Es opinión establecida entre los hombres que en el entendimiento existen
ciertos principios innatos, ciertas nociones primarias (poinái énnoiai), caracteres
como si estuvieran estampados en la mente humana, y que el alma los recibe en
su origen, trayéndolos al mundo con ella. Para convencer al lector carente de
prejuicios de la falsedad de esta suposición, bastaría con mostrar cómo los
hombres, por el simple uso de sus facultades naturales, pueden obtener todo el
conocimiento que poseen, sin la ayuda de ninguna impresión innata. Pueden
llegar a la certeza sin tales principios o nociones originarios. [...]
Se suele decir que existen ciertos principios especulativos y prácticos sobre
los que se halla de acuerdo toda la humanidad. Por tanto, se arguye, deben ser
impresiones constantes que el alma del hombre recibe en su primer ser, y con las
que viene al mundo tan necesaria y realmente como sucede con sus inherentes
facultades.
Este argumento [...] posee esta mala fortuna: que si fuera cierto que existen
determinadas verdades sobre las que la humanidad estuviera de acuerdo, eso no
probaría que fueran innatas, pues quedaría la posibilidad de demostrar su
adquisición de otro modo, lo cual creo que puede hacerse.
[...]
Supongamos que la mente es, como nosotros decimos, un papel en
blanco, vacío de caracteres, sin ideas. ¿Cómo se llena? ¿De dónde procede el
vasto acopio que la ilimitada y activa imaginación del hombre ha grabado en
ella con una variedad casi infinita? A esto respondo con una palabra: de la
experiencia. En ella está fundado todo nuestro conocimiento, y de ella se deriva
todo en último término.
Locke, J. Ensayos sobre el entendimiento humano. I,1, 1–3 y II, 1, 2.
(Trad.: Luis Rodríguez Aranda)