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Lecturas Del Espacio Íntimo

El documento explora la evolución de la lectura desde un espacio íntimo hacia uno público, destacando cómo la percepción de la lectura ha cambiado a lo largo del tiempo y su relación con la educación. Se discuten las dificultades que enfrentan los jóvenes para conectar con la lectura, a menudo percibida como una obligación más que un placer, y la importancia de crear espacios donde la lectura pueda ser una elección libre. Finalmente, se enfatiza la necesidad de encuentros significativos con los libros para fomentar un deseo genuino de lectura entre aquellos que se sienten excluidos de este mundo.

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Lecturas Del Espacio Íntimo

El documento explora la evolución de la lectura desde un espacio íntimo hacia uno público, destacando cómo la percepción de la lectura ha cambiado a lo largo del tiempo y su relación con la educación. Se discuten las dificultades que enfrentan los jóvenes para conectar con la lectura, a menudo percibida como una obligación más que un placer, y la importancia de crear espacios donde la lectura pueda ser una elección libre. Finalmente, se enfatiza la necesidad de encuentros significativos con los libros para fomentar un deseo genuino de lectura entre aquellos que se sienten excluidos de este mundo.

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Lecturas:

del espacio íntitno


al espacio público

Michele Petit
Traducción de Miguel y Malou Paleo,
y Diana Luz Sánchez

FO N DO DE CU LTURA
E CO NÓM ICA
Los lectores no dejan de sorpren dernos*

·prornoYt' r l.1 lectur.1'' es una id ra reciente. Durante mu cho


ticmpc,. en numt'rosos pa,ses, la preoc upació n 'iC oriento
mJs bien h,1cia los peligros que podía trae r un a amp lia difu -
'I IL1ll de lJ lectura 1. En Francia, la iglesia, los notable~, el ,ec-
tor pJtronal e incluso una parte de las élites obreras se esfo r-
zJron por alejar a los pobres, en particular, de los riesgo) de
lJ lecrurc1 no controlada. Pero la desconfianza hacia la lectura
tenia tambie n amplia difusión en los án1bitos populares,
tanto rurales como urba nos, donde los lectores ten ían fama
de trJnsfugas. H,1sta después de la segunda Guerra Mundial
se lew con frecuenciJ bajo las sábanas, a escondidas, con
an1dJ de unJ linterna . O a veces a la luz de la luna, como nos
(Ontaba una mu_jer en el campo.
En nuestros días tenemos la impresión de que el gusto por
la lectura debe abrirse camino entre lo «prohibido" y lo "obh-
~acnri() ... al menos en Europa. En mi país todo el mundo "-l'
amenta -,oh re el tema: "los jóvenes no Icen níJda': " "L' kl' \..·,1d,1
c.:.7 men<)', "~có mo hace r para que lean?" Y podn,1mn" tnll'-
rrc •L!arno" acerca de los efecto~ complejo,, ,llnh iv,,IL·ntL'" dl'
_, ,, e:. J,)cu r \ <J'> .1larmi "u3, y lOnve 1Kio11 ,d l'" Lk L'lt,~111 Lk l,1
1
:Ltu r,L Y.J <it;;i q u<· prr 1ve ng,111 de lo" ¡,(Jdl'n·-.. puhl ll º"· lk 111-..

t o 11< l lt 1 ,r,.1 o ◄ .J > 1 1 1'1111 1 I • 1 1 lí

1 1

¡11
docentes, de los padres o de los editores, pueden ser perci-
bidos como otros tantos mandamientos, como testimonios
de impaciencia, de una voluntad de control, de dominio.
"Debes amar la lectura" o, dicho de otro m odo, "debes desear
lo que es obligatorio". Esos discursos dejan poco espacio para
el deseo, están a menudo cargados de angustias, y el niño o
el adolescente lo sienten. Escuchando cómo algunos adoles-
centes, de diferentes medios sociales, hablan de su escaso
gusto por la lectura, quedé sorprendida por sus discursos
muy culpables, muy "versión oficial": "yo sé que tendría que
leer", "yo sé que no leo bastante". Estábamos en una situación
de obligación, donde había que leer para satisfacer a los adul-
tos. La lectura, que para las generaciones anteriores fue a me-
nudo un gesto de rechazo, de resistencia, es percibida por
muchos adolescentes de hoy como un gesto aséptico, de con-
formismo, de sumisión.
También podemos interrogarnos sobre ciertos recursos
por medio de los cuales se trata de "reconciliar': como se
dice, a los adolescentes con los libros. En Francia, para tomar
un solo ejemplo, se ha introducido la literatura juvenil en la
escuela media. Los chicos son invitados a confeccionar fichas
de lectura sobre libros que, hasta ayer, eran de su ámbito pri-
vado, si acaso podían tener acceso a esos libros. Pueden ser
invitados también a expresar ante sus com pañeros las emo-
ciunes que esos libros han despertado en ellos. El psicoana-
&- .lista !{ené Diatkine decía que "Lo que más atenta contra el
[~ (o por la lectura es la indagación, una intromisión poco
delicada en un espacio donde todo es particularmen te frá-
gil".2 Y recordaba que la parte de lo no-dicho de un cuento o
de un texto literario, que es librada a la fantasía de cada

l René Diatkine, '' La lormalion J u langage imJginJ ire", /,es C11/iicr) t! 'Ar ·u ~. l \ 1m , nurn
4, p. 24.

22

j
uien, nunca debería ser objeto de indagación por parte de
~n adulto. Eso no significa que la literatura juvenil no ten-
ºª un lugar en la escuela media, y ese tema de las relaciones
; ntre lectura y escuela es muy c01nplejo. Pero me parece im-
portante que existan espacios diferenciados: por un lado la
escuela, por el otro las bibliotecas, de preferencia extraesco-
lares, que dejan lugar para el secreto, para la libre elección, y
son propicias para los descubrimientos singulares.

Ampliando la idea, hay algo en la lectura que no es compati-


ble con la idea de programación, de promoción. ¿Se le ocurri-
ría a alguien pron1over el amor, por ejemplo? ¿Y encargar el
tema a las empresas o a los Estados? Sin embargo esto existe.
En Singapur, donde realicé investigaciones hace unos quince
años, el Estado fletaba barcos del amor y los ejecutivos de em-
presas, solteros de ambos sexos, eran insistentemente alenta-
dos a embarcarse en esos cruceros. Me parece que éste sería un
buen método para fabricar todo un pueblo de frígidos.
Pero mi comparación no se sostiene. Si bien en los dos
casos se apunta al deseo, a lo íntimo, la mayoría de las perso-
nas, cualquiera que sea su cuna, saben en mayor o m enor
medida qué hacer con su cuerpo sexuado y frágil y con su co-
razón impetuoso y vacilante, a veces ayudándose con expe-
riencias de otros, halladas en los libros. Por el contrario, n1u-
chos hombres y mujeres ja1nás se acercarán a los libros.
Creen que allí hay un mundo que no es para ellos.
Sin embargo, el deseo de pensar, la curiosidad, la exigen-
cia poética o la necesidad de relatos no son patrimonio de
ningún grupo socia]. Y cada uno de nosotros tiene derechos
~ulturales: el derech o al sa ber, pero tan1bién el derecho al
imaginario, el derech o a apropiarse de bienes culturales que
contribuyen, en cada edad de la vida, a la construcción o al
descubrimiento de sí mismo, a la apertura hacia el otro, al

23
c1erui ,11 dL la tan1as1a sm la tua) no ha\ pen-..im1nu 1 ► .c1 li3
elah(iraunn <lel p1ntu c n t1co. Cada hombrr \ 1..Jda íl1UJtr
ltl:lll'll dcr~(hn ..t rertenect'~ a una ,oued1d. tt un mundo, d
t r.,v ~, de In que han produodo yuiene, lo (nmpont'n: Inri)
1111 , 1 ~,, 11 1 , d11ndc escrítnre~ v :1rt1~tJ" hJn trntJdu de tr 11 n
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l ' II h.11 r 1P ., p11 h1 t, l ' II l,h l>nllJ, Jt' l.1" LILH.l,,dl',, o l'f1 d c.11n-

l'L1, 11. 1 , l 1h1 1"- -, , 111 11b1l'l1i... 1 lllh, poco ttU11il1t1H.'.., , 111ve,t1<lu, <.lL
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dLT,b l 11.111 1L'1.h . , h1 hlt·, n In\hthlt·). ) ..,1 lu.., libro, nu ,Jn J


1.·. llu-, , ,'lkb 1H 1111.. .1 11.111 .1 lu.., libro . . .
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tr.1c1 111.tlth 1c.' l tlL'rlllh , rc.>1.. uerd0.., de fracd~O o Je hu1111UJ-

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f\ !\ •h l \ l l . ' '" .. l1h t1 1'1 !' d i ~11 11

21
-
ción. Muchas personas se sienten incompetentes o avergon-
zadas delante de un libro; tienen la impresión de que ese pri-
vilegio pertenece a otros, a los que tienen recursos.
Esto es aún más cierto porque en los ámbitos donde im-
pera una economía de subsistencia alguien puede sentirse
culpable de leer, ya que es una actividad cuya «utilidad" no
está bien definida; también puede sentirse culpable porque
para leer se aísla, se retira del grupo. Es una actividad a me-
nudo mal recibida en los medios populares, donde la gente
se agrupa codo a codo para lo mejor y para lo peor, donde se
valoran más las actividades compartidas y donde no se dis-
pone de tiempo ni de espacio para sí mismo.
Esas fronteras que separan de los libros, esas prohibiciones
que aumentan las dificultades, no desaparecen solas: por el con-
trario, en nuestra época la segregación y el confinamiento se
acentúan por doquier. La televisión y la radio penetran en los
espacios relegados, y hasta pueden ocupar allí todo el tiempo
"libre". Pero con el libro y los textos impresos no ocurre lo
mismo. No hay muchas ocasiones de tocarlos o de ver gente
que lee. Los libros son como extranjeros, están en templos leja-
nos, adonde muchos nunca se atreverán a ir, porque saben que
no van a estar en su lugar y que no sabrán cómo hacer.
Y es allí donde la «promoción de la lectura", para retomJ r ·
esta expresión, recobra su sentido. Cuando alguien no 1,.1 tc:-
nido la suerte de disponer de libros en su casa, de ver leer a sus
padres, de escucharlos relatar historias, las cosas pueden cam-
biar a partir de un encuentro. Un encuentro puede dar la idea
de que es posible otro tipo de relación con los libros. Una per-
sona que ama los libros, en un mon1ento dado desempeña el
papel de «iniciador", alguien que puede recomendar libros. De
un modo informal, puede ser alguien cercano que ha tenido
acceso a la lectura, puede ser de otro medio social que uno co-
noce por la vida de relación o por la militancia. Puede ser al-

25

gunas veces un docente, en una relació n per~onalizad_a, singu-
lar. O puede ser un bibliotecario o un trab aJador soCial ~¡ que
va a dar a otra persona la ocasión de tener un contact o d uecto
con los libros y de m anipula rlos. Y también va a encontr ar las
palabras para legitima r el deseo de leer, e incluso Pª:ª.
~evelar
ese deseo. Por lo tanto es preciso multipl icar las posibilidades
de mediac ión, las ocasion es de produc ir tales encuen tros.

Así, ab rir tiempo s, espacio s, donde el deseo d e leer pueda


abrirse cam ino, es una postura que hay qu e m anten er muy
sutilme nte para que brinde libertad , para que no se sienta
como una intron1isión. Esto supone , por parte del "inicia-
dor", un trabajo sobre sí misn10, sobre su lugar, sobre su pro-
pia relación con los libros. Para que alguien no diga: «pero
éste .. . ¿qué quiere? ¿por qué m e quiere hacer leer?" Y no se
trata de lanzars e a una cruzada para difundi r la lectura; sería
la mejor manera de ahuyen tar a todos. Ni tampoc o de sedu-
cir, de hacer demago gia.
Con respect o a este te1na, otra actitud errónea sería, según
mi opinión , pensar las cosas en término s de "necesi dades" o
de "e:>..7Jectativas", y de lecturas capaces de satisfacer esas ne-
cesidad es y esas expecta tivas. A menud o, en los medios
donde leer no es habitua l , los "iniciad ores" intenta n engan -
char a la gente con libros que supues tament e tienen que ver
con ellos. Pero despué s no siempr e se les da oportu nidad de
pasar a otra cosa, de amplia r su universo cultural. Entonces
los vemos conden ados para siempr e al punto d e partida .
Por otra parte, en todos los ámbito s, editores y m ediado-
res esp eculan sobre las "necesi dades" de los jóvenes y se es-
fu erzan por apegarse a esas supues tas necesid ades. Po r ello
qu isiera recorda r, evocan do las enseña nzas d el psicoan álisis,
q ue no hay que con fund ir d eseo y necesid ad , redu cir el d eseo
a u na necesjd ad, po rq ue d e ese modo fab ricJm os a no réxicos .

26
escritor, un ilustrador no encuentra lectores, jóvenes 0
Un os ·óvenes, a partir . de 1o que e'l.1magma· que son las ((ne-
men 1 . d , . d .
·¿ades" 0 expectativas e estos, smo eJándose trabaJ·ar
ces1 . . .
su propio deseo) por su prop10 1nconsoente, por el ado-
, por 1as
. , dose 11evar tamb.1en
. - que fu e. DeJan
por
lescente o el nmo
cuestiones del presente. Esto habla, según mi modo de ver) de
los límites de esos libros escritos a la medida para satisfacer
tal O cual supuesta "necesidad" de los niños o de los adoles-
centes. Los libros que más les dicen algo son aquellos donde
hay algo que pasa de inconsciente a inconsciente. Y, feliz-
mente, eso se nos escapará siempre, en gran medida.
Yo suelo decir que nunca se podrá confeccionar una lista
de los libros más apropiados para ayudar a los niños y ado-
lescentes a construirse a sí mismos. Si me remito a las entre-
vistas que he realizado, ¿quién podría suponer que el filósofo
Descartes sería la lectura preferida de una joven turca preo-
cupada por escapar de un matrimonio por conveniencia?, ¿o
que sería la autobiografía de una actriz sorda la que le per-
mitiría a un joven homosexual asumir su propia diferencia?,
¿o incluso que los sonetos de Shakespeare inspirarían a un
joven obrero de la construcción laosiano para escribir can-
ciones?
Nunca es cuestión de encerrar a un lector en un casillero,
sino más bien de lanzarle pasarelas, o mejor aún de darle
ocasión de fabricar sus propias pasarelas, sus propias metá-
foras. Efectivamente, cuando escuchamos a los lectores nos
sorprende el hecho de que los hallazgos, los relatos y las fra-
ses que les hablan, que los develan, que les ayudan a dar sen-
tido a sus vidas y a resistir las adversidades, resultan a me-
nudo inesperados. No necesariamente un lector privilegia un
libro que se adapta a su propia experiencia. Por el contrario,
una gran cercanía puede ser percibida como una intromi-
sión. Yquizá sean las palabras de un hombre o de una mujer

27
que h ayan pasad o po r pr ue bas m uy di st in ta s, a ve
. ces en épo-
cas anttg uas o e11 otros rincones del planeta, las qu 1 b .
da rá n a ese \ector un .
e e nn -
a n1etáfora de la qu ,
e ext1 aera nu evas
fuerzas.
' N o \o o\v1den1os .
e\ lector no consum
texto; se lo apropia, lo e pa si va m en te un
interpreta, modifica
su fantasía, su deseo su s~ntido, desliza
y sus angustias en tr e
tren1ezcla con los de las \mea s Y l? s_ en-
l autor. Y es allí, en
fantas1nática, en ese to da esa actividad
trabajo psíquico, do nd
truye. e el le ct or se cons-

Daré dos ejemplos m


ás de esos encuentros
imprevisibles. Tomo so rp re nd en te s e
el primero del escrit
Miguel del Castillo. or franco-español
Le oí contar po r la ra
infancia en España, dio que du ra nt e su
en tie1npos de la Gue
salía cada no ch e a la rra Civil, su m ad re
s once pa ra ir a trabaj
no ch e se oí an desc ar en la radio. Cada
argas de fusilería. Y
dicho: "Si un a no ch su madre le ha bí a
e no oyes nada, es qu
to m ad a, m e de te nd rá e la ciudad ha sido
n, m e fusilarán, y tú
ba ja da de Francia". deberás ir a la em-
Y él, librado a esa in
m ue rt e, de separación mensa angustia de
, ca da noche leía. Leí
noches. Al igual qu e Sc a .. . Las mil y una
herezada, repelía la m
cuentos. ue rt e a fuerza de
T om o el se gu nd o ej
emplo de un a escrit
Coz. Escuchémosla: ora, M ar tine Le

En ot ro s tiempos pe
rtenecía a una secta
di ecioch o añ os . To da cristiana. Tenía al go
más de
form a de expres ió n in
am orda za da. la co ng di vi du al era condenada o
regaci ón se re unía en
Biblia , co mbinado co to rn o de un Libro único
n co mentarios es tri ct , la
cinco añ os de ~u m isi am en te au to rizados. Tras
ón , mi reb elión co ns
istió en reab rir un es pa
lect ur a. El prim er lib cio de
ro fu e el de Fran<~ois
Cheng (Vacío y /lc110.
guílje pi ctórico ch in o) El len·
.

28
·---
Fran~ois Cheng es un g~an sinólogo c~ntemporáneo que es-
cribió mucho sobre la pmtu ra y la escntura chinas. Cito nue-
vame nte:
en -
De joven me gustaba dibujar. Retomé la senda del dibujo y seguí la
o,
señanza de los pintores chinos. Mi grafismo era rígido y cerrad
3
corde con la impronta de la secta que había dejado. Yo estaba bas-
del
tante segura de mi trazo, pero desconocía las fuerzas secretas
én a
blanco. Aprendí a abrir las líneas para liberar los soplos, y tambi
tiré
perderlos bajo la aguada. Renuncié a mi control y cedí al vacío. Y
darle
agua sobre mis dibujos, buscando la emoción y la sorpresa, para
una oportunidad a lo maravilloso, y a la alegría ante lo que no viene
de nosotros. 3

En fin, la lectura es algo que se nos escapa. A ustedes los edi-


tores o iniciadores, a mí como investigadora. A los docentes,
a los bibliotecarios, a los padres, a los políticos. E incluso a
los lectores. Todo lo que pueden hacer los iniciadores de li-
bros es, por supuesto, introducir a los niños - y a los adultos-
ª una mayor familiaridad , a una mayor naturalidad en el
acercamiento a los textos escritos. Es transmitir sus pasiones,
sus curiosidades, y cuestionar su profesión, y su propia rela-
ción con los libros, sin desconocer sus miedos. Es ofrecer a
los niños y a los adolescentes la idea de que, entre todas esas
obras de hoy o de ayer, de aquí o de allá, habrá seguramente
algunas que sabrán decirles algo a ellos en particular. Es pro-
poner a los lectores múltiples ocasiones de encuentros y de
hallazgos, encuentros inéditos, imprevisibles, con una parte
de azar, ese azar que a veces hace tan bien las cosas . Donde
t~mbién la transgresi ón encontrará su lugar, ya que si toda -
via hoy tantos lectores y lectoras leen por la noch e, si leer es
- - - -- --
¡ Ui,e úiblinth t'quc d'écril'nins, París. Editions du Roeher, p. 68.

29
a menudo un gesto de las sombras, no es sólo por u
tión de culpabilidad: ellos crean así un espacio de . ~a cues.
·
un jardín a resguardo de las miradas. Leen en los lDtirnid
b ad)
rd
las riberas de la vida, en los linderos del mundo y o esl en
de sorprendernos. · no deJan ·

(Traducción de Miguel y M
a1ou Paleo)

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