El sabio Sebastián' es un cuento infantil inspirado en Sebastián
Covarrubias, el lexicógrafo español del siglo XVI al que se le
atribuye el primer diccionario del castellano. El 1611 apareció
'Tesoro de la lengua castellana o española', que se considera el
primer diccionario monolingüe del castellano.
Sebastián recogía diariamente una palabra diferente para aprender
su significado y la echaba a un saco; ya tenía más de mil.
- ¿Para qué quieres tantas palabras? - le preguntó un vecino del
pueblo extrañado.
- Me gusta aprenderlas y saber lo que significan; algún día seré
millonario en palabras.
- ¿Millonario de palabras? ¡Vaya tontería! - exclamó el vecino.
Pasaba el tiempo y el saco aparecía cada vez más lleno; ya tenía
dos mil palabras.
- ¿Aún sigues recogiendo palabras? ¡Qué estupidez! - le dijo el
vecino mofándose de él al verlo cargando con el saco.
Pasaron los años y Sebastián había recogido tantas palabras que
las tuvo que repartir en cientos de sacos; ya tenía más de ochenta
mil.
Pasó un chiquillo corriendo por la plaza del pueblo y Sebastián dijo:
- ¡Este mozalbete es un astuto agibílibus!
-¿Qué has dicho?! - gritó la madre, airada, pensando que había
dicho algo horrible de su pequeño.
Y Sebastián le explicó el significado de esa extraña
palabra dejando a la madre tranquila.
Un día llegó al pueblo un hombre montado en un equino.
- ¡Buenos días! ¡Bonito burdégano! - saludo Sebastián dando la
bienvenida al forastero.
- ¿Y eso qué es? - dijo el hombre con los ojos abiertos como platos.
Y Sebastián se lo explicó porque conocía al animal mejor que su
dueño.
Otro día pasó por el pueblo un vendedor que ofrecía a los vecinos
un raro artilugio: un tubo negro que en su interior tenía tres espejos
inclinados y multiplicaba unas imágenes muy bonitas al mirar por él.
- ¡Un caleidoscopio! - exclamó Sebastián feliz.
- ¡¿Un quéééé?! - gritaron todos sorprendidos.
Y Sebastián se lo explicó porque sabía qué era y lo divertido que
resultaba jugar con un caleidoscopio.
Al poco tiempo Sebastián se encontró al vecino que venía de
sacarse una muela.
- ¡Vecino, estás abuhado! - le dijo mirándolo a la cara
detenidamente.
El vecino que tenía dolores y estaba de muy mal humor lo
empujó muy enfadado.
- ¡¿Me estás llamando cara de búho?! - le gritó muy colorado.
- ¡Nooooo, cálmate! ¡Estás enajenado! - le dijo, enfadando aún más
al vecino que pensaba que lo insultaba de nuevo.
- ¡Ayuda! ¡Me ataca un orate! - gritó Sebastián al verlo fuera de sí, y
recibió un nuevo empujón del hombre ignorante que lo hizo caer al
suelo.
Cuando el vecino estuvo más calmado Sebastián le pudo explicar
todo.
Además de millonario en palabras, Sebastián se convirtió en un
anciano muy sabio; las recogió en un diccionario para que todos
pudieran consultar su significado y no hubiera nunca más malos
entendidos
Un cuento para enseñar a los niños a ser amables - Daniel y las
palabras mágicas
Te presento a Daniel, el gran mago de las palabras. El abuelo de
Daniel es muy aventurero y este año le ha enviado desde un país
sin nombre, por su cumpleaños, un regalo muy extraño: una caja
llena de letras brillantes.
En una carta, su abuelo le dice que esas letras forman palabras
amables que, si las regalas a los demás, pueden conseguir que las
personas hagan muchas cosas: hacer reír al que está triste, llorar
de alegría, entender cuando no entendemos, abrir el corazón a los
demás, enseñarnos a escuchar sin hablar.
Daniel juega muy contento en su habitación, monta y desmonta
palabras sin cesar. Hay veces que las letras se unen solas para
formar palabras fantásticas, imaginarias, y es que Daniel es mágico,
es un mago de las palabras.
Lleva unos días preparando un regalo muy especial para aquellos
que más quiere. Es muy divertido ver la cara de mamá cuando
descubre por la mañana un buenos días, preciosa debajo de la
almohada; o cuando papá encuentra en su coche un te quiero de
color azul.
Sus palabras son amables y bonitas, cortas, largas, que suenan
bien y hacen sentir bien:
- gracias
- te quiero
- buenos días
- por favor
- lo siento
- me gustas
Daniel sabe que las palabras son poderosas y a él le gusta jugar
con ellas y ver la cara de felicidad de la gente cuando las oye. Sabe
bien que las palabras amables son mágicas, son como llaves que te
abren la puerta de los demás.
Porque si tú eres amable, todo es amable contigo. Y Daniel te
pregunta: ¿quieres intentarlo tú y ser un mago de las palabras
amables?
FIN
Preguntas de comprensión lectora sobre el cuento para niños
Utiliza este cuento para reflexionar con tu hijo sobre la importancia
de valores esenciales como la amabilidad. Además, puedes mejorar
su comprensión lectora con ayuda de estas preguntas:
- ¿Qué le regaló el abuelo a Daniel?
- ¿Qué había dentro de la caja?
- ¿Qué hacía Daniel con la caja misteriosa cada día?
- ¿Qué palabras podía formar la caja que hacían felices a los
demás?
- ¿Qué has aprendido con este cuento?
- ¿Sabrías explicar qué es la amabilidad?
En el pueblo decían que no recordaban un verano tan caluroso.
Hacía tanto calor que los pantanos aparecían vacíos y ardían los
pastos secos casi a diario. Los pájaros aparecían muertos por el
suelo, y cuando Nerea, de tan solo siete años, se dio cuento de lo
que estaba sucediendo preguntó a su padre:
- ¡Papá! ¿Puedo poner agua para que beban los pajaritos?
- ¡Claro que sí, Nerea! - le contestó su padre.
Entre los dos llenaron unos barreños con agua fresquita, y los
pusieron a la sombra de los rosales y lilos de su jardín para que las
aves y mariposas pudieran beber y refrescarse.
Así pasó Nerea todo el verano sin olvidarse ni un solo día; dando
de beber a los pajaritos y a las mariposas de su jardín para que
pudieran sobrevivir a la ola de calor.
Por fin llegó el otoño aliviando el ambiente. En el pueblo, como era
lo habitual, pasaron un invierno muy frío seguido de una cálida
primavera y, de nuevo, volvió allí el calor del verano, este año con
temperaturas más suaves. Los pájaros y mariposas revoloteaban
felices por el jardín de Nerea sin que les faltara de beber ni de
comer.
Sucedió que con la entrada del verano Nerea empezó a sentirse
mal; estaba muy pálida y sentía mareos, por ese motivo los
médicos le pusieron una medicación y le mandaron mucho reposo.
Se encontraba muy cansada y aburrida, y no tenía ganas de salir al
jardín ni para tomar el aire puro y el sol, a pesar de los insistentes
ruegos de sus padres.
Enterado uno de los pajarillos que sobrevivió a la ola de calor del
año anterior, avisó a todos los demás de lo que estaba sucediendo.
A los pocos días el jardín de Nerea estaba lleno de agradecidos
pajarillos que susurraban alegres cantos apostados en la
ventana de la habitación de la niña. Poco a poco Nerea fue
mejorando y quiso salir al jardín. Las mariposas extendiendo sus
coloridas alas abanicaban suavemente la carita de la niña, que
gracias a todos sus amigos fue mejorando hasta recuperar su color.
Preguntas para niños tras leer el cuento En el jardín de Nerea
Leer un cuento con nuestros hijos nos ayuda a reforzar el vínculo
que tenemos con ellos, a construir recuerdos que marcarán su
infancia, a fomentar el hábito de lectura, a enseñarles nuevas
palabras... Pero también son una excusa para reflexionar junto a
ellos sobre ciertos temas.
En esta ocasión, el cuento En el jardín de Nerea os puede dar pie
a hablar sobre la bondad. Para ello, te proponemos a continuación
algunas preguntas que os harán pensar:
- ¿Qué significa 'ser bueno'?
- Dime ejemplos de conductas que estén relacionadas con el
valor de la bondad.
- ¿Mirar por los demás significa que está mal mirar por uno mismo?
- ¿Es bueno aquel que hace algo bueno para conseguir algo a
cambio? Por ejemplo, si yo ayudo a un amigo para que al día
siguiente él me ayude a mí, ¿estoy siendo bueno?
- ¿Se te ocurre algo que tú puedas cambiar en tu comportamiento
para ser más bueno?
Su abuelo fabricaba toda clase de juguetes, por eso a Tobías nunca
le faltaron. Jamás lo había oído quejarse a pesar de que siempre
estaba trabajando.
- ¡Jo,jo,jo,jo,jo,jo,jo,jo! - reía feliz cada vez que terminaba una de
sus creaciones.
Esta vez era un bonito tren de madera. Tobías lo miraba embobado
mientras aprendía tan bonito oficio.
- ¿Abuelo, para quién es ese tren? - preguntaba.
- Es para Iván que hoy cumple cinco años.
- ¿Y esto, abuelo? - preguntaba señalando una casita de muñecas.
- Para Carla y Daniel, dos hermanos mellizos que viven cerca de
aquí - contestaba sin vacilar.
- ¿Y este coche, abuelo? - decía señalando la estantería repleta de
juguetes.
- Ese es para María. Está ansiosa por tenerlo. ¡Jo,jo,jo,jo,jo,jo,jo,jo! -
contestó riendo.
Tobías no comprendía cómo su abuelo era capaz de recordar
todos los nombres de las personas para las que fabricaba los
juguetes.
Cuando llegaba la Navidad, nieto y abuelo eran especialmente
felices. Esos días era un no parar pues recibían encargos de todos
los lugares del mundo. El taller se inundaba
de villancicos navideños y de las ruidosas risotadas del abuelo:
- ¡Jo, jo, jo, jo, jo, jo, jo, jo! ¡Jo, jo, jo, jo, jo, jo, jo, jo!
A los pies de un abeto gigante aparecían cientos de juguetes
preparados para ser repartidos la noche de Navidad. Su abuelo le
había prometido que ese año tendría algo muy especial por el
día de Navidad.
- ¡Tobías! ¡Tobías! ¡Despierta Tobías! - lo zarandeó en la cama para
que se espabilara. - ¡Ha llegado la hora! ¡Tenemos mucho trabajo! -
le dijo.
- ¿Dónde vamos, abuelo? - preguntó adormilado el niño.
- ¡A realizar los sueños de muchas personas! - le contestó con
un brillo en los ojos.
[Leer +: Cuentos de Navidad por edades]
- ¡Brommmm! ¡Brommmm! - sonó el motor cuando su coche se
puso en marcha. - ¡Brommmm! ¡Brommmm! ¡Brommmm!
¡Brommmm! ¡Brommmm! ¡Brommmm!
Observó que tras ellos arrancaron sus motores muchos más
coches, repletos de juguetes. Antes de llegar al cruce los coches
fueron tomando diferentes caminos. Vio maravillado cómo algunos
empezaron a volar.
- ¡El mundo es muy grande! - dijo su abuelo guiñándole un ojo.
- ¡Ay, ay! - gritó Tobías cuando su coche despegó al cielo.
Con los ojos como platos veía las luces de las casitas cada vez más
pequeñas.
- Ahora vamos a casa de Ricardo - le dijo.
- ¿Quién es Ricardo?
- Alguien al que vamos a hacer muy feliz - contestó el abuelo
pasándole una nota de papel. Tobías leyó en voz alta:
'He echado esta carta al buzón sin saber
si llegará a su destinatario. Cuando era pequeño,
aunque la pedí muchas veces, nunca me la trajeron.
Un viejo esperanzado.
Ricardo'.
Tobías se quedó pensativo. ¿Cómo sabía su abuelo
qué regalo quería ese hombre? Intentó adivinar la respuesta en sus
ojos transparentes como el cristal
- ¡Toma, Tobías! ¡Déjaselo tú! - le dijo poniendo un paquete
alargado en sus brazos.
Al niño le pareció ver algo puntiagudo y brillante en su interior, pero
no dijo nada Su corazón empezó a latir aceleradamente. Entró en la
casa sin hacer ruido. Ricardo estaba roncando. Dejó el paquete a
los pies de la cama del hombre y salió de la habitación.
Estuvieron toda la noche repartiendo juguetes por todo el mundo, y
Tobías se olvidó de Ricardo.
Esa noche descubrió que había niños que no tenían ni un
solo juguete, y se sintió un privilegiado. Vio a otras personas con
ropas viejas y rotas, y se sintió un privilegiado por ir vestido con
ropa nueva y limpia. Entró en casas frías y oscuras, y pensó la
suerte que tenía de vivir en una casa caliente y luminosa, y se sintió
un privilegiado. Cuando volvieron a casa le dijo a su abuelo:
- Abuelo, quiero que el juguete que me tenías reservado para
Navidad se lo des a un niño pobre. ¡Eso me hará feliz!
El abuelo lo abrazó muy fuerte y le dijo:
- ¡Tobías! La bondad se ha hecho hueco en tu corazón. Ese es
mi regalo esta Navidad - el niño comprendió enseguida las palabras
del abuelo, y volvió a encontrarse con esa mirada transparente que
tanta paz le daba.
Al otro día se acordó de Ricardo y preguntó a su abuelo:
- ¿Qué es eso que quería Ricardo?
El abuelo llevó al niño de nuevo a la casa del hombre. Ricardo
estaba muy contento. Rodeado de su familia reía y cantaba
villancicos alrededor de un abeto adornado con guirnaldas de
muchos colores. Tenía a un niño en brazos y lo subía para que
alcanzara a colocar una estrella brillante en la copa del árbol. La
Navidad por fin había llegado a la casa de Ricardo.
Tobías miró a su abuelo feliz y soltó una gran risotada: ¡Jo, jo, jo, jo,
jo, jo, jo, jo!
Tras leer cuentos cortos, haced preguntas de comprensión
lectora
cg
Las habilidades de comprensión lectora son esenciales para que
los niños disfruten de los cuentos y libros que leen, pero también es
de gran ayuda para los estudios escolares. Para trabajarla, en
Guiainfantil.com te proponemos algunas preguntas que puedes
intentar resolver junto a tu hijo o hija tras leer el cuento de 'La
Navidad de Tobías'.
¿Cómo se llama el protagonista del cuento?
¿A qué se dedica el abuelo del niño?
¿A dónde van y qué hacen en el cuento?
¿Qué decide hacer Tobías con su regalo de Navidad?
Además de las anteriores preguntas de comprensión lectora,
también es interesante que propongamos algunas cuestiones a los
niños para que reflexionen sobre el texto. Es un ejercicio muy útil
para desarrollar su pensamiento crítico y animarles a desarrollar su
empatía.
¿Qué significa la palabra bondad? Piensa en una situación en la
que este valor destaque.
¿Cómo crees que se sintió Tobías cuando visitó otras casas?
¿Qué crees que habrías hecho tú si hubieras estado en el caso de
Tobías?
Papá Noel estaba muy preocupado. Y tanta preocupación no le
dejaba dormir por las noches, le hacía estar enfadado y había
dejado de canturrear felices villancicos para acompañar sus tareas
diarias. A Mamá Noel no le gustaba nada verle así de triste.
¡Echaba de menos su sonrisa! Por eso, intentó averiguar qué le
pasaba.
- Estoy tan angustiado... ¡A los niños ya no les gustan mis
regalos! - respondió Papá Noel ante la pregunta de su mujer.
Mamá Noel no entendía nada, ¡pero si antes les encantaban!
- Ahora, no hacen más que pedir videojuegos, tablets y móviles.
¡Han perdido la ilusión por los regalos de siempre! Juegos de mesa
para divertirse con sus hermanos, peluches a los que abrazar,
bloques de construcción para construir ciudades imaginarias...
¡Juguetes emotivos y muy imaginativos! - continuó diciendo Papá
Noel.
- ¡Cómo es posible! ¡Hay que hacer algo ya mismo! O si no... ¡los
niños podrían perder el espíritu navideño! - respondió
preocupada Mamá Noel. - ¡Tengo una idea! Pide ayuda a todos los
elfos. Seguro que entre todos encontráis la solución.
Rápidamente, Papá Noel se abrochó sus enormes botas negras,
cogió su chaqueta roja y puso camino hacia La Fábrica de los
Juguetes. Allí, los elfos estaban preparando todo lo necesario para
trabajar: papel de regalo, cintas de colores, lazos...
Papá Noel no tardó en reunirlos a todos y les explicó lo que estaba
sucediendo con los regalos de todos los niños del mundo. En la
cara de los elfos se podía ver el terror ante lo que estaba
ocurriendo. ¡El espíritu navideño está en juego!
- Tenemos que encontrar la forma de que los regalos vuelvan
a ilusionar a los niños. ¿Qué ingredientes necesita un regalo de
Navidad para que le guste a los pequeños?
Los elfos se quedaron pensando un rato... Y de pronto se
empezaron a escuchar vocecillas diciendo:
- ¡Necesitan una gran dosis de Niñez!
- ¡Tampoco nos podemos olvidar de ponerles un buen puñado
de Alegría!
- ¡Y de Valentía!
- Y, por supuesto, los regalos tienen que estar cargados de Ilusión,
¡mucha ilusión!
- También necesitamos litros y litros de Diversión. Los regalos que
les demos a los niños tienen que ser muy divertidos.
- Y el Amor, también es un ingrediente esencial. Los regalos tienen
que tener una gran porción de amor... Amor por los hermanos, amor
por los padres, amor por los amigos... ¡Amor!
- Yo añadiría Dedicación... Dedicación a las personas a las que
quieren.
Papá Noel estaba entusiasmado con tantas respuestas de sus
amigos los elfos. Antes, estaba tan preocupado que no se dio
cuenta de que hablándolo todos juntos surgirían muchas
soluciones. ¡Qué buen trabajo en equipo!
- ¡Muy bien! ¡Bien hecho, equipo! Así queda entonces, nuestra
receta:
¡Papá Noel no podía creer lo que veían sus ojos! Las iniciales de
cada uno de los ingredientes mágicos para hacer regalos formaban
la palabra más importante: NAVIDAD.
Felices por esta maravillosa coincidencia, los elfos se pusieron
rápidamente en marcha. Encendieron la máquina para fabricar los
regalos, echaron todos los ingredientes mágicos de los que habían
hablado con Papá Noel y... ¡plum! ¡criiiii! ¡chist! ¡bang!
¿Sabes qué regalo maravilloso salió? El mejor regalo de Navidad
que cualquier niño puede recibir: ¡un enorme abrazo!
FIN
Preguntas:
¿Qué tenía tan preocupado a Papá Noel?
¿Qué le aconsejó hacer Mamá Noel?
¿Te acuerdas de alguno de los ingredientes que
propusieron los elfos?
¿Cuál es el mejor regalo que un niño puede recibir en
Navidad?
¿Has oído hablar del síndrome del niño hiperregalado? Hace
alusión a esos pequeños que reciben muchísimos regalos de
Navidad y, como consecuencia, quieren más y más (y cuando no
los reciben, sienten una gran frustración que a menudo se traduce
en una rabieta o berrinche). Pero, en realidad, los niños no
necesitan muchos juguetes para ser felices. El protagonista de
este cuento de Navidad titulado '¿Solo eso?' aprende a valorar
sus regalos navideños gracias a Papá Noel. Y es que él también se
enfada mucho por no recibir todos los regalos que había pedido en
su carta
Este cuento navideño es una buena herramienta para que los niños
aprendan algunos de los valores navideños más importantes como
la gratitud, generosidad o la solidaridad. Acompañando al relato, te
hemos dejado algunas actividades de comprensión lectora y otros
cuentos infantiles para leer en Navidad. Pero, primero, vamos al
cuento:
Cuando en la noche de Navidad Javier descubrió que faltaba un
regalo de los que había pedido a Papá Noel, comenzó a llorar y a
gritar como un loco.
- ¡Quiero mi camión! ¡Quiero mi camión! - gritó fuera de sí, sin hacer
caso al resto de sus regalos.
- ¡Javier! Papá Noel tiene que repartir juguetes para muchos niños y
niñas - le dijo su madre intentando calmarlo.
- Deberías estar muy contento con todo lo que te ha traído ¡Eres
muy afortunado! - dijo su padre.
Pero Javier, enrabietado, ese día se fue a la cama sin cenar.
A medianoche se despertó. Le pareció escuchar un ruido y se
levantó de la cama para ver qué era. Se sorprendió
muchísimo cuando descubrió en el pasillo a un hombre vestido con
gorro y traje rojo, y con una larga barba blanca: ¡Papá Noel! Se
tapó la boca cuando le salió un gritito involuntario.
- ¡Javier, estaba esperándote! ¿Se te ha pasado ya la rabieta? - le
dijo Papá Noel mirándolo por encima de unas pequeñas gafas.
Javier titubeó y no supo qué contestar.
- ¿Has venido a traerme el juguete que me falta? - se atrevió a
preguntarle.
- ¡No exactamente! Vengo a proponerte algo - le dijo.
Javier lo miró sorprendido.
- Aún no he terminado de repartir todo lo que me han encargado.
¿Quieres venir conmigo? ¡Me gustaría enseñarte algo y me vendría
bien tu ayuda!
[Leer +: Cuento para niños de Rudolph el reno]
Javier lo pensó solo un momento.
- ¡De acuerdo! ¡Iré contigo!
Salieron a la calle y vio que un gran trineo, con dos bonitos renos,
los esperaba a la puerta de casa.
- ¡Guauuuuu! - exclamó Javier admirado.
Subieron al trineo enseguida; se pusieron un cinturón de seguridad
y Papá Noel gritó:
- ¡En marchaaaaa, renos!
Entonces los renos empezaron a correr cada vez más deprisa y
dando un gran salto empezaron a volar. Javier miraba todo desde
arriba con los ojos como platos. Cuando se lo contara a sus amigos
no lo iban a creer.
- ¡Soooooooooooo, renos! - gritó Papá Noel.
Los renos de Papá Noel, entonces, empezaron a descender y
pararon delante de una casa que parecía muy humilde.
- Vamos a dejar su regalo a Raquel - le dijo cogiendo a oscuras algo
del trineo.
Javier no supo bien cómo lo hizo Papá Noel, pero agarrado de su
mano, en cuestión de segundos estaba en el interior de la casa, en
una estancia donde apenas había muebles. Papá Noel sacó una
bonita muñeca y la dejó encima de unos viejos zapatos colocados
en la puerta de una habitación.
- ¿Solo dejas eso? - preguntó Javier tirando a Papá Noel de la
manga cuando vio que se volvía.
- Cuando Raquel despierte y vea la muñeca será la niña más feliz
del mundo - contestó.
Subieron al trineo y continuaron el viaje. Sobrevolaron una bonita
ciudad llena de altos edificios. Desde el cielo las luces dejaban ver
un impresionante paisaje. Pero el trineo se fue alejando del
centro de la ciudad, y Papá Noel mandó bajar a los renos donde
apenas había unas farolas.
- ¡Soooooooooooo, renos! - gritó de nuevo.
Javier miró alrededor muy extrañado; estaba muy oscuro y había
casas bajas con las ventanas y puertas muy deterioradas.
- Ahora vamos a dejar los regalos al pequeño Martín, a Noelia y a
Jorge - dijo Papá Noel.
Como la vez anterior, sin saber bien cómo lo hizo, entraron en la
primera casa. Papá Noel se volvió y le hizo una señal para que
guardara silencio: en un camastro dormían una pareja y un niño
pequeño. Sin hacer ruido dejó un oso de peluche en los
diminutos zapatos que había en la habitación.
- ¿Solo dejas eso? - preguntó Javier de nuevo extrañado.
- Cuando Martín despierte y vea el osito será el niño más feliz del
mundo - contestó.
Fueron a otra casa, y esta vez Papá Noel le dijo a Javier que dejara
él los regalos: un balón y una pizarra con tizas de colores.
- ¿Solo dejamos eso? - preguntó por tercera vez. Y obtuvo la
misma respuesta:
- Cuando Noelia y Jorge despierten y vean sus regalos serán los
niños más felices del mundo.
Estuvieron toda la noche repartiendo juguetes, pero no volvió a
preguntar nada.
- ¡Javier! ¡Javier! ¡Son las once la mañana! ¿Qué te ocurre hoy? -
oyó que decía su madre mientras lo zarandeaba.
Cuando Javier abrió los ojos no sabía dónde estaba.
- ¿Se ha marchado ya Papá Noel? - le preguntó a su madre.
- ¡Claro! ¡Ayer, después de dejarte los regalos! - contestó temerosa
de que el niño volviera a coger una rabieta.
Javier se levantó, miró todos los juguetes que le había dejado
Papá Noel, y no dijo nada. Al lado de su cama, en el suelo, había
una tiza de color. El niño cerró los ojos y sonrió. Había aprendido
mucho en ese viaje, y se sentía muy afortunado por haber conocido
a Papá Noel en persona
1. Preguntas de comprensión lectora
Para saber si tus hijos han prestado atención a la lectura y han
sabido extraer el mensaje de la historia, hazles las siguientes
preguntas de comprensión lectora.
¿Por qué se enfada Javier al principio de la historia?
¿A quién se encuentra Javier en el pasillo?
¿Qué le propuso Santa Claus?
¿Dónde fue Javier con el trineo de Papá Noel?
¿Qué aprendió el niño protagonista después de pasar la
noche con Papá Noel?
Catalina era muy egoísta, nunca compartía nada con su hermano
Miguel, y para colmo, siempre se antojaba de todo lo que quería él.
Estaban de vacaciones navideñas. Esa tarde Miguel se enojó
mucho cuando empezó a berrear para que le dejara los patines que
le habían regalado por su cumpleaños; estaba muy cansado del
comportamiento de su hermana. Se dio la vuelta y se marchó de allí
dando un portazo.
Nunca había visto a su hermano reaccionar así, pero
Catalina pensó que como había sucedido otras veces se le
pasaría el enfado, y antes de que llegara la noche todo volvería a
ser como antes.
Tocó la pandereta saltando y cantando villancicos alrededor de su
hermano, pero Miguel no la escuchó. Hizo muecas delante de él,
siempre se reía cuando ponía esas caras, pero Miguel no la miró.
El día de Nochebuena salieron a ver los nacimientos, hicieron
alguna compra, pasearon y fueron a cenar con sus abuelos. Su
hermano estuvo toda la tarde muy callado y se mostró triste.
- ¿Os ocurre algo? Estáis muy callados - dijo la abuela a los dos
niños muy extrañada.
El día de Navidad Catalina fue a buscar a su hermano para jugar, y
Miguel le gritó a punto de llorar:
- ¡Déjame en paz! ¡No quiero jugar contigo!
Jamás le había hablado así, y nunca le había durado tanto un
enfado. Dos gruesos lagrimones resbalaron por sus mejillas. Fue
entonces, cuando se dio cuenta de lo mal que se había portado
con su hermano y lo dolido que estaba con ella.
Pensó en qué decirle para que se le pasara el enfado: podía
recoger sus juguetes, ayudarle con las llevadas de las restas,
dejarle sus cuentos preferidos, guardar su ropa en el armario. Haría
todo lo que le pidiera.
Catalina fue al dormitorio de su hermano y abrazándolo muy fuerte
solo pudo decir:
- ¡Perdóname!
Miguel la miró y le devolvió el abrazo. El cambio de actitud de
Catalina hizo que el enfado del niño desapareciera en tan solo unos
segundos. Cuando recibieron los regalos de Papá Noel los
hermanos reían y jugaban felices.
- ¿Quieres jugar con mi muñeca? - le dijo la niña a su hermano.
Algo había cambiado esa Navidad
Preguntas:
¿Por qué se enfada Miguel con su hermana Catalina?
¿Miguel tenía ganas de jugar con Catalina?
¿Qué hizo Catalina para que Miguel le perdonara?
¿Qué es lo que más te ha gustado de este cuento?
Jaime era un niño muy caprichoso. Siempre estaba pidiendo. Desde
hacía semanas no paraba de pedir regalos y juguetes porque sabía
que se acercaba la Navidad. Todo cuento que veía, quería que se lo
trajera Papá Noel.
Sus papás trataban de explicarle que en el saco rojo de Santa
Claus, aunque era mágico, no cabría todo, porque también debía
llevar juguetes para el resto de niños de todos los rincones del
mundo. Pero, Jaime no quería entenderlo. Se tiraba al suelo y
montaba una pataleta. Fue entonces cuando sus papás decidieron
darle un escarmiento.
Llegó el día de Navidad. Y con él los abuelos, los tíos y los primos
para disfrutar de una gran comida y celebrar todos juntos el día.
Pero Jaime apenas tuvo tiempo de saludarles y comer porque se
pasó toda la mañana sentado al pie del árbol de
Navidad abriendo sus regalos.
Y es que, sus papás habían escrito una carta a Papá
Noel pidiéndole que le trajeran a Jaime todo cuanto había pedido
para que aprendiera una importante lección. Mientras sus primos
jugaban entre ellos, reían, salían a la calle a hacer un muñeco de
nieve y una guerra de bolas de nieve; Jaime no cesaba de
desenvolver paquetes.
Al principio era divertido, pero con el paso de las horas ya no le
hacía ilusión rasgar los papeles ni descubrir el juguete que había
dentro. Jaime estaba triste y agotado. Tenía más juguetes que
nunca, pero había sido el peor día de Navidad de su vida. De fondo
podía oír brindar a su familia, cantar canciones populares y reírse
mientras contaban anécdotas. Y él se lo estaba perdiendo todo.
Y así, Jaime entendió que lo importante de la Navidad no son los
juguetes, sino el poder disfrutar de la familia y los amigos.
Comprendió que es más importante compartir nuestro tiempo
con las personas que queremos que convertirse en el niño con
más juguetes del mundo.
Estas son algunas de las preguntas que le puedes plantear:
1. ¿Por qué Papá Noel no podía traer todo lo que Jaime le pedía?
2. ¿Con quién celebró el protagonista del cuento la Navidad?
3. ¿Qué le pidieron los padres a Papá Noel para Jaime?
4. ¿Por qué no pudo salir el niño a jugar con sus primos?
5. ¿Qué lección aprendió Jaime?
6. ¿Cuál es tu opinión sobre el cuento?
Pierre era un niño que había perdido a sus padres y vivía con su tía,
una mujer muy egoísta y avariciosa. Ella nunca le demostraba
cariño. Ni siquiera le felicitaba por su cumpleaños. El pequeño, sin
embargo, tenía un corazón bondadoso. Su tía era tan avara, que
desde hacía tiempo no le compraba zapatos. Pierre se tallaba él
mismo unos zuecos con un poco de madera.
El 24 de diciembre, día de Nochebuena, Pierre estaba muy
nervioso ya que sabía que esa noche vendría Papá Noel. Estaba
deseando llegar a casa para dejar sus zuecos junto a la ventana
para que Santa Claus le dejara algún regalo u obsequio.
Sin embargo, al salir de la Misa del Gallo, Pierre vio a un niño muy
pobre que tiritaba de frío en un rincón de la acera. No tenía zapatos
y vestía de blanco. A Pierre le dio tanta pena, que se quitó uno de
sus zuecos y se lo ofreció al niño.
Al regresar a casa, la tía de Pierre se enfureció al verle.
- ¡Ya has perdido uno de tus zuecos! - le gritó al niño - Ahora
tendrás que tallar otro zapato con uno de mis troncos para la
chimenea. ¡Me lo tendrás que pagar! Por ser un niño malo, esta
noche en lugar de Papá Noel, vendrá el tío Latiguillo y te
traerá carbón.
Pierre se fue muy triste a su cama. Pero antes dejó el zueco que
le quedaba junto a la chimenea.
Al día siguiente, Pierre se llevó una gran sorpresa. Se levantó muy
temprano, porque apenas podía dormir, y junto a la chimenea
descubrió todos los regalos que deseaba recibir: abrigos, ropa
nueva, zapatos, cuadernos para el colegio y algún juguete.
Pierre fue corriendo a la ventana y al mirar al cielo, descubrió el
trineo de Papá Noel que se alejaba. A su lado, viajaba un niño
vestido de blanco. El niño al que le regaló su zueco. ¡Era el niño
Jesús!
1. Preguntas de comprensión lectora para niños
Adapta la dificultad de las siguientes preguntas o ayuda a tus hijos a
releer el cuento para resolver las siguientes cuestiones.
¿Cómo se llama el niño protagonista del cuento de Navidad?
¿Con quién vivía Pierre?
¿Con quién se encontró el niño a la salida de la Misa del Gallo?
¿Qué decidió hacer Pierre para ayudarle?
¿Cómo reaccionó su tía cuando le vio llegar así a casa?
¿Qué vio a la mañana siguiente al despertarse?
¿Quién era el niño vestido de blanco?
Era el día de Nochebuena y Carla y Daniel ya estaban preparados
cuando sus padres les avisaron para salir de viaje hacia la casa de
sus abuelos, a muchos kilómetros de allí. Iban a pasar las ansiadas
vacaciones de Navidad con toda su familia.
En la carretera, un extraño ruido empezó a sonar
repentinamente dentro del motor del auto. Decidieron parar y
buscar un taller para ver qué ocurría. Tuvieron suerte, y encontraron
uno en la misma carretera, a la entrada de un pequeño pueblo junto
a un bonito bosque.
El mecánico, después de mirar detenidamente el motor, les informó
de que no dispondría de la pieza de recambio necesaria para
arreglar el coche hasta última hora de la tarde, y que era peligroso
seguir el viaje en esas condiciones. Les dijo que, como un favor
especial, les arreglaría el coche en la mañana de Navidad y luego
les explicó dónde estaba un pequeño hostal para pasar la noche.
Fueron a cenar pronto al albergue indicado (que ya estaba
decorado con ambiente navideño), atendido por una amable señora.
Tomaron una sopa caliente que les supo riquísima y después una
carne asada deliciosa y un flan casero de postre.
Bien abrigados pasearon por el pueblo. Todo el mundo había salido
a pesar del frío. Carla y Daniel iban aburridos protestando por la
mala suerte de haber caído en ese pueblo tan
pequeño, mientras que sus padres, se tomaron el contratiempo con
buen humor. En la plaza del pueblo encontraron un gran árbol de
Navidad y un bonito nacimiento a la puerta de la iglesia. Jugaron
con unos niños un buen rato y quedaron con ellos para jugar al día
siguiente después de comer.
Asistieron a la misa de gallo, cantaron villancicos y fueron a adorar
al niño Jesús. Y aunque lo pasaron muy bien, y vivieron la
Nochebuena de una manera muy especial, todos echaron en falta
a sus abuelos esa noche.
A la mañana siguiente fueron a dar un paseo por el campo y vieron
cómo se aproximaba un rebaño de ovejas. El pastor alzó su garrote
a modo de saludo. Llevaba un pequeño cordero en sus brazos y
se lo dejó a Carla para que lo tomara en su regazo. Los hermanos
se turnaron para dar un biberón al recién nacido. Aquel hombre les
contó que todas sus ovejas tenían nombre y que la oveja negra se
llamaba Estrella. Al corderito, aún sin nombre, le llamaron Lucero.
Les enseñó que había cabras también en el rebaño, y les contó que
los perros se llamaban Pipe y Pipo.
Pasearon luego por el pueblo en el que había un ambiente muy
navideño, y pasaron la mañana muy entretenidos hasta la hora de
comer.
- ¿Papá, podemos salir a jugar ya a la calle? - Dijo Daniel cuando
había terminado su postre.
- No me gusta que estéis solos por ahí - dijo enseguida su madre.
- Aquí no corren ningún peligro, deje salir a los chiquillos - dijo
guiñando un ojo a los pequeños la señora del hostal.
- Está bien, podéis salir un rato, pero no os alejéis - dijeron los
padres.
- ¡Sííí! - gritaron contentos Carla y Daniel. Se abrigaron y salieron a
la calle a buscar a Javier y Ana, los niños con los que habían
quedado la noche anterior.
La generosidad de Carla y Daniel en Navidad - Cuento navideño
Eran unos niños de edades parecidas a las suyas. Javier tenía
un largo flequillo que le tapaba los ojos y grandes coloretes. Ana era
la más pequeña, tenía el pelo rubio ondulado y unos bonitos ojos
azules. La niña estaba tiritando por el frío.
- ¿Por qué no lleváis abrigos, no tenéis frío? - preguntó, asombrada
Carla al rato.
- Es que no tenemos - dijo Javier con la mayor naturalidad.
Carla y Daniel se miraron incrédulos.
- ¿No tenéis abrigos? - dijeron a la vez.
[Leer +: Cuentos para niños de Rudolph el reno]
Fue entonces cuando se fijaron en cómo iban vestidos. Los niños
iban limpios, pero llevaban la ropa vieja y desgastada y sus zapatos
estaban rotos.
- Tenemos esta ropa, - dijo Ana señalando su jersey - y otra por si
nos ensuciamos. Mi padre no tiene trabajo y debemos cuidar lo
poco que tenemos.
- ¡Ah! - dijeron los hermanos sin poderlo creer. Ellos tenían
muchísima ropa en su armario y si se manchaba o se rompía, les
compraban más sin ningún problema.
Estuvieron jugando un rato más, pero empezaba a nevar y se
despidieron de sus amigos. Entonces Daniel llevado por un
impulso, se quitó el abrigo y dándoselo a Javier le dijo:
- ¡Pruébatelo! - Javier vio que le quedaba perfecto y le miró riendo y
acariciando la prenda. Daniel también le dio el gorro de Navidad, los
guantes y la bufanda de lana.
Carla, imitando a su hermano, se quitó también el abrigo, los
guantes y el gorro y se los puso a la pequeña que, aunque le
quedaba un poco grande sonrió feliz, dejando de temblar por un
momento.
- ¡Adióóós chicos! - se despidieron de nuevo - Nos vamos a pasar
las vacaciones de Navidad con mis abuelos y corrieron al hostal en
busca de sus padres a resguardarse del frío.
[Leer +: Celebrar la Navidad con los niños]
- ¡Ya salíamos a buscaros! - dijeron los padres en la puerta del
hostal.
- ¿Dónde están vuestros abrigos? - preguntaron extrañados.
Carla y Daniel empezaron a contarles atropelladamente que habían
conocido a unos niños que no tenían abrigos y les habían dado
los suyos.
- ¡No tenían abrigos! - repitió Carla haciendo una mueca de dolor -
¡Ana tenía mucho frío! - insistió la pequeña, temiendo
la reprimenda.
- Cuando suceda algo así, debéis avisarnos a nosotros - dijo su
padre - ¡Menos mal que tenéis más ropa de abrigo en la maleta!
Y en lugar de regañarles como los niños temían, les abrazaron
emocionados porque habían demostrado tener un gran corazón y
generosidad.
- Acaba de llamar el mecánico del taller - dijo el padre - el coche
está listo.
Salieron del pueblo justo unos minutos antes de que llegaran Javier
y Ana con su madre preguntando por ellos. Estaban muy
agradecidos de que les hubieran dado la ropa que tanta falta les
hacía, y se quedaron callados mirando a la carretera con la vista
perdida.
Después de contar todo lo ocurrido a sus abuelos y primos, Carla y
Daniel se fueron a la cama muy cansados. Los dos niños sonrieron
en la oscuridad antes de dormirse recordando a sus amigos, el
biberón que habían dado a Lucero, el cordero recién nacido, y
pensando en el divertido día que habían pasado en ese pequeño
pueblo que al principio les había parecido tan aburrido. Siempre
recordarían ese bonito día de Navidad porque había sido
diferente
Preguntas:
¿Cómo se llaman los niños protagonistas del cuento navideño?
¿Qué les ocurre en el camino a casa de sus abuelos?
¿Dónde tienen que pasar la noche?
¿El pueblo estaba decorado de Navidad?
¿Qué les ocurre a los niños que conocen en el pueblo?
¿Cómo deciden ayudarles los niños?