10.1 La proclamación de la Segunda República. La Constitución de 1931.
El bienio reformista
(1931-1933)
En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, los republicanos ganaron de manera contundente en las
capitales de provincia y en las ciudades más importantes. La lectura política que podía hacerse de estos
resultados era clara: el voto más consciente y más limpio, el de las ciudades, significaba un rechazo rotundo a la
monarquía.
El día 13 de abril, a medida que los resultados se fueron conociendo, las calles se llenaron de manifestantes a
favor de la república. Mientras, el Comité revolucionario permanecía a la espera. El 14 de abril de 1931 se fue
proclamando la república en distintas ciudades como Valencia, Sevilla, Oviedo y Zaragoza. A las 9 de la noche,
cuando se había proclamado la República en Barcelona, Alcalá Zamora proclamó la República en Madrid. Alfonso
XIII había abandonado el país ese mismo día.
Tras la proclamación de la República se formó un gobierno provisional integrado por los firmantes del Pacto de
San Sebastián (fundamentalmente republicanos, socialistas y nacionalistas). Su propósito era modernizar España
por la vía democrática legal, y sus funciones principales fueron asentar la República e iniciar la labor reformista.
El gobierno provisional tuvo que enfrentarse a las huelgas convocadas por CNT y FAI, y a las protestas de la
Iglesia motivadas por la política laicista del Estado. La reacción a estas protestas fue la quema de conventos los
días 11 y 12 de mayo en varias ciudades, que supusieron un golpe muy duro para la imagen de la República
Las elecciones a cortes constituyentes se celebraron en junio de 1931. Estas cortes llevaron a cabo la
Constitución de 1931, que se promulgó el 9 de diciembre y que tenía las siguientes características: en primer
lugar una extensa declaración de derechos: igualdad ante la ley, sufragio universal para ambos sexos (se concede
el voto a las mujeres que votarán por primera vez en las elecciones de 1933), matrimonio civil, divorcio, derecho
a la educación, etc. Las cortes, unicamerales, tienen la exclusividad del poder legislativo; el Presidente de la
República nombra al Jefe de Gobierno, que elige a los ministros (el gobierno tiene el poder ejecutivo); el poder
judicial reside en los tribunales. También se contempla la posibilidad de que un conjunto de provincias se
constituya en Comunidad Autónoma, para lo cual debe presentar su proyecto de Estatuto de autonomía a las
Cortes. Además se establece un estado laico.
Una vez aprobada la Constitución, Alcalá Zamora fue elegido Presidente de la República y Azaña jefe de gobierno,
abriéndose así el bienio reformista, que va del 14 de abril de 1931 al 19 de noviembre de 1933. El bienio se
caracterizó por el intento del gobierno de izquierdas de profundizar en las reformas iniciadas durante el gobierno
provisional.
Respecto a la cuestión de las autonomías, el Estatuto de Cataluña se aprobó en 1932, por el cual Cataluña se
convertía en una región autónoma. El País Vasco también presentó su estatuto de autonomía a las Cortes, que lo
rechazan por ser demasiado conservador y católico.
La reforma del ejército fue llevada a cabo por Manuel Azaña, con tres objetivos: acabar con la hipertrofia del
ejército, adecuarlo a las necesidades del Estado y evitar que interviniera en la política. Para ello emprende
numerosas medidas como reducir el número de divisiones y oficiales, derogar la Ley de Jurisdicciones, y ofrecer
el retiro anticipado (conservando el sueldo) a los oficiales que quisieran. Además se crea la Guardia de Asalto,
fuerza leal a la República.
En cuanto a las relaciones con la Iglesia, la aplicación de la Constitución despierta la oposición de la Iglesia, que
participa en política a través de Acción Nacional.
La reforma de la enseñanza fue emprendida por Marcelino Domingo, partiendo de la base de que el Estado debía
garantizar la educación, y siguiendo cinco principios fundamentales: educación pública, obligatoria, gratuita,
mixta y laica. Se realizaron las siguientes reformas: aumento de las escuelas, plazas y el sueldo de los maestros;
misiones pedagógicas para la enseñanza de los adultos; y la creación de “La barraca”.
Las reformas laborales fueron emprendidas por Largo Caballero (PSOE). Todas estas medidas provocaron la
oposición de la patronal y destacan también por extenderse al campo. Entre estas medidas están el
establecimiento del salario mínimo, la jornada laboral de ocho horas, definición de convenios colectivos, y
vacaciones pagadas de siete días.
. El objetivo de la reforma agraria era doble: se pretendía conseguir una distribución justa de la propiedad, y
aumentar los rendimientos agrarios. Se llevó a cabo con la Ley de bases para la Reforma Agraria, en la que se
establecía la expropiación con indemnización de las grandes fincas que no fuesen cultivadas directamente por
sus propietarios, las no cultivadas, las de regadío y las no regadas; y la expropiación sin indemnización de las
tierras de la nobleza. Para llevar la ley a cabo, se creó el Instituto de Reforma Agraria (IRA), encargado de hacer
un registro de la propiedad expropiable y de realizar la redistribución de las tierras entre los campesinos. El IRA
tuvo que enfrentarse a la oposición de los terratenientes y a la escasez de presupuesto.
La crisis del bienio reformista vino provocada por dos factores: el incremento de la conflictividad social y la
reorganización de la derecha.
Respecto al incremento de la conflictividad social, este estuvo provocado por: las esperanzas puestas por obreros
y campesinos; la oposición de los sectores afectados por las reformas; la crisis del comercio exterior; y el
incremento del paro. El descontento se manifestó en huelgas y ocupación de tierras, promovidas por la CNT.
Ante ello el gobierno optó por la represión (Casas Viejas).
En lo que se refiere a la reorganización de la derecha, en el año 1933, Acción Popular se dividió en la CEDA
(dirigida por Gil Robles), y Renovación Española (dirigida por Calvo Sotelo), un partido monárquico y
antirrepublicano. En esta época surgen los primeros partidos fascistas: las JONS, fundadas por Ledesma Ramos y
Onésimo Redondo; y Falange Española, de José Antonio Primo de Rivera, que se unen en 1933 en Falange
Española y de las JONS. Por su parte, el carlismo se reorganiza en torno a Comunión Tradicionalista. La tensión
política alcanzó su punto culminante con el intento de golpe de Estado de Sanjurjo de 1932.