Escuchando a Alicia: Un Monólogo
Escuchando a Alicia: Un Monólogo
(La luz se cierra poco a poco en Alicia. Ella respira fuerte. Siente los nervios propios de salir a escena.
Repasa las líneas de atrás hacia delante antes de comenzar su monólogo.)
Alicia: “No soy una mujer tan interesante. Debes saberlo. Me aburro en las fiestas y puedo
abrumar a cualquiera que se siente a mi lado. Canto y bailo, sí, pero por dentro. Me
ocupo de sentir muchas cosas por dentro sin que nadie lo sepa. Por eso aparento ser
insensible y fría. Soy una desgracia (risas), para bien y para mal. No me quejo.
(Pausa.) Me gusta tu compañía. No he hablado así en años. ¿Sabes por qué te hablo a ti?
Porque me escuchas. No todos lo hacen. ¡Y para colmo me miras a los ojos! Eso,
tampoco todos lo hacen. Estas pensando en voz alta. Lo sé. Lo siento. Puede ser una
maldición, pero yo me doy cuenta de todo. He tratado de engañarme y nada. Todo lo
percibo. Al extremo que me pasa a mi, no se lo recomiendo a nadie. Eso sí, no dejo que
nadie lo note. Al menos lo intento. No me gusta verme vulnerable. Es lo peor que uno
puede hacer. Eso pienso. (Pausa breve.) Es tarde pero no me importa. ¿Hace cuánto
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tiempo no ves el sol salir? A veces deprime, pero hoy pienso que nos puede dar alegría.
Nos hace falta a los dos. La alegría nunca está de más. Pero qué mucho cuesta, ¿verdad?
Guarda eso. No dejes que siga bebiendo. ¿Puedes creer que siento ganas de pedirte un
consejo a ti? Me estoy sorprendiendo a mi misma, hace tiempo que no…” (Se aclara la
garganta. Deja de hablar. Se pone muy nerviosa. Se toca la lengua. La nota seca. Se
aprieta el estómago. Se aparta de la luz.)
ESCENA 2
(Manuel visita la oficina del psiquiatra de Alicia.)
(Tocan a la puerta.)
(A Manuel.) Entre. Entre. Gustavo, hablamos luego. Sí, sí, lo que tu digas. Lo que tú
digas. (Engancha.) Testarudo. Disculpe, eh…
Manuel: Manuel.
Doctor: ¡Manuel! (Intentando memorizar) Ma-nu-el. (Pausa breve.) Perfecto. Eh, disculpe,
Manuel. Discusiones con colegas. No es fácil.
Manuel: Me imagino.
Doctor: Nada fácil. Gustavo es buen psiquiatra. Uno de los mejores, de hecho. Pero a veces
se le va la cabeza, no controla sus impulsos ¿entiendes? Aquí entre tú y yo… ah,
perdone, ¿lo puedo tutear?
Manuel: Eh, supongo que…
Doctor: Perfecto. Aquí entre tú y yo, Gustavo no entiende mucho de reacciones químicas. No es
nada que no se pueda aprender pero es que ¡no entiende! Sus neuronas no dan para más.
Mil dólares adicionales le costó el curso de química en la escuela de medicina, tuvo que
“comprar" su nota de otra manera… Qué le vamos a hacer. Es un caso perdido.
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Demasiados problemas matrimoniales que pretende arreglar con vacaciones en cruceros
y retiros espirituales, al menos eso es pienso yo. ¡Bueno, Josué! ¿Qué te trae por acá?
Manuel: Manuel.
Doctor: ¿Cómo?
Manuel: Me llamo Manuel.
Doctor: Claro, claro. Manuel, Manuel. Te digo, la gente da por sentado la memoria…
Manuel: (Impaciente.) Perdone, Doctor, no tengo mucho tiempo, necesito hacerle una consulta
sobre mi madre…
Doctor: (Descubriendo una mancha en su camisa.) ¡Ah! No pasa un día sin que me manche la
camisa en el almuerzo. Hoy fue mostaza… (intenta limpiar la mancha mientras habla.)
¿Me decías…?
Manuel: Mi madre está internada aquí y…
Doctor: ¿Su madre? Un segundo por favor. (Buscando en los archivos.) ¿Su madre es…? ¿Su
madre es…?
Manuel: (Forzando la paciencia.) Alicia.
Doctor: (Tratando de hacer memoria.) Alicia… Alicia… ¿Lleva tiempo recluida aquí?
Manuel: La ha atendido varias veces…
Doctor: (Después de pensarlo.) ¡Ah, sí! Alicia. ¿Cuánto es que lleva con nosotros?
Manuel: Tres años.
Doctor: Claro, claro, Alicia. Su madre es difícil de olvidar. Por favor no me tome a mal, nunca
he sido bueno con los [Link] B6, B9 y B12, buenas para la memoria, tengo
que empezar a tomarlas pero por alguna razón me cuesta, es una question de rutina.
(Busca en su agenda mientras continúa hablando.) Mi mente se atosiga, son demasiados
los pacientes que tenemos y cada vez llegan más y más y más… siempre hay uno que
otro que sorprende pero ninguno como Alicia, eso téngalo por seguro. Me puedo olvidar
de su nombre pero jamás de ella. (Se aclara la garganta.) Eh, me va a perdonar, pero…
no recuerdo tener una cita con usted a esta hora. Por lo menos no lo tengo en mi agenda,
a menos que a mi secretaria se le haya olvidado decírmelo o anotarlo, últimamente se le
olvida todo… no quiere aceptarlo pero tiene un serio problema de retentiva… mucho
peor que yo. No me canso de decirle que los endulzantes artificiales afectan la memoria
pero ella insiste en la dieta… (buscando torpemente entre papeles) vamos a ver, puede
ser que lo haya anotado en uno de esos papelitos amarillos que supuestamente se quedan
pegados pero terminan todos en el piso…
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Manuel: No saqué ninguna cita.
Doctor: Ah. (Pausa.) En ese caso… (abre la agenda) creo que tengo un hueco… este martes no,
el otro tampoco…
Manuel: Es un asunto delicado…
Doctor: Lo entiendo, pero la demanda que tenemos es muy alta. Ya le dije que siguen llegando
pacientes como peces en el río. Mire, (haciendo un esfuerzo) Manuel, tiene que entender
que aquí todos los asuntos son delicados, por eso los familiares y cuidadores sacan una
cita previa. Así es. Así funciona. Así corre nuestra institución.
Manuel: Le pido, por favor, que haga una excepción.
Doctor: Una excepción. ¡Una excepción!
Manuel: No se lo pediría si…
Doctor: ¿Y qué gano yo?
(Silencio.)
Manuel: ¿Cómo?
Doctor: ¡Es una broma! Yo siempre gano, con o sin, excepciones. Pero hay quienes ofrecen algo
a cambio de las excepciones concedidas, y a mi me gusta dejar siempre claro que no
acepto nada menos que un buen whisky o un paquete de tabacos habaneros. (Silencio)
¡Es otra broma! (Se ríe.) No se preocupe. Concedo la excepción. Pero que quede claro
que solo lo hago por el tiempo que lleva su madre en este centro. Es casi parte de
nuestra familia. Permítame un momento. (Se pone de pié. Estira su cuello, brazos y
espalda. Se sienta de nuevo.) Siéntese, por favor. Póngase cómodo. Que diga, ponte
cómodo…
Manuel: Gracias.
Doctor: Hay veces en que lo voy a tutear y otras que no, es algo que tengo que… no sé,
llamémosle una manía… ¿Chiclet?
Manuel: No.
Doctor: Bien. (Masticando chiclet.) ¿Cuénteme qué desea saber?
Manuel: Como le dije, mi madre lleva mucho tiempo aquí. Tres años. Es demasiado, al menos
para mí y…
Doctor: (Interrumpiendo.) Sí, bueno, eso es relativo… Disculpe. Continúe.
Manuel: Sinceramente no he visto mejoría alguna, al contrario, la noto cada vez más débil, más
frágil… La veo todos los días, noto el cambio en su carácter en su cuerpo, en todo y es
algo que de verdad me preocupa…
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Doctor: La condición de su madre es progresiva, lo que significa que es degenerativa.
Manuel: ¿Cuál es exactamente su condición? Lleva tres años aquí y no le han dado un
diagnóstico oficial. Nadie ha podido explicar qué realmente es lo que tiene.
Doctor: Es que no es una sola cosa, Manuel. Alicia sufre de varias condiciones…
Manuel: ¿Cuáles son esas condiciones?
Doctor: Son varias, son varias…
Manuel: Todo lo que le están recetando es…
Doctor: Indispensable.
Manuel: ¿Indispensable sin saber cuáles son las condiciones?
Doctor: Indispensables para dar con las condiciones… a veces hay que tratar antes de
encontrar…
Manuel: Sí, pero es demasiado. ¿No se puede hacer algún ajuste en las dosis de sus
medicamentos? Los efectos secundarios la están matando… la noto cada vez más
abrumada, sus ataques de pánico son cada vez peores, su piel está reseca. Su peso sube y
baja, sus ojos, su mirada… es como si no estuviese aquí.
Doctor: ¿Qué usted quiere escuchar?
Manuel: No aguanto verla así.
Doctor: Tiene que tener paciencia.
Manuel: Si algo he tenido es estos tres años es eso. Paciencia. Pero créame, ya la estoy
perdiendo. Es mi madre y no la veo bien.
Doctor: Porque no lo está. Tan sencillo como eso.
Manuel: Tan sencillo.
Doctor: Desde un punto de vista médico, sí. Es sencillo. Si no está bien, no está bien.
Manuel: ¿No serán los medicamentos que está tomando?
Doctor: ¿Está poniendo en duda la labor que hacemos aquí?
Manuel: Estoy desesperado, por favor entiéndame.
Doctor: Lo entiendo. Claro que lo entiendo. Pero debe saber que yo soy el psiquiatra de su
madre, no el terapeuta suyo.
Manuel: No pretendo que usted sea…
Doctor: La desesperación puede llegar a convertirse en una condición crónica… Le puedo
recomendar un psicólogo que atienda su caso. La mayoría de los cuidadores necesitan
ayuda psicológica. Por razones obvias yo no puedo atenderlo a usted. Puedo referirlo a
Gustavo, si quiere.
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Manuel: Yo no estoy aquí para pedir ayuda psicológica, mucho menos al psiquiatra de mi madre
que en tres años no ha sido capaz de ayudarla. (Silencio.) Disculpe.
Doctor: ¡No se disculpe!
Manuel: Fue solo un desahogo.
Doctor: Entiendo su frustración. De verdad que sí. Es parte de la naturaleza humana buscar
siempre una razón para todo. Sobre todo en casos como estos. Pero déjeme recordarle,
que los enigmas existen, la incertidumbre también. El vacío. Lo desconocido. Lo
irracional. ¿Lo ve? Ahora su cara va cambiando. No soy un robot fabricado por una
empresa japonesa multimillonaria. Soy un médico, un doctor, un especialista, un
psiquiatra con nombre, apellido, manos, pies… ¿me entiende? No tengo poderes
mágicos. No curo a nadie de la noche a la mañana, mucho menos si se trata de un cuadro
médico tan complejo como el de su madre. Por favor que no le quepa la menos duda de
que yo estoy aquí para ayudar. Permítame escucharlo. Le haré preguntas generales en
torno a su madre. Conteste con la mayor objetividad posible….
Manuel: Trataré.
Doctor: ¿Está alucinando?
Manuel: Sí. Mucho.
Doctor: ¿Ha expresado sentir preocupación por cosas negativas que podrían ocurrirle a algún ser
querido?
Manuel: Sí. Pero no a un ser querido. A ella. Cosas que le puedan pasar a ella misma.
Doctor: ¿Comportamientos agresivos?
Manuel: Sí.
Doctor: ¿Inquieta?
Manuel: Dependiendo de los medicamentos, sí.
Doctor: ¿Palpitaciones o taquicardia?
Manuel: Siempre.
Doctor: ¿Sudor excesivo?
Manuel: Sí.
Doctor: ¿Frío excesivo?
Manuel: También. Su temperatura se altera con frecuencia.
Doctor: ¿Irritabilidad?
Manuel: Todo el tiempo.
Doctor: ¿Obsesionada? ¿Con algo o con alguien?
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Manuel: Con un monólogo.
Doctor: ¿Cómo?
Manuel: Últimamente está obsesionada con un monólogo.
Doctor: ¿Un monólogo?
Manuel: Sí. Lo recita y lo ensaya una y otra vez. Mientras lo ensaya le produce mucha ansiedad.
Doctor: Eso no es bueno.
Manuel: Pero cuando lo presenta es como si se liberara.
Doctor: ¿Cuando lo presenta?
Manuel: Cuando lo actúa.
Doctor: ¿Dónde?
Manuel: Su escenario es la silla y yo soy su público.
Doctor: ¿Usted accede a ser su público?
Manuel: La hace feliz. Le causa mucha emoción.
Doctor: Eh, Manuel. Eso que dice es muy bonito pero hay que evitar alimentar sus desajustes.
Manuel: ¿Desajustes?
Doctor: Dada las condiciones que tiene su madre, cualquier cosa que altere sus nervios es
perjudicial. Si usted la apoya jugando al teatrito ese, está aportando al problema.
Manuel: ¿Al problema?
Doctor: ¡A su obsesión!
Manuel: No lo pensé así.
Doctor: Veo que no.
Manuel: Cuando lo ensaya, cuando se prepara para hacer el monólogo, sufre mucho, pero una
vez lo actúa se libera.
Doctor: La mente es muy compleja.
Manuel: Por eso mismo, lo digo. No sé si me estoy explicando.
Doctor: Es muy común que los familiares de pacientes con condiciones mentales sientan
angustia y confusión. Por eso existimos nosotros. La objetividad es imperativa en estas
circunstancias. Confíe en nosotros.
Manuel: ¿Qué hace?
Doctor: Vamos a subirle la dosis de antidepresivos.
Manuel: ¿Es necesario? Si, precisamente lo que busco es…
Doctor: A juzgar por el récord médico de su madre y las respuestas que acaba de dar a mis
preguntas, usted ha descrito un cuadro perfectamente compatible con alguien obsesivo-
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compulsivo con ansiedad generalizada y depresión crónica. ¿Le parecen apropiadas esas
condiciones?
Manuel: Yo…
Doctor: ¿Quiere que la ayude o no?
Manuel: Sí, por supuesto, pero…
Doctor: Manuel. La enfermedad que tiene su madre es crónica. El teatro y todas esas cosas
trabajan con las emociones. Es peligroso, ¿entiendes? Se puede desajustar más de lo
normal…
(Mientras el doctor continúa hablando vemos, paralelamente, a Alicia dando pasos como si saludara
al público. Su comportamiento es propio de cualquier actriz célebre y famosa. Sus ojos están
desorbitados.)
Un monólogo, una silla y un público que resulta ser usted mismo, no le conviene.
Bastante tiene ella con sus múltiples personalidades como para jugar a hacer de otra
persona. Imagínese. Imagínese por un momento lo que significa “hacer de otra persona”.
Puede llegar al punto en que no se reconozca a sí misma. Su madre necesita serenidad.
Meditación. No cosas que le alteren las pasiones del alma. El teatro es nocivo para una
persona débil. Además, no aporta nada. Algo me dice que esto del teatro no es de ahora.
Las obsesiones suelen tener su raíz. ¿Nunca le confesó a usted que le interesaba el
teatro?
Manuel: No. Nunca. Ella era empresaria como su familia.
Doctor: Me temo que su madre se reveló tarde en la vida.
Manuel: ¿De verdad piensa que el teatro le hace tanto daño?
Doctor: Sí. Más aún si es algo que siempre quizo. No hay nada que haga más daño que la
frustración con uno mismo aunque sea por razones equivocadas. (Pausa larga.) Si
sigue con la obsesión, déjeme saber. Pero saque una cita primero, por favor.
Manuel: Sí. (Pausa.) Gracias.
Doctor: Una última pregunta. ¿De dónde sacó Alicia el monólogo ese que ensaya?
Manuel: Dice que se lo encontró y que el autor es anónimo.
(Pausa.)
Doctor: Que tenga buen día.
Manuel: Igual. (Sale.)
ESCENA 3
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(Manuel entra al cuarto y se encuentra a Alicia “muerta” de la risa.)
Alicia: (Riéndose.) ¡Es un ataque de risas! ¿Sabes lo que es? ¿Un ataque de risas? Te ríes y te
ríes y no puedes parar y lo mejor de todo es que uno no se puede morir de un ataque de
risa. (Continúa riéndose.)
Manuel: Necesito que hablemos.
Alicia: ¿Hablar? ¿Para qué? Es mejor reír.
Manuel: Mírame por favor.
Alicia: ¿Te imaginas que uno pudiese hablar por los ojos?
Manuel: Los ojos son para mirar. ¿Me puedes mirar?
Alicia: Voy a tratar.
Manuel: Gracias.
Alicia: Voy a tratar de hablar por los ojos.
Manuel: Lo podemos intentar otro día.
Alicia: ¿Otro día? No sabemos lo que va a pasar otro día.
Manuel: No creo que sea tan diferente.
Alicia: Todos los días son diferentes.
Manuel: ¿Cómo te sientes?
Alicia: Siento muchas cosas. ¿Tú no?
Manuel: Supongo que sí.
Alicia: Mi corazón está acelerado. Ven, siéntelo. (Le lleva la mano a su pecho.)
Manuel: Respira.
Alicia: Es la adrenalina.
Manuel: ¿Adrenalina?
Alicia: Quédate quieto. Muy bien. Cuenta hasta diez.
Manuel: No quiero jugar…
Alicia: ¡Cuenta hasta diez!
Manuel: 1, 2, 3, 4… esto es absurdo.
Alicia: ¡No! Ahora tienes que comenzar de nuevo.
Manuel: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9…
Alicia: (Se adelanta.) ¡10!
Manuel: Diez.
Alicia: Mucho mejor. Mucho mejor.
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Manuel: Mami…
Alicia: Shhhhhh. Nos escucha.
Manuel: ¿Quién?
Alicia: Alguien.
Manuel: ¿Alguien?
Alicia: Hay alguien que graba nuestras palabras.
Manuel: No creo que haya nadie haciendo eso.
Alicia: Le gusta escuchar lo que decimos.
Manuel: ¿Cómo lo sabes?
Alicia: Lo sé.
Manuel: (Siguiéndole la corriente.) ¿Lo has visto?
Alicia: Todo el tiempo. Pero él no sabe que yo sé.
Manuel: Cuando yo no estoy, ¿graba también?
Alicia: Ahí es cuando más graba. Porque ahí es cuando más hablo. Son líneas y líneas, páginas
y páginas, párrafos enteros larguísimos…
Manuel: (Molesto.) El monólogo.
Alicia: Ahora me lo estoy aprendiendo de atrás para adelante.
Manuel: Eso es lo que te tiene así.
Alicia: ¡Exacto! Eso es lo que me tiene tan entusiasmada, viva, alerta. (Pausa breve.) ¿Qué
haces?
Manuel: Buscando el dichoso papel ese…
Alicia: ¿Qué papel?
Manuel: La mierda de monólogo ese…
Alicia: No está en ningún papel.
Manuel: ¡Claro que está en un papel! Son letras escritas. Tienen que estar sobre un papel.
Alicia: Ya no.
Manuel: ¿Dónde lo escondiste?
Alicia: No busques más.
Manuel: Necesito que me lo des. ¡Necesito que me lo des ya!
Alicia: Las letras están en mi mente. Y el papel en mi estómago.
Manuel: ¿De qué estás hablando?
Alicia: Supo un poco amargo. Pero he probado cosas peores.
Manuel: Abre la boca.
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Alicia: ¡No!
Manuel: ¡Abrela!
Alicia: ¡No vas a encontrar nada en mi boca! Está en mi estómago y si lo abres me
muero. (Respira con agitación.)
Manuel: ¡Dame el papel!
Alicia: ¡No existe! ¡Ya no existe!
Manuel: Me estás haciendo daño, ¡coño!
Alicia: ¿Yo? ¿Cómo? A penas te he tocado.
Manuel: Mírame.
Alicia: No.
Manuel: ¡Mírame!
Alicia: No tengo que mirar para escuchar.
Manuel: Es mucho más fácil estar loco. Mucho más…
Alicia: ¿De qué locura hablas?
Manuel: Yo vivo una puta rutina de mierda no cambio la hora de mi despertador hace años
compro las mismas cosas no me interesa probar nada nuevo mis gustos se han
deteriorado no veo caras distintas que me sorprendan no me sorprendo punto todo es
lo mismo todo es igual…
Alicia: Lo mismo no es igual.
Manuel: La farmacia, el supermercado, la gente, el trabajo, venir aquí, verte a ti. Cansa. Estoy
cansado. Estoy agotado. A veces envidio tu locura. A veces pienso que eres más libre
que yo y no es justo, coño. ¡No lo es!
(Pausa breve.)
Alicia: ¿Tienes ganas de irte?
(Pausa.)
Manuel: No. (Pausa.) No es eso. Discúlpame.
(Pausa.)
Alicia: He encontrado 150 caras distintas en esa pared.
Manuel: No vuelvo a tratarte de esa manera.
Alicia: Hombres, mujeres, también caras de animales. También hay animales.
Manuel: Estoy perdiendo fuerzas, eso es todo.
Alicia: En la sábana también, cuando la cama no está hecha, hay miles de figuras en la sábana.
En realidad nunca estoy sola.
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Manuel: No, no lo estas.
Alicia: Mi nombre tiene seis letras. (Pausa breve. Siente fuertes latidos.) Mi corazón, de nuevo.
¿Puedes contar hasta 10?
Manuel: 1, 2, 3, 4, (Alicia se une.) 5, 6, 7, 8, 9, 10.
Alicia: Mucho mejor… Mucho mejor… (Fade out)
ESCENA 5
(En una estación radial.)
Doctor: Uno, dos, uno, dos. ¿Se escucha? ¿Sí? Perfecto. Un vez más le agradezco a Radio-alma
por darme la oportunidad de continuar con este segmento dedicado a la salud mental.
Hoy es un día especial. Hoy celebro con ustedes, radio escuchas, mis 40 años de carrera.
40 años dedicados a la salud mental de las personas. 40 años trabajando de tú a tú con
organizaciones dedicadas a la salud. 40 años de charlas, conferencias, debates… Debo
decir que me siento sumamente satisfecho, honrado… orgulloso también, no les voy a
mentir. La psiquiatría es mi pasión. Para algunos es la familia. Para mí es la psiquiatría.
Les recuerdo que ofrezco consultas gratuitas una vez al mes. Para citas favor de escribir
a Radio Alma o llamar al 1800-MISALUD. Y bien. El tema de hoy se lo quiero dedicar
a las obsesiones. Así es. ¿Tienes un amigo, un familiar, compañero de trabajo o conoces
a alguna persona que esté obsesionada con algo o con alguien? Aprendamos a identificar
las señales. Las obsesiones pueden escalar rápidamente y convertirse en trastornos
psicológicos crónicos y severos. Las obsesiones pueden llegar a ser compulsivas y hay
que tratarlas a tiempo. Pero ¿qué es una obsesión?
VOZ: Del Latín obsessĭo (“asedio”). Se trata de una perturbación anímica producida por una
idea fija, que con tenaz persistencia asalta la mente. Idea, deseo, preocupación, que no
se puede apartar de la mente. Perturbación anímica producida por una idea fija.
Obsesión, Obsession, Ossessione, Obsessie… La obsesión es universal.
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ESCENA 6
(Fade in. Manuel le sigue nuevamente la corriente a Alicia, esta vez con menos ánimo. Música. Él la
saca a bailar. Ella se imagina bailar ante un gran público. Al terminar se dirige a la audiencia.)
Alicia: Gracias. Muchas gracias. De verdad, gracias. Gracias. Mil gracias. Gracias. Gracias.
Manuel: La gran Alicia. (Aplaude.)
Alicia: (Comienza a sollozar.) Más.
Manuel: (Aplaude.)
Alicia: (Llora.) ¡Mucho más!
Manuel: ¡Te están escuchando Alicia! (Aplaude.)
Alicia: (Bajito. Para él.) Imposible. Aún no he hablado.
Manuel: Pero míralos, están atentos. (Aplaude.)
Alicia: Son muchos, ¿verdad?
Manuel: De todas las edades. (Aplaude.)
Alicia: (Llora un poco más.) Niños, no. No pueden haber niños.
Manuel: No hay niños. (Aplaude.)
Alicia: Ellos sufren mucho.
Manuel: No te preocupes que no están aquí. (Aplaude.)
Alicia: ¿Y dónde están?
Manuel: En las casas. (Aplaude.)
Alicia: ¿Pero los están cuidando?
Manuel: Sí. (Aplaude.)
Alicia: (Deja de llorar.) Estoy lista.
Manuel: Ellos también
Alicia: Les voy a hablar.
Manuel: Adelante.
Alicia: (Se aclara la garganta.) ¿Me escuchan? No sé si me escuchan. No estoy segura de que
me puedan escuchar.
Manuel: ¡Claro que te escuchan! ¿La escuchan?
Alicia: Eso espero.
Manuel: No lo dudes.
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Alicia: Les agradezco su presencia esta noche. He trabajado mucho por estar aquí con ustedes.
Mi hijo ha invertido dinero y tiempo. ¿Verdad?
Manuel: Sí. Así es. Mucho dinero y tiempo.
Alicia: Pero al tenerlos de frente, me doy cuenta que nada de lo que hemos hecho ha sido en
vano. Todos los esfuerzos han valido la pena. ¿Verdad?
Manuel: Definitivamente.
Alicia: Solo lo que es difícil vale la pena, acuérdense de eso. (Pausa breve.) Espera. Necesito
saber si me están mirando. ¿Me están mirando?
Manuel: Totalmente.
Alicia: ¿Todos?
Manuel: Todos.
Alicia: ¿No hay nadie mirando hacia otro lado, o mirando el teléfono, o dormido? ¿Nadie
dormido?
Manuel: Están todos muy atentos y listos para escucharte.
Alicia: Eso me da tanta alegría. No saben la alegría que me da.
Manuel: Son todo oídos. Y yo también.
Alicia: Bien. (Pausa breve.) Aquí voy. Lo que quiero con ustedes, querido público, es algo
privado. Algo que se quede en la intimidad de nuestros breves encuentros. Para mi es
muy importante que sean breves porque lo corto se aprecia más. No quiero perder el
tiempo porque ahora están atentos y después quién sabe. La atención no dura mucho, la
distracción es demasiado atractiva. Bueno, al grano. Lo que llevo trabajando hace tanto
tiempo ya tiene vida propia y lo voy a compartir con ustedes porque merecen escuchar
otra cosa que no sean banalidades. Lo único que les voy a pedir es que me den unos
segundos antes de comenzar.
(Alicia ejercita sus músculos faciales. Estira el cuello, los hombros y su espalda. Se cierra la luz en
ella, quien poco a poco se transforma para “entrar en personaje”.)
“Me gustan mis pasos cuando camino. Los sonidos del día son tan distintos a los de
la noche. ¿A ti cuáles sonidos te gustan más, los del día o los de la noche? (Pausa.) ¿Por
qué tú me invitaste aquí? No entiendo, de verdad. Lo único que has hecho es comer. No
has despegado la mirada del plato. ¿Qué vas a hacer cuando se acabe la comida? ¿Ah?
¿Pedirte otra cosa? Tu estómago se va a resentir. Hay límites, ¿sabes? Está bien, si no
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me quieres hablar, hablaré por ti y por mi. Por lo menos sírveme más vino. (Pausa
breve.) Gracias. Fíjate, tus acciones son generosas. No se puede decir lo mismo de lo
que piensas porque no dices nada. ¿Te da miedo lo que me puedas decir? ¡Date un
respiro, chico! Confía en lo que vas a decir. Si duele, pues que le duela a quien le duela.
No puedes pasarte toda la vida sufriendo los dolores del mundo entero.(Pausa breve.)
¿Está buena la carne esa? Te la estás comiendo con un gusto. Me alegra que todavía
tengas apetito, es buena señal. (Pausa.) ¿Qué vamos a hacer después? ¿Me vas a llevar a
bailar? ¿O tú lo que quieres es que yo hable hasta quedarme sin voz? Me puedo cansar,
¿sabes? No es nada complicado cansarse. Tú decides. O me aburres hasta la médula, o
me diviertes hasta morir. (Pausa.) ¿Encima te vas a ahogar? Chico, bebe agua. ¿Qué
pasa, tú no sabes tragar? Eso es de lo primero que se aprende en la vida. Me estoy
encojonando, ¿sabes? Está bueno ya. Si esto va a ser así, te pido por favor que no me
vuelvas a invitar a salir. ¿Tienes la lengua adormecida, o qué? Levanta la cabeza de la
mesa. No tengo ganas de jugar. ¿Rubén? ¡Rubén!
(Ella misma lee las acotaciones de este monólogo.)
Ruben muere al instante. De su mano se cae un frasco de pastillas vacío. Ella tarda en
reaccionar. Se vuelve a sentar. No llora. No hace nada. Se queda mirándolo
mientras se termina el vino. Silencio. Fin”.
(Alicia comienza a alucinar. Siente fuertes estallidos de luz sobre sus ojos que impiden los abra con
facilidad. Parpadea en exceso. Escucha un pitillo agudo. Pausa. La luz vuelve a su normalidad. Vemos
nuevamente a Manuel quien la mira desconcertado.)
(Tiempo después. Manuel y el doctor visitan el cuarto de Alicia. Mientras la observan, hablan entre
ellos.)
Manuel: No está bien. Algo pasa. No para de actuar. Se inventa situaciones. Me mete a mí en
ellas. No importa lo que diga, justifica mis palabras como si fueran parte de la obra.
Ahora está callada. Dice que se está concentrando para entrar en personaje. Dejé de ser
su hijo para convertirme en su compañero de escena, es increíble.
Doctor: (Con tacto.) Alicia…
Alicia: (Entusiasmada) ¡Director! Qué bueno que lo veo, tengo tantas cosas que preguntarle.
Son muchas las dudas que tengo, oye esto no es nada fácil… Mírame a mi, de qué le
estoy hablando yo, usted sabe más que eso.
Doctor: Alicia, soy tu psiquiatra.
Alicia: ¡No! ¿Va a hacer del psiquiatra? ¿También va a actuar en la obra que dirige? Déjeme
decirle que ese personaje es buenísimo. Es cínico y prepotente pero a la vez es tan
astuto.
Manuel: Mami, por dios, él es el doctor del centro.
Alicia: Ay, ahora no, cariño. ¿Pasamos líneas después, está bien? Es que tengo mucho que
hablar con el director. Hay cosas que me preocupan. Supongo que es normal pero me
afectan mucho y yo tengo que hablarlas con usted porque…
Doctor: No se preocupe. Podemos hablar.
Alicia: ¿Sí?
Doctor: Soy todo oído.
Alicia: Es que… tiene que ser en privado. No me siento cómoda hablando de esto frente a…
frente a otros actores.
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Doctor: Se refiere a…
Alicia: Sí. Él. Me da vergüenza.
Doctor: Está bien. Eh. (A Manuel.) Me permite hablar en privado con la señorita, ¿por favor?
Manuel: (Frustrado.) Espero afuera.
Doctor: Cuénteme. ¿Qué le pasa?
Alicia: Estoy teniendo problemas…
Doctor: ¿Qué tipo de problemas?
Alicia: Para memorizar. Estoy teniendo problemas para memorizar.
Doctor: ¿Qué te hace pensar eso?
Alicia: Me pasa. Me está pasando cada vez más. No me sé ni la primera línea.
Doctor: ¿La primera línea?
Alicia: Ni la segunda, ni la tercera… todas, todas se van. Todas desaparecen. No me acuerdo.
No sé empezar… estoy en blanco…
Doctor: Tranquila. Yo tengo una solución para eso.
Alicia: ¡Ah! Yo sabía que tenía que hablar con usted. ¿Qué me recomienda?
Doctor: Es muy fácil. Pero no se lo puedes decir a nadie. Sabes lo celosos que pueden ser los
actores.
Alicia: A nadie. No se lo diré a nadie. Lo prometo.
Doctor: Lo único que tienes que hacer es abrir la boca.
Alicia: ¿Abrir la boca?
Doctor: Sí. ¿Puedes hacer eso?
Alicia: ¡Claro! La abro todo el tiempo para hablar.
Doctor: Bien. Entonces, déjame ver cómo abres la boca… Muy bien.
Alicia: (Con la boca abierta.) ¿Ahora qué?
Doctor: Ahora yo te voy a echar en la boca esta pastilla mágica que solo funciona si te la tragas
con un poco de agua. Te hará sentir más tranquila en cuestión de minutos. Tú no te
preocupes que la memoria va a regresar.
Alicia: ¿Me va a regresar?
Doctor: Sí, te va a regresar.
Alicia: Yo me quiero acordar.
Doctor: Cuando te la tomes te vas a acordar.
Alicia: Cuando me la tome ensayamos porque me voy a acordar.
Doctor: Así es, Alicia. Abre la boca, abre la boca…Aaaaaaa…
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(El Doctor le echa la pastilla a la boca. Alicia se la toma. Fade-out y fade-in. Alicia entra en un transe.
Música. Fade-out de música. Ahora solo escuchamos el sonido agudo de los oídos de Alicia. El Doctor
abre la boca “hablando en silencio” pero ella no escucha nada, solo el retumbar de su oído. Al rato
entra Manuel y cesan todos los sonidos.)
ESCENA 8
(El Doctor y Manuel ocupan un lugar en el espacio. Alicia duerme. Escuchamos música de fondo.)
(La música se detiene abruptamente. Alicia se levanta del sueño intentando coger aire. Hiperventila.
Tanto el Doctor como Manuel la miran. Fade-out.)
FIN
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