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Mito de Isis y Osiris en Egipto

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EGIPTO:

EL MITO DE ISIS Y OSIRIS

Cuando Ra, el dios Sol, todavía vivía en la tierra, su gran sabiduría le dijo que si la diosa Nut tenía hijos, uno de ellos
acabaría con su reinado sobre los hombres. Entonces Ra maldijo a Nut para que no quedara embarazada ningún día del
año. Llena de desesperación, Nut le pidió ayuda a Thoth, el dios de la sabiduría, de la magia y del conocimiento. Thoth
sabía que la maldición de Ra no podía ser deshecha una vez pronunciada, pero encontró una forma de burlarla. Fue a
ver a Khonsu, dios de la Luna, y lo desafió a un juego de damas. Jugaron varias partidas, y Thoth ganó cada una de
ellas. Las apuestas subían, pero Khonsu fue el más
perjudicado porque apostó su propia luz, la perdió y por fin, se rindió. Thoth reunió la luz que había ganado y la
convirtió en cinco días adicionales que, desde entonces y para siempre, se agregaron entre el fin del año viejo y el
comienzo del nuevo. Antes de estos acontecimientos, el año tenía trescientos sesenta días; a ellos se le agregaron cinco
que no se consideraban parte del año y que se convirtieron en días festivos en el Antiguo Egipto.
En el primero de estos días, nació Osiris,el hijo mayor de Nut. En el segundo, nació Horus, el
hijo de Isis y Osiris. En el tercero, el segundo hijo de Nut, el oscuro Seth. En el cuarto, vio la luz su hija Isis, y en el
quinto, su segunda hija, Neftis. De esta manera, la maldición de Ra se cumplió y, al mismo tiempo, fue burlada: los días
en que nacieron los hijos de Nut no le pertenecían a ningún año.
Al nacer Osiris, hubo muchos signos y maravillas alrededor del mundo. El hecho más notable
fue la voz que se escuchó en el más sagrado altar del templo de Tebas sobre el Nilo, que hoy se llama Karnak; ella
proclamó que Osiris, el buen y gran rey, había nacido para darle alegría a la Tierra.
Cuando Osiris creció, se casó con su hermana Isis, una costumbre que los faraones de Egipto continuaron desde
entonces. Después de que Isis, con sus habilidades, descubrió el Sagrado Nombre de Ra, Osiris se convirtió en el único
gobernante de Egipto y reinó sobre la Tierra como Ra lo había hecho. Al hacerlo, comprobó que los súbditos eran
brutales y salvajes: se peleaban, se mataban e incluso se comían entre ellos. Pero Isis encontró los granos de trigo y de
cebada, desconocidos para los hombres, que crecían silvestres en la tierra junto a las otras plantas. Y Osiris les enseñó
cómo plantar las semillas cuando las aguas del Nilo subían, inundaban la tierra y se retiraban dejando un barro fértil en
las orillas de los campos. Les enseñó cómo cosechar, regar, recoger y separar los granos de trigo y de cebada, cómo
secarlos y cómo convertirlos en harina y en pan. Les enseñó cómo plantar viñas y cómo convertir las uvas en vino;
también, cómo obtener cerveza de la cebada.
Una vez que el pueblo de Egipto aprendió a hacer pan y a cazar sólo los animales aptos para ser comidos, Osiris le
enseñó las leyes, y cómo vivir juntos, felices y en paz, deleitándose con la música y la poesía. Después de pacificar a
Egipto, Osiris partió para darles su bendición a otras naciones. Al hacerlo, le dejó el gobierno a Isis, que reinó con
sabiduría y bondad.
Pero Seth, el Malvado, envidiaba a Osiris y odiaba a Isis. Mientras que la gente más amaba y alababa a Osiris, más lo
odiaba Seth; y cuanto más hacia el bien, y más feliz era la humanidad por su trabajo, más fuerte se hacía el deseo de
Seth de matar a su hermano y de reinar en su lugar. Isis era tan sabia y observadora que Seth no se atrevía a tomar el
trono cuando ella se encontraba a cargo de Egipto. Al regresar Osiris de sus viajes, Seth, a pesar de su odio, fue uno de
los primeros en darle la bienvenida y en reverenciarlo. Ayudado por setenta y dos de sus malvados amigos y por Aso, la
reina de Etiopía, Seth urdió sus planes. Secretamente, obtuvo las medidas exactas del cuerpo de Osiris y mandó a hacer
un ataúd que sólo sería adecuado para él. Fue construido con las maderas más caras y más exóticas: cedro del Líbano y
ébano del sur del mar Rojo, debido a que en Egipto no había buenas maderas, sólo la de la frágil e inútil palmera.
Después Seth dio una gran fiesta en honor de Osiris; los invitados eran los setenta y dos conspiradores. Fue la más
importante en la historia de Egipto: la comida era magnífica; los vinos, fuertes, y las bailarinas, bellísimas. Cuando el
corazón de Osiris estuvo colmado de vino y de canciones, Seth ordenó que presentaran el ataúd, y todos quedaron
maravillados de su hermosura. Osiris se asombró por el cedro, el ébano y el marfil, alabó las figuras de dioses y de
pájaros pintadas con oro plata, y deseó el ataúd ardientemente.
-¡Le daré este ataúd a quien le quede a medida! -gritó Seth.
Y en ese momento, los conspiradores hicieron fila para ver si podían ganarlo. Pero uno era demasiado alto y el otro,
demasiado bajo; uno era demasiado grueso y el otro, demasiado delgado.
Todos lo intentaron en vano.
-Permítanme comprobar si mi cuerpo es adecuado para esta obra de arte -dijo Osiris y se acostó en el ataúd mientras
todos los demás lo rodeaban sin aliento-; es perfecto para mí, el ataúd es mío.
-Es tuyo, en efecto, y lo será para siempre-susurró Seth y cerró el ataúd.
A toda velocidad, él y los conspiradores lo sellaron con cera y clavos para que Osiris muriera allí adentro. Su espíritu se
fue al Oeste y atravesó el Nilo hasta Duat, el Lugar del Juicio; pero no pudo seguir hacia Amenti, el lugar donde
moraban para siempre los que habían vivido bien en la tierra. Seth y sus compañeros arrojaron al Nilo el ataúd con el
cuerpo de Osiris, que lo llevó al gran mar Verde donde estuvo a la deriva durante varios días hasta que llegó a las costas
de Fenicia. Allí las olas lo incrustaron en un árbol de tamarisco que crecía en la orilla; de él brotaron ramas, hojas y
flores hermosas. Ése fue el lugar de descanso adecuado para el cuerpo del Buen Dios Osiris; pronto, el árbol se hizo
famoso en todo el país.
Rápidamente llegó la noticia a los oídos del rey Malcander, que con su esposa, la Reina Astarté, fue hasta la orilla del
mar a mirar el árbol. Para entonces, las ramas habían crecido tanto y tan juntas que escondían el ataúd con el cuerpo de
Osiris.
El rey dio la orden de que el árbol fuera cortado para usarlo como pilar en su palacio. Esto se hizo, y toda la corte se
maravilló de su belleza y de su fragancia, pero nadie supo que ocultaba el cuerpo de un dios.
Mientras tanto. en Egipto, Isis estaba aterrada.
Siempre había sabido que Seth estaba lleno de envidia y de odio, pero el buen Osiris no quería creer en las malas
intenciones de su hermano. Isis presintió que su esposo estaba muerto, antes de que se lo dijeran, y escapó hacia los
pantanos del Delta con su hijo Horus. Encontró refugio en una pequeña isla donde vivía la diosa Buto a la que le confió
a su divino hijo. Como salvaguarda contra Seth, Isis dejó flotar la isla a la deriva para que nadie pudiera hallarla.
Después salió en busca del cuerpo de Osiris, porque hasta que no fuera enterrado con todos los ritos y los hechizos
adecuados, su espíritu sólo podría ir hacia el Oeste hasta Duat, el Lugar del Juicio; y nunca podría llegar hasta Amenti.
Isis recorrió todo Egipto, pero no pudo encontrar ni un solo rastro del ataúd ni del cuerpo de Osiris. Sobre él les
preguntó a todos los que encontraba, pero nadie lo había visto. Sus poderes mágicos no podían ayudarla en ese asunto.
Finalmente, interrogó a unos niños que jugaban en la orilla del río; ellos le respondieron que habían visto flotar, hacia el
gran río Verde, un cadáver con las características que ella había descrito.
Isis recorrió la orilla, y una y otra vez fueron niños los que le señalaron el camino del ataúd flotante. Por ello, Isis los
bendijo y decretó que desde entonces dirían palabras sabias y que en ocasiones, podrían predecir el futuro.
Mucho tiempo después, Isis llegó a Fenicia. Un día, mientras estaba sentada a orillas del mar, llegaron hasta allí para
bañarse las damas de compañía de la reina Astarté; cuando salieron del agua Isis les enseñó a arreglarse el cabello. Al
regresar al palacio, las acompañaba un extraño y maravilloso perfume. La reina Astarté se asombró y quiso saber de
dónde había emanado y cómo se habían arreglado el cabello de forma tan hermosa.
Las doncellas le hablaron de una hermosa mujer sentada a orillas del mar, y la reina Astarté
mandó a buscarla. Le pidió que sirviera en su palacio y que cuidara de sus hijos, el pequeño príncipe Maneros y el bebé
Dictis, que estaba enfermo. La reina no sabía que esa mujer vagabunda era la Gran Diosa de Egipto. Isis aceptó. Al
poco tiempo, el bebé Dictis estuvo fuerte y sano, por haber succionado el dedo de la diosa. Ésta se encariño con el niño
y pensó en hacerlo inmortal: para esto, incendió sus partes mortales, mientras ella volaba con la forma de una gaviota.
Cuando Astarté vio a su hijo en llamas, precipitadamente entró gritando en la
habitación y quebró el hechizo. Isis retornó a su propia forma y Astarté cayó al suelo aterrorizada por ver frente a ella a
la brillante diosa.
Malcander y Astarté le ofrecieron regalos y todos los ricos tesoros de Fenicia, pero Isis sólo quiso saber qué contenía el
pilar de tamarisco que sostenía el techo. Cuando se lo dieron, Isis lo abrió y sacó el ataúd. Pero le devolvió el pilar a
Malcander y Astarté, y desde entonces ése fue el objeto más sagrado de Fenicia porque había contenido el cuerpo de un
dios.
Cuando le dieron el ataúd que contenía el cadáver de Osiris, Isis se arrojó sobre él y lanzó un
grito de tristeza tan terrible que el pequeño Dictis murió al escucharlo. Finalmente, Isis consiguió ubicar el ataúd en un
barco ofrecido por el rey Malcander y partió hacia Egipto. La acompañaba el joven príncipe Maneros, pero no por
mucho tiempo, ya que su curiosidad le provocó la muerte, Mientras el barco partía, Isis se acercó al ataúd y lo abrió.
Maneros
se escabulló tras ella y espió sobre su hombro. Isis lo supo, se dio vuelta, y la terrible mirada de enojo de la diosa arrojó
al joven príncipe al mar.
Isis llegó sana y salva a Egipto, escondió el ataúd en las ciénagas del delta y se acercó a la isla flotante donde Buto
cuidaba a Horus. Seth, que estaba cazando con sus perros, de noche. porque amaba la oscuridad, vio, a la luz de la luna,
el ataúd de cedro, ébano y marfil, con los detalles de oro y plata, y lo reconoció. Lleno de ira y de odio, aulló como una
pantera. Abrió el ataúd, tomó el cuerpo de Osiris y lo partió en cuarenta y dos pedazos que lanzó al Nilo para que fueran
alimento de los cocodrilos.
-He logrado lo imposible: destrozar el cuerpo de un dios -gritó, y su risa se escuchó en toda la tierra; todos los que la
oyeron temblaron y se escondieron.
Isis tuvo que recomenzar su búsqueda. Esta vez tenía quien la ayudara, porque Neftis había abandonado a su malvado
esposo Seth para acompañar a su hermana. Y Anubis, el hijo de Osiris y Neftis, tomando forma de chacal, las asistió en
la tarea. Mientras Isis viajaba por tierra buscando a Osiris, la protegían siete escorpiones, pero cuando lo buscaba en el
Nilo, iba en un bote hecho de papiro; y los cocodrilos, que reverenciaban a la diosa, no la tocaban ni tocaban los restos
de Osiris. Desde entonces, todos los que navegaran el Nilo en un bote de papiro estarían a salvo, porque los cocodrilos
creerían que se trataba de Isis que buscaba los
pedazos del cuerpo de su marido.
Despacio, parte por parte, Isis recuperó los fragmentos de Osiris. Y cada vez que encontraba
una de ellas, lograba que con su magia pareciera un cuerpo completo. También obligaba a los sacerdotes a construir un
templo y a realizar los ritos funerarios. Así hubo trece sitios en Egipto que se consideraban la tumba de Osiris. De esta
manera, Isis intentaba que fuera más difícil para Seth encontrar el cuerpo del dios muerto.
Sólo le faltó recuperar una parte, que había sido comida por peces impíos, a 1os que maldijo,
y desde entonces, ningún egipcio los tocó ni los comió. Isis, sin embargo, no enterró ninguna parte del cuerpo de Osiris
en las tumbas y en los templos construidos en su honor. Juntó las piezas, y con su magia recuperó el cuerpo completo;
también con su magia recreó la parte faltante. Después hizo que el cuerpo fuera embalsamado y enterrado en un sitio
que sólo ella conocía. Más tarde el espíritu de Osiris pasó a Amenti para reinar sobre los muertos hasta la gran batalla
final, cuando Horus asesinó a Seth y Osiris volvió a la Tierra.
Mientras Horus crecía, el espíritu de Osiris lo visitaba con frecuencia y le enseñaba todo lo que un gran guerrero debía
saber, cómo luchar contra Seth, tanto con la mente como con el espíritu.
Un día Osiris le dijo al muchacho:
-Dime, ¿qué es lo más noble que un hombre puede hacer?
Horus le respondió:
-Vengar a su padre y a su madre.
Esto complació a Osiris, y continuó:
-¿Y qué animal debería llevar el vengador a la batalla?
-Un caballo-respondió rápidamente Horus.
-¿No sería mejor un león? - sugirió Osiris.
-Un león sería muy bueno para un hombre que necesitara ayuda -dijo Horus-, pero un caballo es mejor para perseguir al
malvado y evitar que escape.
Cuando Osiris escuchó esto, supo que era el momento de que Horus le declarara la guerra a Seth.
Le ordenó a su hijo reunir un gran ejército y navegar el Nilo, para atacarlo en los desiertos del sur.
Horus le obedeció. Y el propio Ra, el padre de los dioses, acudió en su ayuda en su divino bote que atraviesa los cielos
y los peligros del mundo subterráneo.
Antes de partir, Ra atrajo a Horus y lo lo miró a los ojos, porque el que mira los ojos de Horus puede ver allí el futuro.
Pero Seth los estaba observando: habia tomado la forma de un grande y feroz cerdo negro.
Ra le dijo a Horus:
-Déjame ver en tus ojos cómo terminará esta guerra.
Mientras lo hacía, vio en ellos el reflejo de un gran cerdo que distrajo su atención. Ra exclamó:
-¡Nunca había visto a un cerdo tan feroz y enorme!
Al escucharlo, Horus pensó que se trataba de un cerdo salvaje del norte y que no tenía los hechizos para defenderse de
ese enemigo. Seth escupió fuego en los ojos de Horus, el joven dios gritó de dolor y de rabia. Ahora sabía que el cerdo
era Seth, pero el malvado dios ya había escapado y no podía ser atrapado.
Ra llevó a Horus a un cuarto oscuro para que recobrara la vista y volvió al cielo. Feliz por haberse recuperado, Horus
continuó navegando el Nilo al frente de su ejército. Su alegría contagió al país, que floreció en primavera. Hubo muchas
batallas en esta guerra, pero la mayor y la última fue en Edfu, donde, posteriormente, se elevó el gran templo de Horus
para conmemorar ese día.
Seth, con forma de hipopótamo, maldijo a Isis y a Horus: "¡Que una terrible tempestad y una espantosa inundación
sobrevenga sobre mis enemigos!", gritó, y su voz fue como un trueno que cubrió el cielo de norte a sur. Súbitamente,
una tormenta se desató sobre los botes y sobre el ejército de Horus. El viento rugió y las aguas se convirtieron en
grandes olas, pero Horus se mantuvo firme. El barco brilló en la oscuridad, , su proa semejó un rayo de sol.
Frente a Edfu, Seth contuvo la corriente del Nilo con todo su cuerpo de hipopótamo, en la bahía. Tan grande era que
podía realizar esta proeza. Mientras tanto, Horus se transformó en un joven apuesto de treinta metros de alto; y para
enfrentar a Seth, llevaba en su mano un gigantesco arpón.
Seth abrió sus enormes mandíbulas para destruir a Horus y a sus seguidores cuando la tormenta acabara con sus barcos.
Pero Horus tomó su arpón y lo clavó en la cabeza del hipopótamo hasta atravesarle el cerebro.De esta manera, mató a
Seth el malvado, el enemigo de Osiris y de los dioses. El hipopótamo se hundió, muerto, en la orilla de Edfu.
La tormenta desapareció, cesó la inundación, y el cielo volvió a estar despejado y azul. Entonces la gente de Edfu salió
a darle la bienvenida a Horus el vengador y le cantaron la canción que desde entonces entonan los sacerdotes en su
honor.
Cuando Horus falleció, apareció frente a la asamblea de los dioses; Seth también estaba allí, en espíritu; ambos
lucharon, con palabras, por el gobierno del mundo. Pero ni siquiera el sabio Thoth pudo determinar el ganador. Desde
entonces, Seth y Horus siguen peleando por el mundo y por las almas de los hombres.
Los egipcios creían que la Gran Batalla todavía no se había librado y que Horus vencería nuevamente a Seth, esta vez
para siempre. Entonces, Osiris volvería de entre los muertos para reinar con todos los que le habían sido fieles. Por eso
los egipcios embalsamaban a los muertos, para que las almas benditas que retornaban los encontraran preparados y así
lograrían vivir en ellos para siempre bajo el gobierno del buen dios Osiris, de su reina Isis y de su hijo Horus.
Enriquez, Mariana. “Mitología egipcia”, Buenos Aires, Gradifco, 2007.
“El Laberinto de El Faiyum/Templo a la entrada del Lago”

En El Faiyun, sobre el Nilo, se levantan las ruinas de un antiguo laberinto construido por Amenemes III de la XII
Dinastía en 1830 a.C. al sur de la pirámide que lleva su nombre.
Herodoto y Estrabón, los dos exploradores de la antigüedad, vieron en mejor estado de conservación que nosotros los
restos de este edificio, del que hablaron en sus crónicas. Ocupaba una superficie de 60.000 metros cuadrados y tenía una
estructura insólita, formada por una serie de locales independientes, distribuidos en tres o cuatro hileras y unidos entre
sí por un complejo sistema de corredores. En el centro del laberinto se levantaba al dios Serapis (Osiris) una estatua de
tres metros de altura, tallada en una sola pieza.
La descripción que hace Herodoto del Laberinto es la siguiente: "(Unos reyes de Egipto) Decidieron también dejar en
común un monumento conmemorativo suyo, una vez tomada esa decisión, ordenaron la construcción de un laberinto,
que se halla algo al sur del lago Meris, aproximadamente a la altura de la ciudad que se llama Cocodrilópolis: (...). Ya
las pirámides eran, sin duda, superiores a toda ponderación y cada una de ellas equiparable a muchas y aun grandes
obras, pero la verdad es que el laberinto supera, incluso, a las pirámides. Tiene doce patios cubiertos, seis de ellos
orientados hacia el norte y los otros seis hacia el sur, todos contiguos, cuyas puertas se abren unas frente a otras, y
rodeados por un mismo muro exterior. Dentro hay una doble serie de estancias -unas subterráneas y otras en un primer
piso sobre las anteriores-, en número de tres mil quinientas en cada nivel. Pues bien, nosotros personalmente pudimos
ver y recorrer las estancias del primer piso y de ellas hablamos por nuestras propias observaciones; de las subterráneas,
en cambio, tuvimos que informarnos verbalmente, pues los egipcios encargados de ellas no quisieron enseñárnoslas
bajo ningún concepto, aduciendo que allí se encontraban las tumbas de los reyes que ordenaron el inicio de las obras y
las de los cocodrilos sagrados. (...) (Las salas de arriba) despertaban un desmedido asombro mientras se pasaba de un
patio a las estancias, de las estancias a los pórticos, de los pórticos a otras salas y de las estancias a otros patios. El techo
de todas esas construcciones es de piedra, al igual que las paredes; éstas, por su parte, están llenas de figuras esculpidas
y cada patio se halla rodeado de columnas de piedra blanca perfectamente ensambladas. Contigua al chaflán en que
acaba el laberinto se encuentra una pirámide de cuarenta brazas, en la que aparecen esculpidas figuras de grandes
dimensiones; y hasta ella hay un camino subterráneo."
Otro historiador que describe el laberinto es Estrabón, muy similarmente a la forma en que lo hace Herodoto.
Igualmente nos hacen una descripción del mismo Plinio el Viejo y Diodoro de Sicilia. Plinio el Viejo es el único que
hace referencia a los subterráneos del laberinto relatando que eran "oscuras galerías con columnas de piedra, efigies de
dioses, estatuas de reyes y todo tipo de repugnantes efigies".
Esta construcción, en egipcio se denominaba ‘Lapi ro hunt’, que significa ‘Templo a la entrada del lago’, de aquí
proviene una teoría sobre el origen del nombre griego de ‘labyrinthos’.
Enriquez, Mariana. “Mitología egipcia”, Buenos Aires, Gradifco, 2007.

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