Juan 7:10; 24
"Jesús subió a la fiesta, no abiertamente, sino como en secreto “Al terminar el estudio
anterior vimos que Jesús había decidido no subir con sus hermanos a la fiesta de los
tabernáculos.
Parece que lo hizo un poco después que ellos, y tal como les había dicho, fue en
secreto, lo que probablemente quiere decir que lo hizo de manera discreta, intentando no
llamar la atención.
Así pues, no aceptó el consejo que le habían dado para que se presentara en Jerusalén
de forma pública, llamando la atención de la gente en su entrada a la ciudad (Jn 7:3-4).
Sin embargo, este sigilo sólo tenía que ver con su viaje y llegada a Jerusalén, puesto que
como luego veremos, una vez allí él enseñó públicamente a todos.
"Le buscaban los judíos en la fiesta"
El evangelista nos dice que en toda Jerusalén había una creciente expectación ante la
posibilidad de que Jesús fuera a la fiesta. Él no había vuelto a Jerusalén desde aquella
ocasión cuando se había enfrentado con los judíos en el capítulo 5. Recordamos que
entonces los líderes judíos habían decidido matarle porque sanó a un paralítico durante
un día de reposo y también porque había afirmado que Dios era su Padre (Jn 5:18).
Por lo tanto, es probable que quienes ahora le buscaban fueran esos mismos líderes
hostiles de Jerusalén, y su propósito siguiera siendo el de cumplir sus deseos de acabar
con él. Ahora bien, esto no quita que también el pueblo llano tuviera curiosidad por ver
si aparecería, de ahí que "había gran murmullo acerca de él entre la multitud" (Jn 7:12).
Está claro que las autoridades judías deseaban matarlo, pero ¿cuál era el interés que las
multitudes tenían en él? Tal vez querían volver a beneficiarse de alguno de sus milagros
(Jn 6:26), o simplemente estaban expectantes esperando para ver cuál sería el desenlace
final en este conflicto entre Jesús y los líderes judíos.
Unos decían: Es bueno; pero otros decían: No"
Está claro que la persona de Jesús no dejaba indiferente a nadie. A lo largo de todo el
pasaje se aprecia que las multitudes estaban muy divididas en cuanto a él. Algunos
pensaban que era un hombre bueno, que hacía el bien, moralmente justo, un buen
enseñador de las Escrituras, el profeta, o incluso el Cristo de Dios, mientras que otros
estaban convencidos de que era un impostor, un falso profeta, un blasfemo, alguien
interesado en atraerse a las masas congraciándose con ellas con fines egoístas. Como
sabemos, la discusión de antaño se prolonga hasta nuestros días. ¿Quién es Jesús? Al fin
y al cabo, sólo caben esas dos posibilidades: O bien su poder y autoridad provenían del
hecho de que era el Hijo de Dios, o se trataba de un impostor diabólico y blasfemo.
Todo el capítulo está lleno de preguntas acerca de quién es Jesús: "¿Cómo sabe éste
letras, sin haber estudiado?" (Jn 7:15), "¿Habrán reconocido en verdad los gobernantes
que éste es el Cristo?" (Jn 7:26), "El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las
que éste hace?" (Jn 7:31) "¿A dónde irá éste, que no le hallemos?" (Jn 7:35), "¿De
Galilea ha de venir el Cristo?" (Jn 7:41).
Hasta ahora el evangelista sólo está introduciendo el hecho de que la gente estaba
dividida en cuanto a la persona de Jesús, pero luego tratará en detalle cuáles eran los
asuntos concretos que causaban esta división. Aquí los adelantamos brevemente:
1. Su carácter (Jn 7:12). Mientras que algunos decían que era "bueno", otros
pensaban que no lo era y que engañaba al pueblo.
2. Su doctrina (Jn 7:14-18). Cuando Jesús enseñaba la gente se admiraba de su
doctrina, porque hablaba "como quien tiene autoridad" (Mr 1:22). Hasta los
mismos alguaciles que fueron a prenderle cuando enseñaba en el templo,
regresaron diciendo: "¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!" (Jn
7:46). Sin embargo, los líderes judíos cuestionaron su enseñanza porque no
había estudiado en ninguna de sus escuelas rabínicas.
3. Su motivación (Jn 7:18). Los judíos no sólo pensaban que él promovía sus
propias ideas, sino que lo hacía para conseguir fama y honra para él mismo. Pero
no había nada en sus palabras o actitudes que hiciera sospechar tal cosa, de
hecho, cuando hablaba, siempre dejaba claro que su propósito era buscar la
gloria del Padre que le había enviado.
4. Sus obras (Jn 7:19-24). El Señor había sanado a un paralítico en el día de reposo.
Esto fue interpretado por los judíos como una clara transgresión de la ley. El
hecho milagroso había pasado inadvertido para ellos, y tampoco valoraron que a
aquel hombre se le había devuelto su dignidad y podía volver a disfrutar del día
de reposo como hacía años que no lo hacía. Pero ellos desaprobaron todo esto
bajo la excusa de que había sido hecho en día de reposo. Sin embargo, como
luego veremos en el desarrollo del pasaje, el Señor les mostró que eran
contradictorios en su aplicación de lo que se podía hacer en el día de reposo, y lo
que aún era más grave, ellos mismos estaban transgrediendo la ley de manera
flagrante cuando procuraban matarle.
5. Su origen (Jn 7:25-31). Los judíos creían que el nacimiento del Mesías sería
misterioso y sobrenatural. Por esa razón descartaron que Jesús pudiera ser el
Mesías, ya que ellos pensaban que sabían de dónde era. Es más, llegaron a
acusarle incluso de haber nacido de fornicación (Jn 8:41). Ellos no creían que
hubiera nacido virginalmente de María. Frente a esto, Jesús afirma una y otra
vez que él había venido del Padre. Y como hombre, había nacido en Belén, tal
como había anunciado el profeta siglos atrás (Mt 2:4-6) (Mi 5:2).
6. Su destino (Jn 7:32-36). Jesús les anunció que todavía estaría un poco de tiempo
con ellos y luego volvería al que le había enviado. Con esto se refería a su
regreso a la gloria con el Padre después de haber acabado su Obra en este mundo
(Jn 17:4-5). Pero otra vez más los judíos no entendieron lo que les decía y
empezaron a elucubrar sobre la posibilidad de que se fuera a los dispersos entre
los griegos.