Literatura Grecolatina: Análisis Crítico
Literatura Grecolatina: Análisis Crítico
INSTRUCCIONES GENERALES
● Lee cuidadosamente cada una de las indicaciones para la realización de la actividad
de aprendizaje.
● Valor de la actividad: 20 puntos.
Héroe literario
Concepción del amor
El mal, el pecado, el dolor y
la muerte
II. Individualmente lee los siguientes fragmentos y equipo contesta las preguntas que se
plantean al final.
A. La Ilíada
La acción dura 51 días del último año de la guerra de Troya, hecho histórico que se sitúa en
torno al año 1200 a.C. La ciudad lleva nueve años sitiada. Aquiles, uno de los principales
caudillos griegos, enojado porque Agamenón, jefe de las tropas, le ha robado una esclava,
se retira del campo de batalla, lo que acarrea sucesivas derrotas a los sitiadores. Patroclo,
escudero y amigo de Aquiles, sale a luchar con las armas de este y muere a manos de
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Héctor. Para vengarlo, Aquiles se lanza contra los troyanos y se enfrenta a Héctor, a quien
mata. La obra acaba con los funerales de los griegos y los troyanos en honor a Patroclo y
Héctor.
Muerte de Héctor
Desenvainó la aguda espada, grande y poderosa, pendiente a su costado, y, recogiendo sus
fuerzas se adelantó a la manera del águila de alto vuelo que baja al llano por entre las nubes
sombrías para alzarse con el corderillo o la tímida liebre. Tal se encaminaba Héctor
blandiendo la afilada espada. Se adelantó también Aquiles: había henchido su
corazón de salvaje rencor y se puso el bello y primoroso escudo por amparo del pecho,
mientras su figura toda tremolaba en el brillante casco de cuatro crestones, agitadas en torno
las hermosas crines de oro que Hefesto había puesto abundantes en derredor de la cimera.
Como en mitad de la noche camina la más hermosa estrella colocada en el cielo, así
destellaba la aguda lanza que Aquiles que agitaba en su mano derecha, meditando perdición
para el divino Héctor. Contemplaba la hermosa piel viendo por dónde sería más vulnerable.
Ese lugar se mostraba en la garganta, en el punto en que las clavículas separan el cuello de
la región de los hombros, donde es más rápida que en ningún otro sitio la destrucción de la
vida. Todo lo demás de ella estaba cubierto por las bellas armas de bronce de que había
despojado a Patroclo después de matarle. Por allí, encontrándolo aún ganoso de lucha, se
tiró con su lanza el divino Aquiles y la punta atravesó de parte a parte la suave cerviz; pero
no le cortó la tráquea el pesado bronce, ya que aún pudo hablar y dar alguna respuesta.
Cayó, derribado en el polvo y el divino Aquiles se ufanó así:
“Héctor, pensabas, mientras estabas despojando a Patroclo, que habías de quedar salvo. No
te preocupabas de mí, que estaba lejos de allá. ¡Insensato! Aún le quedaba reservado en las
huecas naves un vengador más de pro, y era yo, que acabo de postrar tus rodillas. A ti te
descuartizarán con ignominia los perros y las aves rapaces, mientras a él hacen exequias los
aqueos”.
Héctor, el del casco reluciente, le contestó así, viendo que se le escapaba la vida: “Te pido
por tu vida, por tus rodillas, por tus padres, que no dejes que me devoren los perros junto a
las naves de los aqueos; acepta a tu satisfacción el bronce y el oro que te darán en don mi
padre y su esposa, mi madre, y devuelve mi cadáver a los míos para que los troyanos y sus
mujeres me hagan partícipe del fuego”.
Mirándole torvamente, le increpó así el corredor Aquiles: “No me implores, perro, por mis
rodillas, ni por mis padres. Ojalá que la furia de mi ánimo me llevara a devorar,
descuartizándolas, tus carnes crudas, según lo que me has hecho. No habrá quien aparte de
tu cabeza a los perros, aunque me traigan y me pongan delante diez y veinte veces tu
rescate y me ofrezcan otros encima; aunque el troyano rey Príamo mandara colocar aquí tu
peso en oro. Ni aun así su esposa, tu madre, la madre que te engendró, te llorará puesto en
el lecho, sino que los perros y las aves rapaces te devorarán por entero”.
Moribundo le apostrofó Héctor, el del casco reluciente: “Mirándote estoy y bien te reconozco:
no había de persuadirte, porque tienes en el pecho un corazón de hierro. Cuida ahora, no
vaya yo a ser para ti motivo de la venganza de los dioses aquel día en que, con todo tu valor,
Paris y Febo Apolo acaben contigo en las puertas Esceas”.
Al hablar así le envolvió la muerte, que todo lo extingue. Su alma voló de sus miembros y
marchó al Hades llorando su destino, perdidos su vigor y juventud. Y después de muerto, le
increpó así el divino Aquiles:
“Bien muerto estás; yo recibiré mi suerte cuando Zeus y los demás dioses inmortales quieran
consumarla”.
Así dijo; quitó al cadáver la broncínea lanza y la puso a un lado; despojó después sus
hombros de las armas sangrantes; corrieron entonces a su alrededor los demás hijos de los
aqueos y contemplaron a Héctor en su contextura y admirable belleza. Ninguno se
presentaba que no le hiriese; y cada cual se expresaba así, mirando al que estaba a su lado:
“¡Hola!, ¡cuánto más blando de palpar es Héctor ahora que cuando prendía fuego a las naves
con encendida llama!”.
Así decían unos y otros y, llegándose le herían. El divino corredor Aquiles, después que le
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despojó, se colocó en medio de los aqueos y los arengó con estas aladas palabras: “¡Oh,
amigos, caudillos y jefes de los argivos! Puesto que los dioses nos han dado derribar a este
hombre que nos ha causado tantos males cuantos no todos los demás juntos, vayamos y
tanteemos en torno la ciudad con las armas, para conocer cuál es la intención de los
troyanos: si abandonar la fortaleza, una vez caído éste, o se empeñan en resistir aun
después de desaparecido Héctor. Pero ¿a qué me habla mi corazón de estas cosas? Allá
junto a las naves yace muerto Patroclo sin tributo de lágrimas ni sepultura; no me olvidaré de
él mientras esté entre los vivos, mientras se muevan mis rodillas; y aunque en el Hades los
hombres pierdan la memoria de sus muertos, allí también me acordaré yo de mi amigo.
Ahora, ¡oh, hijos de los aqueos!, volvamos a las curvas naves con el cadáver, entonando el
canto en honor de Apolo: hemos alcanzado una gran gloria; hemos dado muerte al divino
Héctor, a quien los troyanos imploraban en su ciudad como a un dios”.
Así dijo, y maquinó contra el divino Héctor indignos ultrajes: le taladró por detrás los
tendones de uno y otro pie, entre el talón y el tobillo, y los pasó con correas de piel de buey;
lo ató del carro y dejó que arrastrara la cabeza por el suelo. Subió al asiento y, recogiendo
las egregias armas, fustigó a los caballos; volaron ellos bien ganosos y se levantó una
polvareda en tomo del cadáver arrastrado; flotaban a los lados sus cabellos negros, y su
cabeza, antes llena de gracia, yacía toda en el polvo: Zeus la había entregado entonces a
sus enemigos para que la ultrajasen en la propia tierra de sus padres.
B. La Odisea
Cuenta las numerosas aventuras que le ocurren a Ulises, caudillo griego que participó en la
guerra de Troya, de vuelta a su patria, donde le están esperando su mujer y su hijo. El
campo de batalla de la Ilíada es sustituido aquí por el mar, con sus peligros y portentos; y el
guerrero valeroso, por el hombre hábil, prudente y audaz, capaz de sortear todas las
dificultades que lo apartan de su hogar.
En la Odisea persisten la participación divina y el tono legendario y maravilloso propios de la
epopeya (el gigante Polifemo, las Sirenas, la hechicera Circe, etc.), pero a la vez se
describen con gran realismo escenas de la vida familiar y de ambiente marinero, que revelan
en el poeta una gran capacidad de observación.
A lo largo de los diez años que dura el viaje de regreso a su patria tras la guerra de Troya,
Ulises recorre el mar Mediterráneo y sus innumerables islas, y tiene que afrontar multitud de
peligros. Famosos son sus encuentros con Circe, que, con sus mejunjes, convierte a los
hombres en cerdos; con las sirenas, que atraen con su canto a los marineros para hacerles
naufragar; o con Escila, un monstruo de varias cabezas que devora a los marineros que
pasan cerca de su guarida. Ulises sale airoso de todos estos peligros gracias a su
extraordinaria prudencia e inteligencia.
Uno de los episodios más célebres de la Odisea es el enfrentamiento de Ulises con el
cíclope Polifemo, un gigante de un solo ojo, hijo del dios del mar. Ulises entra con sus
compañeros en la cueva de Polifemo. Éste los descubre y devora a varios de ellos. Ulises
idea un plan y consigue clavar una enorme pica en el único ojo del monstruo. Luego escapan
todos escondiéndose entre las ovejas que el cíclope tenía en la cueva.
Al fin, Ulises llega a su patria, la bella isla de Ítaca. Haciéndose pasar por un mendigo,
consigue enterarse de que su esposa, la reina Penélope, se halla en una difícil situación.
Durante su larga ausencia, una serie de ambiciosos pretendientes acosaban a la reina,
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instándola a que volviera a casarse. Sin embargo, ella los burlaba mediante una hábil
estratagema: les decía que se casaría cuando terminara de tejer una túnica. Y la prudente
Penélope deshacía por la noche lo que había tejido de día. Los pretendientes, ansiosos de
ocupar el trono de Ulises, se impacientan por tanto retraso y al fin descubren el engaño. A
partir de ese momento, la reina se ve obligada a concertar su boda.
El ingenioso Ulises consigue que la reina organice un certamen para decidir su matrimonio.
La prueba va a consistir en disparar el arco del rey y el premio será la mano de la reina.
Llegado el día de la prueba, es el propio Ulises, disfrazado de mendigo, el único que
consigue tensar el arco. Al finalizar el certamen en el palacio real, Ulises se da a conocer, se
venga de los pretendientes y reinicia su vida pacífica en su patria.
En el siguiente fragmento que vas a leer, Ulises desafía el poder de las sirenas siguiendo las
instrucciones que Circe le da para resistir su embrujo. Circe era, dentro de la mitología
griega, una maga cuyos encantos transformaban a los hombres en animales. Dentro del libro
de la Odisea, Ulises se dejó amar por ella durante un año en el palacio donde ella habitaba.
Apenas el sol se puso y sobrevino la oscuridad, Circe me cogió de la mano, me hizo sentar
separadamente de los compañeros y, acomodándose cerca de mí me preguntó cuanto me
había ocurrido; y yo se lo conté por su orden. Entonces me dijo estas palabras:
—Oye ahora lo que voy a decir y un dios en persona te lo recordará más tarde: llegarás
primero a las sirenas, que encantan a cuantos hombres van a su encuentro. Aquel que
imprudentemente se acerca a ellas y oye su voz, ya no vuelve a ver a su esposa ni a sus
hijos rodeándole, llenos de júbilo, cuando torna a su hogar, las sirenas le hechizan con el
sonoro canto, sentadas en una pradera en el centro de un enorme montón de huesos de
hombres putrefactos cuya piel se va consumiendo. Pasa de largo y tapa las orejas de tus
compañeros con cera blanca, previamente adelgazada, a fin de que ninguno las oiga; más si
tú deseas oírlas, haz que te aten de pies y manos a la parte inferior del mástil, y que las
sogas se liguen a él: así podrás deleitarte escuchando a las sirenas. Y en caso de que
supliques o mandes a los compañeros que te suelten, átente con más lazos todavía.
Así dijo; y al punto apareció la Aurora, de áureo trono. La divina entre las diosas se internó
en la isla, y yo, encaminándome al bajel, ordené a mis compañeros que subieran a la nave y
desataran las amarras. Embarcáronse acto seguido y, sentándose por orden en los bancos,
comenzaron a batir con los remos el espumoso mar. Por detrás de la nave de azulada proa
soplaba próspero viento que henchía la vela; buen compañero que nos mandó Circe, la de
lindas trenzas, deidad poderosa, dotada de voz.
Colocados los aparejos cada uno en su sitio, nos sentamos en la nave, que era conducida
por el viento y el piloto. Entonces alcé la voz a mis compañeros, con el corazón triste, y les
hablé de este modo:
—¡Oh amigos! No conviene que sean únicamente uno o dos quienes conozcan los vaticinios
que me reveló Circe, la divina entre las diosas; y os los voy a contar para que, sabedores de
ellos, o muramos o nos salvemos, librándonos de la Parca (una de las tres diosas que
hilaban y cortaban el hilo de la vida humana). Nos ordena lo primero rehuir la voz de las
divinales sirenas y el florido prado en que éstas habitan. Sólo yo debo oírlas, pero atadme
con fuertes lazos, en pie y arrimado a la parte inferior del mástil para que me esté allí sin
moverme. Y en el caso de que os ruegue o mande que me soltéis, atadme con más lazos
todavía.
Mientras hablaba, la nave llegó muy presto a la isla de las sirenas, pues la empujaba un
viento favorable. Desde aquel instante echóse el viento y reinó sosegada calma, pues algún
dios adormeció las olas. Levantáronse mis compañeros, amainaron las velas y pusiéronlas
en la nave; y, habiéndose sentado nuevamente en los bancos, emblanquecían el agua,
agitándola con los remos de pulimentado abeto. Tomé al instante un gran pan de cera y lo
partí con el agudo bronce en pedacitos, que me puse luego a apretar con mis robustas
manos. Pronto se calentó la cera, porque hubo de ceder a la gran fuerza y a los rayos del
soberano Sol, y fui tapando con ella los oídos de todos los compañeros. Atáronme éstos en
la nave, de pies y manos, derecho y arrimado a la parte inferior del mástil, ligaron las sogas
al mismo; y, sentándose en los bancos, tornaron a batir con los remos el espumoso mar.
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Hicimos andar la nave muy rápidamente, y, al hallarnos tan cerca de la orilla que allá
pudieran llegar nuestras voces, no les pasó inadvertido a las sirenas que la ligera
embarcación navegaba a poca distancia y empezaron un sonoro canto:
—Sea, célebre Odiseo, ¡gloria insigne de los griegos! Acércate y detén la nave para que
oigas nuestra voz. Nadie ha pasado en su negro bajel sin que oyera la suave voz que fluye
de nuestra boca, sino que se van todos, después de recrearse con ella, sabiendo más que
antes, pues sabemos cuántas fatigas padecieron en la vasta Troya griegos y troyanos por la
voluntad de los dioses, y conocemos también todo cuanto ocurre en la fértil tierra.
Esto dijeron con su hermosa voz. Sintióse mi corazón con ganas de oírlas, y moví las cejas,
mandando a los compañeros que me desatasen; pero todos se inclinaron y se pusieron a
remar. Y, levantándose al punto Perimedes y Euríloco, atáronme con nuevos lazos, que me
sujetaban más reciamente. Cuando dejamos atrás las sirenas y ni su voz ni su canto se oían
ya, quitáronse mis fieles compañeros la cera con que había yo tapado sus oídos y me
soltaron las ligaduras.
Esquilo dramatiza en esta tragedia el tema del poder y del sufrimiento: ¿Es justo castigar a
un rebelde? ¿Hay normas que deben ser respetadas tanto por el poderoso como por el
débil? ¿Cómo conciliar autoridad y libertad? ¿Puede el sufrimiento hacernos libres?
Prometeo era un titán, uno de los primitivos dioses a quienes Zeus había derrotado con el
poder del rayo y la inteligencia. A él se atribuye una función civilizadora de la humanidad:
introdujo los sacrificios, inventó algunas artes, nos donó el fuego... Precisamente por esto,
por robar el fuego sagrado y entregarlo a los hombres, a quienes Zeus pretendía aniquilar
para crear una raza nueva, éste lo encadenó a una roca del Cáucaso, donde un águila le
devoraba constantemente las entrañas. Pero Prometeo sabe un secreto que no revelará a
nadie: que un hijo de Zeus (Heracles) llegará a ser más fuerte que su mismo padre y vendrá
a librarlo de sus cadenas. La obra acaba con Prometeo, solo, invocando a la Tierra, su
madre, para que contemple su sufrimiento y le dé fuerzas para resistirlo.
Prometeo representa todas las tendencias que nos empujan a saber, porque no es lo mismo
entender que saber; saber es saber hacer. Y nos empuja a saber más que nuestros
maestros. El hombre no está sujeto a ningún límite, Dios le hace libre. En esta obra, Esquilo,
enumera minuciosamente los beneficios que la Humanidad debe a Prometeo: el cómputo del
tiempo, el alfabeto, los números y la aritmética, la memoria, la doma y utilización de los
animales, la medicina, la navegación, la ciencia de predecir el futuro. Tantos beneficios y
bondad provocaron los celos de los dioses.
PROMETEO
En su alma yo insuflé ciega esperanza.
CORIFEO
¡Qué gran bien dispensaste a los mortales!
PROMETEO
Pues, además, diles el don del fuego.
CORIFEO
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Evidencia o producto
Condiciones de entrega
Criterio Valor
Portada Obligatoria
Cuadro comparativo 7 puntos
Texto A 5
Texto B 4
Texto C 4
Ortografía y redacción Obligatoria
Total 20 puntos
ANEXO 1
ANTIGUA GRECIA
Ubicación histórico-temporal, política, cultural, social y económica
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Aunque hay mitos griegos que se remontan al siglo XIII a.C, fue el V a.C. el siglo griego por
excelencia, el siglo en que Atenas fue la gran vencedora de las Guerras Médicas, que
culminaron con las victorias de Maratón y Salamina. Su decadencia vendría tras la guerra del
Peloponeso contra Esparta. Los griegos concibieron la democracia como la forma más justa e
igualitaria para gobernar a los pueblos. Las ciudades griegas recibían el nombre de polis. La
población se agrupaba en tres clases sociales: los nobles, grupo militarizado y preponderante;
los hombres libres, grupo mayoritario formado por artesanos, ganaderos y los labradores
independientes; los jornaleros, normalmente formado por los extranjeros de los pueblos
vencidos.
La economía estaba basada en la agricultura mediterránea: cereales, viñas y olivos. Un 80% de
la población estaba dedicada a ella. La madera estuvo explotada de forma intensiva. Tuvo
también importancia el comercio marítimo y poca la ganadería de ovejas y cabras.
Desarrollaron la apicultura. La miel era el único producto que usaban para endulzar.
Todas las manifestaciones culturales del pueblo griego se caracterizan por un hondo sentido de
la mesura, del equilibrio, de ahí su gusto por la sencillez, la claridad y la proporción. Su arte y su
literatura, hechos a la medida de la naturaleza humana, son fáciles de comprender y de admirar
porque carecen de las exageraciones, la desbordante fantasía, el lujo y la grandiosidad propios
de los pueblos orientales.
Afirman el orden y el valor de la naturaleza y de lo natural.
❖ El conocimiento de uno mismo para convertirse en lo que uno es realmente y darlo a conocer
a los demás, imprescindible para alcanzar la madurez, el equilibrio y la paz interior (Sócrates).
❖ El idealismo: el verdadero mundo es el de las ideas al que vuelve el alma cuando se libera de
las cadenas del cuerpo al morir (Platón).
❖ El dominio de las pasiones, la serenidad y la felicidad de la virtud (Estoicismo de Zenón de
Citio).
❖ Búsqueda del placer y huida del dolor como motivos centrales de la vida (Epicureísmo del
filósofo griego Epicuro).
❖ Mantenimiento de una mente sana en un cuerpo sano (deporte, Olimpiadas).
Los griegos eran politeístas, es decir, creían en muchos dioses. La fuente principal de
inspiración para los griegos es su mitología: el riquísimo tesoro de creencias y leyendas
religiosas que ellos consideraban la prehistoria de su país. La tradición oral les había legado
tantos acontecimientos y anécdotas en torno a sus dioses (largas y crueles guerras, truculentas
historias familiares, amores y odios, aventuras, venganzas...), que no tuvieron necesidad de
inventar nuevos argumentos, les bastó con recrear los ya existentes. Los dioses griegos no
presentan el aspecto terrorífico ni encarnan la perfección absoluta que caracteriza a los de otros
pueblos. Están muy próximos a nosotros, porque tienen todas nuestras debilidades y nuestros
vicios, pero también todas nuestras virtudes. Los griegos no podían aceptar que fuera el propio
hombre el responsable último de la terrible maldad que observaban en sus vidas y para aliviar
la culpabilidad y la desazón de conciencia apelaron a la malevolencia de los dioses.
Para los griegos, los dioses no estaban en el exterior del mundo, ellos no habían creado el
universo ni a los hombres, pero se habían creado a sí mismos. No habían existido siempre; no
eran eternos, sin principio ni fin, sino sólo inmortales (nacimiento sin muerte). Esta inmortalidad
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No hubiera sido posible una literatura tan perfecta sin una lengua rica y desarrollada, adaptable
a la prosa y al verso, a la expresión del sentimiento y de las ideas. Y el idioma griego lo fue, por
la abundancia de su vocabulario, la flexibilidad de su sintaxis y su entonación casi musical.
Donde más destacaron los griegos fue en los géneros propiamente literarios: la poesía épica, la
poesía lírica y el teatro, aunque cultivaron también la filosofía, la historia y la oratoria.
La razón de la perdurabilidad de las grandes obras de la literatura griega es que en ellas se
ofrecen imágenes muy certeras de la existencia humana en situaciones tales que ponen en
evidencia las luces y las sombras del hombre esencial.
Visión del ser humano.
El héroe literario
La difícil tarea que incumbe a todos los hombres es conocerse a fondo, tener conciencia de sí,
darse a conocer y a actuar heroicamente, aun a riesgo de sucumbir en el intento. El héroe
literario clásico griego se caracteriza por ser un híbrido de hombre y dios que actúa en el interior
de un sistema cósmico plenamente ordenado y controlado por los dioses. Para ellos, la vida es,
ante todo, gesta. Estos héroes no aparecen nunca como seres impecables, exentos de
sombras y errores, sino que se dejan llevar en muchas ocasiones por la pasión y la desmesura.
Las pasiones son el gran móvil interno de la vida.
Con ello, aparece acentuada su plena condición humana y se hace más asequible su
ejemplaridad. Así Aquiles, que destaca por su gran fuerza y valor, antepone su fama y gloria por
encima de todo con lo que se muestra cruel y libertino en muchas ocasiones. En cambio,
Héctor, representa simplemente la bondad. Es presentado como un jefe de notable grandeza de
ánimo, que nunca pierde el control y permanece sereno tanto en las victorias como en las
derrotas. Su firmeza y ecuanimidad están sostenidas por su gran confianza en la protección de
los dioses. Con su figura ha querido Homero hacer resaltar la alta virtud de un hombre bueno,
sobre el fondo durísimo y sangriento de tantas batallas heroicas.
El amor
Piensan en Eros como un impulso que los dioses generan en los hombres para que, al
contemplar la belleza, se remonte de lo corporal a lo espiritual, hasta llegar a la misma idea
divina de belleza. El amor para ellos es el deseo de una unión total y completa con el amado.
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El anhelo de trascendencia
Experimentaban al hombre como un ser inacabado, de ahí que sienta siempre la necesidad de
ser y de poseer más. Entendían las pasiones como un esfuerzo para dar sentido a la vida y
para trascender una existencia que tiende a ser banal y a satisfacerse vegetativamente. Las
tragedias no eran para ellos resultado de un fenómeno psicológico, sino de una intervención
sobrenatural. Se interesan fundamentalmente por el destino último del hombre. Sus grandes
obras literarias debían reflejar el deseo de vivir, el deseo de ser y el de permanecer mediante el
mito cíclico del eterno retorno, generado por la creencia en la resurrección.
La lírica
Los griegos solían entonar en las fiestas unos cantos acompañados por la lira. De ahí proviene
la palabra lírica.
Los principales poetas líricos griegos fueron:
➢ Safo. Cantó con un lenguaje natural y ausente de artificio a la juventud, a la vida, a la belleza
y al amor.
➢ Anacreonte. Cantó a los placeres de la vida en un tono ligero y burlón.
➢ Píndaro. Destacó en la lírica coral en honor a los vencedores de los Juegos olímpicos.
El teatro griego
La tragedia
El teatro griego tiene su origen en las fiestas en honor a Dionisos, dios del vino y los placeres.
La tragedia es una de las grandes creaciones del pueblo griego y estaban inspiradas en la
épica de Homero.
Se trata de un subgénero dramático que pone en escena a personajes nobles que se ven
arrastrados por el destino hacia un desgraciado final. Su periodo de esplendor fue entre los
siglos V y IV a.C. En las tragedias griegas los dioses se vengan de los mortales para
suscitar en el espectador el temor a las fuerzas sobrenaturales. Son obras admirables y su
perdurabilidad en el tiempo se debe a que ofrecen imágenes muy certeras de la existencia
humana en situaciones tales que ponen en evidencia las luces y las sombras del hombre
esencial. Se interesan por el destino último del hombre haciendo una interpretación sagrada de
este colocado en situaciones límite.
Esquilo
(525-456 a.C.). Fue quien introdujo las innovaciones que dieron forma definitiva a la tragedia,
sobre todo al incluir en escena, además del coro, dos personajes y más tarde, influido por
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La comedia
Este subgénero dramático que pretende divertir mediante el humor y la sátira fue creado por el
griego Aristófanes. Atacó a los políticos en Lisístrata; a los filósofos en Las nubes y a los
escritores en Las ranas. Nos permite conocer perfectamente las costumbres y a la gente de la
Atenas de su tiempo.
El comediógrafo griego más importante fue Menandro, quien dotó a la comedia de una mayor
dignidad evitando la chocarrería que se encuentra en Aristófanes. Sus mejores obras son El
misántropo y El arbitraje.
La prosa
Cabe citar las fábulas de Esopo; las novelas Dafnis y Cloe del escritor Longo y Las etiópicas o
Teágenes y Cariclea de Heliodoro. Pero, muy especialmente, Los diálogos, de Platón.
ANTIGUA ROMA
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Los romanos dominaron todo el Mediterráneo durante unos seis siglos y medio y se extendieron
por Europa, África y Asia. Los principales factores de sus victorias fueron la solidez de sus
disciplinadas legiones, una hábil diplomacia, que siempre le proporcionó aliados y la tenacidad
de los grupos dirigentes de la República que consiguieron una gran unidad en torno a la capital.
Pero el imperio terminó siendo un gigante con pies de barro, ya que acabó convirtiéndose en un
mundo que carecía de todo ideal que no fuera el de aumentar el número de placeres. Las
antiguas y vigorosas tradiciones campesinas, la piedad religiosa, el trabajo duro, el sentido de la
justicia, el rechazo a las ambiciones particulares, decayeron en beneficio de las ideas y formas
de vida refinadas y lujosas del helenismo.
Probablemente, nunca en la historia la diferencia entre las distintas clases sociales ha sido tan
grande. Los patricios eran la clase rica dominante y despilfarraba en lujos y en placeres las
grandes sumas conquistadas en guerras y adquiridas tras exprimir con duros impuestos a los
habitantes de las colonias. Ello contrastaba con la pobreza de los plebeyos y esclavos. El
inmenso botín acumulado en el Imperio benefició especialmente al grupo social del Senado,
presa de una voracidad y corrupción insostenibles.
En sus comienzos, Roma era un pueblo de campesinos, pero su gran engrandecimiento hizo
que tuvieran lugar todo tipo de actividades económicas. Pero cometieron el error de basar la
economía en la esclavitud, lo que suponía que no se preocuparan por impulsar avance técnico
alguno y la productividad era mínima. La capital acumuló una población parasitaria de unas
200000 personas, peligroso venero de revueltas. Para mantenerla en calma, se recurrió a la
entrega de grano y a organizar espectáculos truculentos que minaron el antiguo espíritu
esforzado y laborioso del pueblo romano. Con la expresión panem et circenses, Juvenal criticó
estas prácticas demagógicas.
El periodo romano-hispánico fue el de mayor prosperidad, prestigio y moderación política de la
institución imperial.
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determinados fines. De todos conocidos fueron los envenenamientos cuando alguien estorbaba
u otro tipo de prácticas que ponen de manifiesto el desprecio hacia la vida humana.
La figura del héroe se distinguía por una sabiduría ecuánime, la cual afirmaba gozosamente por
encima de todo lo demás. Considera que todo lo que no entra en el orden y valor de la
naturaleza y de lo natural, es decir, lo irracional, era nocivo y malo, aun cuando procediera de la
divinidad.
El amor
Para los romanos el matrimonio era una tapadera social, al margen de la cual marido y mujer
tenían su vida sexual y amorosa. Por lo tanto, la vida familiar era prácticamente inexistente. La
prostitución, tanto masculina como femenina, estaba perfectamente organizada y proliferaba
por doquier. La ausencia de compromiso provocó un preocupante descenso de matrimonios. La
falta de hijos, el aborto, práctica corriente en aquella sociedad, así como el abandono o el
asesinato de niñas (se ha estimado una ratio de 140 varones por cada 100 mujeres en el siglo
I), contribuyeron, en gran medida, primero al debilitamiento, y, finalmente, a la caída del imperio.
De forma paralela, llama la atención cómo las muestras de amor dadas por un grupo marginal
judío, los cristianos, pudo convertirlos en tres siglos en el fundamento más importante de
Occidente. Esas muestras de amor se veían en los mártires, cuya entereza impresionaba a los
paganos; en el comportamiento solidario en las epidemias, consiguiendo una tasa de
supervivencia hasta tres veces mayor; el respeto a la vida humana y a su transmisión en el
seno de una familia; su ética sexual-familiar y en el respeto a la mujer. Los cristianos
consideraban sagrado el vínculo conyugal y no se divorciaban, a diferencia de los romanos y el
resto de los paganos. Abominaban el aborto y valoraban la transmisión de la vida.
Con el cristianismo se inauguró en el imperio una sociedad que no margina ni excluye a nadie y
hace la vida de todos más humana.
El anhelo de trascendencia
Al mezclarse en la cultura latina los esquemas mágicos y míticos de la reintegración con las
creencias cristianas, se generaron formas muy vivas de comunicación con el más allá.
Al Imperio Romano hay que agradecerle la vivificación y la difusión de la cultura griega, cuando
ya había entrado en franca decadencia. Gracias a Roma, la literatura, el arte y el pensamiento
clásicos fueron universalmente conocidos y aceptados. Las primeras manifestaciones fueron de
escritores griegos afincados en Sicilia.
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Bachillerato en Artes y Humanidades
Centro de Educación Artística
“Ermilo Abreu Gómez”
• Su preferencia por los géneros didácticos (tratados morales, historia, oratoria, ciencia...) y por
un lenguaje sobrio y austero, como corresponde a un pueblo de mentalidad eminentemente
práctica, que acostumbraba a yuxtaponer, o anteponer, lo útil a lo bello.
Horacio
Quinto Horacio Flaco (65-8 a.C.) nació en Venusia y murió en Roma. Su obra está compuesta
por:
Los Épodos. Diecisiete poesías, homenajes a amigos y diversas sátiras. Contienen la famosa
composición «De la vida del campo», sobre el tópico del beatus ille o elogio de la tranquila vida
en el campo.
Las Sátiras tratan diversos temas relacionados con la moral y las costumbres de los romanos.
Las Odas son ciento tres composiciones de gran riqueza y perfección estilística y métrica. No
tienen los matices irónicos o sarcásticos de las obras anteriores y se dedican a cantar los
placeres cotidianos y a celebrar las pequeñas experiencias y los objetos de la vida diaria (una
fuente, la vieja ánfora, un pino...).
La Epístola a los Pisones o el Arte Poética son cuatrocientos setenta y seis versos, en forma de
carta, dirigida a los hijos de Pisón, en los que expone preceptos literarios.
Ovidio
Poeta muy culto y de una facilidad y fluidez excepcionales. Su lirismo es de estímulos brillantes
y optimistas.
• En su obra mores trata temas eróticos.
• Las Heroidas son cartas ficticias de parejas mitológicas enamoradas.
• En el Arte de amar da consejos para enamorar.
• En las metamorfosis se producen transformaciones de los personajes.
El teatro. La comedia
Plauto
Representó comedias de enredo cuyos personajes eran representantes de la gente vulgar y
grotesca: el fanfarrón, el glotón, el sabelotodo, el viejo ridículo. Sus personajes hablan con una
verborrea llena de color, refranes y expresiones callejeras. Influyó poderosamente en el teatro
occidental. Sus comedias más importantes son El Anfitrión y La olla.
Terencio
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Sus personajes no son tan grotescos como los de Plauto. Crea una comedia ciudadana en la
que hay un fino estudio psicológico de los personajes. Su mejor obra es El eunuco.
La novela
El Satiricón de Petronio.
El asno de oro de Apuleyo. Ambas servirán como modelo a la novela picaresca.
La historia
Julio César. Guerra de las Galias.
Salustio. La conjuración de Catilina.
Música
Destacan como músicos Aristófanes y Safo de Lesbos.
Cine
Son dignas de mención las películas Troya, Jasón y los argonautas, La Odisea, Las troyanas,
Lisístrata, 300, Gladiator, Espartaco, Ben-Hur, Yo, Claudio.
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