El tratamiento de las minorías en la narrativa de Manuel Mujica Lainez
La narrativa de Manuel Mujica Lainez ha sido ampliamente estudiada desde una
perspectiva historicista1. Particularmente, los cuentos de Misteriosa Buenos Aires (1950)
constituyen un fiel retrato de la metrópolis en sus diferentes épocas. En este sentido, el texto
evidencia una profunda investigación de las características, las problemáticas y las dinámicas
relacionales de la sociedad porteña a lo largo de la historia.
Sin embargo, hay una serie de aspectos que quedan al margen de esta clase de
estudios y que han sido poco trabajados por la crítica literaria. El tema que atañe el presente
trabajo es uno de ellos: el tratamiento que realiza Manuel Mujica Lainez de las minorías en
los cuentos “El espejo desordenado, 1643”, “La pulsera de cascabeles, 1720” y “El salón
dorado, 1904” de Misteriosa Buenos Aires (1950). Este tratamiento particular constituye una
novedad para la literatura de la Argentina de aquella época y dispara el interrogante sobre
cuál es la forma en que el autor aborda las minorías en los cuentos y en qué radica su
singularidad.
La hipótesis que se plantea es que el tratamiento de las minorías sexuales y
afroamericanas por parte del autor permitiría identificar una lectura opuesta a la
discriminación de que son objeto estos grupos. Sin embargo, el abordaje realizado de la
minoría judía es diferente y podría responder a un posicionamiento antisemita adoptado por
Mujica Lainez. Asimismo, la singularidad del trabajo del autor sobre estos temas radicaría en
la utilización de la literatura como un espacio para estos grupos, a los que siempre se les negó
su lugar en la realidad, en un contexto de producción sin precedentes similares.
Se pretende analizar los tres cuentos focalizando el análisis en el modo como allí se
configuran y relacionan con otros elementos las minorías. Luego, deducir del trabajo literario
1 En esta línea, pueden consultarse los estudios de Cristina Piña y Jorge Cruz.
del autor su visión acerca del tema. Finalmente, hallar los elementos que hacen al abordaje de
Lainez del tema singular en su contexto de producción.
El trabajo de las minorías en la obra de Lainez ha sido estudiado por Diego Niemetz
en su libro Aventuras y desventuras de un escritor: Manuel Mujica Lainez en el campo
cultural argentino (2016). Allí, el autor recupera la presencia de minorías africanas en “La
pulsera de cascabeles, 1720”. Además, en su artículo “Sobre hadas y brujas: algunos retratos
femeninos en la obra de Manuel Mujica Lainez” (2014), realiza un panorama general de los
grupos de minorías que aparecen con recurrencia en las obras del autor.
Otro antecedente es el trabajo de Verónica Chelotti “«El salón dorado». Tiempos de
cambio en La misteriosa Buenos Aires” (2018). En él, la autora estudia una adaptación
cinematográfica de “El salón dorado, 1904” en la que se interpreta abiertamente que Ofelia
está enamorada de Matilda. Esta lectura está en consonancia con la hipótesis que estructura el
presente estudio.
El trabajo se apoyará en los postulados teóricos de Itamar Even-Zohar en su teoría de
los polisistemas (1990). Tal enfoque es pertinente al análisis porque ofrece una visión global
del fenómeno literario, comprendiendo los elementos asociados a las instancias de
producción, circulación y recepción de las obras. Soslayar estas variables priva al análisis de
una comprensión completa del significado de la obra. Asimismo, las reflexiones de Gisele
Sapiro en La sociología de la literatura (2016) brindan un soporte apropiado para el abordaje
del tema.
Por otro lado, es preciso explicitar la definición de minoría que aquí se considera.
Esta es la del sociólogo Louis Wirth (1945, citado por Osborne, 1996):
«Un grupo minoritario» —dice Wirth— «es cualquier grupo de personas que, a causa
de sus características físicas o culturales, se encuentra sometido a una discriminación
respecto de los demás miembros de la sociedad en la que vive, recibiendo de esta un
trato diferente e injusto». (p. 79)
El sistema literario, desde la teoría de los polisistemas, retoma la noción dinámica de
sistema propuesta por el funcionalismo, según la cual pueden hipotetizarse relaciones entre
un conjunto dado de observables asumidos. Este conjunto no es, por lo tanto, una entidad
independiente de la realidad, sino dependiente de las relaciones propuestas. Los fenómenos y
relaciones pueden catalogarse como literarios en la medida en que se vean afectados por la
red de relaciones que se han dado en llamar literarias (Even-Zohar, 1990, p. 25).
Las obras literarias no son ajenas a los demás componentes del sistema literario ni a
su contexto de producción, sino el resultado de la combinación de estos factores y la
capacidad creadora de los escritores. Como afirma Sapiro (2016): “Las condiciones de
producción y de circulación de las obras están condicionadas [...] por las relaciones que los
poderes políticos, económicos y religiosos mantienen con la literatura y por el rol social que
estos le asignan.” (p. 51).
Debe tenerse en cuenta que en el contexto de producción de Misteriosa Buenos Aires,
la Argentina de mediados del siglo XX, la pertenencia a una minoría, en el sentido en el que
Wirth entiende el término, revestía una situación mucho más grave y compleja que en la
actualidad. Los primeros avances en materia de derechos humanos y tolerancia colectiva para
con los grupos minoritarios no se producirían sino hasta décadas más tarde.
Por lo tanto, los escritores de la época no podían representar abiertamente en sus
narrativas este tipo de personajes. En cambio, se observa una recurrencia a prácticas como la
autocensura o el doble lenguaje, que incitan a la decodificación de mensajes “entre líneas”.
Mediante estas técnicas, un autor puede emitir un mensaje rebelde respecto de la ideología
dominante de su época, pero de manera discreta. Ciertamente, en la producción de una obra
pesan dos tipos de condicionantes externos: ideológicos y económicos. En el caso de los
primeros, se trata de la ideología dominante, que controla la producción mediante
instituciones estatales y/o religiosas, ya que ostentan un gran poder simbólico dentro del
campo literario y, en consonancia con los postulados de Even-Zohar (1990), determinan las
reglas y normas específicas que permiten la producción y la comprensión de cualquier
producto (se trata de las instituciones que establecen un determinado "repertorio"). En el caso
de los segundos, se trata del mercado (Sapiro, 2016. pp. 51-53).
Una lectura minuciosa de “El salón dorado, 1904” revela la presencia de estas
prácticas. Al sumergirse en la historia, el lector se encuentra con un personaje, Ofelia, que, en
principio, es descripto conforme a un estereotipo de mujer lesbiana, aunque esto no se
menciona de forma explícita. El siguiente fragmento lo refleja especialmente:
Ofelia la alza en sus brazos robustos y la lleva al baño en el sillón de ruedas. [...]
Ofelia, con su masculina brusquedad... taciturna, severa... Debió librarse de ella hace
muchos años. [...] Ofelia... Ofelia... Ofelia es como un hombre. A ninguno se le
ocurriría pensar en ella como mujer. Y Ofelia rompe a llorar, con un llanto grotesco,
un llanto de hombre desesperado. [...] Ofelia recorta los vocablos y las muecas le
tironean los rasgos hombrunos. (Mujiza Lainez, 1950, p. 144)
Esto se encuentra en consonancia con el hecho de que, a lo largo de la trama, Ofelia
parecería experimentar un sentimiento de atracción hacia Matilda, la sobrina de su patrona.
Esto es detectado por Sabina, quien lo verbaliza de la siguiente manera:
¡Y cuánto quiso a la niña Matildita! Eso también lo adivinó la señora. Todo tenía que
adivinarlo, porque vivían ocultándole, fingiéndole. Tal vez la quiso demasiado... tal
vez demasiado... ¡vaya una a saber! ... pero ahora la ratita gris ha muerto… (Mujica
Lainez, 1950, pp. 144-145)
Sin embargo, por más evidente que resulte esta apreciación, no deja de ser una posible
intención connotativa. Esta podría ser una medida a través de la cual el autor habría
pretendido incluir la representación de una minoría sexual pero evitando en el proceso las
potenciales críticas negativas o el rechazo por parte de los lectores. Cabe mencionar que esta
lectura de la relación Ofelia-Matilda es representada abiertamente en la adaptación
cinematográfica de tres de los cuentos del libro De la misteriosa Buenos Aires (1981). Como
afirma Chelotti (2018), Ofelia “está enamorada de una mujer en una época en la que el
respeto por la diversidad sexual era una utopía irrealizable.” (p. 112).
En “La pulsera de cascabeles, 1720”, se muestra a la minoría afroamericana
finalmente vengándose de la injusticia en la que se veían sumidos. Allí, Bingo, uno de los
esclavos, mata al inglés que los tiene en cautiverio y que violaba a su hermana. Mujica
Lainez le da voz a este grupo poniendo de relieve la posibilidad de rebelión, lo que manifiesta
el desacuerdo del autor con la práctica de la esclavitud. Esto termina de clarificarse en el
último fragmento del relato:
El ciego da un paso, dos, tres, balanceándose pesadamente, y su capuchón se
derrumba en la humedad del hoyo. El negro no le concede un segundo de respiro.
Levanta la pala como un hacha y, de un golpe, le parte el cráneo. Luego, sin un
instante de reposo, empieza a cubrirlo de tierra. La pulsera de cascabeles lanza por
última vez su pregón al aire, cuando cae en la fosa, sobre la casaca color aceituna. En
la factoría roncan los ingleses su borrachera, y los esclavos despiertos se abrazan,
tiritando de frío. (Mujica Lainez, 1950, p. 55)
Por último, desplazando el análisis hacia el abordaje de la minoría judía, en “El espejo
desordenado, 1643”, en contraste, se observa una estrategia distinta. El autor se posicionaría,
ya no del lado del oprimido, sino del grupo opresor. Esto no sorprende si se toma en
consideración el hecho de que la formación del autor pertenecía tanto al sector del
nacionalismo católico como al sector liberal (Niemetz, 2019, p. 101). Dicho aspecto
autobiográfico se traduciría en una representación estigmatizada de los judíos, tal como lo
evidencia la descripción de Simón, el protagonista del relato:
Simón del Rey es judío. Y portugués. Disimula lo segundo como puede, hablando un
castellano de eficaces tartamudeos y oportunas pausas. Lo primero lo disfraza con el
rosario que lleva siempre enroscado a la muñeca, como una pulsera sonora de
medallas y cruces, y con un santiguarse sin motivo. Pero no engaña a nadie.
Asimismo es prestamista y esto no lo oculta. Tan holgadamente caminan sus
negocios, que sus manejos mueven una correspondencia activa, desde Buenos Aires,
con Chile y el Perú. [...] La fortuna y la alianza han alentado las ínfulas de Simón,
hinchándole, y alguno le ha oído decir que si se llama del Rey por algo será, y que si
se diera el trabajo de encargar la búsqueda a un recorredor de sacristías, no es difícil
que encontraran un rey en su linaje. (Mujica Lainez, 1950, p. 28)
Finalmente, es constatable que la narrativa de Manuel Mujica Lainez en Misteriosa Buenos
Aires, y en particular en las obras aquí analizadas, configura un espacio de personajes
heterogéneos, marginales y grupos sociales minoritarios, quienes adquieren una deliberada y
singular representación por parte del autor, en el seno de un contexto socio-histórico y
cultural ―entendiendo también al sistema literario y al conjunto de sus elementos como parte
de él― en que dichas minorías eran objeto de discriminación. Paralelamente, y en
contrariedad con este posicionamiento de tolerancia, Lainez parece sugerir un juzgamiento
antisemita al retratar de forma estigmatizada a la minoría judía.
El presente trabajo da cuenta de ello a través del análisis de tres cuentos: (1) “El salón
dorado, 1904”, en cuyo relato uno de los personajes femeninos, Ofelia, pertenecería a una
minoría sexual. Dicha situación quedaría retratada en la historia mediante cierta “discreción”
por parte del autor; (2) “La pulsera de cascabeles, 1720”, en donde el personaje Bingo,
esclavo afroamericano, asesina a un negrero inglés en nombre del colectivo social del cual
forma parte (que representa una minoría), entendiendo este acto como una manifestación de
venganza; (3) y, finalmente, “El espejo desordenado, 1643”, cuyo protagonista, Simón,
encarna de modo prejuicioso el arquetipo de “judío”. Esta circunstancia, a su vez,
comportaría una intencionalidad denigrante y discriminatoria en línea con la formación
ideológica del autor.
Cabe decir, por último, que las potenciales reflexiones/lecturas que puedan elaborarse a
propósito de la narrativa de Lainez, y más concretamente de su obra Misteriosa Buenos Aires,
en modo alguno se agotan en la interpretación efectuada en el presente trabajo. Este tan solo
representa una aproximación crítica y teórica, supeditada a un objeto que, en sí mismo,
resulta relativo en su dimensión epistemológica: la literatura. En este sentido, la crítica
literaria puede hallar en la prolífica obra de Mujica Lainez y en la riqueza de su prosa un
punto de interés para desarrollar una diversa gama de análisis.
Referencias bibliográficas
Chelotti, V. (2018). El salón dorado. Tiempos de cambio en De la misteriosa Buenos Aires.
Sociales y virtuales 5, 110-121.
Even-Zohar, I. (1990). El sistema literario. Poetics today 11(1), 27-44.
Mujica Lainez, M. (1950). Misteriosa Buenos Aires. Sudamericana.
Niemetz, D. (2016). Aventuras y desventuras de un escritor: Manuel Mujica Lainez en el
campo cultural argentino. Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional
de Cuyo.
Niemetz, D. (2014). Sobre hadas y brujas: algunos retratos femeninos en la obra de Manuel
Mujica Lainez. Boletín GEC 18, 86-98.
Niemetz, D. (2019). “Yo iré y tú te quedarás hasta que regrese”: el judío errante en la
narrativa de Manuel Mujica Lainez. Cuadernos del CILHA 20(1), 99-123.
Osborne, R. (1996). ¿Son las mujeres una minoría? Isegoría 14, 79-93.
Sapiro, G. (2016). La sociología de la literatura. FCE.