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Mediación Penal: Retos y Regulación Integral

Acta Judicial 14-50-PB

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ACTA JUDICIAL

Tercera época

Revista editada por Ilustre Colegio Nacional de Letrados de la Administración de Justicia

N.º 10. Julio-Diciembre 2022

Págs.
Sumario

HACIA UNA REGULACIÓN INTEGRAL DE LA MEDIACIÓN PENAL


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Por Estefanía Navarrete Corral 03-19

INCORPORACIÓN DE LOS WHATSAPP Y OTRAS APLICACIONES


SEMEJANTES DE MENSAJERÍA ELECTRÓNICA AL PROCESO PENAL EN LA
FASE DE INSTRUCCIÓN
Por Alfredo Martínez Guerrero 20-36
Edición semestral

LOS PRINCIPIOS RECTORES DEL TRATAMIENTO DE DATOS DE CARÁCTER


ISSN 2603-7173
PERSONAL Y SUS IMPLICACIONES EN EL PROCESO PENAL
Por Juan Alejandro Montoro Sánchez 37-73

Editado en Madrid

(España)

por

Ilustre Colegio

Nacional de Letrados

de la Administración

de Justicia

Licencia de las obras Pág. 74


Consejo editorial y Comité científico Pág. 75
Normas de publicación Pág. 76
HACIA UNA REGULACIÓN INTEGRAL DE LA MEDIACIÓN
PENAL
Towards a comprehensive regulation of criminal mediation

Por Estefanía Navarrete Corral


Profesora de Derecho Penal. Universidad Pablo de Olavide
[email protected]

Artículo recibido: 01/12/21 Artículo aceptado: 27/01/22

RESUMEN
El presente artículo anticipa los principales retos que se plantean
respecto de una necesaria y futura regulación integral de desarrollo del
procedimiento de mediación penal. La configuración del acceso o eventual
derivación a los servicios de mediación penal debe entenderse desde la
insuficiente regulación prevista en el art. 15 de la Ley 4/2015, de 27 de abril, del
Estatuto de la víctima del delito. Misma identidad de razón respecto del
desarrollo de las sesiones de mediación penal y la propia delimitación de los
principios aplicables que presentan unos caracteres propios diferenciables
respecto de lo previsto en materia de mediación civil y mercantil. Lo anterior,
además, debe armonizarse con las previsiones normativas que puedan resultar
aplicables tanto en materia penal como procesal penal.

ABSTRACT
This article anticipates the main challenges that may be faced by a
necessary and future comprehensive regulation of development of the criminal
mediation procedure. The configuration of the access or eventual referral to the
criminal mediation services must be understood from the insufficient regulation
provided by article 15 of Law 4/2015, of April 27, of the Statute of the victim of
the crime. Same identity of reason with respect to the development of the
criminal mediation sessions and the delimitation of the applicable principles.
The above, in addition, must be harmonized with the regulatory provisions that
may be applicable both in criminal and criminal procedural matters.

PALABRAS CLAVE
Mediación, Penal, Principios, Derivación, Acceso, Procedimiento,
Acuerdo, Medial.

Revista Acta Judicial nº 10, julio-diciembre 2022, pp. 02-19


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Navarrete Corral, E. Hacia una regulación integral de la mediación
penal

KEYWORDS
Mediation, Criminal, Principles, Derivation, Procedure, Access,
Agreement, Medial.

Sumario: 1. Introducción. 2. La insuficiente previsión normativa de los


servicios de Justicia Restaurativa. 3. El acceso a los servicios de mediación.
Desarrollo de las sesiones de mediación. 5. La derivación a los servicios de
justicia restaurativa. 6. Los principios de actuación aplicables en el
procedimiento de mediación penal. 7. Conclusiones. 8. Bibliografía.

1. Introducción
La mediación puede definirse, siguiendo a BARONA VILAR 1, como “un
procedimiento extrajurisdiccional, en virtud del cual víctima e infractor,
voluntariamente, se reconocen capacidad para participar en la resolución de su
conflicto penal, que existe, con intervención de un tercero, al que llamamos
mediador, reestableciendo la situación previa al delito y el respeto al
ordenamiento jurídico, amén de dar satisfacción a la víctima y el
reconocimiento de tal actividad por el victimario”. Asimismo, para
GONZÁLEZ CANO 2, se trataría de un “sistema de gestión de conflictos, aquel
en el que una parte neutral, con carácter técnico y en posesión de conocimientos
adecuados, independiente de los actores institucionales del proceso penal, e
imparcial, ayuda a dos o más personas implicadas en un delito o falta, en
calidad de víctima e infractor, a comprender el origen del conflicto, sus causas y
consecuencias, a confrontar sus puntos de vista ya a elaborar acuerdos sobre el
modo de reparación, tanto material como simbólica”.
Por tanto, la solución al conflicto se produce por el acuerdo voluntario e
informado de las partes, mediando la intervención no vinculante de un tercero
en la conformación de dicho acuerdo.
No obstante, las específicas circunstancias que plantea tanto la
producción como la eventual composición del conflicto penal favorecen la
delimitación de parámetros propios de la mediación penal y, en cierta medida,
diferenciables, en comparación con otras modelos de mediación que se
proponen en el ámbito de las relaciones privadas, particularmente en lo que
respecta a la mediación en los ámbitos civil y mercantil.

1BARONA VILAR, S., Mediación penal: fundamento, fines y régimen jurídico, Tirant lo
Blanch, Valencia, 2011, pp. 257 a 318.
2 GÓNZALEZ CANO, I., «La mediación penal en España», en La mediación penal para
adultos una realidad en los ordenamientos jurídicos: (experiencia en España, EEUU, Inglaterra y Gales,
Países Escandinavos, Francia, Alemania, Portugal, Brasil y Chile), Tirant lo Blanch, Valencia, 2017, p.
25.
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Como refiere SÁNCHEZ GÓMEZ 3, “en la materia procesal penal que nos
ocupa, el conflicto presenta entonces una vertiente intersubjetiva y una
vertiente social. La primera de estas hace referencia al conflicto que se plantea
entre víctima y victimario, cuya composición tendrá un contenido y unos
límites específicos. En el ordenamiento jurídico español, la vertiente
intersubjetiva del conflicto encuentra su acomodo en las propias leyes de
enjuiciamiento criminal, al disponerse el instituto de la acusación no oficial, es
decir, mediante el ejercicio de la acusación particular, ejercitada por la propia
víctima o quien legítimamente ocupe tal posición, y la acción popular, en
defensa de los intereses generales. De otro lado, la vertiente social del conflicto
refiere la existencia de una controversia entre el victimario y la propia Sociedad,
interesada en la prevención y represión de los delitos. Ambas vertientes,
intersubjetiva y social, han de vincular la composición del conflicto” 4.
Asimismo, las consecuencias del acuerdo alcanzado entre las partes y su
posterior eficacia procesal en el ámbito de la mediación penal distan mucho de
la realidad de la ejecución de los acuerdos mediales en la composición del
conflicto concreto que se somete al procedimiento de mediación civil o
mercantil.
Entre las razones que informan tales argumentos es posible ahora
afirmar, la naturaleza de los derechos que se ventilan en un proceso penal, la
posición de las partes, principalmente respecto del sostenimiento de las
pretensiones acusadoras y los propios efectos procesales que se derivan del
acuerdo de mediación en cuanto a la determinación de la eventual pena que
pudiera acordarse en la sentencia.
Como se dijo, el pretendido impulso legislativo propuesto respecto de la
mediación 5, tampoco ha conseguido alcanzar las deseadas cotas de
implementación de los servicios de mediación en el plano penal. La
consideración de la Estadística judicial publicada por el Consejo General del
Poder Judicial es un claro ejemplo al respecto.
A tal fin, llama poderosamente la atención cómo las razones expuestas en
la Exposición de Motivos del propio Anteproyecto de Ley de Impulso de la
Mediación para justificar la falta de éxito en la implementación del
procedimiento de mediación en materia civil y mercantil resultan también

3 SÁNCHEZ GÓMEZ, R., «Mediación Penal y Violencia de Género. Un adecuado


sistema de resolución de conflictos», en Construyendo la igualdad. La feminización del Derecho
privado, Tirant lo Blanch, Valencia, 2017, pp. 1153 y ss.
4 Véase GIMENO SENDRA, V., Fundamentos de Derecho Procesal (jurisdicción, acción y

proceso), Civitas, Madrid, 1981, pág. 21.


5 Al menos respecto del Anteproyecto de Ley de Impulso de la Mediación, mientras
que, respecto del Anteproyecto de Ley de Medidas de Eficiencia Procesal del Servicio Público
de Justicia, aun estar por ver.
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trasladables al ámbito de la mediación penal. Entre estas, destaca la falta de una


«cultura» de la mediación en los Estados miembros, conforme el Informe de la
Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo y al Comité Económico y Social
Europeo sobre la aplicación de la Directiva 2008/52/CE, de 26 de agosto de 2016.
No obstante, no es posible compartir plenamente tales argumentos,
debiendo situar al mismo nivel tanto la referida falta de cultura como la
ausencia, precisamente, del suficiente impulso estatal para consolidar unos
servicios de mediación, con independencia de su naturaleza, en directa
conexión con la propia Administración de Justicia 6.
Suficiencia en el pretendido impulso que debería acompañarse de un
inicial y adecuado respaldo presupuestario, la definitiva incorporación orgánica
de los servicios de mediación, si se quiere en el marco de la propia Oficina
Judicial o su encaje en las diferentes Leyes de Enjuiciamiento.
En efecto, como se puso de relieve, los servicios de mediación sean de
naturaleza pública o privada, no han calado como habría sido deseable en el
conjunto de la ciudadanía a la hora de decidir la fórmula más adecuada para la
resolución de sus derechos subjetivos, de naturaleza disponible. Tampoco se ha
producido, en el concreto supuesto que nos ocupa, una consolidación efectiva
de la oferta institucional de composición pública de conflictos efectiva, más allá
de los tradicionales contornos del proceso jurisdiccional.

2. La insuficiente previsión normativa de los servicios de Justicia


Restaurativa
El art. 15 Ley 4/2015, de 27 de abril, del estatuto de la víctima del delito
(en adelante LEVD 7), regula parcamente cómo deberán articularse los servicios
de mediación penal, entendemos que, en el marco de la Administración de
Justicia, mediante la creación de las Oficinas de Justicia Restaurativa, del
siguiente tenor:
1. Las víctimas podrán acceder a servicios de justicia restaurativa, en los
términos que reglamentariamente se determinen, con la finalidad de obtener una
adecuada reparación material y moral de los perjuicios derivados del delito, cuando se
cumplan los siguientes requisitos:

6 En similares términos, véase SÁNCHEZ GÓMEZ, R., «Mediación Penal y Violencia de


Género. Un adecuado sistema de resolución de conflictos», en Construyendo la igualdad. La
feminización del Derecho privado, referencia 3, págs. 1153 y ss.
7 La citada normativa trae causa en la transposición al ordenamiento jurídico español

del contenido de la Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 25 de


octubre de 2012, por la que se establecen normas mínimas sobre los derechos, el apoyo y la
protección de las víctimas de delitos, y por la que se sustituye la Decisión Marco 2001/220/JAI
del Consejo.
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a) el infractor haya reconocido los hechos esenciales de los que deriva su


responsabilidad;
b) la víctima haya prestado su consentimiento, después de haber recibido
información exhaustiva e imparcial sobre su contenido, sus posibles resultados y los
procedimientos existentes para hacer efectivo su cumplimiento;
c) el infractor haya prestado su consentimiento;
d) el procedimiento de mediación no entrañe un riesgo para la seguridad de la
víctima, ni exista el peligro de que su desarrollo pueda causar nuevos perjuicios
materiales o morales para la víctima; y
e) no esté prohibida por la ley para el delito cometido.
2. Los debates desarrollados dentro del procedimiento de mediación serán
confidenciales y no podrán ser difundidos sin el consentimiento de ambas partes. Los
mediadores y otros profesionales que participen en el procedimiento de mediación
estarán sujetos a secreto profesional con relación a los hechos y manifestaciones de que
hubieran tenido conocimiento en el ejercicio de su función.
3. La víctima y el infractor podrán revocar su consentimiento para participar en
el procedimiento de mediación en cualquier momento.
La insuficiencia del contenido del precepto para poder articular tales
servicios de Justicia Restaurativa es notoria.
El ámbito de aplicación del procedimiento de mediación se plantea de
manera negativa, por referencia a aquellas materias expresamente prohibidas
en el ordenamiento jurídico, como, por ejemplo, lo previsto en la Ley Orgánica
1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la
Violencia de Género, en la modificación propuesta respecto del art. 87 ter de la
Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial 8.
Por tanto, es posible afirmar que allí donde no exista expresa prohibición
normativa al respecto podrá proponerse someter el conflicto penal al
procedimiento de mediación, limitándose la norma a afirmar que su finalidad
radica en la obtención de una adecuada reparación material y moral de los
perjuicios derivados del delito.
Sin embargo, como sostiene BARONA VILAR 9, la mediación penal
“puede centrarse en la reparación, y por eso se habla de justicia reparadora
(entendiendo reparación tanto la moral como la económica, empero también la
simbólica), y también se ha extendido a lo que, especialmente en ciertos ámbitos

8 Crítico con la prohibición absoluta se muestra SÁNCHEZ GÓMEZ R., «Mediación


Penal y Violencia de Género. Un adecuado sistema de resolución de conflictos», en Construyendo
la igualdad. La feminización del Derecho privado, referencia 3, pp. 1153 a 1163 y la doctrina científica
allí citada.
9 BARONA VILAR, S., «Mediación y acuerdos reparatorios en la metamorfósica justicia

penal del siglo XXI», en Boletín Mexicano de derecho comparado, 2020, Vol. 1, núm. 155, pp. 698 y
699.
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(políticos y complejos) se ha denominado «justicia reconstructiva»; en esta


última, existe un objetivo esencial: alcanzar la paz social”.
La finalidad de la mediación penal trasciende, entonces, el mero
conflictivo intersubjetivo en que la propia víctima también es parte.
La limitada finalidad propuesta permite afirmar una posición parcial de
partida donde se atiende alguno de los parámetros que puede perseguir la
víctima cuando decide, voluntariamente, acudir a un procedimiento de
mediación.
En efecto, la reparación puede ser un medio de pacificar el conflicto
porque permite aliviar la tensión emocional de la víctima, prevenir la
reiteración de hechos violentos similares y lograr, en su caso, el
desapasionamiento del agresor hacia su víctima. Y ello porque atiende a dos
dimensiones fundamentales: la reparación psicológica y material de la víctima y
la responsabilización del autor 10.
A tal fin, la Guía para la práctica de la mediación intrajudicial del
Consejo General del Poder Judicial pone de relieve las ventajas que
proporcionaría la conformación de unos servicios (públicos) de mediación en el
ámbito penal:
Para la víctima: le hace participar activamente y de forma voluntaria en
la resolución del conflicto que le afecta. Le permite ser reparada por los daños y
perjuicios tanto morales como materiales sufridos y la recuperación de la
tranquilidad personal.
Para el encausado: le facilita la concienciación y el responsabilizarse de
las propias acciones y consecuencias, así como la posibilidad de entender el
delito y obtener beneficios previstos en el Código Penal.
Para la justicia: le proporciona una nueva concepción, nuevas formas de
respuesta penal con sentido educativo, promoviendo actitudes hacia la
responsabilización y la reparación.
Para la sociedad: le da a conocer otras formas de reacción de la justicia,
acercando la justicia a los ciudadanos; puede facilitar una disminución de la
conflictividad social.

10 SAÉZ VALCARCEL, J., «La mediación penal, una metodología judicial para ocuparse
de la reparación y de la resocialización», en Boletín del Ministerio de Justica, 2008, Año 62, núm.
2060, pág. 1763. Asimismo, el propio Consejo General del Poder Judicial propone los siguientes
fines respecto de los servicios de mediación: asegurar una efectiva protección a la víctima
mediante la reparación o disminución del daño causado por el delito. Si no existe víctima, la
reparación podrá tener carácter simbólico ante la comunidad social; responsabilizar al infractor
sobre las consecuencias de su infracción; puede atenuar la pena; procurar medios para la
normalización de su vida; restablecer la convivencia y el diálogo comunitario; devolver
protagonismo a la sociedad civil; conocer las causas reales y las consecuencias del conflicto,
buscando la fórmula más idónea para satisfacer las necesidades personales de víctima e
infractor.
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De otro lado, especialmente significativas resultan la ausencia de una


específica regulación que delimite el estatuto básico del mediador, con
competencias en materia penal. En tal sentido refiere BARONA VILAR 11, entre
otras cuestiones, “sobre la necesaria configuración del estatuto básico del
mediador que opera en el ámbito penal mediante el desarrollo de un estatuto
del mediador y su correspondiente actividad de control, a través de la
formación de este nuevo sector profesional, que debe capacitarse para el
desempeño de esta función en el marco del sistema punitivo; y asimismo, la
necesidad de establecer garantías al ejercicio de esta función, a través de
registros, asociaciones profesionales, etc”.
Así mismo, resulta necesario delimitar las normas aplicables al
procedimiento de mediación penal o la eficacia procesal que dispondrán los
acuerdos mediación en sede ejecución 12.
Como refiere la autora es imprescindible conectar la mediación con el
proceso penal, de manera que, además de regular en la ley sobre mediación el
acuerdo que se alcance y la posible eficacia jurídica del mismo, debe
incorporarse a la LECrim alguna norma que permita:
a) la regulación de la posible suspensión del proceso, sea cual sea la fase
en la que se encuentre, con el fin de remitir a la víctima y al victimario al
procedimiento de mediación, fijando, en su caso, un plazo máximo de
suspensión del mismo, lo que conectará con una posible norma en la ley de
mediación que regula la duración máxima del mencionado procedimiento.
Todo ello sin perjuicio de posibles prórrogas cuando concurran circunstancias
que lo justifiquen.
b) los momentos en que la mediación puede llevarse a cabo pendiente
una causa penal. No se trata de que exista una norma que en la LECrim haga
referencia a esta posibilidad, dado que se trata esta más bien de una norma que
se recoja en la ley de mediación, sino de la regulación específica de la eficacia
jurídica procesal de la mediación vinculada a la fase de investigación, a la fase
de juicio oral y, en su caso, a la fase de ejecución penal.
c) En la fase de investigación parece que se darán las situaciones más
comunes para derivar a mediación, máxime cuando se está en la fase incipiente

11 BARONA VILAR, S., Mediación penal: fundamento, fines y régimen jurídico,


referencia 9. cit., pp. 148 y 152.
12 Sobre la aplicabilidad de los arts. 21.5 CP, sobre la atenuante de reparación del daño,

o los arts. 80 y 84 sobre la suspensión de la penal mediando la concurrencia de un acuerdo


medial, y su relación a efectos de conformidad puede consultarse BARONA VILAR, S.,
Mediación penal: fundamento, fines y régimen jurídico, referencia 9, pp. 250 Y 251 y SÁNCHEZ
GÓMEZ, R., «Mediación Penal y Violencia de Género. Un adecuado sistema de resolución de
conflictos», en Construyendo la igualdad. La feminización del Derecho privado, referencia 3, pp. 1162
a 1163.
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del proceso. Evidentemente no existe duda alguna de que si con la mediación se


alcanza un acuerdo que evita la continuación del proceso, esta es la fase más
eficiente para la misma.
Por el contrario, todas estas materias se encuentran firmemente
positivizadas en la Ley 5/2012, de 6 de julio, de mediación en asuntos civiles y
mercantiles ( en adelante LMACM), y su correspondiente desarrollo normativo
previsto en el Real Decreto 980/2013, de 13 de diciembre, por el que se
desarrollan determinados aspectos de la Ley 5/2012, de 6 de julio, de mediación
en asuntos civiles y mercantiles que regula, a grandes rasgos, las relaciones de
los profesionales de la mediación y la aplicación de medios electrónicos al
procedimiento de mediación.
Por todo lo anterior, sería necesario entonces proponer la tan ansiada
normativa de desarrollo del precepto analizado donde se regulen, entre otras,
las materias comentadas, más aún, si tenemos en cuenta que las normas que
disciplinan la mediación en asuntos civiles y mercantiles expresamente
prohíben su aplicación a la mediación que pudiera sucederse en materia penal
(art. 2 LMACM), por lo que su inicial aplicación supletoria puede plantear
serias dudas al respecto.

3. El acceso a los servicios de mediación


La escueta referencia a cómo debe producirse el acceso a los servicios de
Justicia Restaurativa prevista en el citado art. 15 LEVD se centra, en buena
lógica, en la posición de la víctima, apostando precisamente por la reparación
del conflicto intersubjetivo existente entre víctima y victimario.
Como se dijo, la finalidad de acceso al servicio se residencia en la
obtención de una adecuada reparación material y moral de los perjuicios
derivados del delito.
Ello abre el debate sobre si es posible introducir pretensiones acusatorias
por parte de la víctima o su eventual representación procesal en el marco de las
sesiones de mediación penal.
A diferencia de la norma procesal de referencia, Ley de Enjuiciamiento
Criminal, que se articula mayoritariamente en torno a la figura del sujeto pasivo
del proceso penal, los servicios de Justicia Restaurativa previsto en la LEVD, y
la propia norma en su conjunto, se configuran en torno a la víctima.
Ello permite entender las escasas referencias normativas existentes tanto
respecto de la intervención del victimario en las sesiones de mediación penal
como respecto de los propios efectos procesales que podrían sucederse con un
eventual acuerdo medial.
Por tanto, es posible sostener, vistos además los requisitos que informan
la conformación inicial del procedimiento de mediación penal, que la intención
subyacente en la propuesta normativa de mínimos que plantea el precepto, se

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correspondería con una composición no estrictamente jurídica del conflicto


penal intersubjetivo existente entre víctima y victimario.
Tales extremos deberán entonces valorarse en el propio proceso
jurisdiccional que conozca de la causa, teniendo presente las resultas del
acuerdo medial que pudiera haberse alcanzado, a los efectos, precisamente, de
determinar las consecuencias jurídicas que se derivarían del hecho delictivo
sometido a enjuiciamiento.
A mayor abundamiento, la indicación de que el acceso a los servicios de
justicia restaurativa por parte de las víctimas se regulará en un futuro
reglamento, del que siete años después aún no se tienen noticias, permite
afianzar los argumentos planteados.
Seguidamente, se plantean dos requisitos de procedibilidad respecto del
acceso de la víctima al procedimiento de mediación, vista la finalidad descrita
respecto de la obtención de una adecuada reparación material y moral de los
perjuicios derivados del delito.
En primer lugar, se reconoce el libre acceso y permanencia de la víctima
en el procedimiento de mediación, debiendo prestar su consentimiento al
respecto para el acceso, pudiendo revocarlo en cualquier momento del
desarrollo de las actuaciones. La libertad de permanencia es absoluta no
estando obligada, ni víctima ni infractor, a justificar las razones que
fundamentan su negativa a iniciar o proseguir un procedimiento de mediación.
Dicho consentimiento debe prestarse de manera informada, tanto con
carácter previo al inicio del procedimiento de mediación, como al inicio de las
actuaciones, en la denominada sesión informativa, donde el mediador debe
poner de relieve los principios aplicables al procedimiento informando a las
partes sobre las condiciones y el modo en que van a desarrollarse las diferentes
sesiones y los correspondientes debates.
Asimismo, se requiere que dicha información previa sea exhaustiva e
imparcial, refiriendo de una manera innecesariamente anticipada los posibles
resultados que pudieran alcanzarse y los procedimientos existentes para hacer
efectivo el cumplimiento de un eventual acuerdo medial.
En segundo lugar, como se puso de manifiesto, se supedita el recurso a la
justicia restaurativa a que el procedimiento de mediación no entrañe un riesgo
para la seguridad de la víctima, ni exista el peligro de que su desarrollo pueda
causar nuevos perjuicios materiales o morales para la víctima.
La competencia para valorar tales riesgos lógicamente se residencia en la
propia Oficina de Asistencia a las Víctimas, atendidas las resultas de la
investigación gubernativa y judicial en curso.
No obstante, la introducción del elemento prospectivo en la denegación
de justicia restaurativa, desde la perspectiva tanto de un posible perjuicio
material como moral para la víctima, supone introducir un criterio casuístico

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más allá de una enumeración exhaustiva de los conflictos penales susceptibles


de composición mediante fórmulas autocompositivas.
En dicho enfoque, la delimitación predictiva realizada por tercero
respecto de la concurrencia de un posible perjuicio moral puede situarse
razonablemente en la esfera intersubjetiva del conflicto penal 13.
Sin embargo, respecto cómo deberá producirse el acceso del victimario a
los servicios de mediación tan solo se recogen dos requisitos de procedibilidad
que informarían la apertura del procedimiento de mediación y su eventual
continuación.
En primer lugar, el infractor ha de reconocer los hechos esenciales de los
que se deriva su responsabilidad, lógicamente, de naturaleza penal pero no
circunscrita exclusivamente a dicho ámbito.
Ello podría generar serias disfunciones en sus derechos procesales en los
supuestos que el procedimiento de mediación cesase sin éxito, debiendo abrirse
el correspondiente proceso penal sin acuerdo medial.
La alegación de una previa asunción de responsabilidad penal por parte
del victimario en el procedimiento de mediación o la simple comunicación en
sede judicial de que el procedimiento se inició, siendo requisito de
procedibilidad dicho previo reconocimiento, puede situar al victimario ante una
complicada situación procesal que afecte, entre otros, su derecho a la
presunción de inocencia.
En tal sentido, como refiere BARONA VILAR 14, “la confidencialidad y el
secreto a que se someten los sujetos que intervienen en el procedimiento de
mediación, plasmado en el inicial del procedimiento de mediación, tras conocer
el significado de la misma y sus posibles efectos jurídicos, debería implicar la
asunción, con firma de los participantes, de que en modo alguno está aceptando
culpabilidad el sujeto posible infractor. Esto sobre todo debe garantizarse para
los supuestos en los que no se llega a un acuerdo y se produce la incorporación
en el proceso penal de los sujetos que intervinieron en el procedimiento de
mediación; no es posible a estos efectos que “lo” afirmado en mediación pueda
tener naturaleza incriminatoria, lo que se garantiza mediante la imposibilidad
de trasvasar el contenido de la mediación al proceso penal. En la ley de
mediación debiera por tanto impedirse, en garantía del derecho a la presunción
de inocencia, que el documento generado en mediación se incorpore como
prueba al proceso penal, so pena de incurrir en responsabilidad. Y debe quedar

13 Sobre el desarrollo de las vertientes intersubjetiva y social presentes en la


conformación del conflicto penal puede consultarse SÁNCHEZ GÓMEZ, R., «Mediación Penal
y Violencia de Género. Un adecuado sistema de resolución de conflictos», en Construyendo la
igualdad. La feminización del Derecho privado, referencia 3, pp. 1153 y ss.
14 BARONA VILAR, S., Mediación penal: fundamento, fines y régimen jurídico,

referencia 9, p. 248.
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asimismo en la ley de mediación garantizada la imposibilidad de que el


mediador sea llamado como testigo o perito al proceso”.
En segundo lugar, se interesa que el infractor haya prestado su
consentimiento para la celebración del procedimiento de mediación, lo que en
conexión con el desarrollo de los principios fundamentales que informan el
modelo autocompositivo, permite afirmar la naturaleza libre y voluntaria de
sometimiento al procedimiento de mediación, tanto por parte de la víctima
como del victimario.
Por último, parece que el acceso informado al procedimiento de
mediación solo será predicable respecto de la propia víctima, debiendo hacerse
extensible también al victimario pues la propia dinámica de las actuaciones
mediales así lo requiere.
El acceso informado del victimario al procedimiento de mediación no
debe descansar en su representación letrada, por más que al inicio de las
sesiones el mediador deba informar sobre tales aspectos de manera detallada.

4. Desarrollo de las sesiones de mediación


El apartado segundo del precepto objeto de análisis plantea la
articulación del principio de confidencialidad en el desarrollo de los debates
que componen el procedimiento de mediación.
De esta forma, la regla general informa la naturaleza confidencial de los
debates desarrollados, y por ende, no podrán ser objeto de difusión sin el
previo consentimiento de ambas partes.
Así, al inicio del procedimiento, más concretamente en la sesión
informativa, el mediador pondrá de manifiesto dicha naturaleza confidencial
respecto de los pormenores que se sucedan en el procedimiento de mediación,
si bien, resultaría preferible trasladar la confidencialidad y prohibición de
difusión respecto del procedimiento de mediación en su conjunto y no solo
respecto de los debates que se sucedan.
La naturaleza confidencial del procedimiento de mediación puede ser
excepcionada por expresa acuerdo entre las partes, siendo preferible que el
mediador documente tales extremos en la correspondiente acta.
Lógica consecuencia de la naturaleza confidencial del procedimiento de
mediación resulta en la afirmación de que la actuación de los mediadores y
demás profesiones que participen en el procedimiento de mediación estarán
sometidas a secreto profesional en relación tanto con los hechos como las
manifestaciones de que hubieran tenido conocimiento en el ejercicio de sus
funciones.
Esta parca regulación nos obliga a transponer el contenido de algunos
preceptos de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, principalmente respecto de la

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penal

genérica obligación de denunciar y la posibilidad de eximir la declaración como


testigo de según que personas o profesionales.
Sin embargo, la aplicabilidad de los diferentes regímenes que plantea la
Ley de Enjuiciamiento Criminal dependerá en gran medida de la naturaleza
pública o privada de los servicios de mediación penal, cuestión que en materia
penal parece resolverse a favor de la configuración de unos servicios públicos,
aunque pudieran estar servidos por entidades privadas.
El primer supuesto de hecho que se plantea es asumible pueda concurrir
en la praxis forense, es decir, en el desarrollo de los debates el mediador tiene
constancia de la posible comisión de nuevos hechos delictivos.
A tal fin, el art. 262 LECrim regula la obligación de denuncia inmediata
de aquellos que por razón de sus cargos, profesiones u oficios tuvieren noticia
de algún delito público, planteando además la eventual responsabilidad que la
falta de cumplimiento de dicha obligación pueda generar en el orden
administrativo.
Ahora bien, el art. 263 LECrim excepciona a los Abogados y
Procuradores respecto de las instrucciones o explicaciones que recibieren de sus
clientes. Tampoco vincula dicha obligación a los eclesiásticos y ministros de
cultos disidentes respecto de las noticias que se les hubieren revelado en el
ejercicio de las funciones de su ministerio.
No parece que el mediador pueda equipararse con las excepciones
comentadas, debiendo resultar de aplicación la regla general que informa la
obligación de denunciar los nuevos hechos delictivos de que tuviera
conocimiento en el marco del procedimiento de mediación, a pesar de las
consecuencias que ello pueda generar para con las actuaciones mediales.
En el segundo supuesto, el art. 416 LECrim establece la excepción de
prestar testimonio del abogado defensor respecto a los hechos que éste le
hubiese confiado en su calidad de defensor, así como respecto de los
traductores e intérpretes de las conversaciones y comunicaciones mantenidas en
el marco de la preparación de la defensa y en relación con los hechos a que
estuviera referida su traducción o interpretación. Refuerza dicha excepción el
art. 417 LECrim cuando dispone que no podrán ser obligados a declarar como
testigos:
1.º Los eclesiásticos y ministros de los cultos disidentes, sobre los hechos
que les fueren revelados en el ejercicio de las funciones de su ministerio.
2.º Los funcionarios públicos, tanto civiles como militares, de cualquiera
clase que sean, cuando no pudieren declarar sin violar el secreto que por razón
de sus cargos estuviesen obligados a guardar, o cuando, procediendo en virtud
de obediencia debida, no fueren autorizados por su superior jerárquico para
prestar declaración que se les pida.
3.º Los incapacitados física o moralmente.

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Navarrete Corral, E. Hacia una regulación integral de la mediación
penal

Como puede apreciarse la materia testifical, sin embargo, difiere de lo


argumentado en el primero de los supuestos visto el reconocimiento explícito
que realiza la norma comentada respecto del reconocimiento del secreto
profesional que vincula al mediador en lo que se refiere a los hechos y
manifestaciones de que hubiera tenido conocimiento en el ejercicio de su
función. En otras palabras, el mediador dispondrá de la debida
confidencialidad respecto de las actuaciones mediales y en función del objeto
que informa el procedimiento de mediación, hasta ahí su alcance, si bien,
sobrevenidos nuevos hechos delictivos de los que se tiene conocimiento en el
propio procedimiento de mediación, el mediador no se encuentra entre las
excepciones previstas en la norma procesal respecto de la obligación de
denunciar, aunque sería preferible que dispusiera de un margen de actuación
más flexible al respecto.
Por su parte, el art. 9 LMACM establece los estándares de
confidencialidad aplicables a la mediación civil y mercantil desde una óptica
quizás más amplia que lo previsto respecto de la mediación penal al establecer
la reserva tanto del propio procedimiento de mediación como de la
documentación utilizada.
Dicha obligación de confidencialidad se extiende al mediador, que
quedará protegido por el secreto profesional, a las instituciones de mediación y
a las partes intervinientes de modo que no podrán revelar la información que
hubieran podido obtener derivada del procedimiento.
Consecuencia de dicho reconocimiento inicial, los mediadores o las
personas que participen en el procedimiento de mediación no están obligados a
declarar o aportar documentación en un procedimiento judicial o en un
arbitraje sobre la información y documentación derivada de un procedimiento
de mediación o relacionada con el mismo.
Dicha regla general, admite las siguientes excepciones:
a) Cuando las partes de manera expresa y por escrito les dispensen del
deber de confidencialidad.
b) Cuando, mediante resolución judicial motivada, sea solicitada por los
jueces del orden jurisdiccional penal.
Por ende, es posible afirmar las diferencias existentes entre el desarrollo del
principio de confidencialidad, particularmente en materia testifical, según nos
situemos en la órbita de la mediación civil, mercantil o penal.

5. La derivación a los servicios de justicia restaurativa


El procedimiento de mediación en materia civil y mercantil admite la
posibilidad de disponer de ámbitos de actuación diferenciados en lógica
conexión con la naturaleza de los conflictos y derechos subjetivos que se
plantean.

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Navarrete Corral, E. Hacia una regulación integral de la mediación
penal

A grandes rasgos, el procedimiento de mediación puede producirse en


varias instancias.
Una primera instancia preprocesal, es decir, el procedimiento de
mediación se sucede con anterioridad al ejercicio de cualquier acción judicial, si
bien, si se traduce en el correspondiente acuerdo medial entre las partes,
quedará expedita la posibilidad de solicitar la ejecución de lo previamente
acordado. Téngase presente la naturaleza de título ejecutivo que, generalmente,
presentan los acuerdos mediales.
Una segunda instancia, que se produce de manera coetánea a la
accionabilidad de las pretensiones en sede procesal.
Iniciado el proceso civil, las partes solicitan su suspensión para acudir a
un procedimiento de mediación, en cualquier momento de la primera instancia
o de los recursos o de la ejecución de sentencia (art. 19.3 de la Ley de
Enjuiciamiento Civil). La solicitud de suspensión será acordada por el Letrado
de la Administración de Justicia mediante decreto siempre que no perjudique al
interés general o a tercero y que el plazo de la suspensión no supere los sesenta
días (art. 19.4 de la Ley de Enjuiciamiento Civil). En tales supuestos, el
procedimiento de mediación podrá celebrarse bien de manera extraprocesal,
acudiendo a los servicios privados de una entidad de mediación, o bien,
solicitando los servicios públicos de mediación, vinculados o no, a la
Administración de Justicia, allí donde existan 15.
Una tercera instancia, que también se produce una vez iniciado el
proceso civil que corresponda, donde el procedimiento de mediación se inicia
por voluntad de las partes, previa derivación judicial.
Una última instancia, precisamente, en ejecución de lo previamente
resuelto, sea por acuerdo medial sea por decisión jurisdiccional.
Dicho esto, resultan notorias las sensibles diferencias que se plantean
respecto del procedimiento de mediación en el ámbito penal y su desconexión
con la propia Ley de Enjuiciamiento Criminal.
En efecto, las posibilidades de acudir a tales servicios podrán producirse
bien por iniciativa de las partes bien por derivación de los diferentes
operadores jurídicos pertenecientes a la Administración de Justicia. Incluso por
las propias Fuerzas y Cuerpos de Seguridad con competencias en la materia.
Como refiere el Protocolo de funcionamiento del servicio de mediación
intrajudicial de la Dirección de Justicia, Departamento de Justicia y
Administración Pública, del Gobierno Vasco, en principio no existe limitación
en cuanto al órgano jurisdiccional con posibilidad de derivación, salvo los

15 Por ejemplo, en la provincia de Sevilla, tales servicios públicos de mediación se


ofrecen, en determinados supuestos, desde el área de cohesión social de la Diputación de
Sevilla.
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Navarrete Corral, E. Hacia una regulación integral de la mediación
penal

expresamente prohibidos (asuntos que traen origen en Violencia contra la


Mujer), por lo que cabe la remisión desde todos los órganos de la jurisdicción
penal, tanto unipersonales –Juzgados de Instrucción (incluidos los Juzgados
Mixtos) y Juzgados de lo Penal– como colegiados –Audiencias Provinciales–.
Tampoco está limitado a priori el momento procesal en el que pueden derivarse
los asuntos a los servicios de mediación, siempre que se estime oportuno
conforme a los criterios anteriormente enunciados.

6. Los principios de actuación aplicables al procedimiento de


mediación penal
A continuación, se describen los principios específicos del procedimiento
de mediación penal desde la lógica perspectiva de su naturaleza voluntaria y
confidencial, incorporando unos estándares concretos respecto de la
articulación del secreto profesional. El precepto no incorpora algunos de los
regulados en la Ley 5/2012, de mediación en asuntos civiles y mercantiles,
limitándose a afirmar la concurrencia de los citados anteriormente.
Como se dijo, la naturaleza voluntaria de participación en el
procedimiento de mediación se hace depender, entonces, del consentimiento
informado de la víctima. No así respecto del victimario, que meramente podrá
prestar su consentimiento al respecto. En ambos supuestos, el consentimiento
para participar en el procedimiento de mediación podrá ser revocado en
cualquier momento.
No se introducen, sin embargo, los parámetros contractuales del art. 6
LMACM previstos para aquellos supuestos en que exista un pacto por escrito
que exprese el compromiso de someter a mediación las controversias surgidas o
que puedan surgir, se deberá intentar el procedimiento pactado de buena fe,
antes de acudir a la jurisdicción o a otra solución extrajudicial, en consonancia
con la naturaleza generalmente pública del conflicto penal.
Respecto de la aplicación del principio de igualdad que debe regir el
procedimiento de mediación, en cualesquiera de sus modalidades materiales, es
necesario advertir su omisión expresa en el contenido del precepto comentado.
Las particulares circunstancias en que se desarrolla el conflicto penal,
han provocado una tendencia a excluir, en según qué supuestos, el recurso al
procedimiento de mediación, precisamente sobre la base de que no es posible
garantizar la concurrencia del principio de igualdad entre las partes.
No obstante, es preciso advertir que, si la existencia de un conflicto penal
puede implicar una posición desigual entre víctima y victimario, ninguna duda
cabe que su composición en sede procesal se plantea desde la estricta aplicación

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Navarrete Corral, E. Hacia una regulación integral de la mediación
penal

del principio de igualdad en cuanto a las posibilidades de alegación y prueba


de las partes 16.
Misma identidad de razón puede plantearse respecto del procedimiento
de mediación. La regulación prevista en el art. 7 LMACM, precisamente, detalla
la garantía de intervención de las partes en el procedimiento de mediación con
plena igualdad de oportunidades, manteniendo el equilibrio entre sus
posiciones y el respeto hacia los puntos de vista por ellas expresados, sin que el
mediador pueda actuar en perjuicio o interés de cualquiera de ellas.
La igualdad en el procedimiento medial también se garantiza en cuanto a
las facultades de intervención equilibrada entre las partes y la debida
imparcialidad de las personas mediadoras.
El art. 8 LMACM, regula precisamente la neutralidad que debe informar
el procedimiento de mediación y, consecuentemente, la actuación de las
personas mediadoras, conectándose con los criterios que deben regir su
actuación, informada por la debida imparcialidad, establecidos en el art. 13
LMACM.
Respecto del principio de imparcialidad se prevé que el mediador antes
de iniciar o de continuar su tarea, y durante todo el procedimiento de
mediación, ponga de relieve cualquier circunstancia que pueda afectar a su
imparcialidad o bien generar un conflicto de intereses. Tales circunstancias
incluirán, en todo caso:
a) Todo tipo de relación personal, contractual o empresarial con una de
las partes.
b) Cualquier interés directo o indirecto en el resultado de la mediación.
c) Que el mediador, o un miembro de su empresa u organización, hayan
actuado con anterioridad a favor de una o varias de las partes en cualquier
circunstancia, con excepción de la mediación.
De esta forma, los subsiguientes principios que sí son objeto de
regulación deben ser conectados, entre otros, con el de imparcialidad.
En efecto, como se ha puesto de relieve ut supra, la confidencialidad
deberá predicarse respecto de los debates que se susciten dentro del
procedimiento de mediación, pero también respecto de los hechos y

16 Crítico con tales planteamientos se muestra SÁNCHEZ GÓMEZ, R., «Mediación


Penal y Violencia de Género. Un adecuado sistema de resolución de conflictos», en Construyendo
la igualdad. La feminización del Derecho privado, referencia 3, pp. 1162 y 1163, para quien “el
principio de igualdad en el proceso penal se garantiza disponiendo iguales medios de ataque y
de defensa para las partes, desde la perspectiva que aporta la defensa de los derechos e
intereses legítimos a través del juicio jurisdiccional. Más aún, dicha situación no necesariamente
conlleva descartar la institución de la mediación penal, sino que la cuestión de fondo radicaría
en fomentar un adecuado equilibrio entre las partes, para que voluntariamente, puedan someter
la composición de su controversia a las tareas mediadoras, especialmente informadas por la
confidencialidad de su práctica”.
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manifestaciones de que hubieran tenido conocimiento las personas mediadoras,


que se encuentran amparadas por el secreto profesional (art. 416 y 417 LECrim).
Se exceptúa la posibilidad de que las partes presten ambas su consentimiento
para poder revelar las informaciones que se suceden en el curso del
procedimiento de mediación.

7. Conclusiones
Del tenor del texto principal caben destacar las siguientes conclusiones:
1. La falta de desarrollo normativo respecto del procedimiento
de mediación previsto en el art. 15 LEVD puede generar una
implementación desigual de los servicios y procedimientos aplicables.
2. La escueta finalidad propuesta respecto del acceso a los
servicios de mediación debe ampliarse conforme los parámetros
descritos.
3. Entre las principales ausencias normativas respecto del
procedimiento de mediación penal destacan la ausencia de una
específica regulación que delimite el estatuto básico del mediador,
con competencias en materia penal, así como las normas aplicables al
procedimiento de mediación penal o la eficacia procesal que
dispondrán los acuerdos mediación en sede ejecución. Por tanto,
vistas las citadas competencias de las Oficinas de Justicia
Restaurativa, cómo se produce el acceso a tales servicios, así como el
desarrollo de los principios que informan el procedimiento de
mediación a seguir, es posible afirmar que tales servicios deberán
estar servidos por mediadores públicos o cuya actuación sea
retribuida con cargo a fondos públicos. Tales cuestiones, abrirían
también el subsiguiente debate acerca de la idoneidad de los
profesionales de la mediación en el ámbito penal y la ausencia de una
regulación que establezca los parámetros habilitantes y formativos
necesarios para el desarrollo de sus funciones profesionales como
personas mediadoras, como por ejemplo si ocurre en materia civil y
mercantil (art. 11 LMACM y arts. 3 a 7 del Real Decreto 980/2013, de
13 de diciembre, por el que se desarrollan determinados aspectos de
la Ley 5/2012, de 6 de julio, de mediación en asuntos civiles y
mercantiles).
4. Los principios aplicables al procedimiento de mediación
penal presentan una configuración propia y diferenciable respecto de
la regulación aplicable en materia de mediación civil y mercantil.
5. Una futura normativa de desarrollo respecto del
procedimiento de mediación penal deberá armonizarse con las
normas previstas en materia penal y procesal penal.

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penal

8. Bibliografía.
BARONA VILAR, S., Mediación penal: fundamento, fines y régimen jurídico,
Tirant lo Blanch, Valencia, 2011.
BARONA VILAR, S., «Mediación y acuerdos reparatorios en la
metamorfósica justicia penal del siglo XXI», en Boletín Mexicano de derecho
comparado, 2020, Vol. 1, núm. 155.
GIMENO SENDRA, V., Fundamentos de Derecho Procesal (jurisdicción,
acción y proceso), Civitas, Madrid, 1981.
GÓNZALEZ CANO, I., «La mediación penal en España», en La mediación
penal para adultos una realidad en los ordenamientos jurídicos: (experiencia en España,
EEUU, Inglaterra y Gales, Países Escandinavos, Francia, Alemania, Portugal, Brasil y
Chile), Tirant lo Blanch, Valencia, 2017, pág. 25.
SAÉZ VALCARCEL, J., «La mediación penal, una metodología judicial
para ocuparse de la reparación y de la resocialización», en Boletín del
Ministerio de Justica, 2008, Año 62, núm. 2060.
SÁNCHEZ GÓMEZ, R., «Mediación Penal y Violencia de Género. Un
adecuado sistema de resolución de conflictos», en Construyendo la igualdad. La
feminización del Derecho privado, Tirant lo Blanch, Valencia, 2017.

Conflicto de intereses
El autor declara no tener ningún conflicto de intereses.

Financiación
El documento ha sido elaborado sin financiación.

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INCORPORACIÓN DE LOS WHATSAPP Y OTRAS
APLICACIONES SEMEJANTES DE MENSAJERÍA
ELECTRÓNICA AL PROCESO PENAL EN LA FASE DE
INSTRUCCIÓN
Incorporation of whatsapp and other similar electronic messaging
applications into criminal proceedings during the pre-trial phase

Por Alfredo Martínez Guerrero


Letrado de la Administración de Justicia
[email protected]

Artículo recibido: 22/05/22 Artículo aceptado: 23/06/22

RESUMEN
Este artículo se ocupa de una práctica que se está extendiendo por las
Oficinas Judiciales Penales a la misma velocidad con la que se extiende las
aplicaciones de mensajería instantánea como medio de comunicación social. La
incorporación anómala al procedimiento penal del contenido de la conversación
o mensaje mediante su impresión y “cotejo” por parte del letrado de la
Administración de Justicia. Un uso forense poco pensado y de perniciosos
efectos probatorios. La alternativa prevista por legislación procesal existe. Es
respetuosa con las competencias documentadoras/de fe pública de los Letrados
Judiciales y escrupulosa con la naturaleza jurídica de la actuación
procedimental que se realiza.

ABSTRACT
This article deals with the anomalous incorporation into the criminal
procedure of the content of the conversation or message generated through
instant messaging applications and its evidentiary effects from the perspective
of the public faith competences of the Judicial Clerk.

PALABRAS CLAVE
WhastsApp, Mensajería electrónica, Cotejo, Documentos públicos y
privados, Letrados de la Administración de Justicia, Diligencias de constancia.

KEYWORDS
WhatsApp, messaging applications, Document collation, Public and
private documents, Judicial Clerk, Diligences of constancy

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Martínez Guerrero, A. Incorporación de los whatsapp y otras
aplicaciones semejantes de mensajería electrónica al
proceso penal en la fase de instrucción

Sumario: 1. Introducción. 2. ¿Cómo se incorporan al procedimiento


penal? La documentación de las aplicaciones electrónicas. 3. ¿Necesitan ser
cotejadas?. 3.1. La conversación de Whatstapp, documento privado. 3.2. La
conversación de WhatsApp, documento público. 3.3 Actividad procesal a
desarrollar por los Letrados Judiciales en tales supuestos. 4. Verdadera
naturaleza de la actuación a realizar en esta incorporación de mensajería
instantánea por los Letrados de la Administración de Justicia. 5. Conclusiones.
6. Bibliografía.

1. Introducción
Las diligencias instructoras del proceso penal español vienen recogidas
en una norma que ha conocido tres centurias y dos milenios, -yo apuesto a que
conocerá alguna más, lo que no es, necesariamente, una mala noticia si uno se
asoma al BOE actual-: la Lecrim. Comienza en sus artículos 326 a 485, se retoma
en el artículo 545 y sigue hasta el 588 octies. Además de diversos preceptos en el
Título II del Libro IV para el procedimiento abreviado, como el artículo 777 y
778. Su enumeración es demasiado farragosa para acometerla aquí; solo
apuntaremos que la regulación de estas diligencias de investigación se inicia
con la inspección ocular y termina con los registros remotos sobre equipos
informáticos.
No es una relación exhaustiva y cerrada. Conforme a la STS 4183/1995:
“No es nuestro sistema procesal penal de los que mantienen pruebas legales o tasadas,
que también existieron históricamente en España, sino que, con criterio más flexible,
existe una libertad de aceptación de las pruebas por el juzgador a condición de que
tengan en efecto carácter probatorio y, así́, se aceptan no solo las enumeradas en la Ley
de Enjuiciamiento Criminal, sino también otros medios probatorios más modernos, no
conocidos aun cuando ese texto legal se promulgó, como son la dactiloscopia, la
fotografía, los medios de reproducción de imágenes en movimiento (cinematografía,
video), los fonográficos, los cibernéticos, etc.”. Este sistema abierto no sirve de
excusa, claro está, para “inventarse” usos forenses como el que es objeto de
análisis en este trabajo, que desnaturaliza los medios probatorios ya existentes y
malogra a los novedosos como el documento electrónico.
Por más que sea sabida 1, conviene recordar la distinción entre las fuentes
de prueba, es decir los objetos o efectos que existen en la realidad -la cosa que
ha de ser estudiada- y los medios de prueba, que son los instrumentos/formas a
través de lo/as cuales aquélla se introduce en el procedimiento judicial. En el
ámbito penal las fuentes de prueba se convertirán en diligencias instructoras y

1 CARNELUTTI, F., La prueba civil, 2ª ed., Ejea, ed. Desalama, Buenos Aires, 2000, pp.
67 y ss.
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Martínez Guerrero, A. Incorporación de los whatsapp y otras
aplicaciones semejantes de mensajería electrónica al
proceso penal en la fase de instrucción

medios de prueba, cuando se incorporen -adecuadamente- a la fase de


investigación y se practiquen en el juicio oral, respectivamente.
En este artículo nos vamos a ocupar de una fuente de prueba que es la
reina de la comunicación social y su derivada procesal como diligencia
instructora incorporada, con validez y eficacia, al procedimiento penal. Nos
estamos refiriendo al WhatsApp cuya extensión y uso generalizado justifica que
lo utilicemos de modelo, con la aclaración inicial de que lo se diga de él, resulta
aplicable al Line, Telegram, Instagram, Messenger, o cualquier otro que
conozcan.
Intentaremos, para que tenga la máxima utilidad, ser muy concretos en la
forma de abordar este trabajo, elaborando una especie de guía de actuación que
facilite la labor cotidiana de los distintos profesionales que trabajamos en la
jurisdicción penal, sean jueces, letrados de la Administración de Justicia,
fiscales, abogados, policías o ciudadanos en general.

2. ¿Cómo se incorporan al procedimiento penal? La documentación de


las aplicaciones electrónicas
2.1 Todos los que trabajamos en un Juzgado con competencias penales
nos hemos acostumbrado a que llegue un ciudadano, con o sin su abogado, a la
Oficina Judicial diciendo/pidiendo: “tengo aquí mi teléfono con un chat en el
que me insultan, amenazan”… quiero que el letrado de la Administración de
Justicia… lo coteje. El funcionario, gestor o tramitador, va raudo al despacho
del juez a darle cuenta y éste sin más, dice que sí que el letrado judicial…
coteje… Y el fedatario judicial, atareado en mil asuntos, sin más análisis ni
cuestionamientos, extiende una diligencia en la que, poco más o menos se dice
que visto el teléfono X, se lee en la pantalla una conversación en la que Fulanito
manifiesta que va a hacer X a Menganito y que los pantallazos -fotocopias del
chat- coinciden con lo que ha visto. La firma señalando que da fe y eso es todo.
Devuelven el teléfono a su dueño que se lo lleva para seguir dándole uso y…
hasta el acto del juicio oral, que tendrá como medio de prueba esa diligencia
extendida por el fedatario judicial con los pantallazos en papel del chat.
La inercia del mundo analógico resulta, una vez más, triunfante y como
si se tratara de comparar un documento original escrito en papel con una copia
-también escrita en papel- del mismo, se confunde y mezcla el clásico cotejo
previsto en el artículo 334 LEC, con la transcripción a papel de un documento
electrónico, todo ello aderezado con una fe pública judicial adulterada e
inoperante. Es un error muy frecuente en la jurisprudencia menor, sirva como
ejemplo el AAP MA 209/2022, Sección 8ª, ponente Manuel Cabellero-Bonald
Campuzano, en la que se estima un recurso de apelación contra una resolución
del Juzgado de Instrucción y llega a establecer lo siguiente: “Distinta decisión
debemos adoptar sobre la segunda de las diligencias interesadas. La parte recurrente
Revista Acta Judicial nº 10, julio-diciembre 2022, pp. 20-36
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Martínez Guerrero, A. Incorporación de los whatsapp y otras
aplicaciones semejantes de mensajería electrónica al
proceso penal en la fase de instrucción

interesó la práctica de diligencia de investigación "consistente en "certificación de la


veracidad del material aportado en cuanto a imágenes y fechas" y "testimoniar la
veracidad de la conversación abierta tipo WhatsApp entre la supuesta víctima y el
investigado". Es cierto que la petición adolece de notables deficiencias técnicas. No es el
Juzgado ni el Sr Letrado de la Administración de Justicia del mismo quien puede
certificar la veracidad de tal contenido documental, siendo ese objeto más propio de una
pericial, pero sí puede adverar el contenido y realidad de tales conversaciones y
mensajes, así como de las fechas de los mismos (aunque no de su "ausencia de
manipulación").
Dicha diligencia debe estimarse útil y relevante para concretar la existencia-o
no- de indicios de un delito de detención ilegal, pues sería un indicio de que la
denunciante supuestamente tenía a disposición y podía utilizar su teléfono móvil
durante el tiempo que, según sus manifestaciones, estuvo retenida contra su voluntad
por el investigado. Tal adveración y cotejo de mensajes, conversaciones...es una
diligencia propia de la fase de instrucción y no del trámite de juicio oral, en su caso, sin
que el hecho de que las conversaciones aparezcan en inglés sea obstáculo alguno para su
práctica.
Es por ello que el recurso de apelación debe ser admitido parcialmente en el
sentido de acordar que por el Sr o Sra Letrado de la Administración de Justicia del
Juzgado de Violencia Sobre la Mujer Nº 1 de Fuengirola se proceda al cotejo y
adveración de los mensajes y llamadas señaladas por la parte recurrente en sus escritos,
con indicación de fechas, horas y contenido( no respecto a la "ausencia de
manipulación" pues no es esa su función y cometido), con citación de las partes para tal
diligencia, debiendo auxiliarse del correspondiente intérprete si fuera necesario”.
Esta resolución va más allá -incluso- de la confusión dicha y que
trataremos de deshacer en este artículo. No sólo acuerda que se realice un cotejo
y adveración de los mensajes y llamadas -cualquiera que sea lo que tal cosa
significa desde un punto de vista procesal- sino que, además, le dice al letrado
de la Administración de Justicia la manera de ejercer la fe pública judicial de la
que es depositario exclusivo señalando lo que debe hacer constar: fechas, horas
y contenido.
La sola transcripción de la cita hace que resuene con fuerza el artículo
452.1 de la LOPJ: ”Los secretarios judiciales desempeñarán sus funciones con sujeción
al principio de legalidad e imparcialidad en todo caso, al de autonomía e independencia
en el ejercicio de la fe pública judicial”. Es un precepto interpretado en numerosas
ocasiones por nuestro Tribunal Supremo. Citaremos sólo la STS 2340/2007, Sala
Tercera, por su claridad/rotundidad. En su fundamento jurídico quinto
establece que: “resulta evidente que al Secretario corresponde con exclusividad y
plenitud el ejercicio de la fe pública judicial, en el ejercicio de la cual dejará constancia
fehaciente de la realización de actos procesales en el Tribunal o ante éste y de producción
de hechos con trascendencia procesal”.
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Martínez Guerrero, A. Incorporación de los whatsapp y otras
aplicaciones semejantes de mensajería electrónica al
proceso penal en la fase de instrucción

La sola transcripción de la cita parece trasladarnos al año 2009 y a la


redacción añeja del artículo 743.2 de la LECRIM que decía: “Al terminar la sesión
se leerá el acta, haciéndose en ella las rectificaciones que las partes reclamen, si el
Tribunal en el acto las estima procedentes.” Nefanda redacción sustituida por el
actual artículo 743.5 según el cual: El acta prevista en los apartados 3 y 4 de este
artículo, se extenderá por procedimientos informáticos, sin que pueda ser manuscrita
más que en las ocasiones en que la sala en que se esté celebrando la actuación carezca de
medios informáticos. En estos casos, al terminar la sesión el Secretario judicial leerá el
acta, haciendo en ella las rectificaciones que las partes reclamen, si las estima
procedentes. Este acta se firmará por el Presidente y miembros del Tribunal, por el
Fiscal y por los defensores de las partes. Esta modificación legal que, para algunos,
pasa desapercibida supuso dar coherencia ontológica a la fe pública en los
Juzgado y Tribunales españoles que, al fin, hicieron efectiva la independencia
de aquélla. No era, ni es sostenible que alguien ajeno al fedatario público pueda
decidir lo que debe constar o no en un acta extendida por éste. Sería un vasallaje
que pervertiría las garantías del proceso judicial para el ciudadano.
La sola transcripción de la cita parece ignorar lo que el Tribunal Supremo
dejó bien claro: que los jueces no deben inmiscuirse -sic- en la fe pública
judicial, STS 7208/2009 en la que se establece: “Difícilmente es hoy sostenible, con el
contenido de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que el Tribunal pueda inmiscuirse en
la fe pública judicial. El art. 454 les atribuye el principio de autonomía e independencia
en el ejercicio de la fe pública judicial. Y en igual sentido, el art. 454 dispone que los
secretarios judiciales son responsables de la función de documentación que les es
propia.”
La sola transcripción de la cita también parece borrar, de un plumazo, las
grandes reformas que se llevaron a cabo a partir del año 2000 en nuestro
Ordenamiento Jurídico procesal y orgánico. Como si los letrados judiciales y la
fe pública que ostentan, siguieran tutelados e integrados en el haz de
competencias jurisdiccionales que ejercen los Jueces, y no en las judiciales que
ejercen aquéllos, como partes integrantes e indispensables de los Juzgados y
Tribunales. Pero todos estos pareceres -y algunos más- constituyen otros
asuntos ajenos a este trabajo. Asuntos ya tratados, con cierta profundidad, en
otra ocasión. 2
Incluso juristas de reconocido prestigio en materia de tecnología judicial
como Joaquín Delgado, incurren en la práctica señalada de admitir los “cotejos”
como medio probatorio y nos dice -si bien por medio de la cita de Jaume
Alonso-Cuevillas- lo siguiente: “Téngase en cuenta que en el mismo proceso pueden

2 Martínez Guerrero, A. (2021). El carácter judicial de los letrados de la administración


de justicia. Revista Acta Judicial, (7), 72–124. Recuperado a partir de
https://revistaactajudicial.letradosdejusticia.es/index.php/raj/article/view/53
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aplicaciones semejantes de mensajería electrónica al
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utilizarse varios medios probatorios de forma cumulativa: por La Ley no determina que
la prueba electrónica solamente puede tener eficacia probatoria si se cumplen ciertos
presupuestos legales; sino que cualquier prueba digital puede, en principio, desplegar
efectos ejemplo, aportación del smartphone en el que se encuentre una conversación de
WhatsApp, junto una transcripción escrita de la misma solicitando el cotejo por el
Secretario Judicial; y testifical (o interrogatorio de parte o del acusado) sobre el
contenido de esa conversación”. 3
El producto es -en realidad no podía ser otra cosa- algo de imposible
catalogación procesal, cuya eficacia probatoria es mínima, salvo que la acepten
los perjudicados y partes; lo que no resulta infrecuente, por extraño que
parezca, sobre todo si tenemos en cuenta el asesoramiento jurídico de las partes.
Aunque entonces nos encontraremos con que los hechos son probados no por
tal práctica forense, sino mediante verdaderos medios de prueba: testificales o
confesión del acusado. Un ejemplo -hay muchos- claro de la
inconsistencia/inutilidad de estos mal llamados cotejos lo pone de manifiesto la
SAP GR 1435/2021, en el que no dice: “ El cotejo por la Letrada del Juzgado de
Instrucción de las capturas o impresiones de pantalla aportadas en su día por la
Acusación Particular con lo que se reflejaba en el terminal móvil… esa diligencia no
prueba otra cosa sino que los documentos impresos aportados por la denunciante se
correspondían con los mensajes escritos que efectivamente se encontraban en la pantalla
de su terminal, pero no la procedencia de la línea telefónica remitente como se ocupó de
consignar expresamente la Letrada de la Administración de Justicia. Y ello entronca
una vez más con la falta de rigor probatorio de esos documentos telemáticos bien para
demostrar la autoría del acusado en las expresiones ofensivas, bien como elemento de
corroboración de la testifical de la denunciante que así lo sostiene, al no venir
completada esa prueba documental con la pericial técnica”.
Como veremos más adelante, es necesario determinar la naturaleza jurídica
de lo que se pretende hacer dentro del procedimiento penal previsto en la actual
LECRIM, con este nuevo fenómeno de comunicación social para encontrarle un
acomodo procesal -que lo tiene- acorde a lo que se pretende.

2.2 Para evitar tales prácticas - hijas casi siempre del mucho trabajo en las
Oficinas Judiciales y de la inercia del papiro que impera en ellas -, vamos a
realizar una serie de reflexiones que culminarán en distintas recomendaciones.
Su objetivo básico es que puedan utilizarse a modo de protocolo, para
incorporar la fuente de prueba de una conversación en WhatsApp - o de
cualquier otra aplicación de mensajería-, como un medio de prueba válido -con
pleno valor probatorio- a una causa penal.

3Delgado Martín, Joaquín. “La prueba digital. Concepto, clases, aportación al proceso y
valoración”. Diario La Ley. Nº 6. 11 de abril de 2017
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1º Aportación del dispositivo electrónico en que se contenga el


WhatsApp. Las formas de aportación son, básicamente, dos:
a) Que lo presente la propia parte -denunciante o investigado-. En este caso
habrá de hacerse constar las circunstancias de la entrega: fecha, persona que lo
entrega, estado del mismo y su descripción con el modelo y el IMEI. Además, se
deberá depositar en el Servicio Común de Piezas de Convicción donde se
garantizará la cadena de custodia hasta que sea examinado por el Tribunal
sentenciador. No debemos olvidar que esa incorporación solo puede hacerse,
con validez, por uno de los sujetos que hayan intervenido en el proceso de
comunicación de que se trate, o con su consentimiento si lo aportara un tercero
que pretenda hacerlo en su nombre, para evitar contaminar la fuente de prueba
con la ilicitud de vulnerar el artículo 18.3 de la CE. Así lo estableció el Tribunal
Constitucional en su sentencia de referencia 114/1984, de 29 de noviembre en la
que se dice: “No hay «secreto» para aquel a quien la comunicación se dirige, ni implica
contravención de lo dispuesto en el art. 18.3 de la Constitución la retención, por
cualquier medio, del contenido del mensaje. Dicha retención (la grabación, en el
presente caso) podrá ser en muchos casos, el presupuesto táctico para la comunicación a
terceros, pero ni aun considerando el problema desde este punto de vista puede
apreciarse la conducta del interlocutor como preparatoria del ilícito constitucional, que
es el quebrantamiento del secreto de las comunicaciones. Ocurre, en efecto, que el
concepto de «secreto» en el art. 18.3 tiene un carácter «formal», en el sentido de que se
predica de lo comunicado, sea cual sea su contenido y pertenezca o no el objeto de la
comunicación misma al ámbito de lo personal, lo íntimo o lo reservado. Esta condición
formal del secreto de las comunicaciones (la presunción «iuris et de iure» de que lo
comunicado es «secreto», en un sentido sustancial) ilumina sobre la identidad del sujeto
genérico sobre el que pesa el deber impuesto por la norma constitucional. Y es que la
imposición absoluta e indiferenciada del «secreto» no puede valer, siempre y en todo
caso, para los comunicantes, de modo que pudieran considerarse actos previos a su
contravención (previos al quebrantamiento de dicho secreto) los encaminados a la
retención del mensaje. Sobre los comunicantes no pesa tal deber, sino en todo caso, y ya
en virtud de norma distinta a la recogida en el art. 18.3 de la Constitución, un posible
«deber de reserva» que —de existir— tendría un contenido estrictamente material, en
razón de cual fuese el contenido mismo de lo comunicado (un deber que derivaría, del
derecho a la intimidad reconocido en el art. 18.1 de la norma fundamental)”.
b) Que sea intervenido por la Policía. Deberá presentarlo con el atestado
oportuno, en el que se hagan constar todos los elementos dichos de las
circunstancias que individualizan al aparato. Deberá, igualmente, depositarse
en forma en el Servicio Común. La intervención podrá haberse realizado, sin
mandato policial -en una detención como pertenencia- o con mandato judicial
en el curso de un registro domiciliario. En ambos supuestos debe quedar
constancia de todas las actividades llevadas a cabo por cada una de las personas
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que se ponen en contacto con las evidencias, conforme a la STS 587/2014, de 18


de julio para garantizar la cadena de custodia.
2º Incorporación de su contenido a la causa. Varias son las formas de
hacerlo en la actualidad.
a) La primera -y más recomendable- será la incorporación del propio
dispositivo electrónico como documento electrónico a la causa.
Debemos tener en cuenta que estas aplicaciones de mensajería
instantánea son muy peculiares desde el punto de vista procesal: su contenido
material no está conservado en un servidor externo al que se pueda acudir,
ajeno a los dispositivos electrónicos de los sujetos que intervienen en la
comunicación. Es decir, no hay un disco duro, nube o dispositivo en el que se
deposite y conserve la información transmitida en los mensajes. Esto supone
que, una vez que los mensajes son lanzados por el emisor y abiertos por el
receptor, cualquier examen o comprobación que quiera hacerse sobre la
conversación mantenida entre ambos no puede llevarse a cabo sobre un original
que la empresa que ha proporcionado el servicio tenga a buen recaudo. Dicho
de otra forma: las conversaciones y archivos de la aplicación únicamente se
quedan registradas en los terminales móviles utilizados, nunca en el servidor de la
aplicación.
La consecuencia evidente es que ese examen y estudio solo podrá realizarse
sobre los propios aparatos electrónicos que se hayan utilizado en el proceso de
comunicación que son los que albergarán de forma única el contenido de la
conversación. Examen que debe complementarse con los datos de tráfico que
esa conversación genera, tales como la identidad de los intervinientes, nombres
de usuario, claves, IP y números de teléfono; que en este caso si proporciona la
empresa que presta el servicio 4.
Este proceso complejo es muy relevante que se conozca y explique en el
ámbito del procedimiento penal. Supone que si desaparecen los dispositivos
electrónicos que han intervenido en la comunicación, nos quedemos sin el
original -con todos los datos que la integran- de dicha comunicación. Por otro lado,
hay que recordar que los WhatsApp pueden ser manipulados si se dispone de los
adecuados conocimientos informáticos. Puede imputarse a una persona la autoría de un
previo mensaje interceptado y reenviado ulteriormente con su contenido
convenientemente modificado 5.

4 En este sentido ver FUENTES SORIANO: El Whatsaap como fuente de prueba,

Proceso Penal. Reflexiones. Tirant Lo Blanch, 2017, pp. 351 a 362.


5 Como nos señala José Luis RODRÍGUEZ LAINZ (Magistrado. Juzgado de Instrucción

4 de Córdoba), en su artículo «Sobre el valor probatorio de conversaciones mantenidas a través


de programas de mensajería instantánea (A propósito de la STS, Sala 2.ª, 300/2015, de 19 de
mayo)», Diario LA LEY, núm. 8569, Sección Doctrina, 25 Jun. 2015).
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b) Mediante el volcado del contenido del móvil por perito informático de


alguno de los grupos de policía científica; siempre que esté autorizado por
resolución judicial. En este caso la fuente de prueba se convertiría en un medio
de prueba pericial, cuyo valor probatorio puede y debe conjugarse con otros
como testificales, declaraciones de las partes o reconocimiento judicial.
c) Por transcripción del mismo. La forma de esa transcripción es variada.
Imprimiendo los “pantallazos” del aparato electrónico que deberán
digitalizarse nuevamente para incorporarse a los Sistemas de Gestión Procesal.
Aportando la parte el contenido de la conversación en un escrito digitalizado. O
bien, remitiendo la conversación por correo electrónico a la cuenta de correo del
Juzgado. En estos dos últimos supuestos, también se incorporarán al Sistema de
Gestión Procesal directamente o en pdf escaneado. Este es el medio más usado,
sin duda, por lo cómodo -y barato- que resulta. Como veremos a continuación
el que más problemas ocasiona, porque no se debe olvidar el viejo adagio de lo
barato sale caro…

3. ¿Necesitan ser cotejadas?


Una vez incorporadas las conversaciones al procedimiento penal -en
alguna de las tres formas dichas- la pregunta a responder es si resulta necesario
el cotejo, bajo la fe pública del letrado judicial, de lo incorporado con el
dispositivo que lo contenga.
En relación a las dos primeras, la respuesta negativa es tan evidente que
no necesita de mayor comentario. En la primera queda incorporada a la causa el
propio documento electrónico en su soporte original, de forma que no hay
copia que cotejar. Es, como dijimos la más recomendable y tiene su soporte
legal en la aplicación analógica del 384 de la LEC, que se ocupa de los medios
de prueba en relación a instrumentos que permitan archivar, conocer o
reproducir datos relevantes para el proceso. Además, al quedar incorporado el
propio documento electrónico, permitirá cumplir las cautelas establecidas por la
STS 300/2015, a propósito de la comunicación mantenida mediante la aplicación
Tuenti, para poder llevar a cabo el peritaje oportuno sobre el mismo. Nos dice
dicha resolución lo siguiente: “la prueba de una comunicación bidireccional mediante
cualquiera de los múltiples sistemas de mensajería instantánea debe ser abordada con
todas las cautelas. La posibilidad de una manipulación de los archivos digitales mediante
los que se materializa ese intercambio de ideas, forma parte de la realidad de las cosas. El
anonimato que autorizan tales sistemas y la libre creación de cuentas con una identidad
fingida, hacen perfectamente posible aparentar una comunicación en la que un único
usuario se relaciona consigo mismo. De ahí que la impugnación de la autenticidad de
cualquiera de esas conversaciones, cuando son aportadas a la causa mediante archivos de
impresión, desplaza la carga de la prueba hacia quién pretende aprovechar su idoneidad
probatoria. Será indispensable en tal caso la práctica de una prueba pericial que
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identifique el verdadero origen de esa comunicación, la identidad de los interlocutores y,


en fin, la integridad de su contenido.”
En la segunda, la fuente de prueba se ha convertido en medio de prueba:
un informe pericial. La innecesaridad de los cotejos respecto a tales informes es
tan evidente que permiten omitir cualquier otra argumentación al respecto.
Solo la tercera puede plantear las situaciones equívocas descritas en
apartado II.1. Pero la respuesta es tan negativa como en las otras dos formas.
Veamos la explicación/justificación de esta negación que debe ser contundente.

3.1. La conversación de Whatstapp, documento privado


Debemos empezar señalando que la LECRIM no tiene preceptos que nos
puedan orientar en esta materia. Su antigüedad no es explicación suficiente
para esta laguna que debemos colmar con la LECIVIL.
Este cuerpo legal distingue dos tipos de documentos como medios de
prueba, los públicos y los privados. Con lo que nos encontramos ante la
primera sorpresa: los usos forenses de la jurisdicción penal tienden a olvidar la
naturaleza jurídica de las conversaciones de las aplicaciones de mensajería
señaladas. Son documentos -electrónicos- privados, por lo que la fuerza
probatoria de los mismos es la que se recoge en el artículo 324 y ss, no la del
artículo 320 -documentos públicos- sobre la que volveremos después.
Conforme al artículo 326.1 LEC, aportada la conversación por escrito por
la parte interesada, como documento privado que es, hará prueba plena en el
proceso cuando su autenticidad no sea impugnada por la parte a quién
perjudique.
En caso de impugnación, nos dice el párrafo tercero de ese artículo que
“Cuando la parte a quien interese la eficacia de un documento electrónico lo solicite o se
impugne su autenticidad, integridad, precisión de fecha y hora u otras características
del documento electrónico que un servicio electrónico de confianza no cualificado de los
previstos en el Reglamento (UE) 910/2014 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 23
de julio de 2014, relativo a la identificación electrónica y los servicios de confianza para
las transacciones electrónicas en el mercado interior, permita acreditar, se procederá con
arreglo a lo establecido en el apartado 2 del presente artículo y en el Reglamento (UE)
n.º 910/2014”. Ese apartado 2 establece que cuando se impugne la autenticad de
un documento privado -como es el caso- “se podrá pedir el cotejo pericial de letras o
proponer cualquier otro medio de prueba que resulte útil”.
La letra de los preceptos transcritos es tan clara que exime de
interpretaciones/elucubraciones en las que pueda tener cabida la intervención
de la fe pública judicial para realizar un cotejo. Solo cabe la prueba pericial o
cualquier otro medio de prueba que pudiera resultar útil y entre tales medios de
prueba no está la intervención del garante de la autenticidad e integridad de los
mismos que debe documentarlos, no protagonizarlos.
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3.2. La conversación de Whatstapp, documento público


Nos dice la STS 353/2021, de 11 de febrero, que “los principios que, aun hoy,
conforman nuestro proceso penal, en especial los de oficialidad y búsqueda de la verdad
material, por mucho que en ocasiones hayan merecido cierto cuestionamiento doctrinal,
siguen facultando al Juez, desde su actual vigencia configurando a éste en una posición
exigentemente imparcial, pero absolutamente neutral, para la formulación de ese
interrogatorio, de acuerdo con lo dispuesto en el párrafo segundo del art. 708 LECRIM.
(STS 1320/2011, 9 de diciembre).” Sobre la base de tales principios de oficialidad y
búsqueda de la verdad material, habrá algún sector doctrinal/judicial que
defienda que, aunque se trate de un documento privado, el juez instructor
pueda acordar que se apliquen los preceptos del cotejo del artículo 320 LEC.
Aceptemos esa postura a los solos efectos dialécticos, para ver dónde nos
conduciría la aplicación de los mismos a la materia que nos ocupa.
Según la RAE cotejar es “confrontar algo con otra u otras cosas, o compararlas
teniéndolas a la vista”. Por su parte, el artículo 320 LEC nos dice que el cotejo o
comprobación de los documentos públicos -en papel o en soporte electrónico-
con sus originales será llevado a cabo por el Letrado de la Administración de
Justicia.
Así que podemos concluir que la actividad de cotejar en un proceso
jurisdiccional requiere de:
1º El sujeto activo que realiza la acción en qué consiste.
2º La potestad del sujeto activo -depositada en él por el Estado- que
garantiza la veracidad del resultado de esa actividad que no podrá ser puesta
en duda -iuris tantum-, la fe pública judicial.
3º Un primer elemento material, integrado por el objeto que va a servir
de muestra para ser comparado o confrontado, el original indubitado.
4º. Un segundo elemento material, integrado por el objeto que, en
principio, es reproducción del original, dubitado.
Solo con la conjunción de esos cuatro elementos el resultado del cotejo
cumplirá los requisitos exigidos en la LEC y, por ende, en la LECRIM a la que
aquélla suple. El sujeto activo, el letrado judicial, examina el elemento
indubitado, a continuación, hace lo propio con el dubitado y comprobando y
confrontando ambos objetos, acreditará si el uno -dubitado- es reproducción fiel
y exacta del otro -indubitado- o no. La diligencia o acta que extiende en ese
proceso será garantizada con su fe pública judicial y servirá para que la
instrucción concluya -en su caso- en un auto de juicio oral y, sobre todo, para
ser introducida en el acto del juicio oral como medio de prueba en la categoría
de documento público.
Es un proceso en apariencia sencillo. Pero su engranaje es delicado. Si
quitas una de las piezas el resultado se descompone/disloca y dará lugar a un
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“engendro” que lo privará de la validez a que está llamado. Y eso es lo que


ocurre cuando se pretende que se coteje por un letrado de la Administración de
Justicia, un documento electrónico privado integrado en un móvil, con un
documento en papel que recoge la transcripción de la conversación contenida
en él. Falta el tercero de los elementos señalados del proceso: el original indubitado. El
documento privado electrónico en el que se recoge la información que debe ser
cotejada, no se forma por los caracteres gráficos que se pueden observar en la
pantalla del móvil. Eso es sólo una parte del mismo, la punta del iceberg. Tiene
otros elementos que lo integran, de gran importancia, a los que no se puede
acceder mirando, simplemente, la pantalla del artefacto. En consecuencia, no
podrán ser comprobados por el letrado de la Administración de Justicia y el
cotejo deviene imposible. Algunos de tales elementos son los metadatos, es
decir los datos que describen el contenido del archivo o la información de tales
archivos. Son de gran relevancia para conocer y determinar el original
indubitado por dos razones que nos son muy familiares. La autenticidad: el
documento electrónico privado será auténtico, cuándo sea lo que dice ser. La
comprobación de dicha autenticidad se valida mediante los metadatos que
permiten ubicar al documento en un proceso y contexto determinado. La
integridad: un documento es integro, cuando es original. Es decir, cuando el
mismo no ha sido manipulado o alterado deliberadamente. La integridad se
puede comprobar mediante metadatos de auditoría, es decir, los que registran
cada una de las acciones que se realizan sobre el documento original.
Pues bien, la ausencia de tales metadatos malogra/imposibilita, como
hemos dicho, cualquier cotejo que se pretenda realizar.

3.3 Actividad procesal a desarrollar por los Letrados Judiciales en tales


supuestos
Cuando la inercia forense se impone y se acuerda uno de los cotejos
señalados en una resolución judicial, el letrado de la Administración de Justicia
debe cumplir lo que acuerda aquélla, por mandato del artículo 452.2 de la LOPJ.
Además, como autoridad pública que es, integrado en los Juzgados y
Tribunales como parte indisoluble de los mismos, debe velar, por mandato del
artículo 452.1 de la LOPJ, porque el resto del Ordenamiento Jurídico se cumple;
lo que incluye la independencia del letrado judicial en el ejercicio de la fe
pública judicial. Y ésta- la fe pública judicial-, no sólo garantiza la realización
del acto, sino el cumplimiento de las formas que la Ley impone para su realización,
extremo de importancia en el campo del proceso donde el cumplimiento de las
formas esenciales es uno de los principios fundamentales que vertebran la
institución procesal.
Para conjugar ambos mandatos los Letrados de la Administración de
Justicia, en el trance señalado, deberán:
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1º Citar a las partes a la diligencia instructora que se va a llevar a cabo,


pues se debe respetar la contradicción.
2º Abierto el acto, harán constar las partes que comparezcan. A
continuación, el nombre de quién presenta el teléfono o dispositivo de que se
trate y los documentos impresos en papel, correspondientes a las
conversaciones objeto de la diligencia. Para el supuesto de que no las trajera
impresas se pueden hacer dos cosas, suspender el acto para que las aporte o
remitir el chat por correo electrónico al del Juzgado e imprimirlo.
3º Hará constar en el acta o diligencia que se extienda que, tratándose de
un documento electrónico privado la conversación del chat contenida en el
teléfono descrito, su incorporación al procedimiento mediante su conversión en
documento escrito, no está prevista en la Lecrim y tampoco en la Lecivil.
4º Hará constar que dicha impresión escrita y aportada por la parte, solo
contiene el fichero con los datos en estructura XML y en formato work/word o
PDF. Pero que no se aportan:
a) Los metadatos de dicho fichero, imprescindibles para poder realizar la
trazabilidad del mismo, lo que permitirá eludir riesgos tales como el de la
supresión de mensajes de WhatsApp de la secuencia de mensajes de la
conversación aportada, el de la incorporación de mensajes reenviados, entre
otros.
b) Ni ningún tipo de certificado CSV como parte integrante del documento
electrónico privado.
5º Hará constar que la ausencia de tales elementos imposibilita la
actividad del cotejo acordado, es decir, de comparar el original indubitado: el
documento electrónico privado contenido en el teléfono móvil -pues no se
tienen presentes todos los elementos que lo integran ya dichos-; con el
documento dubitado: la transcripción en papel impreso aportada. Operación
que, por otra parte, requeriría de unos conocimientos informáticos de los que
carece un letrado judicial dada su formación jurídica.
6º Hará constar primero, que se devuelve a la parte que lo presenta el
documento privado electrónico presentado -es decir el teléfono móvil que lo
aloja-. A continuación, que se incorpora a las actuaciones, como parte del acta o
diligencia, la impresión escrita aportada por la parte del archivo del documento
electrónico ya señalado, para que -en su momento- sea valorado conforme a lo
establecido en las Leyes Procesales por el personal jurisdicente al que
corresponda y, sin perjuicio del derecho de las partes a proponer la prueba
pericial que estimen oportuna sobre dicho documento electrónico para
identificar el verdadero origen de esa comunicación, la identidad de los
interlocutores y, en fin, la integridad y autenticidad de su contenido.

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4. Verdadera naturaleza de la actuación a realizar en esta incorporación


de mensajería instantánea por los Letrados de la Administración de Justicia
Como venimos señalando, gran parte de los operadores jurídicos de los
Órganos Judiciales penales -incluidas algunas Audiencias Provinciales-, vienen
asimilando la antigua labor de cotejo de las escuchas telefónicas impuesta por el
Tribunal Supremo en relación a las intervenciones de las comunicaciones
telefónicas, a la forma de incorporar la mensajería instantánea a un proceso
penal.
En modo alguno son comparables. Los cotejos de las escuchas telefónicas
fueron establecidos por el Tribunal Supremo allá por el año 2008 6 como
protocolo que remediase la falta de regulación legal. Era un proceso bien
descrito, establecido en una sentencia del Tribunal Supremo -a falta de texto
legal-, con los pasos a realizar y, sobre todo, los elementos a incorporar. Los
originales de unas cintas o DVDs con las conversaciones mantenidas y su
transcripción al papel, ambas realizadas por la Policía. La función del letrado
judicial era oír unas y garantizar que lo transcrito por la Policía era lo que se
dijo en aquéllas. Los cuatro pasos ya dichos -fe pública, documento auténtico
(las cintas), documento a comparar (la transcripción) la comparación de una y
otra- se podían realizar sin obstáculo, por farragoso que fuese el proceso y un
tanto absurdo, pues no evitaba que tuvieran que ser oídas las cintas en el juicio,
si alguna de las partes lo interesaba.
Por cierto, protocolo ya innecesario en la medida que los artículos 588 ter
f) y 588 ter i) de la Lecrim han venido a colmar el vacío, haciendo protagonista a
las partes en la forma de determinar la veracidad de las transcripciones que se
incorporan a la causa. 7
¿Qué hacer entonces con la información de la mensajería instantánea en
el proceso penal, si los cotejos no son posibles? ¿Cuál es la labor de los Letrados
de la Administración de Justicia en relación a los mismos para el supuesto más
que frecuente de que se obvie lo señalado en el apartado III.1 y se opte por la
senda del apartado III.2?
La respuesta la encontramos, como casi siempre, en las leyes. En este
caso concreto en la LOPJ y en el RD 1608/2005, en los artículos 453.1, 3 y 5 a)
respectivamente. En el primero se establece que “Corresponde a los Letrados de la
Administración de Justicia, con exclusividad y plenitud, el ejercicio de la fe pública
judicial. En el ejercicio de esta función, dejarán constancia fehaciente de la realización
de actos procesales en el Tribunal o ante éste y de la producción de hechos con
trascendencia procesal mediante las oportunas actas y diligencias”.

6España. Tribunal Supremo. Sentencia núm. 745/2008 de 25 de noviembre.


7Ver España. Audiencia Provincial de Málaga, Sección 2ª. Auto núm. 183/2018, de dos
de marzo.
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Hay un hecho que tiene transcendencia procesal, la comunicación


contenida en el whatstapp y será mediante una diligencia de constancia como
incorporemos lo acontecido al procedimiento judicial de que se trate. El
acomodo procedimental está previsto. Hace innecesario todos los “inventos” ya
descritos, además de cumplir con la naturaleza de lo que se documenta y las
funciones del que lo hace.
El contenido de tal diligencia podrá ser el que expondré a continuación,
más allá -claro está- de lo que considere necesario incluir o no cada letrado
judicial en el ejercicio independiente de sus potestades de fe pública.
- Identificación de los intervinientes, con expresión literal de que la
intervención del Letrado de la Administración de Justicia en esta diligencia no
acredita la titularidad de la líneas de teléfono remitente y receptora, ni la
identidad del autor de dichos mensajes, limitándose la intervención del
fedatario judicial a dejar constancia de la existencia en el móvil de la parte, de
los mensajes que se dirán, tal y como aparecen a la fecha de la diligencia; sin
que pueda determinarse por el letrado judicial, si esos mensajes han podido ser
alterado o no, lo que corresponderá, en todo caso, a expertos informáticos
- Identificación de los números de teléfono -o aparatos- utilizados para el
envío y recepción de los mensajes, según lo que aporten las partes y sus
manifestaciones, con expresión de los IMEI que deberán ser comprobados por
el letrado judicial. (Puede hacerse, en la actualidad, mediante los comandos
*#06#).
- Exhibición por la parte de la conversación o conversaciones que se
quieren documentar. Examinada/s por el letrado judicial, dejará constancia de
que la/s misma/s aparece/n vinculada/s al/os número/s telefónico/s de que se
trate y a ningún/os otro/s más.
- Pedir a la parte que se envíe el contenido de los mensajes como archivo
de texto, por correo electrónico, a la dirección del correo electrónico del Juzgado
del letrado judicial interviniente.
- Una vez recepcionado, entrar en el correo del Juzgado abrirlo, copiar
íntegramente su contenido y pegarlo a la diligencia que se esté extendiendo,
quedando incorporado su contenido a la diligencia de constancia.
- Dar por concluido el acto, con la firma electrónica de la diligencia de
constancia por el letrado judicial, quedando integrada la diligencia de
constancia en el Sistema de Gestión Procesal correspondiente.

5. Conclusiones
1º. La actividad instructora y probatoria en un proceso penal está y debe
estar revestida de unas garantías de legalidad que la inercia forense y la falta de
reflexión sobre las diferencias entre el mundo analógico y digital está
complicando de manera innecesaria.
Revista Acta Judicial nº 10, julio-diciembre 2022, pp. 20-36
ISSN 2603-7173
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Martínez Guerrero, A. Incorporación de los whatsapp y otras
aplicaciones semejantes de mensajería electrónica al
proceso penal en la fase de instrucción

2º Los preceptos legales de la LECIVIL permiten hacer frente, con


claridad, a los retos procesales que el mundo electrónico nos presente en el
procedimiento penal para incorporar al mismo las nuevas realidades de los
procesos de comunicación entre los ciudadanos.
3º Los Whatstapp y resto de aplicaciones de mensajería instantánea se
han convertido en las nuevas herramientas de comunicación en nuestra
sociedad. Su realidad digital y privada le dota de acomodo procesal en los
documentos electrónicos privados.
4º. La forma de incorporarlos al proceso penal es la prevista en los
artículos 324 y ss LECIVIL que se ocupa de normalizar la forma de actuar en
caso de que se ponga en duda su autenticidad.
5º El cotejo de tales documentos privados y electrónicos es una actividad
ajena a la fe pública judicial y, por ende, a las funciones de los letrados de la
Administración de Justicia.
6º En el supuesto, poco de ortodoxo y de nula eficacia probatoria per se,
de que se acuerde el mencionado “cotejo”, la actividad del letrado de la
Administración de Justicia, debe constreñirse a sus funciones legales: acreditar
la presentación y devolución del documento electrónico privado a la parte que
lo aporta, la transcripción en papel que se presente y la imposibilidad de
confrontar uno con otro, dado el distinto contenido de ambos realidades,
además de la falta de conocimientos técnicos para hacerlo, para el caso -poco
probable- de que se aportaran al completo los dos.
7º Para los supuestos, seguro más que frecuentes, que se acuerde la
intervención del letrado judicial en la incorporación al procedimiento judicial
de las comunicaciones mantenidas por mensajería instantánea, la única forma
válida de hacerlo de acuerdo con la naturaleza jurídica de la actuación a realizar
y de las funciones y potestades de aquéllos, será mediante la extensión de una
diligencia de constancia que acredite y documente la comprobación y
descripción del aparato móvil, el fichero de texto de los mensajes y su remisión
e incorporación a la diligencia extendida.

6. Bibliografía
CARNELUTTI, F., La prueba civil, 2ª ed., Ejea, ed. Desalama, Buenos
Aires, 2000.
MARTINEZ GUERRERO, ALFREDO. (2021). El carácter judicial de los
letrados de la administración de justicia. Revista Acta Judicial. Nº 7
DELGADO MARTÍN, JOAQUÍN. “La prueba digital. Concepto, clases,
aportación al proceso y valoración”. Diario La Ley. Nº 6. 11 de abril de 2017.
FUENTES SORIANO: El Whatsaap como fuente de prueba, Proceso
Penal. Reflexiones. Tirant Lo Blanch, 2017.

Revista Acta Judicial nº 10, julio-diciembre 2022, pp. 20-36


ISSN 2603-7173
35
Martínez Guerrero, A. Incorporación de los whatsapp y otras
aplicaciones semejantes de mensajería electrónica al
proceso penal en la fase de instrucción

RODRÍGUEZ LAINZ, JOSÉ LUIS. “Sobre el valor probatorio de


conversaciones mantenidas a través de programas de mensajería instantánea (A
propósito de la STS, Sala 2.ª, 300/2015, de 19 de mayo)”, Diario LA LEY, núm.
8569, Sección Doctrina, 25 Jun. 2015.

Conflicto de intereses
El autor declara no tener ningún conflicto de intereses.

Financiación
El documento ha sido elaborado sin financiación.

Revista Acta Judicial nº 10, julio-diciembre 2022, pp. 20-36


ISSN 2603-7173
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LOS PRINCIPIOS RECTORES DEL TRATAMIENTO DE DATOS
DE CARÁCTER PERSONAL Y SUS IMPLICACIONES EN EL
PROCESO PENAL
The principles relating to processing of personal data and their
implications for criminal proceedings

Por Juan Alejandro Montoro Sánchez 1


Investigador Postdoctoral Margarita Salas. Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Instituto de
Justicia y Litigación “Alonso Martínez” de la Universidad Carlos III de Madrid.
[email protected]

Artículo recibido: 15/05/22 Artículo aceptado: 19/07/22

RESUMEN
El presente trabajo aborda el estudio de los principios rectores del
tratamiento de datos de carácter personal asociados al derecho fundamental a la
protección de datos, desde la perspectiva del órgano judicial del orden penal, en
tanto autoridad responsable del tratamiento de datos con fines de investigación y
enjuiciamiento del delito. Se analizarán igualmente las principales implicaciones
procesales que se derivan de su efectiva aplicación.

ABSTRACT
This paper analyses the fundamental right of data protection regarding its
treatment by the criminal court, as the authority responsible for the processing of
data for the purposes of investigation and prosecution of crimes. The main
procedural implications deriving from its effective application will also be
analyzed.

PALABRAS CLAVE
Derecho protección de datos, Principios rectores del tratamiento,
Tratamiento de datos, Principio limitación de la finalidad, Proceso Penal.

KEYWORDS
Data Protection Right, Principles relating to processing of personal data,
Processing of personal data, Purpose limitation principle, Criminal proceeding.

1 Trabajo vinculado al Proyecto de Investigación de Excelencia del Ministerio de


Economía y Competitividad “Límites a la utilización de datos, evidencias e información entre
procesos y procedimientos diversos en España y la Unión Europea (LUDEI)”.
Revista Acta Judicial nº 10, julio-diciembre 2022, pp. 37-73
ISSN 2603-7173
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

Sumario: 1. Los principios rectores del tratamiento de datos de carácter


personal. 2. Principios de licitud y lealtad. 2.1 Principio de licitud. 2.2 Principio
de lealtad. 3. Principio de limitación de la finalidad del tratamiento. 4. Principio
de minimización. 5. Principio de exactitud. 6. Principio limitación del plazo de
conservación. 7. Principios de integridad y confidencialidad. 8. Principio de
responsabilidad activa o proactividad. 9. Bibliografía.

1. Los principios rectores del tratamiento de datos de carácter personal


Bajo el paraguas del Capítulo II de la Directiva 2016/680/UE, que tiene
como rúbrica “Principios” se proclaman y desarrollan toda una serie de reglas y
fundamentos heterogéneos 2 sobre los que se articula básicamente todo el
régimen jurídico protector del derecho fundamental a la protección de datos de
carácter personal en el ámbito penal 3. Estos principios vertebradores constituyen
el núcleo básico de las obligaciones de toda autoridad responsable de un fichero,
que deben ser observados minuciosa y diligentemente a lo largo de todas las
fases del tratamiento 4, pues de su respeto y observancia depende, en gran
medida, que se pueda garantizar adecuadamente a los interesados los poderes de

2 APARICIO SALOM, J. La calidad de los datos. En TRONCOSO REIGADA, A. (dir.)


Comentario a la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal. Madrid, Civitas, 2010, p.
324, alude a la heterogeneidad de los principios, si bien, todos ellos contribuyen a un fin común,
garantizar los poderes de control y disposición que atribuye al interesado el derecho fundamental
a la protección de datos sobre sus propios datos.
3 Los primeros instrumentos jurídicos que fueron promulgados en la materia ya preveían

una serie de principios básicos destinados a vertebrar los sistemas de protección de datos que
configuraban. Las pioneras Resoluciones 22/73 y 29/74 del Consejo de Europa, referidas
respectivamente a la protección de la vida privada de las personas físicas respecto de los bancos
de datos electrónicos de los sectores privado y público proclamaron como principios
informadores a la proporcionalidad, lealtad, licitud, finalidad, conservación y exactitud. De igual
modo, el Convenio 108 dedicó sus arts. 4 a 7, comprendidos bajo su Título II sobre “Principios
básicos para la protección de datos”, a fijar sus fundamentos estructurantes. Por su parte, la
Directiva 95/46/CE los reconoció en su art. 6 bajo la expresiva denominación de principios
relativos a la calidad de los datos. Por ello, puede comprobarse como ha sido una constante la
existencia de estos principios en los instrumentos convencionales y legales de la materia y su
posición privilegiada, en tanto elementos rectores e inspiradores de los sistemas de protección de
datos.
4 Principios cuya observancia se debe procurar desde el mismo momento de la recogida

de los datos hasta su supresión una vez concluya la finalidad para la que fueron recabados. Por lo
tanto, el escrupuloso respeto de estos principios resulta esencial durante todas las fases o etapas
del tratamiento y durante el desarrollo de cualquier actividad que se realice en la organización
del responsable relacionada o vinculada al uso de los datos personales. TRONCOSO REIGADA,
A. El principio de calidad de los datos. En TRONCOSO REIGADA, A. (dir.) Comentario a la Ley
Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal. Madrid: Civitas, 2010, pp. 340-343.
Revista Acta Judicial nº 10, julio-diciembre 2022, pp. 37-73
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

control y disposición 5 sobre sus datos personales que atribuyen el derecho


fundamental a la protección de datos reconocido tanto en el art. 18.4 CE 6 como en
el art. 8 de la CDFUE y del CEDH.
Tradicionalmente denominados como principios relativos a la calidad 7 de
los datos de carácter personal, consisten en una serie de directrices, prohibiciones
y limitaciones estrechamente relacionadas y complementarias entre sí, que
definen y condicionan la forma en la que los datos han de ser recabados y
tratados con posterioridad por la autoridad responsable durante todo el ciclo de
procesamiento 8. Especialmente descriptiva de la función que están llamados a
desempeñar es la definición recogida en la primigenia LORTAD 9, en la que se
expresaba que éstos “…definen las pautas a las que debe atenerse la recogida de
datos de carácter personal, pautas encaminadas a garantizar tanto la veracidad
de la información contenida en los datos almacenados cuanto la congruencia y
racionalidad de la utilización de los datos”.
Son, por tanto, elementos de especial trascendencia para todos los
operadores jurídicos implicados en el tratamiento 10, incluidas las autoridades de

5 PUYOL MONTERO, J. Los principios del derecho a la protección de datos. En PIÑAR


MAÑAS J. L. (dir.), Reglamento general de protección de datos: hacia un nuevo modelo europeo de
privacidad. Madrid: Editorial Reus, 2016, p. 136.
6 La STC 292/2000 de 30 de noviembre, concretó el contenido basilar del derecho

fundamental a la protección de datos afirmando que “consiste en un poder de disposición y de


control sobre los datos personales que faculta a la persona para decidir cuáles de esos datos
proporcionar a un tercero, sea el Estado o un particular, o cuáles puede este tercero recabar, y que
también permite al individuo saber quién posee esos datos personales y para qué, pudiendo
oponerse a esa posesión o uso”.
7 En el RGPD y en la Directiva 2016/680/UE se califican meramente como “principios”,

mientras la Directiva 95/46/CE siendo más expresiva de su cometido los denominó como
“principios relativos a la calidad de los datos” tal y como se reflejaba en el título dado a la Sección
1ª del Capítulo II en los que se enmarcaban. Expresión que también fue trasladada a la derogada
LOPD de 1999, pero que no se ha mantenido en su sucesora, la Ley Orgánica 3/2018, ni en la más
reciente Ley Orgánica 7/2021.
8 PALMA ORTIGOSA afirma que para garantizar el derecho a la protección de datos no

basta con reconocer a los interesados el ejercicio de los derechos ARSOPOL, sino que es necesario
imponer a los responsables una serie de obligaciones adicionales que hagan efectiva en toda su
extensión la protección dispensaba por el derecho fundamental, lo cual se consigue a través del
respeto debido a dichos principios vertebradores. Vid. PALMA ORTIGOSA, A. Principios
relativos al tratamiento de datos personales. En MURGA FERNÁNDEZ, J. P., FERNÁNDEZ
SCAGLIUSI M. A. y ESPEJO LERDO DE TEJADA, M. (dirs.), Protección de datos,
responsabilidad activa técnicas de garantía. Madrid: Editorial Reus, 2018, pp. 39-40.
9 Ley Orgánica 5/1992, de 29 de octubre, de regulación del tratamiento automatizado de

los datos de carácter personal.


10 PUYOL MONTERO subraya la importancia de los principios vinculados a la calidad

del siguiente modo: “porque los mismos han de servir de referencia a los operadores jurídicos
que intervienen en la materia, a los efectos de que puedan cumplir de manera satisfactoria las
Revista Acta Judicial nº 10, julio-diciembre 2022, pp. 37-73
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

control que supervisan y controlan la adecuada aplicación de la normativa, pues


se erigen en parámetros de referencia nuclear para la toma de decisiones en el
seno de la organización y para garantizar una respuesta respetuosa con los
derechos fundamentales a los interesados 11. Incluso, es posible afirmar que
actúan como auténticos principios informadores de la normativa, habida cuenta
de que permiten extraer criterios con los que cubrir las lagunas normativas que
puede surgir ante la ausencia de soluciones específicas que cubran supuestos de
hechos controvertidos. Por su parte, para los interesados, estos principios actúan
como variables de referencia permitiendo valorar la adecuación del tratamiento
llevado a cabo por la autoridad, a las exigencias que dimanan del derecho a la
protección de datos y su regulación.
Es el primero de los apartados del art. 4 de la Directiva 2016/680/UE, que
tiene por título “Principios relativos al tratamiento de datos personales” 12, el
precepto encargado de proclamar a los principios operantes en el sistema de
protección de datos del ámbito penal. En particular, se reconocen como tales a los
principios de licitud y lealtad; al principio de limitación de la finalidad del
tratamiento; al principio de minimización de datos; al principio de exactitud; al
principio de limitación del plazo de conservación; a los principios de integridad
y confidencialidad y finalmente, al innovador principio de responsabilidad
proactiva. Cabe mencionar que este precepto reproduce casi miméticamente los
mismos principios enunciados en el Reglamento General de Protección de Datos,
con la única excepción del principio de transparencia. Sin embargo, la falta de
reconocimiento expreso en el articulado no empece que también resulte
aplicable, habida cuenta de su reconocimiento explícito en el Considerando (26)
de la Directiva 13, aunque ciertamente, la intensidad de su eficacia es de mucho
menor calado que en el régimen general, dadas las particularidades que
presentan las actividades públicas vinculadas al sistema de represión del delito
que se enmarcan en este ámbito.
Dicho listado de principios rectores del tratamiento ha sido incorporado al
ordenamiento nacional a través del art. 6.1 de la Ley Orgánica 7/2021, de 26 de

exigencias jurídicas y de responsabilidad social empresarial vinculadas a las nuevas exigencias y


requerimientos derivados de la protección de datos de carácter personal”. PUYOL MONTERO, J.
Los principios del derecho a la protección de datos…. referencia 5 p. 136.
11 APARICIO SALOM, J. La calidad de los datos... referencia 1 p. 335.

12 Anteriormente en la LOPD y su reglamento de desarrollo sí se recogía expresamente la

denominación de principios relativos a la calidad de los datos, en sus arts. 4 y 8 respectivamente.


13 Puede comprobarse que el Considerando (26) de la Directiva exige que todo

tratamiento de datos personales sometido al mismo, además de ser lícito y leal, debe de reputarse
transparente en relación con las personas físicas afectadas. Fórmula idéntica a la utilizada en el
Reglamento General de Protección de Datos, aunque en la Directiva dicho principio no se eleve a
la categoría de vertebrador del tratamiento.
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

mayo, de protección de datos personales tratados para fines de prevención,


detección, investigación y enjuiciamiento de infracciones penales y de ejecución
de sanciones penales, norma interna con la que el legislador ha procedido a la
transposición de la Directiva 2016/680/UE, con un retraso superior a los cuatro
años.
Tras la lectura del elenco de principios, es posible advertir que el grueso
de éstos se mantiene intacto respecto al repertorio previsto en el anterior régimen
encabezado por la Ley Orgánica 15/1999 14, existiendo por tanto una vocación
continuista respecto de los que podríamos tildar como principios arquetípicos
del tratamiento de los datos de carácter personal. Sin embargo, es cierto que bien
se ha previsto la incorporación de algún principio plenamente novedoso, como
ha sucedido con el de responsabilidad proactiva, o bien se ha dado el caso de que
elementos previamente vigentes en el orden anterior se han visto elevados
expresamente al nivel de principios fundamentales de la materia, como sucede
con los principios de integridad y confidencialidad.
A continuación, procede analizar individualmente a cada uno de estos
principios al objeto de conocer su contenido, exigencias y alcance en lo que
respecta al tratamiento de datos por parte de los órganos judiciales, en su
condición de autoridades responsables del tratamiento, prestando especial
atención a las implicaciones de índole procesal.

2. Principios de licitud y lealtad


Los primeros principios informadores del tratamiento de datos de carácter
personal, se enuncian conjuntamente en el art. 4.1.a) de la Directiva 2016/680 y
6.1.a) de la Ley Orgánica 7/2021, al disponer este último que “Los datos
personales serán tratados de manera lícita y leal” 15. Nos hallamos ante dos
principios consolidados y tradicionalmente incorporados en los textos

14 La doctrina ha destacado el carácter continuista del legislador europeo respecto a los


principios que se dispusieron en la Directiva 95/46/CE y consecuentemente, los reconocidos en la
Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal. Vid.
PUYOL MONTERO, J. Los principios del derecho a la protección de datos…. referencia 5, p. 137.
Por su parte, PALMA ORTIGOSA, destaca, además, que, en el nuevo paquete normativo de 2016,
el legislador europeo ha aclarado y sistematizado la regulación atinente a los principios rectores,
añadiendo alguno de suma importancia como el de responsabilidad activa. Vid. PALMA
ORTIGOSA, A. Principios relativos al tratamiento de datos personales… referencia 8 p. 40.
15 Aunque la derogada LOPD no hacía mención a los mismos, el art. 8 del Reglamento

LOPD fue la norma nacional encargada de proclamarlos. En concreto la disposición


reglamentaria aún vigente, aunque inoperativa, establece que “Los datos de carácter personal
deberán ser tratados de forma leal y lícita. Se prohíbe la recogida de datos por medios
fraudulentos, desleales o ilícitos”. Ello en plena sintonía con lo preceptuado en la Directiva
95/46/CE, que en su art. 6.1 obligaba a los Estados miembros a disponer que los datos personales
fueran tratados de manera leal y lícita.
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

convencionales más vetustos e importantes sobre la materia. No en vano, el


Convenio 108, ya hacía referencia a los mismos al preceptuar que los datos
personales “Se obtendrán y tratarán leal y legítimamente”, mientras el art. 8 del
CDFUE, determina que los datos “…se tratarán de modo leal (…) y sobre la base
del consentimiento (…) o de otro fundamento legítimo previsto por la ley”.
Procede analizarlos de forma individualizada.

2.1 Principio de licitud


En el ámbito de aplicación del RGPD, el principio de licitud exige, en
primer lugar, que cualquier tratamiento de datos que se efectúe por un
responsable del tratamiento se ampare en una base legal habilitante de las
enumeradas en su art. 6 y, en segunda instancia, que además dicho tratamiento
se circunscriba en todo momento a las previsiones y obligaciones derivadas de la
normativa reguladora del derecho a la protección de datos que resulte de
aplicación.
Sin embargo, en el ámbito de la Directiva 2016/680/UE este principio
presenta una serie de exigencias y connotaciones específicas que impiden
equipararlos plenamente. Y ello se debe en gran medida, al hecho de que no nos
situamos ante una norma que establezca un régimen jurídico garantista de
vocación general que deba comprender cualquier actividad dirigida al
tratamiento de datos, tal y como sucede con el RGPD, sino ante un régimen
excepcional referido exclusivamente al tratamiento asociado a las actividades
estatales vinculadas al sistema de represión penal, como acertadamente afirma
GALÁN MUÑOZ 16.
En concreto, es el art. 8 de la Directiva 2016/680/UE el que conceptúa y
configura a este principio rector. Y lo hace, obligando a los Estados miembros a

16 GALÁN MUÑOZ habla de una doble vía europea de protección de los datos
personales, distinguiendo entre “la vía garantista general, en orden a preservar ante la libre
circulación de datos personales, los derechos de información, acceso, rectificación, cancelación y
oposición; y, la vía excepcional o especial, la relacionada con la represión, la investigación y el
enjuiciamiento del delito, que requiere un tratamiento especial en cuanto se trata de medios de
investigación y obtención de fuentes probatorias preconstituidas y, en definitiva, de prueba de
cargo en orden a la imposición de consecuencias jurídicas sancionadoras de naturaleza penal”.
Vid. GALÁN MUÑOZ, A. La protección de datos de carácter personal en los tratamientos
destinados a la prevención, investigación y represión de delitos: hacia una nueva orientación de
la política criminal de la Unión Europea. En COLOMER HERNÁNDEZ, I. (dir.) La transmisión de
datos personales en el seno de la cooperación judicial penal y policial en la Unión Europea. Cizur Menor:
Aranzadi, 2015, pp. 43-44. En idéntico sentido, GONZÁLEZ CANO, M. I., Cesión y tratamiento
de datos personales en el proceso penal. Avances y retos inmediatos de la Directiva (UE)
2016/680. En Revista Brasileira de Direito Processual Penal, vol. 5, núm. 3, 2019, Brasil, p. 1363 y
SOLAR CALVO, P. La doble vía europea en protección de datos. En Diario La Ley, núm. 7832,
2012, España, p. 3.
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

que dispongan en su ordenamiento interno, que únicamente sea lícito “el


tratamiento en la medida en que sea necesario para la ejecución de una tarea
realizada por una autoridad competente, para los fines establecidos en el artículo
1, apartado 1 17, y esté basado en el Derecho de la Unión o del Estado miembro”.
Mandato que conecta y debe interpretarse a su vez con las directrices dispuestas
en su Considerando (11), que disponen que “Para que sea lícito, el tratamiento de
datos personales en virtud de la presente Directiva debe ser necesario para el
desempeño de una función de interés público llevada a cabo por una autoridad
competente en virtud del Derecho de la Unión o de un Estado miembro con fines
de prevención, investigación, detección o enjuiciamiento de infracciones penales
o de ejecución de sanciones penales, incluidas la protección y la prevención
frente a las amenazas para la seguridad pública” 18.
Así las cosas, la licitud del tratamiento de datos personales en el ámbito
penal va a depender de la verificación conjunta de tres factores imprescindibles:
1) la contribución del tratamiento a alguno de los fines de la Directiva, como
elemento teleológico; 2) la naturaleza del responsable, como factor subjetivo y; 3)
la habilitación legal de la autoridad para el tratamiento, como factor legitimador.
Dicho, en otros términos, el tratamiento de datos será lícito, en tanto se
circunscriba a alguno de los fines referidos al ámbito de aplicación de la Directiva
y se acometa por una autoridad competente habilitada legalmente para el
tratamiento de datos a tales efectos 19.
De este modo, la finalidad del tratamiento debe coincidir necesariamente
con alguna de las señaladas en el primero de los preceptos de la Directiva, y que
se relacionan con el ámbito penal y la seguridad pública, recordemos
nuevamente: la prevención, investigación, detección o enjuiciamiento de

17 Tales fines son, de acuerdo con dicho precepto, la “prevención, investigación, detección
o enjuiciamiento de infracciones penales o de ejecución de sanciones penales, incluidas la
protección y la prevención frente a las amenazas contra la seguridad pública”.
18 Puede rechazarse de plano que el consentimiento, en los términos exigidos en el RGPD,

pueda constituir un fundamento para el tratamiento por las autoridades competentes, pues como
reza el Considerando (35) de la Directiva: “En este caso, el consentimiento del interesado [según
se define en el Reglamento (UE) 2016/679] no constituye un fundamento jurídico para el
tratamiento de los datos personales por las autoridades competentes. El ejercicio de las funciones
de prevención, investigación, detección o enjuiciamiento de infracciones penales que la
legislación atribuye institucionalmente a las autoridades competentes permite a estas exigir u
ordenar a las personas físicas que atiendan a las solicitudes que se les dirijan. Cuando se exige al
interesado que cumpla una obligación jurídica, este no goza de verdadera libertad de elección,
por lo que no puede considerarse que su respuesta constituya una manifestación libre de su
voluntad”.
19 Véase que el mandato establecido en el art. 8 de la Directiva 2016/680/UE se ha

materializado en el art. 11 de la Ley Orgánica 7/2021, disponiéndose que “El tratamiento sólo será
lícito en la medida en que sea necesario para los fines señalados en el artículo 1 y se realice por
una autoridad competente en ejercicio de sus funciones”.
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

infracciones penales o de ejecución de sanciones penales, incluidas la protección


y la prevención frente a las amenazas contra la seguridad pública. Por tanto, se
exige del tratamiento que sea necesario o coadyuve a la consecución de alguno
de esto fines, o dicho de otro modo, que se lleve a cabo en el marco de alguna de
dichas actividades públicas, puesto que únicamente en tal medida, puede
colmarse la primera de las exigencias del principio de licitud.
Por otro lado, no puede obviarse, que todas y cada una de las actividades
que integran el ámbito de la Directiva, constituyen por sí mismas el ejercicio de
una función de interés público general, tal y como exige el precitado
Considerando (11) Directiva 2016/680/UE. Y ello porque contribuyen a la
consecución de intereses colectivos o supraindividuales 20 como la aplicación del
ius puniendi por el Estado y el mantenimiento de la libertad y seguridad
públicas 21.
El segundo de los requisitos de licitud lo constituye la identificación del
responsable con la de una autoridad competente, únicos sujetos legitimados para
tratar datos de carácter personal con alguno de los fines penales que abarca la
Directiva. De acuerdo con las definiciones dispuestas en el apartado 7º de su art.
3, tienen dicha consideración: las autoridades públicas competentes para alguno
de los fines del art. 1, así como cualquier otro órgano o entidad a quien el
Derecho del Estado miembro haya confiado el ejercicio de la autoridad pública y
las competencias públicas con alguno de los fines de la norma 22. Vista la primera

20 La jurisprudencia del TJUE ha declarado que la lucha contra el terrorismo y frente a


otros delitos especialmente graves para el mantenimiento de la paz y la seguridad son objetivo de
interés general de la Unión. En este sentido, las sentencias Tribunal de Justicia de la Unión
Europea, caso Kadi y Al Barakaat International Foundation/Consejo y Comisión (C‑402/05 P y
C‑415/05 P), 3 de septiembre de 2008, apartado 363, y caso Al-Aqsa/Consejo (C‑539/10 P y
C‑550/10 P), 15 de noviembre de 2012, apartado 130.
21 MORENO CATENA, V. y CORTÉS DOMÍNGUEZ, V. Derecho Procesal Penal. Valencia:

Tirant Lo Blanch, 2021, p. 13, consideran al “proceso penal como el instrumento último de la
política pública de seguridad y además como medio de reparación de las víctimas”. En idéntico
sentido, RÍO LABARTHE, G. El proceso penal. Funciones. En ASENSIO MELLADO, J. M. (dir.)
Derecho procesal penal. Valencia: Tirant Lo Blanch, 2020, p. 27. El TC sitúa a la persecución y
castigo del delito como bienes constitucionalmente protegibles y de interés público pues a través
de ellos “…se defienden otros como la paz social y la seguridad ciudadana. Bienes que
igualmente reconocidos en los arts. 10.1 y 104.1 CE. Al respecto las SSTC 292/2000 de 30 de
noviembre FJ 6º; 166/1999, de 27 de septiembre, FJ 2º; y 127/2000, de 16 de mayo, FJ 3º. El TJUE
también ha declarado que la lucha contra la delincuencia grave es esencial para garantizar la
seguridad pública y libertad garantizada en el art. 6 de la CDFUE. Véase la sentencia, caso
Tsakouridis (C‑145/09), de 23 de noviembre de 2010, apartados 46 y 47.
22 El art. 4 de la Ley Orgánica 7/2021 reputa como autoridades competentes a las Fuerzas

y Cuerpos de Seguridad; las Administraciones Penitenciarias; la Dirección Adjunta de Vigilancia


Aduanera de la Agencia Estatal de Administración Tributaria; al Servicio Ejecutivo de la
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datos de carácter personal y sus implicaciones en el
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definición y habida cuenta de su competencia para la investigación de los hechos


criminales en la fase de instrucción 23 y posterior enjuiciamiento y ejecución de
penas, es indiscutible que los órganos judiciales del orden penal pueden
reputarse como autoridades competentes a efectos de la Directiva. En cualquier
caso, tal catalogación se confirma expresamente, despejando cualquier duda que
pudiera suscitarse, en el segundo de los apartados del art. 4 de la Ley Orgánica
7/2021 24.
En último lugar, cabe examinar al último de los presupuestos que son
exigidos por la Directiva 2016/680/UE para determinar la licitud y que se
concreta en la reserva de ley habilitante para el tratamiento de datos. Es decir, la
exigencia de que la autoridad esté expresamente habilitada en el ordenamiento
interno para tratar datos de carácter personal con alguno de los fines amparados
por la Directiva. Requisito que viene motivado por la necesaria adecuación de
una medida restrictiva de derechos fundamentales a los cánones y parámetros de
proporcionalidad y necesariedad establecidos en la CDFUE y la jurisprudencia
del TEDH 25. Y es que no debe obviarse, que toda recogida y/o posterior
tratamiento de datos por una autoridad competente supone una injerencia en el
derecho a la vida privada de las personas y a la protección de sus datos de
carácter personal tal y como ha reiterado el TJUE en su jurisprudencia 26.

Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias y a la Comisión de


Vigilancia de Actividades de Financiación del Terrorismo.
23 Véase al respecto los apartados 1º y 2º del art. 303.1 LECrim, que encomiendan la

formación del sumario, a los jueces de instrucción. Tales preceptos deben ponerse en
correspondencia con las reglas de atribución de competencia establecidas en la LOPJ,
especialmente sus arts. 57, 61, 73.3, 87 y 87 ter. Únicamente en el ámbito del derecho penal del
menor, dicha labor corresponde al Ministerio Fiscal según lo previsto en la Ley Orgánica 5/2000.
24 Este reza que “También tendrán consideración de autoridades competentes las

Autoridades judiciales del orden jurisdiccional penal y el Ministerio Fiscal”.


25 FRÍAS MARTÍNEZ, E. Obtención de datos personales en procesos penales y

administrativos. En Diario La Ley, núm. 9404, 2019, España, explica que se trata de una
consecuencia de la exigencia plasmada en el art. 8.2 CEDH y que, en su virtud, “solamente podrá
haber recogida y tratamiento de datos en aquellos supuestos en los que exista una ley habilitante,
que se hagan para una investigación o con finalidad concreta y no prospectiva y sean
proporcionados a la misma”.
26 Las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, caso Schwarz (C‑291/12),

de 17 de octubre de 2013, apartado 25, y caso Digital Rights Ireland y otros (C‑293/12 y C‑594/12),
de 8 de abril de 2014, apartado 36, recogen la doctrina jurisprudencial por la que se considera que
se produce una injerencia los derechos a la protección de datos de carácter personal por el mero
hecho de que un responsable trate datos personales, y ello con independencia de la operación en
que consista éste, al expresar que “Dichas operaciones [comunicación, acceso, etc.] son asimismo
constitutivas de una injerencia en el derecho fundamental a la protección de datos de carácter
personal garantizado por el artículo 8 de la Carta, puesto que constituyen tratamientos de datos
de carácter personal”. Dicha doctrina se confirma de modo específico, en lo que respecta a las
autoridades competentes del orden penal en la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
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En el ámbito nacional, el fundamento legal primario que habilita a los


órganos judiciales para el tratamiento de datos de carácter personal se encuentra
implícito en el art. 117.3 CE 27, precepto que atribuye en exclusiva a los jueces y
magistrados el ejercicio de la potestad jurisdiccional, siendo el procesamiento de
datos una actividad inherente e inescindible de dicha función. No obstante, la
habilitación específica para el tratamiento de datos en el desarrollo de estas
funciones, y particularmente en lo que respecta al orden jurisdiccional penal, se
halla en los apartados 2º y 3º del art. 236 ter LOPJ. Preceptos que genéricamente
autorizan a los órganos judiciales del orden penal a tratar datos personales para
el ejercicio de las funciones y potestades encuadrables en dicho orden
jurisdiccional. No obstante, de modo adicional es posible localizar en la
legislación procesal, o incluso en otras leyes especiales del ordenamiento jurídico,
habilitaciones específicas para la utilización de ciertas categorías de datos,
principalmente, con motivo de la regulación de determinadas actuaciones
judiciales o medidas de investigación, que llevan aparejadas la aprehensión o
recogida de datos. Piénsese en todas aquellas medidas de investigación
limitativas de derechos fundamentales, especialmente las de índole tecnológica
introducidas por en la LECrim por la Ley Orgánica 14/2015, que fueron
incorporadas en sus arts. 588 bis a 588 octies, como son el registro de dispositivos
de almacenamiento masivo, la utilización de dispositivos de geolocalización para
el seguimiento o la cesión de datos de tráfico por los operadores de
comunicaciones electrónicas, medida cuya regulación se complementa con las
disposiciones establecidas en la Ley 25/2007, de 18 de octubre, de conservación
de datos relativos a las comunicaciones electrónicas y a las redes públicas de
comunicaciones.
En cualquier caso, debemos tener presente, que las habilitaciones
genéricas establecidas en favor de los órganos judiciales que legitiman la
obtención y uso de datos con fines penales, no amparan el procesamiento de
cualquier modalidad de dato de carácter personal. Al contrario, hay ciertas

Europea, caso Ministerio Fiscal (C‑207/16), 2 de octubre de 2018, en cuyo parágrafo 51 se expresa
que “En cuanto a la existencia de una injerencia en los derechos fundamentales, procede recordar
que (…) el acceso de las autoridades públicas a estos datos constituye una injerencia en el derecho
fundamental al respeto de la vida privada, consagrado en el artículo 7 de la Carta, incluso a falta
de circunstancias que permitan calificar esta injerencia de «grave» y sin que sea relevante que la
información relativa a la vida privada de que se trate tenga o no carácter sensible o que los
interesados hayan sufrido o no inconvenientes en razón de tal injerencia. Tal acceso también
constituye una injerencia en el derecho fundamental a la protección de los datos personales
garantizado por el artículo 8 de la Carta, puesto que constituye un tratamiento de datos
personales [véase, en este sentido, el Dictamen 1/15 (Acuerdo PNR UE-Canadá), de 26 de julio de
2017, EU:C:2017:592, apartados 124 y 126 y jurisprudencia citada]”.
27 DELGADO MARTÍN, J. Reflexiones sobre la protección de datos personales en la

Administración de Justicia. En Diario La Ley, núm. 9363, 2019, España, p. 4.


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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
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categorías de datos, que por su naturaleza y la especial capacidad que presentan


para revelar aspectos nucleares sobre la vida privada de las personas, requieren
que la autoridad competente, cuente con una base legal específica legitimadora
del tratamiento. Nos referimos a los denominados tradicionalmente como datos
sensibles o pertenecientes a categorías especiales, tal y como se denominan en la
más reciente legislación europea. Bajo esta denominación se encuadran, por
ejemplo, los datos que revelen el origen étnico o racial del interesado; sus
opiniones políticas, convicciones religiosas o filosóficas o la afiliación sindical; y
los datos genéticos y biométricos, y los relativos a la salud o a la vida sexual. La
utilización de estas modalidades de datos que gozan de una protección
privilegiada requiere ineludiblemente que la autoridad responsable cuente con
una autorización legal específica en el derecho interno para el uso específico de
tales datos, tal y como se menciona en el art. 10 de la Directiva 2016/680/UE y en
el art. 13.1 de la Ley Orgánica 13/2021 28. Por ello, la licitud del tratamiento de
datos de tal naturaleza por un órgano judicial, dependerá de que cuente con una
base con rango de ley que lo autorice expresamente a su tratamiento, de lo
contrario únicamente, podrá reputarse lícito cuando resulte necesario para
proteger los intereses vitales de una persona o cuando los datos se hubieran
hecho manifiestamente públicos por el interesado, como prevén los preceptos
previamente citados.

2.2 Principio de lealtad


Además de ser lícito, todo tratamiento de datos debe ser leal, esto es, ser
respetuoso con el principio de lealtad. Este presupuesto implica, en términos
generales, que el tratamiento debe efectuarse por el órgano judicial en
consonancia con las exigencias derivadas del principio general de la buena fe, al
que se encuentra íntimamente ligado.
Tales condicionantes repercutirán al tratamiento de datos personales
desde una doble perspectiva. En primera instancia, desde una posición subjetiva
que se traducirá en la necesaria confianza en la apariencia y en la ausencia de
dolo que deben resultar de la autoridad mientras se prolongue el tratamiento.
Ello implica que el interesado cuyos datos vayan a ser tratados debe esperar del
órgano judicial que toda su actuación se encamine a garantizar los principios,
derechos y garantías que la ley le reconoce 29. Ello se compadece con la función de

28 Ejemplos de dichas habilitaciones específicas las encontramos en el art. 16 de la Ley


41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y
obligaciones en materia de información y documentación clínica para el acceso al historial clínico
o en el art. 95.1 de la Ley General Tributaria, respecto a los datos con trascendencia fiscal que
conservan las Administraciones.
29 Muy expresiva de esta dimensión es el art. 6.1 de la Propuesta conjunta para la

redacción de estándares internacionales para la protección de la privacidad , en relación con el


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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
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garante de los derechos fundamentales que cumplen los jueces y magistrados,


especialmente durante la fase de instrucción.
En segundo lugar, el principio de la lealtad se manifiesta desde una
perspectiva objetiva en la observancia de unas reglas de conducta social que
imponen a la autoridad responsable un determinado comportamiento ético en su
relación jurídica con el interesado, en la que deberán destacar especialmente la
honradez y rectitud 30. Se trata, en definitiva, de evitar que la autoridad
responsable pueda ejecutar operaciones de tratamiento de datos personales a
espaldas del interesado, ya fuere de forma engañosa, prospectiva, clandestina,
subrepticia o encubierta. Al contrario, el principio de lealtad persigue que el
interesado deba tener constancia fehaciente, clara e inequívoca de que sus datos
van a ser tratados, para qué concretos fines y bajo qué condiciones 31, debiendo la
autoridad contribuir activamente a la consecución de este objetivo,
primordialmente a través del cumplimiento del deber de prestar información 32

tratamiento de datos de carácter personal, acogida favorablemente por la 31 Conferencia


Internacional de Autoridades de Protección de Datos y Privacidad celebrada el 5 de noviembre
de 2009 en Madrid, que en referencia a al principio de lealtad estableció que “Los tratamientos de
datos de carácter personal se deberán realizar de manera leal, respetando la legislación nacional
aplicable y los derechos y libertades de las personas, de conformidad con lo previsto en el
presente documento y con los fines y principios de la Declaración Universal de Derechos
Humanos y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos”.
30 Este aspecto objetivo de la buena fe se traduce en una exigencia de rectitud, lealtad y

honradez en el trato, que la ética social aprueba y considera como razonablemente exigibles. Por
tanto, la lealtad “debe presidir con carácter general la actuación individual del responsable del
fichero, siendo un parámetro objetivo que debe ser tenido en cuenta a la hora de valorar su
conducta respecto al cumplimiento de sus obligaciones”. Vid. ATAZ LÓPEZ, J. La buena fe
contractual. En Bercovitz RODRÍGUEZ-CANO, R., MORALEJO IMBERNÓN, N. y QUICIOS
MOLINA, M. S. (coord.) Tratado de los Contratos. Valencia, Tirant Lo Blanch 2009, p. 167. En el
mismo sentido PALMA ORTIGOSA, A. Principios relativos al tratamiento de datos personales
referencia 8, p. 49.
31 Esta dimensión informativa del principio de lealtad ha sido reconocida tanto por la

AEPD como por la jurisprudencia. Por ejemplo, en las resoluciones recaídas en los
procedimientos E/01490/2016, PS-00275-2016 y AAPP-00044-2015 la autoridad de control declaró
que el principio de lealtad “se encuentra en el prestar una información adecuada al afectado o
interesado, de forma que conozca el alcance real del consentimiento que presta”. Por su parte, la
sentencia de la Audiencia Nacional de 13 septiembre 2002, destacó que “(...) el tratamiento de
datos no debe ser solamente legal, sino también leal, e implícito en dicho deber de lealtad se
encuentra el de prestar una información adecuada al afectado o interesado, de forma que conozca
el alcance real del consentimiento que presta”.
32 Es patente que el principio de lealtad se encuentra inexorablemente vinculado al

derecho/deber de información, puesto que este es el medio principal por el que el interesado
adquiere constancia, no solo de la inminencia o preexistencia de un tratamiento de sus datos, sino
de sus características, fines, de las circunstancias del responsable y de los medios de
impugnación. Por ello, el Considerando (42) de la Directiva 2016/680/UE preceptúa que, a fin de
garantizar un tratamiento leal “Debe informarse al interesado, como mínimo, de lo siguiente: la
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completa y veraz en los términos planteados en el art. 13 de la Directiva


2016/680/UE y 21 Ley Orgánica 7/2021. Todo ello sin perjuicio de los supuestos
legalmente establecidos en que el órgano judicial pueda retrasar o limitar el
cumplimiento de dicho deber en aras de no perjudicar la investigación en curso.
Por lo expuesto, la lealtad se erige en un estándar jurídico de obligada
observancia a toda la actividad vinculada al tratamiento de datos llevada a cabo
por la autoridad judicial, implicando de manera genérica, que su propia
actuación tenderá a garantizar las exigencias derivadas del derecho a la
protección de datos en favor de los interesados 33, absteniéndose de efectuar
cualquiera de las actividades comprendidas en el tratamiento de datos
personales mediante prácticas engañosas, fraudulentas o ilícitas 34 o que puedan
generar un efecto negativo o injustificado 35.

3. Principio de limitación de la finalidad del tratamiento


El siguiente de los principios informadores vinculados al derecho a la
protección de datos es el denominado como principio de limitación de la
finalidad del tratamiento. Se trata de un principio esencial que podría calificarse
como la clave de bóveda del sistema protector del derecho a la protección de
datos. Se reconoce en el art. 4.1.b) de la Directiva 2016/680/UE y en el ámbito
interno ha sido transpuesto a través del art. 6.1.b) Ley Orgánica 7/2021 bajo la
fórmula: “Los datos personales serán recogidos con fines determinados,

identidad del responsable del tratamiento, la existencia de la operación de tratamiento, los fines
del tratamiento, el derecho a presentar una reclamación y el derecho a solicitar al responsable del
tratamiento el acceso a los datos personales, su rectificación o supresión, o la limitación de su
tratamiento (…) Además, en determinados casos y con el fin de permitir que ejerza sus derechos,
debe informarse al interesado de la base jurídica en la que se fundamenta el tratamiento y del
período durante el que se conservarán los datos, siempre que dicha información adicional resulte
necesaria y habida cuenta de las circunstancias concretas en que se produce el tratamiento de los
datos…”.
33 En sentido similar se pronuncia el art. 15.2 de los Estándares de Protección de Datos

para los Estados Iberoamericanos, al establecer que “el responsable tratará los datos personales
en su posesión privilegiando la protección de los intereses del titular y absteniéndose de tratar
éstos a través de medios engañosos o fraudulentos”. Asimismo, la LOPD y el RLOPD, prohibían
expresamente “la recogida de datos por medios fraudulentos, desleales o ilícitos” ex art. 4.7 y 8.1
respectivamente.
34 En sentido contrario, una actuación desleal, podría considerarse aquella seguida en el

tratamiento de datos personales que den lugar a una discriminación injusta o arbitraria contra los
titulares, como señala el criterio interpretativo incluido en el art. 15.1 de los Estándares de
Protección de Datos para los Estados Iberoamericanos.
35 PALMA ORTIGOSA, A. Principios relativos al tratamiento de datos personales…

referencia 8, p. 49, colige que de este precepto debe derivarse una actitud honesta y abierta del
responsable respecto a los datos que tratando de no causar efectos negativos en los interesados.
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
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explícitos y legítimos, y no serán tratados ulteriormente de manera incompatible


con dichos fines”.
Debe partirse de que la recogida de cualquier dato personal - ya sea
directamente del propio interesado o de otra fuente alternativa- y su posterior
tratamiento deben obedecer, necesariamente, a la consecución de uno o varios
fines perfectamente definidos. Es decir, el procesamiento de datos por la
autoridad judicial es viable cuando se constituya como condición indispensable –
ya sea principal o accesoria- para la obtención de un propósito circunscrito
necesariamente al ámbito de aplicación de la Ley Orgánica 7/2021. Por tal
motivo, se excluye la posibilidad de llevar a cabo la utilización de datos que no
contribuyan o coadyuven a la consecución de unos propósitos concretos, como
pudiera ser la mera acumulación gratuita o prospectiva de datos, actuaciones
vedadas igualmente por el principio de especialidad proclamado en el art. 588
bis a) LECrim.
El concepto teleológico de fines o finalidad que se contempla en la
Directiva 2016/680/UE – e igualmente en la Ley Orgánica 7/2021- adquiere en este
ámbito mayores connotaciones que el incorporado en el RGPD. Concretamente,
dicho concepto opera con dos sentidos distintos que resulta imprescindible
distinguir a efectos de dilucidar el alcance y efectos del principio rector. Por un
lado, podemos distinguir a los fines en sentido amplio, con los que se alude de
forma genérica a los fines de interés general y actividades propias de las
autoridades competentes que determinan el ámbito de aplicación de la Directiva.
Esto es, a los fines que son propios de las autoridades competentes en virtud de
las competencias genéricas que le son atribuidas ope legis y que sirven de
fundamento legal a la licitud del tratamiento, a saber: fines de prevención,
investigación, detección o enjuiciamiento de infracciones penales o de ejecución
de sanciones penales, incluidas la protección y la prevención frente a las
amenazas contra la seguridad pública.
Y de otro lado, los fines entendidos de forma específica o concreta. Es
decir, al particular cometido que desarrolla la autoridad responsable al que se
dirige el tratamiento de datos. Por ello, estos fines coincidirán con un concreto
delito o riesgo para la seguridad pública que se pretende prevenir, atajar,
investigar o enjuiciar. Pues bien, consideramos que es ésta última concepción del
término “fines” a la que se refiere necesariamente el principio de limitación de la
finalidad del tratamiento, pues es la única interpretación que resulta coherente
de un análisis sistemático de la Directiva y especialmente de sus objetivos 36.

36Esta diferenciación se deduce especialmente de los Considerando (26) y (29) en relación


con el art. 4.2 Directiva 2016/680/UE. Pues se observa como utiliza fines en sentido genérico y
fines específicos con distinto sentido. Uno para referirse a los fines previstos en ley y otra para los
fines específicos a los que obedezca el tratamiento por lo que deben determinarse con carácter
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
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Estando analizando en este trabajo, de modo específico el tratamiento de


datos por los órganos judiciales pertenecientes al orden penal, es posible
concretar que: cuando éstos procesen datos personales, lo harán exclusivamente
y en la medida en que sea necesario para la consecución de unos fines
específicos, que se enmarquen, a su vez, dentro de unos fines generales. Por
ejemplo, un Juzgado de Instrucción recopila y procesa datos para investigar
(fines generales) un delito de robo cometido por A.A.A. frente a B.B.B (fines
concretos). O un Juzgado de lo Penal recibe del Juzgado de Instrucción el
anterior expediente del delito de robo (fines concretos), para ser enjuiciado (fines
genéricos).
Si bien la atribución de la competencia a las autoridades para la
realización de los fines genéricos en los que se enmarca el tratamiento de datos se
prefijan a través de la ley, los fines concretos, se definen por la propia autoridad
competente, generalmente, con carácter previo a la hora de obtenerse los datos.
En el caso de los órganos judiciales mediante el dictado de la oportuna resolución
que bien incoa la fase de instrucción o bien mediante la resolución de apertura
del juicio oral. Fijados estos fines específicos, el tratamiento de los datos debe
someterse con exclusividad a los mismos, hasta el punto de erigirse en un límite,
a priori, infranqueable durante todo el ciclo de vida de los datos 37. Por
consiguiente, es imprescindible que el órgano judicial delimite de antemano y
con suficiente precisión, los fines a los que se destinaran los datos personales que
se requieran obtener durante la instrucción, hasta el punto de que dicha
determinación se erige en una suerte de autovinculación que impide, salvo bajo
determinadas circunstancias extraordinarias, alterar o extender el ámbito
finalista del tratamiento. Entre dichas causas, podemos señalar, por ejemplo, el
descubrimiento de delitos conexos a los inicialmente investigados o de hallazgos
casuales, pero al margen de estos supuestos, la mutación del destino de los datos
queda proscrita en virtud de dicho principio.
De lo anterior, se deriva la necesidad de que los fines a los que responda el
tratamiento sean explícitos, esto es que se expresen de una manera clara,
transparente, determinante, unívoca y que sean puestos en conocimiento del
interesado a través de los cauces informativos previstos –tanto en la legislación
procesal como en la sectorial de protección de datos-, sin que proceda la
persecución de otros fines encubiertos, solapados o ambiguos 38. Igualmente, y

previo a su recopilación. Debiendo ser adecuados y no excesivos, lo que exige una valoración
respecto a los fines específicos, no es posible ex ante, al menos en el plano penal, la delimitación
de los datos que pueden servir para la tramitación de un proceso penal, sino que dependerá en
exclusiva de las circunstancias y particularidades que resulten del asunto.
37 TRONCOSO REIGADA, A. El principio de calidad de los datos… referencia 4, p. 344.

38 Lo determinante es que al interesado no le queden dudas de la concreta y exacta

finalidad para la que se destinarán sus datos personales y que dará lugar al tratamiento, pues esta
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
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como regla complementaria y delimitadora de las anteriores, se exige que los


fines perseguidos por la autoridad judicial responsable respondan al principio de
legitimidad. Esto implica en primer lugar que los fines para los cuales se recaban
los datos personales deben ser lícitos, esto es, que la finalidad a la que se destinan
los datos debe estar amparada por la ley 39; y en segunda instancia, que la
autoridad debe estar legitimada para la realización de la misma 40. Por tanto, todo
tratamiento de datos cuya finalidad sea contraria a las normas o para la que no
esté amparada la autoridad será ilegítima y vulnerará el presente principio,
incluso, cuando los datos pudieran resultar adecuados a la finalidad.
Sin perjuicio lo anterior, lo cierto es que, el principio de limitación de la
finalidad habilita de forma directa y automática y sin requisito adicional a una
autoridad responsable a tratar datos para nuevos fines, cuando éstos no resulten
incompatibles con los previos. Véase como el precepto que proclama este
principio, prevé in fine que “[los datos] no serán tratados de forma incompatible
con esos fines”, máxima que, interpretada a sensu contrario, infiere su destino a
usos compatibles.
Bajo nuestro parecer, la compatibilidad resultará cuando la nueva finalidad
se utilice como complemento necesario a la finalidad originaria específica. Dicho
en otros términos, se reputa compatible el destino de los datos a las sucesivas
fases que integran el proceso penal, entendido éste en sentido lato. De este modo,
siempre que los datos se dediquen a nuevos fines de los generales plasmados en
el art. 1 de la Directiva 2016/680/UE, más vinculados, derivados y accesorios o
complementarios a los fines específicos existirá compatibilidad de usos. Por

claridad permite el ejercicio de las facultades de control y disposición con plenitud. PALMA
ORTIGOSA, A. Principios relativos al tratamiento de datos personales… referencia 8, p. 44. Por
tal motivo TRONCOSO REIGADA considera que es contraria a este principio la determinación
de finalidades vagas, inconcretas o excesivamente generales, aunque ésta fueran legítimas.
TRONCOSO REIGADA, A. El principio de calidad de los datos… referencia 4, p. 345. APARICIO
SALOM, clarifica esta concepción amplia de la finalidad, distinguiendo a la finalidad de las
actuaciones concretas que se desarrollen en ejecución de la actividad. APARICIO SALOM, J. La
calidad de los datos… referencia 1, p. 329.
39 El término ley deberá de ser interpretado en sentido amplio, como cualquier

disposición del ordenamiento jurídico que faculte, permita o ampare una concreta actividad para
la que se desarrolle el tratamiento de datos. Vid. PALMA ORTIGOSA, A. Principios relativos al
tratamiento de datos personales… referencia 8, p. 44. TRONCOSO REIGADA añade que para que
una finalidad sea legítima, debe de ajustarse en primer lugar a la Constitución y posteriormente a
la ley. VID. TRONCOSO REIGADA, A. El principio de calidad de los datos… referencia 4, p. 345
40 Legitimidad por tanto referida al sujeto respecto a los fines. TRONCOSO considera que

este requisito se cumpliría para personas jurídicas privadas si las finalidades de tratamiento de
datos se encuadran el objeto social o la actividad que desarrolla habitualmente, mientras que, en
el supuesto de los entes públicos, es imprescindible que la finalidad responda a una competencia
previamente otorgada por el ordenamiento, identificándose el principio de finalidad con los
principios de competencia y de reserva.
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

ejemplo, cuando los datos sean recopilados por una autoridad policial para la
investigación preprocesal, podrán ser cedidos al órgano judicial de instrucción
para el desarrollo de la instrucción y, a su vez, éstos podrán ser cedidos al
juzgado de lo Penal o Audiencia Provincial para el enjuiciamiento, para
finalmente ser comunicados al juzgado de Vigilancia Penitenciaria para la
ejecución de la pena. Puede verse como, a pesar de sucederse varias
comunicaciones de datos entre diferentes responsables y destinarse a varios fines
genéricos – investigación policial, investigación judicial, enjuiciamiento y
ejecución- todos ellos guardan relación con los fines específicos que dieron lugar
al tratamiento inicial en el ámbito de la Directiva. Sin embargo, cuando unos
datos fueron obtenidos inicialmente para la investigación o enjuiciamiento de
unos hechos específicos y, posteriormente se ceden por el órgano judicial a fin de
investigar o enjuiciar otros delitos ni siquiera conexos, se estaría produciendo un
tratamiento incompatible, no amparado por el principio de limitación de la
finalidad.
Ahora bien, la Ley Orgánica 7/2021 también establece excepciones de
carácter relativo a este límite, a fin de permitir a una autoridad competente o
incluso a una tercera, previa cesión, el tratamiento de los datos personales a otros
fines específicos. Es decir, datos personales que son procesados por una
autoridad competente para alguno de los fines de prevención, investigación,
detección o enjuiciamiento de infracciones penales o de ejecución de sanciones
penales, incluidas la protección y la prevención frente a las amenazas contra la
seguridad pública respecto a unos hechos delictivos específicos, podrán ser
destinados por esta a cualquiera de estos fines respecto a otros delitos o incluso
ser comunicados a una tercera autoridad para que actúe en tal sentido.
Posibilidad que también se contempla actualmente en los arts. 579 bis y 588 bis i)
LECrim para los datos obtenidos por órganos judiciales. Aquí pues, sí que nos
situamos ante una auténtica excepción al principio de finalidad, puesto que los
fines que motivan el tratamiento se expanden y mutan necesariamente en su
concepción específica, pudiendo afectar en el mismo sentido a su dimensión
genérica.
Ahora bien, a pesar del contenido de este último precepto, las autoridades
competentes no se encuentran legitimadas para ampliar o transmutar los fines
del tratamiento en cualquier caso en que consideren que puede resultar útil para
el ejercicio de las competencias que legalmente le sean atribuidas. La Directiva se
encarga expresamente de limitar estas actuaciones, imponiendo requisitos que
únicamente posibiliten la expansión del tratamiento cuando ello obedezca a
situaciones de necesidad justificadas y sometidas a criterios de proporcionalidad.
Por tanto, los señalados preceptos de la LECrim deben interpretarse conforme a
las reglas establecidas en la Directiva y Ley Orgánica 7/2021, al menos, cuando

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datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

los medios de investigación o de prueba que se pretenden ceder, consistan en


datos de carácter personal.
Es el art. 4.2 de la Directiva – y 6.3 de la Ley Orgánica 7/2021- el que establece
la regla excepcional al principio de limitación de la finalidad que permite a las
autoridades competentes que puedan destinar los datos, por sí mismas o a una
tercera, previa cesión, para su utilización en unos fines penales distintos y
desconectados de los que motivaron su uso. Es decir, lo que la normativa
legitima, es ni más ni menos, el empleo de datos que se recogieron a efectos de
ser utilizados con relación a un delito, con respecto a otro delito distinto. En
cualquier caso, para que esta cesión de datos se repute legítima, habida cuenta de
la pérdida de ineficacia que se deriva para el principio de limitación, se requiere
que concurran acumuladamente los siguientes requisitos.
En primer lugar, que la autoridad que dedique los datos a una nueva
finalidad esté legitimada, mediante ley, para desarrollar la actividad a la cual se
destinan los datos. Es decir, la legislación del Estado miembro debe atribuir el
ejercicio de competencias penales a la autoridad para el desarrollo de los fines
genéricos a los que se destinan y de la que se derive la necesidad de tratamiento
de datos 41. Por ejemplo, cuando con motivo de un hallazgo casual, un Juzgado de
Instrucción comunica los datos a otro órgano judicial de idéntica naturaleza, a
efectos de que se despliegue la investigación, es imprescindible, que el cesionario
de los datos esté legitimado por ley para la investigación del delito y, además,
ostente competencia. Tal exigencia deriva de la garantía de reserva de ley de
aquellas actividades que supongan una merma o limitación de aspectos
esenciales de un derecho fundamental, como sucede en este caso con el derecho a
la protección de datos.
En segundo lugar, el nuevo tratamiento pretendido debe ser necesario y
proporcionado con relación a los nuevos fines. Es decir, no basta entonces con
que la legislación atribuya a una autoridad la competencia genérica para ejercer
ciertas funciones vinculadas a alguno de los fines del art. 1.1 de la Directiva y que
exija, a su vez, el tratamiento de datos personales. Sino que atribuida ex lege la
competencia, el ejercicio puntual de ésta que abarque nuevos usos o cesiones
para finalidades distintas que se pretendan llevar a cabo, deberá superar
individualmente el estricto filtro de un juicio de proporcionalidad. Es decir, en el
ámbito que nos ocupa, cada cesión de datos para un nuevo uso, deberá ser
sometida ex ante por la autoridad cedente a un examen de adecuación a los
criterios de necesidad, proporcionalidad y aquellos otros condicionantes
adicionales que la legislación procesal pueda plantear.

4. Principio de minimización

41 Considerando (29) Directiva 2016/680/UE.


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datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

El principio de minimización 42 de los datos, se establece de forma idéntica


en los arts. 4.1c) Directiva 2016/680/UE y 6.1.c) de la Ley Orgánica. En su virtud,
los datos personales que se traten por una autoridad penal deben de ser
“adecuados, pertinentes y limitados a lo necesario en relación con los fines para
los que son tratados 43”. Como puede comprobarse, mediante este principio se
persigue minimizar, en la medida de lo posible, el número de datos personales
que se tratan con relación a una concreta finalidad. Por ello, la autoridad debe de
ceñirse, de modo estricto, a la recopilación y utilización de aquellos datos
imprescindibles que posibiliten lograr la finalidad perseguida. De esta manera, se
consigue reducir el riesgo de afección sobre aquella parcela de dato personales
superfluos que se evitan ser tratados 44. Se trata, por tanto, de una limitación que
afecta a la actividad que desarrolla la autoridad responsable, tanto a nivel
cuantitativo como cualitativo 45.
La primera regla que deben cumplir los datos personales que se utilicen
para un tratamiento de datos por mor de este principio básico del derecho a la
autodeterminación informativa son las de adecuación 46 y pertinencia 47.
Elementos que implican en primer lugar que los datos deben ser apropiados para
el tratamiento y además tener cierta relevancia 48 para el alcance del fin
perseguido respectivamente.

42 TRONCOSO REIGADA, A. El principio de calidad de los datos… referencia 4, p. 344 y


PUYOL MONTERO, J. Los principios del derecho a la protección de datos… referencia 5, p. 138,
denominan a este principio como de adecuación.
43 Dicha regla puede considerarse análoga a la de proporcionalidad prevista en la

derogada LOPD. Esta obligaba al responsable a que los datos fueran adecuados, pertinentes y no
excesivos en relación con la finalidad perseguida y el ámbito en el que se recabaron. En cambio, la
LORTAD aludía al principio de congruencia y racionalidad en su Exposición de Motivos, el cual
garantizaba que los datos solo pudieran ser usados cuando lo justificara la finalidad para la que
fueron recabados. Su observancia resultaba capital para evitar la difusión incontrolada de la
información y garantizar el poder de control de los interesados sobre sus datos.
44 Señala TRONCOSO REIGADA que mediante este principio se consigue frenar el

conocimiento excesivo sobre el interesado que es posible conseguir mediante el tratamiento de


sus datos, ya sea directamente o bien a través de técnicas avanzadas. Vid. TRONCOSO
REIGADA, A. El principio de calidad de los datos… referencia 4, p. 345.
45 En virtud del Considerando (26) Directiva 2016/680/UE, la limitación a lo necesario
debe ser evaluada tanto desde un punto de vista cuantitativo -volumen de datos-, como
cualitativo -categoría de datos-.
46 El concepto de adecuación se refiere a la eficacia del dato para conseguir la finalidad

fijada del tratamiento, es decir, un dato será adecuado, cuando sea estrictamente necesario. Vid.
PUYOL MONTERO, J. Los principios del derecho a la protección de datos… referencia 5, p. 138.
47 Los datos serán pertinentes, cuando su recolección se encuentre plenamente justificada,

en función de la naturaleza y la finalidad que se persigue por el tratamiento,


48 TRONCOSO REIGADA, A. El principio de calidad de los datos… referencia 4, pp. 343-

344 pone de relieve el debate doctrinal acerca del significado de estos subprincipios respecto al
principio de calidad. Así mientras LUCAS MURILLO mantiene que ambos son términos
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

En segundo lugar, este principio conculca que los datos personales que se
traten deben de limitarse a aquellos estrictamente necesarios en relación a los
fines para los que son tratados. Vemos como por razón de la aplicación de estas
máximas, los datos personales a tratar resultan restringidos fundamentalmente
por la estricta necesidad que marquen los fines perseguidos 49 por el responsable
del tratamiento, sin que sea posible exigir datos innecesarios o prescindibles, que
no aporten ninguna utilidad para alcanzar los fines del tratamiento o que puedan
ser sustituidos por otros menos invasivos. Por tanto, de no ser necesarios todo o
parte de los datos personales, debe evitarse su tratamiento, tal y como reseña el
Considerando 26 de la Directiva 2016/680/UE 50.
Así las cosas, en este momento histórico en el que el conocimiento, la
acumulación de información y la ágil accesibilidad a los datos personales de la
gran mayoría de los ciudadanos por el Estado constituye una realidad, limitar la
recolección de los datos a aquellos que vienen justificados por la necesidad y
pertinencia de la investigación o enjuiciamiento del delito, justifica que única y
exclusivamente se recopilen aquellos datos que sean imprescindibles para la
finalidad pretendida 51.

sinónimos con pequeños matices que aluden a la idoneidad de los datos para la finalidad del
tratamiento, mientras SÁNCHEZ BRAVO y HERRÁN ORTIZ, diferencian ambos elementos,
considerando que su enunciación conjunta no responde a un interés de reforzar una idea, sino
que a la necesidad de delimitar y definir realidades diferentes en relación con los datos
personales, indicando que la adecuación hace referencia a la conexión del dato con la finalidad,
mientras que la pertinencia con la exigencia de no solicitar más datos que los necesarios para
cumplir el objetivo, criterio éste último con el que nos identificamos, en analogía a los requisitos
de la prueba civil previstos en la Ley de Enjuiciamiento Civil. MURILLO DE LA CUEVA, P.
Informática y protección de datos personales. Madrid: CEC, 1993, p. 65; HERRÁN ORTIZ, A.I., La
violación de la intimidad en la protección de datos personales. Madrid: Dykinson, 1999, p. 243 y
SÁNCHEZ BRAVO, A. La protección del derecho a la libertad informática en la Unión Europea. Sevilla:
Universidad de Sevilla, 1998, p. 85.
49 Por tanto, es la finalidad del tratamiento la que posibilita saber si los datos a recabar se

ajustan a su logro desde el punto de vista de la causalidad, motivo por el que se convierte en el
elemento clave para determinar la pertinencia o no de los datos. Vid. TRONCOSO REIGADA, A.
El principio de calidad de los datos… referencia 4, p. 346.
50 Esta indica que “Los datos personales solo deberían ser objeto de tratamiento si la

finalidad del tratamiento no puede lograrse razonablemente por otros medios”.


51 Se establece, asimismo, junto a la adecuación y funcionalidad de los datos, una

prohibición de exceso de los datos personales. Ello implica que debe reducirse el número de
datos a tratar hasta el mínimo posible que permita seguir alcanzando la finalidad pretendida.
Igualmente, de entre todos los datos personales que sirvan al cumplimiento de una misma
finalidad, debe de optarse por el menos invasivo para la privacidad del interesado. Habida
cuenta del desarrollo de técnicas especialmente intrusivas para los ciudadanos, es por lo que se
exige en estos casos someter las opciones disponibles a un juicio de proporcionalidad de
conformidad con las asentadas reglas establecidas por nuestro Tribunal Constitucional en su STC
207/1996, de 16 de diciembre.
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

En el ámbito del proceso penal, y principalmente en su fase de instrucción,


dada su función recopiladora de medidas de investigación y fuentes de prueba
para la preparación del juicio, el cumplimiento de este principio va a exigir, que
en la medida de lo posible, el órgano judicial que pretenda obtener datos
personales necesarios, delimite y acote cuantitativa y cualitativamente, en la
medida de lo posible, siquiera relativamente o en base a ciertos criterios, la
información cuya obtención se requiere. Esta concreción deberá de definirse
necesariamente en la resolución judicial que acuerde la medida de investigación
consistente en la aprehensión o recogida de datos.
Más complejo resulta el cumplimiento de dicho principio en los supuestos
en los que se lleva a cabo una medida limitativa de derechos sobre soportes y
dispositivos que almacenen o conserven importantes cantidades de información
y datos de carácter personal, que impidan filtrar y discriminar, durante el propio
registro inicial, los que presentan relevancia para el proceso. En estos supuestos,
sería imprescindible articular en la Ley de Enjuiciamiento Criminal un
procedimiento posterior al registro, con intervención de las partes implicadas,
dirigida a determinar la información que debe ser objeto de expurgo por no
resultar pertinente ni útil para la investigación. De este modo se conseguiría un
mayor respeto al principio de adecuación y se evitaría, la acumulación gratuita
de datos en manos de las autoridades con la tentación de utilización para otros
fines distintos 52.

5. Principio de exactitud
Los arts. 4.1.d) Directiva 2016/680/UE y 6.1.d) Ley Orgánica 7/2021
proclaman el principio de exactitud 53, como regla cuya observancia coadyuva a

52 “La conservación de datos personales con una determinada finalidad despierta el deseo
de hacer uso de dichos datos con otros fines”. Con esta reveladora sentencia dio inicio el escrito
de conclusiones de la Abogada General del TJUE de fecha 18 de julio de 2007 relativas a la
cuestión prejudicial planteada por el Juzgado Mercantil núm.5 de Madrid en el caso Promusicae
contra Telefónica de España S.A.U. (C-275/06), y en la que se pone de relieve los riesgos que se
crean de la mera acumulación de datos de interesados.
53 Principio que ya se dispuso en el Convenio 108 del Consejo de Europa, al proclamar en

su art. 5.d) que los datos “serán exactos y si fuera necesario puestos al día”. La LORTAD, en su
art. 4.3 recogía el principio tal que así “Dichos datos serán exactos y puestos al día de forma que
respondan con veracidad a la situación real del afectado”, aunque sin precisar el momento al que
debía de referirse dicha situación. Por su parte, la Directiva 95/46/CE en términos similares a los
del RGPD y la Directiva 2016/680/UE, establecía en su art. 6.1.c) la obligación de los Estados de
disponer la obligación de que los datos personales fueren “exactos y, cuando sea necesario,
actualizados; deberán tomarse todas las medidas razonables para que los datos inexactos o
incompletos, con respecto a los fines para los que fueron recogidos o para los que fueron tratados
posteriormente, sean suprimidos o rectificados”. Y también la LOPD en los apartados 3º y 4º de
su art. 4 proclamaba a este principio bajo los siguientes términos: “Los datos de carácter personal
serán exactos y puestos al día de forma que respondan con veracidad a la situación actual del
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
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garantizar la calidad del dato 54. Ambos preceptos disponen que los datos
personales tratados deberán ser “exactos y, si fuera necesario, actualizados; se
habrán de adoptar todas las medidas razonables para que se supriman o
rectifiquen sin dilación los datos personales que sean inexactos con respecto a los
fines para los que son tratados”.
Esta regla, de la que se derivan varias implicaciones para la autoridad
judicial, acarrea en primer término, la necesidad de que los datos que recoja y
conserve en sus ficheros, con fines penales, sean en todo momento correctos 55 y/o
que respondan fidedignamente a la realidad del interesado. En segundo término
y como consecuencia de la anterior, que aquellos datos que por su propia
naturaleza o características sean susceptibles de modificación o variación, deban
de ser correctamente actualizados 56, si durante el curso del tratamiento son objeto
de cambio, para reflejar en todo momento la veracidad, especialmente, si de los
mismos se puede derivar alguna consecuencia jurídica.
De este modo, en caso de que los datos albergados en los ficheros no sean
exactos, bien por no reflejar la realidad o bien por haber variado el valor del dato,
la autoridad queda obligada a adoptar, sin dilaciones indebidas, todas las
medidas razonables que sean necesarias para suprimir o actualizar los datos.
Recaen, por tanto, en la autoridad judicial, las referidas tareas de control,
supervisión, supresión y actualización de los datos personales de los afectados,

afectado. 4. Si los datos de carácter personal registrados resultaran ser inexactos, en todo o en
parte, o incompletos, serán cancelados y sustituidos de oficio por los correspondientes datos
rectificados o completados, sin perjuicio de las facultades que a los afectados reconoce el artículo
16”. Siendo posteriormente desarrollado en el RLOPD, a través del apartado 5º de su art. 8
estableciendo que “Los datos de carácter personal serán exactos y puestos al día de forma que
respondan con veracidad a la situación actual del afectado. Si los datos fueran recogidos
directamente del afectado, se considerarán exactos los facilitados por éste. Si los datos de carácter
personal sometidos a tratamiento resultaran ser inexactos, en todo o en parte, o incompletos,
serán cancelados y sustituidos de oficio por los correspondientes datos rectificados o
completados en el plazo de diez días desde que se tuviese conocimiento de la inexactitud, salvo
que la legislación aplicable al fichero establezca un procedimiento o un plazo específico para ello
(…)”.
54 SANZ CALVO, L. Calidad de los datos. En LESMES SERRANO, C. (coord.) La Ley de

Protección de Datos. Análisis y Comentario de su Jurisprudencia. Valladolid: Lex Nova, 2008, p.


142.
55 El RGPD alude al término exacto, lo que hace referencia a lo puntual, fiel y cabal, en

relación con la realidad que el dato pretenda reflejar. Así, el dato es exacto cuando refleja lo que
el titular del mismo quiere reflejar y es reconocido por en idénticos términos por el responsable.
Vid. ABERASTURI GORRIÑO, U. Los principios de la protección de datos aplicados en la sanidad (tesis
doctoral). Bilbao: Universidad del País Vasco, 2011, p. 236.
56 El término actualizado, hace referencia a la correspondencia con el tiempo presente, por

lo que deben aludir a la realidad del tiempo en que se tratan. ABERASTURI GORRIÑO, U. Los
principios de la protección de datos aplicados en la sanidad (tesis doctoral)… referencia 55, p. 236.
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
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so pena de incumplimiento del principio de exactitud. Así las cosas, el


responsable deberá en su caso, corregir el dato inexacto si existe una
contradicción entre el registro conservado y realidad; actualizar el dato a su valor
actual si el mismo ha sufrido una variación o, en su caso suprimir radicalmente el
dato si no responde a la realidad y además no nos encontramos en ninguno de
los anteriores supuestos.
Ahora bien, en este punto, hay que hacer varias precisiones. En primer
lugar, se requiere diferenciar entre los datos obtenidos directamente del afectado
de los datos que se obtienen de terceros, fuentes accesibles al público y otras
autoridades. En el primero de los casos, dado que los datos a tratar son
entregados libre y directamente por el interesado a la autoridad, los mismos
pueden presumirse correctos y exactos, de forma análoga a la prevista en la Ley
Orgánica 3/2018 para el régimen general. En estos supuestos, la autoridad
judicial, no está obligada a llevar una verificación de los mismos, al menos
cuando se soporten mediante algún medio idóneo para sustentarlos. Tan solo
cuando se ponga de manifiesto por el propio interesado o a través de otro medio,
la inexactitud del fichero deberá proceder su actualización. Todo ello, sin
perjuicio de las facultades de control de la fiabilidad del dato que para este
ámbito se atribuyen a la autoridad en el art. 7 de la Directiva 2016/680/UE y 10 de
la Ley Orgánica 7/2021. De hecho, el primero de los apartados de este último
precepto, obliga a las autoridades, a distinguir, en la medida de lo posible, entre
los datos personales basados en hechos y los basados en apreciaciones
personales. Sin embargo, para los supuestos en que los datos se obtienen de otras
fuentes distintas del interesado, la autoridad deberá mostrar una especial
diligencia a la hora de realizar el precitado análisis de calidad, procurando
confirmar la realidad del dato y su fiabilidad objetiva.
Asimismo, como consecuencia de este principio, el art. 10 de la Ley
Orgánica 7/2021, también ordena que las autoridades competentes deben adoptar
cuantas medidas organizativas y técnicas razonables sean necesarias para
garantizar que aquellos datos que no reúnan las cualidades vinculadas a la
exactitud, esto es, que sean inexactos, incompletos o desactualizados, no sean
comunicados ni puestos a disposición de terceros. De hecho, se les exige que si
una vez consumada la transmisión de unos datos, se comprobara que los mismos
no eran correctos, por adolecer de alguno de los defectos señalados con
anterioridad, deberán de ponerlo en conocimiento inmediato del cesionario, con
el objeto de que, según proceda, se rectifiquen, se supriman o se limite su
tratamiento.
La anterior restricción de transmisión de datos no empece que aquellos no
sustentados en hechos objetivos, sino en valoraciones subjetivas, puedan cederse
a terceras autoridades. Para ello, además de cumplir con los requisitos ordinarios
que se exigen para la cesión de datos entre autoridades, se deberá de incorporar
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

una valoración sobre la calidad, exactitud y estado de actualización de estos. Y


ello con el fin de que la autoridad cesionaria pueda advertir el nivel de calidad y
fiabilidad de los datos que recibe. A tal fin, la autoridad cedente tendrá la
obligación, cuando ello sea factible, de controlar ex ante tales cualidades. No
obstante, bajo nuestro punto de vista, dicha valoración debería ser objeto de
transmisión, incluso en aquellas cesiones que tengan por objeto la cesión de datos
objetivos que sean susceptibles de alteración por cualquier razón y no presenten
un carácter puramente estático.
En conclusión, nos encontramos ante un principio esencial del derecho a la
protección de datos, que aunque no ha sido abordado muy extensamente por la
doctrina, es de especial relevancia, como ha destacado en algún pronunciamiento
la jurisprudencia de la Audiencia Nacional 57, por contribuir con su cumplimiento
la protección enérgica de los derechos del interesado, toda vez que su falta de
verificación puede afectar negativamente al interesado, acarreándole perjuicios o
inconvenientes de suma importancia, especialmente en determinados ámbitos 58.

6. Principio limitación del plazo de conservación


El principio de limitación del plazo de conservación 59 aparece regulado en
el art. 4.1.e) de la Directiva 2016/680/UE y 6.1.e) de la Ley Orgánica 7/2021. En el
primero de los preceptos, aparece formulado bajo la siguiente máxima: “Los
datos personales serán: mantenidos de forma que se permita la identificación de

57 España. Sentencia Audiencia Nacional de 28 de junio 2002, FJ 3º.


58 TRONCOSO REIGADA, A. El principio de calidad de los datos… referencia 4, p. 358.
59 Principio que también se previó por el Consejo de Europa en el Convenio 108 bajo su

art. 5.e) al precisar que los datos personales “se conservarán bajo una forma que permita la
identificación de las personas concernidas durante un período de tiempo que no exceda del
necesario”. La LORTAD, por su parte, lo introdujo en el ordenamiento español expresando que
los datos “no serán conservados en forma que permita la identificación del interesado durante un
período superior al necesario para los fines en base a los cuales hubieran sido recabados o
registrados”. Posteriormente, la Directiva 95/46/CE lo configuró determinando que los datos
“deberían ser conservados de forma que no permita la identificación de los interesados durante
un período no superior al necesario para los fines para los que fueron recogidos o para los que se
traten ulteriormente”, por lo que amplió la posibilidad de conservación más allá de la conclusión
del tratamiento inicial a otros tratamientos que eventualmente pudieran desarrollarse con
posterioridad. Asimismo, contempló la posibilidad de que dicho plazo se extendiera siempre que
se tomaran las medidas adecuadas de seguridad y el tratamiento a realizar tuviera finalidad
histórica, estadística o científica. La LOPD, siguiendo la senda de la norma a la que sucedió,
proclamó el principio en su art. 4.5 mediante una regla similar, estableciendo que “Los datos de
carácter personal serán cancelados cuando hayan dejado de ser necesarios o pertinentes para la
finalidad para la cual hubieran sido recabados o registrados. No serán conservados en forma que
permita la identificación del interesado durante un período superior al necesario para los fines en
base a los cuales hubieran sido recabados o registrados”.
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
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los interesados durante no más tiempo del necesario para los fines del
tratamiento de los datos personales” 60.
En virtud de dicho principio, la autoridad judicial responsable del
tratamiento debe de limitar de manera general el plazo de conservación de los
datos personales mantenidos en los ficheros por el plazo imprescindible para el
cumplimiento de la finalidad para la que fueron recogidos. Para conseguir tal
objetivo, se exige que la autoridad competente establezca de antemano los plazos
previstos o previsibles para su supresión, de acuerdo a los criterios adecuados
para ello. Esta delimitación temporal, a pesar de que consta como elemento del
derecho de información y debe ser comunicada al interesado cuando los datos
son recogidos, no exige en todo caso una concreción ab initio exacta y perfecta del
plazo por el que los datos van a ser tratados. Por ejemplo, el art. 8 de la Ley
Orgánica 7/2021, sin prever plazos concretos o máximos de conservación,
dispone la obligación de las autoridades de conservar los datos únicamente
durante el tiempo necesario para cumplir los fines penales que estén
desarrollando. Y es que, en el ámbito del proceso penal, no resulta controvertido
que no es posible prefijar los plazos de supresión de forma general con relación a
cifras temporales cuantitativas, habida cuenta de la contingencia e incertidumbre
en la duración y alcance del desarrollo de éstos. Y es que, aunque el art. 324
LECrim establezca un plazo máximo de instrucción, ésta puede ser objeto de
prórroga, no existen plazos para la celebración del juicio oral y los posibles
medios de impugnación existentes al alcance de las partes impiden determinar
plazos temporales concretos.
Por ello, únicamente en el caso de que se pueda prever con certeza el
mismo con anterioridad a acometer el tratamiento será necesaria su
determinación precisa. Lo habitual, siendo regla igualmente válida a los efectos
de cumplimiento de este principio, es que el responsable en cambio sí pueda
determinar este periodo relativamente atendiendo a alguna circunstancia o
exigencia legal. Así, en el ámbito de la Directiva 2016/680/UE, dichos plazos
coinciden con el tiempo establecido en la legislación que obligue a conservar
determinada información durante un concreto periodo 61 o el plazo de

60 En la Ley Orgánica 7/2021, se recoge bajo una redacción distinta, aunque con idéntico
alcance: “Los datos personales serán conservados de forma que permitan identificar al interesado
durante un período no superior al necesario para los fines para los que son tratados”.
61 Piénsese por ejemplo en las exigencias de conservación de los datos de tráfico y

localización de las comunicaciones electrónicas a las que se someten los operadores de


telecomunicaciones en virtud de lo dispuesto en la Ley 25/2007, de 18 de octubre, de conservación
de datos relativos a las comunicaciones electrónicas y a las redes públicas de comunicaciones, las
previstas en la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y
de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica referidas a la
historia clínica o las derivadas de la normativa fiscal y de prevención del blanqueo de capitales.
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
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prescripción o caducidad 62 de las eventuales acciones que contemple el


ordenamiento para la relación de la que subyace al tratamiento.
No obstante, lo anterior, sin perjuicio de que pueda extenderse la
conservación de los datos personales en previsión del cumplimiento de aspectos
secundarios o accesorios de los fines principales, por aplicación de este principio,
los datos que sucesivamente vayan dejando de ser adecuados y pertinentes para
la conclusión de aquellos que permanecen, no deberán seguir siendo
conservados, lo que implica la obligación de la autoridad de proceder a su
borrado definitivo. En caso contrario, es decir en todos aquellos supuestos en los
que sea viable, siquiera relativamente mediante la aplicación de algún criterio
predefinido, establecer dichos plazos de antemano por cualquier razón que
impida determinar precisamente el periodo en que se prolongará el tratamiento,
se hace necesaria que el responsable del tratamiento efectúe revisiones periódicas
de los datos almacenados, con el objetivo de que aquellos datos que se
compruebe que han devenido innecesarios para la finalidad dejen de ser
conservados de forma que permitan la identificación de su titular.
En el ámbito aplicativo de la Directiva 2016/680/UE, dicha obligación se ha
incorporado en el art. 8.2 de la Ley Orgánica 7/2021 disponiendo la necesariedad
de revisar, cada tres años, a lo sumo, y si fuere posible mediante tratamientos
automatizados, la necesidad de conservar, limitar o suprimir el conjunto de los
datos personales contenidos en cada una de las actividades de tratamiento que
ejecutan. Para lo cual deben atender a factores como la edad del afectado, el
carácter de los datos y a la conclusión de una investigación o procedimiento
penal.
La aplicación de este principio se complementa con una exigencia lógica y
consecuente, que no puede ser otra que la obligación de la autoridad responsable
del tratamiento de suprimir los datos personales una vez que han cumplido su
función. Ciertamente, al contrario de lo que hiciera la derogada LOPD en su art.
4.5 al disponer que “Los datos de carácter personal serán cancelados cuando
hayan dejado de ser necesarios o pertinentes para la finalidad para la cual
hubieran sido recabados o registrados”, ni la Directiva 2016/680/UE ni la Ley

Troncoso precisa que el señalamiento de plazos es habitual en el ámbito del derecho


administrativo, echando en falta la existencia de una norma que establezca plazos de
conservación general de la información que fije los criterios de archivo y los procedimientos de
expurgo. TRONCOSO REIGADA, A. El principio de calidad de los datos… referencia 4, p. 385.
62 PUYOL MONTERO expresa que la conservación de los datos siempre ha sido un tema

polémico en función de la discrepancia existente entre los plazos que cubren las
responsabilidades derivadas del propio tratamiento de los mismos, de aquellos que se vinculan a
la prescripción de las acciones derivadas del negocio jurídico subyacente, sobre la base del cual se
han recolectado dichos datos. PUYOL MONTERO, J. Los principios del derecho a la protección
de datos… referencia 5, p. 139.
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
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Orgánica 7/2021 prevén una regla análoga. En todo caso, la misma es posible
deducirla de la lectura de los diferentes supuestos enumerados en 16.2 de la
Directiva 2016/680/UE –23.2 de la Ley Orgánica 7/2021-, coincidentes con los
casos en los que encaja la aplicación del derecho de supresión, en los que se
encuentra implícita.
No obstante, lo anterior, debemos señalar que en la LECrim es posible
encontrar ciertos plazos de naturaleza relativa que condicionan la limitación de
la conservación de los datos. En particular, es el art. 588 bis k) LECrim el
destinado a reglamentar la destrucción de registros, si bien, su aplicación se
circunscribe prima facie, a los datos e información obtenidos a través de
diligencias de investigación tecnológica. Sin perjuicio de que su aplicación pueda
extenderse a la totalidad de los datos obrantes en un expediente, sería
imprescindible, en aras de garantizar la seguridad jurídica y una aplicación
efectiva de dicho principio, la introducción de una regulación específica de
alcance general a cualquier dato, con independencia de la fuente de origen.
Este precepto, establece que una vez que se ponga término al
procedimiento mediante resolución firme, se ordenará el borrado y eliminación
de los registros originales que puedan constar en los sistemas electrónicos e
informáticos utilizados en la ejecución de la medida, que habitualmente
coincidirán con los de la Policía Judicial. Y ello sin perjuicio de que se conserve
una copia bajo la custodia del Letrado de la Administración de Justicia. Dichas
copias, serán igualmente destruidas, cuando hayan transcurrido cinco años
desde que la pena se haya ejecutado o cuando el delito o la pena hayan prescrito
o se haya decretado el sobreseimiento libre o haya recaído sentencia absolutoria
firme respecto del investigado, siempre que no fuera precisa su conservación a
juicio del Tribunal.
En cualquier caso, para los casos en que dicha supresión no se lleve a cabo
en los plazos estipulados o se prorrogue su cancelación, el art. 8.3 de la Ley
Orgánica 7/2021 establece un plazo máximo absoluto y terminante de veinte
años, que, en principio, no debe sobrepasarse. No obstante, éste pierde su
carácter de plazo propio, al preverse ciertas causas que permiten la extensión del
mismo, como, por ejemplo, que se incorporen en una causa abierta o se vinculen
a un delito no prescrito o cuya ejecutoria no ha concluido. En cualquier caso, lo
cierto es que acudir a dichos plazos máximos, debe ser en todo caso la excepción,
al menos en el ámbito penal, debiendo entrar en juego rotundamente la regla
general de operatividad del principio de limitación de la conservación, por el
cual deben ser suprimidos los datos en los plazos marcados por la LECrim.

7. Principios de integridad y confidencialidad

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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

La consagración de la integridad y confidencialidad – o seguridad 63- de los


datos como auténticos principios informadores 64 del derecho a la protección de
datos ha venido de la mano del nuevo paquete legislativo de protección de datos
aprobado por la Unión Europea en 2016. Tanto la Directiva 2016/680/UE, como la
Ley Orgánica 7/2021 como ley de transposición, preceptúan que los datos
personales deben ser “tratados de tal manera que se garantice una seguridad
adecuada, incluida la protección contra el tratamiento no autorizado o ilícito y
contra su pérdida, destrucción o daño accidental, mediante la aplicación de
medidas técnicas u organizativas apropiadas” 65.
De sendos principios dimana la obligación de la autoridad competente de
dotar a los ficheros y a los sistemas – manuales o automatizados- utilizados en la
organización para el desarrollo y ejecución de las actividades vinculadas al
tratamiento, de una protección suficientemente adecuada para garantizar la
seguridad de los datos personales que se conservan en sus ficheros 66. No es

63 Como era denominado dicho principio en la Directiva 95/46/CE y la LOPD.


64 La seguridad –tal y como se denominaba a la integridad y confidencialidad- se
configuraba en la antigua Directiva 95/46/CE no directamente como principio, sino como un
elemento condicionante de las actividades y sistemas vinculados al tratamiento de los datos del
responsable. En cambio, la LOPD sí reconocía a ambos elementos como auténticos principios, al
encuadrarlos bajo su Título II dedicado a la regulación de éstos. Muestra de ello es el
pronunciamiento de la Audiencia Nacional, en su sentencia de fecha 09/05/2008, cuyo
Fundamento de Derecho 2º comienza diciendo: “El art. 10 de la LOPD regula de forma
individualizada el deber de secreto de quienes tratan datos personales, dentro del título dedicado
a los principios de protección de datos, lo que refleja la gran importancia que el legislador
atribuye al mismo”.
65 Puede apreciarse la incidencia del Convenio 108 en la redacción de este principio, toda

vez que en su art. 7, se reconocía a la seguridad de los datos como principio básico,
estableciéndose al efecto que “Se tomarán medidas de seguridad apropiadas para la protección
de datos de carácter personal registrados en ficheros automatizados contra la destrucción
accidental o no autorizada, o la pérdida accidental, así como contra el acceso, la modificación o la
difusión no autorizados”.
66 El concepto de seguridad aplicado a un sistema de información, tal y como puede

entenderse un fichero a efectos de la normativa de protección de datos, se describe en el Real


Decreto 311/2022, de 3 de mayo, por el que se regula el Esquema Nacional de Seguridad, como
“la capacidad de las redes o de los sistemas de información para resistir, con un determinado
nivel de confianza, los accidentes o acciones ilícitas o malintencionadas que comprometan la
disponibilidad, autenticidad, integridad y confidencialidad de los datos almacenados o
transmitidos y de los servicios que dichas redes y sistemas ofrecen o hacen accesibles”. Concepto
que a su vez se conforma de cuatro dimensiones diferenciadas: la disponibilidad, propiedad o
característica de los activos consistente en que las entidades o procesos autorizados tienen acceso
a los mismos cuando lo requieren; la integridad, propiedad o característica consistente en que el
activo de información no ha sido alterado de manera no autorizada; la confidencialidad,
propiedad o característica consistente en que la información ni se pone a disposición, ni se revela
a individuos, entidades o procesos no autorizados y la autenticidad, propiedad o característica
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

posible obviar que de la existencia de brechas y fisuras de seguridad en la


organización y en los sistemas de tratamiento de datos deriva en un riesgo para
los derechos y libertades de las personas físicas cuya gravedad y probabilidad
dependerá de la naturaleza, el alcance, el contexto y los fines del tratamiento de
datos.
Por tal razón, a todo el sistema de protección de datos se le deben de
aplicar las medidas de naturaleza técnica y organizativa apropiadas 67 que
permitan garantizar en todo momento 68 la integridad 69 y la confidencialidad de
los datos 70, debiendo evitarse específicamente supuestos tales como el

consistente en que una entidad es quien dice ser o bien que garantiza la fuente de la que proceden
los datos.
67 Obligación que se recoge en el art. 29 Directiva 2016/680/UE para autoridades

competentes, cuando precisa que “… teniendo en cuenta el estado de la técnica y los costes de
aplicación, y la naturaleza, el alcance, el contexto y los fines del tratamiento, así como el riesgo de
probabilidad y gravedad variables para los derechos y libertades de las personas físicas, apliquen
medidas técnicas y organizativas apropiadas para garantizar un nivel de seguridad adecuado al
riesgo, sobre todo en lo que se refiere al tratamiento de las categorías especiales de datos
personales previstas en el artículo 10”. En mismo sentido se pronunciaba el art. 17 de la Directiva
95/46/CE, cuando requería la “aplicación de las medidas técnicas y de organización adecuadas,
para la protección de los datos personales contra la destrucción, accidental o ilícita, la perdida
accidental y contra la alteración, la difusión o el acceso no autorizados, en particular cuando el
tratamiento incluya la transmisión de datos dentro de una red, y contra cualquier otro
tratamiento ilícito de datos personales”. La LOPD también preceptuaba en su art. 9.1 que “El
responsable del fichero, y, en su caso, el encargado del tratamiento deberán adoptar las medidas
de índole técnica y organizativas necesarias que garanticen la seguridad de los datos de carácter
personal y eviten su alteración, pérdida, tratamiento o acceso no autorizado, habida cuenta del
estado de la tecnología, la naturaleza de los datos almacenados y los riesgos a que están
expuestos, ya provengan de la acción humana o del medio físico o natural”.
68 La legislación europea persigue que la seguridad se garantice incluso con carácter

previo al comienzo del tratamiento, por tal motivo, establece como una de sus prioridades en
cuanto a las medidas de seguridad, el cumplimiento ab initio de los principios de protección de
datos desde el diseño y por defecto que se plasman en el art. 20 Directiva 2016/680/UE, que
colaboran en la minimización de uso de datos y de los riesgos.
69 Por integridad de un dato se debe entender el atributo o cualidad que permite

considerar a la información como exacta, completa, homogénea, sólida y coherente, con la


intención de los creadores del fichero. Esto es, los datos serán íntegros cuando mantenga las
características de completitud y corrección. Esta cualidad, que va ligada al propio dato y no al
lugar donde se almacena, se obtiene cuando se impide eficazmente que el contenido de un fichero
se vea accidental o intencionalmente modificado, en base a su propio contenido o con ayuda de la
inserción de nuevo o destruido total o parcialmente. Vid. MAGERIT versión 3: Metodología de
Análisis y Gestión de Riesgos de los Sistemas de Información. Ministerio de Hacienda y
Administraciones Públicas, octubre 2012.
70 Por confidencialidad, se debe entender la situación que permite acceder a un

determinado dato de un fichero exclusivamente a la o las personas autorizadas para ello en


función del cargo o puesto que desempeñan. La confidencialidad se rompe al acceder un tercero
sin legitimación ni autorización por razón del cargo que desempeña, sea de manera voluntaria
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tratamiento de datos no autorizado o ilícito, la pérdida accidental y el daño o


destrucción de éstos.
Hasta la entrada en vigor del paquete legislativo de protección de datos,
las concretas medidas técnicas y organizativas que debían de implantarse por el
responsable del tratamiento en su organización se determinaban por vía
reglamentaria en el RLOPD 71, estableciéndose al efecto tres niveles diferenciados
de protección, a aplicar, según el grado de sensibilidad que presentaran los datos
personales objeto de tratamiento. No obstante, esta situación se ha visto alterada
en el régimen vigente a raíz de la introducción del principio de responsabilidad
activa o proactividad que será analizado en el epígrafe siguiente. Actualmente,
de acuerdo con lo estipulado en los arts. 29 Directiva 2016/680/UE – art. 37 de la
Ley Orgánica 7/2021 -, se obliga a los responsables y encargados del tratamiento,
previa evaluación de los riesgos inherentes al tratamiento, especialmente para los
derechos y libertades fundamentales, a adoptar aquellas medidas técnicas y
organizativas necesarias para garantizar la integridad y confidencialidad de los
datos, si bien facultándolos para que ellos mismos puedan seleccionar las que
consideren oportunas, con la única condición de que sea apropiadas, adecuadas
y suficientes para tales fines y se muestren respetuosas con los demás principios
y obligaciones de la normativa y, muy especialmente, con los derechos y
libertades de los interesados. Y es por este giro en la delegación de la capacidad
de decidir del responsable sobre las concretas medidas de seguridad a adoptar,

por haber vulnerado las medidas de seguridad establecidas al efecto o involuntaria por no
haberse establecido aquellas. Vid. MAGERIT versión 3: Metodología de Análisis y Gestión de
Riesgos de los Sistemas de Información. Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas,
octubre 2012.
71 El régimen de las medidas de seguridad aplicables a los sistemas de tratamiento de

datos se establecía anteriormente en el Título VIII del RLOPD, desarrollándose en sus arts. 79 a
114. Este marco clasificaba en tres niveles – bajo, medio y alto – las medidas de seguridad
exigidas a los ficheros, enumerando las diferentes reglas que serían de aplicación a cada nivel
diferenciando a su vez entre los ficheros manuales y los automatizados, y cuya aplicación era
acumulativa, según se iba ascendiendo de categoría. De modo que a los ficheros que exigían una
protección más elevada, se le aplicaban conjuntamente las medidas de los niveles alto, medio y
bajo, mientas a los que merecían una protección más leve, tan solo se les deberían aplicar las de
nivel bajo, ex art. 81 RLOPD. Aunque actualmente el marco dispuesto en el RLOPD no es
directamente aplicable, constituye un elemento esencial para la guía y orientación de
responsables en cuanto a la adopción de medidas en la organización. Vid. RIBAGORDA
GARNACHO, A. Las medidas de seguridad en el Reglamento de desarrollo de la Ley Orgánica
15/1999 de Protección de Datos de Carácter Personal: Título II. Principios de la Protección de
Datos. Artículo 9. en TRONCOSO REIGADA, A. (dir.) Comentario a la Ley Orgánica de Protección de
Datos de Carácter Personal. Madrid: Civitas, 2010, pp. 735-761 y MARTÍNEZ MARTÍNEZ, R. Las
medidas de seguridad. En MARTÍNEZ MARTÍNEZ, R. (coord.), Protección de datos: comentarios a
la LOPD y su reglamento de desarrollo. Valencia: Tirant lo Blanch, 2009, pp. 89-119.
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
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por lo que recae en éste la carga de demostrar su adecuación a la salvaguarda de


seguridad del tratamiento de los datos personales.
No obstante, en el ámbito de aplicación de la Directiva 2016/680/UE,
habida cuenta del desarrollo de una función eminentemente pública, como es la
jurisdiccional, la libertad de maniobra de los órganos judiciales, en tanto
responsables, no es tal, sino que viene establecida reglamentariamente por el
Esquema Nacional de Seguridad y particularmente por el Esquema judicial de
interoperabilidad y seguridad. En estas normas técnicas, se compaginan toda una
serie de objetivos o medidas de obligada consecución o implantación que se
relacionan en los preceptos mencionados. Dicha distinción con el ámbito general
obedece, sin duda alguna, al reforzamiento de las garantías que requieren la
naturaleza de los datos y la propia actividad a la que se vincula el tratamiento, en
la que la cadena de custodia, la trazabilidad de las operaciones y la seguridad se
erigen elementos esenciales, incluso para garantizar la validez de las fuentes de
prueba que se pretendan practicar. Para este ámbito, en particular, la Ley
Orgánica 7/2021, exige en su art. 37 que las autoridades competentes garanticen
la implantación, cuanto menos, de las siguientes medidas orientadas a la
seguridad:
a) Control de acceso a los equipamientos, a fin de denegar el acceso
a personas no autorizadas a los equipamientos utilizados para el
tratamiento.
b) Control de los soportes de datos, a fin de impedir que estos
puedan ser leídos, copiados, modificados o cancelados por personas no
autorizadas.
c) Control del almacenamiento, a fin de impedir que se introduzcan
sin autorización datos personales, o que estos puedan inspeccionarse,
modificarse o suprimirse sin autorización.
d) Control de los usuarios, a fin impedir que los sistemas de
tratamiento automatizado puedan ser utilizados por personas no
autorizadas por medio de instalaciones de transmisión de datos.
e) Control del acceso a los datos, con el objeto de garantizar que las
personas autorizadas a utilizar un sistema de tratamiento automatizado,
sólo puedan tener acceso a los datos personales para los que han sido
autorizados.
f) Control de la transmisión, en aras de garantizar que sea posible
verificar y establecer a qué organismos se han transmitido o pueden
transmitirse, o a cuya disposición pueden ponerse los datos personales
mediante equipamientos de comunicación de datos.
g) Control de la introducción, para garantizar que pueda verificarse
y constatarse, a posteriori, qué datos personales se han introducido en los

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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

sistemas de tratamiento automatizado, en qué momento y quién los ha


introducido.
h) Control del transporte, con miras a impedir que durante las
transferencias de datos personales o durante el transporte de soportes de
datos, los datos personales puedan ser leídos, copiados, modificados o
suprimidos sin autorización.
i) Control de restablecimiento, al objeto de garantizar que los
sistemas instalados puedan restablecerse en caso de interrupción.
j) Control de fiabilidad e integridad, con la finalidad de garantizar
que las funciones del sistema no presenten defectos, que los errores de
funcionamiento sean señalados y que los datos personales almacenados no
se degraden por fallos de funcionamiento del sistema.

Como puede comprobarse, la aplicación de las medidas de seguridad y


control que se establecen en pos de asegurar la integridad y confidencialidad de
los datos obrantes en los ficheros jurisdiccionales no se circunscriben únicamente
a los elementos materiales que conforman los sistemas de tratamiento, sino que
se extienden igualmente a las personas que tienen acceso o que intervienen
activamente de cualquier modo en actividades que conlleven aparejado
inexorablemente un tratamiento de datos personales. Por tal motivo, la
normativa exige igualmente al responsable que extienda la adopción de medidas
de seguridad que tiendan a garantizar que de entre los sujetos que se hallen bajo
su autoridad, únicamente puedan tratar datos personales aquellos que se señalen
y exclusivamente de acuerdo a las instrucciones y directrices que imparta 72.
En todo caso, con relación a este principio es imprescindible recordar que
la provisión de medios materiales y personales, y por tanto de los medios
tecnológicos adecuados para el tratamiento de los datos personales, no depende
de los propios órganos judiciales, ni de sus titulares, a pesar de tener la condición
de autoridades competentes. Al contrario, éstos son suministrados por las
denominadas Administraciones prestacionales 73. Por tanto, son éstas, como
encargadas del tratamiento, las que deben asegurar el cumplimiento de las
obligaciones en materia de tratamiento y protección de datos personales,
especialmente, en lo que se refiere al tratamiento que se lleva a cabo por medios
y sistemas electrónicos, totalmente automatizado. Ello sin perjuicio de, tal y como
prevé el art. 236 sexies LOPJ en su apartado 3º, que el Ministerio de Justicia,

72 Con esta exigencia se trata, en definitiva, de conseguir la acomodación de la forma en


que los funcionarios integrados en los Juzgados realizan sus funciones acorde exigencias que
resultan de las medidas técnicas y organizativas implantadas, para asegurar el mantenimiento de
la confidencialidad y seguridad de los datos personales.
73 Arts. 236 sexies 1º y 2º LOPJ.

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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

previo informe del Consejo General del Poder Judicial, elabore códigos de
conducta destinados a contribuir a la correcta aplicación de la normativa de
protección de datos personales en la oficina judicial, adecuando los principios de
la normativa general a los propios de la regulación procesal y organización que
resultan aplicables a los órganos judiciales.

8. Principio de responsabilidad activa o proactividad


Como colofón a los principios rectores vinculados al tratamiento de datos,
el legislador europeo ha introducido ex novo al principio responsabilidad activa o
proactividad 74, que se recoge en los arts. 4.4 75 Directiva 2016/680/UE y art. 6.5 Ley
Orgánica 7/2021. Dicho principio puede, además, considerarse como una de las
grandes novedades en la materia, por provocar un giro copernicano en cuanto al
sistema de responsabilidad al que se sujetan las autoridades intervinientes en el
tratamiento 76. Éste se proclama bajo la siguiente consigna: “El responsable del

74 Los términos de responsabilidad activa o proactividad -tal y como ha sido señalado


mayoritariamente por la doctrina- han sido los vocablos utilizados para la trasposición al
castellano del término anglosajón accountability, que es el concepto al que alude el legislador
europeo para definir a tal principio. Véase ALBERTO GONZÁLEZ, P., Responsabilidad proactiva en
los tratamientos masivos de datos. En Dilemata, núm. 24, 2017, España, p. 120 y MARTÍNEZ
MARTÍNEZ, R. Diligencia y responsabilidad en protección de datos: la llamada accountability [en línea].
El Derecho, 2019. Éste último autor considera que los vocablos por los que se ha trasladado el
término accountability al castellano no acaban de reflejar la riqueza material de este concepto
anglosajón.
75 Aunque el principio de responsabilidad proactiva se incorpora por primera vez en el

ordenamiento jurídico como modelo preceptivo y orientador del marco de protección de datos a
través del paquete legislativo impulsado por la Unión Europea en 2016, lo cierto es que la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico ya optó por la adopción de este
principio en sus Directrices sobre protección de la privacidad y flujos transfronterizos de datos
personales de 23 de septiembre de 1980. Asimismo, el GTA29 en su Dictamen 3/2010 sobre el
principio de responsabilidad sugería la introducción de este modelo de responsabilidad mediante
el otorgamiento de margen de actuación a los responsables del tratamiento para la modulación
progresiva de la aplicación de medidas concretas en función del riesgo del tratamiento y la
naturaleza de los datos a tratar.
76 En los regímenes previos al RGPD se contemplaba un sistema de responsabilidad

esencialmente basado en la responsabilidad reactiva – en contraposición al sistema proactivo o de


responsabilidad activa- del responsable del fichero, pues los arts. 23 y 24 de la Directiva 95/46/CE
conminaba a los Estados miembros a sancionar a los responsables que incumplieren las
obligaciones que se dispusieran en las legislaciones nacionales que la transpusieran. Principio
reactivo que en el ordenamiento interno se plasmó en el art. 43.1 LOPD al indicar que “Los
responsables de los ficheros y los encargados de los tratamientos estarán sujetos al régimen sancionador
establecido en la presente Ley”. Es decir, el responsable del tratamiento estaba obligado a adoptar las
concretas medidas de seguridad que se enumeraban con carácter general en la normativa de
protección de datos para todos los responsables, con independencia de las particulares
circunstancias existentes en la organización y la efectividad real de las medidas, respondiendo
ante un eventual incumplimiento de estas obligaciones so pena de incurrir en la comisión de una
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tratamiento deberá garantizar y estar en condiciones de demostrar el


cumplimiento de lo establecido en este artículo”.
El principio de responsabilidad proactiva determina que la
responsabilidad del cumplimiento de las distintas obligaciones y garantías
establecidas en el marco jurídico vigente del derecho a la protección de datos,
con especial atención de los principios vertebradores del sistema, recae en último
término en la autoridad competente 77. Por tanto, los órganos judiciales, en tanto
autoridad, deben no solamente cumplir diligentemente con los principios y
obligaciones dispuestos en la normativa, sino que, además, deben de ser capaces
de demostrarlo a la autoridad de control e incluso al propio interesado. O, dicho
en otros términos, la autoridad competente, en tanto organiza y gestiona el
sistema de protección de datos se encuentra sujeto a la condición inexcusable de
cumplir férrea y escrupulosamente todos los principios y obligaciones esenciales
de la materia con el fin de respetar los derechos y libertades del interesado,
debiendo estar en disposición de poder acreditar fehacientemente tal
cumplimiento 78.
En términos prácticos, este modelo requiere la realización de un análisis
previo, exhaustivo y ad casum de los riesgos que entraña el tratamiento,
atendiendo a los datos tratados, las finalidades a las que se destinan los mismos y
las modalidades de operaciones de tratamiento seguidas. De acuerdo con los

infracción administrativa. Mientras la implantación de un sistema alternativo de responsabilidad


activa supone un auténtico cambio de paradigma en la concepción del modelo de
responsabilidad, pues los actores implicados adquieren un papel activo en la implantación y
seguimiento de los procesos de cumplimiento de la normativa de protección de datos, debiendo
afrontar tareas encaminadas una previa valoración de los riesgos que pudieran generarse con el
tratamiento y a partir de los resultados obtenidos, proceder a la adopción de las medidas
adecuadas para garantizar los principios y garantías de la materia, dotándose asimismo de
mecanismos internos y externos para evaluar su fiabilidad y demostrar su efectividad cuando se
solicite por las autoridades de control.
77 BAJO ALBARRACÍN, J. C. Consideraciones sobre el principio de responsabilidad

proactiva y diligencia (accountability). Experiencias desde el Compliance. En LÓPEZ CALVO, J.


(coord.) La adaptación al nuevo marco de protección de datos tras el RGPD y la LOPDGDD. Las Rozas
de Madrid: Wolters Kluwer, 2019, p. 975.
78 El Considerando (50) Directiva 2016/680/UE describe a la perfección las implicaciones

esenciales de este principio para el responsable, tal que así “Se debe establecer la responsabilidad
del responsable del tratamiento en relación con cualquier tratamiento de datos personales
realizado por él mismo o en su nombre. En particular, el responsable del tratamiento debe estar
obligado a poner en marcha medidas oportunas y eficaces y a poder demostrar la conformidad
de las actividades de tratamiento con la presente Directiva. Estas medidas deben tener en cuenta
la naturaleza, el alcance, el contexto y los fines del tratamiento, así como el riesgo que representan
para los derechos y las libertades de las personas físicas. Las medidas adoptadas por el
responsable del tratamiento deben incluir la formulación y puesta en marcha de salvaguardias
específicas en relación con el tratamiento de los datos personales de personas físicas vulnerables,
en particular los niños”.
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Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
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resultados obtenidos, la autoridad deberá de determinar explícitamente los


medios y formas de aplicar las medidas de seguridad y principios rectores del
tratamiento, cerciorándose de que son las adecuadas para cumplir con el mismo
y de que pueden demostrarlo ante los interesados y ante las autoridades de
supervisión. Obligaciones que adquieren especial significación a la hora de
adoptar medidas de investigación para la obtención de fuentes de prueba
consistentes en datos de carácter personal.
Asimismo, dichas obligaciones deben entenderse de modo dinámico, pues
exigen del responsable una labor continua de revisión, actualización y mejora,
especialmente ante los cambios que puedan acontecer en alguno de los elementos
que participen en las actividades de tratamiento 79. En síntesis, este principio
exige principalmente del responsable del tratamiento por estar a la cabeza,
aunque también de todos los demás participantes 80, una actitud consciente,
diligente, preventiva y proactiva 81 frente a las operaciones de tratamiento de
datos, con el claro objetivo de asegurar el respeto a los derechos y libertades del
interesado.

9. Bibliografía
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en la sanidad (tesis doctoral). Bilbao: Universidad del País Vasco, 2011.
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Tratado de los Contratos. Valencia, Tirant Lo Blanch 2009, pp. 167-170. ISBN
9788498765045.

79 MARTÍNEZ MARTÍNEZ, R. Diligencia y responsabilidad en protección de datos: la llamada


accountability… referencia 74.
80 PALMA ORTIGOSA, A. Principios relativos al tratamiento de datos personales…

referencia 8, p. 48, considera que con este principio se pretende instaurar una filosofía y cultura
de respeto al derecho a la protección de datos en el seno de la organización.
81 PALMA ORTIGOSA, A., Principios relativos al tratamiento de datos personales…

referencia 8, p. 48 y LORENZO CABRERA, S., PALMA ORTIGOSA, A., y TRUJILLO CABRERA,


C., «Responsabilidad proactiva» en MURGA FERNÁNDEZ, J. P., FERNÁNDEZ SCAGLIUSI M.
A. y ESPEJO LERDO DE TEJADA, M. (dir.), Protección de datos, responsabilidad activa técnicas de
garantía, Reus, Madrid, 2018, pág. 154.
Revista Acta Judicial nº 10, julio-diciembre 2022, pp. 37-73
ISSN 2603-7173
71
Montoro Sánchez, J. A. Los principios rectores del tratamiento de
datos de carácter personal y sus implicaciones en el
proceso penal

BAJO ALBARRACÍN, J. C. Consideraciones sobre el principio de


responsabilidad proactiva y diligencia (accountability). Experiencias desde el
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proteccion-de-datos-la-llamada-accountabily
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datos de carácter personal y sus implicaciones en el
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personales. En MURGA FERNÁNDEZ, J. P., FERNÁNDEZ SCAGLIUSI M. A. y
ESPEJO LERDO DE TEJADA, M. (dirs.), Protección de datos, responsabilidad
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Reglamento de desarrollo de la Ley Orgánica 15/1999 de Protección de Datos de
Carácter Personal: Título II. Principios de la Protección de Datos. Artículo 9. en
TRONCOSO REIGADA, A. (dir.) Comentario a la Ley Orgánica de Protección de
Datos de Carácter Personal. Madrid: Civitas, 2010, pp. 735-761. ISBN
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Unión Europea. Sevilla: Universidad de Sevilla, 1998. ISBN 8447204936.
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(coord.) La Ley de Protección de Datos. Análisis y Comentario de su
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Diario La Ley, núm. 7832, 2012, España. [consulta: 18 junio 2022] ISSN: 1989-6913.
Disponible en: https://diariolaley.laleynext.es/
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TRONCOSO REIGADA, A. (dir.) Comentario a la Ley Orgánica de Protección de
Datos de Carácter Personal. Madrid: Civitas, 2010, pp. 340-396. ISBN
9788447034239.

Conflicto de intereses
El autor declara no tener ningún conflicto de intereses.

Financiación
Esta publicación ha sido financiada por la Unión Europea
“NextGenerationEU”, por el Plan de Recuperación, Transformación y Resilencia
y por el Ministerio de Universidades, en el marco de las ayudas Margarita Salas,
para la Recualificación del sistema universitario español 2021-2023 convocadas
por la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla.

Revista Acta Judicial nº 10, julio-diciembre 2022, pp. 37-73


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Las opiniones expuestas en los distintos trabajos y colaboraciones son de la
exclusiva responsabilidad de los autores. Acta Judicial no comparte
necesariamente las opiniones y juicios expuestos en los trabajos firmados.

Las obras se publican bajo una licencia Creative Commons


Reconocimiento-NoComercial-Sin Obra Derivada 4.0
Internacional:
No se permite un uso comercial de la obra original ni generar
obras derivadas (texto legal).

Director ejecutivo
Fernando Javier Cremades López de Teruel

Editor
Jesús Sancho Alonso

ISSN 2603-7173

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Dirección de comunicación con la Revista

Para el envío de trabajos deberá registrarse en la página web

Normas de publicación
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Consejo Editorial
Ernesto Casado Rodríguez (Presidencia del Colegio Nacional de Letrados de la Administración de
Justicia, España)
María José Cañizares Castellanos (Secretario Coordinador de Almería, España)
Fernando Javier Cremades López de Teruel (Letrado de la Administración de Justicia, España)
Jesús Sancho Alonso (Doctor en Derecho. Letrado de la Administración de Justicia, España)
José Palazuelos Morlanes (Letrado de la Administración de Justicia del Tribunal Supremo, España)
Isabel Morales Mirat (Letrado de la Administración de Justicia, España)

Comité Científico
Los miembros del Comité Científico han expresado su autorización para aparecer en este listado:
María José Alonso Más (Profesora Titular de Derecho Administrativo. Universitat de València, España)
María Luisa Atienza Navarro (Profesora Titular de Derecho Civil. Universitat de València, España)
María Asunción Barrio Calle (Letrado de la Administración de Justicia, España)
José Bonet Navarro (Catedrático de Derecho Procesal. Universitat de València, España)
Emiliano Borja Jiménez (Catedrático de Derecho Penal. Universitat de València, España)
María José Cañizares Castellanos (Secretario Coordinador de Almería, España)
Carolina del Carmen Castillo Martínez (Magistrada. Profesora Titular de Derecho Civil (excedente), Profesora
Asociada de Derecho Civil. Universitat de València, España)
Vicente Cuñat Edo (Catedrático Emérito de Derecho Mercantil. Universitat de València, España)
Daniel de la Rubia Sánchez (Secretario Coordinador de Granada, España)
José Ramón de Verda y Beamonte (Catedrático de Derecho Civil Universitat de València, España)
Joaquín Delgado Martin (Magistrado. Miembro de la Red Judicial de Expertos en Derecho Europeo (REDUE).
Doctor en Derecho, España)
María del Pilar Diago Diago (Catedrática de la Universidad de Zaragoza, España)
Jesús Estruch Estruch (Catedrático de Derecho Civil. Universitat de València, España)
Antonio Fernández de Bujan y Fernández (Catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, Departamento
de Derecho Privado, Social y Económico. Académico de Número de la Real Academia de Jurisprudencia y
Legislación de España)
Carmen García Cerdá (Fiscal de la Fiscalía Especial contra la Corrupción y la Criminalidad Organizada, España)
Pablo Izquierdo Blanco (Magistrado, España)
Francisco Marín Castán (Magistrado. Presidente de la Sala Primera Tribunal Supremo, España)
Alfredo Martínez Guerrero (Letrado de la Administración de Justicia, España)
María Dolores Mas Badía (Profesora Titular de Derecho Civil. Universitat de València, España)
Diego Medina García (Secretario de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, España)
María Pilar Montés Rodríguez (Profesora Titular de Derecho Civil. Universitat de València, España)
Manuel Ortells Ramos (Catedrático de Derecho Procesal. Universitat de València, España)
Guillermo Palao Moreno (Catedrático de Derecho Internacional Privado. Universitat de València, España)
Inmaculada Revuelta Pérez (Profesora Titular de Derecho Administrativo. Universitat de València, España)
Ricardo Rivero Ortega (Catedrático de Derecho Administrativo. Rector de la Universidad de Salamanca, España)
Ángel Sánchez Blanco (Catedrático Emérito de Derecho Administrativo. Universidad de Málaga, España)
Remedios Sánchez Ferriz (Catedrática de Derecho Constitucional. Universitat de València, España)
Raúl Sánchez Gómez (Profesor de Derecho Procesal de la Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, España)
Antonio Vercher Noguera (Fiscal de Sala de Medio Ambiente y Urbanismo del Tribunal Supremo, España)
Rafael Verdera Server (Catedrático de Derecho Civil. Universitat de València, España)

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PETICIÓN DE PUBLICACIONES
La Revista Acta Judicial pretende ofrecer un espacio de difusión del estudio e
investigación en el campo del Derecho español. La Revista está abierta a todo
tipo de trabajos doctrinales relacionados con el Derecho público y privado,
tanto en su perspectiva sustantiva como procesal. Puede tener un ámbito y
dimensión autonómica, nacional, europea e internacional, debiendo tener, en
estos dos últimos casos, claros vínculos con el Derecho español. Si el estudio
realizado aparece como Derecho comparado, ambos Derechos tratados deben
alcanzar la misma, o análoga, proporcionalidad, relevancia y profundidad de
estudio del tema, de modo que el Derecho español no quede relegado y sea su
referencia meramente testimonial. Al mismo tiempo, se pretende ofrecer un
canal de reflexión y difusión de estudios técnicos sobre nuevas tecnologías y
ciberseguridad que tengan aplicación, incidencia o influencia en el Derecho
español.

La Revista Acta Judicial tiene una periodicidad semestral, publicándose en los


meses de enero y julio.
La revista está abierta a la recepción de artículos originales, hasta el 15 de mayo
para el número de julio y el 15 de noviembre para el número de enero.

Se establece un sistema de evaluación de artículos de revisión por pares, en el


que intervienen un mínimo de dos evaluadores externos a la entidad editora de
la Revista Acta Judicial, pulse para más información.

Acta Judicial se edita en Madrid, España, bajo el ISSN 2603-7173


Le agradecemos la difusión que pueda aportar a la revista informando de su
disponibilidad y periodo de recepción de colaboraciones a quién considere que
puede interesar.

Normas de publicación
Para publicar en la Revista Acta Judicial, los autores interesados deben enviar
sus textos en formato de Word (doc, docx) en cualquiera de sus versiones, a
través de la página web de la Revista, pulse aquí para más información.
1. Contenido del artículo
Los artículos deben tener una extensión entre 15 y 40 páginas (sin contar los
resúmenes, las palabras clave y el sumario), si bien con carácter excepcional se
podrá admitir hasta 50 páginas, siempre que se justifique la razón al enviar el
trabajo. Se seguirá estrictamente la plantilla que la Revista pone a disposición
del autor, cuyo uso se recomienda para facilitar el trabajo. Consulte la
información para autores disponible en la página web de la Revista.
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El artículo enviado para su publicación deberá contener los siguientes
elementos:
1. Título del artículo, en español y en inglés.
2. Nombre completo del autor o autores (máximo 4), con indicación de su
filiación (profesión o actividad académica) y una dirección electrónica de
contacto.
3. Un resumen de 250 palabras como máximo (en español y en inglés).
4. Palabras clave: entre cinco y diez (con un máximo de 2 líneas), separadas
por comas (en español y en inglés).
5. Sumario, consistente en los epígrafes y sub-epígrafes del artículo.
6. El texto del artículo, en español, incluyendo en él los cuadros y figuras (si
las hubiera), con una extensión mínima de 15 hojas y máxima de 40
hojas, o 50 hojas con carácter excepcional y siempre que se justifique la
razón al enviar el trabajo.
7. Bibliografía. Al final del texto se consignará un listado completo con la
bibliografía o referencias bibliográficas empleadas en la elaboración del
artículo. Todas las citas que se realicen dentro del texto deberán reflejarse
en la bibliografía. Las referencias bibliográficas se ordenarán por orden
alfabético del primer apellido del autor o primer autor si son varios. Para
distintos trabajos de un mismo autor o autores se tendrá en cuenta el
orden cronológico según el año de publicación.
8. El autor podrá incorporar en el texto o pie de página del artículo
palabras o conjunto de palabras con hiperenlaces que considere
oportunos (por ejemplo, enlace a normas en el BOE, sentencia en el
CENDOJ o Tribunal Constitucional), que quedarán en azul y no tendrán
subrayado. Siempre que no sean citas, que deberán tener el formato
específico de las citas.
9. El autor deberá indicar, al final del artículo, si existe algún tipo de
conflicto de intereses relacionado con el artículo. Así mismo deberá
señalar si el artículo ha sido realizado gracias a algún tipo de
financiación.
2. Formato del artículo
La no adecuación a la plantilla de Word establecida para la Revista y que se
pone a disposición de los autores (tipo de letra, sangrado, espacios, formatos de
edición, estructura,…), es motivo de rechazo directo del artículo presentado,

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pudiendo ser invitado desde el Comité Editorial a modificarlo según plantilla y
enviarlo de nuevo.
A continuación, se establecen una serie de reglas que el autor deberá seguir a la
hora de escribir su artículo, así como unas normas sobre el formato que, si no se
utiliza la plantilla facilitada por la Revista, deberá tener en cuenta tomando
como base el formato que por defecto establece Word:
1. Tamaño de hoja. Los artículos deben estar escritos en un tamaño de hoja
A4, con márgenes de 3 cm por cada lado (superior, inferior, izquierdo y
derecho), con letra base Palatino Linotype, tamaño 12 puntos y espacio
sencillo, sin espaciado anterior ni posterior. En una sola columna. Solo con
“sangría especial” en “primera línea” de 1,25 cm (pinche aquí para
consultar la forma de realizarlo en Word).
2. Título del artículo en español. Debe estar en letra Mayúscula, Palatino
Linotype 14, centrado en negrita (con el estilo “Título 1” de la plantilla).
3. Título del artículo en inglés. Debe estar en letra Minúscula, Palatino
Linotype 12, centrado en negrita (con estilo “Title in English” de la
plantilla).
4. Autores. Debe constar el nombre y apellidos de los autores, en letra
Palatino Linotype 12, centrada (con estilo “Título 2” de la plantilla).
5. Afiliación autores. Debe constar la profesión, actividad académica, etc.,
Palatino Linotype 10, centrada (con estilo “Filiación” de la plantilla).
6. Correo electrónico autores. Debe constar el correo electrónico de contacto
del autor, Palatino Linotype 10, centrada (con estilo “Filiación” de la
plantilla).
7. Resumen y Abstract. Deberán tener una extensión máxima de 250
palabras, en letra Palatino Linotype 12, justificado (con estilo “Normal” de
la plantilla).
8. Palabras clave y Keywords. Deberán tener entre cinco y diez palabras,
tanto en español como en inglés, separadas por comas, en letra Palatino
Linotype 12, justificado (con estilo “Normal” de la plantilla).
9. Cuerpo del artículo. Con letra base Palatino Linotype 12 puntos,
justificado y espacio sencillo, sin espaciado anterior ni posterior. Solo con
“sangría especial” en “primera línea” de 1,25 cm.
10. Epígrafes y sub-epígrafes. Los títulos de los diferentes apartados
(epígrafes y sub-epígrafes) deberán ir en minúscula y negrita precedido de

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la correspondiente numeración no automática, que seguirán las siguientes
pautas:
1.
1.1.
1.1.1.
1.1.1.a.
Al terminar un epígrafe o sub-epígrafe hay que dejar un espacio entre el
texto y el epígrafe siguiente.
El título de los epígrafes y sub-epígrafes deben tener activados el “control
de líneas viudas y huérfanas” y "Conservación con el siguiente" (en
“Paginación” de “Líneas y saltos de página” de la sección “Párrafo” de
Word. (Pinche aquí para consultar la forma de realizarlo en Word).
11. Notas al pie. Las notas al pie del texto, estarán enumeradas
correlativamente al final de cada página (en letra Palatino Linotype 10,
justificado, con espacio sencillo, sin espaciado anterior ni posterior). Pinche
aquí para consultar sobre notas al pie.
12. Numeración de página. Los números de las páginas estarán alineados a
la derecha, en fuente Palatino Linotype, tamaño 10.
13. Bibliografía. Al final del texto del artículo, se consignará un listado
completo con la bibliografía o referencias bibliográficas empleadas en la
elaboración del mismo.
TODAS las citas que se realicen dentro del texto deberán reflejarse en la
bibliografía.
Las referencias bibliográficas se ordenarán por orden alfabético del primer
apellido del autor o primer autor si son varios. Para distintos trabajos de un
mismo autor o autores se tendrá en cuenta el orden cronológico según año
de publicación.
14. Hiperenlaces. No tendrán subrayado y quedarán con su característico
color azul (según el estilo de la plantilla “Hipervínculo”). En caso de ser
una cita, debe tenerse en cuenta el formato específico de las citas.
3. El formato de las citas y bibliografías
El formato de las citas bibliográficas deberá seguir la norma ISO 690:2010, cuyo
equivalente en español es la norma UNE-ISO 690:2013, que fue traducida por la
Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR).
La norma UNE-ISO 690:2013 (ISO 690:2010) acepta el sistema de notas
continuas, que es el sistema que se exige en la Revista Acta Judicial.

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- Cita: Se insertan los números en cada nota de forma consecutiva. Si hay
diversas citas de un mismo recurso, se usará un número de nota para cada
mención que da lugar a la cita.
- Referencia: Se presentan las notas en su orden numérico. Si una nota se refiere
a un recurso ya mencionado (recurso citado en una nota anterior), bien se repite
la referencia completa o bien se da el número de la nota anterior seguido de los
números de páginas necesarios, etc. (Ejemplo número nota anterior: 34 ESPAÑA
PEREZ, M.D., referencia 8, p 556.)
- Fuentes de datos: Los datos usados en una referencia deberán tomarse del
propio recurso citado (siempre que sea posible). Por orden de preferencia, las
fuentes apropiadas serán en primer lugar de la portada (o página de inicio de
un sitio web, rótulos de un audiovisual, etc.) y de otras partes de la obra en caso
necesario (verso de la portada, la cabecera, etc; cubierta o etiqueta asociada
permanentemente con el documento).
Se pueden añadir elementos que no aparezcan en el documento fuente, con el
fin de completar la información. Estos elementos deberán ir encerrados entre
corchetes [ ].

3.1. A continuación le mostramos ejemplos de referencias bibliográficas que


cumplen con la norma UNE-ISO 690:2013.

Libros impresos y publicaciones monográficas similares con un autor

NOMBRE DEL CREADOR. Título del libro (cursiva). Edición (si no es la primera
edición). Lugar: Editor, Fecha de publicación. Rango de páginas (de la contribución).
Identificador normalizado (ISBN, ...) (si está disponible)

Ejemplo: ESPAÑA PEREZ, M.D. La división de poderes en la constitución española.


Pamplona: Anagrama, 2004. pp. 25-26. ISBN 55-557960-37-5

Libros impresos y publicaciones monográficas similares con dos o más autores

NOMBRE DEL (DE LOS) CREADOR (ES). Título del libro (cursiva). Edición (si no
es la primera edición). Lugar: Editor, Fecha de publicación. Rango de páginas (de la
contribución). Identificador normalizado (ISBN,...) (si está disponible)

Para las obras con más de tres autores, se recomienda dar todos los nombres. Si se elige
no mencionar a todos los autores, se dará el nombre del primer autor seguido de "y
otros" o "et al."

Ejemplo: THOMPSON, J., BERBANK-GREEN, B. y CUSWORTH, N. Introducción a


la historia del derecho. Madrid: Taurus, 1988. p. 30.

Libros electrónicos y publicaciones monográficas en línea

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Ejemplo 1: PASTOR PRIETO, S. Análisis Económico de la Justicia y Reforma Judicial
[en línea]. Tirant Lo Blanch, 2016. [consulta: 15 enero 2017] Disponible en:
http://www.tirantonline.com

Ejemplo 2: KAFKA, Franz. The Trial [en línea]. Translated by David WYLLIE. Project
Gutenberg, 2005. [consulta: 5 junio 2006]. Disponible en:
http://www.gutenberg.org/dirs/etext05/ktria11.txt

Capítulo de libro (referencias a contribuciones dentro de publicaciones


monográficas impresas)

NOMBRE DEL (DE LOS) CREADOR (ES). Título de la contribución. En: NOMBRE
DEL (DE LOS) CREADOR (ES) Título (cursiva). Edición (si no es la primera edición).
Lugar: Editor, Fecha de publicación, Rango de páginas (de la contribución).
Identificador normalizado (ISBN...) (si está disponible)

Ejemplo: GONZALEZ VEGA, F.J. La letra de cambio. En FERNÁNDEZ


TORREJÓN, J.A. (coord.) Manual de derecho mercantil. Granada: Comares, 2014, pp.
162-179.

Capítulo de libro en línea (referencias a contribuciones dentro de publicaciones


monográficas en línea)

Ejemplo: NATIONAL RESEARCH COUNCIL [U.S.], Committee on the Training


Needs of Health Professionals to Respond to Family Violence. Current Educational
Activities in the Health Professions. En: Confronting Chronic Neglect: The Education
and Training of Health Professionals on Family Violence [en línea]. Washington DC:
National Academy Press, 2002, pp. 35-44 [consulta: 23 junio 2006]. Disponible en:
http://darwin.nap.edu/openbook.php?record_id=10127&page=35

Artículo de revista (publicaciones seriadas impresas)

NOMBRE DEL (DE LOS) CREADOR (ES). Título de la contribución En: Título de la
publicación seriada fuente (cursiva). Edición. Lugar: Editor, Fecha de publicación,
Numeración, Rango de páginas (de la contribución). Identificador normalizado (ISSN,
...) (si está disponible)

Ejemplo: LÓPEZ CASTRO, A. La fe pública judicial. En: Revista de Derecho Político.


Madrid: UNED, 1998, no. 84, pp. 173-194.

Artículo de revista en línea (contribución dentro de una publicación seriada en


línea)

Ejemplo: SALVADOR-OLIVÁN, J.A., MARCO CUENCA, G., ARQUERO AVILÉS,


R. Impacto de las revistas españolas de Biblioteconomía y Documentación y
repercusión de las autocitas en su índice h. En: Revista Investigación Bibliotecológica:
archivonomía, bibliotecología e información, vol. 32, núm. 77, octubre/diciembre, 2018,

Revista Acta Judicial nº 10, julio-diciembre 2022


ISSN 2603-7173
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México. pp. 13-30. [consulta: 01 noviembre 2018] ISSN: 2448-8321. Disponible en:
http://rev-ib.unam.mx/ib/index.php/ib/article/view/57852/51944

Referencia a publicación seriada en línea

Nombre publicación (cursiva) [en línea]. Luchar: Editor, Fecha de publicación,


Numeración, Rango de páginas (de la contribución) [consulta: fecha]. Identificador
normalizado (ISSN, ...) (si está disponible). Disponible: enlace a la publicación

Ejemplo1 : Acta Zoologica [en línea]. Oxford, U.K.: Blackwell Publishing Ltd., January
2006, vol. 87, issue 1 [consulta: 6 julio 2006]. Academic Search Premier. EBSCOhost
Research Databases. ISSN 0001-7272. Disponible en: http://search.epnet.com

Ejemplo 2: AJET: Australasian Journal of Educational Technology [en línea].


Australia: ASCILITE, Winter 2000, vol. 16, no.2 [consulta: 23 octubre 2003]. ISSN
0814-673X. Disponible: http://www.ascilite.org.au/ajet/ajet16/ajet16.html

Contribución a las Actas de un Congreso

NOMBRE DEL (DE LOS) CREADOR (ES). Título de la contribución. En: Título de la
publicación fuente (cursiva). Edición. Lugar: Editor, Fecha de publicación, Numeración,
Rango de páginas (de la contribución). Identificador normalizado (si está disponible)

Ejemplo: DE OCAÑA LACAL, D. Los archivos judiciales ante el reto de las nuevas
tecnologías. En: Congreso de archivos judiciales en Sevilla en mayo de 2007. Sevilla,
Consejería de Justicia y Administración Pública de la Junta de Andalucía, 2007. pp. 98-
101.

Legislación
País. Título. Publicación, fecha de publicación, número, páginas.
Ejemplo: España. Ley orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código penal.
Boletín Oficial del Estado, 24 de noviembre de 1995, núm. 281, p. 33987.

También puede consultar las normas de publicación en la página web,


pulsando aquí.

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completos de sus artículos a efectos de su inclusión en la base de datos de
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ACTA JUDICIAL
Tercera época

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