Tópicos literarios: Edad Media y Renacimiento
Tópicos literarios: Edad Media y Renacimiento
a.- Concepto
Un tópico o “lugar común”, aplicado a la literatura, puede definirse como aquel esquema del pensamiento y de la
expresión ya prefijados; es decir, que podemos rastrear en sus orígenes e influencias. La mayoría de ellos proceden de
la literatura clásica grecolatina. A continuación aludiremos a algunos de estos tópicos, clasificados por épocas
literarias.
Ubi sunt? (¿Dónde están?, ¿qué se hicieron?). Procede de la expresión latina Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuere?
(¿Dónde están quienes vivieron antes que nosotros?). Lamenta la desaparición de las grandes glorias pasadas a través
de la ruina de sus monumentos o el olvido de sus grandes hombres y hazañas. Jorge Manrique en las Coplas a la muerte
de su padre toca este tópico, formulando una serie de preguntas retóricas sobre el destino de caballeros, damas, galas,
amores, músicas, bailes: todo desaparece. Este "ubi sunt" se convertirá en uno de los tópicos más célebres. Los versos
a los que aludimos son:
"¿Qué se ficieron las damas, sus tocados, sus vestidos, sus olores?
¿Qué se ficieron las llamas de los fuegos encendidos de amadores?"
Homo viator (hombre caminante o peregrino). La vida es un viaje que nos va cambiando y purificando
transformándonos en otras personas más sabias y maduras conforme atravesamos por diversas experiencias y
desengaños. Es el “todo pasa y todo queda” de Antonio Machado o la referencia de Berceo en la introducción a los
Milagros de Nuestra Señora, en que compara al hombre con un romero o peregrino.
Vita flumen (la vida como río). Una variante del anterior. Es la idea de entender la vida como un río que desemboca
en el mar, que es la muerte. Las resonancias son manriqueñas (“Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar
/ que es el morir...”) y es un tópico muy hermoso que el propio Machado empleó alguna vez.
De contemptu mundi (Desprecio del mundo): Menosprecio del mundo y de la vida terrena, que no son otra cosa que
un valle de lágrimas y de dolor.
Omnia mors aequat (El poder igualatorio de la muerte. “A todos iguala la muerte”). Carácter igualitario de la muerte
que, en su poder, no discrimina a sus víctimas ni respeta jerarquías. En la Edad Media, sobre todo en las danzas de la
muerte, se veía a ésta como la gran niveladora de las diferencias sociales en vida insalvables, pues hacía tabla rasa
"desde el Papa hasta el que no tiene capa". El hecho de que todos seamos iguales ante la muerte lo podemos ver en
la Danza general de la muerte, del siglo XV.
Vanitas vanitatis (Vanidad de vanidades, y todo es vanidad, del Eclesiastés). Carácter engañoso de las apariencias, que
exige el rechazo o renuncia de toda ambición humana, por considerarla vana. Nada merece la pena o el esfuerzo por
conseguirlo porque no es posible alcanzar satisfacción, todo se reduce a polvo. Se intenta ser más de lo que se puede
ser y eso es hincharse de dolor y angustia, y tanto más cuanto más se desea, pues todo está vacío de contenido y no
merece la pena que se toma por conseguirlo. Cuando uno consigue su deseo desea más y nuestro insaciable orgullo
nunca se satisface así que nuestro orgullo es un tormento y está vacío de toda satisfacción.
Flamma amoris (el amor como “llama de fuego”). De origen clásico, concibe el amor como un fuego interior. Hace
referencia a un amor puro y verdadero, en el cual la llama nunca se apaga y se es capaz de morir por la persona amada.
Fortuna imperatrix mundi (la fortuna es la emperatriz del mundo o rueda de la fortuna). La fortuna todo lo trastoca:
eleva al malvado y arroja a la miseria al virtuoso; este tópico nace del De consolatione Philosohiae (Consolación de la
Filosofía) de Boecio. Se trata de un diálogo entre el propio filósofo romano (s. VI) y Filosofía, personaje alegórico
femenino que se le aparece para aclararle el problema del destino, de por qué los malvados logran recompensa y los
justos no.
c.- Tópicos propios del Renacimiento
Carpe diem (“goza del día presente” – Abraza el día). Hay que disfrutar del tiempo en que se dispone de belleza,
entusiasmo y salud, es decir, la juventud (=día), porque el paso del tiempo lo arruinará (ubi sunt?). Procede del poeta
latino Horacio y lo podemos observar en poetas como, por ejemplo, Garcilaso de la Vega, especialmente en el Soneto
XXIII.
“En tanto que de rosa y de azucena / se muestra la color en vuestro gesto, / y que vuestro mirar ardiente, honesto, /
con clara luz la tempestad serena;”
Collige, virgo, rosas (coge, doncella, las rosas). Es una derivación del tema anterior que parte de un verso de Ausonio,
poeta latino: "Coge, virgen, la rosa" y que es también una incitación a gozar del día, pero aplicado a una mujer. Góngora
es otro de los poetas de lo ha manejado en aquel célebre soneto que se inicia con el verso "Mientras por competir con
tu cabello...".
“Mientras por competir con tu cabello / Oro bruñido al sol relumbra en vano, / Mientras con menosprecio en medio el
llano / Mira tu blanca frente al lilio bello;”
“Beatus ille”... qui procul negotiis (feliz aquel que alejado de los negocios...). Ensalza la vida sencilla y retirada, por lo
general en contacto con la naturaleza. A veces se confunde con el "menosprecio de corte y alabanza de aldea”. Recoge
las palabras iniciales del Épodo II de Horacio y es Fray Luis de León quien le dio mayor fuerza en su "Oda a la vida
retirada". Consiste en enumerar el ideal de felicidad basado en la ausencia de pasiones -vanidad, avaricia, cargos...- y
en vivir de acuerdo con la propia conciencia, retirado. En este poema Fray Luis canta la alegría de vivir en el campo,
apartado de los problemas que acarrea la vida pública. Hay que saber que Fray Luis había sufrido una terrible
experiencia, ya que había sido encarcelado y apartado de su cátedra por traducir la Biblia. La temática del beatus ille
es una de las cuatro aspiraciones del hombre del Renacimiento, que son: el beatus ille («feliz aquel»), el carpe diem
(«atrapa el día»), el locus amoenus («lugar ameno», idealización de la realidad) y el tempus fugit («tiempo que corre»).
Aurea mediocritas (“la dorada medianía o dorada moderación”): ideal de vida en que no se prefiere lo mucho ni lo
poco, sino tener estrictamente lo necesario, porque así no hay preocupación por las pasiones de guardar lo que se
tiene de más o del deseo de obtener lo que falta. Dentro de la filosofía de Horacio alude al intento de alcanzar un
deseado punto medio entre los extremos o un estado ideal en el que no afecten el exceso y la virtud, sino la justa
medida de ambos. Es el equilibrio clásico. También se formula como: In medio stat virtus, quando extrema sunt vitiosa
(la virtud está en el medio cuando los extremos son viciosos).
Descriptio puellae (“descripción de la dama”): la descripción de la amada como si fuera un objeto o cosa preciosa
compuesto de materias hermosas o lujosas. Su cabello es oro, sus mejillas ruborizadas son rosas, cristal su frente, coral
sus encías, perlas sus dientes, etc. Responde a una fórmula muy conocida de la poesía de la Edad de Oro. El rostro es
el centro de esta belleza, se habla de su cabello -rubio-, de su tez, del color blanco, de su frente, de sus cejas, de sus
ojos, de su boca, de su cuello, de sus dientes...
Fortuna mutabile (“la fortuna mudable”). Se refiere a los avatares de la fortuna que, a veces, es favorable y otras no,
tanto subes como bajas. Fue muy frecuente en el Renacimiento y ya utilizado en Las coplas a la muerte de su padre
(XV-XXIV) de Jorge Manrique.
Locus amoenus (“lugar delicioso”), es un lugar natural provisto de tres elementos: agua, prado y sombra de árboles,
que invita a la conversación o al descanso. Es el escenario de los diálogos ciceronianos y de las conversaciones de la
literatura pastoril. Si falta cualquiera de esos tres elementos, no se trata de un lugar delicioso. Deriva de Teócrito y de
Virgilio y tuvo un gran desarrollo en nuestra poesía bucólica de la Edad de Oro. La descripción del paisaje tiene las
mismas características: prados verdes, riachuelos cristalinos, pájaros cantando, árboles con deleitosa sombra. No
importa la precisión geográfica, sólo que sea el marco ideal para el amor. Garcilaso y Jorge de Montemayor son buenos
exponentes en el uso magistral de este tópico, como puede verse en este fragmento de la Égloga I:
“Corrientes aguas, puras, cristalinas, / árboles que os estáis mirando en ellas, / verde prado, de fresca sombra lleno, /
aves que aquí sembráis vuestras querellas, / hiedra que por los árboles caminas, / torciendo el paso por su verde seno”.
d.- Tópicos propios del Barroco
Con el Barroco se vuelve a los tópicos de la Edad Media, que se revisten de una forma más culta y de una filosofía más
profunda. Se deja el optimismo y claridad racional del Renacimiento y se vuelve al pesimismo y al oscurantismo
medievales.
Tópico del Desengaño. Es el tema general en una generación que se ha formado escuchando y leyendo a los ascetas y
místicos de la España de la Contrarreforma y encerrada en sí misma de Felipe II.
Tempus fugit (el tiempo pasa irreparablemente). Su origen está en el poeta latino Virgilio, quien en las Geórgicas (III,
284), indica: Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus, o lo que es lo mismo: “pero mientras tanto fluye, fluye el
tiempo de forma irreparable”. A pesar de su procedencia clásica, el tópico del tempus fugit se manifiesta sobre todo
a partir del siglo XV, momento en el que la burguesía comienza a tener poder y el dinero se hace imprescindible. La
clase alta mejora su nivel de vida, por lo que se produce un cambio en cuanto a la forma de ver la muerte, que ya no
será una forma de acceso a la vida eterna, sino una desgracia. Este espíritu es el que mueve el dicho popular de “El
tiempo es oro”, visión burguesa del tópico latino.
En el Barroco, la inestabilidad de los hombres y la fugacidad de las cosas hacen que el presente sea una perpetua
descomposición. "Solamente lo fugitivo permanece y dura". "Hoy pasa y es, con movimiento / que a la muerte me
lleva despeñado". "Soy un fue, y un será, y un es cansado" (Quevedo). "Del tiempo huye lo que el tiempo alcanza"
(Lope de Vega).
Theatrum mundi / Vita theatrum (el teatro del mundo / la vida como teatro). Carácter representativo de la existencia
humana, que se presenta como una dramatización singular e irrepetible del propio papel vita. El mundo es un teatro
para Calderón ("teatro funesto es, donde importuna / representa tragedias la Fortuna"), donde todo es apariencia; así
lo reflejó en su auto sacramental El gran teatro del mundo. Sólo la reflexión y la abstención de acción, que nos
distancian de lo que ocurre en escena, nos puede dar el sentido de la obra. El teatro del Globo isabelino tenía por lema
"el mundo entero es un teatro".
Vita somnium (la vida es sueño). Carácter onírico de la vida humana, entendida como un sueño irreal, una ficción
pasajera. Es el famoso tópico que recoge Calderón en su obra La vida es sueño en donde la vida puede entenderse
como un sueño del cual despiertas con la muerte. Sería una variante del anterior.
Sic transit gloria mundo (así pasa la gloria del mundo). Con esta frase recordaba el acompañante del victorioso jefe
militar que era homenajeado en la Roma imperial, con un triunfo por sus hazañas, que la fama era pasajera. Reflexión
latina sobre lo efímero de la vanagloria mundana, condenada a verse arrastrada por la muerte.