UNIDAD III
Delitos contra la integridad personal y la salud
1.- Lesiones. Bien jurídico. Clases.
El bien jurídico protegido es el derecho de cada persona a la incolumidad de su cuerpo y salud,
esto es, la integridad física y psíquica del ser humano; se incluye tanto el aspecto anatómico
como el fisiológico en su doble vertiente, la salud física y la mental.
Posee rango constitucional desde la incorporación de los Tratados Internacionales de Derechos
Humanos a nuestra Carta Magna a partir de la reforma del año 1994.
De acuerdo al elemento subjetivo, las lesiones pueden ser dolosas o culposas; y las primeras,
conforme la gravedad del resultado pueden ser leves, graves o gravísimas. Y si concurren
circunstancias que aumenten o disminuyan su criminalidad, serán lesiones dolosas agravadas o
atenuadas.
Mientras que en relación a las lesiones culposas, distinguimos la figura básica (art. 94,1° párrafo
CP) y las formas agravadas, ya sean por el resultado, o por la modalidad de producción -
conducción de un vehículo con motor- u otras circunstancias concurrentes.
1.1.- Lesiones leves.
ARTICULO 89. - Se impondrá prisión de un mes a un año, al que causare a otro, en el cuerpo o en la
salud, un daño que no esté previsto en otra disposición de este código.
Termino general: lesión es todo aquel menoscabo de la integridad corporal, o de la salud física o
mental de una persona.
La definición de “leve” se basa en un sentido subsidiario o de exclusión, decimos que comete un
delito de lesión leve todo aquel que causa un daño a otro en el cuerpo o salud que no encuadre en
otro tipo penal.
La distinta calificación puede provenir de la naturaleza del daño (lesión grave, art. 90 CP), o del
medio utilizado para ocasionarla (abuso de armas, art. 104 CP), o del modo de causarla (lesiones
en riña, art. 96 CP); mientras que el daño en el cuerpo o en la salud es absorbido por otro delito
cuya consumación o tentativa atiende a un resultado más grave (homicidio, art. 79 CP, o robo,
art. 164 CP, por ejemplo), o cuya figura integra por disposición de la ley (duelo, arts. 97, inc. 1°,
o 98, inc. 2° CP, por ejemplo).
No constituye lesión el corte de los cabellos o de las uñas, porque son partes que están destinadas
a ser cortadas normal y periódicamente.
La alteración corporal puede presentarse bajo la forma de herida, contusión, excoriación,
equimosis, hematoma, etc.; y puede ser un daño externo o interno.
Es un daño en la salud el detrimento funcional, general o parcial, físico o mental del organismo
de la persona, cualquiera sea la importancia del perjuicio ocasionado.
El daño en la salud puede consistir en una enfermedad corporal o mental, es decir, un proceso
patológico; o puede consistir en desequilibrios físicos o mentales pasajeros tales como desmayos,
vómitos, lagunas mentales, sensación de dolor, escalofríos, asco, etc.
La lesión puede ocasionarse usando un medio, violento o no, que obre materialmente en la
persona del sujeto pasivo; o utilizándose un medio que obre moralmente en ella, como las
amenazas, mensajes preocupantes o alarmantes, sustos o cualquier otro medio destinado a
perturbar mentalmente.
El delito puede cometerse por acción o por omisión (comisión por omisión), y en este último
caso en relación de aquellas personas que se hallen en posición de garante respecto del sujeto
pasivo (p/ ej.: no alimentar a la víctima estando obligado a hacerlo).
La lesión es un delito doloso, ya sea directo, indirecto o eventual.
La figura comporta un delito de resultado e instantáneo, que se consuma con la producción del
daño efectivo en el cuerpo o en la salud de la víctima.
Admite tentativa.
La magnitud del daño causado carece de importancia a los fines de la consumación del delito; el
daño por insignificante que sea ya es lesión leve.
1.2.- Lesiones graves.
ARTICULO 90. - Se impondrá reclusión o prisión de uno a seis años, si la lesión produjere una
debilitación permanente de la salud, de un sentido, de un órgano, de un miembro o una dificultad
permanente de la palabra o si hubiere puesto en peligro la vida del ofendido, le hubiere inutilizado
para el trabajo por más de un mes o le hubiere causado una deformación permanente del rostro.
La lesión se agrava si produce un debilitamiento permanente de la salud, de un sentido, de un
órgano, de un miembro, o una dificultad permanente de la palabra, o si se pone en peligro la vida
de la persona, lo inutiliza para el trabajo por más de un mes, o le causa una deformación
permanente del rostro.
Esta figura penal se caracteriza por la circunstancia de que la lesión importa un debilitamiento
funcional permanente respecto del estado anterior del que gozaba la persona.
La permanencia no equivale a perpetuidad, sino a larga duración, esto es, persistencia en el
tiempo.
El debilitamiento de un sentido es la disminución de la capacidad sensorial del órgano. Desde
la perspectiva penal, vinculamos el sentido con la función que cumple, esto es, lo consideramos
desde su aspecto fisiológico; por ejemplo, el sentido del gusto que se cumple a través de las
papilas gustativas ubicadas en la lengua, para calificar una lesión que implique un debilitamiento
permanente de ese sentido no se requiere la amputación total o parcial de la lengua, bastando con
que, por la afectación a cualquiera de los órganos que integran el sentido, se produzca una
disminución en sus funciones sensoriales.
El debilitamiento de un órgano importa la disminución de la capacidad funcional activa o
pasiva del órgano. Resaltamos que en estos supuestos, el órgano no está tomado en sentido
anatómico, sino funcional, esto es, como un órgano o par de ellos que cumplen conjuntamente
una determinada función. Así, por ejemplo, la función visual se cumple a través de los dos ojos y
no sólo por uno de ellos; por lo que comportará una lesión grave la pérdida de un ojo en la
medida que el sujeto pueda seguir viendo con el restante. Respecto de la problemática que
presentan los órganos pares, la doctrina sostiene que la pérdida de uno de los órganos constituye
“lesión grave" y no gravísima.
El debilitamiento de un miembro es la disminución de la capacidad funcional del miembro
debido al daño de su anatomía o de su capacidad de servicio, afectando sus movimientos,
habilidad o fuerza. Desde el punto de vista legal, los miembros son las extremidades articuladas
con el tronco del cuerpo humano, tal los brazos y las piernas.
En este aspecto y a fines de prevenir equívocos, la jurisprudencia ha entendido que la pérdida de
la mano debe calificarse como lesión grave y no gravísima, en la medida que aquella no afecte la
función de la “aprehensión manual": “debe aclararse que la mano no es un “miembro”, entendido
éste como una de las extremidades inferiores o superiores que se insertan en el tronco, sino que
tan sólo es “parte” de un miembro, por lo cual, su pérdida física o funcional no puede importar
jamás la pérdida de un miembro en los términos del art. 91, sino tan sólo su debilitación
conforme lo prevé el art.90 del C.P". Idéntico razonamiento le corresponde al pie respecto de la
función de transitar.
La dificultad de la palabra comprende los inconvenientes mentales o mecánicos para servirse
del habla como medio de comunicación e interrelación social, derivados de la lesión de los
centros cerebrales, o del mecanismo de la palabra (dientes, lengua, paladar, cuerdas vocales,
etc.), o de causas psíquicas o emocionales.
Se requiere que la persona no pueda comunicarse casi en su totalidad, no por ejemplo que se haya
modificado su pronunciación
El peligro de vida comprende la situación de efectivo e inminente riesgo de muerte corrido por
la víctima como consecuencia de la lesión recibida. No se trata de un peligro potencial, esto es, lo
qu1e hubiera podido ocurrir (p/ej., si la bala en vez de rozar el cuerpo, hubiera dado en el
corazón), sino del peligro concreto de muerte que se presenta en el caso por la lesión provocada.
Por ello, para considerar la aplicación de la figura, hay que tener en cuenta la situación concreta
de peligro sufrida por la víctima en ese supuesto, siendo imposible determinar a priori qué clase
de lesiones caen en el tipo penal.
Por otro tanto, es necesario que exista una relación causal probada entre la acción del autor y el
peligro en cuestión.
La inutilización para el trabajo consiste en la ineptitud de la víctima para desempeñar no solo
su trabajo habitual, sino cualquier tipo de trabajo en general. Por ello es que la agravante se
aplica también en aquel a supuestos en donde la víctima no tiene trabajo, e incluso respecto de
aquellos individuos que no se encuentran en una etapa laboral de su vida, tal el caso de los niños
o ancianos.
La ley exige que la inutilidad laboral sea por más de un mes, debiendo contarse dicho lapso de
acuerdo a lo dispuesto en el art. 77 CP, el que a su vez remite a las normas del Código Civil (art.6
CC).
La deformación del rostro es la desfiguración, aunque no sea repugnante o grosera, del rostro o
de una de sus partes, de modo que llame la atención por el sentido antiestético de la nueva
fisonomía.
Si bien anatómicamente el rostro es la cara de la persona, a los efectos penales, comprende
también las partes situadas fueras de esos límites, pero vinculados a la estética de las facciones
humanas (orejas, frontal, parietal, etc.). Así, por ejemplo, si a la víctima le queman todo el cuero
cabelludo con un ácido, será imputable.
La doctrina es unánime cuando exige el carácter permanente de la deformación. Esto sucederá
cuando no es previsible que por medios naturales aquella desaparezca, siendo indiferente que
pueda eliminarse por medios artificiales (cirugía estética), o que pueda disimularse de una u otra
manera (maquillaje, etc.). Sobre este último aspecto, la jurisprudencia sostuvo que la corrección
de la deformidad por medios quirúrgicos no afecta ni modifica la calificación de las lesiones
como graves en cuanto las deformaciones del rostro sean permanentes, siempre que tal
permanencia se haya determinado a través de un fundado diagnóstico médico.
1.3.- Lesiones gravísimas.
ARTICULO 91. - Se impondrá reclusión o prisión de tres a diez años, si la lesión produjere una
enfermedad mental o corporal, cierta o probablemente incurable, la inutilidad permanente para el
trabajo, la pérdida de un sentido, de un órgano, de un miembro, del uso de un órgano o miembro, de
la palabra o de la capacidad de engendrar o concebir.
Las gravísimas implican pérdidas funcionales definitivas, ya sea que se presenten como
incurabilidad de una enfermedad, inutilidad para trabajar, o la pérdida de un sentido, de un
órgano, de un miembro -o del uso de un órgano o miembro-, de la palabra, o de la capacidad de
engendrar o concebir.
La enfermedad es el estado de alteración activa orgánico-funcional de la salud que exige
cuidados especiales para no progresar.
→ Debe ser cierta o probablemente incurable (cuando concurre una afección irreversible de
la salud de la víctima, conforme un pronóstico médico de incurabilidad de absoluta
certeza o de probabilidad muy grande), es decir, si con certidumbre o verosímilmente, la
medicina no la puede sanar.
→ La enfermedad puede ser mental o corporal.
→ En esta figura también deben incluirse aquellos supuestos en los que la lesión produce
una enfermedad que con el tiempo sobreviene la muerte, como el sida. En tal situación,
aunque la víctima muera al cabo de cierto tiempo, resaltamos que existen lesiones
gravísimas y no homicidio, salvo que el agente haya tenido la intención de matar
mediante el contagio de la enfermedad.
La inutilidad permanente para el trabajo exige un diagnóstico médico que determine que la
víctima no podrá volver a trabajar, ya sea tanto en su actividad habitual como en cualquier tipo
de trabajo. La expresión permanente ha de ser entendida en el sentido de un pronóstico probable
de inutilidad durante toda la vida.
La pérdida de un sentido, de un órgano o de un miembro, o del uso de un órgano o de un
miembro, importa una privación funcional absoluta, ya sea que ella se origine en una pérdida
anatómica (amputación) o se manifieste en la ausencia de toda efectividad funcional (pérdida del
uso), como ocurriría en el caso de una parálisis. Por otra parte, equivale a pérdida, la
permanencia de una función totalmente inapropiada o rudimentaria de modo irreparable (por
ejemplo, distinguir la luz pero no las formas).
La pérdida de la palabra comprende la privación de la aptitud de articular vocablos como
medio de comunicación verbal; el delito no se excluye por la circunstancia de que la pérdida de
la palabra pueda suplirse por medio de procedimientos especiales que permitan comunicar las
ideas a terceros (signos, palabras escritas, vocalización no lingual, etc.).
La pérdida de la capacidad de engendrar o concebir abarca los supuestos en que la lesión
produce incapacidad para reproducirse-esterilidad-, tanto masculina como femenina y por
cualquier medio que sea. No se da la hipótesis, en cambio, cuando la lesión sólo ocasiona
impotencia para realizar el acto sexual, siempre que la facultad de reproducción permanezca
intacta.
La capacidad de engendrar o concebir debe estar presente en la victima al momento de
producirse la lesión, aunque fuera potencial como en el caso de los niños; por lo que no podrán
ser sujetos pasivos de este tipo de lesión los ancianos o personas que hayan perdido aquella
capacidad reproductiva.
1.4.- Circunstancias calificantes y atenuantes.
ARTICULO 92. - Si concurriere alguna de las circunstancias enumeradas en el artículo 80, la pena
será: en el caso del artículo 89, de seis meses a dos años; en el caso del artículo 90, de tres a diez
años; y en el caso del artículo 91, de tres a quince años.
ARTICULO 93. - Si concurriere la circunstancia enunciada en el inciso 1º letra a) del artículo 81, la
pena será: en el caso del artículo 89, de quince días a seis meses; en el caso del artículo 90, de seis
meses a tres años; y en el caso del artículo 91, de uno a cuatro años.
Las lesiones, cualquiera sea su gravedad, se califican si concurre alguna de las circunstancias del
art. 80 CP; variando la pena según la trascendencia de aquellas (art. 92 CP).
Si el hecho encuadra en más de una circunstancia agravante, la escala penal no varía, esto es, no
se multiplica, aunque tal situación se valorará al momento de individualizar la pena a imponer
(arts. 40 y 41 CP).
Las lesiones se atenúan si el autor al momento del hecho se encontraba en un estado de emoción
violenta que las circunstancias hicieren excusable. Así también la escala punitiva depende de la
gravedad de las lesiones (art. 93 CP).
¿Qué sucede si en una misma lesión concurre la atenuante de emoción violenta con alguna
de las agravantes del art.80 CP? Núñez razona que estamos ante un supuesto de concurso
ideal, ya que el mismo hecho cae bajo más de una sanción penal, por lo que corresponde
resolverse de acuerdo a la figura que prevé la pena mayor (art. 54 CP).
2.- Lesiones culposas. Figura básica.
2.1.- Lesiones culposas agravadas por el resultado.
2.2.- Lesiones culposas agravadas por la modalidad de producción -conducción de un vehículo
con motor- u otras circunstancias concurrentes.
ARTICULO 94. - Se impondrá prisión de un (1) mes a tres (3) años o multa de mil (1.000) a quince
mil (15.000) pesos e inhabilitación especial por uno (1) a cuatro (4) años, el que por imprudencia o
negligencia, por impericia en su arte o profesión, o por inobservancia de los reglamentos o deberes a
su cargo, causare a otro un daño en el cuerpo o en la salud.
Si las lesiones fueran de las descriptas en los artículos 90 o 91 y fueren más de una las víctimas
lesionadas, el mínimo de la pena prevista en el primer párrafo, será de seis (6) meses o multa de tres
mil (3.000) pesos e inhabilitación especial por dieciocho (18) meses.
(Artículo sustituido por art. 3° de la Ley N° 27.347 B.O. 6/1/2017).
ARTICULO 94 bis. - Será reprimido con prisión de uno (1) a tres (3) años e inhabilitación especial
por dos (2) a cuatro (4) años, si las lesiones de los artículos 90 o 91 fueran ocasionadas por la
conducción imprudente, negligente o antirreglamentaria de un vehículo con motor.
La pena será de dos (2) a cuatro (4) años de prisión si se verificase alguna de las circunstancias
previstas en el párrafo anterior y el conductor se diese a la fuga, o no intentare socorrer a la víctima
siempre y cuando no incurriera en la conducta prevista en el artículo 106, o estuviese bajo los efectos
de estupefacientes o con un nivel de alcoholemia igual o superior a quinientos (500) miligramos por
litro de sangre en el caso de conductores de transporte público o un (1) gramo por litro de sangre en
los demás casos, o estuviese conduciendo en exceso de velocidad de más de treinta (30) kilómetros
por encima de la máxima permitida en el lugar del hecho, o si condujese estando inhabilitado para
hacerlo por autoridad competente, o violare la señalización del semáforo o las señales de tránsito que
indican el sentido de circulación vehicular, o cuando se dieren las circunstancias previstas en el
artículo 193 bis, o con culpa temeraria, o cuando fueren más de una las víctimas lesionadas.
(Artículo incorporado por art. 4° de la Ley N° 27.347 B.O. 6/1/2017).
En cuanto a las lesiones culposas y sus agravantes, debemos remitirnos a lo ya analizado en el tema
del homicidio culposo, pero ahora con resultado de lesiones ("un daño en el cuerpo o en la salud"),
ya que la estructura de los tipos penales es la misma.
3.- Persecución penal.
ARTICULO 71.- Sin perjuicio de las reglas de disponibilidad de la acción penal previstas en la
legislación procesal, deberán iniciarse de oficio todas las acciones penales, con excepción de las
siguientes:
1) Las que dependieren de instancia privada;
2) Las acciones privadas.
(Artículo sustituido por art. 2° de la Ley N° 27.147 B.O. 18/06/2015)
ARTÍCULO 72.- Son acciones dependientes de instancia privada las que nacen de los siguientes
delitos:
1. Los previstos en los artículos 119, 120 y 130 del Código Penal cuando no resultare la muerte de la
persona ofendida o lesiones de las mencionadas en el artículo 91.
2. Lesiones leves, sean dolosas o culposas.
3. Impedimento de contacto de los hijos menores con sus padres no convivientes.
En los casos de este artículo, no se procederá a formar causa sino por acusación o denuncia del
agraviado, de su tutor, guardador o representantes legales. Sin embargo, se procederá de oficio:
a) En los casos del inciso 1, cuando la víctima fuere menor de 18 años de edad o haya sido declarada
incapaz;
b) En los casos del inciso 2, cuando mediaren razones de seguridad o interés público;
c) En los casos de los incisos 2 y 3, cuando el delito fuere cometido contra un menor que no tenga
padres, tutor ni guardador, o que lo fuere por uno de sus ascendientes, tutor o guardador, o cuando
existieren intereses gravemente contrapuestos entre éstos y el menor, siempre que resultare más
conveniente para el interés superior de aquél.
(Artículo sustituido por Ley N° 27.455 B.O. 25/10/2018)
La entidad de las lesiones sólo se tiene en cuenta a los fines de su persecución penal, toda vez que si
la lesión dolosa o culposa es leve, la acción penal es dependiente de instancia privada; mientras que
si es grave o gravísima, se procederá de oficio (arts.71 y 72 inc. 2° CP).
Sin embargo, en los supuestos de lesiones leves, tanto dolosas como culposas, se procederá de oficio
cuando mediaren razones de seguridad o interés público.
Tales razones concurrirán cuando los perjuicios a la salud del sujeto pasivo son cometidos por una
patota y a la salida de un establecimiento escolar -lesiones dolosas-, o por un conductor profesional
de un transporte escolar mediante burdas maniobras peligrosas o descuidadas y resultaren varias
víctimas -lesiones culposas- por ejemplo, porque es posible colegir que en este tipo de supuestos el
Estado tiene un sano interés por reprimir conductas manifiestamente riesgosas para la comunidad
que exceden el interés meramente individual del damnificado, y de ese modo buscar desmotivar a
potenciales delincuentes y, en definitiva, prevenir la comisión de ulteriores delitos de tal
envergadura.
4.- Homicidio y lesiones en riña o agresión. Concepto de riña y agresión. Elementos de la
figura legal.-
ARTICULO 95. - Cuando en riña o agresión en que tomaren parte más de dos personas, resultare
muerte o lesiones de las determinadas en los artículos 90 y 91, sin que constare quiénes las causaron,
se tendrá por autores a todos los que ejercieron violencia sobre la persona del ofendido y se aplicará
reclusión o prisión de dos a seis años en caso de muerte y de uno a cuatro en caso de lesión.
ARTICULO 96. - Si las lesiones fueren las previstas en el artículo 89, la pena aplicable será de
cuatro a ciento veinte días de prisión.
El homicidio o lesiones en riña es una figura que ofrece grandes dificultades, tanto para el legislador
en su descripción, como para los operadores judiciales al momento de su aplicación, toda vez que se
parte de la producción de un hecho grave y respecto del cual es imposible determinar con certeza
quién ha provocado el resultado lesión -leve, grave o gravísima-o muerte.
Nuestro Código Penal, de acuerdo al tipo penal en examen, la responsabilidad penal por los
resultados muerte o lesiones requiere:
a) la existencia de una riña o agresión entre tres personas por lo menos;
b) que de la riña o agresión resultare muerto o lesionado algunos de sus intervinientes;
c) que no se pueda determinar con certeza quiénes, de los intervinientes en la riña o agresión, fueron
los que causaron la muerte o lesiones; pero sí
d) que se pueda determinar quiénes ejercieron violencia física sobre la víctima.
Sujeto activo del delito puede ser cualquier persona, sólo se requiere que haya participado en la
riña o agresión y haya ejercido violencia sobre la persona de la víctima. Es indiferente que esta
intervención se produzca desde el inicio o sobrevenga una vez comenzada la contienda.
El sujeto pasivo también puede ser cualquier persona y es aquel que resulta lesionado o muerto
como consecuencia de la riña o agresión.
La riña es el acometimiento súbito y recíproco (ataque y defensa como actividades de todos los
intervinientes) que se ejerce entre tres personas por lo menos ("más de dos personas", exige la
ley). Carrara ilustraba que la riña supone una lucha recíproca y confusa entre más de dos
personas, que tiene lugar imprevista e instantáneamente, en forma rápida y desordenada, sin
concierto previo, de manera tal que el desenlace sale del dominio de los participantes de la
contienda para entrar en el dominio de ésta. La mayoría de la doctrina le agrega a la riña el
calificativo de “tumultuaria", entendiéndose en el sentido de aquello que causa tumulto,
confusión, turbación, agitación, etc.
La agresión, por su parte, es el acometimiento espontáneo de varios contra uno u otros que se
limitan a defenderse pasivamente (evitando ser golpeados pero sin golpear, protegiéndose, etc. -
pues si adoptan una defensa activa se trataría de una riña-), o que ni siquiera se defienden.
→ Debe ser espontánea, debe responder al impulso de la particular decisión de cada uno de
los agresores. No se trata pues de aquellos que se ponen de acuerdo previamente para
matar o lesionar, en cuyo caso entran en juego las reglas comunes de la participación.
Tanto en la riña como en la agresión no debe existir complicidad para matar o lesionar; se trata
de comportamientos que se caracterizan por ser repentinos.
En cuanto al aspecto subjetivo de la figura se revela que la responsabilidad por el resultado exige
una intervención dolosa en la riña o agresión, lo cual importa haber querido intervenir en ellas
desplegando violencias sobre otro.
La doctrina insiste sobre la indeterminación de la finalidad de los agentes, en el sentido de que
éstos actúan queriendo des-plegar violencia, pero sin proponerse, en concreto, un determinado
resultado con ella (matar o lesionar), y en la espontaneidad de la riña o agresión, que no descarta
la voluntad de intervenir en la riña o agresión, sino que importa, solamente, la exclusión de una
preordenación en miras a la producción de un determinado resultado.
El tipo penal requiere que no conste quién o quiénes provocaron el resultado no querido por la
norma, pero sí que se pueda individualizarse a quienes ejercieron violencias, golpearon,
lastimaron, sujetaron, etc. a la víctima. Frente a tal supuesto, por una "ficción de autoría", serán
responsables penalmente estos últimos, esto es, como reza la norma: “los que ejercieron violencia
sobre la persona del ofendido". Caso contrario, de poder dilucidarse quién o quiénes han
provocado el resultado delictivo, resultarán de aplicación las reglas generales de participación y
autoría.
5.- Duelo. Noción y clases. Posturas en relación a su castigo.
6.- Abuso de armas. Noción
ARTICULO 104. - Será reprimido con uno a tres años de prisión, el que disparare un arma de fuego
contra una persona sin herirla.
Esta pena se aplicará aunque se causare herida a que corresponda pena menor, siempre que el hecho
no importe un delito más grave.
Será reprimida con prisión de quince días a seis meses, la agresión con toda arma, aunque no se
causare herida.
ARTICULO 105. - Si concurriera alguna de las circunstancias previstas en los artículos 80 y 81,
inciso 1º, letra a), la pena se aumentará o disminuirá en un tercio respectivamente.
El artículo 104 CP castiga, bajo el título de abuso de armas, el disparo de arma de fuego y la agresión
con arma. Ambas figuras comportan delitos de actividad y de peligro real.
El bien jurídico protegido es la integridad física de la persona.
6.1.- Disparo de arma de fuego. Principio de subsidiariedad.
Un arma de fuego es el instrumento destinado al ataque o a la defensa que, a través de un
mecanismo de explosión o de encendido de gases mediante pólvora, impulsa el proyectil hacia el
exterior. Tal mecanismo, en concreto, consiste en el golpe del percutor en el fulminante, su
ignición, el encendido de la pólvora y, finalmente, la expulsión del proyectil.
El decreto 395/75 reglamentario de la Ley 20429 de Armas y Explosivos define que arma de
fuego “es la que utiliza la energía de los gases producidos por la deflagración de pólvora para
lanzar un proyectil a distancia" (art. 3, inc. 1.-). A guisa de ejemplo, mencionamos pistola,
revólver, fusil, escopeta, carabina, etc., entre otras.
Quedan excluidas: armas de aire comprimido o resorte. También las que funcionan con el
procedimiento de ignición de gases, pero cuyos proyectiles son arrojados por el hombre y no por
el impulso de los mismos (p/ej., granada de mano, petardos y elementos de pirotecnia), o bien
que no expidan proyectiles (p/ej., lanzallamas).
La conducta punible consiste en disparar a la persona, sin ocasionarle herida, o de herirla,
siempre que tal circunstancia le corresponda una pena menor -tal el caso de una lesión leve, art.
89 CP-. El exhibir el arma en forma amenazante o el gatillar conscientemente un arma
descargada no configura el delito; es necesario, a esos efectos, que se produzca el disparo
propiamente dicho.
El arma debe ser disparada contra una persona, esto es, cuando con arreglo a la intención del
autor, el proyectil va dirigido a una o varias personas, creando un riesgo concreto para ellas.
Debe crearse un peligro efectivo para la víctima, lo que no ocurriría si el disparo es efectuado
contra la tierra, hacia el cielo, al descampado, o al agua; conductas que, en todo caso, podrían
configurar una falta o contravención contra el orden público, y no la figura en tratamiento.
Se trata de un delito de peligro real, subsidiario de cualquier otro delito más severamente penado
que de él resulte. Esa subsidiariedad funciona "por vía objetiva o subjetiva.
Tiene una función absorbente de los detrimentos que se castigan con penas menores (p/ej., art. 89
CP) y una función subsidiaria respecto de aquellos delitos más graves (p/ej., arts. 79, 90, 91, 166
inc. 2°, primer párrafo CP) perfeccionados con motivo del disparo del arma de fuego.
Se trata de una figura dolosa, que admite tanto el dolo directo como el eventual, y que se
consuma con el disparo contra una persona.
Respecto de la posibilidad de tentativa, la doctrina no es uniforme. Para algunos autores hay
tentativa cuando el proyectil queda en el arma por defectos mecánicos o de la sustancia
explosiva, por ejemplo en casos de pólvora húmeda o defectos del fulminante o de otro elemento
mecánico del arma, e incluso cuando el disparo no tomó la dirección querida hacia la víctima por
la oportuna intervención de un tercero que desvía el arma antes que salga el proyectil.
Conforme el art. 105 CP, el delito se agrava si concurriera alguna de las circunstancias previstas
en el artículo 80 CP, y se atenúa en el supuesto de cometerse en estado de emoción violenta y las
circunstancias lo hicieran excusable.
Este delito exige:
-Que se haya utilizado un arma de fuego;
- que la misma haya sido disparada; persona;
- que el disparo haya sido dirigido materialmente hacia una persona;
-que esa dirección haya sido querida por el autor;
-que el autor no haya tenido intención de matar o lesionar gravemente
-que no resulte la muerte o lesiones graves o gravísimas a la víctima.
6.2.- Agresión con arma. Armas propias e impropias. Agravantes y atenuantes.-
El art. 104, tercer párrafo CP castiga la agresión con toda arma, aunque no se cause herida.
Agrede con arma tanto el que embiste con ella a otra persona, como el que, sin embestirla, utiliza
contra ella el arma (p/ej., lanzar el arma), de manera que se ponga en riesgo la integridad física
de la víctima.
El tipo penal se configura tanto cuando no se alcanzó el cuerpo del sujeto pasivo con el arma
como cuando se lo alcanzó aunque sin causar daños; lo relevante es la puesta en peligro del bien
jurídico tutelado.
A diferencia de lo que sucede con el disparo de arma, la agresión queda desplazada por la
producción de una lesión leve.
Dentro del término arma se comprenden las propias y las impropias. Armas propias son los
instrumentos que, por su naturaleza o conformación, están destinados para el ataque o la defensa
(p/ej., una pistola, un puñal, una ballesta, etc.); las armas impropias son los instrumentos
susceptibles, mediante su uso, de aumentar el poder ofensivo o defensivo de la persona (p/ej., un
palo, un hierro, una botella rota, una piedra, etc.).
La sola exhibición del arma no configura el delito de agresión, aun cuando el arma exhibida sea
de un alto poder ofensivo, como la de fuego.
Es un delito de peligro, compatible con dolo directo y que se consuma con la agresión misma.
De acuerdo a lo normado por el art. 105 CP, la figura se agra-va si concurriera alguna de las
circunstancias previstas en el artículo 80 CP, y se atenúa en el supuesto de cometerse en estado
de emoción violenta y que las circunstancias hicieren excusable (art. 81,inc. 1°,a) CP).
7.- Abandono de persona. Noción
ARTICULO 106.- El que pusiere en peligro la vida o la salud de otro, sea colocándolo en situación
de desamparo, sea abandonando a su suerte a una persona incapaz de valerse y a la que deba
mantener o cuidar o a la que el mismo autor haya incapacitado, será reprimido con prisión de 2 a 6
años.
La pena será de reclusión o prisión de 3 a 10 años, si a consecuencia del abandono resultare grave
daño en el cuerpo o en la salud de la víctima.
Si ocurriere la muerte, la pena será de 5 a 15 años de reclusión o prisión.
(Artículo sustituido por art. 2° de la Ley N° 24.410 B.O. 2/1/1995)
ARTICULO 107.- El máximum y el mínimum de las penas establecidas en el artículo precedente,
serán aumentados en un tercio cuando el delito fuera cometido por los padres contra sus hijos y por
éstos contra aquéllos o por el cónyuge..
(Artículo sustituido por art. 1° de la Ley N° 24.410 B.O. 2/1/1995)
El artículo 106 CP comprende dos conductas típicas:
a) la exposición a peligro de una persona, colocándola en una situación de desamparo; y
b) la exposición a peligro por abandono a su suerte, ya se trate de una persona incapaz de valerse y a
la que el autor deba cuidar, o a la que el autor haya incapacitado.
Dicha norma, como la siguiente con tienen sus agravantes, por el resultado (grave daño, muerte) y
por el vínculo entre los sujetos activo y pasivo, respectivamente.
Estas conductas computan delitos de peligro concreto para la integridad personal, por lo que se debe
probar que se produjo un daño o afectación al bien jurídico.
7.1.- Exposición a peligro mediante desamparo.
La figura consiste en poner en peligro la vida o la salud de otra persona mediante su colocación
en una situación de desamparo.
El autor coloca a la víctima en esa situación si, por encierro, aislamiento o abandono, la priva de
la posibilidad de proporcionarse la asistencia física que necesita de acuerdo con su condición o
de que otro se la proporcione, creando así un peligro cierto para su vida o salud.
"Desamparados", son aquellas personas que no están en condiciones de ayudarse a sí mismas, ya
sea por edad, fragilidad corporal, invalidez o enfermedad. En cuanto al embarazo, si bien no es
una enfermedad, se lo encuadra dentro de este concepto, especialmente en los momentos en que
la mujer no pueda valerse por sí misma.
El autor puede llevar a la víctima hacia esa situación de desamparo con engaños, forzadamente,
cometiendo otro delito, o simplemente aprovechando que aquélla no se dio cuenta de la suerte
que la esperaba.
El tipo exige para la configuración del delito que el sujeto pasivo, a causa de la conducta del
agente, quede en una situación que no pueda valerse por sí mismo y que esté alejado de la
posibilidad de recibir ayuda de un tercero; creándose así una situación de riesgo concreto para la
vida, integridad personal y salud de la víctima. En consecuencia, no será típica de exposición a
desamparo la conducta del sujeto activo que abandona a su víctima en un lugar donde es seguro
que prontamente y sin peligro alguno para su vida o su salud, será atendida, tal el caso del niño
abandonado en la puerta de un convento, donde el autor, luego de verificar que este fue recibido
por una monja, se marcha del lugar.
El delito se consuma con la situación de desamparo y admite tentativa.
7.2.- Exposición a peligro por abandono de una persona a su suerte.
El delito presupone que la víctima se encuentra bajo la guarda del autor y éste se aleja del sitio o
lugar físico de aquella, lo que le provoca un peligro concreto para su vida, integridad personal o
salud.
La figura admite dos hipótesis: a) Abandonando a su suerte a una persona incapaz de valerse y a
la que el autor deba mantener o cuidar; y b) Abandonando a su suerte a una persona a la que el
autor haya incapacitado.
La primera de ellas sólo admite como sujetos activo y pasivo a aquellas personas vinculadas por
un deber jurídico del autor hacía la víctima, de mantenerla o cuidarla, derivado de la ley (el deber
de cuidado de los padres respecto a sus hijos menores, de los enfermeros respecto los pacientes,
del personal penitenciario respecto de los privados de libertad, etc.), o de una convención (una
niñera, un guía de montaña, el guardavidas, etc.), o de una conducta precedente del autor que lo
obliga a garantizar la integridad personal de la víctima (el secuestrador, por ejemplo).
El sujeto pasivo debe ser una persona incapaz de valerse por sí misma, esto es, que no se puede
proveer a su propia manutención o cuidado por su menor edad, enfermedad, senectud,
alcoholismo, drogadicción u otra causa.
El delito se consuma con la efectiva producción del peligro para el bien jurídico.
La segunda hipótesis delictiva se caracteriza porque la víctima es una persona a la que el mismo
autor incapacitó.
El autor comete el delito si, después de incapacitar físicamente a un tercero, se desentiende de su
asistencia de modo que, por su situación y circunstancias del caso, crea un peligro cierto para la
vida, integridad personal o salud de aquel.
El acto causante de la incapacidad del sujeto pasivo puede provenir de un comportamiento lícito
del agente (p/ej., la in-capacidad derivada de una intervención quirúrgica), o delictivo, sea doloso
(lesión) o culposo (delito de tránsito), los que concurren realmente.
La incapacidad puede derivar de un acto delictivo culposo concurriendo en tal caso el delito
culposo con el abandono, pero si a raíz del delito culposo la víctima perdió su vida queda
excluida la posibilidad del delito de abandono, porque ya no se puede esperar que ella sufra otro
mal físico.
Tanto la exposición a peligro mediante desamparo o por abandono de una persona a su suerte se
agravan si como consecuencia de las conductas descriptas resultare un grave daño en el cuerpo o
en la salud de la víctima, o su muerte. También se agrava por el vínculo que une al autor y a la
victima
El grave daño no implica necesariamente una lesión grave (art. 90 CP) o gravísima (art. 91 CP),
sino un importante perjuicio en el cuerpo o en la salud. Tanto el grave daño como la muerte
deben ser resultados no queridos intencionalmente por el autor, esto es, deben tratarse de
consecuencias preterintencionales o eventuales, caso contrario, si el abandono es un medio para
un resultado de mayor entidad, se consumará delito que correspondiere.
8.- Omisión de auxilio.
ARTICULO 108. - Será reprimido con multa de pesos setecientos cincuenta a pesos doce mil
quinientos el que encontrando perdido o desamparado a un menor de diez años o a una persona
herida o inválida o amenazada de un peligro cualquiera; omitiere prestarle el auxilio necesario,
cuando pudiere hacerlo sin riesgo personal o no diere aviso inmediatamente a la autoridad.
Es un delito de omisión que se castiga por contravenir la expectativa de solidaridad y mutua
asistencia que se deben las personas derivadas de la convivencia social.
Se trata, asimismo, de un delito de peligro concreto, que exige que el autor encuentre perdido o
desamparado a un menor o a una persona amenazada por un peligro y sin riesgo para sí omite
darle auxilio, o de existir riesgo, no de inmediato aviso a la autoridad.
El peligro debe ser manifiesto, concreto y actual, no valorado en abstracto sino de acuerdo a las
circunstancias reales del caso.
Sujeto activo puede ser cualquier persona, mientras que la víctima puede ser una persona que no
ha cumplido diez años u otra persona que, por estar herida o ser inválida o por otra causa (p/ ej.,
alguien que se está ahogando), se encontrare amenazada de un peligro cualquiera en su integridad
física, salud o vida.
El autor encuentra al sujeto pasivo si se da con ella, buscándola o no. Una persona está perdida
si, estando fuera de su casa o sitio seguro, no tiene o no lleva un destino determinado. Y está
desamparada si no tiene la posibilidad de lograr la asistencia y resguardos que necesita.
El agente que encontrando a la víctima en alguna de esas situaciones delinque cuando:
1. sin exponerse a sufrir un daño en su persona, no le presta auxilio (omisión de auxilio
directo);
2. en caso de exponerse a un riesgo para sí, omite darle aviso inmediatamente a la autoridad
(omisión de auxilio indirecto).
El aviso debe ser inmediato, dentro de las posibilidades personales o instrumentales del agente, o
sea, sin solución de continuidad entre la formulación y el hecho de haber encontrado a la víctima.
El delito se consuma con el acto de omisión de auxilio, ya sea directo o indirecto, y no admite
tentativa. Resaltamos que el hecho se consuma por la omisión de auxilio en el momento en que
debía ser prestado o informado a la autoridad, aun cuando la víctima haya sido socorrida por un
tercero que la encontrara después, o que ella misma haya podido eludir la situación de peligro.
No se agrava por sus resultados dañosos, en caso de su ocurrencia.