Querido Papá:
Es difícil para mí escribir estas líneas. Cuando sé y me resigno a que, aunque estés en
cuerpo, no puedo estar a tu lado y abrazarte como antes lo hacía.
Te podré mandar mensajes, pero no hay más nada que yo pueda hacer, tú estás haciendo
tu vida y siento que te estás olvidando de mí. Ahora ya no eres como antes, haces cosas
solo. Siento que me apartas de tu vida como en la ocasión que hiciste tu viaje a
Cajamarca y último a Brasil. No sabes cómo me dolió que te fueras sin decirme nada, y
que no me trajeras algún presente. Pero algo sí estoy seguro, es que siempre tendrás un
espacio en mi corazón y vives en él, y así será eternamente.
Extraño convivir como antes, llegar a casa y verte, conversar contigo, comer contigo,
dormir contigo, platicar contigo, salir a pasear contigo, sentirme como antes querido y
protegido por ti. Es un dolor que se ha prolongado últimamente, pero tengo a mi madre
que trata siempre de llenar ese vacío que dejaste en mí. Veo su sufrimiento cada día, lo
que hace por mí, y me llena de orgullo tenerla como madre, porque nadie más que yo la
vio sufrir.
Pero en mi interior hay paz, porque sé que mi interés por verte y convivir como familia
siempre estará ahí. Nadie puede cambiar el amor que te tengo como papá.
En este día recibe mis más sinceras felicitaciones por tu día, que Dios te cuide y bendiga
siempre.
Te ama, papá ausente.