0% encontró este documento útil (0 votos)
30 vistas28 páginas

Formación MESC

El documento aborda el papel del Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión, destacando que este ministerio es un complemento provisional a los ministros ordinarios, que son los obispos, sacerdotes y diáconos. Se enfatiza que los ministerios laicales surgen de la comunidad y son esenciales para su edificación, y que la distinción entre el sacerdocio común y el ministerial no implica una jerarquía de dignidad, sino una diferencia funcional. Además, se subraya la importancia de la oración por vocaciones para asegurar la presencia suficiente de ministros ordinarios en la comunidad.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
30 vistas28 páginas

Formación MESC

El documento aborda el papel del Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión, destacando que este ministerio es un complemento provisional a los ministros ordinarios, que son los obispos, sacerdotes y diáconos. Se enfatiza que los ministerios laicales surgen de la comunidad y son esenciales para su edificación, y que la distinción entre el sacerdocio común y el ministerial no implica una jerarquía de dignidad, sino una diferencia funcional. Además, se subraya la importancia de la oración por vocaciones para asegurar la presencia suficiente de ministros ordinarios en la comunidad.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

EL MINISTRO EXTRAORDINARIO DE LA SAGRADA COMUNIÓN

INTRODUCCIÓN
1. Los ministerios laicales
La palabra “ministerio” es uno de los términos que
durante el curso de los siglos ha tenido muchos
significados, y no se aplica sólo a los que ejercen el
sacramento del orden, sino también a laicos y
religiosos. En este subsidio nos referiremos al
ministerio que es reconocido o instituido para laicos.
La teología de los ministerios laicales se ha ido
fomentando y profundizando cada día más,
posteriormente al Concilio Vaticano II, llevando a
realizar esta gran realidad de ministerio en medio de los
fieles.
Una primera cosa que debemos afirmar es que Dios suscita los ministerios en la
comunidad y para la comunidad, pero debemos situarlos correctamente en relación con la
comunidad. Históricamente los ministerios aparecen indisolublemente unidos a la comunidad
como lo vemos en San Pablo que afirma que los carismas tienen la finalidad de servir al bien
común, a edificar la comunidad (1 Cor 12, 7; 14, 3-12) a edificar el cuerpo de Cristo, cuidar
al Iglesia de Dios (1 Tim 3, 5).
Los ministerios brotan del interior de la comunidad, como servicios a la comunidad. Son
las mismas necesidades de la comunidad las que determinan el nacimiento de los ministerios.
La comunidad se da a sí misma los servicios que necesita. A la vez se menciona expresamente
el papel activo de la comunidad en la elección e investidura de sus ministros o servidores.
En segundo lugar debemos recordar que el origen de los ministerios no está en la
comunidad, como emanación de ella, sino en Cristo mismo y en el Espíritu Santo, que siguen
suscitándolos en el interior de la comunidad, para dar respuesta las diversas necesidades de
ellas. Los ministerios no son antes de la comunidad ni están por encima ni al lado de ella. Son
una estructuración interior de la comunidad, como órganos internos del cuerpo vivo de Cristo,
como tales son elemento constitutivo de la Iglesia.
Por lo tanto el redescubrimiento de la pluralidad de las funciones ministeriales ha
significado un logro muy importante, el salir de la estreches de una visión unilateral, para
prestar la atención debida a la totalidad. Las diversas funciones no se encuentran en
antagonismo, están llamadas a respetarse mutuamente y a integrarse, porque son formas
distintas de un mismo ministerio único, que persiguen un mismo objetivo la edificación del
cuerpo de Cristo.
Hay que dejar en claro entre ministerio ordenado y los ministerios laicales la diferencia
no puede estibar en algo esencial, en valores fundamentales de existencia cristiana que
derivan del bautismo. Respecto a estos valores el Concilio Vaticano II ha reafirmado la
doctrina tradicional de la igualdad radical de todos los miembros de la Iglesia, es decir, que
los ministros ordenados siguen siendo miembros del Pueblo de Dios. La diferencia nace en el
seno de esa igualdad fundamental e induce una relación entre ministerio y laicado que no
tiene por qué ser enfrentamiento y antagonismo de dos sectores y mucho menos división de
la iglesia en dos categorías de cristianos.
La diferencia más que en naturaleza, es funcional: no precisamente en razón de unas
funciones específicas que serían exclusivas de los ministros, sino en razón de la función
global que cumplen en el interior del organismo eclesial. Sería a este nivel donde se debería
situar la afirmación del Concilio Vaticano II de que el sacerdocio común de los fieles y el
sacerdocio ministerial difieren en esencia y no en grado (LG 10)
10. Cristo Señor, Pontífice tomado de entre los hombres (cf. Hb 5,1-5), de su nuevo
pueblo «hizo... un reino y sacerdotes para Dios, su Padre» (Ap 1,6; cf. 5,9-10). Los
bautizados, en efecto, son consagrados por la regeneración y la unción del Espíritu
Santo como casa espiritual y sacerdocio santo, para que, por medio de toda obra del
hombre cristiano, ofrezcan sacrificios espirituales y anuncien el poder de Aquel que
los llamó de las tinieblas a su admirable luz (cf. 1 P 2,4-10). Por ello todos los
discípulos de Cristo, perseverando en la oración y alabando juntos a Dios (cf. Hch
2,42-47), ofrézcanse a sí mismos como hostia viva, santa y grata a Dios (cf. Rm 12,1)
y den testimonio por doquiera de Cristo, y a quienes lo pidan, den también razón de
la esperanza de la vida eterna que hay en ellos (cf. 1 P 3,15).
El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque
diferentes esencialmente y no sólo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro,
pues ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo. El sacerdocio
ministerial, por la potestad sagrada de que goza, forma y dirige el pueblo sacerdotal,
confecciona el sacrificio eucarístico en la persona de Cristo y lo ofrece en nombre de
todo el pueblo a Dios. Los fieles, en cambio, en virtud de su sacerdocio regio,
concurren a la ofrenda de la Eucaristía y lo ejercen en la recepción de los sacramentos,
en la oración y acción de gracias, mediante el testimonio de una vida santa, en la
abnegación y caridad operante.

La situación de los ministros ordenados en el cuerpo de la Iglesia es esencialmente distinta


de la que ocupan los laicos, sin que ello signifique que gocen de mayor dignidad o que estén
por encima de ellos.
La raíz última de esta diferencia de la situación en la Iglesia entre los ministros
ordenados y laicos parece ser la distinta manera de referirse a Cristo. La relación a Cristo es
siempre decisiva a la hora de configurar el ser de cristiano.
Lo que mejor caracteriza la manera específica del ministro ordenado de referirse a
Cristo en la Iglesia a diferencia del laicado, es el ser “signo de Cristo, Cabeza y Pastor” La
presencia de este ministerio en la comunidad significa la prioridad de la iniciativa y autoridad
divinas en la existencia de la Iglesia.
De esta manera hemos descubierto cómo lo ministerios surgen de la comunidad, como
acción de Cristo y del Espíritu Santo, para dar respuesta a las necesidades que surgen en ella,
y que todos los ministerios, ordenados y de los fieles, son ordenados a la edificación de la
misma Iglesia de Cristo, no en una distinción de grados, sino en referencia a la presencia de
Cristo en su misma Iglesia, manifestándose así el amor y el cuidado de Dios por su Iglesia.

2. ¿Qué es un Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión?


Debemos partir primeramente de que los
ministros ordinarios de la Sagrada Comunión son
los Obispos, Sacerdotes y Diáconos. Estos son los
ministros ordinarios, que distribuyen la Sagrada
Comunión en virtud de su ordenación.

"Pertenece ante todo al sacerdote y al diácono


administrar la comunión a los fieles que la pidan.
Mucho conviene, pues, que a este ministerio de su
orden dediquen todo el tiempo preciso, según la
necesidad de los fieles"(Comunión
y culto eucarístico fuera de la misa,
17).

Por lo cual solo el término "Ministro de la Eucaristía" se puede referir a aquellos que
celebran y realizan el Sacramento de la Eucaristía in persona Christi (Redemptionis
Sacramentum, 154; CIC, 900). Como tal, sólo se aplica a los obispos y sacerdotes.

Pero bajo algunas circunstancias, a los fieles se les puede delegar a que puedan
distribuir la sagrada Comunión por un obispo (o un sacerdote, en una sola ocasión). Estas
personas son conocidas como Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión. Los
acólitos instituidos (generalmente seminaristas y candidatos al diaconado permanente) se
convierten también en ministros extraordinarios de la sagrada comunión a través de su
institución.

La misma Instrucción Redemptionis Sacramentum ya establece que los Ministros


Extraordinarios de la Sagrada Comunión pueden servir durante la misa cuando un "sacerdote
o diácono no esté presente, cuando el sacerdote este impedido por enfermedad, edad avanzada
o alguna otra razón genuina, o cuando el número de fieles que se acercaran a la comunión es
tan grande, que la propia celebración de la Misa sería indebidamente muy prolongada "(158).
En estos casos, es conveniente que los ministros extraordinarios de la sagrada comunión
sirvan. Los ministros extraordinarios de la sagrada comunión no deben servir cuando
solamente habrá una breve prolongación de la misa (Redemptionis Sacramentum, 158).

El rol de un Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión no reemplaza el rol de


un ministro ordinario, pero lo complementa con carácter provisional (Redemptionis
Sacramentum, 151). Por lo tanto cuando un número suficiente de ministros ordinarios están
presentes para la distribución de la Sagrada Comunión, los ministros extraordinarios de la
Sagrada Comunión no deben servir en la distribución de la Santa Comunión.

A los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión se les puede pedir que ayuden
en la distribución de la preciosísima sangre. Cuando esto suceda, su número no debería ser
aumentado más que lo exigido para la distribución ordenada y reverente del Cuerpo y la
Sangre del Señor.
Los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión sólo pueden emplearse en
casos de necesidad, como se señaló anteriormente. "El recurso no está previsto para el bien
de una mayor participación de los laicos, sino más bien, por su propia naturaleza, es
suplementario y provisional” (Redemptionis Sacramentum, 151).
Y por último debemos decir que cuando el uso de ministros extraordinarios de la
Sagrada Comunión es necesario durante la Misa, la parroquia debe aumentar las oraciones
por las vocaciones, con la esperanza de que el Señor pueda enviar ministros ordinarios
suficientes para servir a la comunidad. (Redemptionis Sacramentum, 151)

I. FUNDAMENTO DEL MINISTERIO

1. Fundamento Bíblico
Todo ministerio comporta un servicio a
los demás. Tratándose del ministerio eclesial,
este servicio se hace a la y en la comunidad, en
vista de su edificación y de su misión. Por tanto,
el ministerio afecta a la vida interna de la Iglesia
o también se refiere a su misión en el mundo; él
es siempre realizado a través de obras externas
de apostolado.
Así que, en el término “ministerio” no se
incluyen acciones individuales ni el ejercicio de
cualquier profesión o actividad social y política.
Las palabras “ministro” y “ministerio”
derivadas del latín “ministerium” de la
traducción llamada “Vulgata” de la Biblia,
corresponden al griego diakonos y diakonia.
Estos términos a su vez, traducen en general los términos arameos ebed y abodah.
Estas palabras no pertenecen sólo al lenguaje religioso, sino también al profano. Se
trata de servicios realizados al pueblo por los magistrados, políticos, servicios que tienen
como finalidad la promoción de la comunidad humana y civil; se trata de servicios realizados
por los oficiales y por los esclavos del rey, en una actitud de obediencia y docilidad, pero
siempre en bienestar del pueblo.
Es de notar que el verbo “servir” designa situaciones diversas: la del esclavo, como
aparece en el mundo pagano, en la cual el hombre esclavo es considerado al nivel de los
animales y de las cosas; y, aquella otra donde el siervo, como es definida en la ley del pueblo
de Dios: el esclavo permanece hombre que, siendo verdadero siervo, puede, sin embargo,
llegar a ser el hombre de toda confianza y el heredero, más aún el hijo (Cf. Gn 24, 2; 15,3).
El vocabulario es siempre ambivalente; por ejemplo, el término ebed se aplica a ambas
situaciones. El ejemplo más clásico es el del “Siervo de Yahvé” del que habla el libro de
Isaías y que en sentido pleno se refiere, como veremos, al Mesías.
A nosotros nos interesa la dimensión “religiosa” del término servicio y de sus
sinónimos.
En esta perspectiva hablamos del servicio que era realizado por el pueblo que le Señor
se había elegido. Servir a Dios significa ante todo ofrecerle dones y sacrificios y asegurar la
liturgia del templo. Sin embargo, el servicio que Dios exige no se limita al culto ritual;
también una disponibilidad gozosa hacia los pobres, a los oprimidos, a los marginados, a los
pequeños, en vista de su liberación y de una ayuda efectiva que se les ha de proporcionar en
sus dificultades.
La predicación profética denuncia los riesgos del ritualismo y las violaciones de Israel
en este campo, con la intención de restituir al servicio cultual una auténtica dimensión
espiritual e interior, reclama que el culto del pueblo de Dios es una exigencia fundamental de
la alianza y una prueba concreta de la fidelidad a ella (Cf. Jr 7; Os 6,6). Es en fuerza de esto
que Israel, en su conjunto, se esfuerza en ser testigo de la misericordia de Dios hacia los más
débiles y anunciador apasionados de las maravillas de Yahvé que ha realizado para construir
su pueblo sacerdotal, gente santa (Cf. Ex 19,6).
En conclusión: el servicio que el pueblo tributa a su Dios es, en fuerza de la alianza,
al mismo tiempo e inseparablemente culto al Señor de la historia y misericordioso hacia los
pobres de Yahvé, y, por lo tanto, momento decisivo de la edificación de la “ekklesia”, es
decir, de la comunidad que pertenece como especial propiedad al Dios de la alianza.

1.- Los “Siervos de Dios” en el Pueblo de la Antigua Alianza.


En la Biblia “siervo de Dios” es un título de honor. Yahvé da este nombre a aquellos
que El escoge, los llama y los manda realizar su proyecto, el cual consiste en reunir en torno
a su Palabra a todos los hombres, para pactar con ellos la Alianza.
Este nombre es dado a hombres que, revestidos del Espíritu, en forma permanente o
pasajera, tienen una misión determinada de edificar en la fe al pueblo elegido.
En forma particular son llamados siervos de Dios, y por lo mismo son auténticos
siervos de su pueblo:
A) Los que hablan en nombre de Dios y anuncian su Palabra.
De ellos Dios dice “mis siervos, los profetas”. Su tarea es la de proclamar la alianza y
conservar en ella al pueblo; exigir la fidelidad necesaria a aquellos que pretenden vivir en la
amistad de Dios, corregir a cuantos se alejan (Am 3,7; Jr 7,25; 2Re 17,23) y ayuda a mantener
unido en la fidelidad al pueblo que le pertenece a Dios. B) Los jefes y los guías de Israel.
Estos también son llamados siervos y, ante todo, los patriarcas; es decir, aquellos que
han recibido de parte de Dios la misión, y custodian
con fidelidad la promesa del pueblo; así: Abraham (Gn
26,24), Isaac (Gn 24,14), Jacob (Ex 32,13); siervo y
muchas veces llamado mediador de la antigua alianza,
Moisés (Ex 14,31; Nm 12,7; Dt 34,5; 1Re 8,56); el
mismo título es atribuido a Josué, que guía al pueblo
en la tierra prometida (Jue 24,29) y, mas tarde, a David
tipo de rey mesiánico (2S 7,8; 1Re 8,24ss). C) Los
sacerdotes.
También a esta tercera categoría de personas se
les da el título de siervos, los cuales celebran el culto
en estrecha unión y en nombre del pueblo sacerdotal
(Sal 134,1; Ex 19,5ss). Más aun, se puede decir, que el
servicio del cual habla la Biblia, y exactamente es
especificado con frecuencia como “servicio de Dios”,
es sinónimo de culto, de un culto autentico, radicado
sobre la fidelidad a la Palabra de Dios y abierto al
servicio de la caridad hacia los más necesitados.
Pero aún hay algo más interesante por
subrayar, al hablar del servicio en el A.T. El título de “siervos” dado a los profetas, a los reyes
y a los sacerdotes, le pertenece en primer lugar y con pleno título al pueblo elegido en su
conjunto. Israel, en efecto, en cuanto que ha recibido y vive la alianza, llamado a
comprometerse en la fidelidad a la Palabra de Dios, a celebrar con autenticidad el culto, a
testimoniar delante de los otros pueblo las maravillas realizadas por Dios en su favor, ese es
el verdadero siervo.
Por tanto, la elección de algunos hombres en particular está destinada a hacer que la
comunidad se mantenga en la fidelidad al servicio de Dios y que El los atiende en fuerza de
la alianza.
Es, sobre todo, el “libro de la consolación” de las profecías de Isaías (40-55) el que
desarrolla el tema de Israel-siervo de Dios. El pueblo elegido, sin embargo, desde los primeros
tiempos es infiel a su vocación de servicio y es rebelde (indócil) a los siervos que Dios suscita
y manda (Cf Dt 9,24; Jr 7,25). Israel es un siervo perezoso, sordo y ciego, que ha rechazado
el servicio de Dios y se prostituye fácilmente sirviendo a los ídolos, falsos dioses que no
exigen y son más cómodos (Is 42, 18ss; etc.). Es el drama del pecado, de la infidelidad, del
rechazo que recorre toda la historia de Israel.
Dios, sin embargo, es bueno y lo busca constantemente, lo perdona y mantiene viva
la esperanza, aun en medio de las infidelidades, le promete un “siervo fiel” que con su palabra,
y sus acciones de liberación, de donación total de su vida, llevará la luz de la salvación a las
naciones, hará que muchos vuelvan a la justicia y dará vida al nuevo pueblo de Dios. Este
personaje misterioso, a la luz de revelación plena, es Jesús el Mesías, Siervo de Yahvé del
cual hablan los cuatro cantos de Isaías (Cf Is 42,1-9; 49, 1-7; 50, 4-11; 52, 13; 53,1-12).
Ciertamente hay diversas funciones o tareas que se ofrecen y realizan en la comunidad,
por parte de diversos miembros, en orden a responder a las necesidades que genera la misma
en el cumplimiento de las dimensiones de la misión y para el bien de la comunidad entera.
Estos servicios pueden ser espontáneos o ya determinados para que la comunidad, la celebre
y realice con mucho más propiedad y dignidad tanto la misión como el Misterio Revelado.
Mientras hasta ahora la palabra ministerio se utilizaba sobre todo en singular, y se
refería casi exclusivamente a la función del sacerdote en cuanto investido de un cargo y
consagrado por una ordenación, ahora suele emplearse también en plural “ministerios” y se
refiere a los servicios especiales dentro de la comunidad. “Ministerios” son los que ejercen
ciertas personas determinadas y capacitadas para ello con el fin de cumplir con
responsabilidad especial, ya de forma permanente o ya temporal, algunos servicios más
importantes de la comunidad. Pero hay que tener en cuenta que si todo ministerio es un
servicio, no todo servicio llega a ser un ministerio.

2.- El “Ministerio” de Cristo, Siervo de Dios.


Jesús hace suya, en sentido pleno y total, la
misión del Siervo; maestro manso y humilde (Mt
11,29), Él está en medio de sus discípulos “como el
que sirve” (Lc 22,27). Siervo de Dios, “Cristo se ha
hecho siervo de todos” (S. Policarpo).
El atributo bíblico de Siervo conferido a
Cristo por la revelación del NT, es quizá el que de manera más completa expresa la riqueza y
la complejidad de su personalidad mesiánica y de la misión salvífica confiada por el Padre y
que Él realizó, en plena fidelidad, hasta el final, para la gloria de Dios y la salvación de los
hombres.
“Es una imagen, ésta la del “Siervo”, que subraya la donación y la humildad con la
cual Jesús cumple su misión. Aplicándose a si mismo esa imagen, Jesús alude a los
textos del profeta Isaías, que han celebrado al “Siervo del Señor”, personaje
misterioso, amado y predilecto por Dios que lo quiere a su disposición para realizar
la liberación de Israel y del mundo, y lo constituye profeta para enseñar, alianza para
reunir a su pueblo, sacrificio para expiar y redimir. Y así, el Siervo de Dios llaga a ser
en la obediencia, en la humillación y en el dolor, el Siervo del hombre y de su
redención” (Documento de la CEI, Evangelizzasione e Misteri 26).
Son, sobre todo, los Sinópticos los que presentando los momentos clave de la vida y
de la misión de Cristo, por ejemplo, el bautismo en el Jordán, la transfiguración sobre el monte
y la muerte en la cruz, nos presentan a Jesús como el Hijo-Siervo, en el cual Dios manifiesta,
con el don del Espíritu Santo, sus complacencias (Cf Mc 9,2ss.; Mt 17,1ss; Lc 9,28ss), viendo
en Él el cumplimiento de las profecías sobre el Siervo, contenidas en el libro de Isaías, y
anunciando los tiempos nuevos que Él ha venido a inaugurar.
La predicación apostólica ha aplicado a Jesús el título de Siervo para anunciar su
muerte (Hch 3,13ss.; 4,27ss.), fuente de bendición para las naciones (Hch 8,32ss.). Cordero
inmolado injustamente (Hch 8,32ss, Jesús ha salvado y reunido otra vez en el nuevo pueblo
de Dios a los hijos de Dios dispersos por el pecado. Finalmente, un himno que pertenece a la
liturgia de la primitiva comunidad cristiana, presenta el misterio de Cristo, el de su obediencia
al Padre y de su amor por los hombres en una síntesis potente: ahí se proclama que Cristo ha
entrado en la gloria asumiendo la condición de siervo y muriendo en la cruz, para obedecer a
Dios su Padre y realizar así su plan salvífico (Cf Flp 2,5-11).
De esta visión, que la revelación nos presenta, podemos evidenciar los momentos, los
aspectos específicos y los contenidos propios del “ministerio” de Cristo.

A) Cristo, ministro de la palabra.


Él es “profeta” por excelencia, que anuncia la
salvación a los pobres (Cf Lc 4,18ss.), proclama el
Evangelio del Reino e invita a todos a acogerlo en la
conversión y en la fe (Cf Mc 1,14). Su palabra
devuelve la esperanza, ofrece el perdón, da la
alegría, reúne a los discípulos en torno a Él, e invita
a los hombres a entrar en la comunidad de los que lo
siguen.

B) Cristo, ministro de la caridad.


Sus actitudes y acciones, entre los que sobresalen todos los milagros, no son solo revelación
de su divinidad, sino también son “signos” concretos de amor, de compasión hacia el hombre
afligido por la enfermedad, la invalidez, la marginación de la sociedad, herido en su más
íntima realidad por el pecado. Todas sus acciones están dirigidas a la liberación integral del
hombre, son un indicador concreto de su profunda solidaridad que Él tiene con los que sufren;
“médico del cuerpo y el espíritu”, según la conocida expresión de S. Ireneo, Él es el Siervo
que “ha cargado con nuestros sufrimientos” y “ha soportado nuestros dolores” (Is 53,4). En
esta perspectiva también aparece Jesús como “el Pastor” bueno que busca las ovejas perdidas
y dispersas (Cf Mt 18,12-24), cura a las heridas, la recoge y las defiende, las conoce y las
ama hasta dar la vida por ellas (Cf Jn 10,3).

C) Cristo, ministro del culto “en espíritu y en verdad”.


Él es el “Sacerdote” nuevo que trasciende todas las
formas del sacerdocio antiguo, porque su sacrificio
consiste no en la inmolación de víctimas
materiales, como depositando en ellas el sacrificio
debido al Dios de la alianza como testimonio de
fidelidad; sino que el ofrecimiento total de su vida
como signo definitivo de su obediencia que ha
caracterizado toda su vida y se ha expresado en
modo pleno y total en su muerte de cruz (Cf Hb
7,26-27).
Este “ministerio sacerdotal”, que reside en la pascua, engendra a la Iglesia, admirable
sacramento que ha brotado del costado de Cristo dormido en la cruz (Cf SC 5); es
simultáneamente servicio a Dios y a su gloria y servicio al hombre en vista de la liberación
y de la comunión con el Padre y los hermanos.
En conclusión: el ministerio profético, sacerdotal y pastoral de Cristo se funda y se alimenta
en el misterio de la encarnación, aquel acontecimiento que ha llevado al Hijo de Dios a
unirse con la humanidad, asumiendo todas sus características , excepto el pecado (Cf Hb,
15).
El Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión, no van a tener otro ejemplo mayor y
tan singular que el mismo Cristo y toda la espiritualidad con que se debe vivir y celebrar
este ministerio que brota del mismo Cristo.

2. Fundamento Teológico-doctrinal
Que Jesús sea el “Ministro” de la Palabra, de la caridad
y del culto “En Espíritu y en Verdad”, ese es uno de los
puntos esenciales de la revelación cristiana; más aún Jesús
es el único sumo sacerdote y cabeza de la Iglesia, para
transmitir a los hombres la salvación realizada en la cruz,
para interceder por ellos junto al Padre a fin de que sean
santificados por el Espíritu, para habilitarlos en los
diversos ministerios en la Iglesia, y así conducirlos a la
vida eterna de su Reino.
Por la imposibilidad del hombre de poder superar
el abismo que lo separaba de Dios, el Padre ha enviado a
su Hijo que, por medio del Espíritu, se ha encarnado, ha asumido la naturaleza humana, para
realizar la redención, para insertarlo en su obediencia de Diervo y en la gloria del Señor.
La problemática suscitada después del Vaticano II con la finalidad de hacer resaltar
los elementos específicos de la Iglesia y de su ministerio, ha abarcado necesariamente el tema
de los ministerios en plural; esto nos lleva a ver que desde sus orígenes toda la Iglesia es
ministerial, sobre las huellas de su fundador que se ha presentado como el Siervo del Señor
para la salvación del mundo; se ha visto también que el Espíritu siempre ha sucitado varios
carismas y múltiples ministerios en su Iglesia.
Por tanto, se coloca en su justo lugar redimensionado, el ministerio directo u ordenado
de los obispos, presbíteros y diáconos; este es uno de los ministerios, o mejor el ministerio de
los ministerios, el servicio animador y coordinador de la vida eclesial, para el crecimiento
armónico de la comunidad en la fe y en el amor; ahí se quedan hermanos entre los hermanos,
a su servicio, sin privilegios de honor o de casta. Pero también ahí está todo ese vigor
importante como son los miembros de la vida consagrada; más aún todo ese laicado con sus
múltiples carismas, servicios y ministerios unidos todos en comunión de fe y de amor con sus
pastores.

1.- El “Ministerio” de la Iglesia, Sierva de Dios y Sierva del Mundo.


Prolongación de Cristo, la Iglesia es su cuerpo y su esposa; por eso refleja en su propio rostro
las líneas inconfundibles del rostro de Cristo y continúa su misión hasta la Parusía. Lo hace
dándose totalmente a la realización del proyecto de Dios, en una actitud de obediencia y
fidelidad a Dios y de entrega a los hombres, en medio de los cuales vive y actúa para hacer
presente el Reino y conducirlo hasta su cumplimiento. Así, la Iglesia también es sierva y
ministra en la obra de la glorificación de Dios y de la salvación integral de los hombres.
La Iglesia está animada por el Espíritu. Es Él el que la guía hacia la verdad plena, la unifica
en la comunión y en el ministerio, la instruye, la dirige con diversos dones jerárquicos y
carismáticos, la adorna con abundantes frutos (LG 4).
Es, pues, el Espíritu el gran artífice y protagonista de la vida de la Iglesia, cuerpo de Cristo
y comunión de todos los creyentes: animados y guiados por Él, todos crecen en Cristo como
hijos de Dios, en fraterna comunión entre ellos y llegan a ser como Él, siervos de Dios y del
mundo, cada uno según su propio don.
Exactamente, así como le sucedió a Cristo, hecho por el Espíritu “Siervo” y manifestado
como tal delante de los hombres, sobre todo en el bautismo y en la transfiguración, en la cruz
y en su resurrección. En fuerza del Espíritu, así también la Iglesia en su totalidad es una
comunidad ministerial: “Es sierva como Siervo fue Cristo y como sierva se presentó… María,
la Virgen Madre”.
Cada actitud de la Iglesia, cada palabra y gesto suyo, está destinado a interpretar y traducir
entre los hombres y para los hombres las ansias y las preocupaciones de Cristo-Siervo.
También aquí hacemos la distinción, sobre la base de la más auténtica tradición eclesial que
interpreta la continuidad existente entre la misión de la Iglesia y la de Cristo, su Cabeza, y los
3 sectores o campos específicos de compromiso en su “ministerio”: ministerio de la Palabra,
ministerio sacerdotal y ministerio de la caridad. Y son precisamente aquellos por medio de
los cuales hoy Cristo resucitado, el Viviente, por medio de la acción de la Iglesia, continúa
realizando el proyecto de Dios y lo va conduciendo gradualmente hasta su pleno
cumplimiento.
La Eucaristía, en cuanto celebración plena de la Iglesia es acción de Cristo y del pueblo de
Dios jerárquicamente organizado, el momento-lugar en el que se evidencian con más claridad
todos los ministerios eclesiales, el de la Palabra, el del culto sacramental y el de la caridad.
Los diversos servicios que se realizan en la asamblea tienden a manifestar visiblemente esta
realidad.
Los diversos ministerios existentes en la Iglesia han de ser considerados dentro de una
condición de servicio y misión propia de Cristo y de la Iglesia, y que por consecuencia ella
es el misterio (cuerpo-prolongación) del Cristo, enviado y Siervo. La Iglesia, por lo tanto, es
como su unión orgánica, articulada en varios ministerios, que son verdaderos dones del
Espíritu, y participación en el misterio de Cristo sacerdote, profeta y pastor.
Entre estos algunos son esenciales para la vida de la Iglesia; radicados en el sacramento del
Orden, hacen presente permanentemente en la Iglesia la potestad propia de Cristo, y confiada
por Él a los apóstoles, y después por interrumpida sucesión transmitida a los ministros
“ordenados”: obispos, presbíteros y diáconos. Mediante la presencia y el ejercicio conjunto
de estos ministros los hombres son engendrados en el pueblo de Dios en comunidad eclesial.
Otros, a pesar de que pertenecen a la estructura esencial de la Iglesia en cuanto comunidad
toda entera ministerial, y fundadas sobre los sacramentos de iniciación cristiana, son
suscitados por el Espíritu en modos diversos a lo largo de la historia, algunos son transitorios,
otros son permanentes para que la Iglesia pueda cumplir su misión y responder a las
situaciones concretas.

2.- Ministerios y Estructura de la Iglesia.


Durante mucho tiempo, al inicio de la
Iglesia, cuando se hablaba de “ministros”, en la
Iglesia, se pensaba inmediatamente y casi en una
forma exclusiva en los presbíteros, y esto por el
mismo hecho de que casi eran los que ejercitaban el ministerio. En estos primeros siglos
existe una imprecisa y variable terminología, por lo que es difícil hallar títulos técnicos para
los diferentes ministerios.
El NT no es un documento del pasado, del que se sacan conclusiones y ya no hay más
que hacer. Estos libros son el “archivo” de una comunidad viva que acude a él como a su
norma y busca sin cesar la revelación de su propio ser. El NT proporciona a la Iglesia un
testimonio acerca de los ministerios al inicio, lo que en ella ha sido y sigue siendo querido
por Dios, a través del acontecimiento fundamental del Misterio Pascual y el don del Espíritu.
Pero también al considerar esta realidad divino-humano, la Iglesia, donde los
ministerios, en cuanto tales, son un componente del sistema socio-cultural eclesial para que
ella pueda realizar su misión. Todo sistema socio-cultural, por lo tanto, también toda
comunidad institucional y sistema transmitente, cada participante, cada miembro hace una
cosa, tiene alguna parte que hacer, tiene un rol, una función, el cual puede por un cierto tiempo
dejarse a la libre iniciativa y creatividad; pero en la medida en que el sistema debe funcionar,
permanece, en el tiempo y consigue con regularidad determinadas finalidades fijas, también
las partes o los roles son regulados según un esquema de comportamientos, en base a ciertas
normas bien determinadas de conducta de modo que todos los participantes en la comunidad
sepan no sólo lo que deben hacer sino también lo que otros miembros deben hacer de tal
forma que hasta los “extraños” no se sientan fuera de la comunidad.
Los “ministerios eclesiales”, en esta perspectiva
no serían otra cosa que funciones o encargos
particulares los cuales, en un modo u otro, éste u
otro miembro de la comunidad se encuentra
desarrollando o van desarrollando dentro de la
comunidad celebrativa un ministerio llamémoslo
así “institucionalizado” de un mensaje religioso.
Los escritos más antiguos del NT atestiguan la
presencia preponderante de la celebración central
del Misterio Pascual y de sus fieles participantes.
Insensiblemente la situación evoluciona o el
desarrollo lo va exigiendo. El tiempo va creando una distancia cada vez mayor entre el
acontecimiento fundante y la vida actual de la Iglesia; y para denotar la auténtica continuidad
entre unos y otros se generaliza un gesto de investidura que simboliza la transmisión de un
“servicio”, “ministerio” y el don del Espíritu Santo. En adelante la comisión de los ministerios
debe expresarse con esa señal: La imposición de manos.
La dirección de la Iglesia apostólica y subapostólica en este primer tiempo resulta
constituida por: Apóstoles o misioneros (enviados), profetas, personas eminentes, obispos
residentes, etc. Ejercen una dirección colegial en cada comunidad local. También surgirán
ministerios auxiliares: Los siete (Hch 6,3; 21,8); los jóvenes (Hch 5,6.10; 1Pe 5,5); Todos los
fieles, a los que se les llamaba santos (Hch 3, 32-41).
En la Iglesia encontramos ante todo los ministerios llamados “ordenados”; son
aquellos que se derivan y se fundan sobre el sacramento del Orden como son: el episcopado,
el presbiterado y el diaconado. Han sido transmitidos por los Apóstoles y por sus sucesores y
constituyen la jerarquía eclesiástica, elemento constitutivo de la comunidad cristiana, como
resalta de la voluntad de su fundador Jesucristo (Cf. LG cap. III).
En esta comunidad, sin embargo, la multiplicidad de carismas y de ministerios se
manifiesta al mismo tiempo exuberante pero también con poca organización (Cf. 1Cor 1214):
por lo cual los Apóstoles tuvieron que preocuparse de asegurar su estabilidad y continuidad.
Este ministerio eclesial, como lo encontramos en la Iglesia primitiva, expresado y distribuido
en tantas formas, algunas de las cuales son esenciales u ordenadas; y otras formas o
ministerios “accesorios” o “no ordenados”. En la Iglesia de hoy se retoma siempre más
conciencia de ser una comunidad ministerial en su conjunto.
En torno a los ministerios ordenados, la vida y la enseñanza de la Iglesia han previsto
y admitido la existencia de otros ministerios no-ordenados, es decir, no enraizados en el
sacramento del Orden; pero si en los sacramentos de la Iniciación Cristiana, esto es, en el
bautismo y en la confirmación particularmente. Como tales pueden ser llamados “ministerios
laicales”, porque son confiados, dentro de ciertos limites y algunas condiciones, a los fieles
laicos y ejercidos por ellos siempre para edificación de la Iglesia y en plena docilidad al
Espíritu que los distribuye como Él quiere. Dice el Papa Juan Pablo II: “Los pastores, por
tanto, han de reconocer y promover los ministerios, oficios y funciones de los que los fieles
laicos, que tienen su fundamento sacramental en el Bautismo y en la Confirmación, y para
muchos de ellos, además en el Matrimonio” (Cristifideles Laici 23).
Dentro de esos ministerios no-ordenados podemos hacer esta distinción que nos sirva
de referencia y mayor claridad:

a) Misterios instituidos:
Son aquellos servicios eclesiales que la
Iglesia reconoce oficialmente y los confiere,
en una expresa celebración litúrgica, sobre la
base de las aptitudes que los fieles tienen, en fuerza del Bautismo, para hacerse cargo de
especiales tareas y cargos de la comunidad.
Constituyen un gran don que el Espíritu Santo concede para el bien de la Iglesia, y
conllevan también, para aquellos que los asumen, una gracia no sacramental, pero invocada
y alcanzada por la intercesión y por la bendición de la Iglesia.
La institucionalización por parte de la Iglesia oficializa estos ministerios, de modo que
no sean siempre extraordinarios, sino expresiones de la comunión y misión de la Iglesia, y
por esto, pertenecientes a su estructura normal y a su vida ordinaria.
El documento llamado Motu propio Ministeria quaedam del Papa Pablo VI (del
15/Agosto/1972), ha sostenido como instituidos dos ministerios: El Lectorado y el Acolitado.
El primero como ministerio de la Palabra y el otro como ministerio de la Eucaristía y de la
caridad.
La Instrucción de la Sagrada Congregación para la Disciplina de los Sacramentos
Immensae Caritatis (= IC), del 29 de Enero de 1973 promulgada para facilitar la comunión
sacramental en algunas circunstancias, ha instituido los MINISTEROS
EXTRAORDINARIOS DE LA SAGRADA COMUNIÓN (=MESC) y dice textualmente:
“Por tanto, para que no queden sin ayuda y el consuelo de este Sacramento los fieles
que, en estado de gracia y con recta y piadosa intención desean tomar parte en el
banquete eucarístico, el Sumo Pontífice ha considerado oportuno instituir ministros
extraordinario, que puedan administrar la sagrada comunión tanto a sí mismos como
a los demás fieles, con las siguientes condiciones precisas” (Immensae Caritatis 1),
que se encuentren impedidos por diversos motivos o en alguna dificultad…
b) Ministros no instituidos: de “De tacto”.
Estos ministerios son realizados por aquellos
fieles que, sin ninguna investidura de la Iglesia y de
la Jerarquía en particular, con buena voluntad y en
dócil obediencia al Espíritu que dona sus carismas a
los fieles, ya militen en alguna asociación piadosa o
en algún otro movimiento apostólico, o en
ninguno, están comprometidos en la animación del
orden temporal y en la misión eclesial, para la
edificación del pueblo de Dios, en las varias formas
de servicio o apostolado, de la caridad, de la
asistencia a los pobres, a los enfermos, a los
marginados, como también en la catequesis y en la
proclamación de la Palabra de Dios dentro o fuera de
la liturgia.
Son servicios múltiples, variados y públicos que siempre han florecido en la Iglesia
de todos los tiempos como expresiones de la caridad de Cristo profeta, pastor y sacerdote,
con autoridad de la Iglesia. Es un terreno abierto y fecundo del cual la Iglesia, atenta a los
signos de los tiempos y fiel a su misión de prolongar al Señor; podrán siempre emerger
algunos servicios a los cuales se les dé un reconocimiento y se les confiera la debida
institucionalización y pasen de ser gestos de buena voluntad personal, a acciones en que toda
la Iglesia se reconozca y se comprometa como tal para realizar el Reino.
Después de todo este desarrollo que se ha hecho ya podremos entender que los
principales ministerios en la Iglesia son los de institución divina y que se necesita un llamado
especial a través de la jerarquía de la Iglesia y ella misma los habilita para ejercer tan singular
ministerio. Estos ministerios Dios los ha establecido (1Cor 12,28) o Cristo (Ef 4,7-11).
La diversidad de
los ministerios se atribuye al
mismo Señor (1Cor 12,5). Dicho de
otro modo: el hecho ministerial no
es en la Iglesia una realidad
puramente humana, es un don de
Dios, que por su Hijo y el Espíritu se
edifica la Iglesia. Estos ministerios
pertenecen a la realidad de la
salvación.
Pero, ¿cómo se traduce esta iniciativa divina en la vida de la comunidad? ¿Es
suficiente la decisión de los interesados? ¿Es la comunidad la que los escoge? ¿Es Pablo o
Pedro quien les da la investidura?
Repetimos: en los ministerios ordenados, la iniciativa sin duda alguna es divina, por
intervención de la Iglesia, y en este caso, de la jerarquía habiendo consultado a la comunidad
los llama y los habilita para el ministerio que se les encarga. En los otros ministerios sigue
siendo el Espíritu o la iniciativa es divina, como se ha repetido, muchas veces el Espíritu sopla
donde quiere, pero de todas maneras interviene la comunidad, todo se hace de acuerdo y en
comunión, por ejemplo Pablo que de una manera u otra, los considera colaboradores suyos.
Los ministros no son un mero producto de la comunidad o, más exactamente, la comunidad
entera articulada con la relación de algunos con respecto a todos, es la que reconoce los dones
del Espíritu y habilita para el ministerio. Como dice San Juan Pablo II:
“Sean extraordinarios, sean simples y sencillos, los carismas son siempre gracias del
Espíritu Santo que tiene, directa o indirectamente una utilidad eclesial, ya que están
ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del
mundo” (Cristifideles Laici 24).
Si los ministros ordenados están, en su ejercicio, sujetos a la jerarquía, lo mismo
estarán sujetos los ministros instituidos y los no instituidos, así como los ministros
extraordinarios, pues, el Papa en ese mismo documento citado también habla y precisa sobre
los carismas:
“Por lo tanto, ningún carisma dispensa de la relación y sumisión a los Pastores de la Iglesia.
El Concilio dice claramente: ‘El juicio sobre su autenticidad (de los carismas) y sobre su
ordenado ejercicio pertenece a aquellos que presiden en la Iglesia, a quienes especialmente
corresponde no extinguir el Espíritu, sino examinarlo todo y retener lo que es bueno’ (Cf 1Ts
5,12.19-21), con el fin de que todos los carismas cooperen, en su diversidad y
complementariedad, al bien común” (ChL 24).
II. PERFILES DEL MINISTRO EXTRAORDINARIO DE LA
SAGRADA
COMUNIÓN (Ser)

El Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión son los laicos, hombres o mujeres


idóneos, elegidos individualmente por el Ordinario del lugar, o por el sacerdote, según sea el
caso, como ministros extraordinarios, en casos concretos o también por un periodo de tiempo
determinado, o en caso de necesidad, de modo permanente, que se administren a sí mismos
el pan eucarístico, lo distribuyan a los demás fieles y lo lleven a los enfermos en sus casas
(cfr. IC 1, I). El Código de Derecho Canónico (CIC) dice que es ministro extraordinario de la
sagrada Comunión el acólito instituido, o también otro fiel designado según el canon 230, 3
(c. 910, 2). Por último se puede decir también que es un cristiano servidor del Cuerpo de
Cristo, es un portador de Cristo, que desempeña un ministerio pastoral, es un ministro de la
Comunión.
Hay tres clases de ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión:
- Los ministros permanentes que han sido instituidos: los acólitos, sólo varones.
- Los ministros extraordinarios, elegidos y llamados para distribuir la Comunión, tanto
varones como mujeres, por un tiempo determinado.
- Los ministros "ad casum" llamados por el presbítero en una necesidad concreta.

1. Doctrinal
Que tenga el estudio de las enseñanzas de la Iglesia sobre la Sagrada Escritura, el
Catecismo de la Iglesia Católica y otras fuentes aprobadas, tal como se encuentra en
formación dicho ministerio.

A. Estudio sobre las verdades fundamentales de nuestra fe.

B. Conocimiento Bíblico-Teológico de los Sacramentos particularmente sobre


la Eucaristía.

C. Conocimiento básico de Eclesiología


a. “Ecclesia de Eucaristía”
b. “Lumen Gentium”
c. “Apostolicam Actuositatem”

D. Conocimiento Básico sobre el aspecto Jurídico de este Ministerio.


a. “Carácter supletorio del M.E.S.C.” Pbro. Lic. Juan Manuel Cuevas G.

E. Estudio de las cuatro Constituciones del Concilio Vaticano II.


a. “Lumen Gentium.”
b. “Sacrosanctum Concillium.”
c. “Gaudium et Spes.”
d. “Dei Verbum.”

2. Humano
1. Dispuesto al crecimiento en las virtudes humanas.
Formación y vivencia de las siguientes virtudes.
a. Apertura y disposición para su formación continua y progresiva.
b. Generosidad y servicio.
c. Responsabilidad.
d. Humildad y solidaridad.
e. Fraternidad y que se deje tocar por el sufrimiento del hermano.
f. Caridad Evangélica.
g. Que sea creativo y alegre.

3. Espiritual
Tener un desarrollo general de la vida Espiritual y devociones, que fomenten la práctica
fructífera de un ministerio tan estrechamente unido a la Sagrada Eucaristía.

A. Que sea reverente y respetuoso de la Sagrada Eucaristía.

B. Que viva su retiro Evangelizador del primer anuncio “Kerigma”.

C. Con conocimiento y vivencia de la doctrina de los Santos Padres sobre el


Sacramento de la Eucaristía –Patrística-.

4. Pastoral
Sesiones de prácticas litúrgicas detalladas y casuística, para la digna, decorosa y correcta
distribución del Santísimo Sacramento, dentro y fuera de la Misa.

A. Conocimiento del Plan Diocesano de Pastoral de manera general, y


específicamente de la Comisión de Pastoral Litúrgica.

B. Estudio vivencial del Decreto sobre el Apostolado de los Seglares AA del


Concilio Vaticano II.

D. Instrucción sobre algunas cuestiones acerca de la colaboración de los fieles


laicos en el Sagrado Ministerio de los Sacerdotes [Santa Sede - Librería
Editrice Vaticana - Ciudad del Vaticano 1997- [Link]]

E. Favorecer espacios en la formación continua y progresiva para clarificar


doctrinalmente las dudas que se tengan para el desempeño digno de su
ministerio y para corregir algunos abusos y comportamientos erróneos.
III. FUNCIONES PROPIAS DEL MINISTRO
(que hacer)
El quehacer del MESC es llevar a los enfermos la Sagrada
Comunión (en caso de ausencia del sacerdote)., distribuir a
los demás fieles en la Misa o en una celebración de la Palabra
de Dios, exponer y reservar al Santísimo sin dar la bendición,
administrar para sí mismo Los ministros extraordinarios
entran en función cuando:
- Falte el sacerdote, el diácono o el acólito instituido;
- Cuando los mismos se hallen impedidos para distribuir la sagrada Comunión con
motivo de otro ministerio pastoral, por enfermedad o por avanzada edad;
- Cuando el número de los fieles que desean acercarse a la sagrada Comunión es tan
elevado, que se alargaría excesivamente la celebración de la Misa o la distribución
de la Comunión (cfr. IC 1, I).
Pueden desempeñar su ministerio:
- durante la celebración de la Misa, con motivo de una gran multitud de fieles, o por
cualquier otra dificultad particular en que se encuentre el celebrante;
- fuera de la Misa, cuando, por las circunstancias de los lugares, es difícil llevar las
Sagradas Especies, sobre todo en forma de Viático, a los enfermos que se hallan en
peligro de muerte, o cuando el número de enfermos requiera la obra de más ministros
(cfr. IC 1).

Criterios para la selección, elección, formación, ejercicio, acompañamiento y término del


servicio de los MESC a la luz de algunos documentos del Magisterio y de la experiencia
pastoral.
En el siguiente apartado presentamos algunos criterios para la selección, elección,
formación, ejercicio, acompañamiento y
término del servicio de los MESC. Tales
criterios son para aplicarlos “Antes”, “En” y
“Después” de la selección, elección,
formación, ejercicio, acompañamiento y
término del servicio.
Antes (A): selección, elección, formación
básica o inicial, aprobación.
En (E): presentación, ejercicio del servicio y
formación permanente.
Después (D): término de este ministerio y
acompañamiento posterior de vida cristiana e incorporación a su comunidad parroquial.

ANTES
1. Que exista equipo de liturgia en la parroquia y el candidato pertenezca al mismo.
2. Aplicar lo que dice el Magisterio de la Iglesia en sus
documentos (Catecismo de la Iglesia Católica, Instrucción
General al Misal Romano, Ministeria Quaedam, etc.),
disposiciones de la CEM y del obispo diocesano.
3. Definir contenidos básicos, inmediatos y permanentes de la
formación de los MESC.
4. Que sea seleccionado, presentado y promovido por su
Párroco.
5. Que sea conocido y aceptado por su comunidad.
6. Que sea una persona de vida cristiana que viva su proceso de
conversión en algún grupo, movimiento o pequeña comunidad.
7. Que lleve su estado de vida (soltero, casado o viudo) de manera adecuada.
8. Edad mínima de 18 años y suficiente madurez física, mental y emocional
9. Que disponga de tiempo y sea generoso en ofrecerlo al servicio de la Iglesia.
10. Debe tener disponibilidad para su formación básica-inicial y gradual-continua.
11. Con el debido permiso de su familia.
12. Que su decisión sea libre.
13. Cuente con el permiso por escrito del Sr. Obispo o de su Delegado Episcopal para
ministerios laicales.
14. Conocer las disposiciones litúrgicas y canónicas correspondientes para el ejercicio de este
ministerio.
ANTES Y EN
1. Piadoso, de comunión frecuente; maduro en su fe o al menos
dispuesto a madurarla.
2. Apostólico, servicial, especialmente con los enfermos.

EN
1. Tiempo del ejercicio (de 2 años) y el distintivo sin pretender
clericalizar al ministro.
2. Que forme parte del equipo de Pastoral Litúrgica en su comunidad o esté colaborando
en algún servicio.
3. Que no reciba dinero de las personas que atiende.
4. Que vista dignamente.
5. Ejerza su servicio en su parroquia tomando en cuenta las disposiciones dictadas por el Sr.
Cura o por el encargado de la comunidad.
6. Queda reservado al párroco destituir de su servicio al MESC según su criterio
7. Que haya recibido la formación básica-inicial.
8. Use relicario y ritual aprobado.
9. Si es posible se haga acompañar por otra(s)
persona(s).
9. Estar preparado bíblica, teológica, litúrgica,
humana, espiritual y pastoral para este servicio.
10. Ejercer coordinadamente su servicio con su
parroquia, para que cuando el enfermo necesite
confesarse le avise al sacerdote o si requiere
apoyo de pastoral de la salud o de pastoral social
se le atienda.
11. Llegar antes de la hora citada a su servicio en la misa.
12. Estar atentos a servir en el altar cuando no haya monaguillos.
13. Llegar con las manos limpias y con las uñas cortas (para mujeres no traerlas pintadas).
14. Evitar perfumes o lociones fuertes que impregnen las sagradas hostias.
15. Para llevar la comunión a enfermos procurar asistir a misa, evitando ir a cualquier hora
por ella.
16. Educar a los familiares del enfermo para que tengan el lugar del enfermo en condiciones:
altar (mantel blanco), cirio o vela, crucifijo, limpieza del lugar (al menos). Eviten tener
TV encendida o música. E invitarlos a participar en la celebración. Vaso con agua para la
ablución.
17. Debe asistir siempre al llamado de su párroco a su formación, al equipo de liturgia, y la
formación que pide el plan diocesano de pastoral (PDP).
18. No querer ocupar el papel del sacerdote.
19. Evitar toda confusión que parezca suplir las acciones del presbítero:
a) Evitar la imposición de manos.
b) No aparentar administrar el sacramento de la confesión.
c) Nunca aplicar aceites (simulando el sacramento de la unción de los enfermos), ni agua
bendita o sales.
d) No pretender resolverle la vida al enfermo o a los familiares.
e) No comprometer a los sacerdotes sin antes consultarlos.
20. Ejercer el ministerio solamente en su territorio parroquial.
21. En casos extraordinarios consultarlo con su párroco.
DESPUÉS
Al terminar el ejercicio de su servicio es importante agradecerle su servicio prestado
a la comunidad, ya que no es vitalicio.
De los criterios anteriormente descritos consideramos que los siguientes concretizan
todavía más la atención que debemos poner en el “Antes”, el “En” y el “Después” de la
selección, elección, formación, ejercicio, acompañamiento y término del servicio.
- El fiel designado y debidamente preparado deberá distinguirse por su vida cristiana,
su fe y sus buenas costumbres. Se esforzará por ser digno de este nobilísimo encargo,
cultivará la devoción a la sagrada Eucaristía, y dará ejemplo a los demás fieles de
respeto al santísimo Sacramento del Altar. No será elegido para tal oficio una persona
cuya designación pueda causar sorpresa a los fieles (cfr. IC VI), además de vivir un
proceso de conversión continua, como laico comprometido en la vida y en su familia.
- Llevar la Comunión exige estar en comunión con Cristo y ser signo de comunión
con los demás.
- Para ejercer este servicio, la persona necesita haber sido reconocida por su párroco
o por el sacerdote encargado de la comunidad, previamente aceptada por el Ordinario
del lugar.
- Para ser MESC el candidato seleccionado y elegido deberá comprometerse a recibir
una formación básica-inicial para ser reconocido y otra continua mientras dure el
tiempo del ejercicio de su ministerio, la cual debe abarcar las áreas: bíblica,
teológica, litúrgica, espiritual, humana y pastoral (cfr. SC 28 y 29; MQ VI; IC VI).
- Orar antes de distribuir o llevar la Sagrada Comunión a los fieles o a los enfermos.
- Distribuir o llevar la Sagrada Comunión con actitud de fe, de amor, de respeto y
devoción, sabiendo que “van de Cristo a Cristo”.
- Conocer el rito para dar la Sagrada Comunión a los enfermos.
- Ejercer coordinadamente su ministerio con su parroquia, para que cuando el enfermo
necesite confesarse le avise al sacerdote o si requiere apoyo de pastoral de la salud o
de pastoral social se le atienda.
- Que porte un distintivo evitando clericalizarse.
- Vestir dignamente.
III. FORMACION CONTINUA DEL MINISTRO.

Una primera afirmación que debemos hacer es que consideramos que la formación
debe ser básica-inicial y continua. Una vez reconocidos los MESC en su comunidad
parroquial estos se han comprometido por un periodo de 2 años para prestar este servicio y al
mismo tiempo como parte de su compromiso, continuar con su formación.
Nuestra propuesta de esta formación la describimos de la siguiente manera:
- La formación será durante el tiempo que dure el ejercicio del servicio del MESC
- Se tendrán diez temas los estudio serán de hora y media, concluyéndolos con una
convivencia para fortalecer la integración del equipo de los MESC.
- La formación gradual-permanente comprende las áreas: bíblica, teológica, litúrgica,
humana, espiritual y pastoral.
- Las temáticas de cada área son una sugerencia, sin embargo cada quien podrá
adoptarlas a su realidad y necesidades.
Temáticas de cada área:

- Formación bíblica:
1. Noticias generales sobre la Biblia
2. Inspiración y géneros literarios
3. Lenguas, tiempos, manuscritos de la Biblia
4. El canon de la Biblia y libros apócrifos
5. ¿Biblia protestante y Biblia católica?
6. ¿Por qué y para qué leer la Biblia?
7. Disposiciones para leer la Biblia
8. La Biblia y la historia de la salvación
9. La Lectio Divina o lectura orante de la Palabra de Dios
10. La relación entre Biblia y liturgia.

- Formación teológica:
1. Historia del acolitado
2. El acólito y los ministros extraordinarios de la comunión
3. Estudio de la Carta Apostólica Ministeria Quaedam
4. Estudio de la instrucción Inmense Caritatis, para facilitar la comunión sacramental en
algunas circunstancias; Instrucción Fidei Custos, sobre los MESC
5. La comunión de los fieles (cfr. Instrucción Memoriale Domini, sobre el modo de
administrar la comunión; Carta acerca de la comunión en la mano; EE 31-41) 6. La
Sagrada Comunión fuera de misa ( Ritual de unción delos enfermos )
7. El culto de la sagrada Eucaristía ( EE 49-67; Año de la Eucaristía.) Sugerencias y
propuestas, Contextos cultuales; RS cap. VI)
8. Estudio de la IGMR I
9. Estudio de la IGMR II
10. Código de Derecho Canónigo, Título III de la Parte I del Libro IV dedicado a la
Santísima Eucaristía: celebración, reserva y culto, estipendios, c. 897-958

Formación litúrgica:
1. Exposición del Santísimo Sacramento por un MESC
2. La formación litúrgica
3. La pastoral litúrgica y los ministerios litúrgicos
4. La espiritualidad litúrgica
5. La celebración litúrgica y sus elementos
6. Estudio del Directorio de las
celebraciones dominicales en ausencia
del presbítero II. 12
7. La liturgia y la Piedad Popular
8. El Año Litúrgico
9. El domingo
10. El Triduo Pascual

Formación humana:
1. La importancia de la familia
2. Las relaciones humanas
3. La comunicación y manejo de sentimientos
4. La comunicación y la superación personal
5. La autoestima
6. El servicio
7. El liderazgo
8. La planeación de vida y trabajo
9. El trabajo en equipo
10. La administración del tiempo
Formación espiritual:
1. Las dos mesas de la eucaristía, la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística”
2. “La espiritualidad cristiana”
3. “La espiritualidad laical”
4. “Espiritualidad de los MESC ”
5. “Yo soy el Pan de Vida” (cfr. Jn 6, 1-15)
6. “El Señor viene, salgamos a su encuentro”
7. “La fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo”
8. “Un pedazo de pan” (la cena del cordero )
9. “La comunión con Cristo, soporte de la vida espiritual del cristiano” (cfr. Pastores Dabo
Vobis 48)
10. “Mi experiencia de ser MESC”

Formación pastoral:
1. Los laicos en la Iglesia y los ministerios laicales
2. La corresponsabilidad de los fieles laicos en la Iglesia-Misión
3. La formación de los fieles laicos
4. La pastoral (La pastoral orgánica o de conjunto)
5. La planificación pastoral
6. La pastoral de la salud
7. El cuidado pastoral de los enfermos
8. La tanatología (El acompañamiento en el dolor, la muerte y el duelo)
9. La pastoral social
10. La bioética

NOTA:
Te presentamos una temática fundamental para la formación continua de los MESC que
ustedes, desde lo que conocen, desde su experiencia y necesidades, podrán ampliar con toda
libertad.
La formación se dará mensualmente y teniendo dos retiros espirituales por año.

Bibliografía fundamental para la formación del MESC


Presentamos a continuación una bibliografía fundamental para la formación básica-inicial y
continua de los MESC que ustedes, desde lo que conocer, desde su experiencia y necesidades,
podrán ampliar con toda libertad.

-Documentos: Sacrosanctum Concillium, Ministeria Quaedam, Catecismo de la Iglesia


Católica, Código de Derecho Canónico, Christi Fidelis Laici, Ecclesia de Eucharistia Deus
Caritas Est,, Documento de Aparecida.
- ADRIANO TARRARAN R. – ISABEL CALDERÓN A., Acompañamiento a los que
sufren, Cuadernos del Centro San Camilo 1, Guadalajara, 2002.
- ARNOLDO PANGRAZZI, El duelo. Cómo elaborar positivamente las pérdidas humanas,
San Pablo.
URY AZÉLIO BRUNETTI, Curso de preparación para los Ministros extraordinarios de la
Sagrada Comunión (Liturgia), San Pablo, Bogotá, 2007.
- CARLOS G. ÁLVAREZ C., Servidores del Pan de Vida a los hermanos. Orientaciones para
la formación de los acólitos o ministros extraordinarios de la Comunión, (Colección
Formación Pastoral 14), CELAM, Bogotá, 2008.
- CENTRE DE PASTORAL LITÚRGICA, Llevar la Comunión a los enfermos, (Celebrar
42), Barcelona, 5 2003.
- DIONISIO BOROBIO, Misión y ministerios laicales, Sígueme, Salamanca, 2001.
- EMILIO RUEDA R., Instructivo para Ministros Extraordinarios de la Sagrada comunión
(Liturgia), Obra Nacional de la Buena Prensa, A. C., México, D. F., 7 2010.
- EQUIPO INTERDISCIPLINARIO DEL CENTRO SAN CAMILO, Talleres de promoción
de la Salud, Cuadernos del Centro San Camilo 7, Zapopan, Jal.
- FRANCISCO ESCOBAR MIRELES, Curso para ministros extraordinarios de la Comunión,
Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, Valle de Guadalupe, Jalisco, 2005.
- GLORIA DOMÍNGUEZ CASTILLEJOS, El cuidado del paciente encamado.
- JOSÉ CARMEN CERVANTES C., Para llevar la comunión a los enfermos, Arquidiócesis
de Morelia, Buena Prensa.
- JOSÉ DEL CARMEN CERVANTES, Para llevar la comunión a los enfermos, Comisión
Diocesana de Liturgia, Arquidiócesis de Morelia, (Cuadernos SOMELIT 16), Buena Prensa,
México 132010.
- JOSÉ MARÍA VIGIL, Iré y lo sanaré. Manual para la pastoral de enfermos, Dabar, México,
D.
F.
- JUAN MANUEL PÉREZ R., Ministros extraordinarios de la Comunión, Curso básico
actualizado, Diócesis de Querétaro, 2 2004.
- PABLO FIGUEROA LUGO, No importa que te quejes… ¡Yo estoy aquí! Devocionario
para visitar a los enfermos, Diócesis de Celaya, Junio de 2005.
- RICHARD R. GAILLARDETZ, Ser pan. Espiritualidad del Ministro de la Eucaristía,
Editoral Claretiana, Buenos Aires, 2007.
- SERGIO A. ROMO O., Vamos a hablar de la Eucaristía. Ministro extraordinario de la
Sagrada Comunión.
- SILVIO MARINELLI ZUCALLI, Manual de Pastoral de la salud. Para agentes de Pastoral
de la Salud y Ministros Extraordinarios de la Comunión, Cuadernos del Centro San Camilo
3, Guadalajara, 2002.
SILVIO MARINELLI ZUCALLI, Pastoral de la Salud. - TOMÁS GUZMÁN
ZAMUDIO, Orientaciones litúrgicas, canónicas y morales para lo Ministros Extraordinarios
de la Sagrada Eucaristía.
- VICTORIA M. TUFANO, Guía para ministros de la comunión, LUMEN-LTP, (Colección
Ministerios Laicales), Buenos Aires, República Argentina, 2002.
- AGUSTÍN PETROSELLI, C. S. L., I-III, Curso Bíblico Popular 1, Progreso, México, D. F.
3ª reimpresión 2005.
- JOSÉ MIGUEL MIRANDA, Temas bíblicos. Leer la Biblia desde otra manera, Paulinas,
México, 7 1982.
- MARTÍN IRURE, Catequesis desde la Biblia, San Pablo, México, 1999. - MANUEL
MOLINA, Curso de iniciación a la Biblia, Casa de la Biblia, Comisión Episcopal de Pastoral
Bíblica, México, 2002.
- LUIS VALDÉS CASTELLANOS, Comunicación y manejo de sentimientos, CRT y Cerro
del Judío, México, 1994.
- MAURO RODRÍGUEZ E., Administración del tiempo, (Serie capacitación integral 1),
Manual Moderno, México, 2 1988.
- MAURO RODRÍGUEZ E., Comunicación y superación personal, (Serie capacitación
integral 10), Manual Modernos, México 2 1988.
- MAURO RODRÍGUEZ E., GEORGINA PELLICER DE FLORES, MAGDALENA
DOMÍNGUEZ EYSSAUTIER, Autoestima, clave del éxito personal, (Serie capacitación
integral 4), México, 2 1988.
- MAURO RODRÍGUEZ E., GEORGINA PELLICER DE FLORES, MAGDALENA
DOMÍNGUEZ EYSSAUTIER, Planeación de vida y trabajo, (Serie capacitación integral
7), Manual Moderno, México, 2 1988.
- MAURO RODRÍGUEZ E., Integración de equipos, (Serie capacitación integral 3), Manual
Moderno, México 2 1988.
- MAURO RODRÍGUEZ E., Relaciones humanas, (Serie capacitación integral 2), Manual
Moderno, México 2 1988.
- MIGUEL ÁNGEL CORNEJO Y ROSADO, La pasión de ser empresario (Desarrollo
humano. Colección de conferencias magisteriales), México, 2006.
- MIGUEL ÁNGEL CORNEJO Y ROSADO, Excelencia directiva para lograr la
productividad, Producciones Cantabria, S. A. C., Lima, 2008.
- MIGUEL ÁNGEL CORNEJO Y ROSADO, Liderazgo, el poder del carisma, VII,
Producciones Cantabria, S. A. C., Lima, 2007.
MIGUEL ÁNGEL CORNEJO Y ROSADO, Lideres. La revolución de los valores, México,
2008.
- MIGUEL ÁNGEL CORNEJO Y ROSADO, Triunfar, ¿existe otra alternativa?, II,
Producciones Cantabria, S. A. C., Lima, 2008.
- CARLOS G. VALLES, Vales más de lo que piensas: los principios de la autoestima,
Editorial Sal Terrae.
- CASTANYER MAYER, La asertividad: expresión de una sana autoestima, Editorial
Descleé de Brouwer.
- CHEMA SÁNCHEZ ALCÓN, Siento, luego existo: manual alternativo para aprender a
conocer tus emociones y tus valores, Editorial CCS (comunidad catequística salesiana de
San Juan).
- SONIA GONZÁLEZ, Habilidades de comunicación y escucha, Grupo Nelson.
- WALTER RISO, Aprendiendo a quererse a sí
mismo, Grupo editorial norma. - RAMÓN LUCAS
LUCAS, Bioética para todos, Trillas, México, 2003

También podría gustarte