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Modulo 1

El curso de Vida Humana Internacional busca capacitar a las personas en la defensa de la vida y la familia ante la cultura de la muerte, que incluye el aborto y la eutanasia. Se organiza en diez módulos que abordan temas fundamentales como la dignidad humana, la vida prenatal, y la educación sexual, enfatizando la importancia de la vida espiritual y la formación conceptual. Se invita a todos, especialmente a los católicos, a ser provida y a defender la dignidad de toda vida humana desde la concepción hasta la muerte natural.
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Modulo 1

El curso de Vida Humana Internacional busca capacitar a las personas en la defensa de la vida y la familia ante la cultura de la muerte, que incluye el aborto y la eutanasia. Se organiza en diez módulos que abordan temas fundamentales como la dignidad humana, la vida prenatal, y la educación sexual, enfatizando la importancia de la vida espiritual y la formación conceptual. Se invita a todos, especialmente a los católicos, a ser provida y a defender la dignidad de toda vida humana desde la concepción hasta la muerte natural.
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Vida Humana Internacional

Sección hispana de
Human Life International

Lección 1: ¿Qué significa ser provida?

1. ¿Por qué este curso es importante?


Estamos en medio de una “cultura” de muerte. Por ejemplo, cada año tienen lugar en el mundo
más de 40 millones de abortos1, sin contar los cientos de millones más causados por los
principales anticonceptivos abortivos en uso hoy en día. Se trata del holocausto de víctimas
inocentes más grande de la historia. En ninguna guerra se ha
matado a tanta gente. Y lo grave del asunto, como ha señalado Con la ayuda de Dios,
el Papa San Juan Pablo II, es que ello ocurre con la aceptación voy a estudiar mucho,
para así defender la vida
impávida de una sociedad engañada por los medios de difusión con más eficacia.
y por organizaciones y gobiernos que se presentan como
“progresistas” y promotores “de la libertad”2. Es necesario
capacitar con eficacia a las personas que están interesadas en defender la vida y la familia.

Este curso de capacitación a favor de la vida y la familia está dirigido


a toda persona interesada en defenderlas. La situación es muy urgente
y todos tenemos la responsabilidad de defender la vida y la familia.
Una vez recibida esta capacitación, el estudiante podrá insertarse en
un campo específico provida al cual Dios le llame y para el cual
recibirá una información más especializada, por ejemplo, centros de
ayuda a la mujer embarazada, reconciliación y sanación postaborto,
etc.

Aunque este curso ha sido preparado desde una perspectiva católica, cualquier persona se puede
beneficiar de él. Como veremos más adelante, la Iglesia Católica cree firmemente que el ser
humano tiene dos fuentes de conocimiento de Dios y la realidad: la fe y la razón. Ambas tienen
su origen en Dios y por ello no puede haber contradicción entre las dos. La razón da lugar a la
ciencia y a la ley natural (ley moral universal), cuyos principios son comunes a todas las
personas y entre los cuales se encuentran la defensa de la vida humana, el matrimonio y la
familia – los temas fundamentales de este curso.

1
Calvin Freiburger, “Abortion again tops worldwide causes of death in 2019 at more than 42 million,”
LifeSiteNews.com, 2 de enero de 2020. https://www.lifesitenews.com/news/abortion-again-tops-worldwide-causes-
of-death-in-2019-at-more-than-42-million?utm_source=LifeSiteNews.com&utm_campaign=84e5a24156-
Daily%2520Headlines%2520-%2520U.S._COPY_667&utm_medium=email&utm_term=0_12387f0e3e-
84e5a24156-401367717.
2
Véase: Juan Pablo II, Encíclica El Evangelio de la Vida, 25 de marzo de 1995, número 17.
http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html.
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2. ¿Cómo está organizado este curso?


Según la doctrina de la Iglesia hay varios principios “no negociables”3, que, para los efectos de
nuestro curso, podemos resumir en los siguientes: (1) La defensa de la vida humana ante el
aborto y la eutanasia en todas sus formas, (2) la defensa del matrimonio entre un hombre y una
mujer, (3) La defensa de los padres de ser los primeros y principales educadores de sus hijos y (4)
la defensa del derecho de conciencia y la libertad religiosa.

Basados en estos principios, los principales temas que vamos a abordar son los siguientes, que
son, al mismo tiempo, los títulos de los diez módulos en los que hemos organizado este curso:

1. Dignidad humana, persona y teología del cuerpo (I).


2. Vida prenatal y teología del cuerpo (II).
3. Anticoncepción y esterilización vs. Métodos naturales de reconocimiento de la fertilidad.
4. “Educación” sexual vs. Formación para la castidad.
5. El aborto y sus consecuencias.
6. Experimentación con embriones y técnicas de reproducción artificial.
7. Eutanasia y suicidio asistido por médicos.
8. La “cultura” de la muerte (I).
9. La “cultura” de la muerte (II).
10. La cultura de la vida.

Algunos podrían preguntarse por qué no se abordan otros temas, como


la pena de muerte y la guerra. La respuesta es que es imposible abordar
todos los temas que tienen que ver con la defensa de la vida. Sin dejar
de valorar la importancia que tienen los dos ejemplos mencionados,
tenemos que reconocer que los ataques contra la vida humana no nacida
son los más numerosos. Además, tristemente no reciben la atención que
merecen. De hecho, la mayoría de los medios los ignoran e, incluso, no
pocos de ellos son hostiles a la causa de su defensa y a los que los
defienden. Los bebés no nacidos y también las víctimas en potencia de
la eutanasia ni siquiera tienen el amparo de la ley en muchos países del
mundo. Si los temas del aborto y la eutanasia los incluimos dentro de
una marea de otros temas, por importantes que sean, diluiremos su importancia particular, nueva
y urgente en la actualidad. Como lo ha expresado elocuentemente San Juan Pablo II:

“Nuestra atención quiere concentrarse, en particular, en otro género de atentados, relativos a la


vida naciente y terminal, que presentan caracteres nuevos respecto al pasado y suscitan

3
Congregación para la Doctrina de La Fe, Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la
conducta de los católicos en la vida política, 24 de noviembre del 2002, números 3-4.
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20021124_politica_sp.html.
Véase también El Evangelio de la Vida, números 401-522.
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problemas de gravedad singular, por el hecho de que tienden a perder, en la conciencia


colectiva, el carácter de ‘delito’ y a asumir paradójicamente el de ‘derecho’, hasta el punto de
pretender con ello un verdadero y propio reconocimiento legal por parte del Estado y la
sucesiva ejecución mediante la intervención gratuita de los mismos agentes sanitarios. Estos
atentados golpean la vida humana en situaciones de máxima precariedad, cuando está privada
de toda capacidad de defensa. Más grave aún es el hecho de que, en gran medida, se produzcan
precisamente dentro y por obra de la familia, que constitutivamente está llamada a ser, sin
embargo, santuario de la vida”4.

3. ¿Cuáles son algunas característica especiales de este curso?


En este curso se caracteriza por darle importancia a la vida espiritual.
En el último módulo se abordará en más detalle el tema de la vida
espiritual. Pero todo el curso está enmarcado en un contexto espiritual.
La Biblia nos enseña que “nuestra lucha no es contra la carne y la
sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los
Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal
que están en las alturas”5.

Esta enseñanza bíblica tiene dos implicaciones:

(1) Nuestra lucha no es contra las personas que promueven el aborto y otros males. No debemos
tener animosidad contra ellas. Debemos más bien orar por su conversión. Recordemos que
gracias a Dios es que nosotros mismos estamos en la verdad. Nuestra lucha es contra las ideas y
actividades malas que estas personas realizan.

(2) Para poder tener éxito en esta lucha, debemos usar no solamente el conocimiento y las
estrategias humanas, sino las armas de Dios, las cuales nos protegen del Maligno, e incluso
iluminan nuestros recursos humanos. “Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir
en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes”6.

Este curso también se caracteriza por darle énfasis al aspecto conceptual. No se trata solamente
da dar información, sino de formar, es decir, de enseñar a pensar provida y de motivar
espiritualmente a la acción. Y ello se logra por medio de conceptos claves. Muchos de esos
conceptos se encuentran en la ley natural (la ley moral universal) que la Iglesia enseña.

Por ejemplo, la Iglesia nos enseña que la vida humana aunque no es el valor o el derecho más
elevado que existe, sí es el más fundamental, la base y condición de todos los demás derechos y

4
El Evangelio de la Vida, no. 11.
5
Efesios 6:12.
6
Efesios 6:13.
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valores. Otro ejemplo: la Iglesia también nos enseña que la inclinación homosexual no es fuente
de derechos fundamentales, la persona humana (hombre o mujer) es la fuente de esos derechos.
Abordaremos estos temas con más detalle más adelante y daremos sus debidas fuentes.
Conceptos como estos nos ayudan a analizar correctamente la problemática de la “cultura” de la
muerte y la respuesta provida a la misma.

4. ¿Quién está llamado a ser provida?

Ante la “cultura” de la muerte, lamentablemente presente en todas partes, el Papa San Juan Pablo
II nos llama a establecer la cultura de la vida:

“A todos los miembros de la Iglesia, pueblo de la vida y para la vida,


dirijo mi más apremiante invitación para que, juntos, podamos ofrecer a
este mundo nuestro nuevos signos de esperanza, trabajando para que
aumenten la justicia y la solidaridad y se afiance una nueva cultura de la
vida humana, para la edificación de una auténtica civilización de la
verdad y del amor”7.

Observemos que esta apremiante invitación está dirigida, primero que


todo a la Iglesia, es decir, a cada uno de los católicos. Es verdad, como
dice el subtítulo de la Encíclica, que este documento también está
dirigido a todas las personas de buena voluntad. Ello se debe a que la defensa de la vida humana
es un deber de todo ser humano, ya que pertenece a la ley natural, la cual, como ya explicamos,
obliga en conciencia a todo ser humano, sea creyente o no. Sin embargo, y con más razón
todavía, no cabe duda de que los primeros destinatarios de este llamado son los mismos católicos.
Todo católico debe ser provida. No se puede ser católico y proaborto o pro-eutanasia. Todo
católico, y toda persona de buena voluntad, debe estar dispuesto a defender la vida
incondicionalmente, sin excepción alguna, desde la concepción hasta la muerte natural. De lo
contrario, no se es provida de verdad.

Para ser provida no hay que pertenecer a un grupo o movimiento provida. Cuando en este curso
hablamos de un “movimiento provida” no nos estamos refiriendo a una sola organización
provida mundial con un jefe al que todos los provida tienen que seguir. Nos estamos refiriendo a
los muchos grupos y personas provida que hay en el mundo. En otras palabras para ser provida
no hay que necesariamente pertenecer a una organización provida. Cada ser humano debe ser
provida en su vida personal y familiar. Una persona provida no solamente tiene la convicción de
defender toda vida humana, sino también de compartir esa convicción con los demás: familiares,
amigos, compañeros de trabajo o de estudio, etc. Toda persona está llamada a ser provida. Sin

7
San Juan Pablo II, Encíclica Evangelium Vitae (“El Evangelio de la Vida”) sobre el valor y el carácter inviolable
de la vida humana, 25 de marzo de 1995, no. 6. http://www.vatican.va/content/john-paul-
ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html.
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embargo, si la persona siente el llamado de Dios a pertenecer a una organización provida


auténtica, debe seguir ese llamado.

5. ¿Cuál es el principio fundamental de la cultura de la vida?


El principio fundamental de la cultura de la vida es que cada persona humana debe ser tratada
como un fin en sí misma y nunca utilizada como mero medio para otro fin. Ello a su vez significa
que toda persona humana posee un valor absoluto por el mero hecho de ser persona y no por
ninguna otra condición: raza, sexo, religión, status económico, político o social, estado de salud,
edad, haber ya nacido o no. Este valor nunca se pierde. Comienza en la concepción y, en esta
vida, continúa hasta la muerte natural. A este valor intrínseco y absoluto que toda persona
humana posee le llamamos dignidad humana. Por lo tanto, otra manera de expresar el principio
fundamental provida es que debemos defender y promover la vida de toda persona humana sin
excepción, no importando en qué condición o circunstancias se encuentre.

El principio fundamental de la “cultura” de la muerte es


diametralmente contrario al de la cultura de la vida. La cultura
de la vida se basa en el principio de la dignidad de la vida El principio
humana. La “cultura” de la muerte se basa en el principio de la
calidad de la vida humana. Es decir, el valor de cada persona
fundamental de la
humana depende de su “calidad” de vida, la cual es “cultura” de la
determinada por aquellos que ostentan el poder y por las elites muerte es la
dominantes. Para los que promueven la “cultura” de la muerte, “calidad” de la
las personas que, según ellos, no tienen una suficiente vida humana. El
“calidad” de vida y por ende no tienen suficiente valor o principio
dignidad, no merecen continuar viviendo, se las debe eliminar.
Esta perversa idea de eliminar las vidas “carentes de valor” la
fundamental de la
exploraremos con más profundidad en los módulos 8 y 9 que cultura de la vida
tratarán sobre la “cultura” de la muerte. es la DIGNIDAD
de TODA vida
Aclaremos que no es que la calidad de vida de las personas humana.
no tenga importancia. De hecho, todos los esfuerzos de
beneficencia que los cristianos y otras personas de buena
voluntad realizan en el mundo están encaminados a mejorar la calidad de vida de sus semejantes.
Pero toda consideración sobre la calidad de la vida humana debe pasar primero por la afirmación
del respeto a la dignidad intrínseca y absoluta de toda persona humana y no debe llevarse a cabo
a expensas de ella.

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6. ¿Cómo es que la vida humana es siempre un bien?


La plenitud de vida que nos anuncia el Evangelio fue preparada desde el Antiguo Testamento. En
el Éxodo, el Pueblo de Dios experimentó la salvación de la esclavitud en Egipto por parte de
Yahveh. Aprendió que su vida no dependía de los caprichos despóticos de un faraón, sino del
tierno y fuerte amor por parte de Dios.

Luego, durante su historia, Israel aprendió que cada vez que su existencia estaba amenazada sólo
tenía que recurrir a Yahveh para ser salvado: “Eres mi siervo, Israel. ¡Yo te he formado, tú eres
mi siervo, Israel, yo no te olvido!” (Isaías 44:21). Israel se va dando cuenta de que su vida como
pueblo y también a nivel personal tiene un gran valor ante Dios.

Aún ante las contradicciones y sufrimientos de esta vida, el israelita justo espera confiado la
respuesta de Dios. “Sé que eres todopoderoso: ningún proyecto te es irrealizable” (Job 42:2).

“Progresivamente la Revelación lleva a descubrir con mayor claridad el germen de vida inmortal
puesto por el Creador en el corazón de los hombres”: “Yo sé que mi defensor está vivo, y que él,
el último, se levantará sobre el polvo. Tras mi despertar me alzará junto a él, y con mi propia
carne veré a Dios. Yo sí, yo mismo lo veré, mis ojos le mirarán, no ningún otro” (Job 19:25-27)8.

7. ¿Cómo es que la persona de Jesús arroja luz sobre la defensa de la vida


humana?
La “cultura” de la muerte es como un gigante Goliat que no
parece tener rival. Pero la Iglesia y los cristianos no pueden
sucumbir ante el miedo y la impotencia. Hoy más que nunca
deben profesar, con valentía y humildad, su fe en Jesucristo
“Palabra de vida” (1 Juan 1:1). El Evangelio (“buena noticia”)
de la Vida no es una mera reflexión sobre el valor de la vida
humana ni tampoco solo un mandamiento a defenderla ni mucho
menos una utopía ilusoria. Es una realidad concreta y personal,
porque se trata de la persona de Jesús, quien ha dicho: “He
venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan
10:10).

Jesús nos da la posibilidad de conocer la verdad sobre el valor


de la vida humana, así como la capacidad de obrar conforme a
esa verdad y, en consecuencia, de amar, defender, promover y

8
Véase ibíd., no. 31.
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servir a la vida humana. Nos damos cuenta claramente que ser provida no es simplemente
oponerse al aborto, a la eutanasia y otros males, sino amar y servir la vida humana.

Jesús, con su enseñanza, su vida, su pasión, su muerte y su resurrección nos reveló la vida eterna
que Él gozaba junto al Padre y el Espíritu Santo. Esa vida eterna, que es Jesús mismo, le da valor
y significado a la vida humana en la tierra, incluyendo la vida física. Jesús es plenitud de vida,
divina y humana9.

8. ¿Para ser provida de verdad hay que defender también el matrimonio?


Ser provida también significa defender el matrimonio verdadero o natural (entre un hombre y
una mujer) de la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la ideología homosexual y de
género, así como promover el amor conyugal.

En las lecciones 9, 10 y 11 que concluyen este módulo abordaremos el tema de la importancia de


la unidad y complementariedad hombre-mujer, Y luego, en el siguiente módulo, en las lecciones
4, 5, 6 y 7, que concluyen ese módulo, trataremos el tema del sacramento del matrimonio.
Ambos temas, como veremos, son claves para la defensa de la vida humana.

La cultura secularista actual denigra el matrimonio


verdadero. Al promover e incluso aprobar por medio de
leyes o sentencias judiciales el mal llamado “matrimonio”
homosexual se diluye el concepto único de matrimonio
entre un hombre y una mujer. Se intenta redefinir lo que
Dios a través de su creación de la naturaleza humana ha
instituido desde el principio.

Sin embargo, el mal llamado “matrimonio” homosexual


es el resultado de haber separado la procreación de la
unión conyugal por medio de la anticoncepción. Una vez
que esto ocurre se pierde el sentido de las relaciones
sexuales dentro del matrimonio y su indisolubilidad de
por vida. La gente empieza a pensar que si se puede
separar la procreación de la unión conyugal, entonces
¿para qué casarse o para qué mantenerse fiel en una
relación?

En este contexto donde prima el placer sexual por encima del compromiso de amor abierto a la
vida, los hijos que surgen de las relaciones sexuales son vistos, no como el fruto de esa relación,
sino como intrusos del placer que se busca. Surge entonces el aborto como respaldo al fallo de
9
Véase ibíd., nos. 29 y 30.
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los anticonceptivos. Vemos así como la familia, que se funda en el matrimonio, en vez de ser
considerada santuario de la vida humana, se convierte en su lugar de destrucción10. De hecho, el
“matrimonio” homosexual, la anticoncepción y el aborto conllevan a la destrucción de la familia
y al siempre creciente número de divorcios y separaciones. Los hijos son los que más sufren.

9. ¿Para ser provida de verdad hay que defender también la familia?


La última parte de nuestra respuesta a la pregunta anterior indica claramente que para ser provida
de verdad también hay que defender la familia constituida por un matrimonio verdadero, estable,
duradero y abierto a la vida. Sin embargo, hay otros derechos de la familia que hay que defender.

En 1981, el santo Padre San Juan Pablo II publica la exhortación apostólica Familiaris Consortio,
donde resalta el derecho de los padres a educar a sus hijos, entre otros11:

Aun en medio de las dificultades, hoy a menudo agravadas, de la acción educativa, los padres
deben formar a los hijos con confianza y valentía en los valores esenciales de la vida humana.
Los hijos deben crecer en una justa libertad ante los bienes materiales, adoptando un estilo de
vida sencillo y austero, convencidos de que «el hombre vale más por lo que es que por lo que
tiene».

La educación para el amor como don de sí mismo constituye también la premisa indispensable
para los padres, llamados a ofrecer a los hijos una educación sexual clara y delicada. Ante una
cultura que «banaliza» en gran parte la sexualidad humana, porque la interpreta y la vive de
manera reductiva y empobrecida, relacionándola únicamente con el cuerpo y el placer egoísta, el
servicio educativo de los padres debe basarse sobre una cultura sexual que sea verdadera y
plenamente personal. En efecto, la sexualidad es una riqueza de toda la persona —cuerpo,
sentimiento y espíritu— y manifiesta su significado íntimo al llevar la persona hacia el don de sí
misma en el amor.

La educación sexual, derecho y deber fundamental de


los padres, debe realizarse siempre bajo su dirección
solícita, tanto en casa como en los centros educativos
elegidos y controlados por ellos. En este sentido la
Iglesia reafirma la ley de la subsidiaridad, que la
escuela tiene que observar cuando coopera en la
educación sexual, situándose en el espíritu mismo
que anima a los padres.

10
Véase El Evangelio de la Vida, no. 11.
11
San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio sobre la misión de la familia cristiana en el
mundo actual, 22 de noviembre de 1981, no. 37. http://www.vatican.va/content/john-paul-
ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html.
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Carta de los derechos de la familia

El ideal de una recíproca acción de apoyo y desarrollo entre la familia y la sociedad choca
a menudo, y en medida bastante grave, con la realidad de su separación e incluso de su
contraposición.

Por esto la Iglesia defiende abierta y vigorosamente los derechos de la familia contra las
usurpaciones intolerables de la sociedad y del Estado. En concreto, los Padres Sinodales
han recordado, entre otros, los siguientes derechos de la familia:

 A existir y progresar como familia, es decir, el derecho de todo hombre, especialmente


aun siendo pobre, a fundar una familia, y a tener los recursos apropiados para
mantenerla.
 A ejercer su responsabilidad en el campo de la transmisión de la vida y a educar a los
hijos;
 A la intimidad de la vida conyugal y familiar.
 A la estabilidad del vínculo y de la institución matrimonial.
 A creer y profesar su propia fe, y a difundirla.
 A educar a sus hijos de acuerdo con las propias tradiciones y valores religiosos y
culturales, con los instrumentos, medios e instituciones necesarias.
 A obtener la seguridad física, social, política y económica, especialmente de los pobres
y enfermos.
 El derecho a una vivienda adecuada, para una vida familiar digna.
 El derecho de expresión y de representación ante las autoridades públicas, económicas,
sociales, culturales y ante las inferiores, tanto por sí misma como por medio de
asociaciones.
 A crear asociaciones con otras familias e instituciones, para cumplir adecuada y
esmeradamente su misión.
 A proteger a los menores, mediante instituciones y leyes apropiadas, contra los
medicamentos perjudiciales, la pornografía, el alcoholismo, etc.
 El derecho a un justo tiempo libre que favorezca, a la vez, los valores de la familia.
 El derecho de los ancianos a una vida y a una muerte dignas.
 El derecho a emigrar como familia, para buscar mejores condiciones de vida12.

12
San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio sobre la misión de la familia cristiana en el
mundo actual, 22 de noviembre de 1981, no. 46. http://www.vatican.va/content/john-paul-
ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html.
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9. ¿Para ser provida de verdad hay que defender también la vida ante la
eutanasia?
En el módulo 7 de este curso abundaremos con
muchos más detalles el tema de la eutanasia y la
respuesta provida a la misma. Pero por ahora debemos
completar esta lección afirmando que ser provida
también significa defender la vida de los ancianos,
enfermos y discapacitados del crimen de la eutanasia.

“Por eutanasia se entiende una acción o una omisión


que por su naturaleza, o en la intención, causa la
muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor. La
eutanasia se sitúa pues en el nivel de las intenciones o de los métodos usados. Ahora bien, es
necesario reafirmar con toda firmeza que nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser
humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante.
Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su
responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede
legítimamente imponerlo ni permitirlo. Se trata en efecto de una violación de la ley divina, de
una ofensa a la dignidad de la persona humana, de un crimen contra la vida, de un atentado
contra la humanidad”13.

Con esta enseñanza de la Iglesia, que al igual que las anteriores también pertenece a la ley
natural, nos damos cuenta claramente que ser provida también implica defender la vida a
cualquier edad y solidarizarse con ancianos, enfermos, discapacitados y moribundos.

13
Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre la Eutanasia, 5 de mayo de 1980, Parte II.
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19800505_euthanasia_sp.ht
ml.
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Lección 2: Dignidad humana y concepto de persona


(I)

1. ¿Cuáles son las fuentes de conocimiento de la persona humana?


La defensa de la vida humana presupone un concepto claro de lo que significa ser persona y de
su dignidad. Sin embargo, el concepto de persona presupone a su vez un conocimiento correcto
de la realidad. De ahí que haya que comenzar con la pregunta acerca de las fuentes de
conocimiento de la persona humana.

Basándose en la ley natural y en la revelación divina, la Iglesia Católica enseña que el ser
humano tiene dos fuentes de conocimiento de la realidad, sobre todo de Dios y Su plan para la
humanidad: la fe y la razón:

“Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras.
Pero existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus
propias fuerzas, el de la revelación divina”1. Ahora bien, “la fe es la respuesta del hombre a Dios
que se revela y se entrega a él, dando al mismo tiempo una luz sobreabundante al hombre que
busca el sentido último de su vida”2. Por lo tanto, la fe es fuente de conocimiento de Dios y de
todo lo que Dios ha creado en cuanto a su relación con Él.

La doctrina de la Iglesia define la revelación divina de la siguiente


manera: “Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar
a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los
hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al
Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza
divina”3. En otras palabras, por medio de su revelación, Dios se
da a conocer a sí mismo y su plan para la humanidad. Esa
revelación alcanza su plenitud en la persona y las obras de
Cristo4.

En cuanto a la razón, somos testigos de que en la historia de la


humanidad, aún antes de Cristo, hubo pensadores y filósofos que,
aunque de forma limitada e imperfecta, llegaron a conocer al Dios

1
Catecismo de la Iglesia Católica, 1997, no. 50. Véase también Romanos 1:19-20.
2
Ibíd., no. 26.
3
Catecismo, no. 51.
4
Véase, ibíd., no. 65.

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único con la sola luz natural de su razón. Y no sólo eso, sino que también llegaron a formular
principios de moral que han influido en el pensamiento cristiano. Uno de ellos fue Aristóteles
(siglo IV AC), quien influyó mucho en Sto. Tomás de Aquino (siglo XIII DC), considerado el
teólogo más grande que ha tenido la Iglesia Católica5.

2. ¿Pero no es verdad que después del pecado original el ser humano necesita
de la revelación de Dios para conocer lo que incluso puede alcanzar con la
razón?
Eso es totalmente cierto. Por ello, la Iglesia nos enseña que “Sin embargo, en las condiciones
históricas en que se encuentra, el hombre experimenta muchas dificultades para conocer a Dios
con la sola luz de su razón:

“A pesar de que la razón humana, sencillamente hablando, pueda verdaderamente por sus fuerzas
y su luz naturales, llegar a un conocimiento verdadero y cierto de un Dios personal, que protege
y gobierna el mundo por su providencia, así como de una ley natural puesta por el Creador en
nuestras almas, sin embargo hay muchos obstáculos que impiden a esta misma razón usar
eficazmente y con fruto su poder natural; porque las verdades que se refieren a Dios y a los
hombres sobrepasan absolutamente el orden de las cosas sensibles, y cuando deben traducirse en
actos y proyectarse en la vida exigen que el hombre se entregue y renuncie a sí mismo. El
espíritu humano, para adquirir semejantes verdades, padece dificultad por parte de los sentidos y
de la imaginación, así como de los malos deseos nacidos del pecado original. De ahí procede que
en semejantes materias los hombres se persuadan de que son falsas, o al menos dudosas, las
cosas que no quisieran que fuesen verdaderas (Pío XII, enc.
Humani generis: DS 3875)’.”6

“Por esto el hombre necesita ser iluminado por la revelación de


Dios, no solamente acerca de lo que supera su entendimiento,
sino también sobre ‘las verdades religiosas y morales que de
suyo no son inaccesibles a la razón, a fin de que puedan ser, en
el estado actual del género humano, conocidas de todos sin
dificultad, con una certeza firme y sin mezcla de error’”7.

Resumiendo, a través de su razón la persona humana puede


conocerse a sí mismo, al mundo creado y, a través de él, a Dios

5
Véase Aristóteles, La ética aristotélica: La ética a Nicómaco. https://www.webdianoia.com/aristoteles/aristoteles-
etica.htm. Aristóteles, La metafísica aristotélica: la crítica de la Teoría de las Ideas.
https://www.webdianoia.com/aristoteles/aristoteles_meta.htm.
6
Catecismo, no. 37.
7
Ibid., nos. 37 y 38. Véase también Romanos 2:14-16.

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y los principios morales fundamentales que deben guiar su vida. Sin embargo, debido a los
efectos del pecado original, ese conocimiento puede caer en el error. Por ello necesita de la
Revelación divina para corregir sus errores en cuanto a su conocimiento sobre Dios y la ley
moral que su sola razón es capaz de alcanzar e incluso para conocer realidades divinas que
superan las capacidades de su razón.

La persona humana es una de esas realidades que, para ser conocida “sin dificultad, con certeza
firme y sin mezcla de error” necesita que la revelación de Dios, que nos viene a través de la fe,
ilumine la razón y las ciencias humanas.

Pero también la razón y las ciencias humanas vienen en ayuda de la fe. “La Iglesia, por su parte,
aprecia el esfuerzo de la razón por alcanzar los objetivos que hagan cada vez más digna la
existencia personal. Ella ve en la filosofía [que es resultado de los esfuerzos de la razón
especulativa] el camino para conocer verdades fundamentales relativas a la existencia del
hombre. Al mismo tiempo, considera a la filosofía como una ayuda indispensable para
profundizar la inteligencia [o compresión] de la fe y comunicar la verdad del Evangelio a
cuantos aún no la conocen”8.

De manera que la fe y la razón se necesitan y se ayudan mutuamente en el conocimiento de la


verdad de Dios, de la persona humana, de la moral y de la creación. No debe haber verdadera
contradicción entre la fe y la razón, ya que Dios es el Autor de ambas y Dios no se contradice a
Sí mismo, de otro modo dejaría de ser Dios. “Él permanece fiel, porque no puede negarse a sí
mismo”9.

Ahora bien, en el caso de este curso, nos enfocamos en esa dimensión del conocimiento que está
dirigida a los valores y principios morales y espirituales que deben guiar la vida del hombre.

3. ¿Cómo es transmitida la revelación de Dios?


Hemos dicho que la fe nos da acceso a la revelación de Dios y
hemos definido qué es la revelación. Es necesario que ahora
abordemos el tema de cómo la revelación llega a nosotros. La
doctrina de la Iglesia nos enseña que la revelación de Dios, es
decir, su palabra, nos llega de dos formas: la Biblia y la
Tradición:

8
San Juan Pablo II, Encíclica Fides et Ratio (“Fe y Razón”), no. 5, 14 de septiembre de 1998,
http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091998_fides-et-ratio.html#-N.
9
2 Timoteo 2:13.

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“La santa Tradición y la sagrada Escritura constituyen un único depósito sagrado de la palabra
de Dios”, en el cual, como en un espejo, la Iglesia peregrinante contempla a Dios, fuente de
todas sus riquezas”10.

La Biblia o Sagrada Escritura verdaderamente contiene la palabra de Dios, es decir, su


revelación:

“Dios es el autor de la Sagrada Escritura. Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y
manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo. La santa
madre Iglesia, según la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del
Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por
inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la
Iglesia”11.

Cristo es la palabra de Dios, la plenitud de su revelación. “A través de todas las palabras de la


Sagrada Escritura, Dios dice sólo una palabra, su Verbo único, en quien él se dice en plenitud”12.
Por ello, Cristo es el que le da unidad a toda la Biblia y, en particular, al Antiguo y al Nuevo
Testamento. De esto también podemos deducir que en Cristo encontramos la plenitud de la
verdad sobre la persona humana y el plan de Dios para ella.

La Biblia es la palabra de Dios puesta por escrito; la Tradición es la


palabra de Dios transmitida oralmente por los Apóstoles, que se mantiene
viva en la Iglesia a través de la enseñanza de sus sucesores: los papas y
los obispos (sobre todo en el Catecismo de la Iglesia Católica):

“Lo que Cristo confió a los Apóstoles, éstos lo transmitieron por su


predicación y por escrito, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a todas
las generaciones hasta el retorno glorioso de Cristo”13.

4. ¿Qué es el Magisterio de la Iglesia?


Para que no haya confusión ni error en la Iglesia en cuanto a la interpretación de la palabra de
Dios, Cristo instituyó el Magisterio de la Iglesia, que está compuesto por el Papa y los obispos
que están en comunión con él:

10
Catecismo, no. 97.
11
Ibíd., no. 105.
12
Ibíd., no. 102.
13
Ibíd., no. 96.

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“El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado
sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo, es decir, a los
obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma”14.

Ello no implica que nadie tenga el derecho y el deber de leer y aplicar la enseñanza de la Sagrada
Escritura y de la Tradición. Al contrario, gracias a la guía del Magisterio todos sin excepción
podemos y debemos hacerlo protegidos del error. No debemos creer que las opiniones
teológicas, aunque vengan de líderes de la Iglesia, están al mismo nivel que la enseñanza
definitiva del Magisterio.

Ahora bien, la enseñanza del Magisterio debe estar siempre en línea con lo que enseñaron Cristo,
sus apóstoles y los sucesores de éstos:

“El Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar
puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo
escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de
la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído”15

5. ¿Cuáles son las fuentes de conocimiento para este curso?


Los temas que vamos a abordar en este curso son esencialmente asuntos de moral, especialmente
los relacionados con la defensa y fomento de la vida humana y la familia. La moral es la manera
de vivir que realiza el bien de la persona amando a Dios y a los demás y que nos lleva a Dios,
nuestro Bien Supremo. Por lo tanto, el fundamento inmediato de la moral es la naturaleza
humana y su dignidad. Y el fundamento último (el más importante) es Dios, Creador de la
naturaleza humana16.

Por lo que se ha explicado hasta ahora, podemos afirmar que las fuentes de conocimiento que
vamos a utilizar para abordar el tema de la persona humana y los asuntos de moral son
principalmente la fe y la razón. Como la fe es la respuesta a la revelación o palabra de Dios
transmitida en la Biblia y la Tradición (que se encuentra en la enseñanza del Magisterio),
entonces la Sagrada Escritura y la doctrina del Magisterio son dos de las principales fuentes de
conocimiento en este curso.

Como la razón incluye una recta filosofía (sobre todo de la persona humana y de la moral) y
como un correcto uso de las ciencias humanas (especialmente la biología humana) son también

14
Ibíd., no. 85.
15
Ibíd., no. 86.
16
Véase ibíd., no. 1700.

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parte del uso de la razón, entonces ellas también constituyen fuentes de conocimiento para este
curso.

Resumiendo, este curso tendrá como sus fuentes de conocimiento, siempre bajo la luz de la
enseñanza del Magisterio:

◼ La Biblia.
◼ La Tradición en la doctrina del Magisterio.
◼ La filosofía.
◼ Las ciencias humanas.

6. ¿Qué es la persona humana?


El término “persona” es una palabra acuñada por el Magisterio de la Iglesia. Este concepto
surgió cuando la Iglesia, durante los primeros siglos, se dio a la tarea de profundizar su fe y su
compresión del misterio de la Santísima Trinidad y también a defender esa fe de los errores que
la deformaban17.

“Para la formulación del dogma de la Trinidad, la Iglesia debió crear una terminología propia
con ayuda de nociones de origen filosófico: ‘substancia’, ‘persona’ o ‘hipóstasis’, ‘relación’, etc.
Al hacer esto, no sometía la fe a una sabiduría humana, sino que daba un sentido nuevo,
sorprendente, a estos términos destinados también a significar en adelante un Misterio inefable,
infinitamente más allá de todo lo que podemos concebir según la medida humana”18.

Observemos que el texto apenas citado dice que da “un sentido nuevo, sorprendente, a estos
términos destinados también a significar en adelante un Misterio inefable”. Es decir, la Iglesia
acuñó la palabra “persona” no sólo para referirse a las personas divinas de la Santísima Trinidad,
sino también a la persona humana.

“La persona humana, creada a imagen de Dios, es


un ser a la vez corporal y espiritual. El relato
bíblico expresa esta realidad con un lenguaje
simbólico cuando afirma que ‘Dios formó al
hombre con polvo del suelo e insufló en sus
narices aliento de vida y resultó el hombre un ser
viviente’ (Gn 2,7). Por tanto, el hombre en su
totalidad es querido por Dios”19.
17
Véase ibíd., no. 250.
18
Ibíd., no. 251. Énfasis añadido.
19
Ibíd., no. 362.

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7. ¿Qué significa haber sido creado a imagen de Dios?


“‘Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer los creó’ (Gn
1,27). El hombre ocupa un lugar único en la creación: está hecho a imagen de Dios; en su propia
naturaleza une el mundo espiritual y el mundo material; es creado hombre y mujer; Dios lo
estableció en la amistad con él. De todas las criaturas visibles sólo el hombre es capaz de conocer
y amar a su Creador; es la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma; sólo él
está llamado a participar, por el conocimiento y el amor, en la vida de Dios. Para este fin ha sido
creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad”20.

La revelación divina también nos enseña el valor incomparable (o dignidad) de la persona


humana señalando el fin último del hombre: la vida eterna con Dios. “El hombre está llamado a
una plenitud de vida que va más allá de las dimensiones de su existencia terrena, ya que consiste
en la participación de la vida misma de Dios. Lo sublime de esta vocación sobrenatural
manifiesta la grandeza y el valor de la vida humana incluso en su fase temporal”21.

No solamente el alma, sino también el cuerpo humano define a la persona humana. “El cuerpo
del hombre participa de la dignidad de la imagen de Dios: es cuerpo humano precisamente
porque está animado por el alma espiritual, y es toda la persona humana la que está destinada a
ser, en el Cuerpo de Cristo, el templo del Espíritu (cf. 1 Co 6,19-20; 15,44-45)”22.

8. ¿Cómo es la unidad del alma y del cuerpo en la persona humana?


“La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la ‘forma’
del cuerpo; es decir, gracias al alma espiritual, la materia que integra el cuerpo es un cuerpo
humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la materia no son dos naturalezas unidas, sino que
su unión constituye una única naturaleza”23.

La palabra “forma” aquí significa lo que constituye la esencia de un ser. En el caso de la persona
humana su esencia es el alma, la cual, como dice el texto apenas citado, hace que la materia
humana sea un cuerpo verdaderamente humano y que en la unidad de los dos es que se da la
persona humana completa y no separados. Es decir, el cuerpo no es un mero instrumento del
alma, sino parte intrínseca de la persona.

20
Ibíd., nos. 355-356.
21
San Juan Pablo II, Encíclica Evangelium Vitae (“El Evangelio de la Vida”), 25 de marzo de 1995, no. 1.
http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-
vitae.html.
22
Ibíd., no. 364.
23
Ibíd., no. 365.

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Esta unidad entre el cuerpo y el alma es un dato de la experiencia humana. Todos


experimentamos una unidad de operación en nuestro diario vivir. De otra manera no se podría
explicar cómo es posible que realicemos hasta los más simples actos – escribir por medio de una
computadora, lavar los platos, vestirnos, etc. – sin que actúen al unísono el cerebro, que envía
señales activando nuestras capacidades motoras, las manos, los pies y, en cierto modo, todo
nuestro cuerpo. No en balde hoy en día se enfatiza mucho el cuidado de la salud, no sólo física,
sino también psicológica y espiritual.

La razón también ha demostrado la existencia del alma y de la unión de


ésta con el cuerpo humano. Los filósofos griegos antiguos, como Platón y
Aristóteles, que vivieron varios siglos antes de Cristo, demostraron la
existencia del alma en el ser humano. Sólo la presencia en la persona
humana de una entidad espiritual capaz de razonar y de elegir libremente
puede explicar esa capacidad que tiene el ser humano de concebir, desear
y elegir valores que trascienden el mundo material, como el amor, la
justicia, la verdad y el bien perfecto. Ahora bien, si el alma es una entidad
espiritual, entonces es indestructible, porque, a diferencia de lo material,
no está sujeta al deterioro y a su eventual destrucción; sino que es
inmortal. Aristóteles

Gracias a la fe, sabemos que el cuerpo humano también está destinado a la inmortalidad… “no es
lícito al hombre despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, tiene que considerar su
cuerpo bueno y digno de honra, ya que ha sido creado por Dios y que ha de resucitar en el último
día”24.

El hecho de que el cuerpo sea parte intrínseca, y no accidental, de la persona humana y que esté
destinado a la vida inmortal, tiene una importancia capital para la defensa de la vida humana y de
la integridad corporal. Si el cuerpo humano participa de la dignidad, es decir del valor, de la
persona humana, entonces de ello se sigue que el cuerpo debe ser respetado y protegido. Por
ello, el pasaje apenas citado concluye diciendo que la persona humana debe “considerar su
cuerpo bueno y digno de honra, ya que ha sido creado por Dios y que ha de resucitar en el último
día”. El cuerpo humano tiene, pues, una gran importancia moral.

24
Ibíd., no. 364.

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Lección 3: Dignidad humana y concepto de persona


(II)

1. ¿Qué nos enseña la Iglesia acerca del hombre y la mujer?


“Dios no creó al hombre solo: en efecto, desde el principio ‘los creó hombre y mujer’ (Gn 1,27).
Esta asociación constituye la primera forma de comunión entre personas”1. En efecto, el
matrimonio entre un hombre y una mujer es la primera comunidad interpersonal, en el cual se
funda la familia, célula principal de la sociedad, que debe ser una comunidad no sólo de personas
sino también de familias.

Pero eso no es todo. La doctrina de la Iglesia también enfatiza que “El hombre y la mujer son
creados, es decir, son queridos por Dios: por una parte, en una perfecta igualdad en tanto que
son personas humanas, y por otra, en su ser respectivo de hombre y de mujer. ‘Ser hombre’, ‘ser
mujer’ es una realidad buena y querida por Dios: el hombre y la mujer tienen una dignidad que
nunca se pierde, que viene inmediatamente de Dios su creador (cf. Gn 2,7.22). El hombre y la
mujer son, con la misma dignidad, ‘imagen de Dios’. En su ‘ser-hombre’ y su ‘ser-mujer’
reflejan la sabiduría y la bondad del Creador”2.

El hombre y la mujer gozan, pues de la misma dignidad o valor


como personas creadas a imagen de Dios. Pero también son
diferentes y complementarios. “El hombre y la mujer están
hechos el uno para el otro: no que Dios los haya hecho ‘a
medias’ e ‘incompletos’; los ha creado para una comunión de
personas, en la que cada uno puede ser ‘ayuda’ para el otro
porque son a la vez iguales en cuanto personas (‘hueso de mis
huesos...’) y complementarios en cuanto masculino y femenino.
En el matrimonio, Dios los une de manera que, formando ‘una
sola carne’ (Gn 2,24), puedan transmitir la vida humana: ‘Sed
fecundos y multiplicaos y llenad la tierra’ (Gn 1,28). Al trasmitir a sus descendientes la vida
humana, el hombre y la mujer, como esposos y padres, cooperan de una manera única en la obra
del Creador”3.

De estas afirmaciones se deduce que la familia verdadera o natural, célula principal de la


sociedad, se funda en el matrimonio entre un hombre y una mujer. “La familia es la célula

1
Ibíd., no. 383.
2
Ibíd., no. 369.
3
Ibíd., no. 371.

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original de la vida social. Es la sociedad natural en que el hombre y la mujer son llamados al don
de sí en el amor y en el don de la vida. La autoridad, la estabilidad y la vida de relación en el
seno de la familia constituyen los fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad
en el seno de la sociedad. La familia es la comunidad en la que, desde la infancia, se pueden
aprender los valores morales, se comienza a honrar a Dios y a usar bien de la libertad. La vida de
familia es iniciación a la vida en sociedad”4

Algunas ideologías equivocadas, como la ideología de “género”, pretenden negar que las
diferencias y la complementariedad entre el hombre y la mujer se fundan en la naturaleza
humana, sino que son “construcciones sociales”. Esta ideología propone que la persona puede
decidir internamente su propia identidad sexual independientemente de su
sexo biológico. De esa manera surgen toda clase de “géneros”: gay,
lesbiana, bisexual, transgénero, etc.: LGBT. Pero esta ideología está
equivocada porque niega la unidad sustancial, no accidental, del cuerpo y el
alma en la persona humana y que el cuerpo, que es parte intrínseca de la
persona, expresa lo que la persona humana es: hombre o mujer.

Más adelante en este curso profundizaremos sobre la igualdad, la unidad y


la complementariedad entre el hombre y la mujer. Para ello, nos
fundaremos en las maravillosas catequesis sobre la teología del cuerpo que
el Papa San Juan Pablo II impartió a comienzos de su pontificado, entre
1979 y 1984.

2. ¿Qué podemos decir de la comunidad humana?


No podemos tener una comprensión correcta y completa de la persona humana si no abordamos
su dimensión social y comunitaria, es decir, el hecho de que la persona humana es un ser
relacional o como diría Sto. Tomás de Aquino: persona est relatio, la persona es relación, es un
ser-en-relación5.

En nuestra respuesta a la pregunta 1 vimos que “el matrimonio entre un hombre y una mujer es la
primera comunidad interpersonal”. Esta comunión entre las personas se extiende a la comunidad
social y también a la comunidad eclesial, a la Iglesia.

El fundamento filosófico, el de la razón natural, de esta comunión interpersonal es simplemente


la misma experiencia humana que se ha venido desarrollando a través de la historia. La gente se
ha dado cuenta de la simple y fundamental verdad de que no somos individuos aislados, sino

4
Ibíd., no. 2207.
5
Véase Catecismo, no. 1878.

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personas que tienen la capacidad intrínseca y el llamado interior de entrar en relación con los
demás y formar comunidades humanas.

El fundamento teológico, el de la fe y la revelación divina, es mucho más hermoso. Al respecto,


la Iglesia nos enseña: “La vocación [llamado] de la humanidad es manifestar la imagen de Dios y
ser transformada a imagen del Hijo Único del Padre. Esta vocación reviste una forma personal,
puesto que cada uno es llamado a entrar en la bienaventuranza divina; pero concierne también al
conjunto de la comunidad humana”6.

Aquí la Iglesia establece un equilibrio muy importante entre la responsabilidad personal y la


dimensión comunitaria de la persona humana. De esa manera se evita el individualismo egoísta
por un lado y el colectivismo que niega la individualidad personal. La Iglesia cree en la
individualidad, no en el individualismo. Y también cree en la comunidad, no en el comunismo ni
tampoco en el marxismo ni el socialismo, pues todas estas ideologías son formas de
colectivismo.

Pero esta doble verdad se funda a su vez en otra verdad más importante todavía, a saber, que
tanto la individualidad como la dimensión comunitaria de la persona humana se fundan en el
hecho de que el hombre y la mujer han sido creados a imagen de un Dios que es comunidad:
Padre, Hijo y Espíritu Santo. En efecto, la Iglesia enseña que “Todos los hombres son llamados
al mismo fin: Dios. Existe cierta semejanza entre la unión de las personas divinas y la fraternidad
que los hombres deben instaurar entre ellos, en la verdad y el amor. El amor al prójimo es
inseparable del amor a Dios”7.

Nos damos cuenta una vez más como una verdadera ética o moral se funda en una antropología
adecuada (una visión correcta de la persona humana). El hecho de que el ser humano ha sido
creado a imagen de Dios (antropología) inmediatamente nos remite a su compromiso moral de
amar a Dios y al prójimo (moral). Pero esta verdad la desarrollaremos más adelante cuando
abordemos el tema de la ética y la moral en relación con la persona humana.

Algunas ideologías equivocadas y contrarias a la revelación de Dios proponen que la persona


humana y la naturaleza están al mismo nivel ontológico, es decir, que tienen el mismo valor en
cuanto a su ser. Pero, ello no es cierto y conduce a la degradación de la dignidad humana.
Además es contrario a la fe, la cual nos enseña que “En el plan de Dios, el hombre y la mujer
están llamados a ‘someter’ la tierra (Gn 1,28) como ‘administradores’ de Dios. Esta soberanía no
debe ser un dominio arbitrario y destructor. A imagen del Creador, ‘que ama todo lo que existe’
(Sabiduría 11,24), el hombre y la mujer son llamados a participar en la providencia divina

6
Catecismo, no. 1877.
7
Ibíd., no. 1878.

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respecto a las otras cosas creadas. De ahí su responsabilidad frente al mundo que Dios les ha
confiado”8.

3. ¿Qué es la dignidad humana?


Al abordar el tema de la persona humana hemos tratado un poco su dignidad. Ahora vamos a
profundizar sobre ese tema. La dignidad de la persona humana se refiere al valor intrínseco y
absoluto que posee toda persona humana. El carácter intrínseco significa que la persona posee
este valor por el mero hecho de ser persona, y no por su raza, estado de salud, lugar de
existencia (fuera o dentro del útero de su madre), posición social o económica, religión, o
cualquier otra característica, por importante que sea. El carácter absoluto significa que el valor
que la persona humana posee es inconmensurable, no se puede medir, es infinito.

Se debe distinguir esta dignidad de la persona humana, que llamamos dignidad ontológica, de la
dignidad moral. La dignidad ontológica, la que estamos explicando aquí, se
refiere al valor que toda persona humana posee en su ser; mientras que la
dignidad moral se refiere al valor de la persona como sujeto moral, es decir, en
cuanto a que actúa de una manera correcta, respetando, viviendo y promoviendo
los valores éticos y morales. La Madre Teresa, por ejemplo, tuvo un valor moral
muy superior a Adolfo Hitler, quien fue un tirano y un asesino. La dignidad
ontológica se posee, como ya señalamos, por el mero hecho de ser persona;
mientras que la dignidad moral debe ser adquirida y merecida, por medio de un
comportamiento en conformidad con los valores morales. La dignidad moral, como la moral
misma, se funda en el respeto a la dignidad ontológica de la persona.

La dignidad ontológica de la persona humana es el fundamento de la ley natural (la ley moral
universal) que Dios ha inscrito en la naturaleza humana y en la conciencia y el corazón de cada
persona. Por lo tanto, la información provida que proporcionamos en este curso sirve para
cualquier persona interesada en defender la vida, sea religiosa o no 9. De todas maneras, es
importante responder a la pregunta de si esa dignidad se puede demostrar desde una perspectiva
de la razón además de la fe.

Hablando desde la perspectiva de la fe, ya hemos indicado que la persona humana ha sido creada
a imagen de Dios (Gn 1:26-28) y que en esa realidad se funda su dignidad. También hemos
señalado que la vocación a la vida eterna, a la cual Dios la ha llamado, confiere un valor
inconmensurable a la vida humana.

8
Ibíd., no. 373.
9
Véase Romanos 1:20; 2:14-15; Catecismo, nos. 1954-1960.

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Desde la perspectiva de la razón, ya hemos explicado la existencia del alma inmortal y su unidad
sustancial, no accidental, con el cuerpo. Esta última demostración viene de la filosofía clásica. Es
importante poder también hablar de la dignidad de la persona humana en términos de la filosofía
moderna.

4. ¿Cómo se puede hablar de la dignidad humana en términos de la filosofía


moderna?
El filósofo alemán, Emanuel Kant (1724-1804), aunque tuvo sus
errores, enseñó correctamente que nunca debemos tratar a los demás
como meros medios, sino como fines en ellos mismos. Es decir, la
persona humana es un fin en sí misma y no una cosa o un instrumento
para ser usada por los demás de manera egoísta. Esta intuición
filosófica resuena en la experiencia de toda persona, pues nadie en el
fondo desea ser usado, sino respetado y amado. Este dato de la razón y
de la experiencia, sin ser una prueba definitiva, sugiere con fuerza que
a ese profundo sentimiento de ser tratado como persona y no como
objeto, corresponde un valor real e inalienable de la persona humana
como persona, y no como otro ser cualquiera.

La enseñanza de la Iglesia, basada en la Palabra de Dios, confirma y eleva esta verdad cuando
dice que el ser humano “es la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma”10 y
que “Dios creó todo para el hombre, pero el hombre ha sido creado para servir y amar a Dios y
para ofrecerle toda la creación”11. Es decir, la persona humana “no es solamente un algo, sino
alguien”, es un ser cuyo propósito es unirse, por medio del amor, a un Ser infinitamente superior
a él, que es Dios, Quien ha dado a su propio Hijo para salvarlo12. El amor y el valor son
correlativos. Si Dios ama al ser humano infinitamente y por sí mismo, es porque lo valora
infinitamente y por sí mismo.

Ahora bien, si Dios ama a la persona humana por sí misma, también quiere que la persona
humana ame a sus semejantes por sí mismos, como fines en ellos mismos y no como objetos de
placer egoísta o instrumentos de utilidad que luego se descartan.

Cuatro ejemplos sencillos nos ayudarán a comprender mejor este concepto de la persona humana
como un fin en sí misma. Uno de ellos lo encontramos en el campo de la sexualidad humana.
Ocurre muchas veces que un joven dice que “ama” a su novia y que por eso ella debe

10
Ibíd., no. 356.
11
Ibíd., nos. 356 y 358.
12
Véase Juan 3:16.

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demostrarle a su vez su amor hacia él teniendo relaciones sexuales. En el fondo, lo que ese joven
busca es tener placer usando el cuerpo de su novia. Muchas veces ocurre también que ese joven,
después de haber tenido varias relaciones sexuales con su novia, se “cansa” de ella y se
“desamora”. Pero aún, ocurre también que si su novia queda embarazada, el novio “pone los pies
en polvorosa” y “si te vi ni me acuerdo”. En otras ocasiones, llega hasta el supremo egoísmo de
presionarla para que tenga un aborto y así poder seguir aprovechándose de ella.

Otro ejemplo puede ser tomado del mundo laboral. Ocurre muchas veces que patronos egoístas,
interesados solamente en ganar mucho dinero a costa de sus obreros, los explotan como si fuesen
solamente instrumentos de trabajo y no personas. Les pagan por debajo de un salario justo, no les
importa las condiciones laborales ni los días libres que sus trabajadores merecen para descansar o
ir la iglesia.

Un tercer ejemplo tiene que ver con el abominable crimen de aborto. En no pocos países
latinoamericanos se ha despenalizado el aborto en los casos de incesto y violación. La respuesta
a estos horribles actos de violencia no es otro acto más horrible todavía de violencia: el dar
muerte a uno de los dos inocentes en estas situaciones: el bebé no nacido y la pobre mujer
violada o víctima de incesto. La respuesta es ayudar con mucho amor a la víctima de este brutal
acto de violencia para que tenga a su criatura y castigar con la cárcel al violador. Aquí vemos
cómo por medio del aborto se mata a un ser inocente y se viola su dignidad (también la dignidad
de la mujer es violada con el aborto). El bebé no nacido es tratado como un objeto descartable,
no como persona. La dignidad de la persona humana no depende de cómo fue concebida. Se
trata de la misma persona humana, haya sido concebida en un acto de violencia o no.

El caso del aborto no niega para nada la misericordia divina y la nuestra hacia la mujer que ha
abortado y está arrepentida. Ese tema lo abordaremos con más profundidad más adelante en este
curso.

Un cuarto ejemplo, es el caso de la eutanasia, cuando se elimina a un enfermo o anciano porque


ya “no es útil” o “ya no produce para la sociedad”.

En todos estos casos, se está utilizando a la persona humana, no como persona, sino como si
fuese una cosa descartable, un objeto de placer o un instrumento de pura utilidad o producción.
Se trata de la ideología del utilitarismo, que es totalmente contraria a la doctrina cristiana y
auténticamente humana de la persona y la comunidad humana.

Sin embargo, tenemos que ser realistas y aceptar el hecho de que la persona humana, con toda su
maravillosa dignidad, se encuentra en un estado de naturaleza caída debido al pecado original.
Ese pecado ha tenido graves consecuencias para la humanidad. Las guerras, los abortos, la
inmoralidad sexual y otros males atestiguan que el ser humano ha sido herido por el pecado en su
propia naturaleza. Por ello debemos abordar el tema del pecado original y sus consecuencias.

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5. ¿Qué es el pecado original y cómo ha afectado la naturaleza humana?


Dios creó al hombre y a la mujer como criaturas perfectas en cuerpo y alma, inmunes al error, al
sufrimiento y a la muerte. Los creó en amistad con Él, entre ellos y en armonía con toda la
creación13.

Dios creo al hombre y a la mujer libres. Esa libertad es simbolizada en la Biblia por medio del
árbol del conocimiento del bien y del mal, de cuyo fruto Dios les prohibió comer so pena de
morir. “El árbol del conocimiento del bien y del mal [Gn 2:16-17] evoca simbólicamente el
límite infranqueable que el hombre en cuanto criatura debe reconocer libremente y respetar con
confianza. El hombre depende del Creador, está sometido a las leyes de la Creación y a las
normas morales que regulan el uso de la libertad”14.

“El hombre, tentado por el diablo, dejó morir en su corazón la confianza hacia su creador (cf. Gn
3,1-11) y, abusando de su libertad, desobedeció al mandamiento de Dios. En esto consistió el
primer pecado del hombre (cf. Rm 5,19). En adelante, todo pecado será una desobediencia a Dios
y una falta de confianza en su bondad”15.

“En este pecado, el hombre se prefirió a sí mismo en lugar de Dios, y por ello despreció a Dios:
hizo elección de sí mismo contra Dios, contra las exigencias de su estado de criatura y, por tanto,
contra su propio bien. El hombre, constituido en un estado de santidad, estaba destinado a ser
plenamente ‘divinizado’ por Dios en la gloria. Por la seducción del diablo quiso ‘ser como Dios’
(cf. Gn 3,5), pero sin Dios, antes que Dios y no según Dios”16.

El pecado original fue un pecado de soberbia de querer suplantar a Dios. El


hombre y la mujer quisieron convertirse en árbitros del bien y del mal, en vez
de reconocer que Dios es el que decide. Hoy en día existe una ideología muy
equivocada que se llama relativismo. Consiste en pretender que la conciencia
moral del individuo es la que determina lo que está bien y lo que está mal, en
vez de Dios. De esa manera, cada uno decide hacer lo que le da la gana. No
reconoce que hay unos principios morales que son objetivos y universales
que Dios ha inscrito en la naturaleza humana. La conciencia no es la fuente
de la moral, sino testigo de la presencia de la ley natural de Dios en
nosotros17. El tema del relativismo lo abordaremos con más profundidad más
adelante.

13
Véase Catecismo, no. 374.
14
Ibíd., no. 396.
15
Ibíd., no. 397.
16
Ibíd., no. 398.
17
Véase Romanos 2:14-16.

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“Como consecuencia del pecado original, la naturaleza humana quedó debilitada en sus
fuerzas, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al dominio de la muerte, e inclinada al
pecado (inclinación llamada ‘concupiscencia’)”18.

Observemos que la doctrina de la Iglesia dice que la naturaleza humana quedó debilitada, pero
no destruida. Ello quiere decir que el hombre y la mujer todavía tienen la capacidad de buscar a
Dios y el bien por medio de su razón y las fuerzas para hacer lo correcto por medio de su
voluntad. Sin embargo, sin la gracia de Dios no pueden perseverar en el bien y salvarse,
necesitan la gracia de Dios en Cristo para lograrlo19.

“Adán y Eva transmitieron a su descendencia la naturaleza humana herida por su primer


pecado, privada por tanto de la santidad y la justicia originales. Esta privación es llamada
‘pecado original’... el pecado original se transmite, juntamente con la naturaleza humana, por
propagación, no por imitación y que se halla como propio en cada uno”20.

Esto quiere decir que cada uno de nosotros, excepto Jesús y la Virgen María, es concebido con el
pecado original. Este pecado original no es un acto de pecado personal, sino un estado de pecado
contraído21.

6. ¿Cómo podemos resumir los puntos principales de esa lección?


La antropología adecuada que enseñan la revelación divina y la Iglesia es que la persona humana
es una unidad de cuerpo y alma que está llamada a relacionarse con los demás. La primera
comunidad humana es el matrimonio entre un hombre y una mujer, de donde surgen la familia y,
eventualmente, la sociedad.

Al haber sido creada a imagen de Dios y llamada a una vida eterna con Él, la persona humana
posee una dignidad o valor intrínseco y absoluto por el mero hecho de ser persona. El cuerpo
humano comparte esta dignidad y por tanto tiene una relevancia moral. Esto es importante para
la defensa de la vida y la familia.

Aunque el pecado original hirió profundamente la naturaleza humana e hizo que la persona
humana perdiera la justicia (la rectitud moral) y la santidad originales, por la gracia que Cristo
nos ganó en la cruz podemos y debemos vencer el pecado y vivir según la voluntad original de
Dios: amarlo a Él y a nuestro prójimo.

18
Catecismo, no. 418.
19
Véase nos. 420 y 421.
20
Catecismo, no. 419.
21
Véase Ibíd., no. 404.

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Lección 4: La persona humana y la moral (I)

1. ¿Cuál es el fundamento de la moral y cuáles son sus componentes


esenciales?
En la lección anterior dijimos que los temas que vamos a abordar en este curso son
esencialmente asuntos de moral (o ética), especialmente los relacionados con la defensa y
promoción de la vida humana y la familia. También definimos la moral como la manera de vivir
que realiza el bien de la persona amando a Dios y a los demás, lo cual nos lleva a Dios, nuestro
Bien Supremo. Por lo tanto, el fundamento inmediato de la moral es la naturaleza humana y su
dignidad. Y el fundamento último (el más importante) es Dios, Creador de la naturaleza humana.

En el resto de esta lección vamos a desarrollar esta definición de moral en sus diferentes aspectos
o conceptos. A continuación vamos a presentar de manera incoada estos conceptos esenciales.

Un primer concepto que está relacionado directamente con


la dignidad humana es el hecho de que la persona humana
ha sido creada a imagen de Dios, fundamento de su
dignidad. Ahora bien, por haber sido creada a imagen de
Dios, “la persona humana ha sido dotada de un alma
espiritual e inmortal, de entendimiento y voluntad, y está
desde su concepción ordenada a Dios y destinada a la
bienaventuranza eterna. Camina hacia su perfección en la búsqueda y el amor de la verdad y del
bien”1.

En este párrafo apenas citado vemos que la persona humana posee un alma espiritual e inmortal
dotada de entendimiento (intelecto o razón) y voluntad. Estas son las dos facultades espirituales
del alma humana y el fundamento de la libertad de la persona. Por medio de su razón la persona
humana puede conocer el bien y el mal. Por medio de su voluntad puede escoger entre los dos.
En esa elección se desarrolla la vida moral. Por consiguiente, la libertad humana es
imprescindible para la vida moral. Si el ser humano no es libre, entonces no es moralmente
responsable.

También vemos que la persona humana está orientada hacia Dios y la bienaventuranza eterna.
Esa finalidad a la cual Dios ha llamado al ser humano también determina su vida moral sobre la
tierra. Si no tenemos una meta hacia la cual dirigirnos, nuestra vida y la moral carecerán de
sentido. La vida moral, es decir, el amar a Dios y al prójimo, es el camino que nos lleva a esa
meta final, que es estar con Dios y los hermanos en la vida eterna.
1
Catecismo, no. 1711.

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La vida moral consiste en que actuemos correctamente. Por lo tanto, es importante abordar el
tema de la moralidad de los actos humanos. Ahora bien, la persona humana experimenta
emociones; cuando estas emociones son fuertes se llaman pasiones. Las pasiones influyen, para
bien o para mal, en los actos humanos. Por lo tanto, el estudio de la moralidad de las pasiones
también es importante.

Pero los actos humanos, para que sean buenos, necesitan una guía y esa guía son las leyes de
Dios, en las cuales se incluyen la ley natural y la ley moral revelada en la Biblia.

La conciencia moral es testigo de la presencia de la ley de Dios en el corazón humano. La


conciencia verdadera no es la fuente de la moral, esa fuente es Dios y sus leyes. La conciencia
simplemente es testigo de la ley natural y de la ley revelada de Dios.

Hoy en día mucha gente cree que la conciencia es la que determina lo que está y lo que está mal.
Una organización que promueve este error es “Católicas” por el Derecho a Decidir (CDD), un
grupo proaborto que se hace pasar por católico y que está muy activo en Latinoamérica. La CDD
confunde al pueblo católico diciéndole que si su conciencia les dice que en un caso particular el
aborto es justificable que entonces no es pecado:

“Las mujeres pueden elegir si desean o no ser madres, cuándo y cómo, siguiendo los dictados de
su conciencia; y tienen las condiciones y los medios para llevar a cabo su decisión”2.

Obsérvese que no hay ninguna referencia a la enseñanza de la Iglesia y el mandamiento de no


matar, que todo católico debe seguir.

La ley moral, aunque inscrita en el ser humano, cuando es dada a conocer, mueve desde afuera a
la persona humana a actuar bien. Pero también el ser humano necesita un conjunto de fuerzas
que le ayuden a actuar bien desde dentro. Esas fuerzas son las virtudes, la gracia de Dios, los
dones y los frutos del Espíritu Santo.

Por último, no hay que olvidar que el ser humano ha sido afectado por el pecado. El pecado nos
desvía de la vida moral y por lo tanto hay que conocerlo para luchar contra él y poder evitarlo.

Estos son los componentes esenciales de la vida moral de la persona humana que vamos a
estudiar con más profundidad en esta y en la próxima lección.

2
Véase: Sitio web de “Católicas” por el Derecho a Decidir/México. “Nuestra Visión”.
http://catolicasmexico.org/i/que-hacemos/#propuesta.

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2. ¿Qué son las bienaventuranzas y qué nos enseñan?


La versión más completa de las bienaventuranzas se encuentran en Mateo 5:3-12 y son el
comienzo del Sermón de la Montaña de Jesús, su sermón más importante que se encuentra en
Mateo capítulos 5 al 73.

El Catecismo tiene esta lista de las bienaventuranzas en el no. 1716 que reproducimos a
continuación:

1. Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

2. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

3. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

4. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

5. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

6. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

7. Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

8. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los
cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de
mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande
en los cielos.

Las bienaventuranzas nos describen el carácter y las actitudes de


Jesús, que Él quiere que nosotros también tengamos. Son la
respuesta al deseo de toda persona humana de encontrar la felicidad
verdadera. Ese deseo lo ha puesto Dios mismo en el corazón
humano, para atraerlo hacia Él: que es la felicidad misma. Cuando
vivimos las bienaventuranzas nos acercamos al Cielo, a la
bienaventuranza (felicidad) misma de Dios4. “Las bienaventuranzas
descubren la meta de la existencia humana, el fin último de los
actos humanos”5.

3
Para ver una lista de las bienaventuranzas, véase Catecismo, no. 1716.
4
Véase Ibíd., nos. 1717-1719.
5
Ibíd., no. 1719.

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Las bienaventuranzas también son promesas que Cristo nos hace para alcanzar la vida eterna.
Perfeccionan y cumplen las promesas del Antiguo Testamento ordenándolas al Reino de los
Cielos. En los comienzos mismos del Sermón de la Montaña Jesús afirmó: “No penséis que he
venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar su cumplimiento”6.

Las bienaventuranzas también nos dan los criterios correctos para discernir el uso de los bienes
de este mundo de manera que ese uso esté en conformidad con la Ley de Dios y nos acerquen al
Cielo. Al darnos los criterios correctos, las bienaventuranzas purifican nuestro corazón para
enseñarnos a amar a Dios por encima de todo y al prójimo como a nosotros mismos7.

3. ¿Cuál es la libertad verdadera y cuál es su relación con la verdad?


“La libertad es el poder de obrar o de no obrar y de ejecutar así, por sí mismo, acciones
deliberadas”8. Esta definición de la libertad se limita a describirla como la capacidad que tiene el
ser humano de decidir entre una cosa u otra.

Pero la libertad verdadera es la capacidad que tiene la persona humana de conocer el bien y de
llevarlo a cabo. “La libertad alcanza su perfección, cuando está ordenada a Dios, el supremo
Bien”9. Por lo tanto, la auténtica libertad no es hacer lo que a uno le venga en gana, porque puede
ser que se esté eligiendo algo dañino, incluso sin saberlo. Por ejemplo, un joven puede elegir
consumir drogas pensando que eso le va a traer felicidad, cuando en realidad le va a destruir su
vida.

Por consiguiente, la auténtica libertad está en función de la verdad. Para ser verdaderamente
libres hay que elegir lo que de verdad es bueno y tener la fuerza para llevar a cabo esa elección.
Volviendo al ejemplo del joven que consume drogas. Es posible que ese joven sepa que
consumir drogas es malo, pero se ha convertido en un adicto, no tiene la fuerza para evitar
consumirla. La libertad verdadera presupone el conocimiento de la verdad.

Por eso Jesús dijo: “Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y
conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”10. Ahora bien, la Palabra de Jesús es la verdad
de Dios11, por consiguiente, vivir la verdad nos hace libres. Por otro lado, al no vivir la verdad

6
Mateo 5:17.
7
Véase Catecismo, nos. 1728 y 1729.
8
Catecismo, no. 1744.
9
Ibíd.
10
Juan 8:31-32.
11
Véase Ibíd., 18:37.

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perdemos la auténtica libertad. Jesús añadió: “En verdad, en verdad os digo: todo el que comete
pecado es un esclavo”.12
El problema del hombre contemporáneo es que cree erróneamente
que la libertad humana es un absoluto y que incluso puede estar
divorciada de la verdad moral. Pero como nos enseña San Juan
Pablo II:

“Es la libertad de una criatura, o sea, una libertad donada, que se


ha de acoger como un germen y hacer madurar con
responsabilidad. Es parte constitutiva de la imagen creatural, que
fundamenta la dignidad de la persona, en la cual aparece la
vocación originaria con la que el Creador llama al hombre al
verdadero Bien, y más aún, por la revelación de Cristo, a entrar en
amistad con él, participando de su misma vida divina. Es, a la vez,
inalienable auto-posesión y apertura universal a cada ser existente, cuando sale de sí mismo
hacia el conocimiento y el amor a los demás. La libertad se fundamenta, pues, en la verdad del
hombre y tiende a la comunión”13.

Aquí el Papa nos enseña no sólo que sin verdad no hay verdadera libertad, sino también que (1)
la libertad es auto-posesión, es decir, auto-dominio (control sobre las pasiones desordenadas) y
(2) que la libertad debe estar abierta a Dios y a los demás. Más adelante en este curso
exploraremos con más profundidad la relación entre la verdadera libertad, la auto-posesión y el
verdadero amor. Por ahora, podemos afirmar que sólo los que se poseen a sí mismos pueden
darse a sí mismos, es decir, son libres para amar a Dios y al prójimo, que es la moral verdadera.
De lo contrario, la persona se encierra en sí misma y cae en el individualismo egoísta.

Ahora bien, para conocer la verdad moral, que debe guiar la libertad, hay que conocer la Ley de
Dios, la cual expresa esa verdad moral.

4. ¿Qué es la Ley de Dios?


Dijimos anteriormente que la Ley de Dios es la que debe guiar los actos humanos. En la
respuesta a esta pregunta vamos a abordar la ley natural, la Ley antigua y la Ley nueva. Pero
antes tenemos que definir qué es la ley en general.

12
Ibíd., 8:34.
13
San Juan Pablo II, Encíclica Veritatis Splendor (“El esplendor de la verdad”), 6 de agosto de 1993, no. 86.
http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_06081993_veritatis-
splendor.html.

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Según Sto. Tomás de Aquino, “La ley es una ordenación de la razón para el bien común,
promulgada por el que está a cargo de la comunidad”14. Analicemos brevemente los
componentes esenciales de esta definición:

Es una ordenación de la razón. Aquí Sto. Tomás se está


refiriendo a la razón práctica, es decir, aquella dimensión de
la razón que está dirigida a la acción, a la vida moral. (La
razón especulativa es la dimensión de la razón que está
dirigida al estudio del ser o la metafísica.)

Para el bien común. La ley no puede ser injusta, para que sea
legítima tiene que estar ordenada hacia el bien de todos en la
comunidad.

Promulgada. Todos en la sociedad deben tener la posibilidad


de conocerla. La ley debe ser dada a conocer de distintos
modos.

Por el que está a cargo de la comunidad. El que está a cargo


de la comunidad puede ser el rey o el presidente o incluso
varias personas, como en el caso de una legislatura, según la configuración política de una
sociedad o país. El hecho de que la ley esté dirigida al bien común limita la autoridad del que
gobierna e impide que se convierta en despotismo15.

Sto. Tomás, al definir la ley, estaba pensando en Dios como supremo y justo legislador del
mundo y de la persona humana16. Siguiendo a Sto. Tomás y a toda la tradición católica, el
Catecismo divide su doctrina sobre la ley moral en tres partes: la ley natural, la Ley antigua y la
Ley nueva o Ley evangélica17.

En la próxima lección exploraremos estas partes de la ley moral.

14
Sto. Tomás de Aquino, Suma Teológica, I parte de la II parte, cuestión 90, artículo 4. Citado en Catecismo, no.
1976.

15
Véase Catecismo, no. 1903.
16
Véase la introducción de Sto. Tomás a su tratado sobre la ley en la I parte de la II parte de su Suma Teológica,
cuestiones 90 a 114.
17
Véase Catecismo, nos. 1950-1974.

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Lección 5: La persona humana y la moral (II)

1. ¿Qué es la ley natural?

Antes de definir qué es la ley natural debemos precisar lo siguiente. Primero que todo existe la
ley eterna que se encuentra en Dios mismo y que expresa Su carácter. Luego Dios inscribe Su ley
en la naturaleza humana, la cual, en cuanto captada por la razón humana se llama ley natural.
Pero, debido al pecado original, que debilitó la razón y la voluntad de la persona humana, Dios
también decidió revelar esa ley natural en la Ley antigua, especialmente en los Diez
Mandamientos, para así ayudar a todos a conocerla con más facilidad. La ley natural y la Ley
antigua alcanzan su plenitud en Jesucristo por medio de la Ley evangélica o Ley nueva. Por
último, también existen las leyes humanas, las cuales deben fundarse en la ley natural: las leyes
civiles y las leyes eclesiásticas (estas últimas, se fundan también en la Ley evangélica)1.

Ahora estamos listos para definir la ley natural con más precisión: “La ley natural es una
participación en la sabiduría y la bondad de Dios por parte del hombre, formado a imagen de su
Creador. Expresa la dignidad de la persona humana y constituye la base de sus derechos y sus
deberes fundamentales”2.

De esta definición se deduce que todos los seres


humanos están moralmente obligados a seguir la
ley natural. “La ley natural, presente en el
corazón de todo hombre y establecida por la
razón, es universal en sus preceptos, y su
autoridad se extiende a todos los hombres”3.

Por consiguiente, no se le puede acusar de “moral sectaria” a la Iglesia ni a los demás cristianos
o personas religiosas cuando, por ejemplo, denuncian el aborto, ya que la prohibición de matar
directamente al inocente es parte de la ley natural y no únicamente una enseñanza bíblica. En
este curso apelamos precisamente a la ley natural y a la ciencia, y no sólo a la enseñanza de la
Iglesia, cuando abordamos los temas relacionados con la defensa de la vida humana y de la
familia. Los principios morales de la ley natural expresan valores humanos permanentes y
siempre valederos para todas las sociedades:

“La ley natural es inmutable y permanente a través de las variaciones de la historia; subsiste bajo
el influjo de ideas y costumbres y sostiene su progreso. Las normas que la expresan permanecen

1
Véase Catecismo, nos. 1951-1953.
2
Ibíd., no. 1978.
3
Ibíd., no. 1956.

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substancialmente valederas… Establece también la base moral indispensable para la edificación


de la comunidad de los hombres. Finalmente, proporciona la base necesaria a la ley civil”4.

Algunos piensan erróneamente que una sociedad democrática y pluralista no puede tener como
fundamento la ley natural con sus principios inmutables. Creen que la base de tal sociedad debe
ser una “moral” relativista, la cual niega la existencia de tales principios. Pero precisamente para
que una democracia sea justa, ésta debe fundarse en unos principios y valores que sean justos,
universales y objetivos. De lo contrario, los fuertes acabarán imponiendo su “moral” injusta a los
débiles e indefensos, como ocurre con el aborto, sobre todo cuando éste es legalizado. Se trata de
la dictadura del relativismo.

Tenemos que comprender que los principios y valores eternos no deben ser objeto de votación,
sino que precisamente fundamentan y anteceden todo proceso democrático. Siguiendo con el
caso del aborto, los bebés cuyas vidas han sido destruidas por este crimen no pueden votar ni
ejercer ninguna otra libertad civil. No es la democracia la que debe determinar el derecho a la
vida ni ningún otro derecho fundamental, al contrario, es el derecho a la vida y los demás
derechos fundamentales los que establecen la democracia o cualquier otro sistema político que
pretenda ser justo.

San Juan Pablo II explica y refuta de manera excelente este error tan frecuente hoy en día:

“Después de la caída, en muchos países, de las ideologías que condicionaban la política a una
concepción totalitaria del mundo —la primera entre ellas el marxismo—, existe hoy un riesgo no
menos grave debido a la negación de los derechos fundamentales de la persona humana y a la
absorción en la política de la misma inquietud religiosa que habita en el corazón de todo ser
humano: es el riesgo de la alianza entre democracia y relativismo ético, que quita a la
convivencia civil cualquier punto seguro de referencia moral, despojándola más radicalmente del
reconocimiento de la verdad. En efecto, si no existe una verdad última —que guíe y oriente la
acción política—, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas
fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se
convierte con facilidad en un totalitarismo visible o
encubierto, como demuestra la historia”5.

Ahora bien, “Los preceptos de la ley natural no son percibidos


por todos, sin dificultad, con firme certeza y sin mezcla alguna
de error. En la situación actual, la gracia y la revelación son
necesarias al hombre pecador para que las verdades religiosas

4
Ibíd., nos. 1958-1959.
5
San Juan Pablo II, Encíclica Veritatis Splendor sobre algunas cuestiones fundamentales de la enseñanza moral de
la Iglesia, 6 de agosto de 1993, no. 101. http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-
ii_enc_06081993_veritatis-splendor.html#-4H.

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y morales puedan ser conocidas de todos y sin dificultad, con una firme certeza y sin mezcla de
error. La ley natural proporciona a la Ley revelada y a la gracia un cimiento preparado por Dios
y armonizado con la obra del Espíritu”6. Precisamente a continuación abordamos el tema de la
Ley antigua y después la Ley evangélica o Ley nueva.

2. ¿Qué es la Ley antigua?


“La Ley antigua es la primera etapa de la Ley revelada. Sus prescripciones morales se resumen
en los diez mandamientos”7.

Basándose en Éxodo 20:2-17 y en Deuteronomio 5:6-21, la Iglesia, desde muy antiguo, ha


resumido los diez mandamientos en una lista que podemos encontrar en el Catecismo al
comienzo de la II Sección de la III Parte que trata sobre la “Vida en Cristo”, es decir, la moral.
Concretamente se encuentra entre los nos. 2051 y 2052 en la columna designada como la
“fórmula catequética” que reproducimos a continuación:

1. Yo soy el Señor tu Dios. No habrá para ti otros dioses delante de mí. [Amarás a Dios sobre
todas las cosas.]
2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas. [Ir a Misa todos los domingos y días de precepto.]
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros. [No cometerás adulterio, no cometerás fornicación, etc.]
7. No robarás.
8. No dirás falso testimonio ni mentirás.
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos.

Algunos creen erróneamente que los diez mandamientos quedaron superados con la venida de
Cristo. Creen que ya no hace falta obedecerlos para obtener la salvación, que basta con la fe y la
Ley del Espíritu. Pero eso no es verdad, el mismo Cristo afirmó: “No penséis que he venido a
abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento”8.

Esta afirmación de Cristo aparece en los comienzos de su Sermón de la Montaña, el cual


podemos considerar el mensaje central del cristianismo9. Precisamente en ese sermón Jesús lleva
a su perfección varios mandamientos de la Ley antigua al enseñar que los mismos deben tener su

6
Ibíd., no. 1960.
7
Ibíd., no. 1980.
8
Mateo 5:17.
9
Véase Catecismo, no. 1965.

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origen en el corazón y no limitarse a ser objeto de una obediencia externa. Tomemos como
ejemplo el mandamiento de no matar:

“Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el
tribunal. Pero yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el
tribunal…”10

Aquí Jesús no se está refiriendo a un enojo cualquiera, sino a un enojo que lleva consigo un odio
capaz de desear la muerte del prójimo.

Nos damos cuenta entonces que Jesús, lejos de abolir los diez mandamientos, los reafirmó y los
perfeccionó con su Ley evangélica. A continuación abordamos ese tema.

3. ¿Qué es la Ley evangélica o Ley nueva?


En realidad no es difícil definir y explicar qué es la Ley evangélica o Ley nueva, que también se
puede llamar Ley del Espíritu Santo. Bastan unas pocas palabras para definirla. Lo difícil es
vivirla, pero para ello contamos con la gracia de Dios:

“La Ley nueva o Ley evangélica es la perfección aquí


abajo de la ley divina, natural y revelada. Es obra de Cristo
y se expresa particularmente en el Sermón de la Montaña.
Es también obra del Espíritu Santo, y por él viene a ser la
ley interior de la caridad: “Concertaré con la casa de Israel
una alianza nueva [...] pondré mis leyes en su mente, en sus
corazones las grabaré; y yo seré su Dios y ellos serán mi
pueblo” (Hebreos 8, 8-10; véase Jeremías 31, 31-34). La
Ley nueva es la gracia del Espíritu Santo dada a los fieles
mediante la fe en Cristo. Actúa por la caridad [el amor], utiliza el Sermón del Señor para
enseñarnos lo que hay que hacer, y los sacramentos para comunicarnos la gracia de realizarlo”11.

En cuanto a su contenido, la Ley nueva se encuentra esencialmente en el Sermón de la Montaña


(por supuesto, hay que tener en cuenta también el resto de las enseñanzas evangélicas). Pero la
Ley nueva es también una fuerza, es el Espíritu Santo actuando en el corazón humano
produciendo obras de amor. Por último y como acabamos de ver, la Ley nueva perfecciona la ley
natural y la ley antigua.

10
Mateo 5:21-22.
11
Catecismo, nos. 1965 y 1966.

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Jesús mismo es en su persona y en su obrar la perfección de la Ley de Dios, Él es la Ley Nueva.


Por eso, dijo a sus discípulos: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros.
Que, como yo os he amado, así os améis vosotros los unos a los otros”12.

Podemos darnos cuenta con toda claridad que el concepto de la ley moral que hemos abordado
en sus diferentes modalidades no tiene nada que ver con una comprensión legalista de la ley. Se
trata de un conjunto de dinamismos que Dios ha grabado en la naturaleza humana, en su alma y
en su corazón, y cuya plenitud es el amor mismo de Dios. Con esa comprensión de la Ley de
Dios abordamos el tema de la conciencia, la cual es precisamente testigo de esa ley.

4. ¿Qué es la conciencia moral?


De manera general podemos definir la conciencia como testigo de la Ley que Dios ha impreso en
nuestro corazón y en nuestra mente. San Pablo dice: “…cuando los gentiles [los paganos], que
no tienen ley [la ley del Antiguo Testamento], cumplen naturalmente las prescripciones de la ley,
sin tener ley, para sí mismos son ley, como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita
en su corazón, atestiguándolo su conciencia…”13

Aquí vemos claramente que San Pablo está hablando de la ley


natural de la cual es testigo la conciencia. Los gentiles son los no
judíos y como tales carecían de los diez mandamientos pues éstos
aparecen en las Escrituras Hebreas, es decir, en el Antiguo
Testamento. Sin embargo, San Pablo dice que la conciencia de los
gentiles es testigo de una ley que ellos tienen “escrita en su
corazón”. Como ya hemos señalado anteriormente, la historia se
había encargado de darle la razón a San Pablo mostrando que los
pueblos paganos antiguos seguían, a veces bien a veces mal,
principios morales esencialmente equivalentes a los diez
mandamientos. Lo vimos en el caso, por ejemplo, de Aristóteles
(siglo IV AC), quien escribió todo un tratado de moral llamado La ética nicomaquea.

Si la conciencia no fuese testigo de la ley moral sino su fuente, caeríamos inmediatamente en el


relativismo o individualismo “moral”. Esta ideología plantea no solo que los principios morales
de la ley natural no existen, sino que la conciencia de cada individuo decide su propia moral. En
ese caso, además del caos y la falta de solidaridad y unidad entre los seres humanos, caemos en
la dictadura de los fuertes contra los débiles que ya señalamos: la dictadura del relativismo,

12
Juan 13:34.
13
Romanos 2:14-15.

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donde los que tienen voz y voto le imponen a los indefensos su propia “moral”. El caso del
aborto es el ejemplo más cruel de esa dictadura.

San Juan Pablo II ha refutado esta concepción errónea de la conciencia que niega su dependencia
y vínculo con el bien y la verdad moral (que la Ley de Dios contienen), y que conduce al
individualismo relativista:

“Abandonada la idea de una verdad universal sobre el bien, que la razón humana puede conocer,
ha cambiado también inevitablemente la concepción misma de la conciencia: a ésta ya no se la
considera en su realidad originaria, o sea, como acto de la inteligencia de la persona, que debe
aplicar el conocimiento universal del bien en una determinada situación y expresar así un juicio
sobre la conducta recta que hay que elegir aquí y ahora; sino que más bien se está orientado a
conceder a la conciencia del individuo el privilegio de fijar, de modo autónomo, los criterios del
bien y del mal, y actuar en consecuencia. Esta visión coincide con una ética individualista, para
la cual cada uno se encuentra ante su verdad, diversa de la verdad de los demás”14.

La doctrina de la Iglesia amplía este concepto de conciencia de tres maneras distintas pero
relacionadas entre sí y que se iluminan mutuamente. La primera es que la conciencia es el ámbito
en el interior del ser humano donde resuena la voz de Dios llamándolo a seguir Su Ley de amor.
“La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios,
cuya voz resuena en lo más íntimo de ella”15. Es decir, por medio de su conciencia, la persona
humana tiene la posibilidad de conocer la ley moral, los principios morales.

Pero la conciencia, según la Iglesia, también es


un acto de la razón práctica, es decir, un juicio
La Iglesia enseña tres por medio del cual el ser humano reconoce (no
determina) si una acción concreta es buena o
conceptos de conciencia: mala. “La conciencia moral es un juicio de la
razón por el que la persona humana reconoce la
1) El conocimiento de los calidad moral de un acto concreto”16. Se trata
principios morales. de la aplicación a un caso concreto de los
principios morales.
2) El proceso de
discernimiento moral. Por último, la enseñanza de la Iglesia también
3) El acto de juicio moral. define la conciencia moral como el proceso que
comienza con el conocimiento de los principios
morales, sigue con un discernimiento de cómo
aplicarlos a una situación concreta y finalmente termina en un acto de juicio práctico que

14
El Esplendor de la Verdad, no. 32.
15
Catecismo, no. 1795.
16
Ibíd., no. 1796.

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concluye con dicha aplicación a un acto concreto. “La conciencia moral comprende la
percepción de los principios de la moralidad [primera definición], su aplicación a las
circunstancias concretas mediante un discernimiento práctico de las razones y de los bienes [la
segunda definición que acabamos de dar], y en definitiva el juicio formado sobre los actos
concretos que se van a realizar o se han realizado [la primera definición que dimos]”17.

En estas tres definiciones de la conciencia la clave sigue siendo que la conciencia es testigo de
las leyes morales que son objetivas y universales. Cabe la posibilidad de que la persona humana
sin saberlo y sin habérsele ocurrido preguntar tiene un conocimiento equivocado de las leyes
morales y, en consecuencia, actúa mal. En ese caso, decimos que la persona padeció en ese
momento concreto de una ignorancia invencible y su acto inmoral no le puede ser imputado18.

Sin embargo, aquí hay que andar con mucho cuidado, porque todos tenemos en nuestro corazón
el principio básico de la ley moral que es “sigue el bien y evita el mal”. Es decir, todos estamos
obligados en conciencia a buscar la verdad moral: “La dignidad de la persona humana implica y
exige la rectitud de la conciencia moral”19. Esta rectitud de la conciencia o conciencia recta
implica la sinceridad con que la persona humana debe buscar el bien moral y llevarlo a cabo una
vez encontrado20.

Por ello, en situaciones donde una persona está confundida respecto de qué es lo correcto y qué
no lo es, ningún sacerdote, líder laico, religioso o religiosa debe
confundirla más todavía diciéndole: “Sigue tu conciencia” y luego
añadir que la Iglesia enseña que siempre debemos seguir nuestra
conciencia. No, la Iglesia no enseña exactamente eso. Lo que la Iglesia
enseña es que “el ser humano debe obedecer siempre el juicio cierto de
su conciencia”21. Este consejo erróneo de “sigue tu conciencia” ocurre
mucho en el caso de la anticoncepción. Por eso tenemos la triste
situación de muchos católicos que usan anticonceptivos y hasta se
acercan a comulgar.

La conciencia recta es la que con sinceridad busca la verdad moral. No


se trata solamente de ser honesto sino también de buscar y ajustarse a
lo verdadero. He ahí la diferencia entre una conciencia verdadera y una
conciencia falsa. “Esta ignorancia puede con frecuencia ser imputada a

17
Ibíd., no. 1780.
18
Véase Ibíd., no. 1793.
19
Ibíd., no. 1780.
20
Véase Concilio Vaticano II, Declaración “Dignitatis humanae”, sobre la libertad religiosa, 7 de diciembre de
1965, no. 2. http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-
ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html.
21
Ibíd., no. 1800.

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la responsabilidad personal. Así sucede cuando el hombre no se preocupa de buscar la verdad y


el bien y, poco a poco, por el hábito del pecado, la conciencia se queda casi ciega. En estos
casos, la persona es culpable del mal que comete”22.

La clave está en la formación de la conciencia. Los católicos tenemos la grave responsabilidad de


formar nuestra conciencia a la luz de la Palabra de Dios (en la Biblia y en la Tradición)
interpretada auténticamente sólo por el Magisterio de la Iglesia y no seguir opiniones teológicas
de personas (sacerdotes o laicos) que están equivocadas23.

En este curso humildemente nos proponemos exponer siempre la verdad moral que la Iglesia,
basada en la Palabra de Dios, nos enseña, especialmente en relación con los temas en defensa de
la vida y la familia. Tenemos la esperanza de quienes tomen este curso tengan la misma actitud
de receptividad a esta enseñanza.

Como la conciencia también es un juicio acerca de la moralidad de un acto concreto, el primer


tema que abordaremos en la próxima lección será la moralidad de los actos humanos.

22
Ibíd., no. 1791.
23
Véase Catecismo, nos. 85-87 y 1802.

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Lección 6: La persona humana y la moral (III)

1. ¿Qué es el acto humano y cuáles son sus fuentes de moralidad?

El acto humano es un acto deliberado, es decir, es un acto libremente realizado. “La libertad hace
del hombre un sujeto moral. Cuando actúa de manera deliberada, el hombre es, por así decirlo, el
padre de sus actos. Los actos humanos, es decir, libremente realizados tras un juicio de
conciencia, son calificables moralmente: son buenos o malos”1.

La doctrina católica enseña que para calificar un acto humano como bueno o como malo son
necesarias tres fuentes: “El objeto, la intención y las circunstancias forman las ‘fuentes’ o
elementos constitutivos de la moralidad de los actos humanos”2.

El objeto o materia del acto humano es un bien o un


valor hacia el cual la voluntad tiende
La moralidad del acto deliberadamente. El objeto elegido es lo que
humano se funda en: determina si el acto humano es bueno o malo, es
decir, si ese bien o valor es conforme al orden moral
1) El objeto. verdadero. Ese orden moral verdadero está
constituido por la Ley de Dios y atestiguado por la
2) La intención. conciencia. La razón humana debe reconocer que el
3) Las circunstancias. objeto elegido está verdaderamente en conformidad
con el orden moral3.

“Hay actos que por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias y de las


intenciones, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto”4. Por ejemplo, el objeto del
aborto es totalmente contrario al orden moral objetivo porque consiste en la matanza directa y
deliberada de un ser humano inocente, cuyo valor o dignidad es inconmensurable. Por lo tanto,
cuando la voluntad elige ese objeto comete un acto intrínseca y gravemente malo. La
anticoncepción es otro ejemplo de un acto intrínseca y gravemente malo.

La intención también determina la moralidad esencial de un acto humano. La intención es el fin


último que se busca por medio del acto humano. El objeto elegido es el medio seleccionado por
la intención de la voluntad para lograr el fin deseado5.

1
Catecismo, no. 1749.
2
Ibíd., no. 1750.
3
Véase Ibíd., no. 1751.
4
Ibíd., no. 1756.
5
Véase Ibíd., no. 1752.

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Por ejemplo, la elección del aborto puede ser un medio para conseguir el fin de evitar caer en la
pobreza. En ese caso, el aborto es el objeto elegido y la intención es evitar la pobreza. El
problema aquí es que se está eligiendo un medio malo para obtener un fin bueno. El fin nunca
justifica los medios6. Una intención buena nunca puede convertir en bueno un objeto malo en sí
mismo.

También puede ocurrir que una misma intención ordene varias acciones para conseguir un
mismo fin próximo, y también un mismo fin último. Por ejemplo, en el caso de un buen cristiano
que se dedica a servir a los pobres, los objetos elegidos son todos los
servicios que esa persona hace, su fin próximo es aliviar el sufrimiento
de sus semejantes, y su fin último es servir a Dios, Supremo Bien7.

Ocurre también que una intención mala eche a perder un acto cuyo
objeto era bueno. Por ejemplo, una persona puede estar ayudando a los
pobres pero no por amor a Dios y al prójimo, sino por vanagloria8.

Resumiendo lo que hemos dicho hasta ahora. El objeto y la intención


son los que determinan la moralidad esencial de un acto humano, es
decir, determinan si el acto es bueno o malo.

Como veremos a continuación, las circunstancias no determinan la moralidad esencial de un


acto humano. No pueden cambiar un acto bueno en malo o un acto malo en bueno, solamente
pueden aumentar o disminuir la bondad o maldad de un acto humano:

“Las circunstancias, comprendidas en ellas las consecuencias, son los elementos secundarios de
un acto moral. Contribuyen a agravar o a disminuir la bondad o la malicia moral de los actos
humanos (por ejemplo, la cantidad de dinero robado). Pueden también atenuar o aumentar la
responsabilidad del que obra (como actuar por miedo a la muerte). Las circunstancias no pueden
de suyo modificar la calidad moral de los actos; no pueden hacer ni buena ni justa una acción que
de suyo es mala”9.

En conclusión, para que un acto humano sea totalmente bueno, la intención y el objeto deben ser
buenos y las circunstancias deben ser las adecuadas. Para que un acto humano sea malo, basta
con que la intención o el objeto sean malos10.

6
Véase Ibíd., no. 1753.
7
Véase Catecismo, no. 1752.
8
Véase Ibíd., no. 1753.
9
Ibíd., no. 1754.
10
Véase ibíd., no. 1755.

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2. ¿Cuáles son algunos errores en relación con la moralidad de los actos


humanos?
Hoy en día existe el error de creer que basta con que la intención sea buena para que el acto
humano sea bueno. Este error ya lo hemos refutado y se llama intencionalismo o subjetivismo,
porque reduce la moralidad del acto humano a la intención subjetiva del que actúa. Este error se
da mucho en el caso de la anticoncepción. Muchas personas, incluyendo católicas, creen
erróneamente que si tienen buenos motivos entonces están justificadas para usar anticonceptivos.
Pero la anticoncepción es un acto intrínseca y gravemente malo, su objeto es desordenado y
nunca puede justificar un fin bueno, porque va en contra de los valores de transmitir la vida y el
amor conyugal11.

El error esencial de esta postura es reducir el acto humano a uno de sus componentes. Este error
lleva al relativismo “moral”, porque en ese caso cada cual determina según su propia intención lo
que está bien o mal sin referencia al orden moral objetivo de los valores.

Otro error contemporáneo es creer que la situación o circunstancia determina la moralidad de un


acto humano. Ese error se llama situacionismo. “Es, por tanto, erróneo juzgar de la moralidad de
los actos humanos considerando sólo la intención que los inspira o las circunstancias (ambiente,
presión social, coacción o necesidad de obrar, etc.) que son su marco. Hay actos que, por sí y en
sí mismos, independientemente de las circunstancias y de las intenciones, son siempre
gravemente ilícitos por razón de su objeto; por ejemplo, la blasfemia y el perjurio, el homicidio y
el adulterio. No está permitido hacer el mal para obtener un bien”12.

El error de esta postura consiste en reducir la moralidad de un acto humano a solamente uno de
sus aspectos: las circunstancias o situación. De esa manera se pasa por alto lo que de verdad hace
que un acto humano sea bueno o malo, a saber, si el objeto y la intención
de ese acto están en conformidad o no con los verdaderos valores. Si el
objeto y la intención son ignorados, entonces volvemos a caer en el
relativismo “moral”, donde cada cual acaba haciendo lo que quiere según
las circunstancias.

Uno de los exponentes principales, de hecho, fue llamado “el padre de la


ética situacional”, era el sacerdote Episcopal y profesor de bioética
Joseph Fletcher, autor del libro Situation Ethics: The New Morality
(“Ética de la situación: La nueva moral”, traducción libre). Con esta
errónea teoría Fletcher llegó a justificar el aborto, el infanticidio, la

11
Véase Pablo VI, Encíclica Humanae vitae, sobre la vida humana, 25 de julio de 1968, no. 16.
http://www.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html.
12
Catecismo, no. 1756.

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eutanasia, la eugenesia y la clonación humana13. Fletcher justificaba su teoría apelando al amor


cristiano que lo justifica todo. Pero eso contradice directamente las Sagradas Escrituras. “En esto
consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos”14. En efecto, un amor sin
referencia a los mandamientos está vacío de contenido.

3. ¿Qué es el proporcionalismo y cual es su relación con el principio del doble


efecto?
Existe también el error de creer que la moralidad del acto humano se reduce a sus consecuencias
o al balance de valores. Es decir, se niega la existencia del objeto del acto. Esta teoría se llama
consecuencionalismo o proporcionalismo. Ha surgido a partir de reducir el principio del doble
efecto a la razón proporcionada.

El principio del doble efecto plantea que una acción en la que se prevé que va a tener un efecto
bueno y otro malo, se puede realizar si no hay otra alternativa y se cumplen las siguientes
condiciones:

1. La intención es buena, solo se desea el efecto bueno.


2. El objeto de la acción es bueno o al menos moralmente neutral.
3. El efecto malo es precisamente un efecto y no una acción mala.
4. El efecto bueno debe ser superior o al menos igual al malo15.

La condición 4 también se llama la razón proporcionada. Por ello, los que reducen este principio
a esa condición, incluyendo tristemente algunos moralistas católicos, se llaman
proporcionalistas. Como esa condición consiste en un balance de los efectos o consecuencias,
los que reducen este principio a esa condición también se llaman consecuencionalistas.

Pero la clave del error está en negar la condición 2, es decir, en negar la existencia del objeto de
la acción. Cuando esto ocurre se derrumba toda la evaluación moral de los actos humanos que
hemos explicado hasta ahora y no se le hace justicia a la totalidad moral de dichos actos. La
moralidad de los actos humanos queda reducida al balance de los valores o antivalores
implicados en los efectos del acto. Pero al negar la existencia del objeto del acto se niega la
referencia al orden moral objetivo de los bienes o valores, que es lo que en definitiva le da
sentido moral a las consecuencias o efectos de dicho acto. ¿En base a qué se puede establecer

13
Véase Christian Medical Foundation.
https://www.cmf.org.uk/resources/publications/content/?context=article&id=26099. Fuente consultada el 4 de marzo
de 2020.
14
1 Juan 5:3.
15
Véase: Domingo Basso, OP, Nacer y morir con dignidad: Bioética. 3ra ed., ampliada. Ediciones Depalma Buenos
Aires, 1991, págs. 391-392.

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una comparación de efectos, si primero no se tiene una referencia clara al orden moral de los
bienes o valores? Eso es construir un sistema de evaluación moral en el “aire”, sin fundamento
alguno.

Por último, al negar la importancia del objeto del


acto se pierde la objetividad de la moral y se cae o
bien en el subjetivismo o bien en el situacionismo Algunas teorías morales
(recordemos que las consecuencias son parte de las erróneas son:
circunstancias o situación). En ambos casos estamos
de nuevo frente a una “moral” relativista, que niega 1) El subjetivismo.
la existencia de los principios morales que
pertenecen al orden moral al cual el objeto del acto 2) El situacionismo.
debe conformarse. “La historia del siglo XX es 3) El proporcionalismo.
prueba suficiente de que la razón está de la parte de 4) El relativismo.
aquellos ciudadanos que consideran falsa la tesis
relativista, según la cual no existe una norma moral,
arraigada en la naturaleza misma del ser humano, a cuyo juicio se tiene que someter toda
concepción del hombre, del bien común y del Estado”16.

En conclusión, cuando la moralidad de un acto humano es reducida a uno de sus componentes se


cae en estos errores, los cuales, en definitiva nos llevan al relativismo “moral” y a la dictadura
del relativismo. La doctrina católica sobre la triple fuente de la moralidad del acto humano es la
que le hace justicia a la complejidad de dicho acto y salvaguarda su objetividad. Más aún, la
negación del objeto del acto y de su referencia al orden moral objetivo de los valores y principios
morales niega también el hecho, que ya hemos señalado, de que la moral se funda en la
antropología (en la persona humana y su verdadero bien) y tiene su fundamento último en Dios
mismo, Creador de la persona humana y de los valores morales que Él ha inscrito en ella. En
definitiva se niega el fundamento de la moral en el ser. Nos quedamos así con una “moral” vacía
de contenido, sujeta al vaivén de los caprichos de los poderosos: la dictadura del relativismo y
sus nefastas consecuencias, como el aborto, la eutanasia, el control demográfico, la redefinición
del matrimonio, la destrucción de la familia y otros males.

4. ¿Qué es la moralidad de las pasiones?

Las pasiones son los afectos o los sentimientos por medio de las cuales la persona humana puede
intuir lo que es bueno y lo que es malo. Las pasiones buenas pueden disponer al ser humano a la
vida eterna con Dios; las malas a la condenación eterna17.

16
Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la
conducta de los católicos en la vida política, 24 de noviembre de 2002, no. 2.
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20021124_politica_sp.html.

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En realidad, las pasiones en sí mismas, en cuanto a impulsos de la sensibilidad, no son ni buenas


ni malas. Sin embargo, si están reguladas por la razón y la voluntad y dirigidas al bien, son
buenas, de lo contrario son malas18. Por ejemplo, Cristo mismo se enojó ante la falta de respeto
de los cambistas hacia el Templo de Dios en Jerusalén y por ello los echó de allí. Sin embargo,
su enojo estuvo regulado por su razón y su voluntad, porque el objetivo era purificar la Casa de
Dios de una caterva de ladrones. Además, no le hizo daño a ningún ser humano19.

Las pasiones son muchas: el amor y el odio, el deseo y el temor, la alegría, la tristeza y la ira 20.
Evidentemente se necesita toda una educación de nuestro mundo afectivo. Esto es importante
porque “La voluntad recta ordena al bien y a la bienaventuranza los movimientos sensibles que
asume; la voluntad mala sucumbe a las pasiones desordenadas y las exacerba. Las emociones y
los sentimientos pueden ser asumidos por las virtudes o pervertidos en los vicios”21. De manera
que se impone la necesidad de una educación de la voluntad y de una formación de la razón en
los valores contenidos en la Ley de Dios, para que la persona humana poco a poco vaya
encaminando sus emociones hacia el bien moral.

Pero no estamos solos en esta lucha por vencer nuestro


egoísmo y vivir el amor de Dios y el prójimo. “En la vida
cristiana, el Espíritu Santo realiza su obra movilizando todo
el ser incluidos sus dolores, temores y tristezas, como
aparece en la agonía y la pasión del Señor. Cuando se vive
en Cristo, los sentimientos humanos pueden alcanzar su
consumación en la caridad y la bienaventuranza divina”22.

La sensibilidad, la afectividad y las emociones son


importantes en la vida moral. La persona humana no se mueve sólo por su voluntad, sino
también por sus pasiones. La vida de amor a Dios y al prójimo no consiste solamente en un frío
seguimiento de los mandamientos de Dios, como si fuéramos robots, sino de asumir esos valores
tan hermosos que esos mandamientos defienden y fomentan e internalizarlos hasta que resuenen
en nuestro corazón. De hecho, “La perfección moral consiste en que el hombre no sea movido al
bien sólo por su voluntad, sino también por su apetito sensible según estas palabras del salmo:
‘Mi corazón y mi carne gritan de alegría hacia el Dios vivo’ (Sal 84,3)”23.

17
Véase Catecismo, nos. 1762 y 1771.
18
Véase ibíd., no. 1767.
19
Véase Juan 2:13-17.
20
Véase Catecismo, no. 1772.
21
Ibíd., no. 1768.
22
Ibíd., no. 1769.
23
Catecismo, no. 1770.

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Este tema de las pasiones nos ha acercado a la vida interior de la persona humana en cuanto a su
dimensión moral. La vida interior del ser humano también es llamada subjetividad, que no es lo
mismo que subjetivismo, porque en ella deben residir ese conjunto de valores que los
mandamientos contienen y promueven y no los antivalores egoístas del subjetivismo. A ese
mundo interior de la persona humana que San Juan Pablo II le llama precisamente subjetividad
(la Biblia le llama “corazón”). Al conjunto de valores que residen en la subjetividad, el Papa les
llama ethos. El objetivo de la prédica y la actividad pastoral de Jesús, según San Juan Pablo II,
fue la de transformar el corazón humano por medio del ethos (los valores) de su Evangelio24.

Esta transformación interior se logra precisamente por medio de la práctica de las virtudes, que
son los hábitos buenos que también residen en nuestro corazón o subjetividad y que nos
predisponen a actuar según el amor de Dios.

Este tema lo abordaremos en la próxima lección.

______________________________________

24
Véase: San Juan Pablo II, Catequesis sobre la teología del cuerpo. Catequesis no. 12: “Inocencia y desnudez
original”, 19 de diciembre de 1979, par. 1 y Catequesis no. 48: “La moral, el ethos y lo erótico en el amor humano”,
12 de noviembre de 1980, par. 1 y 4.

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Lección 7: La persona humana y la moral (IV)

1. ¿Qué son las virtudes morales?

“La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien. Permite a la persona no sólo
realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Con todas sus fuerzas sensibles y
espirituales, la persona virtuosa tiende hacia el bien, lo busca y lo elige a través de acciones
concretas”1.

Hay dos clases de virtudes: las virtudes morales y las virtudes teologales. Comenzamos con las
virtudes morales. En las virtudes morales se encuentran las virtudes humanas y esas mismas
virtudes son elevadas y purificadas por la gracia de Dios.

“Las virtudes humanas son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del
entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían
nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una
vida moralmente buena. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien. Las virtudes
morales se adquieren mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y los gérmenes de los actos
moralmente buenos. Disponen todas las potencias [intelecto y voluntad] del ser humano para
armonizarse con el amor divino”2. Resumiendo, las virtudes morales humanas son hábitos
buenos que se adquieren a fuerza de practicar con frecuencia actos buenos que luego se enraízan
en nuestro intelecto o en nuestra voluntad.

Las virtudes morales principales son las virtudes


cardinales. Todas las demás virtudes morales se
agrupan en torno a ellas. En orden de importancia
Las virtudes cardinales
esas virtudes son: la prudencia, la justicia, la son:
fortaleza y la templanza. La prudencia reside en
el intelecto práctico, las demás residen en la 1) La prudencia.
voluntad3. 2) La justicia.
La prudencia es la principal de las virtudes 3) La fortaleza.
cardinales porque precisamente es la que dirige a 4) La templanza.
todas las demás. “La prudencia dispone la razón
práctica para discernir, en toda circunstancia,

1
Catecismo, no. 1803.
2
Catecismo, no. 1804.
3
Véase ibíd., no. 1805 y Sabiduría 8:7.

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nuestro verdadero bien y elegir los medios justos para realizarlo”4. Mucha gente cree
erróneamente que la prudencia significa actuar con timidez, con doblez o simulación. Pero ello
no es cierto, a veces, según las circunstancias, la prudencia nos guía para actuar con cuidado,
aunque siempre con honestidad, pero en otras ocasiones puede que nos guíe a actuar de manera
arriesgada, como, por ejemplo cuando la vida de alguien peligra y tenemos la posibilidad de
intervenir5.

“La justicia consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que le es
debido”6. La justicia social es una extensión de esta virtud y consiste en saber trabajar
honestamente en grupo para obtener el bien común. Mucha gente cree equivocadamente que la
justicia social es cuando el Estado reparte cosas gratis a todo el mundo: educación superior,
atención a la salud, etc. Pero esa no es la verdadera justicia social. Ésta se da cuando los
ciudadanos mismos libremente se asocian, ya sea en empresas con fines de lucro o sin fines de
lucro, para lograr ciertos objetivos comunes, por ejemplo, para producir justamente riquezas para
todos o para defender los derechos humanos (como el derecho a la vida del no nacido), etc.
Cuando el Estado se involucra demasiado para controlar la vida de la gente, eso se llama
estatismo; cuando incluso llega a controlar los medios de producción, eso se llama socialismo,
ambas formas de colectivismo están totalmente en contra de la doctrina de la Iglesia y de la
libertad de iniciativa de las personas humanas7.

“La fortaleza es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la
búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos
en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso a la muerte, y
de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia y el
sacrificio de la propia vida por defender una causa justa. ‘Mi fuerza y mi cántico es el Señor”
(Salmo 118, 14). ‘En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: Yo he vencido al mundo”
(Juan 16, 33).”8.

“La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio
en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene
los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos
sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar ‘para seguir la pasión de su corazón’
(véase Eclesiástico 5,2; 37, 27-31). La templanza es a menudo alabada en el Antiguo
Testamento: ‘No vayas detrás de tus pasiones, tus deseos refrena’ (Eclesiástico 18, 30). En el
Nuevo Testamento es llamada ‘moderación’ o ‘sobriedad’. Debemos ‘vivir con moderación,

4
Ibíd., no. 1835.
5
Véase ibíd., no. 1806.
6
Ibíd., no. 1836.
7
Véase Catecismo, nos. 1882-1883, 1885 y 1928-1938. Véase también San Juan Pablo II, Encíclica Veritaris
Splendor sobre algunas cuestiones fundamentales de la enseñanza moral de la Iglesia, 6 de agosto de 1993, no. 101.
8
Ibíd., no. 1808.

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justicia y piedad en el siglo presente’ (Tito 2, 12)”9. En otras palabras, la templanza es la virtud
que nos capacita para, entre otras cosas, vivir correctamente nuestra sexualidad humana y
moderar el consumo de la comida y la bebida. La virtud de la castidad es parte de la templanza.

Para perseverar en la práctica de las virtudes morales es necesaria la gracia de Dios. “Con la
ayuda de Dios forjan el carácter y dan soltura en la práctica del bien. El hombre virtuoso es feliz
al practicarlas”10.

2. ¿Qué son las virtudes teologales?


Siguiendo con este tema de la necesidad de la gracia de Dios, la Iglesia nos enseña que las
virtudes morales “se arraigan en las virtudes teologales que adaptan las facultades del hombre a
la participación en la vida divina”11. Precisamente a continuación abordamos el tema de las
virtudes teologales.

Las virtudes teologales se diferencian de las


virtudes morales en que las primeras se refieren
Las virtudes teologales directamente a Dios; mientras que las morales se
son: refieren directamente a los actos buenos que a su
vez se refieren a Dios12. De hecho, la palabra
1) La fe. “teologal” viene del griego, donde “Teos” significa
“Dios” y el resto significa “en relación con”. De
2) La esperanza. ahí que “teologal” signifique “en relación (directa)
3) La caridad. con Dios”.

“Las virtudes teologales disponen a los cristianos a


vivir en relación con la Santísima Trinidad. Tienen
como origen, motivo y objeto, a Dios conocido por la fe, esperado y amado por Él mismo”13.

“Las virtudes teologales son tres: la fe, la esperanza y la caridad (véase 1 Corintios 13:13).
Informan y vivifican todas las virtudes morales. Por la fe creemos en Dios y creemos todo lo que
Él nos ha revelado y que la Santa Iglesia nos propone como objeto de fe. Por la esperanza
deseamos y esperamos de Dios con una firme confianza la vida eterna y las gracias para
merecerla. Por la caridad amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a

9
Ibíd., no. 1809.
10
Ibíd., no. 1810. Véase también el no. 1811.
11
Ibíd., no. 1812.
12
Véase ibíd.
13
Ibíd., no. 1840.

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nosotros mismos por amor de Dios. Es el ‘vínculo de la perfección’ (Colosenses 3:14) y la forma
[o esencia] de todas las virtudes14.”

En el lenguaje cotidiano a la virtud de la caridad se le llama amor. Esto en sí no es incorrecto.


Sin embargo, hay que tener en cuenta que, estrictamente hablando, para la doctrina de la Iglesia,
el término “amor”, como ya vimos, se refiere a una emoción. Sabemos que el verdadero amor o
caridad no se reduce a una emoción, aunque la incluya, sino que consiste esencialmente en un
acto de la voluntad de desear y, en la medida de lo posible, de llevar a cabo el bien del prójimo y
el propio por amor a Dios. En el Nuevo Testamento, vemos claramente que la caridad (en griego
se llama ágape) es el amor hasta el sacrificio, incluso hasta dar la vida por Dios y el prójimo,
como hizo Jesús15.

Ahora bien, la práctica de las virtudes morales y de las virtudes teologales necesita el sostén y la
fuerza de la gracia de Dios y del Espíritu Santo. Para ello existen los dones del Espíritu Santo.
Cuando la práctica de las virtudes, morales y teologales, sostenidas por los dones del Espíritu
Santo producen en nosotros actitudes y obras de amor o caridad, entonces tenemos los frutos del
Espíritu Santo. A continuación abordamos ambos temas.

3. ¿Qué son los dones y los frutos del Espíritu Santo?


“La vida moral de los cristianos está sostenida
por los dones del Espíritu Santo. Estos son
disposiciones permanentes que hacen al hombre
dócil para seguir los impulsos del Espíritu Los dones del Espíritu
Santo”16. No debemos confundir los dones del Santo son:
Espíritu Santo con las virtudes por el hecho de
que ambos sean “disposiciones permanentes”. La 1) Sabiduría.
diferencia es doble: (1) Las virtudes se adquieren
a base del esfuerzo invertido en practicar con
2) Inteligencia.
frecuencia obras buenas que luego son 3) Consejo.
purificadas y elevadas por la gracia de Dios; 4) Fortaleza.
mientras que los dones son infundidos
directamente por el Espíritu Santo para que
5) Ciencia.
seamos dóciles o prontos a responder a Sus 6) Piedad.
propios impulsos. (2) Como veremos a 7) Temor de Dios.
continuación, los dones del Espíritu Santo
completan y perfeccionan las virtudes.
14
Ibíd., nos. 1841-1844.
15
Este concepto se desprende de una lectura atenta del Catecismo, nos. 1822-1829.
16
Catecismo, no. 1830.

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Basándose en Isaías 11:1-2, la Iglesia enseña que “Los siete dones del Espíritu Santo son:
sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en
plenitud a Cristo… Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben.
Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas”17.

Cuando leemos Isaías 11:1-2 con una versión de la Biblia traducida directamente del hebreo, por
ejemplo, la Biblia de Jerusalén, encontramos esta misma lista de dones del Espíritu Santo,
excepto el don de piedad. Sin embargo, este don es incluido en la traducción griega del Antiguo
Testamento que se conoce con el nombre de Septuaginta o LXX (“traducción de los setenta”). La
leyenda dice que 70 biblistas judíos de la diáspora judía, conocedores del hebreo y del griego, se
reunieron en Alejandría (norte de Egipto) y en 70
días y 70 noches tradujeron la Biblia hebrea (el
Antiguo Testamento) del hebreo al griego alrededor
Los frutos del Espíritu del año 200 AC. Por ello lleva el nombre de los
Santo son: LXX. Pero la leyenda tiene su fondo de verdad. Sí
hubo tal traducción que tomó varios siglos y terminó
1) Caridad. en los albores del cristianismo. Varios Padres de la
Iglesia que no dominaban el idioma hebreo, como
2) Gozo.
San Agustín, utilizaron esta versión griega de la
3) Paz. Biblia Hebrea que fue aceptada por al menos parte
4) Paciencia. de la comunidad judía antigua18.
5) Longanimidad.
Expliquemos un poco por qué hemos aludido a esta
6) Bondad. cuestión de la LXX. Una lectura atenta de las
7) Benignidad. catequesis de San Juan Pablo II sobre la teología del
cuerpo nos enseña que el don de la piedad es una
8) Mansedumbre. extensión del don del temor de Dios. Sabemos que
9) Fidelidad. el temor de Dios no es un miedo servil a Dios, sino
10) Modestia. el respeto y el honor que se le debe a Él como
nuestro Padre amoroso. El don de la piedad consiste
11) Continencia. esencialmente en el respeto debido a las obras de
12) Castidad. Dios. San Juan Pablo II lo aplica al respeto debido
al cuerpo y la sexualidad humana19. Más adelante en

17
Ibíd., no. 1831. En 1 Corintios 12:8-10, San Pablo menciona otros dones (o carismas, en griego) del Espíritu. Esos
otros dones son dados a cristianos para que sirvan a la Iglesia. Los dones que aparecen en Isaías 11:1-2 son para la
santificación personal.
18
Véase The New Jerome Biblical Commentary. Editores: Raymond E. Brown, S.S., Joseph A. Fitzmyer, S.J.,
Roland E. Murphy, O.Carm. New Jersey: Prentice Hall, 1990, p. 1041.
19
San Juan Pablo II, Catequesis sobre la teología del cuerpo. Catequesis no. 128: “El respeto de los esposos por las
obras de Dios”, 21 de noviembre de 1984, par. 1 y 2.

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este curso abundaremos sobre este tema, pero por ahora vemos la importancia que tiene este
asunto siendo que los temas que vamos a abordar tienen que ver con la defensa de la vida, el
matrimonio y la familia.

“Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias
de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: “caridad, gozo, paz, paciencia,
longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad”
(Gálatas 5,22-23)”20.

Todos los temas que hemos abordado hasta ahora sobre la vida moral son muy hermosos.
Lamentablemente ahora tenemos que terminar tratando un asunto que amenaza con echarlo
todo a perder: el pecado.

4. ¿Qué es el pecado? ¿Qué es el pecado venial y qué es el pecado mortal?


“El pecado es una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna. Es una ofensa a Dios.
Se alza contra Dios en una desobediencia contraria a la obediencia de Cristo”21.

En primera instancia esta definición del pecado luce un tanto legalista. Pero recordemos el
concepto de la Ley de Dios que hemos tratado. No se trata de una ofensa contra unas reglas
arbitrarias y extrínsecas a la naturaleza humana que Dios se ha inventado para fastidiarnos la
vida. Se trata de una ofensa contra una serie de normas que en definitiva Dios ha inscrito en
nuestra naturaleza, corazón y alma, para hacernos felices amándolo a Él y al prójimo.
Recordemos que los mandamientos de Dios contienen y defienden los valores humanos que nos
plenifican como personas. Luego el pecado no es sólo una ofensa contra Dios, es también una
ofensa contra nosotros mismos y nuestra propia dignidad y la de los demás. El pecado es anti-
humano. En efecto, “el pecado es un acto contrario a la razón. Lesiona la naturaleza del hombre
y atenta contra la solidaridad humana”22.

La raíz de todos los pecados está en el corazón del hombre y los distintos tipos de pecado y su
gravedad se miden principalmente por el objeto del acto malo que se comete, como ya se ha
explicado23.

La Iglesia distingue entre pecado venial y pecado mortal. El pecado mortal consiste en “elegir
deliberadamente, es decir, sabiéndolo y queriéndolo, una cosa gravemente contraria a la ley
divina y al fin último del hombre… Este destruye en nosotros la caridad sin la cual la

20
Catecismo, no. 1832.
21
Ibíd., no. 1871.
22
Ibíd., no. 1872.
23
Véase ibíd., no. 1873.

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bienaventuranza eterna es imposible. Sin arrepentimiento, tal pecado conduce a la muerte


eterna”24. Para que haya un pecado mortal la materia u objeto del acto debe ser grave, la persona
debe saber claramente que lo es y ejecutarlo con plena libertad. Cuando estas condiciones se dan,
se comete un pecado mortal. Entre los pecados mortales se encuentran el adulterio, la
anticoncepción, el aborto, la explotación de los pobres, los actos homosexuales, la blasfemia, etc.

Cuando una de estas condiciones no se da – no hay materia grave o si la hay no hay


conocimiento o consentimiento pleno – entonces estamos ante la presencia de un pecado
venial25.

El pecado venial no destruye el amor, sin embargo, lo debilita. Además, “la reiteración de
pecados, incluso veniales, engendra vicios entre los cuales se distinguen los pecados capitales”26.
También debemos señalar que “el pecado venial deliberado y que permanece sin
arrepentimiento, nos dispone poco a poco a cometer el pecado mortal”27.

Por ello no debemos dormirnos en los laureles sino irnos a confesar con regularidad, aun cuando
no hayamos cometido un pecado mortal, aunque mientras tanto podemos comulgar con el debido
arrepentimiento interior. Por supuesto, si hemos caído en un pecado mortal, debemos
confesarnos lo más pronto que podamos y sólo entonces podemos comulgar.

5. ¿Qué significan las penas temporales por el pecado?


Por último, está el tema de las penas por el pecado. El pecado mortal no arrepentido conlleva
como pena la muerte eterna. Por ello es sumamente importante recurrir lo más pronto posible al
Sacramento de la Confesión cuando se ha cometido un pecado mortal.

Cuando la persona se arrepiente y se confiesa de su pecado mortal, sólo le queda la pena


temporal. Los pecados veniales no arrepentidos y no expiados debidamente también conllevan
penas temporales.

Considerando además el pecado bajo el aspecto de la pena que incluye, Santo Tomás con otros
doctores llama mortal al pecado que, si no ha sido perdonado, conlleva una pena eterna; es
venial el pecado que merece una simple pena temporal (o sea parcial y expiable en la tierra o en
el purgatorio)28.

24
Catecismo, no. 1874. Véase también i Juan 5:16-17.
25
Ibíd., no. 1862.
26
Ibíd., no. 1876.
27
Ibíd., no. 1863.
28
Reconciliatio et Paenitentia, no. 17.

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Existen muchas maneras de expiar la pena temporal por el pecado en esta vida. Las tres formas
tradicionales de hacerlo son: la oración, el ayuno y la limosna29. El dar limosna también puede
tener un significado más amplio. La tradición catequética de la Iglesia siempre ha enseñado que
hay siete obras espirituales de misericordia: instruir, aconsejar, consolar, confortar, perdonar y
soportar con paciencia las ofensas del prójimo. También hay siete obras corporales de
misericordia: dar de comer al hambriento, dar techo al desamparado, vestir al desnudo, visitar a
los enfermos y encarcelados, y enterrar a los muertos.30 Evidentemente debemos practicar estas
obras de misericordia no solamente para evitar las penas temporales y el Purgatorio, sino
principalmente por amor a Dios y la prójimo.

Por supuesto, la oración más perfecta que existe para expiar penas temporales ya sea para uno
mismo o para los difuntos, es la Santa Misa31. De hecho, la recepción verdaderamente devota de
la Eucaristía borra los pecados veniales y preserva de pecados mortales32. La participación diaria
en la Eucaristía y la Confesión frecuente también ayudan mucho en nuestra lucha contra el
pecado y en nuestro crecimiento en el amor a Dios y al prójimo.33

6. ¿Cuáles son los pecados capitales y los pecados que claman al Cielo?
Los pecados capitales, más que pecados, son vicios, es
decir, hábitos y raíces de pecados: la soberbia, la avaricia,
la envidia, la ira, la lujuria, la gula y la pereza34. Los pecados capitales
son:
La proliferación del pecado hace que la comisión de
pecados se haga más fácil35, sobre todo cuando se crean 1) La soberbia.
estructuras de pecado que son resultado de los pecados 2) La avaricia.
personales36. Ejemplos de estructuras de pecado son las 3) La envidia.
industrias de la pornografía y del aborto, así como las leyes 4) La ira.
que las permiten y políticos (incluyendo “católicos”) que 5) La lujuria.
las promueven y aprueban 6) La gula.
7) La pereza.
“La tradición catequética recuerda también que existen
pecados que claman al cielo. Claman al cielo: la sangre de

29
Véase Mateo 6:1-6, 16-18.
30
Véase Catecismo, no. 2447.
31
Véase íbid, no. 1414.
32
Véase ibíd., no. 1416.
33
Ibid., no. 1458.
34
Véase ibíd., no. 1866.
35
Véase ibíd., no. 1865.
36
Véase ibíd., no. 1869.

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Abel (véase Génesis 4, 10); el pecado de los sodomitas (véase Génesis 18, 20; 19, 13); el clamor
del pueblo oprimido en Egipto (véase Éxodo 3, 7-10); el lamento del extranjero, de la viuda y el
huérfano (véase Éxodo 22, 20-22); la injusticia para con el asalariado (véase Deuteronomio 24,
14-15; Santiago 5, 4)”37.

Sin menoscabar la importancia de los otros pecados que claman al Cielo, hay dos que se
relacionan más directamente con los temas de este curso: la matanza de los inocentes (“la sangre
de Abel”), y la sodomía y los actos homosexuales (“el pecado de los sodomitas”). E

7. ¿Qué errores existen hoy en relación con el pecado?


Hoy en día persiste un error en torno al pecado. Ese error consiste en reducir el pecado mortal a
la “opción fundamental”. La “opción fundamental” es la actitud principal de la persona, ya sea a
favor de Dios o en contra de Él. San Juan Pablo II lo explica y lo refuta muy bien en su
Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia:

“Del mismo modo se deberá evitar reducir el pecado mortal a un acto de ‘opción fundamental’
—como hoy se suele decir— contra Dios, entendiendo con ello un desprecio explícito y formal
de Dios o del prójimo. Se comete, en efecto, un pecado mortal también, cuando el hombre,
sabiendo y queriendo elige, por cualquier razón, algo gravemente desordenado. En efecto, en
esta elección está ya incluido un desprecio del precepto divino, un rechazo del amor de Dios
hacia la humanidad y hacia toda la creación: el hombre se aleja de Dios y pierde la caridad. La
opción fundamental puede pues ser radicalmente modificada por actos particulares”38.

También existe el error de clasificar los pecados como pecados veniales, graves y mortales,
cuando en realidad solo existen los pecados veniales y los mortales. En el documento apenas
citado, el Papa San Juan Pablo II aclara este asunto: “Esta triple distinción podría poner de
relieve el hecho de que existe una gradación en los pecados graves. Pero queda siempre firme el
principio de que la distinción esencial y decisiva está entre el pecado que destruye la caridad y el
pecado que no mata la vida sobrenatural; entre la vida y la muerte no existe una vía
intermedia”39.

37
Ibíd., no. 1867.
38
San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Reconciliatio et Paenitentia sobre la reconciliación y la penitencia en
la misión de la Iglesia hoy, 2 de diciembre de 1984, no. 17. http://www.vatican.va/content/john-paul-
ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_02121984_reconciliatio-et-paenitentia.html.
39
Ibíd.

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Lección 8: Introducción a la teología del cuerpo

1. ¿Por qué este tema es importante?

En la introducción a este curso expresamos que el


objetivo principal del mismo es la defensa y
promoción de la vida humana y la familia. En la
lección 2 abordamos el tema de qué es la persona
humana.

También tratamos, pero de manera breve, los temas


del matrimonio y la familia. Debido a que la familia
natural o verdadera se funda en el matrimonio natural
o verdadero, debemos abordar primero el tema del
matrimonio verdadero que es el que está constituido
entre un hombre y una mujer.

Pero el tema del matrimonio y sobre todo el del sacramento del matrimonio presupone una
concepción clara de la unidad y complementariedad entre el hombre y la mujer. Ese es el tema
que abordamos en el resto de las lecciones de este módulo siguiendo las enseñanzas de San Juan
Pablo II en sus catequesis sobre la teología del cuerpo.

La teología del cuerpo (TDC) de las catequesis del Papa San Juan Pablo es la mejor manera de
presentar la verdad y la belleza de la doctrina bíblica y de la Iglesia acerca de la unidad original
del hombre y la mujer, así como la complementariedad entre los dos.

Sin embargo, como muchos ya saben, el contenido de estas catequesis se caracteriza por el uso
de conceptos académicos propios de la filosofía, la teología y las ciencias bíblicas. No todos los
católicos tienen por qué tener una capacitación especial en estas disciplinas. Por ello, decidimos
expresar de manera sencilla el pensamiento de San Juan Pablo II, al mismo tiempo que
intentamos hacerle justicia a la profundidad del mismo. Es como si el mismo Papa se expresara
en nuestro lenguaje.

2. ¿Qué es la teología del cuerpo?

Los papas tienen la costumbre de impartir catequesis en el Vaticano durante las audiencias
abiertas al público que tienen lugar todos los miércoles. Durante más de cinco años, desde 1979
hasta 1984, el Papa San Juan Pablo II impartió 129 catequesis sobre la TDC.

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¿Qué es la teología del cuerpo? La palabra “teología” significa el estudio de Dios, es decir, el
estudio de lo que Dios ha revelado acerca de Sí mismo y de Su plan para Su creación,
especialmente la persona humana. Esa revelación divina se acepta por la fe y se estudia y
profundiza por medio de la razón iluminada por la fe y bajo la guía del Magisterio de la Iglesia,
que está compuesto por el Papa y los obispos que están en comunión con él, y en línea doctrinal
ininterrumpida desde Cristo y los Apóstoles (ver Catecismo, nos. 85-87).

Como la teología es un estudio, una ciencia, la misma no es meramente un conjunto de ideas


sobre Dios, no es solamente un contenido. La teología es un quehacer, una actividad. Por
consiguiente, la TDC no es simplemente una “parte” de la teología, sino una “nueva” manera de
hacer teología.

Podemos definir de manera preliminar la TDC como el estudio científico, siempre desde la fe,
de lo que Dios ha revelado acerca de la persona humana, hombre y mujer, especialmente del
cuerpo humano, para, a partir de ahí, conocer más profundamente a Dios y Su plan para la
creación, especialmente para la persona humana, tanto individual como socialmente considerada.

En realidad, la mejor definición de la TDC y de porqué se llama así “teología del cuerpo” la ha
provisto el propio San Juan Pablo en su catequesis número 19, parágrafo 4, donde dice:

“El cuerpo, y sólo él, es capaz de hacer visible lo que es invisible: lo espiritual y lo divino. Ha
sido creado para transferir a la realidad visible del mundo el misterio escondido desde la
eternidad en Dios, y ser así su signo”.

La TDC se funda principalmente en la Encarnación y en


la Redención. La Encarnación se refiere a que “La
La teología del Palabra (Cristo) se hizo carne y habitó entre nosotros”
cuerpo es una (Juan 1:14). La Redención se refiere a que Cristo entregó
su cuerpo hasta la muerte para salvarnos y constituir así a
“nueva” manera de su Iglesia, que es Su Cuerpo Místico, del cual él mismo es
estudiar toda la la Cabeza (ver Efesios 5:22-33). Por consiguiente, el
doctrina cristiana. cuerpo humano, y especialmente el cuerpo humano de
Cristo, es la manera más humanamente palpable por
medio de la cual Dios se ha revelado al ser humano y lo
ha redimido.
La TDC es también una “nueva” manera de abordar el estudio de la doctrina cristiana o
catequesis, especialmente a jóvenes y adultos. Desde la perspectiva de la TDC, la doctrina
católica sobre la sexualidad humana y el matrimonio, aunque sigue siendo esencialmente la
misma, ya no es vista de la misma manera. Ante los ojos del católico se abre un mundo nuevo y
más hermoso. De hecho, no solamente se experimenta esta novedad respecto de los temas de la
sexualidad humana y el matrimonio, sino también respecto de todos los demás temas: Dios,

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Jesucristo, la Iglesia, los Sacramentos, la Santísima Virgen María y muchas otras realidades de la
doctrina católica son iluminadas de una manera nueva a través de la TDC.

3. ¿Cuáles fueron los motivos y razones que indujeron al Papa a desarrollar la


TDC?
Uno de los motivos por el cual San Juan Pablo II desarrolló la TDC fue para defender la dignidad
humana. La dignidad humana es el valor intrínseco y absoluto que toda persona humana posee en
su propio ser por el mero hecho de ser persona, y no por características, como el color de la piel,
su estado de salud, su edad o la cantidad de dinero que tenga en el banco. El tema de fondo del
mismo matrimonio y de la misma familia es esa dignidad humana. San Juan Pablo II pasó toda
su vida defendiendo la dignidad de la persona humana y sus derechos y deberes fundamentales.

Cuando la dignidad humana no es respetada, el ser humano es convertido en un instrumento para


fines egoístas, en vez de ser valorado y tratado como un fin en sí mismo, como persona. San Juan
Pablo II se dio cuenta de que esta instrumentación de la persona humana también puede ocurrir
en la sexualidad humana. Los problemas principales en este importante campo de la vida humana
consisten precisamente en dejar que nuestro egoísmo convierta a los demás en objetos de placer
egoísta, en vez de amarlos y respetarlos por sí mismos. Esta importante intuición de San Juan
Pablo II es uno de los principios fundamentales de la TDC.

San Juan Pablo II desarrolló la TDC para


evitar dos extremos: una visión negativa y
otra hedonista de la sexualidad humana y el
matrimonio. Parte de la moral sexual y
matrimonial que se impartía antes del
Concilio Vaticano II (1962-1965) se
caracterizaba por el negativismo. Ese
negativismo no es cristiano en su origen.
Sin embargo, se introdujo en el
cristianismo por el contacto de éste con la
filosofía griega antigua, que exaltaba el
alma y denigraba el cuerpo, lo cual se llama dualismo.

Trataremos el problema del dualismo más adelante. Pero aquí queremos señalar que el
negativismo hacia la sexualidad humana no se limitaba a la tendencia a menospreciar el cuerpo.
También se caracterizaba por no mostrar claramente la conexión entre los Mandamientos de
Dios que guían la vivencia correcta de la sexualidad humana en el matrimonio y el bien de la
persona humana.

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El segundo extremo que San Juan Pablo II quería evitar es mucho peor que el anterior, y consiste
en considerar que la moral sexual de la Iglesia Católica “está pasada de moda” y que hay que
rechazarla. Ese rechazo se debe a la mentalidad hedonista y relativista de hoy en día.

El hedonismo es la ideología que dice que el objetivo principal de la vida es el placer, en vez del
amor auténtico, como nos enseñó Jesús. Aplicado a la sexualidad humana, el hedonismo dice que
su fin principal es el placer sexual, en vez del amor conyugal y la apertura a la transmisión de la
vida.

El relativismo es la ideología que niega la existencia de principios morales absolutos, es decir,


principios que son válidos por sí mismos y que no dependen de las opiniones o sentimientos de
la gente, sino que aplican a todos, siempre y en todo lugar. Un ejemplo de principio moral
absoluto es el Sexto Mandamiento que prohíbe cometer adulterio y que de hecho prohíbe todo
pecado contra la sexualidad humana, como la anticoncepción y la esterilización.

Lamentablemente, el relativismo moral se encuentra presente no solamente en el mundo que nos


rodea, sino también dentro de la misma Iglesia Católica. Desde por lo menos el Concilio
Vaticano II hasta el presente, han surgido teólogos, sobre todo moralistas, que proponen un
“revisionismo” moral, que no es otra cosa que un “sofisticado” relativismo.

La culpa, por supuesto, no la tuvo el Concilio Vaticano II, sino esos teólogos, los cuales mal
interpretaron algunas de las directrices pastorales del Concilio Vaticano II, haciéndolas lucir
como si fuesen “cambios” doctrinales que la Iglesia Católica “había llevado a cabo”. Una de las
enseñanzas que esos teólogos equivocados rechazaron es la prohibición absoluta de la
anticoncepción, la esterilización directa y el aborto, doctrina que fue reiterada en la Encíclica
profética Humanae vitae de 1968. Estos teólogos plantean que hay “excepciones” al
mandamiento que prohíbe esos actos intrínsecamente graves, lo cual no es cierto y contradice la
doctrina de la Iglesia Católica.

El objetivo principal San Juan Pablo II también desarrolló la TDC para


de la teología del presentar una visión profunda, hermosa y positiva de la
sexualidad humana y del matrimonio. Esa presentación
cuerpo es la santidad. positiva es totalmente fiel a Jesucristo y al Magisterio de
la Iglesia Católica. Y tiene el propósito ulterior de
defender y promover la dignidad del matrimonio y la
familia.

Sin embargo, el objetivo principal de la TDC, según el propio San Juan Pablo II, es la santidad.
El Señor nos llama a todos a una vida de santidad, tanto en la vida consagrada, la soltería o el
matrimonio. La TDC tiene por objetivo principal ayudar a vivir la santidad, es decir, la

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obediencia perfecta e incluso heroica a la voluntad de Dios en la vida ordinaria de todos los días,
así como en los acontecimientos extraordinarios que en ella puedan ocurrir.

4. ¿Qué es el pensamiento personalista de San Juan Pablo II?

A San Juan Pablo II le preocupaba mucho la mentalidad actual del “progreso” entendido como
un poder o dominio ilimitado sobre la naturaleza humana, especialmente a través de la
anticoncepción. Para el Santo Padre la verdadera libertad y, por lo tanto, el auténtico progreso o
desarrollo de la persona humana, no consiste en una autonomía absoluta de hacer lo que a uno le
plazca por medio de la tecnología anticonceptiva. La verdadera libertad, según San Juan Pablo II,
consistía en el autodominio, lo que él llamaba “la libertad del don”, es decir, la capacidad de
poseerse a uno mismo para poder darse a uno mismo como don de amor al otro y de acoger al
otro como don de Dios.

La esencia de la enseñanza del siguiente texto del documento “La Iglesia ante el mundo
contemporáneo, Gaudium et spes”, no. 24 (GS 24) del Concilio Vaticano II (1962-1965) se
encuentra con mucha frecuencia en los escritos de San Juan Pablo II, especialmente en su TDC:

“El Señor, cuando ruega al Padre que todos sean uno, como
nosotros también somos uno (Juan 17:21-22), abriendo
perspectivas cerradas a la razón humana, sugiere una cierta
semejanza entre la unión de las personas divinas y la unión de los
hijos de Dios en la verdad y en la caridad. Esta semejanza
demuestra que el hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha
amado por sí mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no
es en la entrega sincera de sí mismo a los demás (véase: Lucas
17:33)”.

En este pasaje hay dos principios fundamentales. Primero, Dios ha querido a los seres humanos
por sí mismos, para su propio bien. Por consiguiente, las personas no deben ser usadas como
meros medios, sino como fines en ellas mismas. El Papa llama a este principio “la norma
personalista”. El segundo principio es que la persona humana solo puede encontrarse a sí misma
y su propia perfección en el don sincero de sí misma a los demás.

El amor verdadero es el don sincero de uno mismo al otro. El amor conyugal es el prototipo del
amor como don de sí en el plano humano. Pero la fuente del amor y el más importante es el amor
entre las Personas Divinas en la Santísima Trinidad. Es el modelo transcendental del amor como
don de sí. El mensaje principal de esta visión del amor es que la comunión de amor entre las
personas humanas, especialmente entre los esposos, debe fluir como imagen de la comunión de
amor que existe eternamente entre las Personas Divinas en el seno mismo de la Santísima

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Trinidad. Esta tesis sobre la persona humana y el amor que hemos resumido constituye el meollo
del personalismo de San Juan Pablo II.

5. ¿En qué consiste la genialidad de San Juan Pablo II?


La genialidad de este gran Papa consistió precisamente en demostrar que los Mandamientos de
Dios son verdaderos y objetivos y, al mismo tiempo, protectores de bienes y valores humanos
muy importantes, cuya belleza y valor deben resonar en el interior de la persona humana, en su
subjetividad.

Por ejemplo, el Mandamiento “No matarás” protege la integridad física de la persona humana,
que es un valor muy grande que todos deben apreciar. El Mandamiento “No cometerás adulterio”
protege y fomenta el valor sagrado del matrimonio, la procreación y el amor conyugal, valores
que todos deben apreciar.

Otra manera de decirlo es que la genialidad de San Juan Pablo II consistió en demostrar la
correspondencia o armonía que debe existir entre la subjetividad y la objetividad en la persona
humana y cómo la bondad y belleza de los Mandamientos de Dios deben resonar o hallar eco en
la subjetividad de la persona fomentando la paz y la felicidad en su interior.

En este contexto, los valores humanos no son otra cosa que la experiencia positiva de los bienes
objetivos que los Mandamientos de Dios defienden y fomentan. El objetivo de San Juan Pablo II
con su TDC es que el hombre moderno llegara a apreciar profundamente los Mandamientos de
Dios y, en particular, los que tienen que ver con el matrimonio y la sexualidad humana.

6. ¿Cómo están organizadas las catequesis sobre la TDC?

El esquema que más se ha utilizado para organizar la TDC ha sido el de 6 ciclos, que
presentamos a continuación. La numeración de las catequesis correspondientes la hemos
colocado entre corchetes:

1. El principio: La unidad original del hombre y la mujer [1-23].


2. La pureza del corazón [24-63].
3. La resurrección de la carne [64-72].
4. La virginidad cristiana [73-86].
5. El matrimonio cristiano [87-113].
6. Amor y fecundidad [114-129].

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En esta y las siguientes lecciones en las que vamos a tratar la unidad y complementariedad del
hombre y la mujer nos vamos a centrar en el ciclo 1, luego en el ciclo 5, que trata sobre el
matrimonio cristiano. Dejaremos para más adelante el ciclo 6 sobre el amor y la fecundidad en el
matrimonio, porque ese ciclo es una exposición y defensa de la Encíclica Humanae vitae, que
trataremos después en este curso.

Sin embargo, vamos a ofrecer a continuación una breve explicación de la lógica del esquema de
los 6 ciclos.

El ciclo 1 plantea la visión y creación original de Dios sobre la persona humana, hombre y
mujer, así como la unidad fecunda entre ambos en el matrimonio. Este es el “principio” y el plan
de Dios que Cristo nos manda a seguir.

Luego, los ciclos 2 y 3 abordan la visión integral de la persona humana que Cristo quiere que
seamos: el ciclo 2 da su doctrina sobre el interior de la persona (el corazón y el alma) y el 3 sobre
el cuerpo resucitado. El conjunto de ambos ciclos nos da la visión de Cristo sobre la nueva
persona humana completa que él quiere que seamos.

Los ciclos 4 y 5 nos dan la visión del Señor acerca de los dos llamados (vocaciones) esenciales a
los que Dios llama a las personas según Su voluntad, para que alcancen la santidad y la vida
eterna: la virginidad por el Reino de los Cielos y el matrimonio.

El ciclo 6 es el punto de convergencia de todos los ciclos


anteriores, que le han servido de fundamento. Ese ciclo da la visión
correcta de la encíclica Humanae vitae del Papa Pablo VI sobre la
transmisión de la vida humana y el amor conyugal. La defensa y
fundamentación de este profético documento es, como ya hemos
señalado, uno de los objetivos principales de la TDC.

Al Papa le preocupaba mucho la crisis del revisionismo moral al


interior de la misma Iglesia. En particular, le preocupaba el disenso
contra la profética Encíclica Humanae vitae del Papa Pablo VI
(foto a la izquierda), publicada el 25 de julio de 1968. Este
maravilloso documento reitera la doctrina de siempre de la Iglesia
en contra de la anticoncepción, la esterilización y el aborto, así
como a favor de la transmisión de la vida humana y el amor conyugal. San Juan Pablo II quería
proporcionar una sólida base bíblica, antropológica y doctrinal a la Humanae vitae, para
fortalecer aún más su mensaje.

La TDC es precisamente eso: una reflexión larga y profunda sobre dichas bases. De hecho, casi
toda la TDC, del ciclo 1 al 5, consiste precisamente de esa reflexión. Todos esos ciclos, con

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todas sus catequesis, desembocan en el Ciclo 6, que es el que trata directamente el contenido de
la Humanae vitae.

Con todo, se puede decir que la TDC trasciende la Encíclica de Pablo VI, en el sentido de que,
como ya hemos explicado, la TDC nos ofrece una “nueva” manera de comprender toda la
doctrina católica desde la perspectiva que nos presenta San Juan Pablo II.

7. ¿Qué metodologías utilizó San Juan Pablo II para desarrollar la TDC?


La metodología de la analogía de la fe

La Iglesia nos enseña que a través de toda la Biblia Dios nos habla una sola Palabra, en la cual Él
se expresa completamente (Catecismo, no. 102). Esa Palabra es Cristo. Todo el Antiguo
Testamento (AT) es preparación para la plena revelación de Dios en Cristo que nos da el Nuevo
Testamento (NT). El NT está escondido en el AT y el AT es revelado en el NT (ver Catecismo,
no. 129). Cristo es LA Palabra completa y definitiva del Padre. Después de Él, Dios no tiene
nada más esencialmente nuevo que decirnos (ver Catecismo, no. 65). Como Palabra completa y
definitiva de Dios que resuena en toda la Escritura, Cristo-Palabra constituye el elemento
unificador y de cohesión de toda la Biblia, el que hace que la Palabra de Dios escrita sea un todo
coherente y orgánico.

La Iglesia expresa esta unidad que tiene toda la revelación de Dios en Cristo por medio del
concepto de la analogía de la fe. Esto significa que todas las verdades de la fe que Dios nos ha
revelado forman un todo orgánico y coherente en Cristo. Por esa razón, las distintas partes de la
Biblia se iluminan unas a otras (ver Catecismo, no. 114). Ello a su vez constituye un principio
clave para interpretar correctamente la Biblia a la luz de la revelación definitiva de Dios en
Cristo. Se trata de interpretar la Biblia con la Biblia.

San Juan Pablo II utiliza mucho este principio de


interpretación y análisis de la Biblia. Nos basta por ahora con
un solo ejemplo. En el ciclo 1, que trata la unidad original del
hombre y la mujer, San Juan Pablo II emprende un largo
camino de análisis del pasaje de Mateo 19:3-6, donde Jesús
tiene una discusión con los fariseos acerca del matrimonio. En
esa discusión, Jesús cita de forma breve dos pasajes claves del
Génesis (Génesis 1:26-28 y Génesis 2:24). El Papa procede a
iluminar las palabras de Cristo con esos pasajes y, al revés, a iluminar esos pasajes del Génesis
con la respuesta de Cristo a los fariseos. Se trata de una metodología que San Juan Pablo II
utiliza en todas sus catequesis sobre la TDC.

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La metodología de la reconstrucción

Esta metodología es particularmente útil, aunque no exclusiva, en cuanto al tema de la inocencia


original del hombre y la mujer (ver Génesis 1-2). La Biblia y la Iglesia nos enseñan que Adán y
Eva vivían en un estado de inocencia original antes del primer pecado. Aunque tenemos lo que
Dios ha revelado sobre ese estado, no tenemos una experiencia directa del mismo. Además,
nuestra experiencia humana actual, que es después del pecado original, no es la más adecuada
para examinar el estado de inocencia original, precisamente porque está afectada por ese pecado
original. ¿Qué hacer entonces?

San Juan Pablo II propone una reconstrucción del estado de inocencia original a partir de un
análisis de la Palabra de Dios en Génesis 1 y 2 aplicando a dicho análisis el reverso de nuestra
experiencia actual. Nuestra experiencia actual de estado pecaminoso se caracteriza por una
inclinación al pecado (concupiscencia) que surge como un impulso espontáneo desde nuestro
interior. Esa inclinación al mal consiste esencialmente en el egoísmo. En vez de amar a las
personas por sí mismas, tendemos a convertirlas, en nuestro interior, en instrumentos de uso para
fines egoístas o en objetos de placer egoísta.

Al darnos cuenta de ello, podemos (y debemos) revertir esa experiencia y deducir que la
experiencia de la inocencia original debe haber consistido en un impulso espontáneo desde el
interior totalmente opuesto al egoísmo: el amor. Es decir, tuvo que ser un impulso espontáneo de
ver y tratar al otro, no como instrumento de uso ni objeto de placer egoísta, sino como un fin en
sí mismo, como un sujeto, como una persona. Iluminados por la Palabra de Dios, nos damos
cuenta de que la otra persona y nosotros mismos somos dones de Dios que deben ser,
precisamente por ser dones de Dios, amados y apreciados por sí mismos.

Es cierto que ese giro de 180 grados requiere de nosotros un constante esfuerzo. Tenemos que
esforzarnos con nuestro intelecto, con nuestra voluntad, con nuestras emociones e incluso con
nuestro cuerpo por ir en contra del impulso egoísta y poner en práctica la Palabra de Dios. Pero
no debemos desanimarnos ante nuestra propia inclinación al mal, pues tenemos a Cristo a
nuestro lado, más aún, lo tenemos dentro de nosotros mismos por medio de su Espíritu. La gracia
de Dios ilumina nuestro intelecto para captar correctamente la Palabra de Dios, impulsa
amorosamente nuestra voluntad para obedecerla y ponerla en práctica con todo nuestro ser,
incluyendo nuestro propio cuerpo. Después de todo, se trata de ser libres del egoísmo para vivir
el amor a Dios y al prójimo.

Esta metodología que hemos presentado aquí de manera muy esquemática, San Juan Pablo II la
aplica en detalle por medio de varias reflexiones que intentan reconstruir el estado de inocencia
original. Ello es de capital importancia, porque Cristo mismo nos manda a seguir ese estado
como el estándar para nuestra vida. Concretamente, en la TDC, ese estándar se refiere al
matrimonio uno e indisoluble, tal y como Dios lo creó al principio. Aunque es lógico deducir que

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ese estándar de la inocencia original aplica también a todos los demás aspectos de la vida
cristiana, que debe ser una vida de santidad.

Como se verá, San Juan Pablo II también aplica esta metodología de la reconstrucción a otros
temas de la TDC.

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Lección 9: Unidad y complementariedad del hombre


y la mujer según la teología del cuerpo (I)

Catequesis 1: Los fundamentos de la familia a la luz de Cristo


1-2. En esta y las próximas catequesis vamos a reflexionar sobre la profunda raíz de la familia
que es la relación hombre-mujer en el matrimonio. Comenzamos con un pasaje clave: Mateo
19:3-8 (ver también Marcos 10:2-12); “Se le acercaron unos fariseos con propósito de tentarle, y
le preguntaron: ‘¿Es lícito repudiar a la mujer por cualquier causa?’ El respondió: ‘¿No habéis
leído que al principio el Creador los hizo varón y mujer? Y dijo: Por eso dejará el hombre al
padre y a la madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son
dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre’. Ellos le replicaron:
‘Entonces ¿cómo es que Moisés ordenó dar libelo de divorcio al repudiar?’ [Ver Deuteronomio
24:1-4]. Él les dijo: ‘Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras
mujeres, pero al principio no fue así’ ”.

Cristo no acepta la discusión en el nivel que los fariseos la plantean. Cristo no quiere enredarse
en controversias legales. En cambio se refiere al principio, es decir, a la revelación original y
fundamental de Dios sobre el matrimonio en el Génesis.

3-4. El “principio” se refiere a lo que el Génesis dice


acerca del matrimonio antes del pecado original, cuando el
El “principio” se
hombre y la mujer todavía no habían perdido el estado
refiere al estado de original de inocencia y de gracia en que habían sido
inocencia original. creados. Comprendían el plan original de Dios para el
matrimonio en toda su pureza. Cristo cita de forma
resumida Génesis 1:27 (Dios crea al hombre y a la mujer a
Su imagen y semejanza) y Génesis 2:24 (“serán una sola carne”). Cristo interpreta estos pasajes
como una norma o principio a seguir. Se trata de la norma de la unidad e indisolubilidad del
matrimonio que no debe ser transgredida.

Catequesis 2: Primer relato de la creación del hombre y la mujer


1-2. El primer relato de la creación del hombre se encuentra en Génesis 1 y el segundo en
Génesis 2. Génesis 1 es posterior a Génesis 2. Génesis 1 es más maduro que Génesis 2 en sus
conceptos cuando describe la creación del ser humano como hombre y mujer, porque enseña que
ambos fueron creados a imagen de Dios. El relato de Génesis 1 describe la creación en términos

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de seis días de “trabajo divino” y un día de “descanso divino”. Este “descanso de Dios” es el
fundamento del mandamiento divino de observar el sábado como día del Señor y de descansar.

3. La creación del ser humano en Génesis 1 es la culminación de la creación del mundo. El ser
humano pertenece al mundo material. Pero al mismo tiempo está por encima de este mundo,
porque ha sido creado a imagen de Dios. El ciclo de seis días de creación indica una gradación
ascendente. Cada fase de la creación es superior en su ser a la fase precedente, hasta culminar en
la creación del ser humano en Génesis 1:26-28. Al crear al hombre y a la mujer, Dios los manda
a “dominar la tierra”. Sólo al ser humano le concede Dios esta potestad de administrar (no
degradar) la naturaleza.

Dios manda tanto a los animales como al hombre y a la mujer a procrear y multiplicarse. Sin
embargo, sólo en el caso del hombre y la mujer, enfatiza la diferencia de sexos al mismo tiempo
que bendice su fecundidad, esto enfatiza la relación entre las personas.

En Génesis 1:26 Dios dice: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen”. Esta “deliberación” de
Dios consigo mismo indica que un acto importante va a tener lugar. Indica la dignidad
excepcional (valor intrínseco y absoluto) del hombre y la mujer. Esto significa que el ser humano
no es el resultado de una sucesión natural, sino que ha sido objeto de un acto único de creación
divina. El ser humano no puede ser comprendido a profundidad sólo en términos de la creación
material. Hay en él una dimensión especial que lo hace trascender al mundo.

4-6. La definición de la persona humana como imagen


de Dios indica su esencial y única relación con El
Creador, algo que no comparte ningún otro ser de la La imagen de Dios
creación material. Significa que Dios ha inscrito en la en la persona
persona humana la capacidad para entrar en una
comunión interpersonal con su Creador y con las demás humana significa
personas humanas. Este concepto lo iremos ampliando que Dios la ha
y profundizando en ésta y las siguientes catequesis. dotado de la
Génesis 1 también se caracteriza por la objetividad, no capacidad de
cae en el subjetivismo. Presenta la creación del mundo entrar en una
y de la persona humana de manera concisa y real, no
comunión
entra en consideraciones subjetivas de cómo el hombre
y la mujer se sentían ni nada de eso. Mientras que interpersonal con
Génesis 2 es más bien una narración subjetiva. No Él y los demás.
significa que caiga en el subjetivismo, sino que narra la
creación del ser humano desde la perspectiva de su

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experiencia interior. Génesis 1, al definir al ser humano como imagen de Dios, enfatiza el ser
mismo de la persona humana. En lenguaje filosófico se dice que Génesis 1 enfatiza el carácter
ontológico o metafísico del ser humano.

Catequesis 3: Segundo relato de la creación del hombre y la mujer


1. Génesis 2 es la descripción más antigua de la compresión del ser humano de sí mismo
(antropología). Este lenguaje antiguo utiliza el mito. “Mito” no significa algo falso, sino la
descripción en lenguaje simbólico de una realidad que va
más allá de una comprensión científica de la naturaleza.
No se trata de cómo las cosas están hechas sino del origen
El lenguaje y el porqué del bien y del mal, sobre todo respecto del
simbólico de la hombre y la mujer.
Biblia describe
Hay una correspondencia entre la objetividad de Génesis 1
realidades que van y la subjetividad de Génesis 2, que también muestra al ser
más allá de las humano creado a imagen de Dios, aunque no lo diga
ciencias naturales. explícitamente.
Responde a las 2-3. Génesis 1 presenta la creación del hombre y la mujer
preguntas acerca al mismo tiempo (1:27). Génesis 2 presenta primero la
del sentido de la creación del hombre (2:5-7) y luego la de la mujer (2:18-
23).
existencia humana.
Génesis 2 llama al primer hombre creado “Adán” (que
significa “humanidad”). Cuando Cristo citó Génesis 1:27 y Génesis 2:24, en su discusión con los
fariseos, unió el “principio” de la creación del ser humano (hombre y mujer creados al mismo
tiempo) con el “principio” de la unidad e indisolubilidad del matrimonio entre el hombre y la
mujer – dos seres individualmente distintos pero de una misma naturaleza y complementarios
entre sí. Este es un ejemplo de cómo el lenguaje religioso-simbólico utilizado aquí puede ser
expresado por medio de conceptos que podamos entender. La doctrina católica ha expresado
correctamente en sus dogmas las verdades de la Biblia por medio de conceptos.

4. Al referirse al “principio”, Cristo nos lleva a traspasar el umbral que separa el estado
pecaminoso actual del ser humano del estado de su inocencia original. Esto significa que ese
estado original sigue siendo vigente a pesar de que el ser humano lo haya perdido
irrevocablemente en este mundo. Cristo nos está mandando, con la ayuda de Su gracia, a vivir
según el estándar de ese estado de inocencia original.

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Catequesis 4: Inocencia original y redención en Cristo


1. En Génesis 2-3, Yahvé es el Dios de la Alianza más antigua del Creador con el ser humano.
La prohibición divina de comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal simboliza
y expresa esa Alianza (ver Génesis 2:16-17).

Aunque el estado de inocencia original y el estado pecaminoso se contraponen entre sí, en el ser
humano hay una continuidad y un vínculo esenciales entre los dos. De otro modo Cristo no nos
hubiese mandado a traspasar el umbral que los separa. Al ser humano del estado pecaminoso le
llamaremos “hombre histórico” y al del estado inocente, “hombre de la pre-historia” u “original”.

2. Cristo nos enseña que es imposible conocer al hombre histórico sin referencia al de la pre-
historia. El estado pecaminoso está en relación con el estado de inocencia, pues éste es original y
fundamental: el ser humano fue creado originalmente a imagen de Dios y dotado de la inocencia
original. El presente estado del hombre significa una gracia perdida, pero también significa la
esperanza de la recuperación de esa gracia por medio de la redención en Cristo.

3. Cuando Cristo se remite al “principio”, no sólo se refiere a la inocencia original perdida, sino
también al misterio de la redención. Ya en Génesis 3:15, casi inmediatamente después del
pecado original, Dios nos promete esa redención.
Dirigiéndose a la serpiente que representa a Satanás, le
dice: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu
semilla (descendencia) y la semilla (descendencia) de El hombre del
ella; él te aplastará la cabeza y tú le herirás el talón”. El estado de la
Catecismo, nos. 410-411 enseñan que la mujer inocencia original
mencionada es María, la “nueva Eva” y Cristo es el
“nuevo Adán”. se llama “hombre
original”; el
El hombre histórico vive bajo la influencia del pecado hombre del estado
original, pero también vive en la perspectiva de la
redención del cuerpo. La Alianza original del Creador de pecado original
se apoya en esta perspectiva de redención. Por eso, en se llama “hombre
su discusión con los fariseos, Cristo tiene el máximo
histórico”.
derecho de referirse al “principio” como la norma a
seguir. Él es ese Redentor prometido en Génesis 3:15.

4. Es verdad que la experiencia humana después del pecado original debe detenerse ante el
umbral de la inocencia original, ya que dicha experiencia está afectada por ese pecado y por
tanto es bastante inadecuada. Pero también es verdad que, debido a la continuidad entre esos dos
estados y debido a la enseñanza de Cristo de retornar al “principio” como norma a seguir, esa

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experiencia histórica tiene algo de legítima e indispensable, para la correcta interpretación de


dicho “principio”.

5. Romanos 8:23 dice: “Nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de
nosotros mismos, suspirando… por la redención de nuestro cuerpo”. Aquí vemos cómo el
hombre histórico experimenta todo tipo de sufrimientos y pasiones (muchas veces
desordenadas). Sin embargo, al mismo tiempo, si ese hombre histórico ha sido tocado por el
Espíritu, surge en él un ansia de redención, incluyendo la de su cuerpo. Si hacemos nuestra esta
actitud expresada por San Pablo, podremos captar toda la luz que proviene del “principio” y que
Dios quiere darnos en Cristo.

Catequesis 5: La soledad original del hombre


1-2. Génesis 2:18 dice: “No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda
semejante a él”. La soledad del primer hombre no consiste solamente en la ausencia de la mujer,
sino en una soledad en cuanto a ser humano sin la presencia de otros seres humanos.

3. La soledad del primer hombre se deriva de su propia naturaleza humana. La persona humana
es un ser que, por su propia naturaleza, ha sido creado
para entrar en relación interpersonal con Dios y los
La soledad original demás. La soledad original del hombre es doble: es una
soledad en cuanto a ser humano y es una soledad en
del hombre es doble: cuanto a varón.
como ser humano y
como varón. 4. En Génesis 2:15, la creación del primer hombre está
relacionada con la necesidad de “trabajar la tierra”. Esto
corresponde con el mandato divino de “dominar la tierra”
de Génesis 1:28. Dios coloca al hombre en un “jardín” (Edén) una vez que lo ha creado (Génesis
2:8) para labrar y cuidar la tierra. Este jardín simboliza el estado de felicidad original. Luego
Dios establece una Alianza con el hombre, simbolizada en la prohibición de comer del fruto del
árbol del conocimiento del bien y del mal so pena de morir (ver Génesis 2:16-17).

Entonces es cuando Dios dice que no es bueno que el hombre esté solo y que le va a hacer una
ayuda (Génesis 2:18). A continuación Dios crea los animales y se los presenta al hombre para
que éste los nombre (ver Génesis 2:19-20). Se trata de una especie de “prueba” por medio de la
cual el hombre se examina a sí mismo ante Dios. El resultado de este auto-examen es que el
hombre se da cuenta de que él es distinto y superior a los animales porque “entre todos ellos no
había ayuda semejante a él” (v. 20). Al darse cuenta de que no hay ningún ser viviente semejante
a él, el hombre se da cuenta de que no tiene a ningún otro ser con quien desarrollar una relación
interpersonal. Se da cuenta de que está solo.

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5. Este primer hombre se encuentra frente a Dios en búsqueda de su propia identidad, de su


propia definición. ¿Quién soy? El hecho de que está solo, de que no hay nadie más como él,
implica que todo lo demás que Dios ha creado expresa lo que él no es. Se da cuenta de que los
animales no tienen las capacidades que él tiene de pensar y de elegir. A esa doble capacidad la
llamamos racionalidad.

6. El hombre se va descubriendo a sí mismo a través de observar y conocer al mundo material


que le rodea. A través de su interacción con ese mundo y especialmente con los animales, este
hombre primitivo se da cuenta de que puede realizar este conocimiento del mundo y de sí
mismo, precisamente porque tiene la capacidad o facultad de conocer que ningún otro ser tiene.
De un modo primitivo, pero real, descubre que tiene una subjetividad, un mundo interior, que
ningún otro ser tiene en ese momento.

Catequesis 6: El primer hombre, imagen de Dios


1. Cuando Dios crea al hombre lo dota de una subjetividad propia. El significado de la soledad
original del hombre incluye su subjetividad que lo distingue de los animales y que lo impulsa a la
relación interpersonal. Sin esa característica, no podemos entender correctamente las palabras de
Dios de “voy a hacerle una ayuda” ni tampoco la creación de la mujer. No podemos entender al
ser humano como ser creado a imagen de Dios.

2. El ser humano aparece como compañero de Dios en una relación interpersonal con Él. Ello
implica que el hombre puede y debe discernir y elegir entre el bien y el mal. En Génesis 2:16-17,
Dios le da un mandamiento: el de poder comer de los frutos de todos los árboles del jardín,
menos del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Este mandamiento simboliza la
sumisión y la dependencia del hombre en Dios, revela la subjetividad y la humanidad del
hombre.

Sólo el hombre tiene una relación única e irrepetible con Dios (esto es otro aspecto de su
soledad original). Esta definición del hombre de
Génesis 2 como compañero del Absoluto, corresponde
a la definición del ser humano en Génesis 1:26, de que El hombre original
el hombre y la mujer han sido creados a imagen y va descubriendo su
semejanza de Dios.
naturaleza personal
3. Esta reconstrucción que estamos haciendo del ser a través de su propio
humano en su inocencia original abarca la totalidad de cuerpo.
la persona: alma y cuerpo. Génesis 2 presenta al ser
humano como un cuerpo entre otros cuerpos (los
animales). Es a través del cuerpo que la persona humana participa en el resto del mundo visible.

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Este ser humano primitivo se va auto-descubriendo en comparación con los animales a través de
su propio cuerpo. “Se separa” del resto de los animales. Ello lo conduce a conocer y a tener
consciencia del significado de su propio cuerpo. Es una especie de autoconsciencia “primitiva”,
pero real y válida.

4. Génesis 2:5-6 dice: “No había todavía hombre que labrase la tierra ni rueda que subiese el
agua con qué regarla”. Este pasaje corresponde al de Génesis 1:28 que dice que Dios manda al
hombre y a la mujer a “poblar la tierra y a dominarla”. El primer medio fundamental para
dominar la tierra se encuentra en el ser humano mismo. Sólo el ser humano puede “cultivar la
tierra y regarla”. Y esa labor la realiza con su inteligencia y con su cuerpo humano. A través de
su soledad original, del carácter único de su cuerpo, la persona humana, creada a imagen de
Dios, comienza a descubrir el significado de su propio cuerpo y, por tanto, de sí misma.

Catequesis 7: Entre la inmortalidad y la muerte


1. Génesis 2:7 dice: “Formó Dios al hombre del polvo de la tierra y sopló en su rostro aliento de
vida, y resultó el hombre un ser viviente”. La Biblia distingue en el ser humano no tanto el
cuerpo y el alma, como el cuerpo y la vida. Dios concede el don de la vida mediante el “soplo”.
En otros pasajes de la Biblia vemos que cuando Dios retira Su soplo, el ser humano vuelve al
polvo del cual fue sacado (ver: Job 34:14-15 y Salmo 104:29ss). Podemos expresar este lenguaje
humilde pero potente por medio del concepto preciso de que el ser humano está constituido de
alma y cuerpo.

La enseñanza de Génesis 2:7 y la de Génesis 2:5 del ser humano cultivando la tierra,
corresponden a la de Génesis 1:28 del hombre y la mujer creados a imagen de Dios. Si unimos
estas tres enseñanzas, podemos decir en el lenguaje de los conceptos precisos, que la Biblia nos
enseña que la autoconsciencia de la persona humana como ser distinto y superior a los demás
seres materiales nace de un comportamiento típicamente humano. Es una intuición típicamente
humana del significado personal del propio cuerpo.

2. El ser humano se manifiesta como sujeto (y no como objeto), no sólo por su subjetividad, sino
también a base de su propio cuerpo. La estructura de este cuerpo es tal, que le permite ser el
autor de una actividad típica y específicamente humana.

Por medio de esta actividad humana el cuerpo expresa a


El cuerpo humano la persona. El cuerpo humano permite entender quién es
el ser humano y quién debería ser. Pero es gracias a su
expresa a la persona. subjetividad que todo el cuerpo de la persona tiene esta
capacidad de expresión personal.

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3. El ser humano es colocado frente al misterio del árbol del conocimiento del bien y del mal,
cuyo fruto Dios le prohíbe comer so pena de morir. Este ser humano que logra obtener una
autoconsciencia de su distinción y superioridad respecto del resto de la creación material, tenía la
capacidad de comprender el significado de la muerte, a pesar de no haberla experimentado
nunca. El ser humano debía ser capaz de intuir la realidad de la muerte a partir de su propia
experiencia humana y de la consciencia de la dependencia de su propia existencia en el Creador.

4. Esta alternativa entre la muerte y la inmortalidad sugiere la resurrección del cuerpo y la vida
más allá de la muerte. Esta alternativa entre la muerte y la inmortalidad pertenece también a la
definición del ser humano desde el “principio” y al significado de la soledad original de la
persona humana frente a Dios.

Catequesis 8: La creación de la mujer


1. Génesis 2:18 dice: “No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda semejante a
él”. En este relato, el significado de la soledad original del ser humano entra a formar parte del
significado de la unidad original del hombre y la mujer, cuyo punto clave es Génesis 2:24:
“Dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a la mujer, y serán los dos una sola carne”.

La unidad original se basa en la masculinidad y la femineidad, que son dos diferentes


“encarnaciones” (dos “hacerse cuerpo”), dos modos diferentes de ser cuerpo del mismo ser
humano. Otra vez vemos cómo Génesis 1 y 2 se iluminan mutuamente, a la luz de Cristo, en sus
diferentes relatos de la creación del hombre y la mujer.

2. Para comprender correcta y profundamente la creación de la mujer (Génesis 2:21-22), hay que
tener presente la creación del hombre y la mujer como imagen de Dios. El lenguaje de Génesis 2
es sencillo y simbólico, cargado de un profundo significado, que expresa unas verdades que
trascienden las ciencias naturales.

3. Luego Génesis 2:21-22 dice: “Hizo pues, Yahvé Dios caer sobre el hombre un profundo
sopor; y, dormido, tomó una de sus costillas, cerrando su lugar con carne, y de la costilla que del
hombre tomara, formó Yahvé Dios a la mujer”. El sopor de Adán es una dormición profunda en
la que cae el hombre sin consciencia o sueños. Este sopor subraya la exclusividad de la acción de
Dios en la obra de la creación de la mujer. El hombre no
tuvo ninguna participación consciente en esa creación.
Dios se sirve de su “costilla” solamente para acentuar la La creación de la
naturaleza común del varón y de la mujer. mujer fue un acto
unilateral de Dios.
Este relato indica que un acontecimiento extraordinario,
tanto para la creación como para la historia de la

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salvación, va a tener lugar: la creación de la mujer y, con ella, la unidad original del hombre y la
mujer. Se trata de una alianza (la alianza conyugal) que va a tener una importancia decisiva para
toda la historia de la salvación.

[Debemos distinguir entre “alianza” y “contrato”. Un contrato es un acuerdo entre dos personas o
dos grupos de personas acerca de una tercera cosa externa a ellos, por ejemplo, una propiedad o
los términos de un empleo. En el caso de una alianza entre dos personas, las personas mismas
son la esencia del acuerdo, pues el acuerdo es precisamente el compromiso entre las dos a través
de sus propias personas. La alianza matrimonial es un compromiso de vida y amor, donde el
hombre y la mujer lo comparten todo, no solo sus pertenencias sino sus propias personas,
incluyendo sus propios cuerpos.]

4. En el Antiguo Testamento no hay una distinción precisa entre “cuerpo” y “alma”. El cuerpo
era considerado la manifestación externa de la persona. Los “huesos” significaban simplemente
el ser de la persona humana (ver Salmo 139). Por lo tanto, “hueso de mis huesos” significa “ser
de mi ser”. La expresión “carne de mi carne” significa que aunque la mujer tenga características
físicas y sexuales diferentes, posee la misma naturaleza de ser persona que posee el hombre. Por
eso Adán, lleno de júbilo al despertar y contemplar a la mujer, estalla diciendo: “Esta sí que es ya
hueso de mis huesos y carne de mi carne” (v. 23). Adán se da cuenta de que la mujer es la
“ayuda” adecuada para él. La palabra “ayuda” sugiere el concepto de “complementariedad” o
“correspondencia exacta”.

Catequesis 9: Comunión interpersonal e imagen de Dios


1. Génesis 2 nos da la creación “definitiva” del ser humano: la creación de la unidad de dos seres
humanos: uno masculino y el otro femenino. Su unidad indica que comparten la misma
naturaleza humana. La masculinidad y la femineidad del ser humano se fundan en esa misma
naturaleza humana.

La unidad y la dualidad hombre-mujer están relacionadas con los valores. Esto significa que
tienen una dimensión moral. Esta dimensión moral se funda en la naturaleza humana, que a su
vez se funda en Dios.

Génesis 2:18-23 nos enseña que el ser humano ha sido


creado como un don (un bien, un valor) muy especial para
El hombre y la mujer Dios. Este pasaje corresponde a Génesis 1:31: “Y vio Dios
son un don de Dios el ser muy bueno cuanto había hecho”. Pero también es un
uno para el otro. don muy especial para el ser humano mismo como hombre
y como mujer. Esto quiere decir que el hombre es un don
de Dios para la mujer y la mujer es un don de Dios para el

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hombre. Los dos han sido creados por Dios el uno para el otro.

Génesis 1 expresa esta verdad en relación con Dios: el hombre y la mujer han sido creados a
imagen de Dios. Génesis 2 la expresa en términos de valores que el hombre y la mujer captan a
través de la experiencia que viven entre ellos y es valorada por ellos, es decir, considerada un
bien por ellos. [El valor es la experiencia subjetiva de un bien objetivo.]

Esta experiencia ya estaba pre-inscrita en el significado de la soledad original, experiencia que


luego se manifiesta en la creación del ser humano como hombre y mujer. La exclamación gozosa
de Adán ante la mujer en Génesis 2:23 es el prototipo bíblico, expresado en forma concisa, del
libro del Cantar de los Cantares, que describe, usando la poesía y de manera más desarrollada, la
experiencia del amor conyugal en la época de la inocencia original. Adán se emociona al
contemplar a la primera mujer porque la considera un valor o un bien muy superior al resto de la
creación. Lo mismo se puede decir de la primera mujer respecto de este primer hombre.

2. La soledad original es el camino para la unidad original, la cual supera esa soledad. A esa
unidad la podemos llamar comunión entre las personas. En Gaudium et Spes, no. 12, el Concilio
Vaticano II nos enseña que la unión hombre-mujer es “la primera forma de comunión entre las
personas”.

La soledad del hombre le sirve para descubrir su propia humanidad y para anhelar el encuentro
con otro ser como él, que se abra a la comunión interpersonal. Es el primer descubrimiento de la
trascendencia, del ir más allá de uno mismo al encuentro con el otro y con el Otro.

Usamos el término “comunión” y no “comunidad” porque este último es más general, puede
tener muchos significados. “Comunión” es más preciso porque indica esa “ayuda” que se deriva
del hecho mismo de existir como persona junto a y para la otra persona. Ningún otro ser viviente
puede proporcionar ni al hombre ni a la mujer esa “ayuda”, esa reciprocidad que el uno busca en
el otro.

3. En Génesis 2, el ser humano se manifiesta como imagen


de Dios no sólo a través de su propia humanidad, sino a La imagen de Dios
través de la comunión original hombre-mujer. El hombre en la persona
se manifiesta como imagen de Dios no sólo en su soledad, humana se
sino más aún en comunión con la mujer. Esa comunión
hombre-mujer es imagen de la comunión entre las Personas manifiesta más en
Divinas. la comunión
hombre-mujer que
Génesis 2 prepara el camino para comprender el concepto
trinitario de la imagen de Dios en el ser humano. Este individualmente.
concepto constituye el aspecto más profundo acerca de la

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persona humana y de la teología del cuerpo, ya que es a través del cuerpo que el hombre y la
mujer se unen plenamente con todo su ser. Esta íntima comunión interpersonal ha sido bendecida
por Dios desde el principio con el don de la fecundidad (ver Génesis 1:28). Ese don enriquece
más aún la imagen de Dios que se manifiesta en la comunión de las personas.

4. Adán se da cuenta enseguida de que ese ser viviente que tiene delante de él es una persona
humana como él. Ello a su vez muestra que el cuerpo humano de la primera mujer es capaz de
expresar su naturaleza de persona humana. Lo mismo se puede decir de Adán. Podemos deducir
de esta observación que el cuerpo humano ha sido creado por Dios para expresar y revelar a la
persona. El cuerpo humano expresa la subjetividad del ser humano, que hace que su cuerpo sea
un cuerpo humano, que todo su ser sea imagen de Dios.

5. La teología del cuerpo es también teología del sexo, es decir, una comprensión profunda,
desde la revelación de Dios, de lo que significan la masculinidad y la femineidad. El significado
de la unidad original entre el hombre y la mujer (Génesis 2:24: “serán una sola carne”), abre toda
una amplia perspectiva, que tiene una triple dimensión. La primera es que el hombre y la mujer
han sido creados a imagen de Dios (dimensión teológica). La segunda consiste en que Cristo ha
hecho de la unidad original la norma a seguir (dimensión moral). Y la tercera consiste en que
Cristo ha elevado la unidad entre el hombre y la mujer a la dignidad de sacramento entre los
cristianos que contraen matrimonio (ver Catecismo 1601).

Catequesis 10: El matrimonio uno e indisoluble


1. Génesis 2:23 nos enseña que la femineidad se encuentra y se confirma a sí misma a través de
la masculinidad, y la masculinidad a través de la femineidad. El sexo es constitutivo de la
persona humana y no sólo un atributo de ella. La masculinidad y la femineidad son dos modos de
ser persona humana y no sólo dos características accidentales de ella, como lo serían el color de
la piel, del pelo, la estatura, etc. El enriquecimiento mutuo, que es fruto de la unidad y de la
comunión interpersonal entre el hombre y la mujer, es también un enriquecimiento para toda la
historia del ser humano, incluyendo en esa historia la historia de la salvación.

2. Génesis 2:23-24 nos enseña que cada vez que el hombre


y la mujer se unen descubren de nuevo y de modo especial
El sexo – masculino el misterio de su creación. Redescubren su unidad en una
o femenino – es una misma humanidad, y redescubren y reafirman su dualidad
realidad constitutiva, masculina y femenina. La superación de la soledad
siempre lleva consigo un asumir la soledad del cuerpo del
no accidental, de la otro como si fuese propia, un segundo “yo”.
persona humana.
3. La “unidad en una sola carne” (2:24) indica también que

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esa unidad es fruto de una elección consciente. El hombre pertenece a sus padres por la
generación. Pero “los dejará” para unirse a su esposa por su elección libre, y lo mismo puede
decirse de la mujer. Esa mutua elección que define cómo es el vínculo hombre-mujer también
define todo el futuro del ser humano sobre la tierra.

Por eso Cristo se remite a este pasaje bíblico. Al manifestar la imagen de Dios de manera más
plena a través de su unidad conyugal, el hombre y la mujer deben constituir el comienzo y el
modelo de esta comunión interpersonal para todos los hombres y mujeres que después elijan
unirse de esta manera. El cuerpo, masculino y femenino, que ayuda a establecer la comunión
conyugal, se convierte en el elemento esencial de esa unidad, cuyo principal motor es esa
elección libre que establece la alianza conyugal.

4-5. La mutua elección del primer hombre y la primera mujer es posible porque ellos tienen,
debido a su estado de inocencia original, una consciencia madura del significado del cuerpo
como expresión de la persona humana.

“Tomada del hombre”, la mujer se convierte en esposa y, al mismo tiempo, en “madre de los
vivientes” (ver Génesis 3:20). La maternidad de la esposa tiene su origen en el hombre, porque
de él ha sido formada (2:22) y hace que la procreación tenga su origen en el misterio de la
creación del ser humano, y reproduzca esa creación y su misterio a lo largo de la historia. Ello
implica un compromiso con las generaciones futuras.

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Lección 10: Unidad y complementariedad del


hombre y la mujer según la teología del
cuerpo (II)

Catequesis 11: Las experiencias primordiales u originales del hombre


1-2. Génesis 2 nos ayuda a reconstruir las experiencias originales de la persona humana.
“Originales” aquí se refiere no sólo a su antigüedad, sino también a su significado básico. Estas
experiencias no sólo pertenecen a la “pre-historia” del ser humano, sino que también están
siempre a la raíz de toda experiencia humana.

Hemos analizado las experiencias de la soledad original y de la unidad original. Ahora


estudiaremos la de la desnudez original, que está en Génesis 2:25: “Estaban ambos desnudos, el
hombre y la mujer, sin avergonzarse de ello”. Esta experiencia es esencial para la comprensión
plena del ser humano según la Biblia.

3. Génesis 2:25 enseña cómo el ser humano toma


consciencia en su interior de manera directa, no sólo del La experiencia de
significado de su propio cuerpo, sino también del la desnudez
significado del cuerpo del otro. El hombre experimenta el original es esencial
significado de su propia masculinidad y de la femineidad
de la mujer y la mujer experimenta el significado de su para la
propia femineidad y de la masculinidad del hombre. Todo comprensión plena
ello se revela en la desnudez del cuerpo. de la persona
4. La toma de consciencia que describe Génesis 2:25 se da humana según la
en el estado de inocencia original. Cuando Cristo, en su Biblia.
discusión con los fariseos, se remonta al “principio”, está
incluyendo esta experiencia primordial de la desnudez
original.

Después del pecado original, Génesis 3:7 dice: “Se abrieron los ojos de ambos y entonces,
viendo que estaban desnudos, cosieron unas hojas de higuera y se hicieron unos cinturones”. Se
trata de una nueva situación que indica una ruptura de la primera Alianza, en la cual Adán y Eva
incurrieron por no pasar la primera prueba de obediencia a Dios, por no escuchar Su Palabra en
y por no aceptar Su Amor (ver 2:16-17). Ahora comienzan a experimentar la vergüenza, la cual
se manifiesta, no como una experiencia original, sino como una experiencia de miedo y de
autoprotección.

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5-6. Este cambio de experiencia no debe entenderse de manera simplista. No se trata de que antes
del pecado el hombre y la mujer no se daban cuenta de que estaban desnudos, mientras que
después sí. Se trata de un cambio radical en la consciencia que ambos tenían del significado del
cuerpo y de su desnudez original. Cambia la relación hombre-mujer y la relación del ser humano
con Dios. Génesis 3:10 dice: “Te he oído en el jardín y, temeroso porque estaba desnudo, me
escondí”.

Catequesis 12: Inocencia y desnudez original


1. En la experiencia de la vergüenza y del pudor sexual, el ser humano experimenta el temor por
el propio “yo” ante el “segundo yo”, por ejemplo, la mujer ante el hombre. El pudor es una
experiencia compleja porque así como aleja a un ser humano de otro (la mujer del hombre), al
mismo tiempo busca su cercanía personal.

De hecho, el pudor crea la base de esa cercanía, porque al exigir respeto al propio “yo” (a la
propia intimidad) ante la cercanía de un segundo “yo”, tiene la posibilidad de lograr un mutuo
respeto, ya sea en el trabajo, en el vecindario o en cualquier otro medio de convivencia humana,
donde interaccionan hombres y mujeres no casados entre sí o personas en general. El pudor crea
un ambiente de respetuosa confianza, sinceridad y sencillez. Todo ello es fundamental para la
convivencia humana armoniosa y justa.

El pudor tiene un significado fundamental para la


La aparición de la formación del ethos en la convivencia humana,
especialmente en la relación hombre-mujer. El ethos
vergüenza es significa “carácter”, “actitud”, “hábito bueno”,
resultado del pecado “costumbre” o “virtud”. El ethos se diferencia un poco de
original. la virtud porque el ethos es el darse cuenta del conjunto
de valores en el interior de la persona. El ethos es como
el “alma” de la vida moral, porque es la experiencia
subjetiva de los valores humanos que defienden y promueven las virtudes, que son los hábitos
buenos arraigados en el alma y que predisponen a la persona a realizar actos objetivamente
buenos.

2. Cuando Génesis 2:25 dice que el hombre y la mujer no sentían vergüenza, es necesario aclarar
que no se trataba de una falta de vergüenza o de ser un “sinvergüenza”. Esta ausencia de la
vergüenza tampoco se puede comparar con ciertas experiencias positivas, como las de la edad
infantil. Se trataba de una verdadera no presencia de la vergüenza ante la mutua desnudez. Más
que una no presencia de algo, la desnudez original, por el contrario, expresaba la plenitud de una
experiencia y de una comprensión profunda del significado personal del cuerpo. En Génesis 3

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vemos cómo la pérdida de esa comprensión y la aparición de la vergüenza es el resultado del


pecado original.

3. Por todo ello, es fácil comprender por qué la desnudez original del cuerpo, en su estado de
inocencia original, es lo que hace posible esta plenitud de consciencia del significado personal
del propio cuerpo y del cuerpo del otro. Se trata de una percepción directa y casi espontánea, que
se da a través de los sentidos. Es anterior a cualquier reflexión filosófica complicada.

4. Pero no podemos comprender el significado de la desnudez original sólo por medio de la


percepción exterior del mundo, especialmente del cuerpo humano. Lo que Génesis 2:25 trata de
decirnos es, que gracias a la inocencia original, la visión interior del hombre y la mujer era pura.
Esa visión interior se expresaba por medio de una visión exterior también pura.

Esa plenitud de comunicación interpersonal era la que precisamente hacía que no sintieran
vergüenza. El hombre histórico ha desprovisto el concepto de “comunicación” de su profundidad
original. Casi siempre lo relaciona con los medios de difusión de información, que no son
capaces de establecer una verdadera comunión interpersonal. En cambio, Génesis 2:25 indica
una verdadera y profunda comunicación, una “común unión” entre personas, que se da a través
del cuerpo pero que, a través de él, llega hasta el fondo de la persona. En esta comunión, el
cuerpo exterior expresa a la persona interior, al “yo” humano personal. Y lo hace de manera
directa y transparente, sin temor: “estaban desnudos y no sentían vergüenza”.

5. Esta es la comprensión correcta de Génesis 2:25. El


criterio “naturalista” no sirve. La palabra “naturalista”
se refiere a esa comprensión equivocada del ser La no vergüenza en la
humano que niega el pecado original y sus efectos. En desnudez original es
vez de ello, plantea que el ser humano en su estado señal de plenitud
primitivo siempre fue inocente y que fue la sociedad la
que lo corrompió. El criterio que sí nos puede ayudar a interpersonal.
comprender bien lo que nos enseña Génesis 2:25 es el
criterio personalista. Es el criterio que enfatiza la dignidad o valor intrínseco de la persona
humana y, al mismo tiempo, reconoce su inclinación al pecado pero su capacidad, con la gracia
de Dios, de vencerlo y de vivir virtuosamente y llegar así a establecer profundas y sanas
relaciones interpersonales con Dios y los demás.

La ausencia de vergüenza en Génesis 2:25 es plenitud de relación interpersonal en toda su radical


sencillez y pureza. A esa plenitud de relación interpersonal corresponde una plenitud de visión
interior que permite percibir la dignidad personal del otro en Dios, es decir, la imagen de Dios
en él y en ella. Y esa percepción se realiza a través del cuerpo. Es decir, Adán es capaz de ver, a
través del cuerpo desnudo y “transparente” de la primera mujer el “yo” personal e interior de ella
y, viceversa, la primera mujer es capaz de lo mismo respecto de Adán. Cada uno está delante del

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otro sin sentirse amenazado por el otro, porque, debido a su inocencia original, no experimenta
ningún egoísmo respecto del otro. No sienten vergüenza ni temor ante el otro ni ante sí mismos.

Catequesis 13: El misterio de la creación del hombre y la mujer


1-2. Génesis 2:25 nos enseña que la desnudez original significa el bien original de la visión de
Dios. “Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho” (1:31). Significa toda la sencillez y
plenitud de la visión que percibe el valor puro del ser humano como varón y mujer, y el valor
puro del cuerpo y del sexo. Esta visión no conoce ruptura interior ni contraposición o
competencia entre lo espiritual y lo material, ni entre lo masculino y lo femenino.

El hombre y la mujer tienen en su interior una participación en la visión pura que Dios tiene de
todo lo creado. Hebreos 4:13 nos dice que Dios penetra con Su mirada hasta el fondo de todo,
todo está desnudo delante de Él. Sin embargo, todo es respetado por Él, que es Puro Amor. Dios
nos mira a cada uno con toda la pureza e inocencia infinita de Su corazón.

Esa es la visión pura e inocente del primer hombre y de la primera mujer en Dios, expresada en
la desnudez original del cuerpo. El hombre y la mujer se ven a sí mismos más plena y claramente
con esa visión interior que Dios les ha dado que con los ojos del cuerpo. Se ven y se conocen a sí
mismos con toda la paz que da esa mirada interior. Y esa mirada interior es la que crea la
plenitud de intimidad y comunión entre las personas. Cada uno busca enriquecer al otro con el
don de su propia persona y cada uno acoge al otro como lo que es: un don precioso de Dios.

3. La dimensión del don está en el corazón mismo de la creación. La palabra “creó” es usada en
Génesis 1 exclusivamente para referirse a la acción creadora de Dios. En el caso de la creación
del hombre y la mujer es usada tres veces. Ello significa que con el ser humano, la creación
material ha alcanzado su plenitud y perfección.

Dios se revela sobre todo como Creador. Cristo se remite


a esa revelación fundamental. En Cristo, el concepto de
Toda la creación está creación tiene toda su profundidad en el ser mismo de
impregnada por la todo lo creado, porque Él nos revela que todo lo creado
dimensión del don de depende de Dios y está en relación con Él. Creador es el
que llama a la existencia al mundo y al ser humano de la
Amor de Dios. nada y lo sostiene en su existencia porque sostiene su ser.

Ahora bien, Dios crea por amor, porque “Dios es amor” (1 Juan 4:8, 16). Por eso es que toda la
creación está impregnada por la dimensión del don, porque el amor verdadero es el don libre y
gratuito de uno mismo al otro. Dios ha creado libre y gratuitamente al mundo para prodigarle Su
amor. Génesis 1 no dice que Dios es amor. Sin embargo, sí dice que Dios llamó muy bueno a

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todo lo que había creado (v. 31). Eso significa que el amor fue el motivo por el cual Dios lo creó
todo. Sólo el amor da comienzo al bien y se complace en el bien y la verdad (ver 1 Corintios
13:6). La creación consiste en una donación gratuita, fundamental y radical de Dios, porque en
esa donación el don surge de la nada (ver Catecismo, no. 293).

4. El concepto del don indica al que se da (el Padre), al que recibe el don (el Hijo) y a la relación
de amor como don recíproco entre los dos (el Espíritu Santo). En la creación material, esa
relación surge cuando Dios crea al ser humano, el único ser material capaz de establecer, por
iniciativa de Dios, una relación y comunión interpersonal con su Creador. Ése es el significado
esencial del haber sido creado a imagen de Dios. Sólo la persona humana es capaz de
comprender el significado del don. El ser humano aparece en la creación como el que ha recibido
al mundo como don y, viceversa, el mundo ha recibido al ser humano como don.

Catequesis 14: En el jardín del Edén


1. A pesar de que el primer hombre está en el Jardín (ver Génesis 2:8), que simboliza el estado
de felicidad original, no puede todavía experimentar el mundo que le rodea ni a sí mismo como
don de Dios. Ello se debe a que está solo (ver 2:18). No tiene a más nadie como él con quien
establecer una relación interpersonal. Le falta esa ayuda que es la mujer. Esa ayuda es la
condición básica que hace posible que el hombre pueda existir en una relación de don recíproco.

2. La “soledad” y la “ayuda” son claves para comprender la esencia misma del don en el ser
humano. La dimensión del don es el contenido esencial de la imagen de Dios en la persona
humana. El don revela una característica esencial del ser humano. Cuando Dios dice que “no es
bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18), está diciendo que el hombre por sí solo no
realiza esta esencia en su totalidad. Solamente la realiza existiendo con alguien y, más aún,
existiendo para alguien. La relación y la comunión entre las personas son fundamentales y
constitutivas del ser humano. En su propia constitución
como persona, el ser humano tiene inscrita esa
dinámica del don recíproco interpersonal. No es un El hombre original
llamado de Dios “desde afuera”, sino que es intrínseco
va descubriendo su
a su ser persona, precisamente porque Dios le ha
creado a Su imagen. Dios mismo ES puro don naturaleza personal
interpersonal de Amor (Padre, Hijo y Espíritu Santo). a través de su propio
3. Esta dimensión del don es causante de felicidad. Esa
cuerpo.
felicidad pertenece al misterio de la creación, que ha
sido hecha por amor, por un amor que es donación de Uno Mismo (Dios). Las palabras gozosas
de Adán al contemplar a la primera mujer (en Génesis 2:23) expresan el comienzo de la

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experiencia de la felicidad del hombre en el mundo, precisamente porque ha encontrado en la


mujer a ese alguien a quien donarse y a quien recibir como don de Dios.

En esa relación interpersonal de mutua auto-donación se inserta la comprensión correcta del


cuerpo y la sexualidad. Si separamos el cuerpo y la sexualidad de la persona, abandonamos la
antropología adecuada que hemos señalado antes. La revelación del significado del cuerpo
humano quedaría encubierta, no se podría dar a conocer.

4. Hay un profundo vínculo entre la creación, como don de Dios que surge de Su Amor, y el
comienzo feliz de la existencia del ser humano como hombre y mujer. Ese comienzo feliz se
debe a que ahora que son dos, hombre y mujer, se da la comunión entre las personas en toda su
simple y pura verdad. Esa comunión se da a través de sus cuerpos masculino y femenino.

Podemos traducir en nuestras palabras la gozosa expresión de Adán al contemplar a la primera


mujer por vez primera (en Génesis 2:23) como “¡He aquí un cuerpo que expresa a la persona!”
También podemos decir que el cuerpo humano revela al alma viviente, tal y como Dios creó al
primer hombre en Génesis 2:7, cuando, tomando polvo de la tierra, lo modeló y sopló en su
rostro aliento de vida “y resultó el hombre un ser viviente”. En Génesis 2:23, cuando Adán
despierta de su sopor y se da cuenta de que ahora son dos seres vivientes de la misma naturaleza
humana, percibe a través del cuerpo de la mujer su alma viviente. Lo mismo se puede decir de la
mujer respecto del hombre.

El cuerpo de la mujer expresa la femineidad para la masculinidad del hombre y el cuerpo del
hombre expresa la masculinidad para la femineidad de la mujer. De esa manera se manifiesta la
reciprocidad y la comunión interpersonal. Esa reciprocidad y esa comunión se expresan a través
del don del uno al otro como característica fundamental de la existencia de la persona humana.
El cuerpo humano, en su masculinidad y en su femineidad, es testigo visible de la creación como
don fundamental de Dios y también del mismo Amor de
Dios como fuente de este acto de donarse al otro.
A través de la
El cuerpo humano también es signo visible y original de la
comunión toma de consciencia por parte del hombre y la mujer de la
interpersonal el vivencia de ese don de modo original. Esa es la manera
hombre y la mujer por medio de la cual el sexo (la masculinidad y la
femineidad) entra a formar parte de la teología del cuerpo.
descubren el
significado 5. A través de esa experiencia feliz de la comunión
esponsal del interpersonal, el hombre y la mujer descubren la
revelación del significado del cuerpo humano. Podemos
cuerpo. llamar a ese significado el significado conyugal o
esponsal del cuerpo. A través de la alegría que

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experimentan al descubrirse como hombre y como mujer (en Génesis 2:23), de su unidad
conyugal (en Génesis 2:24) y de su mutua desnudez sin sentir vergüenza (en Génesis 2:25), el
hombre y la mujer descubren conscientemente la revelación del significado esponsal del cuerpo
humano como una experiencia vivida.

El significado esponsal del cuerpo humano se refiere a que Dios ha grabado en el cuerpo la
capacidad de expresar el amor, siempre abierto a la vida, como auto-donación y acogida
recíprocas entre el hombre y la mujer de manera pura y no egoísta en el matrimonio. El primer
hombre y la primera mujer son conscientes de esto y de que ese significado viene de Dios, fuente
original del amor como auto-donación libre y gratuita a Su creación. Esa comunión conyugal es
expresión consciente de ese Amor de Dios.

6. Génesis 2:24 (“serán una sola carne”) expresa el significado o finalidad que tienen la
masculinidad y la femineidad en la vida de los esposos como padres. Al unirse tan íntimamente
someten su humanidad a la bendición de la fecundidad (ver Génesis 1:28). El don de la
fecundidad es también parte del significado esponsal del cuerpo humano. La fecundidad expresa
el desborde del amor, el cual tiene la capacidad de ir más allá de sí mismo y transmitir vida. El
amor humano es co-creador, a imagen del Amor Creador de Dios.

Génesis 2:25 (“estaban desnudos pero no sentían vergüenza”) añade otra dimensión al
significado esponsal del cuerpo. El hombre y la mujer, conscientes de su capacidad procreadora,
están libres de la “coacción” del propio cuerpo y de la sexualidad. Su desnudez sin sentir
vergüenza expresa la libertad interior de ambos de no estar encadenados por el egoísmo que
limita el amor verdadero como don de uno mismo al otro. Son libres del instinto que los
arrastraría a unirse y a procrear, como en el caso de los animales. Ello también indica la
presencia de la imagen de Dios en el ser humano, la cual no comparten los animales.

Catequesis 15: Significado esponsal del cuerpo humano


1-2. Al estar libres de la vergüenza y del egoísmo (Génesis 2:25), el hombre y la mujer gozan de
la libertad del don. Es decir, son libres para amar sin temor ante el otro. Son libres de las
ataduras del egoísmo y libres para auto-donarse mutuamente. Mediante esta mutua auto-
donación, el hombre y la mujer realizan el sentido mismo de su ser y existir. Recordemos lo que
dijimos en nuestra Introducción acerca de GS 24. Allí encontramos la norma personalista, la cual
enseña que el ser humano es la única criatura en el mundo que Dios ha amado por sí misma, que
la verdadera libertad consiste en el dominio propio y que ese dominio propio es indispensable
para que el ser humano pueda darse sinceramente a los demás y así encontrar su propia plenitud.
Esta es la verdad sobre el ser humano y la antropología adecuada que contiene la teología del
cuerpo y que Génesis 2:25 y la Iglesia enseñan. Esta verdad nos ayuda a entender mejor el
significado esponsal del cuerpo.

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3-4. La libertad interior del don permite al hombre y a la mujer encontrarse recíprocamente y
acogerse recíprocamente como dones de Dios precisamente porque son conscientes de que Dios
los ama por sí mismos. Al acogerse mutuamente como dones de Dios, el hombre y la mujer se
afirman mutuamente como personas. El hombre y la mujer se aman mutuamente por sí mismos y
no simplemente porque se beneficien mutuamente, ni mucho menos porque se vean el uno al otro
como objetos de placer egoísta.

El cuerpo humano está orientado desde el interior por el don sincero de la persona. Esta
orientación interior revela la masculinidad y la femineidad no sólo en el plano físico, sino
también un valor y una belleza que sobrepasan la dimensión simplemente física de la
sexualidad.

Esta visión de la verdad original acerca de la persona humana de la pre-historia encuentra


resistencia entre algunos de los que sostienen la teoría evolucionista (incluyendo algunos
teólogos). Sin embargo, el análisis que hemos hecho, especialmente de Génesis 2:23-25,
demuestra la dimensión original y ejemplar del ser humano como hombre y mujer. “Ejemplar”
aquí significa que esta visión del ser humano según la Palabra de Dios es la que Cristo exige que
sea el modelo (el ejemplo) a seguir por parte del hombre histórico.

5. Al decir que “no sentían vergüenza”, Génesis 2:25 expresa de manera exterior la experiencia
interior o subjetiva de todo lo que hemos dicho acerca de la libertad del don por parte del primer
hombre y de la primera mujer. Este versículo breve, pero lleno de significado, expresa el estado
de inocencia y felicidad originales del hombre y la mujer, el descubrimiento del significado
esponsal del cuerpo.

Esta revelación y este descubrimiento por parte de la


persona humana son la perspectiva desde la cual entender
A pesar del pecado, toda la historia del ser humano sobre la tierra. A pesar del
la consciencia del surgimiento posterior del pecado original, la persona
humana jamás será ajena a esta perspectiva. El ser
significado humano no dejará de conferir un significado esponsal a su
esponsal del cuerpo, aunque la comprensión de dicho significado sufra
cuerpo permanece muchas deformaciones por causa del pecado. Esa
consciencia del significado esponsal del cuerpo
en lo más profundo permanecerá en lo más profundo de su interior. Aunque
del corazón esté “sepultado” debajo de una “montaña” de egoísmo, el
humano. significado esponsal del cuerpo siempre exigirá ser re-
descubierto como signo de la imagen de Dios en la
persona humana.

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Esta verdad sobre la persona humana del amor como don de sí mismo que Cristo nos ha revelado
al remitirse al “principio” se refiere no solo al matrimonio, sino también a la renuncia al
matrimonio para darse a uno mismo por el Reino de Dios. Esta renuncia demuestra aún más la
libertad del don en el cuerpo humano y el significado esponsal del cuerpo en otro nivel más
profundo todavía, que tendremos que analizar más adelante.

Catequesis 16: Inocencia, felicidad, pureza de corazón


1. Génesis 1-2 nos revela que sólo el amor crea el bien y puede ser percibido a través de las cosas
creadas y, sobre todo, del ser humano. Y es que el amor se irradia por todas partes y se arraiga
en todo lo que Dios ha creado. Este arraigo del amor se expresa en la felicidad original, en el
significado esponsal del cuerpo y en la desnudez original del hombre y la mujer. Esta dimensión
del don, que se encuentra en lo más profundo de la consciencia, es decir, en la subjetividad del
hombre y la mujer, y que se refleja en la recíproca experiencia del cuerpo, da testimonio del
arraigo del amor.

Génesis 1-2 habla no sólo de la creación del mundo, sino también de la gracia, que es la
comunicación de la santidad de Dios al hombre y la mujer. Esta comunicación de la santidad de
Dios es una irradiación del Espíritu Santo que produce un estado de espiritualización en el ser
humano.

2. La felicidad es arraigarse en el amor. Esta felicidad original del “principio” nos enseña que el
ser humano surgió del amor y dio comienzo al amor. Ese comienzo del amor es irrevocable, a
pesar del pecado y de la muerte que vinieron después. Cristo será testigo de este amor
irreversible de Dios que se manifestó en la creación y en la gracia de la inocencia original. Por
esto es que la verdad original del cuerpo del hombre y la mujer no conoce la vergüenza, como
atestigua Génesis 2:25. En ese “principio” el hombre y la mujer, por efecto de ese amor, gozaban
de una inmunidad original ante la vergüenza.

3. Esta inmunidad nos dirige al misterio de la inocencia


original. Esta inocencia es anterior al “conocimiento” del
Cristo fue testigo
bien y del mal, está “al margen” del mismo. Es decir, el del amor
primer hombre y la primera mujer no tenían ninguna irrevocable de Dios
comunión profunda con el mal (no lo “conocían” en el
sentido bíblico de la palabra). Esa inocencia del ser que se manifestó
humano antes de la ruptura de la primera Alianza con Dios en la creación y en
pertenece a la plenitud de la creación. La creación es un la inocencia
don hecho a la persona humana y la fuente de la gracia de
la inocencia original. La doctrina de la Iglesia define la original.
inocencia original como la justicia original en

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contraposición al pecado original. Génesis 2:25 nos enseña que esta inocencia, que el hombre y
la mujer tenían dentro de sí mismos, se manifestaba a través de sus cuerpos. El cuerpo humano,
en Génesis 2:25, es testigo de esta gracia original.

Esta enseñanza de Génesis 2:25 de la desnudez no se repetirá jamás en el resto de la Biblia. Al


contrario, hay muchos pasajes en los que la desnudez está unida a la vergüenza (ver Oseas 1:2 y
Ezequiel 23:26, 29).

4-5. El estado de inocencia original se perdió irrevocablemente en esta vida por causa del pecado
original. Pero eso no significa que el hombre histórico no pueda acercarse a este misterio por
medio de una profunda reflexión. El hombre histórico trata de comprender la inocencia original
contrastándola con su experiencia actual de la culpa y del estado pecaminoso. Este contraste es
descrito con mucha fuerza en Romanos 7:14-24. El hombre histórico trata de comprender esa
inocencia original como característica esencial de la teología del cuerpo partiendo de la
experiencia de la vergüenza. La inocencia original es ese estado que en sus mismas raíces
excluye la vergüenza del cuerpo en la relación hombre-mujer.

La inocencia original se refiere, ante todo, al estado interior de la voluntad humana. Esa voluntad
ha recibido el don original de la gracia de Dios de vivir el amor como auto-donación pura y
recíproca a través del cuerpo masculino y femenino. La voluntad del primer hombre y de la
primera mujer gozaba de una rectitud de intención tal que les hizo capaces de recibir y descubrir
la revelación del significado esponsal del cuerpo sin distorsión pecaminosa alguna. Esa pureza de
corazón que caracterizaba la rectitud de la voluntad inocente y original era portadora de una
felicidad serena y tranquila, de paz y de gozo.

Catequesis 17: Donación mutua en la felicidad de la inocencia


1-2. Génesis 2:23-25 revela la experiencia portadora de felicidad del significado esponsal del
cuerpo del hombre y la mujer a través de su unidad en la complementariedad (mutua “ayuda”).
Al ser la voluntad humana originalmente inocente facilitaba la reciprocidad del don del cuerpo
como don de la persona. Podemos definir esta inocencia como inocencia de la experiencia
recíproca del cuerpo sin egoísmo alguno. De esa manera esa inocencia original realizaba el
significado esponsal del cuerpo masculino y femenino en toda su verdad.

3-4. La dignidad humana corresponde al hecho de que Dios ama al hombre y a la mujer por sí
mismos. Por consiguiente, la inocencia del corazón y de esta experiencia de mutua auto-
donación y acogida significa una participación moral (es decir, con recta intención de la
voluntad) en el eterno y permanente acto de la voluntad de Dios. Dios siempre ama a las
personas por sí mismas y para su propio bien, y no para fines egoístas. Es decir, Dios siempre y

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eternamente ama a las personas con purísima rectitud de Su Corazón y de Su Voluntad. Dios
quiere que el ser humano participe en esa rectitud Suya, en su propia Inocencia divina.

Lo contrario de la inocencia original, de la auto-donación y de la acogida del otro con recta


intención y pureza de corazón, sería una privación del don del otro. Es decir, sería privarse de
acoger al otro como don de Dios, como un valor en sí mismo. Sería reducir al otro a un objeto
para mí. Sería una apropiación indebida, pues el otro no es un objeto sino un sujeto, una
persona.

Este tema de la objetivación del otro lo vamos a tratar con


Dios siempre ama a más profundidad más adelante. Sin embargo, desde ahora
las personas por sí señalamos que esa extorsión del otro ser humano señala
mismas y con precisamente el comienzo de la vergüenza, que ocurrirá
una vez que se dé el pecado original. El comienzo de la
purísima rectitud e vergüenza, como veremos, atestiguará el derrumbe de la
inocencia de Su inocencia original.
Corazón.
5. Podemos deducir de Génesis 2:23-25 que la mujer, que
fue dada al hombre por Dios, es acogida por él como don
de Dios, como don en sí misma. Gracias a ese modo de acogida de la mujer por parte del hombre
ella se descubre a sí misma en su propio donarse al hombre. Recordemos la enseñanza de GS 24
de que el ser humano se encuentra a sí mismo a través del don sincero de sí mismo al otro. Al ser
aceptada como don de Dios, la mujer se siente segura en su dignidad como persona y como
mujer, en toda su humanidad y en toda su femineidad. Eso la impulsa a donarse plenamente al
hombre. Esa experiencia de acogida y de auto-donación hace que la mujer llegue hasta el fondo
de sí misma y a la plena posesión de sí misma.

6. En Génesis 2:23-25 Dios ha asignado al hombre, desde el “principio”, la función de recibir a


la mujer como don de Dios. La mujer ha sido, desde el “principio”, confiada por parte de Dios al
hombre. Dios ha confiado la mujer a la conciencia moral del hombre, a sus sentimientos, a su
corazón. El hombre, por su parte, debe asegurarse de ser el guardián y protector de la relación
interpersonal hombre-mujer, de esa comunión de las personas.

El hombre se enriquece con el don de la mujer y también se enriquece a sí mismo dándose a ella.
En ello se manifiesta la esencia misma de su masculinidad, la cual, a través de su cuerpo
alcanza la íntima profundidad o posesión de sí misma.

Concluyendo, el hombre y la mujer se enriquecen mutuamente dándose y recibiéndose. Ese


enriquecimiento consiste en encontrarse a sí mismos cada vez más en la profundidad de su
interior. Se encuentran a sí mismos en su propia masculinidad y femineidad. Se llegan a aceptar a

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sí mismos y al otro cada vez más como dones de Dios, como personas humanas, y como hombre
y como mujer.
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Lección 11: Unidad y complementariedad del


hombre y la mujer según la teología del
cuerpo (III)

Catequesis 18: Vocación (llamado) original al matrimonio


1. Hemos estado reconstruyendo el significado de la inocencia original. Génesis 2 narra la
experiencia interior (subjetiva) de esta inocencia del primer hombre y de la primera mujer. La
Iglesia ha expresado este lenguaje subjetivo por medio de conceptos objetivos precisos tomados
de la filosofía y de la teología. De esta manera ha transmitido su doctrina sobre el estado de
inocencia original en que fueron creados nuestros primeros padres. Sin embargo, nosotros
preferimos tomar en consideración el aspecto de la
subjetividad humana, porque es más cercano al
lenguaje original de Génesis 2.
El ethos del cuerpo
2. La experiencia del cuerpo que narra Génesis 2:23-25 humano se refiere
indica un grado de espiritualización del ser humano a los valores que
que hace que la experiencia del cuerpo sea distinta
después del pecado original que narra Génesis 3. La Dios ha inscrito en
inocencia original se caracterizaba por un conjunto de él, los cuales a su
fuerzas interiores de la persona humana que eran vez se fundan en el
sensibles al Espíritu Santo. Esas fuerzas interiores se
refieren a los sentimientos, a los afectos y las actitudes hecho de que el
espirituales, entre otras. Esa armonía interior también cuerpo es un bien
se extendía a la armonía entre el cuerpo y el alma. en sí mismo.
El Magisterio de la Iglesia ha expresado esta verdad
bíblica enseñando que el primer ser humano fue constituido por Dios en un estado de santidad y
justicia, es decir, de naturaleza íntegra. Ello a su vez significa que nuestros primeros padres eran
inmunes a la concupiscencia (inclinación al pecado), a la ignorancia, al dolor y a la muerte (ver
Catecismo, nos. 374 y 384).

3-4. La reconstrucción que estamos haciendo de la inocencia original consiste en ir hacia atrás en
la historia. Pero no solamente estamos tratando de descubrir qué nos revela el Génesis acerca de
esta inocencia, sino también qué nos revela acerca del ethos del cuerpo humano, es decir, del
estar consciente de su dimensión moral, de su valor, de que es un bien en sí mismo creado por
Dios.

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El hombre y la mujer de la inocencia original llegaron a comprender el ethos del cuerpo humano
como el significado esponsal del cuerpo que ya hemos explicado. Ese significado es el modelo a
seguir también para el resto de la humanidad en el futuro. La comprensión de ese significado es
indispensable para conocer quién es el ser humano y cómo debe comportarse moralmente.
Cuando somos capaces de comprender y aceptar el conjunto de valores que Dios ha inscrito en el
cuerpo humano (ethos del cuerpo), esos valores, a su vez, nos impulsan a vivir el verdadero
significado esponsal del cuerpo.

5. Génesis 2:24 enseña que el hombre y la mujer han sido creados para el matrimonio: “Por eso
dejará el hombre a su padre y a su madre; y se adherirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una
sola carne”. De este modo se abre una gran perspectiva creadora: la existencia del ser humano se
renueva continuamente por medio de la procreación.

Sin embargo, el hombre y la mujer, antes de convertirse en esposo y esposa, surgen del misterio
de la creación como hermano y hermana en la misma humanidad. Es decir, primero se
descubren mutuamente como seres humanos en una relación de hermandad y amistad. Ese amor
desinteresado es importante, porque después va a penetrar al amor conyugal que se va a
desarrollar. Al estar penetrado por un amor básico de hermandad, el amor conyugal, expresado a
través del cuerpo, tiene esa dimensión de pureza que es vital para el mutuo don sincero de sí
mismos. De lo contrario, nace en ellos la consciencia de “estar desnudos” y, por lo tanto, surge la
vergüenza.

Catequesis 19: Llamados a la santidad y a la gloria


1. Génesis 2:23-25 enseña que, gracias a la inocencia
original, la mujer no es un objeto para el hombre ni el
La inocencia hombre para la mujer. Es cierto que ambos están
objetivamente uno frente al otro, sus cuerpos manifiestan
original, la pureza de manera evidente esa objetividad. Sin embargo, la no
de corazón, hacía presencia de la vergüenza indica que para ambos el
que el hombre y la cuerpo del otro no es simplemente un objeto, ni mucho
menos de placer egoísta. Su inocencia interior, como
mujer fueran pureza de corazón, les hace capaces de “ver” a través del
capaces de “ver” el cuerpo el “yo” interior del otro, su ser persona. Ambos
interior del otro, su tienen recíproca consciencia de ser dones de Dios y del
significado esponsal del cuerpo. Ese significado expresa
ser persona y no la libertad del don, es decir, el ser libres del egoísmo para
un objeto. darse y recibirse mutuamente sin reducir al otro a un
mero objeto de placer.

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Gracias a la inocencia original, ese significado también manifiesta toda la riqueza interior de la
persona como sujeto, no como objeto. Esa riqueza interior incluye una consciencia clara de los
valores y la dinámica del don: el donarse y acogerse mutuamente como dones de Dios. Por
consiguiente, podemos afirmar que la inocencia original manifiesta y determina (hace que se
constituya) el ethos perfecto del don, es decir, la consciencia plena de los valores vinculados a la
dinámica del don, que es la dinámica del amor conyugal.

Es importante comprender que el amor conyugal, como experiencia subjetiva, concuerda


exactamente con el don objetivo que es cada uno de ellos, el hombre y la mujer. El amor que se
tienen es evidentemente una realidad interior, subjetiva. Pero, al mismo tiempo, ese amor
corresponde a una realidad objetiva: el hecho de que cada uno de ellos es un don de Dios para el
otro. Se da así la perfecta continuidad entre lo subjetivo y lo objetivo.

2. Después del pecado original, el hombre y la mujer perderán la gracia de la inocencia original.
El significado esponsal del cuerpo dejará de ser una simple realidad de la revelación y de la
gracia de Dios. Sin embargo, ese significado permanecerá en lo profundo del corazón humano
como un eco lejano de la inocencia original. El ethos del don permanecerá en lo más hondo del
interior de la persona como prenda de ese significado.

Desde ese momento en adelante, el hombre y la mujer tendrán que hacer un gran esfuerzo con la
ayuda de Dios, para redescubrir y vivir el significado esponsal del cuerpo. A través del velo de la
vergüenza, el hombre y la mujer se descubrirán a sí
mismos como los guardianes del misterio de la persona
humana como sujeto, no como objeto. Lucharán para
defender la libertad del don de cualquier reducción a la El cuerpo humano
dimensión de puro objeto. fue creado por
Dios para ser un
3. Sin embargo, en nuestra reflexión todavía nos
encontramos en la época de la inocencia original. El ser sacramento
humano se encuentra en el mundo material como la primordial, es
expresión más elevada del don de Dios. Solo él tiene decir, para ser
consciencia en su interior de la dimensión del don.
Gracias a esa dimensión, la persona humana manifiesta signo eficaz de la
al mundo su haber sido creada a imagen de Dios. Es gracia de Dios.
capaz de trascender y “dominar” (administrar) el
mundo e, incluso, su propio cuerpo y colocarlo al
servicio amoroso de su propio espíritu.

4. El ser humano, como hombre y como mujer, manifiesta a través de su cuerpo el amor invisible
de Dios por Su creación. En este sentido, podemos decir que el cuerpo humano es un sacramento
primordial. “Primordial” significa no solo que es primero, sino también que es fundamental y

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decisivo. No debemos confundirnos, no estamos diciendo que este sacramento primordial sea
uno de los siete sacramentos ni el primero de ellos. El Catecismo no. 1131 nos enseña que “los
sacramentos son signos eficaces de la gracia (la vida divina), instituidos por Cristo y confiados a
la Iglesia para comunicarnos esa gracia”. “Eficaces” significa que los signos de los sacramentos
realmente comunican la gracia que significan. Por ejemplo, el agua que se derrama sobre el
bautizando no es solamente un signo de la gracia de Dios, sino que también realmente la
comunica.

Por lo tanto, cuando decimos que el cuerpo del hombre y la mujer, en su inocencia original,
constituyen un sacramento primordial, estamos diciendo que su cuerpo fue creado por Dios para
ser signo visible y eficaz del amor invisible de Dios escondido desde la eternidad. En efecto, el
cuerpo, y sólo él, es capaz de hacer visible lo que es invisible: lo espiritual y lo divino. Ha sido
creado para comunicar al mundo material el misterio del amor de Dios escondido en Él desde la
eternidad en Dios.

Este es el fundamento de toda la teología del cuerpo, que alcanza su culminación en el


Evangelio: “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). En definitiva, el
cuerpo de Cristo es la fuente de los sacramentos. Profundizaremos en esta verdad más adelante.

5. En el ser humano creado a imagen de Dios se ha revelado la sacramentalidad misma de la


creación. La persona humana, mediante su cuerpo, se convierte en signo visible del plan de amor
de Dios para Su creación, especialmente el hombre y la mujer.

Al aparecer el hombre y la mujer en la escena de la


creación entró con ellos la santidad en el mundo visible.
El sacramento Es decir, por medio de la unidad entre el hombre y la
mujer “en una sola carne” (Génesis 2:24) y gracias a su
primordial fue la
inocencia original (Génesis 2:25), Dios comunicó a toda
unión del hombre y Su creación Su amor y Su verdad invisibles. El
la mujer en el significado esponsal del cuerpo (con su dinámica del
don) es esa santidad que permite al ser humano, como
estado de inocencia
hombre y mujer, expresarse profundamente con el propio
original. Esa unión cuerpo mediante el don sincero de sí mismo. El hombre y
comunicaba la la mujer, en su inocencia original, son conscientes de que
su cuerpo, por medio de la dinámica del don sincero de sí
gracia de Dios a mismos, son sujetos y comunicadores de la santidad de
ellos mismos y al Dios al mundo y a ellos mismos. En esto consiste
resto de la creación esencialmente el sacramento primordial. Es decir, el
sacramento primordial es la unión del primer hombre y
material. de la primera mujer en estado de inocencia original,
cuya unión, como signo visible y eficaz, comunicaba la

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gracia, la verdad y el amor de Dios a ellos mismos y al resto de la creación material.

6. Génesis 2:23-25 nos narra la primera fiesta de la humanidad en toda su plenitud original de
expresión del significado esponsal del cuerpo. Es la primera celebración de la comunicación de
Dios de Su amor y Su verdad a la creación. Es verdad que esa fiesta se tornará en tragedia a
causa del pecado original (ver Génesis 3). Pero, tenemos la esperanza de que el fruto final del
plan de amor y verdad de Dios no es la muerte sino la vida, no es la destrucción del cuerpo
humano sino la llamada a la gloria (ver Romanos 8:30). Esta victoria final es anticipada en el
banquete y fiesta de la Eucaristía (ver Catecismo, nos. 1382 y 1402).

Catequesis 20: El “conocerse” en la convivencia matrimonial


1. Ahora pasamos a reflexionar sobre Génesis 4, donde la Biblia nos narra dos realidades
importantes que es necesario analizar: el “conocimiento” y la generación (o procreación). Es
cierto que en Génesis 4 ya nos encontramos en la situación de pecado (narrada en Génesis 3),
que ha afectado la consciencia del significado esponsal del cuerpo. Sin embargo, recordemos que
Cristo establece una línea de continuidad entre el estado de inocencia original y el estado
pecaminoso, que ya explicamos. Además, recordemos también que la bendición de la fecundidad
es parte intrínseca del significado esponsal del cuerpo (ver Génesis 1:27-28).

2. Génesis 4:1-2 dice: “Conoció el hombre a su mujer, que concibió y parió a Caín, diciendo: ‘He
alcanzado de Yahvé un varón’. Volvió a parir, y tuvo a Abel, su hermano”. Esta es la traducción
literal del texto. Eso indica que el “conocimiento” aquí se refiere a la unión conyugal.

El “conocimiento” en la Biblia tiene una gran riqueza de


significado. No se refiere simplemente a la adquisición de La palabra
información, sino también a las relaciones interpersonales
profundas, no solamente entre los esposos, especialmente “conocimiento”
en su unión conyugal, sino también a las relaciones de implica que, a
amor paternal y filial en la familia (ver Deuteronomio pesar del pecado,
33:9). También se refiere al conocimiento amoroso que
Dios tiene de nosotros (ver Salmo 139) o nosotros de Dios todavía queda en el
(ver Jeremías 31:34; Oseas 2:22; y Juan 14:7-9 y 17:3). hombre y la mujer
un eco del
3-4. Por lo tanto, la unión conyugal entre Adán y Eva, al
ser descrita como “conocimiento”, implica que a pesar del significado
pecado original, queda todavía en la consciencia del esponsal del
hombre y la mujer un eco del significado esponsal del
cuerpo.
cuerpo. La palabra “conocimiento” indica que el hombre y
la mujer, a través del acto conyugal, se revelan el uno al

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otro la profundidad del propio “yo” humano.

5. Este “conocimiento” no se reduce a un mero encuentro sexual. El hombre y la mujer no son


solo objetos o cuerpos que se unen, sino que cada uno de ellos es dado al otro como sujeto único
e irrepetible, como “yo”, como persona. Aquí está la dimensión del don, que todavía persiste a
pesar de los efectos del pecado original.

Catequesis 21: Dignidad de la procreación humana


1. También podemos ver claramente que Adán y Eva son conscientes de que su unión conyugal
no es solamente un encuentro sexual, aún después del pecado original, en el hecho de que los dos
reconocen en la bendición de la fecundidad la acción de Dios. Eva dice “He alcanzado de Yahvé
un varón” (Génesis 4:1) y Adán da a su esposa el nombre de “Eva” que significa “madre de los
vivientes” (Génesis 3:20).

2 y 5. Según Génesis 4:1, el que conoce es el hombre-esposo y la que es conocida es la mujer-


esposa. Lo que constituye a la mujer, a través de su cuerpo y de su sexo, queda como escondido
en la profundidad de su femineidad. Esto nos lleva a constatar que, según este pasaje, el misterio
de la femineidad se revela hasta el fondo en su maternidad: “concibió y parió”. El cuerpo
exterior de la mujer es diferente y complementario al del hombre. Pero el interior de su
organismo expresa más todavía el carácter único de su femineidad y su maternidad. La estructura
biológica interna de la mujer es particularmente potente en su capacidad para concebir, sostener
el desarrollo de un nuevo ser humano y finalmente darlo a luz. La mujer está ante el hombre
como madre, la vida humana es concebida y se desarrolla en lo más profundo de sus entrañas, y
de ella nace al mundo. Por ello es que la Biblia y luego la liturgia de la Iglesia siempre han
honrado y elogiado la maternidad.

Esta manifestación de la profundidad de la femineidad


como maternidad también revela la profundidad de la
La imagen de Dios masculinidad como paternidad. Es decir, nos revela el
en la persona significado generador y paterno del cuerpo del hombre.
La paternidad es uno de los aspectos que más enfatiza la
humana se transmite Biblia. Génesis 5:3 dice: “Adán…engendró un hijo a su
a través de la imagen y semejanza”. Esto está unido a la creación del
procreación. hombre y la mujer a imagen de Dios en Génesis 1:27.
Esta revelación atribuye al padre terrestre la participación
en la obra divina de transmitir la vida y la alegría ante esa
nueva vida: “Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho” (Génesis 1:31).

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3. La teología del cuerpo que se encuentra en el Génesis es concisa y corta de palabras. Sin
embargo, cada palabra expresa conceptos fundamentales, primarios y definitivos, que se
encuentran en el conocimiento bíblico. Por medio del mutuo “conocimiento” el hombre y la
mujer efectúan la consumación del matrimonio. El matrimonio, como vínculo objetivo de amor y
vida entre el hombre y la mujer, pone de manifiesto la objetividad del cuerpo. Gracias al cuerpo
masculino y al femenino es que se logra este vínculo objetivo, que tuvo su origen en esa mutua
atracción subjetiva entre el hombre y la mujer.

4. La procreación también hace que el “conocimiento” esposo-esposa se trascienda a sí mismo.


Ante ese tercero que se origina en ellos dos, el hombre y la mujer se conocen mutuamente de
nuevo en un nivel más profundo todavía. Una vez más nos damos cuenta de que el cuerpo y la
sexualidad ya no son simplemente realidades materiales. El hombre y la mujer son dos seres
humanos que con autoconsciencia y autodeterminación se “conocen” mutuamente y que, gracias
a su paternidad y a su maternidad, alcanzan una
consciencia más elevada aún del significado esponsal del
cuerpo. Cuando Dios crea a
6-7. La procreación tiene una profundidad más sublime una persona
todavía. Génesis 5:3 dice que “Adán… engendró un hijo a humana a través de
su imagen y semejanza”. Es decir, la procreación humana la procreación, le da
coopera con la continuación de la transmisión de la
imagen Dios en el ser humano y, por tanto, en el mundo a una misión ya desde
través de la historia. el seno materno.
Pero la acción creadora de Dios a través de la procreación
humana no se detiene ahí. En la historia de la salvación que narra la Biblia, cuando Dios crea a
un nuevo ser humano le da una misión. “Antes que te formara en el vientre te conocí, antes de
que tú salieses del seno materno te consagré” (Jeremías 1:5; ver también Isaías 44:1 y 49:1, 5;
Salmo 22:10-11 y 139:13-15).

Todo ello manifiesta la dignidad tan grande que tienen la procreación humana y la propia
persona humana.

Catequesis 22: Conocimiento conyugal y procreación

1-2. Cuando Dios presentó a Adán los animales y éste les dio nombre, tomó posesión de ellos
pero no se identificó con ellos (Génesis 2:18-20). En la Biblia, el nombrar algo significa tomar
posesión de ese objeto o animal. Al ponerles nombre, Adán tomó posesión de ellos como su
señor, comenzando así a realizar el mandato de Dios de someter la tierra (Génesis 1:28). Se trató
de un conocimiento externo y dirigido hacia la posesión y el dominio.

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Sin embargo, cuando el hombre y la mujer se “conocen” en Génesis 4:1 se trata de una
experiencia muy distinta. El hombre y la mujer se unen de una manera tan íntima que se
convierten en una sola carne (2:24). Por medio de este “conocimiento” engendran un nuevo ser
humano y toman posesión de su misma humanidad. Más todavía, se realizan a sí mismos como
personas. Se trata de un nivel de “conocimiento” mucho más profundo y personal que algo
puramente externo.

3. El mandato de Dios de “Procread y multiplicaos y henchid la tierra” (Génesis 1:28) tiene un


profundo significado. El hombre y la mujer engendran un ser semejante a ellos, del que pueden
decir juntos que es “carne de mi carne y hueso de mis huesos” (Génesis 2:23). Toman de nuevo
posesión de su propia humanidad al contemplarla ante ellos en ese hijo que han engendrado y a
quien le han transmitido su propia humanidad. Su posesión es de sí mismos, es una afirmación de
su propio ser como personas humanas. Y cada vez que engendren a un nuevo ser humano esa
auto-posesión y auto-afirmación se darán de nuevo.

4. Se puede explicar el concepto de “conocimiento” en la Biblia con el concepto del “eros”, pero
con mucha cautela. Para el filósofo antiguo Platón (350 AC), el eros era el amor que desea la
unión del alma con la Belleza Suprema trascendente. Platón creía en un mundo espiritual donde
estaban las ideas perfectas de las cuales los seres y las cosas materiales de este mundo eran
copias. El alma tiene nostalgia de ese mundo perfecto e intenta huir del cuerpo para unirse a las
ideas. Luego, a través de la historia, la humanidad le ha dado un sentido sexual al concepto de
eros, como lo erótico. Ese concepto tiene el significado de unión pero también el de posesión de
la otra persona como objeto de placer sexual.

Sin embargo, la Biblia no habla de eros. En todo caso, su


concepto de “conocimiento”, aunque sí incluye la unión
La Iglesia enseña entre el hombre y la mujer, no se reduce a mera posesión
egoísta. Ciertamente, esa posesión egoísta no se da en la
que el pecado época de la inocencia original. Y aún en la época después
original dañó del pecado original se puede decir que no está presente la
considerablemente idea de la posesión de la mujer como un objeto sexual por
parte del hombre. Es cierto, después del pecado, el hombre
la naturaleza y la mujer tendrán que hacer un gran esfuerzo para no
humana, pero no convertirse en meros objetos de placer el uno para el otro.
la destruyó. Pero, la doctrina católica enseña que el pecado original,
aunque dañó considerablemente la naturaleza humana, no
la destruyó totalmente (ver Catecismo, no. 418).

5-7. Génesis 3 enseña que el “conocimiento” y la “procreación”, tan profundamente arraigados


en la persona humana, sufrió los efectos del pecado original: el sufrimiento y la muerte. Dios

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dice a la mujer: “Parirás los hijos con dolor” (Génesis 3:16). Y al hombre le dijo: “Volverás a la
tierra, pues de ella has sido tomado; ya que eres polvo y al polvo volverás” (Génesis 3:19).

La historia del ser humano confirma la radicalidad de estas sentencias. Al quebrantar el mandato
de Dios de no comer del fruto del árbol prohibido, Dios separa al hombre del árbol de la vida
(Génesis 3:22). Pero Dios no le ha quitado la vida del todo al hombre y a la mujer, sólo la ha
limitado. La vida humana continúa y se renueva a través de la procreación.

Catequesis 23: Los problemas del matrimonio en la visión integral del


hombre
1-2. La referencia de Cristo al “principio” en su discusión con los fariseos sobre el matrimonio es
válida también para nuestros tiempos. La gente sigue preguntando acerca del matrimonio y los
problemas que han surgido cuando el mundo de hoy ha intentado dar respuestas que se apartan
de ese “principio”. Cristo, a través de Su Iglesia, continúa refiriéndose a ese “principio” como el
referente y la norma que debemos seguir.

3. El Papa Pablo VI, en su Encíclica Humanae vitae (1968), da respuesta a los problemas que
plantea el mundo moderno acerca del matrimonio y la procreación. Pablo VI dijo que no se podía
dar una respuesta adecuada si no se tomaba en cuenta la visión integral del ser humano (no. 7).
No se pueden responder a los problemas planteados con ideas parciales acerca del ser humano.
Al decir eso, el Papa estaba siguiendo la doctrina de Cristo, quien remitió a sus oyentes al
“principio”, donde se encuentra una visión integral y correcta del hombre y la mujer.

4. Los primeros capítulos del Génesis que hemos analizado no nos presentan una visión del ser
humano desde la perspectiva de las ciencias naturales
modernas. Sin embargo, sí nos dan la verdad integral del
ser humano en toda su sencillez y plenitud. Esta verdad se
refiere al significado del cuerpo humano como parte Desde que el Hijo
integral de la persona. Eterno de Dios ha
asumido un cuerpo
Eso no quiere decir que debamos rechazar los aportes de
esas ciencias. Al contrario, lo que debemos hacer es humano, la
colocar a la base de ellas esta revelación de Dios acerca teología del cuerpo
del significado personal del cuerpo humano. Este ha entrado por la
significado del cuerpo incluye la interioridad o
subjetividad de la persona humana. Más aún, incluye la puerta principal.
intersubjetividad humana, es decir, la relación y la
comunión interpersonal, especialmente entre el hombre y la mujer, y también la relación y la
comunión del ser humano con Dios. De esa manera, las ciencias naturales (la biología, la

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química, etc.) nos podrán ayudar a entender de manera correcta al hombre y a la mujer en los
temas del matrimonio y la procreación.

No nos debe sorprender que la doctrina cristiana se ocupe también del cuerpo. El fundamento de
la teología del cuerpo es el hecho central del cristianismo: la Encarnación: “Y la Palabra se hizo
carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Desde que el Hijo Eterno ha asumido un cuerpo, la
teología del cuerpo ha entrado por la puerta principal.

5. Las preguntas de la gente de hoy son también las preguntas de los cristianos de hoy. La
mayoría de los cristianos buscan en el matrimonio su vocación (cristiana y humana), y su camino
a la salvación y a la santidad. Pensemos en los que se preparan para el Sacramento del
Matrimonio o ya lo están viviendo. Esta teología del cuerpo les va a servir de guía para su vida y
su comportamiento e incluso para su vida interior, sus actitudes, sus sentimientos, etc. Esto se
hace más necesario aun cuando tenemos en cuenta que vivimos en una sociedad materialista y
utilitaria, que ve en las personas seres útiles para ser usados en vez de fines en ellos mismos a
quienes debemos amar por sí mismos.

Al referirse al “principio”, Cristo nos está mandando a recuperar la visión de nuestra propia
dignidad como personas humanas, en la que se realiza el auténtico significado del cuerpo
humano, su significado personal y de comunión entre las personas.

6. Pero no es suficiente con remitirnos a lo que Cristo nos ha enseñado acerca del “principio”.
También tendremos que analizar la doctrina de Cristo que se encuentra en el Sermón de la
Montaña acerca de la pureza del corazón y, luego, en otra parte del Evangelio, acerca de la
resurrección del cuerpo.

La enseñanza de Cristo acerca de la pureza del corazón aborda la dimensión interior de la


persona humana, su subjetividad y, en definitiva, su alma. La enseñanza de Cristo acerca de la
resurrección del cuerpo aborda la dimensión corporal de la persona humana. El conjunto de
ambas enseñanzas aborda la persona humana integral según la visión de Cristo. Se trata de la
antropología adecuada (la concepción correcta de la persona humana).

Sin embargo, esta visión es una visión del hombre nuevo y la mujer nueva en Cristo. El Señor
vino a hacer de nosotros criaturas nuevas. Tanto el “principio” como el “mundo futuro” (la vida
eterna) arrojan la luz que necesitamos para comprender la visión de Cristo sobre la persona
humana que él quiere que seamos.

Esta visión antropológica está implícita en la doctrina moral de Cristo en el Sermón de la


Montaña, objeto de análisis en el ciclo 2. También se encuentra implícita en su doctrina moral
con ocasión de su enseñanza sobre la resurrección del cuerpo, que se analiza en el ciclo 3.

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