“LO QUE URGE EN LA
URGENCIA:
MANIFESTACIONES CLÍNICAS
EN SALUD MENTAL”
Lic. Gustavo Nahmod.
Nahmod, G. (2023) “Lo que urge en la urgencia: Manifestaciones clínicas en la
salud mental”. Revista digital Prospectivas en Psicología. Publicación de la
Universidad Argentina John. F. Kennedy (junio de 2023).
“Lo que urge en la urgencia: Manifestaciones clínicas en la salud mental”
.
Título del Artículo: Lo que urge en la urgencia: Manifestaciones
clínicas en la salud mental.
Autor: Prof. Lic. Gustavo Nahmod.
Psicólogo. Profesor Universitario.
Docente Titular y Jefe de Área Clínica de la
Carrera de Psicología de UFLO Universidad.
Presidente del Capítulo de Psicoprofilaxis
Clínica y Quirúrgica de la Asociación Argentina
de Salud Mental.
Integrante de las Juntas de Evaluación
Interdisciplinarias para la Certificación de
Discapacidad del Gobierno de la Ciudad de
Buenos Aires.
Correo Electrónico:
[email protected] Tipo de Artículo: Ensayo.
Resumen:
El presente ensayo se propone delimitar conceptualmente los tópicos de
urgencia y emergencia, recorrer los mismos desde la lógica médica para así
arribar a definiciones y características específicas de las ideas concomitantes
en salud mental. De este modo se pretende reconocer a la urgencia subjetiva
como un conjunto de signos y síntomas cuyas manifestaciones clínicas
dependerán de cada subjetividad. No obstante, independientemente de su
causa se evidencia una pérdida del equilibrio psíquico que denuncia la
emergencia de aquello que no logró ser expresado simbólicamente. Así,
aquello que emerge en la urgencia es el correlato de lo que urge por ser
expresado.
Palabras clave:
Urgencia y Emergencia – Salud Mental – Urgencia Subjetiva.
“Lo que urge en la urgencia: Manifestaciones clínicas en la salud mental”
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Title:
What is urgent in the urgency: Clinical manifestations in mental health.
Summary:
This essay intends to conceptually delimit topics of urgency and emergency,
going through them from medical logic in order to arrive at definitions and
specific characteristics of the concomitant ideas in mental health. In this way,
It’s intended to recognize subjective urgency as a set of signs and symptoms
that arise as acute clinical manifestations and that show the emergence of what
could not be expressed symbolically. Thus, it’s concluded that any urgency in
mental health is subjective, regardless of the objective causes in its triggering.
Keywords:
Urgency and Emergency - mental health - subjective urgency -
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“Lo que urge en la urgencia: Manifestaciones clínicas en la salud mental”
En algunos diálogos cotidianos solemos encontrarnos con el uso de los
términos urgencia y emergencia de diversos modos e incluso en ocasiones los
vemos utilizados como sinónimos. En las Ciencias Médicas las semejanzas y
diferencias entre dichos tópicos es clara. Ahora bien, ¿Cuál sería el uso
correcto de estos términos aplicados a la salud mental? Es decir, ¿Qué implica
una urgencia y/o emergencia en salud mental?
El presente ensayo, se propone, a partir de una serie de conceptos,
definiciones y aportes teóricos respecto de las nociones de urgencia y
emergencia en salud mental, detectar la pertinencia de una clasificación posible
de las mismas que permita caracterizar a cada una de ellas, para así identificar
algunos criterios que hacen a su abordaje.
En este sentido procederemos inicialmente a recorrer algunas
definiciones y características de la urgencia y la emergencia que nos posibiliten
echar luz sobre el camino que recorreremos.
Antes de introducirnos en el terreno específico de la salud y la salud
mental, tomaremos como punto de partida los aportes de la Real Academia
Española (2022), que establece las acepciones correspondientes al término
“Urgencia” entendiendo a la misma como la cualidad de lo urgente; la inmediata
obligación de cumplir una ley o precepto; conducir o empujar a alguien a una
rápida acción; instar o precisar su propia ejecución.
Siguiendo la línea semiológica planteada por este término, resulta
pertinente pensarlo desde la salud mental, ya que el verbo o acción que implica
una “urgencia” es “urgir”, entendiendo a esta acción como pedir o exigir algo
con urgencia o apremio.
Si nos permitiéramos elaborar una elucubración conceptual podríamos
avanzar afirmando que la urgencia implica un pedido que urge. ¿Cuál es la
urgencia de la urgencia? ¿Qué es aquello que urge? ¿Podríamos pensar que
en la urgencia hay algo que urge por ser expresado?
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Daremos lugar al desarrollo de estas preguntas no sin antes retomar el
recorrido planteado. Veamos que nos dice la RAE respecto del término
“Emergencia”. Se entiende a esta como aquel suceso o accidente que
sobreviene; situación de peligro o desastre que requiere una acción inmediata.
Y aquí el verbo que identifica a esta acción es “emerger”, entendiendo al
mismo como salir a la superficie, ya sea del agua o cualquier otro líquido. Por lo
tanto, podríamos inferir que aquello que emerge, se encontraba oculto y salió a
la superficie en la emergencia.
Siguiendo con las especulaciones teórico metafórico conceptuales nos
permitiremos pensar en un instante en el que algo emerge y entonces urge por
ser expresado (Nahmod, 2012). Quizás esta sea una forma de comenzar a
pensar en términos clínicos a las manifestaciones de la urgencia y la
emergencia en salud mental.
Con el objetivo de seguir delineando estas ideas, revisaremos la
concepción estrictamente médica de los conceptos que nos convocan.
Entendemos entonces por emergencia médica a aquella situación de riesgo de
vida inminente que se presenta repentinamente y que requiere de un inmediato
tratamiento o atención (OMS, 2021).
La necesidad de asistencia médica en esta ocasión debe ser inmediata y
con recursos de alta complejidad, ya que se trata de una situación de riesgo de
vida inminente. Aquí está en juego lo físico, lo orgánico, la vida en el sentido
más real y concreto; por lo cual deberá operar el saber médico para su
resolución inmediata. El sujeto inicialmente es pasivo frente a esta resolución o
a lo sumo dará algún tipo de consentimiento ya sea por sí mismo o bien a
través de algún familiar que oficie de portavoz. Es decir, aquí la falta de
asistencia inmediata y con recursos específicos conduciría al individuo a la
muerte en cuestión de minutos.
En términos más amplios, Calderón (2013) plantea que una Emergencia
es un suceso o accidente que sobreviene de modo imprevisto, afectando la
integridad de las personas o a los bienes, de modo colectivo o individual.
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Veamos ahora que implica una urgencia médica. Para la OMS (2021)
una urgencia implica la aparición fortuita, imprevista o inesperada en cualquier
lugar o actividad de un problema de causa diversa y gravedad variable que
genera la necesidad inminente de atención por parte del sujeto que lo sufre, de
su familia o parte de su entorno. Esta definición abarca aspectos objetivos,
como son la gravedad y agudeza del proceso y aspectos subjetivos como por
ejemplo la atribución de riesgo que el individuo le asigna al hecho en cuestión
(Calderón, 2013). Es decir, esta situación implica un riesgo, ya no un riesgo de
vida inminente, pero deberá contarse con asistencia médica mediata, ya no con
alta complejidad, al menos inicialmente y el riesgo no es para con la vida sino
para con algunas de sus funciones vitales. Esto estará teñido por las
particularidades de quien se encuentra inmerso en la urgencia.
Es decir que, si bien la urgencia es vivida como una situación de
amenaza para la vida o la salud de la persona en términos objetivos, se trata
de una situación que no supone un riesgo de vida inminente. Por lo tanto, esta
situación requerirá de asistencia, aunque la misma no requiera específicamente
de alta complejidad en los recursos. La falta de asistencia inmediata no pondría
en riesgo la vida de quien lo vivencia. El riesgo podría darse si la persona no
recibiera asistencia a mediano plazo y el riesgo en si no necesariamente
impactaría en la vida sino en alguna función.
Por lo tanto, la urgencia se erige como una situación en la que, si bien
no existe riesgo de vida inminente, se requiere de una rápida intervención
médica; ya sea para calmar el síntoma o para prevenir complicaciones
mayores.
Luego de haber revisado los conceptos de Emergencia y Urgencia
Médica, intentaremos a continuación puntualizar los mismos en términos de la
Salud Mental (SM). La Ley Nacional de Salud Mental (2010) reconoce a la
misma en su artículo 3° como “un proceso determinado por componentes
históricos, socio económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya
preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social
vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda
persona”.
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Este proceso supone cierta estabilidad y equilibrio que se produce en el
interjuego interno y externo, en el vínculo con los propios pensamientos y
emociones y en las relaciones interpersonales.
En este sentido cabría puntualizar la Urgencia en salud mental como
aquella situación transitoria que irrumpe y altera las funciones psíquicas, el
desempeño habitual y que supone un alto nivel de padecimiento de tal manera
que la persona, el entorno y/o el personal sanitario, consideran que se requiere
de atención inmediata. Implica una crisis que puede tener causas orgánicas,
psíquicas y/o sociales y constituye una ruptura del equilibrio vital. La urgencia
es un emergente del estado de malestar. No es un acontecimiento aislado sino
parte del proceso de salud – enfermedad, en el que la persona debe ser
asistida de manera integral biopsicosocial en el ámbito socio sanitario y
requiere de un seguimiento para evitar la recurrencia. (Ministerio de Salud de la
Nación, 2013).
La urgencia en salud mental supone entonces una reacción aguda,
intensa y muchas veces abrupta cuya manifestación clínica implica un
padecimiento subjetivo tal que no admite espera y se transforma en un pedido
que desborda a quien lo padece y lo conduce a la búsqueda inmediata de otro,
sujeto o institución que contenga, acote, acompañe o asista en el intento de
recuperar el equilibrio perdido, situación que genera en el individuo la
autopercepción de la vulnerabilidad subjetiva.
Según Calderón (2013), algunas distinciones para pensar los tipos de
urgencias serían la urgencia subjetiva, que está dada por los criterios que
surgen a partir de la persona que padece una serie de signos y/o síntomas y le
atribuye a los mismos, racional o emocionalmente un alto grado de gravedad o
riesgo; la urgencia objetiva, desencadenada por hechos de la realidad y que
activó una serie de manifestaciones clínicas que requieren de un abordaje
inmediato; y la urgencia vital o urgencia médica, que es también un tipo de
urgencia objetiva y que dado el compromiso orgánico o funcional, requiere de
asistencia en mediano plazo para evitar la muerte o algún tipo de secuela.
Dentro de las situaciones críticas, aquellas que revisten mayor dificultad
en su elaboración se encuentran las suscitadas por acontecimientos no
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predecibles, abruptos e inesperados como el fallecimiento de un afecto
cercano, la modificación del esquema corporal a partir de un cuadro orgánico,
una guerra, una catástrofe colectiva, entre otras. Estos son acontecimientos
potencialmente traumáticos y dolorosos que, si bien parten de hechos objetivos
susceptibles de despertar algún tipo de sintomatología psíquica, cada
subjetividad lo transitará desde una modalidad vivencial única. Dependerá de
los recursos psíquicos, mecanismos defensivos, características de la propia
vulnerabilidad, entre otros aspectos la forma de manifestarse y la intensidad de
los síntomas. Estas manifestaciones clínicas pueden generar en mayor o
menor medida dificultades en la adaptación o bien desestabilizar la salud
mental (Fahrer, 2001).
De acuerdo a lo que venimos elaborando hasta el momento, para el
establecimiento de un diagnóstico situacional y con el objetivo de jerarquizar
los niveles de asistencia, habría que diferenciar emergencia de urgencia y
urgencia objetiva de urgencia subjetiva.
La urgencia objetiva en salud mental reconocerá e identificará el factor
desencadenante del cuadro sintomático presentado en un hecho o
acontecimiento de la realidad objetiva. Aquí la causa puede estar dada por una
catástrofe colectiva, un accidente, asalto, agresiones de diversos tipos o una
situación potencialmente traumática que halló en ese vivenciar subjetivo un
lugar en el cual asentarse.
La urgencia subjetiva en cambio no logrará reconocer el hecho
precipitante o bien se lo reconoce a pesar de que, desde la vivencia del
individuo, el desenlace psíquico resulta desmedido en relación con aquello que
lo habría causado. Nos encontramos aquí con algunas de las siguientes
manifestaciones clínicas: el desborde emocional, el aumento subjetivo de la
angustia y ansiedad tornándose intolerables; así como también es probable
encontrarnos con los síntomas que constituyen las crisis de angustia con
sintomatología orgánica: dificultad respiratoria, palpitaciones, sudoración, o
incluso dolor físico sin evidencia anatómica o funcional. En estos casos, la
causa es psicógena. La urgencia subjetiva no es urgente en sentido
cronológico sino libidinal (Baudini, 2005), en tanto que hay un quantum que
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desbordó al psiquismo como resultado del desequilibrio o perdida de la
homeostasis sin causa evidente.
Aquello que emergió, merced a la falla de mecanismos defensivos
funcionales, urge por ser expresado a través de las manifestaciones clínicas
que inundan y desbordan la capacidad simbólica del sujeto.
La urgencia entonces desde esta óptica implica una discontinuidad, un
cortocircuito que no logra transitarse del modo en que el sujeto se ha venido
sosteniendo hasta el momento en que transcurre (Luis, 2004).
Esta discontinuidad compromete la dimensión del tiempo; se vive, se
transita y se aborda en un tiempo real, concreto y sincrónico que no admite
postergación, ya que, sea por causas objetivas o subjetivas, las fantasías y
temores de riesgo de vida o de sostenimiento yoico desbordan el potencial
elaborativo de quien la vive. Lo brutal del exceso presentificado impacta a los
profesionales tratantes por la imperiosa necesidad de su inmediatez,
comprometiendo también su equilibrio psíquico y emocional.
De este modo, se exterioriza lo imposible de soportar, aquello que
desbordó lo psicofísico y requiere de otro social que aloje, contenga y haga
tope a tal desborde.
Cuando lo que urge logra atrapar lo psicoemocional, es el grito
desgarrador el que manifiesta su presencia. Cuando impacta en el cuerpo son
sus síntomas los que denuncian el riesgo de vida percibido lo cual se configura
como la fantasía del derrumbe subjetivo, del arrasamiento yoico percibido y
temido; un riesgo que no logra estar mediado por un borde que contenga. Lo
que urge es aquello que no espera y guarda relación con lo insoportable y el
riesgo de poner en peligro la vida. Aquí el Yo, en tanto instancia psíquica, vive
un apremio tal que ubica al sujeto en una encrucijada y lo insta a una acción
que no admite postergación. El Yo habita una urgencia subjetiva en la que todo
es amenaza.
De este modo, el grito que representa el desborde del dolor hace las
veces de una descarga cuantitativa sin cualificación, que desborda al sujeto, a
sus bordes y recursos y atraviesa su entorno y llega a lo Institucional
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reclamando asistencia, atención, cuidado, orden y contención. De este modo,
un primer restablecimiento del equilibrio psíquico posibilitará, en una segunda o
tercera instancia, la cualificación a través de la palabra, de aquella descarga
inicial de la que el pedido se apoderó.
La urgencia en salud mental la entendemos entonces como aquella
situación a partir de la cual un paciente percibe síntomas psicopatológicos o un
trastorno de conducta de modo amenazante o perturbador y produce una
demanda de atención urgente. De este modo, los dispositivos de urgencias
reciben a pacientes con cuadros clínicos compatibles con crisis de ansiedad,
riesgo de suicidio, conducta violenta, intoxicaciones, entre otras. (Bulbuena et.
Al, 2007; citado por Haedo 2022)
Del mismo modo, la crisis de angustia es un motivo de gran frecuencia
de consulta en la urgencia, esta se expresa en síntomas somáticos;
respiratorios, cardiovasculares, neuromusculares, digestivos, desaliento, terror,
inquietud, entre otros, configurando un cuadro donde el sujeto pierde su anclaje
y experimenta una amenaza (Nahmod,2011).
Sotelo (2011) define a la consulta de urgencia como aquella que se
presenta sin cita previa dado que, el paciente que consulta o la persona que lo
trae, considera que determinado padecimiento requiere de una atención
inmediata. Desde el psicoanálisis se le imprime un carácter de subjetiva, dado
que compromete al sujeto que es quien tiene una percepción íntima del
sufrimiento que padece, más allá de la opinión del profesional tratante acerca
de la gravedad del caso.
Por lo antedicho, la intervención en la urgencia representa un desafío,
tanto para los profesionales intervinientes como para las instituciones
encargadas de alojar al paciente con las manifestaciones clínicas
mencionadas.
La urgencia puede ser solicitada por el paciente mismo, su familia, el
juez, un profesional de otra área de la salud u otros. Su caracterización de
espontánea hace que sus presentaciones sean variadas, pero con irrupción
sintomática como manifestación común, como así también, el exceso de un
sufrimiento que se vuelve insoportable para el paciente, requiriendo resolución
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inmediata. Responder desde la lógica psicoanalítica, es considerar que tales
síntomas tienen un sentido que puede ubicarse en el despliegue del relato del
sujeto, aunque muchas veces, la palabra se encuentra abolida (Sotelo, 2011).
Para el diagnóstico de la urgencia, cabría entonces poder evaluar de
algunas variables a considerar: el componente subjetivo, es decir, la urgencia
percibida por quien la manifiesta y padece; el componente objetivo, es decir,
aquel factor que operó como desencadenante de la manifestación clínica que
se evidencia y que se corresponde con un hecho fáctico, de la realidad, en
caso de que lo hubiera; el riesgo potencial, es decir, la evaluación del escenario
hipotético ante la falta de asistencia de dicha situación; y la complejidad o tipo
de recursos necesarios para su abordaje, es decir, que dispositivo asistencial
será necesario para lograr la contención adecuada de la/s persona/s
involucradas.
Un criterio posible para el abordaje de este cuadro signo sintomático
podría suponer un recorrido que va de lo objetivo a lo subjetivo,
preguntándonos acerca del hecho o situación que pudo haber desencadenado
el cuadro sintomático para así deslindar lo objetivo de lo subjetivo. Es decir,
detectar el hecho precipitante y su gravedad en su correlato con las
manifestaciones clínicas que emergieron.
Establecer orden en medio de este caos podría ser a partir de algunas
preguntas que nos ayuden en el diagnóstico situacional: ¿Hay urgencia real?
¿Cuál es la urgencia? ¿De quién? ¿Por qué? ¿Qué o quién requiere de tal
inmediatez?
De este modo podrían jerarquizarse criterios de intervención
determinando prioridades y estableciendo las coordenadas interdisciplinarias
que fueran necesarias.
Otra línea de análisis que habría de considerarse para este recorrido es
aquella que contempla la denominada urgencia psiquiátrica. Esta es entendida
como una forma de presentación diferente a la anterior, a pesar de que también
contempla factores subjetivos a pesar de que la entendemos como aquella
situación en la que una serie de síntomas psicopatológicos en sus dimensiones
objetiva y subjetiva son percibidos como perturbadores o amenazantes por el
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propio individuo, la familia u otros. En este caso se producirá una
descompensación psicopatológica en la que se darán una serie de signos y
síntomas productivos con o sin la existencia de un cuadro clínico de base que
por su intensidad e irreductibilidad no se logrará su compensación a través de
la palabra, aquí se requerirá de atención psiquiátrica o prescripción
psicofarmacológica para su contención (Vallejo Ruiloba, 1998).
En estos casos en los que las manifestaciones clínicas incluyen
alteraciones sensoperceptivas (alucinaciones), del pensamiento (delirio),
excitación psicomotriz o alteraciones en la conciencia (obnubilación, confusión
mental) u otras; además de su intento de compensación a través de lo
farmacológico ante la imposibilidad de contención a través de otro tipo de
estrategias se evaluará riesgo para sí y/o terceros y la pertinencia de una
internación voluntaria o involuntaria. Será pertinente también, en la medida de
lo posible, determinar si se trata de una manifestación única y aislada,
potencialmente aguda o bien de una descompensación habitual del cuadro
clínico de base como producto de algún tipo de falla o alteración en el esquema
farmacológico. De este modo, será pertinente también descartar la causa
orgánica ya sea tóxica, por consumo de sustancias, metabólicas u otras.
Dicha diferenciación facilitará la evaluación diagnóstica y determinará los
criterios para su abordaje. Todas las manifestaciones clínicas de la urgencia se
enmarcan dentro de lo denominado multicausalidad de la enfermedad mental,
desde un modelo biopsicosocial, por lo tanto, se trata de trastornos que
exponen una gran variedad de presentaciones.
En otro orden de análisis, podríamos caracterizar a la emergencia en
salud mental, cuando la presencia de manifestaciones clínicas en las que se
evidencien actos impulsivos, con autoagresión o autolesiones, muchas veces
producto de la descompensación del cuadro psicopatológico de base o el
desencadenamiento inicial del mismo que por su gravedad, intensidad o
potencial ponen en riesgo la vida del paciente o un tercero.
Aquí tendrían lugar el acto suicida, entendiendo al mismo como el hecho
mediante el cual un sujeto se causa a sí mismo una lesión,
independientemente de su intención y del conocimiento de sus motivos y al
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intento de suicidio entendiéndolo como aquel acto suicida en el que si bien
hubo una intencionalidad el resultado no fue la muerte (OMS, 2021). Villardom
(1993, citado por Haedo 2022) sostiene que el adjetivo suicida se aplica a una
serie de comportamientos que no necesariamente concluirán en la muerte,
pero que son causados voluntariamente por el sujeto, siendo su propia
intención el fin de la vida.
Otra línea de análisis la requieren los desarrollos en torno a la Psicología
de la Emergencia, la misma constituye una rama de la psicología enfocada en
el estudio de las reacciones de las personas y los grupos humanos antes,
durante y después de una situación de emergencia o desastre. En cada una de
las fases que la componen se focalizarán las acciones en estrategias de
intervención psicosocial orientadas a la mitigación y preparación de la
población, así como en la selección y evaluación del personal interviniente
(Valero, 2002). Mientras ocurren este tipo de emergencias y desastres o en las
instancias posteriores se llevarán a cabo intervenciones psicosociales a través
de técnicas y protocolos específicos que intentarán evitar y reducir las
respuestas no adaptativas vinculadas al impacto del evento. Luego del evento
la tarea estará focalizada en la rehabilitación y reconstrucción (Arraigada, M. et.
al 2016).
Los efectos de las catástrofes sobre la salud mental son complejos, ya
que impactan muchas veces con pérdidas materiales objetivas que exponen a
las personas ante una instancia de desvalimiento psicosocial asociadas al
riesgo real y objetivo acaecido por la catástrofe. Estos eventos tienen la
capacidad potencial de desestabilizar los procesos psíquicos, así como
promover una serie de reacciones emocionales, conductuales o fisiológicas
(Benyacar, 2012), que en tanto tales, no cabría ser consideradas como
patológicas en la medida que se configuren como manifestaciones clínicas
agudas de un hecho objetivo (Nahmod, 2020).
El presente recorrido nos ha permitido conceptualizar la urgencia y
emergencia en sus diferentes dimensiones y adentrarnos en las
particularidades de las manifestaciones clínicas de la urgencia en salud mental.
Así, identificamos algunos de los tipos y formas de presentación y esbozamos
algunos criterios para su abordaje.
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Podríamos aventurarnos a concluir inicialmente en que la urgencia en
salud mental es siempre subjetiva. Si bien pudo haber sido desencadenada por
un hecho objetivo, por una catástrofe colectiva o por la descompensación de un
cuadro psicopatológico de base, siempre hallaremos en sus manifestaciones
clínicas las particularidades que representan al modo de funcionamiento
psíquico del individuo en cuestión. Sus formas de atravesamiento, intensidad
de los signos y síntomas y características del desborde emocional y de la
pérdida del equilibrio psíquico evidencian la presencia de un sujeto cuyas
manifestaciones clínicas subjetivas denuncian un borde que falló, un exceso
que no encontró un lugar, un quantum imposible de soportar.
Las manifestaciones clínicas de la urgencia en salud mental evidencian
entonces aquello que emergió, que logró salir a la superficie del modo en que
la subjetividad pudo habilitar su salida, encontrando así el espacio para
emerger, desbordando la capacidad de procesamiento simbólico,
imposibilitando la cualificación, pulsando por abrirse paso, urgiendo.
Es decir, en la urgencia emerge aquello que urge por ser expresado, por
ser alojado, por ser contenido.
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