Unidad Didáctica 5
Unidad Didáctica 5
El léxico inicial 4
Referencias bibliográficas 20
• Analizar cuáles son las bases que permiten a los niños adquirir las palabras.
Introducción
En el módulo anterior, pudimos comprobar cómo el niño utiliza mecanismos de aprendizaje que le
permiten aprender escuchando e interaccionando con el adulto y otras personas del entorno.
El aprendizaje del lenguaje es rapidísimo, por ello, hacia los dos años de edad, la mayoría de los niños
ya han comenzado a hablar y, a los seis años, la configuración del lenguaje es completa. Es decir, el
niño tiene adquiridos todos los sonidos de la lengua y comprende las relaciones (de causa, tiempo,
finalidad…) de las estructuras sintácticas que produce.
Que los seres humanos tenemos capacidad para aprender nuestra lengua ha quedado claro, además,
lo normal, es hacerlo de manera natural y sin esfuerzo.
Cuando los bebés tienen alrededor de un año, empiezan a producir sus primeras palabras.
Cuando el niño comienza a utilizar palabras, debe aprender a conectar correctamente secuencias de
sonidos (significantes) con un conjunto de situaciones (referentes) utilizando las representaciones
mentales (significados) correspondientes.
El aprendizaje del vocabulario pone en marcha otras habilidades cognitivas que permiten:
• Realizar relaciones de inclusión (por ejemplo: perro-animal), lo que nos ayuda a categorizar.
• Comprender las relaciones parte- todo (por ejemplo: dedo/mano/brazo),
• Comprobar que existen incompatibilidades léxicas (por ejemplo: un perro no puede ser a la vez
un gato),
• Comprender que una misma palabra puede tener más de un significado (por ejemplo: estrella
del cielo y estrella de mar) y analizar las relaciones que mantienen éstos entre sí.
• Además, las palabras incluyen también los conocimientos sobre morfología (ejm las diferencias
entre panadería vs panadero) y la categoría gramatical de cada término (nombre, verbo...)
Toda esta capacidad simbólica del lenguaje que nos permite no sólo conocer el
mundo, sino interpretarlo, imaginarlo o incluso inventarlo, es una capacidad muy
compleja.
Hoy en día nos interesa conocer cuáles son las reglas que utilizan
los niños en la adquisición del lenguaje y si se pueden considerar
que esas reglas son procedimientos cognitivos generales. Si fuera
así, sería de gran ayuda para establecer los programas de
intervención en caso de presentar algún retraso o trastorno
específico del lenguaje.
Hemos comenzado este tema cuestionándonos cómo son los niños capaces de adquirir esta función
simbólica y, cuál es la base subyacente para poder desarrollar esta función denominativa. Sin duda
alguna, la base para la utilización del lenguaje es la intencionalidad y la función comunicativa
que integra al niño como protagonista en la interacción con el mundo.
Somos seres sociales. Los niños desde el nacimiento han ido intercambiando expresiones emotivas
con los cuidadores principales. Así, desde el entorno, se les ha otorgado función comunicativa a todas
sus emisiones.
Mientras el niño reconoce los efectos de las propias expresiones, tiene que aprender a estabilizar las
representaciones y progresar en su control a medida que el desarrollo cognitivo lo facilita.
El niño, antes de sus primeras palabras utiliza los sentidos ‘más próximos’ (como el tacto o la
propiocepción) y los sentidos ‘de distancia’ (olfato, visión y audición). De esta manera es capaz de
percibir a personas, objetos, acciones…dentro de su entorno.
Toda esta información le proporcionan una información simultánea que se organiza en los
protoconceptos.
En todo este proceso, el niño cuenta con los adultos como aliados para facilitar la identificación de los
referentes, pero…
¿Cómo son capaces de identificar los límites de las palabras en este continuo sonoro
que es el habla?
Más adelante los niños tienen que detectar patrones silábicos que van unidos y que son recurrentes
en diferentes contextos.
Por ejemplo:
Entendemos entonces que, cuando los niños cumplen el primer año, son capaces:
Esto es, los niños son capaces de utilizar la función denominativa: comprender y utilizar los sonidos
estables para comunicar significados y representar conocimientos mediante símbolos (Serra et al.,
2010)
Como ya mencionamos anteriormente, una de las teorías sobre el aprendizaje del léxico, defiende que
los niños aprenden a través de un sistema de ‘etiquetaje’, es decir una mera asociación entre los
sonidos y el referente o, lo que es lo mismo, entre significante y significado. Pero si la adquisición del
lenguaje fuera una mera tarea de asociación se darían los siguientes efectos:
• Se formaría de manera más lenta y el aprendizaje siempre tendía el mismo ritmo (sabemos
que esto no sucede así pues está empíricamente demostrado que el desarrollo del lenguaje se
hace progresivamente y cada vez de manera más rápida y eficaz)
• Las palabras se recordarían por el orden de adquisición (lo que podría tener efecto de primacía
o recencia, es decir, se podrían recordar mejor las primeras aprendidas o las últimas)
• Las palabras se aprenderían de una en una, de forma aislada, sin tener en cuenta las relaciones
entre ellas.
Además, cuando los niños comienzan a utilizar las primeras palabras /tete/ por ‘chupete’ o ‘aba’ por
/agua/, se entiende que estas emisiones contienen toda la información pragmática y responden
correctamente al contexto situacional. A estas emisiones se les denomina ‘holofrases’. Según Dale
(1980, p27) “estas primeras palabras parecen esfuerzos por expresar ideas complejas”.
Los factores que van a influir en la adquisición de las primeras palabras serán los siguientes (Sentis et
al., 2009):
• Experiencias del niño: Las holofrases producidas suelen estar relacionadas con
situaciones/objetos/personas que están presentes en el día a día de los niños.
• Relación con los cambios: Muchas de las holofrases emitidas tienen que ver con cambios que
se producen en la rutina (ej. cae, comer, beber, tomar, dar…)
• Aprendizaje situacional: Los niños aprenden las palabras y las asocian a determinadas
situaciones. El contexto situacional es determinante para el aprendizaje del significado de las
producciones.
Para que los niños puedan adquirir y desarrollar el léxico, se han de dar las siguientes condiciones
básicas:
•El niño tiene que poder reconocer los patrones sonoros que sean recurrentes y
los aislables (de esta manera podrá distinguir entre palabras y morfemas)
El léxico inicial
Ya hemos visto que la palabra es la ‘pieza clave’ que vehicula la relación entre una estructura sonora
y su significado. Pero … ¿qué es el significado?
Las primeras palabras del niño se suelen referir a personas, animales, alimentos, partes del cuerpo,
prendas de vestir, juguetes también localizaciones en el espacio (arriba, abajo) y ciertas rutinas (como
por ejemplo decir ‘adiós’).
Lo habitual es que los términos que designan a objetos sean más numerosos que los que se refieren a
los verbos (acciones y estados). Las primeras acciones a las que se hacen referencia suelen ser
acciones generales como (hacer, ir, tener) que los niños utilizan en contextos muy variados que se van
reduciendo según aprenden términos más precisos.
En el proceso para controlar la semántica de las palabras, los niños suelen cometer errores que
pasamos a describir:
La comprensión y la producción del lenguaje, no son procesos idénticos. Por tanto, en el estudio del
léxico inicial debemos de diferenciar si nuestro foco de interés se encuentra en las palabras producidas
o en las comprendidas.
Podemos señalar diferencias claras según el proceso al que nos refiramos:
• En la comprensión: comienza con la huella auditiva que madura y es estable desde edades
muy tempranas. Esta entrada activa los significados. Los niños comprenden palabras antes de
poderlas producir.
• En la producción: es necesario realizar tareas de selección léxica y de producir su correcta
articulación. Este control motor es más complejo, madura y se produce de manera más tardía.
En uno de los primeros estudios realizados para comprobar la diferencia entre producción y
comprensión (Benedict, 1979), se halló que los niños comprenden alrededor de 50 palabras en el
momento de producir 10. Además, se estableció que, a partir de este momento, el desarrollo de la
comprensión era el doble del de la producción (ver figura 1)
200
150
100
50
0
Comprensión Producción
12 meses 80 10
16 meses 190 65
En cuanto a la producción, si observamos a un niño pequeño, nos daremos cuenta que no deja de
emitir producciones sonoras, algunas más sonoras y otras basadas en repeticiones silábicas.
Para considerar que una producción es palabra, han de cumplirse los siguientes criterios de
productividad:
La adquisición de las primeras palabras es un hito relevante en la adquisición del lenguaje. Se considera
en cierta medida la “primera piedra” del desarrollo gramatical y existe evidencia empírica que
correlaciona la masa de vocabulario con la gramática (López Ornat, Gallego, Gallo, Karousou, Mariscal
y Martínez, 2005).
En un primer momento, la expansión del léxico es lenta. El niño adquiere las primeras palabras entre
los 10 y los 13 meses donde el niño amplía su repertorio de las 50 palabras a las 100 palabras que
suelen tener a los 18 meses.
Las palabras en estos primeros meses, suelen ser muy concretas y están asociadas a objetos,
personas y contextos. De hecho, sólo las producen en determinadas situaciones pues, todavía, no son
capaces de generalizar su uso.
¿Cuáles son esas primeras funciones comunicativas que se observan en los inicios
del lenguaje?
En un estudio realizado por Murillo y Belinchón (2012) se analiza las primeras funciones comunicativas
y la coordinación de gestos y vocalizaciones en las mismas. Para llevar a cabo este estudio se
analizaron las conductas en 11 niños de 9 y los 15 meses. Como resultado se aprecia que el gesto de
alcance aparece vinculado a la función imperativa y ésta a vocalizaciones vocálicas, mientras que el
gesto de señalar se asocia a la función declarativa ya vocalizaciones tanto vocálicas como
consonánticas.
Recordar que las primeras palabras son muy dependientes del contexto y de las primeras rutinas y
que con el desarrollo se van generalizando.
Como se puede observar en los cuadros anteriores, el patrón de adquisición que es típico en los niños
es que su vocabulario esté compuesto en más de la mitad de las palabras por palabras para objetos,
personas y el resto para referirse a los demás significados.
Esto puede deberse a que los nombres suelen tratarse de referentes más concretos y tangibles.
Una vez pasados los 18 meses, la adquisición del léxico se acelera progresivamente:
Según Carey (1982) entre los 2 y los 5 años el niño aprende una nueva palabra por cada hora de vigilia,
lo que significa que:
Principio de contraste
•Las diferencias en la forma marcan diferencias en el significado
•El niño asume, en un primer momento de adquisición, que cada palabra
tiene un significado diferente
Principio de efectividad
•Las primeras palabras de los niños dan respuesta a las funciones
comunicativas que el niño necesita
Principio de Transparencia
•Las primeras palabras son fácilmente perceptibles y representables
Principio de Simplicidad
•Las primeras palabras son de estructura silábica simple o simplificable
Para construir el léxico, los cuidadores principales del niño cumplen un papel clave para que el niño
puede asimilar los referentes, comprender cuando los referentes están ausentes y seleccionar los
referentes en las diferentes proposiciones. A continuación, vamos a considerar cada uno de los puntos
tratados:
1.- Referencia conjunta: Para que el niño pueda asimilar el significado de una palabra,
requiere una indicación explícita del mismo. El maternés utiliza esta atención conjunta como efecto
facilitador del aprendizaje. La complejidad de esta referencia conjunta se establece según la edad del
niño:
Entre los 0 y los 1,6 años, el niño o el adulto alinean su atención a un referente concreto. En
estos momentos se utilizan diferentes estilos de interacción y se facilita el conocimiento léxico
de los hijos
2.- La referencia y el contexto inmediato: El hecho de poder referirnos a un objeto que está
ausente incluye que el niño desarrolle diferentes habilidades:
Entre los 2 y los 2,6 años: Se observa que los niños producen respuestas verbales de objetos
ausentes y ya comienzan a ser capaces de hacer referencia a situaciones pasadas. En este
momento se utiliza el andamiaje del adulto, es decir, la orientación del adulto que apoya al niño
a participar y las relaciones de rutinas entre el presente con el pasado y el futuro inmediato.
Uno de los problemas fundamentales a los que se enfrenta el niño que está aprendiendo el léxico es el
de la ambigüedad referencial de los lexemas.
Por ejemplo:
El niño hace hipótesis sobre la estructura del léxico, lo que reduce el número de referentes posibles de
cada término y guían el aprendizaje y la generalización de las nuevas palabras.
De entre las dificultades que se pueden encontrar los niños, señalamos las siguientes;
- Dificultades taxonómicas: Toda nueva palabra una vez aprendida ha de ser generalizada a
otras entidades nuevas.
Los niños más pequeños, aunque sean capaces de reconocer y comprender las relaciones de
base taxonómica, realizan asociaciones de base temática. Las relaciones taxonómicas se
realizan hacia los 6-7 años.
- Dificultad de objeto total: Cuando un objeto es designado a una palabra nueva ¿esta se refiere
al objeto en su totalidad o solo a una parte?, los niños aplican el nuevo término al objeto en su
totalidad que a una de sus propiedades.
ACCIÓN - LOCACIÓN ‘salta cama’ (alguien ejecuta una acción pero sólo se nombra la
acción y el lugar donde se realiza)
ENTIDAD - LOCACIÓN /papá cocina/ (se señala el sujeto y el lugar donde está. No se
marca la acción)
POSEEDOR - POSESIÓN /nene ota/ ‘niño pelota’ (no se señala la acción que se realiza)
El acceso al niño de 20 – 24 meses al lenguaje combinatorio representa, pues, una fase de la máxima
importancia en el desarrollo lingüístico.
Este periodo, en el que se comienza a combinar palabras y los enunciados comienzan a aumentar su
longitud, es crucial desde un punto de vista lingüístico. El niño produce palabras y aprende a que la
información asociada a cada entrada responde a los diferentes niveles del lenguaje. Así, cada item
contendrá información del siguiente tipo (Martínez Celdrán, 2002)
Información Semántica: Aporta información sobre el significado propio de cada item. Ésta es
de tipo conceptual y de tipo restrictivo, es decir, nos ofrece y determina las propiedades
requeridas en aquel contexto, por ejemplo: animado, inanimado...
Información Sintáctica: Nos informa sobre la categoría gramatical y las funciones que puede
desempeñar en el entorno sintáctico.
Información Morfológica: Las propiedades morfológicas nos ayudan a comprender la
estructura (ej. Género, número...)
Información Fonológica: Descubre los fonemas que constituyen el patrón de las palabras y
los rasgos suprasegmentales.
Información Fonética: Nos aporta información sobre el patrón articulatorio.
Información Pragmática: Nos ayuda a determinar si el uno de las palabras es el correcto en
el discurso, la estructura de éste...
Aproximadamente a partir de los 30 meses, la mayoría de los enunciados del niño aparecen
correctamente ordenados, sin embargo, aunque se desconoce cuál es la manera exacta en que el niño
aprende todas estas relaciones de orden, se piensa que con el análisis de cada palabra descubre la
organización interna.
En cuanto a la forma, las principales diferencias entre el lenguaje adulto y el del niño está en el uso de
las palabras gramaticales. Las palabras gramaticales están generalmente ausentes en el niño lo cual
da lugar al lenguaje “telegráfico”.
Existen dos calses de plabras, las 'palabras contenido' (nombres, verbos) que se aprenden a lo largo
de la vida y contienen preferentemente información de tipo semántico.
El otro tipo de palabras son ’palabras gramaticales‘ (artículos, pronombres, preposiciones...) y las
inflexiones. Éstas forman una lista cerrada de palabras que se necesitan para poder hablar
correctamente. Estas palabras se adquieren desde la infancia. Las palabras de inventario cerrado
contienen preferentemente informaión de tipo gramatical.
Referencias bibliográficas
Referencias Bibliográficas
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