Un resplandor sin nombre
© Oscar del Barco
© 2022, Tercero incluido, Barcelona.
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www.terceroincluido.net
Diseño de portada y maquetación: www.silviogarcia.com
Corrección: Raúl Olivencia
Impresión: Estugraf, S.L.
ISBN: 978-84-121-894-5-2
Depósito legal: B 5004-2022
Oscar del Barco
Un resplandor
sin nombre
Textos sobre política,
filosofía y mística
edición a cargo de martín hendler
tercero incluido
Índice
Introducción.................................................................................... 9
ma a................................................................................................. 35
Post-scriptum.................................................................................. 41
Lenin y el problema de la técnica......................................................... 49
Desde el fragor del mundo.............................................................. 69
Crisis de la política......................................................................... 77
Racionalidad y represión................................................................ 91
La flecha que vuela inmóvil............................................................ 113
Notas sobre la política.................................................................... 121
Prefacio a La intemperie sin fin....................................................... 139
Protocolos nietzscheanos I............................................................... 147
El viaje de Artaud a México............................................................. 183
Mumo Gatti...................................................................................... 195
Luis María Gatti.............................................................................. 201
El caballito blanco............................................................................ 205
Una nota sobre el budismo zen........................................................ 211
Consideraciones sobre la violencia................................................... 219
Introducción a Exceso y donación........................................................... 231
¿La muerte?...................................................................................... 243
Epílogo. delbarquianas........................................................................ 271
Introducción
Habrá que reconocer un gigantesco fracaso y gozarnos con
su destrucción: única forma de superar la muerte. Aceptar la
revelación, el apocalipsis: aceptar ese fracaso, negar lo que el
mundo contempla narcisísticamente como su propia grande-
za. Vivir con entusiasmo (con Dios en nosotros: entheos, entu-
siasmo) el habitar el mundo en el asombro, en el crear, en la
poesía. […] Lo insoportable para la construcción logocéntrica
del mundo es lo que nos debería permitir vivir con entusiasmo
este tiempo tecnológico que tiende a opacar la vida transfor-
mando todo en idénticos impulsos electrónicos: es el momento
de la consumación donde la salvación se hace posible.
Héctor Schmucler, Los tiempos apocalípticos anunciados por
la técnica
Si bien es cierto que su voz ha conocido una singular gravitación
en ciertos momentos de la historia política e intelectual de las
últimas décadas, sus textos aún permanecen ocultos para gran-
des porciones del ecosistema cultural argentino. A pesar de la
relevancia de su itinerario vital e intelectual, la obra del escri-
tor argentino Oscar del Barco (Bell Ville, Córdoba, 1928) no ha
recibido todavía la atención que, por su espesor y vigencia, sin
dudas, merece. Al referirnos a «la obra de Oscar del Barco», alu-
dimos a esa constelación profusa e inabarcable de textos que,
adoptando un registro filosófico, político, estético-literario, poé-
tico o teológico, modulan una experiencia del pensamiento rea-
lizada sin concesiones y con un estilo de escritura irreductible a
9
Oscar del Barco
las formas burocráticas de legitimación y consagración del saber
académico especializado.
En la personalidad intelectual de del Barco convergen el mís-
tico y el anarquista, el poeta desgarrado por su visión trágica del
mundo y el psiconauta entusiasta, el «maestro zen» que pregona
el silencio, la debilidad y la mansedumbre, y el pensador dísco-
lo, en ocasiones polémico, que escribe y actúa en consonancia
con su forma de pensar. Las diversas discusiones teóricas y po-
líticas que ha protagonizado1 dejan traslucir menos una estéril
vocación dialéctica que la apremiante necesidad de afirmar una
posición ética reacia a la autocomplacencia, el cinismo y la des-
honestidad intelectual.
Del Barco entiende el pensar filosófico, ante todo, como una
práctica ejecutada a través del ejercicio laborioso de la lectura y
la escritura, una experiencia donde el movimiento vivo del pen-
sar se expone sobre un lienzo en el que se despliegan conceptos,
ideas y citas. Sin desdeñar –más bien todo lo contrario– el co-
nocimiento exhaustivo de la tradición filosófica, la desbordante
pluma delbarquiana pone en funcionamiento una escritura cau-
dalosa, a-sistemática, tramada con un estilo fragmentario que
hace del collage de textos su principio hermenéutico y compositi-
vo. Más que de un «método teórico», se trata de una búsqueda vi-
tal-intelectual consagrada a cuestionar el dispositivo del «autor»
como propietario unívoco del sentido. En la página inicial de El
estupor de la filosofía, portentoso volumen de ¡776 páginas! pu-
blicado a comienzos de 2021, el pensador cordobés vuelve a recu-
sar, como en otras tantas ocasiones, cualquier reivindicación de
autoría o propiedad de las ideas para proponer, una vez más, un
diálogo infinito con una red inagotable de textos de filósofos, ar-
tistas y escritores. A la edad de 93 años, prosigue su tenaz faena
intelectual y artística admitiendo que «esencialmente se trata de
1
obre el marxismo «heterodoxo» de Antonio Gramsci, sobre la «autonomía del
S
arte», sobre Lenin y el devenir totalitario de la Revolución Rusa, sobre la llama-
da «crisis del marxismo», sobre la violencia política y la responsabilidad de las
izquierdas, por mencionar sólo las más resonantes.
10
Un resplandor sin nombre
considerar a la filosofía como una necesidad espiritual y física».2
Un camino del pensar que en su recorrido se nutre de escritos
«que se prolongan remitiéndose unos a otros» y se encuentran,
a su vez, estrechamente enlazados a la trama de intervenciones
rubricadas con su nombre, en el ámbito de la poesía, la estética,
la reflexión filosófica y el ensayo político y literario.
A lo largo de más de seis décadas, del Barco se ha desempe-
ñado como docente, investigador, editor y traductor. Además de
ensayos filosóficos y políticos, ha publicado textos narrativos y va-
rios libros de poesía. Fue militante comunista hasta su expulsión
en 1963. Fue miembro fundador de la revista y editorial Pasado
y Presente. Durante su exilio mexicano (1976-1983), trabajó en la
Universidad Autónoma de Puebla, donde fue profesor y editor de
una colección de libros sobre marxismo y teoría política. Luego de
su regreso a la Argentina, dio clases en la Universidad Nacional
de Córdoba y fundó la revista de filosofía Nombres. A la sombra de
su infatigable labor teórica y poética, lleva adelante –desde hace
por lo menos tres décadas– una voluminosa obra plástica.
Sin la intención de abarcar un arco temporal tan vasto, ni de
ahondar demasiado en claves interpretativas de textos que, ante
todo, exigen ser leídos con una atención rigurosa, señalaremos
algunas coordenadas del periplo delbarquiano, procurando reco-
nocer los hilos que tramaron la trayectoria de uno de los mayores
exponentes vivos de la cultura política de izquierdas de los últi-
mos sesenta años en Argentina.
***
El grupo de amigos –en su mayoría militantes del Partido
Comunista Argentino (PCA) y jóvenes provenientes del medio
universitario– que en 1963, en la ciudad de Córdoba, comienza
a publicar la revista Pasado y Presente forma parte de la conste-
lación de expresiones político-intelectuales de la llamada «nueva
2
Oscar del Barco, El estupor de la filosofía: lecturas insistencias reiteraciones
olvidos, Biblioteca Internacional Martin Heidegger, Buenos Aires, 2021, p. 9.
11
Oscar del Barco
izquierda» argentina. La primera época de la revista, que trans-
currió entre 1963 y 1965, dio a la imprenta nueve números y
fue impulsada, en sus inicios, por Oscar del Barco, José Aricó,
Aníbal Arcondo, Héctor Schmucler y Samuel Kieczkovsky, por
mencionar sólo a los miembros fundadores de la revista, quienes,
junto a otros compañeros del entorno pasadopresentista impul-
sarían significativos emprendimientos editoriales que tendrían
como epicentro a la llamada «ciudad mediterránea».
Sosteniendo una fuerte identificación ideológica con el mar-
xismo militante y la izquierda socialista, Pasado y Presente im-
pulsó la renovación político-ideológica del comunismo argentino
y la formación de un espacio de convergencia entre la militan-
cia comunista y sectores que pertenecían a otras tradiciones de
la izquierda vernácula. La filiación gramsciana de la revista
les permitió a sus integrantes desprenderse del corsé impues-
to por la «estrecha y empobrecida cultura marxista-leninista»3
y promover cruces filosóficos y culturales que privilegiaran un
diálogo fecundo entre el corpus marxista (concediéndole una es-
pecial atención a los aportes producidos desde la cultura política
marxista italiana de posguerra) y las principales corrientes teó-
ricas de la época (el psicoanálisis lacaniano, la fenomenología
husserliana, el existencialismo sartreano, el estructuralismo de
Lévi-Strauss, la lingüística, la sociología, la crítica literaria, la
«nueva historia», etc.). En las páginas de la revista estos hitos
intelectuales del pensamiento europeo de aquel tiempo fueron
sometidos a un riguroso examen crítico e interpretados desde
el prisma omnisciente del marxismo, cuyo marco teórico no pre-
tendía proveer principios abstractos e inmutables sino más bien
una perspectiva socialista y emancipatoria desde la cual abordar
problemas filosóficos y políticos acuciantes.
Tras la publicación del primer número de la revista, el grupo
de Pasado y Presente fue acusado de «revisionismo», suscitando
la impugnación de la dirección nacional del partido, que acabaría
3
osé M. Aricó, La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina, Si-
J
glo XXI Editores, Buenos Aires, 2005 [1988], p.75.
12
Un resplandor sin nombre
anatematizando a sus editores y expulsándolos de sus filas bajo
la imputación de «renegados» y «pequeñoburgueses».4 La expul-
sión de los militantes cordobeses fue, a la vez, el corolario de una
crispada discusión teórica con la comisión de cultura del PCA,
protagonizada unos meses antes por Oscar del Barco, a partir
de un artículo publicado en la revista Cuadernos de Cultura, ór-
gano teórico-cultural del partido.5 Allí, del Barco daba cuenta de
la tematización gramsciana del problema gnoseológico y político
comprendido por la noción de «objetividad», enfatizando la críti-
ca del comunista italiano al «materialismo metafísico» que anida
en las interpretaciones positivistas-mecanicistas del pensamien-
to de Marx. El élan voluntarista de esta modulación humanista
del marxismo tal vez haya animado el fugaz entusiasmo de Os-
car del Barco, y de otros militantes cercanos a Pasado y Presente,
por el vanguardismo guerrillero inspirado en la «teoría del foco»
de Ernesto «Che» Guevara.
El rechazo del «etapismo» y del monolitismo soviético, la im-
pugnación del economicismo mecanicista y la convicción en la
posibilidad de múltiples vías de acceso al socialismo, y, sobre
todo, el hondo impacto causado por el triunfo revolucionario en
Cuba, favorecieron sin duda la difusión de cierto afán mesiánico
para el cual no siempre era necesario esperar a que se dieran
todas las condiciones para abrir un horizonte de expectativas
revolucionario: la hoguera de la insurgencia podía crearlas en
cualquier momento, sólo se trataba de encender la mecha. En
1963, bajo la secreta tutela del «Che», y con la intención de cal-
car el exitoso modelo cubano sobre una zona geográficamente
similar, se instala en el noroeste argentino un foco guerrillero, el
Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), con la intención explícita
4
Cf. Adriana Petra, «Pasado y Presente: marxismo y modernización cultural en
la Argentina postperonista», en Revista Historia y Espacio, 41, agosto-diciem-
bre 2013, pp. 105-131.
5
Oscar del Barco, «Notas sobre Antonio Gramsci y el problema de la “objetivi-
dad”», Cuadernos de Cultura, 59, septiembre-octubre de 1962, pp. 29-41. Cf.
José M. Aricó, «Un debate filosófico interrumpido», en La cola del diablo. Itine-
rario de Gramsci en América Latina, op.cit., pp. 208-217.
13
Oscar del Barco
de continentalizar la revolución mediante la lucha armada rural
y urbana. A comienzos de 1964, Oscar del Barco, a través de Ciro
Bustos, un ex militante comunista, propicia el encuentro del gru-
po insurgente con algunos miembros de Pasado y Presente, que
empezarían a brindar soporte logístico a la empresa guerrillera,
convirtiéndose en la red de apoyo urbano al EGP. La experien-
cia del EGP sería efímera, jamás lograría pasar a la acción, y
entre marzo y abril de 1964 sería tempranamente detectado y
desmantelado por las fuerzas militares de la Gendarmería Na-
cional. El desenlace fatal y ominoso de la experiencia se selló
cuando la jefatura del propio grupo armado decidió la ejecución
de dos combatientes que se habían integrado a las filas del EGP
por intermediación del grupo de Pasado y Presente.6
Entretanto, el sistema político argentino, cuya institucio-
nalidad parlamentaria funcionaba de forma irregular desde la
proscripción del peronismo a partir del golpe cívico-militar de
1955, colapsará nuevamente en el año 1966 con el golpe enca-
bezado por el General Juan Carlos Onganía. El nuevo régimen
dictatorial tendrá un sesgo fuertemente autoritario: pronuncia-
do tradicionalismo clerical, censura cultural (sobre libros, pelí-
culas, obras teatrales, etc.), intervención de las universidades,
hostigamiento de las expresiones culturales minoritarias que
6
Sobre el vínculo entre el colectivo pasadopresentista y el Ejército Revolucionario
del Pueblo (EGP), véase Raúl Burgos, Los Gramscianos Argentinos. Cultura y
Política en la experiencia de Pasado y Presente, Siglo XXI Editores, Buenos Aires,
2004, pp. 68-93; Gabriel Rot, Los orígenes perdidos de la guerrilla en la Argenti-
na: la historia de Jorge Ricardo Masetti y el Ejército Revolucionario del Pueblo,
Waldhuter, Buenos Aires, 2010 [2000] y Roberto Ciro Bustos, El Che quiere verte.
La historia jamás contada del Che, Vergara, Buenos Aires, 2007. Cuatro décadas
después, a partir de la lectura de una entrevista a un ex militante del EGP que
relata el fusilamiento de los guerrilleros por parte de sus propios compañeros,
Oscar del Barco publica una carta-acto de contrición a propósito de su compromi-
so con el EGP en 1964, que, a su vez, desencadenaría una encendida polémica en
el ámbito de las izquierdas argentinas sobre la lucha armada en los años sesen-
ta-setenta. Algunas de las intervenciones del debate en torno al «no matar» están
compiladas en VVAA, No matar. Sobre la responsabilidad, Córdoba, Ediciones el
cíclope, 2007 y VVAA, No matar. Sobre la responsabilidad. Segunda compilación
de intervenciones, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, 2010.
14
Un resplandor sin nombre
amenacen la «moral y buenas costumbres» de la sociedad ar-
gentina, etc. Junto a la proscripción del conjunto de los partidos
políticos y la persecución del activismo sindical, la política de la
dictadura de Onganía se destaca por la adhesión de las fuerzas
armadas a la Doctrina de Seguridad Nacional, que sentará las
bases de la represión indiscriminada legal, e ilegal, contra la lla-
mada «subversión extremista», categoría que incluía tanto a las
organizaciones político-militares de la izquierda marxista y pe-
ronista (que comenzarán a tener un protagonismo insoslayable
en la arena pública en los años posteriores al estallido insurrec-
cional conocido como «el Cordobazo») como a un amplio espectro
de organizaciones de base, gremiales, estudiantiles y culturales
identificadas con la izquierda peronista y/o marxista.
***
En relación con la producción intelectual delbarquiana de los
años sesenta-setenta cabe destacar que sus intereses teóricos y
estético-literarios confluyeron en una intensa actividad editorial,
donde las traducciones y la recepción de determinadas problemá-
ticas y autores –sobre todo, de cierta tradición literaria y filosófica
francesa– fue una tarea concebida y llevada a la práctica como un
modo explícito de intervención y experimentación política.7 En tal
sentido, la expansión del área de incidencia de la acción política
hacia los ámbitos de la teoría y la cultura conllevará el disloca-
miento de los espacios predeterminados para la praxis política.
Esta diseminación de lo político sobre esferas que, en principio, go-
zaban de una autonomía relativa, traerá consigo lo que del Barco
7
«Por ese entonces las traducciones y ediciones constituían actos políticos. Tra-
tábamos de introducir en nuestro medio cultural las problemáticas que agita-
ban el mundo. No leíamos ni estudiábamos para tener un título, ni escribíamos
para tener antecedentes universitarios, ni publicábamos para ganar plata. Lo
que estaba puesto en juego eran necesidades vitales vertiginosas, a las que
llamábamos “revolucionarias”», en «Apuntes para una teología sin dios. Entre-
vista con Oscar del Barco», en El Ojo Mocho, 15, 2000, p. 12.
15
Oscar del Barco
denominó «descentramiento de la teoría».8 Un porfiado ejercicio
de desconfinamiento de los campos específicos de intervención de
los saberes y prácticas sociales que el pensador cordobés llevará
a cabo a través de la promoción de interacciones y cruces poco ha-
bituales entre filosofía, literatura y política. Lejos de suscribir a
cierto antiintelectualismo de izquierda –muy en boga en los sesen-
ta-setenta– que le demandaba a la palabra una eficacia práctica
inmediata, que sólo la acción política parecía tener el privilegio de
poder realizar, Oscar del Barco no solo no renunciará a la práctica
teórica, sino que insistirá en la condición eminentemente política
de la escritura y el ejercicio del pensamiento.
De sus producciones de la segunda mitad de la década de
1960, una amalgama teórica forjada a base de fenomenología,
vanguardismo estético y «filosofía de la praxis», cabe destacar
sus contribuciones en el campo del marxismo crítico, su labor
como editor en los «Cuadernos de Pasado y Presente», sus en-
sayos sobre la fenomenología de Husserl y el estructuralismo
levistraussiano, la traducción de La filosofía como arma de la
revolución de Louis Althusser y la pionera introducción del «de-
construccionismo» a través de la traducción al castellano del li-
bro De la gramatología de Jacques Derrida.9 Puede considerarse
el año 1968 como un momento de eclosión en la trayectoria de
Oscar del Barco. Fue en aquel año emblemático que realiza su
segundo viaje a París, capital mundial de la revuelta, y publica
su primer libro, Memoria de aventura metafísica,10 un extraño
texto narrativo que incluye tres relatos interconectados, escritos
con una prosa torrencial y revulsiva que evoca acaso el «lirismo
8
scar del Barco, Un «socialista empedernido», en La Ciudad Futura, 30-31,
O
diciembre de 1991-febrero de 1992, Buenos Aires [publicado originalmente el
29 de Agosto de 1991 en el diario cordobés La Voz del Interior].
9
Jacques Derrida, De la gramatología, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 1971.
Traducción realizada en colaboración con Conrado Ceretti, quién sería asesina-
do unos años más tarde por los «grupos de tareas» de la dictadura militar que
tomó el poder del estado en 1976.
10
Oscar del Barco, Memoria de aventura metafísica, Editorial Universitaria de
Córdoba, Córdoba, 1968.
16
Un resplandor sin nombre
hiperbólico» de los experimentos literarios bosquejados por el
conde de Lautréamont.11 En aquel año crucial se publica, tam-
bién, una traducción suya de un texto de George Bataille (inclui-
do en el libro Las lágrimas de Eros), además edita Igitur o la
locura de Elbehnon de Stéphane Mallarmé, Las cartas del Yagé
de William S. Burroughs, La filosofía en el tocador del Marqués
de Sade –cuya edición sirvió para financiar la publicación del
primer número de los Cuadernos: la Introducción general a la
crítica de la economía política (1857) de Marx– y el libro Sade,
filósofo de la perversión, un conjunto de ensayos sobre la obra y
figura del díscolo Marqués publicados apenas un año antes en la
revista francesa Tel Quel.12
Ciertamente, el encuentro con la posvanguardia telqueliana,
y su pretensión de conjugar vanguardia teórica y vanguardia po-
lítica a partir de la noción de «escritura» y su interrogación crí-
tica de la materialidad del «texto», será una inspiración decisiva
para la tentativa delbarquiana de articular, en un mismo módu-
lo transgresivo, disrupción estética y activismo revolucionario.
El influjo de la crítica «textualista» desarrollada por el grupo Tel
Quel y, sobre todo, de cierta corriente de pensadores franceses
posniezstcheanos (Bataille, Blanchot, Klossowski) puede apre-
ciarse en la constelación de escritores que del Barco contribuyó a
difundir desde la colección «El hombre y su mundo» de Ediciones
Caldén (1968-1975), proyecto editorial que impulsó junto al poe-
ta y editor José Luis Mangieri. Allí del Barco tradujo (utilizando
el seudónimo Alberto Drazul) y prologó textos de A. Artaud, G.
Bataille, M. Blanchot, B. Barthes, J. Derrida, P. Sollers, J. Kris-
teva, Jean-Joseph Goux y J.T. Desanti, entre otros.
11
Cf. Antonio Oviedo, «Pérdida y desamparo», en AAVV, El fragor del mundo. Escri-
tos para Oscar del Barco, Alción, Córdoba, 2008, pp. 27-35 y Carlos Riccardo, «Va-
riaciones sobre un viejo poeta», en AAVV, El fragor del mundo, op.cit., pp. 37-56.
12
Sobre las curiosas vicisitudes de las ediciones «sesentayochescas» de Sade, véase
Miguel Espejo, «Sade-Oscar del Barco. 1968 en Argentina» (2009), en Marqués
de Sade, La filosofía en el tocador (trad. Oscar del Barco), Colihue, Buenos Aires,
2010, pp. 292-300 y Diego García «¿De la ilustración a la revolución? Apuntes
sobre la actividad editorial de Pasado y Presente en los sesenta», en Prismas.
Revista de historia intelectual, 18, Buenos Aires, 2014, pp. 209-215.
17
Oscar del Barco
Impugnado por algunos por su malditismo afrancesado,13
del Barco lee en estos escritores el cuestionamiento radical de la
metafísica occidental y de los mecanismos de escisión, jerarqui-
zación y representación que constituyen su armazón teológico.
En el «texto-enigma» (Sade), en el «éxtasis erótico» (Bataille), en
la «experiencia del afuera» (Blanchot), en el «espacio del despojo
absoluto» (Artaud), en suma, en el bajo materialismo de la trans-
gresión que corroe las estructuras jerárquicas de la sociedad, el
lenguaje y el deseo, el pensador cordobés detectará un espacio
antagónico de experiencia refractario al enclaustramiento bur-
gués del pensamiento y la cultura.
Uno de los rasgos distintivos de estos ensayos de «crítica lite-
raria» estriba en la impugnación de los presupuestos metafísicos
implícitos en la concepción moderna de la literatura, objetada
por su dependencia de la representación, de la figura del hom-
bre, de la nostalgia del origen, de la pureza de la presencia, de la
clausura teológica del sentido. Para la perspectiva crítica delbar-
quiana, Sade, Artaud, Bataille o Blanchot –escritores rotulados
como «malditos» por forzar los límites formales y morales de la
cultura burguesa– lo que prevalece es el «acto irrepresentable
de la escritura» despojado del aparato conceptual omnímodo que
desdobla la materialidad irreductible del texto en pares binarios
tales como vida/obra, autor/lector, original/copia, presencia/re-
presentación. Tanto la noción de «autor», entendido como creador
soberano y fuente originaria del sentido, como su consustancial
idea de «obra», son igualmente impugnadas por una «teoría de
13
s lo que sugiere Ricardo Piglia en una breve entrada de sus diarios póstumos
E
donde, aludiendo a una discusión mantenida con Oscar del Barco y David Vi-
ñas en ocasión de un crispado debate sobre literatura y política celebrado en
septiembre de 1970 en la Universidad Nacional de Córdoba, impugna la pre-
sunta «retórica de la perversión» impulsada por el filósofo cordobés: «Fin de
semana en Córdoba, sábado a la tarde y todo el domingo discusión pública con
Oscar del Barco y sus acólitos (Marimón, Dámaso Martínez, Giordano, etc.),
ellos defienden una versión a la Bataille de la autonomía de la literatura con
su función ligada explícitamente a las poéticas «del deseo» y la transgresión.
Una especie de malditismo politizado, muy francés», Ricardo Piglia, Los dia-
rios de Emilio Renzi. Los años felices, Anagrama, Barcelona, 2016, p. 281.
18
Un resplandor sin nombre
la escritura»14 que, deconstruyendo los mecanismos hermenéu-
ticos de apropiación/atribución, descubre en aquellas categorías
sustanciales la reproducción de los fundamentos trascendentes
de la metafísica.
***
Los primeros años de la década de 1970 en Argentina estarán
signados por la intensificación del conflicto social y la moviliza-
ción popular, la acentuación de la crisis económica y el escala-
miento espiralado de la violencia política. La masacre de Trelew
de 1972, el regreso del peronismo al gobierno con la presidencia
de Cámpora, los sangrientos episodios de junio de 1973 en Ezei-
za, el regreso a la clandestinidad de la organización Montoneros
tras la súbita ruptura con Perón, la tentativa fallida del Ejército
Revolucionario del Pueblo (ERP) de instalar un foco insurgente
en el monte tucumano, la muerte de Perón y la formación dentro
de su gobierno de la organización parapolicial conocida como la
Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), son sólo algunos de
los acontecimientos que preludiaron la instauración del terroris-
mo estatal. La escalada represiva asumirá su cariz más trágico
con el golpe del 24 de marzo de 1976, perpetrado por las Fuerzas
Armadas con el consenso de amplios sectores del arco político y
de la población, y la implementación de un plan sistemático de
represión y exterminio del «enemigo interno», cuya siniestra me-
todología incluiría el establecimiento de centros clandestinos de
detención, el secuestro, la tortura, la desaparición de personas y
el robo y la desidentificación de bebés.
Amenazado de muerte por las bandas asesinas de la Tri-
ple A, aterrorizado por el secuestro, desaparición y asesinato
de amigos y compañeros, Oscar del Barco tomará la decisión
de exiliarse en México. Además del ya mencionado Memoria de
14
Sobre la concepción delbarquiana de la escritura como bastión antisistémico,
véase el ensayo de Silvio Mattoni «Sobre el acto de escritura», en AAVV, El
fragor del mundo. Escritos para Oscar del Barco, op.cit., pp. 9-25.
19
Oscar del Barco
aventura metafísica (1968) y del libro de poesía Variaciones so-
bre un viejo tema (fechado en 1962, pero editado en 1975), poco
antes de partir hacia el exilio del Barco concluía otro poemario,
Infierno (1977), que recién se publicaría en México. En el exilio,
pese a la «nostalgia dolorosa del desarraigo» y a su resistencia a
adaptarse a una tierra que, en épocas sombrías, de persecución
política e incertidumbre existencial, le brindó amparo, pudo se-
guir escribiendo y publicando libros y artículos.15 Del Barco tra-
bajó en la Universidad Autónoma de Puebla, donde fue profesor,
director del Centro de Investigaciones Filosóficas (CIF) y editor
de la revista Espacios, un experimento editorial interdisciplina-
rio en el que confluían la filosofía, la antropología y la estética.
En el bello prólogo a El Otro Marx (1983), del Barco evoca las pe-
culiaridades del grupo de estudio e investigación que se formó en
torno suyo en aquellos años: una pandilla de «pepenadores» de
saberes sumergidos que «cortó amarras con el dogmatismo del
Saber, con el asfixiante narcisismo de quienes, por ser los due-
ños del Sentido, no se equivocan nunca».16 Investigadores que no
se amparaban «en marcos teóricos» ni en «métodos científicos»
para legitimar sus búsquedas vitales e intelectuales, «tipos que
recurrían comúnmente a la suave yerba de los sueños, o que se
15
«Salir del lugar natal es un acto sacrílego porque es el abandono del resplandor
del mundo», Oscar del Barco, Juan L. Ortiz. Poesía y ética, Alción Editora, Cór-
doba, 1996, p. 47. «Vivir en México me costó espiritualmente mucho. No pude
adaptarme. Era como si mi verdadero ser estuviese en otra parte. En México
tuve hijos, amigos, pude estudiar, escribir, publicar, pero siempre con la nostal-
gia dolorosa del desarraigo, en ‘la errancia bajo lo impensable’ como decía Höl-
derlin. Y, nuevamente, la paradoja: por un lado la fascinación que me producía
el México «profundo», el México indígena y campesino, con sus vidas desampara-
das y sus culturas, que ningún poder de la tierra pudo arrebatarles (en esta
época el libro que me acompañó vitalmente fue el Viaje al país de los tarahuma-
ras, de Antonin Artaud); y por el otro lado el rechazo del México oficial, del PRI,
de los caciques, de los guardias blancos, de los «burgueses», en una palabra, ha-
bíamos salido de un país donde se asesinaba a la gente impunemente y entrado
en otro donde también se asesinaba a la gente, ante todo campesinos e indios,
impunemente». «Apuntes para una teología sin dios. Entrevista con Oscar del
Barco», op.cit., p. 15.
16
Oscar del Barco, «Prólogo», en El Otro Marx, Milena Caserola, Buenos Aires,
2008, p. 19 [Sinaloa, Universidad Autónoma de Sinaloa, 1983].
20
Un resplandor sin nombre
iban junto al mar a comer peyote, o a Huautla a sacralizarse con
puñados de honguitos tiernos y misteriosos», o hurgaban en el
«mundo subterráneo de los oprimidos», no para regodearse en
la ilusión de «darle la voz a los otros»,17 como ambiciona cierto
exotismo etnográfico, sino para oír, en silencio, eso irrepresenta-
ble que sobrevive inerme en prostíbulos, cárceles, manicomios,
comunidades campesinas e indígenas.18
En México, el filósofo cordobés publicó tres libros fundamen-
tales en los que profundizó en su lectura de Marx y de la tradi-
ción marxista. La corrosión de la visión del mundo humanista
marxista, tarea que había comenzado en los textos publicados
en Ediciones Caldén, cobrará un nuevo impulso durante la expe-
riencia del exilio. El texto marxista hará pasar el acervo político
y conceptual del materialismo histórico por una criba teórica en
la que confluirán la deconstrucción del léxico conceptual mar-
xiano, la crítica nietzscheana del logocentrismo occidental y la
reflexión heideggeriana sobre el nihilismo técnico como culmina-
ción epocal de la «metafísica de la subjetividad».
En Esencia y apariencia en El Capital (1977), la pregunta
inicial por el uso marxiano de conceptos tributarios de la tra-
dición filosófica metafísica lleva a del Barco a considerar la
radicalidad de la ruptura de Marx con Hegel y con la filosofía en-
tendida como «forma de pensamiento esencialmente teológico».19
El marxismo modulado por del Barco no pertenece al conjunto de
discursos filosóficos/científicos/económicos que, encumbrando lo
teórico en un orden autónomo, reproducen la «estructura-de-es-
cisión» metafísica en que se funda el orden burgués capitalista.
Por el contrario, el materialismo absoluto, afirma del Barco, es
un «pensamiento originario que no parte de la escisión religiosa
del mundo (la que se funda, en última instancia, en la división
17
Sobre la imposibilidad de hablar en nombre de la «alteridad radical», véase «El
caballito blanco», en Escrituras, Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 2011, pp.
465-468 [en Revista Crítica, 7, Puebla, México, 1980].
18
Oscar del Barco, «Prólogo», en El Otro Marx, op.cit., p. 19.
19
Oscar del Barco, Esencia y Apariencia en El Capital, en Escrituras, op.cit., p. 58
[Instituto de Ciencias de la Universidad Autónoma de Puebla, México, 1977].
21
Oscar del Barco
social del trabajo)»20 en la medida en que sus categorías son ines-
cindibles de la irrupción del proletariado en la historia. En su
inmanencia extrema («negatividad pura», «clase del despojo»,
«no-capitalista real», etc.), como mera fuerza de trabajo-mercan-
cía, el proletariado nombra un «resto inasimilable» que destituye
en acto la escisión metafísico-capitalista y expresa «el punto de
muerte del sistema por cuanto al no tener propiedad (ni de sí,
pues debe necesariamente venderla), no pertenece estrictamen-
te al sistema».21
En 1980 se publica Esbozo de una crítica de la teoría y la
práctica leninistas22, libro que provocó ásperos debates a raíz de
la responsabilidad atribuida a Lenin, a sus ideas y a sus políticas
concretas, en el fracaso del «proyecto comunista de las clases ex-
plotadas». Sometiendo a las masas obreras y campesinas rusas
a un experimento social sin parangón en la historia, la promesa
comunista de liberación radical (el «reino de la libertad» augu-
rado por Marx) desembocó en una «especie de inmenso campo
de concentración», en un régimen burocrático-tecnocrático sus-
tentado en el autoritarismo, el dogmatismo-oscurantismo ideo-
lógico, la ética productivista y el despotismo de fábrica. Para del
Barco, la clave de la reconversión del proceso revolucionario so-
viético no debe buscarse en decisiones contingentes de la política
bolchevique, ni tampoco en la deriva totalitaria del stalinismo.
Las razones de la derrota estaban in nuce en el «teoricismo» de
Lenin, es decir, en su concepción metafísica de la relación entre
teoría, clase y política. En tal sentido, el partido leninista encar-
na una forma política consustancial a una posición teórica que,
declinando la apuesta por la autoorganización teórico-práctica
del proletariado impulsada por el materialismo absoluto, repli-
cará los mismos mecanismos de escisión, representación y jerar-
quización que estructuran el pensamiento y la política burguesa.
20
I bíd., p. 60.
21
Ibíd., p. 64.
22
Oscar del Barco, Esbozo de una crítica a la teoría y práctica leninistas, Edito-
rial Universidad Autónoma de Puebla, México,1980.
22
Un resplandor sin nombre
El Otro Marx (1983) reúne artículos que compendian la re-
flexión delbarquiana en torno a la llamada «crisis del marxismo»
al tiempo que tematizan aspectos poco frecuentados del pensa-
miento de Marx. En estos textos el énfasis se dirige hacia zonas
del corpus marxiano soslayadas por las interpretaciones econo-
micistas-cientificistas: escritos póstumos, inéditos, cartas, frag-
mentos. En esa «escritura fragmentaria» del Barco descubre un
«Marx a-tópico», un marxismo transversal que en lugar del dog-
ma ortodoxo propone un discurso molecular-genealógico que so-
cava toda pretensión teórica de carácter totalizante poniendo de
relieve la pérdida de orientación en lo real de ciertos núcleos po-
lítico-conceptuales cristalizados en las posiciones «teoricistas»:
la teleología de la historia, la preeminencia de lo económico como
clave explicativa del capitalismo, el vanguardismo político soste-
nido en el nexo especular Partido/Estado, etc. Por el contrario,
el marxismo alternativo e intersticial que asoma en este libro
señala el nombre de una praxis transmetafísica23 que «inviste
con su fuerza los múltiples movimientos de fuga del sistema»:24
luchas erráticas y polimorfas, reacias a la centralización política,
irreductibles a su homogeneización en una identidad sustancial,
inconcebibles en términos de la relación dialéctica clásica entre
capital y trabajo.
***
Como corolario de la deconstrucción política del marxis-
mo ensayada en la «trilogía del exilio», desde mediados de los
años ochenta en adelante la escritura del pensador cordobés
23
« No nos referimos a la política entendida como orden separado, ni tampoco a la
política que trata de subsumir en sí todos los otros órdenes, sino como práctica
transgresiva que no se sujeta a ninguna determinación unívoca», Oscar del
Barco, «Las raíces del “teoricismo” marxista», en El Otro Marx, op.cit., p. 186.
«Una práctica que no se mueve en los límites que le asigna el sistema a toda
práctica, límites cuyo objetivo es escindirla del conjunto social para garantizar
a las otras prácticas su carácter inofensivo», Oscar del Barco, «Sobre el proble-
ma de “método” marxista», en El Otro Marx, op.cit., pp. 61-62.
24
Oscar del Barco, «Hacia el Otro Marx», en El Otro Marx, op.cit., p. 203.
23
Oscar del Barco
comenzará a destilar paulatinamente una tonalidad oscura y
desencantada.25 La derrota política y cultural del marxismo, el
desmoronamiento del relato soviético y el colapso de los llama-
dos «socialismos reales» imprimieron en la pluma del intelectual
marxista una huella indeleble. Principalmente en los ensayos
dedicados a desentrañar la crisis de la política, aunque también
en los textos consagrados al pensamiento de Nietzsche y Heide-
gger –compilados una década después de su regreso del exilio en
El abandono de las palabras (1994)– el diagnóstico de la crisis
del horizonte de expectativas en que se reconocían las experien-
cias emancipatorias del siglo XX es enmarcado en un cuadro sin-
tomático de más vasto alcance. En cierto modo, la crisis política
y teórica del marxismo puso al descubierto una mutación epocal
de dimensiones planetarias, cuyo sentido último se encuentra
enlazado al declive de los grandes ideologemas del humanismo
moderno, a la consumación del proceso de mundialización-globa-
lización capitalista y al desencadenamiento nihilista de la tec-
nociencia. Según del Barco, la llamada «crisis de la razón» se
corresponde con la culminación histórica de la metafísica, esto
es, con el derrumbe conceptual y efectivo de las entidades tras-
cendentes que habían heredado el poder normativo de los anti-
guos valores e ideales divinos destituidos por el proceso moderno
de secularización-racionalización (razón, hombre, progreso, es-
tado, etc.). En el mundo posthistórico en que hemos ingresado, la
dominación poscapitalista convierte a la técnica en la forma uni-
versal de la producción, al punto de subsumir al ser humano y
hacerlo su sujeto «determinando un proceso de enajenación que
tiende a ser absoluto y a clausurar lo humano en los límites de
una cosa».26 En tal sentido, la mentada crisis de la racionalidad
25
« Es probable que nos encontremos en el umbral de una Edad Negra sin equi-
valentes en la historia. Si el mundo no estalla, su lenta descomposición durará
siglos y la teleología técnica del Sistema actual nos arrastrará en una caída sin
retorno», Oscar del Barco, «Prefacio», en La intemperie sin fin, Alción Editora,
Córdoba, 2008, p. 12 [Universidad Autónoma de Puebla, México, 1985].
26
Oscar del Barco, «El “peligro” y lo que salva», en El abandono de las palabras,
op.cit., p. 23. De ahí que del Barco desdeñe las promesas tecnomesiánicas fun-
24
Un resplandor sin nombre
occidental constituye, en rigor, «un momento de la historia del
nihilismo» donde «lo que vivimos horrorizados es el comienzo
del reino de la Razón absolutizada en un mundo-técnico […] que
convierte al hombre en un puro objeto paciente de la teleología
maquínica».27
Las consideraciones delbarquianas sobre el espíritu actual de
los tiempos ponen en perspectiva un paisaje epocal desolador, un
apocalipsis ya-realizado donde la movilización técnica del mun-
do no deja resquicio alguno que escape al despliegue ubicuo del
Sistema. La transformación social entendida como inversión re-
volucionaria totalizante ya no parece posible ni, acaso, deseable.
Las expectativas en el futuro tienen la forma de una catástrofe
distópica: «la opacidad es total»,28 «seremos asolados por gue-
rras y enfermedades»,29 «hay que prepararse para largos siglos
de oscuridad»,30 «tendremos que acostumbrarnos a vivir en los
intersticios, como piojos»31 y «estar dispuestos a vivir en la per-
manencia del éxodo como las viejas comunidades nómades que
vivían de la recolección o la caza».32 Del Barco lleva al paroxis-
mo la hipérbole paranoica del control total. Todo acontecimien-
to disruptivo es capturado en provecho de la autorreproducción
ampliada del orden sistémico. Cualquier tentativa antagonista
resulta neutralizada por la «astucia de la razón técnica», que se
retroalimenta de sus márgenes transfigurándolos en otra de sus
máscaras de autoconservación: «hay que acostumbrarse a la idea
de que el Sistema no va a morir porque incluso la finalidad de
dadas en la supuesta «neutralidad de la técnica». Sobre esta cuestión, véase el
ensayo «Lenin y el problema de la técnica» (revista Buelna, 3, Sinaloa, 1983)
incluido en este volumen.
27
Oscar del Barco, «Post-scriptum», en El Otro Marx, op.cit., p. 209.
28
Oscar del Barco, «Racionalidad y represión», en El abandono de las palabras,
op.cit., p. 41.
29
Oscar del Barco, «La flecha que vuela inmóvil», en El abandono de las pala-
bras, op.cit., p. 293.
30
Oscar del Barco, «Racionalidad y represión», en El abandono de las palabras,
op.cit., p. 41.
31
Entrevista a Oscar del Barco en El Ojo Mocho, op.cit, p. 18.
32
Ibíd., p. 31.
25
Oscar del Barco
matarlo le pertenece: sus presuntos asesinos no pueden dejar de
ser sus órganos de recambio».33
Con todo, esta diagnosis sombría, que parece sancionar la
clausura definitiva de toda experiencia, encontrará en la mística
una brecha, «una práctica concreta de destitución del sujeto»34
que posibilita la manifestación de «cierta dimensión espiritual
inconmensurable del hombre».35 En la temporalidad instantánea
del éxtasis sobreviene un estado de extrema intensidad que asal-
ta al sujeto y lo proyecta fuera de sí mismo gracias a una expe-
riencia excesiva que desquicia las prerrogativas soberanas de la
conciencia egocentrada, introduciendo una discontinuidad que
socava el tiempo entendido como continuum lineal y teleológico.
En sus ensayos dedicados al pensamiento de Nietzsche, del
Barco destaca la relevancia de una experiencia de máxima in-
tensidad, la revelación extática del Eterno Retorno, en la génesis
de la crítica radical a la metafísica occidental llevada a cabo por
el pensador alemán. Se trata de un «acto pleno»,36 irrepresenta-
ble, «un lugar vacío e innominable»37 que «aniquila al individuo
redimiéndolo mediante un sentimiento místico de unidad con el
todo».38 En el mismo sentido, la ebriedad dionisíaca provoca la
irrupción de un sentimiento cósmico donde «los seres humanos
se sienten a sí mismos como absolutos, como seres divinos».39 El
Dionisio delbarquiano es una divinidad atea, desprovista de cua-
lidades antropomórficas e idolátricas, «más que un dios personal
y trascendente se trata de un estado de gran intensidad», una
fuerza colectiva que disuelve la individuación como «forma de
existencia alienada». Según la exégesis delbarquiana, a partir de
33
Ibíd., p. 41.
34
scar del Barco, «Observaciones sobre la crisis de la política», en Alternativas de
O
lo posthumano. Textos reunidos, Caja Negra Editora, Buenos Aires, 2010, p. 97.
35
Ibíd., p. 97.
36
Ibíd., p. 260.
37
Ibíd., p. 263.
38
Oscar del Barco, «Notas sobre la mística de Nietzsche», en El abandono de las
palabras, op.cit., p. 260.
39
Ibíd., p. 262.
26
Un resplandor sin nombre
esta «experiencia mística-atea»,40 Nietzsche realizó la crítica del
nihilismo y enunció una «propuesta ética desmesurada»41 que
afirma la unidad inescindible entre el pensamiento y la vida: la
ética de la transmutación del instante en eternidad.
En el prefacio de La Intemperie sin fin (1985)42 del Barco alude,
de manera enigmática, a «esa experiencia de lo trascendente que
fue Aldea». Como señala el poeta Carlos Riccardo –amigo, y com-
pañero de viajes psiconáuticos, de Oscar del Barco– Aldea nombra
no sólo un lugar geográfico puntual –Tecolutla, el pequeño pueblo
donde residía «Mumo» Gatti43–, sino fundamentalmente las expe-
riencias iniciáticas con peyote realizadas en aquel paraje de la cos-
ta de Veracruz.44 La desindividuación enteogénica es tematizada
aquí en términos de una «entrega absoluta»,45 «des-sujeción» que
exige un acto sagrado de abandono y desasimiento como condición
40
Oscar del Barco, «Protocolos nietzscheanos I», en Escrituras, Biblioteca Nacio-
nal, Buenos Aires, 2011, p. 363 [Revista Espacios, 2, Puebla, México,1983],
incluido en este volumen.
41
Ibíd., p.379.
42
Este libro recopila algunos de los ensayos de «crítica literaria» editados origi-
nalmente en los años setenta, a los que se añadieron dos textos (uno sobre
Macedonio Fernández, el otro sobre Nietzsche). Los ensayos sobre Artaud,
Blanchot y Sade fueron leve pero significativamente «corregidos» para esta
publicación. Cf. Silvio Mattoni, «Sobre el acto de escritura», en AAVV, El fra-
gor del mundo, op.cit., pp. 23-24.
43
Luis María Gatti, alias «Mumo», antropólogo cordobés, también exiliado en Mé-
xico, sobre quién del Barco escribió dos textos que incluimos en este volumen.
44
Cf. Carlos Riccardo, «Variaciones sobre un viejo poeta», en AAVV, El fragor del
mundo, op.cit., pp. 45-46. Los textos sobre experiencias con enteógenos están reco-
pilados en «Viajes», cuaderno de bitácora de las iniciaciones delbarquianas con pe-
yote, hongos psilocibios y LSD. Allí, pese al mutismo que parece suscitar la vivencia
de la des-individuación, del Barco ensaya una deslumbrante aproximación a los
bordes de lo inexpresable. Cf. Oscar del Barco, «Viajes», Revista Escrita, 4, Córdo-
ba, 1982 [una versión ampliada de «Viajes» fue publicada, primero, en la revista
Tsé-Tsé, 9/10, Buenos Aires, otoño de 2001 y, posteriormente, en Oscar del Barco,
Alternativas de lo posthumano, op.cit., pp. 263-277]; sobre la afinidad estructural
entre psiconáutica y mística, véase el prólogo, escrito por del Barco, del Cuaderno
del Peyote de Carlos Riccardo (Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 1988).
45
«La entrega consiste en dejar de ser lo sido hasta ese momento: entregarse a la
desposesión de uno en la posesión de lo otro», Oscar del Barco, «Prefacio», en
La intemperie sin fin, op.cit., p. 7.
27
Oscar del Barco
de apertura para el «calmo advenir de lo que llamamos otro».46 En
otro texto publicado en México en aquellos años, «El viaje de Ar-
taud a México», el filósofo cordobés advierte, en el periplo del poeta
francés en la sierra tarahumara, una suerte de via crucis que bus-
ca «redimir al hombre de su existencia escindida, volver a ligarlo
a la naturaleza y a los otros seres humanos».47 Un itinerario que
lo lanzó a un «viaje hacia el afuera», a la búsqueda de una «reali-
dad fuera de todo límite», peligrosa incursión por los confines de
la locura que alcanzó su punto de consagración en la turbulenta
comunión de Artaud con el cactus enteogénico.
Estos esbozos teológicos insinúan cierto misticismo ateo, ori-
ginado en una epifanía extática, en el que ya puede vislumbrar-
se el cariz antiidolátrico de la teología alucinada delbarquiana,
pues la idolatría implica una traición a la naturaleza excesiva,
desmesurada, de dios. El lenguaje comunicativo, referencial,
condicionado intrínsecamente por el corsé categorial de la me-
tafísica, no puede sino fracasar ante esa intensidad inefable que
excede todo nombre.48 Tras la vivencia sagrada, sobreviene la
angustia y el silencio ante la ausencia de nombres para expre-
sar esa gracia que relampaguea en la dimensión temporal del
instante. El éxtasis excede toda tentativa de nominación y, sin
embargo, la teología negativa que aquí comienza a bosquejarse,
no renuncia al intento de nombrarlo, aunque sea a través de
rodeos, de manera apofática, parapredicativa, balbuceante, pa-
radójica. «La palabra que intenta decirlo es paradójicamente la
palabra que lo oculta»,49 dice del Barco acerca de la experiencia
fundamental de Nietzsche:
46
Ibid., p.7.
47
Oscar del Barco, «El viaje de Artaud a México», en Escrituras, op.cit., p. 341,
incluido en este volumen.
48
«Lo místico es ante todo un estado que no puede determinarse porque en él,
como vivencia, lo ausente es el objeto a nombrar y el sujeto que nombra. En
otras palabras, toda nominación se articula como reminiscencia del ‘paraíso
perdido’», Oscar del Barco, «Protocolos nietzscheanos II (Lecturas)», en Escri-
turas, op.cit., p. 385.
49
Oscar del Barco, «Notas sobre la mística de Nietzsche», en El abandono de las
palabras, op.cit., p. 276.
28
Un resplandor sin nombre
La no-individuación carece de enunciado, de querer decir; más
bien se trata de un espacio al que sólo se puede aludir mediante
enigmas y rodeos después de haber vuelto a la individuación.
Por esta causa no hay un deber-ser, aunque entonces sea legíti-
mo preguntarse ¿qué queda de una ética sin deber-ser?50
En tal caso, ¿qué podría significar una ética a la medida de
una experiencia única, irrepresentable e intransferible? Una
ética capaz de postularse como «principio de salvación», aunque
no se sostenga en mandatos morales ni religiosos, sino en un
acto absoluto, realizable «aquí y ahora», sin télos, en la ilumi-
nación fugaz inmanente a cada instante. Una ética del despren-
dimiento que entrañe la exigencia inmanente de vivir de otra
manera, conforme a una «forma de vida» que se exprese en la
cotidianeidad, como renuncia a la codicia y la adquisición, que
asuma, en el sacrificio y el abandono, la pobreza como exceso y
desposesión –ante todo, de uno mismo– y pueda abrirse a una
comunidad amorosa en la que los seres humanos puedan vivir,
nuevamente, en armonía con los otros y con la naturaleza. «El
hombre puede “salvarse” y no se trata de un enunciado proféti-
co ni utópico, sino del sí a la intensidad propia del presente»,51
afirma del Barco en su precioso libro sobre el poeta Juan L.
Ortiz. Si «la técnica ha conducido al mundo a un punto extremo
donde lo que está en juego es la sobrevivencia de la especie hu-
mana»,52 entonces, «la única posibilidad de sobrevivencia, en el
sentido de una epifanía, está en el instante».53 «Todo es actual.
La supervivencia, la salvación, la redención, suceden, aquí, aho-
ra. El Apocalipsis está aquí-ahora, el Reino está aquí-ahora».54
Por ello, no es cuestión de proclamar utopías ni de imaginar
50
scar del Barco, «Prefacio», en La intemperie sin fin, op.cit., p. 9.
O
51
Oscar del Barco, Juan L. Ortiz. Poesía y ética, op.cit., p. 21.
52
Oscar del Barco, «La flecha que vuela inmóvil», en El abandono de las pala-
bras, op.cit., p. 291.
53
Oscar del Barco, «Crisis de la política», en El abandono de las palabras, op.cit., p. 97.
54
Oscar del Barco, «La flecha que vuela inmóvil», en El abandono de las pala-
bras, op.cit., p. 294.
29
Oscar del Barco
sociedades ideales, sino de las «fallas», «intersticios» que se
abren en los márgenes interiores del Sistema, donde sus meca-
nismos de sujeción fracasan ante la irrupción de soberanías in-
aprensibles. Allí donde la «reproducción ampliada» del Sistema
parecía consumar su teleología siniestra, ocluyendo toda praxis
no instrumentalizable por la racionalidad metafísico-técnica, la
mística nombra un exceso, un «más-que-Sistema», imposible de
clausurar y totalizar.
La indagación místico-teológica que del Barco comienza a
ensayar en el exilio –y que alcanzará su formulación más acaba-
da en Exceso y donación. La búsqueda del dios sin dios (2003)–
no busca restaurar una escatología teleológica, ni propone la
espera pasiva y resignada de un improbable Mesías antropo-
mórfico. Se trata, antes bien, de adecuar el concepto de reden-
ción al infierno secularizado del mundo técnico para pensar las
condiciones de posibilidad de una ética-política acorde a la épo-
ca en que «los dioses han abandonado la tierra e inaugurado la
oscura errancia del nihilismo […] un tiempo en que tanto los
hombres como la naturaleza han perdido su carácter sagrado».55
La teología del dios sin dios procede de una vivencia sagrada
donde lo que se precipita en la dimensión temporal del instante
no es un dios, sino «una apertura donde la experiencia de lo di-
vino es una-y-múltiple, insustancial y plurívoca».56 Así, el «des-
arreglo sistemático de los sentidos», el éxtasis erótico, la poesía,
el arte, no son sino manifestaciones trascendentes del espíritu
que hacen posible la libertad de lo abierto,57 como si fueran los
55
scar del Barco, «Post-scriptum», en El Otro Marx, op.cit., p. 214. «El fin de la
O
metafísica y de las religiones en cuanto metafísicas no implica necesariamente
el fin del problema de Dios sino su recomienzo como más-allá-de Dios, como la
pura problemática de su ausencia», Oscar del Barco, Exceso y Donación. La
búsqueda del dios sin dios, Biblioteca Internacional Martin Heidegger, Buenos
Aires, 2003, p. 17.
56
Oscar del Barco, «Notas sobre la mística de Nietzsche», en El abandono de las
palabras, op.cit., p. 275.
57
«Lo abierto es un ámbito de particular luminosidad, la que siempre se extiende
por sobre sus límites. Es el más allá del silencio, en la doble acepción del geni-
tivo. Todo nombre que se le dé choca con un plus inefable […]. La palabra
misterio es la que sin ambiciones se refiere a lo luminoso de lo abierto, a su
30
Un resplandor sin nombre
últimos baluartes ante la implacable expansión del nihilismo,
que en su irrupción cualifican una posible praxis transmetafísi-
ca irreductible a los moldes onto-teológicos de la «metafísica de
la subjetividad».58
Finalmente, cabría preguntarse si en la presencia de este
dios innombrable y despersonalizado no resuena el eco de ese es-
pacio abierto y desustancializado que en el texto marxista de los
años setenta llevaba el nombre de transgresión revolucionaria
del proletariado y que, una vez abandonado el «mesianismo mar-
xista»,59 habrá de llamarse epifanía en exceso del dios-sin-dios.
Ahora bien, ¿hasta qué punto el vaciamiento y destitución del
yo, propiciados por la mística, no forman parte del repertorio de
figuras que ofrece, a cada instante, la posmodernidad líquida del
mundo contemporáneo, donde ningún componente de la realidad
goza de un sostén firme y sustancial? El capitalismo planetario
triunfante es el que opera la deconstrucción de los contornos que
configuraban al hoy envejecido sujeto de la metafísica moderna.
La dispersión, fragmentación y licuefacción parecen ser las mar-
cas distintivas de la proteica subjetividad de la era digital y la
sociedad del espectáculo. Entonces, ¿qué utilidad podría tener
una praxis de desubjetivación semejante cuando los sujetos ya no
poseen límites ontológicos fijos y excluyentes? ¿Para qué corroer
las pretensiones de solidez y autosuficiencia de la subjetividad
inmirabilidad, a su inaprensibilidad», Oscar del Barco, Juan L. Ortiz. Poesía y
ética, op.cit., pp. 13-14.
58
Sobre el nudo teológico-político entre mística y «praxis transmetafísica» en
Oscar del Barco, véase el notable ensayo de Gabriel Livov, «Teología y política
según Oscar del Barco», en VV.AA., Exceso y prudencia, Emmanuel Biset y
Soledad Croce (comp.), Cuadernos de Nombres/Editorial Brujas, Córdoba,
2009, pp. 383-398.
59
«En México me desprendí de lo que podría llamar el mesianismo marxista, de
su Idea de ‘revolución’ [...]. Este hecho terminó con mi laicismo [...] desarrollan-
do una religiosidad sin Dios. Desde entonces, mi trabajo está dedicado a dar
vueltas alrededor de una ‘teología atea’, atea del Dios de la metafísica y abier-
ta a lo que podría llamar dios-sin-dios [...]. Religión sin iglesia, sin dogma, sin
principios; un estado de inquietud y apertura que puede transformar la vida.
Tal vez eso sea todo, al menos para mí», en «Apuntes para una teología sin
dios. Entrevista con Oscar del Barco», op.cit., p. 18.
31
Oscar del Barco
egocentrada si la identidad ya no implica la realización de una
esencia universal? ¿Qué sentido tiene cuestionar hoy los funda-
mentos trascendentes de la metafísica si la realidad misma los
des-ontologiza? Interrogantes que cualquier lector contemporá-
neo de Oscar del Barco habrá de responder a su manera.
Martín Hendler
32
Un resplandor sin nombre
Sobre la presente edición
Dada la inabarcable y polifacética constelación de textos delbar-
quianos, a la hora de escoger los escritos que componen este libro
se han dejado de lado diversos aspectos de su prolífica producción
intelectual. No se incluyen poemas,60 ni textos narrativos (excep-
to ma a, texto autobiográfico publicado por primera vez en 2008,
en el catálogo de la primera exposición de sus pinturas). También
quedaron afuera los artículos publicados en la primera época de la
revista Pasado y Presente, sus contribuciones de la primera mitad
de los años setenta en el campo de la «teoría literaria», sus deslum-
brantes protocolos de experiencia visionaria (que dan testimonio
sobre la experimentación con sustancias enteogénicas, iniciada en
México y proseguida en Córdoba al regresar del exilio) y sus más
recientes ensayos críticos sobre arte y poesía, por nombrar sólo al-
gunos momentos de su extensa trayectoria no incluidos en esta
selección.
Sin pretender trazar un mapa exhaustivo, los ensayos re-
unidos en este volumen condensan una muestra, acotada pero
representativa, de la articulación entre política, filosofía y mís-
tica que Oscar del Barco viene ensayando desde la década de
1980. Diseminados en diversos libros y revistas, gran parte de
los escritos escogidos en esta selección fueron publicados origi-
nalmente en el exilio mexicano. Otros, han visto la luz en fechas
más recientes y, de alguna manera, reflejan la continuidad, a lo
largo de los años, de cierto núcleo de temas y problemas que per-
sisten, inalterables, abriéndose camino, como en un circunloquio
inagotable, en dirección a lo indecible.
***
Por último, queremos agradecer a Rogelio Fernández Couto
y Pablo Lovizio por habernos facilitado materiales para la publi-
cación de este libro. Y, muy especialmente, a Carlos Riccardo,
Nayla Viggiano y Gabriel Livov por el apoyo incondicional.
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Sobre la vicisitudes de la obra poética de Oscar del Barco, véase el esclarecedor
artículo de Carlos Riccardo «Variaciones sobre un viejo poeta», en AAVV, El
fragor del mundo, op.cit., pp. 37-56.
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ma a*
me cuesta ver esto que llaman la vida, líneas círculos fracturas
dispersiones cortes mezclas nunca algo que evoluciona o pro
gresa hacia algo sino una o infinitas masas inmóviles pero agu-
jereadas en expansión-contracción de lo mismo que nunca es ni
puede ser lo mismo
miles de fugas de saltos en el vacío todo inconsistente de-
rrumbándose en el fondo de un resplandor sin nombre pero al
que se quiere nombrar casi desesperadamente porque se siente
o se presiente el fin entonces ¿cuáles son los cortes de este ama
sijo sin orden o donde el orden es una camisa de fuerza en la que
tratamos de encerrar o volver inocua o inocente nuestra locura,
este caos que no se doblega que se resiste a todo intento de redu-
cirlo a un punto o a alguien que va hacia algún lugar terrestre o
celeste? por eso he tratado de cavar indefinidamente y sin plan
alguno en lo mismo aquí en esto, pocos metros de tierra donde
una nada a la que llaman con mi nombre habita ¿por qué la pin-
tura? ¿y por qué preguntar sobre el por qué de la pintura? ¿acaso
también “yo” deseo saber o construir un sentido, el sentido de
esta vida? ¿quiero un dios, un “sistema”, siempre ridículo, donde
recoger hasta la última partícula de un tiempo sin fundamento?
hace mucho que sabemos que no hay por qué ni para qué, y que
la rosa florece porque florece, así no más, en su roseidad, valga el
* Originalmente en el catálogo ma a - Obra Pictórica, Córdoba, 2008.
Texto publicado para la exposición de 150 obras inéditas de Oscar del Barco.
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Oscar del Barco
término trato de desbrozar lo amorfo que inevitablemente termi-
nará en otro amorfo o en otra mezcla de la que ya voy alejándome
sin poder apartarme ni un paso, siempre en lo mismo que a su
vez es lo distinto de lo mismo, líneas de filosofía, innumerables,
desde los griegos, siempre mal entendidos, por supuesto, o no
entendidos, porque lo que me interesó y me sigue interesando de
la filosofía son algunas frases, a veces algunas palabras, que me
sirven para alimentar digamos el espíritu estaba por escribir la
desmesura pero recordé que espíritu es fuego, y ese fuego que es
un alimento debe a su vez ser alimentado, sigo, hasta husserl o
derrida o levinas o cualquiera de los miles de tipos que pensaron
y piensan misteriosamente el misterio, es claro que tengo mis
preferencias, como ser plotino, la locura desenfrenada de des-
cartes, de kant, de schelling... ¡bataille! ¡blanchot! eso no para,
siempre se choca y del choque brota una chispa y la chispa se
apaga y uno esto uno algo nada vaya a saber qué sigue se mete
en el sutra-diamante y llora junto a subuti ante la descomunal
demencia del discurso del buda y hay que sentarse horas y horas
y años para no pensar para solo oír la lluvia oír la lluvia dejar
que cese la lluvia dejar abandonarse des-serse limpiar la super-
ficie del vacío amar el sobogenzo de dogen, los breves discursos
de wi-neng, llegar a desimaru al amigo augusto y un buen día
desaparecer
pero desde mucho antes estaba la poesía y no sé no puedo no
se puede saber por qué un chico de 14 o 15 años se pone a escri-
bir versos uno detrás de otro y no para y no parará más, nunca
más hasta el fin de sus días, es extraño lo recuerdo vagamente
y me pregunto inútilmente ¿qué habrá escrito? ese fue y siguió
siendo por mucho tiempo su más profundo secreto llenar páginas
y páginas con breves “poemas” que nunca leyó nadie, hasta que
un día, ya grande, publicó “variaciones sobre un viejo tema” y
después “infierno” hasta llegar a “poco pobre nada” y “diario” ¿40
años entre una cosa y la otra? ¿y en medio? el partido comunis-
ta, mi pelea contra lenin, contra su teoricismo y su terrorismo, y
por otro lado el igitur de mallarmé, la filosofía en el tocador de
sade, la guerrilla, viajes, exilio, méxico, el peyote, dolor por los
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Un resplandor sin nombre
muertos queridos y por los muertos desconocidos, por los tortu-
rados y desaparecidos, un dolor conformando mis ojos, mis oídos,
la totalidad de mi ser hasta darme una visión trágica, la úni-
ca aceptable, sangrienta y desgarrada del mundo, eso ya no me
abandonará, la shoa, los gulags, todos los genocidios, el proceso,
más el infinito dolor cotidiano, omnipotente, que como una plaga
infernal constituye la esencia de lo que llamamos hombre, este
infierno que somos, que es la vida, este grito universal de dolor
que se expresa en el pensamiento, en el arte, en la plegaria...
vallejo, juan l. ortiz, macedonio, holderlin, rimbaud, mallar-
mé, baudelaire, artaud, pound, william carlos williams, ungare-
tti, celan, cientos de nombres pasaron por la criatura, la exaltaron
y la pulverizaron con su belleza, la palabra, la “obra”, ¿por qué
los hombres, pienso en sófocles, pienso en el dante, pienso en el
canto de los esquimales y en todos los cantos luctuosos y jubila-
torios, se han lanzado “al fondo de lo desconocido”, al misterio?
¿es la forma íntima de su ser hombres ese himno imperecedero
que intenta rescatarlo, consolarlo del dolor de su propia presen-
cia? ah, el hilo rojo, el hilo rojo de las palabras que en el lenguaje
y como lenguaje alaban lo ilimitado, desconocido e inaccesible...
¿cómo no pensar en san anselmo y en el maestro eckhart, como
no pensar en los jasidistas cantando hasta el éxtasis y en los
sufíes danzando hasta la ebriedad de la divinidad? darle cabida
a todos, a maría sabina comiendo sus hongos como diminutos
dioses proféticos o a santo tomás abandonando el esplendor del
pensamiento para sumirse en el explendor de la no existencia...
amorfo amorfo líneas disparatadas hasta que un día que re-
cuerdo con toda claridad irrumpió de manera abrupta la música
moderna más allá o por sobre o en la música de siempre, como un
tam-tam de tambores en la amada melodía, o un trino en la cal-
ma del cielo, de pronto después de mucho buscarlo irrumpió en
una pequeña pieza llena de libros fotos papeles protegida del ca-
lor por un viejísimo nogal digo irrumpió el quinteto para instru-
mentos de viento número 15 de arnold schoenberg y todo cambió,
cómo decirlo, brevemente: entré, pude entrar, ay dios mío, qué
inmensidad, en lo que en voz muy baja, vacilante porque sé que
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Oscar del Barco
no puede decirse, porque es algo que excede todo, en el arte
contemporáneo, en la música dije, schoenberg, schoenberg, y to-
dos los ángeles posteriores, webern, bartok, celsi, nancarow, stoc-
khausen, lutoslavski, feldman, hasta barraqué, pobrecito, que
murió alcohólico, muy joven, el amigo de foucault, el discípulo de
messiaen y condiscípulo de boulez, todo ese sonido filtrándose y
arrasando la masa amorfa, llevándola al descontrol de lo “subli-
me”, digo sublime para no hablar con énfasis sino a ras de la tie-
rra, como ese personaje de “en presencia del payaso” que en un
manicomio pone una y otra vez los acordes del quinteto de schu-
bert y uno tiene que oír esto es esto es la música también ella
sosteniéndonos en esa iluminación que nos sostiene que impide
que muramos en este mismo instante
y entonces la pintura, debo reconocer que desde muy joven,
influenciado por la vida de van gogh y junto con un primo al que
quise sin límite pintábamos sin saber bien qué hacíamos aunque
él dedicó toda su vida a eso mientras yo debí esperar años, déca-
das, y de esa época él guardó un cuadro mío amarillo casi rojo y
ya viejo me lo regaló para mi sorpresa allá en su cabaña en plena
sierra antes de morir, entonces bueno no puedo decir todo reco-
mencé con mis líneas y con mis gritos alaridos balbuceos triuteos
ilúdeos mugidos berrinches ladridos rugidos de dientes y lengua
horas y horas y días y años sin lenguaje una especie de prelen-
guaje como el ruido de una tormenta o del amor y a veces acom-
pañado por mi familia y dibujando líneas sin ton ni son mezcladas
arremolinadas y después le agregué puntos negros y un día colo-
res y después... otro día también como un don sin querer, sin
pensar, algo semejante a un nacimiento, empecé a pintar con
óleos y con acrílicos, hará unos 14 años y me dio la locura, verda-
deramente la locura, más o menos 600 cuadros a los que agregué
pedazos de diarios, rostros, pedazos de madera, bichitos muer-
tos, hojas, fotos terribles, desnudos, me hundí en una piecita al
fondo de mi casa y me estaquié en el suelo, y puse música, fuerte,
arrebatadora, y no paré más, hasta el día de hoy, y no quiero
decir ni pretendo insinuar que hice cosas buenas ni malas, hice
lo que hice, esto que se ve aquí, pasé más o menos rápido de lo
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Un resplandor sin nombre
geométrico a un expresionismo que me tocó en lo más hondo al
reino de un color que yo sentía doloroso, donde todo fue llanto y
grito de protesta, hasta llegar a los cuadros que sometí al traba-
jo creador de las llamas, cuadros quemados que después des-
truía o incorporaba al cuerpo dándole algunas pinceladas o
recibiéndolos como llegaban, al azar, como si el fuego fuese el
gran maestro “al fin hallado” por mí... no sé qué son ni si son
para algo ni si durarán algún tiempo como tampoco lo sé de mi
poesía, tal vez todo sea como los gritos que a falta de saber mú-
sica lancé durante años al borde de la nada y hacia la nada como
todo por otra parte sí como todo
así sea
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