝑓 en 𝑤 al 𝑣 definido en (2.2), y en general
escribimos 𝑣𝑓 (𝑤). Alternativamente, podemos definir:

𝑣𝑓 (𝑤) = min{𝑛 ≥ 1 ∶ 𝑓 (𝑛) (𝑤) ≠ 0}.

Teorema 2.4. Sea 𝑓 una función holomorfa y no constante en un dominio 𝐷, con 𝑤


un punto de 𝐷 y escribamos 𝑓 en la forma dada en (2.2).
22 superficies de riemann

Entonces existe un abierto 𝑁 ∋ 𝑤 tal que:


𝑓 (𝑧) = (ℎ1 ◦ 𝑓1 ◦ ℎ)(𝑧) ∀𝑧 ∈ 𝑁
donde ℎ y ℎ1 son biyecciones y 𝑓1 (𝑧) = 𝑧𝑣 con 𝑣 = 𝑣𝑓 (𝑤).
Para cada 𝜁 ∈ 𝑓 (𝑁) existen exactamente 𝑣 soluciones de 𝑓 (𝑧) = 𝜁 en 𝑁. Estas solucio-
nes coinciden con 𝑤 si 𝜁 = 𝑓 (𝑤), en caso contrario, son 𝑣 puntos distintos de 𝑁.
Demostración. Primero, seleccionamos un disco abierto 𝑁1 centrado en 𝑔(𝑤) no con-
teniendo al 0 y tomamos otro disco abierto 𝑁 ⊂ 𝐷 centrado en 𝑤 de tal forma que
𝑔(𝑁) ⊂ 𝑁1 . Como 0 ∉ 𝑁1 , podemos tomar una elección holomorfa, digamos 𝐿(𝑧),
del logaritmo de 𝑧 en 𝑁1 . Tenemos entonces que tanto 𝐿(𝑔(𝑧)) como la función
( )
𝐿(𝑔(𝑧))
ℎ(𝑧) = (𝑧 − 𝑤) exp
𝑣
son holomorfas en 𝑁. Observemos que:

1. ℎ(𝑤) = 0
2. ℎ(1) (𝑤) ≠ 0
3. ℎ(𝑧)𝑣 = (𝑧 − 𝑤)𝑣 exp(𝐿(𝑔(𝑧))) = 𝑓 (𝑧) − 𝑓 (𝑤)

con lo que ℎ es una raíz v-ésima de 𝑓 (𝑧) − 𝑓 (𝑤) en 𝑁.


Recordemos ahora que, por el Teorema de la función inversa visto en la asignatura
Variable Compleja, sabemos que ℎ es biholomorfa en algún entorno 𝑉 de 𝑤.
Tomando un radio de 𝑁 lo suficientemente pequeño podemos asumir que 𝑁 ⊂ 𝑉 y
por tanto ℎ es biholomorfa en 𝑁. Si seleccionamos ahora un disco abierto 𝐾 ⊂ ℎ(𝑁)
centrado en ℎ(𝑤) = 0, se tiene que ℎ como función de ℎ−1 (𝐾) a 𝐾 es biyectiva y
holomorfa. Sea 𝑓1 (𝑧) = 𝑧𝑣 una función de 𝐾 en un disco abierto 𝐾1 centrado en el
origen y ℎ1 (𝑧) = 𝑧 + 𝑓 (𝑤) otra función de 𝐾1 a otro disco abierto centrado en 𝑓 (𝑤).
2. funciones analíticas 23

Figura 2.1

Podemos deducir que 𝑓 (𝑧) = (ℎ1 ◦ 𝑓1 ◦ ℎ)(𝑧) en ℎ−1 (𝐾). Tomando 𝑁 = ℎ−1 (𝐾),
queda probado el resultado.

Observación 2.8: Este resultado puede ser resumido diciendo que cerca de 𝑤, 𝑓 es
conformemente equivalente a la función 𝑧 → 𝑧𝑣 .
Observación 2.9: Observemos que 𝑣𝑓 (𝑤) representa el orden del cero de 𝑓 (𝑧) − 𝑓 (𝑤)
en 𝑤.
Proposición 2.1. Sean 𝑓 y 𝑔 dos funciones holomorfas, y 𝑓 ◦𝑔 su composición. Se
tiene entonces que:
𝑣𝑓 ◦𝑔 (𝑤) = 𝑣𝑓 (𝑔(𝑤))𝑣𝑔 (𝑤)
Demostración. Sabemos que, por ser 𝑓 ◦𝑔 composición de funciones holomorfas es
holomorfa, y por tanto podemos escribir:

𝑓 (𝑔(𝑧)) = 𝑓 (𝑔(𝑤)) + [𝑔(𝑧) − 𝑔(𝑤)]𝑣𝑓 (𝑔(𝑤)) 𝑓̂(𝑔(𝑧))

donde 𝑓̂ es una función holomorfa tal que 𝑓̂(𝑔(𝑤)) ≠ 0. De la misma forma podemos
escribir 𝑔 en la forma 𝑔(𝑧) = 𝑔(𝑤) + (𝑧 − 𝑤)𝑣𝑔 (𝑤) 𝑔(𝑤)
̂ (con 𝑔̂ holomorfa y 𝑔(𝑤)
̂ ≠ 0).
Si sustituimos ahora en la expresión de arriba, nos queda que:
𝑣𝑓 (𝑔(𝑤)) ̂
𝑓 (𝑔(𝑧)) = 𝑓 (𝑔(𝑤)) + [(𝑧 − 𝑤)𝑣𝑔 (𝑤) 𝑔(𝑤)]
̂ 𝑓 (𝑔(𝑧))
𝑣𝑓 (𝑔(𝑤))𝑣𝑔 (𝑤) 𝑣𝑓 (𝑔(𝑤)) ̂
= 𝑓 (𝑔(𝑤)) + (𝑧 − 𝑤) (𝑔(𝑤)
̂ 𝑓 (𝑔(𝑧)))

Si llamamos ahora 𝑓̂ ̂ 𝑣𝑓 (𝑔(𝑤)) 𝑓̂(𝑔(𝑧)), es fácil ver que esta es holomorfa y que
◦𝑔 = 𝑔(𝑤)
𝑓̂◦𝑔(𝑤) ≠ 0 (ya que 𝑓̂(𝑔(𝑤)) ≠ 0 y (𝑔(𝑤)) ≠ 0). Por tanto, 𝑓 ◦𝑔 se puede escribir
como
(𝑓 ◦𝑔)(𝑧) = 𝑓 (𝑔(𝑤)) + (𝑧 − 𝑤)𝑣 𝑓̂ ◦𝑔(𝑧)
con 𝑣 = 𝑣𝑓 (𝑔(𝑤))𝑣𝑔 (𝑤) con lo que el resultado queda probado.

Observación 2.10: Hemos probado entonces que, si 𝑔, 𝑓 y ℎ son funciones holomorfas


y 𝑔 y ℎ son biyecciones, se tiene que

𝑣𝑔◦𝑓 ◦ℎ = 𝑣𝑔 (𝑓 (ℎ(𝑤)))𝑣𝑓 (ℎ(𝑤))𝑣ℎ (𝑤) = 𝑣𝑓 (ℎ(𝑤))

Esto motiva la siguiente definición.


24 superficies de riemann

Definición 2.6. Sea 𝑓 una función analítica cerca de un punto 𝑤 en una superficie de
Riemann 𝑅. Se define 𝑣𝑓 (𝑤) como la valencia de 𝑓𝛽𝛼 en 𝜙𝛼 (𝑤), siendo esta independiente
de la elección de 𝜙𝛼 y 𝜓𝛽 .
De esta forma, 𝑣𝑓 (𝑤) representa el orden 𝑤 como cero de 𝑓 (𝑧) − 𝑓 (𝑤). Particularmente,
si 𝑧0 es un cero o un polo de 𝑓 , la valencia de 𝑓 en 𝑤 nos da su orden.
Teorema 2.5. Supongamos que 𝑓 ∶ 𝑅 → 𝑆 es una función analítica y no constante
entre superficies de Riemann y sea 𝑤 ∈ 𝑅 tal que 𝑣𝑓 (𝑤) = 𝑣. Entonces existen cartas
𝜙𝛼 y 𝜓𝛽 en los atlas maximales de 𝑅 y 𝑆 tales que 𝑓𝛽𝛼 es una función de 𝔻 en sí mismo
dada por 𝑧 → 𝑧𝑣 .
Demostración. Recordemos la situación descrita en la Figura 2.1 dónde 𝑓 es una fun-
ción entre dominios de ℂ. Sea 𝑡 el radio de 𝐾, si reemplazamos ℎ por la función
̂
ℎ(𝑧) = 𝑡−1 ℎ(𝑧) y ℎ1 por ℎ̂ 1 (𝑧) = 𝑡𝑣 𝑧 + 𝑓 (𝑤), la situación es la misma solo que to-
mando 𝐾 = 𝐾1 = 𝔻. Como 𝑓 es una función entre superficies de Riemann, podemos
aplicarle esta situación a 𝑓𝛽𝛼 . Tomando (ℎ̂ ◦ 𝜙𝛼 ) y ((ℎ̂ 1 )−1 ◦ 𝜓𝛽 ), que están en los atlas
maximales de 𝑅 y 𝑆 respectivamente, tenemos el resultado.

Observación 2.11: Ahora que hemos establecido la noción de valencia de una función
𝑓 entre superficies de Riemann, podemos hablar del número de soluciones de, por
ejemplo, 𝑓 (𝑧) = 𝑎 en un subconjunto 𝐸 ⊂ 𝑅. Por definición, este número viene dado
por ∑
𝑛(𝑎) = 𝑣𝑓 (𝑧)
𝑧∈𝐸,
𝑓 (𝑧)=𝑎

Si 𝐸 es un compacto y 𝑓 no es constante, cada punto solución está aislado y en con-


secuencia 𝑛(𝑎) es finito.
3 Prolongación analítica, gérmenes
y superficies recubridoras

Dada una función analítica entre superficies de Riemann 𝑓 ∶ 𝐷 ⊂ 𝑅 → 𝑆 (con 𝐷


un subdominio de 𝑅) nos preguntamos: ¿podemos prolongar analíticamente 𝑓 más
allá de 𝐷? Esta pregunta nos llevará a discutir que ocurre cuando la extensión de 𝑓
otorga varios valores a un mismo punto y, consecuentemente, a la construcción de
una superficie de Riemann en la que dicha extensión es univaluada.
Introduciremos los conceptos de gérmenes de una función y espacio de gérmenes de
una superficie y veremos cómo podemos construir una superficie de Riemann median-
te el uso de los mismos. Finalmente, estudiaremos qué son las superficies recubridoras
de una superficie y veremos resultados importantes sobre las mismas cómo el Teore-
ma de Monodromía y la existencia de una superficie recubridora universal.
Este capítulo se basa principalmente en [1, Ch 7], aunque también vamos a tomar
algunos elementos de [2, Ch 3, 7].

3.1 Prolongación Analítica

Definición 3.1. Sean 𝑅 y 𝑆 superficies de Riemann, se define un elemento función


como el par (𝑓 , 𝐷) donde 𝐷 es un subdominio de 𝑅 y 𝑓 ∶ 𝑅 → 𝑆 es una función
analítica.
Definición 3.2. Sean (𝑓1 , 𝐷1 ) y (𝑓2 , 𝐷2 ) dos elementos función, decimos que (𝑓2 , 𝐷2 )
es una prolongación analítica directa de (𝑓1 , 𝐷1 ) si se cumple que

𝐷1 ∩ 𝐷2 ≠ ∅ y 𝑓1 = 𝑓2 en 𝐷1 ∩ 𝐷2 .

Si este es el caso, escribimos (𝑓1 , 𝐷1 ) ◦◦ (𝑓2 , 𝐷2 ).


26 superficies de riemann

Figura 3.1:
Prolongación analítica directa de una función

Observación 3.1: Por el Principio de la prolongación analítica (Teorema 2.2) sabemos


que, si existe dicha prolongación directa (que no tiene por qué), esta es única.
Definición 3.3. Definimos una cadena como una sucesión finita de elementos fun-
ción (𝑓0 , 𝐷0 ), (𝑓1 , 𝐷1 ), ..., (𝑓𝑛 , 𝐷𝑛 ) cumpliendo que para todo 𝑘 ∈ 0, ..., 𝑛 (𝑓𝑘 , 𝐷𝑘 ) es
prolongación analítica directa de (𝑓𝑘−1 , 𝐷𝑘−1 ). Es decir:

(𝑓0 , 𝐷0 ) ◦◦ (𝑓1 , 𝐷1 ) ◦◦ ... ◦◦ (𝑓𝑛 , 𝐷𝑛 )

Decimos entonces que (𝑓𝑛 , 𝐷𝑛 ) es una prolongación analítica de (𝑓0 , 𝐷0 ) y escribimos


(𝑓0 , 𝐷0 ) ∼ (𝑓𝑛 , 𝐷𝑛 ).

Figura 3.2:
Prolongación analítica en la que volvemos al dominio de partida con un valor de la
función diferente.

Observación 3.2: Es fácil ver que la relación ∼ es una relación de equivalencia, mien-
tras que ◦◦, a pesar de ser reflexiva y simétrica, no es transitiva.
Definición 3.4. Llamamos función analítica completa a la clase de equivalencia
formada por las prolongaciones analíticas de un elemento de función (𝑓 , 𝐷).

Tomemos una función analítica completa {(𝑓𝛼 , 𝐷𝛼 ) ∶ 𝛼 ∈ 𝐴}. Intuitivamente,


podemos considerar esta como una sola función 𝑓 definida sobre una superficie de
Riemann 𝑅∗ de la siguiente manera. Veamos cada 𝐷𝛼 como un dominio distinto a
los demás 𝐷𝛽 , aunque 𝐷𝛼 = 𝐷𝛽 . Definimos entonces 𝑓 como 𝑓𝛼 en 𝐷𝛼 para cada
3. prolongación analítica, gérmenes y superficies recubridoras 27

𝛼 ∈ 𝐴 e identificamos el punto 𝑧 ∈ 𝐷𝛼 ∩ 𝐷𝛽 cuando 𝑓𝛼 = 𝑓𝛽 en un entorno de 𝑧.


Es importante destacar que no estamos identificando 𝑧 ∈ 𝐷𝛼 con el mismo punto
𝑧 ∈ 𝐷𝛽 , simplemente porque 𝑓𝛼 (𝑧) = 𝑓𝛽 (𝑧). Por ejemplo, distinguimos entre las dos

ramas holomorfas de la función 𝑧 1 + 𝑧 cerca del origen, aunque ambas valen 0 en
el origen.

3.2 El espacio de los gérmenes

Durante esta sección, 𝑅 y 𝑆 serán superficies de Riemann fijas y solo considera-


remos elementos función de la forma (𝑓 , 𝐷) con 𝑓 ∶ 𝐷 ⊂ 𝑅 → 𝑆.
Definición 3.5. Sean (𝑓1 , 𝐷1 ) y (𝑓2 , 𝐷2 ) dos elementos función tales que 𝑤 ∈ 𝐷1 ∩
𝐷2 . Definimos entonces la relación (𝑓1 , 𝐷1 ) ∼𝑤 (𝑓2 , 𝐷2 ) para decir que 𝑓1 = 𝑓2 en un
entorno de 𝑤.
Observación 3.3: La relación ∼𝑤 es de equivalencia para el conjunto de los elementos
función (𝑓 , 𝐷) tales que 𝑤 ∈ 𝐷.
Definición 3.6. Decimos que una clase de equivalencia con respecto a la relación
∼𝑤 es un germen en 𝐰. Notamos como [𝑓 , 𝑤] al germen en 𝑤 determinado por (𝑓 , 𝐷).
Llamamos  al conjunto de todos los gérmenes para cada 𝑤 ∈ 𝑅.
Proposición 3.1. El germen [𝑓 , 𝑧] determina de forma única:

1. el punto 𝑧;
2. el valor de 𝑓 (𝑧);
3. la función analítica completa de 𝑓 en un entorno de 𝑧.
Demostración. El germen [𝑓 , 𝑧] es una colección de elementos función, con lo que
podemos escribir [𝑓 , 𝑧] = {(𝑓𝛼 , 𝐷𝛼 ) ∶ 𝛼 ∈ 𝐴} con 𝑧 ∈ 𝐷𝛼 , ∀𝛼 ∈ 𝐴. Podemos tomar
un 𝐷𝛼 ∋ 𝑧 arbitrariamente pequeño y que (𝑓𝛼 , 𝐷𝛼 ) siga estando en el germen, con lo

que {𝑧} = 𝛼∈𝐴 𝐷𝛼 y se tiene (1). Para todo 𝛼 y 𝛽 en 𝐴, 𝑓𝛼 = 𝑓𝛽 en un entorno de 𝑧,
con lo que se tiene (2). (3) se obtiene de forma directa de la definición.

El conjunto  de todos los gérmenes es el conjunto de todos los elementos fun-


ción tras aplicarles una identificación apropiada. Para ello seguimos la identificación
descrita al final de la sección anterior y observamos que una función analítica com-
pleta {(𝑓𝛼 , 𝐷𝛼 ) ∶ 𝛼 ∈ 𝐴} queda determinada de forma unívoca en un entorno de cada
28 superficies de riemann


𝑧 ∈ 𝛼∈𝐴 𝐷𝛼 por un germen [𝑓 , 𝑧]. Énfasis en que distinguimos 𝐷𝛼 y 𝐷𝛼′ aunque sean
iguales si no existe un entorno de 𝑧 en el que 𝑓𝛼 (𝑧) = 𝑓𝛼′ (𝑧), pero los identificamos si
existe dicho entorno.

Nuestro objetivo es construir un atlas en  de tal forma


que las componentes de  formen una superficie de Riemann.
Entonces comprobaremos que cada función analítica completa
está bien definida sobre algún componente de .

En este trabajo las componentes de  hacen referencia a las


componentes conexas de este, que en este caso se relacionan
de forma unívoca con las funciones analíticas completas sobre
R en la forma descrita arriba (lo veremos formalmente al final
de la sección).
Figura 3.3:
Notación 3.1. Cada elemento función (𝑓 , 𝐷) determina un
El germen de una
germen [𝑓 , 𝑧] para cada 𝑧 ∈ 𝐷, con lo que es natural refe-
función en un punto.
rirnos a este conjunto de gérmenes como

[𝑓 , 𝐷] = {[𝑓 , 𝑧] ∶ 𝑧 ∈ 𝐷}.

Proposición 3.2. Los conjuntos [𝑓 , 𝐷] forman una base de Hausdorff para una topo-
logía en .
Demostración. Llamemos  a la colección de a todos los conjuntos de gérmenes
[𝑓 , 𝐷] sobre 𝑅. Por definición,  es la unión de todos los conjuntos [𝑓 , 𝐷] y, por
tanto,  está en la topología.
Sean ahora dos conjuntos de gérmenes [𝑔, 𝑈 ] y [ℎ, 𝑉 ] con 𝜁 ∈ [𝑔, 𝑈 ] ∩ [ℎ, 𝑉 ] un
germen. Por la Proposición 3.1 sabemos que existe un 𝑧 ∈ 𝑈 ∩ 𝑉 tal que 𝜁 = [𝑔, 𝑧] =
[ℎ, 𝑧]. Sea 𝐷 ⊂ 𝑈 ∩ 𝑉 un disco paramétrico cualquiera centrado en 𝑧, tenemos que

𝜁 ∈ [𝑔, 𝐷] ⊂ [𝑔, 𝑈 ] ∩ [ℎ, 𝑉 ].

De esta manera probamos que la intersección finita de conjuntos de la forma [𝑓 , 𝐷] es


unión de conjuntos del mismo tipo. Por tanto, estos conjuntos forman una base para
alguna topología en .
Veamos ahora que dicha topología es Hausdorff. Consideremos dos gérmenes dis-
tintos [𝑓 , 𝑧] y [𝑔, 𝑤]. Tomemos ahora dos discos paramétricos 𝑈 centrado en 𝑧 y 𝑉
centrado en 𝑤 con las siguientes propiedades:

1. Si 𝑧 = 𝑤 entonces 𝑈 = 𝑉 ; si 𝑧 ≠ 𝑤 entonces 𝑈 ∩ 𝑉 = ∅
2. 𝑓 es analítica en 𝑈 ; 𝑔 es analítica en 𝑉 .
3. prolongación analítica, gérmenes y superficies recubridoras 29

Por tanto, tenemos dos casos. Si 𝑤 ≠ 𝑧, entonces 𝑈 y 𝑉 son disjuntos y, consecuen-


temente, [𝑓 , 𝑈 ] y [𝑔, 𝑉 ] también lo son, con lo que hemos conseguido separar [𝑓 , 𝑧]
y [𝑔, 𝑤] mediante abiertos. Por el contrario, si 𝑧 = 𝑤 entonces 𝑉 = 𝑈 y tenemos que
o 𝑓 ≠ 𝑔 en ningún entorno de 𝑧 (por el Principio de Prolongación Analítica) y [𝑓 , 𝑉 ]
y [𝑔, 𝑉 ] son disjuntos o bien 𝑓 = 𝑔 en todo 𝑉 (= 𝑈 ) y [𝑓 , 𝑈 ] = [𝑔, 𝑉 ]. Esto concluye
la prueba.
Observación 3.4: La Proposición 3.1 nos asegura que la proyección

𝜋 ∶  ←→ 𝑅
[𝑓 , 𝑧] → 𝑧

está bien definida.


Proposición 3.3. La proyección 𝜋 es abierta y continua. Además, 𝜋 es un homeomor-
fismo entre [𝑓 , 𝐷] y 𝐷.
Demostración. Si fijamos una función 𝑔, observamos que 𝜋 es una biyección entre
[𝑔, 𝑉 ] y 𝑉 .
Gracias a la Proposición 3.1 sabemos que los conjuntos de la forma [𝑓 , 𝐷] son abiertos
de  con lo que 𝜋 es abierta.
Solo nos queda ver que 𝜋 es continua. Supongamos que el germen [𝑔, 𝑤] ∈ 𝜋 −1 (𝑈 )
para algún subconjunto abierto 𝑈 ⊂ 𝑅. Elegimos ahora un disco 𝑊 ⊂ 𝑅 centrado en
𝑤 en el que 𝑔 es analítica. Entonces [𝑔, 𝑤] ∈ [𝑔, 𝑊 ] que es un subconjunto abierto
de 𝜋 −1 (𝑈 ) y, por tanto, 𝜋 es continua.

Como consecuencia de este resultado, tenemos que para cualquier germen [𝑓 , 𝑧]


podemos construir un entorno suyo de la forma [𝑓 , 𝐷] homeomorfo a un disco abierto
en 𝑅. Esto nos permite dar el siguiente resultado.
Corolario 3.1. Los componentes de  son subconjuntos abiertos conexos por caminos
de .

Estamos ahora en posición de dar a las componentes de  estructura de superficie


de Riemann.

Para construir cartas en un germen cualquiera [𝑓 , 𝑧], primero elegimos una carta
(𝜙𝛼 , 𝑈𝛼 ) en 𝑧. Tomamos entonces un disco paramétrico 𝐷 ⊂ 𝑈𝛼 centrado en 𝑧 en el
que 𝑓 sea analítica. Ahora 𝜙𝛼 ◦𝜋 es un homeomorfismo de [𝑓 , 𝐷] a 𝜙𝛼 (𝐷) ⊂ ℂ y sus
respectivas funciones de transición 𝑡𝛽𝛼 son precisamente las mismas que para el atlas
de 𝑅 (𝑡𝛽𝛼 = 𝜙𝛽 ◦𝜋 ◦ (𝜙𝛼 ◦𝜋)−1 = 𝜙𝛽 ◦ 𝜋◦𝜋 −1 ◦ 𝜙−1 𝛼
= 𝜙𝛽 ◦𝜙−1 𝛼
). Observamos así que
𝜋 ∶  → 𝑅 es analítica para esta estructura conforme sobre .
30 superficies de riemann

Finalizamos esta sección viendo como se pueden identificar las componentes de


 con las funciones analíticas completas de 𝑅. Observemos primero que si (𝑓 , 𝑈 ) ◦◦
(𝑔, 𝑉 ), entonces [𝑓 , 𝑈 ] ∩ [𝑔, 𝑉 ] ≠ ∅. Sabemos que [𝑓 , 𝑈 ] y [𝑔, 𝑉 ] son conexas (son
homeomorfas a 𝑈 y 𝑉 respectivamente) con lo que si (𝑓 , 𝑈 ) ◦◦ (𝑔, 𝑉 ) entonces
[𝑓 , 𝑈 ] ∪ [𝑔, 𝑉 ] es conexa. Por tanto, deducimos que si (𝑓 , 𝑈 ) y (𝑔, 𝑉 ) están en la
misma función analítica completa entonces [𝑓 , 𝑈 ] y [𝑔, 𝑉 ] están en la misma compo-
nente de .
Sea ahora 𝐹 ∶= {(𝑓𝛼 , 𝐷𝛼 ) ∶ 𝛼 ∈ 𝐴} una función analítica completa, entonces:

𝐹 ∶= [𝑓𝛼 , 𝐷𝛼 ]
𝛼∈𝐴

es un subconjunto abierto y conexo de . Usando la Proposición 3.1, observamos que


para diferentes 𝐹 los conjuntos 𝐹 son disjuntos con lo que cada uno de ellos repre-
senta un componente de . Consecuentemente, dada una función analítica completa
𝐹 , 𝜋 −1 induce un homeomorfismo analítico entre cada 𝐷 dado por el elemento función
(𝑓 , 𝐷) ∈ 𝐹 y el subconjunto [𝑓 , 𝐷] de la superficie de Riemann . Existe entonces
una función
𝐹 ∗ ∶ 𝐹 ←→ 𝑆
[𝑓 , 𝑧] → 𝑓 (𝑧)

que cumple que 𝑓 = 𝐹 ∗ ◦ 𝜋 −1 en 𝐷.

Figura 3.4: Ilustración del comportamiento de 𝐹 ∗ .

Vamos a dar un ejemplo típico de una construida de esta forma.


3. prolongación analítica, gérmenes y superficies recubridoras 31

Ejemplo 3.1 (Superficie de Riemann del logaritmo complejo): Si consideramos el lo-


garitmo complejo como una función analítica completa , este está formado por todos
los elementos de función (𝑓 , 𝐷) donde 𝐷 es un disco contenido en ℂ ⧵ {0} y
𝑓 (𝑧) = log |𝑧| + 𝑖 arg(𝑧)
donde arg(𝑧) es una rama continua en 𝐷 del argumento de 𝑧. La superficie de Riemann
 está constituida entonces por los puntos (gérmenes) 𝑝 = [ℎ, 𝑧], donde
ℎ(𝑧) = Log 𝑧 + 2𝑘𝜋𝑖 = log |𝑧| + arg𝑃 (𝑧) + 2𝑘𝜋𝑖
con arg𝑃 (𝑧) ∈ (−𝜋, 𝜋] denotando el argumento principal de 𝑧. Es conveniente refe-
rirnos a cada punto de  como 𝑝 = (𝑧, 𝑘). Fijado un entero 𝑘, los puntos 𝑝 = (𝑧, 𝑘)
constituyen la capa 𝑘−ésima 𝐶𝑘 de  . Como vimos en el primer capítulo, cada capa es
una copia del plano complejo sin el origen, que cortamos por el semieje real negativo.
Levantamos entonces el lado que queda con parte imaginaria positiva y lo pegamos
a la capa de arriba y a su vez bajamos el lado que que queda con parte imaginaria
negativa y lo pegamos con la capa de abajo (ver Figura 3.5).

Figura 3.5:
Construcción de un modelo la superficie de Riemann del logaritmo complejo

Figura 3.6: Capas 𝐶−1 , 𝐶0 y 𝐶1 de  .

En este caso, tenemos que la función ∗ viene dada por


∗ ∶ ←→ ℂ
(𝑧, 𝑘) → Log 𝑧 + 2𝑘𝜋𝑖.
32 superficies de riemann

3.3 Prolongación a lo largo de curvas

Dada 𝛾 ∶ [𝑎, 𝑏] → 𝐷 una curva sobre el dominio de un elemento función (𝑓 , 𝐷),


podemos considerar el germen Γ(𝑡) = [𝑓 , 𝛾(𝑡)] para cada 𝑡 ∈ [𝑎, 𝑏]. Γ envía entonces
el intervalo [𝑎, 𝑏] en  y cumple que 𝛾(𝑡) = (𝜋 ◦ Γ)(𝑡) ∀𝑡 ∈ [𝑎, 𝑏]. Sabemos que tanto
𝜋 −1 ∶ 𝐷 → [𝑓 , 𝐷] como 𝛾 son continuas, con lo que Γ es una curva en .
Nuestro objetivo es extender esta definición de curva en  para que 𝛾 no tenga por
qué estar contenida en el dominio de un solo elemento de función. Damos entonces
la siguiente definición:
Definición 3.7. Sean 𝛾 ∶ [𝑎, 𝑏] → 𝑅 una curva cualquiera en 𝑅 y [𝑓 , 𝛾(𝑎)] un
germen en 𝛾(𝑎). Decimos que Γ ∶ [𝑎, 𝑏] →  es una prolongación analítica de
[𝑓 , 𝛾(𝑎)] a lo largo de 𝛾 si cumple que 𝜋 ◦ Γ = 𝛾 y Γ(𝑎) = [𝑓 , 𝛾(𝑎)].

Figura 3.7:
Representación de una prolongación analítica de un germen a lo largo de una curva.

Sea Γ(𝑡) = [𝑓𝑡 , 𝑧𝑡 ] donde 𝑓𝑡 denota una función analítica definida en un entorno
del punto 𝑧𝑡 . Observamos que 𝑧𝑡 = 𝛾(𝑡) (ya que 𝜋 ◦ Γ = 𝛾). Esta curva Γ le asigna
entonces un germen [𝑓𝑡 , 𝛾(𝑡)] a cada punto 𝛾(𝑡) en 𝛾. Si fijamos un punto 𝑡 ∈ [𝑎, 𝑏]
y cogemos un 𝑠 lo suficientemente cerca de 𝑡, [𝑓𝑠 , 𝛾(𝑠)] pertenece a un entorno de
[𝑓𝑡 , 𝛾(𝑡)], con lo que 𝑓𝑡 = 𝑓𝑠 en un entorno de 𝛾(𝑠). Esta prolongación analítica, de
existir, es única (daremos la prueba más adelante usando superficies recubridoras).

3.4 Superficies recubridoras

La mayoría de resultados relativos a los gérmenes pueden expresarse en térmi-


nos de superficies recubridoras. En esta sección estudiaremos tanto estas como las
elevaciones de puntos y curvas de una superficie sobre ellas.
3. prolongación analítica, gérmenes y superficies recubridoras 33

Definición 3.8. Sean 𝑅̃ y 𝑅 dos superficies y  ∶ 𝑅̃ → 𝑅 un función sobreyectiva


entre ambas. Decimos que el par (𝑅, ̃ ), o simplemente 𝑅, ̃ es una superficie recubri-
dora lisa de 𝑅 si para cada 𝑧̃ ∈ 𝑅̃ existe un entorno abierto 𝑁̃ ∋ 𝑧̃ tal que la restricción
de  a 𝑁̃ es un homeomorfismo.
Ejemplo 3.2: El par (𝐹 , 𝜋), visto al final de la sección 3.2, es una superficie recubri-
dora lisa del subdominio 𝜋(𝐹 ) de 𝑅.
Observación 3.5: La definición de superficie recubridora (lisa) implica que  es tanto
continua como abierta. Por tanto, si restringimos  a un subdominio 𝐷̃ ⊂ 𝑅̃ en el que
sea inyectiva, dicha restricción es un homeomorfismo.
Observación 3.6: Si 𝑅 es un superficie de Riemann podemos tomar un atlas {(𝜙𝛼 , 𝑈𝛼 ) ∶
𝛼 ∈ 𝐴} de 𝑅 de manera que  −1 sea un homeomorfismo de un subdominio 𝐷̃𝛼 ⊂ 𝑅̃
en 𝑈𝛼 . De esta forma tomando el atlas {((𝜙𝛼 ◦ ),  −1 (𝑈𝛼 )) ∶ 𝛼 ∈ 𝐴}, 𝑅̃ es también
una superficie de Riemann y  ∶ 𝑅̃ → 𝑅 es analítica.

Nuestro interés en las superficies recubridoras se centra en la posibilidad de pasar


de 𝑅̃ a 𝑅 y viceversa usando tanto  como su inversa multivaluada.
Definición 3.9. Decimos que 𝑧̃ es una elevación de 𝑧 o que se proyecta a 𝑧 (o
simplemente que está sobre 𝑧) si cumple que (𝑧)
̃ = 𝑧.
Análogamente, decimos que una curva Γ ∶ [𝑎, 𝑏] → 𝑅̃ es una elevación de 𝛾 ∶ [𝑎, 𝑏] →
𝑅 o se proyecta a 𝛾 (o simplemente que está sobre 𝛾) si cumple que 𝛾(𝑡) = ( ◦ Γ)(𝑡)
∀𝑡 ∈ [𝑎, 𝑏].

Figura 3.8:
Superficie recubridora de ℂ y elevación de dos de sus discos.

En principio, dada 𝛾 ∶ [𝑎, 𝑏] → 𝑅 una curva en 𝑅 no podemos asegurar la existencia


ni la unicidad de una elevación Γ de 𝛾. Con esta cuestión en mente, introducimos la
siguiente terminología.
Definición 3.10. Sea (𝑅,̃ ) una superficie recubridora lisa de 𝑅 y sea 𝛾 ∶ [𝑎, 𝑏] →
𝑅 una curva en 𝑅. Entonces Γ es una elevación de 𝛾 en [𝑎, 𝑏] partiendo de 𝜁 ∈ 𝑅̃ si
34 superficies de riemann

Γ ∶ [𝑎, 𝑏] → 𝑅̃ es una curva en 𝑅̃ que se proyecta a 𝛾 ( 𝛾(𝑡) = ( ◦ Γ)(𝑡)) y tiene como


punto inicial a 𝜁 ( Γ(𝑎) = 𝜁).

Figura 3.9: Elevación de dos curvas

Teorema 3.1 (Unicidad de las elevaciones). Supongamos que (𝑅, ̃ ) es una su-
perficie recubridora lisa de 𝑅 y sea 𝛾 ∶ [𝑎, 𝑏] → 𝑅 una curva en 𝑅. Si Γ1 y Γ2 son
ambas elevaciones de 𝛾 partiendo del mismo punto 𝜁 sobre 𝛾(𝑎) entonces Γ1 = Γ2 en
[𝑎, 𝑏].
Demostración. Sean los conjuntos 𝐴 = {𝑡 ∈ [𝑎, 𝑏] ∶ Γ1 = Γ2 } y 𝐵 = {𝑡 ∈ [𝑎, 𝑏] ∶
Γ1 ≠ Γ2 } que forman una partición de [𝑎, 𝑏]. Por hipótesis sabemos que 𝑎 ∈ 𝐴
(Γ1 (𝑎) = 𝜁 = Γ2 (𝑎)) con lo que 𝐴 ≠ ∅. Si 𝑡 ∈ 𝐵 podemos separar Γ1 (𝑡) y Γ2 (𝑡)
por conjuntos abiertos disjuntos contenidos en el espacio Hausdorff 𝑅.
̃ Por tanto, por
continuidad, 𝐵 es un subconjunto abierto de [𝑎, 𝑏].
Si 𝑡 ∈ 𝐴, tomamos un entorno abierto 𝑁̃ del punto Γ1 (𝑡) = Γ2 (𝑡) ∈ 𝑅̃ en el que 
sea un homeomorfismo. Para todo 𝑠 lo suficientemente cerca de 𝑡, Γ𝑗 (𝑠) ∈ 𝑁̃ (con
𝑗 = 1, 2) y ( ◦ Γ1 )(𝑠) = ( ◦ Γ2 )(𝑠) ∈ (𝑁)
̃ por ser Γ𝑗 elevación de 𝛾.
Aplicando  −1 ∶ (𝑁) ̃ → 𝑁̃ obtenemos que Γ1 (𝑠) = Γ2 (𝑠) con lo que 𝐴 es tam-
bién un subconjunto abierto de [𝑎, 𝑏]. Como [𝑎, 𝑏] es conexo y 𝐴 es distinto del vacío
𝐴 = [𝑎, 𝑏].

Volviendo a la sección anterior, observamos que la prolongación analítica de 𝑓 a


lo largo de la curva 𝛾 es una elevación de 𝛾 partiendo del punto inicial [𝑓 , 𝛾(𝑎)] ∈ .
Aplicando el teorema anterior deducimos que si dicha prolongación existe, entonces
es única.
La cuestión de la existencia de las elevaciones no es tan directa. Vamos a introducir
una terminología para referirnos a superficies recubridoras en las que podemos asegu-
rar la existencia de las elevaciones y daremos una condición suficiente para asegurar
que existe una superficie recubridora es de este tipo.
Definición 3.11. Decimos que una superficie recubridora lisa (𝑅,̃ ) es una super-
ficie recubridora regular de la superficie 𝑅 si para toda curva 𝛾 ∶ [𝑎, 𝑏] → 𝑅 y para
3. prolongación analítica, gérmenes y superficies recubridoras 35

todo 𝑤̃ sobre 𝛾(𝑎) existe una elevación de 𝛾 partiendo de 𝑤.


̃
Teorema 3.2 (Existencia de las elevaciones). Sea (𝑅, ̃ ) una superficie recubri-
̃
dora lisa de una superficie 𝑅. Entonces 𝑅 es regular si existe un entorno 𝑁 para todo
𝑧 ∈ 𝑅 cumpliendo que cada componente conexa de  −1 (𝑁) es un subconjunto compacto
̃
de 𝑅.
Demostración. Sean 𝛾 ∶ [𝑎, 𝑏] → 𝑅 una curva y 𝑤̃ un punto sobre 𝛾(𝑎). Sabemos
que  es localmente un homeomorfismo para todo 𝑧̃ ∈ 𝑅̃ con lo que podemos cons-
truir una elevación Γ de 𝛾 partiendo de 𝑤̃ en algún intervalo [𝑎, 𝑎 + 𝜀]. Sea ahora 𝜏 el
supremo de los 𝑡 ∈ [𝑎, 𝑏] para los que existe una elevación de 𝛾 en [𝑎, 𝑡] partiendo de
̃ Aplicando el teorema anterior, podemos asegurar que existe una única elevación
𝑤.
de 𝛾 en [𝑎, 𝜏) partiendo de 𝑤.
̃
Seleccionamos ahora un entorno 𝑁 de 𝛾(𝜏) tal que cada componente 𝑁𝑗 de  −1 (𝑁)
es compacta. Existe entonces un número positivo 𝛿 tal que la elevación Γ de 𝛾((𝜏 −
𝛿, 𝜏)) ⊂ 𝑁 está contenida en una sola componente conexa de  −1 (𝑁) , a la que lla-
maremos 𝑁𝑗 . Si tomamos una sucesión {𝑡𝑛 } ⊂ (𝜏 − 𝛿, 𝜏) tal que 𝜏 = ĺım 𝑡𝑛 , entonces
Γ(𝑡𝑛 ) converge a un punto 𝜁 perteneciente al conjunto compacto 𝑁𝑗 . Por continuidad:

(𝜁) = ĺım( ◦ Γ)(𝑡𝑛 ) = ĺım 𝛾(𝑡𝑛 ) = 𝛾(𝜏).

Al ser  un homeomorfismo en un entorno de 𝜁, se sigue que Γ es una elevación


de 𝛾 en [𝑎, 𝜏]. Supongamos ahora que 𝜏 < 𝑏. Entonces aplicando que  es localmente
un homeomorfismo de un entorno de 𝜁 a un entorno de 𝛾(𝜏), podemos extender la
elevación anterior a [𝑎, 𝜏 + 𝜀]. Esto contradice lo que hemos supuesto con lo que
deducimos que 𝜏 = 𝑏 y se tiene el resultado.
Ejemplo 3.3: Consideremos el Ejemplo 1.1 en el que ℂ actúa como una superficie
recubridora lisa del toro ℂ∕𝐺. Cada punto [𝑧] en el toro se eleva a los puntos de la
forma 𝑧 + 𝑚𝜔1 + 𝑛𝜔2 ∈ ℂ con 𝑛, 𝑚 ∈ ℤ. Tomemos ahora discos compactos disjuntos
del mismo radio centrados en estos puntos. Estos discos se proyectan por  al entorno
compacto 𝑁 de [𝑧] con lo que, como cada uno es una componente conexa de  −1 (𝑁),
ℂ es una superficie recubridora regular de ℂ∕𝐺.

3.5 El Teorema de Monodromía

En esta sección haremos uso de las definiciones tanto de homotopía como de cur-
vas homotópicas vistas en la asignatura de Geometría de Curvas y Superficies.
36 superficies de riemann

Sean Γ1 y Γ2 dos curvas homotópicas sobre una superficie recubridora lisa 𝑅̃ de


una superficie 𝑅 con 𝐻 la homotopía entre ambas. Observamos entonces que  ◦ 𝐻
es una homotopía entre las curvas 𝛾𝑗 =  ◦ Γ𝑗 (con 𝑗 = 1, 2), con lo que estas son
homotópicas en 𝑅.
Sean ahora σ1 y σ2 dos curvas homotópicas en 𝑅, ¿son las elevaciones de σ𝑗 partiendo
desde el mismo punto en 𝑅̃ homotópicas entre sí? La respuesta a esta pregunta nos la
da el Teorema de Monodromía.
Teorema 3.3 (Teorema de Monodromía). Sea 𝑅̃ una superficie recubridora re-
gular de 𝑅 y sean 𝛾1 , 𝛾2 ∶ [𝑎, 𝑏] → 𝑅 dos curvas homotópicas en 𝑅, ambas uniendo 𝑧0
con 𝑧1 . Entonces para cada 𝑤0 sobre 𝑧0 , las únicas elevaciones Γ1 y Γ2 partiendo de 𝑤0
de 𝛾1 y 𝛾2 respectivamente cumplen:

1. Γ1 y Γ2 terminan en el mismo punto;


̃
2. Γ1 y Γ2 son homotópicas en 𝑅.
Demostración. Sea 𝐻 ∶ 𝑄 = [𝑎, 𝑏] × [0, 1] ←→ 𝑅 la homotopía entre 𝛾1 y 𝛾2 , que por
definición cumple:

1. ℎ(𝑡, 0) = 𝛾1 (𝑡) y ℎ(𝑡, 1) = 𝛾2 (𝑡) ∀𝑡 ∈ [𝑎.𝑏];


2. ℎ(𝑎, 𝑠) = 𝑧0 y ℎ(𝑏, 𝑠) = 𝑧1 ∀𝑠 ∈ [0, 1].

Si tomamos un 𝑠 ∈ [0, 1] arbitrario pero fijo, la curva 𝛾𝑠 ∶ [𝑎, 𝑏] → 𝑅 dada por


𝑡 → ℎ(𝑡, 𝑠) tiene una única elevación Γ𝑠 dada por 𝑡 → ℎ(𝑡,
̃ 𝑠) partiendo de 𝑤0 en 𝑅.
̃
Consecuentemente, ℎ̃ ∶ 𝑄 → 𝑅 tiene las siguientes propiedades:

1.  ◦ ℎ̃ = ℎ;
2. ̃ 𝑠) = 𝑤0 ∀𝑠 ∈ [0, 1];
ℎ(𝑎,
3. ̃ 0) = Γ1 (𝑡) y ℎ(𝑡,
ℎ(𝑡, ̃ 1) = Γ2 (𝑡) ∀𝑡 ∈ [𝑎.𝑏];
4. Si fijamos 𝑠0 ∈ [0, 1], ℎ(𝑡,
̃ 𝑠0 ) ∶ [𝑎, 𝑏] → 𝑅̃ es continua.

Tenemos que probar que ℎ̃ además cumple:

A. ℎ̃ es continua en 𝑄;
B. ℎ(𝑏,
̃ 𝑠) es constante ∀𝑠 ∈ [0, 1]

Si ℎ̃ fuera continua en 𝑄, ℎ(𝑏,


̃ 𝑠) ∶ [0, 1] → 𝑅̃ sería una curva en 𝑅̃ y como
 ◦ ℎ̃ = ℎ, dicha curva es una elevación de la constante 𝑧1 . Aplicando el Teorema de
unicidad de elevaciones, vemos que solo curvas constantes pueden proyectarse a un
solo punto, con lo que ℎ(𝑏,
̃ 𝑠) es constante y tendríamos (B).
Nos queda entonces probar (A). Seleccionemos un entorno de 𝑁̃ de 𝑤0 cumpliendo
3. prolongación analítica, gérmenes y superficies recubridoras 37

que  sea un homeomorfismo restringido a este y escribimos (𝑁) ̃ = 𝑁. Se tiene


entonces que ℎ−1 (𝑁) es un subconjunto abierto de 𝑄 que contiene al intervalo [0, 1]
con lo que para algún 𝛿 > 0 se tiene que.

𝑄(𝛿) ∶= [𝑎, 𝑎 + 𝛿] × [0, 1] ⊂ ℎ−1 (𝑁).

Si llamamos  −1 al inverso de  restringido a 𝑁,̃ observamos que ( −1 ◦ℎ) nos da una


elevación de ℎ(𝑡, 𝑠) partiendo de 𝑤0 para cada segmento [𝑎, 𝑎 + 𝛿] × {𝑠} de 𝑄(𝛿). Por
tanto, ( −1 ◦ℎ) = ℎ̃ en 𝑄(𝛿) con lo que ℎ̃ es continua en 𝑄(𝛿).
Sea ahora 𝜏 el supremo de los 𝑡 ∈ [𝑎, 𝑏] para los que ℎ̃ es continua en 𝑄(𝑡−𝑎). Entonces
ℎ̃ es continua en 𝑄(𝜏 −𝑎) y llamamos línea crítica al intervalo {𝜏}×[0, 1] ⊂ 𝑄(𝜏 −𝑎).
Veamos ahora que ℎ̃ es continua en un entorno de cada punto 𝜁 en la línea crítica.
Primero fijamos un 𝜁 ∈ {𝜏}×[0, 1] y tomamos un entorno abierto 𝑉̃ de ℎ(𝜁) ̃ en el que
 actúe como un homeomorfismo. Si llamamos ahora 𝑉 = (𝑉 ) y consideramos  −1
̃
como el inverso de la función  ∶ 𝑉̃ → 𝑉 , entonces ℎ−1 (𝑉 ) es un entorno abierto de
𝜁y
𝑓 = ( −1 ◦ℎ) ∶ ℎ−1 (𝑉 ) ←→ 𝑉̃
es continua en ℎ−1 (𝑉 ).

Figura 3.10

Por construcción, 𝑓 (𝜁) = ℎ(𝜁).


̃ Sea ahora 𝜎 el camino poligonal entre 𝜁 y 𝑥 re-
presentado en la Figura 3.5. Al ser 𝑓 continua en ℎ−1 (𝑉 ), vemos que 𝑓 (𝜎) es la única
elevación de ℎ(𝜎) partiendo de ℎ(𝜁).
̃ Sabemos que ℎ̃ es continua tanto en cada seg-
mento horizontal de ℎ (𝑉 ) (Propiedad (4) de ℎ)
−1 ̃ como a la izquierda de la línea crítica
(representada en la Figura 3.5 por la línea discontinua en ℎ−1 (𝑉 )). Por tanto, ℎ̃ es
continua en 𝜎 y la curva ℎ(𝜎)
̃ es una elevación de ℎ(𝜎) partiendo de ℎ(𝜁).
̃ Aplicando
38 superficies de riemann

ahora el Teorema de Unicidad de las Elevaciones tenemos que 𝑓 = ℎ̃ en 𝜎 y por tanto


en 𝑥. El conjunto de los 𝑥 para los que podemos hacer esta construcción recubre todo
el entorno de 𝜁 con lo que ℎ(=
̃ 𝑓 ) es continua en todo el entorno.
Los entornos abiertos de esta forma recubren toda la línea crítica {𝜏} × [0, 1]. Supon-
gamos ahora que 𝜏 < 𝑏. Tenemos entonces que, al ser la línea crítica compacta, estos
entornos recubren una banda [𝜏 −𝜀, 𝜏 +𝜀]×[0, 1] y por tanto ℎ̃ es continua en 𝑄(𝜏 +𝜀)
lo que contradice nuestra definición de 𝜏. Deducimos entonces que 𝜏 = 𝑏 y, por tanto,
concluimos que ℎ̃ es continua en todo 𝑄, lo que finaliza la prueba.

El Teorema de Monodromía nos permite enunciar el siguiente resultado sobre pro-


longación de gérmenes a lo largo de una curva.
Corolario 3.2. Sea 𝑅 una superficie de Riemann y [𝑓 , 𝑧] ∈  un germen sobre esta.
Supongamos que podemos prolongar analíticamente dicho germen a lo largo de todas
las curvas en 𝑅 partiendo de 𝑧. Entonces, si prologamos analíticamente [𝑓 , 𝑧] a lo
largo de dos curvas homotópicas, ambas partiendo de 𝑧 y terminando en el mismo
punto 𝑤, ambos gérmenes resultantes en 𝑤 son iguales.

3.6 Superficies Simplemente Conexas

En esta sección vamos a dedicarnos a estudiar propiedades tanto de las superficies


simplemente conexas como de sus superficies recubridoras. Introducimos esta sección
recordando la definición del objeto protagonista de la misma.
Definición 3.12. Una superficie 𝑅 es simplemente conexa si toda curva cerrada
sobre esta es homotópica a su punto inicial (visto como curva constante).
Teorema 3.4. Sea  ∶ 𝑅̃ → 𝑅 una superficie recubridora regular de 𝑅. Entonces,
si 𝑅 es simplemente conexa,  es un homeomorfismo.
Demostración. Sabemos que  es abierta, continua y sobreyectiva, con lo que solo
queda probar que es inyectiva.
Supongamos lo contrario, es decir, que existen dos puntos 𝑤1 , 𝑤2 ∈ 𝑅̃ distintos tales
que (𝑤1 ) = (𝑤2 ). Entonces podemos unir 𝑤1 y 𝑤2 mediante una curva Γ en 𝑅̃ y
proyectar esta a una curva cerrada 𝛾 que parte y termina en (𝑤1 )(= (𝑤2 )). Como 𝑅
es una superficie simplemente conexa, 𝛾 es homotópica a la curva constante (𝑤1 ).
Aplicando ahora el Teorema de Monodromía, tenemos que la elevación de 𝛾 y de
3. prolongación analítica, gérmenes y superficies recubridoras 39

(𝑤1 ) tienen los mismos puntos extremos. Estas elevaciones, que sabemos que son
únicas, son Γ y la constante 𝑤1 respectivamente. Por tanto, Γ termina en 𝑤1 y 𝑤1 =
𝑤2 , con lo que  es inyectiva y el resultado queda probado.
Observación 3.7: La relevancia de este Teorema es clara. Si podemos construir una
superficie recubridora regular 𝑅̃ de una superficie 𝑅, cada punto en 𝑅 se corresponde
de forma unívoca con uno de 𝑅. ̃

Podemos probar ahora el siguiente resultado que nos va a permitir "enlosar" fun-
ciones definidas localmente en una superficie de Riemann simplemente conexa 𝑅 para
obtener una sola función bien definida en todo 𝑅.
Teorema 3.5 (Enlosado de funciones analíticas). Sean 𝑅 una superficie de Rie-
mann simplemente conexa. Supongamos que existe una colección de dominios {𝐷𝛼 ∶
𝛼 ∈ } contenidos en 𝑅 cumpliendo:

1. 𝛼∈ 𝐷𝛼 = 𝑅
2. Para cada 𝛼 ∈  existe una familia 𝐹𝛼 de funciones analíticas 𝑓 ∶ 𝐷𝛼 → 𝑆 tales
que si 𝑓 ∈ 𝐹𝛼 y 𝑧 ∈ 𝐷𝛼 ∩ 𝐷𝛽 entonces existe una función analítica 𝑔 ∶ 𝐷𝛽 → 𝑆
con 𝑔 ∈ 𝐹𝛽 cumpliendo que 𝑓 = 𝑔 en un entorno de 𝑧.

Entonces para cada 𝛼 ∈  podemos tomar un ℎ𝛼 ∈ 𝐹𝛼 de forma que la función


ℎ ∶ 𝑅 → 𝑆 definida como

ℎ(𝑧) = ℎ𝛼 (𝑧) si 𝑧 ∈ 𝐷𝛼

es una función analítica univaluada en todo 𝑅.


Demostración. Primero restringimos la proyección 𝜋 ∶  → 𝑆 definida en la sección
3.2 a la colección de gérmenes
( )
⋃ ⋃
0 = [𝑓 , 𝐷𝛼 ] .
𝛼∈ 𝑓 ∈𝐹𝛼

Observamos que 0 cumple todos los requerimientos para ser una superficie recubri-
dora lisa de 𝑅 salvo que esta podría no ser conexa. Veamos ahora que 0 satisface las
hipótesis del Teorema 3.2 (Teorema de Existencia de las Elevaciones). Trivialmente,
tenemos que ⋃
[𝑓 , 𝐷𝛼 ] ⊂ 𝜋 −1 (𝐷𝛼 ).
𝑓 ∈𝐹𝛼

Si [𝑔, 𝑤] ∈ 𝜋 −1 (𝐷𝛼 ), entonces 𝑤 ∈ 𝐷𝛼 y (como [𝑔, 𝑤] ∈ 0 ) se tiene que 𝑔 ∈ 𝐹𝛽 para


algún 𝛽 ∈ . Por tanto 𝑤 ∈ 𝐷𝛼 ∩ 𝐷𝛽 con lo que existe algún 𝑓 ∈ 𝐹𝛼 tal que 𝑓 = 𝑔 en
40 superficies de riemann

un entorno de 𝑤. Consecuentemente [𝑔, 𝑤] = [𝑓 , 𝑤] ∈ [𝑓 , 𝐷𝛼 ] y, por tanto, se tiene


que ⋃
[𝑓 , 𝐷𝛼 ] = 𝜋 −1 (𝐷𝛼 ).
𝑓 ∈𝐹𝛼

Se sigue que los conjuntos [𝑓 , 𝐷𝛼 ] son las componentes de 𝜋 −1 (𝐷𝛼 ).

Para cada punto 𝑧 ∈ 𝐷𝛼 podemos construir un disco paramétrico compacto 𝐾 ⊂


𝐷𝛼 centrado en dicho punto. Las componentes de 𝜋 −1 (𝐾) para cada 𝐾 serían entonces
los conjuntos compactos [𝑓 , 𝐾], con 𝑓 ∈ 𝐹𝛼 .
Se sigue (procediendo de manera idéntica a la prueba del Teorema 3.2) que para cada
curva 𝛾 en 𝑅 existe una elevación partiendo de cualquier punto en 0 que esté sobre
el punto inicial de 𝛾.
Si consideramos todas las curvas 𝛾 en 𝑅 con 𝑧0 como punta inicial, vemos que 𝜋 pro-
yecta cada componente de 0 a 𝑅. Por tanto cada componente de 0 es una superficie
recubridora regular de 𝑅 y podemos aplicar el Teorema 3.4. Concluimos así que la
restricción de 𝜋 a una componente cualquiera de 0 es un homeomorfismo.
Tomemos ahora una componente conexa 𝐶 de 0 . Si 𝑧 ∈ 𝑅, entonces, existe un úni-
co germen [ℎ, 𝑧] ∈ 𝐶 para alguna función ℎ. Si 𝑧 ∈ 𝐷𝛼 tenemos que existe algún
ℎ𝛼 ∈ 𝐹𝛼 tal que ℎ = ℎ𝛼 en un entorno de 𝑧. Concluimos entonces que [ℎ𝛼 , 𝐷𝛼 ] ⊂ 𝐶
y, consecuentemente, ℎ𝛼 esta determinada de forma unívoca por ℎ y por tanto por 𝐶,
lo que finaliza la prueba.

Vamos a dar un resultado conocido aplicando este Teorema para familiarizarnos


con el mismo.
Corolario 3.3. Sea 𝑓 una función holomorfa que no se anula en ningún punto defi-
nida en una superficie de Riemann simplemente conexa 𝑅. Entonces existe una rama
univaluada de log(𝑓 ) en 𝑅.
Demostración. Para cada 𝑧 ∈ 𝑅 seleccionamos un disco paramétrico centrado en 𝑧,
formando así una colección {𝐷𝛼 }𝛼∈ . Tomando cartas (𝜙𝛼 , 𝐷𝛼 ) vemos que podemos
escoger una rama univaluada de log(𝑓 ) en cada 𝐷𝛼 (𝜙𝛼 proyecta 𝐷𝛼 en un disco en ℂ
en el que sabemos que podemos escoger dicha rama del log(𝑓 ◦𝜙−1 𝛼
)). Sea ahora 𝐹𝛼 el
conjunto de todas las ramas posibles del log(𝑓 ) en 𝐷𝛼 . Entonces podemos aplicar el
Teorema 3.5 y tenemos el resultado.

Centrémonos ahora en 𝑅̃ en vez de en 𝑅 y veamos que ocurre cuando esta es sim-


plemente conexa. Empecemos comparando 𝑅̃ con otra superficie recubridora regular.
Teorema 3.6. ̃ ) y (𝑅∗ , ) dos superficies recubridoras regulares de 𝑅 y
Sean (𝑅,
3. prolongación analítica, gérmenes y superficies recubridoras 41

supongamos que 𝑅̃ es simplemente conexa. Entonces 𝑅̃ es una superficie recubridora


regular de 𝑅∗ con la proyección  ∶ 𝑅̃ → 𝑅∗ que cumple  = ◦.
Demostración. Primero elegimos dos puntos 𝑤̃ ∈ 𝑅̃ y 𝑤∗ ∈ 𝑅∗ ambos elevaciones
de un mismo punto 𝑤 ∈ 𝑅. Tomamos ahora un 𝑧̃ ∈ 𝑅̃ cualquiera y unimos 𝑤̃ con 𝑧̃
mediante una curva 𝛾̃ , que se proyecta a la curva (̃𝛾 ) = 𝛾 en 𝑅. Sabemos a su vez
que 𝛾 tiene una elevación en 𝑅∗ partiendo de 𝑤∗ a la que denotaremos 𝛾 ∗ . Tenemos
que ver que el punto final de 𝛾 ∗ (al que llamaremos (𝑧))
̃ no depende de la elección
de 𝛾̃ . Al ser 𝑅 simplemente conexa, todas las curvas sobre esta son homotópicas a la
̃
curva constante dada por su punto inicial, con lo que particularmente, cualesquiera
dos elecciones de la curva 𝛾̃ son homotópicas entre sí. Se sigue entonces que ambas
elecciones de 𝛾̃ se proyectan en dos curvas homotópicas sobre 𝑅. Podemos aplicar
ahora el Teorema de Monodromía (Teorema 3.3) a estas curvas en 𝑅, viendo así que
sus elevaciones sobre 𝑅∗ partiendo de 𝑤∗ también son homotópicas entre sí y tienen
los mismos puntos extremos. Concluimos de esta manera que el punto final de 𝛾 ∗ no
depende de la elección de 𝛾̃ . La proyección  ∶ 𝑅̃ → 𝑅∗ queda entonces bien definida
y satisface la propiedad  = ◦.
Observación 3.8: Si añadimos a las hipótesis del Teorema anterior que 𝑅∗ también
sea simplemente conexa, aplicando el Teorema 3.4 obtenemos que  es un homeo-
morfismo.
Si además 𝑅, 𝑅̃ y 𝑅∗ son superficies de Riemann, entonces  es un homeomorfismo
analítico y cualesquiera dos superficies recubridoras regulares de 𝑅 son conforme-
mente equivalentes. Por tanto en este caso como mucho existe (salvo homeomorfismo
analítico ) una sola superficie recubridora regular simplemente conexa.

El siguiente resultado nos asegura la existencia de dicha superficie recubridora.


Teorema 3.7. Toda superficie 𝑅 tiene una superficie recubridora regular simplemen-
̃ Llamamos a 𝑅̃ la superficie recubridora universal de 𝑅.
te conexa 𝑅.
Notación 3.2. Sea 𝛼 ∶ [0, 1] → 𝑅 una curva, notamos [𝛼] a la clase formada por
todas las curvas homotópicas a 𝛼 en 𝑅.
Sean 𝛼, 𝛽 ∶ [0, 1] → 𝑅 dos curvas cumpliendo que 𝛼(1) = 𝛽(0). Llamamos entonces
𝛼 ∗ 𝛽 a la curva que surge al unir ambas curvas.
Demostración (Del Teorema 3.7). Para probar el resultado necesitamos construir la
superficie 𝑅̃ y verificar que cumple las propiedades requeridas para ser una superficie
recubridora regular simplemente conexa de una superficie 𝑅. Para mayor claridad,
vamos a dividir esta prueba en varios pasos.

Paso 1: Construcción de 𝑅̃ y de una topología en esta.


42 superficies de riemann

Seleccionamos un punto 𝑧0 ∈ 𝑅 arbitrario pero fijo y definimos 𝑅̃ como el con-


junto de las clases [𝛼] donde 𝛼 es una curva de 𝑅 partiendo de 𝑧0 . Para cada 𝛼 y para
cada disco paramétrico 𝐷 centrado en el extremo final de 𝛼(1) definimos

[𝛼, 𝐷] ∶= {[𝛼 ∗ 𝜎] | 𝛼(1) = 𝜎(0); 𝜎 ∶ [0, 1] → 𝐷}

Intuitivamente, [𝛼, 𝐷] está constituido por todas las curvas homotópicas a la curva
formada al unir 𝛼 con una curva 𝜎 contenida en 𝐷.
Veamos que los conjuntos [𝛼, 𝐷] forman una base para una topología en 𝑅. ̃ Por defi-
nición de 𝑅,̃ tenemos que está en dicha topología. Falta ver que dados dos conjuntos
[𝛼, 𝑈 ] y [𝛽, 𝑉 ], su intersección se puede expresar como unión de conjuntos de la forma
[𝛾, 𝑊 ]. Supongamos que [𝛾] ∈ [𝛼, 𝑈 ] ∩ [𝛽, 𝑉 ]. Seleccionamos ahora un representante
𝛿 de la clase [𝛾] de forma que 𝛿(1) ∈ 𝑈 ∩𝑉 . Escogemos entonces un disco paramétrico
𝑊 centrado en 𝛿(1) contenido en 𝑈 ∩ 𝑉 . Cada punto [𝛿 ∗ 𝜎] ∈ [𝛿, 𝑊 ] verifica

[𝛿 ∗ 𝜎] = [(𝛼 ∗ 𝜂) ∗ 𝜎] = [𝛼 ∗ (𝜂 ∗ 𝜎)] ⊂ [𝛼, 𝑈 ]

ya que 𝛿 = 𝛼 ∗ 𝜂 para algún 𝜂 en 𝑈 . Por tanto [𝛾, 𝑊 ] = [𝛿, 𝑊 ] ⊂ [𝛼, 𝑈 ]. Por un


procedimiento análogo llegamos a que [𝛾, 𝑊 ] = [𝛿, 𝑊 ] ⊂ [𝛽, 𝑉 ] y, en consecuencia,

[𝛾] ∈ [𝛾, 𝑊 ] ⊂ [𝛼, 𝑈 ] ∩ [𝛽, 𝑉 ].

̃ es Hausdorff.
Paso 2: Ver que 𝐑

Dados [𝛼] y [𝛽] distintos en 𝑅̃ escogemos dos discos paramétricos 𝑈 y 𝑉 centrados


en 𝛼(1) y 𝛽(1) respectivamente de forma que 𝑈 = 𝑉 si 𝛼(1) = 𝛽(1) y 𝑈 ∩ 𝑉 = ∅ en
caso contrario.
Supongamos que [𝛼, 𝑈 ] ∩ [𝛽, 𝑉 ] ≠ ∅ para algún [𝛼] y [𝛽]. Entonces existe una curva
𝛾 de tal forma que [𝛾] está en la intersección de ambos conjuntos. En consecuencia,
𝛾(1) ∈ 𝑈 ∩ 𝑉 y por tanto 𝑈 = 𝑉 y 𝛼(1) = 𝛽(1). Además, se tiene que [𝛾] = [𝛼 ∗
𝜎] = [𝛽 ∗ 𝛿] donde 𝜎 y 𝛿 están contenidas en 𝑈 (= 𝑉 ) y terminan en el mismo punto
(𝛿(1) = 𝜎(1)). Como 𝑈 es un disco paramétrico (y por tanto simplemente conexo),
vemos que [𝜎] = [𝛿] con lo que [𝛼] = [𝛽] lo que contradice nuestra suposición inicial.
Por tanto, 𝑅̃ es Hausdorff.
̃ → 𝐑.
Paso 3: Construcción de la proyección homeomorfa  ∶ 𝐑

Para cada [𝛼] definimos ([𝛼]) = 𝛼(1), con 𝛼(1) el extremo final de 𝛼 que no
depende del representante de [𝛼]. Sabemos que 𝑅 es conexa por caminos por ser esta
una superficie, con lo que, por definición de 𝑅,
̃  es una proyección sobreyectiva de
3. prolongación analítica, gérmenes y superficies recubridoras 43

𝑅̃ en 𝑅.
Claramente ([𝛼, 𝐷]) = 𝐷 y, por tanto,  lleva abiertos de 𝑅̃ en abiertos de 𝑅 con lo
que  es una función abierta.
Veamos ahora que  es continua. Si [𝛼] ∈  −1 (𝐴) para un conjunto abierto 𝐴 ⊂ 𝑅,
seleccionamos un disco paramétrico 𝐷 centrado en 𝛼(1) contenido en 𝐴. Entonces
[𝛼] ∈ [𝛼, 𝐷] ⊂  −1 (𝐴) y  es continua.
Por último, veamos que  restringido a cada conjunto [𝛼, 𝐷] es un homeomorfismo.
Solo falta ver que  es inyectiva. Supongamos entonces que ([𝛼 ∗ 𝜎]) = ([𝛼 ∗ 𝛿]).
Al igual que vimos en el paso 2, tenemos que [𝜎] = [𝛿] lo que implica [𝛼 ∗ 𝜎] = [𝛼 ∗ 𝛿]
como queríamos probar. Consecuentemente,  restringida a [𝛼, 𝐷] es inyectiva y, por
tanto, un homeomorfismo.
̃ es una superficie recubridora regular conexa por caminos de 𝐑.
Paso 4: 𝐑

Dada una curva 𝛼 en 𝑅 partiendo de 𝑧0 definimos (para 𝑟 ∈ [0, 1]) la curva:

𝛼𝑟 (𝑡) = 𝛼(𝑟𝑡), 𝑡 ∈ [0, 1].

Como 𝛼 es continua, también lo es la proyección 𝛼̃ ∶ 𝑟 → [𝛼𝑟 ], y 𝛼̃ es, en consecuen-


cia, una curva en 𝑅.
̃ Observamos ahora que

(𝛼(𝑟))
̃ = ([𝛼𝑟 ]) = 𝛼𝑟 (1) = 𝛼(𝑟),

y, por tanto, la curva 𝛼̃ es una elevación de 𝛼 y une [𝑧0 ] (elevación de 𝑧0 ) con [𝛼].
Concluimos así que 𝑅̃ es conexa por caminos.
De forma más general, sea 𝛼 una curva cualquiera en 𝑅 (no necesariamente partiendo
de 𝑧0 ) y sea [𝜂] ∈ 𝑅̃ sobre el punto inicial de 𝛼 (de forma que 𝛼(1) = 𝜂(0)). Entonces
𝑟 → [𝜂 ∗ 𝛼𝑟 ] es una curva en 𝑅̃ partiendo de [𝜂] sobre 𝛼. Por tanto, toda curva 𝛼
tiene una elevación en 𝑅̃ partiendo de cada punto sobre 𝛼(0) y 𝑅̃ es una superficie
recubridora regular.
̃ es simplemente conexa
Paso 5: 𝐑

Consideremos una curva cerrada en Γ ∶ [0, 1] → 𝑅̃ que empieza y termina en el


punto [𝜂] ∈ 𝑅.
̃ Su proyección 𝛼 en 𝑅 también es cerrada y

𝛾(1) = 𝛾(0) = ([𝜂]) = 𝜂(1).

Como [𝜂] ∈ 𝑅,̃ vemos que [𝜂] une 𝑧0 = 𝜂(0) con 𝜂(1) y 𝛾 es una curva cerrada que
empieza y termina en 𝜂(1).
44 superficies de riemann

Figura 3.11

La curva 𝑟 → [𝜂 ∗ 𝛾𝑟 ] en 𝑅̃ es una elevación de 𝛾 partiendo de [𝜂](= [𝜂 ∗ 𝛾0 ]), con lo


que, por la unicidad de las elevaciones (Teorema 3.1), Γ(𝑟) = [𝜂 ∗ 𝛾𝑟 ].
Deducimos así que [𝜂] = Γ(0) = Γ(1) = [𝜂 ∗ 𝛾] y 𝛾 es, por tanto, homotópica a 𝜂(1)
(visto como curva constante). El Teorema de Monodromía (Teorema 3.3) nos asegura
que las elevaciones de 𝛾 y de 𝜂(1) partiendo de [𝜂] son homotópicas. Estas elevaciones
son Γ y [𝜂] (visto como curva constante) respectivamente, con lo que la curva cerrada
Γ es homotópica a la curva constante dada por su punto inicial. Como Γ era una
curva cerrada cualquiera en 𝑅̃ acabamos de probar que 𝑅̃ es simplemente conexo, lo
que concluye la prueba.

Para concluir esta sección damos la siguiente definición que nos será útil más
adelante.
Definición 3.13. Sea 𝑅 una superficie de Riemann y (𝑅,̃ ) su superficie recubridora
̃
universal. Decimos que entonces que 𝑔 ∈ Aut(𝑅) es una transformación recubridora
de 𝑅 si solo si (𝑔(𝑧)) = (𝑧) para cada 𝑧 ∈ 𝑅. Al grupo formado por las transforma-
ciones recubridoras lo llamamos grupo recubridor de 𝑅.
4 Funciones Subarmónicas

Este capítulo está dedicado al estudio de las funciones armónicas y subarmónicas


sobre superficies de Riemann, las cuales resultarán de suma importancia en la prue-
ba del Teorema de Uniformización de superficies de Riemann simplemente conexas.
Veremos aquí conceptos como las familias de Perron, el Problema de Dirichlet en su-
perficies de Riemann y las funciones de Green y probaremos resultados que nos serán
de gran ayuda como la desigualdad de Harnack o el principio del Máximo.
Este capítulo sigue principalmente [1, Ch 8], aunque también nos apoyaremos en [8,
Ch 13-15]. Hemos simplificado o directamente eliminado los resultados y conceptos
vistos en el Grado. Todos ellos los podemos encontrar en [3, Ch 12].

4.1 Funciones armónicas y conjugadas

Comenzamos recordando la definición de función armónica en un abierto de ℂ.


Definición 4.1. Sea Ω ⊂ ℂ un abierto de ℂ. Diremos que una función 𝑢 ∶ Ω → ℝ
es armónica cuando 𝑢 sea holomorfa en Ω y cumpla la ecuación de Laplace ∇2 𝑢(𝑧) = 0
𝜕2𝑢 𝜕2𝑢
para cada 𝑧(= 𝑥 + 𝑖𝑦) ∈ Ω, donde ∇2 𝑢(𝑧) ∶= 2 + 2 .
𝜕𝑥 𝜕𝑦
Observación 4.1: Si 𝑢 es armónica en 𝐷 y si 𝑔 ∶ 𝐷′ → 𝐷 es holomorfa, entonces
la función compuesta ℎ(𝑧) = 𝑢(𝑔(𝑧)) es armónica en 𝐷′ . La prueba es por cálculo
directo. Lo daremos por demostrado.
Definición 4.2. Sea 𝑅 una superficie de Riemann con atlas {(𝜙𝛼 , 𝑈𝛼 )}. Una función
𝑢 ∶ 𝑅 → ℝ es armónica en 𝑅 si y solo si para cada 𝛼, la composición 𝑢 ◦ 𝜙−1 𝛼

𝜙𝛼 (𝑈𝛼 ) → ℝ es armónica sobre el abierto 𝜙𝛼 (𝑈𝛼 ).
Observación 4.2: Se tienen los siguientes puntos:
46 superficies de riemann

1. La armonicidad es una propiedad local: 𝑢 es armónica en 𝑅 si y solo si 𝑢 es ar-


mónica en un entorno de cada punto de 𝑅 y es independiente del atlas escogido
dentro de una misma estructura conforme.
2. Si 𝑔 ∶ 𝑅1 → 𝑅 es una función analítica entre dos superficies de Riemann y si 𝑢
es armónica sobre 𝑅, entonces la compuesta 𝑢◦𝑔 es armónica sobre 𝑅1 .
3. Si 𝑓 ∶ 𝑅 → ℂ es holomorfa y 𝑢 = ℜ(𝑓 ) entonces 𝑢 es armónica sobre 𝑅.

El siguiente Teorema nos asegura que el recíproco de la propiedad 3 en la obser-


vación es cierto para superficies de Riemann simplemente conexas.

Teorema 4.1. Sea 𝑢 armónica sobre una superficie de Riemann simplemente conexa
𝑅. Entonces 𝑢 es la parte real de cierta función 𝑓 holomorfa sobre 𝑅.

Demostración. La prueba tiene dos partes. Primero, se prueba que localmente 𝑢 es la


parte real de una cierta función holomorfa. Segundo, se pegan las definiciones locales
para generar una función holomorfa global cuya parte real es la función armónica 𝑢
dada. Esta segunda parte utiliza el Teorema 3.5.

La primera parte de la demostración es idéntica a la prueba del resultado para el


caso plano, vista en la asignatura Variable Compleja.
Para la segunda parte, tomamos {𝐷𝛼 }𝛼∈ un recubrimiento de 𝑅 por discos para-
métricos. Para cada 𝛼, la familia 𝐹𝛼 consiste en las funciones 𝑓 holomorfas en 𝐷𝛼
cumpliendo que 𝑢 = ℜ(𝑓 ). La existencia de tales funciones está garantizada por la
primera parte de la demostración y la diferencia entre dos funciones cualesquiera de
𝐹𝛼 es una constante imaginaria pura. Esto último se tiene puesto que dicha diferencia
de funciones es holomorfa y con parte real 0, con lo que se deduce de sus ecuaciones
de Cauchy-Riemann. Verifiquemos que se cumplen las hipótesis del Teorema 3.5. Su-
pongamos que 𝑧 ∈ 𝐷𝛼 ∩𝐷𝛽 y que 𝑓 ∈ 𝐹𝛼 . Elegimos cualquier 𝑔 en 𝐷𝛽 y sumando una
constante imaginaria podemos asumir que 𝑔(𝑧) = 𝑓 (𝑧). La diferencia 𝑓 −𝑔 tiene parte
real 0 sobre el abierto 𝐷𝛼 ∩ 𝐷𝛽 y por ello es constante ahí. Como 𝑧 pertenece a este
conjunto tenemos 𝑓 = 𝑔 cerca de 𝑧 como requeríamos. Podemos entonces aplicar el
Teorema 3.5 y obtenemos así la función holomorfa ℎ sobre 𝑅 tal que 𝑢 = ℜ(ℎ). Esto
termina la demostración del Teorema.

Observación 4.3: Recordemos que una función 𝑣 se dice que es armónica conjugada
de una función armónica 𝑢 si la función compleja 𝑢 + 𝑖𝑣 es holomorfa. Así, una fun-
ción armónica conjugada de 𝑢 siempre existe localmente y existe globalmente sobre
cualquier superficie de Riemann simplemente conexa gracias al Teorema anterior.
4. funciones subarmónicas 47

Consideremos a continuación la función


1
𝑢(𝑧) = log |𝑧| = log(𝑥2 + 𝑦2 )
2
Se comprueba directamente que 𝑢 es una función armónica en ℂ∗ = ℂ ⧵ {0} y cual-
quier función armónica conjugada local de esta es una rama continua de la función
arg(𝑧). En la asignatura Funciones de Variable Compleja se prueba que no existe una
armónica conjugada de 𝑢 en todo ℂ∗ y por tanto podemos darlo por sabido. Enuncia-
mos ahora el siguiente teorema.
Teorema 4.2. Sea 𝑢 armónica en el disco punzado 𝐴 = {0 < |𝑧| < 𝑟}. Entonces
existe un número real 𝑐 y cierta función 𝑓 holomorfa en 𝐴 con

𝑢(𝑧) = 𝑐 log |𝑧| + ℜ(𝑓 (𝑧)) (4.1)

Además, si 𝑢 está acotada en 𝐴, entonces 𝑐 = 0 y 𝑢 se extiende a una función armónica


en todo el disco abierto {𝑧 ∶ |𝑧| < 𝑟}.
Demostración. La función 𝑢(𝑧) − 𝑘 log |𝑧| es armónica en 𝐴 para cualquier 𝑘 ∈ ℝ.
Por lo tanto ( )
𝜕 𝜕
𝑔(𝑧) = −𝑖 (𝑢(𝑧) − 𝑘 log |𝑧|)
𝜕𝑥 𝜕𝑦

es una función holomorfa en 𝐴. Como se puede comprobar directamente, se tiene


que ( )
𝜕𝑢 𝜕𝑢 𝑘
𝑔(𝑧) = −𝑖 −
𝜕𝑥 𝜕𝑦 𝑧
y la función entre paréntesis es holomorfa en el disco punzado 𝐴. Por tanto, la función
entre paréntesis admite un desarrollo en serie de Laurent centrado en el origen. Pode-
mos elegir 𝑘 de tal modo que la expansión en serie de Laurent de la función 𝑔 en 𝐴 no
tenga el término en 1∕𝑧. Digamos que 𝑐 es el valor de la constante 𝑘 que tenemos que
tomar para ello. Entonces, la integral de la función 𝑔 (que se puede realizar término a
término) sobre cualquier curva cerrada contenida en 𝐴 es nula y por ello, la función
𝑔 tiene primitiva en el disco punzado 𝐴 que llamaremos 𝑓 . Exactamente igual que se
hace en la demostración del Teorema 4.1 se obtiene que

𝑢(𝑧) − 𝑐 log(|𝑧|) = ℜ(𝑓 (𝑧)) + constante

y esto demuestra la primera parte del Teorema. Absorbiendo la constante en 𝑓 , pode-


mos asumir que
𝑢(𝑧) = 𝑐 log(|𝑧|) + ℜ(𝑓 (𝑧))
48 superficies de riemann

Entonces, el promedio de valores de 𝑢 sobre una circunferencia |𝑧| = 𝑡 es


2𝜋 ( )
1 𝑖𝜃 1 𝑓 (𝑧)
𝑢(𝑡𝑒 ) 𝑑𝜃 = 𝑐 log(𝑡) + ℜ 𝑑𝑧
2𝜋 ∫0 2𝜋𝑖 ∫|𝑧|=𝑡 𝑧

y por el Teorema de la integral de Cauchy esta integral no depende de 𝑡. Si ahora


suponemos que 𝑢 está acotada en 𝐴, entonces también debe estarlo este promedio
y tomando 𝑡 → 0 obtenemos que 𝑐 = 0. Deducimos que 𝑢 = ℜ(𝑓 ) y digamos que
|ℜ(𝑓 )| ≤ 𝑀 en 𝐴. Si 𝑓 tiene un polo en el origen entonces 𝑓 (𝐴)∪{∞} es un abierto en
la esfera de Riemann y por ello ℜ(𝑓 ) no estaría acotada en 𝐴. El Teorema de Casorati-
Weierstrass (visto en la asignatura Funciones de Variable Compleja) ofrece la misma
conclusión si 𝑓 tiene una singularidad esencial en el origen, por lo que concluimos que
𝑓 debe estar acotada en un entorno del origen. Así que por el Teorema de Extensión de
Riemann, 𝑓 se extiende a una función holomorfa definida también en el origen. Luego
𝑓 se extiende a una función holomorfa en {𝑧 ∶ |𝑧| < 𝑟} y decimos que 𝑢 = ℜ(𝑓 ) en
este. Esto termina la demostración.
Definición 4.3. Decimos que 𝑢 tiene una singularidad logarítmica en 𝑤 en el
plano complejo si 𝑢 es de la forma

𝑢(𝑧) = 𝑐 log |𝑧 − 𝑤| + ℎ(𝑧)

para cierta constante real 𝑐 y para cierta ℎ armónica en un entorno de 𝑤.

Aplicando el Teorema 4.2, vemos que la definición anterior es equivalente a pedir


que 𝑢 sea armónica en algún disco perforado 0 < |𝑧 − 𝑤| < 𝑟 y que para algún 𝑐 ∈ ℝ
ocurra que
𝑢(𝑧) − 𝑐 log |𝑧 − 𝑤| = 𝑂(1) (4.2)
cerca de 𝑤.
Si ahora 𝑔 es inyectiva y holomorfa cerca de algún 𝑤′ tal que 𝑔(𝑤′ ) = 𝑤 entonces

log |𝑔(𝑧) − 𝑔(𝑤′ )| = log |𝑧 − 𝑤′ | + 𝑂(1)

cerca de 𝑤′ . En consecuencia, si 𝑢 tiene una singularidad logarítmica en 𝑤, entonces la


composición 𝑢 ◦ 𝑔 tiene una singularidad logarítmica en 𝑤′ con el mismo coeficiente
𝑐. Esto demuestra que, si 𝜁 es un punto de una superficie de Riemann 𝑅 y si 𝑢 es ar-
mónica en 𝑅 ⧵ {𝜁}, entonces la condición (4.2) expresada en términos de coordenadas
paramétricas
𝑢(𝑧) = 𝑐 log |𝜙𝛼 (𝑧) − 𝜙𝛼 (𝜁)| + 𝑂(1) (4.3)
4. funciones subarmónicas 49

no depende de la elección de 𝛼 para verificarse o no. Si se cumple, diremos que 𝑢 tiene


una singularidad logarítmica en 𝜁 y por abuso de notación escribiremos

𝑢(𝑧) = 𝑐 log |𝑧 − 𝜁| + 𝑂(1) (4.4)

Observemos que |𝑧 − 𝜁| no está definida sobre 𝑅 y 4.4 es meramente una abreviatura


para 4.3 que se da o no se da independientemente de la elección de 𝛼. Por supuesto,
podemos seleccionar siempre la carta 𝜙 = 𝜙𝛼 , de modo que 𝜙(𝜁) = 0. De esta forma,
cerca de 𝜁 tendremos
𝑢(𝑧) = 𝑐 log |𝜙(𝑧)| + 𝑂(1).

El caso 𝑐 = 1 es de especial interés.


Proposición 4.1. Sea 𝑢(𝑧) = log |𝑧 − 𝜁| + 𝑂(1) una función armónica en 𝑅 excepto
por una singularidad logarítmica en 𝜁. Entonces 𝑢 = log |𝑓 | para cierta 𝑓 holomorfa
e inyectiva cerca de 𝜁 con 𝑓 (𝜁) = 0.
Demostración. Seleccionemos una carta (𝜙, 𝑁) en 𝜁 de tal modo que 𝜙(𝜁) = 0 y
𝜙(𝑁) = 𝔻. Entonces
𝑢 ◦ 𝜙−1 = log |𝑧| + ℎ(𝑧)
para cierta ℎ armónica en 𝔻. Tomemos 𝑔 holomorfa en 𝔻 con ℎ = ℜ(𝑔) y pongamos
𝐹 (𝑧) = 𝑧𝑒𝑔(𝑧) . Entonces 𝐹 ′ (0) ≠ 0 y

log |𝐹 (𝑧)| = log |𝑧| + ℎ(𝑧) = 𝑢 ◦ 𝜙−1 (𝑧)

de modo que 𝑢(𝑧) = log |𝐹 (𝜙(𝑧))|. Esto prueba la Proposición.

4.2 Algunas propiedades de las funciones armónicas

Teorema 4.3. Sea 𝑢 ∶ 𝑅 → ℝ armónica no constante sobre una superficie de Rie-


mann 𝑅. Entonces 𝑢 es una función abierta, es decir, si 𝐴 es un abierto de 𝑅, entonces
𝑢(𝐴) es un abierto de ℝ.
Demostración. Sea 𝑅′ el conjunto de los 𝑧 ∈ 𝑅 en los que existe un disco paramétrico
sobre el cual 𝑢 es una constante. Obviamente, 𝑅′ es un abierto de 𝑅 por la definición
de 𝑅′ y 𝑅 es unión disjunta de 𝑅′ y de 𝑅′′ = 𝑅 ⧵ 𝑅′ . Supongamos que 𝑧 ∈ 𝑅′′ y sea
𝑁 un disco paramétrico en 𝑧. Podemos encontrar una función 𝑓 holomorfa en 𝑁 con
𝑢 = ℜ(𝑓 ). Si 𝑢 es constante sobre un subconjunto de 𝑁, entonces 𝑓 también lo es,
con lo que 𝑓 , y en consecuencia 𝑢, son constantes en 𝑁. Esto demuestra que 𝑧 ∈ 𝑅′ lo
50 superficies de riemann

que es falso, por ello 𝑁 ⊂ 𝑅′′ y resulta que 𝑅′′ es un abierto. Pero como 𝑅 es conexo,
𝑅 = 𝑅′ o 𝑅 = 𝑅′′ . Si 𝑅 = 𝑅′ , entonces los conjuntos {𝑧 ∶ 𝑢(𝑧) = 𝑡}, 𝑡 ∈ ℝ, son
abiertos de 𝑅 y de nuevo por conexión, uno de ellos debe ser 𝑅. Esto no es posible
pues 𝑢 no es una constante. Así que 𝑅 = 𝑅′′ .
Sea ahora 𝑁 cualquier disco paramétrico con 𝑢 = ℜ(𝑓 ) en 𝑁. Como 𝑢 no es una
constante en 𝑁, tampoco lo es 𝑓 y por ello 𝑓 (𝑁) es un abierto de ℂ. Como 𝑓 (𝑁) es
un abierto, su proyección en el eje 𝑥 es un abierto de ℝ. Así que 𝑢(𝑁) es un abierto
de ℝ y, como cualquier abierto 𝐴 es una unión de discos paramétricos, tenemos que
𝑢(𝐴) es un abierto de ℝ.
Corolario 4.1. Sea 𝑢 ∶ 𝑅 → ℝ armónica. Si 𝑢 tiene un extremo local en algún punto
de 𝑅 entonces 𝑢 es constante. En particular, si 𝑢 es armónica sobre una superficie de
Riemann compacta, entonces 𝑢 es constante.
Demostración. Inmediata pues si 𝑢 no es constante, 𝑢(𝑅) ⊂ ℝ es un abierto.
Corolario 4.2. Si 𝑢 y 𝑣 son armónicas sobre una superficie de Riemann y 𝑢 = 𝑣 en un
abierto de 𝑅, entonces 𝑢 = 𝑣 en 𝑅.
Demostración. Basta ver que si 𝑢′ es una armónica que vale 0 en un abierto de 𝑅,
entonces vale 0 siempre. Si resulta que 𝑢′ se anula en un abierto 𝐺 ⊂ 𝑅, entonces
𝑢(𝐺) = {0}, que no es un abierto. Así que 𝑢′ tiene que ser una constante y en ese caso
debe ser la constante nula siempre. Tomando 𝑢′ = 𝑢 − 𝑣 se tiene el resultado.
Notación 4.1. Sea 𝑢 ∶ 𝐷 → ℝ con 𝐷 un subdominio de una superficie de Riemann
𝑅. Diremos que una función real 𝜙 sobre 𝜕𝐷 domina 𝑢 sobre 𝜕𝐷 y escribimos

𝑢 << 𝜙 sobre 𝜕𝐷 (4.5)

si para cada 𝜁 ∈ 𝜕𝐷 se tiene que

ĺım sup 𝑢(𝑧) ≤ 𝜙(𝜁)


𝑧→𝜁 ,𝑧∈𝐷

Podemos ahora establecer una versión del Principio del Máximo.


Teorema 4.4. Sea 𝐷 un subdominio de una superficie de Riemann 𝑅 y supongamos
que 𝐷 tiene clausura compacta contenida en 𝑅. Si 𝑢 es armónica en 𝐷 y si 𝑢 << 𝑚 en
𝜕𝐷 para cierta constante 𝑚, entonces o bien 𝑢 < 𝑚 en 𝐷 o bien 𝑢 = 𝑚 en 𝐷.
Demostración. Seleccionamos una sucesión {𝑧𝑛 } contenida en 𝐷, de tal modo que

𝑢(𝑧𝑛 ) → sup{𝑢(𝑧) ∶ 𝑧 ∈ 𝐷}
4. funciones subarmónicas 51

Como los 𝑧𝑛 pertenecen a 𝐷, existe una subsucesión que converge a cierto 𝑤 ∈ 𝐷.


Si 𝑤 ∈ 𝐷, entonces 𝑢 alcanza el máximo en 𝐷 y por ello 𝑢 es una constante en 𝐷,
en cuyo caso se sigue la conclusión inmediatamente. Si 𝑤 ∈ 𝜕𝐷, entonces sobre los
elementos de la subsucesión (que podemos suponer que es la propia {𝑧𝑛 }) tenemos

sup 𝑢(𝑧) = ĺım 𝑢(𝑧𝑛 ) = 𝑤 ≤ 𝑚


𝑧∈𝐷 𝑛→+∞

y la conclusión sigue del Corolario 4.1, puesto que 𝑢 no alcanza el supremo y, por
tanto, 𝑢(𝑧) < sup𝐷 𝑢 ≤ 𝑚 para todo 𝑧 ∈ 𝐷.
Corolario 4.3. Sea 𝐷 un subdominio de una superficie de Riemann 𝑅 con clausura 𝐷
compacta. Si 𝑢 y 𝑣 son armónicas en 𝐷, continuas en 𝐷 y 𝑢 = 𝑣 sobre 𝜕𝐷, entonces
𝑢 = 𝑣 en 𝐷.
Demostración. Aplicamos el Teorema 4.4 tanto a la función 𝑢 − 𝑣 como a 𝑣 − 𝑢 con
𝑚 = 0. Obsérvese que en este caso, para cualquier 𝜁 ∈ 𝜕𝐷, por la continuidad de 𝑢 y
de 𝑣 en 𝜕𝐷, tenemos que
ĺım sup(𝑢(𝑧) − 𝑣(𝑧)) = 0
𝑧→𝜁 ,𝑧∈𝐷

de donde deducimos que, o bien 𝑢(𝑧) = 𝑣(𝑧) en 𝐷, o bien 𝑢(𝑧) − 𝑣(𝑧) < 0 para todo
𝑧 ∈ 𝐷. Procediendo de forma análoga con 𝑣(𝑧) − 𝑢(𝑧) se deduce el resultado.

4.3 La desigualdad de Harnack

En esta sección daremos por conocidos varios resultados vistos en la asignatura


Variable Compleja. Entre ellos destacamos la Propiedad del Valor Medio para funcio-
nes armónicas y la Fórmula de Poisson.

Empecemos recordando que el núcleo de Poisson en el disco unidad 𝔻 se define


como la función ( )
𝑤+𝑧 |𝑤|2 − |𝑧|2
𝐾(𝑤, 𝑧) = ℜ =
𝑤−𝑧 |𝑤 − 𝑧|2

Vamos a enunciar sin prueba aquí (debido a su similitud con resultados visto en el
Grado) los dos siguientes resultados.
Teorema 4.5. Sea 𝜙 ∶ 𝜕𝔻 → ℝ una función continua y sea
2𝜋
1
𝑈𝜙 (𝑧) = 𝐾(𝑒𝑖𝜃 , 𝑧)𝜙(𝑒𝑖𝜃 ) 𝑑𝜃.
2𝜋 ∫0
52 superficies de riemann

Entonces 𝑈𝜙 es armónica en 𝔻 y para cada 𝜁 ∈ 𝜕𝔻 se tiene que

ĺım 𝑈𝜙 (𝑧) = 𝜙(𝜁) con 𝑧 ∈ 𝔻.


𝑧→𝜁

Proposición 4.2 (Propiedad del Valor Medio para funciones armónicas). Sea 𝑢 armó-
nica en el disco 𝐷 = {𝑧 ∶ |𝑧 − 𝑎| < 𝑟}. Se verifica que:
2𝜋
1
𝑢(𝑎) = 𝑢(𝑎 + 𝑟𝑒𝑖𝜃 )𝑑𝜃.
2𝜋 ∫0

Teorema 4.6 (La desigualdad de Harnack). Sea 𝐾 un compacto de una superficie


de Riemann 𝑅. Existe entonces un número positivo 𝑚 tal que para cualquier función
armónica positiva 𝑢 definida sobre 𝑅 y para cualquier 𝑧 y 𝑤 en 𝐾, se tiene que
1
𝑢(𝑤) ≤ 𝑢(𝑧) ≤ 𝑚𝑢(𝑤)
𝑚
Observación 4.4: Antes de dar la prueba del resultado, observemos que usando las
desigualdades
|𝑤| − |𝑧| ≤ |𝑤 − 𝑧| ≤ |𝑤| + |𝑧|
podemos deducir:

|𝑤| − |𝑧| |𝑤|2 − |𝑧|2 |𝑤| + |𝑧|


≤ 𝐾(𝑤, 𝑧) = ≤
|𝑤| + |𝑧| |𝑤 − 𝑧|2 |𝑤| − |𝑧|
si |𝑧| < |𝑤|.

Si 𝑢 es no negativa, podemos usar esta desigualdad junto con la Propiedad del


Valor Medio para Funciones Armónicas y el Teorema 4.5 para obtener que
𝑟−𝑡 𝑟+𝑡
𝑢(𝑎) ≤ 𝑢(𝑧) ≤ 𝑢(𝑎) (4.7)
𝑟+𝑡 𝑟−𝑡
siempre que |𝑧 − 𝑎| ≤ 𝑡 < 𝑟. Esto controla la razón de cambio de 𝑢 cerca del punto
𝑧 = 𝑎.
Demostración (de la desigualdad de Harnack). Sea 𝑤 ∈ 𝐾 un punto arbitrario pe-
ro fijo y sea 𝐹 la familia de funciones armónicas positivas 𝑢 definidas sobre 𝑅 que
satisfacen 𝑢(𝑤) = 1. Definimos

𝜆(𝑧) ∶= sup 𝑢(𝑧); 𝜇(𝑧) ∶= ı́ nf 𝑢(𝑧)


𝑢∈𝐹 𝑢∈𝐹

y de esta forma tenemos 𝜆(𝑤) = 𝜇(𝑤) = 1.


4. funciones subarmónicas 53

Para cada 𝜁 ∈ 𝑅 seleccionamos un disco paramétrico cerrado 𝑄 correspondiente


a {𝑧 ∶ |𝑧 − 𝑎| ≤ 𝑟} ⊂ ℂ centrado en 𝜁 y otro disco 𝑄𝑡 correspondiente a {𝑧 ∶ |𝑧 − 𝑎| ≤
𝑡} ⊂ ℂ. Componiendo 𝑢 con la carta 𝜙𝛼 y usando la observación 4.4 vemos que
𝑟−𝑡 𝑟+𝑡
𝑢(𝜁) ≤ 𝑢(𝑧) ≤ 𝑢(𝜁) (4.8)
𝑟+𝑡 𝑟−𝑡
cuando 𝑧 pertenece a 𝑄𝑡 . De aquí deducimos que 𝜆 = +∞ en 𝑄 o bien 𝜆 < +∞ en 𝑄
(en función de si 𝜆(𝜁) = +∞ o 𝜆(𝜁) < +∞).

Entonces los subconjuntos de 𝑅 dados por 𝜆 < +∞ y 𝜆 = +∞ son abiertos y


disjuntos. Como 𝑅 es conexo y como 𝜆(𝑤) = 1 podemos deducir que 𝜆 < +∞ en 𝑅.

Podemos reemplazar 𝑢(𝜁) por 𝜆(𝜁) en el término más grande en 4.8. Entonces,
tomando supremo en todos los 𝑢, podemos reemplazar 𝑢(𝑧) por 𝜆(𝑧) y de nuevo, 𝑢(𝜁)
por 𝜆(𝜁) en el término más pequeño. Por ello 4.8 también es cierto con 𝑢 reemplazado
por 𝜆 y esto demuestra que 𝜆 es continua en 𝜁 y por ello en 𝑅. Ahora definimos

𝜆0 = sup 𝜆(𝑧).
𝑧∈𝐾

Como 𝐾 es un compacto, tenemos 1 ≤ 𝜆0 < +∞. De forma análoga, obtenemos que


𝜇 > 0 en 𝑅 y 𝜇0 > 0 donde 𝜇0 es el ínfimo de 𝜇 sobre 𝐾.

Ahora, seleccionemos cualquier 𝑢 y cualquier 𝑧 en 𝐾. Entonces la función que a


cada 𝑧 le asigna 𝑢(𝑧)∕𝑢(𝑤) está en 𝐹 y para cada 𝑧 ∈ 𝐾

𝜇0 𝑢(𝑤) ≤ 𝑢(𝑧) ≤ 𝜆0 𝑢(𝑤).

con lo que se tiene el resultado.

4.4 Funciones subarmónicas

Supongamos que 𝑢 es convexa, ℎ es lineal y 𝑢 ≤ ℎ en un intervalo 𝐼 de la recta


real: entonces o bien 𝑢 < ℎ sobre 𝐼 o 𝑢 = ℎ sobre 𝐼. Nos gustaría poder contar con una
funciones tales que, dada ℎ armónica, cumplan una propiedad análoga a la descrita
arriba. Esto motiva motiva la siguiente definición de función subarmónica, que cuenta
con la ventaja de poderse aplicar inmediatamente de forma global en una superficie
de Riemann.
Definición 4.4. Una función 𝑢 se dice subarmónica sobre una superficie de Rie-
mann 𝑅 si verifica:
54 superficies de riemann

1. 𝑢 ∶ 𝑅 → [−∞, ∞) es continua;
2. Toda función armónica ℎ tal que 𝑢 ≤ ℎ en un dominio 𝐷 de 𝑅 cumple o bien que
𝑢 < ℎ en 𝐷 o que 𝑢 = ℎ en 𝐷.

Ejemplo 4.1: La función 𝑢(𝑧) = log |𝑧| es subarmónica en ℂ. Vamos a comprobarlo.


Sea ℎ armónica tal que 𝑢 ≤ ℎ en un dominio 𝐷. Entonces ℎ − 𝑢 es no negativa y
armónica en 𝐷 ⧵ {0} (que es 𝐷 si 0 ∉ 𝐷). Por el Corolario 4.1 sabemos que, o bien
ℎ = 𝑢 en 𝐷 ⧵ {0} o 𝑢 < ℎ en 𝐷 ⧵ {0}. Si 0 ∉ 𝐷 tenemos la conclusión que buscamos.
Si 0 ∈ 𝐷, entonces 𝑢 < ℎ cerca de 0 luego 𝑢 < ℎ en 𝐷 ⧵ {0} y por ello en todo 𝐷.

Observación 4.5: Toda función armónica es subarmónica. La suma de una función


armónica y una subarmónica vuelve a ser subarmónica. Más adelante veremos que la
suma de dos subarmónicas es subarmónica.

Tomando ℎ como una función constante igual a sup 𝑢 obtenemos inmediatamente


el siguiente resultado.

Teorema 4.7 (Principio del Máximo). Sea 𝑢 subarmónica sobre una superficie de
Riemann 𝑅. Si 𝑢 alcanza el máximo en 𝑅, entonces 𝑢 es una constante.

Es conveniente enunciar también la siguiente modificación del resultado anterior.

Teorema 4.8 (Principio del Máximo débil). Sea 𝐷 un dominio con clausura com-
pacta 𝐷 sobre una superficie de Riemann 𝑅. Supongamos que 𝑢 es subarmónica en 𝐷,
que ℎ es armónica en 𝐷 y continua en 𝐷 y que 𝑢 << ℎ sobre 𝜕𝐷.
Entonces 𝑢 < ℎ en 𝐷 o 𝑢 = ℎ en 𝐷.

Demostración. Considerando la función subarmónica 𝑢 − ℎ, podemos suponer que


ℎ es idénticamente nula. El argumento es el mismo que el del Teorema 4.4.

El siguiente resultado nos permite "enlosar" funciones localmente subarmónicas


para obtener una función global subarmónica.

Proposición 4.3. Sea {𝐷𝛼 ∶ 𝛼 ∈ } un recubrimiento por abiertos de una superficie


de Riemann 𝑅 y supongamos que para cada 𝛼 ∈  existe una función 𝑢𝛼 subarmónica
en 𝐷𝛼 . Si la función

𝑣(𝑧) ∶= sup{𝑢𝛼 (𝑧) ∶ 𝛼 ∈ 𝐴 tal que 𝑧 ∈ 𝐷𝛼 }

es continua y el supremo es alcanzado en cada 𝑧, entonces 𝑣 es subarmónica en 𝑅.


4. funciones subarmónicas 55

Demostración. Tomemos un dominio cualquiera 𝐷 ⊂ 𝑅 y sea ℎ armónica satisfa-


ciendo que 𝑣 ≤ ℎ en 𝐷. Definimos

𝐴 = {𝑧 ∶ 𝑣(𝑧) < ℎ(𝑧)}


𝐵 = {𝑧 ∶ 𝑣(𝑧) = ℎ(𝑧)}

Como 𝑣 y ℎ son continuas, 𝐴 es un abierto de 𝐷. Sea ahora 𝑤 ∈ 𝐵, entonces para


algún 𝛽 ∈  tenemos
𝑢𝛽 (𝑧) ≤ 𝑣(𝑧) ≤ ℎ(𝑧)
para 𝑧 en un entorno lo suficientemente pequeño de 𝑤, dándose la igualdad cuando
𝑧 = 𝑤. Por tanto 𝑢𝛽 = ℎ y entonces 𝑢𝛽 = 𝑣 = ℎ cerca de 𝑤. Esto prueba que 𝐵 es
abierto y como 𝐷 es conexo tenemos que o bien 𝐷 = 𝐴 o 𝐷 = 𝐵.

Aplicando esta Proposición se deduce de forma inmediata el siguiente resultado.


Corolario 4.4. Si 𝑢1 , … , 𝑢𝑛 son funciones subarmónicas en 𝑅, entonces también lo es
́
𝑣(𝑧) = max{𝑢 1 (𝑧), … , 𝑢𝑛 (𝑧)}. En particular, 𝑤(𝑧) = max{0,
́ ℜ(𝑧)} es subarmónica en
ℂ.

Si 𝑢 es subarmónica en cada 𝐷𝛼 de un recubrimiento por abiertos de 𝑅, entonces


tomando 𝑢𝛼 = 𝑢 en la proposición 4.3, vemos que 𝑢 es subarmónica en 𝑅. Consecuen-
temente tenemos el siguiente corolario.
Corolario 4.5. La subarmonicidad es una propiedad local.

Supongamos que 𝑢 es subarmónica en 𝑅 y sea 𝐷 un disco paramétrico cerrado


en 𝑅. Si llevamos 𝐷 a un disco en ℂ mediante una carta, y usamos el Teorema 4.5,
podemos construir una función 𝑢∗ armónica en el interior de 𝐷, continua en 𝐷 con
𝑢 = 𝑢∗ en 𝜕𝐷.
Definición 4.5. En estas circunstancias
{
𝑢∗ (𝑧), si 𝑧 ∈ 𝐷
𝑢𝐷 (𝑧) =
𝑢(𝑧), si 𝑧 ∉ 𝐷

se llama la modificación de Poisson de 𝑢 en 𝐷.


Teorema 4.9. 𝑢𝐷 es subarmónica y satisface 𝑢𝐷 ≥ 𝑢 en 𝑅.
Demostración. El Principio débil del Módulo Máximo muestra que 𝑢∗ ≥ 𝑢 en 𝐷, luego
𝑢𝐷 ≥ 𝑢. Aplicamos la Proposición 4.3 a 𝑢 en 𝑅 y a 𝑢∗ en el interior de 𝐷. Obtenemos
que 𝑢𝐷 = 𝑣 es subarmónica en 𝑅.
56 superficies de riemann

Teorema 4.10. 1. Supongamos que 𝑢 es negativa y subarmónica en 𝔻∗ = 𝔻 ⧵


{0}. Entonces se tiene que
ĺım sup 𝑢(𝑧) < 0.
𝑧→0
2. Supongamos ahora que 𝑢 es negativa y subarmónica en ℂ. Entonces 𝑢 es una cons-
tante.
Demostración. Para todo 𝜀 > 0, la función 𝜀 log |𝑧| es armónica en 𝔻∗ y por ello
𝑣(𝑧) ∶= 𝑢(𝑧) + 𝜀 log |𝑧|
es negativa y subarmónica en 𝔻∗ . Como 𝑣(𝑧) → −∞ cuando 𝑧 → 0, tenemos que 𝑣
es de hecho subarmónica en 𝔻. De esta forma para |𝑧| ≤ 1∕2, tenemos que 𝑣(𝑧) ≤
𝑚 + 𝜀 log 2, y haciendo tender 𝜀 → 0, obtenemos que 𝑢(𝑧) ≤ 𝑚 < 0, donde 𝑚 =
sup𝜃 𝑢(𝑒𝑖𝜃 ∕2). Esto prueba (1).

Para probar (2), podemos suponer que sup 𝑢(𝑧) = 0. A partir de la definición 4.4 es
claro que 𝑢(1∕𝑧) es subarmónica en ℂ∗ , por lo que usando (1), tenemos que 𝑢(1∕𝑧) ≤
𝑚 < 0, digamos, cuando |𝑧| ≤ 1∕2. Así que 𝑢(𝑤) ≤ 𝑚 < 0 cuando |𝑤| > 2 y, por
tanto, 𝑢 alcanza su máximo, que es 0, en algún punto del disco |𝑤| ≤ 2. Así que 𝑢 = 0
en ℂ.
Observación 4.6: Como se sugiere en esta demostración, de la definición 4.4 deduci-
mos que si 𝑓 ∶ 𝑅 → 𝑅1 es inyectiva y analítica y si 𝑢 es subarmónica en 𝑅1 , entonces
la composición 𝑢 ◦ 𝑓 es subarmónica en 𝑅. Como ser subarmónica es una propiedad
local y como las cartas son inyectivas y analíticas, vemos que 𝑢 es subarmónica en 𝑅
si y solo si 𝑢 ◦ 𝜙−1
𝛼
es subarmónica en el dominio del plano 𝜙𝛼 (𝑈𝛼 ) para cada 𝛼.

Es conveniente probar que la suma de subarmónicas es subarmónica. Por la ob-


servación anterior, basta con verificarlo para funciones subarmónicas en dominios del
plano complejo. El siguiente resultado, que de hecho es en muchos textos la propiedad
que se le exige a una función para ser subarmónica, tiene como consecuencia directa
lo que buscamos.
Teorema 4.11. Una función 𝑢 es subarmónica en un dominio 𝐷 plano si y solo si
para todo 𝑤 en 𝐷 y para todo 𝑟 lo suficientemente pequeño, tenemos
2𝜋
1
𝑢(𝑤) ≤ 𝑢(𝑤 + 𝑟𝑒𝑖𝜃 )𝑑𝜃. (4.9)
2𝜋 ∫0
Demostración. Para cualquier 𝑓 definimos
2𝜋
1
𝐼(𝑓 , 𝑤, 𝑟) ∶= 𝑓 (𝑤 + 𝑟𝑒𝑖𝜃 ) 𝑑𝜃.
2𝜋 ∫0
4. funciones subarmónicas 57

⇒) Supongamos que 𝑢 es subarmónica en 𝐷 y que 𝑄 = {𝑧 ∶ |𝑧 − 𝑤| ≤ 𝑡} ⊂ 𝐷.


Entonces
𝑢(𝑤) ≤ 𝑢𝑄 (𝑤) = 𝐼(𝑈𝑄 , 𝑤, 𝑡) = 𝐼(𝑢, 𝑤, 𝑡)

luego (4.9) se cumple siempre que 𝑄 ⊂ 𝐷.


⇐) Recíprocamente, supongamos que (4.9) se cumple siempre que 0 < 𝑟 < 𝑟(𝑤). Sea
𝐷∗ un subdominio de 𝐷 con ℎ armónica cumpliendo que 𝑢 ≤ ℎ sobre 𝐷∗ . Definimos

𝐴 = {𝑧 ∈ 𝐷∗ ∶ 𝑢(𝑧) < ℎ(𝑧)}, 𝐵 = {𝑧 ∈ 𝐷∗ ∶ 𝑢(𝑧) = ℎ(𝑧)}

Por continuidad 𝐴 es abierto. Si 𝑤 ∈ 𝐵 y 𝑟 es lo suficientemente pequeño

ℎ(𝑤) = 𝑢(𝑤) ≤ 𝐼(𝑢, 𝑤, 𝑟) ≤ 𝐼(ℎ, 𝑤, 𝑟) = ℎ(𝑤)

Luego ℎ(𝑤) = 𝐼(𝑢, 𝑤, 𝑟) y como 𝑢 ≤ ℎ, debemos tener 𝑢 = ℎ en |𝑧 − 𝑤| = 𝑟. Esto se


tiene para todo 𝑟 lo suficientemente pequeño, luego 𝑢 = ℎ en un entorno de 𝑤 y por
ello 𝐵 es abierto. Deducimos así que 𝐷∗ = 𝐴 o 𝐷∗ = 𝐵 y por tanto 𝑢 es subarmónica
en 𝐷.
Corolario 4.6. Si 𝑎1 , … , 𝑎𝑛 son números positivos y si 𝑢1 , … , 𝑢𝑛 son subarmónicas en
𝑅, entonces 𝑎1 𝑢1 (𝑧) + ⋯ + 𝑎𝑛 𝑢𝑛 (𝑧) es subarmónica en 𝑅.

4.5 Familias de Perron

Definición 4.6. Sea 𝐹 una familia de funciones subarmónicas sobre una superficie
de Riemann 𝑅. Una mayorante armónica de 𝐹 es una función armónica ℎ sobre 𝑅
que cumple 𝑓 ≤ ℎ para cada 𝑓 ∈ 𝐹 .

La menor armónica mayorante es la mayorante armónica ℎ de 𝐹 tal que ℎ ≤ 𝑔


para cualquier otra mayorante armónica 𝑔 de 𝐹 .

La existencia de esta menor mayorante armónica no es trivial, pero sí es claro es


que de existir, dicha función es única.
Teorema 4.12. Sea 𝐹 una familia no vacía de funciones subarmónicas sobre 𝑅. Si
𝐹 tiene una mayorante armónica, entonces existe la menor mayorante armónica.

Para ver la demostración de este teorema, necesitaremos una serie de resultados.


58 superficies de riemann

Comenzaremos con el caso en que 𝐹 es una sucesión creciente de funciones ar-


mónicas positivas, digamos
0 < 𝑢1 ≤ 𝑢2 ≤ …
Si 𝑢𝑖 = 𝑢𝑗 en un punto de 𝑅, entonces estas dos funciones son idénticas. Por ello, no
hay pérdida de generalidad si suponemos que 0 < 𝑢1 < 𝑢2 < … .
Es claro a partir de la desigualdad de Harnack (Teorema 4.6) que si 𝑢𝑛 (𝑤) → +∞ para
algún 𝑤, entonces 𝑢𝑛 → +∞ uniformemente en cada compacto de 𝑅. Si no estamos
en ese caso, la desigualdad de Harnack implica que
0 < 𝑢𝑛 (𝑧) − 𝑢𝑘 (𝑧) ≤ 𝑚(𝑢𝑛 (𝑤) − 𝑢𝑘 (𝑤))
sobre 𝐾 siempre que 𝑛 > 𝑘 (puesto que 𝑢𝑛 − 𝑢𝑘 es entonces una función armónica
positiva). De la desigualdad anterior se deduce que las 𝑢𝑛 convergen uniformemente
en compactos de 𝑅 a cierta función 𝑢. Si restringimos nuestra atención a un disco
paramétrico 𝐷 en una carta 𝑈𝛼 y trabajando con 𝑢𝑛 (𝜙−1 (𝑧)) en 𝜙𝛼 (𝐷), vemos que
𝑢𝑛 ◦ 𝜙−1
𝛼
se puede escribir localmente como su integral de Poisson. Tomando límites
cuando 𝑛 → +∞, el mismo resultado es cierto para 𝑢 ◦ 𝜙−1 𝛼
y por ello 𝑢 es armónica
en 𝑅.

La restricción 𝑢1 > 0 no es esencial pues si no se satisface, podemos aplicar el


resultado a la sucesión 𝑢𝑛 − 𝑢1 para 𝑛 ≥ 2. Hemos probado con esto el siguiente
resultado.
Proposición 4.4. Sea (𝑢𝑛 ) una sucesión creciente de funciones armónicas en 𝑅 y sea
𝑢(𝑧) = ĺım 𝑢𝑛 (𝑧)
𝑛→+∞

Entonces 𝑢𝑛 → 𝑢 uniformemente en compactos de 𝑅. Además, se tiene que o bien


𝑢 = +∞ o bien 𝑢 < +∞ y es armónica en 𝑅.

Vamos a quitarle ahora la condición de secuencialidad del resultado para pasar a


una familia arbitraria, pues de momento no sabemos que una superficie de Riemann
tenga una base numerable (que sí que la tiene, pero ese resultado excede el alcance de
esta trabajo).
Definición 4.7. Una familia 𝐹 de funciones reales definidas sobre un conjunto 𝑋 se
dice dirigida si para cada 𝑓 y 𝑔 en 𝐹 , existe un ℎ ∈ 𝐹 tal que
́
max{𝑓 , 𝑔} ≤ ℎ

Obviamente, el papel de límite de una sucesión creciente debe ser asumido por el
supremo de una familia dirigida.
4. funciones subarmónicas 59

Proposición 4.5. Sea 𝐹 una familia dirigida de funciones armónicas sobre 𝑅 y sea

𝑠(𝑧) ∶= sup{𝑢(𝑧) ∶ 𝑢 ∈ 𝐹 }

Entonces, o bien 𝑠 = +∞ en 𝑅 o 𝑠 < +∞ y es armónica en 𝑅.


Demostración. Para cada 𝑧∗ ∈ 𝑅, podemos encontrar una sucesión {𝑢𝑛 } en 𝐹 cum-
pliendo que 𝑢𝑛 (𝑧∗ ) → 𝑠(𝑧∗ ). Como 𝐹 es un conjunto dirigido, podemos encontrar de
forma inductiva 𝑣1 , 𝑣2 , … en 𝐹 con 𝑣1 = 𝑢1 y 𝑣𝑛+1 ≥ max{𝑣 ́ 𝑛 , 𝑢𝑛 } luego 𝑣1 ≤ 𝑣2 ≤
… y 𝑣𝑛 (𝑧 ) → 𝑠(𝑧 ). Decimos que tal sucesión es maximal en 𝑧∗ .
∗ ∗

Si 𝑠(𝑧∗ ) = +∞, entonces 𝑣𝑛 → +∞ sobre 𝑅 y por esto, aplicando la proposición 4.4


llegamos a que 𝑠 = +∞ sobre 𝑅. Si 𝑠(𝑧∗ ) ≠ +∞, tendríamos que 𝑠 < +∞ en 𝑅.
Asumamos ahora que estamos en el segundo caso. Sea (𝑓𝑛 ) maximal en un punto
𝑧1 ∈ 𝑅 y sea {𝑔𝑛 } maximal en otro punto 𝑧2 ∈ 𝑅. Podemos encontrar ℎ1 , ℎ2 , … en 𝐹
con
ℎ1 ≥ max{𝑓
́ 1 , 𝑔1 }, ℎ𝑛+1 ≥ {𝑓𝑛+1 , 𝑔𝑛+1 , ℎ𝑛 }

de modo que automáticamente {ℎ𝑛 } es maximal en 𝑧1 y 𝑧2 . De aquí se deduce que


𝑓𝑛 → 𝑓 , 𝑔𝑛 → 𝑔 y ℎ𝑛 → ℎ con 𝑓 ≤ ℎ, 𝑓 (𝑧1 ) = ℎ(𝑧1 ) y 𝑔 ≤ ℎ, 𝑔(𝑧2 ) = ℎ(𝑧2 ). Como
𝑓 , 𝑔, ℎ son armónicas tenemos que 𝑓 = 𝑔 = ℎ en 𝑅.
Sigue ahora que si {𝑓𝑛 } es maximal en 𝑧2 y como 𝑧2 es arbitrario, {𝑓𝑛 } es maximal en
todo 𝑅. De esta forma, 𝑠 = 𝑓 = ĺım 𝑓𝑛 y es armónica, lo que concluye la prueba.

El siguiente paso es introducir funciones subarmónicas en vez de funciones ar-


mónicas. No nos basta entonces que 𝐹 sea dirigida. Con esta motivación en mente,
introducimos la siguiente definición.
Definición 4.8. Sea 𝐹 una familia de funciones subarmónicas en 𝑅. Diremos que 𝐹
es una familia de Perron si

́
1. Para cada par de funciones 𝑓 , 𝑔 ∈ 𝐹 se tiene que ℎ ∶= max{𝑓 , 𝑔} ∈ 𝐹 (luego 𝐹
es dirigida);
2. Para cada 𝑓 ∈ 𝐹 y para cada disco paramétrico 𝐷, la modificación de Poisson 𝑓𝐷
de 𝑓 en 𝐷 está también en 𝐹 .

Supongamos que 𝐹 es una familia de Perron en 𝑅. Restrinjamos temporalmente


nuestra atención a un disco paramétrico 𝐷. Podemos entonces reemplazar cada 𝑓 ∈ 𝐹
por su modificación de Poisson 𝑓𝐷 . De esta forma, el supremo sobre 𝑓 ∈ 𝐹 en 𝐷 puede
considerarse como el supremo sobre la familia 𝐹𝐷 de funciones armónicas 𝑓𝐷 . Dadas
𝑓𝐷 , 𝑔𝐷 ∈ 𝐹𝐷 tenemos
́
max{𝑓 𝐷 , 𝑔𝐷 } ≤ ℎ𝐷 ,
60 superficies de riemann

donde ℎ = max{𝑓
́ , 𝑔} está en 𝐹 , luego ℎ𝐷 ∈ 𝐹𝐷 y 𝐹𝐷 es dirigido. Por la proposición
4.5 tenemos que 𝑠(𝑧) = sup𝑢∈𝐹 𝑢(𝑧) es o bien +∞ en 𝐷 o 𝑠 es < +∞ y armónica en 𝐷.

Con este razonamiento y usando que 𝑅 es conexa por caminos llegamos al si-
guiente resultado.

Teorema 4.13. El supremo de una familia de Perron sobre 𝑅 es o bien +∞ o bien es


finito y armónico en 𝑅.

En las siguientes secciones veremos dos consecuencias importantes de este resul-


tado.

Observación 4.7: El Teorema 4.13 identifica la menor mayorante armónica de una


familia de Perron con su supremo.

Estamos ahora en posición de demostrar el Teorema 4.12

Demostración (del Teorema 4.12). Primero, es inmediato que si cada familia 𝐹𝛼 es


una familia de Perron sobre 𝑅, entonces también lo es

𝐹 = 𝐹𝛼 (4.10)
𝛼∈

Si 𝐹 ∗ es cualquier familia de funciones subarmónicas de 𝑅, tomamos {𝐹𝛼 : 𝛼 ∈ }


como la colección de todas las familias de Perron que contienen a 𝐹 ∗ (una de ellas se-
ría la colección de todas las funciones subarmónicas sobre 𝑅). Se sigue que 𝐹 dado
por (4.10) es la menor familia de Perron que contiene a 𝐹 ∗ y su supremo 𝑠 es o bien
una mayorante armónica de 𝐹 ∗ o es +∞ sobre 𝑅.
Sea ahora ℎ cualquier mayorante armónica de 𝐹 ∗ . La familia 𝐹ℎ de funciones subar-
mónicas 𝑣 tales que 𝑣 ≤ ℎ es una familia de Perron que contiene a 𝐹 ∗ y 𝐹 ⊂ 𝐹ℎ . Esto
implica que
𝑠(𝑧) = sup{𝑣(𝑧) ∶ 𝑣 ∈ 𝐹 }
≤ sup{𝑣(𝑧) ∶ 𝑣 ∈ 𝐹ℎ }
= ℎ(𝑧)

puesto que ℎ ∈ 𝐹ℎ , por lo que 𝑠 es realmente la menor mayorante armónica de 𝐹 ∗ .


Esto termina la demostración del teorema 4.12.
4. funciones subarmónicas 61

4.6 El Problema de Dirichlet

Sea un dominio 𝐷 de clausura compacta en una superficie de Riemann 𝑅 y una


función continua 𝑓 sobre 𝜕𝐷. Bajo estas hipótesis, recordamos que el Problema de
Dirichlet se pregunta si existe una función armónica ℎ en 𝐷 tal que ℎ = 𝑓 en 𝜕𝐷.
El Teorema 4.5 nos proporciona una respuesta positiva a este problema cuando 𝐷 es
un disco plano y esto, por lo tanto, proporciona una solución cuando 𝐷 es un disco
paramétrico sobre 𝑅. En esta sección discutiremos la situación general.

Sea  la familia de funciones

 ∶= {𝑢 ∶ 𝑢 subarmónica en 𝐷, 𝑢 << 𝑓 sobre 𝜕𝐷}

definimos
ℎ𝑓 (𝑧) ∶= sup 𝑢(𝑧)
𝑢∈

Como 𝐷 es compacto, 𝑓 está acotada y existe un 𝑀 ∈ ℝ+ tal que |𝑓 | ≤ 𝑀. Entonces


la función constante −𝑀 está en  y por el Principio del Máximo, 𝑢 ≤ 𝑀 para cada
𝑢 ∈  . Por ello −𝑀 ≤ ℎ𝑓 ≤ 𝑀 sobre 𝐷. Está claro que  es una familia de Perron
(una modificación de Poisson de 𝑢 sigue cumpliendo que 𝑢 << 𝑓 sobre 𝜕𝐷) de modo
que ℎ𝑓 es armónica en 𝐷 (Teorema 4.13).

Observemos que si existe una solución ℎ al problema de Dirichlet, entonces ℎ ∈ 


luego ℎ ≤ ℎ𝑓 . Por otra parte, si 𝑢 ∈  entonces 𝑢 << ℎ sobre 𝜕𝐷, puesto que ℎ = 𝑓
allí, luego 𝑢 − ℎ << 0 en 𝐷 y por ello 𝑢 ≤ ℎ en 𝐷. Entonces ℎ𝑓 ≤ ℎ y por ello ℎ = ℎ𝑓 .
Esto demuestra que si existe una sola solución, esta debe ser ℎ𝑓 . Como ℎ𝑓 existe y
es armónica en 𝐷, es natural modificar el problema original y preguntarnos por los
valores frontera de ℎ𝑓 . En este contexto, tenemos una solución al problema original
precisamente cuando para cada 𝜁 en 𝜕𝐷 tengamos

ĺım ℎ𝑓 (𝑧) = 𝑓 (𝜁) (4.11)


𝑧→𝜁 ,𝑧∈𝐷

Ilustramos estas ideas con un ejemplo específico.


Ejemplo 4.2: Veamos que el problema original no siempre tiene solución. Sea 𝐷 =
{0 < |𝑧| < 1} y 𝑓 (𝑧) = |𝑧| sobre 𝜕𝐷. Entonces 0 ≤ ℎ𝑓 ≤ 1 y ℎ𝑓 es armónica en
𝐷. La función 𝑢(𝑧) = 1 + 𝜀 log |𝑧| con 𝜀 > 0 está en  y tomando 𝜀 → 0 obtenemos
ℎ𝑓 = 1 en 𝐷. Así ℎ𝑓 tiene los valores frontera requeridos en |𝑧| = 1 pero no en el
punto aislado frontera 𝑧 = 0.
62 superficies de riemann

Nos fijamos ahora en (4.11). Buscamos obtener un criterio analítico y geométrico


para (4.11) válido para cierto punto 𝜁. El criterio analítico es la existencia de una
función subarmónica, a la que llamaremos barrera, sobre 𝐷 que, por su definición
particular, destaca 𝜁 como punto frontera especial. Esta función se usa para construir
y comparar funciones en  y de este modo se usa para obtener información sobre los
valores frontera de ℎ𝑓 .
Definición 4.9. Sea 𝜁 un punto frontera en el dominio 𝐷. Entonces la función 𝜔 es
una barrera en 𝜁 si

1. 𝜔 es subarmónica en 𝐷;
2. 𝜔(𝑧) → 0 cuando 𝑧 → 𝜁 en 𝐷;
3. Para cada entorno 𝑁 de 𝜁, sup{𝜔(𝑧) ∶ 𝑧 ∈ 𝐷 ⧵ 𝑁} < 0.
Observación 4.8: Por (3), 𝜔 < 0 en 𝐷. Además, (2) y (3) obligan a que 𝜁 sea el único
punto frontera donde 𝜔 tiende a 0.
Teorema 4.14. Sea 𝐷 un dominio con clausura compacta sobre una superficie de
Riemann 𝑅. Supongamos que 𝑓 ∶ 𝜕𝐷 → ℝ está acotada y es continua en 𝜁 ∈ 𝜕𝐷. Si
existe una barrera en 𝜁 entonces
ĺım ℎ𝑓 (𝑧) = 𝑓 (𝜁). (4.12)
𝑧→𝜁 ,𝑧∈𝐷

Demostración. Sean 𝛼 y 𝛽 números tales que


𝛼 < 𝑓 (𝜁) < 𝛽 (4.13)

Entonces existe un entorno 𝑁 de 𝜁 con 𝛼 < 𝑓 (𝑧) < 𝛽 en 𝜕𝐷 ∩ 𝑁 y un número


positivo 𝑚 con 𝜔(𝑧) ≤ −𝑚 < 0 en 𝐷 ⧵ 𝑁 donde 𝜔 es una barrera en 𝜁. Ahora, 𝑓 está
acotada en 𝜕𝐷 y es conveniente escribir |𝑓 | ≤ 𝑀 donde podemos tomar 𝑀 > 𝛽.
Ahora vamos a demostrar que
𝑣1 (𝑧) ≤ ℎ𝑓 (𝑧) ≤ 𝑣2 (𝑧)
donde ( )
𝛼+𝑀
𝑣1 (𝑧) ∶= 𝛼 + ́
max{−𝑚, 𝜔(𝑧)}
𝑚
y ( )
𝑀 −𝛽
𝑣2 (𝑧) ∶= 𝛽 − 𝜔(𝑧).
𝑚
A partir de esta desigualdad el Teorema quedaría probado, ya que tomando límite
cuando 𝑧 ∈ 𝐷 tiende a 𝜁, tenemos
𝛼 ≤ ĺım inf ℎ𝑓 (𝑧) ≤ ĺım sup ℎ𝑓 (𝑧) ≤ 𝛽
𝑧→𝜁 𝑧→𝜁
4. funciones subarmónicas 63

Como 𝛼 y 𝛽 solo están condicionados por (4.13), podemos hacerlos tender a 𝑓 (𝜁) para
obtener así (4.12).

Probemos entonces la desigualdad. Observemos ahora que 𝑣1 es subarmónica en


𝐷. Más aún, usando que 𝜔 < 0 en 𝐷 ∩ 𝑁 y que 𝜔 ≤ −𝑚 en 𝐷 ⧵ 𝑁, tenemos
{
= −𝑀, si 𝑧 ∈ 𝐷 ⧵ 𝑁
𝑣1 (𝑧)
≤ 𝛼, si 𝑧 ∈ 𝐷 ∩ 𝑁
Así 𝑣1 << 𝑓 sobre 𝜕𝐷, luego 𝑣1 ∈  y por ello 𝑣1 ≤ ℎ𝑓 . Para demostrar que ℎ𝑓 ≤ 𝑣2 ,
seleccionemos cualquier 𝑢 en  y definimos
𝑀 −𝛽
𝑢1 (𝑧) ∶= 𝑢(𝑧) + 𝜔(𝑧).
𝑚
Usando las mismas estimaciones para 𝜔, tenemos que
{
= 𝛽, si 𝑧 ∈ 𝐷 ⧵ 𝑁
𝑢1 (𝑧)
≤ 𝑢(𝑧), si 𝑧 ∈ 𝐷 ∩ 𝑁
Por lo tanto, 𝑢1 ≤ 𝛽 sobre 𝜕𝐷 y por lo tanto 𝑢1 ≤ 𝛽 en 𝐷. Tomando supremos en
𝑢 ∈  obtenemos
𝑀 −𝛽
ℎ𝑓 (𝑧) + 𝜔(𝑧) ≤ 𝛽
𝑚
que implica que ℎ𝑓 ≤ 𝑣2 .

Observación 4.9: Asumir que 𝐷 es compacto no es esencial para la prueba del Teore-
ma. Para verlo le añadimos a 𝑅 el punto ∞ para obtener una compactificación de 𝑅 (si
𝑅 es compacta 𝐷 también lo es). Definimos arbitrariamente 𝑓 en el infinito (podemos
poner, por ejemplo, 𝑓 (∞) = 0) y consideramos una familia de funciones  como la
definida al inicio de esta sección. La prueba es análoga a la anterior, cambiando 𝜕𝐷
por 𝜕𝐷 ∪ {∞} donde |𝑓 | ≤ 𝑀. El Principio del Máximo sigue verificándose (pode-
mos tomar una sucesión {𝑧𝑛 } con ĺım 𝑢(𝑧𝑛 ) = sup 𝑢) y obtenemos que ℎ𝑓 (𝑧) → 𝑓 (𝜁)
cuando 𝑧 → 𝜁 sobre 𝜕𝐷 ∩ 𝑅. Vemos entonces que el comportamiento de ℎ𝑓 cerca del
punto frontera ∞ no afecta a la prueba.

Podemos enunciar entonces el siguiente resultado.


Teorema 4.15. Sea 𝐷 un subdominio de 𝑅 y sea 𝑓 ∶ 𝜕𝐷 → ℝ continua. Si existe
una barrera en cada punto de 𝜕𝐷 en 𝑅 entonces existe una función ℎ armónica en 𝐷 tal
que
ĺım ℎ(𝑧) = 𝑓 (𝜁), ∀𝜁 ∈ 𝜕𝐷.
𝑧→𝜁 ,𝑧∈𝐷
64 superficies de riemann

El siguiente resultado ofrece un criterio geométrico para la existencia de una ba-


rrera en un punto de 𝜕𝐷.
Teorema 4.16. Sea 𝐷 un dominio en una superficie de Riemann 𝑅 y supongamos
que 𝜁 ∈ 𝜕𝐷. Si existe una carta (𝜙, 𝑈 ) en el atlas maximal de 𝑅 con 𝜁 ∈ 𝑈 , 𝜙(𝜁) =
0, 𝜙(𝑈 ) = 𝔻 y tal que la curva 𝜙−1 (𝑡) con 𝑡 ∈ (−1, 0] caiga fuera de 𝐷, entonces 𝐷
tiene barrera en 𝜁.
Demostración. Observemos que 𝜙(𝑈 ∩ 𝐷) está contenido en 𝔻′ ∶= 𝔻 ⧵ (−1, 0].
Podemos definir una función analítica 𝑞 sobre 𝔻′ dada por

𝑞(𝑧) ∶= 𝑧1∕4

donde | arg(𝑧1∕4 )| < 𝜋∕4. Entonces la función

𝑟(𝑧) ∶= ℜ(−𝑞(𝑧))

es armónica, negativa en 𝔻′ y 𝑟(𝑧) → 0 si y solo si 𝑧 → 0 (ver la Figura 4.1). Si


aplicamos ahora la proposición 4.3 a las funciones −1∕2 sobre 𝐷 y 𝑧 → 𝑟(𝜙(𝑧)) sobre
𝑈 ∩ 𝐷, obtenemos una barrera en 𝜁.

Figura 4.1

Observación 4.10: Sea 𝐾 un disco cerrado paramétrico en 𝑅 y sea 𝑓 ∶ 𝜕𝐾 → ℝ


continua. Entonces para cada 𝜁 ∈ 𝜕𝐾 podemos tomar una carta (𝜙, 𝑈 ) de forma que
𝜙(𝜁) = 0, 𝐾 ⊂ 𝑈 y tal que 𝜙−1 ((−1, 0]) caiga dentro de 𝐾. De esta manera, aplicando
el Teorema 4.16 para 𝐷 = 𝑅 ⧵ 𝐾, tenemos que existe barrera en cada punto de 𝜕𝐾.
Podemos así aplicar el Teorema 4.15 y asegurar que existe una función ℎ armónica
en 𝑅 ⧵ 𝐾 y continua en la clausura de 𝑅 ⧵ 𝐾 con ℎ = 𝑓 sobre 𝜕𝐾. Además, por un
razonamiento análogo al usado en la prueba del Teorema 4.14, observamos que ℎ está
acotada en todo 𝑅 ⧵ 𝐾. Si 𝑓 es no constante, entonces ℎ es tampoco lo es. La función
ℎ no es única en general. Por ejemplo, 𝑢 = 0 y 𝑣(𝑧) = log |𝑧| son armónicas en |𝑧| > 1
y son iguales en |𝑧| = 1.
4. funciones subarmónicas 65

4.7 Funciones de Green

Una de las funciones más importante que podemos definir sobre un dominio de
una superficie de Riemann es la función de Green. Esta función tiene multitud de
aplicaciones, aunque aquí la estudiamos para poder usarla en la prueba del Teorema
de Uniformización de superficies de Riemann simplemente conexas.

Sea un dominio plano 𝐷 y consideremos un punto 𝜁 ∈ 𝐷. Supongamos que existe


un biholomorfismo 𝑓 ∶ 𝐷 → 𝔻 con 𝑓 (𝜁) = 0. Dado que |𝑓 (𝑧)| → 1 cuando 𝑧 → 𝜕𝐷,
tenemos que
𝑔(𝑧, 𝜁) = − log |𝑓 (𝑧)|
es armónica en 𝐷 excepto por una singularidad logarítmica en 𝜁 y se anula en 𝜕𝐷.
Supongamos que 𝐷 es un dominio plano con una barrera en cada punto de 𝜕𝐷. Para
𝜁 ∈ 𝐷 podemos encontrar una solución 𝑢 del problema de Dirichlet sobre 𝐷 con
valores frontera
𝜙(𝑧) = log |𝑧 − 𝜁|, 𝑧 ∈ 𝜕𝐷
y definimos
𝑔 ∗ (𝑧, 𝜁) ∶= 𝑢(𝑧) − log |𝑧 − 𝜁| (4.14)
Esta última función tiene las misma propiedades que 𝑔(𝑧, 𝜁), pero esta depende esen-
cialmente de 𝜕𝐷. Para una superficie de Riemann general no hay frontera disponible,
al menos no en este modo, y debemos buscar una aproximación alternativa.
Definición 4.10. Sea 𝜁 un punto en una superficie de Riemann 𝑅. Denotemos por
 (𝜁) la familia de las funciones 𝑣 con las siguientes tres propiedades:

1. 𝑣 es subarmónica en 𝑅 ⧵ {𝜁};
2. Existe un compacto 𝐾 ⊂ 𝑅 tal que 𝑣 = 0 en 𝑅 ⧵ 𝐾 (𝑣 = 0 cerca de ∞);
3. Para cualquier carta 𝜙 en 𝜁, 𝑣(𝑧) + log |𝜙(𝑧) − 𝜙(𝜁)| está acotada superiormente
cerca de 𝜁.
Observación 4.11: Le imponemos aquí la propiedad (2) a esta familia para poder ase-
gurar así que las funciones armónicas pertenecientes a la misma están acotadas supe-
riormente en la frontera de un compacto y poder así aplicar el Principio del Máximo.
Observación 4.12: Observamos que (3) es independiente de la carta 𝜙 y puede expre-
sarse (abusando de la notación) como

𝑣(𝑧) + log |𝑧 − 𝜁| ≤ 𝑀.
66 superficies de riemann

Se comprueba fácilmente que  (𝜁) es una familia de Perron en 𝑅⧵{𝜁}. De acuerdo


con el Teorema 4.13, el supremo

𝑔(𝑧) ∶= sup 𝑣(𝑧) (4.15)


𝑣∈𝐹 (𝜁)

es o bien +∞ en 𝑅 ⧵ {𝜁} o es armónica en 𝑅 ⧵ {𝜁}.


Definición 4.11. Si 𝑔 es armónica, escribiremos 𝑔(𝑧, 𝜁) para 𝑔(𝑧) y la llamamos
función de Green de 𝑅 con singularidad en 𝜁.
Además, llamamos familia relativa a la función de Green 𝑔(𝑧, 𝜁) a  (𝜁) en la definición
4.10.
Observación 4.13: Aunque aquí hemos definido la función de Green (con singulari-
dad en 𝜁) y su familia relativa en toda un superficie de Riemann 𝑅, la construcción
es válida para todo dominio 𝐷 ⊂ 𝑅 y consecuentemente podríamos escribir 𝑔𝐷 (𝑧, 𝜁)
para referirnos a la función de Green definida en dicho dominio.

Primero intentaremos identificar 𝑔(𝑧, 𝜁), asumiendo que existe, con 𝑔 ∗ (𝑧, 𝜁) dada
en (4.14). Dado cualquier 𝜀 > 0, existe un compacto 𝐾 ⊂ 𝐷 con 𝑔 ∗ < 𝜀 en 𝐷 ⧵ 𝐾.
Entonces
́
max{0, 𝑔 ∗ (𝑧, 𝜁) − 𝜀} ∈  (𝜁)
por lo tanto
𝑔 ∗ (𝑧, 𝜁) − 𝜀 ≤ 𝑔(𝑧, 𝜁)
Tomando límite cuando 𝜀 → 0 obtenemos inmediatamente que 𝑔 ∗ ≤ 𝑔.

Para obtener la desigualdad opuesta, tomamos 𝑣 ∈  (𝜁) y 𝜀 > 0. Entonces

𝑢(𝑧) = 𝑣(𝑧) − (1 + 𝜀)𝑔 ∗ (𝑧, 𝜁)

es subarmónica en 𝐷 ⧵ {𝜁}, 𝑢(𝑧) → −∞ cuando 𝑧 → 𝜁 y 𝑢 << 0 en 𝜕𝐷. Por el


Principio del Máximo, asumiendo que la clausura de 𝐷 es compacta, obtenemos que
𝑢 ≤ 0 en 𝐷 ⧵ {𝜁}. Tomando límite cuando 𝜀 → 0 obtenemos que 𝑣 ≤ 𝑔 ∗ y por ello
𝑔 ≤ 𝑔∗.

Volviendo a la situación general, no es obvio que 𝑔(𝑧, 𝜁) cumpla las propiedades


que hemos supuesto en este razonamiento. Nos paramos entonces a probar el siguien-
te resultado.
Teorema 4.17. Sea 𝑔(𝑧, 𝜁) la función de Green para 𝑅. Entonces se tiene:

1. 𝑔 es positiva, finita y armónica en 𝑅 ⧵ {𝜁};


4. funciones subarmónicas 67

2. 𝑔(𝑧, 𝜁) = − log |𝑧 − 𝜁| + 𝑂(1) cerca de 𝜁.


3. ı́ nf 𝑧 𝑔(𝑧, 𝜁) = 0;
Demostración. La función constante 0 está en  (𝜁) luego 𝑔(𝑧, 𝜁) ≥ 0. Por hipóte-
sis, 𝑔(𝑧, 𝜁) es finita y armónica en 𝑅 ⧵ {𝜁}. Tomemos ahora un disco paramétrico 𝑄
centrado en 𝜁 contenido en una carta (𝜙, 𝑈 ) con 𝜙(𝜁) = 0, 𝜁(𝑄) = 𝔻. La función

𝑧 → log(|𝑧|∕2), 𝑧 ∈ 𝔻

se puede elevar a una función armónica

𝑣(𝑧) = log(|𝜙(𝑧)|∕2)

sobre 𝑄⧵{𝜁}. Aplicando la proposición 4.3 a 𝑣 y a la función constante nula en 𝑅⧵{𝜁},


obtenemos una función 𝑣∗ en  (𝜁). Cerca de 𝜁, tenemos

log(|𝜙(𝑧)|∕2) = 𝑣∗ (𝑧) ≤ 𝑔(𝑧, 𝜁) (4.16)

de modo que 𝑔(𝑧, 𝜁) → +∞ cuando 𝑧 → 𝜁. Esto garantiza que 𝑔 es no constante y


demuestra que 𝑔 es positiva en 𝑅 ⧵ {𝜁}.

Ahora seleccionemos cualquier 𝑢 en  (𝜁) y un 𝜀 > 0. Por la propiedad (3) de la


definición de  (𝜁), tenemos

𝑢(𝑧) − (1 + 𝜀)𝑣(𝑧) ≤ (𝑀 − log |𝜙(𝑧)|) + (1 + 𝜀) log(2|𝜙(𝑧)|) → −∞

cuando 𝑧 → 𝜁 (la desigualdad se da cerca de 𝜁). Podemos asumir que 𝑄 está dentro
de 𝑈 de modo que aplicando el Principio del Máximo a 𝑄 ⧵ {𝜁} obtenemos

𝑢(𝑧) − (1 + 𝜀)𝑣(𝑧) ≤ sup(𝑢(𝑧) − (1 + 𝜀)𝑣(𝑧))


𝜕𝑄

= sup 𝑢(𝑧) + (1 + 𝜀) log 2


𝜕𝑄

Sea 𝜀 → 0, reemplazando 𝑢 en la derecha por 𝑔 y tomando supremo sobre 𝑢, esto da

𝑔(𝑧, 𝜁) ≤ − log |𝜙(𝑧)| + sup 𝑔(𝑧, 𝜁)


𝜕𝑄

Esto junto con (4.15) implica (2). Finalmente, para verificar (3), escribimos

𝑚 = ı́ nf 𝑔(𝑧.𝜁) ≥ 0.
𝑧

Seleccionamos ahora un 𝜀 ∈ (0, 1) y un 𝑤 ∈  (𝜁). En el exterior de un compacto


tenemos que
(1 − 𝜀)𝑤(𝑧) = 0 ≤ 𝑔(𝑧, 𝜁) − 𝑚
68 superficies de riemann

mientras que cerca de 𝜁 se tiene que

(1 − 𝜀)𝑤(𝑧) − 𝑔(𝑧, 𝜁) ≤ (1 − 𝜀)[𝑀 − log |𝜙(𝑧)|] + log |𝜙(𝑧)| + 𝑂(1)


= 𝜀 log |𝜙(𝑧)| + 𝑂(1) → −∞
cuando 𝑧 → 𝜁. Deducimos así que (1 − 𝜀) ≤ 𝑔(𝑧, 𝜁) − 𝑚 en 𝑅 ⧵ {𝜁}. Si tomamos el
supremo en 𝑤 y 𝜀 → 0, tenemos que, como 𝑔(𝑧, 𝜁) > 0, 𝑚 ≤ 0 con lo que 𝑚 = 0.

En el caso plano, si 𝐷 es un dominio con frontera regular es conocido que 𝑔(𝑧, 𝜁)


existe para todo 𝜁. El siguiente resultado describe lo que ocurre en el caso general.
Teorema 4.18. Sea 𝑅 una superficie de Riemann. Las siguientes condiciones son
equivalentes:

1. Existe una función subarmónica negativa y no constante sobre 𝑅;


2. 𝑔(𝑧, 𝜁) existe para un 𝜁 ∈ 𝑅;
3. 𝑔(𝑧, 𝜁) existe para todo 𝜁 ∈ 𝑅.
Definición 4.12. Si se cumple cualquiera de las condiciones en el Teorema anterior,
diremos que 𝑅 es hiperbólica.
Demostración. Trivialmente (3) implica (2) y si consideramos la función −𝑔(𝑧, 𝜁),
tenemos que (2) implica (1).
Supongamos ahora que se cumple (1) y tomemos un 𝜁 ∈ 𝑅 arbitrario pero fijo. Vamos
a probar la existencia de 𝑔(𝑧, 𝜁).
Seleccionemos un disco paramétrico compacto 𝐾1 . Vamos a construir una función 𝑢
armónica, no constante y tal que 0 ≤ 𝑢 ≤ 1 en 𝑅 ⧵ 𝐾1 y 𝑢 = 0 en 𝜕𝐾1 . Con este
objetivo en mente, definimos la familia de funciones 𝑣 con las propiedades:

A. 𝑣 es subarmónica en 𝑅 ⧵ 𝐾1 ;
B. 𝑣 << 0 en 𝜕𝐾1 ;
C. 𝑣 ≤ 1 (es decir 𝑣 << 1 en un entorno de ∞).

Esta familia de funciones es de Perron. La función constante nula está en esta familia,
con lo que su supremo 𝑢(𝑧) es armónico y cumple que 0 ≤ 𝑢 ≤ 1 en 𝑅 ⧵ 𝐾1 . Aplicando
el Teorema 4.16 tenemos que 𝑢 = 0 en 𝜕𝐾1 .
Recordemos ahora que (1) nos garantiza la existencia de una función 𝑤 subarmónica
no constante negativa en 𝑅. Escribimos ahora

−𝑚 = sup 𝑤(𝑧) < 0


𝑧∈𝐾1
4. funciones subarmónicas 69

y tenemos que 1 + [𝑤(𝑧)∕𝑚] pertenece a la familia de funciones descrita arriba. Por


tanto 𝑚 + 𝑤(𝑧) ≤ 𝑚𝑢(𝑧).
Como 𝑤 no alcanza su supremo 𝑀, podemos escribir −𝑚 < 𝑀. Para cierto 𝑧 tenemos
entonces que 𝑤(𝑧) > −𝑚 con lo que 𝑢(𝑧) > 0. Por tanto, 𝑢 es no constante ya que
𝑢 = 0 en 𝜕𝐾1 .
Vamos a usar la función 𝑢 que hemos construido para mostrar la existencia de 𝑔 de-
finida en (4.15) y, con ello, la de la función 𝑔(𝑧, 𝜁). Tomamos un carta (𝜙, 𝑈 ) en 𝜁 de
tal forma que 𝜙 envíe los discos paramétricos cerrados 𝐾1 , 𝐾2 ⊂ 𝑈 centrados en 𝜁
en los discos planos {|𝑧| ≤ 1} y {|𝑧| ≤ 2} respectivamente. Además asumimos que
𝜙(𝜁) = 0. Construimos ahora un 𝑢 como el descrito arriba y tomando un múltiplo
apropiado de dicho 𝑢 podemos asumir

𝑢 = 0 en 𝜕𝐾1 , ı́ nf 𝑢(𝑧) = 1, sup = 𝑀


𝑧∈𝜕𝐾2 𝑧∈𝑅⧵𝐾1

(no podemos asegurar ahora que 𝑢 ≤ 1). Aplicamos ahora la Proposición 4.3 a las
funciones 𝑣(𝑧) = log |𝜙(𝑧)| en el interior de 𝐾2 y 𝑢(𝑧) log 2 en el exterior de 𝐾1 .
Observamos que ambas valen cero en 𝜕𝐾1 y que 𝑢(𝑧) log 2 ≤ log 2 = 𝑣(𝑧) en 𝜕𝐾2 .
Por tanto, la función:
⎧log |𝜙(𝑧)| si 𝑧 ∈ 𝐾1

𝑤(𝑧) = ⎨max{log
́ |𝜙(𝑧)|, 𝑢(𝑧) log 2} si 𝑧 ∈ 𝐾2 ⧵ 𝐾1
⎪𝑢(𝑧) log 2 si 𝑧 ∈ 𝑅 ⧵ 𝐾2

es subarmónica en 𝑅. Para cualquier función 𝑠(𝑧) en la familia de la que 𝑔(𝑧, 𝜁) es
supremo, la función 𝑠(𝑧) + 𝑤(𝑧) es subarmónica en 𝑅 ⧵ {𝜁}. Esta función está acotada
en un entorno de 𝜁, con lo que tenemos

𝑠(𝑧) + 𝑤(𝑧) ≤ 𝑂(1) − log |𝜙(𝑧)| + log |𝜙(𝑧)|

Si aplicamos ahora el Teorema 4.10 (1), vemos que 𝑠 + 𝑤 no se acerca a su supremo en


un entorno de 𝜁. Para un 𝑧 cerca del ∞ tenemos que 𝑠(𝑧) + 𝑤(𝑧) = 𝑤(𝑧) ≤ 𝑀 log 2
y, por tanto, es cierto ∀𝑧 ∈ 𝑅 ⧵ {𝜁}.
Por último, para 𝑧 ∈ 𝑅 ⧵ 𝐾2 tenemos que

𝑠(𝑧) + 𝑢(𝑧) log 2 = 𝑠(𝑧) + 𝑤(𝑧) ≤ 𝑀 log 2

y por tanto
𝑠(𝑧) ≤ [𝑀 − 𝑢(𝑧)] log 2.
Esto nos da una cota superior para la función 𝑠(𝑧) que no depende de 𝑠. Por tanto, esto
nos asegura que 𝑔(𝑧, 𝜁) es finita y por tanto existe, con lo que tenemos el resultado.
70 superficies de riemann

Concluimos la sección con un resultado que nos da una forma de conseguir una
superficie hiperbólica a partir de una superficie de Riemann cualquiera.
Teorema 4.19. Sea 𝑅 una superficie de Riemann y 𝑈0 ⊂ 𝑅 un disco paramétrico
con clausura compacta en 𝑅. Sea 𝑅0 = 𝑅 ⧵ 𝑈0 . Entonces la función de Green 𝑔𝑅0 (𝑧, 𝜁)
existe para todo 𝑧, 𝜁 ∈ 𝑅0 con 𝑧 ≠ 𝜁.
Demostración. Sean 𝜁 ∈ 𝑅0 y (𝜙, 𝑈 ) una carta donde 𝑈 ⊂ 𝑅0 es un disco paramé-
trico con clausura compacta en 𝑅0 , 𝜙 lleva 𝑈 en el disco unidad 𝔻 y 𝜙(𝜁) = 0. Para
probar la existencia de 𝑔𝑅0 (𝑧, 𝜁), tenemos que demostrar que la familia  (𝜁) definida
sobre 𝑅0 está acotada.

Primero, fijamos un 𝑟 ∈ (0, 1) y consideramos el conjunto 𝑟𝑈 = {𝑧 ∈ 𝑅0 ∶


|𝜙(𝑧)| < 𝑟}. Si 𝑣 ∈  (𝜁) entonces por la propiedad (3) de  (𝜁) y el Principio del
Máximo tenemos:

𝑣(𝑧) + log |𝜙(𝑧)| ≤ max


́ (𝑣(𝑤) + log |𝑣(𝑤)|) = max
́ 𝑣(𝑤)
𝑤∈𝜕𝑈 𝑤∈𝜕𝑈

para cada 𝑧 ∈ 𝑈 . Consecuentemente tenemos

́ 𝑣(𝑧) + log 𝑟 ≤ max


max ́ 𝑣(𝑧) (4.17)
𝑧∈𝜕𝑟𝑈 𝑤∈𝜕𝑈

y obtenemos así un estimador del crecimiento de 𝑣 en 𝑈 . Vamos a encontrar ahora


otro estimador del crecimiento de 𝑣, pero esta vez buscando que este se vea afectado
por el disco 𝑈0 que le quitamos a 𝑅. Construimos una función armónica en 𝑅0 ⧵ 𝑟𝑈
de forma que esta sea igual a 1 en 𝜕𝑟𝑈 y, en algún sentido, igual a 0 en 𝜕𝑅0 . Más
formalmente, definimos  una familia de funciones 𝑢 subarmónicas en 𝑅0 ⧵ 𝑟𝑈 tales
que 𝑢 = 0 en 𝑅 ⧵ 𝐾 para algún subconjunto compacto 𝐾 ⊂ 𝑅 (que puede depender
del 𝑢 ∈  ) de manera que:

ĺım sup 𝑢(𝑧) ≤ 1 y ĺım sup 𝑢(𝑧) ≤ 0


𝑧→𝛼 𝑧→𝛽

con 𝛼 ∈ 𝜕𝑟𝑈 y 𝛽 ∈ 𝜕𝑈0 (ver Figura 4.2).


4. funciones subarmónicas 71

Figura 4.2:
Medida armónica de 𝜕𝑟𝑈 en la región 𝑅0 ⧵ 𝑟𝑈 .

Si aplicamos ahora el principio del Máximo en el interior de 𝐾 ⧵ (𝑈0 ∪ 𝑟𝑈 ), obtenemos


que 𝑢 ≤ 1 en 𝑅0 ⧵ 𝑟𝑈 . Como  es una familia de Perron, se tiene que

𝑤(𝑧) = sup{𝑢(𝑧) ∶ 𝑢 ∈  }

es armónica en 𝑅0 ⧵ 𝑟𝑈 . Podemos construir ahora una barrera en cada punto de 𝜕𝑈0 ∪


𝜕𝑟𝑈 llevando 𝑅0 ⧵ 𝑟𝑈 a una región de 𝔻 mediante una aplicación continua. Luego por
el Teorema 4.14, la función armónica 𝑤 se puede prolongar de manera continua en
cada punto de 𝜕𝑈0 y de 𝜕𝑟𝑈 , de forma que 𝑤(𝑧) = 0 ∀𝑧 ∈ 𝜕𝑈0 y 𝑤(𝑧) = 1 ∀𝑧 ∈ 𝜕𝑟𝑈 .
En particular, esto implica que 𝑤 no es constante. Es más, 0 ≤ 𝑤 ≤ 1 ya que 0 ∈ 
y 𝑢 ≤ 1 ∀𝑢 ∈  . Como 𝑤 no es constante, el Principio del máximo nos asegura que
0 < 𝑤(𝑧) < 1 ∀𝑧 ∈ 𝑅0 ⧵ 𝑟𝑈 .
Esta función 𝑤 se llama medida armónica de 𝜕𝑟𝑈 en la región 𝑅0 ⧵ 𝑟𝑈 .
Volviendo a nuestra función 𝑣 ∈  (𝜁), aplicando el Principio de Máximo a la función
́ 𝜕𝑟𝑈 𝑤 tenemos que
𝑣 − max
( )
𝑣(𝑧) ≤ max ́ 𝑣 𝑤(𝑧)
𝜕𝑟𝑈

para cualquier 𝑧 ∈ 𝑅0 ⧵ 𝑟𝑈 . De esta forma


( ) ( )
́ 𝑣 ≤ max
max ́ 𝑣 max ́ 𝑤(𝑧) ≤ max
́ 𝑣 (1 − 𝛿) (4.18)
𝜕𝑈 𝜕𝑟𝑈 𝑧∈𝜕𝑈 𝜕𝑟𝑈

para algún 𝛿 < 0. Si juntamos ahora 4.17 y 4.18 se tiene que


1
́ 𝑣 ≤ log
𝛿 max
𝜕𝑟𝑈 𝑟
para cada 𝑣 ∈  , con lo que 𝛿 no depende de 𝑣. Esto implica que 𝑔𝑅0 (𝑧, 𝜁) está acotada,
con lo que esta existe y hemos probado el resultado.

4.8 Clasificación de la superficies de Riemann.

Una superficie de Riemann es hiperbólica si y solo si se puede definir funciones de


Green sobre esta. Las superficies compactas no pueden ser hiperbólicas, pero el hecho
de ser compactas ya establece una propiedad importante para clasificarlas.
72 superficies de riemann

Definimos las superficies parabólicas como aquellas que no son compactas ni hiper-
bólicas.
Los ejemplos más relevantes de cada tipo son el disco unidad (hiperbólico), el plano
(parabólico) y la esfera de Riemann (compacta). Estos tres ejemplos se pueden dis-
tinguir unos de otros por su habilidad (o la ausencia de esta) de soportar funciones
holomorfas no constantes y funciones holomorfas no constantes y acotadas.
Esta clasificación nos resultará muy útil para enunciar y probar el Teorema de Uni-
formización de superficies simplemente conexas.

Sea ahora 𝐾 un compacto de 𝑅 una superficie de Riemann. La frontera de 𝑅 ⧵ 𝐾


es 𝜕𝐾 junto con la frontera ideal de 𝑅, es decir, el punto ∞ tal que 𝑅 ∪ {∞} es
compacta. Supongamos que 𝑢 es armónica y acotada sobre 𝑅 ⧵ 𝐾 y que 𝑢 << 0 sobre
𝜕𝐾. ¿Podemos afirmar que 𝑢 ≤ 0 en 𝑅 ⧵ 𝐾? Esto es lo mismo que pedir, en cierto
sentido, que la frontera ideal no afecte a 𝑢 (es decir, que si consideramos solo 𝜕𝐾, 𝑢 se
queda igual).
No podemos afirmar que 𝑢 ≤ 0 para superficies hiperbólicas: basta considerar log |𝑧|
en |𝑧| < 2 con 𝐾 el disco unidad cerrado. Sí es cierto que 𝑢 ≤ 0 para 𝑅 compacta,
pues en ese caso, 𝑅 ⧵ 𝐾 tiene clausura compacta en 𝑅. De hecho, podemos afirmar
que 𝑢 ≤ 0 si 𝑅 es parabólica.
Teorema 4.20 (Principio del Máximo extendido). Sean 𝑅 una superficie de Rie-
mann compacta o parabólica y 𝐾 ⊂ 𝑅 un subconjunto compacto de esta. Si 𝑢 es armónica
y acotada superiormente en 𝑅 ⧵ 𝐾 y si 𝑢 << 0 en 𝜕𝐾, entonces 𝑢 ≤ 0 en 𝑅 ⧵ 𝐾.
Demostración (del Principio del Módulo Máximo Extendido). Supongamos que 𝑅 es
parabólica. Para cada disco paramétrico compacto 𝑄, sea 𝑃𝑄 la familia de funciones
𝑣 con las siguientes propiedades

1. 𝑣 es subarmónica y satisface 𝑣 ≤ 1 en 𝑅 ⧵ 𝑄;
2. 𝑣 << 0 en el ∞.

Claramente 𝑃𝑄 es una familia de Perron luego su supremo 𝑤𝑄 es armónica y sa-


tisface 0 ≤ 𝑤𝑄 ≤ 1 sobre 𝑅 ⧵ 𝐾.

Para continuar necesitamos primero probar el siguiente resultado.


Lema 4.1. Se tiene que 𝑤𝑄 = 1 en 𝑅 ⧵ 𝑄.
Demostración (del Lema 4.1). Primero, probemos que 𝑤𝑄 = 1 en 𝜕𝑄. Seleccionamos
cualquier punto 𝜂 ∈ 𝜕𝑄. Tomemos una carta (𝜙, 𝑈 ) con 𝑄 ⊂ 𝑈 y elegimos un 𝜁 ∈ 𝑄
de tal modo que 𝜙 envíe 𝜂, 𝜁 y el centro de 𝑄 en a tres puntos alineados en ℂ. Para 𝑡 lo
suficientemente pequeño, el anillo cerrado 𝐴 centrado en 𝜙(𝜁) de radio interior 𝑡 y de
4. funciones subarmónicas 73

radio exterior 2𝑡 cae en 𝜙(𝑈 ) (ver Figura 4.2) y si combinamos 𝜙 con una traslación,
podemos asumir que 𝜙(𝜁) = 0.

Figura 4.3:
Anillo 𝐴 con centro 𝜙(𝜁), radio interior 𝑡 y radio exterior 2𝑡 en 𝜙(𝑈 )

Entonces
log 2𝑡 − log |𝑧|
ℎ(𝑧) ∶=
log 2
Es armónica en el anillo 𝐴 (y en un conjunto más grande que contiene a este) y toma
los valores 1 y 0 en las fronteras interior y exterior que acotan el anillo 𝐴. Consecuen-
temente construimos la función:
{
ℎ ◦ 𝜙(𝑧) si 𝑧 ∈ 𝜙−1 (𝐴)
𝑣(𝑧) ∶=
0 si 𝑧 ∈ 𝑅 ⧵ (𝑄 ∪ 𝐴)

que pertenece a la familia 𝑃𝑄 . Si tomamos una sucesión {𝑧𝑛 } ⊂ 𝑅 ⧵ 𝑄 con 𝑧𝑛 → 𝜂


observamos que existe un 𝑛0 ∈ ℕ tal que 𝑧𝑛 ∈ 𝜙−1 (𝐴) ∀𝑛 ≥ 𝑛0 y por tanto

ĺım inf 𝑤𝑄 (𝑧𝑛 ) ≤ ĺım inf 𝑣(𝑧𝑛 ) = 1.


𝑛→∞ 𝑛→∞

Luego 𝑤𝑄 = 1 en 𝜕𝑄.
Ahora sea 𝑞 el centro de 𝑄 y sea 𝑊 otro disco paramétrico de centro 𝑞, también res-
pecto de la carta (𝜙, 𝑈 ) de forma que 𝑄 ⊂ 𝑊 . Vamos a denotar el radio de 𝜙(𝑄) y de
𝜙(𝑊 ) como 𝑟𝑄 y 𝑟𝑊 respectivamente de modo que 𝑟𝑄 < 𝑟𝑊 .
Consideremos ahora cualquier función subarmónica 𝑣 en la familia relativa a la de-
finición de la función de Green 𝑔(𝑧, 𝑞). Sabemos que por ser 𝑅 no hiperbólica, este
supremo es ∞ y por tanto no existe tal 𝑔(𝑧, 𝜁). Entonces, para cualquier 𝜀 > 0

𝑣(𝑧) + (1 + 𝜀) log |𝜙(𝑧) − 𝜙(𝑞)|


74 superficies de riemann

es subarmónica dentro de 𝑊 y tiende a −∞ cuando 𝑧 → 𝑞. Luego alcanza su máximo


en 𝜕𝑊 y este valor excede su máximo en 𝜕𝑄. Si hacemos tender 𝜀 a 0, obtenemos que

sup 𝑣 + log 𝑟𝑄 ≤ sup 𝑣 + log 𝑟𝑊


𝜕𝑄 𝜕𝑊

Ahora, podemos asumir que 𝑣 ≥ 0 y entonces

𝑣(𝑧) = 0 ≤ (sup 𝑣)𝑤𝑄 (𝑧) cerca de ∞


𝜕𝑄

y también
𝑣(𝑧) << (sup 𝑣)𝑤𝑄 (𝑧) sobre 𝜕𝑄
𝜕𝑄

de modo que

𝑣(𝑧) ≤ (sup 𝑣)𝑤𝑄 (𝑧) sobre 𝑅 ⧵ 𝑄.


𝜕𝑄

Esto último se debe a que 𝑣 está acotada por (sup𝜕𝑄 𝑣)𝑤𝑄 (𝑧) tanto en la frontera de
cualquier compacto 𝐾 ⊂ 𝑅 (está acotada cerca de ∞) como en 𝜕𝑄, y como el máximo
ha de alcanzarse en estas o de lo contrario 𝑣 sería constante, tenemos la afirmación.
Tomando 𝑧 ∈ 𝜕𝑊 , reemplazando tanto 𝑤𝑄 (𝑧) y 𝑣(𝑧) por sus respectivos supremos,
obtenemos
sup 𝑣 ≤ (sup 𝑣)(sup 𝑤𝑄 (𝑧)).
𝜕𝑊 𝜕𝑄 𝜕𝑊

Esto implica
(sup 𝑣)(1 − sup 𝑤𝑄 (𝑧)) ≤ log(𝑟𝑊 ∕𝑟𝑄 )
𝜕𝑄 𝜕𝑊

Como 𝑔(𝑧, 𝑞) no existe, el supremo de 𝑣 puede tomarse arbitrariamente grande. Así


𝑤𝑄 aproxima el valor 1 sobre 𝜕𝑊 , y por ello es constante en 𝑅 ⧵ 𝑄.

Retomemos la demostración del Teorema 4.20.

Tenemos que o bien 𝑢 ≤ 0 (que es la condición que buscamos) o 𝑢 tiene una cota
superior positiva. Supongamos lo segundo. Claramente podemos asumir que 𝑢 ≤ 1. Si
existe un disco paramétrico 𝑄 dentro del interior de 𝐾 podemos razonar del siguiente
modo. Para 𝑣 ∈ 𝑃𝑄 tenemos

𝑢 ≤ 1, 𝑣 << 0 en ∞

mientras que
𝑢 << 0, 𝑣 ≤ 1 en 𝜕𝐾.
4. funciones subarmónicas 75

Estas acotaciones nos permiten afirmar que 𝑢 + 𝑣 ≤ 1 en 𝑅 ⧵ 𝐾.

Como 𝑤𝑄 = 1 en 𝑅 ⧵ 𝐾 tenemos que

1 = 𝑤𝑄 (𝑧) = sup 𝑣(𝑧) ≤ 1 − 𝑢(𝑧)


𝑣∈𝑃𝑄

luego 𝑢(𝑧) ≤ 0 en 𝑅 ⧵ 𝐾. Ahora, consideremos un compacto general 𝐾. En este


caso, seleccionamos 𝑄 un disco paramétrico compacto y un conjunto compacto 𝐸
que contenga a la vez a 𝐾 y 𝑄 en su interior. Claramente

́
sup 𝑢(𝑧) = max{sup 𝑢(𝑧), sup 𝑢(𝑧)}
𝑅⧵𝐾 𝑅⧵𝐸 𝐸⧵𝐾

Sin embargo, el párrafo previo se puede aplicar a 𝐸 (en lugar de a 𝐾) y a la función


𝑢(𝑧) − sup𝜕𝐸 𝑢(𝑧) y nos queda que

𝑢(𝑧) − sup 𝑢(𝑧) ≤ 0


𝜕𝐸

con lo que podemos deducir que

sup 𝑢(𝑧) = sup 𝑢(𝑧).


𝑅⧵𝐸 𝜕𝐸

Este supremo se alcanza en 𝜕𝐸 y esto cae en 𝑅 ⧵ 𝐾. Por ello, a menos que 𝑢 sea una
constante, 𝑢 alcanza incluso valores mayores en 𝐸 ⧵ 𝐾 y por ello

́
sup 𝑢(𝑧) = max{sup 𝑢(𝑧), sup 𝑢(𝑧)}
𝑅⧵𝐾 𝜕𝐸 𝐸⧵𝐾

́
= max{sup 𝑢(𝑧), sup 𝑢(𝑧)}
𝜕𝐸 𝜕𝐾

= sup 𝑢(𝑧)
𝜕𝐾

≤ 0.

Como ilustración de estas ideas, vamos a generalizar el Teorema de Liouville de


ℂ para cualquier superficie parabólica.
Teorema 4.21. Cualquier función armónica positiva definida sobre una superficie
parabólica es constante.
Además, cualquier función holomorfa acotada sobre una superficie de Riemann parabó-
lica es una constante.
76 superficies de riemann

Demostración. Si 𝑓 es holomorfa y |𝑓 | < 𝑀 entonces 𝑀 −𝑓 tiene parte real positiva


y, por ello, basta con que probemos el resultado para funciones armónicas.
Supongamos entonces que 𝑢 es armónica y positiva sobre una superficie parabólica 𝑅.
Podemos aplicar el Principio del Máximo Extendido a la función 𝑧 → (𝑢(𝜁)−𝑢(𝑧)) con
𝐾 = {𝜁} (para cualquier 𝜁 dado). Entonces 𝑢(𝜁) ≤ 𝑢(𝑧) sobre 𝑅⧵𝐾 y por consiguiente,
en todo 𝑅. Como 𝑧 y 𝜁 son arbitrarios, 𝑢 es una constante.
5 Teorema de Uniformización Su-
perficies de Riemann simplemen-
te conexas

Finalmente estamos en posición de probar el principal resultado de este trabajo: el


Teorema de Uniformización de Superficies de Riemann simplemente conexas. Este nos
permite clasificar las superficies de Riemann simplemente conexas en tres categoría
si son conformemente equivalentes al disco unidad 𝔻, a ℂ∞ o a ℂ.
En esta sección nos vamos a dedicar primordialmente a la prueba de este Teorema.
Este resultado y su prueba están mayormente extraídos de [1, Ch 9], aunque también
necesitaremos remitirnos a [9] para completar la prueba.

Enunciemos formalmente el Teorema.


Teorema 5.1 (El Teorema de Uniformización de SR simplemente conexas).
Sea 𝑅 una superficie de Riemann simplemente conexa. Entonces:

1. Si 𝑅 es hiperbólica, entonces 𝑅 es conformemente equivalente a 𝔻.


2. Si 𝑅 es compacta, entonces 𝑅 es conformemente equivalente a ℂ∞ .
3. Si 𝑅 es parabólica, entonces 𝑅 es conformemente equivalente a ℂ.
Observación 5.1: Vamos a usar en la demostración del Teorema el Teorema de Re-
presentación conforme en el caso plano visto en la asignatura Variable Compleja sin
dar su prueba aquí. Este nos asegura que un subdominio simplemente conexo 𝐷 ⊊ ℂ
es conformemente equivalente a 𝔻.
Demostración. Esta demostración está separada en tres partes marcadas por cada
uno de los casos descritos en el enunciado del Teorema.

(1): 𝐑 es hiperbólica
78 superficies de riemann

Sea 𝑅 una superficie de Riemann hiperbólica simplemente conexa. Para un 𝜁 ∈ 𝑅


cualquiera vamos a construir una función holomorfa 𝐹𝜁 ∶ 𝑅 → 𝔻. Comprobaremos
entonces que 𝐹𝜁 es inyectiva y por tanto 𝑅 es conformemente equivalente a un sub-
dominio simplemente conexo de 𝔻 y por ello a 𝔻.
Tomemos un 𝜁 ∈ 𝑅 arbitrario pero fijo. Para cada 𝑤 ∈ 𝑅 ⧵ {𝜁}, tomamos un dis-
co paramétrico 𝑁𝑤 centrado en 𝑤 que no contenga a 𝜁. Ahora le asociamos a 𝑁𝑤 la
familia de funciones holomorfas

𝑧 ←→ exp (−[𝑔(𝑧, 𝜁) + 𝑖ℎ(𝑧)]) (5.1)

donde 𝑔(𝑧, 𝜁) es la función de Green de 𝑅 con singularidad en 𝜁 y ℎ(𝑧) es una función


armónica conjugada de esta en 𝑁𝑤 . Si 𝑓 está en dicha familia, entonces, para cada
𝑐 ∈ {𝑧 ∈ ℂ ∶ |𝑧| = 1}, 𝑐𝑓 también pertenece a esta. Seleccionamos ahora un disco
paramétrico 𝑁𝜁 centrado en 𝜁 y construimos una función holomorfa 𝑓 en este de
forma que 𝑓 (𝜁) = 0 y log |𝑓 (𝑧)| = −𝑔(𝑧, 𝜁). Esta 𝑓 es la que obtenemos aplicando la
Proposición 4.1 tomando 𝑢 = −𝑔.
Podemos afirmar ahora que si añadimos 𝑓 construida de esta forma a la unión de todas
las funciones descritas en (5.1) para todos los 𝑤 ∈ 𝑅 ⧵ {𝜁} obtenemos una familia de
funciones a la que le podemos aplicar el Teorema 3.5. Efectivamente, si seleccionemos
un 𝑧0 ∈ 𝑁𝑤1 ∩ 𝑁𝑤2 (de forma que 𝑧0 ≠ 𝜁) y tomamos dos funciones 𝑓1 y 𝑓2 en 𝑁𝑤1 y
𝑁𝑤2 respectivamente de la forma descrita en (5.1), se tiene que

log |𝑓1 (𝑧)| = −𝑔(𝑧, 𝜁) = log |𝑓2 (𝑧)|

cerca de 𝑧0 con lo que 𝑓1 = 𝑐𝑓2 para algún 𝑐 ∈ {𝑧 ∈ ℂ ∶ |𝑧| = 1}. Por tanto podemos
podemos aplicar el Teorema 3.5 y obtenemos así la función 𝐹𝜁 ∶ 𝑅 → ℂ con las
siguientes propiedades:

1. Si 𝑧 ≠ 𝜁 entonces |𝐹𝜁 (𝑧)| = exp (−𝑔(𝑧, 𝜁)) < 1;


2. 𝐹𝜁 (𝑧) = 0 si y solo si 𝑧 = 𝜁.

Solo tenemos que probar ahora que 𝐹𝜁 ∶ 𝑅 → 𝔻 es inyectiva. Con este objetivo
en mente, escogemos dos puntos distintos 𝜂, 𝜁 ∈ 𝑅 y notamos 𝜂 ∗ = 𝐹𝜁 (𝜂). Tomamos
una transformación de Möbius 𝑇 ∈ Aut(𝔻) tal que 𝑇 (𝜂 ∗ ) = 0. Notemos que como
𝑇 ◦ 𝐹𝜁 ∶ 𝑅 → 𝔻 es una función holomorfa cumpliendo 𝑇 ◦ 𝐹𝜁 (𝑧) = 0 si solo si 𝑧 = 𝜂,
es natural comparar esta con 𝐹𝜂 (𝑧).
Consideremos ahora una función 𝑣 subarmónica en la familia de Perron de la que
𝑔(𝑧, 𝜂) es supremo (dada en la definición 4.10). Para todo 𝜀 > 0, la función

𝑣(𝑧) + (1 + 𝜀) log |𝑇 ◦ 𝐹𝜁 (𝑧)| (5.2)


5. teorema de uniformización superficies de riemann simplemente conexas 79

es subarmónica en 𝑅 y negativa cerca del ∞ (ya que 𝑣 = 0 en 𝑅 ⧵ 𝐾 para algún


compacto 𝐾). Tenemos que cerca de 𝜂 para algún 𝑘 ∈ ℤ>0

𝑣(𝑧) + (1 + 𝜀) log |𝑇 ◦ 𝐹𝜁 (𝑧)| = 𝑣(𝑧) + (1 + 𝜀)[log |𝑧 − 𝜂|𝑘 + 𝑂(1)]


≤ [𝑣(𝑧) + log |𝑧 − 𝜂|] + 𝜀 log |𝑧 − 𝜂| + 𝑂(1)
≤ 𝑀 + 𝜀 log |𝑧 − 𝜂| + 𝑂(1)

con este último termino tendiendo a −∞ cuando tomamos 𝑧 → 𝜂. Vemos así que la
función descrita en (5.2) es negativa en todo 𝑅. Si ahora hacemos tender 𝜀 a 0 tomando
el supremo de la familia formada por las 𝑣 obtenemos

𝑔(𝑧, 𝜂) ≤ − log |𝑇 ◦ 𝐹𝜁 (𝑧)|. (5.3)

Observemos ahora que |𝑇 (0)| = |𝑇 −1 (0)| (propiedad que se cumple para cada 𝑇 ∈
Aut(𝔻)) y por tanto

|𝑇 ◦ 𝐹𝜁 (𝜁)| = |𝑇 (0)| = |𝜂 ∗ | = |𝐹𝜁 (𝜂)|

lo que, junto a 5.3, implica

𝑔(𝜁, 𝜂) ≤ − log |𝑇 ◦ 𝐹𝜁 (𝜁)| = − log |𝐹𝜁 (𝜂)| = 𝑔(𝜂, 𝜁) (5.4)

Por simetría, se tiene que 𝑔(𝜁, 𝜂) = 𝑔(𝜂, 𝜁). Si aplicamos este hecho en (5.4) vemos
que se tiene la igualdad 𝑔(𝜁, 𝜂) = − log |𝐹𝜁 (𝜂)| y consecuentemente también se tiene
la igualdad en (5.3) cuando 𝑧 = 𝜁. Al ser ambas funciones en (5.3) armónicas, se tiene
que la igualdad es cierta para todo 𝑧 ∈ 𝑅. Por tanto

|𝐹𝜂 (𝑧)| = |𝑇 ◦ 𝐹𝜁 (𝑧)|.

Supongamos ahora que 𝐹𝜁 (𝑧) = 𝐹𝜁 (𝜂). Entonces

|𝐹𝜂 (𝑧)| = |𝑇 ◦ 𝐹𝜁 (𝑧)| = |𝑇 ◦ 𝐹𝜁 (𝜂)| = |𝐹𝜂 (𝜂)| = 0

con lo que, por la propiedad (2) de 𝐹𝜁 se tiene que 𝑧 = 𝜂. Por tanto, 𝐹𝜁 es inyectiva y
tenemos el resultado para el caso hiperbólico.

(2): 𝐑 es compacta

Supongamos que 𝑅 es una superficie de Riemann simplemente conexa compacta.


Entonces 𝑅 no admite una función de Green 𝑔(𝑧, 𝜁), con lo que, debemos buscar otra
función que cumpla un papel similar. Si consideramos 𝑅 = ℂ∞ la función ℜ[1∕(𝑧 −
80 superficies de riemann

𝜁)] nos sirve. Nuestro objetivo es mostrar que, dada cualquier superficie de Riemann
simplemente conexa compacta, existe una función con propiedades similares.

Seleccionemos un 𝜁 ∈ 𝑅 y una carta (𝜙, 𝑈 ) de tal forma que 𝜙(𝜁) = 0 y 𝜙(𝑈 )


contenga al disco unidad cerrado 𝔻 ⊂ ℂ. Ahora para cada 𝑡 ≤ 1, 𝑈 contiene al disco
paramétrico Δ𝑡 = 𝜙−1 ({𝑧 ∶ |𝑧| < 𝑡}) y se tiene que la función
( )
1 ℜ[𝜙(𝑧)]
ℎ(𝑧) ∶= ℜ =
𝜙(𝑧) |𝜙(𝑧)|2
es armónica en Δ1 ⧵ {𝜁}. Si aplicamos ahora el Teorema 4.15 obtenemos una función
𝑢𝑡 armónica en 𝑅 ⧵ Δ𝑡 tal que 𝑢𝑡 = ℎ en 𝜕Δ𝑡 . Esta 𝑢𝑡 es única, ya que 𝑅 ⧵ Δ𝑡 es un
compacto con frontera 𝜕Δ𝑡 (Corolario 4.3).
Buscamos mostrar que
𝑢(𝑧) = ĺım 𝑢𝑡 (𝑧)
𝑡→0

existe y los 𝑢𝑡 (𝑧) convergen a esta uniformemente en cada subconjunto compacto 𝐾


de 𝑅 ⧵ {𝜁} y por tanto es armónica en cada uno de ellos. Para cada 𝐾 de esta forma
elegimos un 𝑟 < 1 de manera que 𝐾 ⊂ 𝑅 ⧵ Δ𝑟 . Ahora elegimos dos números 𝑠 y 𝑡 tales
que max{𝑠,
́ 𝑡} < 𝑟. Si aplicamos el Principio del Máximo obtenemos

sup |𝑢𝑠 (𝑧) − 𝑢𝑡 (𝑧)| ≤ sup |𝑢𝑠 (𝑧) − 𝑢𝑡 (𝑧)|


𝐾 𝑅⧵Δ𝑟

= sup |𝑢𝑠 (𝑧) − 𝑢𝑡 (𝑧)| (5.5)


𝜕Δ𝑟

≤ sup |𝑢𝑠 (𝑧) − ℎ(𝑧)| + sup |𝑢𝑡 (𝑧) − ℎ(𝑧)|.


𝜕Δ𝑟 𝜕Δ𝑟

Necesitamos dar la siguiente definición para continuar.


Definición 5.1. Dada una función real 𝑞 ∶ 𝐸 → ℝ, se define la oscilación de 𝑞 en
𝐸 como
osc(𝑞, 𝐸) ∶= sup 𝑞(𝑥) − ı́ nf 𝑞(𝑦)
𝑥∈𝐸 𝑦∈𝐸

Observación 5.2: Si 𝑞 toma valores tanto positivos como negativos en 𝐸 tenemos que

sup |𝑞(𝑧)| ≤ osc(𝑞, 𝐸)


𝑥∈𝐸

En caso contrario, tenemos la desigualdad contraria.

Volviendo ahora a la prueba, podemos estimar

osc(𝑢𝑡 − ℎ, 𝜕Δ𝑟 ) (5.6)


5. teorema de uniformización superficies de riemann simplemente conexas 81

Luego, si 𝑢𝑡 − ℎ tomara valores tanto positivos como negativos, tendríamos una cota
superior para (5.5).
Para dar la siguiente afirmación nos remitiremos a [9, Ch 6], donde se definen tanto
las integrales sobre superficies de Riemann como en el Teorema de Stokes aplicado a
estas, hechos que usaremos aquí sin dar su prueba. Por ser 𝑢𝑡 armónica se tiene que
𝜕𝑢𝑡
𝑑𝑠 = 0
∫𝜕Δ𝑟 𝜕𝑛

𝜕
donde denota la diferencial a lo largo de la normal de 𝜕Δ𝑟 . Si evaluamos esta inte-
𝜕𝑛
gral en la carta (𝜙, 𝑈 ) tenemos

2𝜋
1 1
𝑢𝑡 (𝜙−1 (𝑧))𝑑𝑠 = 𝑢𝑡 (𝜙−1 (𝑟 cos 𝜃, 𝑟 sen 𝜃))𝑟𝑑𝜃
𝑟 ∫|𝑧|=𝑟 𝑟 ∫0
2𝜋
= 𝑢𝑡 (𝜙−1 (𝑟 cos 𝜃, sen 𝜃))𝑑𝜃.
∫0
Con lo que si derivamos parcialmente respecto de 𝑟 tenemos que
2𝜋
𝜕 1
𝑢 (𝜙−1 (𝑧))𝑑𝑠 = ∇(𝑢𝑡 ◦ 𝜙−1 )(𝑟 cos 𝜃, 𝑟 sen 𝜃)) ⋅ (cos 𝜃, sen 𝜃)𝑑𝜃
𝜕𝑟 𝑟 ∫|𝑧|=𝑟 𝑡 ∫0
2𝜋
𝜕(𝑢𝑡 ◦ 𝜙−1 )
= (𝑟 cos 𝜃, 𝑟 sen 𝜃))𝑑𝜃
∫0 𝜕𝑛
𝜕𝑢𝑡
= 𝑑𝑠 = 0
∫𝜕Δ𝑟 𝜕𝑛
Esto implica que el valor medio de 𝑢𝑡 en 𝜕Δ𝑟 no depende de 𝑟 y podemos decir que
es igual a 𝑐𝑡 . Esto era de esperar, ya que si 𝑅 fuera conformemente equivalente a ℂ∞ ,
entonces 𝑅 ⧵ Δ𝑟 sería un disco. Veamos que 𝑐𝑡 = 0: 𝑢𝑡 = ℎ en 𝜕Δ𝑡 y como ℎ tiene
valor medio cero en 𝜕Δ𝑡 , lo mismo se puede decir de 𝑢𝑡 . Luego 𝑐𝑡 = 0 y tenemos que
𝑢𝑡 − ℎ tiene valor medio cero en 𝜕Δ𝑟 para todo 𝑟. Se sigue entonces que 𝑢𝑡 − ℎ toma
tanto valores positivos como negativos.
Volvamos ahora a la función oscilación. Observamos que por el Principio del Máximo
(y Mínimo) aplicado en 𝑅 ⧵ Δ𝑡 ,

́ 𝑢𝑡 − ḿın 𝑢𝑡
osc(𝑢𝑡 , 𝜕Δ1 ) = max
𝜕Δ1 𝜕Δ1

≤ max
́ 𝑢𝑡 − ḿın 𝑢𝑡 (5.7)
𝜕Δ𝑟 𝜕Δ𝑟

= osc(𝑢𝑡 , 𝜕Δ𝑟 ).
82 superficies de riemann

Los siguientes dos pasos de la prueba requieren de estimaciones obtenidas trabajando


en Δ1 . Resulta más cómodo aplicar 𝜙, trabajar en ℂ y después elevar los resultados
de vuelta a 𝑈 . Primero definimos

𝑣𝑡 (𝑧) ∶= 𝑢𝑡 (𝑧) − ℎ(𝑧).

Tomamos ahora dos punto 𝑧1 , 𝑧2 en 𝜕Δ𝑟 cumpliendo que osc(𝑣𝑡 , 𝜕Δ𝑟 ) = 𝑣𝑡 (𝑧1 ) − 𝑣𝑡 (𝑧2 )
y dibujamos una línea 𝐿 bisecando 𝑧1 y 𝑧2 (ver la Figura 5.1)

Figura 5.1 Figura 5.2

Llamemos 𝜎 a la función reflexión con respecto a 𝐿, es decir, a la función que dado


un punto en Δ1 nos da su simétrico con respecto a 𝐿. Definamos ahora

𝑤(𝑧) ∶= 𝑣𝑡 (𝑧) − 𝑣𝑡 (𝜎(𝑧))

Entonces 𝑤 es armónica en el semianillo sombreado 𝐴 (ver Figura 5.1), y vale cero


en el segmento lineal de su frontera (que coincide con 𝐴 ∩ 𝐿) donde 𝜎(𝑧) = 𝑧 y en
el semicírculo interno (que coincide con 𝐴 ∩ 𝜕Δ𝑟 ), donde 𝑣𝑡 = 0. La función 𝑤 está
entonces acotada superiormente por la función

𝜋 − 𝜃(𝑧)
sup |𝑤(𝑧)|
𝜋∕2 𝜕Δ1

donde 𝜃(𝑧) viene dada por el ángulo que se forma al unir 𝑧 con los extremos del
semicírculo como se ve en la Figura 5.2. Esta función es armónica en el semidisco
representado en la Figura 5.2, vale cero en el diámetro frontera de este y sup |𝑤(𝑧)| en
la semicircunferencia frontera. Si nos restringimos a 𝑧 ∈ {𝑧 ∶ |𝑧| = 𝑟}, 𝜃(𝑧) alcanza
5. teorema de uniformización superficies de riemann simplemente conexas 83

su mínimo cuando el vector 𝑧 es perpendicular a 𝐿. Por tanto

osc(𝑣𝑡 , 𝜕Δ𝑟 ) = 𝑤(𝑧1 )


4
≤ tan−1 (𝑟) sup |𝑤(𝑧)|
𝜋 𝜕Δ1

≤ 2𝑟 sup |𝑤(𝑧)| (5.8)


𝜕Δ1

≤ 2𝑟 sup{|𝑢𝑡 (𝑧) − 𝑢𝑡 (𝜎(𝑧))| + |ℎ(𝑧)| + |ℎ(𝜎(𝑧))|}


𝜕Δ1

≤ 2𝑟 osc(𝑢𝑡 , 𝜕Δ1 ) + 2

Como 𝑢𝑡 = 𝑣𝑡 + ℎ, tenemos que

osc(𝑢𝑡 , 𝜕Δ𝑟 ) = osc(𝑣𝑡 + ℎ, 𝜕Δ𝑟 )


2 (5.9)
≤ osc(𝑣𝑡 , 𝜕Δ𝑟 ) + .
𝑟
Por tanto, si juntamos (5.7), (5.8) y (5.9) obtenemos
2
osc(𝑢𝑡 , Δ1 ) ≤ + 4𝑟 + 2𝑟 osc(𝑢𝑡 , Δ1 ).
𝑟
El razonamiento anterior es válido para cada compacto 𝐾 si tomamos un 𝑟 lo sufi-
cientemente pequeño. De esta forma, si seleccionamos un 𝑟0 < 1∕4 obtenemos
2∕𝑟0 + 4𝑟0 5
osc(𝑢𝑡 , Δ1 ) ≤ ≤ =𝐶
1 − 2𝑟0 𝑟0
digamos. Vemos que 𝐶 depende 𝐾 (puesto que depende de 𝑟0 ), y que esta desigualdad
se cumple ∀𝑡 < 𝑟0 . Si escribimos ahora 𝐶1 ∶= 𝐶 + 2, usando (5.8) tenemos que

osc(𝑣𝑡 , 𝜕Δ𝑟 ) ≤ 2𝐶1 𝑟 (5.10)

y podríamos hacer un razonamiento análogo para 𝑣𝑠 . De (5.5) y de la definición de 𝑣𝑡


deducimos que se cumple

sup |𝑢𝑠 (𝑧) − 𝑢𝑡 (𝑧)| ≤ 4𝐶1 𝑟


𝐾

cuando max{𝑠,
́ 𝑡} < 𝑟 < 𝑟0 . Dado un 𝐾, podemos tomar un 𝑟 > 0 arbitrariamente
pequeño lo que verifica la convergencia uniforme de 𝑢𝑡 a 𝑢 en cada 𝐾. Sabemos que
𝑣𝑡 toma valores tanto negativos como positivos en 𝜕Δ𝑟 con lo que gracias a (5.10)
deducimos
sup |𝑢𝑡 (𝑧) − ℎ(𝑧)| ≤ 2𝐶1 𝑟
𝜕Δ𝑟
84 superficies de riemann

y tomando límite cuando 𝑡 tiende a cero tenemos

𝑢(𝑧) − ℎ(𝑧) → 0 cuando 𝑧 → 𝜁.

Se cumple entonces que 𝑢 es acotada en cada compacto de la forma 𝑅 ⧵ Δ𝑡 . Recapitu-


lemos lo que hemos probado hasta el momento:

1. 𝑢 es armónica en 𝑅 ⧵ {𝜁}
2. 𝑢(𝑧) − ℎ(𝑧) → 0 cuando 𝑧 → 𝜁
3. 𝑢 está acotada fuera de cualquier entorno de 𝜁.

Veamos que esta 𝑢 es única. Si tomamos dos funciones con estas propiedades 𝑢̃ y
̂ diferencia 𝑢̃ − 𝑢̂ = (𝑢̃ − ℎ) − (𝑢̂ − ℎ) cumple las hipótesis del Principio del Máximo
𝑢,
Extendido (Teorema 4.20) con lo que 𝑢̃ − 𝑢̂ ≤ 0 y por simetría tenemos que 𝑢̃ − 𝑢̂ = 0
con lo que 𝑢 es única.
Sabemos que 𝑢 tiene una conjugada armónica en un entorno de cada punto distinto
de 𝜁 y que tanto 𝑢 − ℎ y ℎ tienen conjugadas armónicas en 𝜁. Consecuentemente,
podemos aplicar Teorema 3.5 para obtener una función

𝑓 ∶𝑅 ←→ ℂ∞
𝑧 ←→ 𝑓 (𝑧, 𝜁) = 𝑈 (𝑧) + 𝑖𝑉 (𝑧)

donde 𝑈 (𝑧) = 𝑢(𝑧) y 𝑉 (𝑧) va tomando los valores de las conjugadas locales de 𝑢,
excepto en cierto entorno de 𝜁 donde toma los valores de las conjugadas armónicas
de 𝑢 − ℎ o ℎ. 𝑓 presenta las siguientes propiedades

1. 𝑓 es holomorfa en 𝑅 ⧵ {𝜁};
2. 𝑓 tiene un polo simple en 𝜁;
3. 𝑓 está acotada en el exterior de cualquier entorno de 𝜁.

Observemos que (3) se sigue de que 𝑅 ⧵ Δ𝑡 es compacto. (1) se tiene puesto que
𝑢 = ℜ(𝑓 ) y 𝑢 no esta acotada cerca de ningún polo de 𝑓 .
Decimos que una función 𝑓 con las propiedades (1),(2) y (3) es admisible en 𝜁 y lla-
mamos (𝜁) a la familia formada por estas funciones. Hemos visto que  ≠ ∅. Si
𝑓 , 𝑔 ∈ (𝜁), entonces para cierta constante 𝑐, la función 𝑐𝑓 + 𝑔 no tiene un polo en
𝜁, por tanto está acotada y, consecuentemente (Teorema de Liouville), es constante en
𝑅. Nos va a resultar conveniente escribir 𝑔 = 𝑇 ◦ 𝑓 para alguna transformación de
Möbius que deje fijo al ∞. Podemos escribir

(𝜁) = {𝑇 ◦ 𝑓 ∶ 𝑇 Möbius, 𝑇 (∞) = ∞} (5.11)


5. teorema de uniformización superficies de riemann simplemente conexas 85

Afirmamos ahora que, de forma más general, para toda 𝑓 ∈ (𝜁) y cualquier 𝜂 ∈ 𝑅
tenemos
(𝜂) = {𝑇 ◦ 𝑓 ∶ 𝑇 Möbius, 𝑇 ◦ 𝑓 (𝜂) = ∞} (5.12)
Por el momento vamos a asumir este hecho para completar la prueba en el caso 𝑅
compacta.

Como 𝑧 → 𝑓 (𝑧, 𝜁) es una función sobreyectiva entre superficies de Riemann com-


pactas, tenemos que 𝑓 (𝑅) = ℂ∞ , con lo que solo necesitamos probar que 𝑓 es inyec-
tiva.
Supongamos que 𝑓 (𝑤1 , 𝜁) = 𝑓 (𝑤2 , 𝜁). Si reemplazamos 𝜂, 𝜁 en (5.12) por 𝜁, 𝑤2 vemos
que existe una transformación de Möbius 𝑇 tal que 𝑓 (𝑧, 𝜁) = 𝑇 ◦ 𝑓 (𝑧, 𝑤2 ). Luego

𝑇 ◦ 𝑓 (𝑤1 , 𝑤2 ) = 𝑇 ◦ 𝑓 (𝑤2 , 𝑤2 ) = 𝑇 (∞)

y, por tanto, 𝑓 (𝑤1 , 𝑤2 ) = ∞ y ,consecuentemente, 𝑤1 = 𝑤2 . Tendríamos entonces que


𝑧 → 𝑓 (𝑧, 𝜁) es biyectiva, y, por tanto, 𝑅 y ℂ∞ serían conformemente equivalentes.

Falta probar (5.12). Vamos a escribir 𝜁 ∼ 𝜂 cuando (5.12) sea cierto para algún 𝑓 ∈
(𝜁).Esta relación es de equivalencia. Resulta sencillo comprobar que ∼ es reflexiva
y transitiva.
Para ver que es simétrica, sean 𝜁, 𝜂 ∈ 𝑅 con 𝜁 ∼ 𝜂, primero escogemos un 𝑓 ∈ (𝜁)
cualquiera. Elegimos ahora un 𝑔0 ∈ (𝜂) arbitrario, que podemos escribir como 𝑔0 =
𝑇∗ ◦𝑓0 para cierta 𝑓0 ∈ (𝜁) y para cierta 𝑇∗ transformación de Möbius cumpliendo
que 𝑇∗ (𝑓0 (𝜂)) = ∞. Como 𝑓0 ∈ (𝜁) podemos escribir 𝑓0 = 𝑇 ◦𝑓 , con 𝑓 y 𝑇 en
la forma descrita en (5.11). Entonces 𝑔0 = 𝑇∗ ◦𝑇 ◦𝑓 y, por tanto, 𝑓 = 𝑇 −1 ◦𝑇∗−1 ◦𝑔0 y
como 𝑓 (𝜁) = ∞, 𝑆 = 𝑇 −1 ◦𝑇∗−1 es una transformación de Möbius cumpliendo que
𝑆(𝑔(𝜁)) = ∞. Como este razonamiento es válido para cualquier 𝑓 ∈ (𝜁), tenemos
que 𝜂 ∼ 𝜁 y se tiene que la relación es transitiva.
Buscamos ahora mostrar que (5.12) se cumple para todo 𝜂 lo suficientemente cerca
de 𝜁. De ser cierto, cada clase de equivalencia sería abierta y, por ser 𝑅 conexa, solo
podría haber una sola clase de equivalencia y (5.12) se cumpliría para todo 𝜂 ∈ 𝑅.
Consideremos 𝑓 ∈ (𝜁). Seleccionamos Δ𝑡 tal que |𝑓 | ≤ 𝑀 en el exterior de Δ𝑡 .
Fijamos un 𝑠 de forma que Δ𝑠 ⊂ Δ𝑡 y |𝑓 | > 2𝑀 en Δ𝑠 . La función
𝑓 (𝑧)
𝐹 (𝑧) ∶=
𝑓 (𝜂) − 𝑓 (𝑧)
para un 𝜂 ∈ Δ𝑠 arbitrario pero fijo cumple
𝑀
|𝐹 (𝑧)| ≤ =𝑀
2𝑀 − 𝑀
86 superficies de riemann

en el exterior de Δ𝑡 . En 𝜕Δ𝑡 tenemos que |𝑓 (𝑧)| < |𝑓 (𝜂)| con lo que las dos fun-
ciones
𝑓 (𝜂) 𝑓 (𝜂) 1
, −1=
𝑓 (𝑧) 𝑓 (𝑧) 𝐹
tienen el mismo número de ceros en Δ𝑡 (Teorema de Rouché). La primera de estas
funciones se anula únicamente cuando 𝑧 = 𝜁 y la segunda cuando 𝑧 = 𝜂 donde tiene
un cero simple, que tiene que ser su único cero. Deducimos así que 𝐹 tiene un polo
simple en 𝜂 y que no presenta ningún polo más en 𝑅. Por tanto 𝐹 ∈ (𝜂). Por (5.11),
se cumple
(𝜂) = {𝑇 ◦ 𝐹 ∶ 𝑇 Möbius y 𝑇 (∞) = ∞}.
𝑧
Si juntamos esto con que 𝐹 = 𝑆 ◦ 𝑓 , donde 𝑆 = , y que 𝑆 ◦ 𝑓 (𝜂) = ∞
−𝑧 + 𝑓 (𝜂)
obtenemos que (5.12) se verifica para todo 𝜂 ∈ Δ𝑠 . Esto completa la prueba en el caso
compacto.

(3): 𝐑 es parabólica

La prueba para el caso parabólico sigue la misma estructura que la prueba para el
caso compacto con algunas modificaciones. Definamos 𝑢𝑡 igual que en el caso anterior.
Veamos que este 𝑢𝑡 es único. Supongamos que tenemos dos 𝑢̃ 𝑡 y 𝑢̂ 𝑡 cumpliendo los
requisitos que le pedimos a 𝑢𝑡 . Entonces le podemos aplicar el Principio del Máximo
Extendido (Teorema 4.20) a 𝑢̃ 𝑡 − 𝑢,
̂ obteniendo así que esta función es ≤ 0 en 𝑅 ⧵ Δ𝑡 ,
con lo que, por simetría, es igual a 0 en 𝑅 ⧵ Δ𝑡 y tenemos que 𝑢𝑡 es única.

Vamos a tratar construir 𝑢 de la misma forma que antes, dando la siguiente modi-
ficación para poder probar en este caso que el valor medio de 𝑢𝑡 sobre 𝜕Δ𝑡 no depende
de 𝑡·
Tomamos un dominio 𝐷 ⊂ 𝑅 con 𝐷 compacto y Δ1 ⊂ 𝐷. Además, podemos asumir
que 𝜕𝐷 es analítica a trozos (puede ser descrita por una curva diferenciable a trozos).
Sea ahora 𝜔 la medida armónica (definida en la prueba del Teorema 4.19) de 𝜕Δ𝑟 en
𝐷 ⧵ Δ𝑟 . Entonces 𝜔 es armónica y el Teorema de Stokes (de nuevo nos remitimos a
[9, Ch 6]) nos asegura entonces
( )
𝜕𝑢𝑡 𝜕𝜔
𝜔 − 𝑢𝑡 𝑑𝑠 = 0 (5.13)
∫𝜕𝐷+𝜕Δ𝑟 𝜕𝑛 𝜕𝑛

y en consecuencia
| 𝜕𝑢𝑡 || || 𝜕𝜔 || | 𝜕𝜔 |
|
| 𝑑𝑠| ≤ | 𝑢𝑡 𝑑𝑠| + || 𝑢𝑡 𝑑𝑠|| .
|∫𝜕Δ 𝜕𝑛 | |∫𝜕Δ 𝜕𝑛 | |∫𝜕𝐷 𝜕𝑛 |
| 𝑟 | | 𝑟 |
5. teorema de uniformización superficies de riemann simplemente conexas 87

𝜕𝜔
Como tiene signo constante y −1∕𝑟 ≤ 𝑢𝑡 ≤ 1∕𝑟 en 𝑅 ⧵ Δ𝑟 (por el Principio del
𝜕𝑛
Máximo Extendido), tenemos que
| | | 𝜕𝜔 | 1 | 𝜕𝜔 | 1 || 𝜕𝜔 ||
| 𝑢 𝜕𝜔 𝑑𝑠| ≤ | | | |
|∫ 𝑡 𝜕𝑛 | ∫ |𝑢𝑡 | | 𝜕𝑛 | 𝑑𝑠 ≤ 𝑟 ∫ | 𝜕𝑛 | 𝑑𝑠 = 𝑟 |∫ 𝜕𝑛 𝑑𝑠| .
| | | | | | | |
Si aplicamos ahora (5.13) y si reemplazamos 𝑢𝑡 por una constante obtenemos
| 𝜕𝑢𝑡 || 2 || 𝜕𝜔 ||
|
| 𝑑𝑠| ≤ | 𝑑𝑠| .
|∫𝜕Δ 𝜕𝑛 | 𝑟 |∫𝜕Δ 𝜕𝑛 |
| 𝑟 | | 𝑟 |
Como podemos hacer variar 𝐷 , el conjunto de los 𝜔 definidas en la forma anterior
es una familia dirigida (en cualquier subdominio de 𝑅), con lo que su supremo ℎ es
armónico y cumple que 0 ≤ ℎ ≤ 1. Para ver que ℎ es igual a 1 (y con ello constante)
aplicamos otra vez el razonamiento usado en la demostración del Lema 4.1 reem-
plazando 𝑄 y 𝑤𝑄 por Δ𝑟 y ℎ respectivamente. Si tomamos ahora una secuencia de
subdominios 𝐷𝑛 y otra de 𝜔𝑛 de forma que 𝜔𝑛 (𝑧) → ℎ(𝑧) = 1 para cierto punto 𝑧 y
aplicamos la Desigualdad de Harnack (Teorema 4.6) a ℎ − 𝜔𝑛 , vemos que 𝜔𝑛 → 1 en
algún entorno compacto de 𝜕Δ𝑟 . Podemos estimar
| 𝜕𝜔 | | 𝜕 |
| | = | (1 − 𝜔)|
| 𝜕𝑛 | | 𝜕𝑛 |
| | | |
localmente en términos de la integral de Poisson y tenemos que el término de la iz-
quierda converge uniformemente a 0 si (1 − 𝜔) lo hace. Por tanto, si aplicamos el
mismo razonamiento que antes, tenemos que el valor medio de 𝑢𝑡 sobre 𝜕Δ𝑟 no de-
pende de 𝑟. Obtenemos así una función 𝑢 y, como hicimos antes, la extendemos a una
función 𝑓 holomorfa en 𝑅 ⧵ {𝜁} con un polo simple en 𝜁.
Sabemos que

1. 𝑢 = ℜ[𝑓 ] está acotada, digamos |𝑢| ≤ 𝑀, en el exterior de Δ𝑡 ;


2. 𝑢(𝑧) − ℎ(𝑧) → 0 cuando 𝑧 → 𝜁
3. Si tomamos una carta (𝜙, 𝑈 ) con 𝜙(𝜁) = 0, cerca de 𝜁 tenemos
𝐴
𝑓 (𝑧) = + 𝑂(1).
𝜙(𝑧)
Observemos que se tiene
( )
𝐴−1
ℜ = 𝑢(𝑧) − ℎ(𝑧) = 𝑂(1)
𝜙(𝑧)
cerca de 𝜁. Tomando 𝑧 → 𝜁, vemos que 𝐴 = 1 en (3).
88 superficies de riemann

Necesitamos probar que 𝑓 está acotada en el exterior de Δ𝑡 . De ser cierto, podría-


mos obtener (en la misma forma que lo hicimos antes) una aplicación inyectiva 𝑓 de
𝑅 a ℂ∞ . Como 𝑓 (𝑅) sería simplemente conexa, no compacta y no hiperbólica, esta
sería igual a ℂ∞ sin un punto, con lo que 𝑅 sería conformemente equivalente a ℂ.
Procedemos de la siguiente forma para ver que 𝑓 está acotada en el exterior de Δ𝑡 :
Hemos construido 𝑓 (= 𝑢 + 𝑖𝑣) usando una carta (𝜙, 𝑈 ) que verifica que 𝜙(𝜁) = 0,
Δ ⊂ 𝜙(𝑈 ). Construimos ahora una carta (𝜙, ̃ 𝑈 ) con 𝜙(𝑧)
̃ = −𝑖𝜙(𝑧).̃ De la misma for-
ma que creamos 𝑓 haciendo uso de 𝜙, construimos 𝑓 (= 𝑢̃ + 𝑖𝑣)
̃ ̃ usando 𝜙. ̃ 𝑓̃ satisface
(1),(2) y (3) y podemos tomar el mismo 𝑀 que acotaba 𝑢 en (1) para acotar 𝑢. ̃ Además,
𝐴 = 1 en (3) cerca de 𝜁 y
1 𝑖
𝑓̃ = + 𝑂(1) = + 𝑂(1)
̃
𝜙(𝑧) 𝜙(𝑧)

Esto implica que 𝑓̃ − 𝑖𝑓 es holomorfa en 𝑅. Si probáramos que esta función es cons-


tante, digamos 𝑓̃ − 𝑖𝑓 = 𝑘, en 𝑅 tendríamos que, en el exterior de Δ𝑡 , se verifica

|𝑓 | ≤ |𝑢| + |𝑣| ≤ 𝑀 + (|𝑘1 | + 𝑀)

donde
𝑘1 ∶= ℜ[𝑓̃ − 𝑖𝑓 ] = 𝑢̃ + 𝑣
como buscamos. En consecuencia, vamos a dedicar el resto de la prueba a demostrar
este hecho.
Primero, veamos que 𝑓̃ −𝑖𝑓 esta acotada. Elegimos un 𝜂 de manera que 𝜙(𝜂) = 𝜀𝑒(𝑖𝜋∕4)
donde 𝜀 es un positivo a especificar. Lo anterior lo hemos tomado con el objetivo de
obtener las estimaciones
1 1
𝑢(𝜂) = √ + 𝑂(1); ̃ = √ + 𝑂(1)
𝑢(𝜂)
𝜀 2 𝜀 2
cerca de 𝜁, ya que estas nos aseguran, si cogemos 𝜂 lo suficientemente cerca de 𝜁 y 𝜀
lo suficientemente pequeño, que simultáneamente tenemos

𝑢(𝜂) > 2𝑀, ̃ > 2𝑀.


𝑢(𝜂)

Consideremos ahora la función 𝑓 (𝑧) − 𝑓 (𝜂). Tanto en la frontera de Δ𝑡 como en su


exterior tenemos que

ℜ[𝑓 (𝑧) − 𝑓 (𝜂)] = 𝑢(𝑧) − 𝑢(𝜂) ≤ −𝑀 < 0

Esto muestra que 𝑓 (𝑧)−𝑓 (𝜂) no tiene ceros en el exterior de Δ𝑡 . Además, si aplicamos
el Principio del Argumento en 𝜙(𝑈 ), vemos que esta función tiene el mismo número
5. teorema de uniformización superficies de riemann simplemente conexas 89

de ceros que de polos dentro de 𝜕Δ𝑡 , uno de cada. Claramente el 0 lo tiene en 𝜂 y, por
tanto, la función
𝑓 (𝑧)
𝐹 (𝑧) ∶= .
𝑓 (𝑧) − 𝑓 (𝜂)
tiene un único polo en 𝑅 en el punto 𝜂. Observemos también que, en el exterior de
Δ𝑟 , tenemos que
|𝑓 (𝜂)| |𝑓 (𝜂)| |𝑓 (𝜂)|
|𝐹 (𝑧)| ≤ 1 + ≤1+ ≤1+ .
|𝑓 (𝑧) − 𝑓 (𝜂)| |ℜ[𝑓 (𝑧) − 𝑓 (𝜂]| 𝑀
Luego vemos que si 𝐹 está acotada en el exterior de Δ𝑡 y tiene exactamente un polo
(en 𝜂) en 𝑅. Lo mismo es cierto para la función 𝐹̃ construida igual que 𝐹 cambiando
𝑓 por 𝑓̃. Por tanto, para dos constantes 𝑐 y 𝑐̃ tenemos que 𝑐𝐹 (𝑧) + 𝑐̃𝐹̃ (𝑧) está acotada
y es holomorfa en todo 𝑅. Si aplicamos el Teorema 4.21 tenemos en consecuencia que
además es constante y, equivalentemente, tenemos que
𝑇 ◦ 𝑓 (𝑧) = 𝑓̃(𝑧)
para alguna transformación de Möbius 𝑇 . Como 𝑓 (𝑧) y 𝑓̃(𝑧) tienden a ∞ cuando
𝑧 → 𝜁 tenemos que 𝑇 (∞) = ∞. Por tanto para ciertas constantes 𝑝 y 𝑞 se tiene
𝑓̃(𝑧) = 𝑝𝑓 (𝑧) + 𝑞.
Cerca de 𝜁 se verifica
𝑖 1
+ 𝑂(1) = 𝑝 + 𝑂(1) + 𝑞
𝜙(𝑧) 𝜙(𝑧)
con lo que 𝑝 = 𝑖 y 𝑓̃ − 𝑖𝑓 = 𝑞 en 𝑅. Así, 𝑓̃ − 𝑖𝑓 es constante en 𝑅 y el resultado queda
probado.

5.0.1 Conclusiones

Con esta última demostración queda probado el Teorema de Uniformización de


Riemann. Consecuentemente, hemos conseguido dar una clasificación para todas las
superficies de Riemann simplemente compactas.
Aunque hemos recogido en este trabajo la prueba del caso parabólico por completitud,
a pesar de nuestros esfuerzos, no hemos conseguido comprenderla en su totalidad. La
prueba aquí escrita es mayormente una traducción de la descrita en [1, Ch 9].

Nos hemos quedado a las puertas de la clasificación total de las superficies de


Riemann, sean o no simplemente conexas. El siguiente resultado, que enunciaremos
aquí sin dar su prueba, nos ofrece dicha clasificación.
90 superficies de riemann

Teorema 5.2. Sea 𝑅 una superficie de Riemann y sea 𝑅̃ su superficie recubridora


universal escogida entre las superficies ℂ∞ , ℂ y 𝔻. Sea 𝐺 el grupo recubridor (Definición
3.13) de 𝑅. Entonces se verifican
̃
1. 𝑅 es conformemente equivalente a 𝑅∕𝐺;
2. 𝐺 es un grupo de transformaciones de Möbius que actúan de forma discontinua
̃
sobre 𝑅;
3. Los elementos de 𝐺 ⧵ {id} no tienen puntos fijos;
4. El grupo recubridor de 𝐺 es isomorfo al grupo fundamental de 𝑅, 𝜋1 (𝑅).

En un principio, nuestro objetivo también abarcaba la prueba de este resultado. Sin


embargo, la extensión de este trabajo ya era demasiado larga y finalmente decidimos
no incluirla. En caso de añadirla, continuaríamos el trabajo enunciando y probando
algunos resultados adicionales necesarios para esta prueba, daríamos la demostración
y concluiríamos dando ejemplos de distintas aplicaciones de este.
En futuros trabajos podríamos explorar estos últimos hechos, así como completar los
resultados vistos aquí con algunos ejemplos y aplicaciones de los mismos.
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