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Alternancia Política y Crisis en México

La llegada de Vicente Fox a la presidencia de México en 2000 marcó el fin de 70 años de gobiernos priístas, aunque su sexenio no transformó fundamentalmente las estructuras de poder. Las elecciones de 2006, caracterizadas por la polarización política y la desconfianza en las instituciones, llevaron a un clima de tensión y protestas tras la victoria de Felipe Calderón. La crisis económica de 2008 y la guerra contra el narcotráfico iniciada por Calderón exacerbaron los problemas sociales y económicos en el país, mientras que la visita del Papa Juan Pablo II en 2002 ofreció un momento de unidad y reflexión para la sociedad mexicana.

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Alternancia Política y Crisis en México

La llegada de Vicente Fox a la presidencia de México en 2000 marcó el fin de 70 años de gobiernos priístas, aunque su sexenio no transformó fundamentalmente las estructuras de poder. Las elecciones de 2006, caracterizadas por la polarización política y la desconfianza en las instituciones, llevaron a un clima de tensión y protestas tras la victoria de Felipe Calderón. La crisis económica de 2008 y la guerra contra el narcotráfico iniciada por Calderón exacerbaron los problemas sociales y económicos en el país, mientras que la visita del Papa Juan Pablo II en 2002 ofreció un momento de unidad y reflexión para la sociedad mexicana.

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1-El triunfo de Vicente Fox – ’00

¿Había alguna duda? La llegada del empresario panista Vicente Fox a la presidencia de México
marcó el final de setenta años ininterrumpidos de gobiernos priístas, señaló el fin de la llamada
«dictadura perfecta» y desplazó al partido reinante al tercer lugar en la vida política en México.
Desde los años cuarenta, el PRI había gobernado de forma centralista, cada presidente elegía a su
sucesor y así el grupo en el poder permanecía intacto, sin embargo, la lucha conjunta de todos los
partidos políticos durante las décadas de los setentas y ochentas llevaron eventualmente a la
apertura de la política de estado en el país.
En el año 2000, después de dos elecciones presidenciales violentas y polémicas, el PAN se
postulaba como la principal fuerza política del país, de la mano del carismático candidato
guanajuatense, enfrentándose a una izquierda dudosa y a un oficialismo cada vez más débil.
Aunque durante el sexenio de Fox se cometieron numerosos desatinos políticos y las estructuras
de poder priístas no se transformaron fundamentalmente, el momento de la alternancia significó
un respiro para la sociedad mexicana, y una esperanza para muchos, y cambió para siempre la
forma de hacer campañas y procesos electorales en el país.

2.
Las elecciones de 2006 y la polarización política – ’06
Las primeras elecciones de la «era democrática» en México planteaban un escenario de esperanza
y alternancia política constante. Sin embargo, cuando se enfrentaron el candidato oficial, el
diputado Felipe Calderón y el popular jefe de gobierno de la capital, candidato de la izquierda,
pronto quedó claro que el nuevo partido en el poder no dejaría ir la presidencia sin luchar.
Numerosas campañas de desprestigio e intentos de sacar de la jugada al candidato de la izquierda
dejaron ver que el Partido Acción Nacional veía en peligro su permanencia en el poder, y al
momento de las elecciones, la sociedad mexicana estaba dividida en dos bandos contrarios y
hostiles.
Cuando los resultados de las elecciones arrojaron como ganador a Felipe Calderón, en un proceso
electoral lleno de dudas e irregularidades, Andrés Manuel López Obrador llamó a sus
simpatizantes a tomar la capital, en un mítin que convocó a más de millón y medio de personas y
en un plantón que duró un año entero.
Aunque los resultados nunca fueron revisados y Calderón fue declarado presidente, el saldo de
esta elección fue la consecuente desconfianza del pueblo mexicano en las instituciones, en el
gobierno y en la democracia misma, y la polarización política de la sociedad mexicana que
continúa hasta nuestros días, además del desencanto provocado en el proceso de alternancia
comenzado séis años antes.

3.
Las políticas estadounidenses de inmigración tras el 11 de Septiembre – ’01 ->
Después de los ataques terroristas del once de Septiembre de 2001 en Nueva York, y por polìtica
de seguridad nacional, el gobierno estadounidense decidió cerrar sus fronteras y restringir la
entrada a su territorio de inmigrandes de otros países. Al ser México el puente entre Estados
Unidos y el resto del mundo, y el origen de la mayoría de los inmigrantes que van hacia ese país,
fue el principal afectado por estas nuevas políticas.
En Noviembre de 2005, el gobierno estadounidense elaboró un plan de protección de la frontera
que incluía la construcción de una barda de metal y concreto que protegería el borde de este país
de inmigrantes ilegales. El proyecto inicial, aprobado por el presidente George Bush Jr., contempló
la construcción de doscientos cincuenta kilómetros de barda en ese año, mientras que el proyecto
total contempló la construcción de más de mil doscientos kilómetros.
La construcción del muro fronterizo y las apretadas políticas estadounidenses provocaron que el
problema de la inmigración tuviera que resolverse en México, generando así millones de
desplazados cada año dentro del territorio nacional, entre ciudadanos mexicanos y
centroamericanos, sobre todo. La trata de personas, la pobreza, la indigencia y la violencia se
dispararon desde finales de 2005. Por otro lado, los flujos de comercio de la droga, principalmente
la marihuana y la cocaína, también encontraron dificultades para cruzar la frontera, dejando el
problema en territorio mexicano, desencadenando en parte la violencia generada durante la
guerra contra el narcotráfico, los grupos del crimen organizado aprovecharon también la mano de
obra inmigrante para poder hacer frente a los constantes embates del gobierno federal.

4.
La guerra contra el narcotráfico – ’06 ->
Durante la década de los ochentas y noventas, el narcotráfico y el estado mexicano habían
convivido en una tensión de medianas proporciones, dándose enfrentamientos esporádicos y sin
mayor relevancia, sin embargo, a su llegada al poder, el candidato panista Felipe Calderón traía
consigo un discurso de mano dura contra el crimen organizado y el narcotráfico, emprendiendo
una campaña militar contra estos grupos. Las primeras acciones ofensivas comenzaron apenas
empezado el sexenio. Para combatir a las bandas de criminales y narcotraficantes, el gobierno
privilegió el uso de la fuerza pública por medio de la policía federal y el ejército.
La embestida del gobierno desencadenó una ola de violencia sin precedentes en el territorio
mexicano, puesto que los carteles de droga y los grupos del crimen organizado respondieron y
protegieron sus intereses con las armas; esta ola de violencia convirtió al México en el país no en
guerra con más muertos y violencia en todo el mundo durante al menos séis años. Para 2010 se
reportaban más de ciento veinte mil detenidos en relación al crimen organizado y la cifra de
muertos se elevaba a más sesenta mil.
La reorganización del crimen y el surgimiento de nuevos grupos delincuentes, cada vez más
violentos y radicales, transformaron a México en un territorio sin ley, donde las ejecuciones y la
violencia acaparaban los titulares todos los días durante los últimos años, y han involucrado a las
autoridades de todos los órdenes e incluso al gobierno estadounidense. Terminado el sexenio

calderonista, la gran interrogante era si continuar o no con esta guerra que parece no tener fin.
5.
La crisis económica y financiera de 2008 – ’08-’09
Considerada como la peor crisis en 70 años, la crisis económica y financiera de 2008 afectó a todos
los centros mercantiles en el mundo, fue originada por la poca regulación de los mercados, los
altos precios de las materias primas, la inflación y la caida de los precios del petróleo. Debido a la
alta dependencia que la economía mexicana tiene de la estadounidense, la crisis bancaria en ese
país y la especulación en torno al precio del dólar afectaron directamente a los mercados
mexicanos.
El producto interno bruto se contrajo del 2,6% al -10.3% en un año. El desempleo y la
desocupación formal aumentaron de forma alarmante, y de acuerdo con el banco mundial, diez
millones de mexicanos cayeron en la pobreza en ese periodo, lo que elevó esta cifra al 51% de la
población total del país.
Durante el 2008, el peso perdió el veinticinco por ciento de su valor frente al dólar, y para
contener esta devaluación, el gobierno decidió subastar una parte de las reservas de divisas
internacionales, lo que llevó al país a disminuir su capacidad de inversión pública y el sustento real
de su mercado, además de inyectar más de cinco mil millones de dólares al mercado cambiario.
Otras medidas tomadas para salir de la crisis fueron la desaparición por parte del estado de las
Secretarías de la Reforma Agraria, la Secretaría de Turismo, y la Secretaría de la Función Pública,
para ahorrar el consumo de recursos públicos que estas provocaban, además de recortes a la
educación y al sector salud, y la inyección de fondos públicos a la banca.

Religión
La visita del Papa Juan Pablo II a México en 2002

La visita del Papa Juan Pablo II a México en 2002 fue un acontecimiento de gran relevancia que
conmovió a la nación mexicana, marcando un capítulo significativo en la relación entre la Iglesia
Católica y el pueblo mexicano. El Papa polaco, conocido por su carisma y liderazgo, eligió México
como destino en varias ocasiones durante su pontificado, y su última visita en julio de 2002 se
destacó por la intensidad de las manifestaciones de fe y la importancia de los temas abordados en
su mensaje pastoral.

La llegada de Juan Pablo II a México en 2002 se produjo en un momento crucial para el país, que
enfrentaba desafíos sociales y políticos. La visita fue concebida como un llamado a la unidad, la
paz y la solidaridad en medio de las tensiones y cambios en la sociedad mexicana. El Papa aterrizó
en la Ciudad de México el 30 de julio, siendo recibido con entusiasmo por multitudes que se
congregaron para darle la bienvenida.

Durante su estancia, Juan Pablo II llevó a cabo diversas actividades pastorales y litúrgicas en
distintas ciudades de México. La Basílica de Guadalupe fue uno de los lugares más emblemáticos
de su visita, donde el Papa veneró la imagen de la Virgen de Guadalupe, patrona de México. Este
gesto simbolizó la conexión especial entre el líder de la Iglesia Católica y la devoción mariana
arraigada en la identidad religiosa de México.

En su mensaje pastoral, el Papa abordó temas relevantes para la sociedad mexicana, como la
importancia de la familia, la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, y la
promoción de la justicia y la solidaridad en medio de la desigualdad. También hizo un llamado a la
reconciliación y al respeto de los derechos humanos, subrayando la necesidad de construir una
sociedad más justa y fraterna.

La visita de Juan Pablo II fue una experiencia profundamente emotiva para los fieles mexicanos,
quienes expresaron su fervor religioso con manifestaciones masivas. La Plaza de la Constitución,
conocida como el Zócalo, se convirtió en el escenario de encuentros multitudinarios en los que la
fe, la esperanza y la devoción se manifestaron de manera conmovedora.
Además de la Ciudad de México, el Papa recorrió otras ciudades como Monterrey y Guadalajara,
encontrándose con diferentes segmentos de la sociedad mexicana, desde jóvenes hasta enfermos
y personas marginadas. Su presencia generó un impacto duradero en la Iglesia Católica mexicana y
dejó una huella imborrable en la memoria colectiva.

La visita de Juan Pablo II a México en 2002 no solo fortaleció el vínculo entre la Iglesia y la
sociedad, sino que también proporcionó un espacio para reflexionar sobre los valores
fundamentales que sustentan la identidad mexicana. La visita del Papa polaco quedó grabada en la
historia como un acontecimiento que trascendió lo religioso, convirtiéndose en un momento de
encuentro, reflexión y renovación espiritual para millones de mexicanos.

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