Mitos Griegos: Atlas, Medusa y Pandora
Mitos Griegos: Atlas, Medusa y Pandora
El titán Atlas era hijo de Japeto y de la ninfa Climene. Después de que los titanes se hubiesen
puesto a disposición de Zeus y sus hermanos, Atlas no fue hecho prisionero en el mundo de los
muertos como el resto de ellos. Zeus le infligió un castigo especial que consistió en cargar con el
arco del cielo sobre sus hombros. Atlas llevó a cabo la tarea en el rincón más occidental que los
griegos conocían y que se situaría cerca del estrecho de Gibraltar.
Heracles visitó a Atlas en uno de sus Doce Trabajos para recoger las manzanas de oro de las
Hespérides. Gaya, la diosa de la tierra, le había dado las manzanas a Hera cuando se casó con
Zeus y ésta a su vez se las entregó a las Hespérides, hijas de Atlas, para que las guardasen en
un bello jardín que estaba protegido por el dragón Ladón. Atlas le puso una condición a su visita.
Para evitarle el problema de luchar con el dragón, iría él mismo hasta eljardín mientras Heracles
le sostenía el arco del firmamento.
Afortunadamente, Heracles era lo suficientemente fuerte y Atlas pudo llegar al jardín. Cuando
regresó con las manzanas, le sugirió que podría ir él a entregárselas a Eurystheus (Euristeo),
jefe de Heracles, mientras el héroe seguía sosteniendo el arco un poco más.
HeracIes fingió estar de acuerdo con la idea, pero le pidió a Atlas que tomase el arco un
momento para poder ponerse un almohadón sobre sus hombros doloridos. Atlas accedió y así
HeracIes pudo huir con las manzanas, provocando el lamento eterno del primero ante tan
pesada carga.
Ovidio describe cómo Perseo, hijo de Zeus como HeracIes, visitó a Atlas. Perseo le pidió pasar
la noche con él, a lo que aquél se negó, recordando un oráculo que en cierta ocasión le había
dicho que un hijo de Zeus llegaría para robarle las manzanas de sus hijas -probablemente se
refería a HeracIes-. Atlas amenazó a Perseo y éste utilizó la cabeza de Medusa (ver Gorgonas,
Las y Perseo) para convertirle en montaña de piedra, la cadena del Atlas en Marruecos. Esta
versión ofrece la contradicción de que Perseo visitase a Atlas antes que HeracIes y que éste
luego no le encontrase convertido en montaña, sino aún como titán.
MEDUSA
En la mitología Griega Medusa era parte de las gorgonas pero la única mortal y a comparación
de sus hermanas ella era muy hermosa.
Poseidón al ver se enamoró de ella y la sedujo o violo (en otras versiones) en un templo de
Atena. Como ambos dioses eran rivales. Cuando Atena descubrió lo que paso en su templo
decidió castigar a Medusa. La transformo de manera que fuera igual a sus dos hermanas Esteno
y Euríale que eran despiadados monstruos de manos metálicas, colmillos afilados y cabellera de
serpientes venenosas vivas y, si miraban directamente a alguien a los ojos, al momento le
dejaban petrificadas. (Otra versiones, dice que fue Afrodita quien, celosa de su cabellera, la
cambió por serpientes). Fue desterrada a las tierras hiperbóreas.
Medusa quedo embarazada de Poseidón y al percatarse de esto Atenea le ordeno a Perseo que
la asesinara y el la decapito con la ayuda de Atena y Hermes, de la sangre que cayó al suelo o
en otras versiones que dicen, que fue de su cabello broto su descendencia, el caballo alado
Pegaso y el gigante Crisaor. Perseo usó la cabeza de Medusa para rescatar a Andrómeda,
matar a Polidectes y, en algunas versiones, petrificar al titán Atlas. Después se la ofreció a
Atenea, quien la colocó en su escudo, la égida.
EL MITO DE PANDORA
Según el mito hesiódico, Pandora es la primera mujer, como Eva en la religión judeocristiana.
Hefesto (dios del fuego) la modeló a imagen y semejanza de las inmortales, y obtuvo la ayuda
de Palas Atenea (diosa de la sabiduría). Zeus ordena su creación para castigar a la raza
humana, porque Prometeo se había robado el fuego divino para dárselo a los hombres.
Cada dios le otorgó a Pandora una cualidad como la belleza, la gracia, la persuasión, y la
habilidad manual, entre otras; pero Hermes (mensajero de los dioses, e intérprete de la voluntad
divina) puso en su corazón la mentira y la falacia.
Según Los Trabajos y Los Días de Hesíodo, había una jarra que contenía todos los males.
Pandora a penas la vio, la abrió y dejó que los males inundaran la tierra. Para cuando logró
cerrar la jarra, lo único que quedaba adentro era la esperanza, por lo que los humanos no la
recibieron. De este mito proviene la expresión 'abrir la caja de Pandora'. En esta tradición,
Pandora representa la perdición de la humanidad al igual que Eva.
De acuerdo con otra tradición, la jarra contenía más bien todos los bienes y Zeus se la entrega a
Pandora, para que se la regale a Epimeteo el día de su boda, pero ella la abrió
imprudentemente, y todos los bienes se escaparon y volvieron al Olimpo (lugar donde viven los
dioses), dejando a los hombres afligidos por todos los males, con el único consuelo de la
esperanza.
Epimeteo era hermano de Prometeo, Atlante y Menecio, hijo de Japeto y Clímene. Es un titán
(primera generación de dioses, descendientes de Gea y Urano). Cuando Prometeo engañó a
Zeus y le robó por fin el fuego sagarado, estaba seguro que debía esperar un castigo. Por esto,
le prohíbe a su hermano que reciba regalos de Zeus, pero Epimeteo al ver la belleza de Pandora
no pudo contenerse. Epimeteo, entonces es el culpable de las desgracias de la raza humana.
EL MITO DE PERSÉFONE
Perséfone es hija de Zeus y Deméter (hija de Cronos y Rea, hermana de Zeus, y diosa de la
fertilidad y el trigo). Su tío Hades (hermano de Zeus y dios de los Infiernos), se enamoró de ella y
un día la raptó.
La joven se encontraba recogiendo flores en compañía de sus amigas las ninfas y hermanas de
padre, Atenea y Artemisa, y en el momento en que va a tomar un lirio, (según otras versiones un
narciso), la tierra se abre y por la grieta Hades la toma y se la lleva.
Al tiempo, Zeus se arrepintió y ordenó a Hades que devolviera a Perséfone, pero esto ya no era
posible pues la muchacha había comido un grano de granada, mientras estuvo en el Infierno, no
se sabe si por voluntad propia o tentada por Hades. El problema era que un bocado de cualquier
producto del Tártaro implicaba quedar encadenado a él para siempre.
Para suavizar la situación, Zeus dispuso que Perséfone pasara parte del año en los confines de
la Tierra, junto a Hades, y la otra parte sobre la tierra con su madre, mientras Deméter
prometiera cumplir su función germinadora y volviera al Olimpo.
La leyenda cuenta que el origen de la primavera radica precisamente en este rapto, pues cuando
Perséfone es llevado a los Infiernos, las flores se entristecieron y murieron, pero cuando regresa,
las flores renacen por la alegría que les causa el retorno de la joven. Como la presencia de
Perséfone en la tierra se vuelve cíclica, así el nacimiento de las flores también lo hace.
Por otra parte, durante el tiempo en que Perséfone se mantiene alejada de su madre, Deméter y
confinada a el Tártaro, o mundo subterráneo, como la esposa de Hades, la tierra se vuelve
estéril y sobreviene la triste estación del Invierno.
APOLO Y DAPHNE
Apolo, gran cazador, quiso matar a la temible serpiente Pitón que se escondía en el monte
Párnaso.
Habiéndola herido con sus flechas, la siguió, moribunda, en su huída hacía el templo de Delfos.
Allí acabó con ella mediante varios disparos de sus flechas.
Delfos era un lugar sagrado donde se pronunciaban los oráculos de la Madre Tierra. Hasta los
dioses consultaban el oráculo y se sientieron ofendidos de que allí se hubiera cometido un
asesinato. Querían que Apolo reparase de algún modo lo que había hecho, pero Apolo reclamó
Delfos para sí. Se apoderó del oráculo y fundo unos juegos anuales que debían celebrarse en un
gran anfiteatro, en la colina que había junto al templo.
Orgulloso Apolo de la victoria conseguida sobre la serpiente Pitón, se atrevió a burlarse del dios
Eros por llevar arco y flechas siendo tan niño:
- ¿Qué haces, joven afeminado -le dijo-, con esas armas? Sólo mis hombros son dignos de
llevarlas. Acabo de matar a la serpiente Pitón, cuyo enorme cuerpo cubría muchas yugadas de
tierra. Confórmate con que tus flechas hieran a gente enamoradiza y no quieras competir
conmigo.
Irritado, Eros se vengó disparándole una flecha, que le hizo enamorarse locamente de la ninfa
Daphne, hija de la Tierra y del río Ladón o del río tesalio Peneo, mientras a ésta le disparó otra
flecha que le hizo odiar el amor y especialmente el de Apolo.
Apolo la persiguió y cuando iba a darle alcance, Daphne pidió ayuda a su padre, el río, el cual la
transformó en laurel. En otras versiones, Daphne pide ayuda a su madre Gea. La metamorfosis
de Daphne ha sido magistralmente descrita por Ovidio:
"Apenas había concluido la súplica, cuando todos los miembros se le entorpecen: sus entrañas
se cubren de una tierna corteza, los cabellos se convierten en hojas, los brazos en ramas, los
pies, que eran antes tan ligeros, se transforman en retorcidas raíces, ocupa finalmente el rostro
la altura y sólo queda en ella la belleza".
Eran un pueblo muy guerrero, por lo que su diosa principal era Artemisa, la cazadora. Debido a
esto, se les atribuía la fundación de Éfeso y la construcción del Gran Templo de Artemisa.
De este pueblo, hay muchas leyendas donde grandes héroes tuvieron que enfrentarse a ellas.
Por ejemplo, Belerofonte quien luchó contra ellas por mandato de Yóbates. Una de las más
conocidas es cuando Heracles (Hércules) cumple la misión que le asigna Euristeo, y se dirige a
las márgenes del Termodonte a adueñarse del cinturón de Hipólita, reina de las amazonas. Ésta
consintió en entregarle el cinturón a Heracles, pero la celosa Hera (esposa del dios Zeuz)
provocó una rebelión entre las Amazonas, y Heracles tuvo que matar a Hipólita. Teseo que
acompañaba a Heracles en su misión, se llevó a Antíope, una de las amazonas. Ellas, molestas
por este atrevimiento y para vengar el rapto, hicieron la guerra contra Atenas, pero fueron
derrotadas por los atenienses que estaban liderados por Teseo.
Otra Azaña legendaria que las involucra, es la ayuda que le brindaron a los troyanos durante la
guerra de Troya. Pentesilea, reina amazona, envió un grupo de apoyo a Príamo, rey troyano.
Aquiles dio muerte a Pentesilea, quien antes de morir, hizo que éste se enamorara perdidamente
de ella, lo que le infundió gran sufrimiento.
MITO DE ICARO
Ícaro se conoce a veces como el inventor del trabajo en madera. Es hijo de Dédalo, genio de la
antigüedad que le mostró a Ariadna cómo Teseo podía encontrar el camino en el laberinto de
Minos, donde se encontraba el Minotauro (monstruo con cuerpo de toro y cabeza de hombre).
Con esta ayuda, Teseo fue capaz de matar al Minotauro, por lo que el rey Minos y padre del
monstruo, muy molesto encerró a Dédalo con su hijo en el laberinto.
Con la intensión de huir, Dédalo fabricó unas alas para él y su hijo. Las adhirió con cera a los
hombros de Ícaro y luego en los suyos e iniciaron el vuelo que los llevaría a la libertad. El padre
había advertido a su joven e imprudente hijo que no volara demasiado alto ni demasiado bajo.
No obstante las advertencias de su padre, Ícaro fascinado por lo maravilloso del vuelo se elevó
por lo aires desobediendo a Dédalo quien no pudo impedirlo. Además, Ícaro se sintió dueño del
mundo y quiso ir más alto todavía. Se acercó demasiado al sol, y el calor que había derritió la
cera que sostenía sus alas, por lo que las perdió. El desdichado y temerario joven acabó
precipitándose en el mar, donde murió. Por eso, desde entonces ese mar se conoció como El
Mar de Icaria.
En otras versiones donde se elimina el elemento fantástico, se nos cuenta como Dédalo había
matado a su sobrino Talo, por lo que había tenido que huir de Atenas. Ícaro, igualmente
desterrado había ido en busca de su padre, pero naufragó en las aguas de Samos, por lo que el
mar recibió un nombre derivado del suyo, igual que en la leyenda original.
También se dice que Ícaro y su padre habían huido de Creta en dos barcos de vela inventados
por Dédalo, pero el joven no supo dominar las velas y naufragó o más bien que cuando llegó a la
isla de Icaria, se lanzó torpemente hacia tierra y se ahogó.
La leyenda era fuerte e incluso por mucho tiempo se mostraba una supuesta tumba de Ícaro en
un cabo del mar Egeo, al igual que se decía que en las islas de Ámbar había dos columnas que
Dédalo había levantado una en honor a su hijo y otra en nombre de él mismo. Asimismo, se
decía que Dédalo había representado en una escultura el triste destino de su hijo en las puertas
el templo de Cumas, dedicado a Apolo.
LA NINFA ECO Y NARCISO
Eco es una de las ninfas del bosque, y es la que da origen al sonido que conocemos como eco.
Eco es protagonista de varias leyendas. Por ejemplo, existe una en la que aparece como la
amada de Pan (dios de pastores y rebaños), pero ella no corresponde a ese amor sino que sufre
por el desprecio de un fauno al que ama de verdad. Pan, movido por los celos decide vengarse,
y hace que ella se desgarre por unos pastores. Su llanto se relaciona con el eco.
La diosa Hera había castigado a Eco, y le impedía hablar. La ninfa solo podía repetir la última
palabra que pronunciara su interlucotor. Esto se debió a que Eco cubría a Zeus sus infelidades
hacia Hera, y la entretenía con elocuentes conversaciones, mientras el dios de dioses se divertía
con sus amantes.
En la versión más conocida del mito de Eco, ella se enamora perdidamente de Narciso de quien
el adivino Tiresias predijo, en su nacimiento, que tendría un larga vida si no se contemplaba a sí
mismo. Este joven era muy hermoso pero despreciaba el amor de todos.
La pobre ninfa no fue la excepción y Narciso despreció su corazón cuando la vio en el bosque y
ella no fue capaz de responderle más que sus propias palabras. Entonces, ella desolada,
ofendida se encerró en un lugar solitario y allí dejó de comer y de cuidarse. Así se fue
consumiendo poco a poco, y el dolor la fue absorbiendo hasta que desapareció y se desintegró
en el aire, quedando sólo su voz que repetía las últimas palabras de cualquiera. Esta voz es lo
que llamamos eco.
Debido a esto los dioses se molestaron y todas las demás mujeres rechazadas oraron a los
dioses por venganza. Némesis (la venganza) las escuchó e hizo que Narciso contemplara su
propia imagen. Cuando el joven lo hizo, se enamoró de su propia belleza y ya no le importó nada
más que su imagen.
Más adelante, Alcmena enviudó y acompañó a Heracles junto con Yolao (sobrino de Heracles) e Ificles
en el fallido intento de regresar a su patria de origen, una vez que Heracles había terminado los doce
trabajos impuestos por Hera mediante Euristeo. Éste se negó a dejarlos permanecer en su tierra.
Cuando Heracles muere, ella se encuentra con varios de sus nietos en Tirinto, de donde fue expulsada
con todos los descendientes de Heracles por orden de Euristeo. Todos fueron bien recibidos en Atenas
donde se refugiaron.
Euristeo decidió atacar a Atenas por haberle dado acogida a quienes estaban relacionados con Heracles
y perdió la batalla. Los atenienses le entregaron a Alcmena la cabeza de Euristeo, y ella le sacó los ojos
con un uso.
Terminó sus días terrenales en Tebas junto con todos los
descendientes de Heracles. Hay varias versiones de lo que
ocurre después de su muerte. Según una primera versión, Zeus
envió a Hermes a recoger el cuerpo de ella para transportarlo a
las islas de los Bienaventurados, donde se casó con
Radamantis.
Según otras versiones, fue llevada al Olimpo donde compartió
honores con su hijo divino. También existe la idea de que
cuando Anfitrión había muerto en la lucha junto a su hijo, ella se
había casado con Radamantis, quien estaba desterrado, y
había vivido con él en Beocia, Ocalea.
EL MITO DE IFIGENIA
Ifigenia es una de las hijas del rey Agamenón y Clitemnestra. Su historia no fue desarrollada por
Homero, pero sí por los trágicos posteriores como Eurípides, y aparece en las epopeyas cílcicas.
Agamenón se había ganado la cólera de la diosa Artemisa, ya que su gente caza a uno de los
venados sagrados de la diosa. Debido a esto, la flota aquea del rey que venía de luchar en
Troya estaba detenida en Aulide sin poder partir.
El adivino Calcante fue interogado para saber cómo apalcar a la diosa, y la respuesta fue que se
debía sacrificar a Ifigenia en nombre de la diosa Artemisa, para que ésta los dejara partir. El rey
al principio se negó, pero al no haber otra solución, consintió en hacer el sacrificio.
Así, mandó a llamar a su hija que se encontraba en Micenas con su madre, con el pretexto de
prometerla al héroe Aquiles. Cuando llegara, el adivino Calcante sería el encargado de inmolarla
en nombre de la diosa encolerizada.
Según cuenta la versión más conocida, cuando Ifigenia llegó y el sacrificio se iba a realizar, la
diosa se apiadó de la joven, y puso en su lugar una cierva. Se llevó a Ifigenia a Tauride, donde la
convirtió en su sacerdotiza.
Sin embargo, existen varaciones sobre el tema, según la versión de Sofocles, el sacrificio sí
ocurre y esto se convierte en la justificación del crimen que Clitemnestra comete contra su
marido Agamenón cuando él regresa, pues ella debía vengar la muerte de su hija.
En otras, lo que varía es el lugar del sacrificio que más bien lo ubican en Braurón, un lugar de
Ática. También, cambian el animal por el que sustituyen a la joven como un oso, una ternera, un
toro o incluso una mujer vieja.
Otra forma del mito, es que la misma Ifigenia se convierte a sí misma en toro, ternera, osa o
mujer vieja -según sea el caso- y acto seguido habría desaparecido. Muchos explican la
desaparición, con el hecho de que en el momento del sacrificio los presentes habían vuelto la
vista hacia otro lado, para no ver la muerte de la joven, por lo que ella había podido escapar.
Otra versión más racionalista explica, por su parte, que en el momento del sacrificio había
aparecido un toro, una ternera, una cierva o una vieja, y que el sacerdote había interpretado tal
hecho como un presagio de que los dioses no aceptarían el sacrificio y que ya la ofenza a
Artemisa estaba saldada.
Después de este episodio, cuentan que Ifigenia vivió mucho tiempo en Tauride, al servicio de
Artemisa en su templo, donde debía sacrificar a los náufragos extranjeros que caían en la costa.
Pero un día, reconoció a Orestes, su hermano y a Pílades entre los extranjeros, enviados por el
oráculo de Delfos a buscar la estatua de Artemisa. Ifigenia les entregó la imagen y huyó con
ellos a Grecia.
Otras variantes, colocan a Ifigenia como hija de Criseida y Agamenón, o como hija de Teseo (el
héroe que mató al minotauro) y Helena, que había
sido raptada por aquél. Sus hermanos los Dioscuros
la rescatan, y ella les jura que había permanecido
virgen. Para mantener tal historia le entrega a su
hermana Clitemnestra, el fruto de sus relaciones
con Teseo, Ifigenia.
Sobre su muerte o final se conoce poco. Se cree
que Artemisa le concedió la inmortalidad y la
identificó con la diosa Hécate. También, se piensa
que se casó con Aquiles secretamente cumpliendo
así el engaño de su padre cuando iba a ser
sacrificada.
FEDRA
Fedra es hija de Minos (rey de Creta) y Pacifae (hija de Helio, madre del minotauro), y hermana
de Ariadna (ayuda a Teseo a matar el minotauro).
Deucalión (hermano de Fedra y rey de Creta) decide que su hermana contraerá matrimonio con
Teseo (rey de Atenas), quien según algunas versiones ya estaba casado con una amazona
(Antíope, Hipólita), a quien aparentemente había raptado. El día de la boda entre Teseo y Fedra
se produjo una guerra con las amazonas, y éstas perdieron.
El motivo de la guerra varía según la versión, pues hay quienes creen que la guerra era producto
del rescate que las amazonas iban a hacer de Hipolita, secuestrada vilmente por Teseo. Otros
opinan que más bien ellas atacaban para resarcir a Hipólita, quien había sido repudiada por
Teseo al casarse con Fedra.
El ataque ocurre el mismo día de la boda entre Fedra y Teseo, y Hipólita muere. Según algunos
lucha contra las amazonas y sólo al morir ella Teseo decide casarse con Fedra, y para otros, los
atenienses logran defender a su rey y matar a Hipólita. Incluso, hay quienes siguen una tradición
oscura que indica como Teseo mismo inmolaba a Hipólita para cumplir con un oráculo.
Hipólita y Teseo habían tenido un hijo llamado Hipólito. El joven era hermoso y casto y Fedra sin
poder vitarlo se enamoró de él perdidamente. Hipólito debido a su castidad y al respeto por su
padre rechaza a Fedra, pues una relación entre ellos habría sido incestuosa, ya que ella era la
esposa de su padre y él habría tenido que profanar el lecho paterno.
Fedra entonces empieza a preocuparse porque Teseo, su esposo nunca se llegue a enterar de
su secreto amor y cree que Hipólito es capaz de contarle en un acto de fidelidad y honestidad.
Para evitarlo y así conservar su honra, Fedra hace creer a Teseo que Hipolito había tratado de
ultrajarla.
El padre llevado por la cólera, manda a desterrar a su hijo y pide a Poseidón su muerte. Hipólito
cumple los designios de Poseidón y muere arrastrado por sus caballos.
Entonces Fedra, abrumada por la culpa decide suicidarse y se ahorca. El gran trágico Eurípides
se encargó de mostrar dos versiones de esta tragedia de la que se conserva una y es la fuente
más conocida para el mito. De acuerdo con esta tragedia, Fedra se quita la vida antes de que
Hipolito muera dejándo una carta que evidenciaba supuestamente la culpa de Hipolito, ante lo
cual el padre exige castigo y luego el joven muere perdonando a su padre, quien al final
descubre la verdad.
LA LEYENDA DE PEGASO
Pegaso es un caballo alado. Su nombre proviene de la palabra griega phgh, que significaba
manantial, pues se decía que había nacido en las fuentes del Océano.
Hay varias versiones de su nacimineto. Por un lado se decía que había nacido del cuello de la
Gorgona, cuando Perseo la mató en el mar. En esta perspectiva, resulta que su padre es
Poseidón, y Crisaor su hermano gemelo.
Otra versión sostiene que nació en la tierra, fecundado por la sangre derramada de la Gorgona,
cuando Perseo la mató.
Una vez que nació, Pegaso fue al Olimpo, donde se puso a las órdenes de Zeus, al llevarle el
rayo.
El papel de Pegaso más importante es en la leyenda de Belerofonte, sobre la que hay diversos
argumentos. Por un lado, se decía que Pegaso había sido regalado a Belerofonte por la diosa
Atenea (diosa de la sabiduría), pero según otras historias fue Poseidón el que dio el caballo a
Belerofonte. También se contaba que el héroe lo había encontrado, cuando bebía en la fuente
de Pirene.
Fue gracias a Pegaso que Belerofonte pudo matar a la Quimera y lograr por sí solo la victoria
sobre las Amazonas.
Cuando Belerofonte muere, Pegaso volvió a la morada de los dioses. Tiempo después, se dio el
concurso de canto que enfrentó a las Musas con las hijas de Píero. El Monte Helicón estaba muy
complacido por la belleza de las voces, por lo que empezó a crecer amenazando con llegar al
cielo.
Al ver el peligro, Poseidón le ordenó a Pegaso que fuera y golpeara a la montaña con uno de
sus cascos para ordenarle qe volviera a su tamaño normal, a lo que la montaña obedeció
dócilmente. Pero, en el lugar donde Pegaso la había golpeado brotó la Fuente Hipocrene, o
Fuente del Caballo.
Por último, Zeus lo convirtió en Constelación, para que fuera eterno. Cuando esto sucedió, un
pluma de sus alas cayó cerca de Tarso, y así la ciudad adoptó su nombre.
EL MITO DE GALATEA
Dentro de la mitología griega hay dos leyendas de Galatea. Está también el mito de Galatea y
Polifemo y ahora les presentamos la otra leyenda.
Galatea era una cretense (de la isla de Creta) hija de Euritio y casada con Lampro, quien era
muy bondadoso, pero también muy pobre.
Galatea quedó embarazada, y su esposo le dijo que esperaba que fuera un hijo varón lo que le
iba a dar, pues si era niña tendría que exponerla. Al tiempo Galatea dio a luz a una preciosa niña
y ella no tuvo corazón para abandonarla.
Desesperada, acudió donde los adivinos quienes le aconsejaron que la visitera como varón, y le
diera por nombre Leucipo, para que así su esposo no se diera cuenta de la verdad. Con los
años, Leucipo se volvió muy hermosa y llegó el momento en que ya no se podía ocultar su
verdadero sexo, pues su cuerpo desbordaba delicadeza y femineidad.
Temiendo por la vida de su querida hija, Galatea acudió esta vez a poderes más altos y se
dirigió al templo de Leto (madre de Apolo y Artemisa), donde pidió a la diosa que cambiara el
sexo de su niña. Leto se apiadó de sus súplicas y la hermosa doncella fue convertida en un
guapo varón.
LAS MUSAS
Las musas son divinidades femeninas que presiden las artes y las ciencias, e inspiraban a los filósofos y a los
poetas.
Aunque su número varíe según los autores, por lo general se acepta que son nueve, nacidas de nueve noches
seguidas de amor entre Zeus y Mnemósine, una de las titánidas. Las musas son por lo tanto nietas de Urano, el
Cielo, y Gea, la Tierra.
Estas diosas se presentan como cantantes en las fiestas de los dioses, y forman parte del séquito de Apolo. Su
primer canto fue el de la victoria de los dioses del Olimpo sobre los Titanes y el establecimiento de un nuevo orden
cósmico. Se decía también que acompañaban a los reyes, dándoles las palabras necesarias para gobernar,
inspirándoles sabiduría y otorgándoles la virtud de la justicia y la clemencia, con la que se ganaban el amor de sus
súbditos.
Las musas se encontraban con frecuencia en el monte Parnaso, que estaba consagrado a Apolo. A los pies de este
monte se encontraba la fuente Castalia, en la que los artistas se purificaban antes de entrar al templo del dios.
También tenían un santuario en el Helicón, la montaña más alta de Beocia, donde se encuentra la fuente Hipocrene,
que surgió de una coz del caballo alado Pegaso.
La mayor y más distinguida de las musas es Calíope, que presidía la elocuencia y la poesía épica. Era representada
con un estilete y una tabla de escritura. Varias leyendas la presentan como la madre de los cantores Orfeo y Linus.
Clío es la musa de la historia y de la poesía heróica. Se dice que fue quien introdujo el alfabeto fenicio en Grecia. Es
también la madre de Jacinto, compañero de Apolo. Se la representa con frecuencia sosteniendo un rollo de
pergamino.
Erato es la musa de la poesía amorosa, además de la mímica. En el arte se la muestra con una lira.
Euterpe es la musa de la poesía lírica y de la música. Se le atribuye la invención de la flauta doble, con la que es
representada.
Melpómene es la musa del teatro trágico. Usa los coturnos tradicionales de los actores, y es representada con un
cuchillo en una mano y la máscara trágica en la otra.
Polimnia preside los himnos sagrados y la elocuencia. Aparece con frecuencia en una actitud meditativa, con la
mirada seria y un codo apoyado en una columna. A veces se la muestra con un dedo sobre la boca, simbolizando el
silencio y la discreción.
Terpsícore es la musa de la danza y de los coros dramáticos. Se la representa sentada con una lira en las manos.
Varias leyendas le atribuyen la maternidad de las sirenas.
Talía preside el arte de la comedia y de la poesía pastoral. Sus atributos son la máscara de la comedia y el cayado
de pastor.
Urania es la protectora de los astrónomos y los astrólogos. En el arte aparece con una esfera en la mano izquierda y
una espiga en la derecha. Está vestida con un manto cubierto de estrellas y mantiene la mirada hacia el cielo.
A pesar de su importancia, las musas aparecen en muy pocos
mitos. Según una leyenda el rey Píero de Pieria, en Tracia,
tenía nueve hijas que eran muy hábiles en el arte del canto.
Estaban tan orgullosas de esta virtud que decidieron viajar
hasta el Helicón y retar a las musas a una competencia, que
las diosas aceptaron. Las piérides entonaron una canción
maravillosa que incluso los pájaros enmudecieron al
escucharlas, pero el canto de las musas conmovió hasta las
piedras. Las piérides, derrotadas, fueron castigadas por su
arrogancia; las musas las transformaron en urracas,
cambiando sus voces por graznidos.
LAS NINFAS
Durante la época homérica, se cree que eran hijas de Zeus. Son consideradas divinidades
secundarias a las que se les pueden hacer plegarias, pero que también pueden resultar
temibles.
Ellas son doncellas que habitan en la campiña, el bosque y las aguas. Normalmente se las
encuentra en grutas donde se entretienen cantando y bailando. Es común que sean el séquito
de algún dios o diosa más importante, como Artemisa en particular, o de otra ninfa de más alto
nivel, como Calipso o Circe.
Hay diferentes categorías de ninfas de acuerdo con el lugar donde viven. Así están las Ninfas de
los Fresnos, o Melíades, que parecen ser las más antiguas. Son hijas de Urano. Las Náyades
que viven en las fuentes y las corrientes de agua. Por su parte, las Nereidas son ninfas del mar
en calma. También existen las Oréades, que viven en las montañas y en las florestas habitan las
Alseides.
Todas las ninfas tuvieron mucha importancia en diversas leyendas. Es común encontrarlas como
esposas de algún héroe o semidiós, por ejemplo la Egina casada con Éaco, o la ninfa de
Taigete. Además, es frecuente verlas intervenir en los mitos amorosos como en las leyendas de
Calisto o Dafne, donde sus amantes más frecuentes eran los espíritus masculinos de la
naturaleza como Pan, los Sátiros, o Príapo para mencionar algunos. Pero los grandes dioses no
eran la excepción, y varias de ellas se unieron en diversas ocasiones con Zeus (dios de los
dioses), Apolo (dios del sol y el arte), Hermes (mensajero de los dioses), y Dionisios (dios del
delirio místico y el vino), entre otros. De igual forma, era normal que se enamoraran de un
adolescente mortal y lo raptaran para compartir su cama con él.
ULISES Y LAS SIRENAS
Probablemente el relato más conocido de las sirenas sea el de La Odisea de Homero.
Después de pasar una larga temporada en el palacio de Circe, Ulises emprende definitivamente
el camino a Ítaca.
La diosa, antes de dejarle partir, le adelanta algunas de las aventuras que va a vivir en los días
siguientes. La primera de ellas será el encuentro con las sirenas.
Las sirenas han sido famosas seductoras, porque según la mitología eran capaces de encantar
con su voz a los marinos con la intención de raptarlos.
Al cantar, parecían ser hermosas doncellas, pero los que sucumbían ante sus encantos, pronto
averiguaban su verdadera naturaleza. El canto de las sirenas anunciaba de forma engañosa los
placeres del mundo subterráneo.
Las sirenas vivían en la isla de Artemisa, en donde yacían los huesos de los marineros que
habían sido atraídos por sus deliciosos cantos.
Odiseo (Ulises), hombre de gran imaginación, cuando se iban acercando a la isla temida, por
consejo de Circe, ordenó a sus hombres que se taparan los oídos con cera, y él, que no podía
con la curiosidad de escucharlas, se hizo amarrar al mástil, con orden de que pasara lo que
pasara, no lo desataran.
Al escuchar los cantos de las sirenas quiso soltarse pero sus compañeros no se lo permitieron.
Cuenta la leyenda que las sirenas, devastadas por su fracaso, se lanzaron al mar y murieron
ahogadas
ARISTEO
Venerado por los sicilianos como una de sus divinidades campestres, era hijo de Cirene, una de
las Náyades, y de Apolo. Su educación fue encomendada a las ninfas, que le enseñaron a
cultivar los olivos, a cuajar la leche y a fabricar colmenas. Un día que perseguía al través de los
campos a la bella Eurídice, mujer de Orfeo, una serpiente, oculta entre la hierba, mordió a esta
ninfa causándole una herida mortal. Los dioses para castigarle hicieron cundir entre las abejas
una enfermedad contagiosa que las destruyó todas hasta no quedar ninguna. Vencido por la
pena que le causaba esta pérdida, fue a buscar a su madre Cirene al fondo de la cueva en que
habitaba, junto al nacimiento del río Peneo, y con el corazón henchido de dolor le dijo: “—Madre
mía, ¿de qué me sirve descender de los dioses y ser hijo de Apolo si he de ser siempre el blanco
de los reveses de la suerte? Las abejas que constituían mi dicha, las colmenas que había
adquirido a fuerza de obstinados trabajos y asiduos cuidados, han sido destruidas. ¡Y tú eres mi
madre…! Pues bien, acaba de una vez; arranca, destruye por tu propia mano los árboles que
planté, entrega mis apriscos a las llamas, prende fuego a mis cosechas ya que el honor de un
hijo tan poco te conmueve”.
Cirene no puede oír sin emocionarse los lamentos de su hijo, aunque no da a ello importancia
alguna. La diosa le estrecha entre sus brazos, enjuga sus lágrimas, calma su agitación y le dice:
“Hijo mío, tu madre nada puede hacer por ti en esta triste situación; ni su sabiduría, ni su buena
voluntad podrían ofrecerte ningún socorro en esta coyuntura. Sin duda habrá llegado a tus oídos
el nombre del sabio Proteo, hijo del Océano. Corre a buscarlo junto al mar de Carpacia;
solamente este célebre adivino, a quien lo futuro y los secretos de la naturaleza se revelan con
toda claridad, puede decirte la causa de tu desgracia y enseñarte el medio infalible para obtener
nuevos enjambres”. Aristeo llega a casa de Proteo; éste, de momento, se niega a escucharle,
después esquiva de mil maneras las preguntas que le dirige, duda, y al fin comunica al joven
agricultor que la venganza divina le persigue, que lleva sobre sf el peso de un gran crimen, que
tiene el deber de apaciguar las iras de las ninfas hermanas de Euridice, que es necesario que
ante la puerta de su templo levante cuatro altares y derrame al pie de ellos la sangre de cuatro
toros y cuatro becerras, que deje sus cadáveres abandonados en el bosque sagrado y que
después de nueve días vuelva a este mismo lugar. Todos estos preceptos son puntualmente
observados y, tan pronto la décima aurora ilumina el horizonte, Aristeo movido de inquieta
curiosidad corre hacia el bosque y descubre el más pasmoso de los prodigios. Percibe zumbar
en el vientre de los cadáveres en putrefacción, numerosos enjambres
de abejas que al momento, abriéndose paso al través de la piel, se
remontan por los aires formando nubes inmensas; después
reuniéndose en la cima de los árboles quedan allí suspendidas en
forma de racimos. La sorpresa que por ello experimenta Aristeo no
puede ser comparada sino a su alegría.
Agamenón fue asesinado por su esposa y Egisto, su amante, después de regresar de Troya. Los
asesinos también quisieron acabar con el joven heredero Orestes, pero Electra le facilitó la huida
a Focis, aunque según otra versión Orestes ya había huido a Focis antes del asesinato de su
padre.
Electra permaneció en Micenas y cuando Orestes regresó con su primo y amigo Pilades, le
aconsejó vengarse de su madre y Egisto mientras visitaban la tumba de su padre. Electra
presenció el acto de venganza final.
La historia de Electra ha inspirado a muchos dramaturgos griegos como Sófocles (496-406 a.C),
que escribió la tragedia Electra, y Eurípides (480-406 a.C), con otra obra del mismo título con los
acontecimientos vistos desde otro ángulo. En la obra de Eurípides, Electra se casa con un
granjero con el que no puede tener hijos debido a sus distintos orígenes. Juntos planean matar
al asesino de su padre. Tras el regreso de Orestes desde Focis, el plan de Electra es matar a
Egisto en una granja cercana, y a Clitemnestra en su casa. Tras haberse vengado, Electra tiene
remordimientos, mientras que Orestes -no tan culpable como ella- es perseguido por Erinyes (las
Erinias), las diosas de la venganza. La Orestiada, una dramática trilogía de Esquilo (525-426
a.C), narra todo el ciclo de asesinatos y venganzas en el seno de la familia de Agamenón hasta
el juicio de Orestes en Atenas (ver Agamenón, Atreo, Erinias, Las y Orestes).
La historia de Electra también inspiró la obra de Eugene O’Neil titulada La mañana se hace
Electra, de 1930, como ilustración de la complejidad de la vida en familia en Estados Unidos.
Esta obra fue tiempo después adaptada al cine.
EOLO
Era el dios de los Vientos y vivía en una pequeña isla que podía moverse libremente por el mar
cerca de la costa de Eolia. Allí residía con sus hijos, siendo el responsable del control de las
tempestades, ya que Zeus le había dado el poder de aplacar y provocar los vientos.
Los dioses solían acudir a su isla solicitando su ayuda para destruir a algún enemigo, como
cuando Hera intentó impedir que Eneas desembarcase en Troya, o Atenea cuando destruyó la
mitad de la flota griega por la afrenta de Casandra. También algunos héroes intentaron recabar
su favor, así Odiseo le visitó para solicitarle ayuda en sus expediciones. Eolo encontró muy
agradable al pobre Odiseo que llevaba tantos años vagando e intentando regresar a su hogar,
por eso cuando partieron le regaló un brisa favorable y un odre que contenía todos los vientos,
que debía ser usado con mucho cuidado. Sin embargo, la tripulación abrió el odre en un
descuido de Ulises y los vientos le devolvieron a Eolia, en donde el dios se negó a ayudarlo de
nuevo.