Inteligencia Emocional y Alianza Terapéutica
Inteligencia Emocional y Alianza Terapéutica
ALIANZA TERAPÉUTICA
La alianza terapéutica (AT), en conjunción con las variables del terapeuta, explica la mayor parte de la
varianza en los resultados de la terapia. Además, es uno de los predictores más robustos de resultados del
tratamiento para adultos, niños y adolescentes (Hazell, 2003; Hovarth & Bedi, 2002; Horvath & Greenberg,
1989; Karver, 2003) y del involucramiento del consultante con la terapia (Karver et al., 2008).
La AT implica una conexión emocional, es decir, de apego con el terapeuta, y una cognitiva, o de
esperanza en el tratamiento y disposición para involucrarse en el mismo (Bordin, 1979; Karver,
Handelsman, Fields & Bickman, 2006). El vínculo de colaboración mutua, confianza, cuidado y respeto es
uno de los aspectos fundamentales de la AT y eje fundamental para la exploración del mundo interno
(Luborsky, 1984; Orlinsky, Grawe & Parks, 1994; Parish & Eagle, 2003; Safran & Murran, 2000).
La AT se construye y varía a lo largo de la terapia y como proceso interpersonal, depende no solo de las
destrezas técnicas del terapeuta, sino de sus características personales y de variables relacionales del
consultante.
APEGO
“El apego es cualquier forma de conducta que tiene como resultado el que una persona obtenga o retenga
la proximidad de otro individuo diferenciado y preferido, que suele concebirse como más fuerte y/o más
sabio” (Bolwy, 1985). Las figuras de apego son las personas que van a ir permitiendo al niño obtener
sensaciones de valía y seguridad.
EL APEGO DEL TERAPEUTA EN LA ALIANZA TERAPÉUTICA
La evidencia indica que la seguridad del terapeuta se asocia con la habilidad para responder a las
necesidades del consultante (Dozier, Cue & Barnett, 1994) y con menores choques entre terapeuta y
consultantes (Mallinckrodt, 2000). Por el contrario, los terapeutas más ansiosos responden de manera
menos empática ante las rupturas en la AT, (Rubino, Barker, Roth & Fearon, 2000) y el vínculo ansioso del
terapeuta se asocia con problemas en el desarrollo de la AT temprana (Sauer, López & Gormley, 2003).
Cuestionario de Apego Adulto (Melero y Cantero, 2005) Melero, R y Cantero, M.J. (2008). Los estilos
afectivos en la población española: un cuestionario de evaluación del apego adulto. Clínica y
Salud, 19(1), 83.
4 factores:
REFUGIO SEGURO: Son las personas a las que acudir en busca de protección en caso de peligro o
amenaza. La función de refugio seguro es permitir al niño explorar y alejarse gradualmente de los
cuidadores, confiando en su disponibilidad.
BASE SEGURA: Requiere las siguientes características:
- Padre: Se habla y piensa con los patrones aprendidos de una figura autoritaria en la niñez. Es una
copia de la infancia.
- Adulto: Estado más racional y realista
- Niño: Es el estado más impulsivo y espontáneo.
La definición más ajustada y completa del Guion de Vida la ubica Berne en el final de su libro póstumo:
“Un guion es un programa progresivo, creado en la primera infancia bajo la influencia paterna, que dirige la
conducta del individuo en los aspecto más importantes de su vida (Berne, 1983b, p. 456)
1er componente: Conocimiento de uno mismo
Para finalizar este componente, queremos proponer algunas preguntas-guía relacionadas con el
autoconocimiento y el desarrollo personal en términos de la propia construcción como persona única.
Y si asumimos el riesgo de preguntarnos quiénes queremos ser, debemos estar dispuestos a aceptar la
respuesta genuina, por muy divergente que sea.
Para facilitar el Autoconocimiento es conveniente que realicemos un análisis de las facetas que componen
nuestro -YO-, cumplimentando cada apartado de la forma más exhaustiva posible:
- Psicopatología
- Características personales
- Historia previa
- Terapias anteriores
- Contexto…
¿Cómo te sientes respecto a este cliente/paciente? ¿Etiquetas? ¿Qué supone esa etiqueta? ¿Confías en
su capacidad de cambio?
2ºCOMPONENTE: GESTIÓN DEL MUNDO EMOCIONAL
Metáfora del desarrollo personal como ascensión
El segundo componente de la inteligencia intrapersonal tiene que ver con el mundo de las emociones, de
los sentimientos, de las motivaciones y de una adecuada gestión de estos elementos. Implica
conocimiento, regulación y autonomía emocional. Esto es, requiere estrategias como la auto-regulación,
auto-control, auto-motivación, etc., en un nivel cada vez más complejo y elaborado.
Resulta de interés evocar la película Inside Out, cuya protagonista, una niña, va viviendo diferentes
situaciones y van apareciendo sentimientos que deben ser gestionados desde un centro de control. Estos
sentimientos generan recuerdos, en forma de esferas luminosas. Los recuerdos esenciales son los que
requieren de una impronta emocional más fuerte. Sin esos recuerdos “yo no sería yo”. Las emociones
cada vez se van haciendo más complejas, así́ como su gestión, hasta el extremo de tener que modificar el
sencillo control de mandos inicial por otro mucho más complejo y sofisticado.
En este componente de la inteligencia intrapersonal hay un proceso de evolución, de transición desde lo
básico a lo más complejo. Según la teoría evolutiva de las emociones, pasamos de las protoemociones a
las emociones morales. Y de acuerdo con una curiosa teoría de las emociones, evolucionamos desde las
emociones básicas a los más de cuatrocientos matices emocionales.
- Es por eso que, en relación al control emocional, se propone la metáfora del desarrollo personal
como “ascensión”, como proceso que se va haciendo más complejo y que requiere
progresivamente mayores esfuerzos y recursos personales. Ascensión que implica ir superando
etapas, gestionando dificultades, tomando descansos para reponer las energías y continuar
avanzando a base de controlar los riesgos y disfrutar de los logros.
- La idea del desarrollo personal según etapas normativas cada vez más complejas hasta llegar a
una cierta plenitud está en la base de los modelos prescriptivos del desarrollo. Las etapas de
desarrollo cognitivo (Piaget), psicosexual (Freud), psicosocial (Erikson), moral (Kohlberg) y de
cognición social (White) son ejemplos de estas teorías normativas. Frente a estas teorías,
contamos con los modelos fenomenológicos del desarrollo humano (Zacarés y Serra, 1997). En
ellos, lo que importa son las autopercepciones que la persona tiene cuando se compara consigo
misma a través de la dimensión temporal: ¿voy cambiando a mejor? Esta idea nos acerca más al
principio de autorrealización de Rogers (1979), en un proceso también ascendente pero
idiosincrásico, personal e intransferible.
- En cualquier caso, una adecuada gestión del mundo emocional es un característica prototípica de
la persona madura y una condición necesaria para una vida plena y satisfactoria. Así́lo describen la
mayoría de estos modelos teóricos fenomenológicos bajo términos diversos (madurez emocional,
relación emocional con otras personas, seguridad emocional, entre otros).
INTELIGENCIA INTRAPERSONAL
¿Qué importancia y repercusión tiene la Inteligencia Intrapersonal del terapeuta en el contexto de terapia?
INTELIGENCIA INTRAPERSONAL Y ACEPTACIÓN
La actitud de aceptación es la que permite al terapeuta asomarse al mundo interno del cliente de
una forma más “ingenua”, con la menor cantidad de prejuicios posibles.
Aceptación positiva vs aceptación neutral
La aceptación positiva incondicional es una actitud que valora profundamente la humanidad del
otro como persona digna y valiosa sin importar los sentimientos y pensamientos. Implica en el
terapeuta el respeto por todas las actitudes del cliente por más que sean contradictorias con los
valores de quien acepta. Es la aceptación de las diferencias, de las experiencias tanto del
terapeuta como las de su cliente sin interferir en ellas con ideas y prejuicios personales (Rogers,
1961).
Aceptación y comprensión empática como elementos curativos
Lo distintivo de esta actitud terapéutica es su permanencia a lo largo del tiempo
independientemente de la vivencia y actitud del cliente. Las intermitencias en el ejercicio de la
aceptación no favorecen y son perjudiciales para el desarrollo emocional del cliente; que puede
aprender que hay aspectos de sí mismo que son dignos de ser aceptados y otros no, en lugar de
sentirse valorado como ser humano tal como es, como una persona única y valiosa. No se trata de
lograr una “buena” aceptación logrando tan solo una alianza terapéutica tolerable sino de saber que
tanto la comprensión empática como la aceptación son herramientas que tienen efectos curativos
en quien las recibe (Mearns y Thorne, 2009).
Aceptación y Supervisión (LA TERAPIA DEL TERAPEUTA)
El desafío de la aceptación está en cuanto un cliente puede ser demasiado defensivo y desafiante,
pudiendo manifestarlo de manera agresiva hacia el profesional. Puede ocurrir que esta aceptación
de base puede ponerse a prueba por clientes cuya conducta exterior puede ser desagradable. Por
eso cada terapeuta es humano y tiene sus propios límites. El desafío está en que dichos límites
sean lo más amplios posibles en el sentido que no interfieran el proceso de desarrollo del cliente.
De ahí que la importancia de la supervisión del profesional y de la participación en un propio
proceso de cambio terapéutico es indispensable por parte del profesional para lograr mayor
aceptación primero de sí mismo y luego de sus clientes. Realizando una terapia en el enfoque en la
persona, el terapeuta podrá tomar mayor conciencia de sus valores y del efecto que éstos tendrán
en su aceptación porque es cuando sus valores son contrariados o amenazados cuando él
encontrará más fácilmente volverse condicional en la valoración de su cliente (Mearns y Thorne,
2009).
ACEPTACIÓN INCONDICIONAL POSITIVA
Si bien el enfoque centrado en la persona reconoce la benevolencia que pueda tener una actitud
neutral en cuanto al rol del terapeuta en lo que respecta a no dirigir al entrevistado concediéndole
más importancia a un tema que a otro del relato en virtud de prejuicios personales, pregona algo
más que una neutralidad: la aceptación incondicional positiva, la cual tiene que ver con un cálido
respeto hacia la humanidad del consultante, no teniendo que controlarse en cuanto a mantener una
rigidez gestual en el rostro o en cuanto a la emisión de comentarios de calidez para con el cliente.
“Se trata aquí de mucho más que una neutralidad, por muy benévola que esta pueda ser. Es un
empeño afectivo y positivo, es un interés o también como dice el propio Rogers, es amor, pero no
un amor posesivo” (Giordani, 1998 p. 86). Entendemos a esto como a un afecto genuino que se
expresa en el deseo por parte del terapeuta que su cliente pueda contactarse con sus sentimientos
sean esos de orgullo, miedo, confusión, amor, etc. y poder comprenderse aún más para poder
superar los bloqueos y defensas con los cuales ha estado viviendo por muchos años.
- Consciencia emocional. Capacidad para tomar consciencia de tus propias emociones y de las
emociones de los demás, ponerles nombre y usar adecuadamente un vocabulario emocional,
captar el clima emocional de un contexto determinado e interpretar adecuadamente la interacción
entre emoción, cognición y comportamiento.
- Autoconocimiento. Toma de consciencia de tus fortalezas y debilidades. Conocer tus valores y
jerarquizarlos adecuadamente (creencias fundamentales que te ayudan a preferir o apreciar una
cosa en lugar de otra, principios que verdaderamente te importan y te permiten orientar tu
comportamiento hacia una vida de propósito)
- Autoconfianza. Convicción de que puedes hacer y alcanzar los objetivos que te propongas,
contando con la ayuda de tus capacidades, talentos, experiencias y conocimientos. Por supuesto,
esto incluye el aprovechar otros recursos: lo económico, lo físico y lo intelectual. La seguridad de
poder lograr tus objetivos fortalecerá tu propia estima. Creer que puedes hacer lo que plantees
mantendrá en un buen nivel tu aprecio personal.
LAS PERSONAS CON CONSCIENCIA EMOCIONAL
Saben lo que están sintiendo y por qué.
Comprenden la relación existente emociones, pensamiento, acciones y consecuencias.
Entienden que sus emociones influyen en su rendimiento. Conocen sus valores morales y sus
objetivos vitales.
Controlan sus emociones más conflictivas.
Captan los sentimientos de quienes los rodea.
Desarrollan habilidades adecuadas para adaptarse al entorno.
Son conscientes en todo momento de sus emociones, reconociendo las señales físicas que les
acompañan y son capaces de expresar sus sentimientos sin dejar de ser socialmente correctos.
AUTO-REGULACIÓN
Regulación emocional. Gestión adecuada de tus estados, impulsos y recursos internos.
Capacidad para manejar tus emociones e impulsos conflictivos de forma apropiada. Capacidad
para autogenerar emociones adaptativas que te lleven al resultado esperado.
Flexibilidad. Capacidad para adaptarte adecuadamente a los cambios del entorno.
Innovación. Capacidad para sentirte cómodo y abierto ante las nuevas informaciones e ideas,
nuevos enfoques y percepciones de la realidad.
Auto-regulación y metacognición 1
La metacognición es la capacidad de reconocer el estado mental de uno mismo, tolerándolo y regulándolo,
reconociendo simultáneamente la mente de un otro con un contenido mental diferenciado del propio
(Semerari et al., 2003). Las personas con una consciencia metacognitiva pueden observar sus
pensamientos y emociones como eventos mentales pasajeros en vez de productos definitorios de uno
mismo (Teasdale et al., 2002). La TCAP se centra en el cambio de la relación que establece el sujeto con
el contenido negativo (pensamientos y sentimientos) y lo hace mediante la intervención en lo sensitivo. La
atención plena (AP), o mindfulness, ha sido definida como llevar la atención a las experiencias en el
momento presente, aceptándolas y sin juzgar (Kabat-Zinn, 1990). Uno de los mecanismos que se ha
identificado como fundamental para entender la eficacia de un entrenamiento en AP es la metacognición
(Spada, Georgiou y Wells, 2010). La atención en este estado es amplia y flexible y es capaz de fluctuar de
un pensamiento a otro sin quedarse atrapada en los contenidos. La AP es una disposición natural de las
personas cuya su presencia puede variar en función de factores que favorezcan o disminuyan su
presencia (Soler et al., 2014). Por lo tanto, puede ser concebida como rasgo o estado (Brown y Ryan,
2003). El paradigma de la AP como rasgo plantea la posibilidad de que una disposición para la AP pueda
emerger como factor amortiguador en el desarrollo de diferentes patologías (Pérez y Botella, 2007).
Auto-regulación y metacognición 2
Uno de los mecanismos principales subyacentes a la AP (Getch et al., 2014; Hargus, Crane, Barnhofer y
Williams, 2010) y fundamental en el desarrollo de un insight metacognitivo (Teasdale et al., 2002) es el
descentramiento, que se describe como la capacidad de centrarse en el presente en una postura sin
prejuicios hacia pensamientos y sentimientos aceptándolos (Fresco et al., 2007). Su entrenamiento es un
eje central en las intervenciones basadas en atención plena y está relacionado con el aumento de
sensación de bienestar y la reducción de síntomas depresivos (Shapiro, Carlson, Astin y Freedman, 2006;
Teasdale et al., 2002). Esta toma de distancia respecto a los contenidos mentales permite tener en cuenta
otras perspectivas, reconocer la subjetividad del pensamiento y la desidentificación. El proceso de
descentramiento otorga un papel activo al sujeto en su proceso de construcción de la realidad; al
reconocer la subjetividad y volubilidad de los contenidos mentales (desidentificación e impermanencia) se
hace cargo de cómo los está viviendo (Safran y Segal, 1994). El descentramiento es el antídoto de la
rumiación y evitación, estrategias relacionadas con el desarrollo de síntomas depresivos y ansiosos
(Dragan y Dragan, 2014; Getch et al., 2014). Además, permite tomar distancia de las respuestas
automáticas (taquicardias, crisis, ataques de pánico, entre otros) hacia los contenidos mentales y “frenar”
el ciclo que se puede activar ante la percepción de estas señales (Teasdale et al.,2002).
Motivación:
Automotivación. Darte a E mismo razones, impulsos, entusiasmo e interés para provocar una
acción específica o un determinado comportamiento.
Motivación al logro. Capacidad para esforzarte por mejorar y satisfacer un determinado criterio de
excelencia.
Compromiso y responsabilidad. Hacer lo que has decidido hacer para lograr aquello que te has
propuesto. Aceptar en gran medida que los resultados dependen de E. Ser protagonista y tener
control de tu propia vida. Es el compromiso manifestado en la acción.
Determinación. Persistencia en la consecución de los objetivos a pesar de los obstáculos y los
contratiempos.
Optimismo. Tendencia a ver y a juzgar las cosas en su aspecto más positivo o más favorable.
Resiliencia y tolerancia a la frustración. Sobreponerte a períodos de dolor emocional y a
situaciones adversas. Capacidad para superar circunstancias traumáticas.
Postergación de la recompensa o gratificación. Control de los impulsos y de la voluntad.
Capacidad de para esperar con el fin de obtener algo que deseas.
- Atención a los sentimientos (ítems 1 al 8) que explora el grado en el que las personas creen
prestar atención a sus emociones y sentimientos.
- Claridad emocional (ítems 9 al 16) que refiere cómo las personas creen percibir sus emociones.
- Reparación de las emociones (ítems 17 al 24) que indaga la creencia del sujeto en su capacidad
para interrumpir y regular estados emocionales negativos y prolongar los positivos.
Cada ítem incluye cinco opciones de respuesta: nunca, raramente, algunas veces, con bastante
frecuencia y muy frecuentemente, con valores ordinales de 1 al 5.
Desde un enfoque de la psicología positiva, resulta fundamental considerar el estudio de los recursos
personales con que podrían contar los terapeutas, tanto para disminuir como para prevenir el desarrollo
del desgaste por empatía. Pareciera que de las habilidades emocionales, la inteligencia emocional, es la
que está adquiriendo cada vez más importancia en el área laboral (Berrios-Martos, Landa y Aguilar- Luzón,
2006), y podría jugar un rol fundamental en la disminución del impacto de situaciones altamente
estresantes (Morante-Benadero, 2007), así como en la eficacia laboral y social (Limonero et al., 2004).
En la mayoría de las profesiones, existen situaciones que producen reacciones y respuestas en las
personas, afectando al rendimiento y al buen desempeño del trabajo.
La Organización Mundial de la Salud (1984) define al trabajo como un factor importante que favorece la
salud pero que, al mismo Eempo, en condiciones desfavorables persistentes, favorece la aparición de
malestar Nsico y mental y la disminución de los recursos personales.
Determinadas profesiones, por su actividad misma, mantienen un contacto directo y continuo con personas
que sufren, exponiéndose a un desgaste emocional (Cazabat, 2009, Cerezo- Huerta, 2005; Morejo-
Jiménez, Meda-Lara, Moran- te-Benadero, Rodríguez-Muñoz y Palomera-Chávez, 2006; Redondo, Depaoli
y D´onofrio, 2011). Los profesionales de la salud, especialmente los psicoterapeutas, se enfrentan
constantemente al material estresante que los pacientes traen a la consulta psicológica o psiquiátrica
(Cazabat, 2002), siendo más vulnerables a sufrir lo que se denomina desgaste por empatía (Cazabat,
2009). El desgaste por empatía, puede desarrollarse cuando una persona se ha enterado o ha
presenciado algún acontecimiento traumático, sumado a un intenso sentimiento de empatía y deseo, por
parte del profesional, por ayudar a aliviar su dolor (Cazabat 2002; Pérez-Viejo y Montalvo-Hernández,
2010).
ATENCIÓN Y PERCEPCIÓN EMOCIONAL
La atención emocional evalúa la habilidad para prestar atención a las emociones y estados de ánimo
(Salovey y Mayer, 1995).
Una alta o baja atención emocional no es productiva.
- Una persona que posee niveles bajos en atención emocional, no tendría en cuenta sus estados
afec8vos, por lo tanto no u8lizaría esta información para regular sus estados de ánimo.
- La persona que presta demasiada atención a sus emociones, quedaría estancada en esta posición
y no llevaría a cabo planes de acción para regular sus estados de ánimo (MontesBergés y Augusto,
2007). Atención y percepción emocional
Los sujetos que prestan mayor atención a sus emociones tienen elevados niveles de ansiedad como
respuesta, frente a la mayoría de las situaciones de la vida diaria (Salguero, Ruíz, Fernández- Berrocal y
González-Ordi, 2008). Además, u2lizan estrategias de afrontamiento desadapta2vas: evitación, rumiación,
supresión de pensamiento y autoculpabilidad (Mar>nez et al., s.f.; Rogers, Qualter, Phelps y Gardner,
2006), por lo que las personas que prestan muy poca o demasiada atención a sus emociones, serán más
vulnerables a experimentar cansancio emocional (Extremera, Duran y Rey, 2010) y por ende los efectos
adversos del estrés.
COMPRENSIÓN Y DISCRIMINACIÓN EMOCIONAL
Se definen como la habilidad para diferenciar los propios estados de ánimo y emociones (Mayer y Salovey,
1997).
Las personas que tienen mayor facilidad para diferenciar sus emociones, etiquetarlas, comprender el
origen y posibles consecuencias de sus estados de ánimo, gozan de mejores niveles de salud (Extremera
et al., 2010).
Los individuos que conseguían puntajes altos, eran menos vulnerables a las reacciones de angustia,
tendían a no estar deprimidos y poseían buenos niveles de autoestima (Salovey y Mayer, 1995).
En el ámbito laboral, los individuos con una alta discriminación de sus emociones, son sujetos con
expectativas más positivas sobre el futuro, mayor competencia profesional (Extremera et al., 2010), altos
niveles de dedicación y realización personal (Duran, Extremera y Rey, 2004). Presentan menores niveles
de agotamiento y estrés (Extremera et al., 2010; Salguero et al., 2008).
Los sujetos con niveles bajos en la dimensión claridad, presentan estado de ánimo lábil (Salovey y Mayer,
1995) y utilizan, frente a situaciones estresantes, estrategias de afrontamiento de evitación tanto cognitiva
como conductual (Montes-Bergés y Augusto, 2007).
Se podría decir, que las personas que pueden identificar y diferenciar sus emociones frente a una
determinada situación problemática, pasarán menos tiempo prestando atención a sus estados de
ánimo, e invertirán ese tiempo en seleccionar la estrategia de afrontamiento más adaptativa.
REPARACIÓN EMOCIONAL- EFECTOS DE LA REGULACIÓN EMOCIONAL
La regulación emocional es la habilidad que posee el sujeto para mantener sus estados de ánimo positivos
y reparar los negativos (Mayer y Salovey, 1997).
Investigaciones del contexto laboral mostraron que las personas que intentaban moderar sus emociones
negativas, informaban de menores niveles de afecto negativo y expectativas más optimistas frente a las
diversas dificultades (Anadón-Revuelta, 2006; Salovey y Mayer, 1995).
Además, hacían un mayor uso de estrategias adecuadas de afrontamiento y restructuración cognitiva
(Perea- Baena, Sánchez- Gil y Fernández-Berrocal, 2008).
Asimismo, los sujetos que frente a una situación estresante tenían la capacidad para identificar sus
emociones (claridad), llevaban a cabo estrategias para regular dichos estados de ánimo (Extremera y
Fernández-Berrocal, 2004, 2006; Fernández-Berrocal, Ramos y Extremera, 2001; Limonero et al., 2004;
Moreno-Jiménez et al., 2004; Salovey y Mayer, 1995).
Además, reportaban niveles bajos de ansiedad y depresión y mejor autoestima (Extremera y Fernández-
Berrocal, 2004, 2006; Limonero et al., 2004; Moreno-Jiménez et al., 2004; Salovey y Mayer, 1995).
Como consecuencia de los resultados obtenidos se observó que la toma de perspectiva (IRI) predice la
reparación (TMMS-24). Por lo tanto los terapeutas que tienen la habilidad para ponerse en el lugar de sus
pacientes, presentan mayor capacidad de reparación emocional.
Estos resultados concuerdan con los estudios realizados por Extremera y FernándezBerrocal (2004),
Fernández-Berrocal y Extremera (2004) y Ra- mos et al. (2007), donde se encontróque puntajes altos en
reparación emocional, se relacionaban con una mayor toma de perspectiva.
Como se ha mencionado, aquellas personas emocionalmente inteligentes tendrían la habilidad de
extrapolar sus habilidades intrapersonales al ámbito interpersonal. Por lo tanto, podría decirse que los
terapeutas que tienen la capacidad para comprender sus propias emociones y regularlas, al mismo tiempo
tendrían la habilidad para comprender y ayudar a regular los sentimientos y emociones de sus pacientes.
El profesional, al comprender a sus pacientes, no solo sería capaz de entender sus pensamientos y
emociones, sino también la causa de su malestar. Este conocimiento le permitiría reparar el estado de
ánimo del cliente, disminuyendo su malestar y realizando una reestructuración positiva de sus emociones.
En base a la relación entre la empatía y el desgaste emocional, se observó que la dimensión preocupación
empática predice el nivel de vulnerabilidad percibido por el profesional. La preocupación empática mide las
reacciones emocionales de las personas, frente a las experiencias negativas de los demás (Davis, 1983).
Por otro lado, dentro del contexto terapéutico, la empatía se refiere a la habilidad del terapeuta para
comprender los pensamientos, acciones y emociones del paciente; es decir entender el mundo del sujeto
pero no experimentarlo. Por lo tanto se podría suponer que los profesionales que se contagian con las
emociones que sus pacientes experimentan (alta preocupación empática), se centrarían más en los
sentimientos de sus clientes y consecuentemente en el deseo excesivo por aliviar su dolor, aumentando
así su nivel de vulnerabilidad para experimentar un desgaste emocional.
Puntuaciones altas en el factor toma de perspectiva, se relacionan con puntuaciones menores en
involucración profesional.
En general, tanto la falta como el exceso de involucración profesional afectan el resultado del trabajo (Main
et al., 2009). Sin embargo, la mayoría de los ítems de este factor apuntan a una sobre involucración como
por ejemplo: “siento un deseo irrefrenable de ayudar a mis clientes/pacientes más allá́ de mis funciones
profesionales específicas”; “me cuesta mantener la concentración”; “me cuesta levantarme por las
mañanas”, entre otros. De esta forma niveles bajos, en la dimensión involucración profesional, serian
adecuados.
Por lo tanto, aquellos terapeutas que poseen la habilidad para comprender, pero no experimentar, los
estados emocionales nega7vos de sus pacientes, no se verían sobre involucrados emocionalmente en la
relación paciente-terapeuta. Si este 7po de involucración exis7ese, el profesional se quedaría estancado
en el malestar del cliente y no llevaría a cabo planes de acción para regular dicho malestar. Esto afectaría
el vinculo entre pacienteterapeuta y por ende las posibilidades de cambio, al mismo 7empo que el
terapeuta sería más propenso a experimentar un cansancio emocional.
Terminamos con las propias palabras del profesor Gardner: “En resumen, pues, tanto la facultad
interpersonal como intrapersonal superan la prueba de la inteligencia. Ambas describen tentativas de
solucionar problemas que son significativos para el individuo y para la especie. La inteligencia
interpersonal permite comprender y trabajar con los demás; la inteligencia intrapersonal permite
comprenderse y trabajar con uno mismo. En el sentido individual de uno mismo, se encuentra una mezcla
de componentes interpersonales e intrapersonales. Efectivamente, el sentido de uno mismo surge como
una de las invenciones humanas más maravillosas; un símbolo que representa todos los tipos de
información acerca de una persona y que es, al mismo tiempo, una invención que todos los individuos
construyen para sí mismos” (Gardner, 1983 , p. 49).