Neurociencia Cognitiva en Lectura y Escritura
Neurociencia Cognitiva en Lectura y Escritura
Máster Universitario
Diego Paniaguaen Desarrollo del Lenguaje y Dificultades de la Comunicación
Martín
ÍNDICE DE CONTENIDOS
1. Introducción ........................................................................................................................5
4.3. Cerebro y aprendizaje de la lectura: relación entre las áreas cerebrales implicadas..20
6. Conclusiones ....................................................................................................................25
ÍNDICE DE TABLAS
Tabla 1. Descripción de las tres áreas dependientes del sistema cortical (Cuetos, 2012) ...18
Tabla 2. Circuitos derivados de la conexión entre las tres áreas del sistema cortical (Cuetos,
2010) ....................................................................................................................................20
ÍNDICE DE FIGURAS
Figura 1. Objetivo de los niveles de análisis de la NC (Adaptado de Redolar-Ripoll, 2014) ....7
Figura 8. Distribución cerebral de las áreas del sistema cortical (Diéguez-Vide y Peña,2012)
.............................................................................................................................................17
Figura 10. Giro frontal medial izquierdo o área de Exner (Gazzaniga, 2014) .......................23
1. Introducción
El auge por la comprensión de aquellos componentes que posibilitan el rendimiento en diversas áreas,
en donde es menester la acción de procesos cognitivos complejos claves para la lectura o la escritura,
ha sido materia de estudio en las últimas décadas, pero más aún en la actualidad cuando desde el
marco de la neurociencia cognitiva se han podido encontrar nuevos hallazgos que van desde la
investigación de los mecanismos más íntimos del funcionamiento cerebral (sus bases biológicas) en
situaciones de aprendizaje hasta el establecimiento de un paraguas que acoge a todas las disciplinas
científicas relacionadas con el cerebro.
Dentro de este contexto, la finalidad de este segundo tema es: (I) Realizar una revisión teórica de
aquellos principios y bases fundacionales que rigen a la neurociencia cognitiva como disciplina, (III)
comprender qué aportaciones ha hecho al estudio de los procesos de lectura y escritura, y, por último,
(III) profundizar en las bases neurológicas de la lectura y la escritura para comprender su importancia
y vinculación con el proceso de aprendizaje.
La neurociencia cognitiva, impulsada por el desarrollo de las modernas técnicas de neuroimagen, que
han permitido visualizar el cerebro humano en vivo, tanto a nivel estructural como, muy especialmente,
a nivel funcional, surgió como disciplina científica con entidad propia en los años 80 (Banich y Compton,
2018). Gracias a sus aportaciones se ha logrado un avance en el conocimiento de la organización
funcional del cerebro humano, el cual ha abierto tanto nuevas perspectivas de investigación como
importantes aplicaciones en la práctica clínica.
La neurociencia cognitiva (en adelante, NC) nace de la concentración de esfuerzos desde áreas tan
dispares como la psicología cognitiva, la neurociencia, la lingüística y la neuropsicología clínica, entre
otras, y de los avances tecnológicos en el campo de la computación y de, como ya se mencionó, la
neuroimagen1 (Gazzaniga, 2000). De este modo, si la meta es comprender el funcionamiento del
1
Destacan especialmente la resonancia magnética (fMRI), que permite analizar la actividad neuronal
a través de los cambios que se producen en el flujo sanguíneo de distintas regiones del cerebro, o la
electroencefalografía (EEG), consistente en la medición de la actividad eléctrica cerebral mediante la
colocación de electrodos en el cuero cabelludo (Campo, 2017).
En relación con el objeto de estudio pueden establecerse dos vertientes, por un lado, y desde un punto
de vista más general, Maureira (2010) establece que la NC se encarga del análisis de los mecanismos
cerebrales implicados en los procesos psicológicos que caracterizan la cognición humana, de la
identificación de la interrelación entre ellos (así como sus manifestaciones observables) y de la
determinación de las estructuras cerebrales en las que se asientan. Por otro lado, y desde un punto de
vista más específico, Redolar-Ripoll (2014) realiza una aproximación en torno a tres parámetros
diferenciadores:
b) Intenta dar una respuesta a cómo el cerebro recibe, integra y procesa la información,
además de cómo envía diferentes señales para recibir diversos mecanismos.
c) Trata de explicar como el Sistema Nervioso no solo establece un puente de unión entre
la información del medio y su respuesta de adaptación sino también en lo que se
convierte.
Además, añade que todo lo anterior es llevado a cabo desde una perspectiva multidisciplinar, incidiendo
en distintos planos de análisis o explicación que, en un orden de complejidad ascendente, comprenden
los niveles moleculares, celular, sistémico, conductual y cognitivo (véase Figura 1).
Molecular. Describir las bases moleculares del impulso nervioso así como la
fisiología y bioquímica de los neurotransmisores o sustancias químicas que
actúan de miediadores en la comunicación neuronal y hacen posible el
registro de nueva información.
Por último, Campo (2017) establece que no debe dejarse de lado el papel de profundización en el rol
de la plasticidad cerebral en los procesos cognitivos llevados a cabo por la NC, la cual intenta explicar
el punto de unión entre las redes neurales o la arquitectura cerebral y las denominadas funciones
cognitivas superiores. El conocimiento de estas funciones será, por tanto, clave para interpretar y
comprender los procesos de aprendizaje.
En este sentido, se denomina plasticidad cerebral a la capacidad que tiene el sistema nervioso (no solo
el cerebro) para adaptarse mediante cambios en su función y su estructura al paso de los años, a la
enfermedad y a la información que recibe (Contreras-Pulache y Moya-Salazar, 2019). El cerebro guarda
la información (por ejemplo, la lectura) y eso le supone cambios. También, cuando una parte del cerebro
está dañada, como sucede tras un ictus, otras áreas del cerebro se afanan por suplir en lo posible la
función perdida.
Si alguien sufre una hemorragia cerebral localizada en áreas del lenguaje y tras una correcta
neurorrehabilitación consigue comunicarse bien, se ha visto cómo otras áreas cerebrales adquieren la
función inicialmente afectada. Es más, se está trabajando, por ejemplo, en “mover” áreas elocuentes
Así pues, todo lo que supone cultura (estudiar, pensar, escuchar música, leer, etc.) tiene una
contrapartida en forma de huella cerebral, lo que implica cambios en la conectividad cortical (plasticidad
sináptica, creación de espinas dendríticas) y en las estructuras subcorticales que las conectan. Esta
gimnasia cerebral es el mejor garante de una buena reserva cognitiva (Carreiras et al., 2009).
Finalmente, cabe mencionar que la NC está ayudando también a esclarecer uno de los grandes debates
filosóficos que acompañan al estudio del cerebro desde los orígenes, la relación mente-cerebro
(Redolar-Ripoll, 2014). De hecho, la aparición de nuevas técnicas para estudiar las funciones cognitivas
ha supuesto una revolución conceptual, marcada por el estudio las implicaciones neuronales en el
desarrollo de actividades teniendo en cuenta aspectos anatómicos y de funcionamiento, claves para el
entendimiento de la conexión entre mente y cerebro, después de que, a lo largo de años de historia, su
comprensión haya sido considerada mutuamente irrelevante (Ruz et al., 2006).
Con todo, la NC es la gran prueba de que, tal y como menciona Moreno (2019), a pesar de que se han
logrado grandes avances por restos senderos, como es el desarrollo de los métodos de diagnóstico no
invasivos basados en la neuroimagen, que permitieron, por primera vez, observar la actividad mental
en vivo (Sauleda y Matínez, 1995, en Martín, 2021), a la ciencia todavía le queda mucho camino por
recorrer.
Conocer la implicación y el impacto de los diversos procesos cognitivos supondrá una ventaja
indiscutible a la hora de elaborar estrategias y poner en marcha nuevas metodologías. Sin embargo,
no es posible dicho conocimiento sin hacer primero referencia a una de las estructuras anatómicas del
sistema nervioso fundamentales para comprender el procesamiento y la cognición: el cerebro.
El cerebro2, cuyas partes constituyentes están directamente relacionadas con múltiples funciones
humanas (i.e., el lenguaje), se concibe como el órgano más importante del sistema nervioso destacado
para procesar la información y generar la cognición, facultad para obtener, interpretar y procesar la
2
El cerebro experimenta una evolución en el modo en el que se comporta respecto al aprendizaje. La esponja del
aprendizaje está en la infancia y la adolescencia. Luego va costando más, se pierden algunas facultades y se
desaprende, pero se ganan otras vía experiencia, como sabiduría, capacidad de análisis y abstracción, de
comprender lo complejo (Ortiz, 2009).
b) hacen que una entrada sensorial (input) sea transformada, reducida, elaborada,
almacenada, recuperada y utilizada (Rivas, 2008).
Según Teulé (2015), a la hora de analizar cualquier tarea cognitiva (i.e., la lectura o la escritura) es vital
hacerlo en función los procesos cognitivos necesarios que se conjugan para ejecutarla, pues estos dan
lugar a la construcción de habilidades cognitivas (i.e., concentración, asociación) que se relacionan en
múltiples intercambios y transformaciones que permiten al cerebro procesar la información que le llega
de los sentidos, registrarla, recuperarla cuando sea necesario y potencian, sobre todo, el aprendizaje.
Así pues, siguiendo a Smith y Kosslyn (2008), como parte de los procesos cognitivos que se desarrollan
activamente ante la entrada de información (input), su procesamiento (process) y posterior uso en la
adquisición conocimiento (output), es vital diferenciar entre los denominados básicos, de carácter
central en la cognición y el aprendizaje, con una raíz biológica y constituidos como la base para procesar
y elaborar la información, captándola y manteniéndola en el sistema, y los que se califican como
complejos o superiores, caracterizados por comprender los mecanismos más complejos de la mente,
por ser distintivos, encargarse de la solución de problemas, toma de decisiones, pensamiento crítico y
creativo, y constituirse y desarrollarse en base a la unión de la información dada por los primeros (véase
Figura 2).
Procesos
cognitivos
Básicos Superiores
Pensamient Funciones
Percepción Atención Memoria Sensación Lenguaje Aprendizaje
o ejecutivas
Antes de comenzar con el análisis de los diferentes procesos cognitivos es recurrente estudiar otro de
los mecanismos o fenómenos de la función cerebral, clave al igual que la plasticidad cerebral, para la
comprensión del funcionamiento del resto de procesos/funciones: el estrés.
El estrés es considerado como cualquier estímulo externo que amenaza a la homeostasis, es decir, el
equilibrio normal de la función corporal e inhibidor de la plasticidad cerebral (Society for Neuroscience,
2012). Durante períodos prolongados produce respuestas fisiológicas repetidas que, a veces, no se
desconectan cuando ya no son necesarias y, de este modo, se puede perjudicar tanto el equilibrio
bioquímico del cuerpo como desencadenarse obstaculizaciones en el desarrollo de la función cerebral.
Hoy en día, las fuentes de estrés son fundamentalmente de base psicológica y social, pero muy
abundantes debido a las características de una sociedad cada vez más compleja (Martín, 2021).
Una vez definido, es importante comenzar con la delimitación de los diferentes procesos cognitivos
partiendo de que las operaciones cerebrales responsables de que estos ocurran, fundamentalmente,
en la corteza cerebral, materia gris llena de surcos que recubre los dos hemisferios y se divide en cuatro
lóbulos con funciones especializadas (Kandel, 1991).
El primer proceso cognitivo básico que hay que destacar es la percepción, en él la información que se
recibe desde los órganos sensoriales es reconstruida para elaborar una representación interna del
objeto. Se adquieren, a través de los sentidos, conocimientos concretos que constituyen la base de
elaboraciones conceptuales superiores. Dichos conocimientos son adquiridos gracias a un análisis de
características (i.e., forma, movimiento, color, tacto, timbre, etc.) que se reúnen en un todo, de acuerdo
con la interpretación de los circuitos neuronales (Rivas, 2008).
En segundo lugar, se presenta la atención, que consiste, tal y como detalla, Campo (2017), en dar un
enfoque preferente a un input sensorial, en detrimento de otros estímulos. Este factor que se encuentra
estrechamente ligado al proceso de percepción, en particular a la percepción visual, y entraña
Aunque, hoy en día, no haya, todavía, una definición consensuada del término puede afirmarse que es
un concepto amplio que implica la participación de tres subsistemas que no siempre trabajan de forma
aislada en todas las situaciones: control ejecutivo, orientación atencional y alerta (véase Figura 3).
Asimismo, existen varias regiones involucradas en el control de la atención, en particular, amplias zonas
subcorticales y de los lóbulos frontal y parietal (Martínez, 2005).
Figura 3.
En tercer lugar, dentro de los procesos cognitivos básicos, debe mencionarse la memoria,
entendiéndose esta como la capacidad para almacenar y recuperar información. Fue considerada
durante mucho tiempo como un proceso independiente, consistente en el almacenamiento o retención
de información, pero en el paradigma cognitivo del procesamiento de la información, los procesos de
la memoria son centrales tanto en la cognición como en el aprendizaje (Cumpa, 2004).
Tal y como apunta Rivas (2008), los procesos de memoria son entendidos como una secuencia de
pasos en los que la información proveniente de un estímulo fluye a almacenes sucesivos, cada uno de
los cuales tiene una función en el procesamiento de la información, hasta quedar disponible en el último
de ellos, ya de larga duración (véase Figura 4).
Pérdidas
• Memoria sensorial: • Memoria
icónica, ecoica, permanente
Entradas
táctil, etc. • Memoria
operativa
(corto plazo)
Pérdidas Pérdidas
Así pues, los estímulos sensoriales provenientes del entorno son registrados y retenidos, con notable
precisión y amplitud, en la memoria sensorial, pero con una breve duración, perdiéndose toda aquella
información que no sigue siendo procesada. Lo retenido en esta memoria fluye hacia la memoria
operativa o de trabajo3, donde tan solo se retiene una cantidad de información limitada, la que se está
procesando o utilizando. Por su parte, la memoria a largo plazo donde la información es recuperada y
utilizada en sucesivos procesos cognitivos y en la acción. La información disponible en ella es
recuperada y refluye hacia la memoria operativa para intervenir en el procesamiento de nueva
información que accede a ella (Rivas, 2008).
Finalmente, se debe tener en cuenta una clasificación que permita comprender como es crucial como
depósito de conocimientos que se recuperan o activan y utilizan en el proceso de identificación,
reconocimiento, interpretación, elaboración y comprensión de los estímulos recibidos (véase Figura 5).
3
Constituye una estructura eminentemente activa en el procesamiento de la información, cuyos resultados son las
representaciones mentales que fluyen a la memoria a largo plazo (Rivas, 2008).
Memoria
A largo A corto
Sensorial
plazo plazo
No
Declarativa
Visual Auditiva Háptica Kinestésica declarativa o de trabajo
o explícita
implicita
Semántica Episódica
Por último, en lo que respecta a los procesos cognitivos básicos, se debe hacer referencia a la
sensación, proceso cognitivo que se produce a través de los receptores sensoriales para captar los
estímulos del medio tanto interno como externo (Antoranz y Villalba, 2010; en Campo, 2017).
Una vez comentados los procesos cognitivos básicos, debe hacerse hincapié en los superiores como
son el pensamiento, el lenguaje, el aprendizaje y las funciones ejecutivas. En relación con el
pensamiento, tal y como señala Sousa (2014), es el proceso interno de la persona en el que se analiza
lo que rodea mediante representaciones simbólicas que pueden estar no presentes en la realidad
inmediata.
Por su parte, el lenguaje es una de las funciones más destacables y constituye un complejo sistema
que involucra una heterogeneidad de elementos. Habitualmente, al referirse al lenguaje4, se suelen
englobar otras habilidades cognitivas que no son estrictamente lenguaje. No obstante, tal como indica
Campo (2017), tomando como referencia a Dronkers y Larsen (2001), es la habilidad de codificar ideas
en señales y debe distinguirse, i.e., del pensamiento, la alfabetización y de su uso correcto. Además,
4
Anteriormente se pensaba que todos los aspectos del lenguaje estaban gobernados por el hemisferio cerebral
izquierdo. Sin embargo, ahora se sabe que para el reconocimiento de sonidos y palabras se usan los lóbulos
temporales derecho e izquierdo, que el habla está fuertemente dominada por el hemisferio izquierdo, aunque
también involucra zonas cerebrales posteriores, o que existe un circuito sensoriomotor en el lóbulo temporal
posterior que se encarga de hacer de puente entre el reconocimiento y la producción del habla (Society for
Neuroscience, 2012).
De cara a la acción docente, es importante conocer su categorización, pues puede diferenciarse entre
aprendizaje implícito (incidental, espontáneo, tácito, inconsciente, constante) y aprendizaje explícito
(intencional, consciente, deliberado, inmediato y sistemático). Así pues, en el proceso de aprendizaje y
su decurso será importante, tal y como señala Rivas (2008), tanto lo explícito e intencionalmente
aprendido como la implícito o incidentalmente adquirido, pues las experiencias personales y
conocimientos adquiridos de uno u otro modo influyen directamente tanto en la determinación de
habilidades como en el aprendizaje sucesivo.
Finalmente, debe hacerse referencia a las funciones ejecutivas, las cuales engloban una amplia
variedad de procesos mediante los que se utiliza el fruto de los procesos cognitivos básicos para
generar otros conceptos, razonamientos y decisiones que permitan interactuar con el mundo (Phelps,
2006). Estas incluyen planificación, razonamiento hipotético-deductivo, juicio o resolución de problemas
y, en su mayor parte, son responsabilidad del área de asociación anterior situada en la corteza
prefrontal (Sapper et al., 2000; en Campo, 2017).
En este sentido, una de las ciencias en las que más avances se han producido en los últimos años es,
sin duda, la NC. El trabajo conjunto de investigadores, pertenecientes a otras disciplinas, está
permitiendo conocer el funcionamiento del cerebro y la relación cerebro-cognición (Rodríguez-Fornells
et al., 2006). Gracias a la colaboración, cada vez se conocen mejor tanto los mecanismos biológicos
que subyacen al aprendizaje y los circuitos cerebrales responsables de las funciones ejecutivas como
las bases de la plasticidad cerebral.
En este sentido, la lectura y la escritura constituyen un campo excepcional, ya que por una parte son
una de las destrezas más investigadas por la NC y de los que más conocimientos se tienen y por otra,
son los que más posibilidades ofrecen para intentar mejorar su enseñanza, ya que, contrariamente al
lenguaje oral, el cual se aprende de manera espontánea, el lenguaje escrito necesita un aprendizaje
sistemático y durante un largo período de tiempo (Kuhl, 2011). De este modo, se hace evidente que la
lectura y la escritura constituyen una de las tareas fundamentales en la educación, especialmente en
los primeros años, ya que, por encima de cualquier otro aprendizaje, el objetivo fundamental es que se
sea capaz de leer y escribir de manera eficiente.
En relación con lo anterior, numerosos estudios (Peterson et al., 2000; Castro-Caldas y Reis, 2000)
señalan que un aprendizaje tan importante, y al que se dedican tantas horas, produce cambios
profundos en los cerebros de los aprendientes. Para ello, demuestran, por un lado, que las
transformaciones que el aprendizaje de la lectura produce en el cerebro no se limitan solamente a la
actividad lectora, sino que afectan al lenguaje en general (la lectura se basa en estructuras cerebrales
desarrolladas para el lenguaje oral). Y, por otro lado, que dicho aprendizaje produce un cambio de
actividad del hemisferio derecho al izquierdo, debido a que, a medida que aumenta la destreza lectora,
cada vez son menos importantes los aspectos visuales de las palabras y más importantes los
lingüísticos (Hunter, 2017).
En el caso de la escritura, aunque actualmente existe una tendencia integradora de los modelos
cognitivos y sociales que explican el proceso de escribir, ya que se enfatiza que, aunque se puede
diferenciar entre cerebro-mente internos (modelo cognitivo) y ambiente-externo (modelo social), el
contexto interno y externo del escritor representan un único sistema interactivo a la hora de producir
una composición escrita (Cuetos, 2010).
4. Neurobiología de la lectura
4.1. Introducción
La lectura es una adquisición reciente y, por lo tanto, no está programada aun el cerebro, no existe un
área cerebral responsable de la lectura. En consecuencia, aprender a leer implica desarrollar circuitos
que establezcan conexiones entre áreas destinadas a otras funciones (entre la visual y la fonológica
para la lectura en voz alta, entre la visual y la semántica para la lectura comprensiva, etc.) Eso significa
que el cerebro de los lectores cuenta con algunos circuitos neuronales que no están desarrollados en
los cerebros de las personas no alfabetizadas (Hagoort, 2006).
Figura 6.
Mediante neuroimagen se comparó a un grupo de campesinos portugueses lectores con otro grupo
de personas del mismo entorno, pero que, por razones políticas y sociales, no habían podido acudir
a la escuela y no sabían leer. Los resultados mostraron que había diferencias importantes en los
cerebros de los lectores respecto a los de los no alfabetizados. Cuando tenían que repetir
pseudopalabras, los lectores activaban las áreas del lenguaje en el lóbulo temporal izquierdo, los
no alfabetizados, en cambio, activaban las áreas frontales responsables de las funciones ejecutivas.
Los no alfabetizados resolvieron las tareas lingüísticas como si fueran tareas de memoria mas que
de lenguaje.
Figura 7.
Figura 8.
Descripción de las tres áreas dependientes del sistema cortical (Cuetos, 2012)
La relación o conexión que se establece entre las tres áreas cerebrales pertenecientes al
sistema cortical da lugar a circuitos que equivalen a las vías propuestas por el modelo dual o por el
modelo de triángulo lector5. En los últimos años, con el desarrollo de las técnicas de tactografía, se está
descubriendo la conectividad existente entre las diferentes áreas cerebrales corticales, y, en el caso de
la lectura, se ha visto la existencia de dos circuitos claramente diferenciados y claros (véase Tabla 2).
Tabla 2.
Circuitos derivados de la conexión entre las tres áreas del sistema cortical (Cuetos, 2010)
El uso de uno u otro circuito dependerá de una serie de factores relativos tanto al tipo de palabras que
se leen (i.e., frecuentes, poco frecuentes, regulares, irregulares) como a la destreza de los lectores (i.e.,
adultos, niños) o incluso a la tipología del sistema ortográfico (i.e., opaco, transparente). En este caso,
el circuito dorsal es el más utilizado en la lectura de pseudopalabras. En cambio, el circuito ventral es
más rápido que el anterior y muestra mayor activación a las palabras (Dronkers y Larsen, 2001).
En este sentido, debe tenerse en cuenta que, a la luz de numerosos resultados obtenidos de estudios
realizados mediante resonancia magnética, las palabras producen mayor activación en la zona
occipitotemporal y en la circunvolución temporal medial del hemisferio izquierdo, mientras que las
pseudopalabras producen mayor activación en la zona frontal inferior izquierda (Cuetos, 2012).
5
Ambos se detallarán en el siguiente tema.
Por último, como ya se mencionó anteriormente, la utilización de ambos circuitos también vendrá
determinadas por el sistema ortográfico en el que las personas tengan que leer. Los lectores de
sistemas ortográficos opacos (i.e., inglés) en los que existen muchas palabras irregulares tienen que
hacer un mayor uso de la vía léxica, mientras que los lectores de sistemas ortográficos transparentes
(i.e., español) hacen mayor uso de la vía subléxica (Cuetos, 2010).
No obstante, ambos sistemas no son independientes, sino que interactúan durante la lectura de
palabras, aportando información fonológica y semántica de manera cooperativa para conseguir una
mayor fluidez lectora (Ullman, 2020). De hecho, el área de la representación visual de las palabras se
va formando a partir de la lectura por la vía subléxica, puesto que esta exige que el lector esté
visualmente expuesto al estímulo. Por esta razón, los disléxicos, cuyas dificultades para aprender a
leer se deben a sus déficits fonológicos, no consiguen desarrollar el área visual de las palabras, tal
como muestran diversos estudios de neuroimagen como el de Álvareza y Brotóns (2018).
5. Neurobiología de la escritura
El sistema de escritura, como el resto de las actividades cognitivas, depende del funcionamiento del
cerebro, y al tratarse de una actividad tan compleja son muchas las áreas cerebrales implicadas,
especialmente cuando se trata de escritura productiva. Desde hace ya mucho tiempo se han localizado
algunas zonas cerebrales relacionadas con la escritura gracias a los estudios de pacientes disgráficos
como consecuencia de lesiones cerebrales (James et al., 2005).
Los estudios pioneros, consistentes en estudiar a pacientes con trastornos de escritura y cuando
posteriormente fallecían analizar su cerebro para comprobar qué zonas estaban dañadas, comenzaron
ya a finales del siglo XIX (Cuetos, 2010). Sin embargo, lo que ha hecho realmente avanzar los
conocimientos sobre las bases neurológicas de las actividades cognitivas han sido los recientes
estudios de neuroimagen (tomografía por emisión de positrones, resonancia magnética funcional,
magnetoencefalografía, etc.), ya que permiten observar la actividad del cerebro mientras las personas
están realizando cualquier destreza, incluida la escritura.
Gracias a las técnicas de neuroimagen y a los estudios de sujetos agráficos se puede precisar cuáles
son las principales áreas que intervienen en cada uno de los procesos de escritura. Y los resultados
muestran que cada proceso depende de redes neuronales que se extienden por amplias zonas del
cerebro. Puesto que la escritura es una actividad tan compleja, prácticamente intervienen todas las
En lo que respecta a las áreas responsables de cada proceso de escritura, siguiendo a Cuetos (2012),
se puede distinguir, en primer lugar, los procesos de planificación y revisión, los cuales han sido los
menos abordados en la investigación sobre cerebro y escritura. Estos y todas las tareas implicadas en
ellos (i.e., generación de objetivos y contenidos, toma de decisiones y solución de problemas,
establecimiento de criterios de revisión etc.) dependen fundamentalmente de los lóbulos frontales y,
más específicamente, de la zona prefrontal que es donde radican las funciones ejecutivas.
En este sentido, en estudios sobre cerebro y escritura realizados con niños, como el de Juric et al.,
(2009), en los que se investigaron algunas tareas relacionadas con la planificación de la escritura, se
obtuvieron datos relevantes que evidenciaron que los escritores competentes difieren de aquellos que
no lo son en la activación cerebral de las regiones frontales asociadas a la cognición, a las funciones
ejecutivas, a la memoria y al lenguaje.
Figura 9.
Así, cualquier lesión en cualquiera de estas tres áreas o sistemas afectaría a la ortografía y generación
del texto escrito. Adicionalmente, los estudios sobre cerebro y escritura, cada vez con mayor frecuencia,
En tercer lugar, en lo que se refiere a las estructuras sintácticas y la recuperación léxica, las primeras
dependen, fundamentalmente, de la zona perisilviana, especialmente del área de Broca. En numerosos
estudios tanto de neuroimagen como con pacientes afásicos se ha mostrado que esta zona es
responsable de las reglas gramaticales, por ello las lesiones suelen producir trastornos de agramatismo,
tanto en el habla como en la escritura (Cuetos, 2010). Para la recuperación de la forma ortográfica de
las palabras se distingue, como ya se comentó, entre vía léxica y subléxica. La vía léxica depende de
redes neuronales que se extienden por la zona parietotemporal izquierda, especialmente el área 39. La
vía subléxica, o de transformación de fonemas en grafemas, al tratarse de reglas gramaticales, depende
también de las zonas en torno a la cisura de Silvio (Cuetos, 2012).
Por último, se encuentran los procesos motores, los cuales dependen de redes que se extienden por
tres zonas o centros que comprenden la parte superior de los lóbulos parietales y los frontales: el área
de Exner, el lóbulo parietal superior izquierdo y la región premotora del lóbulo frontal izquierdo.
Posiblemente en los parietales se encuentren los programas motores responsables de la escritura a
mano, y en la zona frontal medial o área de Exner (véase Figura 10) se produzcan las órdenes para
realizar los movimientos de mano correspondientes para trazar las letras sobre el papel o pizarra
(Cuetos, 2012).
Figura 10.
En relación con el área de Exner, se observó que la parte posterior de la circunvolución frontal media
en el lóbulo frontal izquierdo estaba asociada a la función de la escritura. Posteriormente, se descubrió
que esta área desempeña un papel importante coactivando secuencias de movimientos necesarios
para generar letras. Así, es responsable de trasladar las imágenes auditivas transferidas desde áreas
En lo que respecta al segundo centro de escritura, este ha sido localizado en el lóbulo parietal superior
izquierdo. De acuerdo con estudios de lesiones focales, los sujetos disgráficos debido a un déficit
predominante de ejecución motora de la escritura, más que a un déficit central del lenguaje, sufren
lesiones en esta área (Gazzaniga, 2009). Esta región ha sido propuesta como un centro de escritura
donde los códigos internos de la forma de las letras son generados y almacenados para su producción
posterior. Estos códigos serán transmitidos desde esta región a las áreas de Broca y de Exner para su
generación.
Finalmente, el código grafomotor para escribir una letra podría estar representado en la región
premotora del lóbulo frontal izquierdo, el tercer centro relacionado con la escritura (véase Figura 11).
El córtex premotor coincide prácticamente con el área 6 de Brodmann, en el lóbulo frontal izquierdo, en
personas diestras. La actividad en esta región es crítica para la guía sensorial de los movimientos y el
control de los músculos del cuerpo (Gazzaniga, 2000).
Figura 11.
Cuando se lee y escribe, además de las áreas del lenguaje (Broca y Wernicke, habitualmente en el
hemisferio izquierdo o dominante), se ponen en juego áreas relacionadas con el control de impulsos y
la autocensura (corteza prefrontal); áreas relacionadas con la memoria y el lexicón (hipocampo, corteza
cerebral); áreas implicadas en la emoción y el placer de escribir, leer o conversar (ínsula, amígdala); la
corteza visual (obtención del contacto visual, lectura, escritura) y áreas relacionadas, áreas motoras
(gestos, lenguaje no verbal), etc.
En definitiva, si algo se debe tener claro es que tanto leer, como escribir como comunicarse,
independientemente de la modalidad, producen una activación cerebral a múltiples niveles y en
paralelo.
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