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Tema 6

La lección aborda el concepto de Estado Constitucional de Derecho en España, establecido en la Constitución de 1978, que integra el Estado social, democrático y de Derecho. Se analizan los elementos que componen esta forma de Estado, incluyendo la importancia de la soberanía del pueblo, la protección de los derechos humanos y el principio de separación de poderes. Además, se enfatiza la necesidad de que las decisiones del poder respeten el Estado de Derecho y los procedimientos constitucionales para evitar la tiranía.

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Tema 6

La lección aborda el concepto de Estado Constitucional de Derecho en España, establecido en la Constitución de 1978, que integra el Estado social, democrático y de Derecho. Se analizan los elementos que componen esta forma de Estado, incluyendo la importancia de la soberanía del pueblo, la protección de los derechos humanos y el principio de separación de poderes. Además, se enfatiza la necesidad de que las decisiones del poder respeten el Estado de Derecho y los procedimientos constitucionales para evitar la tiranía.

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DERECHO CONSTITUCIONAL I. GRADO EN DERECHO. GRUPO 3. LECCIÓN 6.

LECCIÓN 6

EL ESTADO CONSTITUCIONAL
COMO ESTADO DE DERECHO

I. LA FORMA DE ESTADO: EL ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO DE DERECHO.


EL ESTADO CONSTITUCIONAL DE DERECHO

En la Constitución de 1978, la “forma de Estado” se regula en el apartado 1 del art. 1: “España


se constituye en un Estado social y democrático de Derecho”, mientras que la forma de gobierno
se contempla en el art. 1.3 CE. Son cuatro los elementos que componen la forma de Estado: el
Estado, el “Estado social”, el “Estado democrático” y el “Estado de Derecho”. Forman parte de
la “forma de gobierno” las Cortes Generales, el propio gobierno o la organización territorial del
Estado.
1. Por su surgimiento histórico en la Edad Moderna, el más antiguo elemento de la “forma de
Estado” es el mismo Estado: una organización de poderes que fue parcialmente heredada del
Antiguo Régimen y adaptada a los principios constitucionales: Tribunales, Poder ejecutivo,
Ayuntamientos… Ante todo, un Estado debe contar con una organización legitimada jurídica-
mente que detente el monopolio de la fuerza y sirva de centro de imputación de las decisiones
públicas: legislativas, ejecutivas y jurisdiccionales. El Estado no puede tolerar que, como ocurre
en tantos Estados nominalmente constitucionales, en su territorio existan grupos armados, en-
tidades secretas, organizaciones criminales, redes o mafias que promuevan fines contrarios a la
Constitución o que se sustraigan al poder del Estado.
2. Siguiendo la evolución histórica, a finales del siglo XVIII y principios del XIX comenzó a
surgir el “Estado de Derecho”, esto es, el principio de subordinación de los poderes públicos no
a la voluntad de un rey sino al estricto cumplimiento de las normas (imperio de la ley) por todos
los poderes públicos y todos los ciudadanos sin excepción. Entre esas normas se encuentra, en
primer lugar, la Constitución, cuyos preceptos reconocen: a) Los derechos y libertades funda-
mentales y los que forman parte del pacto constitucional de convivencia, que se erigen en límites
a la actuación de los poderes públicos; y b) El principio de separación de poderes, en virtud del
cual los poderes se controlan y limitan entre sí. Al menos, la jurisdicción constitucional contra
el poder legislativo y el poder ejecutivo, la jurisdicción ordinaria controla el poder ejecutivo y el
poder legislativo controla el poder ejecutivo.
3. A continuación, surgió el “Estado democrático” (finales del siglo XIX y siglo XX), en una
primera etapa histórica (siglo XIX), con sufragio censitario o sufragio universal masculino, a la
que siguió la implantación paulatina del principio democrático, en virtud del cual la ley debe ser
no solo un mandato general, sino también expresión de la voluntad de la comunidad, formulada
por representantes libremente elegidos por todos los ciudadanos con derecho a voto.
4. Finalmente apareció el “Estado social” (desde el segundo tercio del siglo XX) en virtud del
cual el Estado debe promover los derechos en condiciones de igualdad, lo que permite la regu-
lación, gestión y financiación de prestaciones y servicios públicos. Como ocurre con la unidad
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del Estado sus símbolos, se trata de una dimensión que no es privativa de ningún partido, ideo-
logía o tendencia política porque “lo social” define la “forma de Estado” para todos, como parte
del pacto constitucional de convivencia que todos asumieron en 1978.
Atendiendo a estos cuatro contenidos, la expresión “Estado social y democrático de Derecho”
aglutina la voluntad constitucional de configurar la comunidad política a partir de una forma de
Estado cuyos elementos son diferentes y, a la vez, están íntimamente relacionados, sin que se
pueda invocar uno de ellos prescindiendo de los demás.
a) Son diferentes porque los términos Estado de Derecho y Estado democrático
tienen significados distinguibles que no deben confundirse. Durante mucho tiempo
los “Estados de Derecho” constitucionales no fueron Estados democráticos (durante el siglo
XIX). Y durante el siglo XX, en muchos supuestos, al amparo de la voluntad popular, se han
adoptado decisiones formalmente democráticas que, sin embargo, fueron gravemente discri-
minatorias, arbitrarias o contrarias a los derechos humanos, como ocurrió en la Alemania
nazi.
b) Y están íntimamente vinculados porque las tres caracterizaciones del Estado (social,
democrático y de Derecho) integran conjuntamente y de forma indisoluble el contenido del
pacto constitucional de convivencia. Si no se garantizara un mínimo de igualdad real (Estado
social) y una mínima capacidad financiera del Estado para pagar prestaciones y servicios pú-
blicos, se imposibilitaría la vigencia del Estado de Derecho porque muchos derechos no po-
drían disfrutarse (educación, tutela judicial efectiva…) e incluso porque peligrarían la función
de integración de los elementos del Estado, el principio de unidad territorial, el principio de
cohesión social e incluso el sentimiento constitucional. Lo mismo ocurre con el Estado de-
mocrático y con el Estado de Derecho.
En consecuencia, la calificación de “Estado social y Democrático de Derecho” del art. 1.1. CE
supone un equilibrio entre cuatro contenidos en constante tensión: en primer lugar, la defensa
del Estado, su unidad y sus instituciones; en segundo lugar, el carácter determinante de la vo-
luntad popular; en tercer lugar, la garantía de los derechos humanos o las situaciones jurídicas
fundamentales de la persona, intocables incluso por la voluntad popular al afectar a la dignidad
de las personas. Es esa la razón por la cual actualmente la soberanía entendida como poder del
pueblo (democracia) no es un poder ilimitado sino limitado: la democracia no significa que el
pueblo pueda hacer todo lo que quiera con su soberanía porque, entre otros contenidos, la so-
beranía está limitada y también definida (soberanía del Derecho) por los derechos humanos.

El principio democrático y la primacía de la voluntad popular suponen que las decisiones de


esa voluntad del pueblo a través de sus representantes (leyes) son vinculantes para el resto de
los poderes públicos y para los ciudadanos, pero siempre que se respete el Estado de Derecho,
sus procedimientos, sus normas y sus límites. Como afirma la STC “En un Estado democrático,
todos los ciudadanos son iguales ante la ley y nadie está por encima de la ley” (STC 121/2021,
de 2 de junio). La democracia solo es democracia si respeta los procedimientos que garan-
ticen una efectiva participación, un suficiente conocimiento por parte de los ciu-
dadanos (límites formales) y el respeto de los derechos fundamentales de la persona
(límites materiales). En caso contrario, su ilegalidad la convierte en tiranía o dictadura. Es la
voluntad de pueblo soberano, como poder constituyente, quien establece en el texto de la Cons-
titución los procedimientos y límites que, como parte del pacto constitucional de convivencia,
legitiman la manifestación de esa misma voluntad. Las leyes y el resto del ordenamiento jurídico
derivan su legitimidad por ser expresión de la voluntad popular, pero esta solo es legítima si
respeta los procedimientos constitucionales y legales establecidos por el ordenamiento jurídico,
la unidad de del Estado y los contenidos del Estado social.
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En el caso de los procedimiento de reforma constitucional, según afirmó el Tribunal Consti-
tucional en la STC 103/2008, de 11 de septiembre, y recordó en la citada STC 121/2021, el res-
peto a los procedimientos de reforma constitucional es inexcusable, de modo que “tratar de sor-
tear, eludir o simplemente prescindir de esos procedimientos sería intentar una inaceptable vía
de hecho (incompatible con el Estado social y democrático de Derecho que se proclama en el
art. 1.1 CE) para reformar la Constitución al margen de ella o conseguir su ineficacia práctica”.

La aceptación consensuada del Estado social y democrático de Derecho en las Constituciones


se ha concretado en el paradigma del denominado “Estado Constitucional de Derecho”, cuyos
contenidos principales son los siguientes:

1. Principio de soberanía del pueblo como presupuesto formal de legitimación.

2. Declaración de derechos y garantías efectivas de los derechos de todos los ciudadanos,


especialmente de los derechos humanos de las personas.

3. Principio de separación y colaboración entre poderes.

4. Imperio de la Ley: Pleno sometimiento de la Administración a la ley y al Poder Judicial.

5. Principio de representación en el Parlamento con sufragio universal, libre directo y se-


creto.

6. Principio de participación ciudadana e instituciones de participación directa del pueblo:


referendo e iniciativa legislativa popular.

7. Principio de responsabilidad de los poderes públicos.

8. Principio de alternancia o reversibilidad de las opciones políticas. Institucionalización


de la oposición política.

9. Promoción de la igualdad real entre ciudadanos.

10. Respeto y promoción del pacto constitucional de convivencia.

II. EL ESTADO DE DERECHO

Nuestra Constitución configura el Estado en el art. 1.1 como Estado social y democrático de
Derecho. De estas tres propiedades, en el Capítulo 4 estudiamos el Estado de Derecho, dedi-
cándose el Capítulo 5 al Estado social y el Capítulo 6 al Estado democrático.
Históricamente fue la primera caracterización del Estado. Aunque la sujeción al Derecho está
presente en el Bill of Rights (1689) de Inglaterra o en la Constitución de Cádiz (1812), el concepto
Estado de Derecho (en alemán, Reichtstaat) es un término acuñado por Robert von Möhl en
1832. En inglés, su significado más cercano sería el de rule of law y significa que todos (ciuda-
danos y poderes públicos) estamos sometidos al Derecho conforme a las siguientes notas:

1. Imperio de la ley. El imperio de la ley supone que las decisiones de la autoridad se


tomarán en aplicación de mandatos generales. En virtud de la función legitimadora
de la Constitución, la ley habilita a las autoridades para actuar y, al tiempo, limita su
ámbito de acción.
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2. Control de los poderes públicos. El sometimiento a la ley no se hace depender de la
buena voluntad de los que ejercen el poder porque cada autoridad está limitada por
los otros poderes (principio de separación de poderes: el poder controla al poder) y
porque todos los poderes están sujetos al principio de responsabilidad (art. 9.3 CE) y
al control de los órganos jurisdiccionales (el poder ejecutivo se sujeta al poder judicial
y el poder legislativo se sujeta al Tribunal Constitucional). Además, como establece
nuestra Constitución en el artículo 103.1, la función de los poderes públicos (la Admi-
nistración pública) es “servir”.

3. Derechos de la persona. Todos los ciudadanos y los poderes públicos estamos obliga-
dos al respeto de unos derechos de la persona que se consideran inaliena-
bles.
Esta triple configuración del Estado exige el cumplimiento de la Constitución y del ordena-
miento jurídico (artículo 9.1 CE) a través del respeto y protección de los derechos y los valores
constitucionales (justicia, dignidad…), la eliminación de las inmunidades y privilegios de pode-
res públicos y grupos de interés, la salvaguarda de la seguridad jurídica (certeza en el Derecho)
y la lucha contra las discriminaciones, abusos y arbitrariedades (actuaciones carentes de justi-
ficación).
Por último, debemos aprender que es importante que el Derecho siempre se obedezca y se
cumpla, aunque no estemos de acuerdo con su contenido, porque la quiebra del imperio de la
ley lleva tarde o temprano a que prevalezca la “ley del más fuerte” en perjuicio de todos, parti-
cularmente en perjuicio de quienes no ostentan poder económico, político o social. Como decía
Locke, fuera del Derecho solo está la tiranía.

III. LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES Y SU TRIPLE VERTIENTE: COMO LÍ-


MITES Y CONTROL DE LOS PODERES PÚBLICOS, COMO FUNDAMENTO DEL
ORDEN POLÍTICO, COMO DERECHOS SUBJETIVOS

1. Definición y rasgos de los derechos

Uno de los contenidos principales del Estado de Derecho es el reconocimiento y la tutela de


los derechos constitucionales. Afirmó Norberto Bobbio que vivimos en la edad o tiempo de los
derechos, en un tiempo histórico en el que las personas reclaman sus derechos, muchos de los
cuales se encuentran recogidos en la Declaración de Derechos que propugna el constituciona-
lismo como contenido del concepto de Constitución desde hace más de dos siglos (nuestra Cons-
titución los regula en el Título I). En este contexto de generalización de los derechos, las cuestio-
nes más relevantes que plantea el “Estado social y democrático de Derecho” que proclama nues-
tra Constitución en su artículo 1.1 son las siguientes: a) Cuáles son nuestros derechos, b) cuáles
son los límites, el alcance y los contenidos de cada derecho, y c) cómo se protege cada derecho.
Con frecuencia, leemos en la prensa o escuchamos en el Parlamento a políticos que afirman de-
fender derechos que jurídicamente son simples principios rectores no vinculantes, como los in-
cluidos en el Capítulo III del Título I CE; en otras ocasiones, se confunden los derechos con las
prestaciones o con causas de exención de responsabilidad, incluso denominando derechos a los
que no son derechos. Habitualmente se percibe la dificultad de muchos para distinguir los dere-
chos humanos, los derechos fundamentales, los derechos no fundamentales (civiles, laborales,
tributarios…) y los principios rectores de la política económica y social. Y son siempre se recuer-
dan los límites de los derechos y la regulación de los deberes.
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Pues bien, los derechos son posiciones jurídicas o facultades de hacer o no hacer con efectos
jurídicos reconocidos por el ordenamiento jurídico a los sujetos de Derecho. Cuando esos dere-
chos los reconoce la Constitución o las normas materialmente constitucionales afirmamos que
se trata de “derechos constitucionales”.

Cinco rasgos esenciales caracterizan a los derechos, particularmente, a los constitucionales:

a) La naturaleza relacional de los derechos, que no son categorías aisladas sino en perma-
nente relación con otros derechos de otras personas. Incluso algunos derechos son siempre
instrumentales de otros derechos, como el derecho a la igualdad o el derecho de la tutela
judicial efectiva.

b) La naturaleza limitada de los derechos, que es consecuencia su naturaleza relacional: los


derechos nunca son absolutos toda vez están limitados por los derechos y dignidad de otras
personas o por valores y principios constitucionales.

c) La necesidad de interpretar el contenido de los derechos cuando entran en colisión con


otros derechos. Esa interpretación se realiza a partir de los juicios de razonabilidad, pon-
deración y proporcionalidad (necesidad, idoneidad, proporcionalidad en sentido estricto)
y, en el caso de los derechos constitucionales, esa función interpretativa corresponde prin-
cipalmente (no exclusivamente) al Tribunal Constitucional.

d) Los derechos deben dirigirse a un bien.

e) Los derechos deben estar expresamente reconocidos por las normas positivas, no por de-
claraciones políticas, dictámenes o recomendaciones oficiales. En el caso de los derechos
constitucionales, deben estar recogidos en la Constitución o ser resultado de la interpreta-
ción expresa del Tribunal Constitucional, distinguiendo correctamente qué son derechos
fundamentales, qué son derechos no fundamentales y qué son meras prestaciones.

2. Los derechos: régimen constitucional, dimensiones y fundamentación

En nuestro régimen constitucional, la Declaración de los Derechos se regula en el Título I


(arts. 10 a 55), denominado De los derechos y deberes fundamentales, tras un artículo pór-
tico (el número 10), con cinco capítulos dedicados a la declaración de los derechos, las
libertades y los deberes de los españoles y de los extranjeros (art. 13), a los principios rectores de
la política social y económica (Capítulo III), a la regulación de las garantías jurisdiccionales y no
jurisdiccionales (Defensor del Pueblo) de esos derechos y libertades (Capítulo IV) y al régimen
jurídico general de los procedimientos para poder suspender individualmente esos derechos y
libertades (Capítulo V), que son complementados con la regulación de la declaración de los es-
tados de alarma, excepción y sitio (art. 116).

Esta Declaración de Derecho se inserta en la denominada Declaración multinivel de de-


rechos, integrada por el citado Título I y por otras normas materialmente constitucionales:
principalmente, la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea de 12 de diciembre
de 2007 y el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fun-
damentales de 4 de noviembre de 1950, así como en otros tratados internacionales referidos en
el art. 10.2 CE. Se trata, como decimos, de la denominada “declaración” multinivel de derechos
(varias declaraciones que integran nuestro estatuto jurídico) cuya garantía configura asimismo
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la protección multinivel de derechos. Incluso, con un valor orientador equivalente a los princi-
pios rectores del Capítulo III, deben tenerse en cuenta los principios de carácter social incluidos
en el Título I de nuestro Estatuto de Autonomía para Andalucía (LO 2/2007, de 19 de marzo).

Los derechos constitucionales deben ser concebidos en una triple dimensión:

a) Los derechos constitucionales son límites y un método control de los poderes públicos
(Estado, Unión Europea, Comunidad Autónoma y Entes Locales).

b) Los derechos constitucionales son fundamento del ordenamiento jurídico. Se trata de


la dimensión objetiva o axiológica al ser “elementos esenciales de un ordenamiento
objetivo de una comunidad nacional” y poseer una naturaleza objetiva del ordena-
miento jurídico.

c) Los derechos constitucionales presentan una dimensión subjetiva o individual, porque


son derechos subjetivos, “no sólo en cuanto derechos de los ciudadanos en sentido
estricto, sino en cuanto garantizan un status jurídico o la libertad en un ámbito de
existencia”.

Respecto a la naturaleza jurídica de los derechos fundamentales, destacan tres teorías:

a) Tesis iusnaturalista, según la cual los derechos fundamentales son anteriores a la Consti-
tución y al ordenamiento jurídico y, además, derivan de la propia naturaleza.

b) Tesis positivista, según la cual los derechos fundamentales sólo existen en la medida en
que se reconocen por el ordenamiento jurídico.

c) Tesis mixta, según la teoría de la doble validez del Derecho de Robert Alexy, según la cual
los derechos fundamentales proceden de un orden de valores anterior al ordenamiento, pero
sólo adquieren naturaleza jurídica a partir de su positivización.

Por último, la “declaración de derechos” permite identificar el grado de evolución del Estado
de Derecho desde el Estado liberal decimonónico al Estado democrático, posteriormente desde
el Estado democrático al Estado social de Derecho, a partir del reconocimiento y eficacia de de-
rechos de naturaleza social referida en el art. 1 CE: Estado social y democrático de Derecho. Y
actualmente con los derechos de nueva generación: derecho a la paz, derecho al agua, derecho a
los alimentos…

IV. CLASIFICACIÓN DE LOS DERECHOS

Los derechos del Título I pueden clasificarse atendiendo a los siguientes criterios:

1) Por la garantía.- Pueden distinguirse tres niveles de protección:

a) Derechos de protección excepcional: Los derechos fundamentales, esto es, el derecho


de igualdad (art. 14) y todos los incluidos en la Sección I del Capítulo II del Título I
(arts. 15 a 29). Esta protección especial deriva del complejo sistema de garantías regu-
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lado en el artículo 53.2 CE: recurso de amparo judicial a través del procedimiento pre-
ferente y sumario ante el Poder Judicial y recurso de amparo constitucional ante el
Tribunal Constitucional.

b) Derechos de protección ordinaria: Los derechos del Capítulo I y de la Sección II del


Capítulo II del Título I (derechos y deberes de los ciudadanos) a través de los procedi-
mientos de la jurisdicción ordinaria (Poder Judicial).

c) Principios rectores de la política social y económica: Son los derechos regulados en el


Capítulo III y sólo tienen la protección que concrete las leyes que los desarrollen. En
principio, no tienen protección jurisdiccional ni ante el Poder Judicial ni ante el TC,
salvo que una ley lo disponga.

2) Por su naturaleza.- Pueden distinguirse los siguientes derechos:

a) Derechos de libertad: Se caracterizan porque su definición supone una delimitación


negativa al concretarse en un deber de abstención por parte del Estado, que no actúa
para hacer posible la libertad de las personas. Se trata de lo que en la primera fase del
constitucionalismo se denominaron “libertades públicas”: libertad personal, derechos
de reunión, asociación, inviolabilidad del domicilio, libertad de expresión, etc.

b) Derecho de participación: Frente a la caracterización negativa de los derechos de liber-


tad (en principio, el Estado no actúa), los derechos de participación presentan una ca-
racterización positiva, tanto por parte de las personas (el ciudadano activo interviene
en el proceso decisorio del Estado: derecho de sufragio activo y derecho de sufragio
pasivo, derechos asociativos, derecho de petición…) como de los poderes públicos,
quienes promueven y articulan esa participación (artículo 9.2 CE) a través de los pro-
cedimientos electorales, la convocatoria de referéndums…

c) Derechos de prestación: Implican un comportamiento activo del poder público, quien


debe de llevar a cabo acciones oportunas para hacerlos efectivos, y así, por ejemplo, el
derecho a la educación exige la existencia de centros y medios de enseñanza.

d) Derechos de solidaridad: Se trata de derechos de dimensión no solo individual sino


también de dimensión colectiva. Como en el caso de los derechos emergentes, se
caracterizan porque sus titulares no son sólo las personas que viven ahora sino los que
vivirán en el futuro, como ocurre con el derecho al medio ambiente. Entre los derechos
emergentes también existe una serie derechos incluidos en los clásicos (derecho a la
vida…) pero que han logrado una consideración autónoma (derecho a la paz, derecho
al agua, derecho a los alimentos…).

La interrelación entre derechos de libertad, derechos de participación, derechos de pres-


tación y derechos de solidaridad se recoge en el citado artículo 9.2 CE, que dispone: “corres-
ponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del
individuo y de los grupos que en que se integran sean reales y efectivas; remover los obstácu-
los que impidan o dificulten su plenitud, facilitar la participación de todos los ciudadanos en
la vida política, económica, cultural y social”.

Ahora bien, la distinción entre derechos de libertad, derechos de participación, derechos


de prestación y derechos de solidaridad no implica una disociación entre ambos conceptos;
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antes al contrario, en el caso de los derechos de prestación, una vez otorgados, el poder pú-
blico ha de permitir su libre disfrute, y en el caso de los derechos de libertad, aunque la abs-
tención sea la actitud fundamental que deba desarrollar el Estado, también se exige a menudo
prestaciones complementarias para hacer posible su disfrute.

3) Por su contenido.- Según el contenido material, Jellinek distinguió diferentes fases en la


evolución de los derechos públicos subjetivos:

a) Primera fase: La persona abandona su condición de súbdito o sujeto pasivo de las de-
cisiones del poder (status subiectionis) y se crea un ámbito de libertad inmune al poder
público (status libertatis) a través de derechos personales: derecho a la vida, intimidad,
etc.

b) Segunda fase.- El individuo es capaz de exigir al Estado el respeto de sus derechos como
ciudadano, configurándose así los derechos civiles y las garantías procesales.

c) Tercera fase.- El ciudadano no sólo limita al Estado y le exige el cumplimiento de de-


terminadas garantías, sino que además se convierte en auténtico participe de la actua-
ción del Estado. De esta manera, el status activae civitatis configura los derechos po-
líticos: derechos de participación, en general, y de sufragio, en particular.

d) Cuarta fase.- El ciudadano recibe el reconocimiento de los derechos económicos, socia-


les y culturales (status positivus socialis), que la CE regula en el Capítulo III del Título
I: derecho al trabajo, derecho a una vivienda digna, etc.

V. LAS GARANTÍAS DE LOS DERECHOS: NORMATIVAS, JURISDICCIONALES E


INSTITUCIONALES

La Constitución de 1978 regula unas garantías para asegurar la efectividad de os derechos y


libertades en el supuesto de que fueran lesionados o desconocidos por el Estado o por los parti-
culares.

A) LAS GARANTÍAS GENÉRICAS: APLICACIÓN DIRECTA, RESERVA DE LEY Y


CONTENIDO ESENCIAL

Los instrumentos de garantías de los derechos fundamentales pueden dividirse en cuatro


grandes bloques de garantías normativas:

a) La rigidez del procedimiento de reforma constitucional cuando afecta a los dere-


chos fundamentales y libertades públicas de la Sección I del capítulo II del Título I (art. 168 CE),
procedimiento que es de carácter agravado, porque exige disolución de las Cortes Generales y
referéndum.

b) El principio de vinculación del art. 9.1 y 53.1 CE o también denominado principio de apli-
cación directa de los derechos fundamentales. En virtud del art. 53.1 CE, los derechos y libertades
reconocidos en el capítulo II del Título I, vinculan a todos los poderes públicos, tanto al poder
ejecutivo y judicial, como al legislativo y al resto de los ciudadanos. Muy significativa es la vin-
culación de estos derechos al legislador a través de dos mecanismos: 1) el principio de legalidad
y la reserva de ley, 2) el deber de respetar el contenido esencial de esos derechos.
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c) El principio de reserva legal, el cual tiene una doble significación: formal y material. For-
malmente la reserva legal implica la necesidad de que los derechos fundamentales sólo puedan
ser objeto de regulación por norma con rango de ley: "sólo por ley (...) podrá regularse el ejercicio
de tales derechos y libertades", que además será ley orgánica (reserva de ley orgánica) cuando se
trate del desarrollo de los derechos fundamentales y libertades públicas de la Sección I del Capí-
tulo II del Título I (art. 81 CE). Ello se complementa con la prohibición impuesta al Gobierno de
regular estos derechos mediante Decreto-Legislativo o Decreto-Ley.

d) El respeto al contenido esencial, que constituye la dimensión material de la reserva de ley.


Materialmente, la ley orgánica no puede desarrollar los derechos y libertades fundamentales de
cualquier manera, sino que, como previene el art. 53.1 CE, dicha regulación deberá respetar su
contenido esencial. La noción del contenido esencial de los derechos es casuística, dependiendo
del desarrollo de cada derecho constitucionalmente reconocido para determinar si se respeta su
contenido esencial. Para llevar a cabo esta determinación existen básicamente dos criterios: 1)
recurrir a la noción generalmente admitida de lo que el derecho significa, 2) localizar
aquellos intereses cuya protección se persigue con el reconocimiento del derecho.

B) GARANTÍAS JURISDICCIONALES

Se puede procurar la tutela de los derechos fundamentales y libertades públicas ante el Tribu-
nal Constitucional, ante la Jurisdicción internacional, que tiene sede en esta materia ante el Tri-
bunal Europeo de Derechos Humanos y ante la Jurisdicción ordinaria (Poder Judicial).

a) Jurisdicción constitucional.- Control de la constitucionalidad de las leyes, bien a través


del recurso directo (recurso de inconstitucionalidad) o de la cuestión de inconstitucionalidad; y
el recurso de amparo.

b) Jurisdicción ordinaria, respecto a la cual existen los siguientes instrumentos de protec-


ción de los derechos fundamentales:

1) Garantías genéricas: el artículo 24 CE reconoce que todos tienen derecho al Juez or-
dinario predeterminado por la ley, a la defensa y asistencia de letrado, a ser informados de la
acusación formulada contra ellos, a un proceso público sin dilaciones indebidas y con todas
las garantías, a utilizar todos los medios de prueba pertinentes para su defensa, a no declarar
contra sí mismos, a no confesarse culpables y a la presunción de inocencia.

2) Procesos ordinarios: el derecho a la tutela judicial efectiva reconocida en el art. 24.1


CE a favor de los derechos e intereses legítimos permite articular la defensa de los derechos
fundamentales a través de los procesos ordinarios.

3) Proceso especial: se trata del amparo judicial, que se articula a través del procedi-
miento preferente y sumario previsto en el art. 53.2 CE en tres órdenes jurisdiccionales:

Garantía penal: Frente a los delitos y faltas que atenten contra los derechos fundamen-
tales y libertades públicas.

Garantía contencioso-administrativa: Frente a los actos, disposiciones o simples vías


de hecho de los poderes públicos del Estado, las Comunidades Autónomas y demás
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entes públicos de carácter corporativo o institucional, así como de sus agentes o fun-
cionarios, que asimismo atenten contra los derechos fundamentales y libertades públi-
cas.

Garantía civil: Es aplicable a las lesiones contra los derechos fundamentales y liberta-
des públicas, en los supuestos en que no sean procedentes los anteriores.

c) Jurisdicción de la UE: El Tribunal de Justicia de la Unión Europea y el Tribunal General


de la Unión Europea.

C) GARANTÍAS INSTITUCIONALES.- Se trata de la garantía de los derechos que se atri-


buye a instituciones y órganos del Estado como son el caso del Defensor del Pueblo, el Ministerio
Fiscal, las agencias de protección de derechos (p.e. Agencia de Protección de Datos) o las comi-
siones que directa o indirectamente tienen encomendada la defensa de derechos (p.e. Comisión
Nacional de los Mercados y la Competencia, Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Tra-
bajo…).

VI. LA PROTECCIÓN JURISDICCIONAL MULTINIVEL

Junto a la protección del Tribunal Constitucional (sede en Madrid), de los tribunales del Poder
Judicial (sedes en todo el territorio: Cádiz, San Fernando, El Puerto de Santa María, Jerez de la
Frontera, Chiclana de la Frontera…) y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (sede en
Luxemburgo), los derechos humanos son reconocidos y protegidos por diversos tratados inter-
nacionales. Los más importantes son, en el ámbito de Naciones Unidas, la Declaración Universal
de Derechos Humanos de 1948, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966), y
el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966). En el seno del Con-
sejo de Europa, se encuentran el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos
y de las Libertades públicas (1950) y la Carta Social Europea (1961).

El citado Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades
públicas (1950) creó el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos (TEDH), con sede en Es-
trasburgo, con competencia para conocer de todos los asuntos relativos a la aplicación e inter-
pretación del Convenio que le sometan bien las partes contratantes, bien la Comisión creada en
el Consejo. En virtud de este Convenio, el Tribunal no sólo declara el contenido y extensión de
los derechos sino también si ha habido alguna violación de los mismos. Ahora bien, los naciona-
les de los Estados contratantes no pueden acudir directamente ante el Tribunal, solo pueden
hacerlo ante la Comisión, quien, si lo estima pertinente, planteará la demanda ante el Tribunal.

En el ámbito de la ONU, debemos referirnos a la Corte Internacional de Justicia (CIJ, también


llamada Tribunal Internacional de Justicia), principal órgano judicial de las Naciones Unidas,
con sede en La Haya (Países Bajos), donde también se ubica la Corte Penal Internacional. En
España, la Ley Orgánica 6/2000, de 4 de octubre, autorizó la ratificación por España del Estatuto
de la Corte Penal Internacional, de 17 de julio de 1998. Su competencia se limita a los crímenes
más graves de trascendencia para la comunidad internacional en su conjunto. La Corte tiene
competencia respecto de los siguientes crímenes: a) El crimen de genocidio; b) Los crímenes de
lesa humanidad; c) Los crímenes de guerra; d) El crimen de agresión. Sin embargo, desde su
creación, sólo han dictado tres sentencias (dos condenatorias).
DERECHO CONSTITUCIONAL I. GRADO EN DERECHO. GRUPO 3. LECCIÓN 6.

11
Debido a la múltiple protección de los derechos fundamentales (Jurisdicción
Constitucional, Jurisdicción Ordinaria/Poder Judicial, Jurisdicción de la UE y Ju-
risdicción del TEDH), actualmente nos debemos referir a la protección multinivel
de derechos.

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