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Saber Vulgar y Cientifico

El documento analiza las diferencias entre el saber vulgar e ingenuo y el saber crítico en filosofía. El saber vulgar es espontáneo, socialmente determinado, subjetivo y asistemático, mientras que el saber crítico es deliberado, fundamentado, sistemático y busca la objetividad. Se enfatiza que el saber crítico se da en contextos específicos, como la ciencia y la filosofía, y puede contradecir el sentido común.
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Saber Vulgar y Cientifico

El documento analiza las diferencias entre el saber vulgar e ingenuo y el saber crítico en filosofía. El saber vulgar es espontáneo, socialmente determinado, subjetivo y asistemático, mientras que el saber crítico es deliberado, fundamentado, sistemático y busca la objetividad. Se enfatiza que el saber crítico se da en contextos específicos, como la ciencia y la filosofía, y puede contradecir el sentido común.
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FILOSOFIA – Prof. Lic. Patricia Kirchner

1. El saber vulgar

Conviene en este punto que nos detengamos para establecer algunos caracteres
del Conocimiento filosófico y sus diferencias con el científico.
Para ello se comenzará por considerar las principales formas de "saber", término
que ya ha sido empleado repetidas veces.

La palabra "saber" tiene sentido muy amplio; equivale a toda forma de conocimiento
y se opone, por tanto, a "ignorancia". Pero hay diversos tipos o especies de saber,
que fundamentalmente se reducen a dos: el ingenuo o vulgar, y el crítico.
Si bien de hecho se dan por lo general imbricados el uno con el otro, el análisis
puede separarlos y considerarlos como tipos puros, siempre que no se olvide que
en la realidad de la vida humana concreta se encuentran íntimamente ligados y sus
límites son fluctuantes.

El saber vulgar o ingenuo es espontáneo: se va acumulando sin que nos


propongamos deliberada o conscientemente adquirirlo; se lo va logrando a lo largo
de la experiencia diaria. Por ejemplo, el saber que tenemos acerca del manejo del
interruptor de la luz; o acerca de qué vehículo puede llevarnos hasta la Plaza de
Mayo; o acerca de las causas de la política de tal o cual gobierno. Se trata entonces
del saber que proviene de nuestro contacto cotidiano y corriente con las cosas y con
las personas, el que nos trasmite el medio natural -el saber del campesino se refiere
en general a cosas diferentes de aquellas a que se refiere el saber propio de quien
vive en la ciudad- y el medio social - lo que se nos dice oralmente, o mediante los
periódicos, la radio o la televisión. La primera característica del saber ingenuo, pues.
es su espontaneidad, el hecho de que se constituya en nosotros sin que tengamos
el propósito deliberado de lograrlo.

En segundo lugar, se trata de un saber socialmente determinado; se lo comparte en


tanto se forma parte de una comunidad dada y por el solo hecho de pertenecer a
ella. Por lo mismo que es espontáneo, está dominado por la sociedad respectiva y
por las pautas que en ella rigen; nuestro saber vulgar es así diferente del que es
propio de los naturales del Congo o del que tuvieron los hombres de la Edad Media.
En la medida en que en cada circunstancia social ese saber tiene cierta estructura
y contenidos comunes, suele hablarse de "sentido común": el común denominador
de los conocimientos, valoraciones y costumbres propios de una sociedad
determinada (así nos dice el "sentido común" que el negro es lo propio del duelo,
pero hay sociedades donde el luto se expresa con el blanco).

El saber vulgar está todo él traspasado o teñido por factores emocionales, es decir,
extrateóricos, que por lo general impiden representarse las cosas tales como son,
sino que lo hacen de manera deformada. Piénsese, por ejemplo, en los prejuicios
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raciales, según los cuales el solo color de la piel sería índice de defectos o vicios
determinados.

De manera que se trata aquí de un saber de las cosas en función de los prejuicios,
temores, esperanzas, simpatías o antipatías del grupo social a que se pertenece, o
propios del individuo respectivo. El saber ingenuo, pues, es subjetivo, porque no
está determinado esencialmente por lo que las cosas u objetos son en sí mismos,
sino por la vida emocional del sujeto. Por ello este saber difiere de un individuo a
otro, de un grupo social a otro, de país a país, de época a época, sin posibilidad de
acuerdo, a no ser por azar.

Si se observa, no tanto el contenido, cuanto la conformación de este saber, se


notará una cuarta característica: su asistematicidad. Porque el saber vulgar se va
constituyendo sin más orden que el resultante del azar de la vida de cada uno o de
la colectividad; se va acumulando, podría decirse, a la manera como se van
acumulando los estratos geológicos, uno sobre el otro, en sucesión más o menos
casual y desordenada. Y es tal desorden lo que hace que suela estar lleno de
contradicciones, que sin embargo no lo vulneran ni afectan como tal saber, justo
porque lo que en él predomina no es la lógica, el aspecto racional, sino los factores
emocionales.

2. El saber crítico

Tal como ocurre con muchas otras palabras importantes de los idiomas europeos,
y en especial del lenguaje filosófico, "crítica" procede del griego, del verbo
[krínein], que significa "discernir", "separar", "distinguir". "Crítica", entonces,
equivale a "examen" o "análisis" de algo; y luego, como resultado de ese análisis,
"valoración" de lo analizado -valoración que tanto podrá ser positiva cuanto negativa
(por más de que en el lenguaje diario predomine este último matiz).

Mientras el saber ingenuo es espontáneo, en el saber crítico domina el esfuerzo: el


esfuerzo para colocarse en la actitud crítica. Es obvio que nadie se vuelve
matemático ni médico espontáneamente. No se requiere ningún empeño para
colocarse en la actitud ingenua, porque en esa actitud vivimos y nos movemos
permanentemente. Mas para alcanzar la actitud crítica es preciso aplicarse,
esforzarse: deliberadamente, conscientemente, hay que tomar la decisión de asumir
tal postura y ser capaz de mantenerla. El saber crítico, entonces, exige disciplina, y
un cambio fundamental de nuestra anterior actitud ante el mundo (la espontánea).

En este sentido es característica esencial del saber crítico estar presidido por un
método, vale decir, por un procedimiento, convenientemente elaborado, para llegar
al conocimiento, un conjunto de reglas que establecen la manera legítima de lograrlo
(como, por ejemplo, los procedimientos de
observación y experimentación de que se vale el químico)

Mientras que en el saber vulgar la mayoría de las afirmaciones se establecen porque


sí, o, al menos, sin que se sepa el porqué, el saber crítico, en cambio, sólo puede
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admitir algo cuando está fundamentado, esto es, exige que se aduzcan los
fundamentos o razones de cada afirmación (principio de razón). "La edad de la tierra
-dirá un geólogo- es de tres mil millones de años, aproximadamente"; pero no basta
con que lo diga, sino que deberá mostrar en qué se apoya para afirmarlo, tendrá
que dar pruebas.

Por lo que se refiere a su configuración, en el saber crítico predomina siempre la


organización, la ordenación, y su articulación resulta de relaciones estrictamente
lógicas, no provenientes del azar; en una palabra, es sistemático, lógicamente
organizado.

Para comprenderlo no hay más que pensaren la manera cómo se encadenan los
conocimientos en un texto de geometría. Un tratado de anatomía, para referirnos a
otro caso, no comienza hablando del corazón, de allí salta al estudio del pie, luego
al de los párpados, etc.; si ello ocurriera, se diría que el libro carece de sistema. Por
el contrario, el tratado de anatomía empieza por estudiar los distintos tejidos, sigue
luego con el tratamiento de los huesos según un orden determinado, a continuación
se ocupa de las articulaciones, músculos y tendones, etc. La organización lógica
hace que el saber crítico no pueda soportar las contradicciones; y si éstas surgen,
son indicio seguro de algún error y obligan de inmediato a la revisión para tratar de
eliminarlas; será preciso entonces rehacer el tema en cuestión, porque la
contradicción implica que el saber no ha logrado todavía, en ese aspecto,
constituirse como saber verdaderamente crítico.

La crítica, es decir, el análisis, examen y valoración, opera de manca de evitar la


intromisión de todo factor subjetivo; en el saber crítico domina la exigencia
simplemente teorética, el puro saber y su fundamentación, y aspira a ser
universalmente válido: pretende lograr la más rigurosa objetividad, porque lo que
busca es saber cómo son realmente las cosas, que se revelen tal como son en sí
mismas, y no meramente como nos parece que son.

Quizás esa objetividad del saber crítico en el fondo no sea más que un desiderátum,
una pretensión, un ideal, que el hombre sólo raramente y de manera
relativamente inadecuada pueda lograr, como parece mostrarlo la historia misma de
la ciencia y de la filosofía; pero como exigencia, está siempre presente en el saber
crítico.

Resulta entonces evidente que, mientras el saber vulgar está presente en todas las
circunstancias de nuestra existencia, el saber crítico sólo se da en ciertos momentos
de nuestra vida: cuando deliberadamente se asume la posición teorética, tal como
ocurre en la ciencia y en la filosofía.

Tampoco es un saber compartido por todos los miembros de una sociedad o época
determinadas, sino sólo por aquellos miembros del grupo que se dedican a la
actividad crítica, es decir, los hombres de ciencia y los filósofos; y ello sólo en tanto
se dediquen a tal actividad, sólo en los momentos en que se encuentren en la actitud
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crítica, porque en la vida diaria se comportan tan espontáneamente como los demás
(el bioquímico que come un trozo de carne no saborea "proteínas").

El saber crítico suele contradecir al sentido común; basta pensar en algunos


conocimientos y teorías científicos y filosóficos para advertirlo. Según el sentido
común, el sol "sale" por el Este y "se pone" por el Oeste; pero la astronomía enseña
que el sol ni sale ni se oculta, sino que ello es una ilusión resultante del movimiento
giratorio de la tierra sobre su propio eje. También el sentido común (y no sólo el
sentido común) sostiene que cualquier todo es mayor que cualquiera de sus partes;
pero una rama de las matemáticas, la teoría de los conjuntos, enseña que hay
ciertos "todos" cuyas partes no son menores. O para tomar un ejemplo extraído del
campo de la filosofía: el sentido común supone que el espacio es una realidad
independiente del espíritu humano; pero Kant sostiene -diciendo las cosas de
manera rudimentaria, inexacta- que hay espacio solamente porque hay sujetos
humanos que conocen; que el espacio es una especie de
proyección del hombre sobre las cosas, de manera tal que si por arte de magia se
suprimiese a todos los sujetos humanos, automáticamente dejaría de haber
espacio; éste no tiene existencia sino solamente como modo subjetivo de intuición.

Esta teoría parecerá extravagante, pero en este punto sólo nos interesa mostrar su
oposición con el sentido común.

Se adelantó que ambos tipos de saber, el vulgar y el crítico, marchan


frecuentemente enlazados el uno con el otro. Y, en efecto, sufren diversos tipos de
influencias recíprocas, de modo tal que en muchos casos puede presentarse la duda
acerca de si determinado conocimiento pertenece a una u otra forma de saber.
La afirmación de que la tierra tiene unos tres mil millones de años se la puede saber
por haberla leído en cualquier revista o semanario populares; pero el haberla leído
allí no es garantía científica, ni cosa que se le parezca. Ese conocimiento puede
parecer conocimiento científico, pero en tanto que uno se limite a repetirlo sin más,
y en tanto se lo haya extraído de fuente tan poco seria, será saber vulgar y no crítico,
porque no se dispone de los medios para fundamentar la afirmación; pero formulada
en un tratado de geología, en cambio, sí tendrá carácter crítico. De manera que la
característica que permite separar el saber vulgar del crítico no está tanto en el
contenido de los conocimientos -en lo que éstos afirman-, cuanto más bien en el
modo cómo lo afirman –en que estén convenientemente fundados-, en nuestra
actitud frente a los mismos.

Dentro del saber crítico se distinguen la ciencia y la filosofía. Antes de volver a


referirnos a las diferencias entre ambas, señalemos que hay tres tipos de ciencias:
las formales, como la matemática y la lógica; y las reales, fácticas o ciencias de la
realidad, que a su vez se subdividen en ciencias naturales -que pueden ser
descriptivas (anatomía descriptiva, geografía) o explicativas (física, química)- y
ciencias del espíritu (llamadas también ciencias morales, o ciencias de la cultura, o
ciencias sociales), como la historia, la economía, la sociología, la psicología.

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