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Cap 1 Autenticidad Congruencia y Transparencia Lietaer

El documento explora la importancia de la autenticidad, congruencia y transparencia en la terapia, destacando que la genuinidad del terapeuta es fundamental para establecer una relación efectiva con el cliente. Se enfatiza que la congruencia implica un autoconocimiento profundo y una apertura a la experiencia tanto propia como del cliente, mientras que la transparencia se refiere a la comunicación clara de los sentimientos y actitudes del terapeuta. La falta de congruencia puede obstaculizar el proceso terapéutico, ya que el terapeuta debe ser capaz de manejar sus propias emociones para empatizar adecuadamente con el cliente.

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Cap 1 Autenticidad Congruencia y Transparencia Lietaer

El documento explora la importancia de la autenticidad, congruencia y transparencia en la terapia, destacando que la genuinidad del terapeuta es fundamental para establecer una relación efectiva con el cliente. Se enfatiza que la congruencia implica un autoconocimiento profundo y una apertura a la experiencia tanto propia como del cliente, mientras que la transparencia se refiere a la comunicación clara de los sentimientos y actitudes del terapeuta. La falta de congruencia puede obstaculizar el proceso terapéutico, ya que el terapeuta debe ser capaz de manejar sus propias emociones para empatizar adecuadamente con el cliente.

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Las condiciones fundamentales Autenticidad, congruencia y transparencia Germain Lietaer ‘Aunque Rogers siempre ha conferido gran importancia a la autenticidad del terapeuta (ver por ejemplo Rogers, 1951, p.19), no la mencion6 explicita- mente como una condicién terapéutica independiente hasta su escrito de 1957 sobre las “condiciones necesarias y suficientes”, junto a la empatfa y la acep- tacién. De 1962 en adelante, legé incluso a afirmar que era la més funda- mental de las tres actitudes, y asf siguié haciéndolo hasta el final. Asi es como Rogers lo describe: La genuinidad en terapia significa que el terapeuta es su self actual durante su encuentro con el cliente. Sin fachadas, abiertamente tiene los sentimientos y las actitudes que le fluyen en el momento. Esto implica darse cuenta de uno ‘mismo; o sea, los sentimientos del terapeuta le son accesibles -a su conciencia- y es capaz de vivirlos, experimentarlos en la relacién, y comunicarlos si persisten. El terapeuta se encuentra con su cliente directamente, persona a persona. El es &l mismo, sin negarse a si mismo. Ya que este concepto es susceptible de malentendidos, diré que no significa que el terapeuta aturda a su cliente con la expresién de todos sus sentimientos. Tampoco significa que el terapeuta descubra todo su self al cliente. Lo que sig- nifica, sin embargo, es que el terapeuta no se niega a si mismo ninguno de los sentimientos que esta experimentando y que estd dispuesto a experimentar de un modo transparente cualquier sentimiento persistente que exista en la relacién y dejar que éstos sean conocidos por su cliente. Significa evitar la tentacién de presentar una fachada o esconderse tras una mascara de profesionalismo, 0 asumir una actitud confesional- profesional. 26 AUTENTICIDAD, CONGRUENCIA Y TRANSPARENCIA No es sencillo conseguir tal realidad. Ser real implica la dificil tarea de darse cuenta del flujo de experiencias que transcurren dentro de uno mismo, un flujo caracterizado especialmente por su complejidad y su cambio continuo... (1966, p. 185). Esta definicién implica claramente que la genuinidad tiene dos caras: una interna y otra externa. La cara interna hace referencia al grado en el que el terapeuta tiene acceso consciente, o se muestra receptivo, a todos los aspectos de su propio flujo de experiencia, Este lado del proceso se Ilamara “con- gruencia”, la consistencia a la que se refiere es la unidad de la experiencia total y de! darse cuenta. La cara externa, por otro lado, hace referencia a la comunicacién explicita del terapeuta de sus percepciones conscientes, sus actitudes y sus sentimientos. Este aspecto se denomina “transparencia”: vol- verse “transparente” al cliente a través de la comunicacién de las impresiones y las experiencias personales. Aunque esta divisién de la genuinidad en dos componentes pueda ser ligeramente artificial, la encontramos justificada desde un punto de vista didactico y por su significado clinico. De hecho, un terapeuta congruente puede ser muy 0 minimamente transparente, de acuerdo a su estilo u orientacién; un terapeuta transparente puede ser congruente, o puede no serlo (cosa que le hace ser un terapeuta “peligroso”). En un primer punto hablaremos sobre el concepto de congruencia, al que siempre se le ha dado un mayor peso en la definicién de Rogers. En el segundo, hablaremos sobre la transparencia. 1, CONGRUENCIA éPor qué Rogers dio tanta importancia a la congruencia del terapeuta, y por qué Ilegé incluso a verla como la actitud basica més importante? Espera- mos responder a esta pregunta de forma progresiva, a la vez que explicamos con més amplitud el propio concepto. Presencia personal Rogers siempre se opuso a considerar al terapeuta como una “pantalla en blanco”. Disefié una terapia de tipo “cara-a-cara”, en la que el terapeuta se implica en gran medida con el mundo experiencial del cliente, y en la que él, consecuentemente, muestra poco de si mismo. Aunque s{ muestra su implica- ci6n de una forma abierta y directa, sin esconder sus sentimientos reales tras una fachada profesional. Intenta ser é1 mismo sin artificialidad ni confusién. Al adoptar una actitud tan “natural” y espontdnea, el terapeuta centrado-en- el-cliente ciertamente no favorece el proceso de regresién y de transferenci: pero Rogers no vefa estos procesos como algo esencial para el cambio tera MAS ALLA DE CARL ROGERS 27 péutico. Crefa, mas que los psicoanalistas, en el valor terapéutico de la rela- cién “real” entre el cliente y el terapeuta, y también supo ver otras ventajas. En tal relacién de trabajo, el terapeuta sirve de modelo: su congruencia moti- va al cliente a tomar sus propios riesgos con el fin de Hegar a ser él mismo. Junto a esto, Rogers gradualmente legé a considerar la congruencia del tera- peuta como un factor crucial en el establecimiento de la confianza, y enfatiz6 Ia idea de que la aceptacién y la empatia solo son efectivas cuando se perci ben de forma genuina: {Como puedo ser para que el otro me perciba como una persona digna de fe, coherente y segura, en sentido profundo? Tanto la investigacién como la experiencia indican que esto es muy importante, y en el transcurso de los afios he descubierto respuestas mds adecuadas y profundas a este interrogante. En una época pensé que si cumplia todas las condiciones externas de la confiabilidad -respetar los horarios, respetar la naturaleza confidencial de las entrevistas, etc. y mantenia una actuacién uniforme durante las entrevistas, lograria ese objetivo. Pero la experiencia me demostré que cuando una actitud externa incondicional esté acompafada por sentimientos de aburrimiento, escepticismo o rechazo, al cabo de un tiempo es percibida como inconsciente 0 poce merecedora de confianza. He llegado a comprender que ganar la confianza del otro no exige una rigida estabilidad, sino que supone ser sincero y auténtico. He escogido el término “coherente” para describir la manera de ser que me gustaria lograr. Esto significa que debo poder advertir cualquier sentimiento 0 actitud que experimento en cada momento. (Rogers, 1985, p.55) Debido a la importancia primordial de la autenticidad del terapeuta -pero quizds también porque no era ningtin gran creyente del poder de la técnica per se- Rogers enfatiz6 el respeto por el estilo personal de cada terapeuta. No quiere forzar al terapeuta a colocarse una camisa de fuerza metodolégica que no se ajuste a su naturaleza. Es evidente que es un hombre de ideas abiertas, por ejemplo en su comentario acerca de los métodos de trabajo entre los tera- peutas tan divergentes dentro del estudio de la esquizofrenia: Quizds la mas profunda de estas ensenanzas sea la confirmacién de, y la extension de, que el concepto de terapia tiene que ver con la relacién, y muy poco que ver con técnicas 0 con teoria e ideologia. En este sentido creo que mis puntos de vista se han vuelto més bien extremos que moderados. Creo que el ele~ ‘mento mas importante es la realidad del terapeuta en la relacién, El terapeuta parecer ser mas eficaz cuando es natural y espontaneo. Probablemente se trate de una “humanidad entrenada” como sugiere uno de nuestros terapeutas, pero en ese momento es la reaccién natural de esta persona. Esa es la razén por la que diferentes terapeutas alcanzan buenos resultados de modos bastante dife- renies. Para uno, un impaciente y sin sentido pongamos-las-cartas-sobre-la- mesa es més eficaz, ya que en tal acercamiento él se siente mds tal y como es. Para otro puede que se trate de un acercamiento mas delicado y cdilido, debido a la forma de ser de este terapeuta, Nuestra experiencia ha reforzado profunda- 28 AUTENTICIDAD, CONGRUENCIA ¥ TRANSPARENCIA ‘mente y ampliado nuestra vision de que la persona que es capaz de ser él mismo abiertamente en el momento, como lo es en los niveles mas profundos de que es capaz, es un terapeuta eficaz. Quizds todo lo demas no tenga importancia. (Rogers, 1980, pp. 185-186) Como discutiremos més adelante,este respeto por el propio estilo del tera- peuta no es un pasaporte para una “experimentaci6n despiadada”. En nuestras intervenciones siempre tenemos que tener como base fundamental la atencién del proceso del cliente y el seguimiento continuo de su trayectoria experiencial. Congruencia como ‘conditio sine qua non’ de la aceptacién y la empatia Tras haber examinado la congruencia del terapeuta desde el angulo de su “presencia personal”, ahora nos interrogaremos sobre el significado funda- mental del concepto y discutiremos su importancia para el trabajo terapéuti- co. La congruencia requiere, mas que nada, que el terapeuta sea un individuo bien desarrollado e integrado psicolégicamente, suficientemente “completo” (0 “curado”) y en contacto consigo mismo. Esto significa entre otras cosas desear conocer las tachas y vulnerabilidades, aceptando las partes positivas y negativas de uno mismo con cierta indulgencia, siendo capaz de abrirse sin defensividad a lo que se vive en uno mismo y ser capaz de ponerse en contac- to con eso, tener una identidad sélida y una sensacién bastante fuerte de com- petencia, siendo capaz de funcionar eficazmente dentro de las relaciones personales ¢ intimas sin la interferencia de los propios problemas personales. E] autoconocimiento y la fuerza del yo pueden quizds verse como las dos pie- dras angulares de este modo de ser (ver e.g. McConnaughy, 1987). La congruencia es correlativa a la aceptacién: no puede darse una apertura a la experiencia del cliente si no la hay para la propia experiencia. Y sin aper- tura tampoco puede haber empatfa. En este sentido, la congruencia es el “limite superior” de la capacidad de empatfa (Barret-Lennard, 1962, p.4). Para decirlo con otras palabras: el terapeuta nunca puede Ievar al cliente mas alld de lo que é1 mismo es como persona. Incongruencia La importancia de esta actitud queda especialmente patente cuando se care- ce de ella, cuando el terapeuta es defensivo e incongruente. Nuestras dificulta- des personales en ocasiones pueden impedirnos dejar que la experiencia del cliente emerja plenamente, tal y como es. Aspectos de la vida a los que toda- via no nos hemos enfrentado, necesidades personales que tienen lugar durante la terapia, vulnerabilidades personales y puntos oscuros; todo ésto puede hacer que nos sintamos amenazados e incapaces de seguir con serenidad ciertas MAS ALLA DE CARL ROGERS 29 experiencias de nuestro cliente (Tiedemann, 1975). Empatizar con el mundo experiencial de otra persona cuyos valores difieren vastamente de los nuestros, dejar que emerjan sentimientos de indefensién y desesperanza, empatizar con acontecimientos intensos, enfrentarse a defensividades excesivas con los senti- mientos positivos 0 negativos del cliente hacia nosotros, todo ésto no resulta facil. Debido a nuestra propia experiencia de indefensién y amenaza, existe el peligro de que estemos tan atareados manteniendo nuestro propio equilibrio que interrumpimos la profundizacién del proceso auto-exploratorio del cliente tanto por el hecho de mantenernos tan distantes como por la posibilidad de perdernos nosotros mismos en el otro. Rogers lo expresa asf: Otra pregunta cuya importancia he podido comprobar por mi propia experiencia es: ;Puedo ser suficientemente fuerte como persona para distinguirme del otro? ;Puedo respetar con firmeza mis propios sentimientos y necesidades, tanto como los del otro? {Soy duefto de mis sentimientos y capaz de expresarlos como algo que me pertenece y que es diferente de los sentimientos del otro? ;Es mi individualidad lo bastante fuerte como para no sentirme abatido por su depresién, atemorizado por su miedo, 0 absorbido por su dependencia? ;Soy intimamente fuerte y capaz de comprender que su furia no me destruird, su necesidad de dependencia no me someterd, ni su amor me sojucgard, y que existo independientemente de él, con mis propios sentimientos y derechos? Cuando logro sentir con libertad la capacidad de ser una persona independiente, descubro que puedo comprender y aceptar al otro con mayor projundidad, porque no temo perderme a mi mismo. (Rogers, 1973, p. 57) Todo esto significa que nosotros, como terapeutas, necesitamos ser cons- cientes de los fuertes limites de nuestro yo. Una parte importante de ser un terapeuta es tener la capacidad de ser firmes como rocas (Cluckers, 1989): a veces tenemos que sacar las castafias del fuego, enfrentarnos a emociones fuertes sin hundirnos, relacionarnos constructivamente con el odio y el amor sin acudir al acting-out, vérnoslas con los halagos y las criticas del cliente respecto a nuestra propia persona; y tenemos que ser capaces de tolerar la ambivalencia. Compartir empaticamente el mundo del otro también implica poner nuestro propio mundo entre paréntesis, en el momento presente, y arriesgarnos al cambio personal a través del contacto con alguien que es dife- rente de nosotros mismos. Aventurarse en tal “estado carente de ego” (Vana- erschot, 1990) es mas facil cuando nos sentimos como personas lo suficientemente independientes, con una estructura personal y un nticleo bien definidos. Finalmente, nos gustarfa sefialar un tiltimo aspecto que demanda una cierta fortaleza por parte del terapeuta: el hecho de que el discurso del cliente puede resultar una confrontaci6n para el terapeuta en el sentido de que se dirija a aspectos dormidos de él mismo. Rombauts relaciona este enfrentar- se a uno mismo con la afinidad que existe entre el cliente y el terapeuta, en el sentido de que “ambos comparten una existencia humana”. Escribe: 30 AUTENTICIDAD, CONGRUENCIA Y TRANSPARENCIA Debido a esta afinidad, no soy solo yo quien sostiene un espejo frente al Paciente (aunque creo que “espejo” es un término pobre), sino que también es el cliente quien sostiene otro espejo frente a mi, mostrdndome lo que soy, siento y experimento. Se pueden tocar y transformar aspectos dormidos de mi propia vida de los que no me habia percatado antes. Como consecuencia, siempre me hallo confrontado ante mi mismo cuando hago terapias, y llevado a preguntarme cosas. Algo le pasa, no solo al cliente, sino también al terapeuta, Somos compa- eros de fatigas tanto dentro como fuera de la tapia. (1984, p. 172). Congruencia y empatia Como hemos visto, la carencia de congruencia mina nuestro trabajo tera- péutico. Podemos quizds ilustrar mejor la importancia de la congruencia desde un Angulo positivo o, en cualquier caso, dirigir la atencién hacia unos cuantos aspectos que todavia no hemos discutido y que tienen mucho que ver con la cualidad de nuestras intervenciones empaticas. Un alto nivel de congruencia ciertamente garantiza un gusto personal por la comunicacién de la empatia de forma que el cliente no lo experimenta como una aplicacién rigida de la técni- ca. De hecho se ve a sf mismo ante un terapeuta que esta “arraigado” en su propia experiencia y que, desde ahi, est intentando entender su mensaje. El terapeuta no se dedica tinicamente a resumir las palabras del cliente sino que también pone en palabras “lo que le choca”, lo que el discurso del cliente le evoca, “la forma en que este le hace sentirse”, aquello que quizds no entiende todavia pero que le gustarfa entender, etc. Incluso aunque el terapeuta funda- mentalmente se centra en el mundo experiencial del cliente su comprensién siempre es muy personal en el sentido de que sus intervenciones se originan desde su propia experiencia de lo que el cliente le dice. Ocasionalmente (y en mi opinién muy excepcionalmente) esto puede hacer que el terapeuta mencio- ne brevemente una experiencia propia, no con la intencién de hablar de si mismo o atraer la atencién sobre sf mismo, sino como una forma de hacer ver al cliente que se le ha entendido. Esta version personalizada de la empatia qui- z4s pueda ilustrarse mejor con un par de fragmentos de una sesién con “Un hombre joven silencioso”, en donde Rogers intenta compartir los sentimientos de desesperanza y rechazo experimentados por Jim Brown (fijarse especial- mente en las intervenciones del terapeuta marcadas con un asterisco). Cliente: S6lo quiero salir corriendo y morirme. Terapeuta: ~— M-hm, mhm, mhm. No es que quieras irte de aqui hacia algo. Lo que quieres ¢ dejar todo esto ¢ irte a un rincdn a morir, ,hm? (Silencio de 30 segundos) “T: Segiin me dejo empapar por lo que dices supongo que realmente puedo sentir cuain profundo parece ese sentimiento tuyo. Me surge algo asi como la imagen de un animal herido que desea arrastrarse hasta un lugar solitario y morir. MAS ALLA DE CARL ROGERS 31 Suena como si ésa fuera la forma en que sientes ese deseo de huir de aqui y desaparecer. Perecer. Dejar de existir. (Silencio de 1 minuto) (casi inaudiblemente) Durante todo el dia de ayer y toda la mafiana de hoy he deseado estar muerto. Por la noche incluso llegué a rezar para que pudiera morirme. “T: Creo que sé lo que quieres decir, que durante un par de dias has deseado que pudieras estar muerto y que incluso has rezado para que asf fuera. Algo que me choca es que Io has vivido de una forma tan terrible para ti que llegas a desear {que estuvieras muerto, que no siguieras vivo. No Ie hago bien a nadie 0 no soy bueno para nada, asf que {qué sentido tiene seguir viviendo? (Silencio de 21 segundos) *T: YY supongo que parte de eso -ahora estoy intentando suponer lo que sientes por To que puedes corregirme si asf lo crees necesario- parte de eso es que sientes {que ‘intenté ser bueno en algo en lo que a él concierne. Realmente lo intenté. Y ahora, sino le hago ningtin bien, si él siente que no valgo nada, eso prueba que no soy bueno para nadie.” ;se acerca a lo que intentas decirme? c Oh, bien, otras personas también me han dicho eso. T Si, m-hm. Ya veo. Asf que piensas que si es verdad lo que dicen, por lo que han dicho varias personas, entonces no sitves para nada. No eres bueno a nadie. (Silencio de 3 minutos y 40 segundos) oT: No estoy seguro de si esto te ayudaré o no pero en cualquier caso me gustaria decir que pienso que puedo comprender muy bien cémo es eso de sentirse que no se es titil o bueno a nadie ya que en una ocasién yo me sentfa asf conmigo mismo. Sé que puede llegar a ser muy duro. (Comentario: ésta es una respuesta que muy rara vez he dado. Simplemente sentf que queria compartit mi experien- cia con él para hacerle ver que no estaba solo.) (Rogers, 1967b, pp. 407-09) La empatia profunda siempre significa “escuchar con el tercer oido” en el que es importante un contacto regresivo con los niveles més profundos de los sentimientos propios y la habilidad para poder imaginar lo que se sentiria en una situzcién parecida. Rogers (1970) describe el modo en el que gradualmen- te desarrollé més confianza en sus propios niveles intuitivos més profundos Confio en los sentimientos, palabras, impulsos y fantasias que surgen en mi. De esta manera, utilizo algo mas que mi yo consciente; apelo a ciertas facultades de todo mi organismo. Por ejemplo, digo: “He imaginado de pronto que ti eras una princesa, y que te encantaria que todos fuésemos tus stibditos”. O bien: “Intuyo que te sientes juez y acusado a la vez, y que te dices con voz severa: Eres culpable de todos los cargos”. Puede ocurrir que la intuicién sea un poquito mas compleja. Mientras habla un resposable ejecutivo de una empresa comercial, quizé vea de repente, en mi imaginacién, al nifito que encierra en su interior -el nifio que fue, timido, inepto, temeroso, criatura a la que trata de negar y de la cual se avergiienza-. Y deseo que ame y valore a ese nifto. Por lo tanto, puedo 32 AUTENTICIDAD, CONGRUENCIA Y TRANSPARENCIA, expresar esa fantasia, no como algo verdadero, sino como un producto de mi imaginacion. Esto da origen con frecuencia a una reaccién de sorprendente intensidad, y a profundos insights. (Gendlin, 1980, p.125) Gendlin (1967) también describe el modo en el que un terapeuta puede ser empatico en base a su propio fluir de pensamientos y sentimientos a la hora de expresar Io que le pasa al cliente, pudiendo intentar evocar la sensacién- sentida de lo que dice el cliente: El paciente habla, quizds dando mucho valor al hecho de tener a alguien que le escuche de forma amigable, pero no se dice nada de relevancia terapéutica. Solo se habla de la comida del hospital, de cémo trascurriéb la semana, del com- portamiento de otras personas o de una pequefa tristeza o enfado. No hay exploracién. Me convierto ast en la persona que expresa los sentimientos y los significados sentidos. Digo, ‘Vaya sitio en el que estds’ 0 ‘y ellos ni siquiera se preocupan de lo que piensas al respecto,’ 0 ‘Supongo que eso hace sentirte mal, no?’ o ‘Chico, esc me enfadaria mucho," 0 ‘Debe ser triste que no se preocupe mds por tt” 0 ‘No lo sé, pero me pregunto si deseas volverte loco pero claro, a lo mejor no te atre- ves’ 0 ‘Supongo que llorarias si te das permiso para hacerlo’. (p.398) Todo esto lo rescato para mostrar que la congruencia y la empatfa no se oponen. Por el contrario, la congruencia del terapeuta siempre lleva implicita la empatia: siempre comprendemos al otro a través de nosotros mismos, a tra- vés de nuestra condicién de seres humanos (ver Vanaerschot, 1990). Hasta el momento hemos hablado de la importancia de la congruencia principalmente en el contexto de la aceptacién y la empatia hacia el mundo experiencial del cliente, sin tener en cuenta la interaccién en el aqui y el ahora. Sin embargo, la empatia por lo que ocurre entre el cliente y el terapeuta, por el tipo de modelo de interacci6n que ambos crean en su influencia mutua, es un aspecto igualmente importante del proceso, y aqui también - quizas de forma especial aqui - la congruencia del terapeuta es un factor crucial. De hecho, aqui fun- ciona como un ‘barémetro interaccional’ de lo que ocurre en la relacién. Hablaremos de ello mas adelante en el apartado titulado ‘Transparencia’. Implicaciones para la formacién y la prictica profesional La madurez personal, junto a las actitudes clinicas basicas relacionadas con ella, puede ser considerada por tanto como el principal instrumento del terapeuta en su terapia centrada-en-el-cliente. En este punto compartimos la vision de los psicoanalistas. Por tanto no deberia ser sorprendente que en nuestra formaci6n se preste una atencién especial al desarrollo personal del futuro terapeuta. Evidentemente no estamos hablando sobre un ‘entrenamien- to directo’ de la congruencia sino mas bien sobre los modos més indirectos y MAS ALLA DE CARL ROGERS 33 lentos de la terapia personal y de la supervisién personalizada en la que la persona del terapeuta es, junto al proceso del cliente, el punto esencial de nuestra atencin. En lo que respecta a la terapia ‘didactica’ personal yo estoy muy a favor de la participacién en grupos de terapia intensivos de larga dura- cién. De hecho, la experiencia terapéutica en grupos ofrece, mas all4 que la terapia personal, la posibilidad de observar la forma propia de funcionar en las relaciones interpersonales, aspecto que es esencial para la labor terapéuti- ca (ver también Bolten, 1990). La terapia individual también puede seguir siendo muy recomendable, junto a la terapia grupal, pero puede que no sea algo esencial en todos los casos La voluntad de trabajar sobre el desarrollo de la propia personalidad no deberia limitarse al perfodo de entrenamicnto 0 formacién sino que deberia enfocarse como una ‘tarea vital’. Por tanto, parece muy recomendable mante- ner revisiones regulares entre colegas, tanto dentro del propio equipo como fuera del mismo. Sin embargo, siempre es un requisito necesario crear una atmésfera lo suficientemente segura como para poder permitirse uno mismo tomar ciertos riesgos personales y aceptar una posicién de vulnerabilidad. En un sentido més amplio, como terapeutas deberfamos prestarnos un cuidado especial a nosotros mismos y estar atentos a las sefiales de agotamiento, sole- dad, alienacién y el bloqueo de los problemas personales. Cuando nuestras necesidades son demasiado grandes puede que no tengamos suficiente ener- gia para orientarnos a nuestros clientes con serenidad. {Qué podriamos hacer para evitar esos callejones sin salida? ‘Preocuparnos’ por las propias relacio- nes personales, retomar nuestra terapia antes de que sea demasiado tarde, reducir la cantidad de trabajo y dedicar més tiempo a estar con nosotros mis- mos...Todo esto, ademds de la adecuada supervision, puede favorecer mucho estas cuestiones. De forma excepcional se puede cambiar la cita de un cliente. Aparte de esto, también puede ser de mucha utilidad ‘prepararse’ uno mismo antes de cada entrevista. Rombauts habla sobre este tema: Parece importante que detenga todas mis actividades, aunque sélo sea unos minutos antes, para prepararme para el contacto con el proximo cliente. Intento en lo posible salirme de mi propio mundo y dejar que todas mis preocupaciones se difuminen en el trasfondo. También me concentro mentalmente en mi cliente, por ejemplo recordando nuestra tiltima sesion y de forma mas general dejando que esté presente con todo lo que evoca en mi en términos de memorias y sentimientos. De esta forma intento aumentar mi receptividad hacia el cliente y evitar en la medida de lo posible cualquier obstdculo que pueda influir sobre la relacién. Sin embergo, si no me va bien haciendo todo esto, los primeros minutos de la sesin suelen bastar para que me abra completamente, no s6lo hacia mi cliente sino tam- bién hacia mi mismo. Se da ast la interaccidn que busco: un estado fundamental de apertura de mi mundo personal que es el abono a partir del cual crece el con- tacto con mi cliente; pero también, en este contacto, la implicacién terapéutica realza la cualidad de la apertura de mi propio mundo personal. (1984, p. 179) 34 AUTENTICIDAD, CONGRUENCIA Y TRANSPARENCIA, Todo esto quizds nos deje con la impresién de que el terapeuta deberia ser un ‘superhombre’. Pero eso no es lo que Rogers entre otros tenfa en mente. De hecho lo que se pretende con esto es que cualquiera que quiera llegar a ser un terapeuta tiene que prepararse para prestar durante toda su vida la sufi- ciente atencién a su propia vida interna y a su forma de relacionarse con los demés. También tiene que ser, hablando de una forma general, batante tenaz. Esto no quiere decir que no pudiera tener problemas, que en algunas ocasio- nes Ilegaran incluso a ser bastante acusados. Lo importante es aprender a no evitar estos problemas, decidirse a desenmarafiarlos, estar abiertos al feed- back critico, aprender a ver como las propias dificultades interfieren con el propio trabajo terapéutico y a hacer lo que sea necesario para remediar esa situacién. También es muy importante legar a conocer y aceptar con indul- gencia nuestros propios limites: no tenemos que ser capaces de trabajar bien con todo tipo de clientes. Podemos intentar cambiar nuestros limites pero aprender a conocerlos y aceptarlos no es algo irrelevante durante la forma- cidn ni después. Para concluir quiero mencionar que la literatura sobre la terapia centrada- en-el-cliente trata muy poco Ia cuestién de las formas concretas que puede adquitir la incongruencia. Como teorfa de la terapia orientada al proceso, esta teorfa enfatiza esencialmente sus caracteristicas formales. Podemos verlo, por ejemplo, en la definicién de incongruencia de Barrett-Lennard: La evidencia directa sobre la falta de congruencia incluye, por ejemplo, la inconsistencia entre lo que el individuo dice y lo que expresa con sus gestos 0 su tono de voz. Las indicaciones de desacuerdo, tensin o ansiedad se consideran evidencias menos directas pero igualmente importantes de la falta de congruen- cia. Implican que el individuo no esté abierto, por el momento, a darse cuenta de algunos aspectos de su existencia, que carece de integracién y es, en cierto grado, incongruente. (1962, p. 4) Sin embargo, en la literatura psicoanalitica se dice mucho sobre la diversi- dad de contenido de las ‘reacciones contratrasferenciales’ y sus raices psico- genéticas; el lector interesado puede acudir a las siguientes publicacion Glover, 1955, Groen, 1978; Menninger, 1958; Racker, 1957; Winnicott, 1949, 2. TRANSPARENCIA. Su lugar dentro de la evolucién de la Terapia Centrada-en-el-cliente Al principio de este escrito he descrito 1a transparencia como la capa mas externa de la autenticidad: la comunicacién explicita por parte del terapeuta MAS ALLA DE CARL ROGERS: 35 de sus propias experiencias. Deberfa mencionarse sin embargo que, incluso sin el uso explicito de tales “autorevelaciones”, los terapeutas centrados en- el-cliente son bastante transparentes con sus clientes y que la distincién que hicimos entre congruencia y transparencia no deberia entenderse en términos absolutos. Nuestro cliente llega a conocernos a través de lo que hacemos y no hacemos, sea verbal o no verbal. El cliente tiende a saber quién es el terapeu- ta como persona de una forma especial en la terapia centrada-en-el-cliente, en donde la relaci6n de trabajo esta coloreada por la implicacién personal con el cliente en base a la propia experiencia del momento. Por tanto nunca pode- mos funcionar a modo de pantalla en blanco. Cada terapeuta evoca diferentes sentimientos en su cliente y este hecho es quizds un elemento importante en el éxito 0 el fracaso de una terapia, un elemento que va mas alla de los méto- dos ¢ intervenciones concretas: {se encuentra el cliente con un terapeuta cuya personalidad y modo de estar en el mundo le hace moverse precisamente al nivel en el que reside su propio problema? Tenemos muy poco control sobre este aspecto de la terapia y la investigaciOn sobre el tema de las recomenda- ciones para el tratamiento arroja muy poca informacién itil al respecto. Respecto a las intervenciones auto-expresivas del terapeuta es destacable las pegas que se pusieron para su incorporacién y aceptacién dentro de la evolu- cidn de la terapia centrada-en-el-cliente. Esto no nos deberia sorprender. De hecho, el que el terapeuta siga a su cliente desde dentro del marco de referencia del propio cliente es una caracteristica fundamental propia de la identidad de la terapia centrada-en-el-cliente. Sin embargo, entre 1955 y 1962 este principio se hizo mas flexible. La terapia centrada en el cliente evolucioné de la “no directi- vidad” a lo “experiencial” y esto posibilité que el terapeuta pudiera introducir en el contexto terapéutico algo de su propio marco de referencia, mientras siguiera volviendo al camino experiencial del cliente (Gendlin, 1970). Por tanto fue éste el contexto en el que se aceptaron las intervenciones auto-expresivas. ‘Aqui hablamos de intervenciones en las que el terapeuta parte desde su propio marco de referencia, como también es el caso de las interpretaciones, las con- frontaciones y las indicaciones para el uso de técnicas concretas. Progresiva- mente, la expresion de sentimientos personales ya no se restringié a la ‘relaci6n de ayuda’, también se empez6 a usar, por ejemplo, en casos en los que el tera- peuta ya no pudiera aceptar y enfatizar genuinamente, pensdndose que poseia un potencial positive para profundizar en los procesos terapéuticos. Lo que el terapeuta experimenta en contacto con su cliente ahora se considera como un material importante y potencialmente ttil para el cliente en la exploracién de si mismo y ce sus relaciones (para un andlisis completo de la evolucién de Rogers a este respecto ver Van Balen, 1990). Y de una forma més general Rogers tam- bién atribuye a la transparencia del terapeuta una funcién modeladora. Para un cliente no es facil, como tampoco lo es para ningtin ser humano, con- {iar sus sentimientos intimos mas profundos a otra persona. Por tanto para una 36 AUTENTICIDAD, CONGRUENCIA Y TRANSPARENCIA, persona perturbada es aun més dificil compartir sus sentimientos profundos proble- mdiicos a un terapeuta. La genuinidad del terapeuta es uno de los elementos de la relacién que favorecen que el cliente se decida a arriesgarse. (1966, pp. 185-86) Tres factores parecen haber desempefiado un papel relevante en esta evo- lucién. Primero de todo estaba el estudio de esquizofrénicos que Rogers y sus colegas llevaron a cabo entre 1958 y 1964, Con estos pacientes la interven- cin de tipo ‘clasica’ -el reflejo de sentimientos- se quedaba corta: muy a menudo habfa muy poco que reflejar. En sus intentos para establecer contac- to, los terapeutas centrados-en-el-cliente aprendieron a usar una fuente alter- nativa de ayuda, sus propios sentimientos en el aqui y el ahora: Cuando el cliente se expresa a si mismo es natural que la vivencia experimentada en ese momento por el terapeuta consista en gran parte en una captacion empdtica de lo que el cliente quiere decir, pero el hecho de que no lo sea no significa que el terapeuta tenga una vivencia carente de contenido. A cada instante experimenta miiltiples eventos y sentimientos 0 sensaciones, en su ‘mayoria concernientes al cliente y al momento actual, y no necesita esperar pasivamente hasta que aquél exprese algo intimo o terapéuticamente pertinente. En vez de esto puede bucear en su propia vivencia momentdnea y encontrar en ella una reserva constante a la que puede recurrir y con la cual puede iniciar, ahondar y continuar la interaccién terapéutica hasta con una persona silenciosa, externalizada y sin motivaciones. (Rogers, 1985, p.57) También tuvieron lugar una serie de contactos con un niimero de terapeu- tas existenciales tales como Rollo May y Carl Whitaker que les criticaban por enfatizar demasiado la relacién terapéutica, por permanecer en damasia al lado del cliente a modo de alter ego y muy poco como otra persona real con su propia identidad personal. As{ Whitaker hizo los siguientes comentarios sobre cierto nimero de extractos de terapias centradas-en-el-cliente con esquizofrénicos: Es como si ambos existieran en una especie de microcosmos o cara aislada 0 como gemelos en el titero. Estas entrevistas son intensamente personales para ambos aunque solo se hable de la vida del paciente. Esto es tan patente que a veces pareciera que sdlo hay un self presente y que se trata del paciente, Es como si el terapeuta se hiciera a si mismo artificialmente minisculo. En algunas ocasiones es tan dramdtico que me da la impresién de que el terapeuta desapa- rece. Todo esto contrasta de forma especifica con nuestro tipo de terapia, en la que ambas personas en un sentido mas bien especifico estan presentes y en la que el proceso terapéutico requiere la interaccién de ambos individuos y el uso de la experiencia de cada uno de ellos para el crecimiento del paciente. (Rogers et. al., 1967b, p. 517) Esta “disposici6n a dejarse ver por el paciente” (Barret-Lennard, 1962, p.5) que habfa llegado a formar parte de la praxis de su terapia individual surgié aun con més fuerza (en ocasiones quizés excesivamente) en el “encounter move- MAS ALLA DE CARL ROGERS 37 ment” de los afios sesenta y setenta (Rogers, 1970, pp. 52-55). Las dinémicas de grupos, con su énfasis en el “feedback en el aqui y el ahora”, no fueron en ‘absoluto una excepci6n. Todas estas influencias hicieron de la terapia centrada- en-el-cliente una terapia mucho més interaccional en la que el terapeuta no solo funcionaba como un alter ego sino también como un polo independiente de interacciGn que en ocasiones expresa al cliente sus propios sentimientos sobre la situacion. A causa de esta transparencia el proceso se vuelve més un didlogo, un encuentro Yo-Ti. (Buber, 1957, Van Balen, 1990, pp. 35-38). En un encuentro mutuo auténtico de esta indole pueden producirse situa- ciones en las que el terapeuta prdcticamente se despegue de su rol profesional y encuentre al cliente de un modo muy personal y profundamente humano. Seguin Yalom estos ‘incidentes criticos’ con frecuencia vienen a ser momen- tos decisivos para la terapia. Este autor cree que rara vez se mencionan en la literatura psiquidtrica o en la formacién de psicoterapeutas porque no se aju tan a la doctrina o porque se tiene miedo a las exageraciones. A continuacién se introducen un par de ejemplos del propio Yalom (1988, pp. 402-03): Un terapeuta conocié a un paciente que durante el curso de su tratamiento desarrollé sintomas que indicaban la existencia de un posible cancer. Mientras esperaba los resultados de las pruebas médicas (que dieron negativo) el tera~ peuta le sostuvo entre sus brazos como a un nifio pequeno mientras ella suspira- bay aterrada experimenté un breve episodio psicético. ‘Durante varias sesiones un paciente habia estado abusando de su terapeuta atacéndole personalmente y cuestionando su profesionalidad. Finalmente el terapeuta no aguant6 mas: ‘Empecé sacudiendo la mesa con el puito y gritando, vamos a meternos en materia intentando entenderte a ti mismo y dejas de meter- te conmigo. Por muchos defectos que yo tenga, que son bastantes, no tienen nada que ver con tus problemas. Yo también soy un ser humano y hoy ha sido un mal dia." ‘Transferencia y transparencia En la terapia centrada-en-el-cliente el trabajo con la transferencia no es un proceso nuclear, no se considera como “oro puro”. La relacién terapéutica no esté estructurada para maximizar la regresién. Mas bien usamos un modelo ortopedagégico en el que el crecimiento se estimula desde el inicio enfatizan- do los aspectos reales de la relacién. John Shlien va mis alld afirmando que la transferencia es ‘una ficcin inventada y mantenida por los terapeutas para protegerse a sf mismos de las consecuencias de su propio comportamiento’ (Shlien, 1987, p.15). Pero junto a las criticas publicadas sobre su trabajo y junto a autores tales como Pfeiffer (1987) y Van Balen (1984) tenemos que decir -en mi opinin- ‘Si, John, se produce una transferencia.” O como dice Gendlin: 38 AUTENTICIDAD, CONGRUENCIA Y TRANSPARENCIA Si el cliente es una persona con problemas, posiblemente no pueda evitar crear dificultades en la otra persona que se relaciona muy de cerca con él. Posi- blemente no pueda mantener sus problemas para si mismo mientras se relaciona intimamente con el terapeuta. Irremediablemente el terapeuta experimentard sus propias versiones de las dificultades, de las confusiones y los bloqueos que ha de tener lugar en la interaccién. Sdlo cuando se cumplen estas dos condiciones la interaccién va mas alld de ellos y puede cumplir su funcién terapéutica con el cliente (Gendlin, 1968, p.222). Este vivir mas alld en ocasiones requiere algo més que una mera benevo- lencia neutral (Wachtel, 1987). Es necesario que el terapeuta se presente no solo como una pantalla en blanco, sino -ademas de sus intervenciones empa- ticas- necesite mantener un trato transparente cn cl momento adecuado con lo que vive en la interaccién entre el cliente y él, y desde ahi expresar su versién de la interaccién. Por tanto, el terapeuta puede cuestionar la imagen que el cliente tiene de él poniendo su propia experiencia junto a ésta. Puede que eso ofrezca al cliente informaci6n Util sobre su modo de relacionarse con él y sobre los sentimientos que le produce. Siempre que es necesario hace saber sus propios limites de forma explicita: de hecho el cliente puede discutir cualquier cosa, aunque no puede hacer lo que se le antoje. Para poder Ilevar a cabo apropiadamente esta labor interaccional, el terapeuta deberd prestar una atencién especial a lo que ocurre entre él y su cliente, a los aspectos comunicacionales de la relacién, y debe estar en contacto con lo que el cliente “le hace o dice”. En las palabras de Yalom, ‘los sentimientos del aqui y el ahora son para el terapeuta experimen- tado como el microscopio para el microbidlogo: completamente necesario.’ (1975, p.149). También encontramos este punto de vista en la rama humanis ca de la escuela analitica freudiana, en donde a la ‘contratrasferencia’ no se la considera una ‘ruptura en el espejo’, sino como un elemento que facilita el tra- bajo terapéutico (Corveleyn, 1989; Wachtel, 1987). Obviamente aqui podria- mos ver una vinculacién con el acercamiento interaccional, como proponen Kiesler (1982) y Kessel y van der Linden (1991). SUGERENCIAS PARA LA PRACTICA, {Qué es lo que un terapeuta puede y no puede revelar? ;Y cudl es el mejor momento para hacerlo? Rogers aborda esta cuestién con un argumen- to quizés demasiado general, ‘...cuando sea apropiado’ (1962, p. 417). El psicoanalista Wachtel también lo expresa con este mismo sentido: ‘Desearia que hubiera reglas faciles y claras para saber cudndo esas autorrevelaciones son titiles. Desgraciadamente no existe ninguna...’ (1987, p.183). Por lo que nos vemos avocados de nuevo a nuestro olfato clinico y al sentido comin. Sin embargo esto no significa que no tengamos ninguna pista. De hecho, MAS ALLA DE CARL ROGERS 39 existe el criterio basico que siempre nos Ileva a hacernos la siguiente pre- gunta: {Ayuda nuestra autorrevelacién al proceso de crecimiento del cliente? (Yalom, 1988, p.414) ;Puede nuestro cliente usar e integrar esta informa- cién? Es decir, nos estamos refiriendo a una transparencia con responsabili- dad y esto inmediatamente lleva consigo la presencia de restricciones importantes. Como terapeutas tenemos que callarnos aquello que no ayuda al cliente, lo cual es decir mucho. Yalom ilustra este principio basico con una historia conmovedora acerca de dos curanderos famosos que toma de un libro de Hermann Hesse: Joseph, uno de los curanderos, que sufria graves sentimientos de insignificancia y dudaba de st mismo, emprendié un largo viaje para buscar ayuda en su rival, Dion. En un oasis Joseph le conté su problema a un extrano, que result6 ser Dion. Entonces Joseph acepté la invitacién de Dion de ir a vivir a su casa en calidad de paciente y de criado. Con el tiempo Joseph recobro su antigua serenidad, alegria y eficacia, y se volvié amigo y colega de su amo. Sdlo después de que pasaron muchos afios y Dion se encontraba en su lecho de muerte le revelé a Joseph que cuando lo habia encontrado antes en el oasis, Dion, habia sufrido un estancamiento similar en su vida y se dirigia a pedirle ayuda a Joseph. Al centrarnos en el proceso de crecimiento del cliente se vuelve evidente que el terapeuta solo excepcionalmente mencionard hechos de su propia vida personal. Pero ‘excepcionalmente’ no significa ‘nunca’. Por tanto, un tera- peuta puede revelar algo de si mismo con la intencién de mostrar su empatia. También, cuando un acontecimiento de su vida personal llega a tener un peso significativo en su trabajo terapéutico (como por ejemplo cuando muere alguien importante para él) puede que sea mejor mencionarlo. ;Qué hacer si el cliente nos pregunta sobre nuestra filosoffa personal sobre la vida, sobre nuestro estilo de vida o sobre nuestros valores? Obviamente debemos tener mucho cuidado y explorar, junto al cliente, el significado preciso de sus pre- guntas. En la mayoria de los casos el cliente no se haya realmente interesado en el terapeuta sino que tales preguntas pueden encuadrarse dentro de la biis- queda de soluciones para sus problemas, 0 como parte de un contexto relacio- nal especffico. Por tanto, nuestra atencién deberd dirigirse en esa direccién. Los terapeutas centrados-en-el-cliente normalmente evitan expresar ‘testimo- nios personales’ por buenas razones, en mi opinién: de hecho, es el cliente quien tiene que encontrar su propio camino. Pero una cosa no siempre exclu- ye a la otra. No deberiamos olvidar que los clientes a menudo observan deta- lles indirectos sobre ‘cémo vivimos nuestras vidas’ y que por esta raz6n nunca podemos escapar totalmente de desempefiar una funcién modeladora. Esto en si mismo no es un error, al menos no lo es si podemos hacer que el cliente se vuelva independiente del mismo. Si lo conseguimos el cliente gra- dualmente va viendo al terapeuta como a un ‘igual en su propio peregrinaje’ 40 AUTENTICIDAD, CONGRUENCIA Y TRANSPARENCTA (Yalom, 1988, p. 407), con quien y frente a quien tener la oportunidad de poder aclarar sus propias elecciones. En la mayorfa de los casos esto tiene lugar hacia el final de la terapia, por ejemplo en la fase existencial (Swildens, 1988, p. 54) en la que el cliente ha Ilegado al punto en el que puede elegir con total libertad. Como se desprende de lo que he dicho antes, la autorrevelacién muy pocas veces tiene algo que ver con el pasado o el presente personal del tera- peuta. ,Pero qué puede entonces revelar el terapeuta? La respuesta resulta evidente: sus sentimientos hacia el cliente en el aqui-y-el-ahora, hacia lo que pasa en la sesion entre ambos. Aqui también, el terapeuta permanece sobrio. Solo los sentimientos persistentes cuentan, y ademas, el terapeuta tiene que preguntarse si es el momento apropiado. Por tanto hay un problema de ‘timing’: ghay alguna posibilidad de que el cliente sea lo suficientemente receptivo a mi feedback acerca de cémo experimento yo la interaccién? 40 deberia primero abordar alguna otra finalidad terapéutica? En ocasiones la relaci6n atin no ha adquirido la suficiente seguridad y solidez, y estos puntos deberian solucionarse primero. En los momentos de gran vulnerabilidad puede ser que lo tnico que se necesite es la suficiente cercania empatica. A veces el cliente puede necesitar primero un espacio para expresar abiertamen- te sus sentimientos hacia la figura simbélica del terapeuta sin que se le ‘detenga’ inmediatamente con una confrontacién con la ‘realidad’ sobre cémo el propio terapeuta lo experimenta... Pero ocasionalmente la experien- cia de la interacci6n por parte del terapeuta puede resultar ser lo més apropia- do para profundizar en el proceso. ‘Aparte de la cuestién de qué puede decirse y cuando, también deberfamos tratar sobre cual es la forma de comunicar nuestras propias experiencias de la forma més constructiva. Algunos ejemplos de Ia literatura serian: Boukydis, 1979, Carkhuff y Berenson, 1977; Depestele, 1989, pp. 63-69; Gendlin, 1967b, Gendlin, 1968, pp. 220-25; Kiesler, 1982; Rogers, 1970, pp. 53-57. Todos ellos ilustran lo importante que es que las intervenciones autoexpresi- vas del terapeuta se apoyen en las actitudes basicas. La relacién con la con- gruencia es obvia: la sensacién de lo que esta pasando en la relacién, el barémetro interaccional, debe por tanto funcionar apropiadamente. Esto pre- supone un contacto cercano con el propio fluir de la experiencia y con los significados que pueda contener, una consciencia suficiente de lo que puede ser la contribucién de uno mismo para solucionar las dificultades que surgen en la relacion, y cuando sea necesario, suficiente apertura para enfrentarse al tema concreto (de forma que no se vuelva una especie de batalla sobre quién esté en lo cierto), ser capaz de comunicar la propia experiencia de modo que sea compatible con el proceso - en toda su complejidad y movilidad. Como ejemplo de esto ultimo, Rogers describe la forma en que un terapeuta puede comunicar el ‘aburrimiento’: MAS ALLA DE CARL ROGERS 41 Pero mi sentimiento existe dentro de un fluir complejo y cambiante que tam- bién necesita expresarse. Me gustaria compartir con él mi inquietud al sentirme aburrido y mi incomodidad a la hora de expresarlo. Tal y como actuo ahora, veo que mi aburrimiento surge de mi sensacién de lejanfa respecto a él y que me gustaria estar en un contacto mds cercano con él; e incluso cuando intento expresar estos sentimientos éstos se mueven, cambian. Ciertamente no me siento aburrido cuando espero con impaciencia, y quizds con un poco de aprehensién, su respuesta, También siento una sensibilidad nueva hacia él ahora que le he expresado esta sensacién que ha sido como una barrera entre ambos. Soy mucho mas capaz de oir la sorpresa, 0 quizds el dolor, en su voz al igual que ahora él puede hablar mds genuinamente al haberme atrevido yo a ser alguien real ante él. (1966, p. 185). Junto a esto se da una unién con la consideracién positiva incondicional. Las confrontaciones auto-expresivas resultan mds expresivas cuando se origi- nan y se comunican a partir de la profunda implicacién con la persona del cliente. Consecuentemente, para el terapeuta es importante no dejar que se acumulen por mucho tiempo los sentimientos negativos, de forma que perma- nezca lo suficientemente abierto hacia el cliente. Ademas tiene que hacer saber de un modo claro que sus sentimientos tienen que ver con un comporta- miento especifico del cliente y no con el cliente como persona. Por tanto, el feedback del terapeuta deberia ser tan explicito y concreto como fuera posible: el modo en que se forms ese sentimiento y qué aspectos concretos de la forma de relacionarse del cliente los ha promovido. Quizds lo mas importante es que el terapeuta permanezca centrado en las tendencias vitales positivas que se hallan tras el comportamiento perturbador y los sentimientos negativos del cliente, comunicdndoselo. Asf, en nuestro ejemplo, Rogers comunica su inte- rior, la raz6n de su aburrimiento, su deseo de tener un mayor contacto con el cliente. Cuando le damos al cliente feedback concerniente a algtin comporta- miento que nos irrita, intentamos ponernos en contacto con las necesidades y las intenciones positivas que le subyacen, incluyéndolas en nuestro discurso. Gendlin nos ofrece el siguiente ejemplo en relacién a los limites del encuadre: Por ejemplo, puede que no deje al paciente tocarme 0 agarrarme. Le pararé, pero con esas mismas palabras y gestos intentaré responder positivamente al deseo positive de cercania o de contacto fisico. Le ofreceré ese contacto perso- nal con mi mano al tiempo que le mantengo separado de mi, le miraré a los ojos y de diré que el contacto fisico es algo positivo y que lo recibo de buen agrado ‘aunque no pueda permitirselo. (Sé que en tales momentos en parte puede que yo sea quien produzca este aspecto positivo. Puede que en este momento el hecho de agarrarle sea més hostil que cdlido. Pero también hay siempre calidez y aspectos positivos en las necesidades fisicas 0 sexuales de cualquier persona, y asi lo reconozco). (1967, p. 397) Finalmente, siempre deberfamos cuidarnos de mantener el proceso sufi- cientemente centrado en el cliente para hacer de ello una “auto-revelacién 42 AUTENTICIDAD, CONGRUENCIA Y TRANSPARENCTA sin imposicién”. Como mejor se puede hacer es dejando que la influencia tenga lugar de la forma mds abierta posible. Al respecto deberfamos recordar dos “teglas de comunicacién”. La primera, segtin el propio Rogers, es “poser” u ofrecer mensajes con el “yo” (“I-messages”) en vez de mensajes con el “ti” (“You-messages”): el terapeuta indica claramente que él es la fuente de la experiencia y que principalmente intenta comunicar lo que él mismo siente, en vez de realizar afirmaciones evaluativas sobre el cliente. Por ejemplo, no diré “qué intrusivo resultas” sino més bien “cuando me Ila- maste la segunda vez esta semana me senti bajo presién y como si quisieras acaparar ...” La segunda regla de comunicacién es, en palabras de Gendlin, “siempre hay que comprobar” o “abrirse a lo que viene después”: tras cada intervencién - y especialmente después de aquellas que se originaron desde nuestro propio marco de referencia - centrarse completamente en la trayecto- ria experiencial del cliente y continuar desde ahi. Todas estas sugerencias deberian dejar claro que las auto-revelaciones constructivas no tienen nada que ver con el “acting out”. Mas bien se trata de una especie de “espontanei- dad disciplinada” que, junto con la empatia, constituye una segunda linea desde la que el cliente puede evolucionar hacia un “vivir més allé” tanto dentro como fuera de la terapia, hacia nuevas y més satisfactorias formas de relacionarse consigo mismo y con los demés. Es evidente que pueden come- terse errores si la auto-revelacién se usa descuidadamente, pero prescindir de este importante cimulo de informacién relacional podria ser igualmente negativo: omisién que podria llevar a una reduccién substancial de la cali- dad del proceso terapéutico. REFERENCIAS: Barrett-Lennard, G.R. (1962) Dimensions of therapist response as causal fac- tors in therapeutic change, Psychological Monographs, 76 (43, Whole N? 562) Bolten, M.P. (1990) Opleidingstherapie en de plaats van groepen, Tijdschrift voor Psychotherapie, 16, 60-68. Boukydis, K.N. (1979) Caring and confronting, Voices. The Art and Science of Psychotherapy, 15, 31-34. Bozarth, J.D. (1984), Beyond reflection: Emergent modes of empathy, en: RF. Levant y J.M. Shlien (Eds.), Client-Centered Therapy and the Per- son-Centered Approach: new directions in theory, research and practice (pp. 59-75). New York: Praeger. Buber, R. y Rogers, C.R. (1957) Dialogue between Martin Buber and Carl Rogers, en: H. 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