Los perros presentan una amplia gama de colores en su pelaje, resultado de la
genética y la selección artificial. Desde el blanco puro del Samoyedo hasta el
negro intenso del Labrador, pasando por tonalidades doradas, grises, marrones y
atigradas, cada color tiene su origen en la combinación de melanina: eumelanina
para los tonos oscuros y feomelanina para los claros. Algunas razas exhiben
patrones únicos, como las manchas del dálmata o el manto merle del pastor
australiano. Más allá de la estética, el color del pelaje puede influir en la
temperatura corporal y la percepción de los humanos sobre cada perro.
El color del pelaje de los perros es un rasgo fascinante que resulta de la
interacción entre la genética y la selección artificial realizada por los humanos a
lo largo de la historia. Existen innumerables combinaciones de colores y patrones
en las distintas razas, lo que hace que cada perro sea único en su apariencia. Los
colores pueden variar desde el blanco puro hasta el negro intenso, pasando por
tonalidades doradas, marrones, grises y rojizas. Además, hay patrones específicos
como el atigrado, el merle, las manchas y el bicolor, que añaden aún más diversidad
a la apariencia de estos animales.
La variación en el color del pelaje se debe principalmente a dos tipos de melanina:
la eumelanina y la feomelanina. La eumelanina es responsable de los tonos oscuros,
como el negro y el marrón, mientras que la feomelanina produce los tonos más
claros, como el rojo, el crema y el dorado. La combinación de estos pigmentos,
junto con la acción de ciertos genes, determina el color final del pelaje de cada
perro.
Uno de los patrones más interesantes es el merle, que se encuentra en razas como el
pastor australiano y el border collie. Este patrón se caracteriza por manchas
irregulares de colores más claros sobre una base oscura, lo que da un efecto
jaspeado. Sin embargo, el gen merle también puede afectar la pigmentación de los
ojos y la piel, y en algunos casos está asociado con problemas de audición y visión
cuando un perro hereda dos copias del gen.
Otro patrón llamativo es el atigrado, que se observa en razas como el bóxer y el
bulldog. Se caracteriza por rayas oscuras sobre un fondo más claro, similar a las
marcas de un tigre. También existen combinaciones bicolores y tricolores, como en
el beagle y el bernés de la montaña, que presentan mezclas de negro, blanco y
marrón en distintas proporciones.
El color del pelaje no solo influye en la apariencia del perro, sino que también
puede tener implicaciones en su salud y bienestar. Por ejemplo, los perros de
pelaje oscuro pueden absorber más calor bajo el sol, lo que puede hacer que sean
más propensos a sufrir golpes de calor en climas cálidos. Por otro lado, los perros
blancos o de colores claros pueden ser más susceptibles a problemas de piel, como
quemaduras solares o cáncer de piel, especialmente en zonas con poca pigmentación.
Además, la percepción humana sobre el color de los perros puede influir en su
adopción y en la forma en que son tratados. Algunos estudios han demostrado que los
perros negros, a pesar de ser igual de cariñosos y amigables que los de otros
colores, suelen tardar más en ser adoptados en refugios debido a prejuicios
inconscientes.
En conclusión, el color del pelaje de los perros es un rasgo determinado
genéticamente que no solo embellece a cada individuo, sino que también puede
influir en su salud y en la manera en que son percibidos por los humanos.