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Posibles Prologos de 077

Dina, una niña que ha vivido en un mundo devastado, recuerda su vida antes del caos mientras explora las desoladas calles de White Rose. A pesar de la desolación y el miedo, decide salir del auto en busca de algo para su hermana, enfrentándose a un oscuro y peligroso cine abandonado. Su exploración se convierte en una pesadilla cuando se encuentra con un cuerpo en descomposición, lo que la obliga a huir desesperadamente para salvar su vida.

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Posibles Prologos de 077

Dina, una niña que ha vivido en un mundo devastado, recuerda su vida antes del caos mientras explora las desoladas calles de White Rose. A pesar de la desolación y el miedo, decide salir del auto en busca de algo para su hermana, enfrentándose a un oscuro y peligroso cine abandonado. Su exploración se convierte en una pesadilla cuando se encuentra con un cuerpo en descomposición, lo que la obliga a huir desesperadamente para salvar su vida.

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Misión 077 capitulo 1

No había sol, las calles estaban desiertas y repletas de escombros, pero lo


más desolador era el silencio, no había insectos, no había brisa, no había
gente. Ella rememoraba con cierta nostalgia el ruido de los autos, sus
vecinos, sus amigos… Dina no era más que una niña cuando su padre la llevó
lejos de todo ese caos. Al fin había salido. Pero todo era diferente, edificios
cubiertos de maleza gris, mensajes desesperanzadores pintarrajeados y
descolorados en las paredes, huellas de personas fosilizadas por el tiempo, y
juraría haber visto esqueletos completos en el camino.

Su padre la había obligado a usar una máscara de gas, muy pesada, que
picaba y no le hacía muy fácil respirar. La máscara olía a goma vieja y a sudor,
y la presión de la correa contra su cabeza era incómoda. El hombre la había
dejado sola en el auto: «Sí pasa algo, el bolso está en la maleta, habla por la
radio y, por lo que más quieras, no te quites la máscara». Benditas palabras
que mantenían ese tortuoso bozal atado a su cabeza.

Él fue en busca de un sujeto con el que estuvo hablando durante días por la
radio. No quería ir solo y Dina quería ver qué había pasado fuera de su hogar.
Sabía que las cosas estaban mal, pero hacía tanto que no veía la luz del sol y
ver que ni siquiera eso seguía ahí, la desanimó. ¿Qué le diría a su hermanita?
¿Que no hay arcoíris en el cielo y que las nubes tampoco eran blancas?
Seguro, y también, ¿por qué no mejor le digo que Santa no existe?

Dina veía por la ventana con el radio en la mano mientras en su mente se


preguntaba «¿Por qué tardaba tanto? Dijo que sería un trabajo fácil, ir y
venir, y ya había pasado una hora… ¿Y si le pasó algo? No. Seguro se distrajo
con algo o el tipo ese tenía algún problema. No, él estaba bien y, además,
¿qué le haría daño? ¿Un perro mutante? sí, claro». Y aunque se recostara en
el asiento o estirara las piernas, sentía un peso de ladrillos en el estómago
conforme no llegaba.
Misión 077 capitulo 1

«¿Y si lo llamo? No, es un canal de emergencias, si lo llamo creerá que…


que… ¿me quedé encerrada en el auto?» fue cuando su mente, en contra de
la tierra seca y los cielos naranja, le afirmo «No todo puede estar tan mal» vio
la manija y sintió de vuelta la mirada incitándola a salir, un escalofrío recorrió
su espalda mientras sus cejas se arqueaban y sus ojos se cerraban, tomó una
bocanada de aire, exhaló, y con determinación, la abrió «solo será una
vuelta»

Por primera vez en mucho tiempo vio lo que era White Rose, la última vez
era una ciudad repleta de gente, con sus cosas buenas y malas, pero fuera
del auto... solo vio un páramo seco y sin alma, con calles repletas de autos
abandonados y edificios con la firmeza de un cartón mojado. Aparte, con el
vivido hedor de llantas quemadas filtrándose en la máscara, ella no quería
ver más, pero, aun así; con bolso y radio en mano, avanzó. Una plaza a la que
recurría de pequeña no estaba lejos, eran unas dos o tres cuadras más o
menos.

Estaba segura de que era el camino correcto, no sé podía perder en menos


de tres cuadras. La ciudad era diferente, pero no tanto, esa maldita maleza
gris la estaba desorientando, esa plaga se extendía a ras del suelo por toda la
ciudad como raíces de un árbol seco, pero crecía, si no, no se podía explicar
cómo había devorado todo ese viejo paisaje urbano, el paisaje que conocía y
ahora apenas entendía, ella sólo seguía caminando esperando encontrar la
plaza y rogando por regresar al auto.

Aunque distraída, Dina era afortunada. No fue sorpresa encontrar la plaza a


tres cuadras de distancia. Hace 10 años fue una plaza común, con sus
árboles, rosas y cercas, donde la gente venía a pasar el rato con sus amigos o
parejas, un lugar para llevar a tu hijo a que conociera otros niños, que
probara el algodón de azúcar más espumoso y azucarado del mundo,
perfecto para perder 20 años de vida con cada mordisco, y también era
perfecto para admirar el miedo en los ojos de sus padres al pagar el precio de
un departamento en ese caramelo. Ahora, las cercas estaban oxidadas.
Misión 077 capitulo 1

Sin viento que lo creara, Dina estaba congelada por dentro. Ese era su lugar
especial, sabía hace ya tiempo que sus fines de semana allí habían acabado,
pero esperaba encontrar un valle repleto de rosas rojas con árboles gigantes,
y un verde colosal. Solo se encontró con la misma nada de todo el camino,
junto a la curiosa la forma en la que esa maleza dominaba todo el suelo sin
una sola hoja a lo lejos.

Tenía los ojos apuntando al suelo con los hombros decaídos, caminando
hacia el asiento donde se sentaba con su papá a disfrutar de la tarde. Aún era
cómodo, aunque un poco más rasposo, pero no era molesto. Incluso las
bisagras rechinantes no parecían gran cosa, se podía distinguir sin problemas
una pequeña sonrisa detrás de esa fuerte máscara.

Ella se acostó en el asiento, viendo al cielo de nubes naranjas para exhalar


ese pesar de lugar y sentir un poco de paz al recordar un momento mejor, un
momento con mamá, acostada en sus piernas, viendo el cielo azul mientras
ella acariciaba su cabeza hasta quedarse dormida después de una larga tarde
de jue…

—Dina, ¿me escuchas? —la voz de su padre emergió de la radio.

Se levantó de un salto de su trance y por poco su corazón se dispara al


escuchar su voz. Sus temblorosas manos se dirigieron a la radio para ponerla
en su oído.

—Pa-Papá, sí, sí, aquí estoy. ¿Qué-que sucede?


Misión 077 capitulo 1

—Estoy... en camino —dijo el hombre, que claramente había tenido un frío


día—. ¿Estás bien en el auto, cariño?

—Sí, eemm... — dudó un momento, debatiendo si debía decirle la verdad—


Estoy bien. Y tú, anciano, no me asustes de esa manera ¿quieres?

—Sí, sí, soy un viejo, pero al menos yo dejé los pañales antes de los seis años.

Dina río y luego puso una cara de soberbia hacia la radio —Bueno, al menos
yo estoy lejos de volver a usar pañales, a diferencia de ciertos ancianos que
conozco.

—Ay, la pequeña Didy quiere ser castigada... —la voz de su padre era lenta y
cansada—. Llegaré en 20 minutos, ¿de acuerdo?

—Está bien, Pa —Dina no pudo evitar sonreír, a pesar de la incomodidad de


la máscara—. Te estaré esperando aquí.

Estaba bien, el anciano estaba bien. Era algo menos de lo que preocuparse.
No le cayó un edificio encima, no se perdió (no como su hija), no se encontró
con un caníbal. Estaba bien, con eso tenía suficiente.

Los pesados ladrillos en su estómago habían desaparecido, y la chica


finalmente puso la radio en el bolso para salir de esa plaza e ir a casa, pero
aún tenía algo que hacer, la conciencia se la comería de adentro hacia afuera
si no le traía algo, por muy pequeño que fuese, solo para contentarla. Dina
no siguió el camino al auto, fue en completo sentido contrario, entró a un
callejón, donde la mugre y la maleza crearon de ese lugar una fría e inhóspita
cueva.
Misión 077 capitulo 1

CineDisco, la mejor tienda de DVD piratas del mercado. «Qué pésimo


eslogan», pensó Dina al ver el viejo y empolvado cartel encima de la
agrietada puerta de vidrio. Esa tienda nunca fue un lugar bonito, incluso
antes de que ella naciera, ese mugroso sitio ya olía a sucia tierra mojada,
como el tipo que la atendía. Ahora, agreguemos que ni una mota de luz solar
ha caído en el sitio en años y tenemos como resultado el rincón oscuro y
desolado de White Rose que siempre ha sido.

Antes de adentrarse en esta bonita casa del terror, Dina se detuvo para sacar
una linterna de su bolso. El lugar era más pútrido de lo que pudo imaginar,
los estantes de madera que sostenían las películas estaban recubiertos con
una masa amarillenta blanquecina y mohosa, con virutas de algo negro en
ellas, creando náuseas y casi sacando su desayuno de su estómago.

—¡Eso fue todo! —Giró la cabeza de un movimiento, ya tenía un pie fuera del
lugar, pero se detuvo, tragó su vómito, tomó un respiro e intentó no ver los
estantes en detalle.

—Bien, tú ganas, enana caprichosa.

Solo tenía una misión, buscar una película. No tenía que ser buena, algo
simple para entretener a una niña. Cassidy, su hermanita, no era una
pequeña difícil. Sí, podría ser un poco intensa a veces, pero a este punto no le
costaba nada traerle algo a la niña, solo tenía que caminar a la sección
infantil y traer… Algo.

Mientras Dina más caminaba, más podía jurar que esa masa estaba hecha de
pus y gusanos, pero los caminos estrechos de la tienda la obligaban a
acercarse a esos estantes. Con esfuerzo y los órganos revueltos, dicho y
Misión 077 capitulo 1

hecho, llegó a la sección infantil, por suerte estaba más limpia que el resto
del lugar, pero no se quedaría a inspeccionar cuánta de esa masa había
realmente. Tan pronto como estuvo ahí apunto la linterna a los estantes en
busca de la primera película que viera. Estaban vacíos, toda la sección infantil
no tenía ni una sola película.

En cuanto sus dientes rechinaron, cerro el puño y golpeo el estante.

—¡Maldita sea! —Grito tan fuerte que seguro sele escucho a cuadras de
distancia. —¡Por supuesto, en esta maldita tienda no hay una sola película
para niños!

Dina ya tenía asegurado un castigo de meses, y no regresaría al auto con las


manos vacías. Con el infierno en su garganta, apuntó la linterna a cada
esquina que pudo, y solo encontró una silla vieja, un televisor roto y un
reproductor que no pudo abrir.

No había nada, perdió el tiempo, se acabó, ya no había más lugar donde


buscar… Excepto debajo de los estantes.

Dina se detuvo un segundo a pensar si de verdad quería tanto a su


hermanita. Se arrodilló y puso la cabeza en el suelo para poder iluminar
debajo del estante de la sección infantil. Imaginando cucarachas, gusanos,
que esa masa le saltara en su cara, y sí, había mucha de esa cosa ahí, que al
acercarse tenía un hedor nauseabundo a mierda y comida echada a perder.
Retorció la cara del asco, pero vio algo más, era cuadrado y transparente.
Con suerte podría ser una caja de DVD, pero estaba atascado en esa cosa, y
no se atrevería a tocarla.
Misión 077 capitulo 1

Con cuidado y una suavidad que parecía acariciar el aire, Dina extendió su
mano hacia él, hasta tocar una esquina del objeto, lo sacó de ahí muy
lentamente, pero aún esa podredumbre se aferraba a él, aun así, no fue
problema quitarlo con el primer trapo que encontró. Finalmente lo tenía, la
carátula tenía una imagen de color rojo diluido, pero parecía una película
animada, sobre un perro blanco o parecido.

La chica ya podía respirar en paz, tal vez aún había algo de tiempo para
regresar al auto antes que su papá, pero eso fue todo. Con o sin castigo, Dina
ya tenía emprendido el regreso al auto. Solo, antes de salir de la sección
infantil, revisó dentro de la caja, ella no quería traer esa masa hasta la casa.
No tenía el disco.

Apretó la caja en sus manos, a punto de romperla y maldecir a cada uno de


sus antepasados junto a sus descendientes, pero antes de cometer una
estupidez, inhaló, exhaló, dejó la linterna encendida en el suelo y arremetió
contra el reproductor.

Solo ahí podía estar el disco, y ella lo iba a sacar como diera lugar. Lo arrojó
contra la pared, ya harta, le quitó la lámina que lo cubría con sus propias
manos y logro sacar un disco, arruinando por completo el objeto.

Hasta a ella le sorprendió que funcionara, un grito de felicidad salió de su


boca, y casi salto de la alegría, estaba golpeando el aire antes de poner con el
cuidado de una madre el DVD en su caja, para luego ponerla en el bolso
«hasta pronto, y hasta nunca CineMierDisco» fue su manera más tierna de
despedirse de aquel lugar. Levanto la linterna e ilumino algo que no debía
estar ahí
Misión 077 capitulo 1

La respiración de Dina comenzó a acortarse. Se dio cuenta de la abrumadora


oscuridad que la cubría y el frio que sentía; su única realidad era la luz de la
linterna. Ese trozo de metal no podía ser real. No quería verlo con claridad,
sabía lo que era, pero no por qué estaba ahí.

El revólver estaba tendido en el suelo al pie de la silla, junto a una mancha de


pintura que no era sangre, no podía ser sangre, ni nunca iba a ser sangre.
Cada hueso, cada tendón, cada musculo de su cuerpo se convirtió en un
bloque de hielo tras la llegada, de una pregunta «¿de dónde salió la masa?»

Poco a poco sintió más fuerte la mirada de algo en esa oscuridad, no podía
diferenciar si era real o no, tal vez estaba sola, pero, ¿y si no? ¿Y si lo que hizo
esa mancha seguía aquí? Sin dudarlo se agachó casi en pánico por el arma,
solo para sentirse un poco más segura, aunque temblara como gelatina.

Salir de la tienda ya no era una opción, era una necesidad. No le importó si


esa masa se pegaba o no a su chaqueta, solo empezó a correr directo a la
salida, sin ver a los lados. Más tarde se preguntaría si realmente había peligro
o no, pero no se iba a arriesgar, y aun así tropezó, besando el suelo.

— Ma… ta… me— Dijo una débil voz a las espaldas de Dina

Su cuerpo y mente le exigieron que no se diera la vuelta, pero solo dio un


pequeño vistazo por encima de su hombro. Si había pus, si había gusanos,
por todo el pútrido cuerpo de un pobre hombre en la pared, devorado por
esa mal oliente, asquerosa, y mugrosa, masa.

La máscara no dejo ver su más sincera expresión de terror, pero su grito,


estuvo a punto de romper cristales
Misión 077 capitulo 1

Se levanto del suelo, semi arrastrándose y corrió tan rápido como pudo. No
parecía tener una dirección fija, tampoco parecía ver por donde pasaba,
derribo dos estantes en el camino, y en cuanto vio la luz de la puerta
directamente salto al exterior

Su primera reacción en el suelo fue arrancarse la chaqueta repleta de esa


cosa, no por asco, sino por pánico. De haber podido, hubiera desgarrado el
cuero, pero solo la tiró a un lado, junto al bolso en un abrir y cerrar de ojos.
Revisó sus brazos y su ropa en completa desesperación, hasta asegurarse de
no tener ni una mota de esa masa en ella.

—Santo… Dios…

Se sentó en el callejón con las manos en la cabeza para reflexionar sobre lo


que vio, pero su mente estaba en blanco, apenas podía pensar. Solo pasaron
imágenes como luces intermitentes al ver la entrada de esa tienda. Acababa
de ver cómo un hombre semiabierto le pedía clemencia. «¿Por qué estaba
ahí? ¿Qué debería haber hecho? ¿Cómo seguía vivo? ¿Lo abandoné? ¿Yo…?»

—¡Diana Anderson ¿Dónde Carajos estas?! —Grito la voz de su padre en la


radio dentro del bolso

—Oh…

Esa chica ya había tenido un largo día, y lo menos que quería era pelear con
su padre en algo que no tenía la razón. Se levantó por el bolso, tragándose
todas sus preguntas, mientras aún temblaba con el corazón tratando de
Misión 077 capitulo 1

escapar de su pecho. Tomó la radio con suma paciencia y tranquilamente se


puso a escuchar los gritos de su padre.

—¡Me dijiste que estabas en el auto! Dina, por favor, responde ¡¿Dónde
estás?!

—Estoy bien, Pa

Mas tarde se pelearía con el hombre, pero por ahora, le quito las baterías a la
radio, para ponerlas en su bolsillo. Se preparo para regresar al auto, puso la
radio en el bolso, el bolso en su espalda y la chaqueta en su lugar, en el suelo,
junto al arma.

Ni siquiera se dio cuenta en el momento en que la tiró, pero no quería


levantarla, hasta que recordó al hombre en la tienda. «¿Qué me pasa? Hay
un tipo sufriendo ahí adentro. Ese no es mi problema, debería volver al auto,
papá está preocupado. Pero, por favor, tengo que sacarlo de su miseria. No
soy una asesina, empieza a caminar. Imagínate en su lugar. Esa no es una
forma de morir». Abrió los ojos, finalmente se resignó a levantar el arma.

Pero luego la arrojo. Empezó a correr al compás del viento fuera de ese
callejón, sin mirar atrás, evitando sus p… «¿viento?» su corazón se frenó en
seco.

Vaya sorpresa se dio la chica cuando alzó la mirada al cielo. Las nubes
naranjas que cubrían todo lo largo y ancho del cielo, empezaron a formar una
rueda horizontal de fuertes vientos, que se extendía kilómetros tras
kilómetros sobre ella, y estaba bajando, poco a poco. Era claro que tenía el
tiempo contado, si no quería enfrentarse a la tan aclamada justicia divina.
Misión 077 capitulo 1

Corrió tan rápido hasta sentir que sus piernas se quebraban y aun así siguió
corriendo, mientras el cielo se ennegrecía y la rueda tomaba forma, por los
vientos que se fortalecían a cada segundo que perdía. Atravesó la plaza y
evito la maleza, corrió por esas desoladas calles y esquivo los autos. Perdía
velocidad, no podía respirar, por culpa de ese infeliz bozal en su cabeza, pero
el auto no estaba lejos.

Aún había camino tras camino tras camino, la nube bajaba más rápido de lo
que ella podía correr, y ya estaba a punto de caer en fatiga. Las calles
parecían repetirse una y otra vez hasta el infinito, estaba perdida y lo sabía
hasta lo más profundo de su alma. No podía más, todo su torso para abajo la
había abandonado, con todo y eso aún intentaba dar un paso más, tan solo
no quería morir, pero la bocina del auto le dio un segundo aire.

El único que tenía derecho de matar a la chica era su padre, pero para eso
primero tendría que sacar a la niñita de ahí. El auto estaba cada vez más
cerca pero no superaba a la tormenta, a los ojos de Dina fue un milagro que
le devolvió el aire y le dio un poco más de fuerza para seguir corriendo. Ya
casi lo lograba, pero la nube era más rápida.

El hombre se detuvo a escasos metros de ella, y antes de siquiera poder


hacer algo, la tormenta gano la carrera.

Al despertar, un pitido sordo aún tenía su mente apagada, respiraba sin


sentir aire en sus pulmones, tenía los ojos abiertos, pero no veía nada. De
alguna forma, se sentía muerta, pero el vidrio encajado en su brazo derecho
le recordaba lo contrario. Nunca tuvo oportunidad, la tormenta la arrojó
contra la ventana de alguna casa o edificio. Al fondo de algún sitio con sillas y
mesas, estaba el cuerpo sangrante y apenas consciente de Dina.
Misión 077 capitulo 1

Volvió a abrir y cerrar los ojos, pero no enfocaba nada, ni siquiera el interior
de la máscara. Intentó tocar su cara, pero no lograba ver su propia mano.
Estaba ciega, no veía, empezó a desesperarse e intentó arrancarse la
máscara, pero estaba muy ajustada. Se arrastró por el suelo y los vidrios se
encajaron más profundo, haciéndola gritar de dolor e impotencia.

No veía la herida, pero sentía su brazo palpitante mientras ardía por el vidrio
incrustado en él, como un cuchillo al rojo vivo. Se levantó tambaleante, para
caer al primer paso sobre su brazo lastimado, se derrumbó en lágrimas,
dejando un charco de sangre en el proceso, pero aún podía hacer algo, tal
vez su padre podía hacer algo.

Intentó mantener la calma por un segundo, extendió su brazo izquierdo a su


espalda y, con mucho cuidado de no hacerse daño, se quitó el bolso para
sacar la radio.

Hubiera sido fácil de no haber sido que las baterías se le resbalaran de las
manos, logró alcanzar una pero la otra se perdió en la oscuridad. Dina no se
quería dar por muerta y dio todo de sí deslizando sus temblorosos dedos por
ese frío suelo, y si hubiera girado un poco más a la izquierda tal vez no la
hubiera encontrado.

A pesar de todo sintió un alivio cuando puso las baterías en su lugar, y una
difuminada luz verde salió de la radio, no estaba ciega, pero estaba rodeada
por una oscuridad tan gruesa que no se diferenciaba de abrir o cerrar los
ojos, estaba dentro de una penumbra perpetua.

—¿Hola? ¿Papá, estás ahí? —dijo entre lágrimas —. Papá, por favor,
responde. ¡Papá!
Misión 077 capitulo 1

—Aquí estoy, mi amor, gracias a Dios. ¿Dónde estás?

—N-no lo sé, no veo nada, e-estoy herida y yo…

—Tranquila, tranquila, vamos a buscarte, solo…

—Por favor, ayúdame, estoy sangrando…

—Dina, por favor…

—No me quiero morir…

—Dina…

—Papá, te lo ruego…

—¡Dina, cállate!... Haz silencio.

Cuando la sangre finalmente llegó a su cabeza, se dio cuenta de un pequeño


y simple detalle. Había mucho ruido.

Madera quebrándose, grillos cantando, chillidos de ratones, cascabeles de


serpientes, gritos inhumanos a la lejanía, junto a murmureos indescifrables.
Sus ojos se abrieron como platos, y su aire se cortaba, mientras su corazón
Misión 077 capitulo 1

zumbaba, cuando sus piernas rogaron por correr, fueron detenidas por el
vidrio incrustado en su piel.

Tomó sus cosas levantándose a duras penas, con la ayuda de una pared
cercana, sin ver a donde ir solo yendo hacia adelante, con la esperanza de
encontrar una salida y no otra cosa.

Lástima que el silencio regresó al compás de pequeños vidrios quebrándose


debajo de sus botas, regresando todo a un silencio absoluto de golpe como si
el ruido nunca hubiera estado ahí. Absolutamente todo, menos los
cascabeles.

Eran rítmicos, cada pocos segundos volvían a sonar, cada vez más rápido,
cada vez más fuertes, cada vez más cerca.

Rodeándola

Tenía que correr. Fue tan rápido como sus heridas se lo permitieron, si había
vidrio, había una ventana y si había una ventana, había una salida. Deslizó su
mano por toda esa pared, hasta que encontró algo, la había encontrado, y no
lo pensó ni un segundo para pasar a través de ella.

Ese ruido aún la seguía, sacó la linterna de su bolso, parecía dañada y no


quería encender.

Comenzó a golpearla y sacudirla para encenderla a la mala —Carajo, ahora


no, enciende —Y lo logró, encendió.
Misión 077 capitulo 1

—Sí, eso es, eso…

Su sonrisa desapareció y la linterna volvió a apagarse, pero sus ojos aún


brillaban.

Dos puntos plateados, a un metro de altura y dos de distancia, fijos en ella,


inmóviles en la penumbra, viéndola.

Dejó de respirar, su corazón dejó de latir, su brazo dejó de doler y su mente


dejó de pensar, solo se quedó ahí quieta, viéndolo.

Los ojos desaparecieron y reaparecieron lejos de ella a su derecha, luego a su


izquierda, luego dos pares al mismo tiempo, y luego los mismos dos ojos, a
un metro de ella, e intentó golpearlos con la linterna.

No le dio a nada, pero escuchó a ese ser retroceder —¡Atrás! ¡Aléjense de


mí!

Miró a su alrededor y no había nada, se habían ido. Creyó haberlo logrado,


pero sintió una punzada, al bajar la mirada, vio lo que parecían ser 3 agujas
de veinticinco centímetros, incrustadas en su pierna. Gritó, como nunca lo
había hecho.

Intentó con todas sus fuerzas correr en sentido contrario.

—¡No! ¡No, por favor no! —rogó mientras escuchaba las risas de esas cosas
—¡Fuera! ¡Auxilio, por favor!
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Una de esas criaturas corrió para derribarla, cayendo de espaldas —Dios,


¡Ayuda! —Se arrastró agonizante por esa tierra.

Intentó levantarse para correr, pero un fuerte látigo la golpeó en la cara


rompiendo la máscara.

El aire venenoso entro en sus pulmones, empezó a toser de manera


incontrolable, escupiendo sangre, luego perdió la capacidad de respirar por
completo, su cuerpo se tensó, y sus dedos se engarrotaron.

Lo último que vio fue la boca de uno de esos animales en su rostro, siendo
detenida por la mano de un hombre. Un hombre alto, fuerte, y valiente que
se enfrentó a esas cosas con sus propias manos, y finalmente se desmayó.

Primero fue el olor a humedad, luego sintió como su cuerpo se deshacía en


mil pedazos, no había una pestaña que no le doliera como el infierno. Estaba
en una sucia y mohosa sala de hospital, cubierta por unas sábanas grises que
alguna vez fueron blancas. Su brazo herido estaba mal cosido, cubierto por
unas gasas sucias, intentó enderezarse, pero le ganó un shock de dolor por
toda la parte izquierda de su cuerpo. Sintió en la almohada su pelo corto y
rizado, notando que no tenía máscara, no sabía cómo estaba respirando,
pero no le preocupaba

Aunque adolorida estaba contenta, parecía un lugar seguro, estaba a salvo,


lejos de esas cosas, tal vez papá estaba cerca, preocupado, pensando en ella.

—Pá ¿estás ahí?


Misión 077 capitulo 1

Vio su bolso en una mesita al lado de la cama, se estiró, pero no lo alcanzó,


se decidió a intentar levantarse de nuevo, se quitó la sábana, y vio por qué
dolía tanto

—No, no, no, no, no —Su voz se quebró, y empezó a llorar —Papá… papá

Aún seguía ahí, aún la sentía, aún podía sentir la punta de sus dedos. Casi se
arrastró para tocarla, tal vez estaba en un sueño, tal vez era una pesadilla,
solo tenía que despertar, pero no, no estaba, no estaba ahí, su pierna no
estaba ahí.

—¡PAPÁ! — Gritó la pobre niña entre lágrimas, dando hasta su último aliento
para que alguien la escuchara

Solo le quedó llorar, no solo del dolor, también del miedo, de la impotencia.
Estaba sola, nadie iba a salvarla, nadie iba a ayudarla.

Se tiró al suelo para alcanzar el bolso, tirando la mesa con herramientas


médicas, con la esperanza de llamar a esa única persona que podía hacer
algo, pero estaba vacío. Eso fue todo, su cuerpo y mente quedaron en un
completo vacío, no podía hacer más que llorar amargamente en ese suelo. Ya
no le quedó hacer nada, solo esperar a morir, así entendió lo que sintió el
hombre de la tienda.

Pegada a una pared, hecha pedazos, sola, con la esperanza de que todo
acabe, escuchando los pasos de alguien quien podía ayudarla.

El hombre que la salvó seguro la trajo aquí, pero le había arrancado una
pierna ¿Por qué lo había hecho? ¿la salvó para comérsela el mismo? Vio un
Misión 077 capitulo 1

bisturí en el suelo y lo levantó apuntando directo a la puerta, esperando a


que entrara

Cuando entró, vio todo menos a un hombre, mucho menos a un príncipe


azul. Era un sujeto de más de dos metros de alto, de gran joroba, cubierto
por una andrajosa y pútrida manta negra, sosteniendo un tazón, debajo de su
barba blanca, con algo verde dentro, con unas largas e hinchadas manos, lo
que parecían músculos en la oscuridad, eran más parecidos a bultos de
sangre por todo su cuerpo. El vio a la niña tirada como un animal herido, y
solo pudo verla con asco, mientras lucía un uniforme militar.

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