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El PIAR

El PIAR (Plan Individualizado de Ajustes Razonables) es una herramienta clave para la educación inclusiva, que permite adaptar el currículo a las necesidades individuales de los estudiantes con discapacidad. Debe ser elaborado por el docente de aula y debe incluir una valoración pedagógica, metas y objetivos flexibles, así como ajustes razonables para facilitar el acceso y la participación en el proceso educativo. Además, el PIAR debe ser un documento dinámico que registre tanto los ajustes que funcionan como los que no, promoviendo la creatividad y la innovación en la enseñanza.

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El PIAR

El PIAR (Plan Individualizado de Ajustes Razonables) es una herramienta clave para la educación inclusiva, que permite adaptar el currículo a las necesidades individuales de los estudiantes con discapacidad. Debe ser elaborado por el docente de aula y debe incluir una valoración pedagógica, metas y objetivos flexibles, así como ajustes razonables para facilitar el acceso y la participación en el proceso educativo. Además, el PIAR debe ser un documento dinámico que registre tanto los ajustes que funcionan como los que no, promoviendo la creatividad y la innovación en la enseñanza.

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El PIAR: qué es, para qué sirve y qué debe incluir

Algunas de las excusas más frecuentes que escuchan las familias al


momento de exigir la educación inclusiva para sus hijos con
discapacidad es que los colegios y los maestros, supuestamente, no
están preparados, no tienen experiencia en inclusión, no fueron
formados para esto, entre muchas otras.

Estas excusas son muchas veces realidades. Los colegios no saben qué
hacer, los maestros menos, hay pocos niños con discapacidad en esas
instituciones y, en las facultades de educación, la inclusión y la
diversidad son aspectos poco significativos en la formación de los
maestros. Las excusas, ciertas o falsas, encubren el desconocimiento, la
falta de creatividad, la falta de voluntad. Son siempre excusas y nunca
justifican que un niño o niña con discapacidad no esté en la escuela
regular.

Se aprende a incluir incluyendo, se aprende a hacer ajustes


razonables poniendo al estudiante en el centro, conociéndolos y
siendo creativos para responder a sus necesidades. No existe
una lista predeterminada de ajustes razonables y apoyos
pedagógicos que un/a profesor/a pueda tener y aplicar para
todos los estudiantes. No hay un algoritmo que nos diga, ante
un diagnóstico médico, qué hacer para que los niños y niñas con
discapacidad aprendan. No hay una receta universal para todos.

Todo lo contrario: la inclusión es un proceso hecho a la medida de la


individualidad de cada estudiante, de sus capacidades y de sus
necesidades. Por eso es que a los malos maestros no les gusta, porque
les exige hacer su trabajo.

Por eso el Decreto 1421 de 2017 introdujo la figura del PIAR. La sigla
PIAR significa Plan Individualizado de Ajustes Razonables, el PIAR
es la herramienta más importante para materializar la inclusión, le exige
al maestro conocer a sus estudiantes y planear sus actividades, apoyos
y ajustes razonables hechos a la medida. Acá les explicamos qué son,
para qué deben servir y qué deben tener.

El PIAR es un plan. El PIAR es un instrumento de planeación, una


herramienta que permite contrastar el currículo para el grado escolar con las
características del niño o niña con discapacidad para definir metas y objetivos
con respecto al año escolar y, establecer, los ajustes razonables y apoyos
pedagógicos. No es un currículo paralelo, es la adaptación del currículo a las
necesidades y capacidades de los estudiantes con discapacidad.

2. El PIAR es individual. El PIAR es una herramienta hecha a la medida de


cada uno de los estudiantes con discapacidad. Es un error pensar que la misma
versión del PIAR, con los mismos contenidos y ajustes para todos los niños y
niñas con discapacidad va a servir para algo. Todo lo contrario. Para que el PIAR
sea un documento vivo debe corresponder a la realidad de cada niño o niña
con discapacidad, por eso debe incluir una descripción de la persona, de su
contexto familiar y social, los ajustes que se desarrollan, que funcionan y que
no lo hacen.

3. El PIAR debe ser elaborado por el docente de aula. Con


frecuencia los docentes de aula, es decir, aquellos que tienen a su cargo
un grupo de niños y niñas en un grado escolar no asumen esta
responsabilidad. Los docentes dicen que no saben de discapacidad y que
por eso no hacen el PIAR. Están equivocados, el PIAR no es sobre la
discapacidad, sino sobre la pedagogía y la didáctica, temas en los cuales
son expertos.

De manera errónea, algunos maestros creen que el PIAR debe hacerlo el


docente de apoyo pedagógico o cualquier otra persona menos él. Nada
más alejado de la realidad. Es el docente quien dicta la clase y tiene a su
cargo los estudiantes quien debe crear y actualizar el PIAR. En el caso
del bachillerato, el docente de aula responsable del grupo debe articular
la elaboración del PIAR con todos los demás docentes de área.

4. El PIAR debe partir de la valoración pedagógica. Los


documentos médicos, exámenes, historias clínicas y demás son
importantes para saber el diagnóstico del niño con discapacidad y para
saber qué tiene. Pero sirven poco, o nada, para saber qué hacer en
términos pedagógicos y didácticos. Casi nunca un diagnóstico le ha
sido útil a un maestro para saber cómo enseñar y qué hacer en
su salón de clases. El PIAR debe incluir la información de salud, pero
no puede quedarse ahí. El PIAR debe incluir una valoración pedagógica
que permita saber cómo está el estudiante en términos educativos, qué
ha logrado, qué no, qué lo motiva, que no lo hace.
Consulte nuestra nota de blog sobre valoración pedagógica, en la
que les contamos cómo pueden los maestros, con sus conocimientos y
en el salón de clase valorar a los estudiantes.

5. El PIAR debe fijar las metas y objetivos que deben alcanzarse


a lo largo del grado escolar. Las metas y objetivos deben fijarse
teniendo en cuenta el avance individual de cada estudiante, pero
también teniendo en cuenta los estándares básicos de competencias
(EBC) y los derechos básicos de aprendizaje (DBA) para cada grado y
para cada área, es decir, con lo que se espera que los estudiantes
aprendan en cada año escolar y en cada área del conocimiento. No se
va a la escuela solo a socializar, se va a aprender.

Ahora, esas metas y objetivos deben ser flexibles y hechas a la medida


de cada estudiante. Esto significa que en un grado escolar, un
estudiante con discapacidad puede necesitar reforzar o retomar alguna
competencia o conocimiento de un grado anterior. Esto no significa que
deba regresar a un grado inferior y quedarse ahí hasta que aprenda algo
específico. Todo lo contrario, en cada grado tendremos diferentes retos,
pero probablemente haya retos que se repitan a lo largo de toda la
trayectoria escolar. De eso se trata la flexibilización del currículo y el
respeto por los ritmos de cada estudiante.

6. El PIAR debe incluir los ajustes razonables. La esencia del PIAR


es poder identificar las barreras que enfrenta cada estudiante con
discapacidad, poder planificar las actividades sin que dichas barreras
surjan y, establecer los ajustes razonables que deben llevarse a cabo
para que dichos estudiantes puedan acceder, participar y ser evaluados
en condiciones de igualdad.

Un ajuste razonable puede ser: una acción o estrategia específica que el


maestro aplique, una adaptación o una modificación a algo que el
maestro hace para el niño o la niña con discapacidad, el uso de un
recurso o una herramienta tecnológica, o la ayuda de un profesional de
apoyo pedagógico.

Los ajustes razonables responden a las necesidades individuales y


específicas de cada estudiante, no deben significar una carga
desproporcionada para el maestro o para el colegio, y debe servir para
que los estudiantes con discapacidad puedan acceder, permanece,
participar, ser evaluados y promovidos en condiciones de igualdad.
En el PIAR, cada docente de aula debe incluir los ajustes razonables que
requiere un estudiante en todos los aspectos del servicio educativo: en
lo curricular, en la didáctica, en las metodologías y en las evaluaciones.

7. El PIAR requiere de la creatividad y de la innovación de los maestros. Para ser


exitoso y ser un documento vivo, el PIAR requiere que los maestros que lo elaboran no lo
vean como una carga, como un formato más que se diligencia para ser guardado y que sirve
poco. Todo lo contrario. El PIAR debe ser usado para planear las clases, para profundizar el
conocimiento sobre el estudiante, para innovar ajustes razonables a lo largo del año escolar,
para tener altas expectativas para con los estudiantes con discapacidad.

8. En el PIAR también hay que decir lo que no funciona. El PIAR está pensado para ser
un documento vivo que acompaña la historia y trayectoria escolar del estudiante con
discapacidad. Esto significa que los maestros no solo deben incluir los ajustes razonables
que funcionan, sino también aquellos que intentaron y no funcionó para un estudiante en
particular. El PIAR, en el mediano y largo plazo se convierte en un repositorio de
estrategias y experiencias que enriquecen la práctica de los maestros que lo reciben y lo
usan en sus clases.

La educación inclusiva es, siempre, un proceso de innovación y creatividad docente. Se


vale intentar y fallar, se vale volver a intentarlo y que funcionar. Registrar en el PIAR lo
que no funciona sirve para ahorrarle tiempo a los próximos docentes, para aprender de las
lecciones de los otros.

9. El PIAR sirve para evaluar. El PIAR es una herramienta que permite evaluar a los
estudiantes a lo largo del año escolar y decidir si debe ser promovido o reprobado. En
muchos casos, cuando los niños y niñas con discapacidad no tiene PIAR, difícilmente
alcanzan los logros esperados, la falta de ajustes razonables les impide participar en
condiciones de igualdad y, al final, terminan por no cumplir lo esperado, principalmente
porque lo que se espera de ellos no fue ajustado a sus capacidades y necesidades.

En el PIAR deben estar los apoyos y ajustes en la evaluación, pero también los criterios
para determinar, al final de cada periodo escolar, lo que debe alcanzar y lograr el
estudiante, para que él y su familia se esfuercen en lograrlo.

Consulte nuestra nota de blog sobre si puede o no perder el año escolar un estudiante
con discapacidad, en la que les contamos cómo pueden los maestros, con sus
conocimientos y en el salón de clase valorar a los estudiantes.
10. El PIAR debe tener herramientas y espacios de construcción colectiva a su
alrededor. No basta con que cada docente de aula diligencie y use el PIAR en su salón de
clase. Dentro del colegio debe haber espacios de intercambio y construcción colectiva en
donde los maestros puedan compartir ideas y generar prácticas en torno a la inclusión.

Una buena idea es que los maestros tengan oportunidades de intercambiar ideas y
estrategias. Entre menos solo esté el maestro haciendo el PIAR y, por el contrario, si tiene
la oportunidad de hablar con docentes de apoyos, con otros docentes de aula, podrá sacarle
mayor provecho a sus ideas y a las ideas de los demás.

El PIAR es mucho más que un formato, atrévase a crear su propia versión. En cualquier
caso #EscuelaParaTodos de DescLAB tiene disponible un formato sencillo que puede
ayudarle a dar el primer paso. Consúltelo aquí.

El PIAR es nuevo en las escuelas, todos estamos aprendiendo. Las familias tienen que
poder participar en su elaboración, deben entender de qué se trata y por qué es
importante, hacerle seguimiento, aportar sus ideas sobre ajustes razonables y apoyos
que funcionan para sus hijos con discapacidad.

HACERLO A TIEMPO
El plan individual de ajustes razonables (PIAR) debe ser elaborado o
actualizado en el primer trimestre del año escolar. Si el/a estudiante se
vincula de forma extemporanea, el PIAR debe elaborarse eo actualizarse
en los siguientes 30 días

Siempre que decimos esto alguien salta y dice: el diagnóstico es fundamental,


porque nos puede dar pistas de qué hacer. Y puede ser que sí, pero, casi nunca
un médico (sobre todo los que trabajan en elegantes fundaciones, clínicas y
universidades) ha estado capacitado para decirle a un maestro cómo hacer su
trabajo, cómo enseñar, cómo ser inclusivo. Los diagnósticos son construcciones
sociales que desdibujan a la persona a la que se marca con ellos. Nos hacen
creer que los médicos son más importantes porque "supuestamente" tienen el
poder de decir "qué tiene el niño". Así, ponen en segundo lugar a los maestros,
que ven a los niños 8 horas, de lunes a viernes. Los maestros tienen la
posibilidad de decir cómo son los niños, qué los motiva, cómo aprenden, qué
potencialidades tienen, que necesidades educativas tienen, entre otras. De eso
se trata la educación inclusiva, no de una colección de diagnósticos.

n esta nota les contamos 5 claves para saber qué es una


valoración pedagógica y por qué no es un diagnóstico médico.
Unas pistas para superar el "embeleco médico" dentro de la
escuela y del salón de clases.

Clave 1. La valoración exige observar al estudiante, no aplicar


pruebas "científicas" de valoración del desarrollo o de la
inteligencia. Sirve para transformar las prácticas, no para hacer
informes o publicaciones científicas. La valoración pedagógica parte
de la observación de los estudiantes, rodeados de otros compañeros, en
la escuela regular. No parte de observar al estudiante en un consultorio
médico, en la biblioteca o en una institución segregada. La valoración
sirve para saber cómo es el niño, cómo son sus habilidades, qué lo
motiva, cómo aprende, cómo se relaciona con los demás estudiantes en
el salón de clases. Eso solo puede saberse interactuando con ellos, en la
escuela regular, durante la jornada escolar.

Con frecuencia las secretarías de educación, las facultades de medicina,


psicología y otras prestigiosas entidades desarrollan pruebas
supuestamente "científicas" para valorar a las niñas, con instrumentos
estandarizados, cuestionarios, muestras representativas y otros
"embelecos" supuestamente científicos que solo sirven para acallar la
experiencia docente. Piensan que valorar pedagógicamente a un niño se
hace con un ejercito de profesionales, diferentes al maestro que está
con los niños todos los días, para llegar a un resultado supuestamente
científico, indiscutible e inamovible, a una valoración, para saber cuán
mal, cuán atrasado, cuán incapaz es un niño en comparación con los
demás y con lo que la escuela es. Detección temprana para la exclusión
y la segregación.

Así se despilfarran, con frecuencia, los recursos públicos y los dineros de


la filantropía manejada sin criterio y sin norte. Y decimos que se
despilfarran pues, poco o nada de esa inversión en pruebas sirve para
capacitar a la los maestros, cualificar sus capacidades, para dignificar su
labor, para potenciar su innovación y creatividad. La valoración
pedagógica debe hacerla el maestro de aula. Los docentes de apoyo
pueden ayudarlo, pero no sacar al estudiante del salón para hacer la
valoración, lejos de los compañeros. Tampoco debe hacerla la psicóloga
contratista que debe entregar 30 valoraciones para que le paguen sus
honorarios.
Clave 2. La valoración es una comparación, pero una
comparación positiva, basada en las altas expectativas, en las
posibilidades y en las motivaciones. Si la valoración se hace desde
una visión de la enfermedad, de la incapacidad, desde el diagnóstico, es
mejor no hacerla. Las niñas no necesitan personas que se enfoquen en
lo que está mal, en lo que va atrás, en lo que no funciona.

Lo que necesitan, para experimentar una educación inclusiva, son


maestros que se interesen en ellos y por eso valorarlos desde un
enfoque positivo es realmente transformador. Valorar con altas
expectativas lleva al maestro a descubrir las potencialidades, las
motivaciones, las diferentes formas de aprendizaje. Comparar a los
estudiantes lleva a descubrir la diversidad, las diferencias que siempre
estuvieron allí, lleva a sabernos plurales. La diversidad, la diferencia y la
pluralidad deben, luego de ser reconocidas, ser catalizadores de la
innovación y la creatividad. El diagnóstico, en cambio, solo sirve para
marcar las diferencias, catalogar la anormalidad, nada de eso sirve para
transformar la cotidianidad y la prácticas de los maestros.

Clave 3. Es una oportunidad para valorar algunas condiciones


personales y algunas habilidades de los estudiantes desde su
interacción con el maestro. En lugar de esperar que sea una médica
o un psicólogo quienes les digan qué hacer y cómo hacerlo, la valoración
pedagógica pone la labor del maestro en un lugar central. Lo invita a
saber cómo es el estudiante, cómo es su familia, sus redes de apoyo. La
valoración debe hablar de las motivaciones de los estudiantes, de sus
sentidos, de sus percepciones, de su atención y, de su memoria.

Muchos maestros sienten temor de hacer esto, de valorar estas


condiciones y habilidades. Piensan que no están capacitados para
hacerlo, creen que debe hacerlo un profesional de la salud. Tranquilos,
la valoración pedagógica sirve para informar las acciones en el salón de
clase y en la escuela, los maestros no van a medicar a nadie, no van
hacer intervenciones quirúrgicas irreversibles. El maestro es quien ve
más tiempo a los estudiantes, interactúa con ellos, dinamiza los
aprendizajes. Sin duda tiene algo que decir, debe tener algo que decir.
No puede quedarse esperando a que otro de se lo diga.

La valoración pedagógica también es una oportunidad para valorar


habilidades de comunicación, de aprendizaje, afectivas, emocionales,
motoras, de independencia, de autocuidado. Ahora, esto se valora desde
el día a día y, por supuesto, puede cambiar, algunas habilidades pueden
aumentar, otras disminuir. La valoración, al igual que la educación
inclusiva, es un proceso, está viva, cambia. A veces queremos una
valoración pedagógica que sea como un diagnóstico, algo que ya
sabemos, a ciencia cierta, que no va a cambiar. Pero la valoración
pedagógica no es eso.

Una persona puede tener un diagnóstico: Síndrome de Down; esa


categoría científica nos dice que tiene un cromosoma extra, que algunos
pueden tener una cardiopatía, que algunos quizás no desarrollen el
lenguaje verbal, etc. Pero la valoración nos va a decir que Joaquín
Gómez tiene una familia, qué le gustan determinadas cosas, que lo
motivan estas actividades puntales, que se relaciona perfecto con sus
compañeros, que los muerde (como se muerden los demás) que su
atención necesita mejorar, que necesita actividades físicas activas, que
necesita ayuda para desarrollar algunas actividades en la escuela, entre
otras.

Clave 4. También es una oportunidad para valorar cómo está en


términos académicos, pero no para excluir, sino para establecer
prioridades, pensar y diseñar ajustes y apoyos. Ahora, no se trata
solamente de conocer a los estudiantes, sino de saber cómo están en
términos académicos. Muchas veces estas valoraciones se usan de
manera negativa, para saber cuán atrasada está una estudiante, si no
lee, si no suma ni resta en la mente, si recuerda de memoria los
elementos de la tabla periódica, si resuelve operaciones matemáticas
simples, y así sucesivamente.

Enfocarse en lo negativo es muy útil para excluir y vulnerar el derecho a


la educación inclusiva. Sirve para decir que un niño no puede ingresar a
grado quinto porque no lee, que no puede comenzar grado décimo
porque no sabe balancear ecuaciones químicas, que no pertenece a
tercero porque no controla esfínteres.

Por el contrario, valorar cómo están los niños en las competencias de


lecto-escritura, de matemáticas, sirve para que las maestros puedan
priorizar competencias, habilidades y contenidos, puedan hacer
flexibilizaciones curriculares, metodológicas y en la evaluación. La
valoración pedagógica es una fuente de información para los ajustes
razonables y los apoyos que requieren los estudiantes, solo
conociéndolos podemos intentar cosas, ver si funcionan y mejorarlas.
Con frecuencia, cuando las secretarías de educación pagan
innumerables valoraciones hechas por terceros, por ejércitos de
practicantes de psicología, descubren que no saben lo que hacen, pues
no están en el salón de clases y, que los resultados, contra lo que les
pagan enormes sumas de dineros públicos, no le sirven a los maestros,
porque no impactan las prácticas cotidianas. Un círculo vicioso.

Clave 5. Es ideal hacer la valoración pedagógica conociendo el


diagnóstico, pero, en la mayoría de los casos eso no es posible.
Muchos maestros quieren saber qué tiene la estudiante primero para
luego hacer la valoración, pareciera que sin un papel que diga que tiene
"chuequera bilateral congénita" (este es un diagnóstico inventado, tan
inútil pedagógicamente hablando como cualquier otro diagnóstico) no
pueden conocer, valorar e innovar con sus estudiantes.

Es ideal saber qué tienen para luego actuar. Pero la realidad supera la
ficción. Muchas veces no es posible saberlo, porque hay barreras en el
Sistema de Salud, porque se requiere tiempo, pruebas, exámenes
médicos , medicamentos, etc. Con frecuencia en la escuela se genera la
alerta, pero el sistema de salud tarda en darse cuenta. Mientras eso
sucede, las niñas siguen yendo a la escuela, siguen siendo las mismas
personas, sus necesidades no desaparecen (así como tampoco aparecen
cuando llega el papel con el diagnóstico) y, la escuela y los maestros,
están siempre en la necesidad de actuar.

Así que la valoración hay que hacerla, para conocer al


estudiante, para saber cómo está en términos personales,
pedagógicos y curriculares. Para fijarnos altas expectativas,
para que se nos ocurran ideas de qué hacer y cómo hacerlo.
Para poner al estudiante en el centro y que nos importe, como
estudiante, no como un diagnóstico.

PLAN INDIVIDUAL DE AJUSTES RAZONABLES (PIAR)


1. DATOS GENERALES

 Nombre del beneficiario:


 Edad:
 Documento de identidad:
 Institución / Empresa:
 Nivel educativo / Cargo:
 Fecha de elaboración:
 Responsable de la elaboración del PIAR:

2. DIAGNÓSTICO Y NECESIDADES ESPECÍFICAS

 Condición o diagnóstico (si aplica):


 Dificultades identificadas:
 Evaluación de necesidades (académicas, laborales, ambientales, tecnológicas,
etc.):

3. OBJETIVO DEL PLAN

 Definir claramente el propósito del PIAR en función de las necesidades


identificadas.

4. AJUSTES RAZONABLES PROPUESTOS

 En el entorno físico: (Ejemplo: acceso a espacios, mobiliario adaptado)


 En el entorno académico/laboral: (Ejemplo: flexibilización de tiempos, materiales
accesibles, adecuaciones metodológicas)
 En el uso de tecnología y recursos de apoyo: (Ejemplo: software especializado,
dispositivos de asistencia)
 En la evaluación y seguimiento: (Ejemplo: exámenes orales en lugar de escritos,
apoyo en la supervisión de tareas)
 Otros ajustes específicos:

5. RESPONSABLES DE LA IMPLEMENTACIÓN

 Docente / Supervisor:
 Familia / Apoyo externo:
 Equipo de orientación / Recursos humanos:

6. SEGUIMIENTO Y EVALUACIÓN

 Frecuencia de seguimiento: (Mensual, trimestral, semestral)


 Indicadores de éxito: (Ejemplo: mejor desempeño académico/laboral, mayor
autonomía)
 Fecha de revisión y actualización del PIAR:
7. OBSERVACIONES Y RECOMENDACIONES ADICIONALES

8. FIRMAS DE COMPROMISO

 Beneficiario o representante legal:


 Docente / Supervisor:
 Coordinador / Responsable institucional:

fORMATO DE EVALUACIÓN PEDAGÓGICA PARA PIAR


1. DATOS GENERALES
 Nombre del estudiante:
 Edad:
 Grado / Nivel educativo:
 Institución educativa:
 Fecha de evaluación:
 Docente responsable:
 Profesionales involucrados (si aplica):
2. INFORMACIÓN SOBRE EL ESTUDIANTE
 Diagnóstico o condición (si aplica):
 Fortalezas académicas:
 Dificultades o barreras en el aprendizaje:
 Estrategias o apoyos previos implementados:
3. ÁREAS DE EVALUACIÓN PEDAGÓGICA
A. DESARROLLO COGNITIVO Y APRENDIZAJE
 Nivel de comprensión lectora: ☐ Bajo ☐ Medio ☐ Alto
 Nivel de expresión escrita: ☐ Bajo ☐ Medio ☐ Alto
 Habilidades matemáticas: ☐ Bajo ☐ Medio ☐ Alto
 Memoria y retención de información: ☐ Bajo ☐ Medio ☐ Alto
 Resolución de problemas y pensamiento lógico: ☐ Bajo ☐ Medio ☐
Alto
B. HABILIDADES COMUNICATIVAS
 Expresión oral: ☐ Bajo ☐ Medio ☐ Alto
 Comprensión de instrucciones: ☐ Bajo ☐ Medio ☐ Alto
 Uso de lenguaje alternativo o aumentativo (si aplica): ☐ Sí ☐ No
C. ADAPTACIÓN AL ENTORNO ESCOLAR
 Interacción con docentes y compañeros: ☐ Baja ☐ Media ☐ Alta
 Participación en actividades grupales: ☐ Baja ☐ Media ☐ Alta
 Nivel de autonomía en tareas: ☐ Bajo ☐ Medio ☐ Alto
 Manejo de la frustración y emociones: ☐ Bajo ☐ Medio ☐ Alto
D. ACCESIBILIDAD Y APOYOS REQUERIDOS
 Requiere materiales adaptados: ☐ Sí ☐ No
 Requiere apoyo tecnológico: ☐ Sí ☐ No
 Requiere ajuste en tiempos de evaluación: ☐ Sí ☐ No
 Requiere apoyo de un docente de inclusión o tutor: ☐ Sí ☐ No
4. RECOMENDACIONES Y AJUSTES PROPUESTOS
(Describir los ajustes razonables que se deben implementar para garantizar el
aprendizaje del estudiante)
5. PLAN DE SEGUIMIENTO
 Frecuencia de evaluación: ☐ Mensual ☐ Trimestral ☐ Semestral
 Fecha de la próxima revisión:
 Responsables del seguimiento:
6. FIRMAS DE RESPONSABILIDAD
 Docente evaluador: _______________________
 Coordinador pedagógico: _______________________
 Representante legal del estudiante: _______________________
¿Puede perder el año escolar un estudiante
con discapacidad? 7 claves sobre la
evaluación flexible
Hay muchos mitos sobre la evaluación, la promoción y la reprobación de los
niños y niñas con discapacidad en la escuela regular. Detrás de esos mitos, con
frecuencia, se esconden estereotipos y violaciones al derecho a la educación
inclusiva. Acá les contamos siete aspectos clave del Decreto 1421 de 2017
sobre la evaluación y la promoción, qué deben hacer los maestros y los
colegios cuando se trata de estudiantes con discapacidad.

Clave 1. A los estudiantes con discapacidad hay que evaluarlos en


condiciones de igualdad. No es cierto que los niñas y niñas vayan a la
escuela solo a socializar, o a hacer amigos. A la escuela se va a socializar, pero
también a aprender, a prepararse para la vida, a adquirir competencias,
habilidades y conocimiento. Las altas expectativas son centrales. A los
estudiantes con discapacidad hay que exigirles y motivarlos. También hay que
evaluar su desempeño y, cuando no se cumple con lo esperado, pueden ser
reprobados. Hay familias que creen, con frecuencia, que a sus hijos no se les
puede exigir, y ven la escuela como un lugar al que sus hijos van solo a ocupar
su tiempo, están equivocadas.
Pero hay que tener cuidado, porque esas altas expectativas, exigencias y
motivaciones deben ir acompañadas de ajustes razonables y apoyos
pedagógicos. De lo contrario, tendremos unas exigencias desproporcionadas y
una falta de inclusión que terminarán por excluirlos de la escuela regular.
Evaluar en condiciones de igualdad no significa evaluarlos de la misma manera
que a los demás estudiantes. Hay maestros que reprueban a los estudiantes
con discapacidad sin brindar los ajustes razonables y apoyos pedagógicos,
esperando, muchas veces, que se cansen y se vayan, esto es una violación del
derecho a la educación inclusiva.
Clave 2. Para hacer una evaluación en condiciones de igualdad e
inclusión, los estudiantes con discapacidad deben tener PIAR.
Difícilmente la evaluación será exitosa y ajustada si el estudiante con
discapacidad no cuenta con un PIAR bien hecho y aplicado a lo largo del año
escolar.
Es en el PIAR es el instrumento en donde se fijan los objetivos y metas que
deben alcanzarse, sobre la base de ello deben elaborarse los informes de
seguimiento (es decir, las notas que se entregan cada tanto). Con el PIAR se
sabe, día a día, si el estudiante avanza en aquello que se espera de él. Tener
un PIAR también evita el mito o el ruido innecesario que crean las evaluaciones
flexibles o diferenciadas, pues al estar planeado y justificado, no dependerá de
la voluntad del maestro, sino del ejercicio de planeación hecho para el
estudiante.
Clave 3. No basta tener PIAR, los ajustes razonables y apoyos
pedagógicos deben prestarse efectivamente, si fallan, fallará también
la evaluación. De nada sirve tener un PIAR escrito, el documento debe estar
vivo, los ajustes y apoyos deben ser reales, prestarse efectivamente. No hay
que esperar hasta el final del año escolar, el PIAR y los ajustes razonables
deben revisarse y replantearse, si es necesario, a lo largo del año. Los docentes
de aula deben entregar los informes de seguimiento periódico (las notas)
usando el PIAR, y si el rendimiento es bajo, deben intentar otros ajustes o
apoyos, inclusive, replantear los objetivos y metas fijadas. El PIAR no es un
documento estático.
¿Su hijo/a ya tiene PIAR? No importa en qué momento del año escolar estamos.
Solicítelo y exíjalo usando las herramientas de #EscuelaParaTodos
Clave 4. La evaluación también puede y debe tener ajustes
razonables, no hay que evaluar a todos los estudiantes de la misma
manera. Muchas veces la evaluación falla porque se hacen ajustes y apoyos
en las metodologías, en el currículo, en la jornada, pero no en la evaluación. De
esta manera, los niños y niñas con discapacidad tienden a estar en desventaja,
pues se intenta medirlos de la misma manera. Allí falla la igualdad material.
Por eso el PIAR también puede, cuando es pertinente, incluir ajustes razonables
y apoyos en la evaluación. Al final, la idea no es ser evaluados de la misma
manera necesariamente, sino poder establecer avances en esas metas que se
han fijado.
Clave 5. La decisión de promover y reprobar debe estar sustentada en
criterios preestablecidos. No es que al final del año un comité decide, de
manera unilateral, si un estudiante con discapacidad puede o no ser promovido
al siguiente grado escolar. Los criterios de evaluación y promoción deben ser
claros y preestablecidos, la decisión debe tener en cuenta el PIAR, las entregas
periódicas de notas, los apoyos efectivamente prestados, entre otros. Exigirle a
un estudiante cumplir, sin ajustes o apoyo alguno, los mismos requisitos que se
le exigen a otros estudiantes puede ser una violación del derecho a la
educación inclusiva.
La evaluación debe funcionar como un proceso serio de valoración de los logros
y avances del estudiante con discapacidad, no como una carrera o
competencia en donde se revisa, abstracto, si los estudiantes cumplen o no
cumplen, si obtienen o no las notas esperadas, sino en donde se detalla el
avance y los logros individuales.
Clave 6. La inasistencia puede incidir en la reprobación, pero los
criterios deben ser claros y anticipados. El Decreto 1421 de 2017
establece que el estudiante con discapacidad puede perder por inasistencia,
como cualquier otro estudiante. Ahora, los criterios deben ser claros y
preestablecidos, pero también se puede ser flexible, valorar si efectivamente la
inasistencia debería llevar a la reprobación por no haber alcanzado los logros, o
si a pesar de ella, puede ser promovido. Acá es clave la articulación con la
familia a lo largo de todo el año escolar.
Clave 7. Al final, si es reprobado, se le debe garantizar el cupo para el
siguiente año escolar. La decisión de reprobar a un estudiante con
discapacidad debe ser tomada de forma seria, sustentada, revisando el PIAR y
los ajustes que se han provisto a lo largo del año escolar.

Si al final se decide reprobarlo, el colegio está obligado a garantizar el cupo


para el año siguiente, esta protección evita que la reprobación se use para
deshacerse de los estudiantes, para buscar que se vayan a otro lugar. A los
estudiantes con discapacidad y a su proceso de aprendizaje hay que
tomárselos en serio.
¿No le garantizan el cupo para el siguiente año escolar? En #EscuelaParaTodos
encuentra todas las herramientas para exigir y proteger el derecho a la
educación inclusiva.G
A la escuela se va a aprender. Claro, también a socializar, a jugar, a ser
reconocido por los demás. Pero los aprendizajes significativos no
pueden faltar. Los niños y niñas con discapacidad tienen derecho a
que se les brinden apoyos al momento de la evaluación y, en los casos
en que sea necesario, que la evaluación, sus contenidos y
metodologías se flexibilicen. No se trata de evaluar a todos de la
misma manera, sino evaluarlos a todos en condiciones de igualdad
para verificar sus avances.

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