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Actitudes Del Enfermo

El documento explora la noción de actitud desde una perspectiva psicológica, definiéndola como la postura integral del individuo ante la vida y su entorno. Se presentan diferentes tipos de actitudes, como conservadoras e innovadoras, así como aquellas dominadas por la idea de problema o amenaza, y se discute la importancia de la actitud comunicativa. Finalmente, se aborda la actitud del enfermo, sugiriendo que generalmente no es conservadora, aunque puede haber excepciones.

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Actitudes Del Enfermo

El documento explora la noción de actitud desde una perspectiva psicológica, definiéndola como la postura integral del individuo ante la vida y su entorno. Se presentan diferentes tipos de actitudes, como conservadoras e innovadoras, así como aquellas dominadas por la idea de problema o amenaza, y se discute la importancia de la actitud comunicativa. Finalmente, se aborda la actitud del enfermo, sugiriendo que generalmente no es conservadora, aunque puede haber excepciones.

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Leonardo Polo

ICE – A – 23. La docencia en las escuelas universitarias de enfermería

29 de junio de 1980

Actitudes del enfermo

Se trate de hablar de actitudes. Cuando se trata del hombre enfermo casi se


podría decir actitud, en singular. Actitudes humanas, y, dentro de las actitudes
humanas se puede describir la actitud del enfermo. Por lo pronto, vamos a ver de
una manera ordenada, habría que intentar describir lo que entiende un psicólogo
por actitud.

Ya saben ustedes que la noción de actitud es una de las nociones básicas


de la psicología actual. La psicología actual funciona a base de unas cuantas
nociones, conceptos, que han ido adquiriendo más importancia, que han
destacado. Por ejemplo la noción de atención -la noción de atención es una de las
más actuales, centrales, en Psicología-, y la de actitud. ¿Qué se entiende por
actitud? Pues es difícil definirlo con palabras, sin embargo es bastante fácil
apreciarlo, siempre que se desarrolle una óptica adecuada. Por actitud se viene a
entender algo así como la postura del hombre ante la vida, ante sí mismo, ante el
entorno, ante los demás, en tanto que esa postura es una postura integral, es decir,
en tanto que el hombre no es un ser excesivamente inconexo, de tal manera que
reaccione en determinadas circunstancias o ante determinadas realidades de un
modo, y ante otras de una manera no coherente, de manera que la noción de
actitud es algo así como un intento de entender al hombre de una manera integral,
no dispersarlo en una serie de dinámicas más o menos reducidas e inconexas, y
entonces tratar de encontrar unas caracterizaciones más o menos generales, más o
menos clarificadoras de la postura; las distintas posturas ante las distintas cosas en
tanto que esa pluralidad de posturas tienen unos caracteres comunes, y esos
caracteres comunes constituirían algo así como la actitud.

La actitud, por lo tanto, se relaciona bastante con viejos temas o viejas


nociones de psicología como pueden ser el temperamento, el carácter, pero se
diferencia de ellas seguramente porque se refiere en directo a la dinámica
humana, es decir: actitud es postura, pero respecto de algo que hay que hacer en
general,, hacer o evitar, ver al hombre como fuente de actividad, y una fuente de
actividad que sea más o menos voluntaria, coordinada, de tal manera que en todos
los aspectos de la vida influyen los mismos factores, se observan características
similares. Esto, más o menos, es lo que se entiende en psicología por actitud.

El término actitud se puede emplear o se emplea concretamente para


definir en historia, en filosofía, un modo de abordar problemas este filósofo, pero
esto ya es una noción de filosofía, de hábito intelectual: cada filósofo es una
actitud, si tiene que estudiar historia de la filosofía se puede estudiar a partir de su
actitud. Las actitudes humanas no son... claro, los filósofos, o, en general los
científicos, es gente que evidentemente es actitud, pero es una... se desarrollan
actitudes, adoptan y desarrollan actitudes, pero, digámoslo así, en un terreno
sumamente preciso, como es el de la investigación, o incluso el de la
interpretación, en general, de las cosas. Las actitudes humanas es algo más, y algo
menos a la vez, porque se refieren, naturalmente, al ansia de investigación, al
ansia de saber la verdad, pero es el conjunto de las actividades que el hombre
desarrolla en orden a otras actividades o a otros proyectos diferentes de él,
sapienciales, cognoscitivos. Entonces, el interés que tiene esta teoría de las
actitudes, a mi modo de ver, está en que permite agrupar, permite por lo tanto
establecer un cierto orden, permite agrupar de acuerdo con diferentes criterios
bastante adecuados para su tratamiento, es decir, para una apreciación y al mismo
tiempo para un intento de modificación de lo que puede haber en las actitudes de
creativo, por lo tanto, aquellas actitudes que pueden tener un aprovechamiento por
parte de pedagogos y también, naturalmente, por parte de gente que tiene que ver,
que trata de una manera que influye, de una manera influyente en cuanto a las
personas; ahí habría que situar al político, habría que situar al médico, que son
personas que se encuentran en una situación de hegemonía que les permite
modificar, influir en el prójimo, saber las actitudes, o determinadas actitudes que
presenta. Entonces, a estos efectos, y teniendo en cuenta que las actitudes son una
manifestación dinámica e integral, de posturas ante la vida, posturas que son
abarcantes, y, teniendo en cuenta además el problema o la posibilidad de que las
actitudes cambien, o puedan ser cambiadas, por fines educativos en general, se
suele ver, o me parece que es muy útil, distinguir las actitudes atendiendo al
cuadro siguiente. Naturalmente, se podría hacer la clasificación atendiendo a otros
rasgos, pero estos son seguramente los más importantes desde el punto de vista de
una modificabilidad, y desde el punto de vista también de una valoración, porque
si no, si las actitudes nos e valoran, para qué modificarlas: si no hay actitudes que
son preferibles a otras, pues no tiene sentido el intentar que la gente cambie de
actitud, modifique. Es muy difícil, o nada fácil, modificar las actitudes, pueden
cambiar sus reglas externas, pero las actitudes no.

Los cuatro criterios que me parecen correctos, que emplea mucho el


profesor Yola, catedrático de Psicología en la Universidad de Madrid, en la
Complutense, son los siguientes. En primer lugar, una actitud puede ser
conservadora o puede ser innovadora. Un hombre puede adoptar una actitud
conservadora o una actitud innovadora. Esto ya polariza suficientemente el
criterio clasificador como me parece que es funcional; por otra parte se puede
decir que efectivamente, si uno es conservador -hay que quitar a la cosa su visión
política directa de la palabra-, si uno es conservador, pues tiende a ser
conservador en todo, por lo tanto, efectivamente ser conservador es una actitud, y
también un carácter dinámico, porque un conservador, ser conservador, significa
en último término no ser amigo de cambios: eso es lo que significa como actitud
conservador, esto seguramente se podría aprovechar en teoría política, pero en
principio no es... Actitudes conservadoras: las actitudes de los hombres, los
hombres que desarrollan este tipo de actitud, o que adoptan este tipo de actitud,
pues son los amigos de que las cosas no cambien, y por lo tanto los amigos de...
no diría yo los “carcas” en fin, los amigos del pasado, pero sí los amigos de cosas
siempre rectas, es decir, de establecer una serie de actuar, que sean como
tranquillos a los cuales se pueda uno siempre acoger. La actitud del conservador
es una actitud más bien cómoda, o, si se quiere, que busca la comodidad, que
busca el saber a qué atenerse, un poco ordenancista, a veces yo creo que los
funcionarios públicos son bastante -o somos, porque yo soy un funcionario en
situación de supernumerario-, son un poco conservadores, puesto que buscamos
esos sistemas de reglas que sean suficientemente estables.

Luego está la otra actitud, la actitud innovadora. Que quede claro que la
diferencia es neta. El innovador es aquel que más bien es insatisfecho, no le
satisfacen las cosas y tampoco le satisfacen las recetas, por lo tanto tiene, por así
decirlo, es amigo de la novedad, no se ajusta bien, no le gusta apuntarse a unos
procedimientos estándar, sino que busca un poco la originalidad, si se quiere, es
un poco inventor, le gusta la exploración, la invención; que aspira a más, aspira a
la mejora, y, por así decirlo, ante lo que a los otros les satisface, a saber, las
actitudes consabidas, los inventos consabidos, el innovador más bien se siente
aburrido, es el tedio ante lo monótono de la vida, lo que, en cambio, para el
conservador no es una cosa apreciada de manera negativa. Entonces, aquí
tenemos dos actitudes, yo creo que la descripción tiene que ser muy rápida, creo
que ya me estoy pasando de lo que aquí conviene dedicar a esto.

Evidentemente, estas actitudes están suficientemente diferenciadas y, es


principio, se supone que la actitud innovadora es mejor que la otra, o, dicho de
otro modo que, aunque los extremos son siempre viciosos, es preferible que la
gente aspire a, a que la gente se conforme con. Es preferible, naturalmente,
siempre que las cosas no desemboquen en utopía, no desemboquen en una especie
de desenfreno, porque ya sería un signo vicioso por ejemplo, ponerse en la actitud
de moda, el postular que la vida es pura modificación y las vigencias de la vida
son de escasa duración, es lo que se podría llamar estar de moda, que hoy se
insiste mucho en la moda. En el fondo, en el fondo, puede parecer una actitud
innovadora, y, sin embargo, en el fondo es enormemente conservadora, porque el
que vive en la actitud de moda es un conformista tremendo, lo que pasa es que al
mismo tiempo es una persona infiel: abandona cualquier cosa en cuanto cambian
las opiniones, en general seguir la moda es algo más que estas cosas del vestido y
tal... Es paradójico, por lo tanto, hay que tener siempre, detectar ciertas cosas y no
dejarse llevar por apariencias, conocer el valor no es... A veces parece que la gente
es innovadora y no loes, es una especie de conservadurismo, pero, en principio, y
no digamos ya en determinadas edades, en determinadas situaciones, es preferible
la actitud innovadora. Un niño que no tenga un proyecto, por así decirlo, de
progreso, de perfeccionamiento, ese niño hay que pensar rápidamente, el niño que
es poco... que no reacciona ante los estímulos, que está muy quieto, hay que
pensar que es un débil mental, hay que tener mucho cuidado cuando se observe
una actitud conservadora en un niño pequeño, es casi siempre señal de que algo
está poco vivo, que hay alguna zona del cerebro afectada. No digamos ya los
ancianos: los ancianos tienden al conservadurismo a todo gas, como es natural, ya
no tienen proyectos de futuro, por otra parte más bien prefieren que las cosas se
queden como están, puesto que si no van a peor. También con respecto al anciano,
conviene darle un estímulo para que, a su modo, también sea innovador. Y, como
digo, en esta polarización de posturas, aunque cada una debe hacer su
comunicación y puede ser... sin embargo, en principio es preferible la actitud
innovadora, sin la cual seguiríamos en la época de las cavernas y llenos de reglas
superficiales o artificiales, como se ve en la inmensa mayoría de reglas que
desarrollaron los fariseos, que eran los máximos conservadores del judaísmo.

Otro par de actitudes, también bastante polarizable como criterio de


clasificación, son las que podríamos llamar las actitudes que está dominadas por
la idea de problema, y las actitudes que están dominadas por la idea de amenaza,
idea o apreciación, se podría decir. Hay actitudes en que lo que predomina es la
idea de que aquello con lo que el hombre se relaciona, las cosas que hay dentro
del nivel conflictivo del mismo individuo personal, individuo humano, pues que
son siempre amenazas, y, por tanto, como se aprecian como amenazas, y por lo
tanto, las lleva a esquivar. Una actitud pesimista es una actitud corta en su valor
dinámico, de escasos resortes, una actitud de apreciación de la realidad como
amenaza. Esta actitud está muy generalizada, no cabe duda. La otra, la actitud que
afronta la realidad como problema, es la actitud del solucionador, la actitud del
que ve en la realidad más bien un reto, en cuanto la realidad se muestra como
poco manejable, o como incómoda, o como poso susceptible de una acomodación
a ella, o de una buena asimilación de la misma, entonces se pasa a la calle, por así
decirlo. Es el hombre que está dispuesto a afrontar la realidad porque la realidad
ofrece problemas, pero uno es solucionador de problemas. Casi yo creo que es
una definición del hombre: el hombre es solucionador de problemas; por lo tanto,
también se ve claro que esta actitud, quizá se ve todavía más claro en el caso de
las otras dos, que, entre la actitud de solucionador y la actitud de amenazado, si se
puede llamar así, es preferible la primera, esto es manifiesto, y que también tiene
un interés pedagógico realmente extraordinario: todo lo que se llama
motivaciones. Esta idea de las actitudes es una base para la teoría de las
motivaciones. Las motivaciones son diferentes, una clase, etc., si el alumno se
enfrenta con la realidad que aparece en las clases, en el curso que sigue, si lo ve
como problema o si lo ve como amenaza.

A esto se podría añadir una quinta característica de actitudes que se podría


llamar, también se puede polarizar, co o actitud comunicativa, y la actitud que
podríamos llamar uno de los grandes teóricos de esta actitud es un gran psicólogo
y un gran filósofo del siglo pasado, Kierkegaard. Kierkegaard llamaba la actitud
no comunicativa, llamaba hermetismo. El hombre que tiende a vivir su propia
verdad, su propia realidad, sólo para sí. Se puede llamar también egoísmo si se
quiere, se le da una calificación moral al asunto, pero fundamentalmente es, por
llamarlo así, un modo de tratar con las cosas, con uno mismo, con los demás, en
que el poner la propia verdad de tal manera que pueda ser objeto de un diálogo,
que la propia verdad pueda ser no solamente valorada por uno, sino también
objeto de las valoraciones de los otros, y, por lo tanto, susceptible también de su
utilización por una adopción de transmisibilidad de esa propia verdad en que uno
se lo guisa y se lo come todo, o deja entrar a otros, eso sería como mecanismo.
También es claro que hay grandes problemas de comunicación en este sentido,
que es el sentido más inmediato, y por otra parte más profundo de la verdad, y
sobre el cual se funda la información, etc. Es manifiesto también que el
hermetismo es negativo respecto a la comunicación.

Bueno, pues entonces, más o menos esto es la teoría de las actitudes, la


que se usa normalmente en las dos polarizaciones dichas en primer término; a mí
me parece muy conveniente meter esta tercera polarización de distinto carácter,
según el cual la comunicabilidad humana es mayor o menor. Nmaturalmente, el
hermético absoluto no existe más que en algunos casos clínicos muy serios: el
autista, por ejemplo, el catatónico, eso son enfermedades psíquicas fuertes, en las
cuales el hermetismo es completo, pero, quitando esos casos, lo que habría que
decir es que la comunicabilidad humana es mayor o menor. Naturalmente, el ser
comunicativo, el adoptar una valoración positiva respecto a la comunicación es
sumamente importante: el hombre que quiere resolver sus propios problemas,
aunque sea un solucionador del problema o que vive su propia situación de
amenaza, sólo él, etc., ese funciona peor que el que se deja aconsejar, o en general
el que comparte su verdad, su propia verdad, con los demás.

Entonces, supuesto esto, cuál es la actitud del enfermo. Podríamos decir


que, normalmente, el enfermo límite, el enfermo como enfermo -prescindiendo de
que con un tratamiento el enfermo pueda adoptar otras actitudes-, pero, de suyo,
en cuanto el hombre es enfermo, o está enfermo, en qué actitud se coloca. Pues,
desde el primer punto de vista, desde el punto de vista de innovador o
conservador, evidentemente el enfermo no es un conservador; hay casos en que el
enfermo adopta una actitud conservadora, es decir, no quiere dejar de estar
enfermo, quiere establecerse como enfermo, esto ya se sabe que es el
hipocondríaco más o menos, o esas señoras viejas que les gusta hablar de sus
enfermedades; esa postura del enfermo es claramente -aparte de que no es la más
corriente-, es claramente todavía más negativa que la del hombre normal o la del
hombre no enfermo conservador: lo lógico, y lo que suele darse en un enfermo, es
las ganas de curarse. Las ganas de curarse es ganas de cambiar de situación, por lo
tanto, el enfermo es un innovador, eso es un punto de vista normal. Partiendo de
estos supuestos, podríamos decir que el enfermo se caracteriza normalmente por
ser un hombre que está en una actitud de inconformismo con su situación, eso es
manifiesto. A veces lo que pasa es que si esto se combina... porque, claro, se
puede pasar a la otra, pasemos al otro, par.

Cómo ve la existencia el enfermo, si el enfermo ve la existencia desde el


punto de vista del problema o de amenaza: la ve fundamentalmente como
amenaza, eso también es manifiesto. Si existe una experiencia integral, si tenemos
en cuenta lo que es el hombre enfermo, no la enfermedad, aquí hay un
planteamiento analítico, que es el propio del médico, pero no es propio del
sentirse enfermo, de estar enfermo, la actitud de enfermo, la actitud de cada uno,
el enfermo se encuentra disminuido en su vitalidad y, precisamente por eso,
recurre a la institución que le puede sanar; él no puede resolver el problema, como
solucionador del problema el enfermo es una nulidad, ningún enfermo se cura a sí
mismo. Cuando un enfermo intenta curarse a sí mismo resulta siempre una
catástrofe: uno no es automédico, el automédico, como ustedes saben, no se da,
aunque haya algún caso, pero mayoritariamente no. La actitud de solucionar, de
solución, no es vivida por el enfermo en cuanto que él sea sujeto de la misma,
sino que es lanzada o proyectada a otra persona, que justamente es el que la tiene
que dar, el curandero o médico, el curandero en este contexto no es palabra
peyorativa. Entonces tenemos una paradójica situación, una paradójica
combinación, el enfermo va al solucionador de problemas, y ahí es donde se
puede establecer tal vez un componente conservador, porque el solucionador de
problemas puede ser un solucionador técnico, y, naturalmente, un solucionador
técnico de problemas es un solucionador que aplica recetas, que aplica técnicas, y
por lo tanto es un conservaodr de acuerdo en general, combinado con las dos
actitudes características que podemos encontrar, y yo creo que la cosa por una
perte, podría desarrollar el tema, pero en fin, yo creo que el sentido global es este.

Desde el punto de cista de la comunicación e incomunicación, el enfermo


es comunicativo. El enfermo hermético no es tratable, eso es manifiesto.

Entonces, podríamos caracterizar la actitud del enfermo así: si lo tomamos


individual, subjetivamente, desde el punto de vista subjetivo, el enfermo es un
innovador, amenazado, comunicativo, eso podría ser las tres notas características
de la actitud de un enfermo. Un innovador porque quiere una novedad, la quiere,
la desea profundamente, el enfermo lo que quiere es curarse, salvo que sea
masoquista o una cosa rara. Naturalmente, es posible encontrarse en la práctica
con ellos, pero se trataría ya del problema de la modificación de las actitudes: una
actitud de un enfermo conservadora, naturalmente, subjetivamente conservadora,
naturalmente es una actitud mala, que debe ser corregida con las procedimientos
para resolver actitudes o para modificar actitudes, que hacerlo en directo no es
posible. Insisto, innovador; pero por otra parte subjetivamente es un hombre
problemático, porque el hombre que cree que se puede curar a sí mismo, ese no es
propiamente un enfermo, el hombre que dice “bueno, tengo un dolor de cabeza,
pero ya sé que con una aspirina...”, o, qué diría yo, pues un fakir, un señor que
quiere llegar al autocontrol para evitar todo dolor, el método característico, o más
bien especialidad terapéutica india, pues ese no desarrolla una actitud de enfermo,
ese se enfrenta con la propia enfermedad como con un problema que él mismo
puede resolver, porque tiene que resolverlo. Y luego, es comunicativo también,
puesto que la medicina se hace a base de inspección; el enfermo tiene que ser
conocido, tiene que decir sus síntomas, y luego pues tiene que someterse a
análisis, etc, es una actitud estrictamente comunicativa el enfermo, incluso a veces
hay gentes que se dedican a hablar de sus enfermedades y de sus síntomas, etc.
Bueno, pues estos son yo creo en principio más o menos obvio que la cosa es así,
que define bastante bien, sin necesidad de ser elementos afectivos o valorativos en
un orden puramente sentimental, saber lo que es un enfermo, yo creo que es saber
lo que es actitudinalmente un enfermo: es un señor que tiene el hígado mal, por
usar un nombre técnico, el enfermo en cuanto que es un hombre enfermo, esto a
veces se olvida, pero realmente, todo el que se dedique a la profesión médica o de
enfermería, tiene que ver con enfermos, no con enfermedades claro, de esto se
trata. Pues bien, precisamente porque es comunicativo, el enfermo,
necesariamente, en la enfermedad produce de suyo organizaciones. En este
momento, diríamos, vincularíamos la teoría de las actitudes con una sociología de
la enfermedad. Una persona que quiere cambiar es un innovador, pero por otra
parte no sabe solucionar él su propio problema y, por tanto, está con una amenaza,
una amenaza bastante generalizada, o una amenaza aunque sea parcial, pero que
suspende su posibilidad de resolver otros problemas, puesto que primero hay que
resolver el problema de la enfermedad, pero eso no puede él, él lo vive
subjetivamente como dolor, o lo vive como disminución de fuerzas, etc., como se
vive una enfermedad; y por otra parte comunicativo. Pues es evidente que, por
todos estos lados se comprende que el enfermo, la enfermedad, es una situación
humana que se vive en términos de interrelación humana, y, por lo tanto, sea cual
sea la manera de estar organizada la medicina, en forma de clínicas, o en forma de
consultas privadas, como sea, en cualquier caso la medicina es una institución
social, la medicina es una realidad social, lo es, porque es siempre interpersonal,
es la relación del que se cura con el curador: nadie se cura a sí mismo. Entonces,
resulta lo siguiente: que el enfermo queda, por el hecho de ser enfermo -en una
sociedad actual eso es manifiesto-, queda en una situación social especial, que se
puede denominar estrictamente así, su “tener que ver con la institución sanadora”,
es decir, con aquellos sujetos organizados, no cabe la menor duda, que tienen a su
cargo o que representan el saber acerca de la curación, que una sociedad posee,
normalmente eso ahora son los hospitales o las clínicas en general o, si se quiere,
la seguridad social.

Hoy, la importancia social que tiene una situación de un hombre enfermo


es mayor que en alguna otra época de la historia, por lo tanto también la
socialización de la medicina -que no quiere decir socialización de república
socialista-, socialización, digámoslo así, en el sentido de ser un ingrediente, un
elemento de la vida social, el de las actividades terapéuticas es más intenso que
nunca; esto se ve por ejemplo en el presupuesto que se dedica, o la parte de renta
nacional, o de renta particular a través del impuesto, que se dedica, o a través de
la consulta directa que se dedica a la curación es mayor que nunca. Nunca la
humanidad ha utilizado tantos recursos para curar a la gente. Entonces, nos
encontramos con el enfermo incluido en una organización. Eso es la situación con
la que nos encontramos cuando estamos enfermos, tenemos una experiencia
constante de eso, el enfermo entra en una órbita social, en la organización de los
terapeutas, de los curanderos. No olvidemos las actitudes, lo que hemos dicho
acerca de las actitudes porque claro, el enfermo va a interesar en las sociedades
terapéuticas, en la organización terapéutica va a interesar verle su actitud, de esto
no cabe la menor duda: el ingreso en la organización terapéutica no significa un
cambio de actitud, es según la actitud del enfermo como se ingresa.

Si nos enfrentamos con el problema de la organización, aquí también hay


unas cuantas ideas que había que establecer. Hasta ahora hemos intentado
establecer la realidad del enfermo desde el punto de vista de una psicología lo más
actual posible, pues podríamos hablar al tratar la cuestión del enfermo en la
organización, tendríamos que darlo esto desde la teoría actual de la organización,
desde una teoría estrictamente de la década de los 80 de la organización, porque
hay teorías acerca de la organización que son muy poco lúcidas y que son más
bien ocasión de oscuridad que ocasión de inspiración. Las teorías bien hechas son
sumamente adecuadas para la actitud de solucionador de problemas, es
manifiesto: cuando se tienen teorías equivocadas, la actitud de solucionador de
problemas termina mal, es decir, termina sin resolver el problema y, a veces,
termina agravando el problema. Una de las condiciones para que esa segunda
actitud sea positiva, se pueda desarrollar, es una buena teoría. Pues una buena
teoría de la organización vamos a ver. Lo primero que haría falta decir -voy a
intentar definir estos axiomas, tienen ustedes los puntosa claves en que se basa la
teoría de la organización- hoy. Primer punto: una organización es una conjunción
de actividades humanas con vistas a un objetivo, esto también es fácilmente
captable, son definiciones muy sencillas, luego voy precisándolas porque de esta
manera se corre menos riesgo de equivocarse. Cuando la gente forma algún tipo
de organización social, lo hace siempre porque considera que asociándose se
puede lograr un objetivo, sin una asociación no se lo dan. Entonces, toda
organización humana está presidida y se justifica, nace, por la necesidad de
cumplir un cierto fin, o de conseguir unos ciertos resultados, esto es muy general,
pero es evidente. Ahora bien, aquí es donde vienen las precisiones importantes.
Primera precisión: si una organización se identifica por un objetivo, por un fin a
conseguir o a realizar, la organización implica una sistemática, implica un sistema
de organización, implica el establecimiento de un modo de actuar coordinado, es
decir, implica que se realicen en forma coordinada las actividades en las cuales el
objetivo no se cumpla o con las cuales se cumpla. Entonces, siempre que hay una
organización hay una selección. Cuando uno se incluye en una organización del
tipo que sea, hay una selección de su actividad que es captada por lo que la
organización tiene de base. Es decir, quien pertenece a una organización tiene que
desarrollar, al menos una parte de su conducta, de un determinado modo, porque
es justamente funcionando así, actuando así, como el objetivo se cumple, y si no
se actúa así, el objetivo no se cumple: si un obrero se mete en una fábrica, tiene
que trabajar, y, si no trabaja, no les interesa en la fábrica si naturalmente el
objetivo de la fábrica no se cumple. Toda organización implica, por lo tanto, lo
que podríamos llamar un sistema, una organización de acciones y un objetivo
propio, a todo lo cual le podemos llamar el aspecto formal. El aspecto formal, esta
es la terminología que se suele usar, el aspecto formal según Harvard, en Harvard
se llama así, es la organización de Harvard, sistema formal. Una organización, de
suyo, da lugar a una sistematización peculiar, por lo tanto, formalizada, de acción,
correlativas con un objetivo a alcanzar. Segunda afirmación, o segunda
observación importante: precisamente por eso, toda organización humana es
parcial, es decir, el sistema formal no es más que una parte; lo que tiene la
organización de sistema formal o de formal, es solo una parte de los ingredientes
que forman o que son requeridos para que la organización exista. Pues bien, lo
que hay, a su vez, de interhumano, de interconexiones humanas, de relaciones
humanas, de comunicaciones humanas, que son el soporte, que son requeridas
porque al hombre no se le puede trocear, no se puede organizar un pseudópodo
humano que se ocupe exclusivamente del sistema formal y el resto quede al
margen: no, no, cuando un hombre se incluye en una organización, se incluye
entero, aunque dedique a la organización sólo una parte de su actividad y una
parte de sus objetivos. Pues bien, tofo lo humano que entra en una organización,
sin ser ni la sistemática ni el objetivo formal, se le suele llamar interacciones no
formalizadas, o relaciones no formalizadas, y, correlativamente también, objetivos
no formalizados. Vamos a ver si esto queda claro. Cuando se hace una fábrica de
zapatos, el objetivo son los zapatos, y la organización de la conducta es la
organización necesaria en la fábrica, pero a su vez, naturalmente, como los que
forman parte de la fábrica son seres humanos, existen objetivos de esas personas
que son distintos al objetivo propio de la organización: un señor que entra a
formar parte de una empresa, una parte de sus objetivos es el objetivo de la
empresa, pero eso no quiere decir que el objetivo de la empresa agote todos sus
objetivos, tiene otros, un objetivo felicitario personal que a lo mejor no es el hacer
zapatos, tiene entonces la contraprestación que es el salario para cumplir los
objetivos extraorganizativos, y, por otra parte también, cuando interviene, hay una
serie de ingredientes que no son estrictamente los requeridos para la fabricación
de zapatos, pero que no se puede prescindir de ellos, por ejemplo, se es amigo o
no se es amigo de un jefe: ser amigo o no amigo del jefe, del patrono por ejemplo,
eso no es una parte sistemática, puesto que eso no es estrictamente necesario para
hacer zapatos; sin embargo, el perfil concreto de una empres es completamente
distinto según sean relaciones de amistad o de enemistad las que imperen entre
ellos. Entonces, esto es lo primero que podemos decir de la teoría de la
organización: que toda organización tiene un objetivo propio y tiene, en
consecuencia también, una actividad peculiar, configurada, formalizada, para la
consecución de ese objetivo; y, por otra parte, que los individuos que se integran
no son agotados ni desde el punto de vista del objetivo, ni desde el punto de vista
de sus interacciones, por la dimensión formal de la organización. Por lo tanto,
toda organización tiene una dimensión formal, un aspecto formal, y una parte
formalizada, pero la formal no puede funcionar sin la no formalizada, por lo tanto,
naturalmente que, seguramente el problema más importante de teoría de
organizaciones es establecer las relaciones que existen entre estas dos
dimensiones de una organización.

Pues vamos a aplicar esto ya a la organización terapéutica, y entonces nos


encontramos con lo siguiente: objetivo formal, la curación, eso es lo que justifica
una clínica privada o un hospital, o una consulta o lo que sea; cualquier actividad
organizada, cualquier organización en torno al equipo terapéutico tiene como
objetivo la curación: si el enfermo no fuera sanable, evidentemente ese tipo de
organización no existiría. La terapia tiene su carácter formal desde el punto de
vista del objetivo y desde el punto de vista de la conducta, y eso es cada vez más
claro, cada vez la medicina está más formalizada, cada vez la medicina se parece
más a una máquina, no sé si lo perciben ustedes, ustedes son jóvenes, pero uno,
que ha pasado por varias fases de la medicina se da cuenta. Se habla de la
deshumanización de la medicina, tal vez el término no sea exacto, o tenga
connotaciones excesivamente sentimentales, más exacto es decir eso, que el
aspecto formal de la medicina se hace cada vez mayor, de manera que se pasa del
análisis al departamento tal, por la especialización, por la coordinación. Por
ejemplo, aquí, en la Clínica, yo siempre que entro digo “ay, ya me han pillado,
ahora voy a que me hagan 17 pinchazos, y de los pinchazos voy por el control, me
voy a otro sitio, y me ven por un lado, y al cabo de 15 días me llega un
diagnóstico con un tratamiento tremebundo”, y cuando uno está hospitalizado
igual, ahí todo está organizado, y cuanto mejor organizado esté, mejor funciona,
como es natural. Sin embargo, también es cierto que la actividad terapéutica -por
eso la teoría de las actitudes hay que tenerla en cuenta-, es cierto que de ninguna
manera es cierto que el carácter formal de una clínica, digamos el carácter de
organización de tipo formal de una clínica es todo lo que hay en la clínica, lo cual
también es exactamente lo mismo que decir que un enfermo no es sólo una
enfermedad. Decir que cuando un hombre está enfermo se reduce a la condición
de enfermo, eso, si se redujera, entonces no sería, en ese mismo momento, su
ingreso sería exclusivamente ingreso en la organización en lo que tiene de formal,
pero como un hombre enfermo es hombre aunque esté enfermo, y aunque su
objetivo de curarse sea justamente el que le hace incluirse en la organización,
como no deja de ser hombre -un hombre enfermo es hombre, ese hombre soporta
la enfermedad, el soporte de la enfermedad es el hombre, no al contrario, lo
contrario es una manía-, pues resulta que el enfermo entra de tal manera, que una
organización terapéutica tiene dimensiones formales y también relaciones no
formalizadas. Llamar la atención sobre este hecho me parece que es de suma
importancia, porque la tendencia del médico es a considerar exclusivamente a su
función social, y, por lo tanto, la actitud profesional con los enfermos desde un
punto de vista estrictamente formal, y en gran parte, a mí me parece, yo sugeriría
esta idea, en gran parte la justificación de la enfermera o de la enfermería está
justamente en esto. A través de la enfermería es como hay que resolver, como hay
que afrontar, hay una cierta cooperación con el médico desde el punto de vista de
la organización, pero hay, digámoslo así, lo que hay de funciones informalizables
pero reales, humanamente reales, en una actividad terapéutica: ahí es el puesto de
la enfermería. La enfermería tiene que ver con la actividad terapéutica desde el
punto de vista de los sistemas formales de esta organización, pero sobre todo para
cumplir las funciones no formalizables. Hay que tener muchísimo cuidado con
esto por una razón: la tesis. Miren ustedes esta palabra, porque la teoría de la
organización, aún expuesta de una manera tan sencilla, en las líneas maestras, o
en esquema básico, permite detectar errores tremendos, es todo un instrumento de
análisis muy bueno la teoría de la organización en su mismo noción de base.

La tesis, qué dice: que un sistema formal o una organización, en lo que


tiene de sistema formal, es capaz de llenar todos los objetivos del individuo; esa
tesis es el totalitarismo. Una organización es totalitaria en cuanto tiene eso, en
cuanto que dice que los objetivos formales o formalizables por una sociedad
cualquiera, por una organización cualquiera, esos son todos los objetivos, y
correlativamente, ahí tiene que meterse toda la actividad de los individuos. La
tesis de que una organización puede ser exclusivamente formal y que, por lo tanto,
la dimensión informalizable puede desaparecer en una determinada organización,
eso es la definición más propia, más funcional, y más clara, y menos vinculada a
apreciaciones ideológicas, que son siempre oscuras, que se puede dar del
totalitarismo.

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